«Hombres Nuevos»

Treinta años de Hombres Nuevos: «La utopía se hace realidad en la otra Bolivia»

Treinta años de Hombres Nuevos
Treinta años de Hombres Nuevos

Hace 30 años que una pequeña fraternidad de apóstoles que querían aplicar el proyecto de humanización de Jesús en este barrio marginal, denominado Plan 3000, en el que el 60% eran pobres y el 40% vivían en la miseria

Educación y Cultura, evangelización, alimentación y viviendas funcionales, con la colaboración de más de 5.000 voluntarios y las aportaciones generosas de instituciones, empresas y personas, han hecho posible la utopía

El proyecto es boliviano y dirigido por bolivianos, pese a algunas críticas infundadas, el proyecto Hombres Nuevos, está en manos bolivianas y tiene futuro boliviano

Subidos en la utopía de Jesús, la utopía de Hombres Nuevos se hace realidad en la otra Bolivia, la fraterna, la igualitaria, donde todos vivimos en Bolivia con dignidad y alegría

Por Nicolás Castellanos

Hoy 16 de enero, hace 30 años que llegó al Plan 3000, a Santa Cruz de la Sierra, a Bolivia. Constituye una fecha histórica el 16 de enero del año 1992. Un grupo  insignificante. En la Iglesia una pequeña fraternidad de apóstoles que querían  aplicar el proyecto de humanización de Jesús en este barrio marginal, denominado Plan 3000, en el que el 60% eran pobres y el 40% vivían en la miseria

El proyecto tiene un nombre: HOMBRES NUEVOS, también por supuesto, mujeres nuevas. 

El sueño inicial del fundador hoy realidad, el proyecto es boliviano y dirigido por  bolivianos, pese a algunas críticas infundadas, el proyecto Hombres Nuevos, está  en manos bolivianas y tiene futuro boliviano

Treinta años de andadura C O N los pobres, pisando el barro del barrio, tras las pisadas de Jesús de Nazaret, felices haciendo felices a los bolivianos empobrecidos, marcando esta hoja de ruta. 

Educación y Cultura: 100 escuelas, hogares en el altiplano para que las/los alumnos no tengan que andar 6, 4 horas para ir a la escuela, 85 canchas polifuncionales, facultad de Teatro, con la Universidad Católica de Bolivia, Escuela y Orquesta de Hombres Nuevos, Escuelas deportivas, Gimnasia Rítmica, Tinku… 

Evangelización, realizada a través de la promoción integral de TODO el hombre y de TODAS las mujeres y hombres, a través de grupos de profundización en la fe, de jóvenes, de niños, de derechos humanos, de caritas, de Comunidades Eclesiales  de Base, de formación de profesionales, a través de las becas universitarias (5000  licenciados o técnicos superiores), de emprendedores de microempresas…  

Alimentación: En 1992, la desnutrición terminaba con muchas vidas de niñas y niños en el Plan 3000, en el centro de niños “Palencia”, que empezó a funcionar al mes de estar Hombres Nuevos en Santa Cruz, ha salvado más de 5.000 vidas de niñas y niños bolivianos

Las Viviendas sociales funcionales, han terminado con esa vivienda de un cuarto de 4×4, lo mismo para 8 que para 12 personas. 

Esta ingente labor social se ha realizado con la colaboración de más de 5.000 voluntarios y las aportaciones generosas de instituciones, empresas y personas

Esta hoja de ruta de Hombres Nuevos, todavía mucho más extensa, tenía y tiene un doble objetivo:

«Elevar la autoestima del boliviano, mediante el instrumento de la educación, elevar su dignidad hasta llegar a ser protagonista de su propia historia, dejando de ser súbdito, sumiso, pasivo y alumbrando un ciudadano libre, responsable, solidario y alegre»

Después de 30 años, tercamente perseverantes en el camino de los pobres, Hombres Nuevos ha mostrado que otra Bolivia es posible y factible. Precisamente la Bolivia que todos soñamos, una Bolivia moderna, progresista, democrática, libre,  solidaria, en igualdad, habitable para todos, sin excluir a nadie de los bolivianos, sin corrupción, sin enfrentamientos, sin contrabando, sin ese 85% de trabajo informal, sin que los niños trabajen ni bajen a las minas y se pueda terminar con el Covid-19. 

Subidos en la utopía de Jesús, la utopía de Hombres Nuevos se hace realidad en la otra Bolivia, la fraterna, la igualitaria, donde todos vivimos en Bolivia con dignidad y alegría. 

Los bolivianos de Hombres Nuevos han diseñado la tercera etapa con proyectos y alianzas con la Gobernación y Alcaldía de Santa Cruz de la Sierra y los municipios de Montero, Cotoca, Pailón, Concepción, Santa Ana de Velasco, Puerto Suárez. Hombres Nuevos, como ves, tiene futuro, apostando por los pobres. 

Nicolás Castellanos Franco osa

El sistema eclesiástico

El sistema eclesiástico se ha quedado sin vino, sin amor

tinaja

01  v 1. BODA EN CANÁ DE GALILEA

    El signo de las bodas de Caná es como el primer paso de la actividad de Jesús en su vida adulta.

    Había una boda

Toda boda, el matrimonio hace referencia siempre al amor, a la vida. En toda boda, que sea tal, hay amor y vida.

Dios amaba a su pueblo, a la humanidad. La relación entre Dios y su pueblo era vivida como una comunicación de bondad y amor: boda.

La imagen de la boda, del amor está muy presente en los profetas y en el mundo bíblico a la hora de anunciar los tiempos del Mesías. A esta relación de amor en el lenguaje bíblico se le llamaba: “Alianza”.

Dios quiere, ama, y es siempre fiel al pueblo, al ser humano.

Dios no nos manda(ley), nos quiere.

  1. v 3 Faltó el vino

Vamos a convenir en que esto de que faltó el vino es una ficción literaria del evangelista, porque “no es posible” que en una boda judía falte el vino.

El vino es el símbolo del espíritu y del amor. El pueblo de Israel se quedó sin espíritu, sin amor, únicamente vivían de la ley. El judaísmo terminó por entender y vivir la religión como un entramado de normas y ritos sin alma, sin vida y sin espíritu, sin amor. Se quedaron solamente con las tinajas (las tinajas eran de piedra, porque el barro contamina el agua. Que las tinajas fuesen de piedra hace referencia a las piedras del Sinaí, al decálogo, la ley). La religión judía terminó siendo un “carrefour” de leyes y preceptos. ¿Como nosotros, como como nuestra Iglesia?

En muchas de las actitudes de nuestras parroquias e instituciones eclesiásticas no hay espíritu, hay estructuras, servilismo, leyes, miedo, ritos, cumplimiento, pero no hay alma ni amor.

Para ser católico no hace falta amar, basta con cumplir. El católico cumple, el cristiano ama.

Si usted no da una limosna en su vida, si no visita un enfermo, si no dedica tiempo y energías a los demás, moral y canónicamente nadie le podrá decir nada, nadie le dirá nada. Pero como no cumpla con la normativa, con la ley eclesiástica, como se desvíe un ápice de las rúbricas litúrgicas, o de las normas morales de natalidad, etc., probablemente le dirán que se está descarriando de la Iglesia, si no le amenazan con la condenación.

    En Caná, en Israel faltó el amor, y hoy el entramado eclesiástico está carente de espíritu, de libertad, de audacia, de amor.

    Menos mal que Francisco trata de corregir el rumbo eclesiástico hacia lo eclesial y hacia las bodas de Caná.

  1. vv 2.3 En la boda de Caná está presente la madre de Jesús y también los discípulos: la asamblea cristiana, la Iglesia

La familia se constituye en torno al amor. Se trata ahora de la nueva familia de Jesús: su madre y sus hermanos (discípulos).

Es curioso que el evangelio de Juan solamente mencione dos veces a María y Jesús no llama a María “madre”, sino “mujer”. (Ni tan siqueira aparece el nombre de María en el evangelio de Juan). Ahora en Caná: “Mujer, no ha llegado mi hora” y al pie de la cruz: “mujer ahí tienes a tu hijo” (Jn 19,26-27)

La mujer, la nueva Eva como creación de la nueva vida. Las bodas de Caná como “encuentro” de amor. (En la cruz está el discípulo al que Jesús tanto quería).

La nueva familia de Jesús se constituye no por las tinajas, por las piedras de la ley, sino por el amor.

Hay iglesia donde hay amor, lo demás es una agencia de servicios litúrgicos.

En algunas diócesis (iglesias locales) como la nuestra,  esto se ve claramente. Se cuida toda la tramoya litúrgica, la adoración perpetua al santísimo, la normativa moral, pero no tenemos espíritu, vino, amor.

    No tienen, no tenemos vino, tono vital.

  1. v 4. No ha llegado mi hora

    El tema de la “hora” es en portante en Juan: aparece veintitantas veces en este evangelio y en un movimiento ascendente y un tanto dramático, porque la hora llega cuando Jesús va a morir: sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre… (Jn 13,1). Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa. (Jn 19,27).

    En el evangelio de San Juan la comunidad cristiana, la Iglesia nace al pie de la cruz donde reciben la redención, el Espíritu, el bautismo (agua y sangre).

    En tiempos de tristezas y desánimos eclesiásticos, volvamos la mirada personal y eclesial a la hora del Señor, a la redención y al amor.

  1. v 6 Había seis tinajas de piedra – las llenaron de agua.

El mundo religioso del AT se había quedado exhausto y sin vida, pues lo habían reducido todo a piedras (las tablas del la ley del Sinaí) y agua (ritos sin vida).

El número 6 (tinajas) significa la imperfección. El número perfecto es 7.[1] Aquel pueblo se había quedado con 6 piedras, que evocan imperfectamente las piedras de la ley del Sinaí.

La restauración del cristianismo (de la Iglesia) no vendrá por la ley más rígida, por la involución y castigo que ya lleva décadas navegando en la Iglesia (probablemente desde la muerte de Pablo VI hasta el papa Francisco).

