Unos Reyes Magos muy despistados

Reyes Magos

«Siguiendo el itinerario espiritual de los ‘reyes que llegaron de Oriente’, propongo reflexionar sobre la necesidad de una espiritualidad global, incluyente y participativa»

«Vamos a repasar algunos de los símbolos que encontramos en los personajes y situaciones que presenta el relato de Mateo (2, 1-129)»

«Lo haremos subrayando algunos des-pistes que cometieron estos reyes y aprovechando algunas pistas que nos ofrecen para fomentar una espiritualidad cristiana y profundamente comprometida con la vida»

Por José María Marín Sevilla

Siguiendo el itinerario espiritual de los “reyes que llegaron de Oriente”, propongo reflexionar sobre la necesidad de una espiritualidad global, incluyente y participativa. Vamos a repasar algunos de los símbolos que encontramos en los personajes y situaciones que presenta el relato de Mateo (2, 1-129). Lo haremos subrayando algunos des-pistes que cometieron estos reyes y aprovechando algunas pistas que nos ofrecen para fomentar una espiritualidad cristiana y profundamente comprometida con la vida.

Si eran reyes, magos o astrólogos… no importa mucho, lo que sí importa, al menos para nuestra reflexión, es que el relato los describe como personas extranjeras y paganas que se presentan en la capital de Israel, gobernado con poder absoluto por el rey Herodes. Nadie les pone ninguna traba, entran y salen del territorio libremente. Son recibidos por el mismo rey y por las autoridades intelectuales y religiosas. No son gente humilde, ni del pueblo, estamos por consiguiente ante unos privilegiados. Los magos de oriente representan, sin duda a los que saben, tienen y pueden. Todo esto hubiese sido muy distinto para estos personajes si hubiesen sido pobres, leprosos o mujeres.

Hoy sucede exactamente lo mismo: cualquier extranjero que entre en Europa o en nuestro país por el aeropuerto, con tarjeta de crédito y corbata será bien recibido, incluso si llega desde África, es negro, musulmán o chino. Si son celebridades y dignatarios, serán recibidos por las autoridades, incluso si son opresores declarados de sus pueblos, con ellos haremos negocios que es lo trascendental para ellos y para nosotros. Otra suerte les espera a quienes llegan saltando la valla en Melilla, tras una larga travesía en patera, deshidratados, desnudos y sin cartera. Han sobrevivido, ahora, medio encarcelados o deambulando por las calles el trato que les dispensamos será terrible, leyes, la burocracia y las mafias se van multiplicando hasta hacer imposible la acogida y hospitalidad humanitaria. Todos lo sabemos. Los “importantes” serán tratados con diplomacia y buenos modales, los empobrecidos peor que a los animales. Los creyentes, haremos oídos sordos a sus gritos y al evangelio, los últimos serán siempre los últimos. Lo contrario es política y eso no es para los curas.

Vienen del lugar (oriente) donde aparece la primera luz del día, tenue y delicada, antes de la salida del sol. Luz naciente que irá venciendo las tinieblas de la noche. Todas las religiones han visto en esta luz un símbolo de inspiración espiritual (iluminación). Por tanto, la luz que guía a los magos (la estrella) es universal.Lo que buscan y lo que finalmente encontrarán estas celebridades no es patrimonio de unos privilegiados, ni de un país, ni de una religión, es patrimonio de la humanidad, del planeta, del universo.

Lejos estamos de la luz naciente con tantas actitudes y doctrinas religiosas, incluida la nuestra, que pretenden apropiarse de la verdad y del misterio de Dios. Alejados estamos también cuando establecemos lugares, prácticas y fórmulas sagradas para encontrarnos con la Luz. Quizá fue este el primer des-piste de estos personajes: buscar a Dios, la verdad, la felicidad, el sentido… fuera de sí mismos, en otro territorio, alejándose de su pueblo, de sus tradiciones y costumbres. Francamente, con un poco más de paciencia y reflexión “la luz de la estrella” la habrían visto brillar entre sus gentes y en el interior más profundo de su propio ser. Todos los hombres y mujeres de la tierra, de todos los pueblos y culturas tienen la necesidad y la oportunidad de descubrir a Dios, sencillamente porque está cerca muy cerca, en nosotros mismos.

