España, una fábrica mundial de cerdos

España paga un peaje de contaminación del aire y el agua por convertirse en la fábrica mundial de cerdos El país padece un “problema sistémico” para gestionar los vertidos de desechos al agua y ve cómo crecen las emisiones de gases del sector porcino que lidera en cuanto a cabezas y sacrificios en Europa 

Raúl Rejón 

España está pagando el precio por convertirse en la fábrica de cerdos del mundo. El país ya lidera el sector en Europa a base de extender la ganadería industrial que conlleva un costoso peaje de contaminación del agua, emisiones de efecto invernadero y del tóxico amoniaco. 

El Gobierno de Murcia ignoró varios avisos de que las macrogranjas de cerdos contaminaban el Mar Menor 

Los indicadores económicos hacen que el Ministerio de Agricultura considere que “el sector porcino español ha continuado con su consolidación como uno de los líderes en el mercado mundial a pesar de las incertidumbres”. En contraposición, la directora de Greenpeace, Eva Saldaña, entiende que “es el momento de abordar ya la cuestión de las macrogranjas por su contribución a la crisis climática y la contaminación del agua”. Los datos más recientes exponen claramente este panorama. 

Camino a la macrogranja 

La pujanza del porcino español se ha cimentado en el avance del modelo industrial de producción a gran escala. Los informes del Ministerio de Agricultura describen este tránsito. Cada vez se crían más cerdos y se sacrifican más cerdos, pero, al mismo tiempo, funcionan menos establecimientos. Se está imponiendo el modelo de macrogranjas. Se evidencia “un notable descenso en el número total de granjas”, unido al “incremento notable de las explotaciones de mayor tamaño, especialmente las más grandes”, señala el Ministerio en su análisis del último año cerrado, el 2020. Greenpeace añade que la fórmula consiste en “producir mucho, producir rápido y con el menor coste”. 

La cabaña porcina en España es la número uno de la Unión Europea y la tercera del mundo tras China y EEUU: 32 millones de cabezas en 2020. Hace diez años eran 25 millones .Y hace cinco, 28. El año pasado se mataron 56 millones de animales. En 2010 fueron 40,8 millones (un 37% menos).                                    El boom porcino ha ocurrido mientras las explotaciones totales pasaban de 99.500 en 2007 a 88.400 en 2020. La mayoría de las desaparecidas son las más pequeñas llamadas de tipo I. En ese mismo tiempo, las granjas tipo III, las más grandes, han pasado de 1.425 a 2.126. Un 50% más. Ese es el camino a la macrogranja. 

Grupo I, II, III… es una nomenclatura técnica para clasificar según la capacidad de producción. Las primeras se limitan a 120 Unidades ganaderas mayores (UGM), las segundas a 480 y las terceras a 720 UGM, según el Real Decreto que las regula desde 2020. Pero, para entender la dimensión, esas UGM hay que traducirlas a ejemplares de cerdo. El Observatorio Dehesa del Centro de investigaciones científicas y tecnológicas de la Junta de Extremadura lo expresa así: el grupo I puede albergar 350 animales para cebar, el II hasta 2.000 cerdos más 200 hembras para reproducir y las del grupo III hasta 5.500 ejemplares de cebo y 750 reproductoras. Además, las comunidades autónomas pueden ampliar ese cupo de las grandes granjas un 20%, es decir, 1.100 cerdos añadidos.                                     

Más cambio climático y amoniaco al aire                                                                         La agricultura y la ganadería supusieron el 14% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero de España en 2020. Ese año, durante el pico de la pandemia de COVID-19, se produjo un descenso casi desconocido en las emisiones que provocan el cambio climático. Se bajó por primera vez del nivel de 1990. Pero el sector agro ganadero incrementó la cantidad de gases que lanzó a la atmósfera.       La ganadería liberó 24,8 millones de toneladas. El aumento se debió principalmente “a la gestión de estiércol”, según el avance del catálogo de emisiones del Ministerio de Transición Ecológica. 

La proliferación de las grandes explotaciones ha hecho que el 87% del sector porcino en Castilla-La Mancha sea ya industrial y que en Extremadura se haya superado el 50%, según las contestaciones oficiales de las comunidades autónomas a Greenpeace. Las Islas Baleares están en el 55% y Catalunya en el 99%. Aragón es la comunidad que presenta más granjas tipo III con 628, seguida de Catalunya (495), Castilla y León (316) y Castilla-La Mancha (161).                     Las instalaciones de gran capacidad implican muchos animales y, por tanto, muchos desechos. La gran cantidad de estiércol proveniente de cerdos concentrados ha hecho, junto a otros factores, que España no haya cumplido nunca el límite de emisiones de amoniaco a la atmósfera marcado por la normativa europea. Desde 2010 a 2019 siempre ha rebasado el tope de las 353.000 toneladas por el “incremento de la cabaña ganadera y un repunte en el uso de fertilizantes orgánicos (estiércol) e inorgánicos”, como reconoce el Inventario de emisiones del Gobierno. Ante esta circunstancia, la Unión Europea ha cambiado los techos haciéndolos más permisivos a partir de 2020. 

Foco de contaminación del agua 

La producción ganadera es responsable del 80% del nitrógeno agrícola que se filtra y contamina las aguas, según recoge la Comisión Europa. En España, el 40% de las masas de agua está en mal estado, no todo es debido a los vertidos de la ganadería, pero casi la mitad de las zonas con acuíferos dañados por los desechos agrícolas no podrán recuperarse dentro del plazo legal de 2027, según ha admitido el propio Gobierno. 

“¿Cómo es posible que un país árido, 15 veces más pequeño que EEUU y deficitario en piensos quiera convertirse en líder de la producción de porcino?” Se pregunta Mari Sol Gómez, que encabeza la oposición a este modelo ganadero en la comarca de Tierra de Alba en Zamora. “Consumen una ingente cantidad de agua que devuelven al medio en forma de purines”, sentencia.                          Lo cierto es que España está especialmente expuesta a este problema de contaminación de las aguas por los nitratos.  

De hecho, casi un cuarto del territorio está considerado zona vulnerable, es decir, áreas “cuya escorrentía fluye hacia las aguas afectadas por la contaminación o hacia aguas que puedan verse afectadas por la contaminación”: unos 122.000 de los 500.000 km2 totales. Y más de la mitad de la superficie agraria útil del país. El pasado 11 de octubre, la Comisión Europea dictaminó en un informe que España tiene un “problema sistémico para gestionar la contaminación por nutrientes procedentes de la agricultura” y que debe adoptar “con urgencia medidas adicionales” para cumplir la ley. La revisión indica que “un alto porcentaje de estaciones de control de aguas subterráneas sigue mostrando niveles superiores al máximo de 50 mg por litro”. 

La Comisión entiende que algunas de la zonas vulnerables declaradas por las comunidades autónomas “son muy limitadas” lo que supone “una designación muy fragmentada y una menor eficacia de los programas de acción”. España tiene abierto un expediente de sanción justamente por este asunto. 

La despoblación 

“¿Quién va a querer venir a vivir aquí si no puedes ni abrir la ventana?” La pregunta es de Inmaculada Lozano, voz y cara del rechazo a las macrogranjas en Castilla-La Mancha. Desde el comienzo de la implantación del modelo industrial a gran escala ha surgido la disyuntiva entre la posible creación de puestos de trabajo en el entorno rural asociados a estas explotaciones y sus impactos ambientales. 

La organización Ecologistas en Acción acaba de analizar la evolución demográfica según el INE de municipios de menos de 5.000 habitantes desde 2000 a 2020 cruzados con los censos ganaderos de las comunidades autónomas de Castilla y León, Aragón, Castilla-La Mancha, Catalunya, Comunidad Valenciana, Galicia y la Región de Murcia. Su conclusión es que “la ganadería industrial no solo no frena la despoblación sino que impulsa el abandono rural”.                                                  Su análisis muestra que el 74% de los municipios con mayor carga de industria porcina intensiva o bien han perdido población o ganan menos habitantes que los pueblos similares, pero sin cerdos. Su estudio abarca el 64% de todos las poblaciones con 5.000 vecinos o menos y alta densidad de cabaña porcina intensiva de esas comunidades autónomas. “En el 81% de las provincias analizadas (17 de 21) se está favoreciendo la despoblación”, afirman.                        Según sus datos, los efectos de España vaciada de este modelo se intensifican con el tiempo y han dejado ya más huella en las provincias que primero adoptaron esta fórmula como Zaragoza, Huesca, Barcelona y Lleida.                 Lozano, que encabezó las protestas contra proyectos de grandes explotaciones en Pozuelo y Argamasón (Albacete), resume que “claro que nos gusta el jamón y la morcilla, pero también poder beber agua del grifo y un pueblo con futuro para nuestros hijos”. 

