España estrena película sobre mártires de la UCA

Imagen retomada de RTVE | Escena de “Llegaron de noche”.


La película “Llegaron de noche” relata el asesinato de seis sacerdotes jesuitas, cinco de ellos de origen español, y sus dos colaboradoras. Será estrenada en España este 25 de marzo.

La producción está basada en la historia real de la única testigo del crimen, Lucía Barrera de Cerna, quien trabajaba como empleada de limpieza en la UCA. Entre la noche del 15 de noviembre y la madrugada del 16 de noviembre de 1989, Lucía vio a agentes del Ejército que ingresaron a las habitaciones de los jesuitas y sus colaboradoras. La película muestra que su testimonio será clave para esclarecer la verdad y hacer justicia, pero además cambiará para siempre su vida y la de su familia.

El director español, nacido en El Salvador, Imanol Uribe, manifestó que “Llegaron de noche” fue una película complicada, que le llevó cinco años de su vida. Iniciaron un minucioso proceso de documentación previo, para abordar esta historia real, pero surgieron bastantes problemas con la producción al principio del rodaje, a eso añadió las adversidades por la pandemia.

Con esta producción, España vuelve a poner en el escenario público el asesinato de los seis sacerdotes jesuitas y sus dos colaboradoras.

En 2020, la Audiencia Nacional de España condenó a más de 133 años de cárcel al coronel Inocente Orlando Montano, como uno de los implicados en el asesinato cometido por las Fuerzas Armadas salvadoreñas.

El Salvador negó la extradición de 13 militares acusados de participar en el crimen, para que fueran juzgados en España. A la fecha, el caso continúa en la impunidad.

Los mártires de la UCA al cine

‘Llegaron de noche’: el cine resucita a los mártires de la UCA

Vida Nueva charla con el director de la película, Imanol Uribe, y con el guionista, Daniel Cebrián

Llegaron de noche

Dice Jesús en el evangelio que “nada hay oculto que no haya de descubrirse, ni secreto que no haya de saberse y ponerse al descubierto” (Lc 8, 17). Aferrados a esa promesa divina, la Compañía de Jesús y el pueblo salvadoreño llevan más de tres décadas aguardando a que la justicia humana llegue hasta al final y arroje luz sobre uno de los episodios más trágicos en la historia de la orden fundada por Ignacio de Loyola y del pequeño país centroamericano, sumido por entonces en una fratricida guerra civil de doce años (1980-1992) que se cobraría 75.000 vidas y dejaría un número indeterminado de desaparecidos.


Se trata del asesinato, en la madrugada del 16 de noviembre de 1989, de seis jesuitas –los españoles Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno y el salvadoreño Joaquín López–, la cocinera de la comunidad, Julia Elba Ramos, y su hija Celina Ramos, en el campus de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) de San Salvador donde los religiosos residían e impartían clases.

El 5 de enero de 2022, la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de El Salvador –que en 2020 dictó el cierre del proceso penal y “que no se investigue a los señalados como autores intelectuales de la masacre”– ordenaba que se reabriera el caso. Y el 11 de marzo, hace apenas un par de semanas, el titular del Juzgado Tercero de Paz de San Salvador, José Campos, emitía una orden de busca y captura contra el ex presidente Alfredo Cristiani (1989-1994), decretando su detención tras no comparecer en el juicio.

Caprichos (o no) del destino, lo cierto es que ahora, coincidiendo con estas esperanzadoras noticias, un poderoso vehículo de concienciación como el cine viene a sumarse a ese empeño por saber la verdad y rescatarla de las tinieblas de la impunidad. Lleva por título ‘Llegaron de noche’ –como los asesinos en aquella fatídica fecha– y desembarca en las salas el 25 de marzo, previo paso por el Festival de Málaga.

Al frente del proyecto figura el director Imanol Uribe, un vasco nacido en San Salvador que –aunque con 20 años menos– admite haber llevado “vidas paralelas” con Ignacio Ellacuría, aquel jesuita nacido en Portugalete que acabaría viviendo y muriendo en El Salvador. En distendida charla con Vida Nueva en la sede de la ONG jesuita Entreculturas, y acompañado por el guionista de su último trabajo, Daniel Cebrián, relata cómo pasó “por los sitios que él pasó”.

Y, aun cuando asume tener “una memoria espantosa”, recorre mentalmente su periplo educativo, vinculado siempre a la Compañía de Jesús: el Externado San José en El Salvador, los jesuitas de Indautxu en Bilbao, los jesuitas de Tudela, “donde también estuvo Ignacio Ellacuría”. Incluso, llegó a conocerle personalmente “en una charla que dio en Salamanca”.

Hechos que marcan

Ahora bien, más allá de ese pasado jesuita, Uribe reconoce que “el gusanillo del interés por su figura siempre ha estado ahí”. Como a tanta gente de su generación, le impactó “muchísimo” la matanza de El Salvador, “al nivel del asesinato de Carrero Blanco, de Kennedy o del 11-S: son hechos que marcan”. Y a Ellacuría –subraya– “le admiraba”. Todo ello “se conjura” como germen de su nueva película después de leer la novela Noviembre, de Jorge Galán.

En ella se habla de los jesuitas, de monseñor Romero… pero fue Lucía Barrera de Cerna, empleada de limpieza en la UCA y único testigo de la matanza que decidió declarar, quien reclamó su atención. “Solo se cuenta un poquito su vida”, desvela. Suficiente para que el veterano cineasta encontrara en ese personaje “el desencadenante desde el que hincarle el diente a la historia”: contaría lo vivido por esta mujer y, de paso, hablaría de la muerte de los jesuitas. “Como vehículo narrativo, me fascinaba la historia increíble de Lucía y su defensa de la verdad”, confiesa.

“Lo que es interesante es la historia de Lucía, su conflicto: tiene que optar entre contar la verdad o que la dejen vivir. Y opta por contar la verdad, aunque no la vayan a dejar vivir. Imanol lo vio enseguida; yo tardé en verlo más, pero había que justificar el sueldo”, secunda entre risas Cebrián, que ya ha colaborado con Uribe en anteriores producciones.

Enriquecedoras entrevistas

A partir de ese momento, como guionista, emprendió “una fase de documentación periodística” en la que leyó todo lo que pudo acerca de aquellos acontecimientos. Al principio, hablaron mucho con Jorge Galán, incluso pensaron en comprarle los derechos de su novela, pero “yo sabía ya demasiadas cosas como para hacer la película y, al final, todo terminó donde había empezado Imanol”.

