La Iglesia de Perú se ofrece como mediación ante la crisis del país

El nuncio en Perú intercede, delante de Boluarte, por los derechos de los manifestantes

Dina Boluarte

En representación del Cuerpo Diplomático acreditado en el Perú el nuncio apostólico en esta nación, monseñor Paolo Rocco Gualtieri, dirigió un saludo a la presidenta Dina Boluarte Zegarra

La Conferencia Episcopal de Perú comparte el saludo del nuncio apostólico en esta nación

(Vatican News).- LaConferencia Episcopal de Perú comparte el saludo del Nuncio Apostólico en esta nación, monseñor Paolo Rocco Gualtieri, a la Señora Dina Boluarte Zegarra, presidenta de la República, con motivo del año nuevo, en representación del Cuerpo Diplomático acreditado en el país, expresado el miércoles 25 de enero en Palacio de Gobierno.

La Iglesia ofrece su mediación para superar la crisis

El prelado afirmó textualmente: “Los manifestantes son principalmente pobladores de las regiones rurales, urbano-populares y amazónicas que por años han sido ‘invisibilizados’, o marginados o postergados, desconociéndose sus derechos ciudadanos”.

«La violencia es una pérdida para todos»

«Ciertamente la violencia contra las personas, contra la propiedad pública y privada nunca es justificable, es una pérdida para todos, con la violencia no se construye, sino que sólo se destruye; sin embargo, hay que intervenir sobre las causas que la generan y neutralizarla haciendo prevalecer siempre la fuerza de la ley, nunca la ley de la fuerza».

Son palabras del Nuncio Apostólico en su mensaje transmitido por la televisión nacional

Día de la vida consagrada

Por una vida consagrada más simple, más libre, más de Dios

Muchas son las personas que a lo largo de la historia han sentido ese llamado fuerte a dedicar su vida al servicio de los demás, desde diversos carismas, y hay miles de testimonios que edifican, animan, interpelan, convocan, impulsan a seguir esos mismos caminos

Los tiempos cambian y eso es una realidad irreversible. Por tanto, no es de extrañar que los signos de un tiempo no significan lo mismo para otro tiempo. Y no porque el Espíritu se vaya de nuestra historia sino porque tal vez no sabemos buscarlo allí donde hoy se manifiesta con más fuerza

Por Consuelo Vélez

Juan Pablo II, en 1997, instituyó las Jornadas Mundiales de la Vida Consagrada, a celebrarse cada  2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor, con el objetivo, según lo expresó en su mensaje para la primera jornada,  de “valorar cada vez más el testimonio de quienes han elegido seguir a Cristo de cerca mediante la práctica de los consejos evangélicos y, al mismo tiempo, una ocasión para que las personas consagradas renueven los propósitos y sentimientos que han de inspirar su entrega al Señor”.

Este año será la XXVII Jornada Mundial y en el Vaticano no será presidida por el Papa Francisco ya que está en la República Democrática del Congo y en Sudán del Sur, en su cuarto viaje apostólico al continente africano, sino por el Prefecto del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, el cardenal João Braz de Aviz quien en una carta que firma junto con el arzobispo secretario, José Rodríguez Carballo, invitan a la vida consagrada a “ensanchar la tienda”, con el estilo de Dios que es “cercanía, compasión y ternura” y preguntándose, entre otras cosas, “si se invoca al Espíritu con fuerza y perseverancia para que reavive en el corazón de cada persona consagrada el fuego misionero, el celo apostólico, la pasión por Cristo y por la humanidad” (Vatican News, 27-01-2023).

Por su parte la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR) ha ofrecido un recurso orante con el lema “Desde el amanecer hasta el ocaso caminamos en esperanza”. La vida consagrada del continente quiere mantener la escucha al Espíritu para oír los clamores de nuestros pueblos y responder a ellos.

Efectivamente, la vida consagrada entendida como un don de Dios es una riqueza para el mundo. Muchas son las personas que a lo largo de la historia han sentido ese llamado fuerte a dedicar su vida al servicio de los demás, desde diversos carismas, y hay miles de testimonios que edifican, animan, interpelan, convocan, impulsan a seguir esos mismos caminos. Sin embargo, en estos tiempos las vocaciones disminuyen y no dicen tanto a los contemporáneos. Muchos estudios se hacen para entender el fenómeno y muchos esfuerzos se consolidan para buscar atraer a más jóvenes.

Personalmente considero que varias cosas hay que tener en cuenta. Los tiempos cambian y eso es una realidad irreversible. Por tanto, no es de extrañar que los signos de un tiempo no significan lo mismo para otro tiempo. Y no porque el Espíritu se vaya de nuestra historia sino porque tal vez no sabemos buscarlo allí donde hoy se manifiesta con más fuerza. Y, en ese sentido, las estructuras de la vida religiosa -especialmente la femenina- cada vez dicen menos a jóvenes que en este tiempo valoran mucho más la autonomía, la globalización, la tecnología, la pluralidad, la ciencia, los derechos humanos, la justicia social, la dignidad humana. No es que el tiempo pasado sea mejor, simplemente, es distinto. De ahí que no hay que extrañar que haya cada vez menos jóvenes que se ciñen a estructuras de autoridad, a una disponibilidad entendida como renuncia a desarrollos propios, a una afectividad inmadura o a una visión del mundo uniforme. Y esto no significa que no tengan fe o no sientan un llamado al servicio de los demás. Simplemente esa llamada no logra realizarse en ese tipo de estructuras. Y aunque hay esfuerzos y algunas comunidades lo hayan conseguido, en muchos casos no acaban de transformarse. Y por eso, las tensiones comunitarias son bastantes, hay movimientos de apertura, pero también muchos miedos que producen nuevas involuciones.

