Reflexiones y propuestas pastorales para seguir caminando juntos

A un año de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe ( 3 de 4)

por David Jasso Ramírez 

 

El papa Francisco puso a toda la Iglesia en discernimiento con la llamada del Sínodo de la Sinodalidad y con la experiencia de la Asamblea Eclesial en América Latina y El Caribe, luego de un amplio proceso de escucha nos pusimos a discernir.

El Documento de Aparecida fungió como lente a través del cual mirar e interpretar la realidad siendo conscientes de los “desafíos” pendientes por realizar desde aquel 2007.

En la Parte II, el texto ofrece dos conceptos que nos ayudan a interpretar los signos de los tiempos mencionados: trabajar por una Vida plena para todos y avanzar en el proceso de conversión pastoral de cada uno de nosotros.

Por otro lado, la Conferencia de Aparecida aportó muchísimas novedades en más de un sentido. Los obispos, con su propuesta de dinámica colegial y sinodal, nos han ayudado a caminar con Jesús, comprendiendo así el modo de ser sus discípulos misioneros para que nuestros pueblos en Él tengan vida, orientando todo hacia la misión, que ha exigido una conversión personal y eclesial en perspectiva pastoral para “salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de ‘sentido’, de verdad y amor, de alegría y de esperanza!” (DA 548).

Si bien esta V Conferencia fue un evento realizado en un tiempo y en lugar determinado, sus miradas, sus reflexiones y sus llamados han trascendido al evento, convirtiéndose en un “acontecimiento” que ha de seguir acompañando nuestro caminar, para seguir suscitando en nosotros nuevas miradas, nuevas reflexiones y nuevos llamados como en un “un nuevo Pentecostés” (DA 548).

Con memoria agradecida recordamos la V Conferencia como un “acontecimiento eclesial” vivido en la alegría de la fe, en un clima fraterno, abierto, dialogante, libre, sencillo, sinodal, integrador y muy participativo, sin precedentes en la historia del Magisterio latinoamericano.

Aparecida es mucho más que lo que se dijo ahí, es un espíritu, es la Iglesia que se piensa y se repiensa desde el umbral de “un cambio de época” (DA 44), enfoque no estaba presente en las Conferencias anteriores de manera clara y sistemática. Refleja diversidad de posiciones y de miradas, de teologías, de búsquedas, de prácticas y de opciones. Lo que no le quita elementos comunes, integradores, articuladores, en medio de tanta complejidad y diversidad. “En 19 jornadas de intensa oración, intercambios y reflexión, dedicación y fatiga, nuestra solicitud pastoral tomó forma en el documento final, que fue adquiriendo cada vez mayor densidad y madurez. El Espíritu de Dios fue conduciéndonos, suave pero firmemente, hacia la meta”. (DA 547). No podemos negar que Aparecida está en el corazón del Magisterio del papa Francisco y que esta tomó nuevas dimensiones con el Magisterio actual. Él encarna el “rostro latinoamericano y caribeño de nuestra Iglesia” (DA 100). Su pontificado ratifica la vigencia del proyecto misionero de Aparecida hacia el futuro. La novedad del pontificado de Francisco está relacionada con la novedad de Aparecida, no buscando exportar un modelo latinoamericano, sino promoviendo que cada iglesia asuma la misión de una forma inculturada en su tiempo y su lugar. De lo contrario se caería en otra forma de centralismo pastoral.

Fue pues necesario hacer una relectura de Aparecida en diálogo con el Magisterio del papa Francisco para impulsar nuestra creatividad pastoral en la construcción de formas con las que renovemos nuestro modo de ser católicos, como el modo de ser instrumentos del Reino del amor, de la vida, de la solidaridad y la justicia. Así lo deja claro el texto que hemos comentado.

Hoy nos encontramos frente a un mundo más duro que en 2007 y más escéptico con respecto a los proyectos inclusivos y a largo plazo. Y, sin embargo, en la Iglesia soplan otros vientos, se respira un aire fresco y nuevo que ha traído el papa Francisco no como algo improvisado, sino que tuvo un precedente en Aparecida, donde el modo sinodal de trabajar que lo impulsó siendo cardenal al presidir la comisión de redacción del Documento final, provocó en la asamblea la madurez humilde de un consenso compacto.

Aparecida certificó que es posible una Iglesia en debate y comunión. Y no solo posible, sino urgente, en tanto que solo desde el discernimiento compartido se puede romper con inercias que establecen las estructuras y los tiempos para responder al viento del Espíritu que se encapricha siempre con salir de la zona de confort, empezando por los pastores.

Así entonces la Asamblea reaviva el espíritu de Aparecida. En el proceso de escucha se dijo: “ya no se puede seguir esperando a que la gente llegue, hay que salir a buscarlos en sus propias realidades” (SN p. 134). La Asamblea invita a ser una Iglesia de puertas abiertas para ir donde la gente está. Este camino conlleva dificultades, pero es preferible “una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (EG 49), una Iglesia que “salga” a las periferias, más que una Iglesia temerosa de equivocarse y sometida a estructuras anquilosantes (Cfr. No. 173)

El texto continúa su aporte a nuestro discernimiento haciéndonos conscientes del Sueño de Dios para nosotros: “una Vida Plena” y de nuestro compromiso de ser un pueblo en comunión sinodal y salida misionera, de ser una iglesia samaritana al servicio de la vida en fraternidad y de reconocer el desborde del Espíritu en María de Guadalupe: En el acontecimiento, la imagen, el nombre y el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe la Madre de Dios visitó a nuestros pueblos y nos dio a Jesús, el fruto bendito de su vientre. En 2031 se cumplirán cinco siglos de la visita misionera de María a estas tierras. La Virgen de Guadalupe es la primera discípula misionera del continente. En 1984, al iniciar la novena de años para preparar el V Centenario del inicio de la primera evangelización en América, San Juan Pablo II afirmó que “América Latina se ha convertido en la tierra de una nueva Visitación”. Aparecida declaró que “María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros” (DAp 269) (Cfr. No. 223).

Esto nos prepara para el Jubileo Guadalupano en 2031 y sin duda para el Jubileo de la Redención en 2033, con ella caminamos hacia Jesús.

Continuará…

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