J. Ratzinger y H. Küng

Joseph Ratzinger y Hans Küng: pasado y futuro de la teología católica

RAMÓN SORIANO Catedrático emérito de Filosofía del Derecho y Política en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Joseph Ratzinger en una imagen de archivo.

Joseph Ratzinger y Hans Küng fueron protagonistas de una viva polémica teológica, que se extendió desde finales del Concilio Vaticano II en 1965 hasta la muerte de ambos (en 1921 la de Küng, en 2022 la de Ratzinger). Ratzinger y Küng, prolíficos autores de una extensa obra teológica, han representado, respectivamente, las vertientes más conservadora y progresista de la teología católica.

Ratzinger ocupó cargos muy relevantes en la Iglesia católica: Arzobispo de Múnich, Cardenal prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Papa Benedicto XVI. Küng solo fue un académico y escritor sin ocupar ningún puesto en la jerarquía de la Iglesia. Pablo VI le llamó a la Curia romana, donde podría haber subido peldaños en la jerarquía eclesiástica, pero Küng renunció a ello. Poco después tendió Juan Pablo II  la mano a Ratzinger, llamándole a la Curia de Roma y él aceptó. Tras la finalización del Concilio Vaticano II ambos jóvenes sacerdotes y brillantes teólogos conciliares comenzaron a transitar por distintos caminos. Mientras Ratzinger aceptaba en 1977 el arzobispado y cardenalato de Múnich concedido por Pablo VI, Küng era públicamente desautorizado como teólogo dos años después por Juan Pablo II, que había sido elegido Papa en 1978. Vidas paralelas de constantes desencuentros.

Donde mejor se ve lo que ha significado el teólogo Ratzinger, Papa Benedicto XVI, fallecido el 31 de diciembre de 2022, es desvelando su contraste con Hans Küng.

Aportación a la doctrina de la Iglesia católica

Ratzinger sentó cátedra y doctrina en la Iglesia mediante los cargos importantes que ocupó en ella de la mano de su protector Juan Pablo II y después como Papa. Algunas de las encíclicas y otros documentos de Juan Pablo II fueron en parte redactados por el cardenal Ratzinger. Por lo tanto, durante muchos años representó la doctrina oficial de la Iglesia. Fue desde 1982 guardián y definidor del catolicismo oficial en su papel de prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe (denominado antes Santo Oficio de la Inquisición). Él definía lo que era o no verdad teológica.

Küng no solo no ejerció una función doctrinal oficial, sino que fue públicamente desautorizado como profesor de enseñanzas católicas. Ya había sido amonestado por la Santa Sede en 1975 y finalmente se le prohibió enseñar teología católica en 1979. Su desautorización fue desencadenada por su libro ¿Infalible? Una consulta (1970, ampliado en 1989), en el que da cuenta de los errores del Papa cuando proclama un dogma ex catedra, aconsejando la sustitución de la expresión infalibilidad papal por la de indefectibilidad de la Iglesia, que significa «persistencia en la verdad». De esta manera se hacía compatible la verdad de la Iglesia con algunos errores del Papado. No hay que olvidar los precedentes de otras obras de Küng, como Ser cristiano (1974), que fueron preparando el terreno para su definitiva expulsión de la cátedra de teología católica en la Universidad de Tubinga (aunque, dado su prestigio internacional, la Universidad le concedió una cátedra de teología ecuménica).

Todavía no han sido recepcionadas por la Iglesia católica las tesis innovadoras de Küng: control de la natalidad, ordenación de la mujer como sacerdotisa, supresión del celibato, de la censura previa en las publicaciones, de la Congregación de la Doctrina de la Fe, descentralización de la estructura y las decisiones de la Iglesia, remodelación de la Curia romana, transparencia de las finanzas de la Iglesia. Es verdad que son muy aperturistas, pero también son aceptadas por muchos fieles católicos. Las ideas de Küng no son doctrina de la Iglesia, pero sí un enorme revulsivo, con la ventaja de que giran en el sentido de los tiempos, y que quizás en el futuro puedan ser asumidas como doctrina oficial de la Iglesia.

Los católicos, los infieles y la salvación personal

Escojo este tema porque es el que mejor proporciona el contraste del tradicionalismo teológico de Ratzinger y el aperturismo teológico de Küng. Ratzinger siempre defendió la religión católica como la única religión verdadera y a través de la cual se conseguía la salvación personal. En la extensa Declaración de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Dominus Iesus (2000), firmada por él como prefecto, defendió con enorme contundencia la salvación del creyente católico, ganándose un descrédito doble: de los teólogos católicos progresistas y de los líderes religiosos de otras religiones. La Declaración se abre con las palabras del apóstol: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado». La propagación de la fe, la missio ad gentes, es una obligación de la Iglesia y del cristiano. El camino de la salvación es la «salvación en Jesucristo». En el tema de la salvación personal las otras religiones son subalternas en relación con la única religión verdadera, la católica, la que tiene en exclusividad la obra salvadora. No es necesario precisar la enorme decepción que provocó Dominus Iesus en los líderes de otras religiones.

La posición de Küng está en las antípodas de la de Ratzinger. En su libro Ser cristiano (1974), uno de los que manejó la Santa Sede para amonestarle, afirma: «Dios quiere la salvación de todos los hombres, sin acepción de personas, y también los no cristianos cumplidores de la ley pueden ser justificados». Este párrafo se enmarca en un apartado cuyo significativo título es: «Salvación fuera de la Iglesia».

Posición sobre el diálogo de las religiones

Cuando hablaba Ratzinger de otras religiones lo hacía desde la superioridad de su religión y teniendo las otras religiones una función dependiente respecto a la única religión verdadera, la católica. Es el papel de las otras religiones, que atraviesa las páginas del citado Dominus Iesus, donde el adjetivo mayor concedido a las otras religiones es su carácter «complementario». En varias ocasiones suscitó la crítica contra él de otros líderes religiosos. En su obra Luz en el mundo (2010) distinguió entre Iglesia ortodoxa y comunidad eclesial evangélica, entre «la Iglesia de la gran tradición de la Antigüedad», donde incluye a los ortodoxos, y «un nuevo modo de comprender a la Iglesia», como es la comunidad evangélica. A los evangélicos no les gustó esta infravaloración. Pero el discurso de Ratzinger, que levantó más ampollas, fue su discurso Fe, razón y universidad, pronunciado en la Universidad de Ratisbona en septiembre de 2006, poco después de haber sido elegido Papa. Tema central del discurso fue la relación de violencia y religión. Aludió extensamente a la conversación del emperador bizantino Manuel II con un intelectual persa. El emperador le dice: «muéstrame lo que Mahoma ha traído de nuevo y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su disposición a difundir por medio de la espada la fe que predicaba» Y concluye Benedicto XVI: «la conversión mediante la violencia es contraria a la naturaleza de Dios».

 Hubo una protesta generalizada en las embajadas de los países musulmanes, pensando que el Papa había hablado por las palabras del emperador.

El contraste con Küng no podía ser mayor, pues éste era partidario de un creciente diálogo con los hermanos de otros credos religiosos e incluso llegó a elaborar una ética universal, en la que describía los fundamentos últimos de todas las religiones. El proyecto de una ética global es un tema que Küng desarrolla en sus últimos años, creando la Fundación para una Ética Mundial en 1995, y redactando obras con este título, aplicando el nuevo concepto de ética a los diversos campos de las ciencias sociales. Pero su preocupación acerca de esta ética ya estaba en obras anteriores, como La Iglesia católica (2001), en la que afirma que las religiones y los no creyentes deben girar desde las religiones particulares hacia una ética global, porque «el planeta no puede sobrevivir sin una ética global, una ética a nivel mundial», expresión que está relacionada con otra idea que el teólogo reitera en sus escritos: «no hay paz entre las naciones si no hay paz entre las religiones»

La concepción de la Iglesia como institución

En el terreno eclesiástico, fuera del ámbito más teórico de la teología, Küng se enfrentaba a la Iglesia como institución e incluso advertía de su distanciamiento del mensaje originario de la comunidad cristiana, de la humilde Iglesia carismática, en tanto Ratzinger era un institucionalista convencido de la Iglesia-Institución como soporte de la estabilidad de la tradición de la fe católica frente a los riesgos de las corrientes heterodoxas del catolicismo y del relativismo moral. La posición de Küng era oponer a la institución eclesial, basada en el autoritarismo y el centralismo, el carisma de los Evangelios y de las primeras comunidades cristianas y enfrentar a los dogmas de la tradición católica la apertura de la Iglesia a los nuevos tiempos y necesidades, a los que tenía que adaptarse el mensaje cristiano.

Ratzinger buscaba la integridad de la Iglesia y librarla de los peligros existentes contra ella. Se oponía a los métodos anticonceptivos, a la supresión del celibato, a la ordenación de las mujeres, a la pertenencia a la Iglesia del católico divorciado que contraía segundas nupcias, a la homosexualidad. Sus argumentos residían en los documentos de la tradición católica y de los últimos Papas. Aplicaba una interpretación pegada al texto, v. gr., «la homosexualidad está en contra de la esencia de lo que Dios ha querido originariamente», «Jesucristo creó una Iglesia de varones, los Doce», etc. Su interpretación estrictamente literal es discutible, pues a veces la misma literalidad permite distintas interpretaciones, y en todo caso la interpretación literal se opone a la interpretación extensiva acomodando los textos a las exigencias de los nuevos tiempos. Los juristas disponemos de criterios literarios, lógicos, históricos, sistemáticos y sociológicos para interpretar las normas jurídicas. Con ellos damos vida a las normas, evitando que caigan en desuso, ya que el cambio social suele ir por delante del derecho ¿Por qué razón los teólogos tienen que aplicar un criterio hermenéutico literal? ¿Dónde ha dicho el Dios católico que sus palabras tienen que ser interpretadas al pie de la letra? Frecuentemente Ratzinger repite: «non possumus», «no podemos», nos guste o no, cerrando el debate tras interpretar literalmente los textos sagrados o de la Iglesia.

Küng no tuvo reparos en criticar duramente a los líderes religiosos católicos, en su obra La Iglesia católica (2001): a Pablo VI por su encíclica Humanae Vitae, contraria a las nuevas técnicas anticonceptivas, que consideraba una fractura entre Iglesia y comunidad católica, a Juan Pablo II, por su conservadurismo dogmático y autoritarismo eclesial, a los «obispos serviles», que seguían «la obediencia a Roma» contra los deseos de sus feligreses. Todos ellos portadores de doctrina y mensajes contrarios a las aspiraciones de la comunidad católica. Y tras la crítica las propuestas de un radical cambio en la institución eclesiástica citadas en el punto 1º, insistiendo en algunas, que iban directamente contra el gobierno de la Iglesia: descentralización de las estructuras y de las decisiones frente al absolutismo papal, elección de los obispos por la comunidad católica de la diócesis, acceso de la mujer al sacerdocio.

Sus propuestas iban dirigidas a «un Papa que no es el Señor de la Iglesia» Y concluía: «¡Qué retraso en el tiempo había entre la evolución de la Iglesia y la de la sociedad!, lo que producía «un alejamiento creciente entre «la Iglesia de abajo» con respecto a la «Iglesia de arriba».

