El año del laicado en la Iglesia de Paraguay

Laicos en misión hacia las periferias

Por Adalberto Martínez Flores


La Conferencia Episcopal Paraguaya declaró el año 2022-23 como el Año del Laicado. Si bien le dedicamos estos dos años al laicado, nuestra firme convicción es que el trabajo debe ser sostenido y profundizado en el tiempo para cosechar los frutos traducidos en la transformación profunda del Paraguay, a partir de la conversión y santidad de vida de los bautizados, los fieles laicos, que actúan como el fermento del Evangelio en el corazón de la sociedad paraguaya.

El nuevo Paraguay que soñamos solo será posible con mujeres y hombres nuevos, ciudadanos de bien, patriotas, que se juegan por su fe allí donde le toca actuar: en la política, en la economía, en la educación, en la cultura, en el deporte, en el mundo del trabajo y de la empresa y, sobre todo, en su vida personal y familiar.

Cuando el papa Juan Pablo II visitó el Paraguay en 1988, expresó: “No se puede arrinconar a la Iglesia en los templos, ni a Dios en las conciencias”. La fuerza de este mensaje de Karol Wojtyla se proyecta precisamente en el ser, el quehacer y la misión del laico en un contexto en que la Iglesia está llamada a salir de sí misma para ir hacia las periferias y anunciar a todos, sin exclusión, la alegría del Evangelio.

Por acción u omisión

El Paraguay, mayoritariamente católico, es uno de los países más inequitativos del mundo. Los laicos están llamados a transformar las situaciones de pecado que oprimen a nuestro pueblo: la corrupción, la inequidad, la violencia silenciosa de la pobreza que excluye y descarta a los más débiles, niños y ancianos, indígenas y campesinos, jóvenes sin oportunidades ni horizonte para sus vidas, familias desestructuradas, agresión al medio ambiente, entre otros males que padecemos en el Paraguay. En estas y otras penosas realidades son partícipes los laicos, sea por acción u omisión.

Por su bautismo, el laico tiene la directa responsabilidad de “transformar las realidades y la creación de estructuras justas según los criterios del Evangelio” (DAp 210). Su misión es llegar con el Evangelio a las periferias geográficas y existenciales. Salir de los límites geográficos de la capilla, de la parroquia, de la diócesis, para llegar a los alejados. Pero también salir de los prejuicios y de las mezquindades para llegar a las periferias existenciales como lo define el Santo Padre: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria.

En Paraguay tenemos un laicado bastante activo, ya sea en las parroquias, ya sea en las nuevas comunidades, ya sea en los movimientos apostólicos, así como en los diversos ámbitos de la vida social. Muchos de ellos se juegan por los pobres y por los descartados de nuestra sociedad. La propuesta es animarlos, acompañarlos, articularlos y fortalecerlos trabajando en redes.

El protagonismo de los laicos en la evangelización es fundamental. Un laicado con sentido de pertenencia eclesial es, sin duda, un potente y eficaz factor para la transformación del Paraguay conforme al proyecto de Dios.

Ortega contra la Iglesia

Ortega arremete contra la Iglesia católica y la tilda de una «dictadura perfecta»

Daniel Ortega

Agencia EFE

Managua, 28 sep (EFE).- El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, arremetió este miércoles contra la Iglesia católica, a la que acusó de no practicar la democracia, y de ser una «dictadura» y una «tiranía perfecta».

Durante un acto en ocasión del 43 aniversario de la Policía Nacional y transmitido en cadena de radio y televisión, Ortega también acusó a la Iglesia católica que dirige el papa Francisco de haber utilizado «a sus obispos en Nicaragua para dar un golpe de Estado» a su Gobierno en el marco de las manifestaciones que estallaron en abril de 2018 por unas controvertidas reformas a la seguridad social.

«¿Desde cuándo los curas están para dar golpe de Estado y desde cuándo tienen autoridad para hablar de democracia?», cuestionó el líder sandinista.

«¿Quién elige a los curas, a los obispos, al papa, a los cardenales? ¿cuántos votos?, ¿quién se los da?», continuó.

Ortega dijo que si la Iglesia católica quiere hablar de democracia, debería empezar «por elegir con el voto de los católicos al papa, a los cardenales, a los obispos, a los sacerdotes, sino que todo es impuesto, es una dictadura, la dictadura perfecta, es una tiranía, la tiranía perfecta».

Para el antiguo guerrillero marxista, que ahora se define como católico, la Iglesia católica no tiene autoridad para hablar de democracia, porque «los obispos son nombrados de dedo de parte de alguien que no ha sido electo por el pueblo, sino por un grupo de cardenales».

«Le diría a su santidad, el papa, con todo respeto, a las autoridades de la Iglesia católica, yo soy católico, que como católico no me siento representado y no me siento representado por todo lo que conocemos de esa historia terrible, pero también por el hecho que lo oímos hablar de democracia y no practican la democracia», alegó.

A juicio de Ortega, «sería una revolución que al papa lo eligiera el pueblo católico del mundo».

ACUSA A JERARCAS DE PEDIR SU MUERTE

Asimismo, el líder sandinista volvió a tildar de «golpistas» a «algunos obispos» de Nicaragua y los acusó de encubrir a una «banda de asesinos» que, según dijo, intentaron derrocarlo y asesinarlo en el marco de las manifestaciones antigubernamentales de hace cuatro años, en la que se pidió su dimisión por responder con la fuerza.

Según el mandatario, «algunos curas, algunos obispos, llamaron a la gente a que me metieran plomo (balas), qué esperaban para matarme», aunque no ofreció pruebas.

Es decir, agregó, era «una banda de asesinos encubierta con la Iglesia católica» de Nicaragua.

El obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, Silvio Báez, calificó de mentiroso y cínico a Ortega por los señalamientos a la Iglesia católica y a los religiosos nicaragüenses.

