Haití necesita la solidaridad internacional

 

Cáritas moviliza sus recursos para paliar los efectos del terremoto, que provocó más de 2.000 muertos y miles de damnificados 

Eran las 8:30 de la mañana de un sábado cualquiera, cuando María Inés Alce, misionera del Inmaculado Corazón de Jesús, sintió en carne propia el terror. Un estruendo apocalíptico emergió desde las entrañas de la tierra, la pesadilla de 2010 se repetía. “Fue un momento de mucho miedo, lloré al ver, escuchar y sentir el sufrimiento de la gente, la desesperación”. Solo alcanzó a gritar en su lengua natal: “¡Virgem Santíssima!”. Así relata a Vida Nueva esta religiosa brasileña cómo vivió el seísmo de 7,2 grados que sacudió Haití el pasado 14 de agosto

Ella trabaja en el sur del país, la región más devastada. “Todo giraba: los árboles, las casas, los animales… incluso un par de ovejas rompieron sus cordeles y se nos acercaron buscando protección”. Su comunidad lleva 34 años en la isla. Desde 1987 trabajan con campesinos de la zona y con Comunidades Eclesiales de Base (CEBs). Por eso, “durante los días siguientes, atemorizadas por las réplicas, acogimos a dos familias que quedaron sin casa, salimos al barrio a brindar ayuda, compramos lonas, fuimos distribuyéndolas entre los más necesitados”. 

Ese mismo sábado, la vida religiosa de América Latina y el Caribe –que celebraba su congreso continental virtual, daba la triste primicia: “Acaba de temblar en Haití, hay muchos heridos, no sabemos cuántos a esta hora, nuestras oraciones”. Como un jarro de agua fría, la noticia sobrecogió a los 9.000 consagrados conectados. Daniela Cannavina, secretaria general de la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR), expresaba su solidaridad con el pueblo haitiano: “Nuestras hermanas de las Dominicas de la Presentación estaban ayer conectadas a nuestro congreso, hoy deben estar acompañando a muchos hermanos sufrientes en este país”. 

Respuesta de la Iglesia 

La repuesta al unísono de la Iglesia en el continente no se hizo esperar: el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), Cáritas Latinoamérica, la Red Clamor, la Confederación Interamericana de Educación Católica y la CLAR, además de una declaración solidaria, elaboraron un plan de articulación que llamaron ‘Juntos por Haití’, iniciativa solidaria con la que buscan captar donaciones “de manera organizada” a través de sus conferencias nacionales y/o federaciones, mientras que Cáritas Latinoamérica “ofrecerá los apoyos técnicos y operativos” a través de su oficina nacional en Haití, cuyo papel ha resultado clave en la respuesta a la emergencia. Por tanto, han asegurado que “deseamos desarrollar acciones pastorales conjuntas para responder a la coyuntura actual y encaminadas a la reconstrucción del tejido social, a la puesta en marcha de acciones humanitarias para el cuidado de la vida y a apoyar la misión evangelizadora de la Iglesia haitiana”. 

Jean Hervé François, director general de Cáritas Haití, en conversación con esta revista, hace balance de la situación, agravada por el paso de la tormenta Grace. El sacerdote lamenta: “El panorama es grave, los muertos siguen aumentando. De momento, se han oficializado 2.237 fallecidos y 12.838 heridos”. En cuanto a los daños materiales, señala: “98.265 casas dañadas, 142 iglesias destruidas, 115 iglesias dañadas, 56 escuelas católicas destruidas, 38 escuelas católicas dañadas. Con un total de 650.000 personas afectadas y 66.146 familias en refugios improvisados”. 