Un decenio después en su obra ¿Tiene salvación la Iglesia? (2011) Küng amplía el cuadro de sus propuestas de reformas, que seguían sin respuestas de la Santa Sede. Utilizando una terminología médica -virus, diagnóstico, remedios, terapia…- señala los virus de la Iglesia –la aversión a la ciencia, la aversión al progreso, la aversión a la democracia, el entusiasmo católico-romano por la restauración-, aportando numerosas pruebas de la existencia y daños producidos por estos virus y la terapia para hacerlos desaparecer. Desvela quiénes son los causantes de los males: el Papa, «monarca eclesiástico», que no respeta las resoluciones del Concilio Vaticano II, los obispos, que no responden a las aspiraciones de su grey y los teólogos anclados en un tradicionalismo contrario a los nuevos tiempos y necesidades.

Ratzinger ha sido un teólogo del pasado. Küng un teólogo del futuro, que ha sobrepasado ampliamente el tiempo actual de la Iglesia católica. Entre ellos dos, el Papa Francisco, teólogo más cercano al segundo que al primero, lucha entre el deseo y la realidad en la ejecución de una difícil obra evangélica y de reforma institucional de la Iglesia, asediada por una legión de obispos y teólogos, que proclaman y reclaman el legado de Benedicto XVI

J. RATZINGER: EVALUACIÓN DEL TEÓLOGO PAPA

La cantidad y entidad de las cuestiones enumeradas no sólo muestra la oportunidad de contextualizar tanto la aportación teológica y espiritual como la gestión eclesial de J. Ratzinger – Benedicto XVI, sino también la necesidad de recordar, de manera empática y crítica, algunas de tales líneas de fuerza mayor que tuvo muy presentes mientras fue Papa.

1.- Evaluación de sus líneas de fuerza teológicas y espirituales

Son, particularmente, las referidas a la relación entre revelación y tradición, así como entre sagrada escritura y magisterio. Esto es algo constatable, por ejemplo, en la centralidad que concedió a su singular interpretación del evangelista Juan.

1.1.- La centralidad de Juan

Es cierto que en su cristología, gestión eclesial y magisterio papal hubo abundantes referencias a los sinópticos, pero también que no ocuparon el puesto capital que, finalmente, fue concedido a Juan. Y lo fue porque el cuarto evangelista subraya el recuerdo y la memoria, algo capital para un platónico y agustiniano. El recordar del que habla Juan, sostenía Benedicto XVI, no es el resultado de un mero proceso psicológico o intelectual en el ámbito privado, sino un acontecimiento eclesial que –al estar guiado por el Espíritu Santo- trasciende la esfera propiamente humana del comprender y conocer, muestra la cohesión entre la Escritura y realidad y nos guía a toda la entera verdad.

Consecuentemente, el cuarto evangelista dejaba abierta a cada época y generación -gracias al comprender en el recordar- una vía de mejor y más profunda comprensión de esa verdad. Es un camino que, yendo más allá de la historicidad de los acontecimientos y de las palabras, nos introduce “en aquella profundidad que procede de Dios y conduce a Él”, es decir, “nos muestra verdaderamente la persona de Jesús, tal como era, y por eso nos muestra a Aquel que no sólo era, sino que es; Aquel que, en todos los tiempos, puede decir en la forma de presente: ‘Yo soy’ ‘Antes de que Abrahán fuera, Yo soy’ (Jo 8, 58). Este Evangelio nos muestra el verdadero Jesús y podemos usarlo tranquilamente como fuente de Jesús”.

Como se puede apreciar, la referencia a la historia de Jesús tiene una importancia secundaria al quedar, articulada desde la primacía del “recuerdo” vivo en que nos llega. J. Ratzinger sintonizaba en esta apuesta con sus maestros S. Agustín y S. Buenaventura y con su amigo H. Urs von Balthasar, a pesar de que apuntara en alguna ocasión –acertadamente, por cierto- que una fe que se olvide de la dimensión histórica se convierte en “gnosticismo” porque descuida la carne, la encarnación y la verdadera historia.

En esta apuesta por el cuarto evangelio no sólo reaparecieron referencias tan importantes en la biografía teológica de J. Ratzinger como el nexo entre conocer y recordar, historia y fe, Espíritu Santo y magisterio o revelación y tradición, sino que permitió explicar, entre otros puntos, su concepción de “la” Verdad y su posición favorable a la llamada exégesis canónica.

1.2.- Verdad y evidencia

Hay otro punto de fondo que atravesó toda la gestión eclesial, el pontificado y la biografía teológica de J. Ratzinger de principio a fin: su pasión por mostrar la capacidad seductora de Jesús, “la” verdad por excelencia.

Benedicto XVI siempre tuvo un interés particular por argumentar la relación existente entre verdad y evidencia. Su desmarque de la neoescolástica y su asentamiento agustiniano encontraron aquí una correcta explicación. Nada de extraño que subrayara el lado espiritual de quien se autopresentaba –para escándalo de los judíos y extraños- no sólo como “el camino y la vida”  sino, sobre todo, como “la” verdad. Y que lo hiciera reclamando para sí la evidencia propia de toda belleza y la capacidad de seducción y fascinación que le es propia.

Ésta es una legítima acentuación que cuenta con  una fecunda y rica tradición en la historia de la teología. Pero es una perspectiva entre otras posibles, igualmente arraigadas en la tradición cristiana.

Existen, por ejemplo, otras más atentas a mostrar que “la” verdad de Dios consiste precisamente en su amor y, de manera particular, en su asociación con los crucificados de este mundo. Son cristologías que muestran sobradamente que el seguimiento de Jesús se “veri-fica” (es decir, se hace verdad) estando con los bienaventurados con los que, libremente, decidió identificarse, por puro amor; y con quienes sigue estándolo en nuestros días, sin dejar de ser, por ello, consuelo para unos y aguijón para otros.

La concepción que Benedicto XVI tuvo de la verdad explica que en sus referencias a los Santos Padres no resaltara como es debido un dato incontestable para ellos: que los pobres son los “otros Cristos” y que en tal verdad se aloja una descolocante identificación, capaz de conmover a todos, empezando por los  mismos padres griegos y latinos, siguiendo por casi todos los santos y místicos y continuando por las personas de buena voluntad de todos los tiempos.

Es cierto que a esta comprensión de la verdad le ronda el riesgo del “ateísmo cristiano”. Pero no es menos cierto que la perspectiva marcadamente platónica y agustiniana a la que se apuntó J. Ratzinger tenía que eludir los riesgos del docetismo o intelectualismo y del espiritualismo desencarnado y ciego. En definitiva, el “gnosticismo” que acertadamente denunció en su cristología y en otros textos anteriores y posteriores.

Pocos discuten que Mt 25, 31 y 1 Juan 4, 8 son dos textos con una indudable fuerza para marcar la teología de todos los tiempos. Así ha sucedido siempre, con la dramática excepción del siglo XIX y parte del XX, un tiempo en el que la Iglesia, ocupada en curarse las heridas provocadas por la pérdida de los estados pontificios y por sacudirse las injerencias de los poderosos de este mundo, acabó descuidando la centralidad de los pobres y dejó que el marxismo se apropiara violentamente de semejante verdad.

Desde entonces, una parte de la Iglesia católica ha tenido enormes dificultades para diferenciar el ropaje inaceptablemente violento y autoritario de la reivindicación marxista de la raíz radicalmente evangélica que aletea en su defensa del proletariado y, por extensión, de los pobres y parias del mundo. Y como consecuencia de ello, ha tenido dificultades para superar una concepción paternalista o meramente asistencialista de la pobreza y abrirse a una consideración estructural de la misma. Esto fue algo evidente en la biografía teológica y en la gestión eclesial de J. Ratzinger. Una legítima y argumentada prevención ante el marxismo triunfante durante su época como profesor y obispo pareció haberse convertido –una vez derrotado ideológicamente con la caída del muro de Berlín- en un prejuicio imposible de superar.

Hubiera sido deseable que, sin renunciar a una oportuna crítica sobre las manifestaciones contemporáneas del pelagianismo, hubiera acompañado dicha crítica de similares cautelas ante las actuales variantes del docetismo (en el fondo, confesión de palabra sin coherencia de vida ni experiencia mística). Éste es, también, uno de los errores más extendido y más disolvente de los que amenazan en nuestros días a la fe cristiana y sobre el que se echa de menos una crítica consideración en su biografía teológica y en su gestión eclesial. Al menos, tan contundente e insistente como la que realizó del pelagianismo o “ateísmo cristiano”.

Si hubiera procedido de esta manera, “la” verdad manifestada en Jesús habría sido mostrada en todo su alcance y con  todas sus consecuencias; evidenciando su incuestionable capacidad para seducir y, también, escandalizar, en este caso, a los poderosos del mundo.

Método histórico-crítico

1.3.- Recelo a la exégesis histórico-crítica

Jesucristo era presentado en los años treinta –afirmó Benedicto XVI- a partir de los Evangelios, por lo cual, a través del hombre Jesús se hacía visible Dios y a partir de Dios se podía ver la imagen del auténtico hombre. En los años cincuenta apareció el debate sobre el Jesús histórico y el Cristo de la fe alejándose el uno del otro. Y lo hizo de la mano de la investigación histórico-crítica ¿Qué significado puede tener la fe en Cristo si el hombre Jesús era tan diferente de cómo lo habían presentado los evangelistas y de cómo lo anuncia la Iglesia partiendo de los Evangelios? Se inició un proceso de reconstrucción del Jesús histórico que más tenía que ver con la biografía de sus autores que con Jesús mismo.

La consecuencia de todo ello fue –gustaba diagnosticar J. Ratzinger- un Jesús histórico cada vez más alejado de nosotros porque en realidad sabemos muy poco de Él. En esta onda se encontraba R. Schnackenburg, para quien sólo nos quedaba la historia de las tradiciones y de las redacciones.

Esta conclusión, sentenció Benedicto XVI, es “dramática para la fe” porque la dejaba sin una referencia cierta y la relación con Jesús corría el riesgo de sustentarse en el vacío  o, en el mejor de los casos, en las ocurrencias del exégeta de turno. La Biblia quedaba incapacitada para hablar del Dios viviente y se extendía la convicción de que cuando nos aproximamos a la Escritura y la comentamos, en realidad estamos hablando de nosotros mismos. Peor todavía: estamos decidiendo qué puede hacer Dios y qué queremos o debemos hacer nosotros.

Esta manera de acercarse a la Escritura acababa secuestrando la comunión de Jesús con el Padre. En ella consistía la singularidad del Jesús histórico. Sin ella no era posible comprender nada. Y sólo partiendo de ella se podía entender todo, incluso en nuestros días.

Exégesis canónica

La “lógica católica”

La contundente valoración que J. Ratzinger formuló de la exégesis histórico-crítica (y las consecuencias que comporta) lleva a recordar, una vez más, la importancia suma de primar la llamada lógica “católica” frente a otras lecturas de la Escritura, excesivamente marcadas por biografías personales o por legítimas –pero, frecuentemente, limitadas- acentuaciones particulares.

Desde los tiempos del PseudoDionisio sabemos que toda teología que se precie de tal ha de cuidar la encarnación del Hijo y la resurrección del Crucificado. También sabemos que la riqueza del misterio que se nos entrega en Jesucristo solo puede ser balbucida manteniendo en el equilibrio inestable -propio de todo pensamiento “católico”- esas verdades que para un pensamiento racionalmente estrecho son percibidas como contradictorias o imposibles de articular: Jesús y Cristo, trascendencia e inmanencia, revelación e historia o Escritura y tradición.

