Pablo de Tarso según Pikaza

San Pablo (Pintura del retablo de Alconada)

Pikaza: «Pablo descubrió la presencia y la llamada de Dios en las víctimas, en los crucificados de la historia»
«Su teología es una teología biográfica, un confesión de vida, en la línea de lo que hará después san Agustín (en sus Confesiones) o Santa Teresa (en el Libro de su vida)»
«Esta seguro de sí mismo, de su religión, de su judaísmo…Por eso quería que todos los judíos fueran como él, que el judaísmo de la ley nacional triunfara y se impusiera sobre el mundo… y por eso perseguía a los cristianos»
«La misión en Arabia, tierra de «los que habitan en tiendas», pudo tener el sentido de vuelta al desierto, como quisieron algunas tradiciones proféticas de Israel (cf. Os 2, 14)»
«Ir a Jerusalén significa volver a las raíces, no sólo del judaísmo, sino del movimiento central de Jesús, con el que Pablo quiero ponerse en contacto»
Por Xabier Pikaza


II LA VOCACIÓN DE PABLO
Más que “conversión” fue una llamada, y así lo empieza diciendo Pablo en su carta a los gálatas, donde no les enseña una teoría sobre los dogmas de la fe o sobre doctrinas de tipo teológico, sino que les cuenta su vida. Su teología es, según eso, una teología biográfica, un confesión de vida, en la línea de lo que hará después san Agustín (en sus Confesiones) o Santa Teresa (en el Libro de su vida). Así empieza diciendo Pablo, en la carta a los gálatas, tras una breve introducción:
Quiero que sepáis, hermanos, que mi evangelio no es de origen humano. Pues no lo recibí de humanos…, sino por revelación de Jesucristo. Porque habéis oído mi conducta antigua en el judaísmo… Pero cuando el Dios, que me eligió desde el vientre de mi madre… quiso revelarme a su Hijo para que lo anuncie a los gentiles… (cf. Gal 1, 11-15).
Había perseguido a los cristianos «helenistas» de Damasco, la ciudad donde vivía y trabajaba. Les perseguía porque rechazaba su misión. su forma de entender el judaísmo. Dos eran los problemas que a su juicio planteaba el cristianismo:
(a) Un problema era la Cruz, es decir, el tema de los crucificados, expulsados, condenados de la humanidad. Le parecía vergonzoso que Dios se manifestara a través de un hombre condenado a morir en una cruz. A su juicio, para ser Mesías de Dios, Jesús tenía que haber triunfado. Dios no se revela a través de unos vencidos como Jesús.
(b) Otro problema es la universalidad. Si los hombres se salvan por la cruz de Jesús, sin necesidad de una ley nacional como la judía, el judaísmo pierde su sentido. Lo que Pablo había querido era, en el fondo, el triunfo nacional del judaísmo. Jesús, en cambio, destruye el judaísmo.
Estos dos temas (el rechazo la ley judía y la apertura universal a todos los pueblos) eran para Pablo una fuente de “dolor”; él no podía aceptar que los judíos entendieran así su “tradición”, renunciando a su “nacionalismo religioso”, a causa de un tal Jesús crucificado.
1. Un judío radical, un celoso
Pablo fue un “nacionalista”, un celota, un celoso. No quería que la “ley de Dios” (la identidad judía) dejara de ser propia de un pequeño grupo. En otras palabras, no podía aceptar un “judaísmo para todos”, como el que querían los cristianos, apelando para ello a Jesús, un crucificado. El quería seguir siendo judío, manteniendo así la “nobleza”, la ventaja, del judaísmo frente a los paganos pecadores… En otras palabras, él quería que los paganos estuvieran “sometidos” a la verdad del judaísmo.
Por eso se opuso a los cristianos de Damasco, que no querían “convertir” a los paganos, para hacerles judíos, sino anunciar y promover la comunión entre judíos y paganos por medio de Jesús, sin imposición de unos sobre otro. Por eso les “persiguió” como traidores al ideal y camino superior del judaísmo.
Ya conocéis mi conducta anterior en el judaísmo, cómo perseguía con fuerza a la iglesia de Dios y la asolaba. Y aventajaba en el judaísmo a muchos de los contemporáneos de mi pueblo, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres. Pero cuando Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia, quiso revelar en mí a su Hijo, para que lo predicara entre los gentiles… no consulté con nadie… sino que fui a Arabia y volví de nuevo a Damasco (Gal 1, 13-17).
No se hallaba angustiado, ni tenía mala conciencia, sino todo lo contrario. Pablo se sentía orgulloso de ser judío… y por eso pensó que tenía que perseguir a los cristianos que, a su juicio, ponían en riesgo la identidad del judaísmo. Les persiguió conforme a las normas del judaísmo, queriendo expulsarles de las sinagogas judías de Damasco, condenándoles a un tipo de castigos físicos (de latigazos). No parece que tuviera poder de condenar a nadie a muerte. Sea como fuere, Pablo fue un perseguidor, alguien que quería cambiar a los demás a la fuerza. Pensaba que tenía la razón, y quería obligar a los demás a que pensaran como él, como “los buenos judíos”, en un plano que él llama de “carne”, es decir, de identidad social:
Yo podría confiar en la carne (es decir, en las ventajas del judaísmo…). Si alguno cree que tiene razón para confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia de la ley, irreprensible» (Flp 3, 4-6).
Esta seguro de sí mismo, de su religión, de su judaísmo…Por eso quería que todos los judíos fueran como él, que el judaísmo de la ley nacional triunfara y se impusiera sobre el mundo… y por eso perseguía a los cristianos, que iban en contra de su seguridad, y lo hacía según ley. Pero un día descubrió que su seguridad no era buena se fundaba en un principio falso, de orgullo, de sentimiento de superioridad. Descubrió que su seguridad y su ley eran falsas, no tenían fundamento en Dios, descubrió que la verdad de Dios se manifiesta en un perseguido, en Jesús crucificado.
2. Primera sorpresa: Dios está en los perseguidos
Así lo aprendió, así lo “vio”, precisamente en las “víctimas” a las que quería imponer su verdad superior. Pablo pensaba que él tenía razón; pero el Dios de Jesús le mostró que la razón está en los perseguidos. Descubrió así que la verdad no está en los triunfadores, en los que imponen su ley, sino en los que sufren, en los perseguidos. Se lo dijo el mismo Jesús, por dentro, en una experiencia de “llamada”, de transformación interior. No le “convirtieron” los grandes misioneros, ni Pedro, ni Santiago…, sino Jesús crucificado:
Mi evangelio no es de origen humano. Pues no lo recibí de humanos…, sino por revelación de Jesucristo. Porque habéis oído mi conducta antigua en el judaísmo… Pero cuando el Dios, que me eligió desde el vientre de mi madre… quiso revelarme a su Hijo para que lo anuncie entre los gentiles… (Gal 1, 11-17).
Pablo sabía quién era Jesús y por eso había perseguido a sus seguidores. Lógicamente, tras la «conversión», no tiene que ponerse a estudiar, para conocer por libros las aportaciones de Jesús, pues él ya las conocía y sabía en el fondo la manera en que debía responder. En ese contexto se sitúan los tres años de lo que podemos llamar su misión árabe.
Pero cuando Dios… quiso revelar en mí a su Hijo, para que lo predicara entre los gentiles no consulté con nadie (con carne, ni sangre), ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo, sino que fui a Arabia, y regresé otra vez a Damasco. Luego, después de tres años, subí a Jerusalén (Gal 1, 17).
Aquí se dice que, en principio, no tuvo que consultar con nadie (ni con los apóstoles o enviados anteriores, ni con representantes de la Iglesia Jerusalén), sino que fue (salió: apêlthon) por sí mismo hacia Arabia. Pablo descubrió así que el mismo Dios de Israel (¡Dios único!), a cuyo servicio él se hallaba (y por cuya causa perseguía a los cristianos), le había encargado una tarea especial, haciéndole mensajero y testigo de su Hijo entre las gentes.
Ésta ha sido, a los ojos de Pablo, la revelación fundamental, la causa de su «cambio», una visión/comprensión nueva de Dios, cuyas consecuencias él irá desarrollando a lo largo de su vida. En esa revelación ha descubierto que el mismo Cristo crucificado, a quien él había interpretado como fuente de vergüenza y deshonor para Israel, es el «Hijo» del Dios de Israel, Señor universal (unir Gal 2,17 con Hch 9, 5). De esa forma puede afirmar que ha recibido una llamada y tarea directa de Dios, no por intermedio de alguna iglesia (ni de Pedro, ni de Santiago). Por eso reivindica su independencia.
Pablo descubrió así la presencia y la llamada de Dios en las víctimas, en los crucificados de la historia, en los perseguidos. Esa certeza iluminó su vida, y sintió que era necesario que la dijera, que lo dijera. Eso había que proclamarlo, rápidamente, para que el mundo cambiara, para que el Dios de Jesús pudiera conocerse y aceptarse en el mundo entero.
3. Segunda sorpresa: Empezando por Arabia
Esa misma llamada de Dios fue el principio de su “misión”: «Dios me reveló a su Hijo, a fin de que lo anunciara entre los gentiles» (Gal 1, 16). Y así empezó Pablo, como he dicho. No fue a Jerusalén para preguntar y ponerse a las órdenes de otros. Dios le había llamado, y así respondió con su “corazón” a la llamada de Dios, como he dicho ya:
No consulté con nadie (con carne, ni sangre), ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo, sino que fui a Arabia, y regresé otra vez a Damasco. Luego, después de tres años, subí a Jerusalén (Gal 1, 17).
Arabia estaba allí mismo, casi a las puertas de Damasco, hacia el oriente, un mundo inmenso de tribus, de pequeños reinos, en parte vasallos de Roma, en parte independientes, de Petra a la Meca, de Palmira hacia Babilonia. Miradas las cosas desde nuestro punto de vista occidental, resulta sorprendente que Pablo no iniciara su misión hacia el oeste: Grecia, Roma, España, sino que empezó el oriente, anunciando la llegada de Dios a los gentiles de la zona.
¿Por qué? No sabemos, pero Pablo lo dice con todo aplomo: «Fui a Arabia y volví a Damasco». No conocemos el tiempo de esa misión (parece que son tres años), ni el lugar geográfico estricto de Arabia (¿el reino de los nabateos, hacia Petra y el Monte Sinaí? ¿la zona más oriental hacia Palmira?). De allí, del oriente árabe habían venido los judíos antiguos, y de más allá, de la tierra de los persas, hindúes y chinos se decía que tenían que venir las grandes tribus y naciones, para descubrir al Dios. Ése es el camino que recorrió Pablo por tres años, un camino que hoy, todavía (año 2021) no ha culminado.
No sabemos la lengua en que Pablo realizó esa misión, aunque pudo ser en el griego de los helenistas (bien conocido en el entorno de Damasco), pero también en el arameo común de la zona o incluso algún dialecto árabe, que Pablo podría conocer por su vida en Damasco y su entorno, como curtidor/fabricante de tiendas (cf. Hch 18, 3), oficio vinculado a los beduinos y caravaneros de oriente (nómadas), más que a las ciudades helenistas propiamente dichas.
Esa misión en Arabia, tierra de «los que habitan en tiendas», pudo tener el sentido de vuelta al desierto, como quisieron algunas tradiciones proféticas de Israel (cf. Os 2, 14). En el fondo de esa vuelta pudo darse también una esperanza apocalíptica, vinculada a tradiciones que encontramos igualmente en Juan Bautista y en el mismo Jesús, cuando empezaron su búsqueda de Dios al otro lado del Jordán. De todas formas, Pablo pudo realizar esa misión en las ciudades del reino de los comerciantes nabateos que él debía conocer, por ser ciudadano de Damasco y fabricante de tiendas.
Estos tres primeros años de la misión cristiana de Pablo, relacionados con su presencia en Arabia y en Damasco, resultan fundamentales para conocer su vida posterior (y la historia de los primeros cristianos), pero no sabemos nada de ellos, sino sólo conjeturas. Es probable que actuara como delegado de la iglesia de Damasco, lugar de mucha importancia en las tradiciones judías de aquel tiempo.
Parece haber existido un grupo esenio que relacionaba la trasformación escatológica de Israel con la ciudad/zona de Damasco, tomada en sentido geográfico o simbólico, como pone de relieve el CD (Código de Damasco) que ya se conocía por copias medievales, pero que ha sido encontrado entre lo Rollos de Qumrán. Más aún, desarrollando ese simbolismo, algunos investigados han supuesto que, en algún sentido, el Qumrán de los esenios y el Damasco de la conversión de Pablo podrían identificarse (cf. S. Sabugal, Conversión de san Pablo, Herder, Barcelona 1975. Cf. F. Vouga, Yo, Pablo. Las confesiones del Apóstol, Sal Terrae, Santander 2006)
En esa línea, la permanencia en Arabia (en el entorno de Damasco) podría tener un sentido de esperanza final: Pablo estaría preparando la venida de Jesús, precisamente allí, para recibir a Jesús y volver con él a Jerusalén, donde tendría que instaurarse el Reino. Significativamente, Mt 2 (relato de los magos de oriente que suben a Jerusalén buscando al Rey de los judíos) parece estar evocando una tradición de este tipo: Hay un Reino distinto que llega del Oriente. De todas formas, no podemos ofrecer más precisiones.
4. Primer fracaso. El fin de la misión árabe, huida de Damasco
No sabemos lo que Pablo decía estrictamente en su misión, ni la forma en que anunciaba la venida del Cristo a los judíos, ni el modo en que se dirigía a los gentiles nabateos (¿árabes? ¿helenistas?), diciéndoles que el Cristo judío era Señor y Salvador universal. Lo único que podemos afirmar es que su misión resultó problemática, pues llegó a perturbar la estabilidad y el orden de la “ciudad nabatea” de Damasco, que era por entonces (como es hoy, año 2021) la puerta del desierto, el principio del camino árabe, de manera que intervinieron las autoridades y tuvo que huir, seguramente sin posibilidad de retorno. En este contexto se pueden evocar los «peligros en el desierto» (cf. 2 Cor 11, 26), entre los que destaca esta primera gran huida:
Si es preciso gloriarse, yo me gloriaré de mi debilidad. El Dios y Padre de nuestro Señor Jesús, quien es bendito por los siglos, sabe que no miento. En Damasco, el gobernador del rey Aretas, guardaba la ciudad de los damascenos para prenderme; pero fui descolgado del muro por una ventana en una canasta, y escapé de sus manos (2 Cor 11, 30-33).
Este acontecimiento marca el final de su misión árabe de Pablo, en Damasco y su entorno. Pablo lo cuenta como formando parte de su «debilidad», es decir, de sus fracasos… La huida por el muro forma parte de la “leyenda histórica de Pablo”, y así lo ha contado también el libro de los Hechos 9, 24: Le bajaron por un muro, le hicieron escapar de noche… Hay algo muy especial en este recuerdo que, por otra parte, se distingue un poco de la forma de actuar posterior Pablo, que ha solido permanecer en los lugares misión, a pesar de sus dificultades. Sea como fuere, en este momento, Pablo optó por escapar.
Esta huida forma parte de las “calamidades” que Pablo cuenta, hacia el final de su misión en occidente (hacia el 55 dC), defendiéndose ante sus acusadores de Corinto, reconociendo su debilidad y sus fracasos, entre ellos esta huida que tuvo lugar hacia el año 35 d.C. Es como si le doliera el haber escapado así, con nocturnidad, de la ciudad que quería apresarle… Fue una huida triste, pero recibió al final un sentido glorioso, pues contribuyó a su misión.
El reino de los árabes/nabateos (integrado modo en el Imperio de Roma, igual que otros reinos del entorno) tenía una gran importancia para las relaciones de Roma con Oriente. No parece que la administración del rey Aretas (a quien conocemos por sus desavenencias con Herodes Antipas) tuviera especial interés en perseguir directamente a los cristianos. Pero debió hacerlo porque Pablo se había convertido en un foco de oposición entre los diversos tipos de judíos y gentiles de la ciudad y de su entorno, quizá porque estaba preparando una “peregrinación” de árabes (orientales) hacia la ciudad de Jesús, con dones mesiánicos, acompañando a Jesús que debía manifestarse allí (en Damasco) como Mesías universal, marchando desde allí a Jerusalén.
En este contexto debemos recordar que Pablo, siendo buen helenista (hombre del imperio romano, como sigue mostrando todo el resto de su vida), se hallaba también vinculado a Damasco y al mundo «árabe», pues era un oriental (aunque hubiera nacido en Tarso de Cilicia, como destaca Hch 9, 11; 21, 39; 22, 3, quizá para tapar sus conexiones con Arabia). En esa línea, él pudo concebir esta misión en Arabia como una recuperación de las tradiciones originales de Israel, a partir de Oriente, desde la zona semita (árabe/aramea) de Damasco, vinculada a las historias más antiguas de Israel (los patriarcas habían sido arameos, de oriente vendrían los reyes con dones para el Mesías en Mt 2).
Por todo esto, se puede hablar de una primera misión «semita» de Pablo, más centrada en el mundo oriental, una misión que él realizó después de haber conocido a Jesús (a través de los helenistas de Damasco), pero antes de conocer a Pedro y al resto de la iglesia de Jerusalén, como él mismo ha señalado enfáticamente. Este Pablo que viene del desierto se parece a Juan Bautista y a Jesús, que también han venido del desierto, retomando quizá tradiciones proféticas, que aludían al nuevo Israel que nace del desierto (Oseas).
5. Nuevo comienzo, el camino de Jerusalén
Tres años duró esa primera misión propia de Pablo en Damasco y Arabia, en el mundo oriental, quizá preparando la venida del Jesús pascual a Jerusalén desde Oriente, para iniciar allí el Reino de Dios. Pero esa misión acabó para siempre, quizá por la persecución que hemos citado (tuvo que huir de Damasco), quizá porque el mismo Pablo tuvo un cambio en su forma de entender el evangelio.
Pasados tres años, subí a Jerusalén para conversar con Cefas y estuve con él quince días. Pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Santiago, el hermano del Señor. Por lo que se refiere a las cosas que os escribo, he aquí que os lo digo delante de Dios, que no miento (Gal 1, 18-20)
Ha proclamado el camino de Jesús por tres años, sin necesidad de contactar con los cristianos de Jerusalén, apoyándose sólo en la comunidad cristiana de Damasco, donde fue aceptado por la Iglesia y bautizado, como supone Hech 9, 1-19). Sólo ahora, pasados tres años, cuando debe terminar (dejar) su misión de Oriente, en el territorio de los nabateos/árabes, se apresura a conversar con Pedro. Es muy posible que quiera transformar su estilo y tarea misionera y por eso viene a Jerusalén, realizando un gesto esencial, que marca un punto de inflexión importante en su trayectoria misionera.
Ir a Jerusalén significa volver a las raíces, no sólo del judaísmo, sino del movimiento central de Jesús, con el que Pablo quiero ponerse en contacto. Pero el hecho de ir a Jerusalén «sin Jesús» (es decir, sin que Jesús haya vuelto a instaurar su Reino) puede suponer un cambio en la forma de entender la misión cristiana. Quizá podamos decir que Pablo fue a Jerusalén sin Jesús porque la «parusía» no había llegado y porque se abría un tiempo para la Iglesia. Esa “subida” de Pablo a Jerusalén abre grandes problemas.
1 No va a Galilea, sino a Jerusalén. Más cerca de Damasco queda Galilea, lugar donde se ha desarrollado la vida de Jesús y su primera misión, un entorno donde (como hemos visto en cap. 8), sigue habiendo testigos del mensaje y proyecto de Jesús. Años más tarde, el evangelio de Marcos pedirá a los discípulos y a Pedro que vuelvan a Galilea, para retomar el camino de Jesus (Mc 16, 7-8). Pues bien, Pablo no va y se detiene en Galilea, aunque ha podido pasar muy cerca de lo los lugares de Jesús (si ha tomado el «camino del mar»), sino a Jerusalén, donde se encuentra a su juicio la raíz del cristianismo.
2. Tampoco busca a Magdalena y a las otras mujeres. Ciertamente, Pablo dará después gran importancia a las mujeres, con las que colabora (como seguiremos viendo). Pero en este momento de su venida a Jerusalén parece que ellas no cuentan. No ha buscado a Magdalena (o al menos no se dice), ni a las otras mujeres del principio de la iglesia (cf.Mc 16, 1-8), ni se ha referido a ellas cuando describe el origen de la iglesia (cf. 1 Cor 15, 3-9). Es como si al principio de la Iglesia sólo le importara Pedro (y Santiago), como punto de partida del movimiento cristiano.
3. Se ha relacionado de manera específica con Pedro. No va de aprendiz, ni para conocer a un Jesús a quien antes no conocía, sino como alguien con larga experiencia de Cristo y de su misión, para compulsarla con Cefas (=Pedro, Piedra), a quien mira, sin duda, como referencia importante de la iglesia. No va para ponerse bajo su autoridad, ni para que le «ordenen», en el sentido posterior de la palabra (que le hagan presbítero u obispo), sino para dialogar, «conversar» (historêsai), es decir, para compulsar su visión de la Iglesia con la visión y camino de Pedro, a quien considera como referencia fundamental en su camino de evangelio, una vez que la misión de Arabia parece haber terminado. Va probablemente para iniciar una nueva etapa, una vez que ha terminado la anterior, de Oriente.
4. En un segundo lugar, como en forma concesiva, Pablo dice que vio Santiago, el Hermano del Señor. Su referencia fundamental ha sido Pedro y parece que no necesitaba más, para seguir avanzando en su tarea. Y, sin embargo, añade que vio a Santiago, lo que significa que ha querido conocer los aspectos genealógicos de Jesús, sus vinculaciones familiares o, quizá, de un modo más preciso, los elementos básicos de la comunidad que Santiago está empezando a construir en Jerusalén (a los cinco años de la muerte de Jesús, su hermano).

