J. RATZINGER: EVALUACIÓN DEL TEÓLOGO PAPA

La cantidad y entidad de las cuestiones enumeradas no sólo muestra la oportunidad de contextualizar tanto la aportación teológica y espiritual como la gestión eclesial de J. Ratzinger – Benedicto XVI, sino también la necesidad de recordar, de manera empática y crítica, algunas de tales líneas de fuerza mayor que tuvo muy presentes mientras fue Papa.

1.- Evaluación de sus líneas de fuerza teológicas y espirituales

Son, particularmente, las referidas a la relación entre revelación y tradición, así como entre sagrada escritura y magisterio. Esto es algo constatable, por ejemplo, en la centralidad que concedió a su singular interpretación del evangelista Juan.

1.1.- La centralidad de Juan

Es cierto que en su cristología, gestión eclesial y magisterio papal hubo abundantes referencias a los sinópticos, pero también que no ocuparon el puesto capital que, finalmente, fue concedido a Juan. Y lo fue porque el cuarto evangelista subraya el recuerdo y la memoria, algo capital para un platónico y agustiniano. El recordar del que habla Juan, sostenía Benedicto XVI, no es el resultado de un mero proceso psicológico o intelectual en el ámbito privado, sino un acontecimiento eclesial que –al estar guiado por el Espíritu Santo- trasciende la esfera propiamente humana del comprender y conocer, muestra la cohesión entre la Escritura y realidad y nos guía a toda la entera verdad.

Consecuentemente, el cuarto evangelista dejaba abierta a cada época y generación -gracias al comprender en el recordar- una vía de mejor y más profunda comprensión de esa verdad. Es un camino que, yendo más allá de la historicidad de los acontecimientos y de las palabras, nos introduce “en aquella profundidad que procede de Dios y conduce a Él”, es decir, “nos muestra verdaderamente la persona de Jesús, tal como era, y por eso nos muestra a Aquel que no sólo era, sino que es; Aquel que, en todos los tiempos, puede decir en la forma de presente: ‘Yo soy’ ‘Antes de que Abrahán fuera, Yo soy’ (Jo 8, 58). Este Evangelio nos muestra el verdadero Jesús y podemos usarlo tranquilamente como fuente de Jesús”.

Como se puede apreciar, la referencia a la historia de Jesús tiene una importancia secundaria al quedar, articulada desde la primacía del “recuerdo” vivo en que nos llega. J. Ratzinger sintonizaba en esta apuesta con sus maestros S. Agustín y S. Buenaventura y con su amigo H. Urs von Balthasar, a pesar de que apuntara en alguna ocasión –acertadamente, por cierto- que una fe que se olvide de la dimensión histórica se convierte en “gnosticismo” porque descuida la carne, la encarnación y la verdadera historia.

En esta apuesta por el cuarto evangelio no sólo reaparecieron referencias tan importantes en la biografía teológica de J. Ratzinger como el nexo entre conocer y recordar, historia y fe, Espíritu Santo y magisterio o revelación y tradición, sino que permitió explicar, entre otros puntos, su concepción de “la” Verdad y su posición favorable a la llamada exégesis canónica.

1.2.- Verdad y evidencia

Hay otro punto de fondo que atravesó toda la gestión eclesial, el pontificado y la biografía teológica de J. Ratzinger de principio a fin: su pasión por mostrar la capacidad seductora de Jesús, “la” verdad por excelencia.

Benedicto XVI siempre tuvo un interés particular por argumentar la relación existente entre verdad y evidencia. Su desmarque de la neoescolástica y su asentamiento agustiniano encontraron aquí una correcta explicación. Nada de extraño que subrayara el lado espiritual de quien se autopresentaba –para escándalo de los judíos y extraños- no sólo como “el camino y la vida”  sino, sobre todo, como “la” verdad. Y que lo hiciera reclamando para sí la evidencia propia de toda belleza y la capacidad de seducción y fascinación que le es propia.

Ésta es una legítima acentuación que cuenta con  una fecunda y rica tradición en la historia de la teología. Pero es una perspectiva entre otras posibles, igualmente arraigadas en la tradición cristiana.

Existen, por ejemplo, otras más atentas a mostrar que “la” verdad de Dios consiste precisamente en su amor y, de manera particular, en su asociación con los crucificados de este mundo. Son cristologías que muestran sobradamente que el seguimiento de Jesús se “veri-fica” (es decir, se hace verdad) estando con los bienaventurados con los que, libremente, decidió identificarse, por puro amor; y con quienes sigue estándolo en nuestros días, sin dejar de ser, por ello, consuelo para unos y aguijón para otros.

La concepción que Benedicto XVI tuvo de la verdad explica que en sus referencias a los Santos Padres no resaltara como es debido un dato incontestable para ellos: que los pobres son los “otros Cristos” y que en tal verdad se aloja una descolocante identificación, capaz de conmover a todos, empezando por los  mismos padres griegos y latinos, siguiendo por casi todos los santos y místicos y continuando por las personas de buena voluntad de todos los tiempos.

Es cierto que a esta comprensión de la verdad le ronda el riesgo del “ateísmo cristiano”. Pero no es menos cierto que la perspectiva marcadamente platónica y agustiniana a la que se apuntó J. Ratzinger tenía que eludir los riesgos del docetismo o intelectualismo y del espiritualismo desencarnado y ciego. En definitiva, el “gnosticismo” que acertadamente denunció en su cristología y en otros textos anteriores y posteriores.

Pocos discuten que Mt 25, 31 y 1 Juan 4, 8 son dos textos con una indudable fuerza para marcar la teología de todos los tiempos. Así ha sucedido siempre, con la dramática excepción del siglo XIX y parte del XX, un tiempo en el que la Iglesia, ocupada en curarse las heridas provocadas por la pérdida de los estados pontificios y por sacudirse las injerencias de los poderosos de este mundo, acabó descuidando la centralidad de los pobres y dejó que el marxismo se apropiara violentamente de semejante verdad.

Desde entonces, una parte de la Iglesia católica ha tenido enormes dificultades para diferenciar el ropaje inaceptablemente violento y autoritario de la reivindicación marxista de la raíz radicalmente evangélica que aletea en su defensa del proletariado y, por extensión, de los pobres y parias del mundo. Y como consecuencia de ello, ha tenido dificultades para superar una concepción paternalista o meramente asistencialista de la pobreza y abrirse a una consideración estructural de la misma. Esto fue algo evidente en la biografía teológica y en la gestión eclesial de J. Ratzinger. Una legítima y argumentada prevención ante el marxismo triunfante durante su época como profesor y obispo pareció haberse convertido –una vez derrotado ideológicamente con la caída del muro de Berlín- en un prejuicio imposible de superar.

Hubiera sido deseable que, sin renunciar a una oportuna crítica sobre las manifestaciones contemporáneas del pelagianismo, hubiera acompañado dicha crítica de similares cautelas ante las actuales variantes del docetismo (en el fondo, confesión de palabra sin coherencia de vida ni experiencia mística). Éste es, también, uno de los errores más extendido y más disolvente de los que amenazan en nuestros días a la fe cristiana y sobre el que se echa de menos una crítica consideración en su biografía teológica y en su gestión eclesial. Al menos, tan contundente e insistente como la que realizó del pelagianismo o “ateísmo cristiano”.

Si hubiera procedido de esta manera, “la” verdad manifestada en Jesús habría sido mostrada en todo su alcance y con  todas sus consecuencias; evidenciando su incuestionable capacidad para seducir y, también, escandalizar, en este caso, a los poderosos del mundo.

Método histórico-crítico

1.3.- Recelo a la exégesis histórico-crítica

Jesucristo era presentado en los años treinta –afirmó Benedicto XVI- a partir de los Evangelios, por lo cual, a través del hombre Jesús se hacía visible Dios y a partir de Dios se podía ver la imagen del auténtico hombre. En los años cincuenta apareció el debate sobre el Jesús histórico y el Cristo de la fe alejándose el uno del otro. Y lo hizo de la mano de la investigación histórico-crítica ¿Qué significado puede tener la fe en Cristo si el hombre Jesús era tan diferente de cómo lo habían presentado los evangelistas y de cómo lo anuncia la Iglesia partiendo de los Evangelios? Se inició un proceso de reconstrucción del Jesús histórico que más tenía que ver con la biografía de sus autores que con Jesús mismo.

La consecuencia de todo ello fue –gustaba diagnosticar J. Ratzinger- un Jesús histórico cada vez más alejado de nosotros porque en realidad sabemos muy poco de Él. En esta onda se encontraba R. Schnackenburg, para quien sólo nos quedaba la historia de las tradiciones y de las redacciones.

Esta conclusión, sentenció Benedicto XVI, es “dramática para la fe” porque la dejaba sin una referencia cierta y la relación con Jesús corría el riesgo de sustentarse en el vacío  o, en el mejor de los casos, en las ocurrencias del exégeta de turno. La Biblia quedaba incapacitada para hablar del Dios viviente y se extendía la convicción de que cuando nos aproximamos a la Escritura y la comentamos, en realidad estamos hablando de nosotros mismos. Peor todavía: estamos decidiendo qué puede hacer Dios y qué queremos o debemos hacer nosotros.

Esta manera de acercarse a la Escritura acababa secuestrando la comunión de Jesús con el Padre. En ella consistía la singularidad del Jesús histórico. Sin ella no era posible comprender nada. Y sólo partiendo de ella se podía entender todo, incluso en nuestros días.

Exégesis canónica

La “lógica católica”

La contundente valoración que J. Ratzinger formuló de la exégesis histórico-crítica (y las consecuencias que comporta) lleva a recordar, una vez más, la importancia suma de primar la llamada lógica “católica” frente a otras lecturas de la Escritura, excesivamente marcadas por biografías personales o por legítimas –pero, frecuentemente, limitadas- acentuaciones particulares.

Desde los tiempos del PseudoDionisio sabemos que toda teología que se precie de tal ha de cuidar la encarnación del Hijo y la resurrección del Crucificado. También sabemos que la riqueza del misterio que se nos entrega en Jesucristo solo puede ser balbucida manteniendo en el equilibrio inestable -propio de todo pensamiento “católico”- esas verdades que para un pensamiento racionalmente estrecho son percibidas como contradictorias o imposibles de articular: Jesús y Cristo, trascendencia e inmanencia, revelación e historia o Escritura y tradición.

Y sabemos, igualmente, que la pluralidad de discursos teológicos es consecuencia de acercarse a un misterio que excede nuestras capacidades comprensivas y también de adoptar diferentes puntos de partida: no es lo mismo aproximarse desde inquietudes veritativas que estéticas o amorosas. En cualquier caso, para que toda aproximación sea efectivamente “católica” tendrá que integrar las verdades a las que otras perspectivas son más sensibles y ser muy consciente, a la vez, de los riesgos que rondan a la perspectiva adoptada.

Con su apuesta por la “exégesis canónica” J. Ratzinger partió –como agustiniano que fue- del Cristo de la fe y desde Él se encaminó al Jesús histórico: “Yo sólo busco, más allá de las meras interpretaciones histórico-críticas, aplicar los nuevos criterios metodológicos, que nos permiten una interpretación propiamente teológica de la Biblia y que exigen la fe, sin por ello querer y poder renunciar de ninguna manera a la seriedad histórica”. Es una legítima perspectiva teológica y espiritual, atenta a la iluminación interior que procede de lo alto y pronta a contemplar fascinado el misterio divino.

Cristo de la fe

El Cristo de la fe fue el punto de partida axiomático de su teología y espiritualidad: a Cristo –vino a decir J. Ratzinger- o “se le toma como un loco o se le sigue como un loco”. Es cristiano quien ha quedado seducido por la contemplación de un misterio capaz de iluminar todas las parcelas de la existencia. Cuando ello sucede, el cartesiano “cogito ergo sum” se convierte en un “católico” “cogitor ergo sum” (“Soy pensado en Dios, luego existo”).

Ésta es la loable inquietud que latió en su apuesta por la “exegesis canónica”. “Solo a partir de Dios se puede comprender al hombre y sólo si vive en relación con Dios, su vida se hace justa. Dios no es un lejano desconocido. Nos muestra su rostro en Jesús; en su actuar y en su voluntad reconocemos los pensamientos y la voluntad de Dios mismo”.

El riesgo de subjetivismo

Pero como toda apuesta, presenta -si se analiza a la luz de la historia de la espiritualidad- indudables limitaciones. Y no es la menor de ellas su proclividad a favorecer interpretaciones “eisegéticas”, es decir, proyectivas de deseos y sentidos ajenos -y hasta enfrentados- al Jesús de la historia.

Para que el recurso a Cristo no acabe convirtiéndose en la búsqueda de un analgésico, de un placebo, de un hippy fascinante, de un postmoderno debidamente autocentrado o de un fiel más dócil a la autoridad eclesial que a la palabra del Maestro se necesita la referencia del Crucificado, del Jesús histórico. Gracias a Él sabemos, por ejemplo, que nuestro centro es “ex – céntrico”, es decir, que pasa fuera de nosotros, de nuestra subjetividad, deseos, aspiraciones, ilusiones y que se actualiza en los crucificados de este mundo.

Por ello, hay que recordar que, junto a esta perspectiva legítimamente primada por J. Ratzinger, existe la que, partiendo del Jesús histórico, aproxima al Cristo. Y, al acercarle, ahorra el riesgo masoquista que ronda a todo seguidor que se queda únicamente en la contemplación del Crucificado. Es la perspectiva en la que estuvieron empeñados, desde E. Käsemann, una buena parte de los exégetas y teólogos católicos que tuvieron claro, con Benedicto XVI, que el Jesús del kerygma o confesado y predicado es más que el Jesús histórico, pero también que el Jesús histórico ha de seguir siendo el criterio último de la identidad cristiana y de toda cristología; como lo fue para Pablo, los evangelistas, el redactor de la carta a los hebreos y el del Apocalipsis.

Esta circularidad entre Cristo y Jesús desde la primacía de la historia es algo –recuerdan estos teólogos y exégetas- que ha pervivido a lo largo de la historia de la Iglesia, a pesar de que la tradición cristiana no haya considerado nunca conveniente canonizar la historia de Jesús (O. Tuñí).

Y por si este argumento sobre la primacía del Jesús histórico sobre el Cristo de la fe no fuera suficiente, hay que recordar que es el criterio reivindicado por la Declaración “Dominus Jesus” (2000) en su crítico e interesante diálogo con aquellas posiciones que hacen de la máxima “Jesús separa, el Espíritu une” el axioma configurador de su perspectiva. Juan Pablo II ratifica acertadamente que el Espíritu del que hablamos y al que nos referimos es el Espíritu de Jesús, el resucitado de entre los muertos, es decir, el histórico.