«¡Cuánta ignorancia, cuánta mentira y cuánto cinismo! Un dictador dando lecciones de democracia; alguien que ejerce en forma ilegítima el poder, criticando la autoridad que Jesús otorgó a su Iglesia; alguien que es ateo, lamentándose de no sentirse representado por la Iglesia», escribió en un tuit el obispo, quien se encuentra fuera del país desde hace 41 meses por decisión del papa Francisco por motivos de seguridad.

IGLESIA-ESTADO: UN AÑO CONVULSO

El discurso de este miércoles del líder sandinista es el capítulo más reciente de un último año especialmente convulso para la Iglesia católica de Nicaragua con el Gobierno de Ortega, quien ha tildado de «golpistas» y «terroristas» a los religiosos.

Este año, el Gobierno sandinista expulsó del país al nuncio apostólico Waldemar Stanislaw Sommertag y a 18 monjas de la orden Misioneras de la Caridad, fundada por la Madre Teresa de Calcuta.

También mantiene bajo arresto a ocho sacerdotes, incluyendo al obispo Rolando Álvarez, quien fue sustraído por agentes policiales la madrugada del viernes 19 de agosto, junto a otros cuatro presbíteros, dos seminaristas y un camarógrafo del palacio episcopal de la diócesis de Matagalpa, después de haber estado 15 días confinados.

Además, el Ejecutivo cerró nueve estaciones de radio católicas y sacó de la programación de la televisión por suscripción a tres canales católicos.

La Policía Nacional, que dirige Francisco Díaz, consuegro de Ortega, además ingresó por la fuerza y allanó una parroquia, impidiendo a los feligreses recibir la eucaristía dentro del templo y sitiando a otros sacerdotes en sus iglesias, prohibido procesiones con imágenes de los santos, entre otros.

Las relaciones entre los sandinistas y la Iglesia católica de Nicaragua han estado marcadas por roces y desconfianzas en los últimos 43 años

Revuelo creado por el arzobispo se San Salvador

José Luis Escobar aseguró que «el pueblo quiere que el presidente se reelija

José Luis Escobar, arzobispo de San Salvador
José Luis Escobar, arzobispo de San Salvador

«El Salvador: No todos los obispos quieren la reelección de Bukele y se desligan del presidente de la Conferencia Episcopal

Dos de los diez obispos que componen la Conferencia Episcopal de El Salvador han salido al paso de las declaraciones del presidente de ese organismo, José Luis Escobar Alas, sobre la reelección del presidente salvadoreño, Nayib Bukele, en 2024

“Monseñor Escobar Alas habla en nombre de su arquidiócesis, no de toda la Conferencia Episcopal (…) generalmente coincidimos, pero no en todo”, señaló el obispo de Zacatecoluca, Elías Samuel Bolaños

27.09.2022 | RD

Dos de los diez obispos que componen la Conferencia Episcopal de El Salvador han salido al paso de las declaraciones del presidente de ese organismo, José Luis Escobar Alas, sobre la reelección del presidente salvadoreño, Nayib Bukele, en 2024. El pasado domingo, el arzobispo de San Salvador aseguró que «el pueblo quiere que el presidente se reelija», posibilidad que iría contra al menos siete artículos de la Constitución de la República, según señala el diario La Prensa Gráfica

Monseñor Escobar Alas habla en nombre de su arquidiócesis, no de toda la Conferencia Episcopal (…) generalmente coincidimos, pero no en todo”, señaló el obispo de Zacatecoluca, Elías Samuel Bolaños, quien aclaró que la Conferencia Episcopal se reunió la semana pasada y no se emitió pronunciamiento en torno al tema de la reelección. “Por tanto, esta postura es únicamente del arzobispo de San Salvador”.

Obispos de El Salvador con Francisco
Obispos de El Salvador con Francisco

Otro miembro de la Conferencia Episcopal, que prefirió el anonimato, también dijo que la postura de Escobar Alas había sido a título personal, señala el diario, que también recoge la opinión del jesuita Juan Vicente Chopín, quien aclaró que «en la Iglesia Católica, los obispos son de territorio delimitado y ellos pueden hablar y emitir juicio para ese territorio, pero no es la voz de toda la Iglesia«.

Nota aclaratoria

Ante el revuelo causado, el arzobispo Escobar se vio obligado a emitir una nota aclaratoria en la que asegura que que no se pronunció «en el sentido de aprobar o desaprobar la posibilidad», pues esto «le compete a la Corte Suprema de Justicia y al Tribunal Supremo Electoral».

El pasado 15 de septiembre, el presidente Bukele anunció que se postulará como candidato para la presidencia en 2024, “respaldándose en una interpretación de la Sala de lo Constitucional impuesta por el oficialismo”, sobre cuya legalidad hay muchas dudas, también, como se ve, dentro de la propia Iglesia salvadoreña.

Pos-teísmo y pos-religión

Andrés Torres Queiruga

Andrés Torres Queiruga: «Pos-teísmo y pos-religión: un diálogo necesario»

«La tarea teológica consiste en recuperar esa experiencia, repensándola en una interpretación que la haga vivible y comprensible en la situación actual»

«Dejando aparte la postura que se reduciría a un puro inmovilismo fundamentalista, cabe dividirlas en dos grupos, que se distinguen por su modo de situarse ante la crisis del paradigma calcedónico»

«Al primer grupo pertenecen las dos posturas que coinciden en el abandono total o casi total del mismo y que se distinguen entre sí por la radicalidad con que lo hacen»

«La otra postura es la que suele llamarse pos-teísta o pos-religiosa. No niega su valor para la fe “religiosa”; pero, tal como es presentada en el paradigma tradicional, la rechaza —con distintos grados en la explicitud o en la hondura— en su “valor teológico”

Por Andrés Torres Queiruga, teólogo

No hace mucho se ha suscitado entre nosotros una viva polémica en torno al amplio y pluriforme movimiento del pos-teísmo y la pos-religión (1). Dado que personalmente me ha coincidido con el tema que estaba desarrollando en mi ya largo trabajo sobre la Jesucristología, he decidido publicar, con ligeras acomodaciones, las páginas que le dedico. Creo que, dada la importancia del fenómeno, no debe quedar ausente del diálogo teológico. A él quieren contribuir estas sugerencias. 

