La política desde el Evangelio

Gabriel María Otalora

Hay que ver lo que ha menguado el gusto por la política entendida como construcción del bien común de personas concretas, sus necesidades y sus derechos individuales y colectivos… El desprestigio de los políticos viene cuando se hurta el debate de las ideas mientras se refuerza el Estado-aparato -o las estructuras europeas- en detrimento del Estado-social.

Ya no hay ciudadanos sino “clientes”, en expresión de J. Habermas. No obstante, la política es necesaria y tiene que ver con la vida buena (ética) y el esfuerzo por mejorar la existencia de las personas. El Estado y la política detentan su poder legítimo en razón de los fines; y esos fines exigibles se resumen en el bien común de los ciudadanos como ya lo entendían en los tiempos de Atenas y Roma, aunque de una manera imperfecta.

La libertad abanderada por todos está en peligro por el exceso de pragmatismo materialista y codicioso que minimiza todo lo demás, incluidas las personas, haciendo inevitable el eclipse de tanta buena labor realizada por muchos políticos a pie de calle que trabajan de verdad por el bien común.

La política tiene que ponerse a la escucha del sufrimiento humano para ser algo más que la mera administración de servicios. Las “soluciones” que proponen desde el G 8 y sus satélites ante tanto sufrimiento evitable, son puro cinismo. A Jesucristo le mataron por reivindicar un comportamiento justo y humano a los dirigentes de entonces. En realidad se metió de lleno en política por amor al cuestionar aquella injusticia estructural cívico-religiosa. Su ejemplo desestabilizaba la hipocresía que justificaba una realidad ajena al Reino de Dios. Este era su fatum. Y por la amenaza de este Mensaje fraterno a sus intereses, los romanos persiguieron con dureza a los seguidores cristianos que reivindicaban con el ejemplo otra estructura social y religiosa más coherente y solidaria. Habría que preguntarse si todos los seguidores de Cristo somos un ejemplo o un problema para la Buena Noticia.

Porque ante ciertas cuestiones como los derechos fundamentales y básicos no cabe neutralidad. Ahí tenemos Afganistán, la realidad africana, la inmigración galopante, los millones de refugiados en Turquía retenidos previo pago de la Unión Europea, la gestión de las vacunas en los países pobres, los dolores de tantos que nos rodean… Jesús se encontró una sociedad muy injusta que jamás bendijo; vivió para acoger a las víctimas que sufrían leyes injustas, muchas de ellas con el marchamo religioso. Y con su actitud (el cómo) y sus obras (el qué) mostró el camino ante cualquier situación de fragilidad y necesidad de quien se encuentre en apuros, incluidos los enemigos. Solo de esta manera, todas las personas pueden llegar a ser su mejor versión. El mensaje de apostar por ese amor radical como el plan de Dios con todos le costó la vida.

Reducir lo político al profesional de la cosa pública entre partidos, de derechas o de izquierdas, es lo que quieren algunos. Pero Greenpeace y Médicos sin Fronteras hacen política; Teresa de Calcuta hizo excelente política reduciendo el número de moribundos y consolando amorosamente a los más parias hasta el final. El presidente de la patronal y el presidente del Banco Mundial también hacen política… Y claro que Jesús de Nazaret hizo política defendiendo la dignidad de cada ser humano en concreto; eso sí, siempre por amor mostrando con hechos el verdadero corazón de Dios.

Como dijo el que fuera general de los jesuitas, P. H. Kolvenbach, si política significa acción por el bien de la ciudad, la lucha por la justicia es inevitablemente política; y el compromiso con un partido político solo es una parte del todo. Con los textos políticos esenciales en una mano y el Evangelio en la otra, “los nuestros” deberían coincidir en mostrarse de parte de la libertad con responsabilidad y la justicia para las víctimas a las que les falta lo más necesario, olvidadas por casi todos. Leyendo el Evangelio, veo que somos muchos los que nos dejamos llevar por la costumbre de lo establecido, aunque abunde cerca nuestro necesitados de tantas, cosas no solo materiales (compañía, escucha, consuelo, comprensión…).

Estamos asustados viendo un mundo tan loco, pero el mensaje de Jesús nos apremia a no estar paralizados. Las obras son amores, cada uno en su medio, por más que algunos traten su Mensaje como una justificación y no como un reto -sociopolítico en el sentido de transformador.

Crítica de José MªCastillo a algunos políticos ignorantes

¿Han leído Vds. algo, siquiera algo, de Fray Bartolomé de las Casas?” 

Queriendo dañar al Papa, los políticos criticadores dañan lo que ‘dicen’ que defienden 

Aznar, Casado y Ayuso

 “Las críticas que determinados dirigentes políticos le vienen haciendo al Papa Francisco, sobre todo a quienes más daño les están haciendo es a los propios políticos, a su credibilidad, su honestidad” 

“Nadie duda que España le dio un giro decisivo, para bien, a toda América. Pero, si defendemos lo que acabo de decir, ¿nos vamos a callar la cantidad de sufrimientos, esclavitudes, latrocinios y humillaciones que todo aquello llevó consigo durante siglos?” 

“¿Han leído Vds. algo, siquiera algo, de lo que Fray Bartolomé de las Casas tuvo el atrevimiento (y la libertad) de informar al Emperador Carlos V sobre las atrocidades que se cometieron… Todo esto está documentado” 

“¿Es que no ven que queriendo dañar al Papa, lo que más dañan es lo que Vds. mismos dicen que defienden?” 

POR  José María Castillo 

Las críticas que, desde hace algunos días, determinados dirigentes políticos le vienen haciendo al Papa Francisco, no sólo ni principalmente dañan la imagen pública del Papa, sino que sobre todo a quienes más daño les están haciendo es a los propios políticos, a su credibilidad, su honestidad y la causa que defienden los políticos criticadores de un hombre ejemplar como es el caso del Padre Jorge Mario Bergoglio. 

Nadie duda que España le dio un giro decisivo, para bien, a toda América. ¿Para qué vamos a repetir y ponderar lo que ya todos sabemos y lo sabemos de sobra? Pero, si defendemos lo que acabo de decir – y hay que defenderlo -, ¿nos vamos a callar la cantidad de sufrimientos, esclavitudes, latrocinios y humillaciones que todo aquello llevó consigo durante siglos? 

¿Han leído Vds. algo, siquiera algo, de lo que Fray Bartolomé de las Casas tuvo el atrevimiento (y la libertad) de informar al Emperador Carlos V sobre las atrocidades que se cometieron… ¿para qué? Para que los esclavos, que se llamaban “piezas de Indias” cuando eran metidos, pesados y embarcados, para que los que sobrevivían, trabajaran hasta la muerte. Todo esto está documentado. ¿No es mejor callárselo, en lugar de utilizarlo, ¿para qué? ¿para dañar al Papa? 

¿No se dan cuenta que lo que dañan es el Evangelio, que el Papa Francisco hace patente cuando acoge, ante todo, a niños, a enfermos, ancianos y a la gente más desamparada? ¿Es que no ven que queriendo dañar al Papa, lo que más dañan es lo que Vds. mismos dicen que defienden? 

La espiritualidad de Teresa de Jesús 

ESPIDO FREIRE 

Un retrato perfectamente reconocible, pintado por Juan de la Miseria, nos atraviesa con su mirada a través del tiempo: muestra los ojos negros y enormes de una de las mujeres más famosas de su época, Teresa de Jesús, perdidos en algo que se encuentra más allá, o más acá, algo que la envuelve y la fascina por completo. Nos escrutan. Teresa busca a Dios, atrapado para siempre en su interior

Sin su testimonio del momento en el que vivió, espléndido, pero crispado, en los años de esplendor del Imperio pero con una pobreza, violencia y analfabetismo extendidos, la construcción de la Iglesia católica europea no hubiera sido la misma. Y lo que resulta aún más importante, tampoco hubiera existido la creación de un imaginario espiritual basado en la palabra, y en el desarrollo de la imaginación a través de lo narrado. 

Teresa de Jesús se comportó durante toda su vida de una manera que se consideraba extravagante. Sus escrúpulos morales espantaban y desconcertaban a sus confesores, que se daban a una fuga casi despavorida. Los éxtasis, las locuciones, su necesidad de explicar lo que sentía para encontrarle, dentro o fuera, un sentido, la convertían en una rebelde que culminó sus peculiaridades con una sucesión de fundaciones en las que las mujeres eran las protagonistas

Sin embargo, pese a su popularidad, mantiene intacta un aura de misterio. ¿Qué vuelos remontaba Teresa? ¿Hasta qué punto su herencia judía, la riquísima tradición de la Cábala, mantiene unidos los mimbres de su misticismo? ¿Hasta qué punto la Reforma condicionó su poderosa expresión? 

