Propuestas de FADSP para atender a la dependencia

TENEMOS QUE MODIFICAR LOS ACTUALES MODELOS DE ATENCIÓN A LA DEPENDENCIA
Los datos demográficos y las proyecciones hasta el 2040 que proporcionan algunos estudios, siempre tomados con prudencia, auguran un aumento de personas que precisaran atención y prestaciones ligadas a la dependencia. Este hecho pone de manifiesto la necesidad urgente de reflexionar a cerca de la idoneidad y características de las prestaciones o servicios actuales, y sobre los variados modelos de atención, presentes en las distintas CCAA.
La pandemia del Covid-19 ha hecho visible, de forma cruda, las maltrechas entretelas que sustentaban el sistema de atención de las personas dependientes, discapacitadas o con enfermedad mental, cuyo hogar habitual es una institución residencial. Una realidad expuesta en ocasiones por los familiares y organizaciones cercanas al sector sociosanitario.
La aprobación de la ley, en diciembre del 2006, para la Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en situación de dependencia, tenia como finalidad poner en pie y garantizar el cuarto pilar del Estado del Bienestar, que junto a la educación, las pensiones o la sanidad, forma parte de los derechos universales sociales.
Este hecho supuso un avance esperanzador. Sin embargo, el balance no es positivo. No ha conseguido dar respuesta de forma satisfactoria a las demandas existentes, ni entonces ni ahora. Su andadura fue lenta, desigual su ejecución en las diferentes CCAA, su desarrollo incompleto y la implantación de ”bajo coste”, ha configurado un sistema inapropiado e insuficiente para responder a las crecientes demandas . Además, la aprobación del RLD 20/12/2012, provocó el recorte de varios servicios y prestaciones. Todo ello ha derivado en el actual panorama: no se cumplen los requisitos de cobertura y de calidad deseable, porque no llega a todas las personas que lo necesita o porque los servicios que se prestan son mínimos.
Cobertura de los servicios residenciales
No resulta sencillo acceder a una información rigurosa y contrastable sobre la atención a la dependencia dada la variabilidad existente, y además, por la ausencia de transparencia informativa propia del sector. La diversidad se manifiesta, tanto en cuanto a la inversión, como a los modelos y características de los cuidados, a los tipos de gestión, o la organización interna de los residentes, lo que dificulta sobremanera, tener un mapa real de la situación por CCAA, responsables de los recursos sociosanitarios.
Según datos del IMSERSO (2019), en España había unos 5.457 centros residenciales para personas mayores, 4.063 de ellos (74,5%) son de titularidad privada y 1.394 (25,5%), son públicos. En total, sumarían 381.158 plazas, lo que representa un índice de cobertura del 4,21%, el cual varía significativamente entre el 7,6% de Castilla y León y el 1,42% de Murcia. Una desigualdad de acceso evidente.
Por otro lado existen diversos tipos de gestión que van desde la totalmente pública a la totalmente privada pasando por diversos modelos de la llamada colaboración público-privada no siempre fáciles de identificar porque con frecuencia residencias de titularidad pública están gestionadas en todo o en parte por empresas privadas.

