Pablo Richard, un gran maestro que nos motivó en la animación bíblica

Fue uno de los teólogos que más aportó para que las comunidades cristianas del mundo pobre 

En el Mes de la Biblia, fallece uno de los más insignes biblistas chilenos, el teólogo Pablo Richard 

                                                        Pablo Richard 

Los familiares del sacerdote en Chile le confirmaron el sorpresivo fallecimiento ocurrido en San José, esta mañana, porque no estaba enfermo sino que con las dolencias propias de su edad 

Pablo fue fundador y activo dirigente del Movimiento de Cristianos por el Socialismo en los inicios de los años 70. Con el golpe cívico militar del 73 partió a Francia exiliado. Antes se había casado y había tenido hijos 

En uno de sus últimos escritos, afirmó: “Cuando Dios se hace humano todos los dioses se derrumban. El dios dinero, el dios mercado, con su fuerza el neoliberalismo” 

Afirmó, asimismo: “La lucha de los dioses: los ídolos de la opresión y la búsqueda del Dios Liberador’, fue un libro que entregué a Mons. Romero y que impactó la espiritualidad de los años 80 y más”. 

21.09.2021 

(Kairós News).– “En el principio la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios”. “Y la Palabra se hizo carne  y puso su Morada entre nosotros” (cf. Jn 1, 1-14) Carne significa humanidad en condición de debilidad y mortalidad.(…) Cuando Dios se hace humano todos los dioses se derrumban. El dios dinero, el dios mercado, con su fuerza el neoliberalismo». 

Ese fue uno de  los últimos escritos de Pablo Richard, registrado por Amerindia en la Red el 10 de abril del año pasado. «La contradicción es con el Dios Palabra que se hizo carne, que se despojó de su condición divina y se hizo esclavo. ‘La lucha de los dioses: los ídolos de la opresión y la búsqueda del Dios Liberador’, fue un libro que entregué a Mons. Romero y que impactó la espiritualidad de los años 80 y más»añadió

«Ahora se desata una guerra contra la humanidad y la madre tierra. Sentimos que toman vida los dioses de la muerte, los ídolos de la sangre y la muerte. El Dios de la vida aparece como derrotado. Los y las que gritan ¿dónde está Dios?, no reciben  respuesta. ¿Dios ha muerto? No, está vivo, vivo en los que luchan contra el Coronavirus. Dios no ha muerto, está luchando por la vida», concluía. 

Pablo Richard Guzmán, nació en Chile, en 1939. En 1966 se graduó como licenciado en Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en la que fue alumno de otro de los grandes teólogos, el belga-chileno José Comblin, quien influyó en su énfasis en el estudio de la Biblia. En 1968 obtuvo la licenciatura en Sagradas Escrituras, en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. En 1969 y 1970 estudió Arqueología bíblica, en la Escuela Bíblica de Jerusalén

Teología de la liberación 

Fue fundador y activo dirigente del Movimiento de Cristianos por el Socialismo en los inicios de los años 70. Gon el golpe cívico militar del 73 partió a Francia exiliado. AllÍ se doctoró en Sociología de la Religión, en La Sorbona de Parìs. 

Antes de partir al exilio, Richard dejó el sacerdocio y se casó y tuvo hijos

Posteriormente se radicó en Costa Rica, país que lo acogió y le dio posibilidades de seguir aportando al movimiento popular de la Biblia del que era un importante difusor junto al brasileño Carlos Mester. Así trabajó en el Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI)], dedicado a la formación permanente de agentes de pastoral en América latina y del que fue director. 

En Costa Rica solicitó volver al sacerdocio, siendo aceptado por el arzobispo de San José quien lo encardinó a su diócesis con el expreso apoyo del entonces prefecto de la Congregación del Clero en Roma, el colombiano Darío Castrillón quien después fuera presidente del Celam. 

Con la vuelta a la democracia en Chile, Richard visitó en varias oportunidades nuestro país para participar en foros y dar conferencias y talleres bíblicos a las comunidades cristianas, siendo el Centro Ecuménico Diego de Medellín su casa en Chile para realizar estas actividades 

El Evangelio de Mateo en el mes de la Biblia

San Mateo: El evangelio fundacional de la Iglesia 

Se celebra este día (21, 9) la fiesta de San Mateo, primer evangelista, punto de partida de la lectura del NT y de toda la Biblia para millones de cristianos, como he puesto de relieve en Ciudad Biblia. 

    Podemos empezar con el relato de la llamada de Jesús, según Lc 5,27-32. No sabemos mucho de él. Mc 2, 14 le llama Leví (levita, hijo de Alfeo), identificado por la tradición con el autor del primer evangelio, un escriba que saca de su arcón de libros verdades antiguas y nuevas, para dibujar la figura de Jesús,  centro de toda la Biblia (Mt 13, 52). 

Su “historia” es admirable, paradójica: Es judío (Levi), y sin embargo parece funcionario del dinero universal (de Judea y Roma), publicano sospechoso y afamado. Está contando el dinero en el telonio, pero Jesús le llama y el deja todo y le sigue, invitándole después, con los discípulos y amigos publicanos (pecadores) a comer de fiesta, gastando el dinero quizá mal ganado en un festín sospechoso. 

            Los fariseos (separados) critican y condenan a Jesús porque se sienta (come, hace amistad) con pecadores y gente de vida dudosa, pero Jesús responde defendiendo el perdón mutuo y el abrazo sobre la ley pura de los intransigentes. Éste Leví es un hombre apropiado para escribir un evangelio como el de Mateo. Hoy sería buen día para leerlo entero. 

Cronológicamente no parece el primer evangelio que se ha escrito, Marcos parece anterior, lo mismo que un documento evangélico llamado Q (sigla de Quelle, fuente). Pero el canon del Nuevo Testamento ha colocado al principio el evangelio de Mateo, tomándolo así como libro clave para entender la Biblia Cristiana. Muchos han escrito y siguen escribiendo sobre este evangelio de Mateo. Yo mismo le he dedicado un largo comentario. Pero es preferible leer hoy el texto del Evangelio de Mateo. 

20.09.2021 | X Pikaza 

Nueva introducción (Mt 9,9-13) 

Cuenta la tradición que un publicano (Levi) se sentaba en su oficina de impuestos (telonio). Parecía por familia un sacerdote: Se llamaba Leví, levita. Pero la fortuna de la vida o su opción económica le hicieron “oficial de aduanas”, quizá jefe económico del puesto de frontera entre Cafarnaúm, donde Jesús vivía (en Galilea, reino de Herodes), y Betsaida, ciudad de Pedro, Andrés y Felipe (en Iturea, reino de Felipe). 

            Jesús debía pasar por allí con frecuencia, fijándose en Levi, a quien un día llamó diciendo: “Ven conmigo”. Y Leví dejó la aduana con dinero y siguió a Jesús, el pobre. ¿Qué podría hacer en su grupo un publicano? Quizá hablar de economía, enseñar cómo funcionan los impuestos, de qué forma se invierte el dinero. 

Todo eso hizo Leví, sin duda. Pero el texto empieza hablando de otra cosa: Leví invitó a Jesús a comer, con escándalo de muchos que decían: ¡Cómo puede sentarse Jesús a su mesa! Debió ser una comida de solidaridad y compromiso por el Reino. ¿Qué dirían? ¿Qué diríamos nosotros? 

EL EVANGELIO DE MATEO 

 Elementos distintivos 

   He presentado a Mateo como evangelio fundacional de la Iglesia, un evangelio hecho de pactos (entre los de Jerusalén y los de Pablo, entre galileos y helenistas), el evangelio que  ha sido y sigue siendo la palabra clave del “fundamento” de la Iglesia, vinculada a la figura y acción de Pedro (Mt 16, 17-19), un Pedro-cimiento sobre el que pueden edificarse todas las “moradas” y caminos de la Iglesia. 

No es un código legal, sino un libro de vida que vincula la tradición de Israel (desde el principio) y la nueva experiencia cristiana, una especie de “manual” de vida (como pudo ser, en un plano distinto, la Regla de la Comunidad de Qumrán). Es, al mismo tiempo, un libro/controversia que recoge el resultado (las actas) de una fuerte disputa entre seguidores de Jesús y judíos rabínicos, con urgencia escatológica, pues muchos aguardaban el cambio de los tiempos, el derrumbamiento de un mundo anterior, la llegada del Reino de Dios. Pero, siendo todo eso, es un libro-guía de Jesús y de su comunidad cristiana. 