Conocerían luego al padre José María Tojeira (encarnado en la cinta por Carmelo Gómez), provincial de los jesuitas en Centroamérica de 1988 a 1995, que “fue muy generoso con nosotros: grabamos bastantes horas de conversaciones con él en la UCA y ha colaborado desde el primer momento”, recuerda agradecido Uribe. Y a Lucía (Juana Acosta), que resultó “esencial”, y a su marido (Juan Carlos Martínez).

Y es que, tras entrevistarse con este matrimonio salvadoreño, “solo queríamos contar ya la historia de Lucía, que era la idea original de Imanol desde nuestra primera conversación”. De hecho, inicialmente iba a llamarse La mirada de Lucía, pero la premonición de Ellacuría sobre la autoría de su propia muerte (aquí puesta en boca del actor que se mete en su piel, Karra Elejalde) les brindó el título definitivo: “Si me matan de día sabrán que ha sido la guerrilla, pero si llegan de noche serán los militares los que me maten”.

Entrelazar la realidad

Así que, después de encontrarse con unos y con otros, “no hubo que inventarse nada, sino entrelazar la realidad que había”, asegura Uribe. A lo sumo, “fundir” en algún personaje acciones o diálogos de otros. Como es el caso del propio padre Tojeira, que “tuvo mucho protagonismo –apostilla Cebrián–, aunque había más sacerdotes jesuitas adscritos a la universidad que estaban por allí”. “El resto –reitera Uribe– ha sido articular y guionizar la historia, porque la realidad estaba ahí”. Y ese “resto”, fundamentalmente, es la historia de Lucía.

Ella es “la puerta de entrada”, según Cebrián, porque “¡es tan absurda la muerte de los padres!… que hacer una película sobre eso tiene poco interés, más allá de la tragedia que supone”. “Sería contar una historia que todos conocen”, asiente Uribe. “Es una atrocidad sin sentido desde el punto de vista humano –prosigue Cebrián–, a nadie le puede parecer bien aquello, no hay un conflicto. Cuando lees todo en su contexto, es muy fácil seguir la línea que conduce de finales de 1989 al fin del conflicto: aquella matanza aceleró la paz, no el triunfo de la guerrilla; al menos, la capitulación del Gobierno en muchos aspectos”.

Llegaron de noche: un film cargado de verdad

Asesinato de los PP. Jesuitas

Sonia Herrera Sánchez

 «Narra la historia real de Lucía, la única testigo en la matanza de los jesuitas en El Salvador. La madrugada del 16 de noviembre de 1989, en plena guerra civil salvadoreña, seis sacerdotes jesuitas, profesores universitarios, y dos empleadas fueron asesinados en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) en San Salvador. Inmediatamente el gobierno culpabiliza a la guerrilla del FMLN, pero una testigo presencial echa por tierra la versión oficial: se llama Lucía Barrera y trabaja como empleada de la limpieza en la UCA. Lucía ha visto quiénes son los verdaderos asesinos: el ejército. Aquella mirada será clave para esclarecer la verdad y hacer justicia, pero además cambiará para siempre su vida y la de su familia» (FILMAFFINITY).

Autor: Imanol Uribe

Fecha: 2022

“Si me matan de día sabrán que ha sido la guerrilla, pero si llegan de noche, serán los militares los que me maten”. Esta fatídica intuición de Ignacio Ellacuría da título a la última película del director vasco (nacido, de hecho, en El Salvador) que narra la masacre que tuvo lugar en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, el 16 de noviembre de 1989, es decir, el asesinato de los mártires de la UCA: Julia Elba Ramos y su hija, Celina Mariceth Ramos, así como los sacerdotes jesuitas Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín Baró, Segundo Montes Mozo, Amando López Quintana, Juan Ramón Moreno Pardo y Joaquín López y López.

Ellacuría tenía razón en muchas cosas, también en quién sería el responsable de su muerte. Quienes llegaron de noche para perpetrar tamaño crimen a sangre fría fueron los hombres del batallón Atlácatl del ejército salvadoreño, creado y entrenado en la Escuela de las Américas del ejército estadounidense y bajo las órdenes en el momento de los asesinatos del coronel Guillermo Alfredo Benavides Moreno, el oficial de mayor graduación procesado en El Salvador por un delito contra los derechos humanos. Fue condenado a treinta años de prisión en 1992 y puesto en libertad el 1 de abril de 1993. Un ejemplo, el del coronel Benavides, del ocultamiento y la impunidad que han rodeado el caso de los mártires de la UCA durante más de tres décadas.

Con estos mimbres Uribe reconstruye uno de los episodios más paradigmáticos de la violenta historia reciente de El Salvador a través de los ojos de Lucía Barrera de Cerna, empleada de la limpieza de la UCA –interpretada por una sublime Juana Acosta– que, fortuitamente, se convirtió en la única testigo de la matanza que podía desmentir la “historia única”[1] del Gobierno salvadoreño que pretendía cargar con los crímenes al grupo guerrillero Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Así, Llegaron de noche viene a sumarse a ese cine social constructor de memoria colectiva y de denuncia de la violencia de Estado en el que se inscriben títulos tan icónicos como La historia oficial, de Luis Puenzo (1985), Rojo amanecer, de Jorge Fons (1989), Kamchatka, de Marcelo Piñeyro (2002) o Salvador, de Manuel Huerga (2006), y otros filmes más recientes, ampliamente galardonados, como El silencio de los otros, de Almudena Carracedo y Robert Bahar (2018), La asfixia, de Ana Bustamante (2018), Canción sin nombre, de Melina León (2019) o Nuestras madres, de César Díaz (2019), entre otros muchos.

Dice Lidia G. Acuña que la memoria es “una reconstrucción actualizada del pasado que actúa como un conjunto de estrategias que nos ayudan a definirnos ante el mundo”. Con ese objetivo que nos interpela y que nos reclama un posicionamiento ante la injusticia y la violencia, el cine que denuncia “la amnesia obligatoria”, que ya señalaba Galeano y que tantos Estados –dictatoriales y “democráticos”– han intentado imponer a lo largo de la Historia, se erige como una herramienta fundamental contra el silencio y la impunidad.

En este sentido, Uribe sabe aprovechar toda la potencialidad del lenguaje audiovisual y pone muchos de sus recursos, estéticos y narrativos, al servicio de la verdad sobre los mártires de la UCA. Esa verdad que quiere ser dicha y que pelea por salir y que el realizador y el cantante y compositor gaditano, Javier Ruibal, ponen en boca del jesuita Ignacio Martín-Baró, guitarra en mano, poco antes de su asesinato. Profética, sin duda, la letra de esa canción que acusa y que viene a reforzar la pregunta obvia y retórica que muy probablemente se hagan todos los espectadores y espectadoras que vean la película: ¿Qué interés tenía el gobierno de Estados Unidos en ocultar que el responsable del crimen era el propio Estado salvadoreño y su ejército?