Y sabemos, igualmente, que la pluralidad de discursos teológicos es consecuencia de acercarse a un misterio que excede nuestras capacidades comprensivas y también de adoptar diferentes puntos de partida: no es lo mismo aproximarse desde inquietudes veritativas que estéticas o amorosas. En cualquier caso, para que toda aproximación sea efectivamente “católica” tendrá que integrar las verdades a las que otras perspectivas son más sensibles y ser muy consciente, a la vez, de los riesgos que rondan a la perspectiva adoptada.

Con su apuesta por la “exégesis canónica” J. Ratzinger partió –como agustiniano que fue- del Cristo de la fe y desde Él se encaminó al Jesús histórico: “Yo sólo busco, más allá de las meras interpretaciones histórico-críticas, aplicar los nuevos criterios metodológicos, que nos permiten una interpretación propiamente teológica de la Biblia y que exigen la fe, sin por ello querer y poder renunciar de ninguna manera a la seriedad histórica”. Es una legítima perspectiva teológica y espiritual, atenta a la iluminación interior que procede de lo alto y pronta a contemplar fascinado el misterio divino.

Cristo de la fe

El Cristo de la fe fue el punto de partida axiomático de su teología y espiritualidad: a Cristo –vino a decir J. Ratzinger- o “se le toma como un loco o se le sigue como un loco”. Es cristiano quien ha quedado seducido por la contemplación de un misterio capaz de iluminar todas las parcelas de la existencia. Cuando ello sucede, el cartesiano “cogito ergo sum” se convierte en un “católico” “cogitor ergo sum” (“Soy pensado en Dios, luego existo”).

Ésta es la loable inquietud que latió en su apuesta por la “exegesis canónica”. “Solo a partir de Dios se puede comprender al hombre y sólo si vive en relación con Dios, su vida se hace justa. Dios no es un lejano desconocido. Nos muestra su rostro en Jesús; en su actuar y en su voluntad reconocemos los pensamientos y la voluntad de Dios mismo”.

El riesgo de subjetivismo

Pero como toda apuesta, presenta -si se analiza a la luz de la historia de la espiritualidad- indudables limitaciones. Y no es la menor de ellas su proclividad a favorecer interpretaciones “eisegéticas”, es decir, proyectivas de deseos y sentidos ajenos -y hasta enfrentados- al Jesús de la historia.

Para que el recurso a Cristo no acabe convirtiéndose en la búsqueda de un analgésico, de un placebo, de un hippy fascinante, de un postmoderno debidamente autocentrado o de un fiel más dócil a la autoridad eclesial que a la palabra del Maestro se necesita la referencia del Crucificado, del Jesús histórico. Gracias a Él sabemos, por ejemplo, que nuestro centro es “ex – céntrico”, es decir, que pasa fuera de nosotros, de nuestra subjetividad, deseos, aspiraciones, ilusiones y que se actualiza en los crucificados de este mundo.

Por ello, hay que recordar que, junto a esta perspectiva legítimamente primada por J. Ratzinger, existe la que, partiendo del Jesús histórico, aproxima al Cristo. Y, al acercarle, ahorra el riesgo masoquista que ronda a todo seguidor que se queda únicamente en la contemplación del Crucificado. Es la perspectiva en la que estuvieron empeñados, desde E. Käsemann, una buena parte de los exégetas y teólogos católicos que tuvieron claro, con Benedicto XVI, que el Jesús del kerygma o confesado y predicado es más que el Jesús histórico, pero también que el Jesús histórico ha de seguir siendo el criterio último de la identidad cristiana y de toda cristología; como lo fue para Pablo, los evangelistas, el redactor de la carta a los hebreos y el del Apocalipsis.

Esta circularidad entre Cristo y Jesús desde la primacía de la historia es algo –recuerdan estos teólogos y exégetas- que ha pervivido a lo largo de la historia de la Iglesia, a pesar de que la tradición cristiana no haya considerado nunca conveniente canonizar la historia de Jesús (O. Tuñí).

Y por si este argumento sobre la primacía del Jesús histórico sobre el Cristo de la fe no fuera suficiente, hay que recordar que es el criterio reivindicado por la Declaración “Dominus Jesus” (2000) en su crítico e interesante diálogo con aquellas posiciones que hacen de la máxima “Jesús separa, el Espíritu une” el axioma configurador de su perspectiva. Juan Pablo II ratifica acertadamente que el Espíritu del que hablamos y al que nos referimos es el Espíritu de Jesús, el resucitado de entre los muertos, es decir, el histórico.

Por tanto, el ir “más allá” del dato histórico que legítimamente reivindicó Benedicto XVI apoyándose en la “exégesis canónica” está obligado a pasar, más tarde o más temprano, por el crisol del Jesús histórico, el Crucificado que se actualiza en los crucificados de este mundo. Es ese crisol el que evita incurrir en el riesgo “eisegético” indicado, con los espiritualismos, subjetivismos y manipulaciones sobre los que alertaron incansablemente los santos y los místicos. Entre ellos, Santa Teresa y S. Ignacio.

Teresa e Ignacio

El santo vasco dice en su autobiografía que aprendió a renunciar a “grandes noticias y consolaciones espirituales” y a “nuevas inteligencias de cosas espirituales y nuevos gustos”, en particular, cuando le venían en horas de sueño o de trabajo porque le imposibilitaban hacer lo que tenía que hacer.

Y la mística castellana escribe que “es falta de humildad querer que se os dé lo que nunca habéis merecido”, que “está muy cierto a ser engañado o muy a peligro”, que nadie está seguro de que ese camino sea el que le conviene y que “la mesma imaginación, cuando hay un gran deseo, ve aquello que sea”.

Por ello, no está de más recordar, en esta ocasión de la mano de Jon Sobrino, que la cruz de Jesús es el dato definitivo que critica todos los absolutos (y métodos teológicos) porque ella no es ni puede ser un absoluto.

Ésta es la asignatura pendiente de la “exégesis canónica” aplicada por J. Ratzinger en su cristología y muy presente en su pontificado, a pesar de que no falten en su magisterio reiteradas reseñas a la dramática situación del continente africano. Sin embargo, fue una referencia que no acabó configurando su perspectiva teológica y que casi siempre se sostuvo en un diagnóstico más religioso y cultural que político o económico.

El sentido expiatorio y sacrificial de la muerte de Jesús

Finalmente, J. Ratzinger – Benedicto XVI se decantó por una interpretación sacrificial y expiatoria de la muerte de Jesús, apoyándose en la oración sacerdotal del Nazareno en el evangelio de Juan, en la coincidencia cronológica (muy cuestionada) de la muerte en cruz y el sacrificio del cordero pascual a manos de los sacerdotes hebreos y en la identificación entre la destrucción del cuerpo de Jesus y la del Templo de  Jerusalén.

Al proponer esta interpretación expiatoria, no sólo  estableció una íntima relación entre la muerte de Jesús y los sacrificios antiguos, sino que reconoció a estos últimos como la forma o el tipo y a Jesus como la realización plena de lo que se ejecuta simbólicamente en la liturgia veterotestamentaria. Argumentando de esta manera, se corre un alto riesgo de someter el “nuevo” sacrificio al “antiguo” y propiciar una comprensión de la entrega de Jesús como simple culminación (cuando no, mera prolongación) de los sacrificios veterotestamentarios.

El decantamiento de J. Ratzinger – Benedicto XVI por la interpretación sacrificial y expiatoria de la muerte de Jesús (con los riesgos que presenta) fue coherente con su comprensión de los escritos neotestamentarios como transmisores de una única y compacta visión teológico-histórica. Fue tal convicción la que le llevó a buscar una cristología unívoca, es decir, una manea sustancialmente idéntica de presentar la “figura” y el “mensaje” de Jesús apoyándose, para ello, en la centralidad que concede al evangelio de Juan y con el auxilio de la exégesis canónica. Los sinópticos quedaron sometidos a la autoridad veritativa que J. Ratzinger – Benedicto XVI concedió a Juan.

Obviamente, es una pretensión legítima, pero excesiva. Sobre todo, por proceder de quien procede y habida cuenta de la tendencia entre algunos sectores eclesiales a erigir las opiniones teológicas del sucesor de Pedro en verdades incuestionables y en magisterio irrefutable. Hay que recordar –ante semejantes lecturas- que en la entraña misma de la “lógica católica” anida la consistencia de otros posibles accesos. La mejor prueba de ello fue –aunque sea críticamente- la problemática apuesta de J. Ratzinger – Benedicto XVI por la interpretación sacrificial y expiatoria de la muerte de Jesús.

2.- Evaluación de su gestión como Prefecto y como Papa Benedicto XVI

Pero Benedicto XVI, además de un teólogo fue también un Papa que, fuertemente condicionado tanto por sus opciones teológicas y espirituales como por los diagnósticos reseñados, adoptó toda una serie de decisiones que fueron -y siguen siendo- objeto de una fundada crítica.

Como ya he adelantado, la primera de sus encíclicas sobre el amor de Dios (“Deus caritas est”) tuvo excelente acogida. Fueron muchas las personas que quedaron gratamente sorprendidas por su tono propositivo, casi en las antípodas del autoritativo –y hasta polémico- del que había hecho uso el cardenal J. Ratzinger durante su mandato como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Sin embargo, una vez reposadas las sorpresas iniciales, se empezó a evidenciar que bastantes diagnósticos y posicionamientos personales en su época de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe -e, incluso, de tiempos anteriores- acabaron, más tarde o más temprano, en decantamientos doctrinales y en decisiones jurídico-pastorales, altamente cuestionables; y, a veces, en las antípodas de lo aprobado por la mayoría en el Concilio Vaticano II y ratificado por Pablo VI.

Me limito solo a reseñar, por razones de brevedad, algunas de ellas.

1.- Sus criticas valoraciones sobre la renovación litúrgica de Pablo VI de la que no se habia cansado de decir que habia producido “unos daños extremadamente graves”. A tal diagnóstico sucedió su contrarreformista decisión de recuperar la misa en latín, satisfaciendo, de esta manera, su personal comprensión de lo que se debía entender por “tradición viva” en el ámbito de la liturgia.

2.- Su duro e injusto diagnóstico sobre el papel de los teólogos en el concilio y en el tiempo de recepción del mismo: al decir de J. Ratzinger, con la autoconciencia de ser los únicos representantes de la ciencia, por encima de los obispos y su posterior intento de recolocarlos -siendo ya Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe- como simples difusores del magisterio, nunca -o casi nunca- como personas capacitadas para ayudar en su elaboración.

3.- Su crítica -que hoy resuena como marcadamente impertinente, además de falsa y prejuiciosa- sobre la debilidad magisterial de una buena parte de los obispos, particularmente en el Concilio. Y su conclusión de que, como consecuencia de tal debilidad, acabaron dando alas a la llamada “Iglesia popular”. A él, juntamente con Juan Pablo II, se debe la desaparición, a partir de 1985, del imaginario conciliar de la Iglesia, “pueblo de Dios”, en favor de la Iglesia como “comunión”.

4.- Su llamada de atención sobre el peligro de división y fragmentación que amenazaban a la Iglesia postconciliar cuando se reivindicaban la colegialidad episcopal y la corresponsabilidad bautismal y, en coherencia con dicho diagnóstico, la posterior pérdida de entidad magisterial de las conferencias episcopales. Y con ella, la increíble prohibición de que los sínodos pudieran formular peticiones de revisión sobre las cuestiones reservadas a la Santa Sede. Pero, de manera particular, su decantamiento por una forma de ejercicio del primado que -fundamentado en la división entre el “poder de orden” y el “poder de jurisdicción”- acabó recreando el existente antes del encuentro conciliar, tanto durante el pontificado de Juan Pablo II como en el suyo; y, de esta manera, desactivando una de las aportaciones más definitivas del Vaticano II.