Mateocuenta la historia de Jesús como cumplimiento de la tradición bíblica, fijada básicamente en la Escritura de Israel (el AT cristiano). Muchos escritos de entonces (entre el III aC y el II dC) quisieron fijar la identidad judía desde las nuevas circunstancias religiosas y sociales, como hizo Mateo, aunque en otras perspectivas. Entre ellos podemos recordar Jubileos, diversas partes de 1 Henoc y la Regla de Qumrán, con los grandes apocalípticos del I-II dC (2 Baruc, 4 Esdras). 

Éstos y otros libros querían mantenerse fieles a la tradición judía, pero la reinterpretaban de diversas formas. En ese contexto ha recreado Mateo la tradición y vida judía desde Jesús de Nazaret, abriendo así un camino mesiánico nuevo, que se ha mantenido y extendido en la Iglesia cristiana. 

Mateo expone despliega una visión radical del judaísmo, pero entendido desde la historia de Jesús, ofreciendo una visión canónica (eclesial y normativa) de su mensaje y movimiento. Los estudiosos judíos posteriores han aceptado el carácter israelita de otros libros apocalípticos o legales, como los citados (Jubileos y 1 Henoc…), pero afirman en general que Mateo no sería ya judío. En contra de eso, pienso que Mateo es tan judío (fiel a la Escritura de Israel) como esos libros, pero con la diferencia de que ellos no han logrado crear una “comunidad autónoma” de creyentes. 

Pues bien, Mateo lo ha hecho, reinterpretando la historia de Jesús en este libro-guía de la comunidad cristiana, superando (trascendiendo) de hecho los límites de un judaísmo rabínico tradicional (con la Misná), pero conservando y ratificando desde Jesús, lo que a su juicio (y a juicio de gran parte de los cristianos) es la raíz del judaísmo. 

En esa línea, Mateo es un libro de historia de la iglesia, pues, al recrear la “vida” de Jesús, cuenta su acogida en las iglesias. En el fondo de su evangelio está la historia de Jesús, pero con rasgos tomados de Pablo, y también de Santiago… y en especial de Pedro. 

Un tipo de iglesia católica ha estrechado la amplitud del evangelio de Mateo, ha domesticado en forma romana la universalidad de Pedro… En ese sentido, si la iglesia católica quiere recuperar la tradición de Pedro tiene que verle en comunión dialéctica con Pablo, con Santiago, con el Discípulo amado. 

No le importa sólo Jesús (sus palabras y sus hechos en sí mismos), sino en la vida de sus seguidores, entre los que destaca Pedro, pero sin negar a Pablo, a Santiago, al Discípulo amado y a las mujeres de Pascua 

. Como puso de relieve la “historia de las formas” (Formgeschichte), los evangelios, y de un modo especial Mateo, exponen no sólo el pasado de la historia de Jesús, sino la forma en que esa historia ha sido acogida y valorada por la Iglesia. Según eso, Mateo recrea y vincula dos historias: La de Jesús, Mesías de Israel, y la de sus seguidores en la Iglesia. 

Mateo es un libro de choque socio-cultural, y así ofrece una gran alternativa político-religiosa, en el cruce entre dos mundos (oriente y occidente). Es un libro de base semita, oriental (hebreo y arameo), y en esa línea presenta al principio a los “magos de oriente”, los sabios que vienen buscando a Jesús con la estrella (Mt 2). 

Pero, al mismo tiempo, es un libro clave de la historia de de occidente, elaborado desde un judaísmo que ha crecido en el contexto socio-cultural del helenismo, en el imperio romano; un libro escrito en griego culto, la koiné helenista, para ofrecer una alternativa económica y social, cultural y religiosa al mundo dominante (al orden romano), desde una ciudad que era cruce de culturas e historias (Antioquía de Siria, hoy Turquía). Ciertamente, no critica de forma directa al Imperio Romano, ni desarrolla una imaginería apocalíptica de su pecado y caída (como el Ap Juan), pero eleva una alternativa mesiánica a su visión de poder del mundo. 

Es un discurso de  fuerte controversia, con elementos claramente retóricos, cosa que a veces se olvida en las relaciones entre judíos y cristianos, un libro donde deben esccharse las razones de Pablo y del rabinismo, recreadas desde Jesús. 

Ciertamente, incluye textos y testimonios admirables de perdón y comunión, de universalismo y pacificación, pero, al mismo tiempo, recoge la historia de un duro conflicto entre seguidores de Jesús y otros judíos, y lo hace no sólo con dureza, sino incluso con “mentiras retóricas”, acentuando de manera injusta (e incluso ofensiva) los posibles defectos de los adversarios (judíos rabínicos). 

Esa controversia resulta muy dura, de forma que si ella se olvida no se entiende ni valora este evangelio que, sobre una base de paz y perdón, bien visible en el centro del Sermón de la Montaña (Mt 5-7), recoge las “actas” de un juicio muy duro entre partidarios y adversarios de Jesús (=de la visión de Jesús que ofrece Mateo). Este libro toma partido por un grupo, y resuelve el conflicto en una línea (desde la perspectiva de los pobres de Jesús, en clave pascual), pero en otra línea mantiene ese conflicto, como indicaremos. 

Mateo reinterpreta disputas eclesiales anteriores. Recoge, por un lado, la narración fundacional de la vida de Jesús. Pero, al mismo tiempo, introduce y proyecta sobre él los temas de su Iglesia (los de Pablo, los de Santiago, los del Discípulo Amado…), para así resolverlos. 

No tiene necesidad de fijar un Código de Derecho, ni un tratado legal como la Misná rabínica del II-III dC, porque todo su libro es un tratado de justicia mesiánica, siguiendo a Jesús, desde los más pobres. Ciertamente, en su fondo hay mucha historia y muchas palabras de Jesús, datos muy fiables de su vida. Pero ellos han sido reinterpretados desde y para la comunidad creyente. 

Mateo no quiere engañar, pero valora y recrea la identidad judía desde la perspectiva de su comunidad, conservando así, con gran crudeza, las huellas de muchas disputas anteriores. Más que enfrentarse con un judaísmo de fuera, Mateo recoge disputas entre diversas tendencias cristianas del último tercio del siglo I dC. 

De esa forma, Mateo ha querido conservar y actualizar textos y visiones de la tradición anterior, abriendo un camino en el que caben (puedan caber) casi todos los grupos de seguidores de Jesús. Así lo ha sentido la Iglesia posterior que, a pesar de las dificultades y oposiciones (contraposiciones) de su texto, ha colocado a Mateo al principio del NT, como primer evangelio, y lo ha utilizado más que a los otros evangelios. 

En ese sentido debemos añadir que Mateo es un texto de apuesta eclesial. No es un tratado para saber cosas antes ignoradas sobre el Cristo Jesús y sus seguidores (aunque es también eso), sino libro-guía para actuar e implicarse en una línea de compromiso y de misión creyente, abierta a todos los pueblos. Al trazar esa “apuesta y fijarla al final de su documento (28, 16-20), él ratifica un fuerte gesto polémico, que le distancia de otros grupos judíos. Esa apuesta al servicio de la misión universal cristiana, desde la tradición nacional judía (pero abriéndola por dentro, desde la perspectiva de los más pobres) ha definido todo el movimiento cristiano posterior. 

Si Mateo no hubiera tomado partido como hizo en este libro, en línea de universalidad, pero ratificando la identidad judía de Jesús, la historia de la Gran Iglesia hubiera sido muy distinta. Sin duda, en la opción de conjunto de la Iglesia ha influido especialmente Pablo, con sus seguidores, y también Marcos y Lucas, y de otra forma Jn 21, asumiendo el gesto misionero universal de Pedro, pero el evangelio de Mateo ha sido decisivo, pues ha catalizado los diversos aspectos del mensaje y vida de Jesús con lenguaje judío y apertura universal, recreando desde Pedro la herencia de Pablo, como iré indicando a lo largo de este comentario. 