Afrontar la situación teológica actual significa no solo tomar noticia de la misma, sino comprenderla en la complejidad de sus dimensiones intrínsecas: 1) saber que se ha hecho imposible seguir manteniendo a la letra la “interpretación calcedónica” [con esta denominación me refiero al paradigma clásico, que va fundamentalmente desde Nicea a la entrada de la Modernidad]; 2) que eso no significa desconocer que, dentro de sus condicionamientos culturales, en ella se expresa y transmite verdaderamente la experiencia originaria de la fe cristiana; 3) y que por tanto no se trata de negarla sin más, borrándola de historia; 4) sino que la tarea teológica consiste en recuperar esa experiencia, repensándola en una interpretación que la haga vivible y comprensible en la situación actual.

Colocando sobre ella como una falsilla transparente estos cuatro puntos, aparecen las cuatro posturas teológicas que la habitan. No se trata de describirlas con detalle, pues los límites no siempre son claros y se multiplican tanto los matices como los solapamientos. Son más bien indicaciones que marcan cuatro tipos de orientación y que, en la medida en que no se dejan llevar por estrechamientos dogmáticos, pueden enriquecer las búsquedas que mueven este “período de elaboración” [me refiero a la estructuración que hace Amor Ruibal de los procesos históricos: adquisición, elaboración y síntesis].

Dejando aparte la postura que se reduciría a un puro inmovilismo fundamentalista, cabe dividirlas en dos grupos, que se distinguen por su modo de situarse ante la crisis del paradigma calcedónico.

1) Al primer grupo pertenecen las dos posturas que coinciden en el abandono total o casi total del mismo y que se distinguen entre sí por la radicalidad con que lo hacen

La más extrema viene del ateísmo y niega sin más su “valor religioso”. Para este momento de nuestra reflexión interesa sobre todo de manera indirecta. La he aludido ya, mencionando la discusión entre Joseph Ratzinger/Benedicto XVI y Paolo Flores d’Arcais acerca de la interpretación de los datos históricos acerca de Jesús. Es una muestra elocuente de como la negativa a reconocer la necesidad de un cambio radical en la interpretación, tiende a paralizar la teología y a fortalecer las razones del rechazo ateo. 

La otra postura es la que suele llamarse pos-teísta o pos-religiosa. No niega su valor para la fe “religiosa”; pero, tal como es presentada en el paradigma tradicional, la rechaza —con distintos grados en la explicitud o en la hondura— en su “valor teológico”. El panorama que presenta es amplio y genérico: algunas manifestaciones no solo van más allá de Calcedonia, sino también del Evangelio, llegando a la “época axial” e incluso más allá.

Últimamente ha adquirido fuerza especial en el espacio euro-americano de habla española, aunque acoge de manera activa las inquietudes “religiosas” de la no-dualidad en la tradición oriental y de la espiritualidad atea occidental; presta atención al gran mundo pos-colonial y a las distintas iniciativas teológicas acerca de los márgenes individuales y sociales;  y se remite incluso a la teología de la muerte de Dios y otras formas radicales de la secularización (incluida una discutible inclusión de Dietrich Bonhöffer) (2). 

Su radicalismo frente a lo “religioso” no significa abandono de la apertura a la Trascendencia. Por eso, en la medida en que está determinado por el hecho de reconocer el agotamiento teológico del paradigma tradicional y la necesidad urgente de buscar una renovación en bien de la vivencia y del anuncio de lo último y trascendente en la cultura actual, abre la posibilidad objetiva de diálogo. Partiendo de esa base común, se trata de calibrar la hondura exigida por el cambio, intentando dilucidar sus justas consecuencias.

En concreto, presenta la cuestión de si ese paradigma debe ser abandonado sin más, porque sus desajustes y aun sus deformaciones en la interpretación son tales, que hacen imposible una continuidad en lo fundamental de la experiencia creyente; o si, por el contrario, esa continuidad no solo es posible sino necesaria y fecunda. No es preciso recordar que toda la marcha del presente discurso se sitúa de manera decidida en esta segunda opción. Pero eso no significa, sino que más bien implica, la conveniencia y aun la necesidad de establecer un diálogo que, reconociendo el disenso, acoja las coincidencias y busque en bien de todos las convergencias posibles.

Empezando por lo segundo, es decir, por las coincidencias, que nacen ante todo de reconocer la urgencia de un cambio radical, creo que la energía y claridad del rechazo deben servir como importante campanada de alerta para que la teología actual tome por fin en serio la necesidad de una renovación a fondo. No cabe ignorar que incluso dentro de las propias iglesias la persistencia en la interpretación tradicional produce un desconcierto que alcanza cotas crecientemente altas de ausencia en la práctica cristiana, manifestada en el alarmante vacío que desertiza la asistencia a las celebraciones. Y en el mundo cultural fomenta una verdadera hemorragia de abandonos y, lo que es peor, genera un amplio ambiente de simple desinterés por el Evangelio  y mina de raíz la credibilidad de la fe.

Por otra parte, es de justicia reconocer que la distancia aguda que esta postura adopta frente a las formulaciones teológicas y a las prácticas religiosas recibidas, tanto en el culto como en la piedad personal, está favoreciendo en positivo nuevos modos de expresión que sintonizan con la sensibilidad ambiental. Eso le permite elaborar posibilidades tanto de explicación conceptual como de evocación simbólica, que facilitan la apertura a la Trascendencia y motivan su aceptación y vivencia. De hecho, todo indica que, tanto dentro como en el exterior de las comunidades creyentes, su influjo está mostrándose eficaz en personas y ambientes que no comprenden el lenguaje teológico, sienten incomodidad con la “religión oficial” o se sitúan prácticamente fuera de ella.