San Pedro y San Pablo 1

San Pedro y San Pablo (1). Autoridad del Papa y de la Iglesia

Estatua de San Pedro, en el Vaticano

Se celebra hoy la fiesta de San Pedro y san Pablo y, de un modo consecuente, recordamos y celebramos la autoridad del Papa y de la Iglesia, en línea de evangelio (primacía de los pobres) y de comunión dialogal (palabra escuchada y compartida). En esa línea quiere avanzar el Papa Francisco. En ella ofrezco las reflexiones que siguen

En ciertos momentos, las celebraciones oficiales de la iglesia católica tienden a ser verticales, con un Papa, obispo o presbítero que actúan como “patrono”, diciendo desde arriba su palabra, mientras los fieles escuchan, reciben, asienten. Conforme a todo lo que vengo diciendo, ese modelo no es cristiano»

Por Xabier Pikaza

Vaticano I. Primado del Papa[1]

Si alguno dijere que el Romano Pontífice tiene sólo deber de inspección y dirección, pero no plena y suprema potestad de jurisdicción sobre la iglesia universal, no sólo en las materias que pertenecen a la fe y costumbres, sino también en las de régimen y disciplina de la Iglesia difundida por todo el orbe, o que tiene la parte principal, pero no toda la plenitud de esta suprema potestad; o que esta potestad suya no es ordinaria e inmediata, tanto sobre todas y cada una de las iglesias, como sobre todos y cada uno de los pastores y de los fieles, sea anatema (Denz-H., 3064).

La palabras centrales de esta declaración (potestad y jurisdicción) provienen de la práctica jurídico/política del imperio romano y del feudalismo germano, pero ellas debe entenderse y ejercerse desde la misión del evangelio (cf. Mt 28, 16-20), no en en línea de jerarquía ontológica, del sacerdocio del AT, de política romana o autoridad feudal, sino de evangelio y sinodalidad cristiana (cf. Mc 9, 33-37 y 10, 35-45 par; Mt 1 y 23).

El poder de la iglesia, representada en un sentido católico por el Papa, se funda en la palabra de Dios, de manera que es poder de amor, para ofrecer y compartir fraternidad, en la línea de Mt 28, 16-20, sin privilegio, imposición o ventaja que sería contraria al evangelio. Un Papa que pretendiera tener más potestad que los «simples» creyentes, un Papa que quisiera situarse por encima de los pobres (y no a su servicio) dejaría de ser cristiano[2].

Infalibilidad [3]

El Romano Pontífice, cuando habla ex cátedra –esto es, cuando cumpliendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define por su suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia universal–, por la asistencia divina que le fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición sobre la fe y las costumbres; y, por tanto, las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia (Denz-H., 3074).

El Papa no es infalible en línea de poder, sino de escucha y comunión de la palabra de Jesús, acogida y dialogada en línea “sinodal” por el conjunto de la Iglesia. De esa forma, en contra de una lectura literalista del Vaticano I, podemos afirmar que la autoridad de la Iglesia (Papa, concilios y pueblo cristiano) es «plena, suprema, inmediata», siempre que sea cristiana, es decir, que renuncie a toda superioridad e imposición, mando y jer-arquía (sea en línea de monárquíca, oligarquía o demo-krática,), porque es la autoridad de los pobres, a quienes pertenece el evangelio, es decir, el futuro de la vida, es la autoridad sinodal del diálogo de toda la iglesia, en línea de comunicación, de búsqueda y escucha común de la Palabra de Dios, según el evangelio[4].

Papa sin jerarquía. Papado de los pobres y de la palabra compartida

El Nuevo Testamento no conoce jerarcas, sino hermanos y hermanas que comparten el sacerdocio y la palabra universal de Cristo, pudiendo asumir las tareas o ministerios de la iglesia, en línea de servicio (diaconado), presidencia colegiada (presbiterado) o supervisión personal (obispado), al servicio de la comunión de vida de todos los creyentes. Por eso, todos y cada uno de los cristianos (y en el fondo todos los hombres y mujeres) son «puentes sagrados», presencia de Dios (cf. Mt 25, 31-46 [5].

 Desde ese fondo se plantea el tema y tarea de un papado sin autoridad jerárquica, como representante de la autoridad de los pobres y de la palabra compartida en clave de evangelio. Actualmente, (a pesar de las críticas que elevan incluso algunos teólogos más tradicionales)[6], el Papa parece Obispo de todos los obispos, portador de la plenitud de toda jerarquía (dentro de un evangelio y con un Dios que no es jerárquico. Pues bien, dado que, como venimos indicando, esa función jerárquica suprema está perdiendo su sentido, hay muchos que dicen que el mismo papado tiene que desaparecer. Pues bien, en contra de eso, afirmamos que es ahora cuando puede haber un Papa de verdad cristiano, con autoridad «evangélica» (de entrega de la vida), como Pedro, que no fue Gran Jerarca, sino testigo de resurrección para los pobres y de comunión entre los cristianos[7].

Reformular el CIC

El Derecho Canónico afirma que el Papa, «en virtud de su función, tiene potestad ordinaria, esto es, suprema, plena, inmediata y universal en la iglesia y la puede ejercer libremente» (CIC, 331). Como he dicho al ocuparme de Vaticano I, esta formulación resulta ambigua pues el Papa no puede tener más autoridad cristiana que aquella que brota del don de la vida (morir por los otros) y que se concreta en el amor mutuo, en línea de sínodo universal. de tal forma que el menor es el mayor o primado todos (cf. Mc 9, 35 par; 35-45 y Mt 18, 15-20; 23, 1-12). El modelo de pirámide o sistema de poder no es evangélico. Por eso, el Papa no puede situarse en la cumbre de ninguna institución objetivada, pues la iglesia de Jesús es un organismo vivo, hecho de conexiones inmediatas de amor, con ministerios o servicios de testimonio fraterno y solidaridad, de palabra y acogida, de pan y de vino (comida), que se ejercen y comparten de un modo inmediato, entre todos los creyentes, por la fuerza del Espíritu de Jesús[8].

La unidad jerárquica responde a un tipo de platonismo ontológico (los diversos seres se escalonan formando un todo) y político (los sabios de la República gobiernan a los menos sabios). Pues bien, llevada hasta el final, esa visión no es cristiana (ni siquiera israelita), pues presenta a Dios como poder abarcador (un todo), no como amor infinito. En contra de eso, como ya hemos dicho, la unidad cristiana se identifica con la misma comunicación inmediata de vida de todos los creyentes, como palabra compartida (sínoco universal) al servicio de los pobres. En esa línea podemos añadir que la «potestad» (suprema, plena, universal e inmediata) del Papa se identifica con el amor supremo, pleno, universal e inmediato con que han de amarse entre sí todos los creyentes

La Iglesia no es poder, sino palabra creadora (sinodal), al servicio de los pobres

La unidad y autoridad cristiana no reside en un poder unificado, ni en una organización central, sino en la comunión multi-forme de todos los creyentes, que despliegan, comunican y comparte la palabra y el pan, empezando por los excluidos (pobres y enfermos, impuros y locos…). Lo que define a la iglesia no es la eficacia de una organización superior (objetivada), sino la vida de cada uno de los hombres y mujeres y el hecho de que todos puedan compartir esa vida de un modo gratuito, por encima de las mismas diferencias confesionales, en servicio de amor y comunión que se inspira en Cristo. Sólo superando una visión del poder como potestad o capacidad de imposición de unos sobre otros (de los que tienen sobre los que no tienen, de los que enseñan sobre los que aprenden), podrá surgir la verdadera iglesia, que es comunión de comuniones, comunidad de comunidades. Sólo en ese contexto podrá hablarse de un Papa, que no sea mayor que nadie, ni depositario de poderes que sólo él posee, ni primado sobre otros, sino amigo/a de amigos, hermano/a de hermanos[9].