La recuperación de la Iglesia vendrá por el amor.

  1. v 9 El mayordomo probó el agua convertida en vino.

JesuCristo transforma la religión en fe y vida. Ya no sirve la vieja Alianza, el viejo vino. La Alianza de Cristo es nueva. Es la sustitución de la vieja Alianza. JesuCristo cambia el cumplimiento por la confianza, la ley por la libertad, el agua en amor. Jesús cambia la dureza, el cilicio por el buen vino en el espíritu.

En el restauracionismo que se nos quiere imponer, no volvamos a la vieja Alianza, no volvamos a la esclavitud de Egipto. Cristo es la nueva alianza de amor y libertad.

  1. v 11-12 Con las bodas de Caná Jesús comienza sus signos. Creció la fe de sus discípulos.

Por este signo –por el amor- creció la fe de sus discípulos. El creyente y toda comunidad crece en la fe y como persona por el amor.

El signo (el milagro) no es magia. El signo es que Cristo cambia la ley (tinajas: piedra) y la el rito (agua) por un nuevo vino, es decir por el amor. El signo es que estamos llamados a la libertad y al amor, no a la ley. Uno no cree en un prestidigitador, sí creemos en el amor y en quien ama.

Los símbolos tienen valor por lo que apuntan, no por lo que son en sí. El estilo del evangelio de Juan es hermosamente simbólico. El evangelio de Juan está construido a partir de un hecho y un largo discurso o “catequesis” que explica el hecho simbólico:

Agua / samaritana (Jn 4),

Multiplicación de los panes / pan de Vida (Jn 6), Ceguera / luz: yo soy (Jn 9)

Cuando alguien te enseñe las estrellas, no te quedes mirando el dedo

  1. v 5 Haced lo que él os diga.

María, presente en el amor de aquellas bodas, les dice a los sirvientes: haced lo que Él os diga.

Solamente habrá espíritu, nuevo vino, amor en la Iglesia y en la sociedad si hacemos lo que Él nos dice y lo que Él nos dice es servicio y amor.

Haced lo que él os diga.

[1] El número 666 es la suprema imperfección, la bestia – el antiCristo (Ap 13,18): por tres veces -el 6- no llega a la perfección.

La necesidad de un cambio en la Iglesia

BÄTZING: SI NO CAMBIAMOS NADA EN LA IGLESIA, NOS QUEDAMOS “A CERO”

col renardo

Como Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, el Obispo Georg Bätzing de Limburgo habla en nombre de la totalidad del episcopado alemán. Pero también se hace cargo de posicionamientos netos, eclesiales y políticos, sobre, por ejemplo, la cuestión de las mujeres o sobre el tema del celibato. En esta entrevista, explica por qué la moderación y la ansiedad son caminos equivocados. También habla sobre su vida en su comunidad cristiana, siendo niño, cuando un sacerdote abusó de niños y jóvenes, y señala que las víctimas tienen derecho a que los abusadores sean procesados.

Pregunta: La Iglesia está en crisis, pero no sólo por los abusos. El número de miembros, nuevos sacerdotes y fieles, está disminuyendo rápidamente. ¿La iglesia está caminando hacia un muro? No parece que haya una apuesta por soluciones reales, sino más bien una gestión de la escasez.

Bätzing: Comparto esta preocupación. Si no cambiamos nada, entonces seremos radicalmente cambiados. Vamos a acabar en cero. El desarrollo posterior, la continuación de la tradición, se ha estancado durante décadas, y somos enormemente conscientes de los efectos de esto. Por eso, también creo que necesitamos un cambio radical de perspectiva en la Iglesia.

Tenemos que desechar la pregunta: “¿Qué será de nosotros?”. A menudo escucho el lamento por lo que ya no existe. Esta pregunta no sirve de nada, solo conduce a la frustración y a la resignación. Y, noto esto con muchos voluntarios y empleados a tiempo completo, en particular cuando se formulan preguntas culpabilizadoras: ¿Quién tiene la culpa? Durante mis visitas, a menudo digo “ninguno de nosotros tiene la culpa” con la intención de posibilitar un poco de libertad. Es necesario este cambio de perspectiva. No “¿Qué será de nosotros?”, sino “¿Para qué o para quién estamos aquí?”. Porque tenemos un mensaje del que estoy muy convencido. El Evangelio continúa desplegando su poder hoy. Los sacramentos están ahí para las personas y para el trabajo diario.

Siempre nos preguntamos: ¿Cómo detenemos la crisis? No estamos deteniendo la crisis. La crisis está en marcha y también tiene que ver con tendencias sociales que no podemos controlar en absoluto. La individualidad, la pluralidad que separa en lugar de unir y muchos otros elementos. No estamos deteniendo la crisis, pero debemos preguntarnos: ¿Qué nos detiene la crisis? Porque creo que Dios nos da un mensaje con los signos de los tiempos.

Pregunta: ¿La gente todavía está interesada en este mensaje?

Bätzing: Sí, pero necesitamos nuevos puntos de contacto. Mi experiencia es que cuando nos adentramos en otros entornos, descubrimos personas que tienen las mismas preguntas que nosotros. Es posible que no te la formulen de manera clamorosa o que no tengan personas con las que hablar de ello. Cuando te haces presente allí, de manera desinteresada, surgen, de repente, preguntas. Eso es lo que hemos aprendido maravillosamente con la cultura de la acogida. Abre espacios y movimientos de búsqueda. Pero no en masa. También debemos decir adiós a esto último. Ya no seremos un movimiento de masas. Sin embargo, soy un gran defensor de que la Iglesia debe convocar siempre a todos. No debemos convertirnos en una secta. No digas: “Lo estamos haciendo muy bien, independientemente de que la gente se vaya o camine con nosotros”. No. Ese no es nuestro trabajo.

Pregunta: Usted tiene posiciones claras, por ejemplo, sobre el tema de los ministerios ordenados para las mujeres o en el debate sobre el celibato. En esos asuntos, como Presidente de la Conferencia Episcopal, usted ya no habla sólo a título personal, sino también en representación de otros obispos. ¿No tendría que haber más moderación de su parte?

Bätzing: Suelo decir, un poco en broma: Los hermanos me eligieron habiendo sido obispo solo durante cuatro años. Ellos conocen cuáles son mis convicciones. También saben que no estoy aguantando la montaña. Y también que soy crítico. Si no te gusta lo que estoy diciendo, puedes decirlo, incluso públicamente. Pero ahora no es el momento de la moderación. No soy obispo para otros obispos, sino para los fieles de mi diócesis. Todos tienen derecho a saber lo que pienso y cómo me posiciono. A este respecto, es un deber de conciencia decir muy claramente, aquí y allá, lo que pienso.

Pregunta: Sin embargo, hay que esperar que cada palabra que diga acabará plasmada en titulares nacionales e, incluso, internacionales. ¿Cómo lleva este asunto?

Bätzing: Tengo 60 años. El tiempo de la ansiedad se me ha terminado. Ese es un tiempo pasado. Hubo momentos en los que estaba mucho más ansioso, era más reservado. Pero hay tanto en juego en nuestro tiempo, que es importante decir lo que pensamos. Si no podemos hacer esto en la Iglesia, realmente me preguntaría si este sigue siendo mi hogar, y lo es.

Pregunta: Usted planteó la cuestión de la criticidad. ¿Hay algún punto en el que haya cambiado su opinión por causa de tales críticas o de los argumentos escuchados?

Bätzing: En el transcurso de mi vida, diría que ciertos puntos de vista han devenido mucho más claros. Considero que la cuestión de la mujer en la Iglesia es la pregunta decisiva para el futuro. Me he vuelto mucho más confiado al respecto, también criticando mi anterior posicionamiento. He estado muy influenciado por Hans Urs von Balthasar. La tipología de género, que juega un papel importante en su trabajo, especialmente en lo que respecta al ministerio sacramental. Este posicionamiento me convenció durante mi tiempo como joven sacerdote y también como estudiante de teología. Yo también lo defendí. He llevado esto a las discusiones. Pero las discusiones me han cambiado, de modo que hoy diría que esta herramienta teológica de la tipología de género, que se puede encontrar, hasta las imágenes del Nuevo Testamento de los novios, ya no puede ser un modelo en nuestro tiempo, porque no nos ayuda en los problemas que tenemos que superar.

Al menos no, si lo miras de forma aislada.

Así que he cambiado mucho en la cuestión, de modo que incluso antes de ser ordenado como obispo, dije: Ya no puedo aceptar que los argumentos a favor del sacerdocio reservado para el hombre sigan siendo realmente aceptados en el pueblo de Dios. Y esa es una cualidad teológica. Si eso ya no sucede, tengo que preguntarme si puedo argumentar de esa manera. Esa es la pregunta que me hago. ¿Podría imaginar a una mujer asumiendo un ministerio sacramental en la Iglesia? Hoy digo: Sí, puedo.

Pregunta: el camino sinodal. Después de la segunda asamblea sinodal en Frankfurt, a principios de octubre, hay mucho viento en contra para el proyecto de reforma alemana, tanto en el Vaticano como en la Iglesia universal. Muchos de los puntos discutidos solo pueden decidirse en el nivel más alto de la iglesia mundial, no en Alemania. ¿No está ya preprogramado el fracaso del proyecto? Alemania decide sobre reformas que no se pueden implementar más adelante. Entonces, al final, solo va a haber más decepción y estaremos peor que antes.

Bätzing: No le tengo miedo a eso. Estamos en una posición muy mala a los ojos del público y, sobre todo, en la mirada de nuestros propios miembros de la Iglesia. El hilo de la paciencia está tensionado y es fácil de romper, incluso con los que se encuentran altamente conectados. El alto número de renuncias a la iglesia – ya podemos adivinar que este año no van a ser menos, y que probablemente más personas dejarán la iglesia – así lo indica: Te lo estamos diciendo. No estamos satisfechos con cómo está cambiando la Iglesia y con el ritmo del cambio. Nos gustaría seguir formando parte de ella. Queremos mantener nuestra fe, pero no vemos cómo podemos hacer eso con esta Iglesia.