El Papa bendice a los participantes de “Youth4Climate”

El Papa ‘bendice’ a Greta Thunberg y todos los participantes del ‘Youth4Climate’ por su compromiso con la Casa común 

Francisco agradece a los jóvenes por haber puesto “en crisis al mundo de los adultos” 

VÍDEO: “Bla, bla, bla”: el nuevo discurso viral de la joven activista sueca 

“Quiero agradecerles por los sueños y proyectos de bien que ustedes tienen y por el hecho de que se preocupan tanto de las relaciones humanas como del cuidado del medio ambiente. Gracias. Es una inquietud que hace bien a todos”. Así ha comenzado el papa Francisco su videomensaje enviado a los participantes del ‘Youth4Climate: Driving Ambition’, la Conferencia Juvenil sobre el Clima de la ONU, que se celebra en Milán del 28 al 30 de septiembre, y que es noticia por el nuevo discurso viral de Greta Thunberg

Y ha continuado: “Esta visión es capaz de poner en crisis al mundo de los adultos, ya que revela el hecho de que ustedes no solo están preparados para la acción, sino que están disponibles para la escucha paciente, el diálogo constructivo y la comprensión mutua”. 

Por eso, “los aliento a unir esfuerzos mediante una amplia alianza educativa para formar generaciones de bien, maduras, capaces de superar las fragmentaciones y reconstruir el tejido de las relaciones de tal manera que podamos llegar a una humanidad más fraterna. Se dice que ustedes son el futuro, pero en estas cosas son el presente, son los que están fabricando hoy, en el presente, el futuro”, ha recalcado. 

Francisco ha mencionado durante su intervención el Pacto Educativo Global –que se lanzó en 2019–, pues “va en esta dirección y trata de dar respuestas compartidas al cambio histórico que la humanidad está experimentando y que la pandemia ha hecho todavía más evidente”. 

“No somos enemigos, no somos indiferentes” 

En este sentido, el Pontífice ha recordado que “las soluciones técnicas y políticas no son suficientes si no están sustentadas por la responsabilidad de cada miembro y por un proceso educativo que favorezca un modelo cultural de desarrollo y de sostenibilidad centrado en la fraternidad y en la alianza entre el ser humano y el medio ambiente. Tiene que haber armonía entre las personas, hombres y mujeres y el medio ambiente. No somos enemigos, no somos indiferentes. Formamos parte de esta armonía cósmica”. 

Para Jorge Mario Bergoglio, “a través de ideas y proyectos comunes se podrán encontrar soluciones que superen la pobreza energética y que pongan el cuidado de los bienes comunes en el centro de las políticas nacionales e internacionales, favoreciendo la producción sostenible, la economía circular o la puesta en común de las tecnologías adecuadas”. 

Según ha afirmado con rotundidad, “es el momento de tomar decisiones sabias para que se sepan aprovechar las muchas experiencias adquiridas en los últimos años, con el fin de hacer posible una cultura del cuidado, una cultura del compartir responsable”. Y ha concluido: “Acompaño el camino de ustedes y los animo a desarrollar el trabajo por el bien de la humanidad. Que Dios los bendiga a todos”. 

“Bla, bla, bla”: el discurso viral de Greta Thunberg 

La joven activista sueca Greta Thunberg ha vuelto a hablar y sus palabras se han vuelto a ser virales al ridiculizar la inacción de los distintos líderes mundiales. “No hay planeta B, no hay planeta bla bla bla… esto no va de campañas verdes y políticamente correctas y bailecitos bla bla bla… reconstruir mejor bla bla bla… economía verde bla bla bla… cero emisiones bla bla bla… neutralidad climática bla bla bla”. 

El discurso fue aplaudido por los 400 jóvenes de entre 15 y 29 años citados en Milán por la ONU, Italia y la presidencia británica de la Cop26, y llegados de 200 países. La activista climática continuaba así su discurso: “Esto es lo único que oímos de nuestros llamados ‘líderes’: palabras. Palabras que suenan genial, pero hasta ahora no han llevado a actuar. Nuestras esperanza y nuestros sueños se ahogan en sus palabras vacías y promesas. Por supuesto necesitamos diálogo constructivo, pero han tenido treinta años de bla bla bla, ¿a dónde nos ha llevado?”. 

COP26 01-12 Nov 2021 Glasgow

El Vaticano sigue sin confirmar si el papa Francisco concurrirá a algún momento de la cumbre climática 

Parolin encabezará la delegación vaticana en la COP26 de Glasgow 

COP 26, la gran cita de países para hacer frente al cambio climático. 

El viaje de Francisco, si bien nunca había sido confirmado oficialmente por el Vaticano, el propio Jorge Bergoglio había planteado que se consideraba “en principio” tenía la idea de ir 

Además del viaje a Glasgow, Jorge Bergoglio tiene también en agenda una visita a Malta, Grecia y Chipre para la primera semana de diciembre, que tampoco nunca confirmada de forma oficial por el Vaticano 

 Hernán Reyes Alcaide, corresponsal en el Vaticano 

El secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, encabezará la delegación de la Santa Sede para la COP26 que se hará en Glasgow, Escocia, del 31 de octubre al 12 de noviembre. La noticia, así comunicada hoy por el director de la Oficina de Prensa Matteo Bruni, puede esconder detrás la verdadera novedad: que, por motivos que se desconocen, el papa Francisco no viaje para el encuentro climático. 

El viaje de Francisco, si bien nunca había sido confirmado oficialmente por el Vaticano, el propio Jorge Bergoglio había planteado que se consideraba “en principio” tenía la idea de ir. “Todo depende de cómo me sienta en ese momento”, había dejado abierta la posibilidad de una cancelación en declaraciones del 1 de septiembre. 

Además del viaje a Glasgow, Jorge Bergoglio tiene también en agenda una visita a Malta, Grecia y Chipre para la primera semana de diciembre, que tampoco nunca confirmada de forma oficial por el Vaticano

El apocalipsis “ignorado” de la humanidad

La declaratoria de emergencia climática para la humanidad emitida por la Organización de las Naciones Unidas resume la exigencia de un cambio profundo del actual modelo de producción y consumo.

El informe de la Organización de las Naciones Unidas sobre el cambio climático no podría emitir una conclusión más clara: “No hay duda alguna de que la influencia humana ha calentado la atmósfera, el océano y la tierra”. Las fatídicas y alarmantes olas de calor, el incremento de la desertificación y las megasequías, la acidificación y aumento del nivel del mar, los cada vez más frecuentes incendios forestales en diversas regiones, la desglaciación continua, las destructoras tormentas tropicales e inundaciones que asolan varias regiones del planeta, sumados a las emisiones no controladas de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero afectando el aire que respiramos, son parte de las evidencias apocalípticas más notorias que demuestran cómo la humanidad está cavando su propia tumba al hacer caso omiso de lo que está ocurriendo a su alrededor, con lo que -de paso- condena a otras especies a su gradual y total extinción. 

Durante 2015, una gran porción de naciones suscribió el Acuerdo de París. Sin embargo, a esta fecha es poco lo logrado en los compromisos asumidos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La transición de los combustibles fósiles a las energías renovables que muchos movimientos ecológicos han planteado como una solución a la crisis climática se mantiene en agenda pero es saboteada, de una u otra manera, por las grandes corporaciones dedicadas a esta industria, influyendo en las decisiones de muchos gobiernos mientras que la opinión de sus súbditos apenas es tomada en cuenta (como ocurre con los pueblos campesinos y originarios que defienden sus territorios de la depredación capitalista). Lo que debiera fomentar -con sentido de urgencia- un debate obligado que trascienda el marco político y/o económico habitual para convertirse en soluciones concretas y factibles a corto, mediano y largo plazo. 

“Estamos hablando -nos dice Fernando Valladares, experto en cambio climático y doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid- de medidas difíciles de encajar por los políticos debido a su elevado coste electoral, por los ciudadanos por su notable esfuerzo de aplicación y por la economía porque supone, simple y llanamente, ponerlo todo patas arriba. Hay tecnología suficiente, pero el cuello de botella es su implementación real. No basta con tener soluciones tecnológicas, marcos jurídicos y estrategias políticas. Es imprescindible tener voluntad y capacidad de aplicar todo esto”.

No menos cierto es lo que, hablando del mismo tema, señala Silvia Ribeiro -Directora para América Latina de la organización internacional sin fines de lucro Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (conocido como Grupo ETC)-: “los datos muestran que el capitalismo como sistema y un centenar de sus empresas trasnacionales han logrado desequilibrar en tiempo récord el clima global que para estabilizarse se llevó millones de años de coevolución, con un calentamiento que podría llevar al planeta, en pocas décadas, a puntos de no retorno, lo cual nos afectará a todos, pero fundamentalmente a quienes menos recursos tienen para enfrentar la crisis».

La declaratoria de emergencia climática (o código rojo) para la humanidad emitida por la Organización de las Naciones Unidas resume la exigencia de un cambio profundo del actual modelo de producción y consumo (aunque suene utópico), lo que debiera iniciarse -en un corto tiempo- mediante la puesta en práctica de una diversidad de propuestas, experiencias y conocimientos que han demostrado su efectividad para revertir los efectos nefastos del apocalipsis que se cierne sobre la humanidad entera.

El caos de la pandemia esconde un nuevo orden en la Tierra

Nuestra misión es garantizar la vida, la Madre Tierra y a nosotros mismos, crear la Casa Común dentro de la cual todos podamos vivir en justicia, paz y alegría.