Sabios, entendidos y poderosos

Tratando de encontrar el Rey que ha nacido como Salvador, en su lógica de privilegiados, se dirigen directamente al palacio del todopoderoso rey Herodes. Tenemos aquí un nuevo des-piste de estos personajes, esta vez de gran relevancia: no solo no le encontrarán, rodeado de lujos y seguridades, sino que, en su error pondrán en peligro la integridad del pequeño Enmanuel. Al enterarse Herodes comete su propio error: imagina una amenaza y tiembla, cuando en realidad, el nuevo rey que acaba de nacer, ha venido a liberarle también a él de sus miedos, de sus privilegios y del odio que el pueblo le tiene por su crueldad y por su complicidad con el imperio del César, igualmente cruel y despiadado.

Reflexionemos un poco más acerca de este error. También hoy lo cometemos en nuestra religión y en las demás, en la política y en la economía. A todos nos encanta adorar a un Salvador que, con su poder, sus recursos y sus armas, nos proporciona seguridad y privilegios, aunque esto sea a cambio de nuestro sometimiento y fruto de la injusticia y las desigualdades. Herodes, les propuso consultar a los sabios y entendidos que, como aliados necesarios, no dudan en utilizar las Sagradas Escrituras, la fe del pueblo y las profecías, en su propio beneficio. El relato nos presenta así una situación bastante común en todos los tiempos: los sabios y entendidos interpretan las Escrituras (sagradas y seculares) sin dudar ni un instante en hacer de ellas un instrumento para mantener sus verdades, sus privilegios y su poder sobre un pueblo al que desprecian y consideran ignorante.

«Conocer e interpretar las Escrituras es necesario para mantener la identidad de la fe sin distanciarnos de su origen ni de la comunidad»

El intento de acudir a los sabios y entendidos para escrutar las Escrituras que consideramos otro des-piste de los Magos de Oriente, nos brinda una nueva pista para la espiritualidad: conocer e interpretar las Escrituras es necesario para mantener la identidad de la fe sin distanciarnos de su origen ni de la comunidad. Las Escrituras son siempre parte de la luz que necesitamos los cristianos para orientar nuestro caminar y nuestro compromiso, pero es muy importante también superar la tentación de considerarnos los poseedores de la auténtica y única interpretación, tratando después de imponerla a los demás.

Interpretarlas en provecho propio y al margen del pueblo sencillo, lo haga quien lo haga (teólogos, clérigos o el mismísimo Papa) queda desautorizado por Aquel que es la Palabra misma y vino a este mundo a servir y no para ser servido.

El niño y la luz

“La estrella vino a pararse encima de donde estaba el niño”. La simbología que encierra esta afirmación es de vital importancia para nuestra fe y nuestra espiritualidad: Dios está donde la gente se ama. El Salvador se hace carne, visible, humano… allí donde un niño (un joven o un anciano) es amado profundamente. Allí donde quienes le acompañan en la vida están dispuestos a darlo todo por él.

Aquí los magos de oriente acertaron plenamente. A los pastores, hombres pobres sencillos y despreciados, no les costó tanto, ni siquiera necesitaron de la estrella, la luz la llevaban dentro. Finalmente, unos y otros se encontraron con el Salvador, donde siempre está: en el amor. La estrella les guió hasta el corazón mismo de Dios. En Jesús encontramos el Amo, Él es el rostro mismo de la misericordia de Dios (Evangelii Gaudium 1). En su vida y su Evangelio encontramos “luz” para iluminar nuestros amores y dejar que otros se amen, sin tantos juicios ni valoraciones. Donde hay verdadero amor allí está Dios. Si buscamos, con honestidad, dispuestos a corregir errores, un día llegaremos hasta la verdad plena. El Espíritu de Jesús nos acompaña y capacita para conseguirlo juntos, en fraternidad.

Regalos inadecuados

Hay que seguir atentos, despiertos, profundamente comprometidos, porque a pesar de haber visto al niño, estos magos tuvieron otro sorprendente des-piste.

Por un lado, si nos atenemos a la interpretación tradicional, estos personajes importantes, ricos, sabios y piadosos, visitaban a otro rey, sus regalos debían estar a la altura (oro, incienso y mirra) pero se equivocaron:

-El oro resulta ser un regalo enormemente inadecuado para este niño rey. Su “reinado no va a ser como el de los reyes y tiranos de este mundo”. Ha venido a conquistar la tierra entera sin poder, sin gloria, sin riquezas y sin ejército… su verdadera riqueza será la compasión y el servicio.

Ya haríamos bien el iniciar una deconstrucción solidaria y justa de los considerados vasos sagrados (cálices, custodias, patenas… de oro y joyas) con los que pretendemos alabarle en la Eucaristía.