¿Qué pasa después del escándalo de abusos en la Iglesia Católica en Alemania? En la Asamblea Plenaria de Primavera 2019 en Lingen, los obispos alemanes decidieron abrir un Camino Sinodal. Junto con todos los fieles, quieren iniciar reformas. Los temas: abuso de poder, moral sexual, celibato y el papel de la mujer.

Así que el drama ya está ahí. Eso no puede ser peor. Con respecto al Camino sinodal, sólo puedo repetir lo que dijo Thomas Sternberg. Se trata de gestionar las expectativas. ¿Tengo la expectativa de que el Camino sinodal ahora pide el sacerdocio para las mujeres? Si lo exigiera, sabemos lo que Roma y el Papa deben responder. Ahora no se puede introducir en absoluto, sino sólo mediante un proceso conciliar. Por lo tanto, esta demanda sería imprudente y, en mi opinión, es algo que no va a pasar.

Desde la “Ordinatio sacerdotalis” del Papa Juan Pablo II en 1994, se ha presentado el asunto de las mujeres como algo ya resuelto y cerrado. Pero reflexionemos sobre nuestra situación cultural y eclesial: para los fieles, y para muchos ministros, la cuestión no está cerrada. Está abierta, se pedirá su reapertura, pero no se quedarán tranquilizados. A pesar de que las mujeres ahora están asumiendo muchas posiciones de liderazgo en la Iglesia y participando en las decisiones, y, con suerte, muchas más en el futuro.

Pregunta: Entonces, ¿hay que dejar en claro dónde están los límites, pero aún así no cerrarse a la discusión?

Bätzing: Así es. Esto también se aplica a la cuestión del sacerdocio. Creo que aquí estamos aportando buenos argumentos a favor de un sacerdocio, que bien puede estar vinculado al matrimonio. Y no estamos solos. Pero también sabemos que no aboliremos el celibato – esa es siempre la fórmula corta – como iglesia en Alemania. Pero queremos proporcionar argumentos sobre por qué esto, tal vez, podría remediar la difícil situación de los sacramentos en nuestra situación actual. Esto no es solo una necesidad en la Amazonía, esta es también una necesidad aquí, en nuestro país.

Pregunta: El tema del abuso sexual. El estudio MHG de 2018 produjo un gran shock, aunque había estado claro, desde 2010, que se había dado escándalo de abuso. Incluso antes de su tiempo como obispo,  siendo sacerdote y durante su formación para el presbiterado. ¿Qué pensó realmente al respecto? ¿Todos eran casos aislados?

Bätzing: En la formación sacerdotal no me encontré con tales comportamientos. Más tarde, después de 2010, en mi tiempo como vicario general, me di cuenta de que se había aislado a seminaristas que habían experimentado abusos. No en el entorno del seminario, sino en las parroquias. Esa fue una información aterradora, que me abrió los ojos.

Yo mismo vengo de una parroquia donde había un sacerdote que abusaba de jóvenes, abusaba de niños. Y pude ver en este ejemplo todos los elementos estructurales que hemos descubierto: el silencio, el alejamiento de los jóvenes; la búsqueda de vías para que el perpetrador fuera inofensivo, por así decirlo. Todo lo referente a las víctimas apenas fue tomado en consideración. Hasta la fecha, no ha habido una comunicación real al respecto. Eso fue en los años 60, gracias a Dios, antes de que yo fuera un adolescente.

Siempre he tenido un conocimiento al respecto, pero muy inespecífico, porque no se hablaba de ello. En este sentido, básicamente tuve que pasar por todo el proceso de aprendizaje por mí mismo, personalmente. También con la decepción de lo que hacen los sacerdotes cuando abusan de su poder y poder espiritual de esta manera. Tengo que decir honestamente que esto también es una decepción para mí, como sacerdote: que este poder no se use para promover la fe, sino para abusar, dañando a las personas durante toda su vida y arrancando la fe de sus corazones.

Y junto con este proceso de aprendizaje, el cambio de perspectiva hacia la centralidad de las víctimas, de los supervivientes, como a menudo se llaman a sí mismos, para prestarles atención. Esto es algo que he tenido que aprender. Y lo he tenido que aprender con mucho esfuerzo.

Pregunta: Sin embargo, la percepción pública sigue siendo fatal. El panorama que emerge es el de encubrimientos; y de las concesiones, solo cuando es absolutamente necesario. Pero contamos con la buena voluntad de muchos. Y también con que se está trabajando mucho en los campos de la prevención y de la reevaluación. ¿Por qué todavía la curva (de abandonos) no se para o se estabiliza y desciende?

Bätzing: Esa es una preocupación legítima. Supongo que eres un creyente que quiere confesar de nuevo, con la cabeza en alto y la espalda recta: soy católico. Muchos ya no pueden hacer esto porque tienen que justificarse. Esto tiene que ver con la confianza perdida. Mi experiencia es que lo que estamos haciendo ahora, no debemos hacerlo para recuperar la confianza, sino porque es algo que se lo debemos a las víctimas. Tenemos que hacer todo lo que podamos. Si la nueva confianza crece o no, es algo que ya no está en mis manos, eso está en manos de otros. La confianza se da, no se compra ni se gana.

También me doy cuenta de esto como obispo de Limburgo. Recientemente tuvimos un gran congreso sobre cambios de fondo en la diócesis, con muchos participantes. Me gustaría que esto se debatiera ampliamente. En un momento dado, el moderador preguntó: “Sr. Obispo, ¿se puede confiar en usted?” Esa fue una buena pregunta. Le respondí: La confianza sólo se puede dar. Te la doy. A veces me digo a mí mismo: He estado aquí durante cinco años y lucho: ¿Qué más debo hacer? – Pero eres tú quien decide si confías en mí o no.

Y lo mismo vale para la cuestión de los abusos, los escándalos financieros y la crisis de confianza que hay en Colonia. Tenemos que hacer nuestro trabajo. Pero entiendo la impaciencia de muchos creyentes que dicen: Pronto ya no podré seguir confiando. No siempre quiero tener que justificarme a mí mismo de por qué pertenezco todavía a este “negocio”.

Aniversario de los Acuerdos de Paz en El Salvador

El 30º Aniversario de los Acuerdos de Paz

El periodista Héctor Silva me envió una serie de preguntas interesantes de actualidad. Las reproduzco junto con mis respuestas

1. ¿Tenemos que seguir celebrando la firma de 1992? Hay mucha desilusión por una paz que muchos han calificado de mediocre. El oficialismo actual reniega de aquello y dice que no hay nada que celebrar. Pero, por otro lado, parece claro que mucho de lo que avanzamos en estas tres décadas no hubiese sido posible sin 1992. ¿Qué debemos de celebrar?

Respuesta: La firma de los acuerdos de paz es un acontecimiento muy importante en la historia de El Salvador. Por primera vez los problemas graves de enfrentamiento político y social entre salvadoreños se resolvió por la vía del diálogo racional en vez de por el camino de la fuerza bruta y la muerte o destierro del enemigo. Es cierto que después en el proceso de paz hubo algunas marchas atrás, como la ley de amnistía por ejemplo, y muy poca capacidad de impulsar un desarrollo equitativo. A todo ello lo acompañó la corrupción, el compadrazgo o amiguismo y el favoritismo político. E incluso las celebraciones de los acuerdos de paz se volvieron para mucha gente desagradables por el modo de celebrarlos sin autocrítica: Se celebraba alabando a los firmantes y a los gobiernos de turno como herederos de los acuerdos y se olvidaba a las víctimas de la guerra y a los pobres. Cuando en realidad las víctimas fueron el motor de los acuerdos, y los pobres el compromiso a solucionar. Además, a este proceso contrario a la memoria, se le unió la corrupción y el discurso demasiado vacío de los políticos, con claros signos populistas en lo poco que hacían. Es normal que haya gente que se alegre con la crítica que se hace al proceso posterior, pero no es correcto que el Gobierno mezcle los errores posteriores a los acuerdos con una dinámica, la de los acuerdos, que tiene víctimas hasta la sangre y protagonistas que nos merecen un enorme respeto.

2. Sobre la reciente iniciativa del oficialismo en torno a la masacre de la UCA. ¿Cómo lo entiende? ¿Una pretensión auténtica de justicia para las víctimas? ¿Simple revanchismo político?

Respuesta: La reciente iniciativa del sector gubernamental trata de comenzar un proceso. Es difícil en el inicio de un proceso hablar de intenciones. Lo más que se podría hablar es de escenarios. Sobre todo cuando el proceso no está plenamente iniciado. Sin embargo llama la atención y produce inquietud el hecho de que se anticipe este proceso a la formulación de una ley de justicia transicional, y que contrasten tanto las declaraciones de deseo de justicia con lo que está aconteciendo en el juicio de El Mozote, o en la parálisis de la Fiscalía frente al resto de los casos mencionados en la Comisión de la Verdad, o frente a otros casos también presentados en la Fiscalía. Solamente el Idhuca ha presentado en la Fiscalía un poco más de 60 casos, la mayoría crímenes de lesa humanidad cometidos durante la guerra civil, que duermen en la inactividad pro-impunidad de la Fiscalía.

3. Siempre sobre la masacre de 1989, ¿Cómo se entiende que el mismo gobierno que dice que no hay nada que celebrar quiera colgarse medallas con el tema judicial en torno a la masacre, cuando es un hecho que está tan relacionado a la firma de la paz? ¿Simple ignorancia?

Respuesta: El Gobierno actual ha dado muestras repetidas veces de impulsar su propia propaganda favorable, más allá de los condicionamientos éticos que toda propaganda debe tener. Ni la verdad ni la fidelidad a la historia parecen tener importancia en ese tipo de propaganda. Se trata más bien de fomentar los sentimientos de frustración de mucha gente ante la realidad política, social o judicial, y hacer signos que den la impresión de que ahora se actúa de un modo totalmente distinto al pasado.