Por Leonardo Boff

Raramente en la ya larga historia de la vida ha ocurrido una situación de caos planetario como en los días actuales. Estábamos acostumbrados a regularidades y a órdenes sistémicas aunque en los últimos decenios hemos experimentado también con creciente frecuencia irregularidades como tsunamis, huracanes, terremotos y eventos extremos de calor y de frío. Tales fenómenos han llevado a los científicos a pensar e intentar comprender cómo dentro del orden dado podían ocurrir situaciones caóticas.

De ahí surgió toda una ciencia, la del caos, tan importante como las otras, hasta el punto de que algunos han llegado a decir que el siglo XX será recordado por la teoría de la relatividad de Einstein, por la mecánica cuántica de Heisenberg/Bohr y por la teoría del caos de Lorenz/Prigogine.

La esencia de la teoría del caos reside en que un cambio muy pequeño en las condiciones iniciales de una situación lleva a efectos imprevisibles. Se pone de ejemplo el “efecto mariposa”. Pequeñas modificaciones iniciales, aleatorias, como el aleteo de las alas de una mariposa en Brasil pueden provocar modificaciones atmosféricas hasta culminar en una tempestad en Nueva York. El presupuesto teórico es que todas las cosas están interligadas y van asumiendo elementos nuevos, creando complejidades en el curso de su existencia (en este caso, calor, humedad, vientos, energías terrestres y cósmicas) de forma que la situación final es totalmente diferente de la inicial.

El caos está en todas partes, en el universo, en la sociedad y en cada persona. Es decir, los órdenes no son lineales y estáticos. Son dinámicos, buscando siempre un equilibrio que los mantiene actuantes. 

El universo se originó de un tremendo caos inicial (big bang). La evolución se hizo y se hace a lo largo de muchos milenios para poner orden en este caos. 

Mas aquí surge una novedad: el caos nunca es sólo caótico, él guarda dentro de sí, en gestación, un nuevo orden. Lógicamente él tiene su momento destructivo, caótico, sin el cual el orden nuevo no podría irrumpir. El caos es generativo de este nuevo orden.

Quien analizó con detalle este fenómeno fue el gran científico ruso/belga Ilya Prigogine (1917-2003), premio Nobel de Química en 1977. Estudió particularmente las condiciones que permiten la aparición de la vida. Según este gran científico, siempre que exista un sistema abierto y siempre que haya una situación de caos (por tanto fuera del orden y lejos del equilibrio) y exista una no-linealidad, la conectividad entre las partes genera un nuevo orden, que sería la vida (cf. Order out of Chaos,1984).

Ese proceso conoce bifurcaciones y fluctuaciones. Por eso el orden nunca es dado a priori. Depende de varios factores que llevan en una u otra dirección, de aquí la inmensa biodiversidad.

Hacemos toda esta reflexión sumarísima para que nos ayude a entender mejor el actual caos pandémico. Vivimos innegablemente en una situación de caos completo, caos destructivo de millones de vidas humanas. Nadie puede decir cuándo terminará ni hacia dónde vamos. Él conoce múltiples variantes, es su triunfo sobre nuestras células. Es innegablemente caótico y está aterrorizando a toda la humanidad.

Nos plantea cuestiones fundamentales: ¿qué hemos hecho con la naturaleza para que ella nos castigue con un virus tan letal? ¿Dónde nos equivocamos? ¿Qué cambios debemos hacer en relación a la naturaleza para impedir que ella nos envíe una verdadera gama de otros virus?

Sabemos que hay oculto dentro de él un orden más alto y mejor. Lo peor que podría sucedernos es la continuidad o volver al pasado que originó el caos. Tenemos que usar nuestra fantasía creadora y sobre todo forjar, a través de una práctica histórica, un orden más amigo de la vida, tierno, fraterno y justo. 

Sería el caos generativo. Tenemos que entender el contexto de donde vino el coronavirus. Él es una expresión del antropoceno, es decir, de la sistemática agresión del ser humano a la naturaleza y a Gaia, la Madre Tierra. Es la consecuencia de haber tratado a la Tierra como una mera reserva inerte de recursos a nuestra disposición y no como un superorganismo vivo que merece cuidado y respeto.

A partir de la revolución industrial la hemos explotado tanto que ella no consigue ya regenerarse y ofrecernos todos los bienes y servicios vitales. Tenemos que inaugurar una relación de sinergia y sostenibilidad para con la naturaleza, sintiéndonos parte de ella, responsables de su perpetuidad, y no sus dueños y señores. Si no realizamos esta conversión ecológica podremos conocer catástrofes inimaginables.

En el caso brasilero, lo primero que tenemos que hacer es preservar la inmensa riqueza ecológica que heredamos de la naturaleza, en términos de selvas húmedas, abundancia de agua, suelos fértiles y de una inmensa biodiversidad.

Después tenemos que superar la marginalización, el odio cobarde que tributamos a los pobres. El desprecio y las humillaciones hechas cruelmente contra las personas esclavizadas ha pasado a estos empobrecidos. Tal inhumanidad ha dejado marcas profundas en la población. 

No en último lugar tenemos que liquidar el perverso legado de la Casa Grande traducido por el rentismo y por unos cuantos millonarios que controlan gran parte de nuestras finanzas. Hacen fortunas con la pandemia, sin empatía con los familiares que han perdido a más de medio millón de seres queridos. Ellos son el sustentáculo del actual gobierno necrófilo, cuyo presidente se ha hecho aliado del virus. 

Estos puntos son el mayor obstáculo para la superación del caos instalado en Brasil.

Tenemos que formar un frente amplio de fuerzas progresistas y enemigas de la neocolonización del país para desentrañar el nuevo orden, oculto en el caos actual, pero que quiere nacer. Tenemos que consumar ese parto aunque sea doloroso. De lo contrario, continuaremos rehenes y víctimas de aquellos que siempre pensaron corporativamente sólo en sí mismos, de espaldas al pueblo, que devastaron la naturaleza con su agronegocio y refuerzan la irrupción del coronavirus entre nosotros.

Debemos inspirarnos en el universo, nacido del caos primordial, pero que, al evolucionar, fue creando órdenes nuevos y más complejos cada vez hasta generar la especie humana. Nuestra misión es garantizar la vida, la Madre Tierra y a nosotros mismos, crear la Casa Común dentro de la cual todos podamos vivir en justicia, paz y alegría. Este modelo deberá salir de las entrañas del actual caos y establecer las bases de un nuevo comienzo para la humanidad.

Seminario de ecología integral

La España rural, un reto para la evangelización

“La España rural, un reto para la evangelización y el cuidado de la Creación”: este será el tema del seminario sobre Ecología Integral que se celebrará en Madrid los días 13, 20 y 27 de septiembre, mes dedicado al Tiempo de la Creación

“El objetivo del seminario -se lee en una nota- es abrir una línea temática sobre la España rural como reto humano, ecológico y evangelizador, analizado desde tres perspectivas: el respeto y cuidado de la Creación; los valores éticos de las comunidades rurales; los recursos pastorales y la espiritualidad de las comunidades cristianas en el contexto rural”

21.08.2021

La cita está promovida por el Departamento de Ecología Integral, organismo que funciona en el seno de la Subcomisión Episcopal Española de Acción Caritativa y Social, y está dirigida principalmente a las Comisiones diocesanas que trabajan por la salvaguarda de la Creación; a las ONG e Instituciones de desarrollo rural; a los miembros de Cáritas y Justicia y Paz; y a los sacerdotes y religiosos de las comunidades rurales. El curso se impartirá tanto de forma presencial, con un número máximo de 15 participantes en cumplimiento de la normativa anti-Covid, como en línea.

“El objetivo del seminario -se lee en una nota- es abrir una línea temática sobre la España rural como reto humano, ecológico y evangelizador, analizado desde tres perspectivas: el respeto y cuidado de la Creación; los valores éticos de las comunidades rurales; los recursos pastorales y la espiritualidad de las comunidades cristianas en el contexto rural”. Estos temas se debatirán con “especialistas, representantes de instituciones eclesiales y agentes pastorales implicados en el mundo rural”. El trasfondo de las reflexiones serán dos encíclicas del Papa Francisco: “Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común” y “Fratelli tutti sobre la fraternidad y la amistad social”.

En cada sesión de trabajo habrá varias presentaciones de 20 minutos cada una, que darán paso a un diálogo entre los especialistas y los participantes. El seminario será inaugurado por el presidente de la Subcomisión Episcopal de Acción Caritativa y Social, monseñor Jesús Fernández, mientras que la clausura correrá a cargo del secretario general de los obispos españoles, monseñor Luis Argüello.

