Encuentro Continental de sacerdotes Misioneros de la OSCHA en Lima

«Id al mundo entero» (Mc 16,15)

Treinta años después del Encuentro Continental de la OCSHA celebrado en Santo Domingo, nos hemos reunidos 30 sacerdotes y 4 obispos de la OCSHA en Lima (Perú), procedentes de Perú, Argentina, Dominicana, Nicaragua, Honduras, Ecuador, Estados Unidos y España

Se desarrolló del 23 al 27 de enero de 2023, acompañados por el Obispo de Córdoba, D. Demetrio Fernández González, y D. José María Calderón Castro, secretario de la Comisión Episcopal de Misiones de la Conferencia Episcopal Española

A modo de memoria agradecida, compartimos la crónica de lo vivido en estos días de fraternidad como una gracia de Dios, aun en medio de la difícil coyuntura sociopolítica que vive el Perú en estas últimas semanas.

Precisamente, sobre la situación del Perú se reflexionó el segundo día ayudados por el Dr. Luis Solari y la Hna. Birgit Weiler 

Por César Luis Caro

Treinta años después del Encuentro Continental de la OCSHA celebrado en Santo Domingo con ocasión del quinto centenario de la Evangelización de América, nos hemos reunidos 30 sacerdotes y 4 obispos de la OCSHA en Lima (Perú), procedentes de Perú, Argentina, Dominicana, Nicaragua, Honduras, Ecuador, Estados Unidos y España, del 23 al 27 de enero de 2023, acompañados por el Obispo de Córdoba, D. Demetrio Fernández González, y D. José María Calderón Castro, secretario de la Comisión Episcopal de Misiones de la Conferencia Episcopal Española.

A modo de memoria agradecida, compartimos la crónica de lo vivido en estos días de fraternidad como una gracia de Dios, aun en medio de la difícil coyuntura sociopolítica que vive el Perú en estas últimas semanas. Precisamente, sobre la situación del Perú se reflexionó el segundo día ayudados por el Dr. Luis Solari y la Hna. Birgit Weiler, quienes nos presentaron la realidad sociopolítica y los desafíos pastorales de la Iglesia en el Perú.

Por la tarde, pudimos compartir las vivencias personales y pastorales de cada uno de los sacerdotes durante la pandemia por el covid-19. Constatamos que el trabajo de los presbíteros españoles ha sido impresionante en el acompañamiento material, humano y espiritual de las comunidades durante el tiempo de pandemia. En la noche, se proyectó el documental “España, la primera globalización”.

En el tercer día, pudimos encontrarnos con el Arzobispo de Lima, Mons. Carlos Castillo, en el Palacio Episcopal y visitamos el monasterio de Santo Domingo para venerar a Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres y San Juan Macías, así como el santuario de las Nazarenas, para rezar ante el imagen del Señor de los Milagros. Por la noche, Mons. Rafael Cob nos presentó el caminar de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM), la Conferencia Eclesial Amazónica (CEAMA) y las conclusiones del Sínodo Amazónico y la exhortación Querida Amazonía.

En el cuarto día, el P. Isidro Sala nos dirigió la mañana de retiro donde nos recordó la gracia recibida de ser sacerdotes discípulos y misioneros. Por la tarde, a los sacerdotes de la OCSHA se unieron otros sacerdotes del IEME, religiosos, laicas y laicos españoles que están de misión en Perú. Tras saludar y dar la bienvenida, D. Demetrio Fernández invitó a todos a conocer la situación actual de la Iglesia en España a través del Instrumento de trabajo pastoral “El Dios fiel mantiene su alianza”. Posteriormente, durante el diálogo abierto se reflexionaron distintos puntos e interesantes propuestas, las cuales recogemos a continuación:

Los obispos españoles presentes en el Perú, Argentina y Ecuador mostraron su preocupación por la escasez de sacerdotes en sus respectivas jurisdicciones y solicitaron más misioneros, sacerdotes y laicos, para atender los puestos de misión vacantes.

Ante la dificultad de la misión ad gentes, se vio la conveniencia de formar equipos misioneros de sacerdotes, españoles o nativos, de una o varias diócesis de origen, incluso intercongregacionales o con laicos. Para evitar la soledad y otros problemas, conviene ser enviados, como hizo Jesús, “de dos en dos” como mínimo.

Algunos de los presentes compartieron, y se valoraron como muy positivas, las experiencias misioneras temporales de seminaristas, sacerdotes y laicos españoles en Latinoamérica, las cuales conviene seguir promoviendo, pero con la adecuada preparación, para que su paso por la misión resulte significativo y eficaz.

Se considera necesario mejorar la animación misionera para la misión ad gentes en las diócesis españolas, especialmente en los seminarios y en los presbiterios diocesanos, y dar facilidades para aquellos sacerdotes que tienen inquietudes misioneras. Para ello, se podrían priorizar y seleccionar algunos destinos de misión, formando equipos misioneros de diferentes diócesis a través de la OCSHA para hacer sostenible la misión en

Desde nuestra experiencia misionera, reconocemos con gratitud que ser sacerdotes misioneros es un don precioso que hemos recibido del Señor y, por eso hemos de seguir orando e invitando, con nuestro testimonio personal, a que también otros presbíteros de nuestras diócesis de origen puedan descubrir la llamada del Señor a la misión ad gentes.

En el quinto y último día, tras la presentación de la vida de la OCSHA y de la ONG Misión América, a cargo de D. José María Calderón, el Nuncio Apostólico del Perú, Mons. Paolo Rocco Gualtieri mantuvo un breve reunión con los participantes, presidió la Eucaristía final y así se dio clausura al Encuentro Continental de la OCSHA 2023.

Agradecemos sinceramente la dedicación y el buen trabajo realizado por el responsable de la OCSHA en Perú, D. Gustavo Molina, y la acogida de las hermanas religiosas en la Casa de Espiritualidad San José de Cluny, despidiéndonos hasta el próximo Encuentro Continental de la OCSHA que será, Dios mediante, en Santo Domingo en el año 2025.

Denuncia de represión en El Salvador

Los Comités Oscar Romero de Europa denuncian al gobierno de El Salvador por el encarcelamiento de líderes de la Comunidad Santa Marta —

REVISTA DE PRENSAAMÉRICA LATINA

¡DENUNCIA URGENTE!

A la comunidad nacional e internacional, organizaciones de la sociedad civil, amigas y amigos de Santa Marta y de la asociación ADES, urgentemente informamos:
La Fiscalía General de la República y la Policía Nacional Civil, ejecutaron en la madrugada de hoy 11 de enero de 2023, la orden administrativa de captura contra Miguel Ángel Gámez, Alejandro Laínez García y Pedro Antonio Rivas Laínez en la comunidad Santa Marta en el municipio de Victoria.

Simultáneamente capturaron al compañero Teodoro Antonio Pacheco y Saúl Agustín Rivas Ortega en las oficinas de la Asociación ADES
Santa Marta, en el municipio de Guacotecti.
Ante habitantes de la comunidad Santa Marta, la fiscalía dio lectura a la orden de detención y allanamiento, donde se vincula a los compañeros antes mencionados con un caso ocurrido durante “el conflicto armado”, específicamente en los años 1973 y 1974, (cuando aún no se había iniciado el conflicto), añadiéndose, además, a esta acusación la de pertenencia a asociaciones ilícitas, con toda la carga que reviste el término en el contexto salvadoreño actual.

Todo este entramado pone en evidencia la construcción de un caso en forma exprés cuya finalidad real es atacar a la comunidad Santa Marta y a la Asociación ADES atacando a sus liderazgos.
Con lo antes mencionado queremos señalar lo siguiente

1. Nos parece indignante y sospechoso que a casi 31 años del fin de la guerra civil salvadoreña y a más de 40 años de las atrocidades cometidas contra la población civil de Santa Marta, donde fueron
cometidas incontables violaciones a derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, el estado salvadoreño no fue capaz de judicializar un solo caso. Hoy, cuando dicen actuar, lo hacen para
revictimizar a la misma comunidad en algo que parece a todas luces una venganza política.

2. Los voceros de la fiscalía presentes en la comunidad aseguraron que el caso no tiene nada que ver con el régimen de excepción, por lo que esperamos que antes de las 72 horas se realice la audiencia
inicial y se siga el proceso apegado a ley.

3. Santa Marta y ADES realizarán la denuncia y exigencia de un proceso apegado a ley, sin que medien los procedimientos propios del régimen de excepción y donde prime el respeto a los derechos
humanos y a la justicia.

4. Santa Marta y ADES, exigen el respeto a la integridad física y moral de los compañeros capturados esta madrugada bajo circunstancias sospechosas.

5. Santa Marta y ADES alertan a la opinión pública y organizaciones de la sociedad civil, sobre el riesgo de que continúe este tipo de capturas en las circunstancias antes descritas.