4. ¿Cuáles son sus perspectivas sobre el futuro político del país? Hay quienes dicen que estamos ante un escenario parecido al de finales de los 70 por los niveles de persecución y por los cierres de espacios reales de participación política.

Respuesta: No creo que estemos en un escenario tan semejante al de los años 70, ni que las actuaciones presentes del Gobierno puedan llevar a respuestas semejantes a los ocurridos en los 80. Hoy hay muchos más condicionamientos legales, al menos externos, y se ha desarrollado mucho más la conciencia ciudadana en torno a la institucionalidad democrática y la importancia de los Derechos Humanos. Creo que en la medida en que la realidad económica y social se siga mostrando tan compleja y difícil como en el tiempo de los gobiernos anteriores, y en la medida también de que el actual Gobierno continúe dando muestras de un control centralizado y autoritario de las instituciones nacionales, los cambios vendrán desde el aumento de la conciencia crítica de la ciudadanía. Al final nos encontraremos con un tipo de gobierno que al estilo del último gobierno de Arena, tratará de dialogar un poco más con la gente. Lo difícil es calcular los tiempos que puede durar este proceso y los problemas que pueden surgir dentro del mismo. Pero el desarrollo de la conciencia en el país es una realidad evidente, y por el lado de la conciencia y la responsabilidad ciudadana se terminará avanzando de nuevo hacia una democracia moderna e inclusiva.

P. José Mª Tojeira

El nuevo monacato laico

Que el Adviento y la Navidad sean para nosotros un tiempo de hondura espiritual; de encuentros y celebraciones, de comidas y villancicos, pero también de reflexión, de oración, de contemplación. Alandar ofrece cuatro artículos para contribuir a ese tiempo especial: una explicación de los valores del monacato para la sociedad actual (El nuevo monacato laico), un testimonio sobre un modo de meditar particular, y otros dos artículos publicados con anterioridad: ¿Qué es eso de la espiritualidad?, y la excelente reflexión sobre la espiritualidad cristiana de Cristianismo y Justicia.

José Antonio Vázquez Mosquera (*)

El Nuevo Monacato Laico: Una espiritualidad cristiana para humanizar la iglesia y la sociedad

A muchas personas puede sorprenderles que lo monástico se proponga como un referente para la espiritualidad contemporánea. El asombro se da entre aquellas personas, incluidos algunos monjes tradicionales, que creen que el monacato se relaciona con la vivencia espiritual de grupos especializados, separados de la sociedad, dedicados a la oración. Tal visión de lo monástico, como algo ajeno a la mayoría de las personas, es hoy considerada una perspectiva muy reduccionista en realidad.

Monje o monja es, pues, toda persona que busca la experiencia de unificación

Hoy el monacato se concibe como un arquetipo, una dimensión presente en todo ser humano, la aspiración humana que busca la unificación, la comunión personal con el Misterio y los otros y con toda la Creación. Así lo expresó Raimon Panikkar y su visión ha sido aceptada por la mayoría de los monjes católicos contemporáneos. Y no solo por los monjes, también por numerosos laicos que ven en lo monástico un referente para su espiritualidad.

Monje o monja es, pues, toda persona que busca la experiencia de unificación (monje, viene del griego monos: uno, significa el buscador de la unidad) como motivación principal de su vida, esté en una institución que se denomine monástica o no. El monje institucional tradicional solo es un modo de vivir y visibilizar esa dimensión presente en todo ser humano.

El nuevo monacato

Hay actualmente todo un movimiento de personas que se sienten atraídas por el monacato, no para vivir en una institución monástica tradicional, sino para vivir en medio de la sociedad encarnando ese arquetipo de un modo renovado. Es lo que llamamos el monacato laico. La necesidad de un movimiento monástico laico es una intuición que compartieron destacados monjes y maestros espirituales contemporáneos como Thomas Merton, Evdokimov, R. Panikkar, F, Schuon, W. Teasdale, J. Chittister, A. Grün

Han sido precisamente personas que han vivido experiencias monásticas tradicionales quienes han tomado consciencia de la riqueza espiritual de la tradición monástica, así como de la situación de decadencia y rigidez de muchas de las comunidades monásticas tradicionales, que impide que, en muchas ocasiones, se pueda vivir en plenitud las potencialidades de lo monástico tanto a nivel personal como social. R. Panikkar decía que era un problema no solo dentro del catolicismo, era un problema que ocurría en todas las tradiciones.

El monacato laico es una expresión más del movimiento de reconstrucción de la Iglesia desde las bases

La intuición compartida por muchos es que la renovación monástica pasa por la creación de un monacato laicoun monacato vivido fuera de esas instituciones anquilosadas, bebiendo de, y actualizando, la tradición monástica milenaria, pero de un modo completamente nuevo, un modo laico,es decir, de un modo abierto a los valores de la secularidad, con una mirada positiva sobre la sociedad y encarnando los valores monásticos de otra manera, viviendo, en la mayoría de los casos, dentro de la propia sociedad.

Laico quiere decir “lo común”, el monje laico vive la vida común de cualquiera, una vida normal, descubriendo de modo crítico los valores espirituales que también se dan en la vida cotidiana moderna. No busca ser una élite dedicada a la práctica espiritual intensiva, busca, más bien, vivir la “vida corriente” y descubrirla como un camino espiritual accesible a toda persona, sin necesidad de realizar prácticas espirituales solo accesibles a una minoría.

Experiencia espiritual integradora

El Nuevo Monacato busca alcanzar la unificación por medio de la integración de todas las dimensiones de la realidad, no excluyendo necesariamente dimensiones como la sexualidad, la amistad, la pareja, la atención al cuerpo, el compromiso político… en el camino espiritual. Es lo que Panikkar denominó la experiencia de la “secularidad sagrada”.

Thomas Merton expresó intuitivamente la aspiración del monacato laico a la unificación por integración por medio de esta visión de lo que sería un monje laico, en su libro “Acción y Contemplación”:

«El hombre que ha logrado la integración final ya no se halla limitado por la cultura en la que ha crecido. Ha abrazado la totalidad de la vida… Ha experimentado las cualidades de todo tipo de vida: la existencia humana ordinaria, la vida intelectual, la creación artística, el amor humano, la vida religiosa. Trasciende todas esas formas limitadas, al tiempo que retiene todo lo mejor y universal que hay en ellas, «dando a luz finalmente un ser totalmente integral». No sólo acepta a su propia comunidad, a su propia sociedad, a sus amigos y a su cultura, sino a toda la humanidad. No permanece atado a una serie limitada de valores, al punto de oponerlos a otros adoptando posturas agresivas o defensivas. Es totalmente «católico» en la mejor acepción de la palabra. Posee una visión y una experiencia unificadas de la única verdad que resplandece en todas sus diferentes manifestaciones, unas más claras que otras, unas más definidas y certeras que otras. No establece oposición entre todas estas visiones parciales, sino que las unifica en una dialéctica o en una visión interior de complementariedad. Con esta visión de la vida, puede aportar perspectiva, libertad y espontaneidad a la vida de los demás».

Si hay algo que caracteriza a la espiritualidad monástica laica es esa aspiración integradora, de ahí el interés de esta espiritualidad por el diálogo interespiritual e interreligioso, así como su apuesta por una espiritualidad éticamente comprometida que contribuya a la humanización integral de la sociedad y de la iglesia, entendiendo por tal el promover la justicia y el respeto de la dignidad humana y el cuidado de la tierra, sin reduccionismos, teniendo en cuenta todas las dimensiones de la realidad, incluida la dimensión espiritual.

El monacato laico es una expresión más del movimiento de reconstrucción de la Iglesia desde las basesque se ha ido desarrollando en torno a la creación de las llamadas comunidades eclesiales populares o de base. Su espiritualidad promueve el compromiso por la liberación y la justicia, además de la transformación interior.

La Asociación Cristianía: Monacato Laico

Una de las expresiones del nuevo monacato laico es la Asociación Cristianía, que se constituyó como asociación legal en el 2018, después de una andadura como un grupo sin forma jurídica, y que nació de la iniciativa de unas personas que fueron monjes católicos institucionales.

La Asociación Cristianía propone un camino espiritual que se estructura a partir del mapa de las dimensiones de la realidad que aparecen simbolizadas en el significado que tienen los lados que forman el claustro de un monasterio. Estas dimensiones son: la dimensión corporal, la dimensión psicológica, la dimensión espiritual y la dimensión relacional. La espiritualidad monástica buscará la integración de todas ellas.

La Asociación Cristianía tiene su sede en Madrid, en la calle Villa de Marín 13, puerta 9, si bien sus actividades se difunden también “on line” para que cualquiera pueda participar en ellas.

Para contactar con la Asociación pueden acceder a su página web: https://cristiania283704395.wpcomstaging.com/

Luz Casanova

por Raúl Molina 

Hoy recojo un artículo de Miguel Ángel del Barrio sobre esta mujer de fe, mujer entregada, mujer de Iglesia, mujer venerable, que tanto ha iluminado la vida de muchos hombres y mujeres.


Luz Rodríguez Casanova

Luz Casanova

(Nació el 28 de agosto de 1873. Falleció el 8 de enero de 1949)

Hoy, 8 de enero de 2022, afectados todavía por la presencia agobiante del Covid-19 y las secuelas que está dejando a nuestro alrededor, recuerdo con alegría y esperanza a LUZ R. CASANOVA, fundadora de la Congregación de las Apostólicas del Corazón de Jesús, que falleció un día tal que hoy del año 1949.