Ni todo carisma puede perdurar en el tiempo sin actualizarse, ni los modelos de vida religiosa que tuvieron tanto éxito en un tiempo, permanecen vigentes para siempre

Ni todo carisma puede perdurar en el tiempo sin actualizarse, ni los modelos de vida religiosa que tuvieron tanto éxito en un tiempo, permanecen vigentes para siempre. Posiblemente hay que reconocer con humildad que algunas comunidades cumplieron su ciclo y han de fusionarse (esto lo está pidiendo el Papa a varias comunidades) y que las que perduran han de centrarse más en la misión a realizar que en la autopreservación de la comunidad. Y la misión convoca a todo el pueblo de Dios -laicado, vida consagrada, clero- uniendo fuerzas para hacer presente el Reino y no gastándolas en la salvaguarda de estructuras cada vez más anquilosadas.

Por supuesto servir al Reino de Dios ha de hacerse “ligero de equipaje”, pero lamentablemente, el paso de los años ha dado tantos bienes a las comunidades religiosas que ya no se sabe si se trabaja para preservarlos o para la misión y, por otra parte, muchas veces el criterio para el trabajo pastoral de la comunidad no es la necesidad de la gente sino los intereses de la comunidad que tiene sus planes preconcebidos.

Creo que estos tiempos reclaman esa vuelta a los orígenes -de lo que ya se habló con Vaticano II- donde las comunidades pequeñas surgían respondiendo a las necesidades concretas del momento y se hacían con la frescura, libertad y disposición que da la liberación de estructuras y las relaciones interpersonales que son posibles en grupos pequeños, que confluyen en similares sentires ante los clamores que escuchan.

Muchas otras cosas es necesario seguir pensando para la renovación de la vida consagrada. Pero digamos una más: la vida consagrada femenina si no camina al ritmo de la conciencia que hoy tienen las mujeres sobre ellas mismas, sus demandas y sus búsquedas, no creo que tenga demasiado futuro. Feminismo y vida consagrada han de ir de la mano porque esas “Mujeres del Alba” (como ha denominado la CLAR su horizonte inspirador 2022-2025) han de ser mujeres de este presente, con esa conciencia clara de su dignidad, de sus derechos, de su liberación frente a los estereotipos que la sociedad patriarcal les ha atribuido y que también están presentes en la iglesia clerical de la que forman parte.

“El dueño de la mies” (Lc 10,2) sigue presente en cada persona que trabaja por el bien común y en tantos jóvenes que en nuestros países latinoamericanos están comprometidos con el cambio y la justicia social. Tal vez son tiempos en que la vida consagrada camine más de cerca de los movimientos sociales que, a fin de cuentas, son los que hacen posible que saboreemos el reino de Dios en el aquí y ahora de nuestra historia. Una espiritualidad de ojos abiertos es imprescindible y la dedicación al reino, lo único esencial. Tal vez desde allí se transformen las estructuras y la vida consagrada se haga más simple, más libre, más de Dios.

Entrevista a Jesús Espeja

Jesús Espeja: «No debemos seguir con un modelo de Iglesia donde la mujer sigue marginada»

Jesús Espeja

«Evocando la figura del papa Benedicto XVI, ahora la tendencia preocupada por mantener el pasado, sale a la palestra. Como si la Iglesia no estuviera sometida al tiempo, se pretende absolutizar la intervención de un papa como si no estuviera sometida a los límites de la temporalidad»

«La herejía más bien tiene lugar cuando se absolutizan las formulaciones ahogando la experiencia de fe que siempre se vive dentro de un tiempo y de una cultura»

Francisco dejó paso a un sano pluralismo: “las distintas líneas de pensamiento filosófico, teológico y pastoral, si se dejan armonizar por el Espíritu en el respeto y en el amor, también pueden hacer crecer a la Iglesia”

«La vocación la Iglesia es creer. No la fe entendida como creencias, sino como apertura libre, confiada y total de las personas a la Presencia de Dios que se da como amor»

«Los necesarios cambios para la reforma tienen que ir al ritmo que pueden soportar no solo y tanto las estructuras eclesiales sino también los cristianos responsables en la gestión de las mismas»

«En todo caso la reforma estructural de la Iglesia ya pedida en el Concilio, apenas ha comenzado»

Por José Manuel Vidal

Desparecido Benedicto XVI, se multiplican los ataques de la Iglesia conservadora al papa Francisco. Hablamos con el dominico Jesús Espeja, colaborador habitual de Religión Digital y mente preclara, quien nos ofrece algunas claves para entender el por qué de estas embestidas conservadoras «no solo contra el papa Francisco, sino contra muchos cristianos que creemos que sí es posible otra forma de Iglesia».

En este escenario, «los pasos que ha dado el papa Francisco siguiendo la orientación del Concilio, son significativos; no tienen marcha atrás, pero aún son limitados. Procede con tiento y aguanta reveses con caridad. Los necesarios cambios para la reforma tienen que ir al ritmo que pueden soportar no solo y tanto las estructuras eclesiales sino también los cristianos responsables en la gestión de las mismas. En todo caso la reforma estructural de la Iglesia ya pedida en el Concilio, apenas ha comenzado«, afirma.

-¿Por qué, con la muerte de Benedicto XVI, parece haber vuelto a renacer en cierta jerarquía eclesiástica la obsesión por el conservadurismo?

-Durante el s- XIX y primera mitad del XX la jerarquía eclesiástica optó prevalentemente por una actitud defensiva y de rechazo a los reclamos del mundo moderno. La inesperada intervención de Juan XXIII convocando un Concilio para discernir los signos del Espíritu en el acontecer de este mundo abrió un horizonte nuevo. El paso del anatema al diálogo valorando los justos reclamos emergentes en la modernidad prevaleció en los debates y documentos conciliares. Pero también ahí apareció una y otra vez la tendencia con reservas al diálogo con la modernidad.

En 1985 salió la entrevista “Informe sobre la fe” del entonces Cardenal J. Ratzinger. Manifestaba con claridad su preocupación y sus reservas por la apertura del Concilio en el diálogo con el mundo moderno. Ese Informe influyó en el juicio bastante desconfiado en el Sínodo, celebrado poco después, sobre los resultados del Concilio a los veinte años de su celebración. En su entrevista el Cardenal Ratzinger propuso iniciar “un segundo periodo postconciliar” que ha durado varias décadas. En esos años prevaleció la preocupación por salvaguardar la ortodoxia y la unidad –tal vez mejor uniformidad – en la Iglesia

Da la impresión de que el papa Francisco, motivado por la compasión, respira los aires renovadores del Concilio. Pero evocando la figura del papa Benedicto XVI, ahora la tendencia preocupada por mantener el pasado, sale a la palestra. Como si la Iglesia no estuviera sometida al tiempo, se pretende absolutizar la intervención de un papa como si no estuviera sometida a los límites de la temporalidad.