Comunidad Santa Marta, 11 de enero de 2023

Jornada de Infancia Misionera

Este domingo, pequeños y mayores tienen una cita con los niños en las misiones

Cuatro millones de niños son ayudados al año gracias a Infancia Misionera

Jornada de Infancia Misionera
Jornada de Infancia

Este domingo 15 de enero se celebra en España la Jornada de Infancia Misionera, la Obra Pontificia con la que el Papa apoya el trabajo que los misioneros realizan con los más pequeños en los 1.118 territorios de misión

¿De dónde vienen los fondos para financiar 2.577 proyectos al año? Lo peculiar de Infancia Misionera es que muchos de los donantes también son niños

Las necesidades son enormes, así que también los adultos están invitados a colaborar en esta gran obra de la Iglesia con su oración y sus donativos

El domingo 15, La 2 de TVE emitirá la Eucaristía desde el Real Colegio Escuelas Pías de San Fernando de los padres Escolapios de Pozuelo de Alarcón, presidida por monseñor César Franco

Este domingo 15 de enero se celebra en España la Jornada de Infancia Misionera, la Obra Pontificia con la que el Papa apoya el trabajo que los misioneros realizan con los más pequeños en los 1.118 territorios de misión. Gracias a la generosidad de los donantes –muchos de ellos niños-, se sostienen más de 2.500 proyectos infantiles de educación, salud y protección de la vida y evangelización. Así, cuatro millones de niños al año encuentran en la Iglesia católica una familia.

Cuando Harriet enfermó de malaria y tifus en Bujuni(Uganda), un poblado sin agua ni luz ni carreteras, tenía pocas posibilidades de sobrevivir. Hizo un viaje de dos horas en moto hasta el hospital más cercano, el de la diócesis de Hoima, donde fue atendida por las religiosas Hijas de María de Uganda y se curó. Ahora ella quiere ser enfermera como ellas, y está estudiando en el colegio diocesano para poder conseguirlo, aunque tenga que caminar 4 horas al día.

Infancia Misionera
Infancia Misionera

Lejos de allí, en Tailandia, la madre de Chan se quedó embarazada muy joven y fue abandonada por todos, incluso por su novio. Las hermanas del Buen Pastor en Bangkok la acogieron y Chan va a poder nacer con dignidad, y tener un hogar donde crecer, al igual que muchos otros niños como él.

En India, la familia de Vikhonuo no tenía recursos para proporcionarle un futuro. Ingresó en el Hogar Eden garden en Nagalaand, llevado adelante por misioneros jesuitas, y allí ha podido estudiar y conocer a Jesús. Ahora tiene la esperanza de ser diseñadora mientras vive, crece y aprende rodeada de otros niños.

¿Qué tienen en común Harriet, Chan, y Vikhonuo? Los treshan encontrado una familia en la Iglesia católica. Y son los protagonistas del vídeo propuesto por Infancia Misionera para la Jornada de este domingo.

Los niños ayudan a los niños

Los misioneros, dentro de su labor evangelizadora, atienden con especial cuidado a los niños, y lo hacen de muchas formas: escuelas, hospitales, orfanatos, centros de discapacitados, comedores, catequesis… Este trabajo es muy costoso, y necesita el apoyo de toda la Iglesia universal. El Santo Padre se lo ofrece a a través de lo que recauda Infancia Misionera en todo el mundo, para poder atender al año a más de cuatro millones de niños en África, Asia, Oceanía y ciertas regiones de América.

¿De dónde vienen los fondos para financiar 2.577 proyectos al año?Lo peculiar de Infancia Misionera es que muchos de los donantes también son niños. Desde su fundación, se invita a los más pequeños a participar en la misión de la Iglesia con su oración y sus donativos. De este modo, forman una red mundial, cuyo lema fundacional es “Los niños ayudan a los niños”.

Infancia Misionera
Infancia Misionera

Un fin de semana misionero para niños y adultos

Para esta Jornada, Infancia Misionera en España invita a todos los niños a rezar por los misioneros y por los niños del mundo. Además, les anima a colorear y montar sus propias “huchas del compartir”, para poder depositar sus donativos. Y también les ofrece participar en el X concurso nacional de dibujos de Infancia Misionera, que está abierto hasta el 16 de enero. Toda la información está en www.infanciamisionera.es

Sin embargo, esto no es solo cosa de niños. Desde que hace 100 años esta iniciativa se asumiera como una Obra Pontificia, se convirtió en el cauce oficial de la Santa Sede para sostener el trabajo que la Iglesia realiza con la infancia en los 1.118 territorios de misión. Las necesidades son enormes, así que también los adultos están invitados a colaborar en esta gran obra de la Iglesia con su oración y sus donativos.

El domingo 15, Jornada de Infancia Misionera, La 2 de TVE emitirá la Eucaristía desde el Real Colegio Escuelas Pías de San Fernando de los padres Escolapios de Pozuelo de Alarcón (avda. de Bularas, 1). Presidida por monseñor César Franco, obispo de Segovia y miembro de la Comisión Episcopal de Misiones, la Eucaristía dará comienzo a las 10:30 horas.

Ante la Jornada de la Infancia Misionera

Jaime Palacio: “La Iglesia misionera es esencialista, no asistencialista”

Por | JOSÉ BELTRÁN

Este laico corazonista que ha vivido quince años con su familia en la Amazonía peruana respalda la Jornada de la Infancia Misionera que se celebra este domingo 15 de enero

El domingo 15 de enero la Iglesia celebra la Jornada de la Infancia Misionera, una Obra Pontificia que proporciona educación, salud y formación cristiana a más de 4 millones de niños en 120 países, o lo que es lo mismo, llega hasta 1.117 territorios de misión. Solo en desde España en 2021 se recaudaron 2,69 millones de euros.


“Buscamos que los niños puedan vivir y puedan vivir con dignidad”, explicó el director de Obras Misionales Pontificias, José María Calderón, durante la presentación de esta campaña de sensibilización.

A quién servir

“Siempre nos preguntamos cómo servir y a quién servir y encontramos en la vocación misionera la respuesta a nuestro servicio del Evangelio, convencidos de que otro mundo es posible”. Así es como Jaime Palacio, ingeniero industrial y educador, acabó con su familia como misionero corazonista en Lagunas, dentro del vicariato apostólico de Yurimaguas, en Perú. Desde 2006 se volcó en la pastoral rural por los ríos de la Amazonia, acompañando a comunidades indígenas, a través de la evangelización, con una apuesta fundamental en materia sanitaria y educativa.

“Cien años después seguimos manteniendo la labor que ya se inició entonces con la Infancia Misionera, tanto en materia de educación como en alimentación. Aunque la situación ha mejorado, sigue siendo necesario intervenir en la desnutrición ofreciendo desayunos y comidas”, expone Palacio, que pone en valor el trabajo de los internados de la Iglesia como apuesta formativa: “Es uno de los grandes proyectos educativos, especialmente en Secundaria, para de verdad permitir a los jóvenes y, por tanto a las comunidades, contar con un desarrollo en el futuro”.

Un futuro abierto

Este laico español defiende que “la Iglesia no apuesta por un sistema asistencialista, sino esencialista. Luego llegan los demás proyectos, pero la Iglesia sale al paso ante las urgencias como no lo hacen los poderes públicos”. Jaime regresó con su mujer y sus cinco hijos a España en 2019, y actualmente es el coordinador de la Fundación Corazonistas. “Hoy toca vivir en España, pero no sabemos qué será de nosotros en nuestro futuro. Será lo que diga el Padre”, aprecia Jaime.

Sobre la cotidianidad amazónica, Jaime subraya que “cada día la selva te sorprende”. “Estás 24 horas al día, siete días a la semana, dedicado a la misión. Hoy lo echamos de menos, porque me da la sensación de que en España estamos un poco loco, frente a un estilo de vida rural, con sus dificultades como la escasez de luz, pero con una mayor serenidad vital“, apunta.

Experiencia misionera en Brasil

I Experiencia Vocacional Misionera Nacional en Brasil: «Expectativa de poder enriquecer el proceso de formación»

Experiencia Vocacional Misionera en Brasil
Experiencia Vocacional Misionera en Brasil

Una oportunidad para encontrar en la misión el verdadero sentido de su vocación

En la ciudad de Manaos y sus alrededores se estima la presencia de cerca de 40.000 indígenas de 38 pueblos diferentes

Importancia que tiene la misión en la actual estructura de la Iglesia, recogida en el Praedicate Evangelium, que quiere dar un nuevo vigor a la acción pastoral de la Iglesia y una estructura más misionera a la Curia, creando un dicasterio que esté bajo la responsabilidad directa del Papa

«La propuesta para los seminaristas que participan es encontrar el verdadero sentido de su vocación, que es que en el fondo todos estamos llamados a ser misioneros»

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

El Seminario San José de Manaos se ha llenado de los diferentes acentos de los participantes de la I Experiencia Vocacional Misionera Nacional. Son seminaristas diocesanos y religiosos, sacerdotes, diáconos, obispos, religiosas, miembros de la Juventud Misionera, dispuestos a conocer durante una semana la vida de las comunidades de la Amazonía.