Por tanto, el ir “más allá” del dato histórico que legítimamente reivindicó Benedicto XVI apoyándose en la “exégesis canónica” está obligado a pasar, más tarde o más temprano, por el crisol del Jesús histórico, el Crucificado que se actualiza en los crucificados de este mundo. Es ese crisol el que evita incurrir en el riesgo “eisegético” indicado, con los espiritualismos, subjetivismos y manipulaciones sobre los que alertaron incansablemente los santos y los místicos. Entre ellos, Santa Teresa y S. Ignacio.

Teresa e Ignacio

El santo vasco dice en su autobiografía que aprendió a renunciar a “grandes noticias y consolaciones espirituales” y a “nuevas inteligencias de cosas espirituales y nuevos gustos”, en particular, cuando le venían en horas de sueño o de trabajo porque le imposibilitaban hacer lo que tenía que hacer.

Y la mística castellana escribe que “es falta de humildad querer que se os dé lo que nunca habéis merecido”, que “está muy cierto a ser engañado o muy a peligro”, que nadie está seguro de que ese camino sea el que le conviene y que “la mesma imaginación, cuando hay un gran deseo, ve aquello que sea”.

Por ello, no está de más recordar, en esta ocasión de la mano de Jon Sobrino, que la cruz de Jesús es el dato definitivo que critica todos los absolutos (y métodos teológicos) porque ella no es ni puede ser un absoluto.

Ésta es la asignatura pendiente de la “exégesis canónica” aplicada por J. Ratzinger en su cristología y muy presente en su pontificado, a pesar de que no falten en su magisterio reiteradas reseñas a la dramática situación del continente africano. Sin embargo, fue una referencia que no acabó configurando su perspectiva teológica y que casi siempre se sostuvo en un diagnóstico más religioso y cultural que político o económico.

El sentido expiatorio y sacrificial de la muerte de Jesús

Finalmente, J. Ratzinger – Benedicto XVI se decantó por una interpretación sacrificial y expiatoria de la muerte de Jesús, apoyándose en la oración sacerdotal del Nazareno en el evangelio de Juan, en la coincidencia cronológica (muy cuestionada) de la muerte en cruz y el sacrificio del cordero pascual a manos de los sacerdotes hebreos y en la identificación entre la destrucción del cuerpo de Jesus y la del Templo de  Jerusalén.

Al proponer esta interpretación expiatoria, no sólo  estableció una íntima relación entre la muerte de Jesús y los sacrificios antiguos, sino que reconoció a estos últimos como la forma o el tipo y a Jesus como la realización plena de lo que se ejecuta simbólicamente en la liturgia veterotestamentaria. Argumentando de esta manera, se corre un alto riesgo de someter el “nuevo” sacrificio al “antiguo” y propiciar una comprensión de la entrega de Jesús como simple culminación (cuando no, mera prolongación) de los sacrificios veterotestamentarios.

El decantamiento de J. Ratzinger – Benedicto XVI por la interpretación sacrificial y expiatoria de la muerte de Jesús (con los riesgos que presenta) fue coherente con su comprensión de los escritos neotestamentarios como transmisores de una única y compacta visión teológico-histórica. Fue tal convicción la que le llevó a buscar una cristología unívoca, es decir, una manea sustancialmente idéntica de presentar la “figura” y el “mensaje” de Jesús apoyándose, para ello, en la centralidad que concede al evangelio de Juan y con el auxilio de la exégesis canónica. Los sinópticos quedaron sometidos a la autoridad veritativa que J. Ratzinger – Benedicto XVI concedió a Juan.

Obviamente, es una pretensión legítima, pero excesiva. Sobre todo, por proceder de quien procede y habida cuenta de la tendencia entre algunos sectores eclesiales a erigir las opiniones teológicas del sucesor de Pedro en verdades incuestionables y en magisterio irrefutable. Hay que recordar –ante semejantes lecturas- que en la entraña misma de la “lógica católica” anida la consistencia de otros posibles accesos. La mejor prueba de ello fue –aunque sea críticamente- la problemática apuesta de J. Ratzinger – Benedicto XVI por la interpretación sacrificial y expiatoria de la muerte de Jesús.

2.- Evaluación de su gestión como Prefecto y como Papa Benedicto XVI

Pero Benedicto XVI, además de un teólogo fue también un Papa que, fuertemente condicionado tanto por sus opciones teológicas y espirituales como por los diagnósticos reseñados, adoptó toda una serie de decisiones que fueron -y siguen siendo- objeto de una fundada crítica.

Como ya he adelantado, la primera de sus encíclicas sobre el amor de Dios (“Deus caritas est”) tuvo excelente acogida. Fueron muchas las personas que quedaron gratamente sorprendidas por su tono propositivo, casi en las antípodas del autoritativo –y hasta polémico- del que había hecho uso el cardenal J. Ratzinger durante su mandato como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Sin embargo, una vez reposadas las sorpresas iniciales, se empezó a evidenciar que bastantes diagnósticos y posicionamientos personales en su época de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe -e, incluso, de tiempos anteriores- acabaron, más tarde o más temprano, en decantamientos doctrinales y en decisiones jurídico-pastorales, altamente cuestionables; y, a veces, en las antípodas de lo aprobado por la mayoría en el Concilio Vaticano II y ratificado por Pablo VI.

Me limito solo a reseñar, por razones de brevedad, algunas de ellas.

1.- Sus criticas valoraciones sobre la renovación litúrgica de Pablo VI de la que no se habia cansado de decir que habia producido “unos daños extremadamente graves”. A tal diagnóstico sucedió su contrarreformista decisión de recuperar la misa en latín, satisfaciendo, de esta manera, su personal comprensión de lo que se debía entender por “tradición viva” en el ámbito de la liturgia.

2.- Su duro e injusto diagnóstico sobre el papel de los teólogos en el concilio y en el tiempo de recepción del mismo: al decir de J. Ratzinger, con la autoconciencia de ser los únicos representantes de la ciencia, por encima de los obispos y su posterior intento de recolocarlos -siendo ya Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe- como simples difusores del magisterio, nunca -o casi nunca- como personas capacitadas para ayudar en su elaboración.

3.- Su crítica -que hoy resuena como marcadamente impertinente, además de falsa y prejuiciosa- sobre la debilidad magisterial de una buena parte de los obispos, particularmente en el Concilio. Y su conclusión de que, como consecuencia de tal debilidad, acabaron dando alas a la llamada “Iglesia popular”. A él, juntamente con Juan Pablo II, se debe la desaparición, a partir de 1985, del imaginario conciliar de la Iglesia, “pueblo de Dios”, en favor de la Iglesia como “comunión”.

4.- Su llamada de atención sobre el peligro de división y fragmentación que amenazaban a la Iglesia postconciliar cuando se reivindicaban la colegialidad episcopal y la corresponsabilidad bautismal y, en coherencia con dicho diagnóstico, la posterior pérdida de entidad magisterial de las conferencias episcopales. Y con ella, la increíble prohibición de que los sínodos pudieran formular peticiones de revisión sobre las cuestiones reservadas a la Santa Sede. Pero, de manera particular, su decantamiento por una forma de ejercicio del primado que -fundamentado en la división entre el “poder de orden” y el “poder de jurisdicción”- acabó recreando el existente antes del encuentro conciliar, tanto durante el pontificado de Juan Pablo II como en el suyo; y, de esta manera, desactivando una de las aportaciones más definitivas del Vaticano II.

5.- El debate, mantenido, entre otros, con W. Kasper, sobre su tesis, referida a la supuesta precedencia “lógica y ontológica de la Iglesia universal sobre la Iglesia local”, entendiendo por “Iglesia universal”, la Iglesia de Roma. En esta confrontación se evidenció, con toda claridad, su voluntad de revisar el número 11 del decreto conciliar “Christus Dominus” cuando sostiene que en la diócesis “se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo que es una, santa, católica y apostólica”. Fue un debate en continuidad con la restauración que, liderada por Juan Pablo II y él mismo, no solo pretendía consolidar un preconciliar centralismo vaticano sino también reforzar una concepción monárquica y autoritaria del papado, en nombre -una vez más- del cuidado y preservación de la unidad (más bien, uniformidad) católica.

6.- Su obsesión sobre una supuesta reaparición del “mesianismo marxista” y su impregnación en las formas utópicas de la teología de la liberación a las que ya me he referido más arriba.

7.- Sus permanentes llamadas de atención sobre la dictadura del relativismo y su descuidado (por desmedidamente autoritativo y poco articulado) discurso sobre la prevalencia de la verdad sobre la libertad y también sobre los derechos humanos en el seno de la Iglesia.

8.- Su apuesta y reforzamiento de la “Professio fidei” y de la puesta en funcionamiento de una nueva forma de magisterio infalible y no definido que son las llamadas “verdades definitivas”; una extralimitación teológica y dogmática que sigue bloqueando, entre otros puntos, la posibilidad -por coherencia con lo dicho y hecho por Jesús- el acceso de las mujeres al sacerdocio ministerial e, igualmente, la recepción del diaconado, a pesar de las dos comisiones promovidas por el Papa Francisco.

9.- Y, sin ánimo  de agotar todo el elenco, no tener debidamente presente la cuidadosa articulación entre escritura y magisterio alcanzada en el Vaticano II; conceder una desmedida importancia a un magisterio eclesial comprendido más en clave infalibilista que como fraternal testimonio para sostener en la fe y desplegar una exégesis canónica manifiestamente mejorable en su articulación con la investigación histórica.

Epílogo

Queda pendiente asomarse a su etapa como Papa emérito, a sus promesas de no interferir en el gobierno de su sucesor, dedicarse a la oración y guardar silencio; a las manipulaciones de que ha sido objeto y a sus desmarques, a veces, sorprendido de las mismas; a sus declaraciones, no siempre felices, pero coherentes, en todo momento, con las opciones teológicas y dogmáticas que he tratado de reseñar en estas líneas y a un largo etcétera.

Es una tarea que queda para otra ocasión y momento.

Descanse en la paz del Dios de la misericordia, la Verdad que sigue consolando y estimulando a quienes aguardamos encontrarnos un día con Ella, como ya lo ha hecho nuestro hermano J. Ratzinger – Benedicto XVI.

Jesús Martínez Gordo teólogo

El Papa en El Congo

El Papa condena el «colonialismo económico» de los países ricos que ha «ensangrentado» los diamantes de RD del Congo

Historia de Europa Press 

«África no es una mina que explotar ni una tierra que saquear», denuncia

El Papa en una foto de archivo

El Papa ha condenado el «colonialismo económico» de los países ricos que ha «ensangrentado» los diamantes de República Democrática del Congo y, en su primer discurso en el país donde permanecerá cuatro días antes de trasladarse a Sudán del Sur, también ha defendido que «África no es una mina que explotar ni una tierra que saquear».

«Tras el colonialismo político, se ha desatado un colonialismo económico igualmente esclavizador. Así, este país, abundantemente depredado, no es capaz de beneficiarse suficientemente de sus inmensos recursos: se ha llegado a la paradoja de que los frutos de su propia tierra lo conviertan en «extranjero» para sus habitantes», ha señalado el Pontífice.

Francisco ha llegado a las 14:38 (hora local) al aeropuerto internacional de N’djili, en Kinshasa, donde ha sido recibido por el primer ministro del país, Anatole Collinet Makosso. Después se ha trasladado en coche al Palacio de la Nación -a 29 kilómetros del aeropuerto- donde se ha reunido en privado con el presidente, Félix Antoine Tshisekedi Tshilombo. Una vez en el jardín, el Papa ha pronunciado su discurso a las autoridades, en el que ha señalado que «el veneno de la avaricia ha ensangrentado sus diamantes».

«Es un drama ante el cual el mundo económicamente más avanzado suele cerrar los ojos, los oídos y la boca», ha denunciado el Papa que ha instado a respetar al país y ha reservarle espacio y atención en la agenda internacional. «No toquen la República Democrática del Congo, no toquen África. Dejen de asfixiarla, porque África no es una mina que explotar ni una tierra que saquear», ha exclamado el Papa.

Del mismo modo, ha reprochado a la comunidad internacional que «casi se haya resignado a la violencia que lo devora». «No podemos acostumbrarnos a la sangre que corre en este país desde hace décadas, causando millones de muertos sin que muchos lo sepan», ha dicho.

El Pontífice también se ha referido al «carácter polifacético» del RDC donde conviven más de 200 grupos étnicos y ha defendido que «es una riqueza que hay que cuidar, evitando caer en el tribalismo y la contraposición».

«Tomar partido obstinadamente por la propia etnia o por intereses particulares, alimentando espirales de odio y violencia, va en detrimento de todos, ya que bloquea la necesaria ‘química del conjunto'», ha asegurado el Pontífice, que no se desplazará a Kivu del Norte, una zona donde hay activas más de 100 milicias muy violentas que combaten entre sí para apropiarse de la explotación de minas de coltán.

El Papa ha pedido que la violencia y el odio «no tengan ya cabida en el corazón ni en los labios de nadie, porque son sentimientos antihumanos y anticristianos que paralizan el desarrollo y hacen retroceder, hacia un pasado oscuro». Así, ha lamentado que la República Democrática del Congo está «atormentada por la guerra» y siga sufriendo, dentro de sus fronteras, «conflictos y migraciones forzosas, y continúa padeciendo terribles formas de explotación, indignas del hombre y de la creación».

«Este inmenso país lleno de vida, este diafragma de África, golpeado por la violencia como un puñetazo en el estómago, pareciera desde hace tiempo que está sin aliento», ha señalado el Papa tras condenar los deplorables intentos de fragmentar el país.

Este miércoles por la mañana, el Pontífice celebrará la Santa Misa en el Aeropuerto Ndolo. Por la tarde tendrá lugar el encuentro con las víctimas del Oriente del país y el encuentro con representantes de organizaciones benéficas, ambos en la Nunciatura Apostólica

El jueves por la mañana, el Papa mantendrá un encuentro con jóvenes y catequistas en el Estadio de los Mártires, lugar que se ha visto afectado por las lluvias torrenciales que están azotando la capital. De hecho, el escenario ha sufrido desperfectos, aunque ya se está trabajando para volverlo a acondicionar. La última visita de un pontífice a la capital congoleña, Kinshasa fue en agosto de 1985, cuando el entonces papa Juan Pablo II permaneció dos días en ese país, que entonces se llamaba Zaire. El Papa Francisco estuvo por última vez en África en 2019 con un viaje a Mozambique, Madagascar y Mauricio.

Benedicto XVI – Un Papa de la vieja cristiandad –

Por Leonardo Boff

Siempre que muere un Papa toda la comunidad eclesial y mundial se conmueve, pues ve en él el confirmador de la fe cristiana y el principio de unidad entre las varias iglesias locales. Pueden hacerse muchas interpretaciones de la vida y de los actos de un Pontífice. Haré una a partir de Brasil (de América Latina), seguramente parcial e incompleta.