Libro de síntesis 

 Mateo ha vinculado visiones y prácticas que parecían irreconciliables. No ha negado la Ley judía, pero la ha interpretado desde el evangelio, en línea universal. No ha rechazado el testimonio sapiencial y apocalíptico del Q, pero lo introduce en la narración de Marcos. Acepta la misión paulina, pero la integra en el contexto temático-narrativo (estructural) de la vida de Jesús. No rechaza los rasgos nacionales de la tradición judía, pero ha destacado otros que posibilitan su apertura universal, en una clave más narrativa que argumentativa: 

 ‒ Mateo es un libro antropológico, de moral universal: Así propone como base las bienaventuranzas y mandatos del Sermón de la Montaña (Mt 5-7) que son de origen judío, pero pueden aplicarse a todos los pueblos, ofreciendo quizá el mejor compendio de derechos y deberes de la humanidad mesiánica, que Jesús ha mandado cumplir (therein: 28, 20). 

‒ Mateo es un libro cristológico, y en esa línea cuenta la historia del “mesías” de Israel, esto, de Jesús de Nazaret, a quien presenta como Hijo y Mensajero (presencia salvadora) de Dios para las naciones. Pues bien, ese Cristo de Dios no es un ángel separado, sino un hombre concreto, que ha nacido en la historia de los hombres, y cuya historia narra e interpreta el evangelio. 

‒ Libro de comunidad. Mateo es un manual de cabecera (de vida) de una comunidad de seguidores mesiánicos, que se enfrentan con la dificultad de ser judíos en la línea de Jesús, de un modo universal. En esa línea, Mateo él ofrece la primera y más honda de las “constituciones” del cristianismo. 

‒ Un sacramentario. Mateo no niega el valor de la circuncisión, pero la deja en un segundo plano (no habla de ella), destacando el bautismo como gesto universal de iniciación, que puede aplicarse y se aplica por igual a varones y mujeres, judíos y gentiles, en Nombre de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo (cf. Mt 28, 16-20) . 

             Para trazar de esa manera su síntesis cristiana, Mateo ha vinculado el Q con Mc y con sus propias tradiciones, en una zona distinta, aunque no muy alejada del lugar donde había surgido Marcos, para responder a los problemas de su comunidad, probablemente en Antioquía, al Norte de Siria, ciudad muy importante no sólo para el judaísmo (como muestra la crisis “antioquena”: 1-2 Mac), sino para la historia de los primeros cristianos, desde Bernabé y a Pablo (cf. Hch 11-15 y Gal 2-3). 

 ‒ Marcos era un evangelio más exclusivo, y no había conocido (o aceptado) el documento Q (con sus logia o dichos de tipo sapiencial y apocalíptico), porque quería trazar una biografía más “paulina” de Jesús, insistiendo en su muerte (cf. ComMc 101-106). En una línea quizá convergente, él había rechazado también la tradición de los hermanos de Jesús (iglesia de Jerusalén), por juzgar que iba en contra de la libertad y apertura universal del Jesús de Pablo. 

‒ Mateo es un evangelio más inclusivo, y así, reelaborando el texto de Marcos que es una de sus bases, asume y reinterpreta otros materiales (del Q y de los judeo-cristianos de Santiago), en línea una universal, desde la perspectiva de Pedro, aunque aceptando las tesis esenciales de Pablo. Por eso, a diferencia de Marcos, que es un “evangelio de tesis central”, Mateo recoge diversas posturas eclesiales, con Pedro y Pablo, desde la perspectiva de la historia de Jesús y su opción por los pobres. 

Reescribir el evangelio de Marcos 

En esa línea, Mateo puede aceptar a Marcos, con su mensaje de Reino y, sobre todo, con su visión de Jesús, salvador crucificado, iniciando la reinterpretación mesiánica del judaísmo en un momento en el que, tras la destrucción del templo, el 70 dC, algunos judíos rabínicos habían comenzado a fijar un camino de fidelidad a la Ley que desemboca más tarde en la Misná. Pero mientras Marcos se oponía sin más al judaísmo rabínico naciente (manteniendo así la opción mesiánica de Pablo), Mateo, ha querido reelaborarla, asumiendo algunos de sus elementos básicos. 

Mateo ha querido “mantener” de esa manera la historia del judeo-cristianismo más antiguo, en la línea de Santiago y especialmente de Pedro, pero sin rechazar a Pablo, de manera que ha debido proponer de hecho, al menos de un modo implícito, una serie de pactos que han sido fundamentales para la iglesia posterior, aunque no siempre ha logrado que concuerden y se ajusten entre sí todas las perspectivas de su texto, que sigue de esa forma abierto a diversas interpretaciones. 

Pues bien, a pesar de las dificultades de su empeño y de la brusquedad de algunas formulaciones, el evangelio de Mateo ha tenido mucho éxito, y se ha convertido en el libro eclesial por excelencia, como «primer evangelio», no sólo porque está al principio del Nuevo Testamento, sino porque ha tenido un influjo muy grande en los cristianos posteriores, por su estructura catequética y por la forma en que ha vinculado los aspectos morales y sociales de Jesús, desde su opción por los pobres. 

Marcos había escrito su evangelio muy cerca de la guerra (del 67-70 dC), con la esperanza de una manifestación próxima de Jesús, desde una comunidad (quizá Damasco) donde había muchos pagano-cristianos. Mateo escribe en otro entorno, probablemente en Antioquía, hacia el 85 dC, cuando la destrucción del templo de Jerusalén y la reformulación del judaísmo se habían vuelto irreversibles y muchos fariseos empezaban a fijar las bases de su nueva identidad rabínica, en la costa de Judea (Jamnia) y en interior de Galilea. En ese contexto se sitúa Mateo, con tradiciones de Santiago, hermano del Señor, para establecerse en una comunidad donde se mezclaban elementos rabínicos y evangélicos, que han de abrirse, a su juicio, de un modo universal. 

Mateo se encuentra en el comienzo de la línea divisoria del judaísmo tras la guerra del 70 dC, cuando unas aguas se dirigían hacia el lado rabínico, para quedar después fijadas en la Misná, y otras tendían hacia el lado de Jesús, a quien sus seguidores veneraban como culminación y verdad del la Ley israelita. Aquí, entre la Costa Judía, la Alta Galilea y Siria/Antioquía, hacia el 85 dC, estaba empezando a decidirse (desde unas visiones en parte comunes) el futuro del judaísmo rabínico y del cristianismo, aunque en ese tiempo no se hallaba aún definido el judaísmo rabínico (como en el siglo III con la Misná), ni el cristianismo de la Gran Iglesia, con episcopado y canon del NT. 

En ese contexto, fiel a la historia de su iglesia, Mateo quiso mantener el principio judío de la vida y pascua de Jesús, pero optando por la universalidad paulina, como indica el final de su texto “Id, pues, a todas las naciones…” (28, 16-20). Su opción supone que hubo un «acuerdo misionero», un convenio o pacto «histórico», cumplido quizá en varios lugares, pero ratificado de una vez y para siempre, en alguna zona de Siria (Antioquía), e impulsado después por otras iglesias, entre ellas las de Éfeso y Roma, entre la tradición de Pablo y la de Pedro. Éste fue un acuerdo «pensado y razonado», partiendo de argumentos de Escritura, comunes a todos, un pacto logrado con dificultades, pero que definirá el futuro de la Gran Iglesia. 

No fue un acuerdo de todos los judíos, pues siguió habiendo muchos, también sabios y piadosos, que decidieron fijar sus tradiciones, de una forma nacional, insistiendo en la ley estricta de comidas y en la separación de grupo, que no aceptaron la propuesta de Mateo. Ni tampoco de todos los “cristianos”, pues algunos grupos (de tipo más gnóstico o judaizante) quedaron, quedaron fuera de la Gran Iglesia. Pero fue un acuerdo extenso y duradero. 

Posiblemente, unos y otros se encontraban y discutían en las sinagogas, no se habían separado aún del todo. Pero el gesto de apertura universal de Mateo y la búsqueda de fidelidad nacional de otros rabinos (con la deriva gnóstica de algunos judíos y cristianos), hizo que las comunidades terminaran separándose (a veces con acusaciones y mentiras, como indicaré al ocuparme de Mt 23 y 28, 11-15) y surgiera entre ellas la Gran Iglesia cristiana. 