Convivencia religiosa 

Con el eco de las cruzadas resonando aún en los oídos (los abuelos del rey bajo cuyo poder nació Teresa, no lo olvidemos, fueron quienes lograron la unidad religiosa española, y quienes habían dado por cerrada la conversión de los musulmanes y judíos que habitaban entonces en la Península), otro nuevo conflicto religioso comenzó a cobrar forma: a diferencia de las delaciones entre hermanos y vecinos a las que daba origen la práctica secreta de las otras religiones, en España la amenaza protestante resultaba más sencilla de identificar geográficamente; y ofrecía un frente menos peligroso, porque no se nacía protestante, como se nacía judío, sino que exigía un acto de voluntad, una conversión consciente a la nueva religión prohibida. 

Frente a la compleja elaboración teórica de la Reforma, Teresa emplea una terminología común para acercar la experiencia mística a unos lectores que quizás puedan intuir de lo que está hablando, pero que carecen de conocimientos o de formación como para estructurarla a través de las categorías escolásticas convencionales. Se dirigía a personas normales y corrientes, al pueblo en general, apenas alfabeto, al que necesitaba explicar situaciones y sentimientos compartidos y extraordinarios al mismo tiempo. Necesitaba, por lo tanto, recurrir a elementos generales para producir la catarsis. Los símbolos y el ritual católico continuaban despertando poderosas emociones en su contemporáneos, y Teresa necesitaba humanizar y describir de una manera casi teatral su percepción de Dios. 

La tentación de olvidarnos del protestantismo en los estudios comparativos de la mística es grande, pese a la insistencia general en el tronco único del que parte la división de la Iglesia cristiana, y a la importancia que reviste en este estudio: una de las razones, no la menor, radica en el empeño de algunos estudiosos protestantes en diferenciarse de la vida contemplativa a través de la acción y del trabajo. Bruner, en ‘La Mística y la Palabra’, alertaba del peligro de que el ser humano se redujera siempre a su propia percepción y, por lo tanto, concibiera a Dios como un hombre sublimado, idealizado, y no al representante de un mundo completamente nuevo, a Dios como Dios. 

Por otro lado, los místicos católicos podrían fallar al acercarse a un Dios completamente desligado de la experiencia humana, que incluiría la muerte, su vida terrena y sus experiencias personales, para fusionarse a Él únicamente en un aspecto. Con la presencia de la palabra, y no con su interpretación literal, queda marcada la importancia de la percepción absoluta

Influencias inolvidables 

A través de sus lecturas, Teresa de Jesús, aquella niña ‘devorahistorias’ de Ávila que lloraba cuando, ya de adulta, la censura le arrebataba sus amados libros, había absorbido varias influencias inolvidables: los propios escritos bíblicos, algunos de los textos y los estudios de san Agustín, y las ricas y abigarradas novelas de caballería. Y esas lecturas las compartía con gran parte de los ideólogos y literatos de su época, entre ellos, aunque posiblemente ella desconociera la tradición clásica grecorromana y le faltaran los conocimientos históricos que vertebraron parte de la obra de otros autores contemporáneos. Para paliar esa carencia, usó las hermosas imágenes de la liturgia católica y de las ensoñaciones de las novelas de caballería. Integradas en su obra, sirvieron como una influencia constante para los teólogos tanto católicos como protestantes posteriores. 

Los luteranos no excluían ni la iluminación ni la unión mística en su dogma, pero la importancia que le asignaban era mucho menor: y sin comprender la vivencia humana de Cristo, que pasa por la tentación, por el sufrimiento y la propia muerte, no es posible completar la experiencia de la fe. 

Si se pierde de vista la presencia constante, social, psicológica y conformadora del individuo de esa narración de la vida de Cristo y su inmortalidad a través de la muerte, tampoco es posible comprender la trascendencia y la modernidad que, aún hoy, muestran los personajes de novelas y obras de teatro contemporáneas a la santa, principalmente en las tragedias: pero, a diferencia de esas ficciones, Teresa se explica a sí misma a través de su proceso de oración. Se convierte en el estudio y el personaje principal de toda su obra literaria, en una búsqueda constante de otro personaje omnipresente en ausencia y presencia, que es Dios. 

Una persona real 

Teresa es una persona real, la representación inmediata, en carne y hueso, de una experiencia inefable y con anhelos de universalidad. Mientras otros, privados de la experiencia mística, intentan, a través de lo intelectual, inducir una catarsis similar en quien la lee u observa, Teresa narra y describe, con una llamativa ausencia de hechos históricos. Incluso pasa de puntillas por su biografía, que tantos quebraderos de cabeza y tantas horas de investigación dará a sus estudiosos ¿Antepasados con certificado de limpieza de sangre o abiertamente judíos? ¿Escándalo social cuando era adolescente, o solo el miedo de su familia a que lo generara? 

La única historia que le interesa a Teresa en su existencia es la de su relación con Dios y cómo ha llegado hasta Él en un camino de oración. Un tipo de vivencia, por lo tanto, más cercana a la poesía que a la narrativa, por más que ella fuera una magnífica ‘biografista’. (…) 

¿Por qué el PP y VOX atacan al Papa?

EL P.P Y VOX ATACAN AL PAPA POR HABER PEDIDO PERDÓN A MÉXICO, “POR LOS PECADOS PERSONALES Y SOCIALES COMETIDOS EN EL PASADO QUE NO CONTRIBUYERON A LA EVANGELIZACIÓN””.  

Juan Cejudo, miembro de MOCEOP y de Comunidades Cristianas Populares 

La Sra. Ayuso del P.P y Vox, apoyados después por Casado y Aznar, han criticado al Papa Francisco por haber pedido perdón por los “pecados personales y sociales cometidos en el pasado que no contribuyeron a  la evangelización”. Parece que quieren negar lo evidente. 

El catedrático de la Universidad autónoma de Barcelona, Antonio Espino López, en su libro La conquista de América: Una revisión crítica (RBA Ediciones), propone una mirada sin prejuicio sobre la colonización hispana. Y lo cuenta así:  

Masacres, asesinatos, amputaciones de manos y pies, heridas curadas con aceite hirviendo, violaciones… semejantes crímenes parecen sacados de una mente perturbada. Sin embargo ésto era el día a día en las batallas que tuvieron lugar durante la conquista de América. Un periodo de nuestra historia que tiende a mitificarse obviando sus pasajes más oscuros. 

 En su obra, Espino se sirve de los testimonios dejados en las numerosas crónicas de Indias para describir con precisión las armas, tácticas, batallas y sangrientas prácticas que ‘héroes’ como Hernán Cortés llevaron a cabo. (El Confidencial: https://www.elconfidencial.com/cultura/2013-10-12/ejecuciones-mutilaciones-violaciones-asi-fue-la-conquista-de-america_40390/)                                              Otras fuentes  estiman que en el siglo XVI los españoles y los portugueses consiguieron, sin cámaras de gas ni bombas, hacer desaparecer entre 65 y 150  millones de indígenas en América latina. (Fuente: Telesur)                                                                                                          Pero ¿Cuáles han sido las palabras del Papa que tanto ha indignado a la derecha y ultraderecha española? Éstas son las palabras textuales dirigidas a los obispos mexicanos con motivo de los 200 años de la independencia de México  y que tanto les han indignado: 

“Para fortalecer las raíces es preciso hacer una relectura del pasado, teniendo en cuenta tanto las luces como las sombras que han forjado la historia del país. Esa mirada retrospectiva incluye necesariamente un proceso de purificación de la memoria, es decir, reconocer los errores cometidos en el pasado, que han sido muy dolorosos. Por eso, en diversas ocasiones, tantos mis antecesores como yo mismo, hemos pedido perdón por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización”. (Septiembre de 2021) 

¿Han leído nuestros políticos estas palabras del Papa? Los obispos españoles piensan que no y por eso le aconsejan que las lean, porque no hay motivo para el escándalo.                                 Creo más bien que a ellos no les gusta este Papa. Les gustaban más los anteriores. Pero de ahí a atacarlo sin motivo, creo que no hay derecho.                                                                         Porque esos papas anteriores, que a ellos le gustaban más, pidieron perdón de modo mucho más explícito que lo ha hecho ahora Francisco, quien, por otra parte, ya había perdón en Bolivia más abiertamente en 2015 cuando afirmó:                                                                            “Pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”. 