Es importante constatar que en Europa viven solo el 23,18% de los católicos y en América Latina el 62%, el restante en África y Asia. La Iglesia Católica es una Iglesia del Segundo y del Tercer mundo. Probablemente los futuros Papas vendrán de esas Iglesias, llenas de vitalidad y con nuevos estilos de encarnar el mensaje cristiano en las culturas no occidentales.

Con referencia a Benedicto XVI conviene distinguir al teólogo Joseph Ratzinger del Pontífice Benedicto XVI.

El teólogo Joseph Alois Ratzinger fue un típico intelectual y teólogo centroeuropeo, brillante y erudito. No fue un creador, sino un eximio expositor de la teología oficial. Esto aparecía claramente en los varios diálogos públicos que mantuvo con ateos y agnósticos.

No introdujo visiones nuevas, pero dio otro lenguaje a las ya tradicionales, fundadas especialmente en San Agustín y San Buenaventura. Tal vez sea algo nuevo su propuesta de la Iglesia como un pequeño grupo altamente fiel y santo en “representación” de la totalidad. Para él no era importante el número de los fieles. Era suficiente el pequeño grupo altamente espiritual que está en lugar de todos. Sucede que dentro de ese grupo de puros y santos hubo pedófilos y personas envueltas en escándalos financieros, lo que desmoralizó su comprensión de representación.

Benedicto XVI alimentaba el sueño de recristianizar Europa bajo la hegemonía de la Iglesia Católica, un sueño considerado inviable porque la Europa de hoy, con tantas revoluciones que ha hecho y con la introducción de valores democráticos, no es la misma del imaginario de estilo medieval, con su síntesis entre fe y razón. Ese ideal no encontró resonancia por ser extemporáneo y raro.

Otra posición singular, objeto de una polémica interminable conmigo, que obtuvo resonancia en la Iglesia, fue la interpretación de que la “Iglesia Católica es la única Iglesia de Cristo”. Las discusiones conciliares y el espíritu ecuménico cambiaron “es” por “subsiste”. Se abría así un camino para que en otras Iglesias “subsistiese” también la Iglesia de Cristo. Ratzinger siempre afirmó que ese cambio era solo un sinónimo de “es”, lo que la investigación minuciosa de las actas teológicas del Concilio no confirmó. Pero siguió sustentando su tesis. Afirmó además que las otras Iglesias no son iglesias, sino que poseen solamente elementos eclesiales.

Llegó a afirmar, varias veces, que mi posición se había difundido entre los teólogos como algo común, lo que motivó nuevas críticas por parte del Papa. No obstante, se fue quedando aislado, pues había provocado gran decepción en las demás iglesias cristianas, como la luterana, la baptista, la presbiteriana y otras, por cerrar las puertas al diálogo ecuménico.

Entendió la Iglesia como una especie de castillo fortificado contra los errores de la modernidad, colocando la ortodoxia de la fe, ligada siempre a la verdad (su tonus firmus), como referencia principal. No obstante su carácter personal sobrio y cortés, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe se mostró extremadamente duro e implacable. Cerca de cien teólogas y teólogos, de los más preeminentes, fueron sentenciados o con la pérdida de la cátedra, o con la prohibición de enseñar y escribir teología o, como en mi caso, con “silencio obsequioso”.

Así, nombres notables de Europa como Hans Küng, Edward Schillebeeckx, Jacques Dupuis, B. Häring, J. M. Castillo entre otros. En América Latina, el fundador de la Teología de la Liberación, el peruano Gustavo Gutiérrez, el hispanoamericano Jon Sobrino, la teóloga Ivone Gebara, censurada, así como el autor de estas líneas.

 En Estados Unidos hubo otros, como Charles Curran y R. Haight. Hasta fueron prohibidos los libros de un teólogo indio ya fallecido, el padre Anthony de Mello, así como T. Balasurya de Sri Lanka que fue excomulgado.

Los/las teólogos/as de América Latina, decepcionados, nunca acabamos de comprender por qué prohibió la colección “Teología y Liberación”, de 53 volúmenes, que incluía a decenas de teólogos y teólogas (se publicaron unos 25 tomos), destinada a subsidiar los seminarios, las comunidades eclesiales de base y los grupos cristianos comprometidos con los derechos humanos. Era la primera vez que se producía una obra teológica de envergadura fuera de Europa, con resonancia mundial. Pero fue pronto abortada. El teólogo Joseph Ratzinger no se mostró amigo de los amigos de los pobres. Eso entrará negativamente en la historia de la teología.

Son muchos los teólogos que afirman que estaba obsesionado con relativismo y el marxismo, aunque este hubiese fracasado en la Unión Soviética. Publicó un documento sobre la teología de la Liberación, Libertatis nuntius (1984), lleno de advertencias pero sin una condena explícita. Otro documento posterior, Libertatis conscientia (1986), destaca los elementos positivos pero con demasiadas restricciones. Podemos decir que nunca entendió lo central de esa teología: la “opción por los pobres contra su pobreza y por su liberación”, que hacía de los pobres protagonistas de su liberación y no meros destinatarios de la caridad y del paternalismo. Esa era la visión tradicional y la del Papa Benedicto XVI. Sospechaba que había marxismo dentro de ese protagonismo de la fuerza histórica de los pobres.

Como Pontífice, Benedicto XVI inauguró el “Retorno a la Gran Disciplina”, con clara tendencia restauradora y conservadora, hasta el punto de reintroducir la misa en latín y de espaldas al pueblo. Causó extrañeza general en la propia Iglesia cuando en el año 2000 publicó el documento “Dominus Iesus”. En él reafirma la vieja doctrina medieval superada por el Concilio Vaticano II, según la cual “fuera de la Iglesia Católica no hay salvación”. Los no-cristianos corrían grave peligro. Nuevamente negó el calificativo de “iglesia” a las demás Iglesias, lo que provocó irritación general. Serían solamente comunidades eclesiales. Con toda su sagacidad polemizó con los musulmanes, con los evangélicos, con las mujeres y con el grupo integrista contrario al Vaticano II.

Su forma de conducir la Iglesia no mostraba el carisma, tan fuerte en Juan Pablo II. Se orientaba más por la ortodoxia y por el celo vigilante de las verdades de la fe que por la apertura al mundo y por una relación de ternura con el pueblo cristiano, como aparece fuertemente en el Papa Francisco.

Fue un genuino representante de la vieja cristiandad europea con su pompa y poder político-religioso. Desde la perspectiva de la nueva fase de la planetización, la cultura europea, rica en todos los campos, se ha encerrado en sí misma. Raramente se ha mostrado abierta a otras culturas como las antiguas de América Latina, África y Asia, lo cual se ha mostrado en el proceso de evangelización, que implicaba una occidentalización de la fe. Nunca se liberó de una cierta arrogancia de ser la mejor y en nombre de eso colonizó todo el mundo, tendencia aún no totalmente superada.

No obstante las limitaciones, por sus virtudes personales y por la humildad de haber renunciado al munus papal al haber llegado al límite de sus fuerzas, seguramente se contará entre los bienaventurados.


*Leonardo Boff, teólogo católico brasilero

Persecución religiosa en Nicaragua

Más sacerdotes exiliados y desterrados: la persecución religiosa de Ortega no cesa en Nicaragua

Monseñor Rodrigo Urbina

Historia de Wilfredo Miranda 

Monseñor Rodrigo Urbina llegó a tiempo al aeropuerto de Miami el viernes 27 de enero para tomar el avión que lo llevaría de regreso a Nicaragua, donde es párroco de la iglesia San Juan Bautista, un templo enclavado en el barrio indígena de Sutiaba en la ciudad de León. Todo marchaba bien hasta que los dependientes de la aerolínea le notificaron que las autoridades de su país, es decir el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, no habían permitido su ingreso. No pudo abordar y desde ese momento el religioso quedó desterrado, presa de una medida represiva que otros sacerdotes ya han experimentado en los últimos meses, en medio de la persecución religiosa que la pareja presidencial mantiene contra la Iglesia católica.

El destierro de monseñor Urbina ha sido confirmado por fuentes eclesiales, entre ellas el vicario general de la Arquidiócesis de Managua, monseñor Carlos Avilés, una de las pocas voces pastorales que aún responde las consultas de los periodistas en un ambiente de terror para los religiosos católicos. Los párrocos sufren sistemático hostigamiento policial y judicial por criticar las violaciones a los derechos humanos por parte del oficialismo desde abril de 2018, cuando policías y paramilitares cometieron una matanza de más de 350 personas, el saldo más fatal de una represión muy variada y encarnizada.

El temor difícilmente se matiza en las iglesias y hasta en los seminarios. El pasado 29 de enero, durante la misa dominical, el Cardenal Leopoldo Brens dijo en el púlpito que “un grupo” de neocatecúmenos extranjeros recientemente ordenados sacerdotes pidieron regresar a sus países de origen. “El cardenal no tiene que decir las razones, pero evidentemente esos hermanos recién ordenados no quieren prestar servicios bajo estas circunstancias”, dijo una fuente católica que pide anonimato.

Ni la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) ni el Vaticano han dicho cuántos sacerdotes —como monseñor Urbina, quien tampoco ha respondido a las consultas de EL PAÍS— han sido desterrados. Mucho menos el número de párrocos que se han exiliado para escapar de la persecución religiosa. De acuerdo a un recuento hecho por EL PAÍS sobre los casos denunciados públicamente, hasta la fecha cinco sacerdotes han sido desterrados. Mientras que 10 religiosos (un obispo, ocho sacerdotes y un seminarista) han huido de Nicaragua. Sin embargo, defensores de derechos humanos y hasta el titular de la Diócesis de Danlí en Honduras, monseñor José Canales, creen que el número de sacerdotes y religiosos católicos es mayor.

En septiembre pasado, Canales le dijo al diario La Prensa —cuya redacción fue confiscada por los Ortega-Murillo— que ha tenido intercambios vía electrónica “con sacerdotes en situación de riesgo”. “Ellos me han hablado de otros compañeros y el cálculo que yo hago es que unos 50 sacerdotes están con la idea de salir de Nicaragua porque ya no soportan el acoso”, dijo. La mayoría, continuó el obispo de Danlí, piensan solicitar refugio en Costa Rica y Honduras.

En San José, la capital costarricense, el abogado Gonzalo Carrión dijo a El PAÍS que desde su organización, Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, dan acompañamiento a dos sacerdotes exiliados cuyos nombres se mantienen en reserva. “No te puedo hablar de una cifra, pero hay muchos casos que no se denuncian por temor”, afirma Carrión, también perseguido y exiliado.

“Vemos un desplazamiento forzado de sacerdotes y personas relacionadas a la Iglesia católica. Es la continuación de los crímenes de lesa humanidad en Nicaragua. Esto ha dado pie al estado de terror que se vive, perpetrado por un régimen totalitario que en 2022 aplicó cárcel a sacerdotes y privó de su libertad a un obispo”, agrega Carrión. “El año pasado Nicaragua vivió un desplazamiento forzado nunca visto; miles y miles de ciudadanos de todos los territorios que se han ido hacia Estados Unidos y Costa Rica, entre ellos personas que se declaran exiliados. Los sacerdotes no han escapado de esta tragedia”.

Un obispo enjuiciado

El caso de exilio forzado más conocido es el del obispo Silvio Baéz, quien se estableció en Miami desde abril de 2019. Pero ahora se suman otros, como el del padre Uriel Vallejos, quien solicitó refugio en Costa Rica, después de huir de la cacería que la policía inició contra la diócesis de Matagalpa y sus iglesias en agosto de 2022. En ese contexto de persecución fue capturado el obispo Rolando Álvarez, el integrante de mayor rango de la Iglesia católica que hasta ahora ha sido sometido a un juicio político por cometer los supuestos delitos de “menoscabo a la integridad nacional” y “propagación de noticias falsas”, mientras el régimen giró un oficio de captura contra Vallejos a la Interpol.

Álvarez es una de las voces destacadas de la Iglesia católica en Nicaragua, y azote moral contra el régimen sandinista. El prelado es mantenido bajo casa por cárcel y los Ortega-Murillo le ofrecen destierro a cambio de su libertad. Sin embargo, el obispo se ha negado rotundamente a irse de su patria, razón por la cual el juicio se ha alargado y continúa en el limbo. Semanas atrás, el presidente de la CEN, el obispo Carlos Herrera, reveló que la Santa Sede inició “conversaciones” con el régimen sandinista para abordar la situación del obispo de Matagalpa, pero por el momento no han trascendido más detalles. No obstante, las relaciones de Managua con el Vaticano están “en punto muerto” desde que el nuncio Monseñor Waldemar Stanislaw fue expulsado de Nicaragua en marzo de 2022.

El pasado 26 de enero, la justicia sandinista declaró “culpables” a cuatro sacerdotes, dos seminaristas y un laico que fueron apresados junto al obispo Álvarez. La Fiscalía pide una condena de 10 años de cárcel por el delito de “conspiración”. Mientras tanto, el acoso en las parroquias se mantiene. La abogada Marta Patricia Molina ha documentado desde 2018 al menos 396 ataques contra el catolicismo por parte del régimen, de los cuales 140 se han dado en el año 2022.

Los ataques registrados incluyen ofensas, profanaciones de templos, insultos y amenazas de muerte, ataques armados, encarcelamientos, prohibición del culto y actividades religiosas, a lo que se suma el exilio. “Obligar al destierro a cualquier persona es una grave vulneración de los derechos humanos. La Constitución Política de Nicaragua garantiza la entrada y salida de los nacionales libremente. Me encuentro realizando la tercera entrega de ‘Nicaragua:¿una iglesia perseguida?’, y es evidente que este año será más nefasto que el anterior. La dictadura no da tregua alguna a los religiosos”, dijo Molina a EL PAÍS.

La abogada alerta que el acoso continúa y se ha extendido contra los laicos y a aquellos que pertenecen a grupos parroquiales que viven en el interior del país. “Los policías les han detenido momentáneamente para preguntarles acerca de las actividades que ellos como laicos realizan”, denuncia Molina.

EL AUGE DE LA DERECHA RELIGIOSA

Cuatro grupos católicos dirigidos por españoles libran en la UE una cruzada contra el feminismo

  •  One of Us, Women of the World, Profesionales por la Ética y Enraizados, ‘lobbies’ con sede o líderes españoles, despliegan en Europa su lucha contra el aborto, la «ideología de género» y los derechos Lgtbi
  •  La estrategia permite a estas entidades acceder, lejos del foco nacional, a políticos de «gran influencia». Bruselas sirve como punto de encuentro para «crear redes», señala el investigador Felipe G. Santos
Manifestación contra el aborto convocada en Madrid en abril por la asociación Enraizados, que desarrolla actividad como lobby en la UE..
Manifestación contra el aborto convocada en Madrid en abril por la asociación Enraizados, que desarrolla actividad como lobby en la UE.. Europa Press

Ángel Munárriz

Una federación europea de organizaciones «provida». Una plataforma internacional contra el feminismo y por la mujer-madre. Una organización obsesionada con meter en las aulas el «pin parental». Otra inspirada por el ejemplo Isabel la Católica. One of Us, Women of the World, Profesionales por la Ética y Enraizados tienen mucho en común: su defensa de la llamada «familia natural» –es decir, del matrimonio heterosexual con hijos, lo «tradicional»–, su lucha por la financiación pública de la educación concertada católica –lo que llaman «libertad de educación«–, su reivindicación antifeminista del rol tradicional de la mujer, su beligerancia contra la izquierda…

Y dos rasgos más: uno, que son entidades registradas como lobbies en la UE, donde tratan de impulsar políticas en línea con su ideario ultracatólico; dos, que las organizaciones o bien son españolas o bien tienen como máximos responsables a figuras españolas del movimiento integrista.