Cuatro novedades fundamentales 

               Proviniendo de una comunidad judeo-cristiana, vinculada en un sentido extenso a la Iglesia primitiva de Jerusalén, bajo la inspiración de Santiago y los hermanos de Jesús (con Pedro y los Doce), hasta el 70 dC los cristianos de la iglesia de Mateo se habían podido sentir integrados entre los diversos grupos del judaísmo, como indican varios textos fundamentales, entre los que podemos citar 5, 17 (no he venido a destruir la ley), 10, 5 (no vayáis a los gentiles, ni a los samaritanos, id a las ovejas perdidas de la casa de Israel) y 23, 2-3 (en la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. 

1. Tras la guerra judía, un renacer apocalíptico. La Guerra del 67-70 radicalizó a los grupos judíos, marcando poderosamente sus opciones, de manera que algunos desaparecieron (saduceos, esenios…) y otros, como los fariseos rabínicos, tuvieron que reformular sus principios. En ese contexto ha influido poderosamente la evocación apocalíptica, que aparece de manera poderosa en textos como 4 Esdras y Ap. Sir. Baruc (2 Bar). 

              En esa línea se han mantenido y avanzan también Mateo y el Apocalipsis de Juan, con su novedad fundamental: Ellos piensan que el Salvador Apocalíptico, que ha venido como Hijo de Hombre, es el mismo Jesús. Pero una vez que Mateo identifica a Jesús con el Salvador Apocalíptico cambia su forma de entender el judaísmo. También Pablo y Marcos habían entendido a Jesús de esa manera, pero sólo Mateo lo hará de forma consecuente, reinterpretando el judaísmo. En esa línea, el judaísmo rabínico podía aceptar la venida final del Hijo del Hombre (como supone Dan 7 y 4 Es 13), pero no su identificación con Jesús crucificado. 

 2.Nueva edición de Marcos. Mateo acepta como texto base a Marcos, tras el 70 dC, pero transformando su visión del pasado judío y de la misión de la Iglesia. En esa línea suaviza y reelabora algunos aspectos de Marcos, pero radicaliza otros, como seguiré indicando, desde su visión fundamental de Jesús, con su experiencia de muerte y resurrección, en una línea básicamente cercana a la de Pablo. Éste es quizá su punto de inflexión, el momento clave de su cambio: Las comunidades que están en el fondo de Mateo aceptan el mensaje básico de Marcos, con su visión de Jesús, pero recreando su experiencia eclesial. 

              Aquí está, a mi juicio, la novedad de las iglesias de Siria y Asia (Éfeso), y quizá también de Roma, no sólo las de origen paulino, sino también judeo-cristiano. Una vez que leen y aceptan el mensaje de Marcos, con su visión de Jesús, ellas han de recrear su manera de entender la tradición del evangelio, como una experiencia que no es sólo apocalíptica, sino de vinculación personal con Jesús, y eso es lo que hará Mateo. 

 3. Mateo acepta igualmente el documento Q, con su enseñanza mesiánica, ética y apocalíptica. Ciertamente, en sí mismo, el Q no implica una ruptura radical respecto al judaísmo, pero en el momento en que su enseñanza ético-apocalíptica se estructura y organiza, como hace Mateo, desde la perspectiva de Jesús resucitado, dentro de un relato unitario de su vida, surge una visión socio-religiosa nueva. Uno por uno, los grandes momentos del Q podrían ser aceptados por un tipo de judaísmo rabínico, pero una vez que se introducen en un “cuerpo” doctrinal, como el formado por los cinco discursos de Mateo (Mt 5-7, 10, 13, 18, 23-25), y se vinculan con la historia de Jesús (en la línea de Marcos) ellos reciben inexorablemente una nueva identidad social y religiosa, distinta del judaísmo rabínico. 

              Esta unión del Q con Marcos, realizada de formas convergentes por Mateo y Lucas, constituye un elemento clave del cristianismo primitivo, y debió realizarse, al mismo tiempo, en diversas iglesias (Antioquía, Éfeso…), entre el 70 y 80 dC. He presentado ya los rasgos básicos del Q en ComMc 101-106, y los seguiré evocando a lo largo de este comentario. Aquí sólo he de añadir que, a diferencia de Lucas, que conserva mejor el orden básico del Q (sin reelaborar los textos), Mateo los ha introducido en su contexto narrativo y doctrinal, trasformando de esa forma su estructura originaria y quizá su sentido, para ponerlos al servicio de su visión de Jesús, de manera que ellos se hacen ya inseparable de la experiencia pascual cristiana. 

 4.Mateo reelabora la visión mesiánica, poniendo a Jesús en el lugar de la Ley, como principio de nueva creación y Sabiduría de Dios, en una línea que el judaísmo rabínico no puede aceptar. Desde ese fondo,Mateo recrea y   amplía el abanico de la vida de Jesús, hablando por un lado de su nacimiento “divino”, desde una perspectiva de fondo israelita, pero separada del rabinismo. De esa forma, Mateo retoma la experiencia de la pascua como encuentro real con Jesús, en la montaña de Galilea, y como envío a todos los pueblos, en una perspectiva “ternaria” (o trinitaria), en unión con el Padre y el Espíritu Santo (28, 16-20). 

              No es que Jesús sea aquí Dios sin más, “de la misma naturaleza que el Padre” (como dirá el Credo de Nicea), en un sentido ontológico, pero él aparece y actúa como revelación y presencia de Dios, de tal manera que la estructura y sentido del judaísmo anterior tiene que cambiar para hacerse cristiano. No es que Mateo quiera destruir de esa manera el judaísmo rabínico que está empezando a nacer, pero hay un tipo de judaísmo rabínico que no puede aceptar su propuesta de evangelio y su visión “divina” de Jesús

Las CEBs en América Latina-Carta circular

“ LA  IGLESIA  DE  LOS  POBRES ”  EN  LAS  CEBs

Rupturas  y  novedades  en  América  Latina

Pedro Pierre, Guayaquil, julio de 2021.

CONTENU

1.      Mis vivencias en este camino de las CEBs (Comunidades Eclesiales de Base)

2.      Las CEBs adultas están en vía de desaparición, pero… dejan muchas huellas.

3.      Conclusión: Es una esperanza que desestabiliza.

—————————————-

La sinodalidad, ese camino eclesial donde vivimos como iguales y con iguales responsabilidad, ha pasado a ser el gran tema de reflexión y resistencia en la Iglesia católica… Y no es para menos. Quienes tenemos una larga experiencia de las CEBs (Comunidades Eclesiales de Base) nos sentimos felices porque es una confirmación de nuestra manera de vivir, como nuevo de Iglesia, el seguimiento de Jesucristo.

COMENZARÉ CONTANDO MIS VIVENCIAS EN ESTE CAMINO DE LAS CEBs…

Siempre estuve en un trabajo parroquial en sectores populares en la línea de las CEBs tanto en la ciudad como en el campo. Primero estuve en una parroquia suburbana de Guayaquil (1976-1987). Luego de unos estudios en Roma estuve durante 8 años (1989-1997) en Nicaragua en una parroquia del campo en la zona tropical del este del país, de 120,000 habitantes en unas 130 comunidades bien organizadas. El centro urbano contaba con unos 15,000 habitantes. Visitaba en carro unas 30 comunidades cada 3 meses  y las demás 100, una vez al año, en mula o macho, por grupos de 10 a 20 durante un día cada uno. Estas Comunidades eran distantes de 3 a 5 horas de camino. Había en la parroquia unos 3,000 ministr@s de 27 ministerios diferentes: eclesiales, sociales y cívicos. El resto del tiempo lo dedicaba a la formación: tod@s est@s ministr@s tenían seguían un curso anual de formación de 3 a 6 días… Para los candidatos al diaconado (en mi época eran 4) el curso anual era de un mes.

Allí en Nicaragua hice la experiencia de una Iglesia en manos de los seglares. Había una Asamblea anual de delegados de cada Comunidad, unas 150 personas. Esta Asamblea era conducida por los seglares: se evaluaba la realidad de la parroquia en lo social y lo eclesial (¿respondemos a las necesidades sociales y religiosas?), buscando luces en la Palabra de Dios y los documentos eclesiales, en particular latinoamericanos y se decidía la programación del trabajo de toda el año siguiente. Había en Semana santa las celebraciones del Domingo de Ramos al Domingo de Resurrección, incluida ‘la Cena del Señor’, con chicha o café y tortilla de maíz. Los laicos celebraban los sacramentos de los enfermos y la confesión comunitaria con absolución (la del final del ‘Yo confieso’) de los moribundos o enfermos graves… En definitiva, los laicos eran ‘sacerdotes’ a la manera de las y los de las primeras comunidades cristianas. Era la Iglesia de los Pobres viva y muy activa deseada por el papa Juan 23… con la gran suerte que el obispo apoyaba esto, un poco asustado a veces de ver todo lo que se podía hacer cuando los laicos “toman en serio el Evangelio”… Por supuesto esa línea de Iglesia había comenzada antes de que yo llegara. Todas las parroquias iban también por ese camino y nos ayudábamos compartiendo experiencias y formación.

