Manuel Iglesias in memoriam

M.Iglesias (1934-2022). Para ser «inmutables», Biblia, Iglesia y Compañía deben cambiar

Manuel González Iglesias acaba de fallecer en Madrid (21-12-22) a los 88 años de Edad. Pedro Lamet ha publicado en RD un reseña respetuosa, cariñosa (https://www.religiondigital.org/opinion/fallecido-biblista-Manuel-Iglesias-Gonzalez-Obituario-jesuita_0_2516748323.html).

¡Gracias, Pedro!  No puedo añadir nada sustancioso, simplemente recordar que le conocí en mis tiempos de estudiante y que he consultado y recomendado siempre su traducción a mis alumnos.

Gracias, Manuel, por el buen trabajo. Siempre que he pasado por tu pueblo (Monleras) te he recordado. Aquí quiero evocar un matiz de la trayectoria de tu vida. Descansa en paz, ahora que no tienes que optar por traducciones y adaptaciones.

Por| X Pikaza Ibarrondo

Las traducción de F. Cantera (AT) y M. Iglesias (NT), sustituyó a la de Cantera-Bover  cf. (BAC, Madrid 1947, que dejó de editarse). Cuida los aspectos filológicos e históricos del texto, que quiere reproducir con exactitud, conservando incluso los modismos y formas de expresión del original hebreo y griego, con introducción y notas de tipo crítico.

Los términos hebreos suelen estas transliterados y explicados. Traduce los textos en buen castellano, pero dejando que se note en el fondo el sustrato original, de manera que la Biblia siga conservando su identidad antigua. Sigue siendo quizá la traducción por excelencia para estudiantes de Biblia; cuando hay un texto oscuro será bueno acudir a ella.

   La traducción revisada y actualizada del Nuevo testamento es filológicamente la mejor que actualmente existe en castellano. Youtube de la presentación https://www.youtube.com/watch?v=Futn20AJE5k De 

 Presentaciòn de la nueva edición del Nuevo Testamento de Iglesias (2017). 

La Biblioteca de Autores Cristianos ha presentado el Nuevo Testamento. Versión crítica, preparada por Manuel Iglesias González.  Participaron el catedrático de Nuevo Testamento Luis Sánchez Navarro y el catedrático de la misma materia y miembro de la Pontificia Comisión Bíblica Juan Miguel Díaz Rodelas, además de Manuel Iglesias, Carlos Granados (director de la BAC) y Pablo Cervera (antiguo director de la BAC). 
«La Biblia no es un cuento para niños»

El traductor y autor de la edición, Manuel Iglesias, constató que la Biblia no es fácil de abordar. Él, como biblista y lingüista, es consciente. «Creo que mucha gente ignora la Sagrada Escritura porque no es un cuento para niños y tiene cosas muy duras. Jesús emplea palabras que ahora los sacerdotes apenas nos atrevemos a emplear cuando predicamos. ‘Es que espantas a la clientela’, nos dicen. Pero Jesús no pensó si se quedaba sin clientela. Y Él habla y dice lo que tiene que decir. Por ejemplo: ‘El que quiera ser discípulo mío cargue sobre la espalda su cruz cada día y sígame’.» 

¿Hace falta otra traducción? Sí, siempre
Luis Sánchez Navarro planteó: ¿Por qué una nueva traducción del Nuevo Testamento? La respuesta es que esta versión es especialmente útil para quien quiera leer un texto muy cercano al griego original, para estudiar la Biblia, pero aún así en un lenguaje asequible. 

El padre Iglesias ya hizo una versión de esta traducción en 1975. «Ha conseguido, en ediciones sucesivas, conformar una edición del Nuevo Testamento que aúna el rigor filológico y una cercanía casi obsesiva al texto original griego, con la expresión sobria y elegante del castellano viejo; a ello se suma la labor a pie de página, donde además de las explicaciones de orden filológico y bíblico encontramos referencias al Magisterio eclesial así como a Padres de la Iglesia y clásicos de la espiritualidad cristiana, que iluminan el texto bíblico de modo complementario y permiten así intuir la profundidad teológica y espiritual de los textos tan cuidadosamente traducidos», explica Sánchez Navarro.

Sánchez Navarro asegura: «El traductor hace opciones de crítica textual, a veces arriesgadas, siempre con fundamento. Así en Jn 1,13, donde la lectura en singular, atestiguada por los primeros Padres de la Iglesia, es acogida como preferible: “en cambio, a cuantos lo aceptaron, a los que creen en su nombre, los hizo capaces de llegar a ser hijos de Dios el que no nació de la sangre, ni del deseo de la carne, ni del deseo del varón, sino de Dios”.