El papel de estas cuatro organizaciones es indicativo de la ambición política del movimiento ultracatólico español, que tiene un creciente peso internacional y ha fijado sus ojos en las instituciones europeas. Felipe G. Santos, investigador postdoctoral de la Universidad de la Ciudad de Londres, explica por qué la UE es un escenario óptimo para el despliegue de este tipo de grupos: «A pesar de que la UE no tiene demasiadas competencias en temas de género y derechos de las mujeres, una práctica común entre los lobbies es intentar introducir sus temas en legislación que aparentemente no tiene mucho que ver con ello. Así, intentan limitar el apoyo a políticas de planificación familiar a través de las políticas de ayuda al desarrollo. Estas prácticas también se han hecho en la comisión de industria o de comercio internacional». Además, añade, la UE permite a este tipo de grupos «enterarse fácilmente de la evolución política en cada país en los temas que les interesan» e «incidir sobre ella, porque entre los eurodiputados hay mucha gente con gran influencia». La tercera ventaja de actuar en la UE es que permite «crear redes».

Santos y su colega Dorit Geva, catedrática del departamento de Sociología y Antropología de la Universidad Centroeuropea, ya alertaron en un reciente trabajo de las técnicas de penetración usadas por el movimiento contrario al feminismo y los derechos Lgbti en la Eurocámara. En su investigación analizaron el papel de 39 grupos, entre ellos One of Us y Profesionales por la Ética. «Los lobbies están ganando peso en la UE. Bruselas es la segunda ciudad en la que se destina más dinero a la incidencia política, después de Washington. Y dentro de esta tónica general, los lobbies ultras también están creciendo de manera considerable, gracias a toda la financiación que reciben tanto desde Rusia como desde EEUU. Desde 2013, los lobbies ultracatólicos no han parado de crecer tanto en número como en tamaño y profesionalidad», afirma Santos en una consideración general, no referida específicamente a los cuatro grupos que detalla este artículo.

infoLibre preguntó a las cuatro entidades por escrito detalles sobre actividad en la UE. Sólo respondió Profesionales por la Ética, que explicó que su actividad en Bruselas es «mínima» y tiene un coste de unos 3.000 euros anuales. «En estos años hemos mantenido relación con diversas asociaciones internacionales de perfil parecido al nuestro», señala la organización, que afirma que no ha celebrado reuniones con eurodiputados.

La federación europea que lidera Mayor Oreja

De las cuatro citadas, la organización con más peso político es One of Us, una federación europea de entidades «provida» –contra el aborto y la eutanasia–, a favor de la familia tradicional, contra la educación sexual y contra el reconocimiento de derechos de las personas Lgtbi. La integran un total de 48 entidades de 20 países europeos. España es el país que más aporta, un total de 17, entre ellas faros del activismo católico derechista como la Fundación Familia y Dignidad Humana –donde coinciden cargos del PP y Vox en rechazo del aborto incluso si hay violación–, Hazte Oír –con acreditadas conexiones con la órbita del Kremlin–, Valores y Sociedad –presidida por el exministro de Interior español Jaime Mayor Oreja–, Profesionales por la Ética –próxima a Hazte Oír y Abogados Cristianos–, Foro de la Familia y Red Madre –dos clásicos del movimiento provida–.

Figura como presidente de One of Us el propio Mayor Oreja, que junto a Ignacio Arsuaga –Hazte Oír-Citizen Go– es reconocido como una de las voces más autorizadas del movimiento católico radical a nivel internacional. Organización defensora del modelo político y social de Viktor Orbán en Hungría, One of Us tiene una firme vocación de influencia en la UE. Su propia sede está en Bélgica, concretamente en la localidad de Saint Ghislain. No obstante, su oficina de relaciones con la UE tiene domicilio en la madrileña calle Montalbán. La persona jurídicamente responsable de la entidad es también española: Ana del Pino, coordinadora de One of Us, responsable de las relaciones con la UE.

One of Us dedica ocho personas a actividades de presión ante las instituciones europeas, según figura en el registro. Allí señala que su «misión» es la defensa de «cada vida humana desde la concepción a la muerte natural». La entidad, que figura inscrita como lobby desde julio de este año aunque recoge actividades anteriores, señala como políticas objeto de seguimiento aquellas que pretenden la «legalización del aborto», así como las que implican la «experimentación» con células humanas. One of Us celebró en Bruselas en mayo una «convención por el futuro de Europa» centrada en el rechazo al aborto. También participó en un foro en Madrid en diciembre de 2021 organizado por Vox y el grupo de Conservadores y Reformistas, al que pertenece el partido de Santiago Abascal. One of Us se ha movilizado contra el llamado «informe Matic», que pretende garantizar el derecho al aborto. El lobby de Mayor Oreja colabora con la Comece, el grupo de presión de las diócesis europeas, al que la Conferencia Episcopal Española dedicó 130.000 euros en 2021. Ambos incluyen en sus acciones de lobby las reuniones con eurodiputados.

No se trata del único empeño organizativo de Mayor Oreja. Si One of Us es su iniciativa para cohesionar el movimiento «provida» y contra la «ideología de género» a escala europea, en Political Network for Values –donde es presidente de honor– se entrelazan políticos conservadores europeos con americanos del norte y el sur, compartiendo apoyo a las políticas de Orbán y de los Estados republicanos de EEUU. Por último, NEOS, también apadrinada por Mayor Oreja, intenta convertirse en un referente conservador en España, dotando de cohesión organizativa y discursiva al movimiento.

«Esposa y madre» es «lo que me define»

Con sede en Pozuelo de Alarcón, habitual de los listados de municipios más ricos de España, Women of the World (WoW) es una plataforma internacional de organizaciones que reivindican el rol tradicional de la mujer, oponiéndose a lo que llaman «feminismo radical». Se presenta como una red apoyada por 146 ONG de 47 países, que suscriben una declaración según la cual «en los países occidentales las mujeres son hoy discriminadas por su maternidad». Las organizaciones fundadoras son la española Profesionales por la Ética, la belga Woman Attitude y la francesa Femina Europa. Entre las asociadas está Citizen Go, rama internacional de Hazte Oír.

La coordinadora general y máxima responsable de WoW es Leonor Tamayo, que se presenta como «esposa y madre de diez hijos». «Eso es lo que realmente me define», dice. Se trata de una figura ya clásica del activismo católico español, donde lleva dando que hablar al menos desde 2007. Entonces tanto ella como su marido presentaron en el colegio de sus hijos, un concertado en Pozuelo, una declaración de objeción de conciencia contra la asignatura Educación para la Ciudadanía. «La muestra de lo que va a ser la Educación para la Ciudadanía es que las organizaciones de homosexuales […] acaban de recordar que esta materia escolar es importante como avance […]», alegaba para justificar su insumisión. Tamayo fue en 2015 la anfitriona de un significativo homenaje: el brindado por Profesionales por la Ética, organización de la que proviene, a los diputados más antiabortistas del PP, enfrentados con Mariano Rajoy. Allí estaba la diputada del PP Lourdes Méndez, hoy en el Congreso con Vox y el miembro del partido con mayor peso en el lobby ultracatólico. Acudieron a aquel homenaje figuras hoy destacadas de Vox –entonces un partido marginal– como Santiago Abascal, Iván Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio.

La coordinadora general de WoW es tanto la persona jurídicamente responsable de la organización como la encargada de las relaciones con la UE, en cuyo registro de transparencia figura desde 2018. WoW, que dedica cuatro personas a tareas de lobby, se presenta en el registro de la UE como «la voz de las mujeres que hablan en términos de mujer». Su misión: «Evitar que desde las instituciones y organismos internacionales, o desde los gobiernos nacionales, se promulguen leyes o resoluciones que ignoren, anulen o desprecien la identidad femenina, el valor y la dignidad de la maternidad, o la dedicación prioritaria a la familia». También «devolverle a la mujer su verdadera y completa identidad, en complementariedad con el hombre». La entidad se declara con «interés» en iniciativas de la UE como el «compromiso estratégico para la igualdad entre mujeres y hombres 2016-2019» o «plan de acción de género 2016-2020». Entre sus actividades cubiertas por el registro de la UE figuran un «informe sobre mobbing maternal o el «proyecto 1.000 maneras de ser mujer».

Un ariete por el «pin parental»

Profesionales por la Ética, además de pertenecer a Women of the World, es una organización registrada por sí misma como lobby en la UE desde 2014. Nacida en 1992 tras la IV Jornada Mundial de la Juventud en Czestochowa (Polonia), bajo la inspiración de Juan Pablo II, tiene entre sus fines combatir «la cultura de la muerte y la ideología de género». Es una de las organizaciones que más ha empujado para convertir el «pin parental» en un ariete de Vox. Ha estado vinculada a Profesionales por la Ética Alicia Rubio, diputada de Vox en la Asamblea de Madrid.

Con sede –también– en Pozuelo, el presidente de Profesionales es el consultor Miguel Gómez de Agüero, que a su vez es la persona jurídicamente responsable de la entidad y su encargado de relaciones con la UE. La entidad, con dos personas dedicadas a trabajos de presión e influencia en la UE, se declara interesada en las políticas que tengan relación con los siguientes temas: «derecho a la vida, derechos de la familia, libertad de educación, protección del menor, libertad y objeción de conciencia profesional«. Dentro de sus actividades como lobby ante la UE registra una campaña «contra las leyes autonómicas sobre la igualdad y no discriminación de LGTB», divulgación a favor del «pin parental» o «concienciación sobre la eutanasia».

Contra la ofensa religiosa

Enraizados es una organización próxima a Hazte Oír, Profesionales por la Ética y la Asociación Española de Abogados Cristianos. Se trata de uno de los terminales más activos del movimiento, integrado tanto en Women of the World como en las plataformas Pin Parental y Los 7.000, esta última contra la eutanasia.

Su afán principal es defender los símbolos religiosos de toda ofensa, lo que ha llevado a Enraizados a denunciar a las activistas de Femen por su irrupción sin camiseta en una marcha católica, a recoger firmas contra la colocación de la conocida como «estatua del diablillo», en Segovia, y a lanzar campañas contra la exhumación de Franco, contra la posible expulsión de los monjes benedictinos del Valle de los Caídos y contra el hipotético derribo de su gigantesca cruz. He aquí otras campañas de Enraizados. «Firma: Metro de Madrid dará pases gratuitos a transexuales. ¿Por qué a ti y a mí no?». «Defiende la libertad religiosa y de expresión ante los ataques injustificados y totalitarios al obispo de Granada por publicar Cásate y sé sumisa». «PSOE y Podemos quitan la Misa de TVE. Pide al Defensor del Pueblo que defienda a los católicos».

Enraizados se declara inspirada por el legado de Isabel La Católica, cuya «reivindicación» es «la mejor forma de iluminar algunos de los principales problemas a los que nos enfrentamos». ¿Por qué? «En Isabel encontramos un ejemplo práctico del papel de la mujer, esposa, madre, trabajadora (como Reina)». La asociación imparte cursos de «doctrina social de la Iglesia» y «matrimonio, sexualidad y familia», porque «llegó la hora de devolverle a la sexualidad su contexto: ¡el del amor fiel y comprometido!». Al activismo contra el aborto y la eutanasia, contra el «lobby gay» y el «adoctrinamiento» en las aulas, Enraizados suma la glorificación del pasado español.

Con sede en Madrid, Enraizados está inscrita como lobby en la UE desde 2017. Su presidente es José Castro, jurídicamente responsable de la organización ante la UE ¿En qué políticas se interesa? En las que tienen que ver con la «libertad religiosa» en España y China, con la «migración», con la «solidaridad e integración de los refugiados», con la «libertad de educación», con la «defensa de los cuidados paliativos frente a la eutanasia», con la «defensa de la familia» y con la «protección de toda vida humana». Dentro de actividad como lobby, a las que dedica una persona, Enraizados ha desarrollado acciones como «peticiones por la defensa de la libertad religiosa, la libertad de educación y la defensa de la vida», la publicación del libro Hogares de amor y perdón y un estudio sobre «cristianofobia en Nigeria».

Benedicto XVI y los obispos españoles

Obispos españoles

Ratzinger impulsó, con Juan Pablo II, cinco líneas de fuerza que también marcan su papado. Y, por supuesto, el episcopado y la Iglesia española de los últimos decenios

El resultado va a ser, un pontificado y un episcopado español abonados a una lectura preconciliar e involutiva del Vaticano II -de puertas adentro- y a una restauración -de puertas afuera- presidida por la reimplantación de una sociedad neocristiana, en nombre de la Verdad, y con olvido de una consensuada convivencia entre diferentes, a la vez, empática y crítica

Por Jesús Martínez Gordo

Si bien es cierto que, entre los obispos españoles en activo existen diferentes sensibilidades, no lo es menos que hay una dominante, en total sintonía con la lectura involutiva que se empieza a realizar del Vaticano II en el pontificado del Papa Juan Pablo II, con la ayuda inestimable de J. Ratzinger, futuro Benedicto XVI: desde la finalización del concilio -se le oía decir entonces y, luego, a lo largo de su pontificado (2005-2013)- estamos asistiendo a una rápida secularización o solapamiento del misterio de Dios en la sociedad y a la mundanización de la Iglesia, sin que los obispos, los cristianos y las comunidades estén afrontando tales hechos con la lucidez y el coraje requeridos.

Repasando este diagnóstico, se confirma -como ya denunciaron los críticos en su día- que se trata de un análisis al servicio, en primer lugar, de una forma de papado, gobierno eclesial y magisterio teológicamente superada en el Vaticano II, es decir, involutiva. Y, en segundo lugar, por dar alas a un modo de presencia en la sociedad -que tutelar- es más propio de un régimen de neocristiandad y restauracionista que de un tiempo secular y aconfesional o laico como el nuestro, al menos en Europa occidental. No extraña, por ello, que impulsara, con Juan Pablo II, cinco líneas de fuerza que tambien marcan su papado. Y, por supuesto, el episcopado y la Iglesia española de los últimos decenios.