Junto al reconocimiento cordial de todo esto, tampoco cabe ignorar las razones del disenso. La primera y, en mi parecer, la fundamental está en la radicalidad con que formula un rechazo, que tiende a negar el pan y la sal a toda una tradición que, pese a sus defectos y limitaciones, lleva dos milenios alimentando la fe de miles de millones. Debiera hacer pensar el mismo hecho de que, aún así, ha promovido toda una cultura de entregas generosas y existencias esperanzadas. Intelectualmente, en su elaboración y constantes reajustes han trabajado muchos genios entre los grandes de la humanidad. Hegel supo verlo bien: “Malo sería que no hubiera ningún sentido en algo que durante dos milenios fue la representación más santa de los cristianos” (3).

En este sentido, no me parece históricamente justo ni hermenéuticamente aceptable, el recurso insistente de elaborar una especie de caricatura que, con el nombre de “teísmo” y la referencia a “un Señor en el cielo”, omnipotente y arbitrario,  descalifica en bloque y con duras palabras toda la tradición. Identificando el abuso con el uso y los defectos con la esencia, se reduce a esa visión la comprensión de la fe en el Dios de Jesús. No se advierte que, sin descuidar lo que hay de justo en esas críticas, muchas teólogas y teólogos vienen —venimos— trabajando en la reinterpretación y actualización de la fe cristiana con no menor radicalidad que la supuesta en esas descalificaciones, y, a veces, con una dedicación incluso anterior a ellas (4). Torres Queiruga

(Si en este momento uso la primera persona del plural, es porque, con ánimo fraternal de diálogo, me parece de justicia manifestar dos cosas. La primera, que, aún sin personalizar, más de una vez he sentido íntimamente que esas descalificaciones hieren una comprensión de la fe que compartimos tantos teólogos y teólogas. A su repensamiento he consagrado personalmente una obra ya bastante larga, tratando de hacer ver que en nada se parece a la caricatura aludida y que, de hecho, no ha dejado de examinar y denunciar las deformaciones que unos y otros rechazamos. La segunda es una pregunta que, de algún modo, me intriga: ¿realmente algunos teólogos o teólogas entre los que suponen esa comprensión de la fe “teísta”, la han vivido ellos o ellas mismas y como adultos medianamente instruidos, de manera tan incurablemente deformada como la presentan hoy?).

Dejando aparte este aspecto (más) subjetivo, hay en el objetivo alguna observación que, en mi parecer, merece ser también reseñada. Una vez reconocida cordialmente la sensibilidad actualizadora y la capacidad expresiva de muchos tratamientos, me atrevo a avisar de dos peligros que me parecen serios: por un lado, el insuficiente cultivo (o al menos la falta de tratamiento expreso y efectivo) de los problemas gnoseológicos y hermenéuticos que intervienen en el amplio y difícil tema de la interpretación exegética, dogmática y teológica; por otro, la doble propensión, en mi parecer, no suficientemente controlada, a cabalgadas históricas dadas como evidentes, que en algunos casos pueden llegar hasta la misma cosmogénesis, y, en segundo lugar, a una cierta fascinación por los avances científicos, que, por avanzados que sean, no deben descuidar la alerta para no incurrir en una matábasis eis allo genos, lesionando la especificidad del discurso teológico.

En todo caso, es evidente que todas estas observaciones son discutibles y que están hechas no solo con intención de construcción objetiva, sino también de respeto por la intención y el esfuerzo desplegados en esa búsqueda de nuevos horizontes, cuando además me honro en algunos casos con la amistad de sus autores. Creo, en efecto, que el establecimiento de un diálogo (más) sereno podría ayudarnos a todos.

Para unos, la intención de esta crítica es invitar a que el afán de radicalidad no lleve a no deslizarse hacia a un cierto “furor de la destrucción”, sino a incluirse en una “deconstrucción” del modo de interpretar la fe tradicional, cuyo objeto primordial es empeñarse en la delicada y difícil tarea de una “reconstrucción” que haga revivir en la cultura actual la fuerza viva de las antiguas raíces. Por su parte, al otro tipo de teología, menos radical en las formas y creo que no lo suficiente en el fondo, le vendría bien acoger ese ímpetu renovador y colaborar en la búsqueda de caminos inéditos para la creatividad teológica.

Diálogo cultural y religioso

 1. Del surgimiento da cuenta Antonio Duato, Invitación a recoger en ATRIO el debate sobre No-teísmo y fe en Dios (https://www.atrio.org/2021/04/19397/).

2.  Una presentación viva, puede verse en el manifiesto promovido por los “Servicios Koinonía, info@servicioskoinonia.org”, de amplia implantación sobre todo en países ibero-americanos, en cuya promoción tiene un papel incansable José Maria Vigil. En Italia, Ferdinado Sudati se hace amplio eco, promoviendo traducciones y haciendo agudas aportaciones personales. La publicación del aludido manifiesto ha suscitado una reacción polémica por parte de A. Fierro, El sindiós de un cristianismo sin Dios (puede verse, en: https://www.atrio.org/2022/07/el-sindios-de-un-cristianismo-sin-dios/). Hecha desde el ateísmo, muestra los interrogantes que le llegan de un costado que también merece atención.

