Un poder judicial sin corrupción

El Grupo de curas en Opción por los Pobres reivindica un poder judicial sin corrupción

«nos merecemos una patria con justicia, con libertad y soberanía»

En un comunicado difundido con motivo del Día de la Constitución, estos sacerdotes afirman que «ninguna sociedad puede funcionar, siquiera mínimamente, sin justicia. Pero, ¡y es evidente!, justicia no se identifica con el ‘poder judicial’”

«Un poder judicial que condena un crimen inexistente ya es, absolutamente absurdo, y si a eso se le suma que no solamente los acusados debieron demostrar su inocencia –algo absurdo aún más–, sino también que una condena escrita de antemano no pudo demostrar culpables, muestra dónde radica la raíz de la corrupción»

Por Grupo de curas en Opción por los Pobres

«Justicia, sólo justicia has de buscar, para que vivas y poseas la tierra que el Señor tu Dios te da». (Deuteronomio 16:20)

Ninguna sociedad puede funcionar, siquiera mínimamente, sin justicia. Pero, ¡y es evidente!, justicia no se identifica con el “poder judicial”. 

La justicia, identificada habitualmente por una balanza, una espada y unos ojos vendados nos dice que la “dura lex”, el rigor de la sentencia judicial (la espada) llega después de un equilibrado peso de las circunstancias (la balanza) y por un poder que no mira a acusados o acusadores para condenarlos o absolverlos por ser quienes son, sino por lo que hicieron (los ojos vendados).

La balanza de la justicia

Un poder judicial que condena un crimen inexistente ya es, absolutamente absurdo, y si a eso se le suma que no solamente los acusados debieron demostrar su inocencia –algo absurdo aún más–, sino también que una condena escrita de antemano no pudo demostrar culpables, muestra dónde radica la raíz de la corrupción.

Corrompiendo y socavando la esperanza

Corrupción que no está en una obra pública, sino en un poder público cooptado por un poder mediático, por un partido político y por un grupo del poder judicial al que ni la justicia ni el derecho le interesan en lo más mínimo. Un poder judicial que se esconde en una estancia junto a un lago usurpado para recibir indicaciones de sus mandantes y planificar cómo continuarán usurpando la Patria, corrompiendo todo y socavando la esperanza de un pueblo. 

Seguimos creyendo en “la justicia”, y la seguimos buscando. Y seguimos soñando. Creyendo y soñando con que jueces venales, empresarios corrompedores y funcionarios cómplices tarde o temprano deberán rendir cuenta ante la historia y ante su pueblo. Y creyendo y soñando que –como pueblo– nos merecemos una patria con justicia, con libertad y soberanía. La hemos experimentado. Podemos volver a tenerla

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