Y la recuerdo porque, habiendo vivido en contacto con su vida y obra a través de algunas de sus seguidoras, me ayuda a vivir con los sentidos abiertos a la realidad que me rodea para, desde mi insignificancia, “tener oído atento al murmullo de los pobres”, procurando, a la vez, que se “sientan con derecho a contar con nuestro cariño” …

Sé de mis fragilidades, de los compromisos ineludibles que me atan, de mis ritmos habituales a los que estoy acostumbrado, de mis miedos confesados y no confesados, de mis desengaños, de…

Pero también sé de mis dinamismos interiores, de mi fe esperanzada, de mi confianza en la Palabra del Dios de la Vida, de mis sueños y mis ganas de hacerlos realidad, de mi confianza en compañeros y amigos, de…

Por eso, el “DADLOS VOSOTROS DE COMER”, del evangelio correspondiente a la liturgia del día de hoy (Mc 6, 34-44), resuena con novedad en el recuerdo agradecido de Luz R. Casanova…

Las fiestas de estos días, centradas en el reconocimiento del “Dios con nosotros” en el niño de Belén, nos lanzan de nuevo, como a los pastores y a los magos de oriente, a los ámbitos vitales donde vamos construyendo nuestras historias y la historia (hogares, comunidades, lugares de trabajo, la calle, el barrio, el tiempo libre, la oración…). Ahí es donde debemos descubrir y reconocer sus necesidades… ¡Y ponernos manos a la obra para atenderlas con dignidad!

en Luz R. Casanova, descubrimos que es posible, que está al alcance de nuestras manos, de nuestros pequeños gestos en marcha, de nuestros grandes sueños convertidos en proyectos de corto, medio o largo plazo, de nuestras esperanzas renovadas en la reflexión, convivencia y acción…

Por eso, BIEN-AVENTURADA, Luz, por la vida que nos regalaste… Y bienaventurados quienes en ti vemos las huellas de Jesús y hacemos nuestro su mensaje, desde ese “QUE POR MÍ NO QUEDE…” tan tuyo, sabiendo en quién estaba anclado tu corazón y de quién te habías fiado

La compasión en un mundo injusto

Presentación de «La compasión en un mundo injusto», de Juan José Tamayo, en FragmentaEl principio-compasión. Ver la realidad desde las víctimas y sentirse afectado por ellas

El principio-compasión
El principio-compasión

«El libro ‘La compasión en un mundo injusto’, de Juan José Tamayo, es fruto de la pandemia, en muchos sentidos»

«En este contexto Tamayo ha intuido que la compasión ha de dejar de ser una virtud bajo sospecha para convertirse en algo esencial a la vida y a la convivencia humana»

«Su itinerario tiene tres momentos que corresponden al VER, JUZGAR y ACTUAR de la teología de la liberación latinoamericana, pero acentuando aquí que el ver no es una simple mirada sociológica sino un ver la realdad desde las víctimas»

«Examina ampliamente el tema de la compasión en las diversas religiones: Islam, hinduismo, budismo y religiones originarias de América latina y concluye que hay una gran convergencia en todas ellas»

«El libro es un asumir el Principio compasión como clave de lectura, interpretación, cuestionamiento y conversión transformadora tanto personal como colectiva. Es algo original, actual y necesario»

PorVíctor Codina

El libro‘La compasión en un mundo injusto’, de Juan José Tamayo, es fruto de la pandemia, en muchos sentidos. No solo porque el confinamiento en casa ofrecía tiempo para leer y escribir, sino sobre todo porque la pandemia ha desvelado la vulnerabilidad humana y la injusticia a nivel nacional y mundial

En este contexto Tamayo ha intuido que la compasión ha de dejar de ser una virtud bajo sospecha para convertirse en algo esencial a la vida y a la convivencia humana, común a todas las religiones y central en la fe cristiana, que cree en el amor entrañable de Dios mostrado en Jesús de Nazaret. La compasión no es simple sentimiento de conmiseración y lástima sino una empatía con las víctimas que lleva al compromiso con la justicia.

Así Tamayo completa de modo original el Principio esperanza de Ernst Bloch y el Principio misericordia de Jon Sobrino, con el Principio compasión. Este principio compasión da unidad y originalidad a toda la obra.

Su itinerario tiene tres momentos, que constituyen las tres partes del libro, pero cada una de estas tres partes es tan completa que en realidad podríamos decir que hay tres libros en uno.

Comienza por analizar el mundo estructuralmente injusto y desigual que vivimos, en sus diferentes manifestaciones.

Luego sigue una reflexión sobre la compasión como valor ínsito en el ser humano y opción de Dios, manifestado en Jesús de Nazaret. El Principio-compasión es necesario para que nuestra teología no se convierta en cómplice de los victimarios. Se examina la compasión en el judaísmo, cristianismo, islam, hinduismo, budismo y religiones originaras de Amerindia. Es la parte nuclear y central del libro.

Finalmente se aborda la historificación de la compasión para que la compasión se convierta en lucha contra los grandes grupos económicos de poder, mostrando así que la compasión se traduce en solidaridad con las víctimas y un amor políticamente eficaz.

zapatos
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Estos tres momentos del itinerario corresponden al VER, JUZGAR y ACTUAR de la teología de la liberaciónlatinoamericana, pero acentuando aquí que el ver no es una simple mirada sociológica sino un ver la realdad desde las víctimas, desde abajo y sentirse afectado por ella.

«Lo más original y extenso es la profundización del Principio-compasión en las tradiciones humanistas, religiosas y bíblicas»

I.En la primera parte Tamayo se aproxima al mundo injusto y desigual de hoy que se manifiesta, entre otras cosas, en la injusticia ecológica, la insolidaridad con inmigrantes y refugiados, la injusticia de género contra las mujeres, la necropolítica y el descarte de los marginados, la injusticia económica, cultural y cognitiva, la vuelta del fascismo y del cristo-fascismo (el nacional-catolicismo y el cristo´-fascismo en la España hoy) y finalmente la constatación de que la pandemia es selectiva, no ha afectado a todos igualmente.

II.En la segunda parte se analiza el Principio compasión que caracteriza al ser humano en su dimensión más profunda, aunque no siempre se traduce en una práctica compasiva y solidaria. La compasión está presente en las tradiciones humanistas y religiosas, aunque no siempre las personas, creyentes y no creyentes han mostrado empatía con los que sufren, con los crucificados de la historia. Este referente ético de las religiones constituye su principio teológico.

El ser humano no es solo homo sapiens; es también homo patiens, ser compasivo, no solo vale el “atrévete a pensar” sino también el “atrévete a sufrir con el que sufre y con la creación que sufre dolores de parto (Rm 8,22).

Tamayo observa que los diccionarios bíblicos hablan más de misericordia divina que de compasión. Sin embargo. el Dios bíblico aparece como compasivo ante el dolor humano, el sufrimiento y la opresión. La escritura usa los términos rahamin y hesed. Rahamin significa entrañas, vientre materno. Hesed es compadecerse tener cariño y compasión.

En el Éxodo Dios se compadece del sufrimiento del pueblo Ex 3, 7-12-Los sapienciales y salmos expresan la compasión de Dios (Sal 103)

Pero esta compasión está unida al Mispat (derecho) y sedaqa (justicia) que son atributos bíblicos de Dios que los profetas proclaman y denuncian a sus incumplidores; jefes, sacerdotes, y comerciantes que son injustos, aunque aparezcan como piadosos. Los profetas realizan un cambio de paradigma religioso: el ayuno es abrir prisiones injustas, la verdadera religión es hacer el bien, el sacrificio y holocausto es reconocer a Dios y ayudar al prójimo. Conocer a Dios es hacer justicia al prójimo (Jer 22,15-16).

La utopía profética es utopía de paz y comunidad ecohumana (Is 11, 6-8) La utopía bíblica es la de la vida, del sustento y de la vida cotidiana.

Todo esto se refuerza y profundiza en el Nuevo Testamento. Jesús de Nazaret se compadece del sufrimiento, cura a enfermos, incluso en sábado, pone la vida del pueblo por encima del sábado y la ley, afirma “misericordia quiero y no sacrificios”, expulsa a los vendedores del templo; las bienaventuranzas y el juicio final de Mt 25 son alegatos a favor de la compasión. Pero esta compasión de Jesús es conflictiva: las autoridades religiosas le llevarán a la cruz.

Jesús fue un indignado contra la religión oficial y sus teólogos, contra el poder religioso, económico y político, con la sociedad patriarcal y siente el abandono de Dios en la cruz.

El buen samaritano, muestra una ética de la compasión, se le conmueven las entrañas, ayuda y de su tiempo al que sufre. La iglesia ha de ser samaritana y compasiva.

Convergencia

Tamayo examina ampliamente el tema de la compasión en las diversas religiones: Islam, hinduismo, budismo y religiones originarias de América latina y concluye que hay una gran convergencia en todas ellas, expresada en principios como “no hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti”, “no somos extraños para nadie, somos amigos de todos”, “yo soy yo si tú también eres”.

Sin embargo, durante mucho tiempo, la teología, incluso cristiana, aplicaba a Dios términos como omnipotente, motor inmóvil, causa sui, principio de todo, un Dios incapaz de sentir, amar, sufrir, insensible al dolor humano. Esta imagen es más cercana a los amigos de Job que a Jesús. A pesar de ello todas las religiones han tenido personas compasivas y el sufrimiento ha entrado en la teología. La teología no puede pasar de largo ante el sufrimiento, sería cinismo. Para Horkheimer, la teología es la esperanza de que la injusticia no sea lo último, la esperanza de que el asesino no triunfe sobre la víctima inocente.

III. La tercera parte mira a la praxis. La compasión no es solo individual, interpersonal e intersubjetiva, sino que la compasión debe historificarse para poder ser liberadora y encarnarse en instituciones sociales, ejerciendo una crítica, resistencia y solidaridad transformadora de las vidas dañadas, atender al anawim, al otro me pide ayuda (Levinas).

Tamayo critica los sistemas contrarios a la compasión y deja muy claro que no hay compasión sin justicia sin reconocimiento de la dignidad humana, sin igualdad y justicia de género, sin cuidado de la tierra, sin defensa de los derechos humanos, sin hospitalidad, sin considerar que el centro es la tierra, sin pluralismo cultural, étnico y religioso, sin espiritualidad liberadora. La práctica de justicia y implica participación en movimientos sociales, renuncia a nuestra arrogancia y superioridad, asumir nuestra ambigüedad, etc.