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280 misioneros

En total, son 280 misioneros y misioneras de 94 diócesis de todos los regionales que forman parte de la Iglesia de Brasil y más de una decena de congregaciones religiosas, acogidos con alegría por la Iglesia local, según Mons. José Albuquerque de Araújo, obispo electo de la diócesis de Parintins, que destacó la existencia de diferentes amazonías y experiencias eclesiales en la región.

Una Experiencia Vocacional Misionera que cuenta con el apoyo de las Obras Misionales Pontificias (POM Brasil), la Organización de Seminarios e Institutos de Brasil (OSIB), la Arquidiócesis de Manaos, la Conferencia de Religiosos de Brasil (CRB), la Pontificia Unión Misionera, el Consejo Misionero Nacional de Seminaristas (COMISE) y la Juventud Misionera.

Es un momento importante en el proceso de formación inicial de los futuros sacerdotes, según el padre Antonio Niemec. El secretario nacional de las POM Brasil ve esta experiencia como un instrumento de discernimiento en el proceso de formación. Una oportunidad para encontrar en la misión el verdadero sentido de su vocación, subrayó el padre Zenildo Lima. El Rector del Seminario San José de Manaos insistió en no ver esta actividad como un paréntesis, un corte en la vida del seminario.

Una Iglesia nacida de la misión

Los misioneros llegan a una Iglesia nacida de un proceso de evangelización en el que la relación entre la Iglesia y los colonizadores fue cambiando, según la profesora Elisângela Maciel, del colaboracionismo a la denuncia. La profesora llamó a descubrir, recordando las palabras del Papa Francisco, que la Iglesia está aquí para servir. Cuestionó la puesta en práctica de los documentos, estar preparados para los desafíos amazónicos, descubrir cuál es el rostro amazónico, resolver el problema de la falta de Eucaristía, superar el clericalismo e implementar la sinodalidad en la Iglesia.

En la historia de la Iglesia en la Amazonía, el encuentro de Santarém, en 1972, ocupa un lugar destacado. En 2022, la Iglesia de la Amazonía recordó lo vivido hace 50 años, constatando la necesidad de una Iglesia encarnada en la realidad y de una evangelización liberadora, según Mons. José Ionilton Lisboa de Oliveira. Un documento que hace referencia a los sueños de la Querida Amazonía, buscando construir una Iglesia con rostro amazónico, un llamado del Papa Francisco.

En la ciudad de Manaos y sus alrededores se estima la presencia de cerca de 40.000 indígenas de 38 pueblos diferentes, llegados de diferentes regiones del interior del Estado de Amazonas para vivir en las periferias de la gran metrópoli de la Amazonía, donde intentan mantener sus culturas. Según el joven indígena Eliomar Tukano, esta población llegó a Manaos a causa de la violencia provocada por los explotadores de la Amazonía, soñando con empleos, educación… Gente que quiere vivir la misión desde la interculturalidad, porque el discurso de «voy a evangelizar a los pueblos originarios», según el joven del pueblo Tukano, ya no cuela. Dicen tener su religión, aunque aceptan los valores del cristianismo que ayudan en su Buen Vivir y piden ser protagonistas de la pastoral.

La misión es la madre de la Teología

La misión es algo que forma parte de la vida de Mons. Luiz Fernando Lisboa, misionero en Mozambique durante 20 años, donde fue obispo de la diócesis de Pemba. El actual Obispo de la Diócesis de Cachoeiro do Itapemirim considera la misión como un eje protagonista y transversal en la Iglesia, exigiendo un mayor acercamiento a la misionología en la formación teológica de los seminaristas, ya que, según él, la misión es la madre de la teología.

El Obispo reflexionó sobre la misión en la Iglesia tras el Concilio Vaticano II, destacando la importancia que tiene en la actual estructura de la Iglesia, recogida en el Praedicate Evangelium, que quiere dar un nuevo vigor a la acción pastoral de la Iglesia y una estructura más misionera a la Curia, creando un dicasterio que esté bajo la responsabilidad directa del Papa. La misión ha cambiado la visión del mundo de alguien que dice haber abandonado África, pero África no le ha abandonado a él, un lugar donde dice haber aprendido a escuchar. Por ello, invitó a los participantes en la Experiencia Vocacional Misionera a ponerse a disposición de la Iglesia y preguntarse dónde quiere Dios enviarles.

En relación a la espiritualidad misionera, Mons. Esmeraldo Barreto Farias hizo un llamado a vivirla desde el encuentro con Jesús, amando a la Iglesia donde cada uno está. El Obispo de Araçuaí reflexionó sobre las dificultades para vivir la espiritualidad misionera, entre ellas el relativismo práctico, realizar la misión por obligación o en palabras del Papa Francisco, el pragmatismo gris. Pero también destacó las motivaciones del celo misionero, como cultivar el espacio interior, rechazar la tentación de una espiritualidad intimista o buscar una espiritualidad encarnada. Elementos presentes en el Programa Misionero Nacional que orienta la misión de la Iglesia en Brasil.

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Testimonios misioneros

Misioneros que perciben la Primera Experiencia Vocacional Misionera como un motivo de alegría que despierta «la expectativa de poder enriquecer el proceso de formación«, según el seminarista Carlos Daniel de la Diócesis de Colatina. Él, que forma parte de la Comisión Nacional del COMISE, destaca que «la propuesta para los seminaristas que participan es encontrar el verdadero sentido de su vocación, que es que en el fondo todos estamos llamados a ser misioneros». Espera en esta experiencia vocacional misionera «encontrarme a mí mismo también como misionero, en primer lugar, como cristiano bautizado llamado a la misión».

Acompañando a los seminaristas de la Arquidiócesis de Ribeirão Preto, el padre Manoel dice que llegó a la Amazonía para «hacer una experiencia de reencuentro, conocer la realidad, convivir, ir a esta experiencia más profunda del Evangelio. Conocer la experiencia, conocer el Evangelio y conocer la realidad de cada comunidad, de cada pueblo”. Según él, «el Evangelio es este encuentro siempre, y sobre todo tener una experiencia de llevar a la propia comunidad esta apertura que es esta Experiencia Vocacional Misionera, una apertura que transforma y ayuda a transformar la Iglesia».

Gustavo Mariotto fue enviado por el Instituto Misionero San José, y dice que espera «renovar mi vocación, la esperanza en la Iglesia de días mejores, días de santificación personal, santificación también del pueblo de Dios, un tiempo de gracia, una Iglesia en salida, como nos dice nuestro querido Papa Francisco». Wal Rodrigues, representante de la Juventud Misionera de la Arquidiócesis de Manaos, dice que busca más conocimiento en esta experiencia y formar amistades, «porque estamos saliendo al encuentro del otro«. Quiere recibir la gratitud que nace del hecho de «estar juntos, de salir de mi zona de confort para estar junto a aquel a quien encontraré y que El Señor envía».

Misioneros enviados durante la celebración eucarística presidida por Mons. José Ionilton Lisboa de Oliveira. Durante más de una semana, del 7 al 15 de enero, visitarán comunidades de las periferias, indígenas y ribereñas de la Archidiócesis de Manaos, de la Diócesis de Coari y de la Prelatura de Itacoatiara, donde están llamados a vivir la misión como medio valioso e indispensable para la formación de la mentalidad y del corazón misioneros del seguidor de Jesucristo.

Iglesia de Nicaragua

Desde Nicaragua, una Iglesia en resistencia

Iglesia de Nicaragua

«Nicaragua no es la misma desde el 2018. Lo que primero fue una reacción justa frente a la reforma a la Seguridad Social, se convirtió en un canal para expresar todos los descontentos acumulados a través de 10 años de abuso de poder, fraude y corrupción»

«Han pasado 4 años desde el despertar del 2018 en Nicaragua, pero la estrategia del régimen de mantener el control total a toda costa y en todos los sectores de la sociedad, la criminalización de la disidencia y la anulación cualquier posibilidad de diálogo se ha mantenido»

«Una institución a la que le ha tocado dar su cuota de sacrificio en las aduanas de la persecución ha sido a la Iglesia católica. el régimen pasó de considerar a la Iglesia como mediadora, a declararla traidora a la patria»

«¿Está la Iglesia nicaragüense silenciada por la dictadura o en silencio por estrategia? Esta pregunta es necesaria para constatar que en Nicaragua hay una Iglesia en resistencia. Pacífica, sí, pero resistencia al fin»

«Desde este espacio, pedimos a toda la comunidad internacional y a las Conferencias Episcopales mantener sus ojos en Nicaragua y no cesar en su esfuerzo por lograr la liberación de todos los presos políticos, que son inocentes y solo están ejerciendo sus derechos humanos y su compromiso cristiano»

(Grupo de Religiones y Paz (GRIP)).- Nicaragua no es la misma desde el 2018. Abril de ese año fue el inicio de un cambio irreversible, que dejó al descubierto no solo lo que el regimen Ortega-Murillo es capaz de hacer, sino lo que un pueblo organizado, formado y consciente de la realidad es capaz de arriesgar para exigir democracia, institucionalidad y justicia. Lo que primero fue una reacción justa frente a la reforma a la Seguridad Social, se convirtió más adelante en un canal para expresar todos los descontentos acumulados a través de 10 años de abuso de poder, fraude y corrupción. Mucho habían callado los nicaragüenses: tanto los cómplices de este regimen en su intento de normalizar dicha situación como las víctimas en su decisión de aguantar. Hasta que ya no se pudo más.