5.- El debate, mantenido, entre otros, con W. Kasper, sobre su tesis, referida a la supuesta precedencia “lógica y ontológica de la Iglesia universal sobre la Iglesia local”, entendiendo por “Iglesia universal”, la Iglesia de Roma. En esta confrontación se evidenció, con toda claridad, su voluntad de revisar el número 11 del decreto conciliar “Christus Dominus” cuando sostiene que en la diócesis “se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo que es una, santa, católica y apostólica”. Fue un debate en continuidad con la restauración que, liderada por Juan Pablo II y él mismo, no solo pretendía consolidar un preconciliar centralismo vaticano sino también reforzar una concepción monárquica y autoritaria del papado, en nombre -una vez más- del cuidado y preservación de la unidad (más bien, uniformidad) católica.

6.- Su obsesión sobre una supuesta reaparición del “mesianismo marxista” y su impregnación en las formas utópicas de la teología de la liberación a las que ya me he referido más arriba.

7.- Sus permanentes llamadas de atención sobre la dictadura del relativismo y su descuidado (por desmedidamente autoritativo y poco articulado) discurso sobre la prevalencia de la verdad sobre la libertad y también sobre los derechos humanos en el seno de la Iglesia.

8.- Su apuesta y reforzamiento de la “Professio fidei” y de la puesta en funcionamiento de una nueva forma de magisterio infalible y no definido que son las llamadas “verdades definitivas”; una extralimitación teológica y dogmática que sigue bloqueando, entre otros puntos, la posibilidad -por coherencia con lo dicho y hecho por Jesús- el acceso de las mujeres al sacerdocio ministerial e, igualmente, la recepción del diaconado, a pesar de las dos comisiones promovidas por el Papa Francisco.

9.- Y, sin ánimo  de agotar todo el elenco, no tener debidamente presente la cuidadosa articulación entre escritura y magisterio alcanzada en el Vaticano II; conceder una desmedida importancia a un magisterio eclesial comprendido más en clave infalibilista que como fraternal testimonio para sostener en la fe y desplegar una exégesis canónica manifiestamente mejorable en su articulación con la investigación histórica.

Epílogo

Queda pendiente asomarse a su etapa como Papa emérito, a sus promesas de no interferir en el gobierno de su sucesor, dedicarse a la oración y guardar silencio; a las manipulaciones de que ha sido objeto y a sus desmarques, a veces, sorprendido de las mismas; a sus declaraciones, no siempre felices, pero coherentes, en todo momento, con las opciones teológicas y dogmáticas que he tratado de reseñar en estas líneas y a un largo etcétera.

Es una tarea que queda para otra ocasión y momento.

Descanse en la paz del Dios de la misericordia, la Verdad que sigue consolando y estimulando a quienes aguardamos encontrarnos un día con Ella, como ya lo ha hecho nuestro hermano J. Ratzinger – Benedicto XVI.

Jesús Martínez Gordo teólogo

El Papa en El Congo

El Papa condena el «colonialismo económico» de los países ricos que ha «ensangrentado» los diamantes de RD del Congo

Historia de Europa Press 

«África no es una mina que explotar ni una tierra que saquear», denuncia

El Papa en una foto de archivo

El Papa ha condenado el «colonialismo económico» de los países ricos que ha «ensangrentado» los diamantes de República Democrática del Congo y, en su primer discurso en el país donde permanecerá cuatro días antes de trasladarse a Sudán del Sur, también ha defendido que «África no es una mina que explotar ni una tierra que saquear».

«Tras el colonialismo político, se ha desatado un colonialismo económico igualmente esclavizador. Así, este país, abundantemente depredado, no es capaz de beneficiarse suficientemente de sus inmensos recursos: se ha llegado a la paradoja de que los frutos de su propia tierra lo conviertan en «extranjero» para sus habitantes», ha señalado el Pontífice.

Francisco ha llegado a las 14:38 (hora local) al aeropuerto internacional de N’djili, en Kinshasa, donde ha sido recibido por el primer ministro del país, Anatole Collinet Makosso. Después se ha trasladado en coche al Palacio de la Nación -a 29 kilómetros del aeropuerto- donde se ha reunido en privado con el presidente, Félix Antoine Tshisekedi Tshilombo. Una vez en el jardín, el Papa ha pronunciado su discurso a las autoridades, en el que ha señalado que «el veneno de la avaricia ha ensangrentado sus diamantes».

«Es un drama ante el cual el mundo económicamente más avanzado suele cerrar los ojos, los oídos y la boca», ha denunciado el Papa que ha instado a respetar al país y ha reservarle espacio y atención en la agenda internacional. «No toquen la República Democrática del Congo, no toquen África. Dejen de asfixiarla, porque África no es una mina que explotar ni una tierra que saquear», ha exclamado el Papa.

Del mismo modo, ha reprochado a la comunidad internacional que «casi se haya resignado a la violencia que lo devora». «No podemos acostumbrarnos a la sangre que corre en este país desde hace décadas, causando millones de muertos sin que muchos lo sepan», ha dicho.

El Pontífice también se ha referido al «carácter polifacético» del RDC donde conviven más de 200 grupos étnicos y ha defendido que «es una riqueza que hay que cuidar, evitando caer en el tribalismo y la contraposición».

«Tomar partido obstinadamente por la propia etnia o por intereses particulares, alimentando espirales de odio y violencia, va en detrimento de todos, ya que bloquea la necesaria ‘química del conjunto'», ha asegurado el Pontífice, que no se desplazará a Kivu del Norte, una zona donde hay activas más de 100 milicias muy violentas que combaten entre sí para apropiarse de la explotación de minas de coltán.

El Papa ha pedido que la violencia y el odio «no tengan ya cabida en el corazón ni en los labios de nadie, porque son sentimientos antihumanos y anticristianos que paralizan el desarrollo y hacen retroceder, hacia un pasado oscuro». Así, ha lamentado que la República Democrática del Congo está «atormentada por la guerra» y siga sufriendo, dentro de sus fronteras, «conflictos y migraciones forzosas, y continúa padeciendo terribles formas de explotación, indignas del hombre y de la creación».

«Este inmenso país lleno de vida, este diafragma de África, golpeado por la violencia como un puñetazo en el estómago, pareciera desde hace tiempo que está sin aliento», ha señalado el Papa tras condenar los deplorables intentos de fragmentar el país.

Este miércoles por la mañana, el Pontífice celebrará la Santa Misa en el Aeropuerto Ndolo. Por la tarde tendrá lugar el encuentro con las víctimas del Oriente del país y el encuentro con representantes de organizaciones benéficas, ambos en la Nunciatura Apostólica

El jueves por la mañana, el Papa mantendrá un encuentro con jóvenes y catequistas en el Estadio de los Mártires, lugar que se ha visto afectado por las lluvias torrenciales que están azotando la capital. De hecho, el escenario ha sufrido desperfectos, aunque ya se está trabajando para volverlo a acondicionar. La última visita de un pontífice a la capital congoleña, Kinshasa fue en agosto de 1985, cuando el entonces papa Juan Pablo II permaneció dos días en ese país, que entonces se llamaba Zaire. El Papa Francisco estuvo por última vez en África en 2019 con un viaje a Mozambique, Madagascar y Mauricio.

Benedicto XVI – Un Papa de la vieja cristiandad –

Por Leonardo Boff

Siempre que muere un Papa toda la comunidad eclesial y mundial se conmueve, pues ve en él el confirmador de la fe cristiana y el principio de unidad entre las varias iglesias locales. Pueden hacerse muchas interpretaciones de la vida y de los actos de un Pontífice. Haré una a partir de Brasil (de América Latina), seguramente parcial e incompleta.

Es importante constatar que en Europa viven solo el 23,18% de los católicos y en América Latina el 62%, el restante en África y Asia. La Iglesia Católica es una Iglesia del Segundo y del Tercer mundo. Probablemente los futuros Papas vendrán de esas Iglesias, llenas de vitalidad y con nuevos estilos de encarnar el mensaje cristiano en las culturas no occidentales.

Con referencia a Benedicto XVI conviene distinguir al teólogo Joseph Ratzinger del Pontífice Benedicto XVI.

El teólogo Joseph Alois Ratzinger fue un típico intelectual y teólogo centroeuropeo, brillante y erudito. No fue un creador, sino un eximio expositor de la teología oficial. Esto aparecía claramente en los varios diálogos públicos que mantuvo con ateos y agnósticos.

No introdujo visiones nuevas, pero dio otro lenguaje a las ya tradicionales, fundadas especialmente en San Agustín y San Buenaventura. Tal vez sea algo nuevo su propuesta de la Iglesia como un pequeño grupo altamente fiel y santo en “representación” de la totalidad. Para él no era importante el número de los fieles. Era suficiente el pequeño grupo altamente espiritual que está en lugar de todos. Sucede que dentro de ese grupo de puros y santos hubo pedófilos y personas envueltas en escándalos financieros, lo que desmoralizó su comprensión de representación.

Benedicto XVI alimentaba el sueño de recristianizar Europa bajo la hegemonía de la Iglesia Católica, un sueño considerado inviable porque la Europa de hoy, con tantas revoluciones que ha hecho y con la introducción de valores democráticos, no es la misma del imaginario de estilo medieval, con su síntesis entre fe y razón. Ese ideal no encontró resonancia por ser extemporáneo y raro.

Otra posición singular, objeto de una polémica interminable conmigo, que obtuvo resonancia en la Iglesia, fue la interpretación de que la “Iglesia Católica es la única Iglesia de Cristo”. Las discusiones conciliares y el espíritu ecuménico cambiaron “es” por “subsiste”. Se abría así un camino para que en otras Iglesias “subsistiese” también la Iglesia de Cristo. Ratzinger siempre afirmó que ese cambio era solo un sinónimo de “es”, lo que la investigación minuciosa de las actas teológicas del Concilio no confirmó. Pero siguió sustentando su tesis. Afirmó además que las otras Iglesias no son iglesias, sino que poseen solamente elementos eclesiales.

Llegó a afirmar, varias veces, que mi posición se había difundido entre los teólogos como algo común, lo que motivó nuevas críticas por parte del Papa. No obstante, se fue quedando aislado, pues había provocado gran decepción en las demás iglesias cristianas, como la luterana, la baptista, la presbiteriana y otras, por cerrar las puertas al diálogo ecuménico.

Entendió la Iglesia como una especie de castillo fortificado contra los errores de la modernidad, colocando la ortodoxia de la fe, ligada siempre a la verdad (su tonus firmus), como referencia principal. No obstante su carácter personal sobrio y cortés, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe se mostró extremadamente duro e implacable. Cerca de cien teólogas y teólogos, de los más preeminentes, fueron sentenciados o con la pérdida de la cátedra, o con la prohibición de enseñar y escribir teología o, como en mi caso, con “silencio obsequioso”.

Así, nombres notables de Europa como Hans Küng, Edward Schillebeeckx, Jacques Dupuis, B. Häring, J. M. Castillo entre otros. En América Latina, el fundador de la Teología de la Liberación, el peruano Gustavo Gutiérrez, el hispanoamericano Jon Sobrino, la teóloga Ivone Gebara, censurada, así como el autor de estas líneas.