Según la primera de ellas, urge reafirmar la centralidad del primado del sucesor de Pedro -y de su Curia- frente a la conciliar doctrina de la colegialidad o co-gobernanza episcopal. Esta apuesta acabará recuperando un papado y una curia marcadamente centralistas que, ya incubados en el pontificado de Pablo VI, alcanzan su pleno desarrollo en los de Juan Pablo II y en el suyo. De acuerdo con la segunda de las apuestas, hay que contar con un nuevo Código de Derecho Canónico que corrija algunos de los “errores” interpretativos a los que se viene prestando el Vaticano II y que, a la vez, salga al paso de los vacíos dejados por los padres conciliares. La tercera pasa por promover, en coherencia con tal reafirmación del centro eclesial, obispos que, de hecho, sean más delegados o vicarios del Papa que sucesores de los apóstoles, “casados” con sus respectivas diócesis.

Por la cuarta de las apuestas, se busca contar con correas de transmisión que, relegando a otros colectivos más comprometidos en la promoción de la justicia y liberación de los últimos del mundo, sintonicen con el nuevo modelo de Iglesia que se está impulsando. Es la tarea que se asigna a los llamados “nuevos movimientos” y en la que éstos se van a implicar gustosamente. Y, para acabar, defender, en relación con la sociedad civil, la Verdad que -entregada por Dios en Jesús y transmitida a las generaciones posteriores -gracias al cauce de la tradición viva de la Iglesia- es autentificada por los obispos, presididos por el sucesor de Pedro.

El resultado va a ser, un pontificado y un episcopado español abonados a una lectura preconciliar e involutiva del Vaticano II -de puertas adentro- y a una restauración -de puertas afuera- presidida por la reimplantación de una sociedad neocristiana, en nombre de la Verdad, y con olvido de una consensuada convivencia entre diferentes, a la vez, empática y crítica. Poco o nada que ver con lo aprobado en el Concilio. Y mucho que ver con la llegada del cardenal Angel Suquía a la presidencia de la Conferencia Episcopal Española (1987). Desde entonces, se puede aplicar, a los obispos nombrados -e, incluso, a los elegidos en nuestros días- lo que en su día dijo el cardenal V. Tarancón, refiriéndose a algunos de sus compañeros de aquellos años: padecen torticolis de tanto mirar al Vaticano.

Obispos españoles

El éxito de este modelo de obispos en España es perceptible tanto en la forma de gobernar sus respectivas diócesis, como, de manera particular, en los diferentes diagnósticos -teológicos y sociales- y planes de acción pastoral que vienen promoviendo desde que son una mayoría aplastante. La lectura detenida de los mismos -imposible de explicitar en esta ocasión- permite percatarse de lo extendidas que se encuentran las cinco apuestas reseñadas más arriba como líneas de fuerza, tambien, del pontificado de Benedicto XVI.

Afortunadamente, el Papa “venido del fin del mundo” quiere leer el Vaticano II a partir de lo aprobado por la mayoría y mantener una relación adulta con la sociedad civil, sin falsos tutelajes. Pero se encuentra con un episcopado -en este caso, el español, aunque no solo- nombrado para otra tarea que poco o nada tiene que ver con lo que, por fidelidad a dicho Vaticano II, él propone. Se trata de un episcopado que, pillado con el pie cambiado, prefiere callar, mirar a otro lado o hacer lo imprescindible para no desentonar y, sobre todo, esperar a un nuevo tiempo.

Se trata de un episcopado que, pillado con el pie cambiado, prefiere callar, mirar a otro lado o hacer lo imprescindible para no desentonar y, sobre todo, esperar a un nuevo tiempo

Disfruta, hermano J. Ratzinger – Benedicto XVI, de la Vida en plenitud, otro de “los mil nombres” de lo que decimos cuando decimos “Dios”. Somos muchos los que experimentamos y sabemos contigo que nuestra existencia es un murmullo, un chispazo o un finito y limitado destello de dicha Vida. El Nazareno -de quien tanto hablaste y a quien seguimos- nos confirma en la bondad, verdad y belleza de dicha convicción, indicándonos, además, cómo vivir nuestra existencia -con sus claroscuros- como una anticipación de tal Vida en plenitud. Gracias por lo que pueda corresponderte en esta esperanzada convicción.

Benedicto XVI: el destino del Papa maestro

Hay frases que pueden marcar o al menos definir un destino. “Creo que, puesto que Dios hizo un Papa maestro, quiso precisamente que este aspecto de la reflexión, y de manera especial la lucha por la unidad de la fe y la razón, pasara a primer plano”. Son palabras pronunciadas por Benedicto XVI en 2010, en el libro de entrevistas A luz do mundo . Había llegado al pontificado, tras pasar muchos años como presidente de la Comisión de Fe y siendo claramente la cabeza teológica de Juan Pablo II ., el Papa más «político», con quien durante unos treinta años había promovido, sin concesiones, una exigente reagrupación doctrinal de la Iglesia. La redacción del Catecismo de la Iglesia Católica, cuidadosamente supervisada por él, fue la ideología que, declarada de autoridad pontificia, pretendió imponer como norma y criterio para la catequesis e incluso para la teología.

 De hecho, el prestigio de un profesor alemán, junto con una rica trayectoria de publicaciones teológicas, lograron introducir en el ambiente un sentido de dignidad cultural para el anuncio de la fe cristiana. Respondía así a una necesidad global de actualización, que el Concilio Vaticano II había reconocido y proclamado solemnemente. Era urgente tras la severa crisis de la Ilustración, que puso en crisis el papel destacado con el que el cristianismo había marcado la cultura occidental durante un milenio y medio y desde entonces, en buena medida, también la del mundo.

Él, no sólo por formación, sino por haber participado personalmente en el Consejo, parecía bien preparado para emprender la alta tarea. Y decidió afrontarlo, continuando, con otro estilo pero con la misma actitud de cierto mesianismo salvador, el camino ya emprendido junto al anterior Papa, Juan Pablo II. Pero sucede que, llegados a este punto, todo parece confirmar lo que gran parte de los teólogos han denunciado desde el principio. El Concilio había abierto las puertas a una revolución evangélica, y lo que estos dos Papas pretendían imponer era una renovación del compromiso, con arreglos de forma y acomodación de estilo, que al final no hacían más que apuntalar el mismo viejo edificio. Se procedió a través de una hermenéutica restauradora del mensaje conciliar, con el fortalecimiento de la autoridad central,

Si Juan Pablo II insistió sobre todo en la disciplina de un gobernante fuerte y experimentado, Benedicto XVI se centró en la teología. Publicó, siguiendo también el estilo del anterior, algunos documentos excelentes, como Deus caritas est (Dios es amor ), Spe salvi (Salvados por la esperanza ) y Caritas in veritate La caridad en la verdad ), que fueron luminosos y esperanzadores . , pues se centraron en los anuncios centrales de la fe, evitando los temas colaterales y discutibles.

Pero, en cuanto a los esfuerzos relacionados con una actualización teológica sustantiva, traicionó su interpretación del servicio papal, considerándose a sí mismo como un «papa maestro»: pensó que su autoridad pastoral como anunciador de la fe y animador de vida en un sentido evangélico, lo invistió también con el poder de controlar el «servicio teológico». Convirtió su teología en un modelo de teología. En consecuencia, prosiguió, reforzando con nueva autoridad papal, el control autoritario que había ejercido como prefecto de la doctrina de la fe. Las censuras, los procedimientos y las exclusiones de lo que sonaba a renovación fundamental se multiplicaron, imponiendo los textos de los representantes de la restauración teológica en la enseñanza más o menos oficial. Simplificando: Hans Urs von Balthasar contra Karl Rahner.

Sobre el segundo, incluso dijo: “Trabajando con él, me di cuenta de que Rahner y yo, a pesar de estar de acuerdo en muchos puntos y en múltiples aspiraciones, vivíamos desde el punto de vista teológico en dos planetas diferentes”. Ahí mismo y también simplificando, aparece un síntoma que, permítanme la opinión, es todo un diagnóstico: el teólogo Ratzinger está muy lejos de la creatividad y profundidad del teólogo Rahner. No supo reconocer la necesidad de un «cambio estructural de la Iglesia», o de una superación radical del paradigma escolástico, abriendo para la teología y para la Iglesia un futuro que golpea con los puños las puertas de la humanidad. De la humanidad religiosa, que necesita el aire fresco del Evangelio para volver a entrar. y de la humanidad secular,

No es casualidad que cierre estas reflexiones aquí con esta evocación. Bueno, confieso que siempre me ha parecido la pérdida de una gran oportunidad que el desenfoque del diagnóstico impidiera a Benedicto XVI aprovechar sus excelentes cualidades de síntesis precisa y exposición esclarecedora sobre este tema central que la amplia difusión de su libro sobre el Nazareno que le ofreció. Al no tener en cuenta los avances de los estudios bíblicos, la proclamación conciliar de la autonomía mundial y el nuevo diálogo entre las religiones, no logró presentar al mundo una visión actualizada y verdaderamente creíble de su figura. La figura entrañablemente humana, de uno como nosotros, que, anunciando con la palabra que Dios es amor infinito y perdón incondicional, y que, ejerciendo una conducta fraterna, comprometida y liberadora para con todos los humillados y ofendidos, permanece allí como un faro abierto.

Así sigue adelante Francisco con su proyecto sinodal 2021-2024

El Papa pide al padre Timothy Radcliffe que dirija el retiro del sínodo de los obispos

por Christopher CorderoThe Tablet,

El cardenal Jean-Claude Hollerich, relator general del sínodo, dijo en una conferencia de prensa en el Vaticano el 23 de enero que se estaba organizando un retiro para enfatizar que el sínodo tiene sus raíces en la oración y la escucha. En esta conferencia de prensa se anunció que el P. Timothi Radcliffe era el designado para dirigir el retiro espiritual de los obispos previo a la asamblea sinodal en ocybre de 2023 y que el Movimientyo de Taizé era el encargado de orgnaizar los actos de jóvenes previosa ese evento.

El padre Timothy, de 77 años, quien dirigió la orden dominicana mundial de 1992 a 2001, es un conocido predicador y escritor cuyos libros han sido traducidos a 24 idiomas. Tiene su base en Blackfriars en Oxford, donde ayudó a lanzar un instituto de justicia social en el Colegio, es teólogo y es Doctor honoris causa en Divinidad en la universidad. En 2015, fue nombrado consultor del entonces Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz y es conocido por su enfoque pastoralmente sensible hacia los católicos homosexuales y lesbianas, incluido el apoyo a las uniones civiles entre personas del mismo sexo.

Su elección como líder de retiros revela la estima que tiene el fraile dominico por parte del Papa Francisco y refleja la larga experiencia que tienen las órdenes religiosas en los procesos sinodales con su enfoque en la escucha y el discernimiento comunitario. Dado que la práctica de la sinodalidad es todavía un concepto relativamente nuevo para la Iglesia de rito latino, varios obispos que asistieron a la asamblea de octubre han tenido poca exposición a los sínodos.

La reunión del Vaticano será un momento crucial para el sínodo convocado por el Papa sobre el tema de una “Iglesia sinodal: Comunión, Participación, Misión” que comenzó en octubre de 2021 y continuará hasta octubre de 2024. El proceso ha implicado un cambio sin precedentes. intenta escuchar a los católicos de todo el mundo, pero también se ha enfrentado a la resistencia de una minoría bien organizada que afirma que el proceso es un intento encubierto de anular ciertas enseñanzas de la Iglesia. El cardenal Mario Grech, líder de la oficina del sínodo en Roma,  admitió que “hay quienes se oponen abiertamente”  al sínodo, incluido el clero más joven.

“Los sínodos dependen tanto de tener la confianza para hablar como la humildad para escuchar. Escuchar es atreverse a abrirse a personas que tienen puntos de vista diferentes a los suyos, puntos de vista con los que puede estar en total desacuerdo”, dijo el padre Timothy en un  video  publicado el año pasado. “Nuestra sociedad teme a la diferencia, Google y Facebook tienen algoritmos que nos dirigen hacia personas de ideas afines, por lo que estamos tentados a vivir en burbujas de personas que piensan lo mismo”.

Agregó: “La Iglesia misma ha sido tocada por estas guerras culturales estériles de izquierda y derecha, y son infructuosas”.

El cardenal Hollerich hizo el anuncio sobre el padre Timothy durante una conferencia de prensa en la que se expusieron los detalles de una reunión de oración ecuménica que se llevará a cabo antes de que comience la cumbre del sínodo. Del 29 de septiembre al 1 de octubre, los jóvenes serán invitados a Roma para una serie de eventos organizados por Taizé, la fraternidad cristiana ecuménica, incluido un encuentro de oración en la Basílica de San Pedro, presidido por el Papa, al que están invitados todos los cristianos.

“La sinodalidad, con su énfasis en el bautismo y el Espíritu Santo, es una gran oportunidad para avanzar más en el camino del ecumenismo”, dijo el cardenal Hollerich durante la rueda de prensa, programada para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (18-25 de enero) .

A la rueda de prensa asistieron el hermano Alois, prior de la comunidad de Taizé, el arzobispo Ian Ernest, director del Centro Anglicano en Roma, el arzobispo Khajag Barsamian, representante de la Iglesia Apostólica Armenia ante la Santa Sede, y el reverendo Christian Kireger, el presidente de la Conferencia de Iglesias Europeas y jefe de la Federación Protestante de Francia.

El Arzobispo Ernest enfatizó que el proceso del sínodo global va más allá de los límites de la Iglesia Católica. “Abre las puertas para una mayor colaboración ecuménica”, agregó.

«El legado de Benedicto XVI que no pasará a la historia»

El milagro de la cohabitación y de la transición del invierno a la primavera

Francisco y Benedicto XVI

«El Papa Benedicto XVI pasará a la historia por su renuncia… Pero hay otra cosa, que no lo hará pasar a la historia, pero que, para mí, representa su mayor y mejor legado: el milagro de la cohabitación y de la transición tranquila»

«La Iglesia tiene horror al cisma y la ley suprema de la comunión se suele conjugar en la iglesia con otra ley no escrita, pero no por eso menos efectiva: la ley del péndulo»

«Con la renuncia de Benedicto se acaba el antiguo régimen de una Iglesia piramidal y autorreferencial, de la que Ratzinger fue su máximo ideólogo, para dar paso a la Iglesia en salida, sinodal y hospital de campaña de Francisco»

«¡Tuvo que sufrir mucho el Papa emérito, viendo como su obra era derribada y duro para el Papa Francisco esta labor de desmontaje ante los ojos de Benedicto… Sin embargo, en general, la convivencia, durante casi 10 años, fue exquisita y hasta fraterna»

Por José Manuel Vidal

Sin duda alguna, el Papa Benedicto XVI pasará a la historia y, más cerca de nosotros, a los comentarios de casi todos los expertos, por su renuncia. Un gesto amplificado por el foco de los medios masivos de comunicación: Aquel helicóptero sobrevolando la cúpula de la Basílica de San Pedro quedó grabado para siempre en la retina y en los recuerdos de mucha gente en todo el mundo. Y, por supuesto, en el alma de los católicos.