Juan Pablo II en República Dominicana en 1992, mensaje a los indígenas del continente latinoamericano diría: 

¿Cómo podría olvidar en este V Centenario los enormes sufrimientos infligidos a los pobladores de este Continente durante la época de la conquista y la colonización? Hay que reconocer con toda verdad los abusos cometidos debido a la falta de amor de aquellas personas que no supieron ver en los indígenas hermanos e hijos del mismo Padre Dios.  

Y Benedicto XVI   de vuelta de su viaje a Aparecida (Brasil) en 2007: 

“El recuerdo de un pasado glorioso no puede ignorar las sombras que acompañaron la obra de evangelización del continente latinoamericano: no es posible olvidar los sufrimientos y las injusticias que infligieron los colonizadores a las poblaciones indígenas, a menudo pisoteadas en sus derechos humanos fundamentales”. 

Curiosamente no dijeron nada estos políticos cuando los papas anteriores pronunciaron estas palabras. Ahora, con Francisco, que ha sido muy moderado en sus expresiones, sí. 

La derecha y ultraderecha está desmadrada y se atreven  atacar hasta al Papa. Creo que los obispos deberían tomar con ellos algunas medidas, como denunciarlos públicamente, quitarles la careta de falsos cristianos y hacer ver ante todo el Mundo que serán políticos, pero no cristianos, cuando muchos de ellos presumen de serlos y les gusta aparecer en primer lugar en las manifestaciones religiosas,  porque ellos utilizan la religión para sus fines políticos.  

Y no se puede ser cristiano cuando se fomentan actitudes racistas y xenófobas o contra los derechos de homosexuales, entre otros, porque Jesús acogía a todos. 

A vueltas con la laicidad


Desde los inicios de la transición democrática viene planteándose en España el debate sobre la laicidad en el ámbito político sin apenas avance alguno. Todavía quedan no pocos restos de nacionalcatolicismo en la praxis política y en las instituciones del Estado. La propia Constitución incurre en un acto de clara confesionalidad cuando cita expresamente a la Iglesia católica en la segunda parte del artículo 16.3 y entra en clara contradicción con la primera parte, que establece la no confesionalidad del Estado:
“Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones”.

Similar negación de la laicidad en el ámbito escolar tiene lugar en el artículo 27.3 cuando afirma que “los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus convicciones”.
Voy a ofrecer a continuación unas reflexiones sobre el tema, que espero ayuden a pasar definitivamente del Estado nacionalcatólico al Estado laico sin demora.
La laicidad constituye el espacio político, el marco jurídico y el horizonte ético más adecuados para el reconocimiento y el ejercicio de los derechos humanos y de las libertades de conciencia, de expresión, de asociación y de religión, así como para el reconocimiento de las ideologías, los sistemas de creencias y los proyectos utópicos que se expresen y defiendan pacíficamente.
La laicidad no debe confundirse con el ateísmo, el agnosticismo o la indiferencia religiosa, como tampoco con la persecución de la religión, ni con la exclusión de ésta del espacio público y su reclusión en la esfera privada. Ninguna de estas concepciones de la laicidad es correcta. Son, más bien, patologías y, la mayoría de las veces, caricaturas o deformaciones con que es presentada por sus adversarios y por los defensores de la confesionalidad del Estado. La laicidad implica la autonomía de la política, de la ética pública, del derecho y del Estado de toda tutela religiosa y la salvaguarda del pluralismo en todos sus órdenes.
Laicidad y pluralismo son condiciones necesarias para la construcción de una democracia participativa, intercultural y respetuosa de la diferencia. “Frente a toda pretensión de monopolio acerca de la verdad o en cuanto a concepciones de lo bueno desde la que se quisiera imponer unilateralmente lo que para la sociedad en su conjunto ha de ser justo, el vínculo inseparable de pluralismo y laicidad es garantía de la coherencia democrática que necesita una ‘sociedad abierta” [1].
Marcel Gauchet evita los términos “secularización” y “laicización”, y prefiere hablar de “retirada de la religión”, entendiendo por tal no el abandono de la fe religiosa a nivel personal, sino “el abandono de un mundo estructurado por la religión, donde ella dirige la forma política de las sociedades y define la economía del lazo social…; el paso a un mundo donde las religiones existen, pero en el interior de una forma política y un orden colectivo que ya no determinan” [2]. Hemos pasado de la dominación global y explícita de lo religioso a su secundarización y privatización. Se pone de manifiesto en el título de la obra del sociólogo de la religión Thomas Luckman La religión invisible [3].
El problema se plantea cuando se trata de establecer las relaciones concretas entre religión y política, entre sociedad, Estado y hecho religioso. Varios han sido los modelos teóricos y prácticos de dicha relación [4]. Uno es el de identificación-confusión, que se caracteriza por la identificación entre la comunidad política y la comunidad religiosa y por la alianza entre ambos poderes en un juego de doble legitimación: la religión está al servicio de poder y es manipulada por él, al tiempo que lo legitima como recompensa por los privilegios recibidos. Estamos ante una religión de Estado y un Estado de religión única.
Otro modelo es el que establece el ateísmo a nivel oficial, no respeta la libertad religiosa y prohíbe todo culto por considerar que la religión es alienante, opresiva de la conciencia cívica y obstáculo en el camino hacia la igualdad.
El tercer modelo es el que establece una clara separación entre religión y Estado, comunidad política y comunidad religiosa, ética y religión, derecho y religión. Ambas esferas son independientes y no permiten interferencias ni injerencias. El Estado se muestra neutral ante el hecho religioso, reconoce la libertad religiosa de los ciudadanos y respeta las diferentes manifestaciones individuales y colectivas religiosas.
Este modelo admite dos modalidades. Una consiste en reducir la religión al ámbito privado, a la esfera de la conciencia y a los lugares de culto, sin reconocerle función alguna en el espacio público. Es el caso del laicismo extremo que no aprecia carácter emancipador alguno en las religiones y tiende a vincular a éstas, justificadamente a veces, con actitudes irracionales y fanáticas, a considerarlas, con razón frecuentemente, como obstáculos graves para la secularización de la sociedad, la laicidad del Estado y la autonomía de la ética.
Con esos presupuestos cualquier intervención de las religiones en la esfera pública —trátese de cuestiones políticas, económicas, culturales o sociales— se entiende o interpreta como injerencia indebida.
Otra modalidad es la que acepta la secularización de la sociedad y la autonomía de la política, reconoce la separación entre religión y política, sin pretender confesionalizar el espacio público, pero no limita la religión al terreno privado, sino que le reconoce una dimensión política en ningún caso legitimadora del orden establecido, sino solidaria con los sectores más vulnerables de la sociedad y comprometida con los movimientos sociales que luchan contra la marginación en su diferentes formas. Este es el planteamiento, dentro del cristianismo, de la nueva teología política europea, de la teología latinoamericana de la liberación y de los movimientos cristianos progresistas, que consideran la presencia pública del cristianismo, en las condiciones antes indicadas, como inherente a la fe cristiana.
Este modelo de cristianismo y el de los orígenes pueden contribuir positivamente a la defensa de la laicidad, que no va contra las religiones. …..
El fundador del cristianismo, Jesús de Nazaret, fue un creyente laico, crítico por igual de las autoridades religiosas y del poder político, y de la alianza entre ambos, que puso en marcha un movimiento igualmente laico no legitimador del Imperio. Con razón Marcel Gauchet define al cristianismo como “la religión de la salida de la religión” [5]. Por su propia vocación laica el cristianismo puede promover la renovación de la vida cívica contribuyendo a superar la permanente tentación de confesionalización de la sociedad y del Estado, muy especialmente en España.
 