Me confirma estas opciones el mismo padre José Comblin (fallecido en 2011) que encontré muchas veces desde que llegué a Ecuador en 1976. Él decía más o menos lo siguiente:

1.      La Institución eclesial es como Rusia en tiempos de Gorbachov: un cascarón vacío que va a romperse no se sabe cuándo… ¿Qué habrá para sustituirlo?

2.      Va a haber una ruptura en la Iglesia. No puede ser de otra manera: la institución es incapaz de renovarse. Construyamos paralelamente y en comunión la Iglesia de los Pobres, desde los laicos y comunidades nuevas.

3.      El camino es la misión bautismal de los laicos: ser profeta, sacerdote y rey-pastor. El sacerdocio bautismal es primero, según el Concilio, sobre el sacerdocio ordenado y terminará sustituyéndolo.

4.      Nos quedaremos con 2 sacramentos: el bautismo y la fracción del pan, como en las primeras Comunidades.

5.      El cristianismo como religión está desapareciendo (ritos, sacerdocio ordenado, dogmas, moral, templos…). Volvemos al movimiento de Jesús por el Reino, es decir, la promoción de los valores humanos y los derechos de la naturaleza en nombre del Dios de la Vida y del Amor, esa Energía vital que todo lo habita.

6.      Vamos hacia un humanismo integral abierto a esta trascendencia.

7.      Las otras religiones tienen mucho que enseñarnos…

Personalmente creo que la puesta en marcha de una Iglesia sinodal es una ‘ruptura’. Con ella comienza otro modelo de Iglesia iniciado, desde las bases, a la manera de las CEBs en “autonomía y comunión” con la jerarquía eclesial. De hecho las CEBs caminamos en ruptura con los obispos y sacerdotes que nos persiguen y tratan de destruirnos a lo largo y ancho del continente.

POR OTRA PARTE, PIENSO QUE LAS CEBs ADULTAS ESTÁN EN VÍA DE DESAPARICIÓN, PERO DEJAN MUCHAS HUELLAS

Haré aquí la diferencia entre las CEBs adultas que nacimos en Brasil por los años 1955 y las CEBs juveniles.

Las CEBs juveniles que tuvieron su primera reunión continental el año pasado en el 11° Encuentro Continental que se realizó en Guayaquil. Ellas van por un camino nuevo tanto en lo teológico, como en la interpretación bíblica… Sus opciones muestran un decidido compromiso social. Estas CEBs juveniles vienen de las CEBs adultas, pero tienen su propia identidad y su propio camino.

Las CEBs adultos quedamos como un testimonio irremplazable. Decimos que:

–        otra forma de Iglesia es posible: la Iglesia de los pobres

–        otra forma de vivir y celebrar los sacramentos es posible

–        otra forma de religiosidad popular liberadora es posible,

–        otra forma de interpretar la Biblia mucho menos fundamentalista es posible,

–        otra forma de espiritualidad ‘laica’ es posible,

–        ….

CONCLUSIÓN: Es una esperanza que desestabiliza…

… Sobre todo si añoramos el pasado y no nos actualizamos tanto en la realidad social como en las transformaciones eclesiales impulsados por el papa Francisco. Además, ‘no hay camino abierto, el camino se está haciendo caminando’. El desafío es:

1.      Compartir todo esto con los laicos más abiertos y comprometidos y entre sacerdotes y obispos que vamos por este camino, como también con tod@s quieren emprenderlo.

2.      No quedarnos sólo en lo eclesial y espiritual, sino en lo social y lo político.

3.      Animarnos por una fuerte espiritualidad liberadora centrada en Jesús histórico, la oración contemplativa, la lectura de los signos de los tiempos y la sabiduría de todas las religiones.

4.      Estar convencido que el Reino es el horizonte definitivo y comienza a acontecer hoy en nosotros y en medio de nosotros.

Confirmémonos en este camino esperanzado para ser los testigos de un Iglesia renovada que responda a los actuales desafíos en fidelidad creativa a Jesús de Nazaret y a las primeras Comunidades cristianas

¿Quiénes son los importantes?

Pagola: Los grandes son los que “saben poner su vida a disposición de otros” 

25 Tiempo ordinario – B 
(Marcos 9,30-37) 
Ciertamente, nuestros criterios no coinciden con los de Jesús. ¿A quién de nosotros se le ocurre hoy pensar que los hombres y mujeres más importantes son aquellos que viven al servicio de los demás? 

Para nosotros, importante es el hombre de prestigio, seguro de sí mismo, que ha alcanzado el éxito en algún campo de la vida, que ha logrado sobresalir sobre los demás y ser aplaudido por las gentes. Esas personas cuyo rostro podemos ver constantemente en la televisión: líderes políticos, «premios Nobel», cantantes de moda, deportistas excepcionales… ¿Quién puede ser más importante que ellos? 

Según el criterio de Jesús, sencillamente esos miles y miles de hombres y mujeres anónimos, de rostro desconocido, a quienes nadie hará homenaje alguno, pero que se desviven en el servicio desinteresado a los demás. Personas que no viven para su éxito personal. Gentes que no piensan solo en satisfacer egoístamente sus deseos, sino que se preocupan de la felicidad de otros. 

Según Jesús, hay una grandeza en la vida de estas personas que no aciertan a ser felices sin la felicidad de los demás. Su vida es un misterio de entrega y desinterés. Saben poner su vida a disposición de otros. Actúan movidos por su bondad. La solidaridad anima su trabajo, su quehacer diario, sus relaciones, su convivencia

No viven solo para trabajar ni para disfrutar. Su vida no se reduce a cumplir sus obligaciones profesionales o ejecutar diligentemente sus tareas. Su vida encierra algo más. Viven de manera creativa. Cada persona que encuentran en su camino, cada dolor que perciben a su alrededor, cada problema que surge junto a ellos es una llamada que les invita a actuar, servir y ayudar. 

Pueden parecer los «últimos», pero su vida es verdaderamente grande. Todos sabemos que una vida de amor y servicio desinteresado merece la pena, aunque no nos atrevamos a vivirla. Quizá tengamos que orar humildemente como hacía Teilhard de Chardin: «Señor, responderé a tu inspiración profunda que me ordena existir, teniendo cuidado de no ahogar ni desviar ni desperdiciar mi fuerza de amar y hacer el bien»

La Buena Noticia del Dgo 24º-B

CREER EN JESUS ES SEGUIRLE

  • Lectura del evangelio según san Marcos (8,27-35):

    En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino, preguntó a sus díscípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?»
    Ellos le contestaron: «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.»
    Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?»
    Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías.»
    Él les prohibió terminantemente decirselo a nadie. Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.»
    Se lo explicaba con toda claridad. Entoces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!»
    Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»

  • Actualización del mensaje
Los discípulos creen en Jesús como Mesías,
pero no es el tipo de mesianismo que Jesús quiere.                                                     
Jesús sigue la tradición profética del mesianismo sufriente.                               
Pedro se niega a aceptar la dificultad que acarrea la misión de Jesús.                          
Es lo que nos suele pasar a nosotros.        
Pero una profesión de fe sin seguimiento es incompleta.                                                 
No basta con creer en Jesús, sino que hace falta seguirle.                                              
 Jesús nos invita a creer en El y a seguirle en su camino de cruz.
¿Quién es Jesús para mi?                        
 ¿Lo conozco?                                                 
¿Qué significa para mi vida?                       
¿A qué Jesús seguimos? 