Dentro de la parte de la historificación de la compasión, Tamayo incluye la reflexión de algunos autores sobre la compasión. Metz, en su teología política critica la reducción de la razón a una ilustración privatizante que no escucha la voz de las víctimas y propone una memoria subversiva de las víctimas, lejos de una teología de la gloria y de todo triunfalismo. Defiende un ecumenismo de la compasión con empatía hacia el sufrimiento ajeno. Cita a Schopenauer para quien la compasión es el fundamento de la ética; para Levinas, la responsabilididad por el otro es la filosofía primera. Para Joan Carles Mélich, el ser humano es doliente, quaerente y deseante, debe vivir bajo la dimensión patética de la existencia: lo contingente, corpóreo, provisional, situacional, frágil, circunstancial, no lo absoluto ni lo categórico. La ética comienza cuando los demás entran en esfena, cuando nos ponernos al lado de las personas sobrantes, desechos de la sociedad. La ética es una relación compasiva, una respuesta al dolor del otro, es transgresora del orden social establecido. Hay que ver al mundo no desde la razón pura sino desde la razón desvalida, una razón encarnada en la historia, trágica, no separada del tiempo ni del cuerpo, que sospecha del mito del progreso. Frente a la razón ilustrada está la razón desvalida, frente al bien, la bondad, frente al deber cumplido, la vergüenza.

Metz propone una mística de ojos abiertos, con un corazón solidario y un amor políticamente eficaz. La mística no es algo pre-lógico, antirracional, sino una experiencia antropológica fundamental (Zambrana), forma parte de la historia, para ir más allá, crea personas de incansable entrega a los demás, aunque resulten extrañas y sospechosas como Eckhart y Juan de la Cruz, recuerda Tamayo

Hay una relación intrínseca entre mística y política, Dios es justicia (Jeremías 23,6), la justicia es tema no sólo político sino teológico, Dios hace justicia a las víctimas. El cristianismo ha sido más sensible al pecado que al dolor de las víctimas (Metz), en cambio Jesús fue liberador y compasivo

Conclusión

El libro de Tamayo no es solo una toma de conciencia de nuestra realidad injusta y discriminatoria, ni solo un diálogo con las tradiciones religiosas y las éticas contemporánea, sino un asumir el Principio compasión como clave de lectura, interpretación, cuestionamiento y conversión transformadora tanto personal como colectiva. Es algo original, actual y necesario. Le agradecemos a Tamayo este esfuerzo.

Personalmente, luego de vivir casi 40 años en Bolivia, he sintonizado mucho con este Principio-compasión de Tamayo.

La Iglesia y la política

Castillo: «¿Debe la Iglesia meterse en política? Por supuesto. Pero haciéndolo como lo hizo Jesús» 

Dios y el César

 “Lo que es del César, devolvédselo al César; y lo que es de Dios, a Dios” (Mc 12, 13-17; Mt 22, 15-22; Lc 20, 20-28). La política en su sitio y la Iglesia en el suyo 

«No con la pretensión de mandar y acaparar el poder y el capital, sino con el proyecto de gestionar una sociedad en la que se respetan los derechos humanos» 

«cuando los políticos tienen la libertad y el valor de aplicar este criterio al gobierno de la sociedad, se hunde y desaparece el principio determinante del capitalismo» 

«lo que debe hacer la Iglesia es tener la libertad y la audacia de decir y hacer no lo que le conviene a la Religión para sacar tajada al capitalismo, sino decir y hacer lo que necesita la gran mayoría de la humanidad» 

Por José María Castillo 

Leyendo y releyendo los escritos del Nuevo Testamento, no es posible encontrar argumentos que puedan justificar el hecho, tan repetido en la historia, de intromisiones (directas o indirectas) de los dirigentes de la Iglesia en asuntos políticos. Herodes mandó degollar a Juan Bautista y Jesús, por lo que relata el Evangelio, no dijo ni palabra. En otra ocasión, cuando Jesús le hablaba a la gente, algunos informaron en público que Pilatos había matado a unos galileos cuando ofrecían un sacrificio en el Templo. La reacción de Jesús fue sorprendente. Porque no dijo ni palabra contra Pilatos, sino que fue a sus oyentes a quienes les dijo: “si no os enmendáis, todos vais a terminar lo mismo” (Lc 13, 5). 

A lo dicho, hay que sumar la respuesta que Jesús les dio a quienes querían crearle un grave problema con las autoridades romanas, utilizando el tema de pagar o no pagar el tributo al César. A lo que Jesús hábilmente respondió: “Lo que es del César, devolvédselo al César; y lo que es de Dios, a Dios” (Mc 12, 13-17; Mt 22, 15-22; Lc 20, 20-28). La política en su sitio y la Iglesia en el suyo

Y a lo dicho, hay que añadir un hecho elocuente: en los relatos de la pasión y muerte de Jesús, quien se resistió a condenar a muerte a Jesús no fue el Sanedrín de los sacerdotes, sino el gobernante de los romanos (Mt 15, 6-15 par). 

¿Debe la Iglesia meterse en política? Por supuesto. Pero haciéndolo como lo hizo Jesús. No con la pretensión de mandar y acaparar el poder y el capital, sino con el proyecto de gestionar una sociedad en la que se respetan los derechos humanos, y sobre todo, si es que hay que proteger y favorecer a ciertos sectores de la población, los más favorecidos deben ser los más necesitados. Si la política se entiende de esta manera, es evidente que la Iglesia tiene que meterse en política. Así lo hizo Jesús. Y así lo tienen que hacer los que “siguen” a Jesús. 

Pero es un hecho que la política no se suele ejercer al servicio de la “igualdad”, sino para defender (e incluso potenciar) las “diferencias”. Ahora bien, los que piensan así y actúan en consecuencia, no se han enterado – o no quieren enterarse – de que la diferencia es un “hecho”, mientras que la igualdad es un “derecho” (Luigi Ferrajoli). Y, como es bien sabido, el “hecho” procede de la naturaleza (hombre y mujer, por ejemplo), mientras que el “derecho” procede de la decisión humana, según sus conveniencias (el “derecho” de hombres y mujeres no procede de la naturaleza, sino de la conveniencia de los hombres). 

Pues bien, cuando los políticos tienen la libertad y el valor de aplicar este criterio al gobierno de la sociedad, se hunde y desaparece el principio determinante del capitalismo. El capitalismo se basa en un “derecho”, que han inventado los capitalistas. Como en la antigüedad se inventaron derechos que no tenían las mujeres, ni los esclavos, ni los recién nacidos, ni los extranjeros, ni los homosexuales, etc. Tiene sobrada razón Peter G. Stein, en su excelente estudio de El Derecho romano en la historia de Europa (Sioglo XXI, 2006, pg. 57), cuando afirma que “la Iglesia no redujo sus enseñanzas al Evangelio”, sino que “incluía el Derecho romano”. O sea, la privación de derechos a Los olvidados de Roma (Robert C. Knapp). 

Es lamentable que siga siendo de actualidad el texto que Walter Benjamin redactó em 1921: Capitalismo como religión. Según este autor, “el cristianismo en tiempo de la Reforma no propició el ascenso del capitalismo, sino que se transformó en capitalismo”. La “gente de Iglesia”, con bastante frecuencia y cuanto más arriba esté, justifica su situación justificada echando mano de la Religión, que, con sus prácticas y observancias, tranquiliza las conciencias. 

¿Debe la Iglesia meterse en política? Tal y como se entiende y se practica la política, lo que debe hacer la Iglesia es tener la libertad y la audacia de decir y hacer no lo que le conviene a la Religión para sacar tajada al capitalismo, sino decir y hacer lo que necesita la gran mayoría de la humanidad, que, desde varios siglos antes de Cristo, millones de seres humanos indefensos tienen que someterse y soportar, no las “diferencias”, sino las “desigualdades” que inventaron lo que mandan. 

El proyecto de Jesús

¿JESÚS FUE COMUNISTA? EL EVANGELIO Y LA PREOCUPACIÓN POR LOS POBRES

Cuando pensamos en el Evangelio y en lo que supone la persona de Jesús, quizás, desde algunos sectores, siempre parece que nos viene a la cabeza la figura de alguien muy “angelical”, en el sentido de una persona “que no se metía en problemas de ningún tipo”, y que su objetivo era “dedicarse a las cosas de su Padre”, entendiendo precisamente por esas cosas, “las del cielo”, es decir lo que está apartado del mundo y de la vida de cada día. Pero entender así a Jesús, el Evangelio y el proyecto que El llamó “Reino de Dios”, y que le llegó a costar la vida, es no entender nada, a mi juicio, de quién es realidad Jesús de Nazaret, y cual es realmente su proyecto de felicidad para todos los hombres y mujeres del mundo.

El proyecto de Jesús, el llamado Reino de Dios, solo puede entenderse desde el texto que El mismo proclama en lo alto del monte, según el Evangelio de San Mateo (lugar típico de encuentro con Dios en el mundo judío), y en un llano, según el Evangelio de San Lucas (entendiendo por llano el lugar donde está la persona, el ser humano, y donde en ese lugar se encuentran Dios y el hombre). Pero lo que está claro es, que en cualquiera de las dos versiones, no podemos entender el evangelio de Jesús y su proyecto de vida por antonomasia, si no es desde la preocupación que tiene, el Hijo de Dios, por los pobres, los sufridos, los desgraciados, los que en definitiva no contaban en su sociedad y siguen sin contar en la nuestra.

Los pobres y los marginados, los que nadie quiere, son los preferidos del Jesús del Evangelio, y son por ellos por los que Jesús da la vida. Por ellos es vilmente asesinado y por eso son precisamente los pobres, los que entienden el mensaje de Jesús. Y frente a ellos, los ricos, los poderosos, los que se creen los buenos y cumplidores de la fe judía, son los que no solo no lo entienden, sino que son los que precisamente lo asesinan.