[1] J. A. Pérez Tapias, Del bienestar a la política. Aportaciones para una ciudadanía intercultural, Trotta, Madrid, 2007, 292.
[2] M. Gauchet, La religión en la democracia. El camino del laicismo, El Cobre, Madrid, 2003, 17 y 21.
[3] Cf. Sígueme, Salamanca, 1973.
[4] Cf. J. Casanova, Religiones públicas en el mundo moderno, PPC, Madrid, 2000; H. Peña-Ruiz, La emancipación laica. Filosofía de la laicidad, 2001; J. Habermas, Entre naturalismo y religión, Paidós, Barcelona, 2006; J. Habermas, Ch. Taylor, J. Butler, C. West, El poder de la religión en la esfera pública, edición, introducción y notas de E. Mendieta y J. VanAntwerpen, Trotta, Madrid, 2011.
[5] Cf. M. Gauchet, El desencantamiento del mundo. Una historia política de la religión, Trotta, Madrid. 2005

Haití: la revolución relegada y denegada

Pedro Pierre 

¿A quién no les duele el alma ver, desde más de 10 años, lo inhumano que está pasando en Haití? A pesar de todo parece más fuerte la siguiente afirmación que hace que los haitianos siempre se levantan y resisten: “Los ideales de libertad y anticolonialismo nunca dejaron de ser parte de la conciencia haitiana” (Wikipedia), porque en Haití triunfó la primera revolución de negros esclavos y pobres de los tiempos modernos. Hoy son los países occidentales -Estados Unidos y Europa- quienes no quieren que se hagan realidad estos “ideales de libertad y anticolonialismo” ni en Haití ni en América Latina. 

Primero se niega la realidad de la revolución haitiana que fue el primer movimiento revolucionario de América Latina y logró la primera independencia en las colonias de las Américas del Norte, Centro y Sur. Además, se busca desterrar una verdad histórica, silenciando a toda costa esta revolución negra que tuvo un impacto mundial más allá de las Américas y de Europa. Por eso justamente, estos últimos países hacen lo imposible para que no vuelvan a despertar en América Latina “los ideales de libertad y anticolonialismo” que abrigan los haitianos, ni que progresen en los países que los están poniendo en práctica como Cuba y Venezuela. 

La revolución de Haití demoró 13 largos años de masacres: de 1791 a 1804, porque estuvieron involucradas las grandes potencias colonialistas del Occidente: España, Francia, Inglaterra y Estados Unidos. En esa época Haití era la posesión colonial europea más exportadora de riquezas en azúcar, café, tabaco, algodón e índigo. 

Por ser, en esa época, colonia francesa, Haití se benefició de la declaración de “libertad, igualdad y fraternidad” de la Revolución francesa de 1789 a favor de todos los ciudadanos franceses. Haití, al ser el primer país del Caribe y América Latina en obtener su independencia, fue reconocida, con mucha resistencia, como la primera república negra y el primer país en abolir el sistema de esclavitud, contra la voluntad de España, Inglaterra y Estados Unidos; mientras tanto Francia había suprimido la esclavitud. En esta revolución hay que nombrar a la alta sacerdotisa vudú, Cécile Fatiman, que en una ceremonia ancestral hizo la siguiente proclama: “El Buen Señor que creó la Tierra, que nos da la luz desde lo alto… nos observa. Nuestro Dios sólo pide obras buenas de nosotros… Él nos ayudará…Escuchen a la voz de la libertad que habla en el corazón de todos nosotros.” 

La revolución haitiana también destruyó los planes de Napoleón de restablecer la esclavitud en las colonias francesas, de invadir América del norte y de reclamar los Estados Unidos como parte de “nueva Francia”. La revolución asustó a los propietarios de esclavos en todo el mundo, que provocaron embargos intermitentes en contra de Haití durante todo el siglo XIX. El tercer presidente estadounidense, Thomás Jefferson (1801-1809), gran propietario de esclavos, aseguró que Estados Unidos blocaría las influencias revolucionarias de Haití, hasta afirmar que quería que ¡la nación haitiana fracasara! 

Durante su independencia, en múltiples ocasiones, los líderes de Haití ofrecieron ayuda o asilo a los revolucionarios liberales a nivel mundial, como por ejemplo a Simón Bolívar, a los nacionalistas mexicanos durante la guerra de Independencia y hasta los griegos que luchaban contra los turcos. 

Las contribuciones de Haití al movimiento anticolonial fueron muy significativas. Muchos revolucionarios latinoamericanos se inspiraron de la independencia de Haití, como son los casos de José de San Martín de Argentina, José Martí de Cuba, Ramón Emeterio de Puerto Rico…  Muchos activistas afroamericanos de Estados Unidos encontraron en Haití mucha iluminación para su defensa de los derechos civiles, como Malcolm X, Frederick Douglas o Martin Luther King. 
Con todo eso vemos, por una parte, hasta donde llega la maldad humana tanto ayer como hoy y, por otra, cómo es invencible la resistencia a dicha maldad. Estamos en esta lucha que hemos de ganar… 

Y si no vemos el desenlace feliz, esta lucha misma es ya una victoria y es nuestra dignidad. Si un pueblo tan pequeño como Haití, compuesto de pobres, esclavos y negros ha sido capaz de tan grandes hazañas, ¡cuánto más pueden lograr los pueblos negros, indígenas y pobres de la Patria Grande! La victoria del pequeño David contra el gigante Golias es un símbolo universal que nos pasa al olvido. 
Ahora, con relación a Haití, tenemos que preguntaros si no estaremos en deuda de agradecimiento y solidaridad. 

La revolución haitiana se está gestando en casi todos los países latinoamericanos hacia más libertad y justicia. En Ecuador, particularmente: ¿por qué tanto odio a la Revolución Ciudadana y tantos presos y exiliados entre sus miembros? si no es porque durante 10 años derribó por primera vez del poder y del saqueo la tradicional oligarquía ecuatoriana, sacó al imperialismo norteamericano de la base naval de Manta, demostró que era posible repartir más equitativamente la riqueza nacional, logró la gratuidad de los servicios de educación y de salud, devolvió la autoestima a los ecuatorianos, redujo en 20% la pobreza nacional, etc. 

Si Dios es el defensor de las víctimas, de los más pobres y despreciados, ¿no abrigará un nuevo “éxodo” para Haití y los pueblos del continente? ¿No estará buscando “nuevos Moisés” latinoamericanos y ecuatorianos? Por terminar tenemos que preguntarnos también cómo vamos a ser más solidarios, primero, con Haití para que vuelva a levantarse, luego más solidarios con los países que están sacudiendo el yugo de la dominación capitalista y, en fin, más solidarios entre nosotros para que alcemos la bandera de la libertad y de la descolonización en los países que más las necesitan, Ecuador en particular. 

Vías legales para los migrantes

Los obispos europeos piden “vías legales” para “evitar que los migrantes caigan en manos de contrabandistas y traficantes” 

La urgencia de una regulación extraordinaria de migrantes 

Esta semana doce Estados miembros de la UE se han dirigido a la Comisión Europea para pedir formalmente que Bruselas financie «barreras físicas» que protejan las fronteras europeas de la llegada de nuevos inmigrantes 

“Debe protegerse su derecho a solicitar asilo y los Estados deben respetar el principio de no devolución de las personas en peligro en su país de origen” 

RD. José Manuel Vidal

Esta semana doce Estados miembros de la UE se han dirigido a la Comisión Europea para pedir formalmente que Bruselas financie «barreras físicas» que protejan las fronteras europeas de la llegada de nuevos inmigrantes. 

Los ministros de Interior de Austria, Bulgaria, Chipre, Chequia, Dinamarca, Estonia, Grecia, Hungría, Lituania, Letonia, Polonia y Eslovaquia, los firmantes de esa solicitud, consideran que «esta medida legítima debería ser financiada de manera adicional y adecuada de manera prioritaria a partir del presupuesto de la UE». Ven en ella un instrumento válido para combatir los «intentos de instrumentalización de la migración ilegal con fines políticos», en clara referencia a gobiernos de países como Bielorrusia, Turquía o Marruecos. La carta constituye una novedad, pues el control fronterizo (incluida la construcción de vallas o no) es competencia exclusiva de los Estados. 

En este contexto, y en el de nuevas denuncias de «expulsiones en caliente» por parte de las policías de Grecia y Croacia, la Comisión de Episcopados de la Unión (Comece) considera necesario recordar que «ser europeo significa también poner en práctica la solidaridad». Su presidente, el cardenal luxemburgués Jean-Claude Hollerich, expresa su preocupación por la situación de los migrantes y los solicitantes de asilo en situación de vulnerabilidad que llegan a Europa, «cuya dignidad humana y derechos fundamentales —ha recordado— deben ser defendidos». «Debe protegerse su derecho a solicitar asilo y los Estados deben respetar el principio de no devolución de las personas en peligro en su país de origen», señala el purpurado jesuita. 