Tarea de la iglesia: No tomar el poder, sino superarlo

 Los papas y obispos (jerarcas cleicales de antaño pensaron que un tipo de «toma de poder» les ayudaría a realizar mejor su tarea. También otros movimientos políticos (desde la revolución francesa a la soviética), que han marcado la historia de Europa y del mundo, a partir del siglo XVIII, quisieron tomar el poder y lo tomaron para cumplir sus objetivos. Pues bien, tras el fracaso de varias revoluciones, y en especial de la marxista, muchos empiezan a pensar que la verdadera revolución no se realiza con la toma de poder, sino con otros tipos de presencia. Eso ha de aplicarse de un modo eminente a la iglesia[10]

 Ciertamente, el poder tiene un aspecto fácticamente necesario, como indicó Jesús al hablr de «las cosas del Cesar» (Mc 12, 17) y ratificó San Pablo al decir que es signo de Dios para ese mundo (Rom 13, 1-7). Pero tanto Jesús como Pablo situaron las «cosas de Dios» en un plano distinto. Lo esencial del cristianismo no es la toma, sino la superación del poder. No se trata, por tanto, de que los pobres lo asumen y gobiernen bien, sino de que lo superen, de una forma positiva, desde el evangelio, no para volver al puro caos, sino para crear formas distintas de vinculación social gratuita, entre las que puede ocupar un lugar el Papa.

Meta-noia o conversión cristiana (Mc 1, 15)  

La «conversión» (revolución) cristiana debe hacerse desde fuera del poder. Por eso, las iglesias de Jesús han de expresarse por otros tipos de presencia y comunicación, sin mediaciones políticas. No se trata de que el Papa deba delegar funciones, regalando a las comunidades cristianas más autonomía, pues no puede dar lo que no es suyo, sino que debe retirarse, para que los cristianos sean lo que son (hombres y mujeres que se aman, en libertad) y para que las iglesias se expandan y organicen por sí mismas, desde la Vida y Recuerdo de Jesús, para unirse luego (al mismo tiempo) en comunión dialogal, realizando así la revolución del evangelio.

La unidad de la iglesia no se logra por mediación de un Papa más alto, sino por la misma comunión de los creyentes, que se vinculan por gracia y servicio a los pobres.

Un Papa evangélico no romano  

Pero dicho eso queremos añadir que, como símbolo y garante de servicio mesiánico y encuentro de amor, puede (y creemos que debe) haber un hombre o mujer especial, vinculado a la memoria de Pedro y a la historia de la iglesia, un «Papa» que no sea signo de poder, sino de comunión, vinculado históricamente a la comunidad de Roma, que se puede expresar el amor y unidad de las iglesia. Ese «Papa» es obispo de la diócesis de Roma (o de la que se pueda tomar como signo de Pedro), dejando que las demás iglesias (conferencias episcopales, patriarcados, diócesis, comunidades no episcopales etc), se organicen por sí mismas.

Una vez que el papado abandona el poder central que ha tomado (y que no era suyo), las comunidades cristianas quedan libres para crear sus comuniones y concilios, asambleas y encuentros, de manera que pueda surgir una iglesia recreada por un diálogo múltiple de personas y palabras, que se expanden por doquier, sin que exista un centro, porque todos son centro, partiendo de los pobres, en comunión múltiple, expresada por la Eucaristía o comida real, abierta a los pobres.

Según eso, la autoridad llaves de Dios la tienen los pobres y, en su nombre, las iglesias, es decir, las comunidades que quieran escuchar y cultivar el evangelio a través del encuentro concreto de sus miembros, que comparten de un modo inmediato (mano a mano, mesa a mesa, plato a plato) la palabra y el pan, vinculando los dos grandes signos de Cristo, que son el cuidado de los excluidos (crucificados, pobres) y el amor de los enamorados y amigos. Las comunidades, centradas en los pobres y en aquellos que saben quererles y quererse (cf. Mt 25, 31-45; Jn 13-15), podrán configurarse como lugares y espacios de encuentro humano, siempre concreto y abierto a los de fuera y a todo el resto de las comunidades mesiánicas[11].

Diálogo católico. Una iglesia sinodal

Debemos volver al principio. No podemos empezar queriendo resolver el tema de la posible cúpula del papado, sino que, como sucedió al comienzo de la iglesia, debemos insistir primero y sobre todo en el anuncio del evangelio a los pobres y en el surgimiento de espacios de gratuidad cristiana compartida, es decir, de iglesia. Sólo allí donde se empiece a recorrer ese camino, los diversos grupos cristianos podrán y deberán hablar de instancias de unidad y comunión, al servicio de los pobres, planteando de nuevo el tema del Papa, allí donde lo exija la dinámica de la historia y la experiencia concreta de comunicación entre las iglesias. Desde ese fondo destacamos de nuevo los tres principios del imaginario cristiano: pobreza, gracia, comunicación.

Autoridad de Jesús y de la Iglesia, principios.

1.-Principio de autoridad de Jesús son los pobres en su sentido más extenso, es decir, los expulsados e impuros, los empobrecidos y enfermos, sean cristianos o «gentiles». Eso significa que la iglesia tiene su corazón fuera de ella, de manera que debe empezar siendo esencialmente misionera, portadora de un germen universal de vida, a partir de la pequeñez y miseria de este mundo. En la raíz del imaginario cristiano está, por tanto, la autoridad divina de los oprimidos y expulsados del sistema de poder, que así aparecen como signo de Dios y principio de acción misionera.

2.-Centro de la autoridad de la iglesia es la gracia creadora (=Dios), internamente vinculada a la fe (somos en Dios) y al regalo de la vida: sólo existimos en la medida en que damos y nos damos, invirtiendo así el camino de la empresa productora de tipo capitalista, donde todo es resultado de un esfuerzo programado de los hombres. Este es el lugar donde se manifiesta el signo de Dios: podemos ser y somos porque él nos ama y amando a los pobres, de manera que ellos son principio y centro autoridad e infalibilidad cristiana.

3.-La plenitud de la autoridad de la iglesia se expresa en la comunión interna, es decir, en la comunicación gratuita entre los creyentes, de manera que sólo en la medida en que se vinculan entre si por lazos de vida compartida, al servicio de los pobres, los hombres y mujeres son cristianos y las iglesias pueden presentare como revelación del evangelio. Por eso, un Papa que estuviera fuera de la comunión cristiana no seria Papa, ni cristiano.

Sobre esa triple base se funda la experiencia de la libertad cristiana, no sólo en el aspecto individual (cada hombre/mujer es Hijo de Dios, llamado a la gracia), sino también en el comunitario (cada iglesia debe trazar su propio espacio de humanidad concreta), en un camino que se abre a todos los hombres, a través de una experiencia de resurrección, a partir de los enfermos y los pobres. Este es el dogma de la iglesia, el verdadero «Nicea y Calcedonia» donde se apoya la vida y confesión de fe de los creyentes.

Por eso hemos querido comenzar por la misión, volviendo a la experiencia base de Jesús que quiere que «los pobres sean evangelizados», de un modo gratuito, por don de Dios (cf. Mt 11, 5 par). Esa misión es la que importa, ella es la que une de hecho a las diversas iglesias, de tal forma que siendo misionera pueden presentarse como expresión de la unidad de Cristo, sin apresurarnos a buscar con nerviosismo la función de un obispo central a quien puedan entregarse las llaves del Reino de Dios en sentido normativo. Quizá sería bueno aparcar por un tiempo el signo del Papa, unos decenios, quizá hasta un siglo, como sucedió al principio del cristianismo, dejando así que se desarrollen las comunidades, libremente, desde la raíz común del evangelio, pues sólo en un segundo momento puede surgir un tipo de papado, si es que surge, de manera diferente a la de antaño, cuando existan condiciones para ello.

Lo que importa no es apresurarse a fijar las instituciones, sino cultivar la libertad del evangelio al servicio de los más pobres, en diálogo de amor, esto es, de un modo sinodal. Sólo podremos ofrecer la bienvenida a Papa en la medida en que surja libremente y su influjo se vaya extiendo por sí mismo, en gracia y libertad, por amor a los pobres, entre todas las iglesias. Evidentemente, esto no puede programarse.

Un Papa impuesto o que se impone no sería cristiano. Un Papa que logra su autoridad a través de conveniencias o estrategias políticas estaría fuera del evangelio. Sólo un Papa que brota de un modo normal del imaginario evangélico (del anuncio de la salvación a los pobres) y de la experiencia católica (comunión de amor de los creyentes, al servicio de los pobres) puede ser cristiano. Por eso, lo que hoy buscamos de verdad es crear las bases para el surgimiento de un nuevo imaginario sinodal en cuya base estén los pobres y en cuyo centro esté la comunión de las iglesias. Sólo en un segundo momento puede surgir la figura de un Papa que exprese y encarne algunos valores importantes de ese imaginario.

Eso supone que necesitamos un tiempo para explorar de nuevo el evangelio, recreando de esa forma un posible modelo de unidad cristiana, a partir de los más pobres. Si no fuera así, no merecería la pena el surgimiento de un Papa, pues carecería de valor cristiano. No necesitamos apresurarnos, definiendo de antemano lo que podrá ser ese Papa/Mama, Amigo/a…, pues lo dirá la historia y no el Magisterio doctrinal, ni algunos teólogos teóricos más o menos carismáticos o lúcidos. Lo que importa es vivir el evangelio, en gratuidad, desde el servicio concreto a los pobres, hasta que las tareas y caminos de unidad se vayan clarificando, pues todavía estamos inmersos en grandes cambios y no tenemos perspectivas para anticipar el futuro.

Pero Más que un Concilio, que decida desde arriba lo que son o deben hacer los creyentes, queremos iglesias sinodales que exploren y busquen caminos de evangelio, por sí mismas, mientras sirven a los pobres, sin esperar soluciones exteriores

Un concilio cerrado sobre sí, ocupado sólo de temas internos de la iglesia, sería signo de egoísmo. Lo que importa son los pobres, no un concilio hermoso. Solo en la medida en que se reúnen para compartir mejor la vida con los pobres, abriendo así un camino de libertad, se puede decir que los cristianos son un auténtico Concilio en el sentido de sínodo constituyente. En ese sentido, en cuanto comunión y servicio de amor, toda la vida cristiana es concilio, es decir, reunión permanente de los convocados por el Espíritu de Cristo, para anunciar el evangelio de la libertad y de la vida. Según eso, el posible Concilio no es un acto separado, sino expresión de la vida de la iglesia, entendida como bazar permanente de contactos múltiples donde los hombres y mujeres regalan y comparten su vida, como sabe el Nuevo Testamento, desde 1 Cor 13 hasta el evangelio de Juan.

Sea como fuere, antes o después, deberá haber algún tipo de Concilio específico, que escuche la voz de las iglesias, en las nuevas condiciones de experiencia católica (universal) y de diálogo ecuménico, para unificar el servicio a los pobres, sin el ansia de hacer cosas, ni de tomar decisiones vinculantes para el conjunto de la cristiandad, ni de redactar documentos, sino por el gozo de encontrarse, compartir experiencias y celebrar la vida. Ese Concilio podría celebrarse en Roma, pero no en el Vaticano actual (marcado por una historia de poder y jerarquía), sino en algún lugar abierto a los diversos movimientos cristianos y a todos los que sirven a los pobres. Para ello habría que encontrar otras formas de participación, de manera que no intervinieran sólo los obispos católicos, sino todos aquellos que quieran cultivar el evangelio, sin vincularse a las actuales estructuras jerárquicas.

Éste puede ser un camino sinodal promovidos por católicos, protestantes u ortodoxos o, si fuere el caso, por todos, pero debería ser un sínodo de los pobres de Jesús, en la línea del primero de Jerusalén, según Hechos 15, que se reunió para tratar de la extensión del evangelio a los gentiles (es decir, a los expulsados del sistema sacral judío). En ese nuevo Concilio, el Papa (si lo hubiere) no podría imponer su autoridad, ni declararse primado sobre las iglesias, sino que debería presentarse como testigo de la apertura a los pobres (como hizo Pedro en Hech 15) y como posible signo de la unidad que viene dada por la fe en el mismo Cristo mesías y no por organizaciones eclesiásticas[12].

Este es el principio de todo imaginario cristiano: que la iglesia pueda alzarse y decir que «los pobres son evangelizados», añadiendo que todos los cristianos pueden reunirse, en un gesto de amor, para comunicarse entre sí, para ofrecer libertad a los oprimidos y expulsados de la vida, proclamando así su fe en el Dios creador. El auténtico Concilio de las iglesias es su vida diaria, en la que se van creando formas concretas y comprometidas de presencia y servicio a los pobres, a quienes ofrecen palabra y pan, dignidad y comunión de amor.

Esa es la primera eucaristía, la vida compartida con los pobres. Sólo en un segundo momento se puede celebrar dentro de la iglesia la experiencia eucarística del sacramento de la Cena de Jesús. En ese sentido, queremos añadir que el verdadero Concilio es la Palabra de diálogo que se abre a todos los hombres, conforme al modelo de Jesús. Este concilio no debe estar dirigido por el deseo de que triunfe la propia verdad, sino la verdad de los otros (conforme al mandamiento del Sermón de la Montaña: amar a los enemigos), pues este el dogma mesiánico del Cristo.

Estaríamos así ante un Concilio cristiano permanente, llamados a crear un lenguaje de comunicación directa (no sacralizada), un lenguaje de salud y apertura a los marginados, uniendo razón y sentimiento, gozo por Dios y compromiso a favor de la vida (desde los pobres y excluidos de la sociedad), partiendo de unas iglesias donde hombres y mujeres de diverso origen comparten la palabra y el pan. Por eso, más que celebrar un Concilio importa ser concilio: promover redes de comunicación directa y universal, que se expresan en el pan compartido, redes multifocales, autónomas, que no cierran, ni excluyen a nadie, sino que capacitan a todos para recorrer con amor y esperanza la travesía de lo humano. En ese sentido, ser cristiano es «vivir en concilio», cultivando la unidad que brota de la palabra y de la vida compartida, desde los más pobres. Sólo en ese contexto podrá hablarse de un posible Papa[13].