Cabe recordar que el Tiempo de la Creación tiene un carácter ecuménico y se extiende desde el 1 de septiembre hasta el 4 de octubre, es decir, desde la “Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación”, instituida por el Papa Francisco en 2015, a la memoria litúrgica de San Francisco de Asís, figura hagiográfica de referencia para la protección del medio ambiente. A lo largo del mes, se invita a los cristianos de todo el mundo a rezar y actuar por la protección de la casa común en todos los ámbitos posibles

De la pandemia a la utopía

Bienvenidos al feliz mundo pandémico: violencia, guerra fría y vacunas

Boaventura de Sousa Santos,

En un libro reciente sobre la pandemia titulado El futuro comienza ahora: de la pandemia a la utopía (Ediciones Akal, 2021), escribí que a medida que pasara la fase aguda de la pandemia nos encontraríamos con tres escenarios posibles, de los cuales dependería la calidad futura de la vida humana y no humana, que comúnmente llamamos naturaleza. Los tres escenarios son el negacionismo, el gatopardismo y la alternativa civilizatoria.

El primer escenario consiste en negar la gravedad excepcional de esta pandemia y afirmar que pronto todo volverá a la normalidad, aunque, mientras tanto, hayan muerto unos 4 millones de personas, algunas de ellas innecesariamente. El segundo escenario reconoce que la pandemia ha sido (es) grave y que se necesitan algunos ajustes en las políticas públicas, particularmente en el sector salud, pero no se necesitan cambios estructurales. Cambiar lo necesario para que nada cambie en esencia.

El tercer escenario se basa en la idea de que las medidas propuestas en el segundo escenario son importantes y urgentes, pero no son suficientes. Además de eso, es necesario cambiar nuestros modos de producción, consumo y vida en sociedad. Después de todo, la vida humana es el 0,01% de la vida total del planeta, pero se comporta como si fuera dueña del planeta, comprometiendo los ciclos vitales de este sin saber que, con ello, está comprometiendo la calidad e incluso la posibilidad de vida humana en el futuro más o menos lejano.

Cada escenario ofrece una narrativa pandémica adecuada para que sea la única posible y legítima, a la vez que es apoyada social y políticamente por las fuerzas que más se beneficiarán de ella. Los tres escenarios representan los nuevos términos en los que se afianzarán los conflictos sociales y políticos en las próximas décadas. Lo que ocurra tendrá un impacto importante en la vida de la sociedad, pero será muy desigual en los diferentes países del mundo.
Los conflictos que generará cada escenario aún no están mapeados y pueden sorprendernos. Tampoco es posible anticipar las consecuencias.

Sólo sabemos que la oposición al escenario imperante se hará por referencia a uno de los otros escenarios posibles.  En este punto se puede decir que el primer escenario parece prevalecer a nivel mundial. Este escenario tiene varias manifestaciones muy diferentes y desigualmente distribuidas en todo el mundo.

La violencia represiva del Estado

La primera de estas manifestaciones es la violencia represiva del Estado ante la crisis social agravada por la pandemia. Después de 40 años de concentración de la riqueza y ataques a los derechos económicos y sociales de las clases populares, cada vez más vulnerables por las políticas neoliberales, ya habían estallado fuertes protestas sociales contra la austeridad en muchos países antes de la pandemia.

Con la pandemia, la desaceleración de la actividad económica y el gasto de emergencia que, por insuficiente que fuera, tuvo que hacerse, agravaron la situación financiera del Estado; la solución, típica del neoliberalismo, era hacer pagar el costo de la crisis a quienes menos condiciones tenían para hacerlo. Y la gente está diciendo: ¡Basta! Este escenario ya es claramente visible en algunos países de desarrollo intermedio que están gobernados por fuerzas políticas de derecha y que han estado adoptando políticas neoliberales con mayor fidelidad. Estos son los casos de Colombia, Brasil e India.

Desde abril, Colombia vive un intenso conflicto social, con un paro nacional y bloqueo de carreteras liderado por organizaciones sociales indígenas, campesinas y sindicales y por movimientos espontáneos donde destacan jóvenes “hambrientos y sin futuro”. La represión por parte del Estado ha sido violenta y desproporcionada, con más de 61 personas asesinadas por la policía o por actores armados ilegales en conjunto con la policía, 358 desaparecidos y 47 personas con heridas en los ojos. La ciudad de Cali, la ciudad más negra de Colombia, y las regiones indígenas y campesinas del Cauca han sido el epicentro. Un decreto presidencial del 28 de mayo, ciertamente inconstitucional, ha creado un verdadero estado de sitio que permite la “asistencia militar” en el uso de la fuerza y ​​la violencia contra la población civil y las protestas pacíficas.

Brasil, por su parte, es hoy el laboratorio mundial del negacionismo. Con aproximadamente el 3% de la población mundial, representa el 13% de las muertes en el mundo. El rechazo militante de las medidas sanitarias y la reserva de vacunas hizo que el virus se propagara sin control, llegando a las poblaciones más vulnerables, “negros y pobres”, como dicen en la jerga brasileña.

Está en marcha una operación de darwinismo social, si no una política genocida, especialmente en el caso de la población indígena. Se han presentado más de 100 solicitudes de impeachment en el Congreso, se han presentado varias denuncias por crímenes de lesa humanidad en tribunales internacionales y se han presentado varias demandas para declarar interdicto por incapacidad mental al presidente. Mientras tanto, el país comenzó a despertar y a manifestarse en las calles contra esta política de muerte. El día 29 de mayo, unas 500.000 personas se manifestaron en 213 ciudades unidas bajo el lema “Fuera Bolsonaro”.

Finalmente, India es el retrato más cruel del neoliberalismo. Como el mayor productor de vacunas del mundo, no ha logrado vacunar a su población y, por el contrario, la desprotege activamente. El gobierno aprovechó la crisis social para promulgar leyes agrarias neoliberales que harán aún más difíciles y precarias las condiciones de vida de los campesinos, la mayoría de la población. Se convirtió en un caso ejemplar de error de cálculo por parte de los gobernantes. Pensando que la pandemia dificultaría las protestas sociales contra estas leyes, el gobierno se sorprendió con una de las movilizaciones campesinas más grandes y duraderas de las últimas décadas.

La nueva guerra fría

La primera generación de la Guerra Fría terminó con la caída del Muro de Berlín. Pero como el capitalismo se alimenta de contradicciones que a menudo generan enemigos reales o imaginarios (guerra contra el comunismo, guerra contra las drogas, guerra contra el terrorismo, guerra contra la corrupción), no pasó mucho tiempo antes de que surgiera una nueva guerra fría, esta vez teniendo como principal enemigo a China, a la que se unió progresivamente la Rusia desovietizada.

Aunque siempre se disfraza con terminologías idealistas (como democracia versus dictadura), de lo que siempre se trata es de controlar o neutralizar a los competidores reales o potenciales. En esta nueva generación de guerra fría, la verdadera contradicción es entre el capitalismo de mercado, dominado por el capital financiero y las multinacionales estadounidenses, y el capitalismo de estado dominado por China, un imperio en decadencia contra un imperio en ascenso.

La pandemia trajo una nueva agresión a la nueva guerra fría. Por un lado, China se afirmó como la fábrica mundial de productos de protección personal contra el coronavirus y superó con creces a Estados Unidos en la protección de sus ciudadanos. Por otro lado, los avances chinos en la cuarta revolución industrial (inteligencia artificial) generaron temores de que China se convirtiera en la primera economía del mundo antes de 2030, como se predijo inicialmente en los estudios de los servicios secretos estadounidenses.

Ante este temor, la administración estadounidense intensificó la presión sobre los aliados para detener el avance de China. Este proceso comenzó con el presidente Donald Trump y se intensificó enormemente con su sucesor Joe Biden. El origen del virus es la más reciente arma de la guerra fría.

Como en epidemias anteriores, siempre es importante conocer el origen del virus, aunque siempre es difícil dada la imposibilidad de identificar al paciente cero. Lo nuevo en este caso es la intensa politización del origen del virus, atribuyéndolo, sin pruebas, a China y convirtiendo su propagación en un accidente de laboratorio, si no en un acto de guerra biológica. La teoría de la conspiración del Laboratorio de Wuhan fue propuesta en enero de 2020 por la extrema derecha estadounidense de Steve Bannon en asociación con un disidente chino para quien “el virus había sido liberado deliberadamente por el Partido Comunista Chino”.

Fue esto en lo que Trump se basó para hablar del “virus chino”. Tras la misión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a China, esta teoría quedó desacreditada, reconociendo incluso la casi imposibilidad de conocer con precisión el origen del virus. Pero como en la guerra fría no se buscan medios para neutralizar al enemigo, la administración Biden volvió a la carga y presionó a sus aliados para promover la sospecha. Es muy posible que el período pandémico intermitente en el que posiblemente estamos entrando cree nuevas oportunidades para la politización de la pandemia en detrimento de los objetivos de la OMS. Este es el caso de la geopolítica de las vacunas.

Capitalismo de vacunas o vacuna popular

Como sabemos, la existencia de vacunas es el único hecho nuevo para proteger la vida en tiempos de pandemia. Las vacunas contra COVID-19 se crearon en un tiempo récord y no es de extrañar que, si bien ya se están produciendo en masa, aún existan muchas incógnitas sobre su efectividad y posibles efectos secundarios, y sobre si la población inoculada esté sirviendo como conejillo de indias.

