Juan Bautista invita al desierto

«El desierto es lugar de camino, de austeridad, donde se vive con lo imprescindible»

Juan Bautista

De momento y por lo que podemos observar y vivir no han llegado los tiempos mesiánicos. Putin sigue siendo “el señor de la guerra”. 7000 obreros muertos construyendo los campos de fútbol de lujo en Qatar

Juan Bautista es un hombre recio, poco convencional y nada dado a trapicheos y cambalaches. Hombre que iba de frente en la vida

En este adviento cabe que nos preguntemos por nuestro estilo de vida, por nuestra austeridad, por nuestra caminar y acontecer, por nuestro esperar. ¿Soy hombre / mujer austero, serio, con criterio dispuesto a acoger la Palabra, la verdad en mi vida?

Por Tomás Muro Ugalde

Isaías: llegarán los tiempos mesiánicos.

    Isaías es el profeta del destierro del pueblo de Israel en Babilonia.

En el siglo VI a.C. gran parte de los líderes y del pueblo de Israel fueron deportados a Babilonia. El Templo de Jerusalén fue destruido por Nabucodonosor y la deportación la llevó a cabo el rey persa Ciro. Este destierro supuso el hundimiento de Israel.

Recordando esta deportación cantarán los israelitas el salmo 136:

Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión; 3Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar; nuestros opresores, a divertirlos: «Cantadnos un cantar de Sión».

4¡Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extranjera!

Isaías es el profeta que en esa situación de abatimiento anuncia, anima al pueblo: vendrán tiempos mejores, los tiempos mesiánicos en los que habrá justicia y lealtad, el lobo habitará con el cordero, viviremos en paz.

    También nosotros personal y socialmente podemos atravesar situaciones y tiempos de destierro: de hundimientos personales por problemas, enfermedades, marginaciones, etc. Socialmente también vivimos o conocemos situaciones de exilios y destierros de pueblos en guerra, odios raciales, gentes pobres y hambrientas, encarceladas, etc.

 Isaías y el cristianismo denuncian esas situaciones de destierro y nos anuncian que en los tiempos mesiánicos todos los pueblos tendrán pan, cultura, habrá paz y justicia, las guerras cesarán, podremos convivir.

San Pablo: Mantengamos la esperanza.

    De momento y por lo que podemos observar y vivir no han llegado los tiempos mesiánicos. Putin sigue siendo “el señor de la guerra”. 7000 obreros muertos construyendo los campos de fútbol de lujo en Qatar y en otros países, mientras el hambre de millones de personas; corrupción política, etc. 

 Mantengamos la esperanza, nos recuerda y exhorta San Pablo.

    Porque no pensemos que nosotros los seres humanos tenemos la solución de todo. Pensar que el ser humano es capaz de construir la sociedad y de alcanzar un tiempo en el que no habrá mal moral ni alienación, no deja lugar al Dios liberador del Éxodo y del destierro ni dejamos lugar a Cristo para concluir la historia.

Tampoco caigamos en la superstición religiosa que sustituye la esperanza con la creencia en promesas sin base en la fe: tal rezo o tal devoción soluciona “automáticamente” los problemas; tal medalla religiosa trae buena suerte, y si la colocamos a la puerta de la casa la protege de cualquier daño material; hay que rezar no sé cuántas avemarías seguidas para que termine la guerra y si mandamos el aviso por wasap, mejor, etc. La superstición religiosa es el abuso y la corrupción de la esperanza.

Esperemos y trabajemos contra toda desesperanza. “Sólo tiene derecho a esperar lo imposible aquel que se ha comprometido a fondo en la realización de lo posible” (M. Unamuno), pero sobre todo esperemos en Dios.

Juan Bautista en el desierto: convertíos

    Juan Bautista es un hombre recio, poco convencional y nada dado a trapicheos y cambalaches. Hombre que iba de frente en la vida. Juan Bautista habría hecho una mala carrera diplomática y eclesiástica. ¡Raza de víboras…!

Juan B se presenta en el desierto. El desierto es el lugar entre Egipto y la tierra de promisión. Para Israel es el tiempo del “ya – pero todavía no”: ya hemos salido de Egipto, de la esclavitud, pero no hemos llegado a la tierra de promisión, que mana leche y miel. 

El desierto es lugar de camino, de austeridad, donde se vive con lo imprescindible. El desierto es el lugar de la conversión. En el desierto el pueblo se encontró con Dios: el maná, la ética (las tablas de la ley) la roca-el agua, la nube que protegía al pueblo, la Palabra de Dios se dirige al pueblo en desierto. El desierto es lugar donde -caminando- uno se encuentra condigo mismo y con Dios.

    En este adviento cabe que nos preguntemos por nuestro estilo de vida, por nuestra austeridad, por nuestra caminar y acontecer, por nuestro esperar. ¿Soy hombre / mujer austero, serio, con criterio dispuesto a acoger la Palabra, la verdad en mi vida?

    ¿Sabemos escuchar y acoger el horizonte liberador en el desierto de la vida, de la oración, del sufrimiento? ¿Anuncio la utopía de los tiempos mesiánicos especialmente en esta época de desilusiones y desesperanzas?

Convertirse es volver el corazón y el pensamiento a Dios para mirar a la humanidad y a los tiempos mesiánicos que estén llegando.

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