BIBLIA  E IGLESIA: UNA, DOS  TRAYECTORIAS 

Cuando estudié Biblia en el Bíblico de Roma (1967-1971), él ya había terminado. Se le consideraba el gran experto, ejercía la función de «ayudante-repetitor» con Juan Mateos, otro grandísimo especialista (traductor de la NuevaBiblia Española, con L. Alonso Schökel).

Eran muy distintos, ambos necesarios para el estudio de la Biblia, para la teología y para la vida de a Iglesia. Mateos iba más en la línea de la traducción dinámica, siempre atenta a los giros lingüísticos y a la aplicación pastoral, cultural de cada tiempo. Iglesias iba al texto-texto, en su radicalidad antigua, al estilo de los grandes maestros del siglo XIX.    Ambos tomaron caminos distintos, en la visión de la Iglesia y en el desarrollo interno de la Compañía de Jesús.

Mateos con su grupo creó una gran escuela de actualización literaria y social de la iglesia, trabajando básicamente desde Córdoba, España. Le acusaron de desvirtuar la Biblia, de adaptarla a la moda actual, de hacer que perdiera su radicalidad dogmática. Su Biblia (la de Schökel) fue retirada y criticada, lo que les trajo a los dos unos grandes sufrimientos, especialmente a Mateos, cuya memoria y tarea sigue siendo fundamental para miles y millones de lectores de la Biblia en Castallano.

Manuel Iglesias optó por un camino de fidelidad radical al texto, no sólo alde la Biblia, sino a la letra clásica de la Compañía de Jesús, en contra (al margen) de la actualización del P. Arrupe, en  un movimiento en que ha destacado el P. Mendizabal, con grupos de neo-jesuitas (de varias congregaciones) que han relizado una gran labor en la Iglesia, aunque más en línea de tradición que de renovación (en esa línea Ignacio nohubiera fundado su Compañía, ni Juan evangelista su evangelio).

    A mi entender, ambos grupos han sido y son necesarios, aunque su división ha traído también «dolores» en ciertos ambientes de la Iglesia.

LA LITERALIDAD, MANUEL IGLESIAS

   Una linea de tradición eclesial y SJse sienta más cerca de Iglesias que de Mateos, siente mucho sufrimiento y muchos reparos ante  actualización del Vaticano II, de Arrupe y de Francisco No entro en el tema de SJ, de Mateos e Iglesia, soy un amigo/testigo… y me parece que ambas líneas (una más filológica y otra más sociológica) son necesarias. Por eso, habiendo querido mucho a Mateos, me siento al mismo tiempo cerca de la obra de Iglesias… y en el fondo la considero más «peligrosa» para el cristianismo tradicional que la de Mateos.

 Mateos y otros aplican, actualizan, recrean el texto en un movimiento que, para ser fiel a los orígenes, tiene que ir cambiando, adaptándose, en la línea del Papa Francisco, también del auténtico Ignacio SJ. Mateos y su grupo no son peligrosos para el «dogma» y tarea de la Iglesia, que se debe actualizar de un modo incesante, como hace el mismo NT, en un camino genial y arriesgadísimo que nos lleva de Marcos a Juan y del Pablo histórico a las post-paulinas (Efesios-colosenses, Pastorales…).

En esa línea, al quedarse en un estrato o nivel filológico, la traducción y el trabajo del P. Manuel Iglesias es más peligroso (más hairético) que el de los actualizadores sociales (como Mateos). Es más peligroso porque tiende a fijar (absolutizar) un estrato filológico-teológico (un momento de la historia de Biblia, del despliegue de la Iglesia, de la  Compañía de Jesús..).

Esa actitud de fidelidad al pasado (necesaria en un momento) tiene que ir unida a la actitud del cambio… Un pasado cerrado en sí deja de ser verdadero, como supo muy bien la iglesia que  aceptó al mismo tiempo a Marcos y a Efesios, al Evangelio de Juan y al Apocalipsis.

La misma Iglesia optó por el cambio, desde las primitivas comunidades galileas o paulinas a las iglesias del siglo II-IV (con Ireneo, Orígenes, Basilio…). El problema no es cambio o no cambio, sino recreación verdadera, en la línea de la raíz del evangelio o del carisma, ante (en medio de) los cambios de las historia. Si la iglesia hubiera querido ser sólo galilea hubieraa dejado de ser cristiana (mesianica), si hubiera queridos er sólo jerosolimitana dejaría de ser fiel al mensaje y camino de Jesus…

Sigo teniendo sobre la mesa la traducciòn de M. Iglesias (la de Mateos la consulto a veces, pues ella es parte del movimiento exegético y social del siglo XX)…  Tengo su traducción, pero debo «leerla» desde el conjunto del NT, con los matices, cambios y reinterpretaciones que ello implica. Una traducción puramente filológica en sentido de fijación textual acaba siendo mentirosa (traduttore traditore).