-El incienso como símbolo de la divinidad del niño, tampoco parece ser un acierto. Baste recordar que en su encarnación el Verbo “a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos” (Filipenses 6, 1-11). Este divino niño nada tiene que ver con los Dioses del Olimpo. No necesita honores ni sacrificios, desea solo hombres y mujeres con las manos limpias y el corazón puro que le adoren (amen) y le sigan en su bondad y en su lucha contra el mal y la injusticia (Sal. 14).

-Finalmente la mirra, como símbolo de su humanidad mortal, tampoco parece un acierto. Tal como le trataron antes de colgarlo del madero, las torturas y vejaciones con las que violentaron su cuerpo dejan pocas dudas, si no le respetaron vivo tampoco lo harán con su cadáver. Posiblemente terminaría en una fosa común como suelen hacer los poderosos con los cuerpos de los pobres: además de cometer el crimen, intentan cuidadosamente ocultar las pruebas. No imagino a ninguno de sus discípulos preocupado por organizar las honras fúnebres de Jesús. Silencio y confianza se lo devolverán después, vencedor de la muerte.

Por otro lado, si nos permitimos una interpretación más creativa y actual, también estos regalos constituyen otro sonoro des-piste:

Un niño, recién nacido, envuelto en pañales, profundamente amado por sus padres, es siempre “el rey de la casa”, “divino”, “vulnerable y frágil” y cuando sus padres son pobres necesitan calor, luz, alimento y protección. Al Niño Dios que nace en cada uno de los hijos de los pobres, en las afueras de las ciudades, en chabolas o bajo un puente, les seguimos negando derechos fundamentales: una alimentación sana y una casa digna, con luz y calefacción. Es terrible comprobar lo inhumanos que podemos llegar a ser. Los Reyes Magos del siglo XXI, en esto están, como los magos de Belén, terriblemente desorientados.

Veamos solo un ejemplo. En Cañada Real (Madrid), sobreviven más de 1800 menores, sin luz, a oscuras y castigados a pasar frío. La situación está siendo denunciada repetidamente por Amnistía Internacional y la propia Naciones Unidas: “Estos hechos bien podrían haberse evitado dejando a un lado la pugna política y cumpliendo con las obligaciones de España en materia de derecho internacional”. Mientras tanto esta Navidad se han iluminado ostentosamente las calles de los barrios ricos y comerciales, (millones de “estrellas luminosas” para fomentar más consumo). Facilitar luz y calefacción a estos niños posiblemente necesite menos inversión pública que el montaje delirante de una Cabalgata de Reyes profundamente elitista y absurda.

https://gacetinmadrid.com/wp-content/uploads/2021/12/cabalgataVillaverdeBajo

A mi parecer, los regalos de estos nuevos Reyes Magos tienen poca magia (ilusión y encanto) y mucha malicia (intención encubierta con que se dice o hace una cosa para beneficiarse en algo a pesar de perjudicar a otros).

La espiritualidad comienza precisamente en un viaje hacia el interior de nosotros mismos, hasta llegar a lo más profundo de nuestro ser donde todo se ilumina y todo se unifica. Un viaje que si es de inspiración cristiana nos lanza hacia los demás para seguir caminando por nuevas sendas, ahora acompañados por el Dios que todo lo habita y por los hermanos.

Quizá lo que hemos señalado como primer des-piste era solo aparente y fue éste otro el itinerario recorrido por los magos de Oriente: primero “vieron la estrella” en el interior de sí mismos y “salieron” después a buscar, en la vida, al que es la Luz de todos. Quizá por eso el relato termina diciendo que “regresaron a su tierra por otro camino”, lo que significa que el encuentro con Jesús, en el pesebre, les había cambiado profundamente a ellos.

«La espiritualidad comienza en un viaje hacia el interior de nosotros mismos, hasta llegar a lo más profundo de nuestro ser donde todo se ilumina y todo se unifica. Un viaje que si es de inspiración cristiana nos lanza hacia los demás para seguir caminando por nuevas sendas»

Espero que estas líneas sirvan, a quienes las lean, para sintonizar con estos personajes y a aprender, de sus aciertos y sus errores, a vivir “viajando”, abiertos siempre a encontrar nuevas sendas para la Iglesia y la humanidad, sin detenernos ni en las frustraciones, ni en las conquistas del presente, porque ambas serán siempre limitadas y transformadoras.

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