La Unión Europea trabaja desde hace tiempo en la adopción de un «nuevo marco» para gestionar la migración de manera «justa y predecible». En septiembre de 2020, la Comisión Europea presentó el Pacto Europeo sobre la Migración y el Asilo. Unos meses después el grupo de trabajo sobre Migración y Asilo de Comece analizó los pros y contras del documento. 

«En el contexto de las negociaciones en curso sobre la propuesta de Pacto de la UE sobre Migración y Asilo —dice ahora monseñor Hollerich—, pedimos a la Unión Europea y a sus Estados miembros que acojan, protejan, promuevan e integren a los migrantes y a los solicitantes de asilo, apoyando una percepción y una narrativa positivas de los migrantes y sus familias»

Los obispos europeos apoyan, asimismo, «los esfuerzos de reasentamiento por parte de los Estados (…), la sociedad civil y los actores de la Iglesia, y la creación de vías legales y seguras para los migrantes, para evitar que caigan en manos de las redes criminales de contrabandistas y traficantes»

Luces y sombras de la Conquista de América

” La conquista y colonización fue básicamente una invasión militar, una guerra de ocupación” 

“Es verdad que no se pueden juzgar con los criterios actuales hechos ocurridos hace siglos, sin embargo, tampoco se pueden negar los hechos inhumanos, por más que nos avergüencen” 

“Hubo misioneros que destruyeron las culturas indígenas, imponiendo la europea. Fray Diego de Landa ordenó quemar cuantos códices mayas encontró en Yucatán por considerarlos obra de satanás” 

“En el siglo XV había en América unos 65 millones de indígenas. El 95% de ellos murió en los 130 años posteriores a la llegada de Colón” 

“El Papa Francisco se ha convertido en el blanco por parte de la derecha más recalcitrante, debido a sus lúcidas críticas al neoliberalismo y a los poderes políticos y económicos” 

Por | Fernando Bermúdez López teólogo misionero 

La Sra. Díaz Ayuso del PP y el portavoz de VOX en el Congreso criticaron recientemente al Papa Francisco cuando éste pidió perdón por los errores de la Iglesia en la evangelización de América durante la conquista. A estas críticas se unieron también Aznar, Casado y García Egea, defendiendo que España tiene muchos motivos para estar orgullosa de su legado histórico y cultural. 

En su carta dirigida a México con motivo del bicentenario de su independencia de España, el Papa indicó que para “fortalecer las raíces del catolicismo es preciso hacer una relectura del pasado, teniendo en cuenta tanto las luces como las sombras que han forjado la historia del país”. 

Es justo y necesario hacer una mirada crítica y sin prejuicios sobre la conquista-colonización. Es verdad que no se pueden juzgar con los criterios actuales hechos ocurridos hace siglos, sin embargo, tampoco se pueden negar los hechos inhumanos, por más que nos avergüencen. Analizando la conquista europea de América observamos luces y sombras, aciertos y errores. 

Ciertamente, hubo luces y aciertos, pero no por eso podemos ignorar las sombras y los errores. Hemos de ser serios y objetivos al analizar la historia, sin dejarse llevar por impulsos nacionalistas infantiles y torcidos intereses.  La conquista y colonización fue básicamente una invasión militar, una guerra de ocupación, por más que en todo ello estuviera presente la religión, salvo en honrosas excepciones, utilizada para asegurar la dominación y justificar el expolio. La cruz fue abriéndose paso junto a la espada del conquistador. Yo, como misionero en Centroamérica y México y profesor de Historia de la Iglesia en América en la universidad Landívar de Guatemala, hablo con conocimiento de causa y dispongo de multitud de documentos de aquella época. 

Algunos datos: en el siglo XV había en América unos 65 millones de indígenas. El 95% de ellos murió en los 130 años posteriores a la llegada de Colón. Para 1700 quedaban unos seis millones. Los colonizadores llevaron con violencia esclavos africanos para suplir la mano de obra que ellos mismos habían aniquilado por las enfermedades y los trabajos forzados. Ciertamente, hay una gran diferencia entre la conquista española y la anglosajona en el norte.  En América Latina todavía la población indígena está viva y en varios países son mayoría (Guatemala, Ecuador, Perú y Bolivia). En cambio, en Estados Unidos los exterminaron prácticamente. 

Hubo misioneros que destruyeron las culturas indígenas, imponiendo la europea. Fray Diego de Landa ordenó quemar cuantos códices mayas encontró en Yucatán por considerarlos obra de satanás.  Otros aprobaron la esclavitud de los indios e incluso la tortura y masacres de aquellos que se resistían a aceptar la dominación española y la fe cristiana. 

Sin embargo, otros misioneros denunciaron con fuerza el maltrato que los conquistadores y colonos daban a los indígenas y exigieron a la Corona que se promulgase las Nuevas Leyes de Indias, como así fue. Construyeron escuelas y hospitales y promovieron centros de desarrollo comunitario. En esta corriente destacan fray Antonio Montesinos, Fray Bartolomé de las Casas, Antonio Valdivieso obispo de Nicaragua, asesinado por un soldado español, Vasco de Quiroga, Juan del Valle y otros muchos más. 

 Es sorprendente la ignorancia, o tal vez la malicia, de estos políticos de la derecha y ultraderecha que no aceptan la realidad y critican al Papa porque reconoce, junto a las luces de aquella época, las sombras de la Iglesia durante la conquista, pidiendo perdón por ello a los indígenas. 

Francisco no es el primer Papa que lo hace. Se sitúa en la línea de sus predecesores.  Juan Pablo II en la República Dominicana en 1992, dijo: “No puedo olvidar en este V Centenario los enormes sufrimientos infligidos a los pobladores de este Continente durante la época de la conquista y la colonización”. Benedicto XVI dijo, asimismo, en 2007 en Aparecida (Brasil): “No podemos ignorar las sombras que acompañaron la obra de evangelización del continente latinoamericano. No es posible olvidar los sufrimientos y las injusticias que infligieron los colonizadores a las poblaciones indígenas, a menudo pisoteadas en sus derechos humanos fundamentales”. 

Pero el Papa Francisco se ha convertido en el blanco por parte de la derecha más recalcitrante, debido a sus lúcidas críticas al neoliberalismo y a los poderes políticos y económicos. Trata simplemente ser coherente con el evangelio y con los principios de la doctrina social de la Iglesia. 

La Sra. Díaz Ayuso se mostró “sorprendida” por las palabras del Papa, diciendo que hace más de 500 años España llevó “el catolicismo y por tanto la civilización y la libertad al continente americano”. ¿Acaso los indígenas no eran libres? ¿No fue la conquista el comienzo de la opresión y el robo de sus tierras por parte de los colonos?  No hablemos de las toneladas de oro y plata ni los productos agrícolas que traían los barcos españoles de América.   

¿En qué se basa, entonces, esta señora para decir que España llevó “la civilización y la libertad al continente americano o que “el indigenismo es el nuevo comunismo”? Hoy los indígenas tratan de recuperar su cultura y espiritualidad milenaria, profundamente humana, comunitaria y respetuosa con la madre tierra. Es un mensaje para nuestro mundo neoliberal que está destruyendo la armonía social y medioambiental. 

Los pueblos indígenas nos enseñan a pasar de un enfoque antropocéntrico a otro más sociobiocéntrico que reconozca la indivisibilidad de todas las formas de vida y a tomar conciencia de que todo lo que existe se encuentra interrelacionado y unido.  Es lo que señala Francisco en la Laudato SI: “Estamos incluidos en la Naturaleza,  somos parte de ella y estamos interpenetrados”. 

Por un cristianismo posteista

INTRODUCCIÓN 

Muchas personas cristianas hoy día se encuentran incómodas con los contenidos de su fe. Sienten que responden a una cosmovisión premoderna ya superada que provoca una creciente desafección. También en otras tradiciones religiosas o humanistas y en general en la cultura de muchos países se produce un fenómeno similar. Y así nos encontramos con una humanidad desconcertada en tránsito hacia nuevas interpretaciones de la realidad y una unitaria esperanza planetaria, post-secular y posteísta. 

Este desconcierto se debe en primer lugar a los nuevos modelos epistemológicos, pluralistas y relativos que cuestionan la existencia de la verdad absoluta, que admiten múltiples lenguajes y procedimientos, sean empíricos, comprensivos o simbólicos, pero que en todo caso son dialógicos y autocríticos; se alejan del dogmatismo y de la subjetividad derivados de la autoridad y de supuestas revelaciones. Estos nuevos modelos sitúan a la religión en la necesidad de revisar sus supuestos epistemológicos y sus figuras simbólicas. Y no lo hace suficientemente. 