Meditación-contemplación

Y tú, ¿quién dices que soy yo?
No me interesa una respuesta teórica.
¿Manifiesta tu vida lo que Jesús vivió y predicó?
¿Te mueve, por encima de todo, el bien de los demás?
En tus manos está dar sentido a tu vida o malograrla.
Vivir como simple animal o como verdadero ser humano.
Lo que desde ti mismo, se convertirá en vida.
Lo que te guardes se convertirá en pura pérdida.
Si permaneces en tu falso yo. no podrás entenderlo.
Si descubres tu verdadero ser, ya lo has entendido.
Jesús, como hombre, te marcó el camino de la plenitud.
No tienes más que seguirlo en su trayectoria humana.

X. Pikaza: “Còmo nació y en qué consiste la Iglesia?

Movimiento de Jesús

Me ha pedido un amigo que conteste a esta pregunta: ¿Cómo nació y en qué consiste en resumen la iglesia? Bajo el calor del verano de Castilla le respondo como sigue.

“En un sentido, se puede y se debe afirmar que Jesús fundó la Iglesia. Pero, en otro sentido, hay que decir que la fundaron  sus discípulos, en un proceso pascual de  varios decenios”

“Algunos investigadores han afirmado y siguen afirmando que el surgimiento y, sobre todo, el desarrollo y fijación de la Gran Iglesia en el siglo II d.C. es un fenómeno cultural muy complejo, pero no responde a la intención básica de Jesús, ni recoge las claves básicas de su movimiento”

“Otros, en cambio, pueden decir (y decimos) que ese despliegue de la Iglesia recoge la intención fundamental de Jesús, de manera que ha sido él  quien la ha fundado básicamente y quien la sigue manteniendo, por obra de un impulso y presencia que podemos llamas ‘espíritu’ de Dios”

Por Xabier Pikaza

(a) La Iglesia actual, separada desde mediados del siglo II del judaísmo rabínico, es el resultado de más de un siglo de historia, que comienza con la vida-muerte de Jesús y se consolidad a través de una serie de acontecimientos y decisiones ejemplares que pueden condensarse así: (1) El testimonio y acción ejemplar de unas mujeres que amaron a Jesús y le sintieron vivo en sus vidas. (2) El surgimiento de grupos y comunidades de seguidores en Jerusalén y Galilea. (3) La entrada de grupos de creyentes de mentalidad helenistas, con la misión de Pablo, la redacción de los evangelios etc.  Sólo en la primera  mitad del siglo II se puede hablar de una Iglesia cristiana propiamente dicha y de una nueva religión. 

(b) Por eso, en un sentido, se puede y se debe afirmar que Jesús fundó la Iglesia. Pero, en otro sentido, hay que decir que la fundaron  sus discípulos, en un proceso pascual de  varios decenios. Por sí mismo, Jesús no organizó la Iglesia, sino que anunció y preparó la llegada del Reino de Dios, pero   su anunció y la experiencia de su vida desembocaron en el surgimiento de una serie de comunidades mesiánicas, animadas por el Espíritu de Jesús,  que se vincularon como Iglesia. Él no quiso fijar un organigrama social (como hicieron  en Qumrán), ni construir unas instituciones sagradas independientes, capaces de sustituir a las que ya existían, pero su movimiento desembocó de un modo natural en la Iglesia (a través de eso que he llamado la experiencia carismática de sus discípulos). 

Dos interpretaciones

 En este contexto se pueden dar dos interpretaciones, que van más allá de la pura historia, de manera que deben entenderse de un modo confesional.

(a) Algunos investigadores han afirmado y siguen afirmando que el surgimiento y, sobre todo, el desarrollo y fijación de la Gran Iglesia en el siglo II d.C. es un fenómeno cultural muy complejo, pero no responde a la intención básica de Jesús, ni recoge las claves básicas de su movimiento. En esa línea, ellos tienden a negar toda relación causal entre Jesús y la Iglesia. Pero esta visión resulta minimalista y, en el fondo, carente de Jesús: Sin el impulso y testimonio múltiple del mensaje, vida y muerte de un hombre como Jesús resulta inexplicable el surgimiento de las diversas comunidades y la unión posterior de gran parte de ellas como Iglesia.

 (b) Otros, en cambio, pueden decir (y decimos) que ese despliegue de la Iglesia recoge la intención fundamental de Jesús, de manera que ha sido él  quien la ha fundado básicamente y quien la sigue manteniendo, por obra de un impulso y presencia que podemos llamas “espíritu” de Dios. Los cristianos han interpretado ese nuevo “espíritu” (del que ellos se sienten portadores) como nueva y más honda presencia, a quien conciben como “resucitado”, viviendo y actuando en ellos, de una forma hasta entonces desconocida, pero totalmente real. Dicho eso, debemos añadir que la forma de entender esa iglesia (tal como ha sido ha sido fijada por los discípulos de Jesus a lo largo de todo el siglo I y de comienzos del II d.C.) varía según las diversas confesiones cristianas (católicos, protestantes, ortodoxos).  

Notas de la Iglesia

 Se dice en el Credo que la Iglesia es una, santa, católica y apostólica… Pues bien, situándonos en un momento anterior, he  querido recoger las notas fundamentales de las diversas Iglesias  tomándolas como momentos integrantes del despliegue pascual de Jesús:

Experiencia compartida de Jesús. Lo que llamamos la Iglesia ha nacido y se ha expresado durante largos decenios a través de una serie de comunidades que mantienen la memoria de Jesús y están vinculadas, de algún modo, a Israel, pero que terminan siendo autónomasy se mantienen en comunión unas con otras, siendo capaces de regirse y de organizarse de un modo autónomo, ofreciendo a sus miembros un espacio de convivencia y comunicación, desde la presencia «simbólica» (pascual) de Jesús. En ese sentido podemos hablar de una federación de iglesias.

El futuro ha llegado. Las iglesias tienen la certeza de que con ellas comienza un “tiempo nuevo”, una especie de mutación transcendental de la vida. Ellas viven entre dos tiempos: el pasado de una humanidad condenada a la muerte (al fracaso) y el futuro de la culminación en Dios, por medio de Jesús resucitado. Esa experiencia de vivir entre dos tiempos marca plenamente su vida. Sólo cuando la espera de la culminación (del nuevo tiempo que viene por Jesús resucitado) se alarga, de manera que esa parusía o presencia final de  Jesús (con el fin de este mundo) no aparece como algo inmediatamente próximo, ellos (esos creyentes de Jesús)  sienten la necesidad de organizar mejor su forma vida en el mundo, en el tiempo de la espera. De esa forma, desde el recuerdo/presencia de Jesús y la esperanza de su “vuelta” (la culminación de su proyecto de Reino de Dios) puede surgir y surge una iglesia (en el sentido actual de la palabra).

Un experiencia de vida común, una forma de oración y comunión social. Sólo hay iglesias donde existe y se cultiva un tipo de memoria afectiva y celebrativa, personal y comunitaria  de Jesús, propia de ese tiempo dilatado de esperanza, marcado por la celebración pascual de la presencia del Señor y por una vida fiel a su proyecto de vida (tal como se expresa en el Sermón de la Montaña). En esa línea, no se puede hablar de iglesia cristiana sin el surgimiento de unos signos específico, vinculados a la memoria y acción de Jesús, como son los exorcismos y/o de un modo especial los sacramentos (bautismo, eucaristía…), que definen y distinguen a los seguidores de Jesús, frente a otros grupos judíos de aquel tiempo. En este contexto se sitúa la disputa cristiana sobre comidas especiales (tipo kosher), propias de otros tipos de judaísmo y sobre la circuncisión.Un comportamiento mesiánico. Sólo hay iglesia donde puede hablarse de un estilo de vida especial, en la línea aquello que hacía y decía Jesús, tal como aparece en el Sermón de la Montaña de Mateo o en la experiencia de la justificación por la fe, de la que habla Pablo. Ese estilo de vida constituye una reinterpretación mesiánica de la ley «nacional» del judaísmo, entendida en un sentido exigente (los cristianos pertenecen a un tipo de judaísmo radical), desde la profecía de Israel (con su visión ética) y, sobre todo, desde la experiencia de Jesús.

Para todos. Finalmente, sólo se puede hablar de Iglesia cristiana cuando existe una apertura o misión universal del mensaje de Jesús (y de la Ley israelita), superando un tipo de «cerca sagrada» que empieza a establecer, en otra línea, el judaísmo rabínico. El movimiento de Jesús solo se define plenamente y alcanza su propia identidad allí donde las diversas comunidades cristianas comparten un tipo de mensaje y modelo de vida que puede abrirse a todos los hombres, vinculando así la radicalidad de Jesús y la universalidad de su proyecto mesiánico.