3. Vorlesungen über die Geschichte  der Philosophie, ed. Suhrkamp, Bd 18, 253. 

4.  Pemítaseme señalar personalmente un dato que creo significativo: en el año 2000 publiqué mi libro: Fin del cristianismo premoderno. Retos hacia un nuevo horizonte. En 1999, John Shelvy Spong, con Roger Lenaers uno de los serios y grandes referentes del movimiento, publicó: Why Christianity Must Change or Die. A Bishop Speaks to Believers In Exile. No lo citaba, porque entonces no lo conocía. Pero basta comparar los títulos para comprender dos cosas: 1) la coincidencia en la intención e incluso en las críticas más decisivas, que se confirma examinando el contenido y su tratamiento y 2) la diferencia en el alcance del diagnóstico: Spong hablaba de “cristianismo” sin más y de posible “muerte”; yo delimitaba expresamente, hablando del cristianismo “premoderno” y solo de él anunciaba el “fin”.

La ultraderecha llega al Gobierno en Italia

El ascenso de Meloni en Italia: la ultraderecha que no quiere al Papa

Meloni, junto a Berlusconi y Salvini

El nombre del partido de Meloni, ‘Fratelli’, evoca para los creyentes la última encíclica del Papa, ‘Fratelli Tutti’. Sin embargo, sólo el nombre -y la, aparente, confesión de fe- unen a Bergoglio y Melloni, que a buen seguro compartirán, en breve, audiencia y presencia en los grandes acontecimientos litúrgicos en el Vaticano

¿Cómo coexistirán la futura primera ministra italiana con un Papa extranjero, defensor de los inmigrantes, que aboga por cambios radicales en la liturgia y que dialoga con musulmanes, ateos y homosexuales? Es una de las grandes incógnitas del presente

Por Jesús Bastante

«Sí a la familia natural, no a los lobbys LGBT; sí a la identidad sexual; no a la identidad de género; sí a la cultura de la vida; no al abismo de la muerte; sí a la universalidad de la cruz, no a la violencia islamista; sí a las fronteras seguras, no a la inmigración masiva». La gran triunfadora de las elecciones italianas, Giorgia Meloni, dejo el pasado mes de junio en Málaga (en un acto de Vox. Ya se sabe, los extremos se juntan) las claves para entender el que será el primer gobierno de la derecha extrema en Italia desde que, hace justo un siglo, llegara al poder Benito Mussolini.

Meloni gobernará gracias a una coalición de partidos dirigidos por Silvio Berlusconi (por todos conocido) y Matteo Salvini (el hombre que intentó que ningún barco de salvamento con migrantes a bordo, y que se declara admirador de Putin o el cardenal Sarah), y con un curioso nombre, ‘Fratelli’, que para los creyentes evoca necesariamente a la última encíclica del Papa, ‘Fratelli Tutti’. Sin embargo, sólo el nombre -y la, aparente, confesión de fe- unen a Bergoglio y Meloni, que a buen seguro compartirán, en breve, audiencia y presencia en los grandes acontecimientos litúrgicos en el Vaticano.

Invasión de la cruz y obsesión por el sexo

Porque el de Meloni es un programa racista, que muestra una visión del cristianismo basada únicamente en las ‘verdades innegociables’ de Juan Pablo II -todo lo referente al sexo y la familia tradicional- y en la defensa de la Cruz y la Fe en una supuesta ‘invasión’ del mundo musulmán, aliado con los lobbies LGTBI, odio al extranjero incluido. Mientras, el mensaje del Papa, como bien plasmó en sus últimos discursos en Asís y Matera, donde invitó a construir «un futuro donde los migrantes, refugiados, desplazados y víctimas de la trata puedan vivir en paz y con dignidad«. En la misa, además, lanzó una andanada contra los guardianes de las esencias

En la capital del poverello, Bergoglio, además, reivindicó los valores de ‘Fratelli Tutti’, ‘Laudato Si’ y ‘Evangelii Gaudium’, poniendo en el centro «el grito de la Tierra y el de los pobres» y pidiendo «poner en discusión el modelo de desarrollo» de una «economía que mata», al reunirse en Asís con jóvenes de todo el mundo a los que convocó a construir un proceso de cambio «con los pobres como protagonistas».

¿Cómo coexistirán la futura primera ministra italiana con un Papa extranjero, defensor de los inmigrantes, que aboga por cambios radicales en la liturgia y que dialoga con musulmanes, ateos y homosexuales? Es una de las grandes incógnitas del presente, con una mirada inexcusable a nuestra realidad.

Pues los ‘Fratelli’ de España son los seguidores de VOX, cuyo líder, Santiago Abascal, se pasea en loor de multitudes por el CEU, llamando a los católicos a ser intolerantes y no tener tantas “tragaderas” con sus principios, y augurando una ‘revolución cultural’ que, sin duda, se asemejará a las diatribas que, en un mitin de sus hermanos de la ultraderecha española, perpetró Giorgia Meloni. Un siglo después, justo cien años después, de la llegada al poder de Mussolin

La pena de muerte

Pena de muerte
Pena de muerte

Francisco llama a la movilización «para lograr la abolición de la pena de muerte en todo el mundo»

«La sociedad puede reprimir eficazmente el crimen sin quitar definitivamente a quien lo cometió la posibilidad de redimirse»

«La pena capital no ofrece justicia a las víctimas, sino que fomenta la venganza. Y evita toda posibilidad de deshacer un posible error judicial»

«Recemos para que la pena de muerte, que atenta contra la inviolabilidad y dignidad de la persona, sea abolida en las leyes de todos los países del mundo»

Por Jesús Bastante

«El mandamiento «no matarás» se refiere tanto al inocente como al culpable. Por eso, pido a todas las personas de buena voluntad que se movilicen para lograr la abolición de la pena de muerte en todo el mundo». El Papa Francisco vuelve a reivindicar, en su ‘Vídeo del Papa’ para este mes de septiembre, la necesidad de acabar con la pena de muerte, que «no es necesaria» desde un punto de vista jurídico, y resulta «moralmente inadmisible».