Para el sacerdote, la situación político-social del país desde hace varios meses –incluido el asesinato del presidente Jovenel Moïse y la hostilidad de grupos criminales– tiene en jaque a toda la población, a merced de los infortunios de la naturaleza: “Las familias habitan prácticamente en las calles de las ciudades y en los espacios vacíos de las zonas rurales, sin tener, en su mayoría, lo suficiente para protegerse del sol o de la lluvia”, lamenta. (…) 

Por un laicado sinodal

“Un modelo de Iglesia sinodal es lo que se espera para este tercer milenio, según las palabras del papa Francisco” 

“Ya Vaticano II inició este proceso de transformación al definir la Iglesia como Pueblo de Dios en el que Jerarquía, laicado y vida religiosa son miembros plenos de la Iglesia por la dignidad que da el bautismo “ 

“La sinodalidad no es un mero sentimiento de estar todos reunidos, afecta a los sujetos, las estructuras, los procesos y los acontecimientos sinodales, supone demasiado desprendimiento y apertura, salir de esa zona de confort que ofrece una estructura ya consolidada” 

“Lo que más llama la atención o parece casi inconcebible es que en grupos de iglesia formados solo por laicado también se presente tanta resistencia a dar participación plena a todos los miembros que conforman aquellos grupos” 

“Un carisma que no asume los modelos eclesiales que el espíritu va suscitando, no puede mantener su vitalidad y significado y es sensato preguntarse si tiene sentido seguir manteniéndolo” 

“Si los fundadores o fundadoras hoy vivieran, seguramente no dudarían en acoger esta voz del Espíritu que clama al cielo por un cambio para que la Iglesia salga de su anquilosamiento y se disponga a ser signo creíble de un ‘caminar juntos’ de hecho y de derecho” 

06.09.2021 Consuelo Vélez 

Un modelo de Iglesia sinodal es lo que se espera para este tercer milenio, según las palabras del papa Francisco. Ya Vaticano II inició este proceso de transformación al definir la Iglesia como Pueblo de Dios en el que Jerarquía, laicado y vida religiosa son miembros plenos de la Iglesia por la dignidad que da el bautismo haciendo a todos, participes del sacerdocio, profetismo y realeza del mismo Jesucristo. A lo largo de estos más de cincuenta años -después de realizado el Concilio- no se ha podido consolidar tal modelo e, incluso se ha desvirtuado, con el clericalismoque tanto ha denunciado Francisco y que no parece fácil desmontarlo. Pero el papa sigue insistiendo, utilizando ahora este término -sinodalidad- que significa “caminar juntos”

La sinodalidad no es un mero sentimiento de estar todos reunidos. Como lo explicó la Comisión Teológica Internacional en su documento sobre “La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia” (2018) esta afecta a los sujetos, las estructuras, los procesos y los acontecimientos sinodales. Y aquí viene la dificultad de hacerlo realidad porque cambiarnos a nosotros mismos -los sujetos- supone demasiado desprendimiento y apertura; modificar -las estructuras- implica transformaciones reales que dan mucho miedo porque supone salir de esa zona de confort que ofrece una estructura ya consolidada y no digamos la dificultad que trae proponer -procesos y acontecimientos sinodales- que se realicen de manera diferente a lo que estábamos acostumbrados. 

Sinodalidad 

Superar la barrera de desigualdad que históricamente ha vivido la jerarquía y el laicado y que ha llevado a que no todos participen en los niveles de decisión eclesial, será una tarea muy ardua y difícil. Pero lo que más llama la atención o parece casi inconcebible es que en grupos de iglesia formados solo por laicado también se presente tanta resistencia a dar participación plena a todos los miembros que conforman aquellos grupos

Conozco algunas asociaciones de fieles laicos que, en sus orígenes, se constituyeron con diversos tipos de grupos: uno de ellos que centraliza las instancias de decisión y los otros que, compartiendo la misión, no participan en los niveles de gobierno. A lo largo de las últimas décadas se ha visto que un laicado activo -como se ha buscado vivir en el postconcilio- implicaba niveles de mayor participación de todos los miembros de cualquier grupo eclesial. Por eso, algunas de estas asociaciones han hecho procesos para dar mayor participación en los niveles de misión y de gobierno. 