Y es que dejando a un lado las críticas que algunos compañeros y compañeras han vertido sobre la falta de ritmo del film o su construcción temporal, me parece incontestable que es una película valiente y coherente que va más allá del propio acto de violencia y testimonia la agresividad y el maltrato institucional de las autoridades estadounidenses hacia Lucía y su familia, poniendo el dedo en el ojo, desde este caso concreto, en todas las violaciones de derechos humanos que Estados Unidos promovió y amparó a lo largo y ancho de América Latina en la segunda mitad del siglo XX.

Así lo describió en un artículo en El País, el 26 de febrero de 1981, el propio Ellacuría:

 “(…) el apoyo militar norteamericano, se traduce, se ha traducido ya, en la matanza inmisericorde de no menos de 8.000 víctimas inocentes, que no han tenido nada que ver con enfrentamientos militares.

Esto hace que la actual ofensiva diplomática de Estados Unidos para justificar una mayor intervención en El Salvador, so pretexto de una intervención de países comunistas, sea, ante todo, una farsa”.

Mucho está durando ya esa farsa que tan pocas veces hemos visto desenmascarada en nuestras pantallas.

Comités Mons. Romero visitan El Salvador

Fiesta en el Hospital de Campaña de Santa Anna por la beatificación de Rutilio Grande

Fiesta en el Hospital de Campaña de Santa Anna por la beatificación de Rutilio Grande
Fiesta en el Hospital de Campaña de Santa Anna por la beatificación de Rutilio Grande

Un puente con la «Comunidad Segundo Montes» y la Asociación Acobamor de El Salvador

| Eusebi Argueta, presidente COR Barcelona

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Hace cuarenta años que se crearon los Comités Óscar Romero en Cataluña, con el fin de difundir el legado del Monseñor Óscar Arnulfo Romero Galdámez asesinado el 24 de marzo de 1980 por los escuadrones de la muerte en El Salvador. Año tras año recordamos el martirio de San Romero de América, con el fin de que nunca más se produzcan muertes de personas y que el diálogo se implemente en todos los conflictos que puedan surgir.

Los Comités Óscar Romero desde su origen han trabajado con la espiritualidad de monseñor Romero y con el objetivo de estar con las personas que luchan por la dignidad, por la cultura y por la liberación. Todos los Comités colaboramos en proyectos que fomenten la organización popular y que se conviertan en sostenibles en tierras de Centroamérica.

Para nosotros es muy importante Rutilio Grande, sacerdote jesuita (s.j.), ya que su martirio acabó de abrir los ojos de Monseñor Óscar Romero quien a partir de entonces decidió denunciar numerosas violaciones de los derechos humanos, se solidarizó con las víctimas de violencia política y estuvo junto a los más pobres.

Con el fin de conocer la realidad de El Salvador una delegación de los Comités Óscar Romero del estado español asistimos el 22 de enero de 2022 a la beatificación del sacerdote Jesuita Rutilio Grande. Rutilio Grande fue asesinado el 12 de marzo de 1977 junto a dos feligreses de las comunidades de las que era rector, Manuel Solórzano y Nelson Lemus cuando se dirigían a la población de El Paisnal para oficiar la Eucaristía, así como el fraile Franciscano Cosme Spessoto asesinado en El Salvador el 14 de Junio de 1980 mientras oraba antes de celebrar la Eucaristía.

La Delegación de los comités Òscar Romero del Estado español estuvo formada por siete personas, provenientes de los Comités de Murcia, Zaragoza, Torrelavega, Tarragona, Terrassa y Barcelona.

La beatificación fue presidida por el Cardenal de San Salvador Monseñor Gregorio Rosa Chávez, nombrado expresamente por el papa Francisco para oficiar esta celebración. Se ofició la misa al aire libre en la plaza de El Salvador del mundo de la ciudad de San Salvador y asistimos gran cantidad de personas de El Salvador y de todo el mundo. Había gente de todas las edades y, sobre todo, muchos jóvenes asistieron a la celebración, gran cantidad de ellos eran voluntarios que con su amabilidad nos orientaron por la gran plaza.

Durante nuestra estancia nos han acompañado y guiado personas de la Asociación de Comunidades de Base Monseñor Romero (ACOBAMOR), que trabajan en las Comunidades eclesiales de Base los ámbitos, de los niños, jóvenes, mujeres y adultos mayores.

Estos doce días en El Salvador hicimos inmersión en la realidad de país, para visitar las Comunidades Eclesiales de Base del distrito de la Libertad en Santa Tecla, junto a San Salvador. Visitamos las comunidades de base de El Limón y la Florida, pertenecientes a la asociación Acobamor. También visitamos en Morazán a 200 km de San Salvador “La Comunidad Segundo Montes” (jesuita asesinado en 1989 junto con el jesuita Ignacio Ellacuria y otras personas en la sede de la Universidad Centro Americana, UCA). En todas estas comunidades había una profunda religiosidad y compartimos tanto la estancia como la palabra de Dios.

También visitamos diferentes monumentos martiriales en honor a las personas masacradas en los conflictos armados en El Salvador. Estuvimos reunidos con el Responsable de la comisión de Derechos Humanos de El Salvador.

Junto a adultos mayores de la Comunidad Eclesial de base de los Jardines de Colón visitamos el lugar donde fue asesinado Rutilio Grande y los dos laicos quienes nos aportaron su testimonio de todo los vivido en esos trágicos días, así como durante el conflicto armado.

Después de este viaje y desde los Comités Óscar Romero de Terrassa y de Barcelona hemos incrementado nuestra solidaridad con la asociación Acobamor y seguiremos apoyando su proyecto “Soberanía alimentaria, caminando hacía una economía solidaria del bien común” que tiene como objetivos:

  1. Lograr la autosuficiencia alimentaria a través de la producción de una alimentación nutritiva y diversificada utilizando técnicas agroecológicas.
  2. Fortalecer la capacidad organizativa para la generación de ingresos desde la producción agrícola y creación de iniciativas económicas solidarias.

Cabe destacar que estas comunidades beneficiarias vienen de un proceso histórico, de base con más de 30 años de camino potenciando su capacidad organizativa para la incidencia social.

También apoyaremos a la “Comunidad Eclesial Segundo Montes” en su proyecto «Prevención de las violencias desde una perspectiva feminista y comunitaria en Morazán”.