En el vídeo, Bergoglio subraya cómo «cada día crece más en todo el mundo el NO a la pena de muerte. Para la Iglesia esto es un signo de esperanza». ¿Por qué? Porque, «desde un punto de vista jurídico, no es necesaria», dado que «la sociedad puede reprimir eficazmente el crimen sin quitar definitivamente a quien lo cometió la posibilidad de redimirse».

«Siempre, en toda condena, debe haber una ventana de esperanza», subraya el Papa, que añade que «la pena capital no ofrece justicia a las víctimas, sino que fomenta la venganza. Y evita toda posibilidad de deshacer un posible error judicial».

Derecho a vivir para el inocente, y para el culpable

Por otro lado, añade, «moralmente la pena de muerte es inadecuada, destruye el don más importante que hemos recibido: la vida. No olvidemos que, hasta el último momento, una persona puede convertirse y puede cambiar».

«Y a la luz del Evangelio, la pena de muerte es inadmisible. El mandamiento «no matarás» se refiere tanto al inocente como al culpable», concluye el Pontífice, quien invita a todas las personas de buena voluntad a una movilización global para su abolición. «Recemos para que la pena de muerte, que atenta contra la inviolabilidad y dignidad de la persona, sea abolida en las leyes de todos los países del mundo».

Día de los migrantes y refugiados

El Papa: Construir con migrantes y refugiados porque el futuro es hoy

Nuevo video con la participación del Papa en el marco de la campaña de comunicación promovida por la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, con motivo de la 108ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. «Los jóvenes -subraya Francisco- deben ser los protagonistas del futuro».

Vatican News

«El futuro empieza hoy, empieza con nosotros. No podemos dejar la responsabilidad de las decisiones a las siguientes generaciones». Este es el mensaje del Papa Francisco en el vídeo de la campaña de comunicación promovida por la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral de cara a la 108ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará el domingo 25 de septiembre, y que se centra en el tema: «Construir el futuro con los migrantes y refugiados».

El Papa se pregunta qué decisiones hay que tomar ahora, y como respuesta hay algunos testimonios que subrayan la necesidad de acompañar a los jóvenes en el camino de las soluciones sostenibles. Acompañan a las palabras de Francisco los testimonios de dos jóvenes embajadores de Talitha Kum comprometidos en la lucha contra la trata de personas. Los dos jóvenes relatan el azote del fenómeno en Asia y cómo trabajan para ayudar a los necesitados, comprometiéndose así a construir un futuro mejor.

Para contribuir a la reflexión, puede enviar un breve vídeo o una foto con su respuesta a media@migrants-refugees.va o ir directamente a los medios sociales de la Sección M&R (https://migrants-refugees.va/es/). Para celebrar la GMMR, en la página dedicada a ello del sitio web se puede encontrar un kit en diferentes idiomas que contiene: consejos para la celebración Eucarística, oraciones, actividades para jóvenes y adultos y mucho más. La Sección de Migrantes y Refugiados estará encantada de recibir y publicar vídeos o fotografías del GMMR de las diferentes comunidades.

Entrevista a Julia Moreno

Julia Moreno: “Hay que desempolvar una Iglesia abierta”

Esta laica de origen andaluz es la nueva portavoz de la Conferencia Episcopal de Suiza

Desde el 1 de agosto, el rostro de la Iglesia en Suiza es el de Julia Moreno, laica con origen andaluz designada como portavoz de la Conferencia Episcopal (CES) tras haberse ocupado de la comunicación en el cantón de Neuchâtel. A sus espaldas, un máster en sociología, formación en relaciones públicas y quince años trabajando en programas sanitarios en televisión.


PREGUNTA.- ¿Cuáles son las funciones de su nueva encomienda?

RESPUESTA.- Mis tareas en la CES son muy variadas, ya que incluyen, entre otras cosas, crear una nueva estrategia de comunicación, acompañar los pasos de los obispos, defender a nuestra Iglesia en los temas polémicos, fortalecer la confianza internamente y ante la población y las instituciones. Finalmente, mostrar, a través de una comunicación moderna, la belleza, la complejidad y los valores del mensaje de Cristo en el mundo.

P.- Seguramente, muchos se hayan extrañado de que una mujer ocupe este puesto en la Iglesia…

R.- Cuando llegué a Suiza con mis padres tenía dos años. Como emigrantes, pensamos que nos quedaríamos unos años y nos iríamos. Pero ellos, ambos de Bormujos, cerca de Sevilla, decidieron quedarse. Así que estudié aquí y hemos construido una buena vida.

Volver a lo esencial

P.- ¿Hay quien se haya podido extrañar de que una mujer ocupe este puesto?

R.- Mi nombramiento ha sido muy bien recibido en Suiza. Los puestos no sacerdotales son ocupados a menudo por laicos y las mujeres somos aceptadas. Damos a nuestros hijos toda la educación religiosa, trabajamos voluntariamente en nuestras parroquias, ponemos a disposición nuestro tiempo y nuestras capacidades al servicio de nuestra Iglesia desde siempre. En realidad, tenemos un magnífico conocimiento de la Palabra de Cristo. Comunicarla, más que un oficio para mí, es una misión y un honor.

P.- ¿Cuáles son las preocupaciones actuales de la Iglesia en Suiza?

R.- Como en toda Europa, supongo, nos preocupan los escándalos de abusos, el acceso de las mujeres al sacerdocio, que los movimientos homosexuales se sienten apartados, la búsqueda del ecumenismo manteniendo una fuerte identidad, las relaciones entre la Iglesia y el Estado, la pérdida de confianza en la institución y los crecientes ataques en una sociedad muy secular e individualista. Afortunadamente, también hay muchas cosas hermosas para organizar y compartir. Debemos volver siempre al mensaje esencial: la Palabra de Cristo.