Tres corrientes en el cristianismo primitivo

Es cierto, pero no igualmente representadas en el Nuevo Testamento

Sobre las tres corrientes del cristianismo primitivo en los años 50-90 d. C.

Por  Antonio Piñero

Sigo comentando la página 24 del Prólogo de Xabier Pikaza al libro de Étienne Trocmé, “La infancia del cristianismo”, Madrid, Trotta, 2021.  Estoy comentando estas páginas porque Pikaza ofrece una buena síntesis de lo que es una parte importante de la evolución ideológico-histórica del primitivo judeocristianismo, a que deseo añadir unos puntos de vista propios.

Sostiene Pikaza que hay un movimiento “convergente” en el cristianismo de los años 50-90 que vincula las tres figuras más importante del judeocristianismo de esos años: la existencia de la iglesia petrina, la que teóricamente tiene que estar detrás de la pervivencia de Pedro, la paulina (que está detrás del corpus paulino) y la de Santiago gracias al Epístola que lleva su nombre.

Es muy justo decir que en torno a los años 90 se puede hablar de “la pervivencia de Pedro” en el conjunto de las iglesias judeocristianas gracias a la carta “Primera de Pedro” compuesta en torno a esta fecha, según la opinión común. Pero yo añado, de acuerdo con mi imagen de la evolución del cristianismo primitivo, que esta “pervivencia” y esta carta ha de interpretarse como una acción positiva de la corriente paulina, pues no tiene mucho sentido el que el autor –si lo que deseaba era poner de relieve no solo la mera figura de Pedro, sin ante todo una teología petrina– construya una carta cuya teología parece más bien escrita desde el punto de vista de la teología de Pablo.

Precisamente porque es así su autoría es muy discutida entre los estudiosos, y hoy día los investigadores están divididos sin ponerse de acuerdo sobre quién la compuso. De cualquier modo esta carta, junto con 2 Pedro, pone de relieve la importancia histórica de este personaje en el Nuevo Testamento. Y de acuerdo con ello opino que al grupo paulino le interesaba sobremanera que su teología estuviese en consonancia con la petrina, o mejor que se diese toda la apariencia de quenada menos que Pedro estaba totalmente de acuerdo con la teología paulina. Con otras palabras: la carta es una falsificación positiva (y si esto es muy duro, que cada uno lo califique como desee) del grupo paulino, bien fuera para fomentar la unidad de las iglesias, bien para atraerse a los presuntos seguidores de Pedro.

He escrito en mi “Guía para entender el Nuevo Testamento” (Trotta, 5ª edición) pp. 465-466: “No se ve en 1 Pe ninguna de las características que podríamos esperar del pensamiento teológico de Pedro. No muestra el autor un conocimiento directo de la vida, doctrina y pasión de Jesús. Tenemos, además, la impresión de que en los momentos en los que se escribió este tratado el gran problema de la admisión de los gentiles en el cristiano o la cuestión de la Ley como camino de salvación no se planteaba ya. Son temas y superados que no suscitan polémica. Esta situación se corresponde muy poco a lo que deberíamos esperar de los tiempos de Pedro.

La “carta de Pedro” cita las Escrituras por la traducción de los LXX, y está compuesta en un griego elegante. Sobre todo lo primero no es propio de un humilde pescador de Galilea, quien citaría un texto hebreo. Se afirma que estas últimas circunstancias podrían explicarse del modo siguiente: Pedro utilizó un secretario que conocía bien el griego. El escrito mismo dice que fue compuesto “por medio de Silvano” (5,12). Es decir, éste secretario debería entenderse en sentido muy amplio, como alguien que proporcionó al escrito no sólo su forma exterior sino algunas ideas que “suenan” a Pablo, de quien antes había sido colaborador. Pero incluso en este caso no podríamos llegar a saber qué corresponde exactamente a Pedro en este escrito y qué al secretario, pues éste habría aportado ideas propias” que son paulinas, lo cual no es comprensible en la tarea de un amanuense.

Añade Pikaza que esta línea convergente se percibe ante todo en la Segunda Carta de Pedro, compuesta en torno al año 125 (o más tarde, añado) que “vincula en una misma iglesia las res tradiciones anteriores: “la de Pedro, en cuyo nombre escribe, la de Santiago con quien se vincula a través de la carta de Judas (explico: la Segunda Carta de Pedro es en gran parte dependiente y comentario correctivo a la Epístola de Judas: el capítulo segundo de 2 Pedro reproduce casi todo el contenido de la Epístola de Judas. Y por si fuera poco en el material propio, capítulos 1 y 3, el autor de 2 Pedro se inspira también en su antecesor) y la de Pablo a quien defiende a pesar de que en sus cartas aparezcan temas difíciles distorsionados por los falso cristianos”.

Estoy de acuerdo con Pikaza añadiendo dos precisiones. La primera es que debo insistir que con más claridad aún que en 1 Pedro, esta segunda carta es un falso producido por la escuela paulina para vincularse con la tradición petrina, e incluso apropiarse de ella. Se ve bien claro que la importantes es la iglesia paulina. Una vez más creo que se demuestra, o mejor se muestra (en historia antigua es difícil demostrar), la no existencia de una “Gran Iglesia petrina” unificada y unificante de otras corrientes, en especial la paulina, sino precisa y exactamente al revés: una iglesia paulina (bastante) unificada y unificante que pretende a toda costa no depender solo de Pablo, sino también de Pedro, porque reconoce sin duda alguna que es la mejor manera de vincularse con el Jesús histórico (no solo con el Cristo celestial paulino) del que Pedro fue discípulo más importante y preferido.

Y me atrevo a afirmar que se trata de una operación estricta y consciente de política eclesiástica con un fin muy determinado: ya que se es el grupo dominante (el paulino), fundamentar la idea de una “Gran Iglesia unida” con el apoyo no solo del maestro intelectual, Pablo, sino del discípulo predilecto de Jesús, Pedro, que no tiene una teología concreta, sino la judeocristiana, afín a la de Santiago. Al mismo tiempo, pues, esta operación programática se defiende –como dije– de la acusación de que el “evangelio paulino” es meramente visionario, y se gana “historicidad” con el refrendo expreso de Pedro, concretizado en esas dos cartas, falsificadas conscientemente adoptando el nombre de Pedro, para conseguir el propósito indicado.

Me queda por comentar en la próxima ocasión cómo entiendo dentro de este marco la Epístola de Judas, con una propuesta de interpretación que a muchos parecerá aventurada y situar la Epístola de Santiago también dentro de este mismo marco de pacto por parte de la Gran Iglesia paulina en su intento de ser “universal, unificad y unificante.

La lógica de Jesús no es la lógica de la Iglesia

 

Jesús invita a vivir la lógica del Amor del Padre 

07.09.2021 | Rufo González 

Comentario: Quien pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará (Mc 8,27-35) 

Los hechos narrados en el evangelio de hoy suceden “dirigiéndose a las aldeas de Cesarea de Filipo”. Al norte de Palestina, junto a las montañas del Hermón, cerca de las fuentes del Jordán, zona ya entonces de veraneo. Herodes Filipo, hijo de Herodes el Grande (Mc 6,17), convierte en ciudad residencial a Cesarea de Filipo. Le pone ese nombre por gratitud al emperador Augusto, protector de su familia, y en honor propio. 

Jesús quiere que tengamos clara su identidad. Por eso pregunta a los discípulos qué piensa la gente y ellos sobre él. Marcos y Lucas (9,18-21), señalan la confusión con Juan Bautista, Elías u otro profeta. Mateo (16,13-20), además de añadir a Jeremías, da algunas huellas más de la opinión popular. En la corte de Herodes, se creía que Jesús “es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él” (Mt 14,1-2). Jesús mismo había dado pie a la creencia popular al aludir a Elías como el profeta “que tenía que venir”, e identificarlo con Juan Bautista (Mt 11,14). Tras la transfiguración, Jesús dice a los discípulos: “Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron… Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista”(Mt 17,10-13). 

