La Navidad es femenina

#Sentipensares

Porque son ellas las que alumbraron la VIDA con mayúscula, ellas las que mimaron a María y ellas, y solo ellas las que adoraron al pequeño Jesús como se suele adorar a una hija o a un hijo recién nacida/o.

A lo largo de los relatos bíblicos, las mujeres hemos sido invisibilizadas de papeles protagónicos en la historia de la humanidad. Son los varones, llamados patriarcas quienes enmarcan los primeros libros, seguidos por jueces, profetas y reyes. 

En el Nuevo Testamento, sucede un poco lo mismo, ya que los textos, escritos por comunidades masculinas, destacan la presencia de varones como modelo de seguimiento y acompañamiento a Jesús de Nazaret, siendo que en la comunidad incipiente, las mujeres, igualmente comprometidas estaban presentes.

Refiriéndonos específicamente al evangelio de Lucas, el cual narra el nacimiento del Mesías, propongo hacer una revisión histórica de las leyes y mandatos judíos de la época, ya que desde la mirada teológica feminista, se detecta una gran omisión, al presentar únicamente personajes masculinos en el gran acontecimiento: José, pastores, reyes, ángeles… Las mujeres y lo femenino son inexistentes en el relato, con excepción de María, mujer parturienta que ocupa el papel estelar.

A través de la hermenéutica de la sospecha, revisamos la Ley escrita en el Libro del Levítico 12, 1-8 donde dice:

El Señor le ordenó a Moisés que les dijera a los israelitas: «Cuando una mujer conciba y dé a luz un niño, quedará impura durante siete días, como lo es en el tiempo de su menstruación. Al octavo día, el niño será circuncidado. La madre deberá permanecer treinta y tres días más purificandose de su flujo de sangre. No tocará ninguna cosa santa, ni irá al santuario, hasta que termine su período de purificación.

Si da a luz una niña, la madre quedará impura durante dos semanas, como lo es en el tiempo de su menstruación, y permanecerá sesenta y seis días más purificandose de su flujo de sangre.

Siguiendo la Ley Mosaica, imposible que José, los pastores o los reyes estuvieran presentes en el momento en el que María da a luz o en los días subsiguientes. Por tanto, salta a la vista una falta de congruencia en el relato lucano, ya que olvida nombrar a la comitiva de mujeres que con presteza respondieron al llamado.

Como propuesta hermenéutica creativa, proponemos que la narración lucana debiera mencionar que, de forma anónima, servicial y gratuita llegaron parteras, doulas, sanadoras, curanderas y afanadoras de Belén y de las poblaciones cercanas, las cuales se agolparon diligentemente al lado de María para ayudar a llegar a buen término ese nacimiento. 

Estar al lado de una mujer que lo necesita, es un privilegio que enriquece y llena de algarabía. De ahí que las actividades de las mujeres se coordinaron como tantas veces con presteza: unas a acarrear agua, hervirla y ponerla en diferentes palanganas; otras a preparar ungüentos y hierbas finas; algunas más a recolectar pañales y cobijas para arropar a la madre y al recién nacido, y otro grupo para acondicionar el sitio del alumbramiento y la cuna. 

Importante no olvidar en el relato a las ancianas que con su sabiduría, oraciones, cantos, baños y rituales brindan apoyo y acompañamiento a la futura madre durante el parto, el amamantamiento y el puerperio. En todo ese tiempo de «purificación» según la Ley, las ancestras y sabias recrearán la vida con leyendas, cuentos, poemas, rimas y cantos; con aceites e inciensos aromáticos, con bendiciones, experiencias  vividas, consejos y buenos deseos.

Para las mujeres del siglo primero, como para nosotras ahora, la sangre no significa impureza como reza el mandato del Levítico. La sangre de la menstruación, del parto o del posparto, es regeneración, fertilidad, bendición y proceso posibilitador de la humanidad. Y con respecto a que una mujer con flujo de sangre no puede tocar ninguna cosa santa, habría que decir que la vida de cada pequeñín es obra santa y por ello el santuario se instala en cada tienda donde se da a luz al ser humano. 

Por ello, la navidad es femenina, porque son ellas las que alumbraron la VIDA, ellas las que mimaron a María, y ellas, y solo ellas, las que adoraron al pequeño Jesús como se suele adorar a una hija o a un hijo recién nacida/o. 

Navidad es femenina y habría que dar una nueva lectura a Lucas: ni José, ni pastores, ni ángeles o reyes, al lado de María y Jesús, puras mujeres.

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