La cárcel y los pobres

En la cárcel están los pobres. Los pobres están en la cárcel

(Parece una tautología. Pues no es tal)

Cárcel

«Me gustaría tener una conversación larga; un diálogo, o varios, sobre la pobreza en el mundo. Pero concretando por grupos de empobrecidos. Por ejemplo: ¿Son las cárceles lugares de pobreza hoy, aquí y también en el mundo? ¿Cómo está eso?»

«¿En la cárcel sólo hay pobres?  ¿Y en el caso de las mujeres hay alguna diferencia en esto? ¿Qué le aporta la cárcel a cualquier preso/a?»

«Ni tenemos instrumentos e instituciones de acogida y reinserción y resocialización. Ni personal especializado suficiente. ¿Es la cárcel un fracaso colectivo pero con muchos intereses de todo tipo detrás?»

«Claro que no les aporta nada de lo que se debía. Nos hace peores a todos»

Por | Xaquín Campo Freire

Xaquín, desearía hablar contigo de algo que me está preocupando. El domingo, 13-11-2022, fue la Jornada Mundial de los Pobres. El Obispo de Mondoñedo Ferrol escribió: “La cercanía a los pobres hace que nos preguntemos sobre lo importante y fundamental en la vida; nos permite quitar nuestras máscaras y alejarnos de la superficialidad para provocarnos al amor auténtico”. Y tiene razón.

Me gustaría tener una conversación larga; un diálogo, o varios, sobre la pobreza en el mundo. Pero concretando por grupos de empobrecidos. Por ejemplo:

¿Son las cárceles lugares de pobreza hoy, aquí y también en el mundo? ¿Cómo está eso? El Papa dijo: “Frente a los pobres no se hace retórica”. Hay que pisar realidad. Se quieres comenzamos haciendo con calma como una visita virtual a la cárcel, un lugar donde solo hay cantidad de pobrezas variadas, pero reales todas ellas: La soledad, el desamor, los miedos, la falta de libertad, enfermedades varias, los más diversos desarraigos, la desconfianza, las fracturas familiares, los enfermos psiquiátricos, los trastornos de conducta, etc.

«La fábrica del llanto y el telar de lanas lágrimas”, como dijo Miguel Hernández»

Sí. A mi casi me gustaría más ir formulándote preguntas concretas. Sí. Algo así como esa ‘visita virtual’. Aunque pienso que va a dar para varias sesiones.

¿En la cárcel sólo hay pobres? Psicosociológicamente proceden mayoritariamente de sectores empobrecidos, ya desde la propia infancia. Sí. Ya vienen de ambientes pobres o son víctimas de varios infortunios empobrecedores previos: Las hipotecas, los desahucios, los cierres de empresas, malas gestiones o despilfarros económicos, alcohol, drogas, ludopatías, no inculturados, inmigrantes, maltrartadas/os, los/as sin trabajo, deudores, hipotecas, víctimas de especulaciones financieras, enfermos de todo tipo, conflictos familiares y de pareja. Casi todos proceden de barriadas de clases desfavorecidas o de sectores pobres y empobrecidos.

También están aquellos que cuando llega una crisis económica o desahucio son despedidos del trabajo, o no pueden con los créditos, tienen muchos hijos, son inmigrantes, etc. Como en la crisis del 2008 o la pandemia; o ahora con la guerra, etc. “Para los pobres siempre es noche”. “Siempre los pilla el toro”.

«Algunos ricos también van a la cárcel pero su estancia, aun estando en el mismo patio, celda o vida común, las angustias son diferentes. Si lees el libro ‘Memorias de un preso’ de Mario Conde te darás cuenta de esto»

Y sobre todo están los de tipo psiquiátrico en diversos grados y diagnósticos o incluso sin diagnosticar y por tanto sin ningún tratamiento adecuado ya desde la infancia o de la adolescencia.

Algunos ricos también van a la cárcel pero su estancia, aun estando en el mismo patio, celda o vida común, las angustias son diferentes. Si lees el libro “Memorias de un preso” de Mario Conde te darás cuenta de esto.

¿Y en el caso de las mujeres hay alguna diferencia en esto? Sí. De entre esos pobres, desde siempre, están el caso de las mujeres encarceladas y también los menores. La mayoría son aún más pobres. Y están las víctimas de la trata de seres humanos. España es uno de los países con los mayores negocios. Piensa en todas las cárceles. También en las cárceles de fuera: de los pisos o lugares de comercio y explotación sexual y otros por el estilo. ¡Son cárceles!

Nadie puede querer una hija, una madre, hermana o abuela en esos lugares. Precisamente por ser mujeres y menores. Para ellas la cárcel ya llegó más temprano. La vida las marginó más, las excluyó y las rompió ya muy pronto. A muchos ya justo al nacer. Luego, el tiempo de la condena siempre llega y se presenta más dura de cumplir la estancia en la cárcel o reformatorio, por ser mujeres y menores, es decir, más vulnerables. También está el negocio del juego. Los sociólogos y los que nos movemos por el interior de las cárceles sabemos de esta realidad. Es suficiente con entrar cualquier día en Google y seleccionar aquellos estudios de autores que veamos serios, con artículos imparciales, más objetivos y documentados. Están ahí a nuestra disposición. Y no le demos más vueltas.