Los principales problemas detectados son:
* Insuficiente presupuesto público destinado a la atención a la dependencia.
* Predominio desmesurado de la financiación privada sobre la pública, con notables diferencias entre CCAA. Número de plazas escasas.
* Baja cobertura de las necesidades y demandas de las personas dependientes y de sus familias.
* Carencia de recursos humanos bien formados y de materiales técnicos suficientes y actualizados. Personal mal pagado, con contratos precarios y escaso reconocimiento social. Son frecuentes las rotaciones y cambio de personal que no favorece el establecimiento de lazos de referencia.
* Desigualdad laboral ligada al género de las cuidadoras.
* Estructuras físicas inadecuadas. Complejos residenciales híbridos entre el hotel y el hospital o entre el chalet y las “guarderías para mayores”.
* Cuidados estandarizados, rutinarios, despersonalizados en muchos casos, y centrados en las “tareas” prácticas.
* Gestión vertical. Deficiente coordinación intersectorial entre las Gerencias de Atención Primaria y los médicos/as y enfermeros/as de familia. Desconfianza mutua.
* Ausencia de información y participación real de los residentes y de sus familiares.
* Falta de transparencia en la información que impide el análisis, la evaluación y la investigación.
Existen muchas experiencias en el mundo sobre la atención a la dependencia y a las personas mayores, en general son modelos que comparten los siguientes valores o ideas fundamentales:
– Atención integral —holística, humanista— y “ centrada en la persona”. Este marco conceptual permite identificar las claves en la cuales se debe sustentar el apoyo y los cuidados.
– Fomento de la independencia y de la autonomía personal.
– Prevención temprana de la discapacidad de forma preferente.
– Centros abiertos a la comunidad en la que viven con la finalidad de favorecer el contacto exterior. Forjar alianzas comunitarias.
– Garantizar la seguridad y accesibilidad.
Desde la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública entendemos que habría que cambiar el contenido y el continente a la hora de abordar la problemática de las residencias, no se trata de hacer mini- hospitales u hospitales de crónicos, sino de arbitrar otra forma de atender la problemática de la vejez y la dependencia. En este sentido pensamos que es preciso poner en práctica las siguientes propuestas:
Once propuestas para abordar el problema de la atención a las personas mayores y/o dependientes.
1.- Aumento de la financiación pública a través de los impuestoMs centrales y autonómicos que garantice la atención de todas aquellas personas que lo necesiten. Suprimir las actuales deducciones fiscales que solo favorecen a los que más tienen. Incremento en los presupuestos generales de este año y de la partida que presumiblemente, llegará de Europa.
2- Definir y establecer criterios que aseguren la equidad territorial como elemento básico de la justicia social entre el medio rural y urbano. Catalogar los tipos y características de los establecimientos que atienden a estas personas.
3- Modificar el actual modelo de residencia tanto para las personas con dependencia física como para los discapacitados psíquicos o personas con enfermedad mental. Es necesario crear nuevas residencias de pequeño tamaño, cercanas al entorno de las personas residentes, cerrar progresivamente las masificadas, crear pisos y apartamientos compartidos y sobre todo apostar por mantener a los mayores en sus viviendas habituales con ayudas profesionales para realizar actividades cotidianas. Favorecer entornos inclusivos. Rediseñar las habitaciones, los espacios comunes y dotarlos de medios tecnológicos que faciliten las actividades de la vida diaria y la comunicación con las familias y amigos para prevenir la soledad y el aislamiento, por ejemplo, en tiempos de pandemia.
4.- La gravedad de la mortalidad en las residencias (tanto en la primera como en la segunda ola de la epidemia, que coloca a estas como el principal determinante de la mortalidad COVID) debe obligar a realizar un giro estratégico para lo que es preciso realizar un gran esfuerzo político, económico y empresarial: Todas las nuevas residencias que se abran para garantizar unos indicadores similares a los países desarrollado de la Unión Europea deberán de ser de titularidad y gestión pública. A medio plazo recuperar para la gestión pública las residencias que hayan externalizado la gestión con empresas y grupos privados. A largo plazo reintegrar todas al sistema público de atención a la dependencia.
5.- Gestión horizontal apoyada en la participación significativa y efectiva de los trabajadores, usuarios y familiares. Actualizar y adecuar los instrumentos legales existentes a las nuevas demandas y necesidades, y modificar los que sean precisos para hacerlos eficaces, útiles.
6.- Incremento del personal que trabaja en las residencia, garantizando una formación específica de nivel medio en atención a mayores y condiciones laborales dignas. Suprimir la brecha de género que se da en este sector y que afecta a las condiciones laborales y de vida. Definir de forma precisa la ratio de atención según categoría laboral y nivel de dependencia.
7.- Transformar la actual planificación de la atención y los cuidados, y adoptar un enfoque integrado “centrado en la persona”, que suprima el cuidado rutinario, homogéneo y que estimule la independencia y la actividad física y mental, también en estados de dependencia severa.
8.- Formación especifica para favorecer el cambio de rol y contrarrestar las inercias y resistencias a la innovación deseable que proporcionan las evidencias científicas actuales.
9.- Establecer normas y criterios para que los servicios de inspección sean una realidad verificable y exigible por los trabajadores o los familiares. Impulsar una mejora continua.
10.- Coordinación efectiva con la Atención Primaria para que facilite la atención y la comunicación con su médico y enfermera de familia. Es prioritario definir de forma explicita las competencias y responsabilidades de cada sector de modo que se garantice una atención de calidad basada en unos cuidados integrales.
11.- Implantar sistemas de información compatibles entre administraciones que favorezcan el conocimiento, la evaluación y la investigación interna y externa.

Conclusiones
Los medios de comunicación han publicado con frecuencia noticias a cerca de la repercusión del Covid-19 entre las personas que viven en las residencias, lamentablemente, no siempre positivas. Tal hecho ha puesto de manifiesto la hondura del problema y la urgencia para abordarlo de forma seria y profunda. Que el sistema tenía vías de agua y que olía mal, era patente.
Con asombro constatamos, que al igual que se ha sucedido con los hospitales en ciertas CCAA, varias empresas se han infiltrado y se han enriquecido con el beneplácito de las administraciones, y sin que la inspección pública haya ejercido sus responsabilidad de forma constante y eficaz.
Es primordial suscitar un dialogo social participativo entre todos los organismos de la administración, las asociaciones de familiares y usuarios, colectivos sociales, trabajadores, sociedades científicas, etc, con conocimientos en este ámbito de la atención social. Contar con el apoyo de sociólogos expertos en este campo y, antropólogos de la salud, nos parece necesario para inducir, favorecer un análisis contextual necesario.
Tener presente los determinantes sociales a la hora del debate sobre el futuro del sistema de atención a la dependencia que se quiere, se necesita y que se está dispuesto a financiar, ayudará a comprender mejor la diversidad y complejidad del actual momento. Deberíamos de aprender de la experiencia y que tantas muertes no hayan sido en balde.
Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública
Noviembre de 2020