 En Estados Unidos hubo otros, como Charles Curran y R. Haight. Hasta fueron prohibidos los libros de un teólogo indio ya fallecido, el padre Anthony de Mello, así como T. Balasurya de Sri Lanka que fue excomulgado.

Los/las teólogos/as de América Latina, decepcionados, nunca acabamos de comprender por qué prohibió la colección “Teología y Liberación”, de 53 volúmenes, que incluía a decenas de teólogos y teólogas (se publicaron unos 25 tomos), destinada a subsidiar los seminarios, las comunidades eclesiales de base y los grupos cristianos comprometidos con los derechos humanos. Era la primera vez que se producía una obra teológica de envergadura fuera de Europa, con resonancia mundial. Pero fue pronto abortada. El teólogo Joseph Ratzinger no se mostró amigo de los amigos de los pobres. Eso entrará negativamente en la historia de la teología.

Son muchos los teólogos que afirman que estaba obsesionado con relativismo y el marxismo, aunque este hubiese fracasado en la Unión Soviética. Publicó un documento sobre la teología de la Liberación, Libertatis nuntius (1984), lleno de advertencias pero sin una condena explícita. Otro documento posterior, Libertatis conscientia (1986), destaca los elementos positivos pero con demasiadas restricciones. Podemos decir que nunca entendió lo central de esa teología: la “opción por los pobres contra su pobreza y por su liberación”, que hacía de los pobres protagonistas de su liberación y no meros destinatarios de la caridad y del paternalismo. Esa era la visión tradicional y la del Papa Benedicto XVI. Sospechaba que había marxismo dentro de ese protagonismo de la fuerza histórica de los pobres.

Como Pontífice, Benedicto XVI inauguró el “Retorno a la Gran Disciplina”, con clara tendencia restauradora y conservadora, hasta el punto de reintroducir la misa en latín y de espaldas al pueblo. Causó extrañeza general en la propia Iglesia cuando en el año 2000 publicó el documento “Dominus Iesus”. En él reafirma la vieja doctrina medieval superada por el Concilio Vaticano II, según la cual “fuera de la Iglesia Católica no hay salvación”. Los no-cristianos corrían grave peligro. Nuevamente negó el calificativo de “iglesia” a las demás Iglesias, lo que provocó irritación general. Serían solamente comunidades eclesiales. Con toda su sagacidad polemizó con los musulmanes, con los evangélicos, con las mujeres y con el grupo integrista contrario al Vaticano II.

Su forma de conducir la Iglesia no mostraba el carisma, tan fuerte en Juan Pablo II. Se orientaba más por la ortodoxia y por el celo vigilante de las verdades de la fe que por la apertura al mundo y por una relación de ternura con el pueblo cristiano, como aparece fuertemente en el Papa Francisco.

Fue un genuino representante de la vieja cristiandad europea con su pompa y poder político-religioso. Desde la perspectiva de la nueva fase de la planetización, la cultura europea, rica en todos los campos, se ha encerrado en sí misma. Raramente se ha mostrado abierta a otras culturas como las antiguas de América Latina, África y Asia, lo cual se ha mostrado en el proceso de evangelización, que implicaba una occidentalización de la fe. Nunca se liberó de una cierta arrogancia de ser la mejor y en nombre de eso colonizó todo el mundo, tendencia aún no totalmente superada.

No obstante las limitaciones, por sus virtudes personales y por la humildad de haber renunciado al munus papal al haber llegado al límite de sus fuerzas, seguramente se contará entre los bienaventurados.


*Leonardo Boff, teólogo católico brasilero

Persecución religiosa en Nicaragua

Más sacerdotes exiliados y desterrados: la persecución religiosa de Ortega no cesa en Nicaragua

Monseñor Rodrigo Urbina

Historia de Wilfredo Miranda 

Monseñor Rodrigo Urbina llegó a tiempo al aeropuerto de Miami el viernes 27 de enero para tomar el avión que lo llevaría de regreso a Nicaragua, donde es párroco de la iglesia San Juan Bautista, un templo enclavado en el barrio indígena de Sutiaba en la ciudad de León. Todo marchaba bien hasta que los dependientes de la aerolínea le notificaron que las autoridades de su país, es decir el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, no habían permitido su ingreso. No pudo abordar y desde ese momento el religioso quedó desterrado, presa de una medida represiva que otros sacerdotes ya han experimentado en los últimos meses, en medio de la persecución religiosa que la pareja presidencial mantiene contra la Iglesia católica.

El destierro de monseñor Urbina ha sido confirmado por fuentes eclesiales, entre ellas el vicario general de la Arquidiócesis de Managua, monseñor Carlos Avilés, una de las pocas voces pastorales que aún responde las consultas de los periodistas en un ambiente de terror para los religiosos católicos. Los párrocos sufren sistemático hostigamiento policial y judicial por criticar las violaciones a los derechos humanos por parte del oficialismo desde abril de 2018, cuando policías y paramilitares cometieron una matanza de más de 350 personas, el saldo más fatal de una represión muy variada y encarnizada.

El temor difícilmente se matiza en las iglesias y hasta en los seminarios. El pasado 29 de enero, durante la misa dominical, el Cardenal Leopoldo Brens dijo en el púlpito que “un grupo” de neocatecúmenos extranjeros recientemente ordenados sacerdotes pidieron regresar a sus países de origen. “El cardenal no tiene que decir las razones, pero evidentemente esos hermanos recién ordenados no quieren prestar servicios bajo estas circunstancias”, dijo una fuente católica que pide anonimato.

Ni la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) ni el Vaticano han dicho cuántos sacerdotes —como monseñor Urbina, quien tampoco ha respondido a las consultas de EL PAÍS— han sido desterrados. Mucho menos el número de párrocos que se han exiliado para escapar de la persecución religiosa. De acuerdo a un recuento hecho por EL PAÍS sobre los casos denunciados públicamente, hasta la fecha cinco sacerdotes han sido desterrados. Mientras que 10 religiosos (un obispo, ocho sacerdotes y un seminarista) han huido de Nicaragua. Sin embargo, defensores de derechos humanos y hasta el titular de la Diócesis de Danlí en Honduras, monseñor José Canales, creen que el número de sacerdotes y religiosos católicos es mayor.

En septiembre pasado, Canales le dijo al diario La Prensa —cuya redacción fue confiscada por los Ortega-Murillo— que ha tenido intercambios vía electrónica “con sacerdotes en situación de riesgo”. “Ellos me han hablado de otros compañeros y el cálculo que yo hago es que unos 50 sacerdotes están con la idea de salir de Nicaragua porque ya no soportan el acoso”, dijo. La mayoría, continuó el obispo de Danlí, piensan solicitar refugio en Costa Rica y Honduras.

En San José, la capital costarricense, el abogado Gonzalo Carrión dijo a El PAÍS que desde su organización, Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, dan acompañamiento a dos sacerdotes exiliados cuyos nombres se mantienen en reserva. “No te puedo hablar de una cifra, pero hay muchos casos que no se denuncian por temor”, afirma Carrión, también perseguido y exiliado.

“Vemos un desplazamiento forzado de sacerdotes y personas relacionadas a la Iglesia católica. Es la continuación de los crímenes de lesa humanidad en Nicaragua. Esto ha dado pie al estado de terror que se vive, perpetrado por un régimen totalitario que en 2022 aplicó cárcel a sacerdotes y privó de su libertad a un obispo”, agrega Carrión. “El año pasado Nicaragua vivió un desplazamiento forzado nunca visto; miles y miles de ciudadanos de todos los territorios que se han ido hacia Estados Unidos y Costa Rica, entre ellos personas que se declaran exiliados. Los sacerdotes no han escapado de esta tragedia”.

Un obispo enjuiciado

El caso de exilio forzado más conocido es el del obispo Silvio Baéz, quien se estableció en Miami desde abril de 2019. Pero ahora se suman otros, como el del padre Uriel Vallejos, quien solicitó refugio en Costa Rica, después de huir de la cacería que la policía inició contra la diócesis de Matagalpa y sus iglesias en agosto de 2022. En ese contexto de persecución fue capturado el obispo Rolando Álvarez, el integrante de mayor rango de la Iglesia católica que hasta ahora ha sido sometido a un juicio político por cometer los supuestos delitos de “menoscabo a la integridad nacional” y “propagación de noticias falsas”, mientras el régimen giró un oficio de captura contra Vallejos a la Interpol.

Álvarez es una de las voces destacadas de la Iglesia católica en Nicaragua, y azote moral contra el régimen sandinista. El prelado es mantenido bajo casa por cárcel y los Ortega-Murillo le ofrecen destierro a cambio de su libertad. Sin embargo, el obispo se ha negado rotundamente a irse de su patria, razón por la cual el juicio se ha alargado y continúa en el limbo. Semanas atrás, el presidente de la CEN, el obispo Carlos Herrera, reveló que la Santa Sede inició “conversaciones” con el régimen sandinista para abordar la situación del obispo de Matagalpa, pero por el momento no han trascendido más detalles. No obstante, las relaciones de Managua con el Vaticano están “en punto muerto” desde que el nuncio Monseñor Waldemar Stanislaw fue expulsado de Nicaragua en marzo de 2022.

El pasado 26 de enero, la justicia sandinista declaró “culpables” a cuatro sacerdotes, dos seminaristas y un laico que fueron apresados junto al obispo Álvarez. La Fiscalía pide una condena de 10 años de cárcel por el delito de “conspiración”. Mientras tanto, el acoso en las parroquias se mantiene. La abogada Marta Patricia Molina ha documentado desde 2018 al menos 396 ataques contra el catolicismo por parte del régimen, de los cuales 140 se han dado en el año 2022.

Los ataques registrados incluyen ofensas, profanaciones de templos, insultos y amenazas de muerte, ataques armados, encarcelamientos, prohibición del culto y actividades religiosas, a lo que se suma el exilio. “Obligar al destierro a cualquier persona es una grave vulneración de los derechos humanos. La Constitución Política de Nicaragua garantiza la entrada y salida de los nacionales libremente. Me encuentro realizando la tercera entrega de ‘Nicaragua:¿una iglesia perseguida?’, y es evidente que este año será más nefasto que el anterior. La dictadura no da tregua alguna a los religiosos”, dijo Molina a EL PAÍS.

La abogada alerta que el acoso continúa y se ha extendido contra los laicos y a aquellos que pertenecen a grupos parroquiales que viven en el interior del país. “Los policías les han detenido momentáneamente para preguntarles acerca de las actividades que ellos como laicos realizan”, denuncia Molina.