Trasndfiguración eclesial: de arriba abajo, de abajo arriba  

 Por eso, mucho más que el Papa en cuanto persona separada importa la experiencia y camino de las comunidades cristianas, llamadas a ofrecer su testimonio de Reino, en estos tiempos duros y hermosos, amenazados por la bomba, pero abiertos como nunca hacia un diálogo social, humano y religioso. Sólo en ese contexto se puede imaginar un Papa que sea signo de riqueza eclesial y de su servicio a los pobres. Este Papa aún no existe, pero podemos concebirlo ya e imaginarlo, partiendo de la situación actual, con las diversas experiencias que ya se han dado. En ese sentido hablamos de un camino de la cúpula y de un camino de las comunidades:

-Camino del Papado actual. Auto­-reforma de la cúpula.Es muy posible que los próximos papas inicien unas vías de trasformación controlada del aparato vaticano, con cambios de imagen y funcionamiento, en una línea reformista. Lógicamente, dado el peso de la tradición y de los organismos existentes, es difícil que esos cambios lleguen a ser como proponemos (liquidación del Estado Vaticano, fin de la Curia, abandono del Primado y del Sacerdocio…). Además, es muy probable que el Vaticano quiera mantener la mayor parte de sus funciones y se sienta apoyado por otros «poderes», incluso no cristianos, que apuestan por la estabilidad de las instituciones y por la persistencia de los símbolos de legalidad actual. De todas formas, podríamos imaginar la figura de un Papa que renuncie a sus poderes, iniciando de manera voluntaria un proceso de muerte y recreación cristiana del papado.

-Camino de las comunidades. Refundación de las iglesias.Han empezado a surgir y surgirán en el futuro nuevas comunidades cristianas, gestionadas desde sí mismas, con deseos de vivir de una manera radical el evangelio, en apertura hacia los pobres. Algunas de ellas, como gran parte de las pentecostales, estarán separadas de la iglesia católica e incluso de las iglesias protestantes históricas, aunque no por rechazo directo, sino por búsqueda de identidad evangélica. Otras seguirán vinculadas a la iglesia oficial (papal), por gozo y comunión, no por obligación. Otras formarán parte de las iglesias históricas. Importa que ellas, todas las iglesias que se sienten vinculadas al evangelio de Jesús, por llamada de Dios y evangelio, empiecen a buscar formas de comunión desde el servicio a los pobres (en la línea que pide Jesús en Jn 10). Lo que importa es que las iglesias que surjan del «caos de los pobres» (y al servicio de ellos) formen tejidos de comunicación mesiánica, dentro del gran bazar del mundo, en apertura hacia todos los hombres y mujeres de la tierra. Soñar iglesias cristianas es empezar a crearlas. Pues bien, como signo de unidad de esas iglesias podrá imaginarse la figura de un Papa/Mama, Amigo/a…

Estos dos caminos se cortan y vinculan en esta encrucijada histórica del comienzo del tercer milenio, que sigue estando lleno de problemas.

El problema de los agnósticos. Abundan y crecen aquellos a quienes ya no les importa esta «historia» cristiana, ni en la línea del papado patriarcal antiguo, ni en la línea del cristianismo mesiánico nuevo que estamos proponiendo. Muchos están cansados, quizá no creen en el valor de lo humano; en general, no niegan a Dios (no son ateos), pero viven de un modo agnóstico, como si Dios no existiera.

Abundan y crecen aún más los expulsados y marginados de la mesa del pan y la palabra. Hoy son muchos más aquellos a los que Jesús quiso curar, animar, ofreciéndoles su bienaventuranza desde el Dios creador.

-El sistema crece y se vuelve cada más duro. Tiene quizá unas raíces ilustradas, pero que va en contra de muchos valores de la ilustración. A veces se afirma que tiene un origen judeo-cristiano, pero va en contra de la inspiración básica de la Biblia. Es un sistema de muerte.

En este contexto de agnosticismo, pobreza y sistema queremos «soñar en línea de evangelio», esperando la llegada de una iglesia donde los pobres sean protagonistas de su propia identidad, sabiendo que ellos, y sólo ellos, pueden evangelizar a los que parecen dejar a un lado toda religión. Han de ser los pobres y expulsados los que escriban con su vida la historia del futuro, no nosotros, teólogos o pensadores. Han de ser ellos los que hagan posible el nuevo surgimiento de una iglesia vinculada en amor, para servicio de los expulsados y condenados del mundo en la que surgirá de nuevo un Papa.

En ese fondo, recogiendo las observaciones de conjunto de esta postal, ofrecemos mañana (día más especial de San Pablo) unas reflexiones bíblicas y unas propuestas operativas y simbólicas, de modo que sirvan para ir formando ese imaginario cristiano que puede abrirnos al futuro de la iglesia.  Buen día de Pedro y pablo. Hasta mañana.

NOTAS

[1] Cf. G. Alberigo, Historia de los concilios ecuménicos, Sígueme, Salamanca 1993; A. Carrasco Rouco, Le primat de l’éveque de Rome. Étude sur la cohérence ecclésiologique et canonique du primat de jurisdiction, Studia Friburgensia, Fribourg 1990; A. B. Hasler Pius IX. (1846-1878): päpstliche Unfehlbarkeit und 1. Vatikanisches Konzil: Dogmatisierung und Durchsetzung einer Ideologie, Hiersemann, Stuttgart 1977; A. Riccardi, Il potere del Papa da Pio XII a Paolo VI, Laterza, Roma 1988; K. Schatz, Los concilios ecuménicos, Trotta, Madrid 1998; G. Thiels, Primauté et infaillibilité du Pontife Romain à Vatican I, Leuven University Press, 1989.

[2] Sólo ahora, después que los papas han perdido un poder político inmediato que habían venido ejerciendo a lo largo de casi 1.700 años, tenemos distancia suficiente para entender el tema en clave de evangelio. Sólo ahora que no poseen jurisdicción ni potestad fundada sobre esquemas imperiales (romanos), jerárquicos (platónicos) o sacerdotales (judaísmo del templo), los papas pueden presentarse, en la iglesia (con ella), como portadores de una autoridad plena y suprema, en línea de evangelio de los pobres y de sinodalidad cristiana.

[3] Cf. L. M. Bermejo, Infallibility on trial: Church, conciliarity, and communion, Westminster, Maryland 1992A. B. Hasler, Cómo llegó el Papa a ser infalible, Planeta, Barcelona 1980; H. Kung, ¿Infalible?: una pregunta, Herder, Buenos Aires 1972; Respuestas a propósito del debate sobre «infalible: una pregunta», Paulinas, Madrid, 1971; Ch. Ohly, Sensus Fidei Fidelium: zur Einordnung des Glaubenssinnes aller Gläubigen in die Communio-Struktur der Kirche im geschichtlichen Spiegel dogmatisch-kanonistischer Erkenntnisse und der Aussagen des II. Vaticanum, EOS, St. Ottilien 1999; K. Rahner (ed.), La infalibilidad de la Iglesia: Respuesta a Hans Küng, Ed. Católica, Madrid 1978; B. Sesboüé, El magisterio a examen: autoridad, verdad y libertad en la Iglesia, Mensajero, Bilbao 2004; G. Thiels, L’infaillibilité pontificale: source, conditions, limites, Duculot, Gembloux, 1969;AAVV, «Verdad y Certeza, en Torno al Tema de la Infalibilidad»: Concilium 81, 82, 83, Cristiandad, Madrid 1973.

[4] Aplicamos al Papa un modelo que suele aplicarse a los «dogmas» católicos marianos, pues cuando se afirma que María es Inmaculada y Asunta al cielo se está diciendo de ella algo que corresponde a todo el pueblo cristiano.

[5] Por eso, los ministerios eclesiales no deberían haber tenido un carácter jerárquico,  (cf. Mc 9, 33-37; 10, 35-45; Mt 23, 1-11). El Sumo Pontífice era un antiguo jerarca de Roma, vinculado al control sagrado del puente a cuyo lado había surgido la ciudad. Más tarde tomaron ese título y función los emperadores y por último los papas, que habían asumido ya la figura teocrática de los Sumos Sacerdotes de Jerusalén, viniendo a presentarse como los hombres sacralmente más significativos de occidente, como indicaban sus vestiduras y ceremonias. La Tiara del Papa era un «tocado alto», al que desde el año 1314 se aplicaban tres coronas que simbolizan su triple poder: político (padre de reyes), cósmico (representante del orden del mundo) y religioso (vicario de Cristo). Su uso, antes obligatorio en las ceremonias solemnes, fue abandonado a partir de Pablo VI.

[6] Cf. J. Ratzinger, «Primado, episcopado y «Successio apostólica» en general», en (K. Rahner y J. Ratzinger), Episcopado y primado, Herder, Barcelona 1965, 43-69.

[7] Esta superación del sacerdocio sacrificial está en la base del proyecto de R. Girard, aunque no haya deducido, que yo sepa, las consecuencias de su planteamiento. Entre sus obras: La violencia y lo sagrado, Anagrama, Barcelona 1983; El misterio de nuestro mundo, Sígueme, Salamanca 1982.

[8] La iglesia no es una agencia religiosa, donde unos ejercen funciones por otros (y el Papa por todos), sino experiencia de encuentro directo entre hombres y mujeres que aprenden a compartir compartiendo y a amar amando. Todo en la iglesia es comunicación personal, nada se delega, pues no hay en ella nada ya hecho (fabricado), sino que todo se va haciendo, a partir de lo que cada uno habla y come, siente, consiente y comparte, en comunión con (desde) los pobres. Todo es en ella mediación (cada uno ha de entregar la vida a los demás), pero nada se puede objetivar o delegar en unos mediadores entendidos como intermediarios, que deciden o realicen algo por los otros.

[9] La teología de los últimos decenios ha querido superar el platonismo, como ha mostrado J. Moingt, El hombre que venía de Dios I-IIDesclée de Brouwer, Bilbao 1995. Un esquema semejante debería aplicarse a la eclesiología.

[10]Ciertamente, el hecho de que el Papa sea Jefe de Estado no es una herejía (en el sentido actual del magisterio), ni siquiera parece un problema grave (como en otros tiempos), pero es un anacronismo folklórico y una falta de sentido, pues permite que el Papa actúe como Jefe de Estado (con una pequeña base territorial), con embajadores o nuncios, de tipo más político que cristiano. Sin duda, el Papa puede afirmar que está al servicio de los pobres y excluidos, pero no es uno de ellos (como Jesús y Pedro), sino que aparece más bien como magnate político-social. Por eso pedimos la disolución del Vaticano, cuyo territorio pasaría, sin contra-prestaciones, al Estado de Italia (o a los organismos de la UNESCO), de manera que el Papa fuera como los demás obispos, un simple ciudadano de la nación o sistema social en el que habita, sin más garantías que los restantes ciudadanos. Se pensó en otro tiempo que el Papa necesitaba poder político para realizar su función. Hoy sabemos que eso no es cierto. Sobre el aspecto social del tema, cf. AAVV, La Chiesa e il potere político del Medioevo all’età contemporanea, Storia d’Italia, Annali 9, Torino 1986; A. Riccardi, Il potere del papa da Pio XII a Giovanni Paolo II, Bari 1993; A. Alberigo y A. Riccardi (eds.), Chiesa e papato nel mondo contemporaneo, Bari 1990.

[11] Lógicamente, al obispo de Roma tendrá que elegirlo la diócesis de Roma, quizá a través de compromisarios que podrían llamarse incluso cardenales. Por otra parte, cada iglesia tiene sentido por sí misma, de manera que puede y debe suscitar sus ministros al servicio del evangelio, hombres o mujeres de comunión, para acoger a los excluidos y para fomentar la vida compartida; cada una tiene la misma autoridad de Cristo (cf. Mt 18, 15-20), pero, al mismo tiempo, cada una forma parte de una comunión de iglesias que comparten el único evangelio No se trata de que el Vaticano pierda su «poder» para que lo tomen los obispos de cada diócesis, sino de que desaparezca todo tipo de poder en la iglesia, para que ella pueda ser signo de la palabra de Jesús y de su amor gratuito, con unos posibles obispos y un Papa como representantes de ese encuentro de amor entre los hombres.

[12] Ciertamente, en ese concilio se podría seguir declarando extra ecclesiam nulla est salus (no hay salvación fuera de la iglesia), pero sólo en el sentido original de esas palabras: «no hay salvación sin comunión humana, pues la misma salvación es comunión (iglesia), comunicación de amor, que se ofrece a todos de un modo gratuito, desde los pobres y expulsados del sistema». No hay Dios sin donación de vida, no hay Dios sin expansión de amor, que se hace comunión y se abre a todos, por encima de las diversas religiones.

[13] El cristianismo es un Sínodo o red de relaciones que nunca se pueden objetivar, a fin de que nunca pueda surgir una persona (un Papa) o un comité (autoridad colegiada) que acalle a los demás y hable en su nombre sin haberles escuchado. Esta iglesia conciliar (con o sin Papa) sólo puede hablar si sus palabras son Palabra de los excluidos del sistema dominante (siendo así Voz de Dios). Este cristianismo conciliar no tiene que hacer cosas (alzar catedrales, crear comisiones, ganar guerras), sino simplemente ser puente o cátedra donde todos se encuentren dialogando. En este contexto se sitúan las funciones del Concilio y del Papa, que fueron discutidas en las controversias conciliaristas de la primera mitad del siglo XV (Constanza, Basilea, Florencia…). Son funciones inseparables y complementarias.

(1) El Concilio expresa la primacía de la comunicación, el surgimiento de redes que incluyan lo mediático, pero que no se encierren nunca en ello, en la pura red (web) de informaciones y conexiones impersonales, pues lo que importa es el contacto inmediato, en el plano de la vida, el encuentro directo, de los ojos con los ojos, de las manos con las manos, de la palabra con la palabra, en afecto corporal y espiritual, simbolizado en el pan compartido.

(2) Por eso es necesario volver a las personas, al Papa y a los hombres y mujeres insertos en esa red de conexiones y concilios, para recordarnos que son ellos, los hombres y mujeres concretos, los que entregan la vida y la comparten, en esperanza de resurrección. Una sociedad cuyas funciones pudieran realizarse por computadora no sería iglesia. No hay amor de carne y sangre, amor cristiano, por orden-ordenador (o por documento eclesial, o por ley organizada en archivos), sin comunión real, sin caricia concreta, sin pasión de vida. No hay iglesia sin comunicación directa, de palabra y pan, de humanidad mesiánica. En ciertos momentos, las celebraciones oficiales de la iglesia católica tienden a ser verticales, con un Papa, obispo o presbítero que actúan como “patrono”, diciendo desde arriba su palabra, mientras los fieles escuchan, reciben, asienten. Conforme a todo lo que vengo diciendo, ese modelo no es cristiano.