Si el Papa Francisco no está tocando para nada la doctrina (lo dogmático), ¿por qué le siguen acusando de herejía y de querer destruir la Iglesia?

-Como Juan XXIII y el Vaticano II, los gestos y las intervenciones de papa Francisco descolocan a muchos bautizados. La religión del Evangelio nada tiene que ver con una Iglesia que se reduce a normas, cumplimientos, estructuras y ritos. El papa Francisco quiere una Iglesia que se construya desde Jesucristo.
La herejía no consiste en el cambio de fórmulas o expresiones, sino en negar la fe o experiencia cristiana que no agotan los enunciados. La herejía más bien tiene lugar cuando se absolutizan esas formulaciones ahogando la experiencia de fe que siempre se vive dentro de un tiempo y de una cultura.

-¿Lo que más les duele a los conservadores es que Francisco quiera cambiar la estructura eclesial, para hacerla más circular y comunitaria?

-En su denso y significativo libro, “Falsas y verdaderas reformas de la Iglesia”, 1050, el P. Congar lamentaba que los autores habían dado más relieve a la estructura que a la vida de la Iglesia. Antes del Vaticano II el curso de eclesiología trataba solo de la jerarquía eclesiástica y de su organización visible.

Pero el Concilio presentó la misteriosa entraña de la Iglesia, ante todo y finalmente, como pueblo  ”reunido en virtud de la unidad entre el Padre, e Hijo y el Espíritu Santo”. Todos los bautizados integran ese pueblo y en consecuencia todos tienen la misma dignidad y están llamados a la perfección. Al servicio de ese pueblo tienen sentido todos los ministerios, todas las estructuras y toda la organización visible.

El papa Francisco no hace más que secundar esa visión del Concilio : “La funciones en la Iglesia no dan lugar a la superioridad de los unos sobre los otros”; el clericalismo es una patología.

No hay cristianos de primera y cristianos de segunda; todos son llamados a ser perfectos. Lo deja bien caro la Exhortación “Alegraos y regocijaos”. El Sínodo sobre la Sinodalidad apunta un camino para la corresponsabilidad de todos los bautizados en la vida y misión de la Iglesia.

Más aún, la preocupación prioritaria por la uniformidad que paralizó la necesaria y paulatina recepción del Concilio durante el llamado “segundo periodo postconciliar”, con el papa Francisco dejó paso a un sano pluralismo: “las distintas líneas de pensamiento filosófico, teológico y pastoral, si se dejan armonizar por el Espíritu en el respeto y en el amor, también pueden hacer crecer a la Iglesia”.
-El papa Francisco habla de una Iglesia “en salida”, servicial y misionera. ¿se necesita para ello un cambio en las estructuras?

-En la Constitución “Lumen Gentium” el Concilio se refiere a la Iglesia como sociedad “orgánicamente constituida” y como pueblo de Dios cuyos miembros tienen la misma dignidad. Pero un año después, en la Constitución “Gaudium et spes”, se dice que la misión de la Iglesia es continuar la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido. Jesús de Nazaret vive apasionado por la llegada del reino de Dios. Por otro lado en la Constitución GS la visión de los conciliares ha madurado. Quiere decir que la Iglesia es sociedad orgánicamente estructurada y pueblo de Dios en orden a la misión.

El papa Francisco preocupado por esta vocación misionera de la Iglesia, constata:                 ”Hay estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador”    ¿No es algo constatable?

Una Iglesia “en salida” es reclamo en dos vertientes por lo demás muy vinculadas.

En salida de su estructura piramidal. No debemos seguir con un modelo de Iglesia donde unos mandan, enseñan y celebran, mientras la mayoría solo acepta, escucha y asiste; donde la mujer sigue marginada.

La Iglesia también debe salir de su “auto-preservación”, para leer los signos del tiempo y responder a la llamada del Espíritu que habla en todos los acontecimientos. No debemos quedarnos con unos cumplimientos mientras los mismos clérigos se reducen funcionarios de lo sagrado. No hay verdadero cristianismo ni salvación fuera de este mundo acompañado ya por el Espíritu. La Iglesia se constituye en la misión que no es posible fuera del mundo. Con toda razón el Vaticano II entiende que el mundo pertenece a la constitución de la misma Iglesia.

-¿Cuáles son los imperativos teológicos que sustentan e inspiran la reforma de Francisco?

La clave de la reforma es que la Iglesia se mire “frente al espejo del modelo que Cristo nos dejó de sí”.

En Jesucristo lo decisivo fue su intimidad con el “Abba”. En esa intimidad se fundamenta la vida de la Iglesia: “Que la alegría de la fe comience a despertarse. El amor del Señor no se ha acabado; no se ha agitado su ternura; mañana tras mañana se renueva”. La vocación de la Iglesia es creer. No la fe entendida como creencias, sino como apertura libre, confiada y total de las personas a la Presencia de Dios que se da como amor.

Desde esa fe o experiencia brota compromiso por construir a fraternidad. Dentro de la Iglesia, pueblo donde todos los bautizados tienen la misma dignidad, y en la humanidad con las dos realidades entre las que vive (Fratelli Tutti)

“Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres” (Evangelii Gaudium)

-¿Será capaz el papa Francisco de encarrilar esta reforma lo suficiente, para que no se vuelva a producir una involución?
Con esos imperativos de fondo, gracias al Espíritu, el papa Francisco está encarrilando e impulsando con acierto y no sin dificultades, la necesaria reforma de la Iglesia.
-¿Tiene futuro la Iglesia sin las reformas de Francisco?