  No soy SJ (aunque algo he seguido el camino SJ), y pienso que una SJ cerrada en un tipo de Ignacio de Azkoitia termina siendo menos fiel al espíritu y vida de Ignacio SJ, que si algo hizo fue aprender y adaptarse, de Loyola a Jerusalén, de Salamanca a París y Roma.

   Sólo me queda dar gracias a Dios por la vida y obra de Manuel Iglesias, del que quiero recordar dos anécdotas.

Asistí una vez a una discusión entre Alonso Schökel e Iglesias en el Bíblico. Ambos eran para mí, pobre estudiante, unos genios. supe que los dos tenían razón diciendo cosas distintas. Me pareció necesario Alonso, pero  mi corazón iba más por Iglesias,  aunque quizá le hubiera deseado más «cintura».

En los últimos años he sido buen amigo de José Vicente Rodríguez, carmelita descalzo, también de Monleras, dos años más joven que Manuel Iglesias, alumno de sus padres, maestros queridos. José Vicente me hablaba con pasión de los padres de Manuel de otros cinco grandes cristianos; sin ellos no podría haber sido lo que ha sido.

También José Vicente OCD estudió en el Bíblico de Roma, con Manuel Iglesias, al que siempre siguió queriendo, admirando y leyendo su Biblia. Pero me dijo lo que he dicho: «Quizá le faltaba cintura». Tenía y tiene razón de fondo en todo, pero los tiempos cambian y para ser fiel a la Compañía hay que recrearla. Para ser fieles a un tipo de vida contemplativa de Teresa hay que actualizarla… y algunos SJ (que en su tiempo le ayudaron mucho) han querido dejarla maravillosamente donde estaba y nos han hecho sufrir mucho.

El NT no ha bajado ya crecido del cielo (añadía José Vicente), como dicen algunos que bajó el Corán hasta  Mahoma… El NT bajó (vino y sigue viniendo) haciéndose camino. Y, dicho eso, José Vicente añadió: Pero hombres como Manuel Iglesias, con su familia (toda de santos) son necesarios en la iglesia.

Unidad y pluralidad de la Palabra

8-25 de enero: semana de oración por la unidad de las iglesias.

22 enero: domingo de la Palabra

Se celebran estos días dos “fiestas”: la “semana de oración por la unidad de las iglesias”; el Domingo de la Palabra. Las dos celebraciones van unidas, pues la palabra (evangelio)  separa y vincula en comunión a las iglesia, para que expresen diversas facetas del misterio de Cristo/palabra y para que se vinculen en abrazo de amor, abierto al mundo entero. 

He venido recordando estos días en RD y FB el pensamiento y palabra del Papa Ratzinger, tema de alguna importancia, pero muy secundario en relación con la Palabra de Dios y la Comunión de las iglesias.

De estos dos temas (Palabra de Dios y comunión) trataré esta próxima semana. Hoy comienzo presentando la unidad y pluralidad de la Palabra (de los evangelios y la iglesia), fijándome de un modo especial en Mateo.

Por| X.Pikaza

El único evangelio, en la palabra y pascua de Jesús,  ha venido presentarse en cuatro narra­ciones paralelas pero diferentes­. Esta unidad y diferencia debe precisarse con cuidado.

1)Hay una primera razón de tipo teológico. Dios no se ha revelado en un discurso fijado de antemano y definido en cada uno de sus rasgos y conceptos. Dios se ha revelado en Jesucristo, un hombre (Hijo de Dios) que sobrepasa y desborda todas las razones de la historia. Por eso no hay discurso ni concepto que agote su verdad, que contenga todo su sentido y que lo fije de de manera normativa, para todos los creyentes. En este nivel se han situado, a mi entende­r, las dos conclusiones del evangelio Jn con su palabra programática:

Otras muchas señales que no están escritas en este libro realizó Jesús delante de sus discípulos; estas se han escrito para que creais que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengais vida en su nombre (Jn 20, 30-3l).

Otras muchas cosas hizo Jesús; si quisiéramos escribirlas una por una, pienso que ni el mundo entero bastaría para contener los libros que así debieran escribirse (Jn 21, 25).