Sin embargo, se sabe que la protección eficaz contra el virus solo tendrá lugar cuando un porcentaje significativo de la población mundial esté vacunada y que la protección con las vacunas actuales será tanto más eficaz cuanto más rápido ocurra esto, ya que esta es la única forma de evitar que el virus continúe propagándose y desarrolle nuevas variantes para las que las vacunas no ofrezcan protección. A pesar de todas las declaraciones y advertencias de la OMS al respecto, por ahora está claro que prevalece el escenario del negacionismo. En otras palabras, la gravedad de la pandemia no justifica ninguna medida excepcional para combatirla.

Así, los derechos de propiedad intelectual (patentes) deben seguir vigentes como en períodos normales, la producción y distribución de vacunas debe ser responsabilidad exclusiva de las empresas farmacéuticas que las desarrollaron y las distribuirán a los precios definidos por la ley de la oferta y la demanda. Esta posición es naturalmente defendida por las propias empresas farmacéuticas, por los Estados más desarrollados (también por Brasil y Colombia) y por las instituciones internacionales que avalan los intereses del capital multinacional.

Esta postura representa un peligro para el mundo, ya que retrasará la vacunación de la población mundial. Además, hay algo moralmente detestable en esto cuando asistimos al surgimiento de un verdadero apartheid entre la “euforia de la vacunación” de los países ricos (Israel con el 59% de la población totalmente vacunada) y la pesadilla de la vacunación de la gran mayoría de la población mundial.

Los países menos desarrollados solo recibieron el 0,3% de las vacunas disponibles hasta el final de mayo de 2021. En países como Brasil, India, Irán y Nepal, el virus continúa propagándose sin control, mientras que Canadá ha ordenado vacunas para diez veces su población y el Reino Unido ocho veces. Según Vaccine Alliance, los países ricos habrán comprado 1.500 millones de dosis en exceso.

Igualmente, es detestable lo que New York Times del 29 de mayo llama “turismo de vacuna”. Consiste en un viaje a Miami para los miembros de las élites económicas y políticas de América Latina y otras regiones del mundo para ser vacunado. Estos viajes incluyen vacaciones (el intervalo entre dosis) y cuestan miles de dólares. Y Miami no es el único paraíso de las vacunas en el mundo. Que estos viajes puedan ser vehículos para la propagación de nuevas variantes del virus no se les ocurre a quienes viajan ni a quienes les dan la bienvenida.

El capitalismo de vacunas es el modo de acceso a la vacuna determinado exclusivamente por la solvencia monetaria, tanto la propia como la del Estado o institución que las adquiere para su distribución interna. Si prevalece este modo de distribución, es muy probable que entremos en un período de pandemia intermitente.
En este caso, no se trata de la aparición de una nueva pandemia, sino del manejo prolongado de la pandemia actual. Por ejemplo, mantener patentes sobre la producción de vacunas retrasará peligrosamente la vacunación de la población mundial, hasta tal punto que la población vacunada eventualmente estará expuesta al virus.

No es sorprendente que muchas voces se alcen contra el capitalismo de las vacunas y muchos grupos se estén organizando para promover alternativas de distribución que sean éticamente más justas y materialmente más efectivas para enfrentar la pandemia. Las alternativas son diversas.

Algunas están permeadas por el escenario del gatopardismo (haz cambios para que lo esencial no cambie). Este es el caso de la intensificación de las donaciones de vacunas o la promesa de las empresas farmacéuticas de incrementar la infraestructura de producción. Esta es la solución Covax, la iniciativa que tiene como objetivo crear un fondo global de vacunas para distribución mundial y que integra a la OMS, la Gavi Vaccine Alliance y la CEPI (Coalition for Epidemic Preparedness Innovations). Su objetivo sería vacunar a toda la población en riesgo y a todo el personal de salud para finales de 2021, una quinta parte de la población mundial. Sería un objetivo insuficiente, pero incluso eso se ve comprometido por el hecho de que alrededor de 30 países más ricos (a los que se unió Brasil) han abandonado Covax.

La única alternativa efectiva al capitalismo de las vacunas está en el escenario de la alternativa civilizatoria, que asume el carácter excepcional del tiempo presente y la necesidad de inventar nuevas soluciones que preparen a la población mundial para evitar otras pandemias y defenderse mejor de las que se presenten. Entre estas soluciones se encuentran la constitución de bienes públicos universales, como la salud y todos los medicamentos y vacunas considerados imprescindibles para defenderla en una emergencia sanitaria.

En el caso específico de las vacunas, han circulado varias peticiones por todo el mundo para que la vacuna contra la covid-19 sea de acceso universal. Los presidentes de Sudáfrica y Pakistán, entre más de 140 figuras públicas de todo el mundo, pidieron una “vacuna democrática”. En mayo de 2021, OXFAM lanzó una petición para una vacuna gratuita accesible para todos. Según OXFAM, costaría $ 25 mil millones, el equivalente a menos de cuatro meses de ganancias para las 10 principales compañías farmacéuticas.

También el grupo parlamentario GUE / NGL del Parlamento Europeo pidió (a través de la voz de Marisa Matias y Marc Botenga) una vacuna popular. Ricardo Petrella y el Ágora de los Habitantes de la Tierra lanzaron una campaña mundial para la declaración de la vacuna como bien público gratuito y universal. Esta petición es parte de un movimiento más amplio por un sistema mundial público común para la salud y la seguridad de la vida, libre de patentes, fuera del mercado, basado en el derecho universal a la vida. Para lograr este objetivo, en el contexto actual de la pandemia, sería suficiente que, con la justificación de la inversión pública aplicada en la investigación de vacunas, las universidades y los Estados interesados ​​compartan todos los conocimientos y tecnologías disponibles, depositándolos en el Fondo de Acceso a la Tecnología de la OMS.

Estas ideas presiden la People’s Vaccine Alliance y contrastan la cooperación con la competencia, la solidaridad con el lucro. Es una vasta alianza global que considera las vacunas como un bien público universal y que, como tal, deben ser producidas lo más rápido posible por todos los laboratorios del mundo que tengan la capacidad para hacerlo y distribuidas a costo cero o a un precio asequible. Esta será la vacuna popular.

Esta posición es defendida por la mayoría de los países del Sur Global y por varias organizaciones y asociaciones transnacionales de ciudadanía activa, derechos humanos y salud pública. Se divide en tres propuestas.
Primero, la suspensión de patentes sobre vacunas y sus componentes y materias primas. La propia Fundación Bill y Melinda Gates, que inicialmente se opuso a la suspensión de patentes, se unió a ella el 6 de mayo de 2021, luego de que Estados Unidos se mostrara partidario de esta solución. El lobby corporativo es considerado el más poderoso del mundo y ciertamente se está moviendo para ofrecer una dura oposición.

Recordemos que cuando Brasil propuso suspender las patentes de medicamentos retrovirales hace 20 años para combatir eficazmente el VIH/SIDA, la reacción fue brutal, incluso por parte de Estados Unidos. Pero Brasil se impuso y los resultados fueron inmediatos.
La segunda propuesta es la transferencia de tecnología a países del Sur Global. La disponibilidad para la producción es total y la posibilidad real es mucho mayor de lo que uno puede imaginar. Cuando la OMS anunció la demanda de productores de ARN mensajero (ARNm, el nuevo tipo de vacuna) fue inundada de propuestas por parte de los países del Sur Global. El presidente Paul Kagame de Ruanda hizo un llamamiento muy enérgico a este respecto en la última reunión de la OMS, mostrando que la iniciativa Covax sería insuficiente porque estaba limitada por los intereses de las multinacionales farmacéuticas. La tercera propuesta consiste en apoyo financiero para la producción en el Sur Global.

La vacuna popular es la única alternativa capaz de minimizar los inmensos costos sociales que se proyectan para los próximos tiempos. Tiene lugar en un momento oportuno. Últimamente se ha hablado mucho de la justicia histórica en relación con el mundo que sufrió la injusticia histórica del colonialismo y se empobreció por el saqueo de sus riquezas y la dependencia económica a la que fue sometido después de la independencia política. Aquí radica una oportunidad histórica para hacer justicia histórica.

Entrevista a Eduardo Gudynas

Buen Vivir para superar los límites del desarrollo

Por Thea Riofrancos | Otro mundo es posible

Fuentes: Jacobin [Ilustración: Lorena Ruiz]

Quizás uno de los puntos del balance crítico del ciclo progresista sobre el que más consenso existe sea su contradicción entre el impulso de políticas que apuntan a la recuperación de la soberanía y el modelo económico centrado en el extractivismo y la exportación de materias primas que les subyace.

Pese a los avances en materia de redistribución de la renta, la base productiva sobre la que los gobiernos progresistas han asentado sus políticas coarta la posibilidad de avanzar en transformaciones de raíz. Sobre estos y otros temas conversamos con Sabrina Fernandes, Eduardo Gudynas, Michael Löwy y René Ramírez Gallegos.

Eduardo Gudynas es investigador en el Centro Latinoamericano de Ecología Social (CLAES). Su último libro es Transiciones. Post extractivismo y alternativas al extractivismo en Perú.