Los pasos que ha dado el papa Francisco siguiendo la orientación del Concilio, son significativos; no tienen marcha atrás, pero aún son limitados. Procede con tiento y aguanta reveses con caridad. Los necesarios cambios para la reforma tienen que ir al ritmo que pueden soportar no solo y tanto las estructuras eclesiales sino también los cristianos responsables en la gestión de las mismas. En todo caso la reforma estructural de la Iglesia ya pedida en el Concilio, apenas ha comenzado.

A esa reforma se llamó “aggiornamento” que podríamos cifrar en un cambio de actitudes y de modos sobre la presencia de la Iglesia en la sociedad. Pero da la impresión de que la crisis en la Iglesia hoy es más profunda. Es una crisis de fe que pide urgentemente “una conversión al Evangelio”. Sólo desde esa fe o experiencia puede salir un verdadero “aggiornamento”.

La conversión es posible porque la Iglesia procede también del Espíritu Santo que no cesa de impulsarla hacia delante en solidaridad con la historia humana donde ya está presente y activo el Espíritu.

Asociación de los Sacerdotes del Prado

Diego Martín Peñas, nuevo responsable en España de la Asociación de Sacerdotes del Prado

 | VIDA NUEVA

El cura abulense sustituye al que ha sido responsable regional desde 2013, Lucio Arnáiz, de la diócesis de Alicante

El abulense Diego Martín Peñas ha sido elegido nuevo responsable regional de la Asociación de Sacerdotes del Prado. Será el encargado de coordinar esta asociación en España, durante los próximos cinco años. La elección ha tenido lugar en el transcurso de la asamblea que estos sacerdotes celebran en Ávila, del 23 al 27 de enero. Diego Martín tiene 56 años de edad y es sacerdote de la diócesis de Ávila.

Una vez elegido mediante votación, los responsables del Prado han llamado al administrador apostólico de Ávila, el obispo emérito Jesús García Burillo, para que concediera el plácet, sin el cual Martín Peñas no podría asumir el cargo.

Diego Martín sustituye al que ha sido responsable regional desde 2013, Lucio Arnáiz, de la diócesis de Alicante. Desde este momento se inicia un proceso de relevo en la dirección de esta asociación en España, que contará, además con el nombramiento de un equipo de consejeros, que saldrá también de esta asamblea celebrada en Ávila.

No es el primer cargo de responsabilidad que Diego Martín tiene en la Asociación de Sacerdotes del Prado. Actualmente es miembro del Consejo Regional y responsable de formación. Además, en el equipo que dirige la asociación a nivel internacional, es miembro del Consejo General.

Asamblea general

Los sacerdotes que forman parte de esta asociación en España se han encuentrado reunidos en asamblea durante la pasada semana. Se trata de una asamblea que se celebra cada 5 años, en la que se proponen las líneas de acción para el siguiente quinquenio y en la que se elige al responsable de la asociación para esos años. En esta ocasión, se han reunido en la ciudad de Ávila, en el CITeS, el Centro Internacional Teresiano Sanjuanista, desde el 23 al 27 de enero.

En Ávila se han reunido más de 70 sacerdotes de toda España. Asisten también el responsable general, el italiano Armando Pasqualotto, y miembros de los Prados regionales de Francia e Italia. En el mundo, esta asociación, que nació en Francia a finales del siglo XIX de la mano del beato Antoine Chevrier, está presente en 40 países y cuenta con sacerdotes, diáconos, seglares, religiosas y laicas consagradas. El estudio del Evangelio, el amor a la Eucaristía y el compromiso por la evangelización de los pobres desde una opción de pobreza, son algunos de los distintivos que marcan el carisma de los Sacerdotes del Prado

2 de Febrero “desde otra orilla”

Por Dolores Alexandre

Hemos sido llevados  “a otra orilla” y hay que reconocerla como el suelo bendito que ahora nos toca habitar.

El 2 de febrero se celebra el día de la Vida Consagrada, una buena ocasión para preguntarnos “por dónde andamos” el colectivo aún numeroso de mujeres y hombres conocidos como religiosos/as, frailes, monjas, hermanos/as y otras especies. Y mi impresión es que en estos momentos y usando la metáfora del río, estamos en otra orilla muy distinta de la que solíamos estar.

Cuenta la Leyenda Áurea que en el siglo IV, un hombre de estatura gigantesca se dedicaba a pasar gente de una orilla a otra y un día tuvo la suerte de trasportar  al mismísimo  Niño Jesús.  No sé si ha sido obra de san Cristóbal, pero pienso que también nosotros hemos sido llevados  “a otra orilla” y que,  más que decidirnos a cruzarla o no, de lo que se trata es de reconocerla como tierra sagrada como  suelo bendito que ahora nos toca habitar.

¿En qué la reconocemos?

– En que en ella se habla otro lenguaje y las antiguas palabras – perfección, separación, distancia, cumplimiento, exactitud, normativa, horarios, ejemplaridad…, están dejando paso a otras:  cuidado, cordialidad, humanidad, corporalidad, vulnerabilidad, disminución, amparo, cercanía, gratuidad, sencillez…

– En que aquí no se espera de nosotros ni edificios, ni organizaciones, ni liderazgos ni predicaciones, ni tampoco que marquemos las diferencias en cuanto a vestimenta, vivienda, horarios o costumbres: esperan personas expertas en humanidad,  capaces de amistad y de escucha, disponibles para caminar fraternalmente con otros,  afrontando juntos la intemperie y compartiendo nuestro único  tesoro  que es el nombre de Jesús.

Pero en este colectivo  de  llevados-a-otra-orilla  coexistimos  diversas especies:

– los pataleantes, que niegan la realidad de la nueva situación y siguen  anclados en otro tiempo, el del poderío numérico, las grandes obras  y la tonta autosuficiencia

– los suspirantes, que gastan sus energías en  lamentarse y en recordar con añoranza un  pasado calificado de glorioso

– los listillos que aprovechan en seguida posibles ventajas a su favor (“libre, con wifi  y a mi aire: no pido más…”)

– los despiertos, atentos para descubrir las ocasiones de vivir el Evangelio que esconde el presente

– Y los cantores  que están ya componiendo música e inspirándonos melodías inéditas para cantar, aquí  y ahora, la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo

El Papa viaja a las guerras de África central

El Papa Francisco

El Papa verá de cerca a partir de este martes el abismo de dos de los conflictos más olvidados y crueles del planeta. Francisco visitará dos naciones de África central, la República Democrática del Congo (RDC) y Sudán del Sur, países devastados por la violencia y las crisis humanitarias. Se tratará de un viaje de seis días en los que el jefe de la Iglesia católica tiene previstos encuentros con refugiados, desplazados, y personas en situación de pobreza y hambruna extrema.