De estos nuevos modelos epistemológicos se deriva una ontología nueva. Una interpretación de la realidad como un todo complejo, unitario de materia, energía, vida y conciencia, basada en una visión no dualista, holística, donde la “materia dinámica” autoconfiguradora es fuente de sucesivas emergencias cualitativas, matriz generadora de todo lo existente. Esta interpretación se opone al dualismo materia-espíritu y constituye un serio revés a la imagen tradicional del Dios creador, espíritu puro, omnipotente y providente. 

Las religiones son construcciones sociales y tal como se construyeron se pueden deconstruir. No son creaciones eternas e inamovibles de un Dios ente supremo, exterior al mundo. Y así, en relación al cristianismo nos parece que la Biblia ya no es el principio y fundamento de la historia, el relato por antonomasia, y mucho menos exclusivo. El Misterio de la Salvación es una gran metáfora y la Historia Sagrada un relato particular cuestionado por la ciencia. La Revelación como verdad primera y superior no se sostiene. No hay un Dios previo y separado del mundo ni espíritus puros fuera de la realidad creadora; ni un Hijo de Dios que ha venido a redimirnos de la muerte y del mal, frutos de un pecado hereditario. 

Otro cristianismo es posible y necesario. Es preciso liberar la divinidad de su identificación con un Ente Supremo dominante, a Jesús de su sacralización como Hijo de Dios único, encarnado en un judío de la especie Homo Sapiens, y a la Iglesia del sistema cognitivo obsoleto que la aprisiona y de su estructura jerárquica derivada en gran parte de la imagen de un Dios único y todopoderoso. Es preciso converger en una práctica secular de liberación en torno a los derechos humanos y a la justicia ecológica inspirada en Jesús de Nazaret y eventualmente en otros profetismos y espiritualidades. Construir un relato universal que partiendo de los modelos científicos más contrastados, como por ej. la Teoría de la Gran Historia, incorpore la inspiración y el ánimo de las metáforas y los símbolos religiosos; un relato que sea a la vez universal, particular y provisional. 

En muchas ciudades de Europa y Latinoamérica, de los Estados Unidos y Canadá, de Australia y de otros países, han ido surgiendo grupos de un gran potencial renovador. Sienten este cambio de paradigma como un terremoto devastador que les provoca primero desconcierto, luego alivio y finalmente renacido ánimo. Nos gustaría caminar con vosotros en este tránsito y por eso os invitamos a esta amplia consulta. 

1. LA MODERNIDAD TARDÍA, POSRELIGIONAL Y POSTSECULAR 

El mundo está experimentando una mutación de largo alcance, una metamorfosis global; estamos en el ojo del huracán de un nuevo tiempo axial similar al del siglo sexto antes de nuestra era. Las ideas, las costumbres, las relaciones, la geopolítica, la tecnociencia, etc., configuran un contexto muy distinto al que se derivaba de las convicciones más profundas del cristianismo. La imagen tradicional predominante de Dios ha cambiado y su existencia lleva ya años puesta en cuestión de modo generalizado; la ciencia sustituye a las grandes respuestas religiosas; las cuestiones del mal y de la muerte, el origen y el fin de la vida se viven de manera no mitológica, y el anhelo común se orienta generalmente hacia la liberación, la autonomía y un bienestar integral y universal aquí en la tierra. La religión, pues, pierde su humus y entra en competencia con otros proyectos axiológicos que le van ganando terreno. Además, en el caso del cristianismo, el pluralismo y la globalización lo sitúan como otra religión más. 

Las posiciones conservadoras en política y moral incrementan el desajuste de los contenidos religiosos, que se quedan como algo mágico, extraño y contrario a la liberación y encuentran en el viejo cristianismo la legitimación de su modelo opresor de sociedad y de persona. Finalmente parece anunciarse una nueva especie humana fruto de la info-bio-tecnología, seres humanos modificados genética o robóticamente (transhumanismo) o nuevos seres posthumanos. 

La experiencia religiosa “tremenda y fascinante” de otro tiempo, construida sobre el desdoblamiento del mundo, cede hoy el relevo a una trascendencia más secular basada en la veneración, el amor y el compromiso por la liberación universal. Lo que en otro tiempo llamamos «sobrenatural» no es tal, sino que lo identificamos con la actitud de gratuidad propia de la hondura humana. 

2. EL NUEVO PARADIGMA EPISTEMOLOGICO 

La concepción de la verdad ha cambiado. Las teorías epistemológicas actuales, al asumir la complejidad y la perspectiva constructivista del conocimiento, son más abiertas y menos pretenciosas que en siglos pasados. Del positivismo extremo se ha pasado a una concepción empírica más suave. Para los más recientes epistemólogos no hace falta que los enunciados científicos sean estrictamente verificables o confirmados por los experimentos científicos, basta con que sean plausibles, es decir, que puedan ser sometidos a falsación. El conocimiento avanza negando el error más que afirmando la certeza, y sustituyendo aquellos paradigmas que no explican convenientemente los hechos. 

Esta evolución epistemológica en el ámbito del conocimiento considerado estrictamente científico, el método positivo matemático-verificacionista, nos puede servir de pauta para el análisis de la inversión religiosa que hoy se experimenta. La concepción de la creencia ha dejado de ser dogmática y se interpreta más en términos de relato, de símbolo o metáfora. Las ciencias humanas y sociales (psicología, sociología, historia…), para ser rigurosas, se sirven de métodos científicos o al menos no han de estar en fricción con los datos científicos. La filosofía tampoco puede ignorar ni contradecir los resultados de las ciencias. Y las espiritualidades o religiones tienen muy en cuenta su carácter de construcción social y simbólica con funciones menos explicativas y más actitudinales. A las manifestaciones humanas simbólicas (de carácter ético, estético, “sapiencial”…) se las reconoce como modos de acceso a un conocimiento real, pero se les exige estar en coherencia con los datos científicos, aunque no puedan ser sometidas a los criterios de verificación-falsación de las ciencias positivas. 

Más allá de la suma de disciplinas, la transdisciplinariedad o intercambio entre equipos, métodos y programas de investigación, ofrece una visión más completa de la complejidad de lo real. La religión y el cristianismo quieren sentirse parte de ese esfuerzo transdisciplinar. Han descubierto el gran error de confundir la metáfora con la descripción realista, la inspiración con la norma. Por fin se avienen a asumir las nuevas teorías de la evolución, de la genética, de la relatividad y de la mecánica cuántica, de las neurociencias y de la inteligencia artificial. Es ya imposible –además de claramente absurdo– pensar en ideas permanentes, en dogmas inmutables e indiscutibles, morales irreformables, en verdades divinamente reveladas, en instituciones indefectibles. El reduccionismo científico y el fundamentalismo religioso se diluyen y confluyen. 

Ciencia y fe 

Hasta ahora, y dicho figuradamente, “la fe siempre tenía razón”; ahora es la ciencia la que sienta el criterio de la verdad común mínima. Hoy la razón abierta es la matriz de la inspiración creyente. El conocimiento no emana de la «Palabra de Dios», ni es absolutamente cierto. Antes la ciencia era aceptable en la medida en que concordaba con aquella Palabra revelada. Ahora el esquema es de alguna forma inverso. La Biblia – al igual que todo texto inspirador – nos ofrece sentidos y esperanzas, como relato simbólico-poético que es, pero debe ser entendida en coherencia con la información científica. Ciencia y fe son lenguajes diferentes: la ciencia puede enriquecerse con la fe, pero la fe no puede estar en contradicción con la ciencia. 

La Biblia no es el principio y fundamento de la comprensión de la realidad, de la moral y de la organización social o política. Tampoco puede ser la fuente única de la espiritualidad. Más bien decimos que la Biblia no tiene razón, sino alma. Tras la desmitificación de R. Bultmann, el reconocimiento de los géneros literarios y las investigaciones arqueológicas entendemos que la Biblia no es tanto un libro sagrado y cerrado, normativo y revelador, Palabra de Dios y verdad absoluta, sino más bien un conjunto de mitos e historias con una función sapiencial, espiritual y sociopolítica. Hoy día se escriben relatos y poemas de similar densidad, sublimidad y finalidad. 