TR

Los gobiernos progresistas de las últimas décadas han hecho algunos importantes avances en materia de «políticas soberanistas»: de la banca, del gasto público, de la política externa, etc. Sin embargo, en materia socioambiental han sido cuestionados desde variados ángulos. 

Tal vez el asunto más espinoso es qué tipo de soberanía han podido —o pretendido— promover con un modelo económico centrado en la extracción y exportación de materias primas, es decir, en una base productiva que, como se ha señalado, conduce más a la profundización de la dependencia que a una ampliación de la soberanía. ¿Cuál es su lectura del tipo de desarrollo emprendido durante el llamado «ciclo progresista»?

EG

La evaluación de las estrategias de desarrollo del progresismo está demostrando no ser sencilla. Al interior de los países se las reclama pero, al mismo tiempo, hay muchos protagonistas de ese ciclo que las entorpecen, sea por su sincera convicción de haber hecho lo correcto como por la intención de ocultar errores. Las  recientes campañas electorales (por ejemplo, en Bolivia y Ecuador) las condicionaron aún más, debido a que las energías estaban puestas en volver a ganar el gobierno. Pero sobre ello se superpone un entramado de opiniones y analistas transnacionalizados —tanto dentro de América Latina como desde fuera— que abusaron de simplificaciones y eslóganes.

Por ejemplo, ustedes me dicen que los progresismos lograron «políticas soberanistas» en la banca y otros sectores. Ese tipo de dichos son muy comunes, en especial en el Norte Global. Pero eso está equivocado. En realidad, bajo los progresismos la banca privada vivió un paraíso: aumentó su cobertura sobre la población y se diversificó la financiarización. Esto ocurrió bajo gobiernos como el de Correa en Ecuador, el de Lula da Silva en Brasil o el del Frente Amplio en Uruguay, entre otros. Así se explica la bancarización obligatoria en Uruguay o la expansión de la financiarización a sectores como el consumo popular, la educación o la salud en Brasil. 

Es una simplificación partir de una oposición como si todo lo que se hizo en distintos sectores (educación, salud, vivienda o integración) hubiera sido soberanista y maravilloso y todo lo negativo estuviese en los extractivismos y sus impactos.

En realidad, los progresismos estuvieron repletos de claroscuros. Tuvieron avances, estancamientos y retrocesos dentro de cada sector. Hay que celebrar que redujeran la pobreza y marginalidad, por ejemplo, porque eso dio un alivió a millones de familias, pero hay que saber reconocer también las limitaciones que tuvieron en su marcada dependencia de las ayudas monetarias condicionadas a los más pobres o del crédito para el consumo popular. 

También hay que felicitar sus inversiones en infraestructura, que en Ecuador, por caso, son evidentes en las carreteras y puentes. Pero a la vez hay que comprender que mucho dinero se perdió dentro de los laberintos estatales, sea por medios lícitos pero ineficientes como también por la corrupción.

Esas contradicciones se deben a que los progresismos —en términos generales y muy esquemáticos— se enfocaron en una variedad de capitalismo que buscó capturar una mayor proporción de excedente para intentar una redistribución económica. Pero lo hicieron apelando a prácticas concretas que, como los extractivismos y el consumo de masas, requerían su subordinación al capital. Ello ocurrió por varias vías: blindaron al sector financiero, profundizaron la exportación de materias primas, captaron la inversión extranjera y se adhirieron plenamente a la institucionalidad global (como la Organización Mundial del Comercio).

Eso funcionó por medio de equilibrios en los que el Estado progresista buscaba regular al capital y a la vez no podía dejar de ceder ante él. Esos equilibrios eran inestables pero mientras los precios de las materias primas fuesen altos, el excedente apropiado podía sostener las medidas de compensación y amortiguación. Pero cuando cayeron los precios de los commodities, ese esquema ya no fue posible. Y ello ocurrió al mismo tiempo en que la capacidad de renovación política del progresismo se agotó.

TR

Más allá de la coyuntura política, todas las economías latinoamericanas siguen compartiendo ciertas características centrales: los sectores económicos predominantes se basan en la extracción de recursos, la agricultura de monocultivo y la manufactura de bajos salarios; en términos de empleo, la región está marcada por un gran sector informal, así como por la práctica arraigada de precarización y tercerización, lo que resulta en una clase obrera que trabaja en la precariedad extrema sin una red de seguridad social; y en cuanto a su inserción en el sistema mundial, la región se encuentra en un lugar de dependencia caracterizado por las exportaciones de bajo valor agregado, la plena integración a los mercados globales y altos niveles de deuda soberana. 

¿Qué ha revelado la pandemia y la crisis económica respecto al modelo de acumulación de la región? ¿Qué enfoque debe orientar la recuperación latinoamericana y a qué escala debe concebirse e implementarse?

EG

Desde el Centro Latino Americano de Ecología Social venimos siguiendo la crisis por la pandemia en todo el continente. Lo que observamos es que la crisis actual se superpone sobre varias crisis que ya estaban en marcha en 2019 y antes. A su vez, si bien hay semejanzas, también las diferencias entre los países son muy importantes.

No es lo mismo lo que ocurre, por ejemplo, en Brasil que en Chile, o en México que en Colombia. Tras esa advertencia, puede decirse que se observan distintos grados de colapso, derrumbe o miserias en la política y en el papel de los gobiernos. En unos casos eso es extremo, como se observa con la inacción y autoritarismo de Jair Bolsonaro en Brasil. Pero otras situaciones son también dramáticas, como la que se vive en Perú, donde mientras avanzaban los contagios se derrumbaba la política de partidos.

En esa desesperación, los gobiernos otra vez buscan que los extractivismos sean la solución para paliar la crisis económica. Todos los países de América del Sur, sin excepción, intentan aumentar sus exportaciones de materias primas y simultáneamente sumar nuevos sectores (como la minería de litio o la expansión de los monocultivos transgénicos). 

Entiendo que no es inminente una salida de la condición pandémica. Esta no es una crisis de un par de años, sino que dado el colapso del sistema sanitario y la inequidad en el acceso a las vacunas, el coronavirus es la nueva normalidad. Estaremos con economías deprimidas, subas y bajas en contagios y muertes, ciudades bajo control policial y un aumento escandaloso de la pobreza y el desempleo durante un tiempo largo.

El dato, a mi modo de ver, es que bajo este contexto está cristalizando una transformación política que ya estaba prefigurada (por ejemplo bajo el conservadurismo de Uribe y Duque en Colombia, el fujimorismo en Perú y, en grado extremo, Bolsonaro y la ultraderecha brasileña). Se trata de una verdadera necropolítica, la política del dejar morir. Es diferenciar entre vidas rescatables y otras desechables —como las de pobres, negros, campesinos o indígenas— a los que el Estado y la sociedad ya no les proveen de soluciones, y esto pasa a ser aceptado por las mayorías. El miedo al virus ha hecho retroceder a la política a una situación en la que se resigna ante la muerte (ya no se defiende ante ella) y la acepta en la cotidianidad.

TR

Más allá del momento de la recuperación, ¿cuál es el horizonte político de la izquierda? Si entendemos la pandemia del COVID-19 como la primera gran crisis ecológica a escala mundial, ¿será que llegó la hora de un paradigma que aborde de manera más explícita los problemas —entrelazados— de la extracción de recursos, el daño ecológico y el cambio climático? 

En otras palabras, ¿es hora de avanzar del «socialismo del siglo XXI» hacia la discusión sobre el ecosocialismo, sobre un nuevo pacto ecosocial, una economía democrática verde o alguna otra formulación? ¿Cómo definen su visión de una alternativa radical al modelo económico imperante, y cómo creen que se podrían articular las conexiones fundamentales entre la economía y la naturaleza?

EG

Para responder esa cuestión entiendo que es necesario diferenciar entre izquierda y progresismo. Los agrupamientos políticos y los gobiernos asociados a las imágenes de Lula da Silva o Evo Morales comenzaron con un empuje de izquierda pero una vez en el palacio de gobierno, y con el paso del tiempo, se transformaron en progresistas. A mi juicio, progresismo e izquierda son dos proyectos políticos distintos. 

Es evidente que uno de los factores que explican la divergencia entre aquella izquierda inicial y los progresismos siguientes fueron los modos de apropiación de los recursos naturales y los entendimientos sobre el desarrollo. El progresismo invoca distintas razones, desde la necesidad de combatir la pobreza a la espera de una revolución mundial, pero acepta esa destrucción ambiental.  

En cambio, una nueva izquierda para el siglo XXI y enfocada en América Latina debe defender la naturaleza. Aquí se debe subrayar esa condición de «nueva», porque la renovación debe estar en no repetir errores de la izquierda clásica latinoamericana del siglo XX (como su aversión a las cuestiones ecológicas) y en cambio rescatar sus aciertos, como insistir en romper con ser proveedores de materias primas.

Del mismo modo, esta nueva izquierda debe dejar atrás la condición patriarcal, y eso significa rechazar los machismos progresistas de hoy como los comités de jefes varones de la izquierda del siglo pasado. Situaciones análogas se repiten en otras dimensiones, como por ejemplo la interculturalidad y el papel de los pueblos originarios, la globalización y más. 