El viaje llega precedido por algunas declaraciones contundentes de Francisco sobre las razones detrás de estos conflictos, que repetidas desde allí tal vez se oigan también en otras partes del planeta. La primera es la condena contra la industria de las armas, “que es de las más potentes”, como dijo en una entrevista de la semana pasada con un medio estadounidense. 

La idea del Papa sobre este asunto es clara. “El mundo está obsesionado por tener armas. Los países, hoy en día en vez de ensayar el arma del diálogo, de la comprensión, del negociado, vamos al arma de la prepotencia, de la guerra, es más a la mano”, afirmó Francisco, en diálogo con la agencia AP, en la que también criticó los expolios que sufre África por parte de las grandes potencias. 

Infierno en tierra

Los escenarios a los que Francisco acude —después de tener que postergar en julio el viaje por sus problemas de movilidad— son, en este sentido, unos de los más dramáticos que vive el mundo. Ambos países tienen conflictos en curso. En RDC, se han reactivados los enfrentamientos en el este del país entre el Ejército y las milicias que existen en la zona fronteriza con Ruanda. Por eso, Francisco ha tenido que renunciar a la programada etapa en Goma.

En Sudán del Sur, los ataques contra civiles a manos de bandas armadas en medio del recrudecimiento de la violencia en los estados de Jonglei y del Alto Nilo (fronterizo con Sudán y Etiopía), ya han provocado centenares de muertos. Por esto, más de 20.000 personas se han visto desplazadas por la violencia desde agosto, según uno de los últimos informes de la oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos.

Las cifras sobre la crisis humanitaria son, de hecho, abrumadoras. En Sudán del Sur, un país de 11 millones de habitantes, hay un total de más de 2 millones de desplazados internos y más de 6 millones de hambrientos graves (en estado de inseguridad alimentaria aguda, en lenguaje técnico). En RDC, ha sido declarada una epidemia de cólera en la zona de Goma y el año pasado incluso el virus del Ébola volvió a asomarse en el este del país. Además, con el mundo mirando hacia otro lado, los fondos para la ayuda humanitaria que reciben las agencias de la ONU siguen siendo insuficientes. 

Católicos activos

Pero, en este escenario, generan gran expectativa las reuniones que Francisco tiene previstas en Khinsasa y en Yuba, la capital de RDC y de Sudán del Sur, con los fieles y sacerdotes locales. La razón es que, pese a todo, el catolicismo es aquí particularmente activo y los católicos son alrededor de la mitad de la población en los dos países, según estadísticas oficiales de la Iglesia.

Tanto es así que los católicos locales también participan en los debates más relevantes de las sociedades de ambos países. Además, en el caso de Sudán del Sur, también han participado en las negociaciones en 2018 para el llamado ‘Acuerdo Revitalizado de Resolución del Conflicto’, un pacto (en el que también colaboró la Asociación de Sant’Egidio) que, sin embargo, ha sido incumplido en muchas de sus partes y que el Gobierno de Yuba suspendió en noviembre pasado, supuestamente por la falta de acuerdo entre los partidos. 

Con ello, como suele hacer antes de sus viajes internacionales, el Papa acudió el lunes a la basílica de Santa María la Mayor, en Roma, para encomendar su viaje a la virgen. La apuesta de los analistas en temas de religión es que el Papa aproveche la ocasión para lanzar mensajes fuertes. La incógnita es si, al finalizar su viaje el 6 de febrero, estos llamamientos habrán llegado a todos.

El Papa en El Congo y en Sudán

El papa viaja a la República Democrática del Congo y a Sudán del Sur para impulsar la paz y dar dignidad

Historia de Agencia EFE 

Ciudad del Vaticano, 30 ene (EFE).- El papa Francisco viaja desde mañana y hasta el 6 de febrero a la República Democrática del Congo (RDC) y a Sudán del Sur en un intento de impulsar la paz en dos países destrozados por la guerra civil y cuyos pueblos esperan que esa importante visita les otorgue «la dignidad» de formar parte del mundo.

El papa viaja a la República Democrática del Congo y a Sudán del Sur para impulsar la paz y dar dignidad© Proporcionado por Agencia EFE

Después de tener que aplazar el viaje previsto en julio por sus problemas de movilidad, Francisco prometió que iría, como recordó este domingo, a «República Democrática del Congo, desgarrada por enfrentamientos armados y explotación» y a «Sudán del Sur, destrozado por años de guerra que han obligado a tantas personas a vivir desplazadas y en condiciones de gran penuria».

La religiosa y teóloga congoleña Rita Mboshu Kongo, que acompañará a Francisco en este viaje, destaca a EFE «el impacto social y político» que tendrá la visita a la RDC: «No hablará sólo a los católicos, a los creyentes, sino que a toda la humanidad, a la gente de buena voluntad».

«La situación social en la RDC deja mucho que desear. Basta pensar en la agresión y explotación de la que son víctimas niños, mujeres, jóvenes y ancianos inocentes. Las potencias internacionales que buscan materias primas que llenan el subsuelo congoleño no hacen más que fomentar las guerras que cada día causan víctimas», explica sor Rita.

La población «espera del papa apoyo, aliento y acompañamiento espiritual, que tendrán un fuerte impacto social».

Francisco llega a la RDC cuando se ha recrudecido la violencia en el este del país entre el ejercito y las milicias que existen en la zona fronteriza con Ruanda y por ello ha tenido que renunciar a la prevista etapa en Goma.

