Hacia un nuevo modelo de Iglesia

Hna. Genoveva Henríquez: «El Sínodo nos compromete en la construcción de un nuevo modelo de Iglesia»


«Este encuentro regional es una oportunidad para contribuir a la apertura de horizontes de esperanza para el cumplimiento de la misión de la Iglesia,» aseguró la Hna. María Genoveva Henríquez Menbreño, Presidenta de la Conferencia de Religiosos de El Salvador al referirse al llamado del Papa Francisco a caminar juntos y dedicar el próximo Sínodo a la sinodalidad.

«Esta invitación nos compromete a todas y todos en la construcción de un nuevo modelo de Iglesia, siguiendo la impronta de Mons. Romero: Tenemos que ver con los ojos bien abiertos y los pies bien puestos en tierra, pero con el corazón bien lleno de Evangelio y de Dios», afirmó en nombre de la Región de Mesoamérica de la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosas y Religiosos (CLAR) que está integrada por las Conferencias de Religiosos de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y Panamá.

Una vida consagrada contemplativa y activa, abierta a las necesidades del mundo, con una mayor conciencia misionera y un corazón mucho más sensible a los necesitados, en realidad atenta a toda forma de deshumanización empezando por las antiguas y nuevas pobrezas esas exclusiones que abundan en el continente e impiden el desarrollo de la persona.

Dirigiéndose a los asistentes al acto inaugural de la primera Asamblea Regional prevista del 13 al 17 de febrero en El Salvador, la consagrada destacó el acontecimiento que marca el itinerario de la Fase Continental del Sínodo en América Latina y el Caribe.


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Sin desconocer que la humanidad vive un momento difícil en distintos contextos y sus efectos se sienten con fuerza en la vida de la Iglesia, la religiosa indicó que se trata de un momento de particular gracia, porque pese a los dolores y arideces de la realidad “experimentamos
la presencia cercana e incondicional del Dios de la historia y nos sentimos confortados con el esfuerzo realizado y la propuesta que nos hace el Papa Francisco de volver al Evangelio”.

Un llamado que se siente con fuerza en el corazón de laicos y consagrados, generando una profunda reflexión y los cambios de actitud que constituyen la base de la transformación, el impulso a que lleva al examen de conciencia y la certeza de la conversión pastoral.

Al respecto al religiosa dijo que la adopción de un estilo auténticamente sinodal interpela a la Vida Consagrada del continente, especialmente en lo referente a la importancia que tiene la participación de todas y todos en la vida de la comunidad y que aparece explicado con
claridad en el numeral 81 del documento de trabajo para la etapa continental del sínodo, al decir que “se trata de hacer real el deseo generalizado de un estilo de gobierno circular, participativo y meno jerárquico y piramidal” para la Iglesia.

Una alternativa de vida
Una necesidad que implica según la religiosa, la construcción de un nuevo modo de ser iglesia, con rostros concretos y rasgos culturales múltiples buscando ofrecer a las mujeres, hombres, jóvenes y niños de este tiempo, una alternativa de vida centrada en el Evangelio.

Una vida consagrada contemplativa y activa, abierta a las necesidades del mundo, con una mayor conciencia misionera y un corazón mucho más sensible a los ne-cesitados, en realidad atenta a toda forma de deshu-manización empezando por las antiguas y nuevas po-brezas esas exclusiones que abundan en el continente e impiden el desarrollo de la persona.

Agradecida y alegre por la realización de la Asamblea Regional en la tierra Mons. Óscar Romero y participar activamente en el inicio de la fase continental del Sínodo, la religiosa confía en que el Espíritu ilumine, guie y fortalezca los trabajos que desde muchos lugares
acompañarán con la oración, confiada en que Dios siempre tiene la última palabra sobre quienes pondera a los ídolos de la muerte, el cansancio y el miedo a la conversión.

Tierra de misioneros
La congregación de las hermanas de Nazaret es un Instituto Religioso de Derecho Diocesano fundado el 27 de diciembre de 1983 por Mons. José Oscar Barahona, obispo de San Vicente en El Salvador.

La congregación vive el espíritu del humilde hogar de la Sagrada Familia lo que constituye un programa de vida para ellas expresado en la oración, pobreza, el mundo del trabajo, la humildad, la sencillez el sacrificio el amor y la alegría. Jesús, la Virgen María, San José y Santa
Teresa del Niño Jesús son los patronos de la comunidad amparados siempre en la aplicación del concepto de la infancia espiritual.

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