2018 fue también un año de muchas preguntas para muchas personas en distintos escenarios. ¿De qué lado del conflicto situarse? ¿Qué es necesario decir? ¿Qué es importante callar? ¿Cuáles serán las razones para hacerlo? ¿Hasta dónde arriesgar? ¿Valdrá la pena tanto esfuerzo? ¿Por qué no hicimos esto antes? ¿Qué va pasar después? Pero no había suficiente tiempo, silencio y calma para reflexionar: era necesario hacer, actuar, decidir, aunque eso significara no involucrarse o, como hicieron cientos de jóvenes, estar dispuesto incluso a dar la vida.

Se fueron sumando posturas individuales con la intención de apoyar esa resistencia pacífica, cada vez más colectiva, pluralista y decididamente cívica. Quienes participaron de las numerosas protestas del 2018 lo narran: había estudiantes y empresarios, campesinos, vendedores de mercados y médicos, representantes de la Iglesia católica, feministas y miembros de los colectivos LGBTIQ+, sandinistas, liberales y antiguos milicianos de la Contra. Todos y todas salieron a marchar esos primeros días, mientras la dictadura veía estupefacta lo que se había negado a reconocer: la ilegitimidad de su mandato y el rechazo generalizado que provocaban, incluso dentro del Frente Sandinista.

2018 fue el fruto maduro de años de articulación entre cientos de organizaciones cívicas, hoy arbitrariamente clausuradas por el régimen, que apostaron por la formación ciudadana en el campo y la ciudad, creando redes de colaboración que se demostraron fundamentales a la hora de proteger a los perseguidos, organizar ayuda para los universitarios asediados, divulgar nacional e internacionalmente la repuesta salvajemente represiva de la policía y sus grupos paramilitares y para continuar con astucia la resistencia pacífica en las calles.

Después vino el horror. 355 es el número de muertos que acredita la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA como saldo de la represión gubernamental. Entre los muertos los hay por francotiradores o durante la Operación Limpieza, para la que movilizaron pandilleros de barrios como el Reparto Schick, Georgino Andrade y Jorge Dimitrov. Movilizaron también antiguos combatientes de la guerra de los años 80, bajo el liderazgo del viceministro de Gobernación Luis Cañas, con el objetivo de acabar con los “tranques” organizados en distintos puntos del país y que mostraron una efectiva presión económica, que hizo tambalear a este gobierno.

Han pasado 4 años desde el despertar del 2018 en Nicaragua, pero la estrategia del régimen de mantener el control total a toda costa y en todos los sectores de la sociedad, la criminalización de la disidencia y la anulación cualquier posibilidad de diálogo se ha mantenido. La pareja en el poder ha hecho el mismo esfuerzo de todas las dictaduras: garantizar un clima de aparente pero forzada tranquilidad haciendo rentable el miedo. Y haciendo pagar el precio a quienes osen desafiar ese miedo.

Una institución a la que le ha tocado dar su cuota de sacrificio en las aduanas de la persecución ha sido a la Iglesia católica. En los días recios de la crisis, fueron los sacerdotes los primeros en salir a auxiliar a los universitarios atacados por la Policía Nacional y grupos de choque de la Juventud Sandinista y fue la Catedral la que albergó a cientos de jóvenes que participan en protestas para protegerles de los francotiradores y dándoles comida y medicina.

Fueron religiosos los que se apostaron en la entrada de la cárcel de El Chipote y La Modelo para exigir información sobre las personas detenidas, desaparecidas y demandar su devolución a los familiares; fueron monjas las que estuvieron frente a la UNAN en julio del 2018 pidiendo el cese al ataque a la iglesia de la Divina Misericordia, en el que murieron 2 estudiantes.

Los hechos fueron empujando a la Iglesia a cargar con los heridos cada vez más numerosos, pasando de asumir ya no solo el papel del cirineo que ayuda a las víctimas a cargar la cruz, sino el del samaritano que se hace cargo de las víctimas y sus heridas: consolando a las madres de los estudiantes asesinados, acompañando al pueblo que se organizaba para protestar, protestando ella también y denunciando proféticamente lo que la Vicepresidenta Rosario Murillo en sus alocuciones de los mediodías se negaba a aceptar.

Al verse incapaces de mantener bajo su control a los sacerdotes y religiosas, y frenados en su intento de sacar rédito a las divisiones internas de la Conferencia Episcopal, el régimen pasó de considerar a la Iglesia como mediadora de un frágil Diálogo Nacional a declararla golpista, terrorista, servil del imperialismo y enemiga irremediable del gobierno y por tanto, traidora a la patria.

Poco a poco, lo que inicialmente fueron epítetos de arrebatada frustración se concretaron en ataques a las infraestructuras físicas de las iglesias, como las acontecidas en Jinotepe, Carazo y Diriamba, violencia física a religiosos -de las que fueron víctimas el cardenal Brenes, monseñor Silvio Báez y el nuncio Sommertag-, acoso y vigilancia permanente como la que denunció hasta agosto de este año el obispo de Matagalpa, infiltración a movimientos religiosos y parroquiales, retiro de la personería jurídica a instituciones educativas y sociales ligadas a la Iglesia y, por ende, el fin de su funcionamiento y el desempleo de todos sus trabajadores y el cierre de medios de comunicación religiosos.

A día de hoy, sabiendo que en Nicaragua todas las cifras son meras aproximaciones y que los números reales se desconocen, la Iglesia ha ido pagando a cuentagotas y a destiempo lo que se atrevió a hacer en el 2018: 11 sacerdotes han tenido que partir al exilio, al menos 2 han sido expulsados del país -entre ellos el nuncio apostólico del papa Francisco–, un número no menor de 5 denunciaron que no se les permitió la salida del país y a más de 8 no se les permitió la entrada. 4 sacerdotes y 2 seminaristas de la diócesis de Matagalpa comparten celda con los más de 220 presos políticos y otros 3 provenientes de la Arquidiócesis de Managua y de la Diócesis de Granada y de Siuna se encuentran encarcelados con acusaciones falsas. El caso más emblemático es el obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, secuestrado en un domicilio de Managua desde agosto del 2022 y del que solo se sabe lo que ha compartido públicamente el cardenal Leopoldo Brenes.

No se le persigue a la Iglesia católica por lo que cree. Irónicamente la pareja en el poder ha afirmado en reiteradas ocasiones creer en el mismo Dios y profesar la misma fe. Se le persigue por lo que hizo y por lo que, a pesar de las amenazas, no ha dejado de hacer. Con monseñor Silvio Báez en el exilio y monseñor Rolando Álvarez secuestrado, el régimen no ha querido dejar duda de lo que es capaz. Aunque hasta el momento ningún sacerdote ha muerto a manos del gobierno, no hace falta que corra la sangre para advertir el nivel de crueldad con que proceden Daniel Ortega y Rosario Murillo y el miedo y conveniencia con que obedecen todos los funcionarios públicos, cómplices de sus atropellos.

¿Está la Iglesia nicaragüense silenciada por la dictadura o en silencio por estrategia? ¿Cuántas maniobras diplomáticas serán necesarias para ver resultados eficientes del aparente y oculto diálogo que afirmó el papa Francisco tener con el gobierno? ¿Cuál factura preferirá pagar la jerarquía? ¿La de ser fiel a su misión profética o la de garantizar la seguridad y estabilidad para su práctica religiosa? ¿Por qué la Conferencia Episcopal no ha exigido firmemente la liberación de monseñor Rolando Álvarez y la garantía del debido proceso judicial a los sacerdotes acusados? ¿O al menos denunciado las irregularidades en torno a los casos? ¿Por qué tampoco se han unido a las campañas que demandan el respeto a los derechos humanos y el cumplimiento de leyes Nelson Mandela a los más de 220 presos políticos que existen en Nicaragua, torturados, maltratados, confinados en celdas de castigo y condenados sin un proceso judicial mínimamente decente? ¿Justifica el deseo de éxito de esas negociaciones la bruma de silencio y ambigüedad con que se ha expresado el cardenal Brenes sobre los sacerdotes expulsados y la salud de Monseñor Rolando Álvarez? ¿Hasta dónde la política de no provocación y no confrontación con el gobierno que ha girado el arzobispo de Managua a sus sacerdotes diocesanos y a la CONFER podrá calzar con la imagen de la Iglesia que en el 2018 lavó los pies y las heridas de las víctimas de la violencia dictatorial?