Más de 200 civiles han muerto en las últimas seis semanas en la región de Ituri y al menos 52.000 personas han huido, que se suman a los más de 1,5 millones de desplazados en la provincia, según Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

En un encuentro con los medios, el obispo de Luiza, Félicien Mwanama Galumbulula, expresó su preocupación porque los últimos atentados han sido contra objetivos religiosos, como el más reciente, contra una iglesia pentecostal en Kasindi (noreste), y destacó que la RDC es uno de los ejemplos «de la Tercera Guerra Mundial a trozos de la que habla el papa».

También viaja a Sudán del Sur, un país escindido del resto de Sudán en 2011, que ningún pontífice ha visitado y al que Francisco quería ir desde 2018, cuando se le invitó después de que se firmase en Roma un esperanzador acuerdo de paz con la colaboración del movimiento católico Comunidad de San Egidio.

«La visita del papa reforzará las iglesias locales que tanto hacen por el país y apoyará al pueblo sursudanés que espera mucho de esta visita y también habrá un mensaje político, el de sostener el proceso de paz», asegura el secretario general de San Egidio, Paolo Impagliazzo.

En su visita «histórica» a Sudán del Sur, según Impagliazzo, viajará con el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, y el moderador de la Iglesia de Escocia, Jim Wallace, pues el país cuenta con una importante presencia de anglicanos.

En abril de 2019, los tres líderes religiosos convocaron un retiro espiritual en el Vaticano para ayudar al proceso de paz en Sudán del Sur y durante esa iniciativa, en un gesto de humildad que conmovió al mundo, Francisco se arrodilló y besó los pies del presidente sursudanés, Salva Kiir Mayardit, y del opositor Riek Macharel, e instó a los dos líderes enfrentados a proceder con el acuerdo de paz firmado el año anterior.

El responsable de San Egidio explica que el acuerdo «avanza, pero dolorosamente de manera muy lenta» y por ello «todos esperan una palabra que anime a continuar a trabajar por la paz, y por la reducción de la violencia»

«La sociedad civil espera con alegría esta visita y hay una gran expectativa también entre la clase dirigente. Pero es sobre todo la gente común la que vé este viaje como un momento en el que se les tratará con dignidad», añade Impagliazzo, «algo fundamental en un país que ha vivido grandes dificultades, considerado muy problemático, incluso un paria por la comunidad internacional».

La visita del papa «les pone en el centro de la Historia, les da dignidad y esto les hace sentirse muy orgullosos».

Según recordó el Programa Mundial de Alimentos de la ONU en una sesión informativa con motivo del viaje, dos tercios de la población (7,76 millones de personas) sufren inseguridad alimentaria grave y otros 2,9 millones de personas se encuentran al borde de la inanición, incapaces de encontrar alimentos suficientes para ellos y sus familias. Y hay más de 2 millones de desplazados en todo el país debido a los conflictos de los últimos años.

«Hay que ir a estos países. Y el papa va porque no quiere ser uno de los que miran hacia otro lado. Hay gente que sufre y tiene que ser ayudada, también empujando a la clase dirigente a encontrar un modo para convivir en paz», subraya el secretario general de San Egidio.

Por Cristina Cabrejas

La cultura del descarte

Francisco revela en el ángelus las 3 claves contra la cultura del descarte

PorELENA MAGARIÑOS

Al final del rezo, el Papa ha pedido oraciones por Tierra Santa y su próximo viaje a África

El papa Francisco ha revelado en el ángelus de este domingo las tres claves contra la “cultura del descarte”. Y, para ello, se ha basado en la liturgia de hoy, en la que se proclaman las Bienaventuranzas según el Evangelio de Mateo, haciendo un fuerte énfasis en quiénes so los “pobres de espíritu”.

“Son los que saben que no se bastan a sí mismos y viven como ‘mendigos de Dios’: se sienten necesitados de Dios y reconocen que el bien viene de él, como don, como una gracia Los pobres de espíritu atesoran lo que reciben; por lo tanto, desea que ningún regalo se desperdicie”, ha explicado Francisco.

“Hoy quisiera detenerme en este aspecto típico de los pobres de espíritu: no derrochar”, ha continuado, señalando que “no derrochar nos permite apreciar el valor de nosotros mismos, de las personas y de las cosas”. “Desafortunadamente”, ha apuntado, “es un principio que a menudo se ignora, especialmente en las sociedades más ricas, donde domina la cultura del desperdicio y la cultura del descarte: ambas son una plaga. Así que me gustaría ofrecerte     tres desafíos contra la mentalidad de desperdicio y descarte”.

El primer reto apuntado por el Papa es el de no desperdiciar el don que tenemos. “Cada uno de nosotros es bueno, independientemente de las cualidades que tengamos. Cada mujer, cada hombre es rico no sólo en talentos, sino en dignidad, es amado por Dios, es digno, es precioso. Jesús nos recuerda que somos bendecidos no por lo que tenemos, sino por lo que somos.         Y cuando una persona se suelta y se tira, se desperdicia. Luchemos, con la ayuda de Dios, contra la tentación de considerarnos inadecuados, equivocados y compadecernos de nosotros mismos”, ha explicado.

Luego, el segundo desafío es “no desperdiciar los bienes que tenemos”. “Resulta que alrededor de un tercio de la producción total de alimentos se desperdicia cada año en el mundo. ¡Y esto mientras tantos se mueren de hambre! Los recursos de la creación no se pueden usar así; los bienes deben ser guardados y compartidos, para que a nadie le falte lo necesario”, ha denunciado el Papa.

Finalmente, Francisco ha señalado el tercer desafío: no descartar a la gente. “La cultura del descarte dice: te uso mientras te necesito; cuando ya no me interesas o estás en mi camino, te tiro. Y así se trata a los más frágiles: los niños no nacidos, los ancianos, los necesitados y los desfavorecidos. ¡Pero no se puede tirar a la gente, no se puede tirar a los desfavorecidos! Cada uno es un don sagrado, cada uno es un don único, en cada edad y en cada condición”, ha explicado.