Pero ante esa propuesta, se han levantado algunas voces invocando el carisma fundacional donde pareciera que el fundador o fundadora habría dispuesto esa jerarquía entre grupos como algo constitutivo y, por tanto, hacer cualquier cambio, sería atentar contra dicho carisma. Algunos procesos que llevaban un buen tiempo de reflexión y de puesta en práctica de un modelo mucho más sinodal se han parado por esas voces que no están dispuestas a cambiar. Valga este ejemplo para recordar que un carisma nace en el seno de la iglesia y tiene su vigencia en la medida que siga siendo significativo para los modelos eclesiales que los signos de los tiempos van configurando

Además, es importante saber que la tradición eclesial tiene tres funciones: (1) Función constructiva: es la forma fundacional en la que se sustenta y desarrolla un carisma. (2) Función de conservación: corresponde a la fidelidad de los seguidores para mantener la sustancia vital del carisma recibido (3) Función innovadora: que se refiere a la capacidad de apropiarse del carisma fundacional y, manteniendo la fidelidad, recrearlo en los nuevos contextos, de manera que responda verdaderamente a los desafíos de cada tiempo presente. 

Un carisma que no asume los modelos eclesiales que el espíritu va suscitando, no puede mantener su vitalidad y significado y es sensato preguntarse si tiene sentido seguir manteniéndolo

Muchas personas que apelan a la fidelidad carismática para no dejar que haya cambios, parecen olvidar, negar o no conocer la tercera función de toda tradición eclesial y, sobre todo, da la impresión de que divorcian el carisma del modelo de Iglesia que la actualidad reclama

Si es urgente que clero y laicado, caminen juntos, con más razón, es indispensable que todos los miembros de una asociación laical, por ejemplo, tengan voz y voto para dar testimonio de una iglesia capaz de bajar para que todos crezcan, de desprenderse para vivir el poder como servicio y no como honor, de mirar a la iglesia de los orígenes donde el ideal de “la mesa común” hizo posible vivir una fraternidad/sororidad, signo del Reino

En definitiva, toda la Iglesia ha de ponerse en camino para hacer posible un modelo de Iglesia sinodal. Como ya dije, está siendo muy difícil que la jerarquía dé un paso decisivo en ese sentido -ni siquiera el mismo papa Francisco ha logrado llevar a cabo la tan esperada reforma de la Curia-. Pero, ¿no podría el laicado empujar ese cambio? 

El Dicasterio para los laicos, la vida y la familia que coordina las asociaciones de fieles laicos decretó hace poco que “Todos los miembros “pleno iure” (pleno derecho) tendrán voz activa, directa o indirectamente en la constitución de las instancias que eligen al órgano central de gobierno a nivel internacional”. Ojalá que algunas asociaciones de fieles donde ese pleno derecho de todos sus miembros de participar en instancias de decisión y de gobierno no es una realidad, no se queden pensando y en el peor de los casos –argumentando desde el carisma fundacional– para resistirse a hacer visible una Iglesia sinodal que, en definitiva, si los fundadores o fundadoras hoy vivieran, seguramente no dudarían en acoger esta voz del Espíritu que clama al cielo por un cambio para que la Iglesia salga de su anquilosamiento y se disponga a ser signo creíble de un “caminar juntos” de hecho y de derecho 

José Arregui en el Congeso de Teología

José Arregi: “O Dios o el dinero. Contra el liberalismo en la óptica de Jesús” 

El sembrador

“Allá por el año 27 de nuestra era, en plena crisis de la sociedad judeo-palestinense, Jesús, dejando su familia y su casa, se hizo discípulo de Juan Bautista” 

“Se fue por los caminos y las aldeas de Galilea, anunciando: ‘Levantad la cabeza, se acerca vuestra liberación’ (Lc 21,28). Provocó, arriesgó y perdió… Su fracaso se convirtió en semilla y antorcha pascual” 

“Y aquí seguimos. Muchas cosas han cambiado desde entonces, pero no para bien de todos, es decir,  no para bien. He ahí nuestro fracaso. Por ello precisamente, volvemos la mirada y acercamos el oído a Jesús” 

“La mirada de Jesús, su compasión sanadora y subversiva, su comensalía abierta, su denuncia de la iniquidad personal y sistémica, su fe en Dios o la bondad creadora, su esperanza activa nos siguen inspirando” 