Estas preguntas son necesarias para constatar que en Nicaragua hay una Iglesia en resistencia. Pacífica, sí, pero resistencia al fin. Esa Iglesia ha aceptado la calumnia y la persecución y no ha renegado de compartir el pedregoso camino por el que también han hecho caminar forzosamente a la sociedad civil, obligada al exilio una buena parte de ella, con 2,889 ONGs clausuradas, una decena de universidades expropiadas y más de 54 medios de comunicación cerrados por el régimen.

Esa Iglesia en resistencia ha adquirido unas características que solo se pueden entender desde dentro de Nicaragua donde no todo silencio significa cobardía, donde la prudencia es también una forma de combatir, donde -al mejor estilo del güegüense nica– entramos con la de ellos con la esperanza de salirnos con la nuestra.

«Pacífica, sí, pero resistencia al fin»

La solidaridad internacional de obispos como monseñor José Antonio Canales de la diócesis de Danlí en Honduras abre la puerta a la petición de que una comisión del CELAM visite a los sacerdotes y presos políticos en Nicaragua. Porque no podemos solos y porque en los últimos 4 años se han dado grandes manifestaciones ciudadanas en distintos países de América Latina al igual que en Nicaragua: Chile, Colombia, México, Bolivia, Ecuador. Pero ha sido la Iglesia nicaragüense la que ha dado el ejemplo más poético, desmedido y espontáneo de acompañamiento a la lucha cívica y de disposición a correr la misma suerte del pueblo indefenso. Y aunque no se auguran tiempos mejores para la Iglesia en Nicaragua, sí sabemos que los frutos amargos que hoy degusta son al menos los de una cosecha digna.

Mientras tanto, en lo que tardamos en lograr el restablecimiento de la democracia y la institucionalidad, seguimos resistiendo con cautela y templanza, para ofrecer a Nicaragua la mejor esperanza, que en estos tiempo de desesperanza, hemos logrado cuidar.

Por eso, desde este espacio:

-Agradeciendo la solidaridad manifestada por parte de la comunidad internacional, pedimos a toda la comunidad internacional mantener sus ojos en Nicaragua y no cesar en su esfuerzo por lograr la liberación de todos los presos políticos, que son inocentes y solo están ejerciendo sus derechos humanos y su compromiso cristiano.

-Agradeciendo la solidaridad manifestadas por las distintas conferencias episcopales ante el asalto a la curia de la diócesis de Matagalpa, el secuestro de monseñor Rolando Álvarez y la detención de los sacerdotes, seminaristas y laicos que le acompañaban, pedimos que continúen exigiendo su liberación y la visita de una comisión del CELAM a todos los presos políticos, para constatar las condiciones en que se encuentran.

Beatificación en Uganda del médico «comboniano»

El padre Ambrosoli, beato
El padre Ambrosoli, beato

Ambrosoli se ocupó de los dolores del cuerpo, pero también de las heridas del alma»

«Curó las heridas del cuerpo y del alma»: así recuerda Monseñor Luigi Bianco, Nuncio Apostólico en Uganda, al padre Giuseppe Ambrosoli en la ceremonia de beatificación en Kalongo, donde el médico misionero vivió durante 31 años

Por Fausta Speranza

(Vatican News).- El sacerdote y médico Giuseppe Ambrosoli, misionero en Uganda desde 1956 durante 31 años, es Beato. En la solemnidad de Cristo Rey, la ceremonia de beatificación se celebró en Kalongo, cerca de Gulu, en la tierra donde murió el 27 de marzo de 1987, dejando un hospital que quiso como centro sanitario y de acogida. Nació en Ronago, en la provincia de Como (Italia), donde el cardenal Oscar Cantoni celebrará una Misa de acción de gracias por la tarde.

Un misionero es un puente entre las iglesias y los pueblos

Esta respuesta suya a la llamada misionera -dijo- ha dado importantes frutos de acercamiento entre los pueblos. Monseñor Bianco habló precisamente de un papel de puente entre la Iglesia que le envió -dijo- y la Iglesia que le acogió. Una especie de hermanamiento entre Ronago, en la provincia de Como, y Kalongo, cerca de Gulu, pero también entre dos pueblos. De hecho, Monseñor Bianco habló de «un beato italiano y ugandés».

En la solemnidad de Cristo Rey

Haciendo referencia explícita a la solemnidad de Cristo Rey de hoy, Monseñor Bianco recordó el significado de la realeza de Cristo, que dio su vida por amor y no buscó el poder.  Su Reino -reiteró- es diferente de los del mundo porque Dios no reina para aumentar su poder y aplastar a los demás; no reina con ejércitos y con la fuerza. El suyo es el Reino del amor: cuando dice «soy rey», Jesús explica que es «rey» del reino de los que dan su vida por la salvación de los demás.

Todo esto -dijo monseñor Bianco- inspiró las opciones del padre Giuseppe Ambrosoli, que puso sus conocimientos médicos a disposición de un territorio especialmente pobre en aquella época, sin descuidar nunca la atención a la persona en su totalidad. Significa -explicó- que se ocupó de las enfermedades, de los dolores del cuerpo, pero también de las heridas del alma.

Francisco Javier, patrono de las Misiones

San Francisco Xabier, Arrupe y Francisco-Bergoglio: un evangelio global

San Francisco Javier, patrono de las misiones

Hoy, día de San Francisco de Jaso yAzpilikueta, llamado también Javier o Xabier, como él firmaba (por la Casa Fuerte, Etxa-berri de su padre, al sur-este de Navarra) marca una etapa clave en la evangelización cristiana (católica) de Asia y del mundo.

Muchos dicen que la misión católica ha quedado allí donde él la dejó en muerte (el 3 del XII del 1552), cuando quería pasar de Japón a China, para evangelizar el gran continente y volver desde allí hacia Europa, por los caminos de la seda y las especias (como había soñado 1600 años antes Julio Cesar), atravesando el interior de Asia, el imperio turco, el reino de los zares…

Por Xabier Pikaza

Quiso realizar la vuelta misionera al mundo del oriente (a todo Eurasia, como Pablo había querido realizar la vuelta al mundo de occidente).Murió en el intento, como Pablo (con 46 años), pero la semilla de su gran ideal sigue sembrada en la Iglesia, llamada a realizar de nuevo su camino, de Europa a la India y a Japón, para volver por China nuevamente a Europa, a fin de que se expanda el evangelio, a fin de que los pueblos puedan dialogar y comunicarse desde el Cristo universal.

Uno de los que mejor ha entendido y seguido ese camino en el siglo XX ha sido el P. Arrupe (1907-1991), que fue al Japón y que volvió a Europa, para iniciar desde Roma, como General de la Compañía de Jesús (la de Francisco de Xabier), una de las más audaces e intensas tareas de evangelización del siglo XX.  En esa línea quiere avanzar Francisco Papa. Los tres jesuitas (Xabier, Arrupe y Francisco Papa) siguen marcando un camino de evangelización que es comunicación y comunión de vida, desde el evangelio de Jesús.

1.La primera clave de la misión de los tres ha sido  la relación y encuentro profundo, personal con nuestro Señor Jesucristo, para seguirle y amarle más (como reza la fórmula espiritual ignaciana). Ésta es la esencia de la misión cristiana: El encuentro personal con Jesús misionero, la experiencia de una  vida abierta en amor a los demás, en comunión con el  Cristo misionero, que supera las leyes cerradas del dinero que se impone, de la violencia que triunfa matando y del puro espectáculo o “diversión” que nos vincula a todos de un modo superficial, sin piedad, sin amor concreta y universal, dede los pobres. En este mes de la globalización ficticia del mundo desde Qatar (por donde pasaban los barcos portugueses que llevaron a Xabier a la India, Japón y China) quiero ofrecer la reflexión que sigue.

2. La segunda clave de la misión de Xabier, Arrupe y Francisco Papa ha sido y es el encuentro concreto con el pueblo, es decir, con los diversos pueblos de la tierra. Francisco Xabier fue el mayor testigo de la identidad y tarea misionera del comienzo de la modernidad. Era el momento en que los portugueses abrieron el primer camino de globalización de la tierra, pasando por el sur de África y la India, por Japón y China, para volver de forma renovada a Europa. Los portugueses (con españoles, ingleses y holandeses) fueron los adelantados de una globalización comercial. Francisco de Xabier, con Arrupe y Fancisco Papa, ha querido ser testigo y promotor de una comunión de pueblos, de una nueva humanidad, desde el evangelio, no desde el puro comerció y el dinero, que terminan esclavizando a hombres y pueblos, si que no se vinculan con el amor del evangelio.