Este proyecto se plantea generar estrategias y sinergias para la prevención de las violencias fundamentadas en el empoderamiento comunitario y en la perspectiva feminista que pone la mirada en factores, dinámicas y colectivos habitualmente invisibilizados, reconociendo la diversidad de dimensiones que están afectadas y dando respuesta a unas necesidades que son plurales y contextualizadas. Esta mirada feminista hace posible imaginar estrategias innovadoras de prevención de las violencias que colocan en el centro la vida y dignidad de las personas del municipio de San Francisco Gotera, en específico, y del departamento salvadoreño de Morazán, en general.

Hace cuarenta años que se crearon los Comités Óscar Romero en Cataluña, con el fin de difundir el legado del Monseñor Óscar Arnulfo Romero Galdámez asesinado el 24 de marzo de 1980 por los escuadrones de la muerte en El Salvador. Año tras año recordamos el martirio de San Romero de América, con el fin de que nunca más se produzcan muertes de personas y que el diálogo se implemente en todos los conflictos que puedan surgir.

Los Comités Óscar Romero desde su origen han trabajado con la espiritualidad de monseñor Romero y con el objetivo de estar con las personas que luchan por la dignidad, por la cultura y por la liberación. Todos los Comités colaboramos en proyectos que fomenten la organización popular y que se conviertan en sostenibles en tierras de Centroamérica.

Para nosotros es muy importante Rutilio Grande, sacerdote jesuita (s.j.), ya que su martirio acabó de abrir los ojos de Monseñor Óscar Romero quien a partir de entonces decidió denunciar numerosas violaciones de los derechos humanos, se solidarizó con las víctimas de violencia política y estuvo junto a los más pobres.

Con el fin de conocer la realidad de El Salvador una delegación de los Comités Óscar Romero del estado español asistimos el 22 de enero de 2022 a la beatificación del sacerdote Jesuita Rutilio Grande. Rutilio Grande fue asesinado el 12 de marzo de 1977 junto a dos feligreses de las comunidades de las que era rector, Manuel Solórzano y Nelson Lemus cuando se dirigían a la población de El Paisnal para oficiar la Eucaristía, así como el fraile Franciscano Cosme Spessoto asesinado en El Salvador el 14 de Junio de 1980 mientras oraba antes de celebrar la Eucaristía.

La Delegación de los comités Òscar Romero del Estado español estuvo formada por siete personas, provenientes de los Comités de Murcia, Zaragoza, Torrelavega, Tarragona, Terrassa y Barcelona.

La beatificación fue presidida por el Cardenal de San Salvador Monseñor Gregorio Rosa Chávez, nombrado expresamente por el papa Francisco para oficiar esta celebración. Se ofició la misa al aire libre en la plaza de El Salvador del mundo de la ciudad de San Salvador y asistimos gran cantidad de personas de El Salvador y de todo el mundo. Había gente de todas las edades y, sobre todo, muchos jóvenes asistieron a la celebración, gran cantidad de ellos eran voluntarios que con su amabilidad nos orientaron por la gran plaza.

Durante nuestra estancia nos han acompañado y guiado personas de la Asociación de Comunidades de Base Monseñor Romero (ACOBAMOR), que trabajan en las Comunidades eclesiales de Base los ámbitos, de los niños, jóvenes, mujeres y adultos mayores.

Estos doce días en El Salvador hicimos inmersión en la realidad de país, para visitar las Comunidades Eclesiales de Base del distrito de la Libertad en Santa Tecla, junto a San Salvador. Visitamos las comunidades de base de El Limón y la Florida, pertenecientes a la asociación Acobamor. También visitamos en Morazán a 200 km de San Salvador “La Comunidad Segundo Montes” (jesuita asesinado en 1989 junto con el jesuita Ignacio Ellacuria y otras personas en la sede de la Universidad Centro Americana, UCA). En todas estas comunidades había una profunda religiosidad y compartimos tanto la estancia como la palabra de Dios.

También visitamos diferentes monumentos martiriales en honor a las personas masacradas en los conflictos armados en El Salvador. Estuvimos reunidos con el Responsable de la comisión de Derechos Humanos de El Salvador.

Junto a adultos mayores de la Comunidad Eclesial de base de los Jardines de Colón visitamos el lugar donde fue asesinado Rutilio Grande y los dos laicos quienes nos aportaron su testimonio de todo los vivido en esos trágicos días, así como durante el conflicto armado.

Después de este viaje y desde los Comités Óscar Romero de Terrassa y de Barcelona hemos incrementado nuestra solidaridad con la asociación Acobamor y seguiremos apoyando su proyecto “Soberanía alimentaria, caminando hacía una economía solidaria del bien común” que tiene como objetivos:

  1. Lograr la autosuficiencia alimentaria a través de la producción de una alimentación nutritiva y diversificada utilizando técnicas agroecológicas.
  2. Fortalecer la capacidad organizativa para la generación de ingresos desde la producción agrícola y creación de iniciativas económicas solidarias.

Cabe destacar que estas comunidades beneficiarias vienen de un proceso histórico, de base con más de 30 años de camino potenciando su capacidad organizativa para la incidencia social.

También apoyaremos a la “Comunidad Eclesial Segundo Montes” en su proyecto «Prevención de las violencias desde una perspectiva feminista y comunitaria en Morazán”.

Este proyecto se plantea generar estrategias y sinergias para la prevención de las violencias fundamentadas en el empoderamiento comunitario y en la perspectiva feminista que pone la mirada en factores, dinámicas y colectivos habitualmente invisibilizados, reconociendo la diversidad de dimensiones que están afectadas y dando respuesta a unas necesidades que son plurales y contextualizadas. Esta mirada feminista hace posible imaginar estrategias innovadoras de prevención de las violencias que colocan en el centro la vida y dignidad de las personas del municipio de San Francisco Gotera, en específico, y del departamento salvadoreño de Morazán, en general.

Hace cuarenta años que se crearon los Comités Óscar Romero en Cataluña, con el fin de difundir el legado del Monseñor Óscar Arnulfo Romero Galdámez asesinado el 24 de marzo de 1980 por los escuadrones de la muerte en El Salvador. Año tras año recordamos el martirio de San Romero de América, con el fin de que nunca más se produzcan muertes de personas y que el diálogo se implemente en todos los conflictos que puedan surgir.

Los Comités Óscar Romero desde su origen han trabajado con la espiritualidad de monseñor Romero y con el objetivo de estar con las personas que luchan por la dignidad, por la cultura y por la liberación. Todos los Comités colaboramos en proyectos que fomenten la organización popular y que se conviertan en sostenibles en tierras de Centroamérica.