Abandonadas a su suerte


Deben modfcarse los actuales modelos de la dependencia
Lo vivido durante la pandemia en las residencias de mayores obliga a un replanteamiento del sector, en el bien entendido de que se imbrican en el campo de la dependencia, uno de los pilares del Estado del Bienestar. Este trabajo constituye una visión del problema actual y ofrece ideas para su renovación.
Los datos demográficos y las proyecciones hasta el 2040 que proporcionan algunos estudios, siempre tomados con prudencia, auguran un aumento de personas que precisarán atención y prestaciones ligadas a la dependencia. Este hecho pone de manifiesto la necesidad urgente de reflexionar acerca de la idoneidad y características de las prestaciones o servicios actuales y sobre los variados modelos de atención presentes en las distintas CCAA.
La pandemia del Covid-19 ha hecho visible, de forma cruda, las maltrechas entretelas que sustentaban el sistema de atención de las personas dependientes, discapacitadas o con enfermedad mental, cuyo hogar habitual es una institución residencial. Una realidad expuesta en ocasiones por los familiares y organizaciones cercanas al sector sociosanitario.
La aprobación de la ley, en diciembre del 2006, para la Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en situación de dependencia, tenía como finalidad poner en pie y garantizar el cuarto pilar del Estado del Bienestar, que, junto a la educación, las pensiones o la sanidad, forma parte de los derechos universales sociales.
Este hecho supuso un avance esperanzador. Sin embargo, el balance no es positivo. No ha conseguido dar respuesta de forma satisfactoria a las demandas existentes, ni entonces ni ahora. Su andadura fue lenta, desigual su ejecución en las diferentes CCAA, su desarrollo incompleto y la implantación de “bajo coste” ha configurado un sistema inapropiado e insuficiente para responder a las crecientes demandas . Además, la aprobación del RLD 20/12/2012, provocó el recorte de varios servicios y prestaciones. Todo ello ha derivado en el actual panorama: no se cumplen los requisitos de cobertura y de calidad deseable, porque no llega a todas las personas que lo necesitan o porque los servicios que se prestan son mínimos.
Cobertura de los servicios residenciales
No resulta sencillo acceder a una información rigurosa y contrastable sobre la atención a la dependencia dada la variabilidad existente y, además, por la ausencia de transparencia informativa propia del sector. La diversidad se manifiesta tanto en cuanto a la inversión, como a los modelos y características de los cuidados, a los tipos de gestión, o la organización interna de los residentes, lo que dificulta sobremanera tener un mapa real de la situación por CCAA, responsables de los recursos sociosanitarios.
Según datos del IMSERSO (2019), en España había unos 5.457 centros residenciales para personas mayores, 4.063 de ellos (74,5%) son de titularidad privada y 1.394 (25,5%) son públicos. En total sumarían 381.158 plazas, lo que representa un índice de cobertura del 4,21%, el cual varía significativamente entre el 7,6% de Castilla y León y el 1,42% de Murcia. Una desigualdad de acceso evidente.
Por otro lado existen diversos tipos de gestión que van desde la totalmente pública a la totalmente privada pasando por diversos modelos de la llamada colaboración público-privada, no siempre fáciles de identificar porque con frecuencia residencias de titularidad pública están gestionadas en todo o en parte por empresas privadas.
Principales problemas detectados
Los principales problemas detectados son:
* Insuficiente presupuesto público destinado a la atención a la dependencia.
* Predominio desmesurado de la financiación privada sobre la pública, con notables diferencias entre CCAA.
* Número de plazas escasas.
* Baja cobertura de las necesidades y demandas de las personas dependientes y de sus familias.
* Carencia de recursos humanos bien formados y de materiales técnicos suficientes y actualizados. Personal mal pagado, con contratos precarios y escaso reconocimiento social. Son frecuentes las rotaciones y cambio de personal, lo que no favorece el establecimiento de lazos de referencia.
* Desigualdad laboral ligada al género de las cuidadoras.
* Estructuras físicas inadecuadas. Complejos residenciales híbridos entre el hotel y el hospital o entre el chalet y las “guarderías para mayores”.
* Cuidados estandarizados, rutinarios, despersonalizados en muchos casos, y centrados en las “tareas” prácticas.
* Gestión vertical. Deficiente coordinación intersectorial entre las Gerencias de Atención Primaria y los médicos/as y enfermeros/as de familia. Desconfianza mutua.
* Ausencia de información y participación real de los residentes y de sus familiares.
* Falta de transparencia en la información que impide el análisis, la evaluación y la investigación.
Experiencias sobre atención a la dependencia
Existen muchas experiencias en el mundo sobre la atención a la dependencia y a las personas mayores, en general son modelos que comparten los siguientes valores o ideas fundamentales:
– Atención integral —holística, humanista— y “centrada en la persona”. Este marco conceptual permite identificar las claves en la cuales se debe sustentar el apoyo y los cuidados.
– Fomento de la independencia y de la autonomía personal.
– Prevención temprana de la discapacidad de forma preferente.
– Centros abiertos a la comunidad en la que viven con la finalidad de favorecer el contacto exterior. Forjar alianzas comunitarias.
– Garantizar la seguridad y accesibilidad.