3. Contra la globalización del puro comercio y de la Bomba. Francisco Xabier ha sido el primer santo de la globalización desde el evangelio; asumió los caminos del mar del primer comercio mundial, pero quiso transformarlos desde el evangelio, al servicio de la comunión universal en el amor de Cristo. Pedro Arrupe ha sido testigo privilegiado de los riesgos de esa globalización unida a la disputa por el poder y el dinero…, la globalización de la bomba atómica, que él vivió en du propia carne. En la línea de Xabier y de Arrupe, el Papa Francisco quiere promover y promueve la más honda globalización del evangelio, en línea sinodal, una globalización que sea glocalización, que respete los valores de cada cultura local, en diálogo de libertad, de enriquecimiento mutuo, desde un Cristo Universal.

4. Los tres quisieron poner de relieve la exigencia de una inculturación del diálogo, en amor, reinterpretando para ello el evangelio (que es de Jerusalén y de Roma, de la India y China, de Japón, del mundo entero…). Han buscado y buscan una cultura superior, tejida de muchas cultura, en diálogo de gracia, superando la imposición de un imperio (de unos imperios) de la guerra, la esclavitud de un imperios (unos imperios) del dinero y del comercio. Ellos fueron y siguen siendo pioneros de la gratuidad de la vida, del amor concreto, abierto a todos, desde los más pobres. Un mensaje esencial, en este adviento 2022 que nos está introduciendo en un tipo de globalización del fútbol, desde las costas del dinero de Arabia (Qatar), que son costas de imposición, del dinero hecho espectáculo, no humanidad.   

5. No hemos avanzado mucho desde el tiempo de Xabier, navarro universal, vinculado a París (su estudio) y a Lisboa (fue misionero  “portugués”) y, al mismo tiempo, a la India, Japón y China… En su camino hemos seguido… Pero en vez de la globalización de amor del evangelio estamos corriendo el riesgo de caer en la globalización del puro dinero y de la Bomba…, una globalización del fútbol, que puede ser camino hermoso para conocernos mejor unos y otros, pero que puede caer en el riesgo de un mercantilismo fácil desde el dinero fácil de Qatar,  que puede hacernos olvidar (dejar a un lado) los grandes temas de humanización que están al fondo del evangelio de los  tres grandes jesuitas (SJ) que son a mi entender Xabier, Arrupe y Francisco Papa.

Aniversario Mártires UCA


Homilía del P. Tojeira el 16 de Nov. en recuerdo de nuestros mártires.

Las lecturas elegidas para esta eucaristía son las mismas que corresponden a la misa dedicada a los mártires jesuitas del Paraguay del siglo XVII. Nos ofrecen suficientes elementos para recordar a los 8 mártires de la UCA y reflexionar sobre lo que su muerte nos continúa diciendo en la actualidad. La primer lectura nos habla de ser luz para los demás, y la segunda del odio que la luz despierta en quienes tienen propósitos oscuros. Comenzamos con lo que hemos escuchado en el Evangelio de Juan: decía entre otras cosas que “Si el mundo los odia, sepan que primero me odió a mí… ( y que) llegará un tiempo en que el que los mate pensará que está dando culto a Dios”. Hablaba el evangelista del odio como “aversión hacia alguien cuyo mal se desea”. Y ya sabemos hacia dónde y hacia qué resultados llevó el odio en nuestra guerra civil, y no solo con el asesinato colectivo en la UCA. Las masacres, el abuso y el mal trato a los débiles, la tortura y la muerte fueron numerosas y constantes durante once años. Pero ese odio anémico y estéril nunca da a quienes lo practican el resultado que ellos esperan. Creer que causando dolor o muerte se puede arreglar el pasado, el presente o el futuro, no es más que un pensamiento mágico e irracional, que nos distrae siempre de planificar el futuro desde la solidaridad y el respeto a la dignidad humana. El odio nunca entraña soluciones permanentes. En la tradición cristiana se solía decir que la sangre de los mártires era como una semilla de vida. Incluso alguno de los paganos indiferentes de su tiempo, asesinado posteriormente por su fe cristiana, solía decir que se había convertido al cristianismo al ver cómo los cristianos caminaban valientemente a la muerte sin traicionar su fe. El odio, estéril para quienes lo practican, al cebarse en el sacrificio martirial de la gente buena, se convierte en semilla de futuro para quienes resisten en el deseo de un mundo más humano y más fraterno.

Hoy, cuando el odio, que nunca dejó de existir en nuestro país tras la guerra, vuelve a crecer, el miedo no debe hacer presa de nosotros. El poder tiende con demasiada frecuencia a odiar la verdad que le perjudica y a montar narrativas y discursos que la sustituyan. Presenta acciones y promesas en las que lo falso se entremezcla con la verdad, con el fin de confundir a muchos y entusiasmar a sus adeptos. Pero como decían los santos de antaño, la verdad está desnuda. Como desnudo estaba Jesús en la cruz, solamente revestido de su amor y su entrega a todos. No hay, en ese sentido, sustituto adecuado para la verdad de la entrega y el servicio. Resistir en la verdad, en el pensamiento racional, en la defensa de los pobres y de sus derechos, siempre será el camino estrecho que acerca a la verdad y hace presente el Reinado de Dios en la tierra. En el Salvador, afortunadamente, tenemos un pueblo creyente, esperanzado y resiliente, que ha superado enormes pruebas a lo largo de su historia, algunas de ellas bastante peores que las del presente. Un pueblo que mantiene la memoria del pasado como fuente de identidad. Frente a las tendencias autoritarias que tratan de presentarse como una absoluta novedad, parcialmente endiosada e impidiendo que el pasado doloroso arroje luz sobre el futuro, nuestra gente quiere justicia y fraternidad, con líderes humildes, que sepan aceptar sus errores y mantener el diálogo con todos. No en vano nos consideramos todos hijos e hijas de San Romero de América.

Quienes odian, en realidad vagan en la oscuridad, aunque pretendan, como diría San Ignacio, y por cierto también el Quijote, presentar sus obras o sus liderazgos con la apariencia y el disfraz de ángeles de luz. Y aunque confundan a muchos, en el mediano y largo plazo se tendrán que confrontar con un pueblo que desea paz con justicia y que valora la dignidad humana desde la concepción cristiana de la fraternidad universal. La UCA, como universidad de inspiración cristiana, trata de caminar con este pueblo. Y trata con él de acercar a nuestra historia el Reino de Dios, de impulsar el bien más universal, construyendo el bien local como semilla de universalidad y esperanza para toda la humanidad. Así vimos su muerte el mismo día que los mataron. Un asesinato local se convertía en fuerza mundial de solidaridad, en apoyo a la paz en El Salvador, en defensa de los Derechos Humanos y en condena del militarismo y la fuerza bruta. En la Misa que ese mismo día, ya en la noche, celebramos los jesuitas en su recuerdo, en el salmo responsorial se repetía tras cada estrofa la siguiente frase: “los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios”. Y era cierto, desde muchas partes del mundo se veía su muerte como una victoria sobre el odio, y como un triunfo del bien y del amor. Vivir sin miedo,sin que el odio ajeno sea un obstáculo para nuestro ideales, es la primera lección de la Palabra.

En la carta de Pablo a los filipenses, que acabamos de escuchar, se nos dice que aquellos que siguen el camino del Señor Jesús “brillan como estrellas en el mundo, mostrando el mensaje de la vida”. Ni el odio ni la mentira pueden apagar la luz de las personas buenas. Gandhi. Mandela, Martin Luther King, Romero, Elba y Celina junto con los jesuitas, y tantos otros, conocidos o desconocidos, estuvieron presos o fueron asesinados. Quienes los encarcelaron o los mataron trataban de apagar una luz que hablaba de la igual dignidad de las personas, de la paz, de la justicia y de la convivencia fraterna. Pero la muerte no apagó su resplandor. Al contrario, el brillo aumentó con la persecución y con el sacrificio de la propia vida. Santo Tomás, un clásico del pensamiento cristiano, decía que el martirio, “entre todos los actos virtuosos, es el que mejor demuestra la perfección del amor”. Y ese amor que es luz verdadera, como dice la carta de Pedro, “cubre la multitud de los pecados”. Incluso quienes disfrutaron un día con el odio, si saben escuchar a su conciencia, descubren en las víctimas el paso de Jesús por nuestra historia.