Pero hay otra cosa, que no lo hará pasar a la historia, pero que, para mí, representa su mayor y mejor legado: el milagro de la cohabitación y de la transición tranquila (con algún sobresalto) desde el invierno de la involución de Wojtyla-Ratzinger a la espléndida primavera de Francisco.

La Iglesia tiene horror al cisma, vieja herida sin cicatrizar en el tronco del cristianismo. Por eso, su máxima pretensión estructural y espiritual es no romper nunca la comunión. Cueste lo que cueste.

La ley suprema de la comunión se suele conjugar en la iglesia con otra ley no escrita, pero no por eso menos efectiva: la ley del péndulo. Y es que para contentar a las dos sensibilidades o almas, la institución va pasando de épocas conservadoras a otras más abiertas y liberales.

Es de todos sabido que, después de le ventana de aire fresco que se abrió en los muros anquilosados de la Iglesia con el Vaticano II y siguió en el postconcilio, vino la época de la involución orquestada por Juan Pablo II y de la que el entonces cardenal Ratzinger fue su máximo ideólogo. Los dos, mano a mano, vinieron a decir lo que dijo el filósofo español Ortega ante la República española: “Esto no es, esto no es”. Y atemorizados por el devenir, especialmente litúrgico, de las reformas conciliares, decidieron echar el freno y congelar el Concilio. Y así estuvo durante 35 años, en los reinados de Wojtyla y Ratzinger.

«Después de le ventana de aire fresco que se abrió en los muros anquilosados de la Iglesia con el Vaticano II y siguió en el postconcilio, vino la época de la involución orquestada por Juan Pablo II y de la que el entonces cardenal Ratzinger fue su máximo ideólogo»

Con la renuncia de Benedicto se acaba el antiguo régimen de una Iglesia piramidal y autorreferencial, para dar paso a la Iglesia en salida, sinodal y hospital de campaña de Francisco. ¡Tuvo que sufrir mucho el Papa emérito, viendo como su obra era derribada, poco a poco por el Papa reinante, para descongelar el Concilio y volver a una Iglesia circular o, como a Francisco le gusta decir, poliédrica!

Y tuvo que ser duro para el Papa Francisco esta labor de desmontaje ante los ojos de Benedicto. Pero uno y otro mantuvieron el tipo y, si sufrieron, lo hicieron en silencio. Eso sí, los conservadores intentaron convertir a Benedicto en su icono, en su referente y en su ariete contra la nueva primavera. Con todo lo que eso supone de descalificación, persistente y continuada, del Papa Francisco, al que tacharon hasta de hereje.

«Los conservadores intentaron convertir a Benedicto en su icono, en su referente y en su ariete contra la nueva primavera. Con todo lo que eso supone de descalificación, persistente y continuada, del Papa Francisco, al que tacharon hasta de hereje. Pero Benedicto no se dejó utilizar»

Pero Benedicto no se dejó utilizar, aunque alguna vez rompió su promesa y dejó el monte, donde estaba dedicado a la oración, para bajar a la arena de la polémica. Por ejemplo, en el libro que firmó o que le hicieron firmar con el cardenal Sarah. Pero, en general, la convivencia, durante casi 10 años, fue exquisita y hasta fraterna. Francisco siempre le llamó “el abuelo sabio” y Benedicto le respondió con el mismo cariño. Ahí están las fotos de sus encuentros para demostrarlo y el ojo de la televisión que todo lo escudriña y nada se le escapa. Y así se hizo carne el milagro del paso, tranquilo y sin cismas, del invierno a la primavera. La ‘complexio oppositorum’ hecha carne.

Eso sí, con la muerte de Benedicto, el ala conservadora de la Iglesia, que siempre le tuvo como icono y que quiso convertirlo en su ariete, sin conseguirlo, tiene dos opciones: Calmarse y, sin líder reconocido, asumir que la llegada de la primavera de Francisco es inevitable, o redoblar su campaña contra el Papa y plantear, incluso, un cisma, que podría cuajar entre los ultraconservadores americanos y europeos, que tienen poder y dinero para ello. El futuro lo dirá.

Benedicto XVI, mirando a la eternidad

Benedicto XVI, mirando a la eternidad

«Sus respuestas de Prefecto de la Fe y de Papa de la Iglesia católica pueden ser teóricamente impecables, pero carecían de la audacia radical del evangelio»

«En el Concilio Vaticano II (1962-1965), fue asesor teológico del Cardenal J. Frings, y muchos le vieron como “reformista” convencido, en la línea de K. Rahner, pero sus caminos se distanciaron después»

«Entre el 1981 y el 2005, por encargo del Papa Juan Pablo II fue el gran inquisidor (inquiridor) de las doctrinas de la iglesia, para mantener así un tipo de fe-vida doctrina segura»

«He presentado a Benedicto XVI como un gran papa y lo ha sido, sin duda ninguna, y, como acabo de indicar, sus grandes documentos nos sitúan ante los campos más significativos de la gran misión cristiana»

«Un papa de grandes luces, con un claro programa teológico, pero también de sombras, en un tiempo de escándalos de iglesia (económicos y clericales) que han marcado su pontificado y que, al fin, han conducido a su renuncia»

Por Xabier Pikaza

Joseph Ratzinger (*1927), teólogo famoso, arzobispo de Múnich de Baviera y Cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe, fue elegido papa el 19.4.2005, tras la muerte de Juan Pablo II, tomando el nombre de Benedicto (Benito) XVI. Ha sido importante como papa (2005‒2013), pero también como como teólogo y Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe. 

    Así le quiero presentar ahora, tomando como base la semblanza que publiqué en Diccionario de Pensadores Cristianos, en cuya portada aparece, en la línea inferior, entre San Agustín (su pensador de referencia) y santa Hildegarda de Bingen, la mayor teóloga de su tierra alemana.

    Benedicto XVI llevaba casi diez años retirado, mirando a la eternidad, en un hotel-conventito de los jardines del Vaticano. Son muchos los que remiten a él, unos añorando su pasado, otros proyectando su figura hacia el futuro. Así quiero presentarle aquí como un cristiano de a pie y de cátedra, mirando a la eternidad. Muchos le comparan con el papa Celestino, de quien Dante parece haber dicho que era “Aquele que fez por vileza a grande recusa …  (aquel que hizo por vileza el gran rechazo/rifiuto”, Divina Comedia,  III, 59-60). 

    Yo quiero definirle como un hombre brillante y miedoso, situado en la línea divisoria del gran cambio de la Iglesia Católica, entre el siglo XX y XXI, no como el papa del rechazo, sino como un teólogo que supo ver cosas ciertas, pero quizá fuera de tiempo, un hombre de miedo ante el cambio de la historia. Sus respuestas de Prefecto de la Fe y de Papa de la Iglesia católica pueden ser teóricamente impecables, pero carecían de la audacia radical del evangelio. Ahora que está mirando, cada día de más cerca, hacia la eternidad que le “invade” quiero recordarle, con cariño, pues para ser eternidad el Dios de Cristo ha querido encarnarse y se sigue encarnando en la historia, una historia que él quizá  no supo interpretar y animar desde el evangelio.

 VIDA. ESTUDIO Y PRIMEROS AÑOS

Nació en una zona rural de Baviera, Alemana (16, IV, 1927) y, tras entrar en el seminario, fue movilizado para combatir en el ejército alemán, en la era del Tercer Reino/Reich de los nazis, como ayudante del cuerpo de artillería y del servicio antitanques, de abril del 1943 a septiembre de 1944. 

    Acabada la guerra, estudió filosofía y teología en el seminario de Freising y en las universidades de Munich y Friburgo (1946 a 1951). Pudo superar con ayuda de K. Rahner, la prueba de habilitación docente y fue llamado a enseñar en la Universidad de Bonn (1959-1963), pasando después a las de Münster (1963-1966) y Tübingen (1966-1968) haciéndose famoso por sus obras en colaboración con K. Rahner (Episcopado y primado, 1961; Revelación y tradición, 1965) y sobre todo por su Introducción al Cristianismo (1968), que le consagraría como teólogo de fama mundial.

En el Concilio Vaticano II (1962-1965), fue asesor teológico del Cardenal J. Frings, y muchos le vieron como “reformista” convencido, en la línea de K. Rahner, pero sus caminos se distanciaron después. Del 1966 al 1968 ocupó una cátedra de teología dogmática en la Universidad de Tubinga, pero las tendencias rupturistas de los movimientos estudiantiles le llevaron a pedir el traslado   Ratisbona (1969-1977), en unos años en los que, como profesor y miembro de la Comisión Teológica Internacional, trabó amistad con Hans Urs von Balthasar, que influyó poderosamente en su pensamiento posterior. En ese tiempo, ellos fundaron la revista Communio (1972), insistiendo en la fidelidad a la tradición teológica y eclesiástica de la Iglesia.

CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE. GUARDIAN DE LA ORTODOXIA CATÓLICA

El año 1977 fue nombrado arzobispo de Munich/Freising, y cuatro años después Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (1981). El año siguiente (1982) abandonó su ministerio diocesano para dedicarse a las cuestiones Congregación, y desde entonces, a lo largo de casi veinticinco años, ha dirigido el pensamiento oficial de la Iglesia (hasta ser nombrado Papa, 2005). Tres de sus documentos han marcado el “estilo” de vida oficial de la Iglesia en los últimos años:

a. Donum vitae (Instrucción sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación, 1987). Siguiendo en la línea de la Humanae Vitae (de Pablo VI), Ratzinger ha insistido en la necesidad de controlar las relaciones sexuales, insistiendo en el despliegue “natural” de la vida, de manera que no sólo ha condenado el uso de medios abortivos directos (con otras formas de interrupción del embarazo), sino también los métodos anticonceptivos que puedan afectar el despliegue y desarrollo “natural” la vida. No todos los moralistas y antropólogos cristianos han compartido la doctrina de este documento, la mayoría de los cristianos la ignora. Se trata de un documento “no recibido” por la Iglesia.

b. Orationis formas (Sobre las formas de orar, 1989). Diversos grupos de cristianos han empezado a orar compartiendo métodos e incluso contenidos de experiencia con creyentes de otras religiones (en especial, con las de oriente). En contra de eso, en este documento, Ratzinger insiste en la necesidad de mantener la identidad y distinción de la experiencia cristiana, criticando (rechazando) el riesgo de mezclar formas distintas de oración, pues de lo contrario el cristianismo podría diluirse y confundirse con otras formas de piedad o con un espiritualismo difuso, sin base en la historia de Jesús. No todos los orantes cristianos han estado de acuerdo con su propuesta

c. Dominus Iesus (El Señor Jesús, 2000). Ratzinger ha rechazado una visión inclusiva de las religiones, según la cual ellas serían caminos convergentes y complementarios de la revelación de Dios y de la búsqueda de la salvación humana. En contra de eso, él ha insistido en la experiencia y exigencia de potenciar el carácter único de una salvación cristiana, que se expresa a través del Dios trinitario y de su encarnación en Jesucristo. Muchos teólogos se han sentido incómodos ante el contenido de sus declaraciones, por pensar que ellas van en contra de las implicaciones del diálogo y respeto entre las religiones.

d. El último Inquisidor teológico. En cierto momento (al menos desde el el siglo XIII-XV), en vez de ser animadora de la fe, cierta parte de la iglesia se convirtió en “inquisidora”, guardiana de la verdadera doctrina, encargada de mantener  un tipo de “castillo protegido de creyentes”, con notas a veces de “cárcel” de la fe, para que teólogos y fieles no se pierdan en la fala libertad de sus doctrinas y posibles experiencias contrarias a un tipo de fe establecida.

De esa forma, entre el 1981 y el 2005, por encargo del Papa Juan Pablo II fue el gran inquisidor (inquiridor) de las doctrinas de la iglesia, para mantener así un tipo de fe-vida doctrina segura, conforme a un tipo de tradición particular de una Iglesia, no de la gran tradición universal de libertad y vida que había recuperado el Vaticano II. En la línea de esa inquisición se empezaron a nombrar los obispos de la Iglesia universal (desde el 1981) y a valorar los nuevos movimientos “integristas” (integridad de fe) del mundo católico.

 BENEDICTO XVI, PAPA

Tras la muerte de Juan Pablo II, J. Ratzinger fue elegido papa el 18.4.2005, tomando el nombre de Benedicto XVI, quizá por la importancia los benedictinos tuvieron en la reforma eclesial de Gregorio VII, como he puesto de relieve en cap. 18. Sea como fuere, sus predecesores papas no habían tenido una personalidad teológica y eclesial tan marcada como la suya, y además ninguno había realizado una obra como la suya, al servicio de la “doctrina de la fe”, a lo largo del Pontificado de Juan Pablo II.   A pesar de ello, en cuanto papa, Benedicto XVI, no ha sido un mero continuador de J. Ratzinger, sino que ha insistido en unos aspectos de fondo que antes no había destacado. Entre ellos destacan la primacía de la caridad, la identidad racional del cristianismo y el orden mundial fundado en la justicia. 

1. DEUS CARITAS EST. PRIMACÍA DE LA CARIDAD.

Un programa papal. Benedicto XVI firmó su primera encíclica (Deus Caritas est, Dios es amor) a los nueve meses de su elección papal, el 25 de diciembre del 2005, y en ella trata directamente de Dios, no de cuestiones sociales, como habían hecho algunos de sus antecesores, y lo hace desde una perspectiva de diálogo entre la razón y la revelación, en un plano antropológico de fondo (vinculación del eros humano con la caridad evangélica), más que de principios doctrinales. 

a. Primacía de la caridad. Benedicto XVI insiste en el valor del eros humano (plano de la razón práctica), pero añade que la Iglesia debe centrar y desarrollar su propuesta en el nivel de la caridad cristiana: «La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebración de los Sacramentos (leiturgia) y servicio de la caridad (diakonia). Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra. Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia. La Iglesia es la familia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario»» (Dios es amor 25). 

b. Sociedad civil e Iglesia se sitúan en dos planos. (1) La sociedad ha de organizarse en un plano de justicia universal, es decir, de racionalidad humana, resolviendo a ese nivel los temas de la economía y la administración política, buscando un orden que no sea es ya el “imperio cristiano” de Bizancio o Carlomagno, sino una sociedad universal de naciones, con un tipo de dirección unificada en el plano racional, no religioso. (2) Pero, superando ese nivel, la iglesia debe insistir en la caridad concreta, que no va en contra de la justicia, sino que la supone y sobrepasa, en perspectiva sobrenatural (sacramental). La mayor dificultad del documento es que, a la postre, acaba siendo elitista, no parte de la palabra y vida de los excluidos: de los hambrientos y extranjeros de los enfermos y desnudos (carentes de dignidad) de Mt 25,31, 46; no comienza con el anuncio del evangelio a (y de) los pobres, de Lc 4, 17‒18. 