Para nosotros es muy importante Rutilio Grande, sacerdote jesuita (s.j.), ya que su martirio acabó de abrir los ojos de Monseñor Óscar Romero quien a partir de entonces decidió denunciar numerosas violaciones de los derechos humanos, se solidarizó con las víctimas de violencia política y estuvo junto a los más pobres.

Con el fin de conocer la realidad de El Salvador una delegación de los Comités Óscar Romero del estado español asistimos el 22 de enero de 2022 a la beatificación del sacerdote Jesuita Rutilio Grande. Rutilio Grande fue asesinado el 12 de marzo de 1977 junto a dos feligreses de las comunidades de las que era rector, Manuel Solórzano y Nelson Lemus cuando se dirigían a la población de El Paisnal para oficiar la Eucaristía, así como el fraile Franciscano Cosme Spessoto asesinado en El Salvador el 14 de Junio de 1980 mientras oraba antes de celebrar la Eucaristía.

La Delegación de los comités Òscar Romero del Estado español estuvo formada por siete personas, provenientes de los Comités de Murcia, Zaragoza, Torrelavega, Tarragona, Terrassa y Barcelona.

La beatificación fue presidida por el Cardenal de San Salvador Monseñor Gregorio Rosa Chávez, nombrado expresamente por el papa Francisco para oficiar esta celebración. Se ofició la misa al aire libre en la plaza de El Salvador del mundo de la ciudad de San Salvador y asistimos gran cantidad de personas de El Salvador y de todo el mundo. Había gente de todas las edades y, sobre todo, muchos jóvenes asistieron a la celebración, gran cantidad de ellos eran voluntarios que con su amabilidad nos orientaron por la gran plaza.

Durante nuestra estancia nos han acompañado y guiado personas de la Asociación de Comunidades de Base Monseñor Romero (ACOBAMOR), que trabajan en las Comunidades eclesiales de Base los ámbitos, de los niños, jóvenes, mujeres y adultos mayores.

Estos doce días en El Salvador hicimos inmersión en la realidad de país, para visitar las Comunidades Eclesiales de Base del distrito de la Libertad en Santa Tecla, junto a San Salvador. Visitamos las comunidades de base de El Limón y la Florida, pertenecientes a la asociación Acobamor. También visitamos en Morazán a 200 km de San Salvador “La Comunidad Segundo Montes” (jesuita asesinado en 1989 junto con el jesuita Ignacio Ellacuria y otras personas en la sede de la Universidad Centro Americana, UCA). En todas estas comunidades había una profunda religiosidad y compartimos tanto la estancia como la palabra de Dios.

También visitamos diferentes monumentos martiriales en honor a las personas masacradas en los conflictos armados en El Salvador. Estuvimos reunidos con el Responsable de la comisión de Derechos Humanos de El Salvador.

Junto a adultos mayores de la Comunidad Eclesial de base de los Jardines de Colón visitamos el lugar donde fue asesinado Rutilio Grande y los dos laicos quienes nos aportaron su testimonio de todo los vivido en esos trágicos días, así como durante el conflicto armado.

Después de este viaje y desde los Comités Óscar Romero de Terrassa y de Barcelona hemos incrementado nuestra solidaridad con la asociación Acobamor y seguiremos apoyando su proyecto “Soberanía alimentaria, caminando hacía una economía solidaria del bien común” que tiene como objetivos:

  1. Lograr la autosuficiencia alimentaria a través de la producción de una alimentación nutritiva y diversificada utilizando técnicas agroecológicas.
  2. Fortalecer la capacidad organizativa para la generación de ingresos desde la producción agrícola y creación de iniciativas económicas solidarias.

Cabe destacar que estas comunidades beneficiarias vienen de un proceso histórico, de base con más de 30 años de camino potenciando su capacidad organizativa para la incidencia social.

También apoyaremos a la “Comunidad Eclesial Segundo Montes” en su proyecto «Prevención de las violencias desde una perspectiva feminista y comunitaria en Morazán”.

Este proyecto se plantea generar estrategias y sinergias para la prevención de las violencias fundamentadas en el empoderamiento comunitario y en la perspectiva feminista que pone la mirada en factores, dinámicas y colectivos habitualmente invisibilizados, reconociendo la diversidad de dimensiones que están afectadas y dando respuesta a unas necesidades que son plurales y contextualizadas. Esta mirada feminista hace posible imaginar estrategias innovadoras de prevención de las violencias que colocan en el centro la vida y dignidad de las personas del municipio de San Francisco Gotera, en específico, y del departamento salvadoreño de Morazán, en general.

42º Aniversario de Mons. Romero

San Óscar Romero y la inmediatez del prójimo oprimido

San Óscar Romero
San Óscar Romero

«Sentía cercano al prójimo oprimido y veía en él el rostro del Señor crucificado»

«Hoy, al recordarlo, cuando tendemos a ponerlo en un pasado violento y heroico, muy diferente de nuestra actualidad, le hacemos un flaco favor a su santidad. Porque de muchas maneras el prójimo oprimido continúa estando a nuestro lado»

«Sólo podremos celebrar a Romero desde la solidaridad humilde y combativa. Esa misma solidaridad que tuvo quien ‘siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos’ (2Cor 8, 9)»

24.03.2022 | José M. Tojeira sj

Celebramos un año más la santidad de Mons. Romero en el día de su muerte martirial. Y es bueno preguntarnos qué es lo que hace santo a este obispo, tímido y profeta al mismo tiempo, riguroso consigo mismo y libre para anunciar el Evangelio del Reino, que se dirigía espiritualmente con un sacerdote del Opus Dei y se confesaba con un jesuita. Y la respuesta que brota con mayor rapidez es clara: Sentía cercano al prójimo oprimido y veía en él el rostro del Señor crucificado. Y ahí, en la debilidad del infravalorado y marginado, encontraba la fuerza para anunciar y denunciar.

Hablaba con todos, trataba de ayudar siempre, soportaba ataques, insultos e incluso la enemistad de algunos (a veces más que algunos) de sus hermanos en el episcopado. Pero su cariño y su preocupación indeclinable eran los pequeños, los marginados y los perseguidos por defender y trabajar en favor de la igual dignidad humana de los hijos e hijas de Dios.

Vivía con una enorme sencillez en un asilo de enfermos terminales y disfrutaba sintiéndose acogido y querido por los pobres. Su bondad y su heroicidad nos facilita ponerlo en una hornacina del pasado, como una de las personas que nos recuerda al Jesús que pasó por este mundo “haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo” (Hechos 10, 38). Pero no basta la admiración de una santidad si no se siente al mismo tiempo un fuego interior como el que sentía los apóstoles al interiorizar la resurrección del Señor.