La pregunta a los discípulos, es contestada por Pedro, representando al grupo: “Tú eres el Mesías”. Identifica a Jesús como “el” (artículo determinado) “Mesías”que, bajo distintas concepciones, esperaba el pueblo judío. No han descubierto aún al Mesías real enviado por Dios. Por eso Jesús no acepta tal declaración sin más, y les prohíbe decirlo: “les conminó” como a espíritu inmundos (Mc 1,25; 3,12) o al viento (Mc 4,39). 

Jesús les aclarar su identidad mesiánica. Empieza a instruir” a “los discípulos” y a “la gente”. Cambia el nombre: “el Hijo del Hombre…”, en vez de el Mesías. Es “el Hombre”, que recibe el Espíritu divino (Mc 1,10), perdona pecados (2,10), es señor del sábado (2, 28). Rompe las expectativas de la tradición judía, de sus dirigentes y de los discípulos. El padecer es fruto de la reacción previsible de quienes viven la lógica del más fuerte, la de equivalencia, la de la ley… Jesús trae una lógica muy distinta. Es la lógica del Amor del Padre, que “hace salir el sol y bajar la lluvia sobre buenos y malos, justos e injustos” (Mt 5,45). De ahí que “tiene quepadecer mucho y ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días”. Es el sufrimiento lógico del esfuerzo que lleva consigo el Amor, y de la reacción de los que no aceptan su lógica: los poderes políticos y religiosos (ancianos, sumos sacerdotes y letrados). La muerte no es el final: el Espíritu del Amor le resucitará pronto (“tres días”, “en un par de días”, en un tiempo brevísimo… Cf. Os 6,2). 

Pedro y Jesús se increpan mutuamente. Les mueven dos espíritus contrarios. Jesús lo aclara: “¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!”. Oposición entre dos ideas de Mesías: el Hijo del hombre, lleno del Espíritu divino, que se entrega por la fraternidad universal, y el Mesías, sucesor de David, restaurador del reino de Israel, imponiéndose “como los jefes de los pueblos” (Mc 10,42), sujeto a la tentación del poder, propuesta a Jesús por Satanás, a la que la Iglesia ha sucumbido tantas veces. 

Llamando a la gente y a sus discípulos”, les propone su camino: superar el egoísmo en todas sus formas, soportar el sufrimiento sobrevenido de la propia limitación o de la injusticia. “El que quiera salvar su vida” (el egoísta quiere salvar “su” vida, no la de todos) no se realiza como persona, hecha para el Amor. “El que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”: encontrará “el amor que no pasa nunca” (1Cor 13,8). 

“Lo que algunos dicen hoy”

 

Pagola: “Jesús sigue siendo un desconocido… Mientras tanto, ¿qué estamos haciendo sus seguidores?” 

También en el nuevo milenio sigue resonando la pregunta de Jesús: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». No es para llevar a cabo un sondeo de opinión. Es una pregunta que nos sitúa a cada uno a un nivel más profundo: ¿quién es hoy Cristo para mí? ¿Qué sentido tiene realmente en mi vida? Las respuestas pueden ser muy diversas

«No me interesa. Así de sencillo. No me dice nada; no cuento con él; sé que hay algunos a los que sigue interesando; yo me intereso por cosas más prácticas e inmediatas». Cristo ha desaparecido del horizonte real de estas personas

«No tengo tiempo para eso. Bastante hago con enfrentarme a los problemas de cada día: vivo ocupado, con poco tiempo y humor para pensar en mucho más». En estas personas no hay un hueco para Cristo. No llegan a sospechar el estímulo y la fuerza que podría él aportar a sus vidas. 

«Me resulta demasiado exigente. No quiero complicarme la vida. Se me hace incómodo pensar en Cristo. Y, además, luego viene todo eso de evitar el pecado, exigirme una vida virtuosa, las prácticas religiosas. Es demasiado». Estas personas desconocen a Cristo; no saben que podría introducir una libertad nueva en su existencia

«Lo siento muy lejano. Todo lo que se refiere a Dios y a la religión me resulta teórico y lejano; son cosas de las que no se puede saber nada con seguridad; además, ¿qué puedo hacer para conocerlo mejor y entender de qué van las cosas?». Estas personas necesitan encontrar un camino que las lleve a una adhesión más viva con Cristo

Este tipo de reacciones no son algo «inventado»: las he escuchado yo mismo en más de una ocasión. También conozco respuestas aparentemente más firmes: «soy agnóstico»; «adopto siempre posturas progresistas»; «solo creo en la ciencia». Estas afirmaciones me resultan inevitablemente artificiales, cuando no son resultado de una búsqueda personal y sincera. 

Jesús sigue siendo un desconocido. Muchos no pueden ya intuir lo que es entender y vivir la vida desde él. Mientras tanto, ¿qué estamos haciendo sus seguidores?, ¿hablamos a alguien de Jesús?, ¿lo hacemos creíble con nuestra vida?, ¿hemos dejado de ser sus testigos? 

¿Quién decís que soy yo?

Written by Pepa Torres 

(Mc 8,27-35) 

El Evangelio de este domingo nos plantea tres claves que desde una lectura existencial pueden resultar especialmente sugerentes: 

– La primera clave es la pedagogía de Jesús. Jesús utiliza la pedagogía de las preguntas. Preguntas además que acontecen estando de camino (v 27)de lo cual se puede sacar en consecuencia que captar y acoger las preguntas del Evangelio requiere una disposición vital, una apertura al dinamismo de la vida, que es siempre lo opuesto a la inercia y a la instalación, porque éstas terminan por embotar la sensibilidad. En el Evangelio, más que respuestas dogmáticas, lo que encontramos son preguntas, preguntas orientadas al diálogo y la lucidez sobre alguna situación que se pretende enfrentar. Preguntas que cuestionan la imposición de la verdad y que van a lo fundamental. Jesús no busca nunca el monólogo autorreferencial, sino el diálogo que surge a partir de preguntas desinstaladoras, porque la verdad es siempre conversacional, es dialogal. Así sucede también en este texto. 

-La segunda clave provocadora es que la fe en Jesús no es doctrina, sino que remite siempre a la experiencia y ésta y pide ser narrada. Pero narrar el relato de sentido y Buena Noticia que es el Evangelio exige el cuidado de los lenguajesConfesar a Cristo es mucho más que rezar el credo, es comulgar con su vida y su proyecto y hacerlo inteligible en las culturas con hechos y palabrasLos mismos títulos cristológicos han de ser recreados desde la experiencia de las comunidades y sus contextos. Por eso la inculturación y el dialogo intercultural se convierten en una ineludible exigencia del creyente. Decir quién es Cristo hoy y hacerlo de manera universal es hacerlo desde la asunción de la gran riqueza y desafío que es la diversidad, superando la tendencia de la asimilación, la homogeneización y del anacronismo en que frecuentemente han caído los lenguajes, ritos y símbolos religiosos. Necesitamos profundidad de experiencia y creatividad pastoral para ello. 

-La tercera clave es la impertinencia del Evangelio. Es decir, su radical incomodidad, el descentramiento y éxodo permanente al que nos invita a vivir, su paradoja: El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará (v 35). Jesús es una memoria peligrosa y contracultural en el corazón de la historia y su espíritu nos mueve a no domesticarla ni acomodarla. 

En el contexto de un mundo pandémico, la violencia en las fronteras y el clamor por la vida de quienes intentan atravesarlas, desde el grito de las mujeres y las niñas exigiendo una vida liberada de la pobreza y la violencia patriarcal, Jesús nos pregunta también hoy a nosotros y nosotras: ¿quién decís que soy yo? ¿Qué contenido le damos a esa experiencia y desde qué lenguajes, gestos y acciones hacemos de ella un relato de sentido y solidaridad compartida con los y las más vulneradas? 

¿Quién decís vosotros y vosotras que soy yo?, el modo de responder a esta pregunta implica una forma de situarnos en la vida y ante los demás al modo de Jesús. El mesianismo de Jesús es un mesianismo descalzo. No es triunfalista, sino compasivo y kenótico y conlleva una dimensión conflictiva. A sus discípulos les cuesta entenderlo como nosotros y nosotras nos resistimos también a ello. Para Jesús, negar esta dimensión, como hace Pedro, es edulcorar el seguimiento y tentar a Dios. Esta es quizá una de las principales paradojas del Evangelio, que es a la vez Bienaventuranza, Buena Noticia y signo de contradicción.