Fue un programa teóricamente impecable, un documento esencial para entender el cristianismo. Pero daba la impresión de  que no llegaba a la hondura radical del sermón de la montaña, al lugar del que surge en Dios el amor como potencial de vida liberada y liberadora. Daba la impresión de que se trataba de un amor “ordenado” (es decir, integrado y protegido dentro de una verdad superior, custodiada por la iglesia jerárquica). 

2.DISCURSO DE RATISBONA. PRIMACÍA DE LA LIBERTAD EN RELIGIÓN

El texto más discutido de Benedicto XVI es quizá la Lección que dictó en la Universidad de Ratisbona (12.9.2006), donde había sido profesor de Teología, tras haber abandonado de la Müster, en el tiempo de las “revoluciones del año 1968. Retomando el hilo de sus lecciones antiguas, el Papa-Profesor quiso poner de relieve las implicaciones humanas, racionales (y en el fondo helenistas) del cristianismo, citando unas palabras del año 1391 en las que Manuel II Paleólogo, emperador bizantino, acusaba a los musulmanes de emplear la violencia (guerra) para extender la fe, en contra de la razón occidental que es dialogante y no guerrera; quiso poner así de relieve que,  a diferencia del Islam, la Iglesia no emplea violencia para expandir o defender la religión.

Fue una lección espléndida, bien articulada desde la libertad teórica de la razón occidental, de tipo griego…  Pero quizá le faltaba la “finura” para distinguir entre un tipo de verdad-libertad ontológica y la verdad concreta en el camino de la historia… Quizá no llegaba a expresar el sentido más profundo de la libertad del evangelio… dentro de la complejidad de la historia. De un modo consecuente, muchos musulmanes se sintieron juzgados y condenados. (cf: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches).

b. Argumento de fondo, querella sobre el Corán. Retomando el argumento del emperador Manuel II, Benedicto XVI parece acusar a los musulmanes afirmando que ellos olvidan (no aceptan) el fondo racional, dialogal (de libertad), de la vida, y que así corren el riesgo de apoyar (extender) la fe por la fuerza, sin respetar la exigencia radical de libertad en la religión. En esa línea, el Papa distingue en el Corán dos etapas: (a) En una, que sería más antigua (aunque los técnicos no concuerdan sobre ello), Mahoma defendió la libertad en el nivel de la religión (Corán, sura 2, 256: «Ninguna constricción en las cosas de la fe»). (b) Pero en una etapa posterior, el mismo Mahoma habría invitado a “luchar” a favor (=en defensa) de la fe, introduciendo así la violencia en el interior del mismo Islam. 

c. Reacción musulmana y precisiones del Papa. Ese discurso encendió los ánimos de muchos musulmanes, que se sintieron acusados por el Papa, quien se sintió obligado a volver a sus palabras, precisando su propuesta: (a) Las religiones deben superar toda forma de violencia para expresarse y extenderse, y eso ha de hacerlo, quizá, de un modo especial el Islam, por el riesgo que ha tenido y tiene en ese contexto. (b) En el fondo de las religiones (y de todas las relaciones humanas) ha de expresarse un logos o razón universal, fundada en la libertad originaria del hombre, abierta siempre al diálogo, sin que ninguna cultura o religión pueda imponerse por la fuerza sobre las demás, pues en ese mismo momento dejaría de ser religión humana, racional. (c) Conforme a la visión de Benedicto XVI, ese “logos” que vincula a todos los seres humanos se ha expresado de manera ejemplar en Grecia, y forma parte del sustrato original del cristianismo, que puede y debe vincularse con la razón humana como indicaría el discurso de Pablo en el Areópago de Atenas (Hch 17, 22‒31). 

 d. Un tema vivo. Los ecos de aquel discurso no se han apagado todavía (2020) y, aun reconociendo su claridad y valor, sus palabras suscitan algunas cuestiones que siguen siendo esenciales para la cultura y vida de la humanidad:

‒ Podemos preguntar si la razón griega, tal como se ha desarrollado en occidente, con las cruzadas del siglo XII, las guerras de religión del XVII, las revoluciones del XVIII‒XIX, el fascismo y comunismo del XX, que desembocan en el capitalismo total del XXI, no tiene en sí un fondo de violencia “estructural”, como han puesto de relieve muchos pensadores, sobre todo judíos. 

‒Debemos seguir preguntando si el Islam no contiene en sí unos gérmenes de libertad y pacificación distintos (pero no menores) que los del occidente helenizado. El tema en sí no es la historia pasada, sino el posible futuro del Islam en un momento lleno de tensiones y posibilidades como el nuestro. El problema no es por tanto el Islam, como religión particular, sino el fondo de violencia latente en el conjunto de la cultura humana, en este siglo XXI.

‒ Finalmente, las palabras de Benedicto XVI (ejemplares por lo que suponen de búsqueda de libertad racional y religiosa) han de entenderse y aplicarse de un modo extenso, no sólo en el campo de las religiones establecidas, sino en la política, en la economía y en la “ideología” (cultura de consumo) de la humanidad actual. En ese contexto, el problema no es ya el Islam como religión particular, sino el capitalismo mundial, con la cultura de consumo y mercado que entrega a los hombres (especialmente a los más pobres) en manos de un Mammón de muerte (cf. Mt 6, 24).

e. ¿Oportunidad o falta de prudencia?  Ciertamente, el Papa tenía buenos motivos para evocar la reflexión del emperador bizantino (M. Paleólogo). Pero el tema está en saber si esa reflexión era oportuna y verdadera (si recogía la inspiración más honda del Islam) y, al mismo tiempo, si ayudaba a penetrar en las raíces de la comunión religiosa de musulmanes, cristianos y judíos (con las relaciones entre razón griega, Biblia y Corán). Los conceptos de razón y libertad que emplea el Papa merecen todos los respetos, pero quizá están demasiado vinculados a una tradición occidental, de tipo helenista, que es también limitada y propensa a la violencia.

3. CARITAS IN VERITATE. UN PROGAMA PAPAL PARA EL SIGLO XXI 

a. De Spe Salvi (2007) a Caritas in Veritate (2009). El año 2007, Benedicto XVI publicó su segunda encíclica titulada Spe Salvi (Salvados en esperanza), que trata de temas de religiosidad profunda, destacando el aspecto trascendente de la esperanza cristiana. Es una encíclica ejemplar, quizá el documento más sabio y técnicamente más perfecto de la iglesia católica en el último siglo, un texto para recuperar y recrear el cristianismo, desde la perspectiva de la escatología bíblica, tal como ha sido reformulada a lo largo de su historia por la teología y espiritualidad de la Iglesia Católica.

 Pero más significativa ha sido, en un contexto de diálogo de la Iglesia con el mundo, la tercera encíclica, Caritas in Veritate (2009), en la que, manteniendo la dinámica espiritual del Evangelio, el Papa afirma que la Iglesia, por su mismo testimonio creyente, debería potenciar el surgimiento de una autoridad universal, de tipo económico-político, en línea racional (de libertad y diálogo), teniendo en cuenta la función supraestatal de las Naciones Unidas. De esa forma asume y vincula la diferencia (y complementariedad) de las cosas del César (autoridad política) y de las cosas de Dios (cristianismo; cf. Mc 12, 13‒17) actualizando la doctrina política de la Iglesia de Roma, desde las cartas de los papas a los emperadores bizantinos (en el siglo VI), pasando por la reforma gregoriana y la lucha por las investiduras (siglo XI), con las guerras de religión y el absolutismo (siglos XVI‒XVII) hasta la actualidad.

b. Una autoridad mundial sobre las naciones particulares. Éste es, en línea formal, el documento papal más perfecto sobre la relación de la iglesia con la política mundial, en la línea de  Mc  12, 13‒17 par (devolved al César lo que es del César y a Dios…), pero con la novedad de que el papa pide el surgimiento de un “buen César”, de una autoridad mundial, que responde a la exigencia de la razón, iluminada (pero no dominada) por el Evangelio:

«Ante el imparable aumento de la interdependencia mundial, y también en presencia de una recesión de alcance global, se siente mucho la urgencia de la reforma tanto de la Organización de las Naciones Unidas como de la Arquitectura Económica y Financiera Internacional, para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones. Y se siente la urgencia de encontrar formas innovadoras para poner en práctica el principio de la responsabilidad de proteger y dar también una voz eficaz en las decisiones comunes a las naciones más pobres. 

    Esto aparece necesario precisamente con vistas a un ordenamiento político, jurídico y económico que incremente y oriente la colaboración internacional hacia el desarrollo solidario de todos los pueblos. Para gobernar la economía mundial, para sanear las economías afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios consiguientes, para lograr un oportuno desarme integral, la seguridad alimenticia y la paz, para garantizar la salvaguardia del ambiente y regular los flujos migratorios, urge la presencia de una verdadera Autoridad Política Mundial… que deberá estar regulada por el derecho, atenerse de manera concreta a los principios de subsidiaridad y de solidaridad, estar ordenada a la realización del bien común comprometerse en la realización de un auténtico desarrollo humano integral inspirado en los valores de la caridad en la verdad» (Caritas in Veritate 67).

c. Han de existir dos poderes, el de Dios (que estaría encarnado en la Iglesia) y el del César (autoridad política mundial). Así lo propone Benedicto XVI, que deslinda, a su modo, el orden espiritual de la Iglesia (en un plano de interioridad creyente) y el orden secular de los estados, que han de unirse y formar un Gran Estado Mundial (un imperio de justicia) al servicio de la comunión de fondo y de la fraternidad de todos los seres humanos. Quien haya seguido nuestra exposición verá que se trata de una forma nueva (actual) de plantear el tema de los dos reinos (dos espadas), que ha estado en el fondo de la teoría político-social de la Iglesia Romana, desde el Papa Gelasio (492-496) a la Reforma Gregoriana del XI (con Gregorio VII, Inocencio III y Benedicto VIII).  Pero hay una diferencia. 

(a) Los antiguos papas pensaban que el “imperio” (estado mundial) tenía un carácter cristiano, de forma que el mismo emperador era representante de Dios. Por el contrario, Benedicto XVI afirma que el Estado Mundial debe regularse sobre bases de libertad y razón, al servicio de la humanidad, por encima de las religiones y naciones particulares, sin apelar al Dios cristiano, aunque sí a la divinidad. 

(b) La Iglesia cristiana y las otras confesiones religiosas (como el Islam) han de situarse en un plano de iluminación más alta, en línea de testimonio y compromiso creyente, de manera que no pueden imponerse (ni apoyarse ni criticarse) de un modo violento. En esa línea, el papa se opone a un tipo de cristianismo político (un césaro‒papismo), pero también a una interpretación y aplicación política del Islam (en la línea del Estado musulmán  o de otra religión particular)

d. Poder político, autoridad cristiana (religiosa). Benedicto XVI ofrece así una conclusión luminosa y coherente a las visiones de la política papal (imperial) de los últimos mil quinientos años de la Iglesia (desde el Papa Gelasio), aunque separando los niveles, pues el Estado ha de situarse en el plano de la razón universal, mientras la Iglesia (la religión, el mismo Islam) han de ofrecer su palabra en un plano de revelación de Dios y de gratuidad creyente. Ésta es una buena solución, pero algunos piensan que se debería insistir más en la novedad del evangelio, que no sólo separa en un momento los niveles (Dios y el César, religión y razón), sino que los vincula de un modo mesiánico, no en línea de poder, sino de apertura de los hombres y mujeres en un plano superior gratuidad, en servicio de amor, desde los más pobres.  

    Ciertamente, el Papa insiste en los riesgos inherentes a la “razón política” (del Gran Estado mundial), que corre el peligro de abandonar su nivel de mediación al servicio de la comunicación universal, en línea justicia, para convertirse (como está sucediendo en la actualidad) en un tipo de capitalismo mundial (Mammón). Pero pienso que no lo ha destacado de un modo suficientemente claro, corriendo así el riesgo de poner su proyecto bajo el imperio de un tipo de racionalismo económico que termina fatalmente en manos de un capitalismo mundial, con Mammón como único poder (Mt 6, 24) y un Dios cristiano encerrado en la pura subjetividad de los creyentes. No queda aquí nada claro el imperativo cristiano del evangelio de los pobres.

e. Un tema abierto: Sistema político‒económico, mundo de la vida. Significativamente, la propuesta del Papa se sitúa en la línea del pensamiento político‒social formulado de manera clásica por J. Habermas, en su Teoría de la Acción Comunicativa (1981), donde distingue y vincula el plano económico‒político (cosas del César), por el que puede elaborarse un orden sistémico mundial y el mundo de la vida (las cosas de Dios), en las que se mantienen e influyen las tradiciones familiares y afectivas, religiosas y morales de la historia de la humanidad. En un sentido “formal” la propuesta de Habermas y el proyecto del Papa Benedicto tienen gran valor. Pero, de hecho, ambos niveles se “contaminan” e influyen de manera poderosa, pues el “sistema” depende del mundo de la vida (es decir, de la experiencia y opción personal y afectiva, moral y religiosa de los hombres) y el mundo de la vida puede ser colonizado y destruido por un tipo de sistema que tiende a volverse dictatorial.  Para que el proyecto del Papa Benedicto funcione hay que dar prioridad a la palabra y acción de los pobres del evangelio, cosa que no queda clara en su argumento.

f. En contra de  iglesia de orden impuesto…Ese programa del papa teólogo alemán ofrece quizá el mejor panorama teórico de iglesia y de creación de un nuevo orden universal de justicia y esperanza sobre el mundo. Pero es un programa de orden (esto es, de ley), no de evangelio, en el sentido radical del Jesús de Pablo y del evangelio de Marcos, por poner dos ejemplos… El Papa Benito XVI (así quiero llamarla) olvidada un principio radical cristiana:  Para cosechar libertad tienes que sembrar libertad; para cosechar esperanza tienes que sembrar esperanza, y muchos tuvimos va entonces la que impresión de que su camino era una “vía cerrada”, sin salida. 

 3. LUCES Y CRUCES DE UN PAPADO, UN  CAMINO SIN SALIDA 

He presentado a Benedicto XVI como un gran papa y lo ha sido, sin duda ninguna, y, como acabo de indicar, sus grandes documentos nos sitúan ante los campos más significativos de la gran misión cristiana, que ha de ser siembra de amor, en libertad (diálogo religioso) y en justicia (nuevo orden mundial). Ciertamente, esos planteamientos nos sitúan ya de lleno ante el tercer milenio, pero algunos piensan que el Papa Ratzinger les ha dado unas respuestas que son del segundo milenio “europeo” (ontológico en línea del ser como poder) más que del evangelio. La siembra de amor “en toda tierra” implica un retorno más radical a la libertad creadora del amor; y lo mismo sucede en el campo del diálogo religioso y de la exigencia de justicia universal, que tiene que situarnos de nuevo ante los pobres de Jesús. El tema no es la religión en sí, ni la justicia teórica universal, sino los cojos‒mancos‒ciegos de Jesús, los expulsados sociales, los descartados del mundo, la libertad verdadera.   