Oraciones por Tierra Santa

Después del rezo del ángelus, el Papa ha clamado, una vez más, por la escalada de violencia en Tierra Santa. “Con gran dolor me entero de las noticias que llegan de Tierra Santa, en particular de la muerte de diez palestinos, entre ellos una mujer, asesinados durante las acciones militares antiterroristas israelíes en Palestina; y de lo que sucedió cerca de Jerusalén el viernes por la noche, cuando siete judíos israelíes fueron asesinados por un palestino y tres resultaron heridos cuando salían de la sinagoga”, ha dicho el Papa.

“La espiral de muerte que se acrecienta día a día no hace más que cerrar los pocos resquicios de confianza que existen entre los dos pueblos. Desde principios de año, decenas de palestinos han muerto en tiroteos con el ejército israelí”, ha subrayado, haciendo “un llamamiento a los dos Gobiernos ya la comunidad internacional para que encuentren, de inmediato y sin demora, otros caminos que incluyan el diálogo y la búsqueda sincera de la paz”.

Finalmente, Francisco ha pedido la oración de los fieles ante su próximo viaje a RD Congo y Sudán del Sur, dos países fuertemente amenazados por los conflictos. “Llegaré a Sudán del Sur junto con el Arzobispo de Canterbury y el Moderador de la Asamblea General de la Iglesia de Escocia: así viviremos juntos, como hermanos, una peregrinación ecuménica de paz”, ha asegurado.

Entrevista a Tamayo

Juan José Tamayo, teólogo: «Las afirmaciones de Feijóo demuestran ignorancia u olvido y alimentan los discursos de odio»

Juan José Tamayo, teólogo

Historia de Jesús Bastante 

«Los políticos creyentes deben ser coherentes con lo que creen, respetar la diversidad ideológica, fomentar el diálogo interreligioso e intercultural, evitar la agresividad en el lenguaje», comienza el teólogo Juan José Tamayo, profesor emérito de la Universidad Carlos III de Madrid y uno de los mayores expertos de España en el Islam. Como tal, se muestra consternado tras el ataque contra dos iglesias en Algeciras, que se ha cobrado la vida de un sacristán y dejó herido a un sacerdote salesiano. Pero la conversación con elDiario.es ocurre poco después de que el presidente del Partido Popular, Alberto Nuñez Feijóo, dijera públicamente: “Desde hace muchos siglos no verá a un católico, a un cristiano, matar en nombre de su religión o de sus creencias».

Por eso Tamayo arranca con las respuestas antes de las preguntas, agradece la reacción de las autoridades católicas, judías, evangélicas y musulmanas de repulsa ante el atentado y censura actitudes como la del líder del PP. «Las afirmaciones de Feijóo son infundadas, alimentan los discursos de odio contra la religión musulmana, sitúan a su partido del lado de la confrontación religiosa y no contribuyen a la convivencia cívica ni respetan el pluriverso religioso y cultural», sostiene Tamayo, tajante. Y va más allá: «Esas palabras demuestran ignorancia u olvido freudiano», lanza antes de recordar la Guerra Civil y «los cientos de miles de asesinatos cometidos por el dictador Franco, ‘generalísimo’ católico, con el silencio cómplice de la mayoría de los obispos». «¿No es eso matar en nombre de Dios?», se pregunta.

El ataque a dos iglesias en Algeciras y las respuestas ante la tragedia nos devuelven a una pregunta que las religiones se llevan haciendo siglos. ¿Es lícita la violencia ‘en nombre de Dios’?

Matar en nombre de Dios es convertir a Dios en un asesino, como afirma Saramago. Es mejor ser ateo de todas las divinidades que creer en un Dios asesino. Sin embargo, con frecuencia se recurre a Dios para justificar la violencia. Lleva razón el filósofo judío Martin Buber cuando afirma: “Dios es la palabra más vilipendiada de todas las palabras humanas. Las generaciones humanas, con sus partidismos religiosos, han desgarrado esta palabra. Han matado y se han dejado matar por ella. Los seres humanos dibujan un monigote y escriben la palabra “Dios”. Se asesinan unos a otros y dicen: lo hacemos en nombre de Dios. Debemos respetar a los que prohíben esta palabra, porque se rebelan contra la injusticia y los excesos que con tanta facilidad se cometen con una supuesta autorización de Dios”.

Recuerdo una viñeta de El Roto en la que dos personas están dialogando. Una le comenta a la otra: «Dicen matar en nombre de Dios». «¿Y qué dice Dios?», le pregunta el otro interlocutor. «Hace tiempo que huyó despavorido», responde el primero. A decir verdad, en los textos fundantes de no pocas religiones hay imágenes violentas de Dios, pero las hay también del Dios defensor de la naturaleza y de la vida de los seres humanos, especialmente de quienes la tienen más amenazada.

¿Es un problema exclusivo del islam o de todas las religiones?

La idea de que la violencia es exclusiva del islam es la que se quiere transmitir en las sociedades occidentales, a veces con el apoyo de los medios de comunicación, y la que está fijada en el imaginario colectivo. Pero yo creo que es una forma calculada de demonizar al islam y de presentarlo como enemigo de Occidente.

Con ello no estoy excluyendo la violencia en la religión musulmana y en sus seguidores. Claro que existen organizaciones y personas violentas que se declaran musulmanas –dudo que lo sean– que apelan a Dios para justificarla. Pero tal actitud no es exclusiva del islam. La mayoría de las religiones han sido fuente de violencia y en cierta medida pueden seguir siéndolo de distintas formas. Por ello deben revisar su presencia en la sociedad y sus discursos para que no desemboquen en actos violentos y sean constructoras de la paz. Lo más grave es que hay dirigentes que la legitiman. Es el caso del patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, Kiril, que apoya la guerra de Rusia contra Ucrania y se niega a dialogar con otros dirigentes que trabajan por la paz, por ejemplo, con el papa Francisco.

¿Cómo ve las declaraciones de Alberto Núñez Feijóo que adjudican actos sangrientos o terroristas a otras religiones y no a la católica?

Como dirigente político de un partido nacional, la responsabilidad del señor Feijóo es mayor. Sus afirmaciones, en lugar de tender puentes de diálogo entre culturas y religiones, los destruyen. Y además, son infundadas.