Pero entre ellas quiero subrayar el asunto de los derechos humanos y la democracia. Es que parte de ese diagnóstico sobre los progresismos que sigue pendiente radica en su real desempeño en fortalecer la democracia y asegurar la salvaguardia de los derechos. Los últimos años de los progresismos significaron retrocesos en algunos aspectos que no pueden ser ocultados: tienen que servir como lección para nuestra nueva izquierda.

Es también una izquierda anclada en América Latina, y por lo tanto propia de sus contextos históricos, sociales y ecológicos. Esto es algo que dicen muchos, pero el problema es que no son pocos los que finalmente terminan repitiendo recetas del Norte para imponerlas a nuestros esfuerzos de renovación de nuestra izquierda criolla.

Uno de los aportes fundamentales de esta nueva izquierda latinoamericana fue proveer otro modo de entender el valor. Ese era un aspecto central en el debate andino, que nutrió las diferentes concepciones del Buen Vivir y a su vez se concretó en los derechos de la naturaleza en la nueva constitución de Ecuador. 

En cambio, en las tradiciones occidentales se comparte una teoría del valor donde solo los seres humanos son sujetos y agentes de valoración. Son antropocéntricas, y eso es evidente en conservadores y liberales pero también está presente en el socialismo, ya que es el trabajo del humano el que otorga valor a la naturaleza. El ecosocialismo es parte de esa tradición —y sin dudas expresa mayores avances en una responsabilidad ecológica— pero carece, entre otras cuestiones, de una teoría del valor alternativa a esta visión predominante de la modernidad.

El Buen Vivir postula un cambio radical y por ello se lo ha planteado como una alternativa tanto al capitalismo como al socialismo. Desde el Buen Vivir son intolerables los extractivismos y la pobreza porque violan los valores intrínsecos tanto de la naturaleza como de los humanos. Como el ecosocialismo admite una valoración instrumental, siempre podrá haber extractivismo, y eso es justamente lo que ocurrió con Correa o Morales. En la teoría hay una limitación: el ecosocialismo puede apelar al Estado pero termina implementando el desarrollo (aunque una variedad distinta). En la práctica, como para una redistribución económica que asegure equidad se necesita del crecimiento económico, termina en alguna forma de keynesianismo verde. 

Decirse postsocialista no significa rechazar el aporte de la tradición socialista, ya que el Buen Vivir con toda comodidad hace suyo buen parte de su legado en el campo de la justicia social. Lo que se está diciendo es que esa versión del Norte del ecosocialismo ya no es suficiente para constituirse en una alternativa. La alternativa latinoamericana va más allá de ella, y confirma que es una ruptura con el capitalismo que se hace moviéndose hacia la izquierda.

Comparto esto porque entiendo que una de las cuestiones centrales en la renovación de la izquierda está en generar una nueva teoría del valor, y ésta no puede ser una repetición de la originada en Europa hace dos siglos atrás, porque ahora disponemos de la nuestra propia. Los progresismos y la academia, especialmente la del Norte, tiene que respetar y tolerar estos ensayos.

TR

Por último, ante la posibilidad de un nuevo superciclo de commodities y con el retorno de varios gobiernos progresistas, ¿qué consejo ofrecerían a los gobiernos de izquierda o centroizquierda —tanto actuales como futuros— de la región? ¿Cómo deberían orientarse en un contexto de crisis multidimensional, en el que otro auge de los commodities puede traer consigo una mayor presión para expandir la frontera agrícola y extractiva? ¿Cómo podrían cambiar sus economías nacionales para hacer una transición hacia la energía renovable, una mayor protección social, una agricultura regenerativa y otras alternativas económicas al extractivismo? ¿Se podría financiar una transición de este tipo? ¿Es posible forjar un camino en este sentido sin la coordinación de los gobiernos de todo el Sur Global para poner fin al régimen de deuda y austeridad impuesto por las instituciones financieras?

EG

A este momento, los dos agrupamientos progresistas que han retornado al gobierno (en Argentina y Bolivia) están repitiendo las estrategias extractivistas; y como estas son resistidas por las comunidades locales, se repiten los conflictos. El gobierno de Alberto Fernández ha blindado y subsidiado la explotación de hidrocarburos en el sur del país, incluyendo el fracking; la administración Luis Arce está debilitando el sistema de áreas de protección ecológica para permitir el ingreso de petroleras, mineras, hidroeléctricas y sojeras. Así es que el debate entre izquierda y progresismo volvió a la primera plana. Los procesos electorales en Bolivia, Ecuador y Perú incentivaron todavía más las polémicas.

Para quienes estamos aquí en el Sur quedaron en evidencia las limitaciones de las opiniones apresuradas desde una exterioridad, donde el ejemplo más impactante fueron los dichos del politólogo español Juan Carlos Monedero que, desde Quito, mirando televisión, diagnosticaba quién era indio y quién no lo era al momento de las elecciones en Ecuador. Señalo esto para insistir en el punto de arriba: la renovación y construcción de una izquierda latinoamericana tiene que ser propia. Sin duda debe dialogar, intercambiar y aprender de otras experiencias; tampoco puede negar sus nexos históricos. Pero no puede aceptar que desde Madrid, Londres o New York se indique quién es indígena o no, quién es de izquierda o no, quien es leal o es traidor.

Como segundo punto, esa izquierda debe ser verde en el sentido ecológico, feminista en tanto rompe con el patriarcado, intercultural como expresión de incorporar saberes y sentires indígenas y estar comprometida con la justicia social y ecológica. Y desde allí inspirarse en el socialismo. Me la imagino como una izquierda abierta, que cobije a diferentes personas y posturas que coincidan en esos compromisos pero que puedan recorrerlos de distinto modo. 

No puede volver a ser caudillista, ensimismada en tener un líder supuestamente infalible que mande paternalmente. Debe, por el contrario, procurar extender y profundizar una participación y deliberación que descansen en gestiones colectivas y rotativas.

Debe volver a recuperar su defensa de los derechos humanos, lo que fue una de las grandes lecciones que dejaron los años oscuros de las dictaduras militares. Debe asegurar todos los derechos, desde el acceso a la información hasta la vida, y para todos: sin exclusión, sin caer en la necropolítica. Y por ello debe proteger con todas sus energías a los más excluidos.

Si gobierna, debe ser una izquierda eficiente, con funcionarios más capaces y más trabajadores; no nos engañemos, la herencia del progresismo gobernante en sectores como educación y vivienda fue muy pobre.

Esta izquierda debe implicar cambios sustanciales no solamente en los saberes, en la racionalidad bajo la cual se puede organizar una economía, sino también en las sensibilidades y afectividades. Debe forjar otros vínculos tanto con las personas como con la naturaleza. 

Su programa debe enfocarse en las alternativas al desarrollo. Y digo «alternativa» no aleatoriamente, sino porque es un concepto con un significado doble: ofrece opciones distintas pero a la vez asegura las capacidades para poder elegir libremente, y por ello se entiende democrática. Una alternativa más allá de cualquier variedad de desarrollo, porque todas dependen del crecimiento y todas imponen una dualidad sociedad-naturaleza. De ese modo podrá constituirse en una alternativa poscapitalista y postsocialista.

Ya hemos intentado todas las variedades de desarrollo; hay unas mejores que otras, pero los problemas de fondo no se resuelven en ninguna de ellas. El planeta ya no resiste más experimentos, debemos atravesar los límites del desarrollo. Y eso es lo que se propone el Buen Vivir.

Fuente: https://jacobinlat.com/2021/08/01/buen-vivir-para-superar-los-limites-del-desarrollo/

El tiempo de la creación

TRINIDAD RUIZ TÉLLEZ / JOSÉ MORENO LOSADA 

El Tiempo de la Creación es un tiempo litúrgico y pastoral durante el que los 2.200 millones de cristianos del mundo (1.300 millones de católicos) están invitados a la reflexión y la acción. Se celebra anualmente del 1 de septiembre al 4 de octubre. En este período, las comunidades cristianas de todo el planeta se unen en la renovación de su fe en Dios creador, en la oración compartida y en una especial implicación en diversas tareas en defensa de la casa común
 

Está dirigido por una red ecuménica que se inspira en el llamamiento de la encíclica ‘Laudato si’’ (2015), del papa Francisco, para un nuevo diálogo sobre cómo estamos dando forma al futuro de nuestro planeta y el requerimiento de una nueva solidaridad, que apoye a las personas más vulnerables y les permita vivir en dignidad. Esta red ecuménica funciona operativamente a través de la web www.seasonofcreation.org y está dirigida por un comité directivo conformado por: el Consejo Mundial de Iglesias, el de las Iglesias Reformadas, el Dicasterio vaticano para la Promoción Integral del Desarrollo Humano, el Dicasterio para la Comunicación, el Movimiento Laudato si’, Actalliance, la Alianza Evangélica Mundial-A Rocha, la Federación Luterana Mundial, la Red Ambiental Cristiana Europea, la Red Ambiental de la Comunión Anglicana, la Red de Cuidado de la Creación de Lausana y Christian Aid. Tiene, además, un comité asesor, a través del cual se organizan y coordinan las propuestas y acciones, cada año bajo un lema y tema común. 