Treinta y tres años después del sacrificio de nuestros compañeros, a nosotros nos toca continuar en esa tarea de seguir mostrando el camino de la vida. Es tarea permanente para toda persona de buena voluntad. Pero en la UCA es parte además de la propia identidad universitaria, forjada en la palabra beligerante de nuestro hermanos, en su trabajo por la paz y en su sangre derramada. Nos toca ahora a nosotros defender los Derechos Humanos en su totalidad y universalidad, frente a un gobierno que se ampara en los derechos de las víctimas para negar derechos básicos a inocentes y a culpables. Y que interpreta los derechos de las víctimas como a una especie de acceso libre a la venganza masiva e indiscriminada, ejecutada desde el poder. Nos corresponde apoyar una vez más a las madres de los desaparecidos y defender el Estado de Derecho, junto con la libertad, la crítica y el diálogo. Estar al lado de las causas de los pobres y de los débiles es tarea permanente de una universidad que tiene su centro fuera de sí misma, en la realidad nacional, y que ve con dolor las amplias capas de sufrimiento en el país. “Bajar de sus cruces a los crucificados” de hoy, como decía Ignacio Ellacuría, es la única manera de impedir que “el monopolio de la fuerza se convierta en monopolio de la verdad”. Permanecer firmes, resistentes y resilientes en la verdad y la justicia, es la actitud indispensable para iluminar la realidad.

Si queremos ser luz, el recuerdo y la memoria se vuelven indispensables para imitar y seguir las huellas de quienes nos precedieron como testigos insignes en la fe y en el amor. En medio de un capitalismo seductor que persigue la felicidad individual en base a la tenencia de bienes materiales, que otorga erotismo a la mercancía y que convierte el consumo en un acto de placer, nos corresponde, desde el recuerdo de nuestros mártires, volver los ojos hacia los que han sido despojados de sus derechos e impedidos en el desarrollo de sus capacidades. Si como universidad funcionamos con bienes creados socialmente, y trabajamos, como decía el rector mártir, con instrumentos que “son de índole colectiva y de implicaciones estructurales”, como lo son “la ciencia, la técnica, la profesionalización, y la composición misma de la universidad”, no nos queda más remedio que mirar la problemática social y estructural de nuestros países. Usar bienes construidos colectivamente para provecho exclusivo de individualidades o grupos de poder no solo es traicionar el espíritu y la esencia universitaria, sino venderse, también como falsos ángeles de luz, a la dinámica de la oscuridad y finalmente del odio. El bien más universal es hoy el bien más estructural, como también dijo en su momento Ignacio Ellacuría. Y los bienes estructurales solo se logran desde el esfuerzo común compartido, desde la multiplicación de contactos, diálogo y cooperación entre comunidades de solidaridad. Somos parte de una misma humanidad y pertenecemos a una tradición tan servidora y amorosa como liberadora. Podemos como Pablo considerar basura nuestros títulos y dignidades si los comparamos con esa opción cristiana fundamental de construir nuestra propia humanidad entregándonos a la construcción de un mundo más humano. Somos y debemos convertirnos cada vez más en una verdadera comunidad de solidaridad. Solidarios entre nosotros y solidarios con el mundo de quienes tienen hambre y sed de justicia, nos corresponde elaborar universitariamente proyectos de realización común que lleven a un nuevo tipo de civilización. A esa civilización de la pobreza, basada en el trabajo y la solidaridad, de la que hablaban nuestros mártires. Una civilización opuesta a la civilización del capital, que prioriza la acumulación de la riqueza como motor de la historia y del desarrollo. Una civilización abierta y afincada en el trabajo humanizante y humanizador, creador de riqueza y camino de autorrealización personal, de satisfacción de necesidades y de desarrollo social. Construir una sociedad diferente y aportar a la construcción de un mundo distinto es una exigencia indispensable a la hora de honrar a nuestros hermanos. Y es sobre todo, segunda lección de la Palabra, la respuesta a la inspiración cristiana universitaria que nos llama a ser luz que ilumina el camino de la vida.

En la Eucaristía de este día 16 solemos presentar como ofrenda los esfuerzos universitarios. Desde los más sencillos a los más elaborados. La memoria de nuestros mártires se une sobre el altar a la memoria del Señor Jesús, luz y camino, verdad y vida. También sobre el altar están los alimentos sencillos de pan y vino. Que todo ello, símbolo de la entrega del Señor Jesús, que nos da su cuerpo y su espíritu como fortaleza y guía, nos conduzca a la perseverancia en esa tarea de superar el odio desde la inspiración cristiana y contribuir a la paz con justicia en El Salvador. La luz martirial de nuestros compañeros, unida a todos los mártires de El Salvador y al fuego de su espíritu, permanece viva entre nosotros generando esperanza. Que así sea

San Romero de América:

«Con este pueblo no cuesta ser buen pastor»

San Oscar Romero

«Hablar de Romero obispo es hablar de Romero hermano, de Romero seguidor de Jesús de Nazaret, de Romero amigo de los pobres y defensor de los más necesitados»

«Hablar de Romero obispo es hablar de Romero hermano, de Romero seguidor de Jesús de Nazaret, de Romero amigo de los pobres y defensor de los más necesitados»

«El episcopado de Monseñor Romero y su manera de ejercerlo tiene que llevarnos a un cambio también en la manera de entender y ejercer  el episcopado, siempre al servicio de los más débiles»

«Gracias Monseñor, gracias por tu testimonio como ser humano, como cura y como obispo, gracias por ser “un obispo de los de abajo»

Por Francisco Javier Sánchez, capellán cárcel de Navalcarnero

Hace ya cuatro años, el 14 de octubre de 2018, nuestro hermano el papa Francisco reconocía públicamente la santidad del Arzobispo asesinado en San Salvador, mientras celebraba la Eucaristía, el 24 de marzo de 1980. Y digo que la reconocía públicamente, porque el pueblo salvadoreño, y el otro santo sin canonizar de América Latina, Pedro Casaldáliga, ya lo reconocían como tal en el mismo instante de su asesinato, cuando la bala asesina lo hacía caer al pie del altar, de aquella capilla del Hospitalito. El pueblo salvadoreño desde el primer momento lo hizo santo, porque reconoció lo que luego también dijo el propio papa Francisco, que el milagro de Romero fue su misma vida. Una vida entregada hasta el final como la del mismo Jesús de Nazaret.

San Romero, como dice la gente de Arcatao, pequeño pueblo de Chalatenango, con el que tuve la suerte de compartir un tiempo mi vida, era “un obispo del pueblo”; para nosotros, decía la gente, era una persona que sabía lo que nos pasaba, compartía su vida con nosotros y nos enseñaba quién era Jesús; “hasta un día vio la novela conmigo”, me decía una de las mujeres de Arcatao. Un obispo de los de abajo, decía también la gente, que era capaz de comprendernos y de defendernos. Era la voz de los sin voz, como siempre también se ha dicho. 

San Romero

Hablar de Romero obispo es hablar de Romero hermano, de Romero seguidor de Jesús de Nazaret, de Romero amigo de los pobres y defensor de los más necesitados. Su episcopado fue muy especial, no conocía los honores fáciles, ni se casaba con nadie. Para él, los únicos realmente importantes eran los pobres, “su pobrerío”, como él mismo los llamaba. 

     Hace cuatro años en la plaza de San Pedro, cuando nombró el papa Francisco a Oscar Romero y lo proclamó santo, todos los que estábamos allí y todo el pueblo salvadoreño, vibró de emoción y de esperanza. Esperanza de que su legado para El Salvador y para toda la Iglesia no se pierda nunca, porque es un legado plenamente evangélico el que nos ha dejado. 

     Pero si Romero era obispo del pueblo como la gente decía, sin duda que se lo debía a “su mismo pueblo”. Es conocida su frase: “Con este pueblo no cuesta ser buen pastor”. Para Romero su pueblo era el que le hacía ser de verdad obispo. Cuando miramos a nuestra Iglesia actual, la gran pregunta que nos surge es siempre esa; ¿son así nuestros obispos? ¿Cómo ejercen los obispos actuales su pontificado en medio del pueblo? Quizás es bueno que recordemos cómo era el obispo Romero, de manera más detallada.

Romero fue un obispo que dijo siempre la verdad, sin tapujos y delante de quien estuviera; muchas veces le decían que tuviera cuidado, que mucha gente estaba detrás para matarlo, que lo que decía a veces podía causar malestar en los poderosos. Pero Romero jamás hacia caso, para él lo importante era la v ida y especialmente la vida de los pobres, y no consentía que fuera humillada y maltratada: por eso lo asesinaron, como al mismo Jesús. Los pobres y campesinos eran los coautores de sus homilías. “Siento que el pueblo es mi profeta” (homilía 8 de julio de 1979). Era un obispo cuyo sentido de la misión profética estaba en el pueblo, y especialmente en el pueblo crucificado y maltratado por el poder y la injusticia de los poderosos y de los ricos.