Varios son los ejemplos de violencia de personas o colectivos cristianos, no ya desde hace varios siglos, sino en los siglos XX y XXI. Le recuerdo al señor Feijóo dos casos: uno doméstico: la guerra (in)civil en España fue provocada por un golpe de Estado de un general católico que la jerarquía católica española legitimó y calificó de “cruzada” en la Carta del Episcopado Español el 1 de julio de 1937; los cientos de miles de asesinatos cometidos por el dictador Franco, “generalísimo” católico, con el silencio cómplice de la mayoría de los obispos. Y mientras sucedían estos asesinatos, el Vaticano y el Estado Español firmaban un Concordato que reconocía a la Iglesia católica como la religión oficial del Estado. Otro caso más reciente: el atentado del supremacista blanco cristiano Brenton Harrison Tarrant en 2019 contra dos mezquitas en Christchurch (Nueva Zelanda) con 49 personas asesinadas.

¿Se puede ser cristiano y alentar el odio al extranjero o al que tiene otra religión distinta a la considerada ‘normal’ en España?

Creo que sus declaraciones pretenden sacar rédito político utilizando la religión como arma electoral en su propio beneficio, y eso me parece política y religiosamente inmoral. Con la religión no se juega para intereses tan espurios. Tales declaraciones no pueden defenderse desde el punto de vista evangélico, ya que, además de no ser ciertas, como acabo de demostrar, fomentan el odio a las personas que tienen otras creencias religiosas. Tengo la impresión de que el señor Feijóo sigue pensando que el cristianismo es la religión oficial de la sociedad española y del Estado, y las demás religiones son advenedizas. Y eso me parece más propio del nacionalcatolicismo que del Estado no confesional que es España.

El portavoz de la Conferencia Episcopal (CEE), César García Magán, y los representantes judíos, musulmanes y evangélicos, han coincidido en la rotunda condena y en no manchar a un colectivo por las atrocidades que pueda haber cometido una persona.

Escuché en directo las declaraciones del portavoz de la CEE, César García Magán. Valoro positivamente tanto la celeridad en la respuesta como su sensatez y equilibrio. Dijo tres cosas muy importantes: que no se podía demonizar al colectivo musulmán; que no había que identificar el terrorismo con ninguna religión y que había que mantener la convivencia.

En la misma dirección han ido también las declaraciones de representantes musulmanes, que han condenado con contundencia el atentado y lo han calificado de contrario al Corán. Igualmente me parecen acertadas las declaraciones de las comunidades judías y evangélicas expresando su rechazo del atentado y defendiendo la paz entre las religiones.

¿Qué papel pueden tener las religiones para evitar este tipo de episodios?

Me parece muy importante el papel que pueden y deben jugar las religiones en la desactivación de la violencia y la construcción de la paz. Lo expresó el teólogo Hans Küng con gran lucidez: «No habrá paz en el mundo sin paz entre las religiones; no habrá paz entre las religiones sin diálogo entre ellas; no habrá paz entre ellas si no se conocen entre sí; no habrá diálogo interreligioso si no se llega a elaborar una ética común». Para ello es necesario que no sigan defendiendo la tesis belicista de la guerra justa y se comprometan a trabajar por la paz justa.

Deben activar las tradiciones pacifistas y pacificadoras presentes en todas las religiones y desactivar las prácticas y los discursos violentos que existen en sus textos. Me parece necesario recuperar y visibilizar a las personalidades religiosas que lucharon y luchan por la paz: en el protestantismo, Martin Luther King, que defendió los derechos civiles pacíficamente; en el hinduismo, Mahatma Gandhi, que practicó la no violencia activa para conseguir la independencia de la India; en el catolicismo, monseñor Oscar A. Romero e Ignacio Ellacuría, que defendieron la paz fundada en la justicia; en el islam, las mujeres iraníes y afganas que desafían a los ayatolas y talibanes en defensa de los derechos de las mujeres, Malala Yousafzai y Sirin Ebadi, defensoras de los derechos de las niñas y los niños; en el judaísmo, Amos Oz y el movimiento Paz Ahora, contra los asentamientos judíos en Gaza y Cisjordania; el movimiento de palestinas e isralíes ‘Las mujeres impulsan la paz’; en el budismo, el Dalai Lama; en la Fe Baha’i, Baha ‘Ullah; en las comunidades indígenas, Rigoberta Menchú en defensa de los derechos de los pueblos originarios… 

Toda la información en http://www.religiondigital.org 

Paz para Haití

Los obispos de Haití claman por la paz en su mensaje de Navidad

Caos en Haití

El caos que reina en el país caribeño ha llevado a los prelados a “lanzar un grito” sobre la “extrema gravedad de la situación”

“En nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, que vino a traernos la verdadera paz, lanzamos un grito desde nuestros corazones de pastores a nuestros hermanos y hermanas haitianos, aquí y en otros lugares, y a la comunidad internacional, sobre la extrema gravedad de la situación”. Así comienza el llamamiento que han hecho los obispos de Haití, clamando por la paz en su mensaje de Navidad.

De esta manera, tal como recoge Fides, los obispos hacen un llamamiento a los grupos ilegítimamente armados y a quienes los financian, para que “detengan la locura asesina del odio, del desprecio por la vida” y “¡silencien sus armas!”.

El drama de la migración

Asimismo, señalan que este es el momento de “reconstruir las instituciones, en especial la Justicia”, con el objetivo de “frenar la cultura de la impunidad que es la causa lógica de la perpetuación de la corrupción y la violencia en el país” y así garantizar un futuro mejor.

Por otro lado, los obispos tocan en su mensaje también el tema de la emigración de tantas personas que, debido a la situación del país, se ven forzadas a refugiarse “a toda prisa y por todos los medios”, en territorios donde no siempre son bienvenidos. En concreto, hacer referencia a República Dominicana, donde “son objeto de un trato indescriptible, que pisotea los principios e imperativos de los derechos humanos, el derecho internacional humanitario, el derecho de los refugiados y, en especial, el Protocolo de 1999”.