La mano en el arado, sin echar la vista atrás

Dom 13, Ciclo C, con una lectura esencial del evangelio de Lucas: (a) Jesús toma la decisión de proclamar el reino, subiendo a Jerusalén. (b) y lo hace de un modo “pacífico, sin luchar contra pueblos  o grupos que no le reciben. (c) Lucas desarrolla, en esa lìnea, en cuatro pasajes ejemplares la nueva tarea   de sus discípulos, trazando así la ruptura que exige su compromiso de reino.

Este evangelio parece escrito para nuestro tiempo: y define la necesidad de cambio radical de nuestra iglesia, año 2022, en un camino que parece vinculado al Papa Francisco, pero que encuentra grandes resistencias en otros llamados “discípulos, que en vez de seguir el camino de Jesús parecen seguir el camino de aquellos a quienes el evangelio presenta como opuestos a Jesús.

Por X Pikaza Ibarrondo

Lectura: Lucas 9, 51-62

Introducción: (Éxodo o subida de Jesús: Cuando se cumplieron lo días de su éxodo o subida ) Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adonde vayas

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de su ascenso (subida), Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante.

De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?». Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.

Mientras iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adonde vayas. «Jesús le respondió: «Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»

A otro le dijo: «Sígueme. «Él respondió: «Déjame primero ir a enterrar a mi padre.» Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.»

Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia. «Jesús le contestó: «Quien pone la mano en el arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.»

Introducción

El evangelio de Lucas se divide en dos partes centrales: (a): Actividad de Jesús en Galilea, con su mensaje y proyecto de Reino: Lc 4, 14–9, 50). (b) Ascenso o subida a Jerusalén para iniciar el reino: Lc 9, 51-19, 27).

La segunda parte comienza con una “introducción solemne”: “cuando se cumplieron los días de su ´éxodo o subida”,  esto es, los días de su gran salida, de su “salida” radical, de su ascenso a Jerusalén…

Actualmente (2022), por decisión del Papa Francisco, retomando el motivo de la salida/subida del Concilio Vaticano II, la iglesia católica puede y debe asumir y desarrollar los  cuatro elementos esenciales de esta salida/subida (que han sido en parte también desarrollados por  Mt 8, 18-22, siguiendo el esquema del Documento Q, el más antiguo de los textos escritos sobre el evangelio). S sus cuatro elementos esenciales marcan la tarea esencial de la Iglesia en este año 2022. 

  1. Camino Zebedeo. Quieren extender o defender el Reino con “fuego” del cielo:

De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?». Él se volvió y les regañó: No sabéis de qué espíritu sois (D k etc.). Y se marcharon a otra aldea (Lc 9, 62-569.

             Santiago y Juan, zebedeos “ejemplares”, de  gran autoridad  en la iglesia quieren defender (e imponer su reino) realizando (imponiendo)r el camino de Jesús de un modo violento, a modo de cruzada militar, a sangre y fuego, en contra del espíritu de Jesús. Éstos los celotas de Jesús, los “cruzados”, gerreros o guerrilleros de Cristo, que quieren defender el evangelio apelando a la violencia, a las guerras santas, a las inquisiciones y dictados letales… Sigue habiendo en la iglesia muchos antiguos o nuevos “zebedeos”, que pueden tener “razón política” en plano de democracia impositiva, pero que son contrarios al evangelio.

¿Hay una iglesia que quiere extender su poder con fuego del cielo? ¿con cruzadas, con imposiciones legale, con formas de dominaciòn sagrada?

 2. Los zorros tienen madigueras, las aves del cielo nidos, pero el hijo del hombre…

Alguien (Mt: un escriba) le dijo mientras iban de camino,: ¡Te seguiré dondequiera que vayas!Jesús le dijo: Los zorros tienen madrigueras y las aves del cielo nidos;     pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza (Lc 9, 57-58; Mt 8, 18-20). Éstos son los que buscan en Jesús un tipo de seguridad, prestigio y mando. Ponen el evangelio al servicio de sus propios intereses.

            El aspirante, a quien el paralelo de Mt define certeramente como escriba, busca poder. Parece que o tiene y quiere mantenerlo, ofreciéndose a Jesús como experto, intérprete del Libro, con un mando especial sobre los otros..

 Un escriba es hombre de honor en el judaísmo sinagogal: tiene un buen puesto y espera mantenerlo con Jesús, volviéndose autoridad mesiánica: los discípulos de un buen maestro destacan por su sabiduría y conocimiento, como supone la Misná (Abot) y como ratifica la misma iglesia que honra a sacerdotes y doctores. Pero Jesús separa honor y seguimiento, evocando probablemente un refrán: “los zorros tienen madrigueras…”.

            Los animales buscan y obtienen posesión-seguridad dentro del mundo, según principios cósmicos que reflejan la providencia de Dios, como el mismo Jesús sabe: “no os preocupéis…, mirad los pájaros del cielo” (Mt 6, 25-35 par). Sus discípulos, en cambio, deben superar ese nivel de seguridad y autoridad (poder) sobre los otros, abriendo un espacio distinto de comunicación, más allá de los esquemas de poder de las instituciones de este mundo. Jesús no necesita la autoridad de los escribas.

¿Hay una iglesia donde algunos (jerarcas o no) buscan nichos de poder, una iglesia para «medrar y dominar, para imponerse y lograr autoridad social sobre otros?

3. Deja que los muertos entierren a sus muertos

(Jesús) dijo a otro: Sígueme. Pero él otro dijo: Señor, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre. Él le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos.   Y tú ¡vete y anuncia el reino de Dios! (Lc 9, 59-60; Mt 8, 21-22)[1].

La tradición sinóptica sabe que el discípulo de Jesús debe ayudar a los padres necesitados (cf. Mc 7, 8-13; Mt 15, 3-6). Pero aquí, asumiendo una tradición de Jesús, el evangelio ha contrapuesto provocadoramente autoridad del reino y padre patriarcal. «Enterrar al padre» es más que un ritual funerario: es aceptar su autoridad, descubrirle como signo de Dios en un mundo jerárquicamente organizado, seguir al servicio de las leyes patriarcales. Jesús responde, en cambio:  Deja que los muertos entierren a sus muertos…  No ha venido a ratificar un tipo de autoridad patriarcal, sino a ofrecer a todos un camino de reino, en contra de un patriarcalismo clerical, masculino.

El padre patriarcal como fuente de poder social y religioso pertenece al mundo antiguo, al espacio de cosas que mueren (=de los muertos). Allí donde esa autoridad se impone no hay lugar para el reino: triunfa la genealogía de los poderes establecidos, triunfan los intereses cerrados del grupo que se sostienen y apoyan entre sí…, creando un mundo de influjos y poderes que excluye a los más pobres, es decir, los marginados, leprosos, enfermos, hijos ni familia, mujeres . Por eso, quedarse a enterrar al padre supone seguir cultivando ese mundo de exclusiones y «clases», de autoridades impositivaa y jerarquías superiores, con una autoridad genealógica y familiar por encima de todos. Ese es un mundo que se reproduce para la muerte. Por eso, hay que dejar que los muertos entierren a sus muertos.

Tú, vete y anuncia el reino de Dios. Ciertamente, el reino incluye cariño gratuito y cuidado de los necesitados. Pero, precisamente por ello, rompe la estructura patriarcal, basada en el orgullo grupal (buenos padres, buenas familias) y en la nobleza genealógica, que la tradición posterior del cristianismo (de los códigos familiares de Col, Ef y 1 Ped a las pastorales) ha vuelto a sacralizar de alguna forma. Precisamente para anunciar el reino hay que superar ese padre patriarcal, descubriendo y cultivando la presencia de un Dios no patriarcal, cuyo amor se  abre hacia todos los necesitados y excluidos, que no tienen un padre que pueda defenderles. Así pasamos de padre encerrado en un talión intra-grupal (de familia autosuficiente) al Padre de la gratuidad universal, superando los esquemas elitistas de la tierra.

¿Vivimos de enterrar muertos, de mantener privilegios, de guardar ventajas anteriores? ¿Somos una iglesia de sepultureros más que de resucitados?

 4. Quien ha puesto la mano en el arado y sigue mirando atrás….

Otro le dijo también: Te seguiré, Señor, pero primero permite que me despida de los de mi casa.Pero Jesús le dijo: Ninguno que ha puesto su mano en el arado y sigue mirando atrás,   es apto para el reino de Dios (Lc 9, 61-62).

             Esta unidad resume y amplía los tres  anteriores. Sabemos que el seguidor de Jesús no puede apelar a ninguna ventaja social (el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza: Lc 9, 58) ni familiar (no puede enterrar a su padre: Lc 9, 60), sino que debe recorrer hasta el fin su camino de Reino mantener su opción de un modo consecuente, en experiencia de nuevo nacimiento, sin poner la mano en el arado y seguir mirando atrás…, queriendo al mismo tiempo alcanzar la novedad del Evangelio, pero mirando hacia atrás, queriendo conservar los poderes jerárquicos antiguos, propio de una iglesia que emplea la violencia (tema 1), busca el poder (tema 2), sacraliza las tradiciones de poder patriarcal (entierra con honor s sus murtos: tema 3) y quiere ir adelante mirando hacia atrás.

 ¿Hemos puesto la mano en el arado… pero seguimos mirando siempre hacia un pasado muerto…? La iglesia actua, año 202 ¿vive miranal pasado. ¿Cómo puede abrir surco si no mira hacia el futuro de la nueva humanidad, del Reino de Cristo?

 Nota

[1] No precisamos las variantes de Mt (que sitúa el pasaje en clave de llamada) y Lc (contexto de subida a Jerusalén). En ambos casos, el motivo es claro, como han destacado M. Hengel (Seguimiento y Carisma) y E. P. Sanders (Jesus and Judaism). Tanto la cultura oriental y grecorromana como el judaísmo tomaban al padre como autoridad suprema, de manera que enterrarle (cuidarle, mantenerle y  reconocer su poder) constituía el primer deber social y religioso.

La Buena Noticia del Dgo. 13º-C

SEGUIR A JESÚS SIN CONDICIONES. Lc 9, 51-62

Tú, sígueme
Tú, sígueme

Seguir a Jesús es el corazón de la vida cristiana.
Las primeras generaciones nunca olvidaron que ser cristianos es “seguir” a Jesús y vivir como él.
Seguir a Jesús es vivir de camino, sin instalarnos en el bienestar y sin buscar un falso refugio en la religión. Abrir caminos al Reino de Dios trabajando por una vida más humana es siempre la tarea más urgente.
Ciertamente es arriesgado y exigente seguir a Jesús, pero es lo único que puede infundir alegría en nuestra vida.

COMENTARIO AL EVANGELIO

Pagola: «Seguir a Jesús exige estar dispuestos a la conflictividad y a la cruz»

Jesucristo

Jesucristo

«Seguir a Jesús no significa huir hacia un pasado ya muerto, sino tratar de vivir hoy con el espíritu que le animó a él»

Este seguimiento no consiste en buscar novedades ni en promover grupos de selectos, sino en hacer de Jesús el eje único de nuestras comunidades, poniéndonos decididamente al servicio de lo que él llamaba reino de Dios

Por José Antonio Pagola

En tiempos de crisis es grande la tentación de buscar seguridad, volver a posiciones fáciles y llamar de nuevo a las puertas de una religión que nos «proteja» de tanto problema y conflicto.

Hemos de revisar nuestro cristianismo para ver si en la Iglesia actual vivimos motivados por la pasión de seguir a Jesús o andamos buscando «seguridad religiosa». Según el conocido teólogo alemán Johann Baptist Metz, este es el desafío más grave al que nos enfrentamos los cristianos en Europa: decidirnos entre una «religión burguesa» o un «cristianismo de seguimiento».

«Con el aire de Jesús»

Seguir a Jesús no significa huir hacia un pasado ya muerto, sino tratar de vivir hoy con el espíritu que le animó a él. Como ha dicho alguien con ingenio, se trata de vivir hoy «con el aire de Jesús» y no «al viento que más sopla».

Este seguimiento no consiste en buscar novedades ni en promover grupos de selectos, sino en hacer de Jesús el eje único de nuestras comunidades, poniéndonos decididamente al servicio de lo que él llamaba reino de Dios.

¡Eucaristía! Son dos Corazones  ¡Él y Tú!

¡Eucaristía! Son dos Corazones ¡Él y Tú! Alfonso Jesús Olaz

Por eso, seguir a Jesús implica casi siempre caminar «a contracorriente», en actitud de rebeldía frente a costumbres, modas o corrientes de opinión que no concuerdan con el espíritu del Evangelio.

No dejarse domesticar

Y esto exige no solo no dejarnos domesticar por una sociedad superficial y consumista, sino incluso contradecir a los propios amigos y familiares cuando nos invitan a seguir caminos contrarios al Evangelio.

Por eso, seguir a Jesús exige estar dispuestos a la conflictividad y a la cruz. Estar dispuestos a compartir su suerte. Aceptar el riesgo de una vida crucificada como la suya, sabiendo que nos espera resurrección. ¿No seremos capaces de escuchar hoy la llamada siempre viva de Jesús a seguirlo?

13 Tiempo Ordinario – C (Lucas 9,51-62)

TESTIGOS DE LA PALABRA

El Padre Rafael Palacios y Monseñor Romero
El Padre Rafael Palacios y Monseñor Romero

El impulsor de las CEBs (Comunidades Eclesiales de Base)
El P. Rafael Palacios fue asesinado el 20 de junio de 1977 en la ciudad de Santa Tecla cuando se dirigía hacia su vehículo estacionado frente a la iglesia de El Calvario. Fueron cuatro desconocidos los que le dispararon desde un vehículo.  Su cuerpo quedó tendido a media calle con doce perforaciones de bala en la cabeza y en el pecho. El ya estaba amenazado por la UGB, uno de los escuadrones de la muerte que habían señalado su carro con la mano blanca.
Mons. Romero señaló de “trágica y bien dolorosa” la muerte del P. Rafael Palacios; y destacó el carácter eminentemente pastoral el trabajo del P. Rafael en las diferentes parroquias de la Arquidiócesis y sobre todo a escala de las CEBs.
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ORACIÓN DESDE LA PALABRA

Quiero seguir tus caminos, Señor
Quiero, Señor, seguir tus caminos.
Más allá de mi necesidad
Y más acá de mi indigencia,
Fuera del ruído y del miedo que me atenaza,
Con mis sentidos y con mis sentimientos,
Con mi vida y con todo lo que soy y lo que tengo,
Quiero seguirte, Señor
Quiero, Señor, seguir tus caminos
A esta tarea quiero dedicar mi tiempo,
Mi esfuerzo y mi trabajo,
Sabiendo que el camino
Por el que he decidido seguirte
Es un camino de resurrección y de felicidad,
Aunque en ocasiones me cueste reconocerlo…
Con mi vida y con todo lo que soy y lo que tengo
Quiero seguirte, Señor
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Isidro Lozano o.c.
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Pastoral bíblica de Daniel Sánchez Barbero en Fuente de Pedro Naharro, Cuenca

PRISCILA : Genealogías femeninas de las primeras comunidades cristianas ( 3)

Por Pepa Torres

Soy, Priscila, líderesa, maestra y predicadora en el movimiento de Jesús. Me casé con Aquila, también judío como yo. Ambos nos ganábamos la vida como artesanos de tiendas de campaña (Hch. 18.3). Vivimos en muchos lugares, incluso en Roma, de donde fuimos expulsados por razones políticas y religiosas (Hch. 18.2). Fuimos siempre una pareja muy buscadora e itinerante. Por esta razón llegamos a Corinto y allí conocimos a Pablo.