05.09.2021 José Arregi 

Allá por el año 27 de nuestra era, en plena crisis de la sociedad judeo-palestinense, en un clima revolucionario, un joven artesano de Nazaret llamado Jesús, dejando su familia y su casa, se hizo discípulo de Juan Bautista, pero pronto se apartó también de éste, para seguir el fuego y la esperanza que le empujaban. Y se fue por los caminos y las aldeas de Galilea, anunciando: “Levantad la cabeza, se acerca vuestra liberación” (Lc 21,28). Provocó, arriesgó y perdió. Pero su fracaso, como el fracaso de todos los que pierden por dar, se convirtió en semilla y antorcha pascual, pues la vida que se da no muere

Y aquí seguimos. Muchas cosas han cambiado desde entonces, pero no para bien de todos, es decir, no para bien. He ahí nuestro fracaso. Por ello precisamente, volvemos la mirada y acercamos el oído a Jesús. ¿Qué vio, anunció y denunció en los campos de Galilea, a la orilla de su lago o junto a los palacios imperiales de Jerusalén y en los atrios de su templo? ¿Qué enseñó sobre el “dinero injusto”, sobre el ídolo Mamón, sobre la codicia insaciable y asesina, sobre los intereses ilícitos, sobre lo “debido al César y a Dios”, sobre el perdón de las “deudas” de la tradición bíblica del Jubileo que, en la única oración que él nos enseñó, hemos convertido en perdón de supuestas “ofensas” a Dios? 

La mirada de Jesús, su compasión sanadora y subversiva, su comensalía abierta, su denuncia de la iniquidad personal y sistémica, su fe en Dios o la bondad creadora, su esperanza activa nos siguen inspirando. Su Aliento vital, Aliento universal, nos sigue animando, más allá de toda frontera y religión. 

La Buena Noticia del Dgo 23º-B

Curar nuestra sordera

Lectura del  evangelio según san Marcos (7,31-37): 
 
En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. 
Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.» 
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.» 

Actualización de la Palabra 

Jesús cura a un sordomudo. Le abre los oídos y le suelta la lengua diciendo: “abrete”. 
Ya los profetas usaban la sordera como una metáfora para hablar de a cerrazón y la resistencia del pueblo a su Dios. 
Estas curaciones de sordos en el Evangelio pueden ser leídas como relatos de conversión, que nos invitan a dejarnos curar por Jesús de sorderas y resistencias que nos impiden escuchar su llamada al seguimiento. En los acontecimientos cuotidianos hemos de saber escuchar la voz de Dios y no hacernos los sordos ante la injusticia, el hambre y el dolor de los demás. ¿Cuáles son nuestras sorderas? ¿Cuáles son nuestros nuestros silencios? ¿Cómo pùede ayudarnos la Comunidad a abrir nuestros oídos y a soltar nuestra lengua?   
 

Effetá, ábrete! 

Danos oídos atentos Y lenguas desatadas. Que nadie deje de oír El clamor de los acallados Ni se quede sin palabras Ante tantos enmudecidos. Tímpanos que se conmuevan Para los que no oyen. Palabras vivas Para los que no hablan Micrófonos y altavoces Sin trabas ni filtros Para pronunciar la vida  y acogerla Que los sordos oigan Y los mudos hablen. Para el grito y la plegaria Para el canto y la alabanza Para la música y el silencio Para la lira y el viento Para escuchar y pronunciar Tus palabras aquí y ahora T´que haces oír a los sordos Y hablar a los mudos… Danos oídos atentos Y lenguas desatadas! Ulibarri Fl 

¿No necesitamos abrirnos a Jesús para dejarnos curar de nuestra sordera?

La escena es conocida. Le presentan a Jesús un sordo que, a consecuencia de su sordera, apenas puede hablar. Su vida es una desgracia. Solo se oye a sí mismo. No puede escuchar a sus familiares y vecinos. No puede conversar con sus amigos. Tampoco puede escuchar las parábolas de Jesús ni entender su mensaje. Vive encerrado en su propia soledad.

Jesús lo toma consigo y se concentra en su trabajo sanador. Introduce los dedos en sus oídos y trata de vencer esa resistencia que no le deja escuchar a nadie. Con su saliva humedece aquella lengua paralizada para dar fluidez a su palabra. No es fácil. El sordomudo no colabora, y Jesús hace un último esfuerzo. Respira profundamente, lanza un fuerte suspiro mirando al cielo en busca de la fuerza de Dios y, luego, grita al enfermo: «¡Ábrete!».