El poder es el que da muerte a Jesús de Nazaret, justamente porque no aguanta que alguien, desde abajo, desde la llamada “exousía”, o la autoridad moral que tiene, les pueda arrebatar lo que para ellos es el sentido de su vida: el poder como opresión, incluso desde su mismo “sillón religioso”. Ese poder encarnado en los que detentan la fuerza a nivel civil y religioso en la sociedad judía de su tiempo: sumos sacerdotes, fariseos, escribas….Y es curioso, que ese mismo poder es el que sigue matando a millones y millones de seres humanos en todo el mundo.

Ese poder sigue haciendo que cada día la brecha entre pobres y ricos, sea cada vez mayor. Y por eso igual que a Jesús, a los que se ponen de su parte también se les martiriza y se les llega a asesinar. El poder de cualquier tipo e institución, no entiende “de lavar los pies”, sino solo entiende “de comer del fruto prohibido”, para llegar a ser como Dios, porque desde ese poder llegan a considerarse auténticos dioses, que atentan como Caín, contra aquel que quiere solo insinuar que todos somos iguales, que todos nos merecemos lo mismo, que todos somos Hijos e Hijas de Dios y que “no hay distinción entre judíos, y gentiles, esclavos y libres” ,en el lenguaje paulino de Gálatas (Gal 3, 28).

Dichosos los pobres, y Ay de vosotros los ricos, llegará a decir el Evangelio, dichosos los que lloran y son perseguidos por causa de la justicia, y ay de aquellos satisfechos que tenemos de todo. Y esas palabras le causaron a Jesús de Nazaret la entrega de la vida; el Jesús del Evangelio no puede soportar que sean los ricos los que avasallen y que los poderosos sean siempre los primeros. Por eso la comunidad lucana pone en boca de María el maravilloso himno del Magnificat, después de su visita a Isabel: “Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos” (Lc 1, 52-53). Y no entender esto, en el fondo es no entender el Evangelio, aunque vayamos a misa “todos los domingos y fiestas de guardar”. No entender esto, significa no entender la causa auténtica de la muerte de Jesús: su preocupación por los pobres y crucificados de la tierra y su crítica feroz hacia los poderosos que crean millones de desheredados cada día, en la sociedad judía de entonces y en el hoy de nuestro mundo.

Pero tuvieron que pasar muchos siglos, para que surgiera un pensador, llamado Carlos Marx, ateo como él se confesaba, que criticaba profundamente la religión y la manera de entender equivocadamente a Dios, y ese pensador creara el marxismo, para decirnos a los creyentes que había cosas que nuestro Dios no podía entender, y que a nuestro Dios seguro que le dolían: la brecha entre pobres y ricos, tan criticada por Marx, hizo que la Iglesia también se fuera preguntando en aquella sociedad de mediados del siglo diecinueve, cuál era su papel en esa sociedad dividida y dual que estábamos creando los seres humanos. Pero Marx, no fue el autor de ese pensamiento, ya lo había dicho el Evangelio, muchos siglos antes. Ya había dicho Jesús que Dios y el dinero eran incompatibles y que no se podía servir a dos señores. Ya el Evangelio de San Mateo había juzgado a aquellos que “no asistían a los pobres, los encarcelados, los hambrientos, los sedientos, los enfermos, los desnudos….” (Mt 25, 31 ss   ) .

Y por eso, desde que Marx nos lo recordó, parece que todos los que se preocupan por el destino y la vida de los pobres, son tachados de comunistas, y de ir en contra del Evangelio. Esta crítica no es nueva, no es de los que ahora lo dicen.  Y son tachados de ellos por los que tienen el poder y la riqueza; en tiempos de Jesús, Él era tachado de blasfemo por el poder establecido, en nuestros tiempos, los que así actúan son tachados de comunistas, por los mismos que detentan el poder en nuestro tiempo.

Hace unos días, la vicepresidenta del gobierno español, Yolanda Díaz, fue recibida por el papa Francisco, y desde la derecha reaccionaria y poderosa, se tachó esa visita de “cumbre comunista”.  Pero precisamente porque ha tenido que venir un papa del hemisferio sur, un papa del otro lado del atlántico, a recordarnos que la Iglesia tiene que estar al servicio de los pobres, y que solo cuando es pobre y acoge en su seno a los más pobres, es la auténtica Iglesia de Jesús. Desde el comienzo de su pontificado, así lo anuncio Francisco, en su mismo nombre, diciendo que la Iglesia es la comunidad de los pobres, es el espacio de acogida para todos. Y a lo largo de todos estos años, así lo ha ido manteniendo; su preocupación fundamental son los inmigrantes, los encarcelados, los enfermos… los que nadie quiere. En el fondo, los mismos a los que prefirió Jesús de Nazaret. De nuevo los poderosos, no lo entienden, y quizás no se atreven a asesinarlo, como hicieron con el maestro, pero si se atreven a difamarlo y a crear corrientes en su contra, por la misma razón: porque se les quita su poder, porque son criticados por hacer del poder el eje de su vida, incluso a algunos eclesiásticos, que también lo detentan hoy sí.

Es conocida la anécdota del papa Francisco, en el cónclave donde fue elegido papa: “En las elecciones, tenía a mi  lado al arzobispo emérito de Sao Paulo, el cardenal Claudio Humes, un gran amigo. Cuando la cosas se iba poniendo peligrosa (iba ganando), él me  confortaba, ja ja… Y cuando los votos llegaron a los dos tercios, vino el aplauso porque había sido elegido papa. Y él me abrazó, me besó y me dijo: no te olvides de los pobres. Y aquella palabra entró aquí (señalándose la cabeza). Los pobres, los pobres. Mientras continuaba el recuento, pensé en San francisco, el hombre de la paz. Y así llegó el nombre a mi corazón. El hombre de paz. El hombre pobre. ¡Cómo desearía una Iglesia pobre y para los pobres…!”.

Y sin duda que está siendo el eje de su vida y su desvelo en cada momento. Por eso es criticado. Y por eso también ha sido criticada esta visita con la vicepresidenta del gobierno español, y ella misma ha dicho que con el papa le unen muchas cosas y planteamientos.

No ha sido al único que han tachado de comunista, en los últimos tiempos, incluso desde dentro de la propia Iglesia. Son conocidas las palabras del gran don Helder Cámara, obispo de Brasil, “Cuando doy pan a u pobre, dicen que soy un santo. Cuando pregunto por qué el pobre no tiene pan, me llaman comunista”. Este hombre que vivió y murió para los pobres fue tachado por eso de lo mismo, cuando lo único que hacía era llevar a cabo a la vida de cada día el Evangelio de Jesús.

De la misma manera se hablaba del comunismo de San Romero de América, la voz de los sin voz en América latina, que fue asesinado por los poderosos de El Salvador, mientras celebraba la Eucaristía. Muchas veces dijeron que era un “obispo comunista”, incluso también le han criticado ahora al papa Francisco que lo haya canonizado. San Romero, canonizado por los pobres de El Salvador, desde el mismo momento de su asesinato, ha tenido que esperar a que venga un papa del otro hemisferio para reconocer lo que los pobres ya hicieron. Lo que la misma Iglesia  le negó, es lo que ahora Francisco ha reconocido.

Porque lo más espectacular de su asesinato es  que, como en el caso de Jesús de Nazaret, Romero fue asesinado por el poder opresor de los mismos creyentes. A Jesús lo mató el poder judío, a Romero lo mató el poder de los falsos cristianos de la sociedad salvadoreña, que se sentían criticados por él. “El cristiano no debe tolerar que el enemigo de Dios, el pecado, reine en el mundo. El cristiano tiene que trabajar para que el pecado sea marginado y el Reino de Dios se implante. Luchar por esto no es comunismo. Luchar por eso no es meterse en política. Es simplemente el Evangelio que le reclama al hombre, al cristiano de hoy, más compromiso con la historia” (Homilía 16 de Julio de 1977). La misma derecha poderosa que criticó y apoyó Santo de América, y que sin duda estuvo detrás de su asesinato, es la que critica ahora de cumbre comunista, el encuentro entre el papa Francisco y Yolanda Díaz.

Los “mismos comunistas” que fueron asesinados en la UCA, en El Salvador, en la madrugada del 16 de noviembre de 1989, simplemente por defender que los pobres tienen algo que decir, y que los ricos son los causantes de que el mundo haya crucificados. Los poderosos tampoco pudieron soportarlos, y por eso los asesinaron vilmente, junto a Elba, la mujer que los cuidaba, y su hija Celina, de 16 años. Su asesinato, como el de muchos mártires, fue por causa de la justicia y por hacer del Evangelio la norma de su vida, en todo momento.

De comunista fue también tachada la llamada “Teología de la liberación”, que surgió en la década de los 70 en el continente latino americano, y que era simplemente una manera nueva de leer el evangelio desde los pobres. “He oído el clamor de mi pueblo”, que dice el texto del Éxodo, es lo que oyeron esos teólogos y teólogas que intentaron vivir esa experiencia del evangelio, a partir de la realidad crucificada y machada por el poder de los poderosos en ese continente.  Teólogos como Jon Sobrino, que se salvó milagrosamente de la matanza de la UCA, ha sido calumniado y difamado, incluso desde el interior de la misma Iglesia católica.

El otro Santo de América, Pedro Casaldáliga, fallecido hace poco más de un año fue también “apodado de comunista”, por su lucha en favor de los sin tierra brasileños, y haciendo de su episcopado y de su poder como obispo, un servicio al pueblo, a los más débiles, a los más sufrientes de su diócesis. Cuando se jubiló quería “dedicarse a los más pobres”, quería ir a morir a Africa, porque él decía que allí eran aún más pobres que en su América, donde vivió siempre. La enfermedad terrible del parkinson se lo impidió, pero resulta emocionante que alguien que ha vivido como él en el Brasil pobre, diga que quiere irse con los pobres, muchos pensamos, dónde había estado toda su vida; el obispo sin anillo y sin mitra tradicionales vivió, y murió entre los desheredados, y con ellos encontró la “plena bienaventuranza y felicidad de la que habla el Evangelio”; hizo carne en su vida el proyecto de Jesús: conseguir que todos fuéramos felices, desde la igualdad y el servicio a los más débiles.