Desde la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) entendemos que habría que cambiar el contenido y el continente a la hora de abordar la problemática de las residencias, no se trata de hacer mini- hospitales u hospitales de crónicos, sino de arbitrar otra forma de atender la problemática de la vejez y la dependencia.
Propuestas para abordar el problema de la atención a las personas mayores y/o dependientes.
En este sentido pensamos que es preciso poner en práctica las siguientes propuestas:
1.- Aumento de la financiación pública a través de los impuestos centrales y autonómicos que garantice la atención de todas aquellas personas que lo necesiten. Suprimir las actuales deducciones fiscales que solo favorecen a los que más tienen. Incremento en los presupuestos generales de este año y de la partida que, presumiblemente, llegará de Europa.
2- Definir y establecer criterios que aseguren la equidad territorial como elemento básico de la justicia social entre el medio rural y urbano. Catalogar los tipos y características de los establecimientos que atienden a estas personas.
3- Modificar el actual modelo de residencia tanto para las personas con dependencia física como para los discapacitados psíquicos o personas con enfermedad mental. Es necesario crear nuevas residencias de pequeño tamaño, cercanas al entorno de las personas residentes, cerrar progresivamente las masificadas, crear pisos y apartamentos compartidos y, sobre todo, apostar por mantener a los mayores en sus viviendas habituales con ayudas profesionales para realizar actividades cotidianas. Favorecer entornos inclusivos. Rediseñar las habitaciones, los espacios comunes y dotarlos de medios tecnológicos que faciliten las actividades de la vida diaria y la comunicación con las familias y amigos para prevenir la soledad y el aislamiento, por ejemplo, en tiempos de pandemia.
4.- La gravedad de la mortalidad en las residencias (tanto en la primera como en la segunda ola de la epidemia, que coloca a estas como el principal determinante de la mortalidad COVID) debe obligar a realizar un giro estratégico para lo que es preciso realizar un gran esfuerzo político, económico y empresarial. Todas las nuevas residencias que se abran, para garantizar unos indicadores similares a los países desarrollado de la Unión Europea, deberán de ser de titularidad y gestión pública. A medio plazo, recuperar para la gestión pública las residencias que hayan externalizado la gestión con empresas y grupos privados; a largo plazo, reintegrar todas al sistema público de atención a la dependencia.
5.- Gestión horizontal apoyada en la participación significativa y efectiva de los trabajadores, usuarios y familiares. Actualizar y adecuar los instrumentos legales existentes a las nuevas demandas y necesidades, y modificar los que sean precisos para hacerlos eficaces, útiles.
6.- Incremento del personal que trabaja en las residencia, garantizando una formación específica de nivel medio en atención a mayores y condiciones laborales dignas. Suprimir la brecha de género que se da en este sector y que afecta a las condiciones laborales y de vida. Definir de forma precisa la ratio de atención según categoría laboral y nivel de dependencia.
7.- Transformar la actual planificación de la atención y los cuidados, y adoptar un enfoque integrado “centrado en la persona”, que suprima el cuidado rutinario, homogéneo y que estimule la independencia y la actividad física y mental, también en estados de dependencia severa.
8.- Formación especifica para favorecer el cambio de rol y contrarrestar las inercias y resistencias a la innovación deseable que proporcionan las evidencias científicas actuales.
9.- Establecer normas y criterios para que los servicios de inspección sean una realidad verificable y exigible por los trabajadores o los familiares. Impulsar una mejora continua.
10.- Coordinación efectiva con la Atención Primaria para que facilite la atención y la comunicación con su médico y enfermera de familia. Es prioritario definir de forma explicita las competencias y responsabilidades de cada sector de modo que se garantice una atención de calidad basada en unos cuidados integrales.
11.- Implantar sistemas de información compatibles entre administraciones que favorezcan el conocimiento, la evaluación y la investigación interna y externa.
Conclusiones
Los medios de comunicación han publicado con frecuencia noticias a cerca de la repercusión de la Covid-19 entre las personas que viven en las residencias, lamentablemente no siempre positivas. Tal hecho ha puesto de manifiesto la hondura del problema y la urgencia para abordarlo de forma seria y profunda. Que el sistema tenía vías de agua y que olía mal era patente.
Con asombro constatamos que, al igual que se ha sucedido con los hospitales en ciertas CCAA, varias empresas se han infiltrado y se han enriquecido con el beneplácito de las administraciones, y sin que la inspección pública haya ejercido sus responsabilidad de forma constante y eficaz.
Es primordial suscitar un diálogo social participativo entre todos los organismos de la Administración, las asociaciones de familiares y usuarios, colectivos sociales, trabajadores, sociedades científicas, etc, con conocimientos en este ámbito de la atención social. Contar con el apoyo de sociólogos expertos en este campo y antropólogos de la salud nos parece necesario para inducir, favorecer un análisis contextual necesario.
Tener presente los determinantes sociales a la hora del debate sobre el futuro del sistema de atención a la dependencia que se quiere, se necesita y se está dispuesto a financiar, ayudará a comprender mejor la diversidad y complejidad del actual momento. Deberíamos de aprender de la experiencia y que tantas muertes no hayan sido en balde.