El Evangelio que anunciaba, su forma de vida y su mensaje de universalidad e inclusión, fue toda una revolución en la nuestra. Le abrimos nuestra casa y nuestro taller y con él y otras mujeres y hombres entusiasmados por la utopía y la subversión del evangelio nos hicimos misioneros itinerantes. Formamos un auténtico equipo de vida.

Lo que más me atrajo de la Buena Noticia de Jesús es que no había en ella ninguna subalternidad entre hombres y mujeres. Todos y todas: mujeres, hombres eunucos, esclavos, libertos éramos reconocidos con la misma dignidad y respeto. En nuestras comunidades compartíamos bienes y dones, todo era de todos y todas, aunque también teníamos conflictos. No había entre nosotros ninguna jerarquía. La mayoría éramos laicos.

Tampoco teníamos lugares especiales para reunirnos, orar y celebrar la memoria subversiva de Jesús. Lo hacíamos en nuestras casas y al partir el pan y el vino nos comprometíamos en común a correr la misma suerte que Jesús en el compromiso con la justicia, la fraternidad y sororidad universal. Éramos comunidades domésticas. Algunas de ellas, como la de Filipos, estaban lideradas por mujeres o por parejas, como era el caso nuestro, que lideramos la comunidad de Roma.

Yo siempre tuve don de palabra, el Evangelio se me salía por la boca. Aquila, mi marido fue siempre un gran hombre y un cristiano muy coherente. pero mi predicación llegaba más fácilmente al corazón de la gente. Tuve mucha autoridad como maestra y predicadora. Por eso mi nombre aparece en numerosas ocasiones en el Nuevo Testamento antes que el de mi marido, como cuando, por ejemplo, tuve que explicarle a Apolo, el famoso líder elocuente de Alejandría. todo lo referente al movimiento de Jesús, el Cristo (Hch.18.26). Apolo se dejó enseñar por una pareja, en la cual la mujer tenía más autoridad como maestra y predicadora que su marido.

Siempre me llamó la atención disponibilidad de algunos líderes varones elocuentes, que dentro del movimiento de Jesús reconocían la capacidad de las mujeres y la igualdad entre los sexos, y no se dejaban llevar por los valores discriminatorios de la sociedad patriarcal. Lo aprendimos de Jesús, decían ellos, aunque a otros les costaba mucho y no lo entendían del todo.

Yo, Priscila, puedo afirmar que hasta ahora no hemos visto una manera de organización tan igualitaria en sus relaciones, solidaria y comprometida como nuestras casas-iglesias. Es cierto que en algunas asociaciones admiten esclavos y mujeres como iguales, pero sin embargo a quien lleva el patronazgo en. Jesús nos enseñó que el mayor debe servir al menor. Las mujeres nos sentimos acogidas y respetadas. Somos muchas las que hemos encontrado en las comunidades cristianas un espacio de libertad, y también de resistencia a la marginación de las mujeres.

La buena Noticia del Domingo Fiesta del Corpus Cristi-C

Yo soy el Pan vivo que ha bajado del Cielo

Jn, 51-58

El que me come vivirá por mi

Desde su origen, la Cena del Señor ha sido celebrada por los cristianos para hacer memoria de Jesús, actualizar su presencia viva en medio de nosotros y alimentar nuestra fe en él, en su mensaje y en su vida entregada por nosotros hasta la muerte.

La comida que Jesús repartió significaba la vida que traía para todos. Por eso la Eucaristía abarca toda la existencia: es palabra orientadora en nuestro caminar, es alimento para nuestro desgaste, es clave liberadora de todas nuestras esclavitudes y es derecho de todos los pobres para reclamar: el pan de cada día. La institución de la Eucaristía recoge el testamento de Jesús: “Haced esto en memoria mía”.

El pan y el vino que adoramos son el cuerpo y la sangre de Jesús. Pero de un Jesús que se entrega por todos. Desconocerlo es adorar a un Cristo incompleto
Aunque hoy nos centremos más en el Cuerpo del Señor, ¡No podemos prescindir del Cristo total! Por eso comulgar es aceptar a Cristo, aceptar su estilo de vivir y de relacionarse. No puedo comulgar con el Señor, sino comulgo con su vida, con su cuerpo y con sus hermanos

TESTIGOS DE LA PALABRA

El papa Francisco ha canonizado al sacerdote italiano Cosme Spessotto, conocido como Sante y asesinado en San Juan Nonualco (El Salvador) en el día 14 de junio de 1980 por los Escuadrones de la Muerte, al igual que Rutilio Grande  tres años antes y el que fuera arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero en ese mismo año 1980.

Spessotto nació el 28 de enero de 1923 en Mansuè (Treviso) y fue enviado a Centroamérica como misionero en 1950 y asignado a San Juan Nonualco (El Salvador), donde construyó una iglesia parroquial, talleres para enseñar a los niños un oficio y una escuela parroquial para las clases de primaria, explica el Vaticano en su biografía.

Por su atención a los pobres, el sacerdote italiano, como muchos durante esa época, fue amenazado de muerte por militares y escuadrones.

Fue asesinado el 14 de junio de 1980 mientras, arrodillado en el banco de una iglesia cerca del tabernáculo, tenía la intención de leer la Palabra de Dios. Dos personas, usando pelucas que ocultaban su identidad, entraron en la iglesia y le dispararon con una ametralladora.

El Vaticano explica que el cura «no hizo política» sino que «ejerció su ministerio sacerdotal, tratando de mediar entre las partes en conflicto» y, por lo tanto, es posible identificar como motivo de su muerte el «odium fidei», es decir, el odio a la fe.

 El martirio -añade la Santa Sede- también surge de sus escritos, en los que expresó su disposición a perdonar a sus posibles asesinos. Sabía que estaba en peligro porque había recibido amenazas.

«Los superiores le habían sugerido que regresara a Italia, pero él, impulsado por la caridad pastoral, quería quedarse en El Salvador para no abandonar a su pueblo», se lee en la nota

ORACIÓN DESDE LA PALABRA

La comunión, fuente de fraternidad
Que la comunión contigo, Señor, nos dé fuerzas
Para crear un mundo de hermanos.
Sin tu vida, nuestra vida está vacía e insatisfecha
Porque un mundo sin Dios
Es una realidad que pierde el sentido del futuro
Acepta, Señor, por un día, por unas horas,
La ofrenda de nuestras calles,
El encanto de nuestras calles engalanadas
La música de nuestros corazones,
Amigo que caminas llevándonos de la mano.
Que la comunión contigo, Señor,
Nos de fuerzas para caminar.
El pan es vida y libertad, es gracia;
El pan es para todos, nos has dicho, Señor.
Ayúdanos a ser, ante nuestros hermanos,
Testimonios vivos de tu presencia
Que, por el anuncio de tu Evangelio,
Hacen posible ese Reino de Dios,
Donde el pan multiplicado y compartido
Llega a todos los necesitados.
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Isidro Lozano o.c.

Materiales para la Celebración de la

Fiesta del Corpus Cristi

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PUNTOS-HOMILIA  

“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”.

Lo que quiere decirnos esta fiesta del Corpus lo podemos estudiar en los libros, pero yo creo que sólo lo vamos a entender de verdad cuando nosotros vivamos una vida parecida a la de Jesús. Es decir: cuando vivamos una vida llena de generosidad y de entrega. Entonces sí que podremos comprender bien esta fiesta. Y eso ¿por qué? Pues porque la Eucaristía es eso: generosidad y entrega. Lo decía Jesús cuando la víspera de morir nos daba su cuerpo entregado y su sangre derramada. Nos estaba entregando su vida entera. ¿ Qué sentía Jesús cuando nos hablaba de su cuerpo entregado y de su sangre derramada? ¿Cómo estaría Jesús en esos momentos? Pues Jesús veía que lo iban a matar en cualquier momento. Ya no le quedaba tiempo para nada. Jesús había dejado su oficio de carpintero y se había metido por caminos muy peligrosos. Se dedicó a predicar. Él era un hombre bueno, cariñoso, muy sensible, inmensamente compasivo. Le dolían los sufrimientos de la gente. Cada día veía cómo acudían a él los enfermos, los despreciados, los pobres y Jesús les devolvía la alegría, la esperanza, las ganas de vivir. La gente salía contentísima de estar con él. Así fue metiéndose poco a poco en la vida de la gente hasta no tener tiempo ni para descansar. Él mismo lo reconocía cuando decía: “La mies es mucha y los trabajadores pocos”. Es decir: que había mucho trabajo por hacer. ¡Cuántas veces llegaría a la noche cansado de caminar, cansado de atender enfermos, cansado de escuchar penas y de levantar personas hundidas! Y así un día y otro día y otro día. Jesús llevaba en su vida a muchas vidas. Muchas. Y le pesaban. Alguna vez pensaría: ¿Qué más puedo hacer yo por esta gente? ¿Qué me queda por hacer? Pues aquella noche descubrió una cosa que le quedaba por hacer. Le faltaba entregar su vida. Pues eso es lo que significa la Eucaristía. Eso es lo que había en aquel pan y en aquel vino: la vida de Jesús entregada. Así se lo dijo a sus amigos. Yo pienso que el día que nosotros también seamos generosos y vivamos para los demás, ese día también compren­deremos muy bien lo que es la Eucaristía. Lo comprenderemos sin estudiar ningún libro y sin que nadie nos dé lecciones de nada porque ese día la estaremos viviendo. La Eucaristía es eso: ofrecer al mundo nuestra vida con todo lo que somos y con todo lo que tenemos. Y nos pasará como a Jesús: que llegaremos a la noche cansados de ayudar, cansados de preocuparnos por los demás, cansados de cuidar de todos: hechos pan para la vida del mundo. Y entonces haremos muy bien nuestras misas porque nosotros también nos estamos haciendo Pan para el mundo. Ese fue el camino de Jesús. Fijaos qué bonito es todo eso. En cada misa podemos descubrir la generosidad y la entrega de Jesús. Pues en cada misa se puede descubrir también nuestra generosidad y nuestra entrega porque somos seguidores de Jesús. Tenemos su mismo estilo de vida: nos hacemos pan para el mundo.

El simbolismo histórico-teológico del 666

Indagando en la Biblia 666. El libro del Apocalipsis

Puede ser una imagen de 2 personas, gafas y texto que dice "IB INDAGANDO EN LA BIBLIA Investigación Bíblica Independiente EL LIBRO DEL APOCALIPSIS PROFESOR XABIER PIKAZA HORARIO: DOMINGO 29 DE MAYO 8:00 AM de Ecuador, Colombia, Perú, México P.R 9:00 AM de Bolivia, Chile, Venezuela República Dominicana 10:00 de Argentina 16:00 de España ENTREVISTADOR: TADOR: ALONSO NARANJO TE ESPERAMOS!!! EN NUESTRAS REDES YouTube facebook"

Me atrevo a presentar nuestra conversasión sobre el Apocalipsis,  en canal de you-tube Indagando en la Biblia. Entre otros temas de los que trataremos está el del simbolismo histórico-teológico del 666, expuesto básicamente en mi comentario al Apocalipsis. Gracias al Prof. A. Naranjo por la entrevista.

Por| X. Pikaza

Tengo el privilegio de comentarles que este Domingo 29 de Mayo del presente año tendremos un invitado que nos honrará con su visita a nuestro canal de YouTube, «Indagando en la Biblia»; en esta ocasión nos acompañará el Profesor Xabier Pikaza quien nos hablará sobre el Libro del Apocalipsis.

No tengo que presentar las credenciales del profesor ya que él es muy conocido pero en este caso no puedo pasar por desapercibida la oportunidad para hablarles de su amplia trayectoria.

El Profesor Xabier Pikaza es un Teólogo español de gran envergadura; Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca; Doctor en Filosofía por la Universidad de Santo Tomás de Roma, con una tesis sobre Exégesis y filosofía en R. Bultmann; Licenciado y candidato a Doctor en Sagrada Escritura por el Instituto Bíblico de Roma, entre otras credenciales.

Les comento también que el profesor Xabier Pikaza es muy conocido por sus obras y publicaciones, entre las cuales están:

●Los caminos adversos de Dios. Lectura de Job, San Pablo, Madrid 2020

●Ciudad Biblia. Una guía para adentrarse, perderse y encontrarse en los libros bíblicos, Verbo Divino, Estella 2019

●Palabras originarias para entender a Jesús, (Xabier Pikaza y Vicente Haya), San Pablo, Madrid 2018

●Evangelio de Mateo. De Jesús a la Iglesia, Verbo Divino, Estella 2017

●La familia en la Biblia, Verbo Divino, Estella 2014

●Historia de Jesús, Verbo Divino, Estella 2013

●Teodicea. Itinerarios del hombre a Dios, Sígueme, Salamanca 2013

●Evangelio de Marcos. La Buena Noticia de Jesús, Verbo Divino, Estella 2012

●Diccionario de pensadores cristianos, Verbo Divino, Estella 2010 

No se lo pierdan.

https://youtube.com/channel/UCQC9TGNc4GKYrAZPqZ0XHxA

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666. El número del Apocalipsis:

Muchas veces, en la Biblia, los números tienen un valor simbólico vinculado al orden de la creación, en la perspectiva del tiempo (siete días, siete astros), del espacio (cuatro puntos cardinales) y de la organización social (doce tribus…).

Especial importancia recibe el seis, relacionado con las obras de Dios y los días de trabajo de la semana, trascendidas en el sábado, que está más allá de todo número (el siete es de Dios). En ese sentido, humanamente hablando, los judíos sólo cuentan hasta seis, pues todas las cosas de este mundo son seis. El siete pertenece a Dios. Por eso, no se junta con los seis anteriores, que son números humanos.

Una parte considerable de la especulación de los libros apocalípticos judíos (como los libros de Daniel, 1 Henoc y Jubileos) y en especial de algunos textos de Qumrán está relacionada con cálculos numéricos y fijación de tiempos sagrados. En el Nuevo Testamento el libro que más ha insistido en los números ha sido el Apocalipsis. Este es el sentido de alguno de sus números:

Uno. Significa excelencia y autoridad y puede aplicarse a Dios (que Es, Era y Viene: Ap 1, 4.8) y a Cristo (Primero y último..: Ap 1, 17; 2, 8; 22, 13).