El 12 de marzo de 1977 asesinaron “a otro comunista” en la carretera de Aguilares a El Paisnal, Rutilio Grande,  y su único delito fue decir y anunciar que todos somos iguales, que Dios no acepta la pobreza, y que los ricos son responsables de la pobreza de muchos seres humanos. Rutilio fue asesinado, acribillado su coche a balazos, junto a un campesino de 72 años, Manuel, y un adolescente de 15, Nelson Rutilio y un niño. Los pobres de Aquilares le recuerdan como un “hombre tremendamente humano que se comprometió con la causa y la vida de los pobres”. Fueron asesinados cuando iban a celebrar la Eucaristía en medio de su pueblo, y su  asesinato tanto conmovió a Monseñor Romero que fue capaz de producir en él, el gran milagro.

Romero, amigo personal de Rutilio descubre un nuevo rostro de Dios al contemplar el cadáver de su amigo asesinado. Y desde ahí comienza una andadura nueva que le llevará a él también al martirio. Ahora “el comunista Rutilio”, va a ser beatificado por el papa Francisco; será el segundo santo salvadoreño, que el pontífice venido de América beatifique. Muchos serán también los que incluso dentro de nuestra iglesia critiquen este acontecimiento, porque el padre Tilo, como así le llamaban popularmente a Rutilio, tuvo la osadía de hacer vida el mensaje de Jesús en el Evangelio. Y de nuevo será, Francisco, el que después de más de cuarenta años, reconozca que este hombre, modesto, pobre, humilde y ejemplar sacerdote de Jesús, es modelo para los que queremos seguir al Jesús del Evangelio.

Y habrá quien siga diciendo que “de nuevo un comunista, beatifica a otro comunista, el próximo 22 de enero de 2022”. Será beatificado en la catedral de San Salvador, donde yace también Monseñor Romero, su amigo íntimo y personal, y seguramente a esa celebración, además de acudir obispos, sacerdotes y gente venida de otros países, acudirá “todo el pobrerío salvadoreño”, como llamaba cariñosamente Monseñor Romero a los pobres. El pobrerío por el que Rutilio se sacrificó,  será el auténtico protagonista de la celebración, como lo fue hace más de dos mil años en aquel calvario de Jerusalén, donde fue crucificado el mártir Jesús de Nazaret.

Pero hace apenas unos días me decían lo mismo de un sacerdote jesuita, salvadoreño, discípulo de Monseñor Romero, que tiene como único lema de su vida sacerdotal y cristiana la entrega al evangelio. Miguel Vasquez, jesuita de Arcatao, en el departamento de Chalatenango, uno de los sitios más vapuleados en la cruenta guerra civil salvadoreña, me decía: “Me trasladan a Honduras, porque el obispo le ha dicho a mi provincial que yo soy más político que pastor”. De nuevo la Iglesia impoluta, que no quiere mancharse, que nunca va a ser criticada ni asesinada, es la que quiere lavarse las manos, como Pilato, en la causa de los pobres y del Evangelio.

¿Cumbre comunista la celebrada hace unos días en Roma? ¿Comunistas Jesús de Nazaret, Monseñor Romero, los mártires de la UCA, don Helder Cámara, Pedro Casaldáliga, la monjas estadounidenses asesinadas en El Salvador, los miles de catequistas salvadoreños asesinados, los maristas del Congo, Rutilio Grande, los teólogos y teólogas de la liberación,  Monseñor Agrelos, Miguel Vasquez….? Si ellos son comunistas, ojalá yo también lo sea, si ellos viven el evangelio desde ahí, ojalá también yo sea capaz de vivirlo así. Y toda la comunidad de cristianos y cristianas.

Ojalá que el poder establecido, desde cualquier institución, política, religiosa, militar, económica, cultural…. no tape el auténtico poder que emerge de las bienaventuranzas y del lavatorio de pies del jueves santo, porque sólo así los cristianos, me parece, entenderemos el auténtico sentido del Evangelio. “Lo que hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mateo 25, 40)

Ante el futuro, desencanto o esperanzar

Leonardo Boff

Estamos en pleno 2021, año que no ha acabado porque la Covid-19 ha anulado la cuenta del tiempo al continuar su obra letal. El 2022 no puede ser inaugurado todavía. El hecho es que el virus ha puesto de rodillas a todos los poderes, especialmente a los militaristas, pues su arsenal de muerte se ha hecho totalmente ineficaz.

No obstante, el genio del capitalismo, a propósito de la pandemia, hizo que la clase capitalista transnacional se reestructurase mediante el Great Reset (el Gran Reinicio), expandiendo la reciente economía digital mediante la integración de los gigantes: Microsoft, Facebook, Apple, Amazon, Google, Zoom y otros con el complejo militar-industrial-de seguridad. Tal evento representa la formación de un poder inmenso, nunca antes habido. Notemos que se trata de un poder económico de naturaleza capitalista y que por lo tanto realiza su propósito esencial de maximización de los lucros de forma ilimitada, explotando sin consideración a los seres humanos y a la naturaleza.

La consecuencia de esta radicalización del capitalismo confirma lo que un sociólogo de la universidad de California-Santa Bárbara, William I. Robinson bien ha observado en un artículo reciente (ALAI 20/12/2021): “A medida que el mundo se vaya librando de la pandemia, habrá más desigualdad, conflictos, militarismo y autoritarismo, y en esta misma medida aumentarán las convulsiones sociales y los conflictos civiles. Los grupos dominantes se empeñarán en expandir el estado policial global para contener a los descontentos en masa, venidos de abajo”. En efecto, se utilizará la inteligencia artificial con sus billones de algoritmos para controlar a cada persona y a la sociedad entera. ¿Ese poder brutal adónde llevará a la humanidad?

Sabiendo de la lógica inexorable del sistema capitalista, Max Weber, uno de los que mejor la analizaron críticamente, afirmó un poco antes de morir: “Lo que nos espera no es el florecimiento del otoño, nos espera una noche polar, gélida, sombría y ardua (Le Savant et le Politique, Paris 1990, p. 194). Acuñó la fuerte expresión que apunta al corazón del capitalismo: él es una “jaula de hierro”(Stahlartes Gehäuse) que no consigue romper y, por eso, nos puede llevar a una gran catástrofe (cf. el pertinente análisis de M.Löwy, La jaula de hierro: Max Weber y el marxismo weberiano, México 2017). Esta opinión es compartida por grandes nombres como Thomas Mann, Oswald Spengler, Ferdinand Tönnies, Eric Hobsbawn, entre otros. Varios modelos de sociedad-mundo están siendo discutidos para la pos-pandemia. Los más importantes, además del Great Reset de los multibillonarios, son: el capitalismo verde, el ecosocialismo, el bien vivir y convivir de los andinos, la biocivilización, de varios grupos y del Papa Francisco entre otros. No cabe aquí detallar tales proyectos, cosa que hice en el libro Covid-19: La Madre Tierra contraataca a la Humanidad ( Vozes 2020). Solamente diría: o cambiamos de paradigma de producción, de consumo, de convivencia y, especialmente, de relación con la naturaleza, con respeto y cuidado, sintiéndonos parte de ella y no sobre ella como dueños y señores, o se realizará el pronóstico de Max Weber: de 2030 hasta 2050 como máximo podremos conocer un armagedón ecológico-social extremadamente dañino para la vida y para la Tierra.

En este sentido, mi sentimiento del mundo me dice que quien irá a destruir el orden del capital, con su economía, política y cultura, no será ningún movimiento o escuela de pensamiento crítico. Será la propia Tierra, planeta limitado que ya no soporta un proyecto de crecimiento ilimitado. El visible cambio climático, objeto de discusión y de toma de decisiones (prácticamente ninguna) de las últimas COPs de la ONU, el agotamiento creciente de los bienes y servicios naturales fundamentales para la vida (The Earth Overshoot) y la amenaza de ruptura de los principales nueve límites planetarios, que no pueden ser rotos sino al precio del colapso de la civilización, son algunos indicadores de una tragedia inminente.

Un número significativo de especialistas en clima afirman que llegamos demasiado tarde. Con lo ya acumulado de gases de efecto invernadero no podremos contener la catástrofe, podremos solamente con ciencia y tecnología disminuir sus efectos desastrosos. Pero la gran crisis irreversible vendrá. Por eso se han vuelto escépticos y hasta tecnofatalistas.

¿Seremos pesimistas resignados o adeptos, en el sentido de Nietzsche, a la “resignación heroica”? Estimo, como decía un presocrático, que debemos esperar lo inesperado, pues si no lo esperamos cuando llegue no lo percibiremos. Lo inesperado puede ocurrir dentro de la perspectiva cuántica: el sufrimiento actual a causa de la crisis sistémica no será en vano; está acumulando energías beneficiosas que, al alcanzar cierto nivel de complejidad y de acumulación, darán un salto hacia otro orden más alto con un nuevo horizonte de esperanza para la vida y para el planeta vivo, Gaia, la Madre Tierra. Paulo Freire acuñó la expresión esperanzar: no quedarnos esperando que la situación mejore algún día sino crear las condiciones para que la esperanza no sea vana, sino que con nuestro empeño la hagamos efectiva.

Creo que, con nuestra participación, ese salto podrá ocurrir y estaría dentro de las posibilidades de la historia del universo y de la Tierra: del actual caos destructivo podemos pasar a un caos generativo de un nuevo modo de ser y de habitar el planeta Tierra.

En esto creo y espero, reforzado por la palabra de la Revelación que afirma: “Dios creó todas las cosas por amor porque es el apasionado amante de la vida” (Sabiduría 11,26). Él no permitirá que terminemos trágicamente así. Todavía viviremos bajo la luz benevolente del sol.


*Leonardo Boff, ecoteólogo, filósofo y escritor, ha escrito El doloroso parto de la Madre Tierra: una sociedad de fraternidad sin fronteras y de amistad social, Vozes 2021; Habitar la Tierra:¿cuál es el camino para la fraternidad universal?, Vozes 2021