La dramática situación de las residencias de mayores

  • Argüello: “La dramática situación de las residencias de ancianos interpela a todos: Estado, centros y familias”

Luis Argüello

“La Doctrina social de la Iglesia se articula desde dos puntos focales: la dignidad de la persona y el bien común. La dignidad “sagrada” pide promoción y protagonismo social, de ahí el principio de subsidiariedad; el bien común.”

“Una de las cosas que la pandemia, con el confinamiento, ha aportado ha sido poner de manifiesto problemas existentes y, en parte ocultos u ocultados, como el de personas sin hogar ni techo. Era difícil decir, “quédate en casa” a quien no tenía donde reclinar la cabeza.”

16.09.2020 | Baltasar Bueno corresponsal en Valencia

 “La dramática situación interpela a todos. A las familias que llevan a sus seres queridos a residencias, ¿cuáles son las motivaciones? ¿qué situaciones laborales, de organización de la economía, de la vivienda, están detrás de esas decisiones? A las administraciones públicas, sobre la regulación y vigilancia de las residencias y a las propias instituciones de acogida sobre su funcionamiento, intereses económicos, formación del personal. Las residencias, no son hospitales, pero cada vez hay más personas en ellas que necesitan una intensa asistencia sanitaria. Es un asunto que interpela a las administraciones públicas (Estado), a las residencias (Mercado) y a las familias (Don). Es un punto crítico para la transformación del Estado del Bienestar en Sociedad de cuidados pues afecta a tres pilares del bienestar, servicios sociales, sanidad y pensiones”, ha declarado el portavoz secretario general de la Conferencia Episcopal Española y obispo auxiliar de Valladolid, Luís Argüello, a la revista “Cresol” de la Unión Apostólica de Valencia, que le ha preguntado sobre las consecuencias del coronavirus en las personas y el momento actual de la Iglesia.

Respecto al mensaje que se debiera enviar a los jóvenes en esta situación, Argüello  manifestó: “Cada generación tiene que responder a los desafíos de su tiempo, ejercitando el coloquio permanente entre fidelidad al don recibido y la novedad de cada época. Quizá no tengamos otra propuesta que hacer que invitar al discernimiento para descubrir las llamadas que la realidad y el rostro del otro provocan. Ilumina, en la búsqueda de respuestas, la acogida de la fraternidad como don y proyecto que hace posible que el coloquio entre libertad e igualdad no se viva solo en una dialéctica de contrarios. La fraternidad hace descubrir la importancia del deber y cuestiona “el derecho a tener derechos” que se ofrece a los jóvenes como señuelo manipulador, especialmente en tiempos populistas y emotivistas”.

“Esta propuesta precisa un ambiente de acompañamiento y escucha de los latidos más profundos del corazón de cada joven para poder realizar el anuncio que redime y entusiasma. Quizás hayamos de perder el miedo a proponer el Ideal encarnado en Cristo. Claro que para ello los adultos hemos de acompañar la propuesta con nuestra propia vida personal, comunitaria y de compromiso vocacional en el mundo”, agregó el prelado. Sigue leyendo

Alternativas a las residencias de mayores

Jesús Martínez Gordo: “Sant’ Egidio ofrece alternativas a las residencias”

“La Comunidad de Sant’Egidio, además de criticar la tendencia a tratar a los mayores como residuales y revindicar sus derechos, tiene en funcionamiento cuatro programas de atención, operativos en Italia, en el resto de Europa y en otros continentes”

“Un servicio preventivo contrarresta su aislamiento social, así como los efectos negativos que provocan sobre la salud de las personas de más de 80 años no solo las olas de calor o de frío, sino también las epidemias de gripe, las caídas o la pérdida del conviviente”

“Sus redes de proximidad movilizan protocolos de emergencia y combaten la despersonalización de las residencias”

14.09.2020 Jesús Martínez Gordo

 Retomo el drama que hemos vivido del “descarte de ancianos”. Lo hago porque en la ocasión anterior, exponiendo algunos datos y reacciones al respecto, me centré en lo que se ha llamado “sanidad selectiva”. Como consecuencia de ello, se me quedó en el tintero lo que me parecía que tenía que haber sido el núcleo de mi aportación: dar a conocer el modelo de atención a los mayores -en parte, alternativo y, en parte, complementario- que, puesto en marcha por la Comunidad de Sant’Egidio, convendría tener muy presente cuando -no tardando mucho- se revise el actualmente vigente entre nosotros.

Me ahorro, por ello, poner al día las cifras y porcentajes de ancianos afectados en nuestras residencias desde lo que, si no es una segunda oleada del coronavirus, tiene todas las pintas de acabar siéndolo. Me ahorro, también, aplaudir la petición de “responsabilidades, medidas y soluciones para la situación en las residencias y en la atención a mayores” que el Movimiento de Pensionistas de Euskadi sumó, en su manifestación de agosto, a su conocida exigencia de “una pensión digna mínima de 1080 euros”. Y me ahorro exponer el Informe de la Comisión Diocesana de Justicia y Paz del arzobispado de Madrid denunciando la “clasificación de enfermos en función de su ‘utilidad social’”, y la posterior desatención de los ancianos, siguiendo un documento del Ministerio de Sanidad fechado el 5 de marzo. Dejo estos y otros datos y consideraciones.

La Comunidad de Sant’Egidio, además de criticar la tendencia a tratar a los mayores como residuales y revindicar sus derechos, tiene en funcionamiento cuatro programas de atención, operativos en Italia, en el resto de Europa y en otros continentes.