Aquel hombre sale de su aislamiento y, por vez primera, descubre lo que es vivir escuchando a los demás y conversando abiertamente con todos. La gente queda admirada: Jesús lo hace todo bien, como el Creador, «hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

No es casual que los evangelios narren tantas curaciones de ciegos y sordos. Estos relatos son una invitación a dejarse trabajar por Jesús para abrir bien los ojos y los oídos a su persona y su palabra. Unos discípulos «sordos» a su mensaje serán como «tartamudos» al anunciar el evangelio.

Vivir dentro de la Iglesia con mentalidad «abierta» o «cerrada» puede ser una cuestión de actitud mental o de posición práctica, fruto casi siempre de la propia estructura psicológica o de la formación recibida. Pero, cuando se trata de «abrirse» o «cerrarse» al evangelio, el asunto es de importancia decisiva.

Si vivimos sordos al mensaje de Jesús, si no entendemos su proyecto, si no captamos su amor a los que sufren, nos encerraremos en nuestros problemas y no escucharemos los de la gente. Pero entonces no sabremos anunciar la Buena Noticia de Jesús. Deformaremos su mensaje. A muchos se les hará difícil entender nuestro «evangelio». ¿No necesitamos abrirnos a Jesús para dejarnos curar de nuestra sordera?

J.A. Pagola

La sinodalidad es un aspecto esencial de la Iglesia

Luis Marín: “La sinodalidad es un aspecto esencial de la Iglesia”
El subsecretario del Sínodo de los Obispos participa en una mesa redonda sobre ‘Iglesia Sinodal y Vida Contemplativa’
“El proceso sinodal es un ‘kairós’, un tiempo de Dios para la vida de la Iglesia, una oportunidad de gracia que nos implica a todos”. Con estas palabras abrió su intervención el agustino Luis Marín de San Martín, subsecretario del Sínodo de los Obispos, en una mesa redonda organizada por ‘Católicos en Red’ sobre ‘Iglesia Sinodal y Vida Contemplativa’. Un encuentro virtual en el que compartió cartel con la superiora del Monasterio Cisterciense de Alloz (Navarra), M. Pilar Germán.
Implicación de todos
El obispo espera que este proceso del espíritu provoque en con cristianos “una respuesta llena de entusiasmo”. Y es que, ha destacado, la “sinodalidad” es un aspecto que pertenece a lo “esencial de la Iglesia”; algo que se concretará de forma más elocuente con este nuevo proceso de cara al próximo Sínodo de los Obispos de 2023. Un proceso que comenzará en todas la diócesis en otoño y que busca “la implicación de todo el Pueblo de Dios” frente a la clericalización.
En este proceso, Marín destacó tres decisiones urgentes: “asumir, de una vez por todas, en la práctica la eclesiología de comunión”; “ponernos a la escucha, en disponibilidad para dejarnos guiar por el espíritu”; y “potenciar la corresponsabilidad propia de los cristianos” cada uno desde personalidad y misión. En concreto, en dicho encuentro el subsecretario invitó a la participación de la vida consagrada insertándose en el discernimiento de las diócesis, en las estructuras nacionales propias y en a través de la propia orden.
Entre los retos del sínodo ha invita a huir de las tentaciones de la “uniformidad”, el “endiosamiento” y la “falsa tranquilidad”. Por eso ha reclamado la “participación de los márgenes” para que nadie quede excluido y surja la auténtica “reforma”.

Retos y esperanzas en el mundo del trabajo

Sebastián Mora: “Hay razones para soñar y comprometernos a construir una sociedad nueva”
El profesor de Ética de la Universidad Pontificia de Comillas ha presentado una mirada a la realidad del mundo obrero empobrecido en las jornadas de profundización y debate Retos y esperanzas del mundo del trabajo en la era poscovid de los cursos de verano de la HOAC.
“La pandemia está suponiendo un tiempo axial, un antes y un después de la sociedad en que vivimos”, así ha definido este cambio de época
“Necesitamos repensar si la flexibilidad de la lógica capitalista de crecimiento está siendo sinónimo de precariedad”
Frente a esa posición existencial del pesimismo de la inteligencia, Mora confronta el optimismo de la voluntad que le lleva a soñar con una fraternidad universal Sigue leyendo