DosImplica cooperación, tanto positiva (en los profetas: Ap 11, 1-13) como negativa (en las bestias: Ap 13, 1-18).

Tres y medio(= mitad de siete) es el tiempo que pasa, momento breve de persecución de los fieles. Partiendo de cálculos tomados de Dan 7, 25; 12, 7, Juan lo identifica con un tiempo (=año), dos tiempos y medio tiempo: los 42 meses o 1260 días simbólicos de la crisis final (Ap 11, 9-13; 12, 14).

Cuatro. Es el mundo perfecto y peligroso: cuatro son los Vivientes del cielo (4, 6.8; 5, 6 etc.), los caballos destructores de la historia (6, 1-8), los elementos cósmicos (8, 7-12; 16, 1-9), los ángulos del mundo con sus ángeles y vientos (7, 1-3; cf. 9, 14-15; 20, 8), lo mismo que los cuernos del altar (cf. 9, 13) y los ángulos o muros de la Ciudad nueva (21, 16).

Seis. Es la imperfección del mundo (del hombre) que, oponiéndose al siete de Dios y su Mesías, acaba encerrándose a sí mismo, en violencia destructora. Es el número de la Bestia: 6.6.6 (Ap 13, 18) y del 6º emperador, que ahora reina (tras los cinco pasados), siendo incapaz de permanecer, pues no puede hacerse siete (cf. 17, 10-11).

SieteEs la plenitud divina que se expresa en los espíritus (Ap 1, 4; 3, 1; 4, 5; 5, 6), ángeles (1, 20; 8, 2. 6), candelabros (1, 12.20; 2, 1), astros (1, 16.20; 2, 1), iglesias (1, 4.11.20) y en los cuernos y ojos del Cordero, que reflejan su poder (5, 6). Siete son también los acontecimientos finales que marcan el juicio de Dios sobre el mundo: los sellos (5, 1.5; 6, 1), las trompetas (8, 2.6), los truenos (10, 3.4) y las copas destructoras (15, 1.6.7).

Hay también un siete negativo que se expresa en las cabezas del Dragón y de la Bestia (12, 2; 13, 1; 17, 3.7), en las colinas (de Roma) que forman el asiento de la Prostituta, en los reyes perversos de la historia (17, 9) y, sobre todo, en el 7º emperador, que permanece poco tiempo…, pues un siete humano es siempre perversión, es idolatría. Cuando este emperador desaparezca volverá como octavo uno de los anteriores, pero Cristo lo destruirá (17, 10-11).

Diez. Es número del poder perverso: los cuernos de Dragón y Bestia (13, 3; 13, 1; 17, 3.7), los reyes de la tierra (17, 12.16) y los días de prueba que Daniel y compañeros han de padecer porque no aceptan la comida impura del imperio (2, 10). Se opone probablemente al doce de la perfección israelita y cristiana.

Doce. Número perfecto de los cielos, como muestran las estrellas de la corona de la Mujer (12, 1), y de la historia mesiánica, que se expresa por los hijos de Israel y los apóstoles del Cristo, vinculados a los ángeles de Dios y a los cimientos y puertas de la Jerusalén perfecta (21, 12-14), con sus medidas y piedras preciosas (21, 16.21). Desde ese fondo han de entenderse sus múltiplos: los 24 Ancianos (dos por doce) que forman la corte de Dios (4, 4) y los 144.000 triunfadores (doce mil por doce mil) del Monte Sión (14, 1; cf. 7, 4).

Mil. Es signo de una gran multitud (millares de millares forman la muchedumbre incontable de los ángeles 5, 11). Se emplea de un modo especial para indicar el milenio: los años del tiempo del reino de los elegidos; frente al breve tres y medio de la persecución se eleva el mil de gloria de los elegidos (20, 2-7).

Seis, seis, seis. Sentido básico del número

Desde lo anterior se puede interpretar mejor el Número de la Bestia, que es un número muy concreto, vinculado a la vida económica del imperio, a la injusticia de los ricos. Así se dice que el Falso Profeta, que es la propaganda (filosofía, religiones, medios de comunicación), que se pone al servicio de la primera Bestia, 

«hizo también que todos, grande y pequeños, ricos y pobres, libres y esclavos llevasen grabada una marca en la mano derecha o en la frente. Y sólo quien llevaba grabado el nombre de la bestia o la cifra de su nombre podía comprar o vender. Aquí se debe aplicar la sabiduría. Quien se sienta inteligente pruebe a descifrar el Número de la Bestia, que es Número humano: seis, seis, seis» (Ap 13, 16-18).

Éste es el texto básico, que sigue haciéndonos pensar y sufrir. La identidad de la Bestia y el posible sentido cifrado de su número (6-6-6) ha sido y es tema apasionante de estudio y adivinación para estudiosos y curiosos (especialmente para curiosos). Como veremos, en su origen debía ser (y es) un número bastante fácil de entender para los cristianos de las siete iglesias a las que va dirigido el Apocalipsis (cf. Ap 2-3). El conocimiento de ese número servía para mantener el compromiso cristiano; no era objeto de erudición abstracta, sino de experiencia de cada día.

Ese número de la Bestia no podía aludir a una cualidad interior, o a un pecado espiritual, pues va asociado a comprar y vender, en ámbito social y económico. No aludía tampoco a un acontecimiento o suceso imprevisible que no se puede evitar, vinculado con la magia o las apariciones astrales, sino que pertenece a la vida social y está relacionado con el dinero (comprar y vender), pues aquellos que no llevaban la marca de la Bestia (el seis.seis.seis) no podían comerciar, ni enriquecerse, ni formar parte de la sociedad dominadora de los favorecidos por el poder romano (cf. Ap 13, 17). La cosa es muy sencilla: el mismo dinero injusto, el comercio de aquellos que se aprovechan del Sistema Romano para comprar y vender y enriquecerse a costa a los pobres, es el Seis-Seis-Seis. Según eso, los que han vendido su alma al sistema romano llevan el signo la Bestia. En el fondo, eso es lo mismo que dice Mt 6, 24 par: la Mamona es Satán objetivado.

Ésta es la paradoja. Buscamos el número como si fuera algo externo, con grandes adivinaciones y teorías esotéricas o mágicas, como si aquel que supiera descifrar el número pudiera resolver problemas superiores. Pues bien, el Apocalipsis dice todo lo contrario: aunque no quieran advertirlo ni confesarlo, todos los que “compran y venden” y se enriquecen a costa de los pobres llevan el número en la mano o en la frente, como si fuera su carné de identidad, su pasaporte. Los otros, los que no pueden conseguir ese número (o no quieren llevarlo, por honradez y opción cristiana) están condenados a ser unos parias, sin derechos, sin oportunidades, como los fieles de la iglesia del Apocalipsis.

Entendido así, ese número indica dinero y todo aquello que se puede comprar por dinero: es la marca completa de aquellos que asumen el sistema del imperio. Los fieles de Jesús conocen el número, no quieren llevarlo, porque es número de opresión. Ésta es la realidad que está al fondo del tema: el Falso Profeta (2ª Bestia) ofrece la marca de la Primera Bestia a los privilegiados de la sociedad, para que puedan comprar y vender, para bien común del imperio (no de sus pobres). En esa línea ha de entenderse el 6-6-6, el número más simple, más vulgar de este mundo malo: el número de los que se aprovechan del sistema y viven a costa de los otros.

Recordemos que el imperio romano quiso presentarse como primera sociedad global, capaz de ofrecer cauces de comunicación entre tribus, pueblos, lenguas y naciones (cf. Ap 13, 7). Aparecía así como milagro de convivencia, ámbito de paz para los hombres. No era una Nación-estado, sino el Estado-imperio donde cabían todas las naciones, cada una con su propia identidad y diferencias. Ese fue su “milagro”, aquello que nunca se había conseguido sobre el mundo, de tal forma que muchos veneraron a Roma como Diosa, como revelación de Dios en la historia.

Por eso, su Número y signo debía ser la eternidad: la Roma Eterna, sentada en el trono de las grandes aguas (cf. Ap 17, 3). Pues bien, en contra de esa divinización resisten y protestan los cristianos, en contra de ella se eleva el Apocalipsis, mostrando a través de este Número que, en el fondo, Roma no es más un signo de impotencia y muerte, un número incapaz de ofrecer plenitud y salvación a los hombres. Los romanos se creían enviados por Dios (por los dioses) para fundar y expandir su orden divino sobre el mundo, de manera que ellos deberían ser 7-7-7 (como los astros del cielo, como la semana sagrada, como Dios). Pues bien, en contra de eso, los cristianos saben que el número de Roma es un simple 6-6-6, el número de una criatura mala, que quiere divinizarse oprimiendo a los demás, pero que terminará destruyéndose muy pronto.

¿Hay más secretos? Descifrar el Número

La identidad básica del número de la Bestia (seis.seis.seis) es la que acabamos de indicar: es un número de injusticia y muerte. En sentido estricto, nuestro argumento podría terminar aquí. Pero, con el mismo libro del Apocalipsis y con la tradición posterior podemos dar un paso más.

Es muy probable que el mismo autor del libro y sus oyentes y lectores más antiguos hayan querido jugar con ese número, de un modo humorista, en voz baja, para así consolarse: éste no es un número para meter miedo, sino todo lo contrario, para quitar el miedo. Es un número para decir a los cristianos y a los pobres: no os preocupéis, ese mismo emperador que parece divino, ese mismo imperio que se cree Dios, no son más que simples criaturas impotentes, condenadas a la muerte.

Desde ese fondo, la cuestión de la identidad más concreta del Número (666, 6-6-6), aplicado al nombre de algún emperador, resulta secundaria. Lo importante era lo anterior: el seis.seis.seis es la expresión de la impotencia del imperio divinizado. Pues bien, partiendo de eso, muchos cristianos pudieron aplicar en voz baja ese número a alguno de los emperadores, alegrándose con ello, pues al identificar al imperio/emperador con ese número se estaba diciendo que tenía los días contados, que llegaba ya el tiempo de la liberación para los pobres.

Parece que en aquel tiempo podía interpretarse sin dificultad; más aún, es muy posible que pudiera aplicarse de diversas maneras, conforme a los métodos de gematría (cálculo de letras y número), común en aquel tiempo. Sin duda, su sentido está relacionado con la lista de reyes (emperadores) que, partiendo del modelo ofrecido por Dan 7, 25-27, el mismo autor del Apocalipsis ha esbozado más tarde en su libro (Ap 17, 11-14). Se trata de un Número que puede calcularse siguiendo varios modelos de gematría, como hacían entonces judíos y helenistas: cada número es una letra y viceversa, de manera que el conjunto puede descifrarse como código cifrado… La riqueza del tema (y para algunos el problema) empieza cuando se quiere dividir 666 (o 606, según otros manuscritos) en posibles cifras inferiores, utilizando, el alfabeto griego o hebreo (arameo) para calcular la suma o sentido de conjunto.

Las combinaciones y lecturas propuestas desde antiguo son variadas y no concordantes. Las más significativas son: Titán Latino, Nerón Cesar, Cayo (=Calígula) César… Pero ninguna ha logrado convencer a la comunidad de los sabios exegetas, lo cual significa que el secreto se ha perdido con el autor y con los destinatarios del libro… o que no había tal secreto, pues se dejaba a cada uno buscar aplicaciones, sabiendo todos que el seis.seis.seis es la expresión y anuncio de la caída de un tipo de imperio destructor, que eleva a los ricos-comerciantes por encima de los pobres y que mata a los inocentes. Un imperio así no puede persistir, ese imperio es un simple seis.seis.seis… y su representante puede ser Nerón, Calígula… o simplemente Roma, emperadores y ciudad condenada a la muerte, para bien de los pobres del mundo.

Es muy posible que el autor del Apocalipsis haya querido dejar abierto el tema del sentido concreto del Número. Sólo ha querido indicar que se trata de un signo y un Número que es puramente humano, finito. Recordemos de nuevo el sentido de algunos números. La plenitud es Cuatro (hay cuatro vivientes, vientos, elementos: Ap 4, 8; 7, 1; 20, 28); la revelación escatológica es Siete (hay siete espíritus, candelabros, astros): el número de prueba es Tres y medio (mitad de siete) con sus equivalentes (42 meses, 1260 días). Pues bien, el Número del imperio perverso (que parece divino, pero que tiene pies de barro, manchados de sangre: cf. Dan 2) es un seis repetido, que nunca llega a Siete, que nunca puede alcanzar la plenitud.

Por eso, cuando decimos seis.seis.seis… podemos seguir añadiendo números de “seis” hasta el infinito (la repetición triple del “seis” es indicación de algo que se puede seguir diciendo sin fin). Eso significa que Roma no es Cuatro (no es el cosmos entero), ni es Siete (no es Dios). Roma es un simple seis repetido, impotente, un “seis” que destruye a quienes se apoyan en su fuerza brutal pero inhumana, en si riqueza inmensa pero sangrienta. Éste es el Número de aquellos que ponen su seguridad en el Imperio, entregándole su libertad humana. Los cristianos más sencillos lo sabían y lo saben. Por el contrario, aquellos investigadores o curiosos que buscan con inmensa erudición el sentido más oculto de ese Número lo pueden estar repitiendo a lo largo de toda su vida, sin darse cuenta de pueden haber caído bajo el poder del 6-6-6, que es la impotencia y violencia de la finitud, que es la injusticia de la historia humana. Aquellos que se hacen ricos a costa del miedo del seis.seis.seis han caído en su trampa. Quienes quieren convertir el seis.seis.seis en objeto de magia o de cálculos curiosos pierden simplemente el tiempo.

Por eso, todos aquellos que, de un modo o de otro, quieren aplicar el seis.seis.seis un día concreto (como el seis de junio del 2006) van en contra de la Biblia cristiana. Pueden saciar una curiosidad, pero su gesto no tiene nada que ver con el evangelio del Apocalipsis de Juan.

La buena noticia del Dgo de la Santísima Trinidad-C

EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO. Jn 16,12-15

 Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, Comunidad de amor (Dibujo Cerezo B.)
Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, Comunidad de amor (Dibujo Cerezo B.)

LA HORA DE LA PALABRA

Jesús, desde su experiencia de Dios, invita a sus seguidores a relacionarse de manera confiada con el Padre, a seguir fielmente sus pasos de Hijo de Dios encarnado, y a dejarse guiar por el Espíritu Santo.
Con su grupo de seguidores, Jesús quiere formar una familia nueva donde todos busquen cumplir la voluntad del Padre.
Se trata de formar un movimiento de hermanos al servicio de los más pequeños y desvalidos.
Y esa familia, esa Iglesia, será símbolo y germen del nuevo mundo querido por el Padre.