El primero de ellos vino provocado por el impresionante pico de mortalidad que se dio en el verano de 2003, durante el que murieron en Europa miles de ancianos a consecuencia de las extremas olas de calor. Pronto se supo que la enorme mortalidad de aquel verano se debió no solo a la fragilidad, sino también al aislamiento social, que sufre la población mundial más anciana, y, especialmente, la europea. Por eso, puso en marcha un servicio preventivo que contrarrestara su aislamiento social, así como los efectos negativos que provocan sobre la salud de las personas de más de 80 años no solo las olas de calor o de frío, sino también las epidemias de gripe, las caídas o la pérdida del conviviente. Y lo hizo propiciando la creación de redes sociales de proximidad en las que los sujetos más activos fueran las propias personas mayores: llamadas telefónicas, visitas a domicilio, realización de trámites burocráticos, fiestas en la calle, estands informativos, etc.

En concreto, quienes forman parte de estas redes sociales reciben cada día la información correspondiente sobre las condiciones meteorológicas, lo que les permite saber si va a llegar una ola de calor o de frío. De este modo, pueden activar a tiempo el protocolo de emergencia, contactando con todos los ancianos a los que se hace el seguimiento para comprobar su estado de salud y movilizar, si procede, las redes de proximidad. Durante la emergencia se va a visitar a los ancianos que no tienen teléfono y a los que lo tienen, pero no han respondido a las llamadas. Tampoco faltan las visitas a las residencias para ayudar a vencer, cuando se dé, el aislamiento, el abandono, la lejanía de los familiares y la despersonalización. No se puede descuidar, apuntan en Sant’Egidio, que los ancianos mueren cuatro veces más en las residencias que en casa.

Además, propone tres nuevas soluciones de vivienda para aquellos que no puedan vivir en su casa, porque la han perdido, porque tienen un nivel muy bajo de autonomía, por conflictos familiares o por pobreza económica. Gracias a la primera de ellas, la “covivienda”, los ancianos, uniendo sus recursos que -por separado, son más que modestos- viven juntos y evitan ir a una residencia, además de procurarse la ayuda que necesiten y continuar viviendo como quieren. La “covivienda” es una alternativa muy innovadora; complicada, pero no imposible.

En la segunda, “los pisos tutelados”, se trata de edificios enteros de miniapartamentos (40-60 m2) para una o dos personas, destinados a mayores autosuficientes que no tienen casa, han sido desahuciados o viven solos. Estas personas disponen de servicios comunes y ayuda en los problemas de cada día. Es una manera de continuar viviendo en casa, pero en un entorno protegido.

Y, la tercera, “las casas familia”, son para mayores con poca autonomía funcional, que no pueden quedarse en su domicilio habitual o que no lo tienen porque su situación económica no se lo permite o porque carecen de relaciones interpersonales significativas y buscan disfrutar de un entorno familiar: sus estancias están adornadas de manera no anónima y pueden llevar sus muebles. Además, la ausencia de barreras arquitectónicas y los instrumentos adaptados ayudan a no perder la autonomía.

He aquí cuatro alternativas que, contando con el protagonismo y solidaridad de los mayores, permiten afrontar la última etapa con una envidiable calidad de vida. No estaría mal que, a su luz, repensáramos el modelo que venimos impulsando.

 

Prioridades de UP en los presupuestos

Prioridades de UP para los Presupuestos: reforzar las residencias y la dependencia, políticas de empleo y transición ecológica

Los socios en el Gobierno de coalición avanzan en la negociación del borrador de los Presupuestos, que previsiblemente será presentado por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en un par de semanas. Unidas Podemos también apuesta por aumentar las transferencias a los entes locales; por avanzar hacia la universalización de las escuelas de 0 a 3 años, y por reforzar la financiación del Pacto de Estado contra la violencia machista..

Actualizado: 11/09/2020 Público

Alejandro López de miguel

En el marco de esta negociación con su socio, fuentes de Unidas Podemos aseguran a Público que una de las prioridades es reforzar el sistema de dependencia, contando con los cuidados de larga duración y las residencias, especialmente golpeadas durante la pandemia del coronavirus.

El plan de choque para la financiación de la dependencia, la mejora en la inversión pública y el programa de rehabilitación de viviendas, entre las prioridades

La formación de Pablo Iglesias apuesta por potenciar la asistencia domiciliaria, y por sustituir el modelo de “mega residencias” por otro de “unidades de convivencia, más pequeñas y de proximidad”.

 

Faltan mas de 70.000 plazas residenciales en España

Faltan más de 70.000 plazas residenciales para mayores en España

Alrededor de 100.000 personas, que tienen reconocido grado uno y tres de dependencia, están a la espera de recibir alguna de las atenciones a las que tienen derecho.  EFE

Comedor de Convivir
Comedor de Convivir

Faltan más de 70.000 plazas en residencias para personas mayores en España, según la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales. Los organismos internacionales recomiendan que haya cinco plazas por cada 100 personas mayores, una ratio que en España solo alcanzan cinco comunidades autónomas.

Según advierten, la población mayor de 65 años ha aumentado de ocho millones de personas en 2010 a nueve millones en 2019 mientras que las plazas residenciales se han incrementado en 12.353 en el mismo periodo de tiempo.

En consecuencia, la ratio de plazas residenciales por cada 100 personas mayores se ha reducido pasando de 4,56 a 4,21, lo que la aleja del objetivo del cinco por ciento. Esto evidencia un déficit de 70.000 plazas en términos absolutos, según advierten desde la Asociación de Directoras y Gerentes.

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La I Jornada Cohousing de CLM

El centro residencial Convivir, un modelo de alojamiento alternativo a las residencias de mayores convencionales, es el único que existe actualmente en la región y solamente una decena del mismo tipo están en marcha en toda España.