EL AUGE DE LA DERECHA RELIGIOSA

Cuatro grupos católicos dirigidos por españoles libran en la UE una cruzada contra el feminismo

  •  One of Us, Women of the World, Profesionales por la Ética y Enraizados, ‘lobbies’ con sede o líderes españoles, despliegan en Europa su lucha contra el aborto, la «ideología de género» y los derechos Lgtbi
  •  La estrategia permite a estas entidades acceder, lejos del foco nacional, a políticos de «gran influencia». Bruselas sirve como punto de encuentro para «crear redes», señala el investigador Felipe G. Santos
Manifestación contra el aborto convocada en Madrid en abril por la asociación Enraizados, que desarrolla actividad como lobby en la UE..
Manifestación contra el aborto convocada en Madrid en abril por la asociación Enraizados, que desarrolla actividad como lobby en la UE.. Europa Press

Ángel Munárriz

Una federación europea de organizaciones «provida». Una plataforma internacional contra el feminismo y por la mujer-madre. Una organización obsesionada con meter en las aulas el «pin parental». Otra inspirada por el ejemplo Isabel la Católica. One of Us, Women of the World, Profesionales por la Ética y Enraizados tienen mucho en común: su defensa de la llamada «familia natural» –es decir, del matrimonio heterosexual con hijos, lo «tradicional»–, su lucha por la financiación pública de la educación concertada católica –lo que llaman «libertad de educación«–, su reivindicación antifeminista del rol tradicional de la mujer, su beligerancia contra la izquierda…

Y dos rasgos más: uno, que son entidades registradas como lobbies en la UE, donde tratan de impulsar políticas en línea con su ideario ultracatólico; dos, que las organizaciones o bien son españolas o bien tienen como máximos responsables a figuras españolas del movimiento integrista.

El papel de estas cuatro organizaciones es indicativo de la ambición política del movimiento ultracatólico español, que tiene un creciente peso internacional y ha fijado sus ojos en las instituciones europeas. Felipe G. Santos, investigador postdoctoral de la Universidad de la Ciudad de Londres, explica por qué la UE es un escenario óptimo para el despliegue de este tipo de grupos: «A pesar de que la UE no tiene demasiadas competencias en temas de género y derechos de las mujeres, una práctica común entre los lobbies es intentar introducir sus temas en legislación que aparentemente no tiene mucho que ver con ello. Así, intentan limitar el apoyo a políticas de planificación familiar a través de las políticas de ayuda al desarrollo. Estas prácticas también se han hecho en la comisión de industria o de comercio internacional». Además, añade, la UE permite a este tipo de grupos «enterarse fácilmente de la evolución política en cada país en los temas que les interesan» e «incidir sobre ella, porque entre los eurodiputados hay mucha gente con gran influencia». La tercera ventaja de actuar en la UE es que permite «crear redes».

Santos y su colega Dorit Geva, catedrática del departamento de Sociología y Antropología de la Universidad Centroeuropea, ya alertaron en un reciente trabajo de las técnicas de penetración usadas por el movimiento contrario al feminismo y los derechos Lgbti en la Eurocámara. En su investigación analizaron el papel de 39 grupos, entre ellos One of Us y Profesionales por la Ética. «Los lobbies están ganando peso en la UE. Bruselas es la segunda ciudad en la que se destina más dinero a la incidencia política, después de Washington. Y dentro de esta tónica general, los lobbies ultras también están creciendo de manera considerable, gracias a toda la financiación que reciben tanto desde Rusia como desde EEUU. Desde 2013, los lobbies ultracatólicos no han parado de crecer tanto en número como en tamaño y profesionalidad», afirma Santos en una consideración general, no referida específicamente a los cuatro grupos que detalla este artículo.

infoLibre preguntó a las cuatro entidades por escrito detalles sobre actividad en la UE. Sólo respondió Profesionales por la Ética, que explicó que su actividad en Bruselas es «mínima» y tiene un coste de unos 3.000 euros anuales. «En estos años hemos mantenido relación con diversas asociaciones internacionales de perfil parecido al nuestro», señala la organización, que afirma que no ha celebrado reuniones con eurodiputados.

La federación europea que lidera Mayor Oreja

De las cuatro citadas, la organización con más peso político es One of Us, una federación europea de entidades «provida» –contra el aborto y la eutanasia–, a favor de la familia tradicional, contra la educación sexual y contra el reconocimiento de derechos de las personas Lgtbi. La integran un total de 48 entidades de 20 países europeos. España es el país que más aporta, un total de 17, entre ellas faros del activismo católico derechista como la Fundación Familia y Dignidad Humana –donde coinciden cargos del PP y Vox en rechazo del aborto incluso si hay violación–, Hazte Oír –con acreditadas conexiones con la órbita del Kremlin–, Valores y Sociedad –presidida por el exministro de Interior español Jaime Mayor Oreja–, Profesionales por la Ética –próxima a Hazte Oír y Abogados Cristianos–, Foro de la Familia y Red Madre –dos clásicos del movimiento provida–.

Figura como presidente de One of Us el propio Mayor Oreja, que junto a Ignacio Arsuaga –Hazte Oír-Citizen Go– es reconocido como una de las voces más autorizadas del movimiento católico radical a nivel internacional. Organización defensora del modelo político y social de Viktor Orbán en Hungría, One of Us tiene una firme vocación de influencia en la UE. Su propia sede está en Bélgica, concretamente en la localidad de Saint Ghislain. No obstante, su oficina de relaciones con la UE tiene domicilio en la madrileña calle Montalbán. La persona jurídicamente responsable de la entidad es también española: Ana del Pino, coordinadora de One of Us, responsable de las relaciones con la UE.

One of Us dedica ocho personas a actividades de presión ante las instituciones europeas, según figura en el registro. Allí señala que su «misión» es la defensa de «cada vida humana desde la concepción a la muerte natural». La entidad, que figura inscrita como lobby desde julio de este año aunque recoge actividades anteriores, señala como políticas objeto de seguimiento aquellas que pretenden la «legalización del aborto», así como las que implican la «experimentación» con células humanas. One of Us celebró en Bruselas en mayo una «convención por el futuro de Europa» centrada en el rechazo al aborto. También participó en un foro en Madrid en diciembre de 2021 organizado por Vox y el grupo de Conservadores y Reformistas, al que pertenece el partido de Santiago Abascal. One of Us se ha movilizado contra el llamado «informe Matic», que pretende garantizar el derecho al aborto. El lobby de Mayor Oreja colabora con la Comece, el grupo de presión de las diócesis europeas, al que la Conferencia Episcopal Española dedicó 130.000 euros en 2021. Ambos incluyen en sus acciones de lobby las reuniones con eurodiputados.

No se trata del único empeño organizativo de Mayor Oreja. Si One of Us es su iniciativa para cohesionar el movimiento «provida» y contra la «ideología de género» a escala europea, en Political Network for Values –donde es presidente de honor– se entrelazan políticos conservadores europeos con americanos del norte y el sur, compartiendo apoyo a las políticas de Orbán y de los Estados republicanos de EEUU. Por último, NEOS, también apadrinada por Mayor Oreja, intenta convertirse en un referente conservador en España, dotando de cohesión organizativa y discursiva al movimiento.

«Esposa y madre» es «lo que me define»

Con sede en Pozuelo de Alarcón, habitual de los listados de municipios más ricos de España, Women of the World (WoW) es una plataforma internacional de organizaciones que reivindican el rol tradicional de la mujer, oponiéndose a lo que llaman «feminismo radical». Se presenta como una red apoyada por 146 ONG de 47 países, que suscriben una declaración según la cual «en los países occidentales las mujeres son hoy discriminadas por su maternidad». Las organizaciones fundadoras son la española Profesionales por la Ética, la belga Woman Attitude y la francesa Femina Europa. Entre las asociadas está Citizen Go, rama internacional de Hazte Oír.

La coordinadora general y máxima responsable de WoW es Leonor Tamayo, que se presenta como «esposa y madre de diez hijos». «Eso es lo que realmente me define», dice. Se trata de una figura ya clásica del activismo católico español, donde lleva dando que hablar al menos desde 2007. Entonces tanto ella como su marido presentaron en el colegio de sus hijos, un concertado en Pozuelo, una declaración de objeción de conciencia contra la asignatura Educación para la Ciudadanía. «La muestra de lo que va a ser la Educación para la Ciudadanía es que las organizaciones de homosexuales […] acaban de recordar que esta materia escolar es importante como avance […]», alegaba para justificar su insumisión. Tamayo fue en 2015 la anfitriona de un significativo homenaje: el brindado por Profesionales por la Ética, organización de la que proviene, a los diputados más antiabortistas del PP, enfrentados con Mariano Rajoy. Allí estaba la diputada del PP Lourdes Méndez, hoy en el Congreso con Vox y el miembro del partido con mayor peso en el lobby ultracatólico. Acudieron a aquel homenaje figuras hoy destacadas de Vox –entonces un partido marginal– como Santiago Abascal, Iván Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio.

La coordinadora general de WoW es tanto la persona jurídicamente responsable de la organización como la encargada de las relaciones con la UE, en cuyo registro de transparencia figura desde 2018. WoW, que dedica cuatro personas a tareas de lobby, se presenta en el registro de la UE como «la voz de las mujeres que hablan en términos de mujer». Su misión: «Evitar que desde las instituciones y organismos internacionales, o desde los gobiernos nacionales, se promulguen leyes o resoluciones que ignoren, anulen o desprecien la identidad femenina, el valor y la dignidad de la maternidad, o la dedicación prioritaria a la familia». También «devolverle a la mujer su verdadera y completa identidad, en complementariedad con el hombre». La entidad se declara con «interés» en iniciativas de la UE como el «compromiso estratégico para la igualdad entre mujeres y hombres 2016-2019» o «plan de acción de género 2016-2020». Entre sus actividades cubiertas por el registro de la UE figuran un «informe sobre mobbing maternal o el «proyecto 1.000 maneras de ser mujer».

Un ariete por el «pin parental»

Profesionales por la Ética, además de pertenecer a Women of the World, es una organización registrada por sí misma como lobby en la UE desde 2014. Nacida en 1992 tras la IV Jornada Mundial de la Juventud en Czestochowa (Polonia), bajo la inspiración de Juan Pablo II, tiene entre sus fines combatir «la cultura de la muerte y la ideología de género». Es una de las organizaciones que más ha empujado para convertir el «pin parental» en un ariete de Vox. Ha estado vinculada a Profesionales por la Ética Alicia Rubio, diputada de Vox en la Asamblea de Madrid.

Con sede –también– en Pozuelo, el presidente de Profesionales es el consultor Miguel Gómez de Agüero, que a su vez es la persona jurídicamente responsable de la entidad y su encargado de relaciones con la UE. La entidad, con dos personas dedicadas a trabajos de presión e influencia en la UE, se declara interesada en las políticas que tengan relación con los siguientes temas: «derecho a la vida, derechos de la familia, libertad de educación, protección del menor, libertad y objeción de conciencia profesional«. Dentro de sus actividades como lobby ante la UE registra una campaña «contra las leyes autonómicas sobre la igualdad y no discriminación de LGTB», divulgación a favor del «pin parental» o «concienciación sobre la eutanasia».

Contra la ofensa religiosa

Enraizados es una organización próxima a Hazte Oír, Profesionales por la Ética y la Asociación Española de Abogados Cristianos. Se trata de uno de los terminales más activos del movimiento, integrado tanto en Women of the World como en las plataformas Pin Parental y Los 7.000, esta última contra la eutanasia.

Su afán principal es defender los símbolos religiosos de toda ofensa, lo que ha llevado a Enraizados a denunciar a las activistas de Femen por su irrupción sin camiseta en una marcha católica, a recoger firmas contra la colocación de la conocida como «estatua del diablillo», en Segovia, y a lanzar campañas contra la exhumación de Franco, contra la posible expulsión de los monjes benedictinos del Valle de los Caídos y contra el hipotético derribo de su gigantesca cruz. He aquí otras campañas de Enraizados. «Firma: Metro de Madrid dará pases gratuitos a transexuales. ¿Por qué a ti y a mí no?». «Defiende la libertad religiosa y de expresión ante los ataques injustificados y totalitarios al obispo de Granada por publicar Cásate y sé sumisa». «PSOE y Podemos quitan la Misa de TVE. Pide al Defensor del Pueblo que defienda a los católicos».