Semana Mons Romero

Monseñor Romero era consciente de que su ser obispo no era algo que le pertenecía, ni siquiera que era un premio hacia su persona.  Ser obispo, no significa una medalla que dan como premio a los servicios prestados; obispo es el que está al servicio de los más pobres. Y por eso la misión del obispo no es la de mandar, como decía él, ni la de ejercer un poder sin más, sino la de ejercer el poder sirviendo al pueblo crucificado. En su homilía del 23 de abril de 1078 decía: “los obispos no mandamos con un sentido despótico. No debe ser así. El obispo es el más humilde servidor de la comunidad, porque Cristo le dijo a los apóstoles, los primeros obispos: “ el que quiera ser más grande entre ustedes, hágase el más chiquito, sea el servidor de todos”. Nuestro mandato es servicio. Nuestra conducta, nuestra palabra es servicio”. 

 Y esa entrega al pueblo y por el pueblo, le venía de su profunda fe en el Dios de la vida, en el Dios Padre-Madre de todos, que siempre quiere lo mejor para sus hijos; un Dios cuya voluntad es siempre que todos sus hijos puedan ser tratados dignamente y puedan vivir felices en todo momento. Sus deseos y sus ideales eran los mismos que los de Jesús de Nazaret, y a ambos lo asesinaron por lo mismo: hacer creíble que Dios quiere lo mejor para todos. Esa fe en Dios que le llevaba por eso a luchar contra toda injusticia, porque para Romero fe y justicia van siempre irremediablemente unidas.

La fe hace siempre más profunda la justicia, y solo desde una justicia entendida como el deseo de dignidad para todos es como puede entenderse la fe. De ahí que Jon Sobrino, su amigo inseparable, gran teólogo de la liberación y como Romero no entendido por la jerarquía eclesiástica que también busca en ocasiones solo el poder, dijera que la frase de la beatificación de Romero, aquel 13 de mayo de 2015   en San Salvador, no resumía lo que fue su vida. La frase decía “mártir por la fe” y Sobrino añadía “mártir por la justicia”, no  mártir  por una fe dogmática que no conlleva a nada, sino por una fe que se hace vida, que se hace entrega, y que lleva a dar la vida por los demás.

“Aquel que con esa fe puesta en el resucitado trabaje por un mundo más justo, reclame contra las injusticias del sistema actual, contra los atropellos de una autoridad abusiva, contra los desórdenes de los hombres explotando a los hombres, todo aquel que lucha desde la resurrección del gran liberador, solo ese es el auténtico cristiano” (homilía 26 de marzo de 1978).

     Ese fue el estilo episcopal de Monseñor Romero, un estilo que le llevó al asesinato y que le convirtió desde el mismo momento de su martirio en Santo. Una santidad a la que llegó también desde su conversión por el mismo pueblo. Es verdad que la conversión de Monseñor vino desde el asesinato de su gran amigo Rutilio Grande, también asesinado y ya beatificado, el pasado día 22 de enero de este mismo año. Es el pueblo asesinado y martirizado, representado en su amigo muerto por defender a los pobres, lo que marca la conversión del obispo Romero. Su conversión no es por tanto un mero hecho moral, sino es un acontecimiento tan fundamental que va a cambiar el curso de su misma vida y de su seguimiento radical de Jesús y del Evangelio.

El obispo Romero, que había sido nombrado Arzobispo de San Salvador, apenas unos días antes (Romero toma posesión de la diócesis de San Salvador el 22 de Febrero de 1977 y el 12 de marzo de ese mismo año es asesinado Rutilio Grande en el Paisnal), contempla el cadáver de su amigo y hermano jesuita y le lleva a un cambio muy especial de vida, un cambio que le hizo enfrentarse, como un obispo ya diferente, a los poderosos del momento. Es Sobrino el que llega a decir que le sorprendió, en la noche del asesinato de Rutilio “el rostro serio y preocupado de Monseñor Romero”. Un Monseñor que ya no sería el mismo, un obispo diferente , al estilo ya del evangelio de Jesús. 

     Ese nuevo obispo Romero, ese nuevo Monseñor Romero, es el que le lleva a decir, en su homilía del 2 de abril de 1978: “Nuestro compromiso sacerdotal y episcopal nos obliga a salir al encuentro del pobre herido en e camino”, comentando la parábola del buen samaritano. 

El episcopado de Monseñor Romero y su manera de ejercerlo tiene que llevarnos a un cambio también en la manera de entender y ejercer  el episcopado, siempre al servicio de los más débiles. Ser obispo no puede entenderse como el final de un proceso, sino como una entrega radical y absoluta al pueblo, desde el servicio hasta el final, hasta el final de llegar a dar la vida por el propio pueblo. 

Romero y Rutilio

Ser obispo “de los de abajo” significa haber entendido el evangelio, significa haber comprendido que cuando el grano de trigo cae en tierra y muere da mucho fruto. El grano de trigo que era Monseñor Romero fue asesinado por los mismos poderes y por la misma injusticia que mató hace más de 2000 años a Jesús de Nazaret, y que sigue matando a millones de seres humanos en todo el mundo hoy en día. Por eso, el obispo que brota del evangelio y del seguimiento de Jesús tiene que brotar de la entrega radical al pueblo, y de un seguimiento a un Jesús desde la raíz más profunda de llegar a dar la vida por él. 

     “Con este pueblo no cuesta ser buen pastor”, reconocer que el pastor y el pueblo deben estar siempre unidos, en torno al mismo fin, de anunciar el evangelio. El pastor que da la vida por las ovejas a imagen de Jesús buen pastor, como el mismo Romero la dio hasta el final. El pastor que se entrega al pueblo crucificado y hasta se deja crucificar por él. El pastor que inmola su cuerpo y su sangre, como el Maestro, celebrando la Eucaristía, de tal manera que el sacrificado, mientras celebraba la Eucaristía, era el mismo Romero.

El Romero buena gente, pasa a ser el obispo entregado, el obispo que se hace portavoz de los sin voz, el obispo que vive para su “pobrerío”. Su poder ya no es la mitra, o el báculo, su poder es solo el Evangelio y el martirio de los seres humanos; su episcopado solo puede ser fiel a ese evangelio si se basa en la defensa de los más pobres y no en la grandeza ni el boato, del que a veces nuestra iglesia se sirve y llega incluso a hacer gala. 

     En la misma línea del Santo Casaldáliga y su famoso poema: “TU MITRA, será un sombrero de paja sartanejo, el sol y la luna, la lluvia y el sereno; el pisar de los pobres con quienes caminas y el pisar glorioso de Cristo, el Señor. TU BÁCULO, será la verdad del evangelio y la confianza de tu pueblo en ti. TU ANILLO, será la fidelidad a la Nueva Alianza del Dios liberador y la fidelidad al pueblo de esta tierra .NO tendrás otro ESCUDO  que la tierra de la esperanza y la libertad de los hijos de Dios. No usarás otros GUANTES que el servicio del amor”. Así es obispo Monseñor Romero, y esa es la huella que deja en nuestra Iglesia, y de la que nos sentimos orgullosos. 

San Romero de América contra el imperio norteamericano

     Por eso, Monseñor Romero sigue vivo en ese mismo pueblo que lo alabó y lo aupó como obispo; Monseñor Romero, San Romero de América como lo llamó el otro Santo Casaldáliga está presente en cada casa de los pobres y campesinos salvadoreños y salvadoreñas; está donde siempre quiso estar, entre aquellos humillados y crucificados salvadoreños. “Si me matan, resucitaré en el pueblo”, y ciertamente es ese pueblo el que lo mantiene vivo y resucitado, mucho más allá de su mero recuerdo. 

 Han pasado cuatro años de su canonización en Roma y cuarenta dos de su martirio en San Salvador, pero el Romero obispo, pastor y hermano sigue vivo. Tan vivo y tan actual como que es una llamada de atención a todos nuestros obispos y a su manera de llevar a cabo su episcopado en la actualidad. Ojala que nuestra Iglesia y sus obispos sean siempre fieles al legado de Monseñor Romero, que en definitiva es ser fiel al legado del Evangelio y de Jesús de Nazaret.

Ojalá que el poder de los obispos siempre esté en el servicio al pueblo, y ojalá que la Iglesia haga desaparecer todo boato que le haga estar lejos de quien tiene que estar. Ojalá que nuestra Iglesia descubra lo que también decía Monseñor Romero, en otra de sus homilías: “el hombre es tanto más hijo de Dios cuanto más hermano se hace de los hombres y es menos hijo de Dios cuanto menos hermano se siente del prójimo” (homilía de 18 de septiembre de 1977).

     En palabras de nuevo del obispo Casaldáliga: “San Romero de América, pastor y mártir nuestro: nadie podrá callar tu última homilía!”

 Gracias Monseñor, gracias por tu testimonio como ser humano, como cura y como obispo, gracias por ser “un obispo de los de abajo”, y gracias por creer y hacer posible, aún a costa de la vida, que otra Iglesia y otra manera de entender el ser obispo, es posible. Siempre estarás en nuestro corazón y en el de nuestras comunidades más pobres, y por supuesto, siempre estarás en el corazón de Dios.