Todas las religiones, siendo muy diferentes en sus formas, desempeñan funciones equivalentes y caminan hacia una supraética de la compasión. Su valoración ya no puede venir de la fuerza de su pretendida inspiración divina sino de la respuesta a las necesidades y derechos humanos. Con Kant podríamos decir: Cree y obra de tal manera que tu fe pueda ser tenida como válida por toda la humanidad. 

3. LA NUEVA CONCEPCIÓN DE LA REALIDAD 

Nos parece más coherente y consistente una interpretación no-dualista de la realidad; abierta, holística, emergente y creativa, en la que el azar y la necesidad se conjugan sin necesidad de un plan previo, pero mostrando una gran complejidad, belleza y orden a pesar de muchos retrocesos y fracasos. No compartimos que pueda haber seres o cosas espirituales desprovistos de cualquier forma o soporte. Angeles y demonios, objetos sagrados, santos, milagros, tenidos como existencias independientes o intervenciones divinas, son constructos de nuestra mente. Capacidades como las de razonar, amar, disfrutar la belleza y valorar la justicia, que solíamos definir como ‘frutos del espíritu humano’ desde la cosmovisión tradicional, son cualidades que han emergido de la realidad material o energética cósmica en el proceso evolutivo. 

Emergencia y materia creativa 

El cosmos es un gran sistema con propiedades «emergentes». La vida y la conciencia vienen dadas en un proceso de auto-organización desde la materia o energía primordial. Todo está constituido por una materia dinámica y creativa de la que surgen sucesivamente múltiples «emergencias». En última instancia no hay fronteras definidas entre lo físico, lo vivo y lo mental. 

La materia es algo primordial que evoluciona continuamente, ya no es esa cosa estática, sin vida y estéril, resultado de una percepción superficial. Dejamos de entender la materia como algo pasivo, bruto, en las antípodas del espíritu; más que masa es actividad, energía, movimiento. El dualismo materia-espíritu falsifica la realidad. 

La realidad es en último término inaccesible para nuestro conocimiento y se presenta como algo abierto y enigmático. La indeterminación de la materia y el nuevo concepto de ley física como expresión de tendencias probables impiden una imagen integral, objetiva y exacta del mundo y una concepción realista del conocimiento. 

4. EL RELATO JESÚS DE NAZARET 

Jesús de Nazaret es una persona como nosotras, ni el más perfecto, ni el redentor con su sangre de un pecado mítico y hereditario. La interpretación como Cristo inseminó de exclusividad su mensaje y forzó su imposición. Jesús de Nazaret es un relato inspirador, una historia incompleta y un constructo religioso simbólico, abierto, más allá del mito múltiple que edificaron las discípulas y discípulos de las primeras generaciones desde su veneración como Profeta de los últimos tiempos, Hijo de Dios o Mesías sufriente exaltado por Dios, Sabiduría o Logos de Dios encarnado. Y a partir de ese mito unos intentaron reconstruir su historia, su “vida y milagros”, y otros construyeron un inmenso edificio racional desde esa “filiación divina”. Pero el dato originario es el relato de fe de los discípulos y discípulas de la segunda generación, el “Jesús de la fe”. El Cristo de la Iglesia, el dogma cristológico, es un constructo doctrinal, que según tiempos y épocas, ha podido sin embargo vehicular la inspiración de “santidad” o donación que brota de Jesús. 

El título «Hijo de Dios» es una expresión simbólica propia de la época, que ya no podemos interpretar literalmente. Lo decisivo no es tanto lo que se cuenta que dijo e hizo Jesús, si es el Mesías (“Cristo”) definitivo, esperado, cuanto la elevación que despierta y la incondicionalidad que nos suscita; eso que ocurre en la memoria y en el interior cuando uno se encuentra con lo último. La llamada “divinidad de Jesús” no es un rasgo objetivo de su persona. La entendemos como metáfora de su humanidad radical y expresión de la adhesión vital que nos inspira cuando nos dejamos afectar por su sabiduría. 

El mensaje liberador y los hechos carismáticos de Jesús suscitaron un «movimiento» que le confesó como profeta mártir exaltado por Dios, constituido como Mesías o Hijo de Dios venidero. En las iglesias de cultura griega, esta confesión judeocristiana se convirtió en confesión de la filiación ontológica, dualista, y en esa clave se elaboraron más tarde los dogmas cristológicos. Ese lenguaje y esos significados resultan ajenos a la filosofía, a la cosmovisión científica, y a la cultura común de hoy. 

5. EL POSTEÍSMO 

Un paso decisivo de nuestra deconstrucción/reconstrucción es el no-teísmo, o posteísmo; la superación del teísmo, o sea, dejar de pensar, imaginar, creer en un Ente Supremo, Dios creador del mundo y Causa externa del mismo; un Ente “anterior” o al menos distinto de éste, imagen vigente todavía en la generalidad de los creyentes, en la mayoría de los teólogos y en la doctrina oficial cristiana. Esa idea ya no resulta concebible ni creíble para una mayoría social en general y de pensadores en particular, por sensibles que puedan ser al misterio más hondo de la realidad; su inteligencia espiritual camina por otros rumbos. 

El teísmo se gesta, nace y crece en la era de los metales, cuando se intensifica la agricultura, aumenta la población y se construyen ciudades, y en las ciudades los templos. Las tareas se especializan, la sociedad se complejiza. Hacen falta mitos, leyes, jefes, autoridad, funcionarios, y guerreros para transmitir las órdenes del señor, hacerlas cumplir y ganar territorios. La sociedad se jerarquiza, los humanos se convierten en esclavos unos de otros… Y hacen falta dioses para dar cohesión, seguridad y legitimidad última a la convivencia ordenada, jerarquizada y sometida. 

La arquitectura del mundo quedó reconvertida en dos mundos, «dos pisos». «Los mitos de separación de cielo y tierra» –desde el quinto milenio a.e.c– llevaron a cabo el desgarro de la realidad cósmica, hasta entonces unida, unitaria, única, total (holística). Quedó confinada en la planta baja de la realidad material, natural, carnal y sexual; y ascendió al cielo una realidad estrictamente espiritual, inmaterial, no natural, no carnal y no sexual, «espiritual y sobre-natural». El dualismo y Theos son, pues, representaciones superadas, y por eso decimos que no hace falta ser teístas ni desarrollar una existencia sobrenatural para ser cristianos, aunque esa imagen todavía está presente en la mayor parte de las personas. 

El posteísmo no es, en sí mismo, ni ateo, ni nihilista, ni materialista-reduccionista, ni cerrado a la sacralidad, ni a la divinidad; simplemente, se desembaraza crítica y conscientemente de un «producto evolutivo» creado por el ser humano, una «ficción útil» de la que se sirvió en un momento dado del desarrollo de su cultura y de sus medios de infraestructura material. 

El posteísmo es compatible con la diversidad de símbolos con los que reconocemos o no reverencial y activamente un Misterio último o una Realidad Inefable en la que somos. Es una llamada a superar tanto el teísmo como el ateísmo convencional de tipo positivista, a recuperar el hogar común cósmico, a la vuelta a la naturaleza que somos desde la huida sobrenatural. El posteísmo no encorseta la vivencia del misterio y permite la creatividad espiritual y la autonomía, pues no hay coerción desde una imagen impuesta, fijada. Es contrario al absolutismo de una representación única. Equivale a un agnosticismo activo. Un «no saber» que funde su vacío cognitivo en el vacío infinito, como una mirada profunda hacia un horizonte sin figura, que, por su imprecisión, puede adoptar diversas figuras inspiradoras y abiertas. Camina sobre las aguas de la realidad, siempre holística, sin separarlas. 

6. ALGUNAS INQUIETUDES ANTE EL POSTEÍSMO 

Dicen que el posteísmo socava el orden social y su fundamento principal, pero más bien es la sociedad teocéntrica y teocrática constituida con ayuda de ese Theos, antes descrito, la que ha servido de estandarte y guía a un conservadurismo autoritario destructor de la armonía social. Ha frenado por un lado el progreso del conocimiento y la educación cívica seculares, pero por otro los ha fomentado, si bien subordinadamente a sus fines pastorales. 

Se objeta que el no-teísmo destruye la religiosidad popular. Efectivamente, la crítica deconstructiva de “Theos” puede provocar una crisis profunda de muchos imaginarios, convicciones y prácticas de la religiosidad popular. Pero no es ése el objetivo directo de nuestra reflexión posteísta, ni somos quién para dictar a nadie nuevas ideas, imaginarios ni prácticas religiosas o no religiosas. Creemos, no obstante, que, sin ningún tipo de paternalismo, es responsabilidad nuestra proponer, con respeto y honestidad, criterios teológicos que juzgamos más coherentes con la cosmovisión actual, para que las propias personas juzguen y opten por sí mismas para que puedan ser protagonistas de su propia liberación integral. 

