Elecciones y Derechos Humanos

Por Pedro Pierre

Hemos despertado a la necesidad de la vigencia de los derechos, es decir, al respeto que se merecen cada uno, cada grupo, cada nación, la misma naturaleza y Dios mismo, porque somos personas, somos humanos, somos hijos de Dios: Tenemos valor todas y todos. Po eso debemos ser respetados, debemos respetarnos y debemos crecer en este ambiente de derechos, de deberes porque todas y todos somos iguales y debemos ser tratados como tales.

Eso es el fundamento de la convivencia que llamamos democracia. Tenemos que organizarnos para que haya más respeto a nuestros derechos. “Lo que está hecho para nosotros sin nosotros, termina contra nosotros”.

Por esta razón, en el histórico levantamiento indígena de 1992, aniversario de 500 años de la invasión, saqueo y genocidio, los Indígenas decían: “¡Ningún Ecuador sin nosotros! ¡Ninguna Iglesia sin nosotros!” Lo siguen diciendo, lo siguen reclamando y, con sus muertos en cada levantamiento, siguen dando la vida por esta democracia: Un Ecuador donde quepamos todas y todos, para que el respeto, los derechos y la dignidad se hagan costumbre, para que Ecuador sea de todas las voces, de todos los corazones, de todas y todos los ecuatorianos, y no de un puño de corruptos, saqueados y asesinos.

Esta es la gran lucha de Ecuador en este momento: Recuperar el respeto que nos merecemos, los derechos que son los nuestros y el valor para lograrlo juntos. Eso es lo que está pasando en Perú en este momento. Por eso se dio el intento de golpe en Brasil. Esto lo están logrando poco a poco en Colombia. ¿Cuándo estaremos reconociendo que lo han logrado en Cuba y lo están defendiendo en Venezuela?

Se nos ha inoculado la mentira y el odio para mantenernos ciegos, callados, sumisos y explotados. Pero estamos despertando a la necesidad de la vigencia de nuestros derechos. Estas próximas elecciones son una nueva oportunidad para avanzar en este camino. Nos quieren engañar, domesticar, dividirnos, confundirnos para desvanecer nuestra resistencia, nuestras alternativas y nuestros derechos.

La Biblia es la historia singular de un Pueblo que no se ha cansado y no se cansa de luchar y morir por sus derechos con la ayuda de Dios. Abraham y Sara fueron los primeros en “dejar su tierra” de la que no eran dueños, dejar su organización social donde eran esclavos y dejar su religión que justificaba la violencia de los dominadores y la esclavitud de los demás. En esa rebeldía e intuición de una nueva tierra y de una organización más equitativa Abraham y Sara hicieron la experiencia de un Dios único y amigo que justificaba su decisión buscar y encontrar mejor vida.

Por una hambruna, sus descendientes tuvieron que ir a Egipto donde volvieron a ser esclavos, pero conservaron el sueño de Abraham y Sara. Después de 250 años de esclavitud, Moisés y Myriam decidieron retomar el sueño y las intuiciones de sus antepasados: más libertad y más equidad. En su huida de Egipto y en su caminata por el desierto hicieron nuevamente la experiencia del Dios de Abraham y Sara: amigo, compañero y sobre todo liberador con ellos.

Con el paso de los años y el compartir de experiencias con los pueblos que encontraban en su travesía del desierto, Moisés y Sara se organizaron políticamente y económicamente. “Moisés escuchó a su suegro e hizo todo lo que le había dicho. Eligió hombres capaces de todo Israel y los puso al frente del pueblo como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez… Cada cual recogía día tras día lo que necesitaba” del ‘maná’, el alimento escaso del desierto.

“Ni los que recogieron mucho tenían más, ni los que recogieron poco tenían menos: cada uno tenía su ración”. Esta organización se plasmó en la primera Constitución, resumida en los 10 mandamientos: los deberes y derechos de Dios, y los deberes y derechos del Pueblo, que se irían detallando en los siglos siguientes.

Unos 1200 años después, Jesús retomó el proyecto de Abraham y Moisés y de Sara y Miriam, confirmado por las y los profetas y las y los sabios. “El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.” Retomaba Jesús lo que había cantado María en su visita a su prima Isabel: “El Todopoderoso dio un golpe con todo su poder: Deshizo a los soberbios y sus planes. Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías… como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a sus descendientes para siempre.”

Jesús empezó a hacer realidad este proyecto con los pobres de Galilea y Palestina, reuniéndolos, curándolos, comiendo con ellos, mostrándoles en palabras y hechos que Dios era ‘padre y madre’, organizando sus seguidores en apóstoles y ‘apóstolas’ (María Magdalena fuera la primera) y misioneros y misioneras. Este proyecto que continuaron las primeras Comunidades cristianas llegó hasta nosotros y nosotras: Jesús lo llamó ‘el Reino de Dios’.

Sueños, intuiciones, fracasos, luchas, éxodo, organización, compartir y “Dios con ellos”, tal fue la historia del Pueblo de Jesús, de los primeros cristianos y de las demás generaciones, hasta nuestros días. ¿Por qué no nos decidimos a hacer realidad este proyecto del Reino inaugurado por Jesús y seguido por miles y miles de cristianos, muchas veces al precio de sus vidas?

¿Por qué no entramos conscientes y decididos en esta herencia? Las promesas de Dios, según dijo María de Nazaret, son “para Abraham y sus descendientes para siempre”. ¿Vamos a ser capaces, en estos tiempos, de escuchar a Dios, seguir a Jesús para continuar el proyecto de Dios en la realidad que nos toca vivir?

Hacer realidad nuestros derechos como personas y ciudadanos porque “lo que está hecho para nosotros sin nosotros, termina contra nosotros”. Es tiempo de revertir lo que se nos está imponiendo para ser, juntos y como pobres organizados, los gestores y protagonistas de un nuevo Ecuador, con el Dios de la Biblia: amigo, compañero, liberador, madre y padre, con nosotros y nosotras.

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