La libertad religiosa

Rodrigo Guerra: «La libertad religiosa reside en el corazón de los derechos humanos»

Libertad de conciencia y pensamiento
Libertad de conciencia y pensamiento

El «corazón de los derechos humanos» anima la vivencia plena del resto de las libertades. En contextos como los que ofrece la actual Nicaragua, el derecho humano a la libertad religiosa fácilmente tiende a ser mancillado

La voluntad de poder se impone sobre los derechos de la conciencia y la sofoca. Las convicciones religiosas, les parecen a algunos, un aspecto menor, secundario

Lamentablemente, la conculcación de este derecho no es exclusiva de algunos gobiernos de izquierda. Las derechas liberales, en ocasiones han buscado también reducir la libertad religiosa a «libertad de culto»

No existen libertades sin conciencia autónoma y sin un sentido que confiera densidad a la existencia. No hay verdadera liberación sin promoción plena de la libertad de conciencia y de religión

Por Rodrigo Guerra, secretario de la Pontificia Comisión Para América Latina

En contextos como los que ofrece la actual Nicaraguael derecho humano a la libertad religiosa fácilmente tiende a ser mancillado. La voluntad de poder se impone sobre los derechos de la conciencia y la sofoca. Las convicciones religiosas, les parecen a algunos, un aspecto menor, secundario, un tanto trivial, dentro de la vida de las personas y de las naciones. La religiosidad, muchas veces reducida a folclore, a espectáculo para turistas, o a reminiscencia infra-racional, se dificulta verla abrazada dentro de una concepción fuerte de los derechos humanos.

Organizaciones de derechos humanos «repudian» la «represión sistemática» de la Iglesia en Nicaragua: Agrupadas en el Equipo Regional de Monitoreo y Análisis de Derechos Humanos en Centroamérica manifestaron la noche del domingo su «repudio» a la… https://t.co/YIANU8NsPapic.twitter.com/iA4Dt3q4C0— Religión Digital (@ReligionDigit) August 22, 2022

Sin embargo, tanto en la filosofía y en la historia del derecho, como en la comprensión cristiana del ser humano y su libertad, el encuadramiento de este derecho es muy otro. La Declaración Universal de los Derechos Humanos afirma: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”. Esta convicción, no es fortuita. Desde los orígenes del movimiento a favor de los derechos humanos, la libertad religiosa ha ocupado uno de los lugares más fundantes de la arquitectura total del resto de los derechos.

La primera generación de los derechos humanos nace en la época en que cae el absolutismo político junto con las monarquías que le daban sustento. Éste es el clima que origina el constitucionalismo del siglo XVIII y la búsqueda de positivización de los derechos “civiles” y “políticos”.

Sin embargo, justamente los dos derechos precursores de este ambiente fueron los derechos a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa consignados en 1598 a través del Edicto de Nantes, por parte de Enrique IV de Francia; luego vinieron el derecho a la vida, a la libertad física, a la libertad de conciencia y de expresión y el derecho a la propiedad en el “Bill of Rights” de Virginia y en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, francesa.

Desde un punto de vista, menos histórico, pero más antropológico, Juan Pablo II sostiene que: “La religión expresa las aspiraciones más profundas de la persona humana, determina su visión del mundo y orienta su relación con los demás. En el fondo, ofrece la respuesta a la cuestión sobre el verdadero sentido de la existencia, tanto en el ámbito personal como social. La libertad religiosa, por tanto, es como el corazón mismo de los derechos humanos.” (1 enero 1999).

Lamentablemente, la conculcación de este derecho no es exclusiva de algunos gobiernos de izquierda. Las derechas liberales, en ocasiones han buscado también reducir la libertad religiosa a “libertad de culto”, sin atender a su verdadero contenido, que incluye la dimensión social de la fe.

Más aún, en ocasiones no se percibe que un derecho que protege las convicciones más íntimas sobre el significado último de la vida sostiene toda la articulación posterior que pueda existir en materia de libertades fundamentales. No existen libertades sin conciencia autónoma y sin un sentido que confiera densidad a la existencia. No hay verdadera liberación sin promoción plena de la libertad de conciencia y de religión.

Congreso Líderes Mundiales de las Religiones

Francisco en Kazajistán y los cuatro mandamientos de las religiones hoy: la paz, los pobres, los migrantes y la ecología

El Papa abre el Congreso de Líderes de Religiones Mundiales y Tradicionales en Kazajistán“La libertad religiosa es un derecho fundamental, primario e inalienable”, clama el pontífice

El papa Francisco en el Congreso de las Religiones en Kazajistán

Viaje de Francisco a Kazajistán (13-15 septiembre 2022) – Programa de la visita

Francisco ha presentado hoy ante los principales líderes confesionales del planeta lo que vendría a ser una guía práctica para que las religiones respondan a su misión en el contexto del mundo postpandémico del siglo XXI, o lo que es lo mismo “nuestro rol en el desarrollo espiritual y social de la humanidad durante el período pospandémico.


Así lo compartió durante su intervención en la la ceremonia de apertura del “VII Congreso de Líderes de Religiones Mundiales y Tradicionales” que se celebra hasta mañana en el Palacio de la Independencia en Nursultán.

Artesanos de comunión

Francisco defendió que las religiones están llamadas a “hacerse cargo de la humanidad en todas sus dimensiones, volviéndose artesanos de comunión, testigos de una colaboración que supere los cercos de las propias pertenencias comunes, étnicas, nacionales y religiosas”.

Desde Kazajistán, el Papa dibujó cuatro grandes desafíos para que la fe transite una “nueva ruta del encuentro basada en las relaciones humanas”: la lucha contra la pobreza, la defensa de la paz, la apuesta por la fraternidad humana y el cuidado de la Casa Común. De alguna manera, Francisco vino a compartir los ejes fundamentales de su pontificado con un guiño constante al país anfitrión de la cumbre, puesto que usó como hilo conductor algunas de las reflexiones de Abay Kunanbayev, el gran poeta fundador de la literatura kazaja.