Te diré más. Muchas de estas nuestras hermanas pobres ya nacieron físicamente en las cárceles, de madres gestantes en prisión. Una pobreza multiplicada. Hasta los tres años viven con ellas en las prisiones llamadas ‘humanizadas’, pero sin libertad. Llevan la cárcel, no en el ADN físico, pero casi. Los primeros apegos y las primeras intuiciones, que van grabadas en el subconsciente, serán las de la cárcel. Y los desapegos que vienen a continuación serán consecuencia de esa realidad y aparecen sucesivamente las primeras tomas de conciencia con el crecimiento evolutivo. Ya el mismo salir, que para el niño/a llega de un día para otro, de repente. E irán posteriormente a los vis a vis a la cárcel, si no quedan muy lejos los tutores, que al ser pobres, depende del tiempo que puedan librar y de la economía. Los desplazamientos son caros, seguramente con pernoctas, y con riesgos. “Y todo para dos horas”. ¿De verdad vale la pena, dicen, hacer sufrir al niño y a la madre, cuyas despedidas luego son un drama desgarrador para todos? Y los mismos bebés irán preguntando paulatinamente: ¿Y por qué mamá está ahí y no viene para casa? ¿Es que ya no nos quiere?

Otras veces, aun estando relativamente cerca, (80 quilómetros sencillos; 160 en total), no podrán, por pobreza, ir con frecuencia semanal a esa visita a la cárcel donde está la mamá, con el trauma de la separación y falta de frecuencia de trato para todas y todos. Si no castigan a la madre con la suspensión del encuentro por ‘su comportamiento’. El niño/a va creciendo en esas circunstancias. Ya alguien les dirán, más temprano que tarde, en la barriada o en el colegio o incluso en la misma familia: “¡tú eres un hijo/a de la cárcel!”. “Dicho en Román paladín y bíblico: “¡acuérdate que eres polvo y al polvo vas a volver!”. O en clarito castellano: “Está de Dios que la cabra tira al monte”.

¿Qué le aporta la cárcel a cualquier preso/a? Nunca a problemas complejos se deben presentar soluciones simples. Ni como políticos ni como sociedad de opinión. El problema es muy diverso y amplio. La cárcel es “la grande purga de Benito”: Vale para todos los desajustes conductuales. Es el ‘sistema-parche’ general y universal que nosotros, como sociedad, hemos creado para solucionar todas las disonancias conductuales, sean ellas cuáles sean: “¡Venga ya! ¡A la cárcel! ¡Que nos los quiten de delante!”. Y no vale culpabilizar luego al funcionariado. Puede haber casos aislados con problemas, como en todo colectivo, pero no es culpa de ellos. Son problemas estructurales.

«¡Venga ya! ¡A la cárcel! ¡Que nos los quiten de delante!»

Se intentó con el art. 25, § 2, de la Constitución afrontar el problema. Pero ahí se quedó. Gran parte de las leyes que se debían ir desarrollando y/o crear institucionalmente los medios para las distintas respuestas adecuadas por sectores y grupos de problemas, están sin desarrollar. Pongo por caso toda la sanidad psiquiátrica pública y las respuestas adecuadas para toda la población, por sectores parciales, con instituciones para diagnósticos precoces y preventivos y con respuestas y terapias idóneas. Hay, por ejemplo, ‘cárceles-granja’ para psiquiátricos con buenos resultados. Pero hay que invertir en personal especializado y en medios.

Pero todo eso sigue ahí dentro de la sanidad general, limitada a los Centros de Salud, como una gripe o un catarro común. Y conste que los sanitarios de estos Centros hacen muchísimo más de lo que pueden. Pero van allá más de cuarenta años. Y cuando llegan los problemas,… ‘cada uno que se entienda’. Los pobres nunca tendrán medios para ir a la sanidad privada y especializada, muy cara ella ya desde las primeras consultas y no digamos luego las terapias en régimen de internamiento. Que tampoco están bien orientadas. ¡Están al máximo lucro! Pero somos principalmente nosotros, la sociedad civil, los algo más que presuntos implicados.

Solo sabemos repetir como grito común: “Que se pudran en la cárcel”. Victimizamos vindicativamente. Si a un niño en vez de mandarlo a la escuela lo mandamos a cuidar del ganado no le podemos luego exigir que esté preparado con la EXB o el Bachillerato. No está ni en el sitio ni con el tiempo adecuado.

Muchos de los reclusos, de ser gente con problemas, los retiramos de la sociedad con juicios legales, (faltaría más), por discordantes sociales o peligrosos inadaptados. Pero no van para el sitio en el que se les ayude a curarse, rehabilitarse, reeducarse, reinsertarse y resocializarse. Ni cuando salen nosotros los acogemos en la sociedad para poder valerse por sí mismos.

«¿Sabes, por ejemplo, que está creciendo el número de reclusos que no quieren dejar la cárcel porque no se creen capaces de salir adelante y, por miedo, prefieren seguir presos?»

Ni tenemos instrumentos e instituciones de acogida y reinserción y resocialización. Ni personal especializado suficiente. ¿Sabes, por ejemplo, que está creciendo el número de reclusos que no quieren dejar la cárcel porque no se creen capaces de salir adelante y, por miedo, prefieren seguir presos?

Pero llegado el día se les echa. Y para regresar “a su casa”, el penal, tienen que re-delinquir gravemente. También está constatado que un sector, no pequeño, salen peor. Allí se han preparado mejor para delinquir de nuevo como solución para sobrevivir y que ellos mismos te dicen que tienen claro que serán reincidentes.

Ellos están dentro de un sistema que todos nosotros, sociedad civil, preparamos como la grande solución para todo: “¡Que se pudran ahí!, gritamos alto y al unísono. Dicho todo el anterior, claro que no les aporta nada de lo que se debía. Nos hace peores a todos.

¿Es la cárcel un fracaso colectivo pero con muchos intereses de todo tipo detrás? Muchos especialistas serios en estos temas dicen que hay que ir a otras formas de tratar toda la inadaptación y la desadaptación social.

«Otra justicia es posible. Otro cumplimiento de las penas es posible»

Seguimos hablando otro día. Se me hace tarde. Cuídate.

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