 

La cooperativa de personas mayores Convivir de Horcajo de Santiago acogió el jueves la I Jornada de Cohousing de Castilla-La Mancha. El encuentro contó con representantes de este tipo de cooperativas colaborativas para mayores que existen en diferentes provincias. En el caso de la región castellanomanchega, el proyecto horcajeño, que lleva en marcha alrededor de cinco años, es el único que existe por ahora en funcionamiento, mientras que a nivel nacional la cifra llega a diez. A través de diferentes ponencias, la jornada sirvió para dar a conocer este modelo de alojamiento como motor de la economía social, así como analizar su papel en el fomento del envejecimiento activo. Desde Convivir agradecen, entre otros asistentes, la presencia de la viceconsejera de Promoción a la Autonomía del Gobierno regional, Ana Saavedra; de Óscar Martínez, delegado provincial de Economía, Empresas y Empleo; de Amelia Martínez, delegada provincial de Bienestar Social; así como de María Roldán, alcaldesa de Horcajo de Santiago y diputada regional

latribunadecuenca.es 18.10.2019

 

COHOUSING

La alternativa a las residencias de ancianos que gustará a nuestros abuelos

Comedor de Convivir
Comedor de Convivir

A través de cooperativas, la tercera edad se organiza para construir casas con servicios sanitarios y actividades con la intención de envejecer en común y evitar ser una carga para los seres queridos.

Todo el mundo se pregunta cómo pasará sus últimos días; si serán felices, aburridos o solitarios. Hay quienes, tras cuestionárselo, actuaron para evitar pretéritos oscuros. Llegar a la tercera edad en una gran ciudad puede ser complicado, mientras que en un pueblo las necesidades básicas se vuelven tediosas una vez que el cuerpo empieza a fallar y se depende de terceras personas.

El norte de Europa generó alternativas ya en los años ochenta que poco a poco han ido bajando hasta España. El anglicismo de moda para este movimiento es el de cohousing y se basa en la compra de terrenos en los que construir casas y zonas comunes, así como servicios médicos y cocina para que la gente se mueva a este tipo de comunidades pequeñas, autogestionadas, donde poder ser atendidos y envejecer en común.

El modelo cooperativista, cada vez más común en negocios nacionales, puede ayudar a vivir una apacible tercera edad, alejada del silencio y el olvido. Paco Romero, de Lógica Eco, ayuda a organizar este tipo de iniciativas desde un punto de vista ecologista y cree que lo que lleva a la gente a lanzarse a estos proyectos es el temor a la soledad: “Estas personas tienen miedo a la enfermedad y a la dependencia, no quieren ser una carga para sus hijos”, declara.
No es fácil entrar en el sexenio y empezar a organizar un proyecto de este calibre. “Es complicado para los mayores verse de golpe convertidos en promotores. La cooperativa es la dueña de las instalaciones y los cede en usufructo indefinido. Cuando el inquilino fallece, el dinero que puso para la construcción lo recuperan sus herederos, pero no la casa, que se la queda la cooperativa. El que quiera entrar a vivir tendrá que aportar de nuevo esa cantidad de dinero”, explica Romero.

Trabensol, ejemplo de cooperativismo

Trabensol es una suerte de pequeña aldea para gente adulta. Jaime Moreno, socio fundador de esta cooperativa, vio un cambio en la sociedad y quiso actuar en consecuencia: “La estructura de las familias ha cambiado, los hijos no están en disposición de atender a los mayores, entonces hay que buscar nuevas respuestas”, define. Así, 54 socios, con una inversión de 145.000 por cabeza, participa en esta iniciativa que desde 2013 ha construido 54 casas en Torremocha de Jarama, donde ahora residen unas 80 personas. “El socio –cada socio puede ser de hasta dos personas– aporta una cuota de mantenimiento de unos 1.300 euros, donde se incluyen las comidas, lavandería y gastos de ese tipo”, narra Moreno, que es uno de los inquilinos de este pequeño oasis de solidaridad.
A las ocho arranca el día con marcha nórdica, y hay muchas actividades para rellenar la jornada: baños terapéuticos, gimnasio…, incluso hay comisiones de los propios socios encargadas de solventar problemas que surjan a raíz de la convivencia. “Hemos creado la Comisión de dependencia, que traer a profesionales para ayudar y atender a los socios que van necesitando cuidados más específicos”, cuenta Moreno.
Desde Jubilares, organización que pretende englobar todas las cooperativas cohousing hacen hincapié en el problema que supone envejecer en un entorno complicado: “La definición de envejecimiento es ‘la progresiva inadecuación al entorno’, así que si cambiamos el entorno, el proceso de envejecer será más llevadero”, aseguran.
Moreno identifica varias cuestiones que hacen clave el traslado de personas ancianas a este tipo de recintos: “El ‘abuelo maleta’ tiene que desaparecer. Tampoco es que esto sea un paraíso, porque la convivencia siempre es compleja, pero aun así es un estilo positivo. Hay personas con dificultad para moverse que vive en pisos sin ascensor y no salen a la calle en meses, eso no puede ser”, comenta.
Desde la cooperativa tienen claro que no son una residencia de ancianos al uso. La autonomía sigue siendo determinante: “Por la noche vuelves a la hora que quieras, y por supuesto que podemos recibir visitas. Incluso hay nietos pequeños que se quedan unos días”, cuenta Moreno.