Enraizados se declara inspirada por el legado de Isabel La Católica, cuya «reivindicación» es «la mejor forma de iluminar algunos de los principales problemas a los que nos enfrentamos». ¿Por qué? «En Isabel encontramos un ejemplo práctico del papel de la mujer, esposa, madre, trabajadora (como Reina)». La asociación imparte cursos de «doctrina social de la Iglesia» y «matrimonio, sexualidad y familia», porque «llegó la hora de devolverle a la sexualidad su contexto: ¡el del amor fiel y comprometido!». Al activismo contra el aborto y la eutanasia, contra el «lobby gay» y el «adoctrinamiento» en las aulas, Enraizados suma la glorificación del pasado español.

Con sede en Madrid, Enraizados está inscrita como lobby en la UE desde 2017. Su presidente es José Castro, jurídicamente responsable de la organización ante la UE ¿En qué políticas se interesa? En las que tienen que ver con la «libertad religiosa» en España y China, con la «migración», con la «solidaridad e integración de los refugiados», con la «libertad de educación», con la «defensa de los cuidados paliativos frente a la eutanasia», con la «defensa de la familia» y con la «protección de toda vida humana». Dentro de actividad como lobby, a las que dedica una persona, Enraizados ha desarrollado acciones como «peticiones por la defensa de la libertad religiosa, la libertad de educación y la defensa de la vida», la publicación del libro Hogares de amor y perdón y un estudio sobre «cristianofobia en Nigeria».

Benedicto XVI y los obispos españoles

Obispos españoles

Ratzinger impulsó, con Juan Pablo II, cinco líneas de fuerza que también marcan su papado. Y, por supuesto, el episcopado y la Iglesia española de los últimos decenios

El resultado va a ser, un pontificado y un episcopado español abonados a una lectura preconciliar e involutiva del Vaticano II -de puertas adentro- y a una restauración -de puertas afuera- presidida por la reimplantación de una sociedad neocristiana, en nombre de la Verdad, y con olvido de una consensuada convivencia entre diferentes, a la vez, empática y crítica

Por Jesús Martínez Gordo

Si bien es cierto que, entre los obispos españoles en activo existen diferentes sensibilidades, no lo es menos que hay una dominante, en total sintonía con la lectura involutiva que se empieza a realizar del Vaticano II en el pontificado del Papa Juan Pablo II, con la ayuda inestimable de J. Ratzinger, futuro Benedicto XVI: desde la finalización del concilio -se le oía decir entonces y, luego, a lo largo de su pontificado (2005-2013)- estamos asistiendo a una rápida secularización o solapamiento del misterio de Dios en la sociedad y a la mundanización de la Iglesia, sin que los obispos, los cristianos y las comunidades estén afrontando tales hechos con la lucidez y el coraje requeridos.

Repasando este diagnóstico, se confirma -como ya denunciaron los críticos en su día- que se trata de un análisis al servicio, en primer lugar, de una forma de papado, gobierno eclesial y magisterio teológicamente superada en el Vaticano II, es decir, involutiva. Y, en segundo lugar, por dar alas a un modo de presencia en la sociedad -que tutelar- es más propio de un régimen de neocristiandad y restauracionista que de un tiempo secular y aconfesional o laico como el nuestro, al menos en Europa occidental. No extraña, por ello, que impulsara, con Juan Pablo II, cinco líneas de fuerza que tambien marcan su papado. Y, por supuesto, el episcopado y la Iglesia española de los últimos decenios.

Según la primera de ellas, urge reafirmar la centralidad del primado del sucesor de Pedro -y de su Curia- frente a la conciliar doctrina de la colegialidad o co-gobernanza episcopal. Esta apuesta acabará recuperando un papado y una curia marcadamente centralistas que, ya incubados en el pontificado de Pablo VI, alcanzan su pleno desarrollo en los de Juan Pablo II y en el suyo. De acuerdo con la segunda de las apuestas, hay que contar con un nuevo Código de Derecho Canónico que corrija algunos de los “errores” interpretativos a los que se viene prestando el Vaticano II y que, a la vez, salga al paso de los vacíos dejados por los padres conciliares. La tercera pasa por promover, en coherencia con tal reafirmación del centro eclesial, obispos que, de hecho, sean más delegados o vicarios del Papa que sucesores de los apóstoles, “casados” con sus respectivas diócesis.

Por la cuarta de las apuestas, se busca contar con correas de transmisión que, relegando a otros colectivos más comprometidos en la promoción de la justicia y liberación de los últimos del mundo, sintonicen con el nuevo modelo de Iglesia que se está impulsando. Es la tarea que se asigna a los llamados “nuevos movimientos” y en la que éstos se van a implicar gustosamente. Y, para acabar, defender, en relación con la sociedad civil, la Verdad que -entregada por Dios en Jesús y transmitida a las generaciones posteriores -gracias al cauce de la tradición viva de la Iglesia- es autentificada por los obispos, presididos por el sucesor de Pedro.

El resultado va a ser, un pontificado y un episcopado español abonados a una lectura preconciliar e involutiva del Vaticano II -de puertas adentro- y a una restauración -de puertas afuera- presidida por la reimplantación de una sociedad neocristiana, en nombre de la Verdad, y con olvido de una consensuada convivencia entre diferentes, a la vez, empática y crítica. Poco o nada que ver con lo aprobado en el Concilio. Y mucho que ver con la llegada del cardenal Angel Suquía a la presidencia de la Conferencia Episcopal Española (1987). Desde entonces, se puede aplicar, a los obispos nombrados -e, incluso, a los elegidos en nuestros días- lo que en su día dijo el cardenal V. Tarancón, refiriéndose a algunos de sus compañeros de aquellos años: padecen torticolis de tanto mirar al Vaticano.

Obispos españoles

El éxito de este modelo de obispos en España es perceptible tanto en la forma de gobernar sus respectivas diócesis, como, de manera particular, en los diferentes diagnósticos -teológicos y sociales- y planes de acción pastoral que vienen promoviendo desde que son una mayoría aplastante. La lectura detenida de los mismos -imposible de explicitar en esta ocasión- permite percatarse de lo extendidas que se encuentran las cinco apuestas reseñadas más arriba como líneas de fuerza, tambien, del pontificado de Benedicto XVI.

Afortunadamente, el Papa “venido del fin del mundo” quiere leer el Vaticano II a partir de lo aprobado por la mayoría y mantener una relación adulta con la sociedad civil, sin falsos tutelajes. Pero se encuentra con un episcopado -en este caso, el español, aunque no solo- nombrado para otra tarea que poco o nada tiene que ver con lo que, por fidelidad a dicho Vaticano II, él propone. Se trata de un episcopado que, pillado con el pie cambiado, prefiere callar, mirar a otro lado o hacer lo imprescindible para no desentonar y, sobre todo, esperar a un nuevo tiempo.

Se trata de un episcopado que, pillado con el pie cambiado, prefiere callar, mirar a otro lado o hacer lo imprescindible para no desentonar y, sobre todo, esperar a un nuevo tiempo

Disfruta, hermano J. Ratzinger – Benedicto XVI, de la Vida en plenitud, otro de “los mil nombres” de lo que decimos cuando decimos “Dios”. Somos muchos los que experimentamos y sabemos contigo que nuestra existencia es un murmullo, un chispazo o un finito y limitado destello de dicha Vida. El Nazareno -de quien tanto hablaste y a quien seguimos- nos confirma en la bondad, verdad y belleza de dicha convicción, indicándonos, además, cómo vivir nuestra existencia -con sus claroscuros- como una anticipación de tal Vida en plenitud. Gracias por lo que pueda corresponderte en esta esperanzada convicción.

Benedicto XVI: el destino del Papa maestro

Hay frases que pueden marcar o al menos definir un destino. “Creo que, puesto que Dios hizo un Papa maestro, quiso precisamente que este aspecto de la reflexión, y de manera especial la lucha por la unidad de la fe y la razón, pasara a primer plano”. Son palabras pronunciadas por Benedicto XVI en 2010, en el libro de entrevistas A luz do mundo . Había llegado al pontificado, tras pasar muchos años como presidente de la Comisión de Fe y siendo claramente la cabeza teológica de Juan Pablo II ., el Papa más «político», con quien durante unos treinta años había promovido, sin concesiones, una exigente reagrupación doctrinal de la Iglesia. La redacción del Catecismo de la Iglesia Católica, cuidadosamente supervisada por él, fue la ideología que, declarada de autoridad pontificia, pretendió imponer como norma y criterio para la catequesis e incluso para la teología.

 De hecho, el prestigio de un profesor alemán, junto con una rica trayectoria de publicaciones teológicas, lograron introducir en el ambiente un sentido de dignidad cultural para el anuncio de la fe cristiana. Respondía así a una necesidad global de actualización, que el Concilio Vaticano II había reconocido y proclamado solemnemente. Era urgente tras la severa crisis de la Ilustración, que puso en crisis el papel destacado con el que el cristianismo había marcado la cultura occidental durante un milenio y medio y desde entonces, en buena medida, también la del mundo.

Él, no sólo por formación, sino por haber participado personalmente en el Consejo, parecía bien preparado para emprender la alta tarea. Y decidió afrontarlo, continuando, con otro estilo pero con la misma actitud de cierto mesianismo salvador, el camino ya emprendido junto al anterior Papa, Juan Pablo II. Pero sucede que, llegados a este punto, todo parece confirmar lo que gran parte de los teólogos han denunciado desde el principio. El Concilio había abierto las puertas a una revolución evangélica, y lo que estos dos Papas pretendían imponer era una renovación del compromiso, con arreglos de forma y acomodación de estilo, que al final no hacían más que apuntalar el mismo viejo edificio. Se procedió a través de una hermenéutica restauradora del mensaje conciliar, con el fortalecimiento de la autoridad central,

Si Juan Pablo II insistió sobre todo en la disciplina de un gobernante fuerte y experimentado, Benedicto XVI se centró en la teología. Publicó, siguiendo también el estilo del anterior, algunos documentos excelentes, como Deus caritas est (Dios es amor ), Spe salvi (Salvados por la esperanza ) y Caritas in veritate La caridad en la verdad ), que fueron luminosos y esperanzadores . , pues se centraron en los anuncios centrales de la fe, evitando los temas colaterales y discutibles.

Pero, en cuanto a los esfuerzos relacionados con una actualización teológica sustantiva, traicionó su interpretación del servicio papal, considerándose a sí mismo como un «papa maestro»: pensó que su autoridad pastoral como anunciador de la fe y animador de vida en un sentido evangélico, lo invistió también con el poder de controlar el «servicio teológico». Convirtió su teología en un modelo de teología. En consecuencia, prosiguió, reforzando con nueva autoridad papal, el control autoritario que había ejercido como prefecto de la doctrina de la fe. Las censuras, los procedimientos y las exclusiones de lo que sonaba a renovación fundamental se multiplicaron, imponiendo los textos de los representantes de la restauración teológica en la enseñanza más o menos oficial. Simplificando: Hans Urs von Balthasar contra Karl Rahner.