Hoy, al recordarlo, cuando tendemos a ponerlo en un pasado violento y heroico, muy diferente de nuestra actualidad, le hacemos un flaco favor a su santidad. Porque de muchas maneras el prójimo oprimido continúa estando a nuestro lado. Y un santo del que recordemos sus glorias pasadas sin que nos inquiete en nuestro presente no deja de ser una especie de adorno personal y, con frecuencia, una muestra de narcisismo institucional.

Quienes viven y sufren en la marginalidad y la pobreza, los migrantes menospreciados por su origen o por el color de su piel, las víctimas de las guerras, los saharauis abandonados porque la economía es más importante que las personas, son parte de esa legión de oprimidos que siguen cuestionando nuestras historias personales y sociales.

Romero

Si no los sentimos inmediatos, si algo no nos llama a hacerlos históricamente significativos, nos alejamos de lo más hondo de nuestra realidad humana: la capacidad de sentirnos fraternos, miembros de la misma especie. Y al olvidar y traicionar nuestra humanidad traicionamos también nuestra fe. De poco nos serviría entonces el recuerdo de aquellos que en el pasado amaron tanto a sus prójimos que pudieron vivir sin que el odio de los violentos, e incluso la muerte, nublara su mirada de profetas.

Mons. Romero nos llama siempre al presente. Así lo entendieron quienes propusieron en la ONU que el 24 de marzo fuera el “Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con las Violaciones Graves de los Derechos Humanos y para la Dignidad de las Víctimas”. La Asamblea General de la ONU aprobó en 2010 la titulación de ese día en honor a Monseñor Romero. Casi podríamos decir que lo canonizó antes que su propia y nuestra Iglesia.

Pero tanto a los cristianos como a la ciudadanía humanista nos cuesta demasiado romper la comodidad que nos cuestiona el que sufre. Y ponemos al margen de nuestras mentes a quien la sociedad ha marginado ya antes, de un modo injusto y con frecuencia violento. El Romero santo y asesinado debe ser para nosotros siempre un recuerdo peligroso. Peligroso para el statu quo del dinero, de la egolatría y del poder, y peligroso también para quienes, despertados y urgidos por su recuerdo, tratemos simultáneamente de odiar al mal y amar al enemigo. Sólo podremos celebrar a Romero desde la solidaridad humilde y combativa. Esa misma solidaridad que tuvo quien “siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos” (2Cor 8, 9).

Romero

El grito olvidado de paz de Mons. Romero

Marco Gallo

 


El 24 de marzo de 1980  Mons. Oscar Arnulfo Romero era asesinado ante el altar mientras celebraba la Eucaristía. El hombre, definido “San Romero de América”, donaba su vida por los pobres y por la paz de su atormentado país: El Salvador. Aquel obispo que había invocado la paz por el martirizado país centroamericano era sacrificado, como víctima y mártir del último mojón de la guerra fría


Hoy, a distancia de 42 años, parece que la memoria del canonizado obispo salvadoreño se haya esfumado, corriendo el riesgo de quedar como una imagen santa, pero en color sepia, de un cristianismo ritual alejado de la vida y de los hechos cotidianos de la gente. Mons. Vincenzo Paglia, postulador de la causa de canonización del obispo mártir, ha escrito en estos días: “Con amargura, con gran amargura hay que destacar un enorme silencio sobre Romero y sobre su testimonio martirial. Romero parece olvidado, también entre los cristianos. Su memoria no sacude más las conciencias visto las violencias y las guerras de estos años y de nuestros días”. Incluso en la misma América Latina es lejana la imagen de un Mons. Romero “amigos de los pobres, siempre cercanos a los últimos, a los descartados”.

Actualidad profética de Romero

Sin embargo su testimonio contra la guerra, contra todo tipo de violencia y conflicto es de una gran actualidad profética. Hay que recordar aquel 23 de Marzo de 1980 cuando en la homilía dominical pronunció aquellas palabras por las que pedía a los soldados salvadoreños que abandonaran las armas y que se dejara de matar a los hermanos. “Les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese a la Represión!”. Estas palabras de paz y de búsqueda incansable de diálogo en un país dividido y polarizado le costaron a Mons. Romero su propia vida.

Cuando en 2018 el Papa Francisco canonizó a Mons. Romero, quiso verdaderamente que fuera el ejemplo transparente de un hombre de paz, frente a la endémica violencia que afecta el continente latinoamericano. Así se expresaba en aquellos días dirigiéndose a los obispos salvadoreños: “Ejemplo de predilección por los más necesitados de la misericordia de Dios. Estímulo para testimoniar el amor de Cristo y la solicitud por la Iglesia, sabiendo coordinar la acción de cada uno de sus miembros y colaborando con las demás Iglesias particulares con afecto colegial. Que el santo Obispo Romero los ayude a ser para todos signos de esa unidad en la pluralidad que caracteriza al santo Pueblo fiel de Dios”.

Hay que encarnar en la realidad de hoy estas palabras del pontífice argentino; Romero representa la búsqueda de unidad dentro y fuera de la Iglesia, en un tiempo de fragmentación y de división que el evento bélico en Ucrania lo sintetiza dramáticamente. La profecía de Romero no está muerta sino que necesita de cristianos que sepan tomar en serio el Evangelio, que estén dispuestos a hacerse cargo de las heridas de los muchos “hombres medio muertos en el camino a Jericó” y ayuden a reconstruir relaciones y lazos humanos desgarrados por el odio y el egoísmo. “La paz verdadera – decía Mons. Romero – no es la de los cementerios, sino una paz que se construye sólida sobre bases de justicia y de amor”. Que el testimonio de Mons. Romero contribuya a construir en las nuevas generaciones, verdaderos artesanos de paz.

San Oscar Romero

Celebramos un año más la santidad de Mons. Romero en el día de su muerte martirial. Y es bueno preguntarnos qué es lo que hace santo a este obispo, tímido y profeta al mismo tiempo, riguroso consigo mismo y libre para anunciar el Evangelio del Reino, que se dirigía espiritualmente con un sacerdote el Opus Dei y se confesaba con un jesuita. Y la respuesta que brota con mayor rapidez es clara: Sentía cercano al prójimo oprimido y veía en él el rostro del Señor crucificado. Y ahí, en la debilidad del infravalorado y marginado, encontraba la fuerza para anunciar y denunciar. Hablaba con todos, trataba de ayudar siempre, soportaba ataques, insultos e incluso la enemistad de algunos (a veces más que algunos) de sus hermanos en el episcopado. Pero su cariño y su preocupación indeclinable eran los pequeños, los marginados y los perseguidos por defender y trabajar en favor de la igual dignidad humana de los hijos e hijas de Dios. Vivía con una enorme sencillez en un asilo de enfermos terminales y disfrutaba sintiéndose acogido y querido por los pobres. Su bondad y su heroicidad nos facilita ponerlo en una hornacina del pasado, como una de las personas que nos recuerda al Jesús que pasó por este mundo “haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo” (Hechos 10, 38). Pero no basta la admiración de una santidad si no se siente al mismo tiempo un fuego interior como el que sentía los apóstoles al interiorizar la resurrección del Señor.