Se presupone que el posteísmo posterga o merma el compromiso liberador. Pensamos que no. La superación del teísmo tradicional, aún mayoritario, no niega ni mengua la primacía de la liberación integral, sino que solo la libera de su epistemología y andamiaje mítico, que se va volviendo cada vez más mayoritariamente insostenible a corto y medio plazo. La reflexión posteísta quiere brindar criterios e instrumentos teológicos (en el sentido más amplio) más coherentes hoy para la liberación de todas las opresiones. La liberación requiere también la liberación de un “Dios” que somete o legitima la sumisión. 

Preocupa la pérdida de la “relación personal con Dios”. El paradigma posteísta reconoce que es un antropomorfismo, una errónea suposición similar a un “amigo invisible” a nuestro lado o por encima de nosotros. Habría que hablar más bien del carácter suprapersonal de la realidad última, de toda la realidad, pues el concepto “persona” se ha entendido generalmente y sigue entendiéndose como “un sujeto individual” frente a otro. Toda la realidad, sin embargo, es relacional. El posteísmo reconoce las experiencias de interioridad, las múltiples formas de sentirse parte de una realidad tan ambigua como preñada de belleza y bondad, objeto de agradecimiento, fuente de esperanza y de compasión activa. Se llame como se llame o se exprese callada o dialógicamente. 

Otras inquietudes se refieren a la apariencia panteísta del posteísmo. Nosotros no decimos que todo es Dios, sino que lo que se ha llamado Dios, es en todo como ser y no como ente superior separado. Y sobre todo seguimos buscando el significado y el lugar que ocupa Jesús en esta nueva visión. Por el momento nos remitimos a lo dicho en el punto 4. 

Recapitulando pues todo lo dicho hasta ahora, nos parece que hoy, para muchas personas cristianas, profundamente sinceras y comprometidas, no solo es lícito, sino también imperioso, dejar atrás toda imagen teísta de Dios, yendo en eso más allá de Jesús, hijo de su tiempo. 

7. EL CAMBIO A SECUNDAR 

Este nuevo modelo de cristianismo conlleva una vuelta a los valores evangélicos reinterpretados. El evangelio no constituye tanto una identidad religiosa concreta superior, cuanto una llamada a los valores universales que la comunidad humana va dialogando y concertando desde su mejor sentir. No estamos tanto ante una conversión moral o un apostolado nuevo, cuanto ante una nueva interpretación del conocimiento, la realidad y la divinidad. 

Muchas personas religiosas piensan que si se pierde la religión, el mundo perderá el fundamento para la verdad, y sobre todo para la moral. Pero tras la “gran deconstrucción” del teísmo y de la religión, queda el vigor creativo de la realidad, la autopoiesis del amor, inspirada en la hondura del ser humano y de todo cuanto es. Una esperanza sin certezas y un amor sin condiciones, como leemos en el relato de Jesús. 

Hoy es casi imposible continuar con las “prácticas religiosas” derivadas del teísmo. La teología que las sustenta se hunde como construcción racional. Está montada sobre metáforas y creencias mitológicas. Y pretende una desmedida coherencia y verdad, donde lo que hay es, simplemente, una creación de significado y motivación. A la teología, desorbitada en su indagación sobre Dios o sobre la hermenéutica de la Revelación, le corresponde más bien la espeleología del corazón humano, una socio-antropología de la transcendencia que se abre en la conciencia, sin un “a priori” teísta o ateísta. 

Hay que salir de una vez del atraso premoderno. Y hacerlo y decirlo sin miedo. En las celebraciones, sean como sean, en los comunicados y conversaciones, podemos servirnos de algo mejor que unos mitos inexpresivos y ritualizados y evitar moralismos y convicciones ciertas basadas en milagros y caminos de redención. Mostrar más bien la maravilla de nuestra Gran Historia universal, creativa, abierta. Asombrarse de las incontables estrellas, partículas y neuronas, de la buena voluntad, del valor del perdón, del consuelo, de la civilidad y la acción por la justicia; de la sintonía con la naturaleza y la compasión para con los necesitados; y recuperar así de otro modo los grandes valores y hallazgos de las tradiciones religiosas. Y cooperar en pie de igualdad con todos. Ni religión de otro mundo, ni insignificancia resignada en la secularidad. Nuestra misión es ser copartícipes de la evolución creadora, inspirados en Jesús de Nazaret. 

En memoria de Roger Lenaers: José Arregi (País Vasco-España); Tony Brun (EEUU); Gerardo González (Chile); José María Vigil (Panamá); Santiago Villamayor (España)

Día del Trabajo Decente

Las 4 reivindicaciones de la Iglesia para la Jornada Mundial por el Trabajo Decente 

El manifiesto promovido para el próximo 7 de octubre defiende la subida del Salario Mínimo y la modificación del Reglamento de Extranjería  

La iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) —que en España impulsan Cáritas, Conferencia Española de Religiosos CONFER, Hermandad Obrera de Acción Católica HOAC, Justicia y Paz, Juventud Estudiante Católica (JEC) y Juventud Obrera Cristiana (JOC)— celebra por séptimo año consecutivo la Jornada Mundial por el Trabajo Decente. Por ello, ITD ha lanzado un manifiesto bajo el lema “Ahora más que nunca trabajo decente”, en el que se define el empleo “como derecho y medio para desarrollarnos, crecer y realizarnos como personas”, y se establecen cuatro reivindicaciones para alcanzar un trabajo decente. 

Tal como subraya la organización, estas reclamaciones se hacen especialmente necesarias en el escenario marcado por la pandemia, que ha “añadido precariedad en el mundo del trabajo”. Por ello, “la nueva ‘normalidad’ no puede ser la precariedad que venimos sufriendo desde antes de la pandemia”, que obedece a “un modelo económico basado en el beneficio, que no duda en explotar y descartar a la persona”. 

De esta manera, las organizaciones de ITD ponen el foco el aumento de la precariedad que la Covid-19 ha tenido como consecuencia para “el personal de limpieza y sanitario sin Equipos de Protección Individual”, junto a los problemas detectados en “las condiciones laborales y falta de medidas de prevención en riesgos para la salud de las trabajadoras de hogar; las personas teletrabajando sin disponer de medios tecnológicos y dispositivos por parte de la empresa” o aquellas “que, a pesar de estar en ERTE, se han visto obligados a teletrabajar desde casa”. Estas situaciones han impedido a un número importante de trabajadores “acceder a ERTE o cualquier tipo de escudo social”. 

Las reivindicaciones de la Iglesia 

El manifiesto denuncia, asimismo, las dificultades existentes en el acceso al trabajo derivadas del “modelo de relaciones laborales actual, que no asegura acceder a un trabajo decente que permita atender necesidades básicas como llegar a fin de mes, conciliar la vida laboral y familiar, el acceso a la vivienda, la seguridad y salud laboral, o la participación social”. Esta es una situación que afecta especialmente a jóvenes y mujeres, “víctimas de una de las mayores tasas de desempleo, trabajos peor remunerados y elevada rotación”. 

Por todo ello, en esta Jornada Mundial por el Trabajo Decente, ITD pone el foco en las siguientes reivindicaciones

  1. Que el Estado ponga los medios necesarios para asegurar el cumplimiento de la normativa sobre las condiciones de trabajo y prevención de riesgos laborales, con especial hincapié en las condiciones infrahumanas en las que siguen viviendo muchas personas trabajadoras temporeras en asentamientos de zonas hortofrutícolas. 
  1. Asegurar un empleo de calidad en los sectores privado y público; disminuyendo la contratación temporal y parcial e impulsando la contratación indefinida y la jornada completa. 
  1. Medidas de orientación y formación, no solo para personas desempleadas, sino accesibles a todas las personas trabajadoras, especialmente para aquéllas que sufren subempleo y precariedad en el empleo. 
  1. La subida del Salario Mínimo, para que se ajuste a las necesidades vitales de la sociedad actual, y que familias sin ingresos tengan una defensa real y la posibilidad de salir adelante. 
  1. Modificar el Reglamento de Extranjería para evitar la caída en situación de irregularidad sobrevenida de las personas migrantes.