Sobre el segundo, incluso dijo: “Trabajando con él, me di cuenta de que Rahner y yo, a pesar de estar de acuerdo en muchos puntos y en múltiples aspiraciones, vivíamos desde el punto de vista teológico en dos planetas diferentes”. Ahí mismo y también simplificando, aparece un síntoma que, permítanme la opinión, es todo un diagnóstico: el teólogo Ratzinger está muy lejos de la creatividad y profundidad del teólogo Rahner. No supo reconocer la necesidad de un «cambio estructural de la Iglesia», o de una superación radical del paradigma escolástico, abriendo para la teología y para la Iglesia un futuro que golpea con los puños las puertas de la humanidad. De la humanidad religiosa, que necesita el aire fresco del Evangelio para volver a entrar. y de la humanidad secular,

No es casualidad que cierre estas reflexiones aquí con esta evocación. Bueno, confieso que siempre me ha parecido la pérdida de una gran oportunidad que el desenfoque del diagnóstico impidiera a Benedicto XVI aprovechar sus excelentes cualidades de síntesis precisa y exposición esclarecedora sobre este tema central que la amplia difusión de su libro sobre el Nazareno que le ofreció. Al no tener en cuenta los avances de los estudios bíblicos, la proclamación conciliar de la autonomía mundial y el nuevo diálogo entre las religiones, no logró presentar al mundo una visión actualizada y verdaderamente creíble de su figura. La figura entrañablemente humana, de uno como nosotros, que, anunciando con la palabra que Dios es amor infinito y perdón incondicional, y que, ejerciendo una conducta fraterna, comprometida y liberadora para con todos los humillados y ofendidos, permanece allí como un faro abierto.

Así sigue adelante Francisco con su proyecto sinodal 2021-2024

El Papa pide al padre Timothy Radcliffe que dirija el retiro del sínodo de los obispos

por Christopher CorderoThe Tablet,

El cardenal Jean-Claude Hollerich, relator general del sínodo, dijo en una conferencia de prensa en el Vaticano el 23 de enero que se estaba organizando un retiro para enfatizar que el sínodo tiene sus raíces en la oración y la escucha. En esta conferencia de prensa se anunció que el P. Timothi Radcliffe era el designado para dirigir el retiro espiritual de los obispos previo a la asamblea sinodal en ocybre de 2023 y que el Movimientyo de Taizé era el encargado de orgnaizar los actos de jóvenes previosa ese evento.

El padre Timothy, de 77 años, quien dirigió la orden dominicana mundial de 1992 a 2001, es un conocido predicador y escritor cuyos libros han sido traducidos a 24 idiomas. Tiene su base en Blackfriars en Oxford, donde ayudó a lanzar un instituto de justicia social en el Colegio, es teólogo y es Doctor honoris causa en Divinidad en la universidad. En 2015, fue nombrado consultor del entonces Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz y es conocido por su enfoque pastoralmente sensible hacia los católicos homosexuales y lesbianas, incluido el apoyo a las uniones civiles entre personas del mismo sexo.

Su elección como líder de retiros revela la estima que tiene el fraile dominico por parte del Papa Francisco y refleja la larga experiencia que tienen las órdenes religiosas en los procesos sinodales con su enfoque en la escucha y el discernimiento comunitario. Dado que la práctica de la sinodalidad es todavía un concepto relativamente nuevo para la Iglesia de rito latino, varios obispos que asistieron a la asamblea de octubre han tenido poca exposición a los sínodos.

La reunión del Vaticano será un momento crucial para el sínodo convocado por el Papa sobre el tema de una “Iglesia sinodal: Comunión, Participación, Misión” que comenzó en octubre de 2021 y continuará hasta octubre de 2024. El proceso ha implicado un cambio sin precedentes. intenta escuchar a los católicos de todo el mundo, pero también se ha enfrentado a la resistencia de una minoría bien organizada que afirma que el proceso es un intento encubierto de anular ciertas enseñanzas de la Iglesia. El cardenal Mario Grech, líder de la oficina del sínodo en Roma,  admitió que “hay quienes se oponen abiertamente”  al sínodo, incluido el clero más joven.

“Los sínodos dependen tanto de tener la confianza para hablar como la humildad para escuchar. Escuchar es atreverse a abrirse a personas que tienen puntos de vista diferentes a los suyos, puntos de vista con los que puede estar en total desacuerdo”, dijo el padre Timothy en un  video  publicado el año pasado. “Nuestra sociedad teme a la diferencia, Google y Facebook tienen algoritmos que nos dirigen hacia personas de ideas afines, por lo que estamos tentados a vivir en burbujas de personas que piensan lo mismo”.

Agregó: “La Iglesia misma ha sido tocada por estas guerras culturales estériles de izquierda y derecha, y son infructuosas”.

El cardenal Hollerich hizo el anuncio sobre el padre Timothy durante una conferencia de prensa en la que se expusieron los detalles de una reunión de oración ecuménica que se llevará a cabo antes de que comience la cumbre del sínodo. Del 29 de septiembre al 1 de octubre, los jóvenes serán invitados a Roma para una serie de eventos organizados por Taizé, la fraternidad cristiana ecuménica, incluido un encuentro de oración en la Basílica de San Pedro, presidido por el Papa, al que están invitados todos los cristianos.

“La sinodalidad, con su énfasis en el bautismo y el Espíritu Santo, es una gran oportunidad para avanzar más en el camino del ecumenismo”, dijo el cardenal Hollerich durante la rueda de prensa, programada para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (18-25 de enero) .

A la rueda de prensa asistieron el hermano Alois, prior de la comunidad de Taizé, el arzobispo Ian Ernest, director del Centro Anglicano en Roma, el arzobispo Khajag Barsamian, representante de la Iglesia Apostólica Armenia ante la Santa Sede, y el reverendo Christian Kireger, el presidente de la Conferencia de Iglesias Europeas y jefe de la Federación Protestante de Francia.

El Arzobispo Ernest enfatizó que el proceso del sínodo global va más allá de los límites de la Iglesia Católica. “Abre las puertas para una mayor colaboración ecuménica”, agregó.

«El legado de Benedicto XVI que no pasará a la historia»

El milagro de la cohabitación y de la transición del invierno a la primavera

Francisco y Benedicto XVI

«El Papa Benedicto XVI pasará a la historia por su renuncia… Pero hay otra cosa, que no lo hará pasar a la historia, pero que, para mí, representa su mayor y mejor legado: el milagro de la cohabitación y de la transición tranquila»

«La Iglesia tiene horror al cisma y la ley suprema de la comunión se suele conjugar en la iglesia con otra ley no escrita, pero no por eso menos efectiva: la ley del péndulo»

«Con la renuncia de Benedicto se acaba el antiguo régimen de una Iglesia piramidal y autorreferencial, de la que Ratzinger fue su máximo ideólogo, para dar paso a la Iglesia en salida, sinodal y hospital de campaña de Francisco»

«¡Tuvo que sufrir mucho el Papa emérito, viendo como su obra era derribada y duro para el Papa Francisco esta labor de desmontaje ante los ojos de Benedicto… Sin embargo, en general, la convivencia, durante casi 10 años, fue exquisita y hasta fraterna»

Por José Manuel Vidal

Sin duda alguna, el Papa Benedicto XVI pasará a la historia y, más cerca de nosotros, a los comentarios de casi todos los expertos, por su renuncia. Un gesto amplificado por el foco de los medios masivos de comunicación: Aquel helicóptero sobrevolando la cúpula de la Basílica de San Pedro quedó grabado para siempre en la retina y en los recuerdos de mucha gente en todo el mundo. Y, por supuesto, en el alma de los católicos.

Pero hay otra cosa, que no lo hará pasar a la historia, pero que, para mí, representa su mayor y mejor legado: el milagro de la cohabitación y de la transición tranquila (con algún sobresalto) desde el invierno de la involución de Wojtyla-Ratzinger a la espléndida primavera de Francisco.

La Iglesia tiene horror al cisma, vieja herida sin cicatrizar en el tronco del cristianismo. Por eso, su máxima pretensión estructural y espiritual es no romper nunca la comunión. Cueste lo que cueste.

La ley suprema de la comunión se suele conjugar en la iglesia con otra ley no escrita, pero no por eso menos efectiva: la ley del péndulo. Y es que para contentar a las dos sensibilidades o almas, la institución va pasando de épocas conservadoras a otras más abiertas y liberales.

Es de todos sabido que, después de le ventana de aire fresco que se abrió en los muros anquilosados de la Iglesia con el Vaticano II y siguió en el postconcilio, vino la época de la involución orquestada por Juan Pablo II y de la que el entonces cardenal Ratzinger fue su máximo ideólogo. Los dos, mano a mano, vinieron a decir lo que dijo el filósofo español Ortega ante la República española: “Esto no es, esto no es”. Y atemorizados por el devenir, especialmente litúrgico, de las reformas conciliares, decidieron echar el freno y congelar el Concilio. Y así estuvo durante 35 años, en los reinados de Wojtyla y Ratzinger.

«Después de le ventana de aire fresco que se abrió en los muros anquilosados de la Iglesia con el Vaticano II y siguió en el postconcilio, vino la época de la involución orquestada por Juan Pablo II y de la que el entonces cardenal Ratzinger fue su máximo ideólogo»

Con la renuncia de Benedicto se acaba el antiguo régimen de una Iglesia piramidal y autorreferencial, para dar paso a la Iglesia en salida, sinodal y hospital de campaña de Francisco. ¡Tuvo que sufrir mucho el Papa emérito, viendo como su obra era derribada, poco a poco por el Papa reinante, para descongelar el Concilio y volver a una Iglesia circular o, como a Francisco le gusta decir, poliédrica!

Y tuvo que ser duro para el Papa Francisco esta labor de desmontaje ante los ojos de Benedicto. Pero uno y otro mantuvieron el tipo y, si sufrieron, lo hicieron en silencio. Eso sí, los conservadores intentaron convertir a Benedicto en su icono, en su referente y en su ariete contra la nueva primavera. Con todo lo que eso supone de descalificación, persistente y continuada, del Papa Francisco, al que tacharon hasta de hereje.

«Los conservadores intentaron convertir a Benedicto en su icono, en su referente y en su ariete contra la nueva primavera. Con todo lo que eso supone de descalificación, persistente y continuada, del Papa Francisco, al que tacharon hasta de hereje. Pero Benedicto no se dejó utilizar»

Pero Benedicto no se dejó utilizar, aunque alguna vez rompió su promesa y dejó el monte, donde estaba dedicado a la oración, para bajar a la arena de la polémica. Por ejemplo, en el libro que firmó o que le hicieron firmar con el cardenal Sarah. Pero, en general, la convivencia, durante casi 10 años, fue exquisita y hasta fraterna. Francisco siempre le llamó “el abuelo sabio” y Benedicto le respondió con el mismo cariño. Ahí están las fotos de sus encuentros para demostrarlo y el ojo de la televisión que todo lo escudriña y nada se le escapa. Y así se hizo carne el milagro del paso, tranquilo y sin cismas, del invierno a la primavera. La ‘complexio oppositorum’ hecha carne.

Eso sí, con la muerte de Benedicto, el ala conservadora de la Iglesia, que siempre le tuvo como icono y que quiso convertirlo en su ariete, sin conseguirlo, tiene dos opciones: Calmarse y, sin líder reconocido, asumir que la llegada de la primavera de Francisco es inevitable, o redoblar su campaña contra el Papa y plantear, incluso, un cisma, que podría cuajar entre los ultraconservadores americanos y europeos, que tienen poder y dinero para ello. El futuro lo dirá.