Hoy, al recordarlo, cuando tendemos a ponerlo en un pasado violento y heroico, muy diferente de nuestra actualidad, le hacemos un flaco favor a su santidad. Porque de muchas maneras el prójimo oprimido continúa estando a nuestro lado. Y un santo del que recordemos sus glorias pasadas sin que nos inquiete en nuestro presente no deja de ser una especie de adorno personal y, con frecuencia, una muestra de narcisismo institucional. Quienes viven y sufren en la marginalidad y la pobreza, los migrantes menospreciados por su origen o por el color de su piel, las víctimas de las guerras, los saharauis abandonados porque la economía es más importante que las personas, son parte de esa legión de oprimidos que siguen cuestionando nuestras historias personales y sociales. Si no los sentimos inmediatos, si algo no nos llama a hacerlos históricamente significativos, nos alejamos de lo más hondo de nuestra realidad humana: la capacidad de sentirnos fraternos, miembros de la misma especie. Y al olvidar y traicionar nuestra humanidad traicionamos también nuestra fe. De poco nos serviría entonces el recuerdo de aquellos que en el pasado amaron tanto a sus prójimos que pudieron vivir sin que el odio de los violentos, e incluso la muerte, nublara su mirada de profetas.

Mons. Romero nos llama siempre al presente. Así lo entendieron quienes propusieron en la ONU que el 24 de marzo fuera el “Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con las Violaciones Graves de los Derechos Humanos y para la Dignidad de las Víctimas”. La Asamblea General de la ONU aprobó en 2010 la titulación de ese día en honor a Monseñor Romero. Casi podríamos decir que lo canonizó antes que su propia y nuestra Iglesia. Pero tanto a los cristianos como a la ciudadanía humanista nos cuesta demasiado romper la comodidad que nos cuestiona el que sufre. Y ponemos al margen de nuestras mentes a quien la sociedad ha marginado ya antes, de un modo injusto y con frecuencia violento. El Romero santo y asesinado debe ser para nosotros siempre un recuerdo peligroso. Peligroso para el statu quo del dinero, de la egolatría y del poder, y peligroso también para quienes, despertados y urgidos por su recuerdo, tratemos simultáneamente de odiar al mal y amar al enemigo. Sólo podremos celebrar a Romero desde la solidaridad humilde y combativa. Esa misma solidaridad que tuvo quien “siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos” (2Cor 8, 9).

P. José Mª Tojeira

Misión América

Misión América busca que la cooperación no sea una mera “política residual”

La entidad de los misioneros celebra su asamblea general con la mirada puesta en el 30 aniversario de la entidad y la necesidad de promover la fraternidad como única salida de la crisis

En 2023 la oenegé Misión América cumplirá 30 años, por ello, en su asamblea general ya miran este número redondo y ha reforzando la apuesta decidida por la sensibilización y la educación para el desarrollo. La entidad que agrupa a diferentes misioneros españoles que trabajan o han trabajado en América Latina y África defiende que la fraternidad humana es la salida para la actual crisis mundial.


La senda de la fraternidad

A través de un encuentro telemático se ha aprobado el inicio de los trabajos de elaboración del nuevo Plan Estratégico 2023 – 2027, además de repasar algunas cuestiones organizativas y de gestión. Los distintos representantes de las diferentes delegaciones han resaltado el testimonio misionero que es sólido y coherente y que “logra hacer realidad proyectos de cooperación para el desarrollo, contribuyendo siempre desde la justicia social en los pueblos y con las gentes con las que los misioneros desgastan su vida y compromiso”, según señalan desde la entidad en un comunicado. Para la oenegé de los misioneros para los misioneros la fraternidad también se vive desde la propia asociación. Por ello ha renovado su compromiso de colaboración con REDES (Red de Entidades para el Desarrollo Solidario).

Para su presidente, Fernando Redondo, solo “desde la fraternidad humana, caminando todos juntos, podremos salir de las situaciones constantes de desigualdad y pobreza de todo el mundo”. Por ello, ha alabado “las vías de actuación y solidaridad necesarias para poder abordar de manera integral el cuidado de todos los hombres y las mujeres, de todo el mundo, para evitar las situaciones que está provocando el coronavirus y otras pandemias menos conocidas en los titulares”. Redondo ha incitado a dar el paso para “entender la cooperación para el desarrollo como una política trasversal, como un principio primario y no secundario, y dejar de entender la cooperación para el desarrollo como una política residual”. Por ello, ha destacado que “el nivel de solidaridad de una sociedad debe tener siempre en cuenta su compromiso con la cooperación para el desarrollo, la cooperación internacional, y lo mismo ocurre con las políticas públicas, que si no son acompañadas de acciones concretas de cooperación para el desarrollo quedan desvirtuadas

Reapertura del asesinato de Ellacuría

Andreu Oliva: «Espero que el caso no se utilice políticamente»

Imagen de la exposición en homenaje a los mártires de la UCA
Imagen de la exposición en homenaje a los mártires de la UCA

Los señalados como posibles autores intelectuales de los asesinatos son el expresidente Alfredo Cristiani, los generales Humberto Larios, Juan Bustillo, Francisco Fuentes y Rafael Zepeda, el fallecido René Emilio Ponce y el coronel Inocente Montano, condenado en España

07.01.2022 | RD/Efe

La orden de reabrir el proceso penal por la masacre de 6 padres jesuitas —5 de ellos españoles— y 2 mujeres representa un «avance importante en la lucha por la Justicia» en El Salvador, dijo en una entrevista con Efe el sacerdote jesuita Andreu Oliva, quien espera de la Fiscalía un actuar «coherente» y que el caso «no se utilice políticamente».

La Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de El Salvador ordenó que el proceso penal por la masacre se reabra tras admitir un amparo presentado por el fiscal general, Rodolfo Delgado.

El Constitucional, que también ha dado 10 días a la Sala de lo Penal para que «modifique» una resolución de 2020 en la que cerraba el caso, señaló en una resolución dada a conocer el miércoles que se «violó el derecho de acceso a la Justicia de las víctimas».