El planteamiento de la ecología integral y de la corriente del Tiempo de la Creación no es cuestión de una moda, sino que hunde sus raíces en las claves fundamentales del pensar y del sentir cristiano. Nos movemos en la teología de la creación conectada con la encarnación, así como con la resurrección y la esperanza de un mundo nuevo, en la perspectiva escatológica. 

Se trata de la conexión fundamental entre el alfa y el omega de todo lo creado. Hemos de profundizar en este misterio de Evangelio para hoy. Presentamos las líneas fundamentales de este mensaje y subrayamos las claves que consideramos esenciales para dar razón del momento y de la necesidad de atender esta dimensión holística de la creación

Breve recorrido histórico 

Pero antes, para contextualizar bien la misión/visión evangelizadora del Tiempo de la Creación, hagamos un breve recorrido histórico para conocer de dónde surge esta iniciativa pastoral, marcando como hitos las fechas más significativas y apoyándonos en documentos o datos concretos. 

En 1989, el patriarca ecuménico Dimitrios, de la Iglesia Ortodoxa Oriental, proclama como Día de Oración por la Creación el 1 de septiembre. A partir de 2001, otras iglesias cristianas europeas comenzaron también a celebrar esa misma fecha como una jornada especial de plegaria por la creación. Dos años más tarde, en 2003, la Asamblea de Obispos Católicos de Filipinas invita a unirse a las celebraciones de septiembre del Día de Oración por la Creación. 

En 2007, durante la III Asamblea Ecuménica Europa que tuvo lugar en la ciudad rumana de Sibiu, se propuso por primera vez establecer un Tiempo de la Creación con una duración de cinco semanas entre el 1 de septiembre (por ser el día de la memoria ortodoxa de la divina creación) y el 4 de octubre (por ser el día de la memoria de san Francisco de Asís en la Iglesia católica y en algunas otras tradiciones occidentales). Un año más tarde, en 2008, el Consejo Mundial de Iglesias celebrado en Ginebra animó vivamente a los participantes a unirse a las jornadas de oración convocadas. 

Laudato si’ 

Ya en el año 2015, el papa Francisco publica su encíclica Laudato si’ en el mes de mayo, y da a conocer su deseo de que, el 1 de septiembre, se instituya oficialmente en la Iglesia católica como Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. Encarga entonces al cardenal Peter Turkson, presidente del Pontificio Consejo ‘Justicia y Paz’, y al cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, la tarea específica de su difusión y dinamización. 

Al año siguiente, 2016, en su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por la Creación –titulado ‘Usemos misericordia con nuestra casa común’–, el Papa pone como referentes al patriarca Bartolomé y a su predecesor Demetrio –“que durante muchos años se han pronunciado constantemente contra el pecado de causar daños a la creación, poniendo la atención sobre la crisis moral y espiritual que está en la base de los problemas ambientales y de la degradación”–, desgrana el pecado ecológico, anima a la conversión ecológica y propone como obra de misericordia adicional a las siete corporales y siete espirituales, una octava: el cuidado de la casa común

Al año siguiente, con motivo de la celebración de la Jornada Mundial de Oración por la Creación, se publica ya un mensaje conjunto del papa Francisco y del patriarca ecuménico Bartolomé. Con este mensaje compartido se visibiliza la voluntad de trabajo cooperativo en la línea de la ecología integral, y se realiza al unísono un “llamamiento urgente a quienes ocupan puestos de responsabilidad social y económica, así como política y cultural, para que escuchen el grito de la tierra y atiendan las necesidades de los marginados, pero, sobre todo, para que respondan a la súplica de millones de personas y apoyen el consenso del mundo por el cuidado de la creación herida”. Y afirman finalmente: “Estamos convencidos de que no puede haber una solución sincera y duradera al desafío de la crisis ecológica y del cambio climático si no se da una respuesta concordada y colectiva, si la responsabilidad no es compartida y responsable, si no damos prioridad a la solidaridad y al servicio”. 

Acceso al agua 

El 1 de septiembre de 2018, el mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de Oración por la Creación trata específicamente sobre la problemática del acceso al agua y subraya las interrelaciones entre todo, de manera que “no hay ecología sin una adecuada antropología” (Laudato si’, 118). En ese año ya hay un recorrido de funcionamiento de la plataforma para actuaciones en el Tiempo de la Creación y, gracias a la ayuda de diferentes miembros del comité asesor, se comparte por internet una guía para su celebración, en varios idiomas y adaptada a diversas realidades ecuménicas –católica, protestante, anglicana, ortodoxa y luterana–, con el lema ‘Caminando juntos’

El 1 de septiembre de 2019, el Papa vuelve a hacer referencia explícita al Tiempo de la Creación, como “una ocasión para sentirnos aún más unidos con los hermanos y hermanas de las diferentes denominaciones cristianas, […] de modo particular, con los fieles ortodoxos, que llevan treinta años celebrando esta Jornada”. El lema elegido para trabajar ese año es ‘La red de la vida’, y el propio Francisco escribe al respecto: “Sintámonos también en profunda armonía con los hombres y mujeres de buena voluntad, llamados juntos a promover, en el contexto de la crisis ecológica que afecta a todos, la protección de ‘la red de la vida’ de la que formamos parte”. 

Aniversario en pandemia 

El año 2020, pese a la pandemia, llegaron a celebrarse más de 1.300 eventos del Tiempo de la Creación en los diferentes continentes, con la participación –presencial y ‘online’– de cientos de miles de cristianos. El lema elegido esta vez fue ‘Jubileo de la Tierra’ y la celebración coincidía, además, con el quinto aniversario de la encíclica Laudato si’, por lo que el Papa –aprovechando la Jornada de Oración por el Cuidado de la Creación del 1 de septiembre– pidió en su mensaje “planes operativos a largo plazo para lograr una ecología integral en las familias, parroquias, diócesis, órdenes religiosas, escuelas, universidades, atención médica, empresas, granjas y en muchas otras áreas”. 

En enero de este año, después de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, los líderes cristianos dieron a conocer el lema del Tiempo de la Creación para 2021: ‘¿Una casa para todos? Renovando el Oikos de Dios’, reforzando así el carácter ecuménico del mismo. Ya en la clausura oficial del quinto aniversario de la encíclica Laudato si’ (mayo de 2021), desde el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, su entonces secretario, monseñor Bruno-Marie Duffé, animó “a los obispos y a los organismos eclesiales a hacer declaraciones para sensibilizar sobre el Tiempo de la Creación”. (…) 

La tierra: hogar de todos los seres vivos

[Por: Marcelo Barros]


Cada año, del 1º de septiembre al 4 de octubre, Iglesias y organizaciones ecuménicas de todo el mundo se unen para celebrar el “tiempo de la creación“. Desde 2015, en ese periodo, las personas que viven alguna búsqueda espiritual son invitadas a unirse en el cuidado de la Tierra y de la naturaleza que nos rodea. Esa iniciativa ecuménica cuenta con el apoyo de diversas organizaciones cristianas, como el Consejo Mundial de Iglesias, Christian Aid, Federación Luterana Mundial, Red Medioambiental de la Comunión Anglicana, Movimiento Católico Mundial por el Clima y el Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral del Vaticano. Esos organismos forman parte del comité del Tiempo de la Creación. San 

Para 2021, la comisión que coordina esta iniciativa propone como tema: “Una casa para todos y todas. Renovando el oikos de Dios”. 

De hecho, los poderosos del mundo organizan la sociedad de tal forma que cada vez más la tierra parece ser el hogar de una pequeña élite que disfruta de todos los bienes de la tierra, à costa de la marginación y sufrimiento de miles de millones de personas. Este sistema económico destruye la tierra y provoca desastres climáticos que los científicos esperaban para la próxima década y ya están presentes, ahora, en todo el mundo. 

Mirar a la Tierra como el hogar de todos los seres vivos es aún más oportuno este año, cuando la ONU celebrará en octubre otra cumbre internacional sobre la Diversidad (COP 15) y en noviembre sobre el clima (COP 26). Cada vez más la sociedad civil internacional y movimientos sociales toman conciencia que los cambiamientos estructurales necesarios no podrán venir de gobiernos que sirven de intendentes y administradores del mundo a servicio de las corporaciones económicas multinacionales. El asunto dice respecto à la vida de toda la humanidad y no puede ser dejada en las manos de diplomáticos y científicos. Todos/as tenemos responsabilidad y deber ético de proteger la continuidad de la vida en el planeta Tierra. 

El papa y los líderes de Iglesias proponen como primera tarea la oración por la madre Tierra. Sin embargo, parece que jugamos con Dios si le pedimos que proteja la naturaleza y seguimos conniventes con el modelo económico que provoca destrucción y incluso nos beneficiamos del modelo de sociedad que teóricamente criticamos. Podemos orar, pero, para que nuestra oración sea sincera,  es hora de actuar.