40.000 metros cuadrados en Cuenca

En Cuenca también viven su propio proceso de cohousing. Más concretamente, en Horcajo, a 100 kilómetros de la capital madrileña. “Inicialmente queríamos instalarnos en Madrid, pero nuestra gestión arrancó durante el auge de la burbuja inmobiliaria y eran precios prohibitivos. Tenemos un solar de 40.000 metros cuadrados que es impensable allí. Tenemos 68 apartamentos y una capacidad máxima de unas 120 personas”, cuenta Ernesto Cabello, presidente de la Asociación Convivir.
“Nuestro modelo es similar al de Trabensol, pero ellos construyeron todos los apartamentos iguales y nosotros tenemos más variedad. Hay apartamentos de dos habitaciones, estudios o dos habitaciones independientes, así que el precio de inversión va desde 90.000 a 145.000 euros. Entre los servicios hay salón de actos, enfermería, sala de terapia, sala de reuniones… Esto no es como una residencia convencional; como muchos de nosotros estamos bastante bien físicamente, no estamos siempre aquí. Yo a veces me voy a pasar una semana con mis hijos o a la playa con mis amigos”, cuenta Cabello.

Miedo a la estafa del ladrillo

Jubilares ha ayudado a sacar adelante un proyecto cooperativista llamado Jubilar Villarosita, que ahora mismo está en fase de diseño de viviendas. Se trata de 29 casas y si todo va bien, podrán iniciarse las obras el año que viene.
“Las personas que acuden a estos proyectos tienen entre 60 y 75 años y hablan de dos cosas: miedo a la soledad y el no ser una carga para sus seres queridos. Ellos mismos han sufrido esas situaciones con sus padres, por lo que huyen de esa experiencia”, cuenta Miguel Ángel Mira, presidente de la asociación.
La aprobación de los vástagos a la hora de dar este salto es fundamental: “Los mayores que no tienen el apoyo de sus hijos no suelen terminar la operación. Existe el miedo del mito de la estafa del ladrillo y hay gente que no quiere invertir en este tipo de proyectos”, cuenta Mira.

Pescueza, un pueblo-residencia

Sin el modelo cooperativista, pero con los ancianos en el eje de sus preocupaciones, también trabajan en Pescueza, un pueblo de Cáceres de 160 habitantes que se ha reconvertido para poder atender a sus mayores.
“Empezamos en 2011. Entendimos que la despoblación era una realidad y que las personas mayores eran las que se quedaban. Sin nacimientos, sin empleo…, había que cuidar a nuestros mayores”, cuenta Constancio, presidente de la Asociación Amigos de Pescueza.
De esta manera, y con el apoyo del Ayuntamiento del pueblo y de la Unión Democrática de Pensionistas, han conseguido llevar a cabo este proyecto en el que los ancianos del pueblo acuden a diario al Centro de Día para diferentes labores: “Los mayores siguen viviendo en sus casas salvo tres de ellos, que tienen un nivel de dependencia alto y se han trasladado al centro, así que viven cada uno en una habitación. Abrimos a las nueve de la mañana y, además de para comer y para asearles, vienen para cualquier cosa que necesiten. Sobre todo, para no estar todo el día solos”, cuenta el presidente.

La tarifa es más que asequible, viendo las necesidades que se quedan cubiertas: “Son unos 250 euros al mes, con desayuno, comida, cena, dos o tres días de aseo, lavandería, peluquería, podólogo, psicólogo…”, enumera Constancio. “Han venido desde Castilla y León y de Madrid para ver cómo funcionamos, alcaldes que quieren replicar el proyecto. Vienen en busca de ideas para generar modelos alternativos a las residencias tal y como las conocemos ahora”, concluye el activista.

COHOUSING. Jose Carmona – Público.es-26.05.19

CONVIVIR, un centro residencial para personas mayores.

Formamos parte de CONVIVIR  , un centro residencial para personas mayores.

Plantando semillitas para el huerto de Convivir
Pedro González, socio de CONVIVIR, está sembrando las semillas que germinarán la próxima primavera y sus flores adornarán los contornos del Centro Residencial CONVIVIR, en Horcajo de Santiago, donde ya llevo viviendo más de un año.
Yo recibí de forma simbólica una bolsita con semillas de varias flores en el Memorial de Guille, quien ha sido un buen discípulo de Jesús y por tanto una “buena semilla”, que ya está dando mucho fruto.
Si quieres conocer algo más de este Centro Residencial, que se inspira en el modelo cohousing y que es uno de los pocos centros de este estilo que hay en España, entra en www.convivir.coop

Un proyecto alternativo en Horcajo de Santiago (Cuenca) de cooperativa integral, formada por un grupo de personas – de profesiones diversas, de distintas procedencias geográficas, y de edades comprendidas entre los 46 y los 90 años- que piensan en la jubilación, como una etapa más de desarrollo en la vida. Con una historia personal generalmente asociada a plataformas ciudadanas, movimientos sociales y solidarios, que asumimos que el tiempo pasa e impone limitaciones, pero creemos firmemente que pasada la jubilación sigue existiendo el mismo reto de cambio y construcción personal y colectiva.