Inocente Montano, durante la primera sesión del juicio
Inocente Montano, durante la primera sesión del juicio Efe

«Una demanda de justicia y de verdad»

«La decisión la recibimos con agrado en el sentido de que se responde a una demanda de justicia y de verdad, que en el caso de la masacre de la UCA desde que tuvo lugar, tanto la Compañía de Jesús como la UCA y los familiares de las víctimas han reclamado», manifestó el también rector de la jesuita Universidad Centroamericana (UCA).

Para Oliva la decisión de la Sala de lo Penal de cerrar el caso fue en «contra de la ley salvadoreña y contra el derecho a la verdad y a la Justicia que tiene el pueblo salvadoreño y las víctimas de graves violaciones a los derechos humanos».

Señaló que con la decisión del Constitucional de ordenar reabrir el caso «lo que está ocurriendo es que se está dando la razón a lo que nosotros siempre hemos defendido, que había que conocer la verdad y había que aplicar la Justicia en este caso y en todos aquellos casos que han habido en El Salvador, especialmente los cometidos durante el conflicto armado y que siguen en la impunidad».

Ellacuria
Ellacuria

«Creo que es un avance importante en la lucha por la verdad y la justicia de parte de todos aquellos que estamos en contra de la impunidad y que creemos que la verdad y la justicia son fundamentales para construir un futuro de paz en el país», subrayó.

Apuntó que es una buena oportunidad para que la Fiscalía investigue y pruebe «la participación de los que están señalados en el caso como autores».

Los señalados como posibles autores intelectuales de los asesinatos son el expresidente Alfredo Cristiani, los generales Humberto Larios, Juan Bustillo, Francisco Fuentes y Rafael Zepeda, el fallecido René Emilio Ponce y el coronel Inocente Montano, condenado en España.

Mucho del trabajo, hecho por la Audiencia Nacional

El sacerdote jesuita aseguró que «mucho del trabajo (de investigación) está avanzado porque en la Audiencia Nacional española ya se ha hecho una investigación sobre el caso«.

La Audiencia Nacional española condenó en septiembre de 2020 a 133 años de cárcel al excoronel Inocente Montano por ser el responsable de planear y ordenar, junto a la cúpula castrense y el entonces presidente Cristiani, los asesinatos de cinco jesuitas españoles.

Oliva señaló que espera que «si la Fiscalía comenzó el proceso con la demanda de amparo, sea coherente y que también haga la investigación pertinente, sino sería algo totalmente contradictorio y que podría haber sido una búsqueda de una mejor imagen para el fiscal».

31 años sin los mártires de la UCA
31 años sin los mártires de la UCA

«Esperamos que si él (el fiscal) puso esa demanda será coherente y va a poner a trabajar bien a la Fiscalía para que se investigue el caso, de lo contrario lo que tendríamos es algo que no respondería a lo que espera el pueblo salvadoreño», acotó.

Señaló que si la Fiscalía no actúa con debido proceso «la sociedad civil, las organizaciones que velan por los derechos humanos y por el acceso a la justicia, la universidad, la Compañía de Jesús y los familiares van a señalar si se dan irregularidades en el proceso».

Para el sacerdote jesuita «si realmente se llega a determinar quiénes son los que organizaron y decidieron la masacre en la universidad y son condenados, según nuestras leyes, el mensaje que se estaría dando es que ya no hay más impunidad en El Salvador y que los crímenes de lesa humanidad y de guerra pueden ser juzgados».

Se reabre caso muerte PP. Jesuitas

32 años después de la masacre, el Salvador reabre la causa del asesinato de Ellacuría y los jesuitas 

El día que mataron a Ellacuría

 La Sala de lo Constitucional ha lamentado también que con la nulidad del proceso «se habría obstaculizado el acceso a la justicia de las víctimas y su derecho a conocer la verdad» 

En septiembre de 2020, la Audiencia Nacional de España condenó a 133 años de cárcel al coronel Inocente Orlando Montano, de 78 años, como responsable del asesinato de los cinco jesuitas españoles 

25.11.2021 | RD/Ep 

El Tribunal Supremo de El Salvador ha admitido a trámite la demanda de la Fiscalía del país para reabrir el caso de la matanza de 1989, en la que fueron asesinados un grupo de jesuitas encabezados por Ignacio Ellacuría, además de la cocinera y su hija, Elba y Celina. 

La Sala de lo Constitucional ha aceptado el reclamo al considerar que la mencionada resolución «lesionó los derechos a la seguridad jurídica, a conocer la verdad y a la protección jurisdiccional». 

Así lo ha anunciado el presidente del Supremo, Óscar López Jerez, en un comunicado de respuesta a la petición del fiscal general del país, Rodolfo Delgado, que presentó un amparo en contra de la resolución pronunciada por la Sala de lo Penal, mediante la cual se cerró definitivamente el expediente del caso en noviembre de 2020, argumentando que los delitos ya habían prescrito. 

El pueblo crucificado 

Además, ha criticado que la Sala de lo Penal declaró la prescripción del proceso penal «pese a tratarse de crímenes de lesa humanidad», los cuales son «imprescriptibles», como ha recordado. La Sala de lo Constitucional ha lamentado también que con la nulidad del proceso «se habría obstaculizado el acceso a la justicia de las víctimas y su derecho a conocer la verdad». 

32 años de investigaciones 

El 16 de noviembre de 1989, en medio del conflicto armado interno entre las fuerzas gubernamentales y la guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), un pelotón del Ejército salvadoreño ejecutó en el campus de la jesuita Universidad Centroamericana (UCA) a cinco religiosos españoles y un religioso salvadoreño, así como una empleada doméstica y la hija de esta. 

Un tribunal salvadoreño juzgó en los 90 a una decena de militares como autores materiales sin contemplar a los autores intelectuales que serían altos mandos, como han denunciado diversas organizaciones. 

Entre ellos, se ha vinculado al expresidente Félix Cristiani y a los militares que formaban parte Estado Mayor de las Fuerzas Armadas René Emilio Ponce, Juan Orlando Zepeda Herrera, Francisco Elena Fuentes, Rafael Humberto Larios López, Juan Rafael Bustillo y a Inocente Orlando Montano, quien quedaron libres de cargos por la decisión de la Sala de lo Penal de noviembre de 2020. 

Por su parte, el 11 de septiembre de 2020, la Audiencia Nacional de España condenó a 133 años de cárcel al coronel Inocente Orlando Montano, de 78 años, como responsable del asesinato de los cinco jesuitas españoles.