Itinerario de sanación

Al reivindicar el papel de los credos como protectores de los pobres, no hizo un canto al asistencialismo, sino que instó a los líderes religiosos a forjar “un itinerario de sanación para nuestra sociedad”.  “Seamos conciencias proféticas y valientes, hagámonos prójimos a todos, pero especialmente a los tantos olvidados de hoy, a los marginados, a los sectores más débiles y pobres de la sociedad, a aquellos que sufren a escondidas y en silencio”, clamó el Papa ante cristianos, musulmanes, judíos, budistas…

“El mayor factor de riesgo de nuestro tiempo sigue siendo la pobreza”, expuso sin titubear, alertando de sus consecuencias directas: “Mientras sigan haciendo estragos la desigualdad y las injusticias, no cesarán virus peores que el Covid: los del odio, la violencia y el terrorismo”.

Sin vacunas

Al paso denunció cómo todavía hoy las vacunas no han llegado a los países en vías de desarrollo: “¡Cuántos, todavía hoy, no tienen fácil acceder las vacunas!”, comentó.

En relación al reto para las religiones como constructoras de paz, y con la invasión de Ucrania de fondo, el pontífice argentino expresó que es necesario “una sacudida” por parte de los líderes religiosos para reafirmar que “Dios es paz y lleva siempre a la paz, nunca a la guerra” con el fin de que “nunca más el Omnipotente se vuelva a rehén de la voluntad de poder humano”.

Concepciones reductivas

En palabras que parecían dirigidas al posicionamiento de Kirill en defensa de los planes de guerra de Putin, lanzó la siguiente reflexión: “Purifiquémonos de la presunción de sentirnos justos y de no tener nada que aprender de los demás; liberémonos de esas concepciones reductivas y ruinosas que ofenden el nombre de Dios”.

Además, alertó de cómo las confesiones pueden dejarse llevar “por medio de la rigidez, los extremismos y los fundamentalismos” hasta profanar el nombre de Dios “a través del odio, el fanatismo y el terrorismo, desfigurando también la imagen del hombre”.

Cultura del descarte

A partir de ahí, el Obispo de Roma desarrollo su tercera vía en esta hoja de ruta confesional deteniéndose en la urgencia de la defensa de la vida a través de lo que presentó como la “acogida fraterna”. “Cada día bebés que están por nacer, migrantes y ancianos son descartados”, entonó el Papa, convencido de que “todo ser humano es sagrado”.

Aquí compartió la que es otra de las líneas general de su pontificado: la dignidad del migrante y los cuatro verbos que la hacen posible: acoger, proteger, promover e integrar. Partiendo de la base de que vivimos en “un mundo globalizado” que vive un “gran éxodo”.

Soluciones compartidas

Así, reclamó “soluciones compartidas y amplitud de miras”. “Es más fácil sospechar del extranjero, acusarlo y condenarlo antes que conocerlo y entenderlo”, añadió. Para ello, instó a los presentes a redescubrir “el arte de la hospitalidad, de la acogida, de la compasión”. “Y aprendamos también a avergonzarnos; sí, para experimentar esa sana vergüenza que nace de la piedad por el hombre que sufre, de la conmoción y del asombro por su condición, por su destino, de cual nos sentimos partícipes”, añadió justo después.

Francisco cerró su intervención con ese cuarto pilar a modo de objetivo para las confesiones que es la ecología integral, el cuidado de la Casa Común. “Frente a los cambios climáticos es necesario protegerla, para que no sea soportado a las lógicas de las ganancias, hasta preservada para las generaciones futuras, para alabanza del Creador”, compartió en voz alta.

Mentalidad de la explotación

En este sentido, denunció “la deforestación, el comercio ilegal de animales vivos, los criaderos intensivos” como parte de la que bautizó como “la mentalidad de la explotación que arrasa la casa que habitamos”.

Como premisa fundamental para hacer esto posible, el pontífice argentino defendió la libertad religiosa como “una condición esencial para un desarrollo verdaderamente humano e integral”.

Derecho primario

Aterrizando todavía más, “la libertad religiosa es un derecho fundamental, primario e inalienable, que es necesario promover en todas partes y que no puede limitarse únicamente a la libertad de culto”. A partir de ahí, completó que “es un derecho de toda persona dando testimonio público de la propia fe; proponerlo sin imponerlo nunca”.

Jorge Mario Bergoglio condenó el hecho de “relegar a la esfera de lo privado el credo” porque priva “a la sociedad de una riqueza inmensa” , frente al favorecimiento público de “los ambientes donde se respira una respetuosa convivencia de las diversidades religiosas, étnicas y culturales”.

Fuera el adoctrinamiento

El Papa defendió este derecho en doble dirección: reivindicándolo ante los poderes políticos frente a cualquier decisión dictatorial, pero también ante los líderes religiosos para huir de toda imposición. “Es la buena práctica del anuncio, diferente de proselitismo y adoctrinamiento, de los que todos están llamados para mantener distancia”, apostilló.

Echando la vista atrás a Kazajistán como antigua república soviética, recordó cómo “en este lugar es bien conocida la herencia del ateísmo de Estado, impuesto por decenios, es mentalidad opresora y sofocante por lo que el simple uso de la palabra ‘religión” resultaba incómodo’”. “En realidad, las religiones no son un problema, sino parte de la solución para una convivencia más armoniosa”, añadió.

De musulmanes a ortodoxos

Después del Papa Francisco, tomó la palabra el  Gran Imán de Al-Azhar, la otra gran estrella de la cumbre religiosa, como líder del islam moderado. Por su parte, en nombre de los ortodoxos rusos, en ausencia de Kirill, tomó la palabra el patriarca Anthony. El líder ortodoxo, pasando de puntillas por la guerra de Ucrania, simplemente condenó todo “extremismo” y “fundamentalismo” en nombre de la religión.