Comentario al Evangelio

EL CRISTIANO ANTE DIOS

Written by José Antonio Pagola

No siempre se nos hace fácil a los cristianos relacionarnos de manera concreta y viva con el misterio de Dios confesado como Trinidad. Sin embargo, la crisis religiosa nos está invitando a cuidar más que nunca una relación personal, sana y gratificante con él. Jesús, el Misterio de Dios hecho carne en el Profeta de Galilea, es el mejor punto de partida para reavivar una fe sencilla.

¿Cómo vivir ante el Padre?

Jesús nos enseña dos actitudes básicas.
En primer lugar, una confianza total. El Padre es bueno. Nos quiere sin fin. Nada le importa más que nuestro bien. Podemos confiar en él sin miedos, recelos, cálculos o estrategias. Vivir es confiar en el Amor como misterio último de todo.

En segundo lugar, una docilidad incondicional. Es bueno vivir atentos a la voluntad de ese Padre, pues solo quiere una vida más digna para todos. No hay una manera de vivir más sana y acertada. Esta es la motivación secreta de quien vive ante el misterio de la realidad desde la fe en un Dios Padre.

¿Qué es vivir con el Hijo de Dios encarnado?

En primer lugar, seguir a Jesús: conocerlo, creerle, sintonizar con él, aprender a vivir siguiendo sus pasos. Mirar la vida como la miraba él; tratar a las personas como él las trataba; sembrar signos de bondad y de libertad creadora como hacía él. Vivir haciendo la vida más humana. Así vive Dios cuando se encarna. Para un cristiano no hay otro modo de vivir más apasionante.

En segundo lugar, colaborar en el proyecto de Dios que Jesús pone en marcha siguiendo la voluntad del Padre. No podemos permanecer pasivos. A los que lloran, Dios los quiere ver riendo, a los que tienen hambre los quiere ver comiendo. Hemos de cambiar las cosas para que la vida sea vida para todos. Este proyecto que Jesús llama «reino de Dios» es el marco, la orientación y el horizonte que se nos propone desde el misterio último de Dios para hacer la vida más humana.

¿Qué es vivir animados por el Espíritu Santo?

En primer lugar vivir animados por el amor. Así se desprende de toda la trayectoria de Jesús. Lo esencial es vivirlo todo con amor y desde el amor. Nada hay más importante. El amor es la fuerza que pone sentido, verdad y esperanza en nuestra existencia. Es el amor el que nos salva de tantas torpezas, errores y miserias.

Por último, quien vive «ungido por el Espíritu de Dios» se siente enviado de manera especial a anunciar a los pobres la Buena Noticia. Su vida tiene fuerza liberadora para los cautivos; pone luz en quienes viven ciegos; es un regalo para quienes se sienten desgraciados

TESTIGOS DE LA PALABRA

El misionero manchego Vicente Hondarza
El misionero manchego Vicente Hondarza

El próximo 14 de junio, se cumplirán 39 años del asesinato en 1983 del misionero del IEME y sacerdote diocesano de Ciudad Real, Vicente Hondarza Gómez, conocido como el padre de los pobres.
Había nacido en Fernancaballero, Ciudad Real, el 15 de octubre de 1935, en el seno de una familia modesta del citado pueblo manchego. Trabajó en la parroquia de Chancay en la diócesis de Huacho-Chosica al norte de Lima, Perú.
Vicente sufrió violencia y fue asesinado cuando regresaba de atender a sus comunidades en la cordillera andina.
Según el testimonio de los campesinos de la localidad de Lampián, cerca de donde fue encontrado su cuerpo, el sacerdote fue asesinado por su opción por los pobres y humildes a quienes defendió con su vida. Vicente ayudó mucho a los pueblos jóvenes en cuanto a su organización, dándoles facilidades; coordinaba con otros organismos que podían ayudar Formó el centro de Madres del pueblo joven Juan Velasco, el grupo de Juventud Estudiantil Católica, el de Derechos Humanos y otros más.
El grupo del IEME de la diócesis de Huacho- Chosica ha editado un CD con el nombre “Tras sus huellas” donde se recuerda su trabajo y testimonio en el seguimiento de Jesucristo.

ORACIÓN DESDE LA PALABRA

¡Dios mío, Trinidad a quien adoro! 
¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!
¡Quien te descubriera, mi Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo!
Gracias porque eres alguien
A quien no alcanzo a entender,
Pero vives en mi dando sentido a mi vida,
Que hablas con la fuerza y autoridad del Padre
Que amas con las palabras y el corazón
del Hijo
¡Dios mío Trinidad a quien adoro!
¡Quién te descubriera, mi Dios
Padre, Hijo y Espíritu Santo!
Como un río en el mar de tu grandeza
Nuestra pequeñez se anega en tu infinito mar
Haz de nuestras vidas tu comunitario cielo,
Y llévanos cada día al hogar donde tú habitas
Señor y Dios nuestro,
Padre, Hijo y Espíritu Santo!
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Isidro Lozano o.c.
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Pastoral bíblica de Daniel Sánchez Barbero en Fuente de Pedro Naharro, Cuenca

Salmos para la guerra

por Raúl Molina 

  

Solidaridad con Ucrania

Salmo 55

Dios nuestro, escucha nuestra oración y no te cierres a nuestra súplica porque estamos viviendo con angustia este espectáculo devastador en el que, una vez más, las ambiciones de los poderosos nos sobrecogen con ruido de bombardeos y llanto de niños. ¡Cuántas veces hemos orado por el sufrimiento de pueblos enteros que soportan la guerra elegida por otros! ¡Cuántas veces hemos llorado el dolor y la muerte de los que huyen de países gobernados por dictadores, por el hambre, por el genocidio, por la desesperanza! ¡Cuántas veces nos hemos sentido cómplices de un sistema económico y político que nos beneficia! Ahora nos asalta el temor y el espanto: el eco de las bombas sobrecoge a la vieja Europa.


Salmo 59

Líbranos, Dios nuestro, de los agresores, de los hombres sanguinarios, de los poderosos que nos acosan, de aquellos para los que no somos nada. ¿Quién merece este desprecio? ¿Quién vale menos que un litro de gas, que un millón de euros, que un territorio conquistado?

Salmo 10

Como tantas otras veces, has desaparecido de nuestras vidas. ¡Qué difícil se hace creer en tu bondad y en tu misericordia cuando presenciamos el dolor, cuando sufrimos el miedo, cuando resumamos impotencia! ¿Por qué dejas que la codicia y la ambición se adueñen del mundo? ¿Por qué consientes que los deseos de libertad, justicia y dicha, que nos prometiste, sean pisoteados?

Salmo 37

Siempre respondes con palabras de consuelo, invitándonos a la serenidad, haciéndonos ver que tus caminos no son los caminos del poderoso, anunciando que será tu justicia la que prevalezca. Nos animas a ser fieles a tu voluntad, a mantenernos en el amor a la vida y en el amor al prójimo, a que te descubramos en cada ser humano, a que hagamos de la compasión nuestra manera de estar en el mundo. Y te brindas a acompañarnos en el camino.

Salmo 40

Nuestro deseo, Dios Padre, es confiar en ti y sabernos escuchados. Por eso queremos verte, oírte, saber que también estás en este tiempo oscuro que nos abre, sin respuesta, al misterio del mal. Queremos caminar con paso seguro, dando muestras de esperanza a una humanidad que tanto las anhela, comprometiéndonos con el dolor del prójimo, proclamando que tu mensaje nos ayuda a vivir y que el buen camino nos lo marcó tu Hijo.

Salmo 41

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, dichosos los que cuidan del pobre. Por ellos velarás, Señor. Esta es nuestra sencilla respuesta al mal: hacer el bien. La encarnación fue tu sencilla respuesta al mal: hacerte hombre para vivir como hombre; para compartir nuestras dichas y angustias, nuestras esperanzas y miedos; para cuidar de los tuyos, sanar a los enfermos y consolar a los tristes.

Salmo 68

Somos tus manos, Señor. Somos los encargados de acoger a los desvalidos, de liberar a los cautivos, de hacer visible tu misericordia. Y ahí vemos tu misericordia, en los que se hacen presentes en las colas de refugiados, en los que sacan del mar a los que buscan en nuestra tierra un futuro mejor, en los que se quedan en las ciudades asediadas para ponerse al servicio de los damnificados, en los que ofrecen su esfuerzo para mejorar las condiciones de esos cientos de millones de invisibles que no interesan a los mercados, en los que entregan la vida a los demás en su día a día silencioso.

Salmo 98

¡Cómo esperamos que des a conocer tu victoria y reveles a las naciones tu justicia! Y ese día esta será nuestra fiesta: disfrutar de las maravillas de la naturaleza que nos regalaste, gozar plenamente de la compañía de los otros, cantar que ‘tu gloria es la vida de los hombres’ y descubrir la grandeza de lo que somos, porque Tú habitas en nuestros corazones

Mensaje de los Obispos en Pentecostés

El compromiso de los obispos españoles este Pentecostés: “Tenemos que reinventarnos, ser más imaginativos”

En su mensaje para el próximo 5 de junio, los prelados subrayan la necesidad de apostar por una Iglesia auténticamente sinodal que deje de lado el “siempre se ha hecho así”

Con motivo de la solemnidad de Pentecostés, el próximo 5 de junio, jornada en la que la Iglesia celebra el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, los obispos españoles han hecho público su mensaje, en el que destacan el papel fundamental que tiene el laicado en la corresponsabilidad eclesial y en la misión evangelizadora, junto con los pastores y la Vida Consagrada.

Este año, en continuidad con la celebración del año pasado, el lema de la Jornada invita a “seguir construyendo juntos el gran reto y desafío pastoral de la sinodalidad” propuesto por el papa Francisco con el proceso sinodal que está llevando a cabo la Iglesia.

“El proceso sinodal está siendo para nuestra Iglesia que peregrina en España un tiempo de gracia, un kairos, una oportunidad para crecer en comunión, participación y misión”, subrayan los prelados, quienes destacan, asimismo, que “es clave que concibamos la sinodalidad como un camino que estamos realizando, como un proceso, que debe tener continuidad porque no es sólo una reflexión teórica, sino el modus vivendi et operandi de la Iglesia”.

Así, los obispos han animado a seguir “construyendo juntos”. “Sigamos creyendo que los sueños se construyen juntos, desde la fraternidad, la comunión eclesial”, porque “la sinodalidad consiste en ir creando un ‘nosotros’ eclesial compartido, es decir, que todos sintamos como propia la biografía de la Iglesia”.

Miembros de pleno derecho

En este sentido, afirman, además, que “no podemos obviar el sacramento del bautismo, porque aquí se encuentra la base para una nueva concepción del laico en la Iglesia, como miembro de pleno derecho. Desde aquí se entiende que la vocación laical no es una vocación residual, por defecto, ni hay que considerar al laico como un cristiano de segunda, ni un actor de reparto, sino protagonista de la misión evangelizadora de la Iglesia, junto a los pastores y la vida consagrada”.

Y es que “los fieles laicos no están en la Iglesia para pedir a los párrocos o a los obispos que les atribuyan funciones”, ya que “no se trata de ejercer un poder o de ocupar espacios en las estructuras eclesiásticas, sino que la participación de los laicos en la vida y misión de la Iglesia brota del sacramento del bautismo, desde donde descubren su vocación a ser misión, enviados, sin olvidar que, como afirma el Concilio Vaticano II, lo propio y peculiar de los laicos es su compromiso en el mundo”.

Por eso, “una Iglesia sinodal es aquella en la que la Iglesia reconozca a los laicos y los laicos se reconozcan Iglesia, evitando caer en el clericalismo, que es uno de los problemas más serios que existe en nuestra Iglesia actual”. “Este proceso sinodal nos debe llevar a vivir más intensamente la comunión y a promover espacios en los que todos nos sintamos protagonistas de la vida de la Iglesia y de su vocación misionera. Para ello es fundamental que se favorezca el diálogo profundo y la escucha mutua, acogiendo también con respeto y cariño aquellas palabras de las personas que no piensan como nosotros”, aseveran.

“Es el Espíritu quien guía”

Del mismo modo, los obispos han señalado en su mensaje que “la invitación del sínodo eclesial nos abre a horizontes nuevos, a redescubrir la fraternidad universal, a caminar juntos, a ir construyendo una Iglesia en diálogo con la sociedad contemporánea, especialmente con los más pobres y sufrientes”. “En estos tiempos, marcados aún por la pandemia y por el drama de la guerra, por la inestabilidad económica, recibimos una llamada urgente a descubrir que nadie se salva solo, porque estamos todos en la misma barca en medio de las tempestades de la historia, pero sobre todo que nadie se salva sin Dios”, aseveran.                              El Espíritu Santo nos necesita. Es muy importante que no olvidemos que el proceso sinodal es ante todo un proceso espiritual y está orientado al discernimiento. Se trata de preguntarnos cada uno y juntos, en comunidad o en grupos, hacia dónde nos quiere llevar el Espíritu Santo en estos momentos actuales de la historia. Por eso no hay sinodalidad si no hay discernimiento espiritual, si no nos abrimos al Espíritu Santo que nos lleva a pasar de la sombra al asombro, a la novedad, a creernos que otro modo de ser Iglesia es posible e incluso necesario.

El Espíritu Santo es el garante de la comunión, de la unidad que no es igual a uniformidad, sino que se expresa en la diversidad que nos conduce a la complementariedad. Qué importante es que acojamos con alegría la diversidad de vocaciones en nuestra Iglesia, sabiendo que ninguna vocación se entiende sin las otras. Se trata de que nos sintamos una familia, en la que todos somos importantes y nadie sobra, donde todas las palabras son escuchadas y tienen el mismo valor, porque nos une el ser hijos del mismo Dios, Padre de amor y misericordia.                                          “En este cambio de época que nos ha tocado vivir”, continúan, “tenemos que dejar de mirar hacia atrás con añoranza —con nostalgia del pasado—, como dice el papa Francisco, debemos abandonar el criterio pastoral del ‘siempre se ha hecho así’ y tenemos que reinventarnos, ser creativos, imaginativos…”.               “Estamos ante una posibilidad de cambio profundo, en autenticidad y coherencia, ante un decisivo impulso evangelizador”, aseguran. “Se trata ciertamente de una respuesta imprevista que es el Espíritu quien guía y es una aventura para vivir en comunidad”. Asimismo, reconocen que “la tarea es enorme, sus contornos no están totalmente definidos; no conocemos por dónde y cómo discurrirá este camino”.