La tarea de fondo de su tiempo (tras la gran involución orgánica de Juan Pablo II) hubiera sido soltar las amarras de la iglesia, volviendo a la libertad originaria del evangelio, como siembra en gratuidad y libertad, en toda tierra. Pero Benedcito XVI, por talante personal y por formación social, no fue un hombre de libertad en el amor. Quiso ser y fue “agustiniano”, pero de un Agustín final del “miedo a la libertad”… No siguió al Agustín juvenil de la conversión al amor en felicidad y libertad. Quiso un amor organizado desde una verdad aparentemente superior, pero “impositiva” y se equivocó.

    Por su formación y por momento que le ha tocado vivir (entre los estertores del nazismo y la nueva humanidad global), Benedicto XVI ha sido un Papa clave en la nueva historia de la iglesia, un papa de grandes luces, con un claro programa teológico, pero también de sombras, en un tiempo de escándalos de iglesia (económicos y clericales) que han marcado su pontificado y que, al fin, han conducido a su renuncia y dimisión como papa, el año 2013. Es muy posible que, después de Juan Pablo II, Benedicto XVI haya sido un papa adecuado, para recoger una herencia milenaria (mil años de reforma gregoriana) y para repensar los temas de fondo del cristianismo en una línea teórica, de gran hondura teológica.

     Pero el tema no era conservar la herencia, sino recrearla desde la raíz el evangelio, y en ese sentido ha sido quizá menos adecuado para dialogar con los nuevos impulsos, tareas y riesgos de la Iglesia del siglo XXI, en línea de salida de las seguridades eclesiales y de diálogo con las periferias y de escucha de las grandes minorías. Quizá no ha tenido en cuenta que conservar significa perder, en un momento en que las grandes masas de occidente (y en parte de América Latina) empezaban a separarse silenciosamente de ella (en la línea de lo que he llamado post‒religión). En ese contexto, a modo de resumen, quiero destacar algunos conflictos, que han marcado la cara y cruz del papado de Benedicto XVI: 

1. Judíos y cristianos. No supo “leer” el holocausto (la shoah), la relación con el judaísmo.

 En su visita al campo de Auschwitz (mayo de 2006: http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2006/may/documents/hf_ben-xvi_spe_20060528_auschwitz-birkenau.html), Benedicto XVI cargó la culpa del genocidio judío del 1933‒1945 (Holocausto, Shoah) a «un grupo de criminales» (dirigentes del Tercer Reich) que habrían abusado del pueblo alemán, al que utilizaron «como instrumento de su sed de destrucción y de dominación». Ésa valoración fue buena, y debe mantenerse en un nivel. Pero es posible que se quede corta: La persecución de los judíos no fue sólo obra de unos criminales, sino que se cometió con la complicidad (al menos silenciosa) de muchos hombres y mujeres de fondo cristiano, herederos del Sacro Imperio Romano Germánico (siglo XI-XIII), en la línea de una historia larga de persecución de los cristianos europeos en contra de los judíos, uno de cuyos gestos más significativos fue la expulsión de los reinos de España el año 1492).

    Éste ha sido un tema recurrente desde el comienzo (nacimiento) de la iglesia, que ha vivido casi siempre en dura confrontación con el judaísmo (y en algún sentido con el Islam), pues ella sólo puede reformarse volviendo a su origen mesiánico, es decir, a Jesús judío, mensajero del Reino de Dios, crucificado y resucitado como judío. Este motivo del holocausto/shoah debe llevarnos a reflexionar de manera más honda sobre la relación de la Iglesia (del catolicismo) con ideologías totalitarias que asumen rasgos cristianos, pero pueden desembocar por un lado en el nazismo, por otro en las dictaduras comunistas y, finalmente, en el mismo capitalismo convertido en religión mundial del dinero, causante de muerte de cientos de millones de personas, como había advertido Jesús en Mt 6, 24.  Sin volver a las raíces mesiánicas judías de liberación de todos los hombres y los pueblos en gratuidad (en la línea de Is 2, 2‒4) no puede haber reforma de la Iglesia. Benito XVI perdió la oportunidad de dialogar con el judaísmo histórico y actual desde la libertad y el amor radical del evangelio

2. Habló de amor en libertad, pero no supo admitir la libertad del amor

 Benedicto XVI empezó siendo el papa del amor, como anunciaba su primera encíclica (Deus Caritas est), y en esa línea, partiendo de sus propios presupuestos, con la distinción y vinculación entre eros y agape podía haber trazado un giro profundo en la visión de las relaciones afectivas, en línea de amor (matrimonio, amistad, celibato…). Pero podemos añadir que él no ha dicho la palabra adecuada sobre el tema, sino que ha seguido atado a los presupuestos ontológicos de Pio XII (Humani Generis, 1950) y Pablo VI (Humanae vitae, 1968), que él mismo había desarrollado como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe (Donum Vitae, 1987). 

    En contra de las intenciones del mismo Papa en Deus Caritas est, la visión del hombre y la mujer que subyace en esos textos responde de hecho, a una perspectiva de naturaleza más que de persona, a una visión ontológica patriarcal, más que a la experiencia radical del amor en libertad, en igualdad, de hombres y mujeres, en una línea que ha sido iniciada por el evangelio.   Benedicto XVI sabía y decía que las relaciones humanas (de tipo sexual y/o afectivo) se sitúan en el nivel más radical de la persona, en un plano de libertad y comunión más que de fijación biológica; pero después da la impresión de que él no ha sacado las consecuencias que derivan de ese presupuesto, ni en lo relacionado con el uso de los preservativos/anticonceptivos, ni en la forma de entender las relaciones homosexuales, ni en lo referente al celibato de los ministros de la Iglesia.  

3. Quiso “organizar a los teólogos”, se quedó sin teólogos (sólo quedaron los áulicos y orgánicos). Quiso organizar los movimientos eclesiales… Sólo le quedaron los orgánicos…

Como prefecto de la Doctrina de la Fe, quiso teólogos que no fueran teólogos, que no tuvieran libertad para para explorar en el evangelio, para reformular la fe desde la raíz del mensaje-vida de Jesús… y se quedó sin teólogos, de manera que en su entorno quedaron sólo los orgánicos (al servicio del organigrama papal, no del evangelio… unos teólogos áulicos, encartados de cantar las grandezas de un catolicismo establecido.  Eso ha implicado una inmensa sequía de pensamiento y vida cristiana en la iglesia.

    Lo mismo sucedió con los movimientos cristianos … Los más hondos y verdaderos, desde la savia viviente del evangelio, fueron quedando al margen. Tomaron el poder de la iglesia los movimientos establecidos al servicio de la autoridad y el orden social y espiritual, de pensamiento y vida… movimientos que ahora (año 2022) el Papa Francisco quiere “recuperar” (transformar) para el evangelio… El Para Benito se quedó sin teología de liberación (sin verdadera  Liberación eclesial…), manejado entre grupos que se disputaban una parcela de poder eclesial… Fue quedando así radicalmente sólo, sin poder apoyarse en nadie…

Quiso nombrar obispos en su línea…. Y así los nombró. Siguiendo la trayectoria de Juan Pablo II, y de esa forma se quedó sin auténticos obispos… hombres y mujeres de evangelio, en libertad creadora, en amor de Cristo por encima de amores de iglesia…, Y en esa línea estalló el escándalo de un tipo de pederastia eclesial…, que no era el problema principal, pero que actuó como detonante….

4. Pedofilia clerical: ministros de la Iglesia

A partir del año 2009 se fueron conociendo y publicando, con escándalo de muchos, diversos casos de pedofilia clerical, en países de honda tradición cristiana, tanto en Europa como en América. Son muchos los que han acusado al Papa de haber querido ocultar el problema, mientras ello fue posible, para responder después a la defensiva, como a remolque de los hechos, sin llegar a las raíces del problema. Esas acusaciones son injustas, pues (a diferencia de su predecesor, que prefirió soslayar el tema) Benedicto XVI tuvo la valencia de admitirlo públicamente, aceptando y asumiendo el escándalo eclesial que ello implicaba.

    Pero el tema principal no era ni es (como hoy puede verse, pasados casi quince más tarde) la pedofilia concreta de algunos miembros del clero (siempre en minoría), ni el posible ocultamiento de datos, queriendo resolver los temas en privado (una actitud que era corriente dentro de un contexto clerical antiguo), sino la relación entre ministerio clerical y celibato, con sus implicaciones de maduración afectiva y de poder. Por otra parte, es muy posible que ese problema exija un planteamiento más valiente y más cristiano sobre la identidad del clero y del sentido del celibato, en el plano afectivo y ministerial, volviendo, si hace falta, aunque de un modo distinto, hasta modelos anteriores (previos la Reforma Gregoriana del sitlo X-XI), para así avanzar hacia una Iglesia que no sea clerical como la de los últimos siglos

    A partir del año 2009 se fueron conociendo y publicando, con escándalo de muchos, diversos casos de pedofilia clerical, en países de honda tradición cristiana, tanto en Europa como en América. Son muchos los que han acusado al Papa de haber querido ocultar el problema, mientras ello fue posible, para responder después a la defensiva, como a remolque de los hechos, sin llegar a las raíces del problema. Esas acusaciones son injustas, pues (a diferencia de su predecesor, que prefirió soslayar el tema), con honradez que le honra, Benedicto XVI tuvo la valentía de admitirlo públicamente, aceptando y asumiendo el escándalo eclesial que ello implicaba.

    Pero el tema principal no era ni es (unos diez años más tarde) la pedofilia concreta de algunos miembros del clero, ni el posible ocultamiento de datos, queriendo resolver los temas en privado (una actitud que era corriente dentro de un contexto clerical antiguo), sino la relación entre ministerio clerical y celibato, entre ministerio evangélico y amor personal, con sus implicaciones de maduración afectiva y de superación de una búsqueda de poder eclesial. Es muy posible que ese problema exija un planteamiento más valiente y más cristiano sobre la identidad del clero y del sentido del celibato, en el plano afectivo y ministerial. Sigue sin plantearse con honradez y verdad (superando un tipo de gran hipocresía teológico-doctrinal y vital) el tema de la identidad de los ministerios, que sean de verdad cristianos, y no “jerárquicos”, en una línea patriarcalita contraria al evangelio. 

5. Un papa que no tuvo más remedio que renunciar, precisamente porque era honrado.

Desde ese fondo se planteaba el tema de saber si un papa como Benedicto XVI podía liderar un cambio que muchos juzgaban necesario, según el evangelio, pues implicaba hondas transformaciones de fondo (carisma) y estructura (jerarquía, organización cristiana) que un teólogo de tradición como él no era capaz de asumir. En aquel momento (2012‒2013) resultaba claro que el mismo Benedicto XVI o su sucesor debería revisar el sentido de la teología y de los ministerios, con y la forma de ejercer y liderar la “unidad dialogal” de la Iglesia con respeto al pasado, con apertura y autoridad, sin perder lo que han sido los mil (o mil seiscientos) años de historia “moderna”, para recuperar su inspiración originaria (siglos I-III), desde los problemas de la actualidad.

En otros aspectos de su vida (doctrinales y teológicos) la iglesia del siglo XX y principios del XXI había querido volver a la raíz del evangelio, de manera que podemos hablar de una renovación bíblica, carismática, caritativa, teológica y en algunos casos incluso litúrgica… Pero en un plano del derecho y de organización, la Iglesia ha seguido sujeta a un pasado ontológico (en línea de ley), con estructuras de gobierno que no brotan de la vida y mensaje de Jesús, sino de un tipo de filosofía jerárquica, como si el poder viniera directamente de un Cristo poderoso a un Papa igualmente poderoso sobre el conjunto de la Iglesia, gobernada por una Curia Vaticana cada vez más centrada en sí misma, con riesgo de convertirse en poder autónomo sobre la Iglesia. 

El poder actual del Papa (con el Derecho Canónico) retomaba modelos del siglo XI, con sus bases neoplatónicas, imperiales y feudales, ratificadas por un absolutismo posterior (del siglo XVII). Pero el antiguo imperio con el feudalismo han desaparecido con el tiempo, mientas la autoridad del papa permanecía anclada en un pasado, a pesar del conciliarismo del s. XV, la reforma protestante del s. XVI, la ilustración del XVIII, las revoluciones del XIX,  y, sobre todo, a pesar del más hondo conocimiento de los orígenes cristianos, asumido por el Vaticano II en el s. XX. 

Posiblemente había llegado la hora del cambio, no para negar un tipo autoridad del Papa, sino para estructurarla de una forma radical, desde la raíz del evangelio, no con un simple retoque de la Curia vaticana. Pues bien, el Papa Benedicto no parecía el hombre adecuado para plantear y realizar ese cambio, no sólo por su edad (había nacido el 1927, tenía ya más de 85 años), sino por su manera de pensar y porque en el mismo Vaticano surgieron escándalos de acusaciones, intrigas y luchas intestinas entre los miembros de la curia. La prensa habló de “cuervos” vaticanos, con el vati‒leaks, es decir, con fugas (leaks) o publicaciones de documentos secretos.

Todo eso, unido a su propio estado de salud, con el escándalo creciente de la pederastia clerical, hizo que el Benedicto XVI (Joseth Ratzinger) presentara por sorpresa la renuncia al papado (el 11.2. 2013), de forma que los cardenales de la iglesia romana tuvieron que nombrar un nuevo papa para situarse ante esos temas. Desde entonces, él se ha mantenido aislado, en una casa de retiro de los jardines del Vaticano, sin inmiscuirse con la política eclesial de su sucesor, aunque algunos grupos eclesiales parezcan empeñados en lo contrario.

Queda pendiente la interpretación de esa “renuncia”, si fue por confesión de humilde impotencia o por deseo de un cambio radical en la Iglesia. La respuesta la tiene en parte el papa Francisco.

Yo en este momento he querido comparar al Papa emérito Benito, encerrado en los jardines del Vaticano, con mi abuelo materno Francisco (Praisku), ya muy enfermo (en gran parte por gran locura y pecado de la guerra del 1936/1933), hacia el año 1952, mirando desde Aldeko de Orozko, hacia la inmensa mole de Lekanda/Gorbeia. Yo le preguntaba “ze moduz aitita” (qué tal abuelo), y él me respondía sonriente, como transpuesto de luz: “eterninatera begira” (mirando y esperando la eternidad). Eso le deseo al papa Benedicto  XVI: Que pueda mirar ahora con paz iluminada  la llegada y presencia total de la eternidad en la que espera. Que sus equivocaciones (que a mi juicio han sido bastantes) puedan ser principio de una presencia más honda del Dios de Jesús en la historia real de la iglesia y en la humanidad que está naciendo desde Cristo.