María Magdalena

Santa María Magdalena (Un alma enamorada del Maestro) de Frederick Sandys

Después, el escepticismo de los Apóstoles “¡Están locas!” ¿Cómo iban ellos a asumir que fueran las mujeres quienes les anunciaran la Resurrección, si las mujeres entonces tenían una credibilidad similar a la de los niños? …
Por Francisca Abad Martín Sigue leyendo

Las limitaciones de la Ley de Eutanasia

Javier Elzo: “En situaciones extremas, la eutanasia y los cuidados paliativos no son tan excluyentes como parece”
“La sedación, con resultado de muerte, es, evidentemente, la última solución, desde una perspectiva que vaya más allá del rigorismo de la Ley y ponga el acento en la humanidad de las personas”
“Limitarse a la eutanasia, es deshumanizar la sociedad. No respetar a la persona humana, como tal persona. Ese es el error, por decirlo suave, de la ley aprobada en el Parlamento español”
“Ante una persona que está sufriendo mucho, que un médico, familiar o allegado decida suministrarle una medicina, aun a sabiendas de que pueda provocarle la muerte, ¿cómo deslindar, con seguridad, si se pretende aliviarle (lo más probable) o provocarle la muerte para que no sufra más?”
“Personalmente, me basta prácticamente el punto 2279 del Catecismo, sin necesidad de hablar de ‘homicidio’ palabra palabra que provoca, de entrada, rechazo innecesario al propio Catecismo. En este orden de cosas me parece mejor deslindar, nítidamente, la eutanasia del suicidio asistido, cuestión que requiere tratamiento propio”
Por Javier Elzo Sigue leyendo

¿Qué es más importante: cambiar la estructura económica o el corazón de las personas?

Carles Marcet
¿Qué es más importante: cambiar la estructura económica o cambiar el corazón de las personas? Una propuesta que parte de una realidad que cada vez se nos hace más evidente: es necesario un cambio. Nuestro actual sistema capitalista vive de una paradoja: si no crece, languidece y muere –como estamos intuyendo en estos tiempos pandémicos–, pero si crece, mata. Pareciera, pues, que no queda más alternativa que seguir creciendo económicamente de manera constante e ilimitada (¡eso que llamamos progreso!). Un progreso económico que se nos ha convertido, casi sin darnos cuenta, en un “dios” que reclama para sí toda nuestra confianza y nuestra fe, toda nuestra esperanza puesta en los valores que promueve (tener más, consumir más…) y todo nuestro amor puesto en el cumplimiento de sus “mandamientos”: obtén el máximo beneficio económico y gozarás del paraíso en la tierra; defiende la economía de mercado: es la única posible; recuerda que eres según lo que produces; explota sin temor los recursos de la naturaleza pues para eso están en tus manos; sé libre y consume todo lo que puedas; confía en el progreso y en el crecimiento ilimitado de la economía; consume y acumula todos los bienes que puedas porque así obtendrás la máxima felicidad; no olvides que vence el más fuerte, no el más solidario… Sigue leyendo

La voracidad del capitalismo trajo la Covid-19


Leonardo Boff
He sostenido la tesis de que la Covid-19 es un contraataque de la Madre-Tierra contra el sistema del capital y de su expresión política, el neoliberalismo. Ella ha sido agredida y devastada de tal manera que nos envió un arma suya, invisible, el coronavirus, como una alerta y una lección. Este puso de rodillas, humilladas, a las potencias militaristas que con sus armas de destrucción masiva podrían acabar con la vida sobre el planeta. Si se perpetúa la guerra contra el planeta, este podrá no querernos más. Un virus más letal, inmune a cualquier vacuna, podría llevar a gran parte de la especie humana a su fin.
Tal eventualidad no es imposible pues este sistema de muerte de seres de la naturaleza y de seres humanos, al decir del Papa Francisco, posee una tendencia suicida. Prefiere correr el riesgo de morir antes que renunciar a su voracidad. Sigue leyendo