 Evidentemente, estas palabras pueden entenderse en un sentido cuantitativo (habría muchas más cosas que escribir sobre Jesús).. Pero éllas ofrecen también otro sentido más «cualitati­vo»: aluden a las diferentes tradiciones de Jesús, a las maneras de enfocar su vida y enseñanza, pues los evangelios son el resultado de un proceso selectivo de interpretación y elección particu­lar. Lo que importa no son los evangelios como escritos diferentes, como aproximaciones siempre limitadas y parciales al único misterio de Jesús. Importa el evangelio, la novedad pascual del Cristo, ­como salvador universal. Logicamente, por exigencias de la misma riqueza y multiformi­dad de Cristo pondrán (y deberán) surgir evange­lios diferentes (y en el fondo iglesias diferentes)

2)Hay una segunda razón de tipo eclesial. Ciertamente, el evangelio de Jesús como experiencia pascual es anterior a las iglesias: es la vida y palabra de Dios de la que surgen las comunidades mesiánicas del Cristo, como lugares de salvación escatológica. Pero, en un segundo momento, esas mismas comunidades ecles­ial­es son las que explici­tan, con­figuran y matizan el único evangelio de Jesús, conforme a sus propias tendencias religiosas y sociales. En esta perspectiva sigue siendo fundamental el texto ya citado de 1 Cor l5, 1-11: todos los apóstoles, fundadores de iglesias, ­concuerdan en la experiencia de Jesús como el Cristo de Dios que muere y resucita; pero la visión de la pascua se explicita y configura en éllos de maneras diferentes.  

Esto significa que en la la pluralidad de los evangelios es el principio y fundamento  de la pluralidad de las iglesias. Lucas, escribiendo en perspectiva más tardía el libro de los Hechos, se ha esforzado en proyectar hacia el principio de la iglesia el ideal de una unidad que es anterior a las diversidades posteriores.

Teológicamente, el ideal de unidad de las iglesias es auténtico, como muestra 1 Cor 15: todas las iglesias se fundan en la misma experiencia apostólica del Cristo que ha resucitado y se aparece a sus discípulos y apóstoles. Pero en el mismo origen de esa historia hallamos una multiplicidad de perspect­i­vas: encontramos ya desde el principio a los hebreos y los helenistas, se distinguen las visiones de Pedro, Pablo y Santiago. Eso significa que la unidad eclesial no ha de entenderse como uniformidad primitiva que luego se parte y se divide en grupos posteriores diferentes. La unidad viene a mostrarse ya desde el princpio en forma de comunión origina­ria (tensa y fraternal) de posturas que dialogan entre sí y se comuni­can desde el Cristo. Para precisar este momento de la tradición evangélica pueden ayudarnos todavía los autores que la estudian a partir de eso que se suele llamar la «Formgeschich­te», historia de las formas (23). 

3)  Los evangelios (las iglesias) no se diferencian solamente según las perspectivas eclesiales de sus transmisores; se distinguen también por el transfondo social de esos mismos transmisores, por aquello que pudiéram­os llamar su «base material»: los ideales y necesidades económi­cas , sociales o políticas de aquellos que pretenden vivir sobre este mundo el único evangelio de Jesús, el Cristo.

En  el principio de la unidad de las iglesias ha de estar la palabra de Jesús. «los pobres son evangelizados» (cf Mt 11, 6). Es buena la unidad de los ministros de la iglesia, de las jerarquìas eclesiales (obispos, Papa etc),  pero el sentido y finalidad de la unidad de las iglesias está en el hecho de que los pobres sean, reciban la buena noticia, puedan ser acogidos y nos evangelicen   (1 Cor 1, 26-28; cf. Sant).

 Conforme a su visión idealizadora del principio de la iglesia, Lu­cas dice en Hech 2 y 4, que todos los creyentes compartían vida y bienes, traduci­endo de esa forma el evangelio en claves de comunión religiosa ly económica. P­ero más tarde, al llegar al punto clave del conflicto de los «apóstoles hebreos» con los «helenistas» nos recuerda que la causa principal de la discordia fué «el cuidado de las viudas y el servicio de las mesas». El evangelio se ha venido a explicitar de esa manera y se discierne, es decir, se delimita y viene a entrar en crisis por cuestiones de tipo social (cf Hech 6, 1-7).

Pues bien, los más signifi­cat­ivo de este relato es el hecho de que los «defenso­res de los huerfanos y viudas», los servidores de las mesas vienen a mostrarse luego como verdaderos «evangelistas­», es decir, propagadores de la buena nueva. En­tre éllos se destaca en un primer momento Esteban y después cobra relieve la figura de Felipe a quien la tradic­ión conocerá como «el evangel­ista» por excelencia (cf Hech 21, 8).

 Pienso que estos datos son significativos y debían estudiarse con mayor cuidado. Sea como fuere, lo que ahora nos importa es que, a partir de esta primera división intraeclesial viene a entenderse la figura y función evangeli­zadora de san Pablo (cf Hech 8, 4). El evangelio dirigido a los pobres, como palabra de Dios y principio de comunicación humana, es la esencia de la unidad de las iglesia.

Eso significa que las diferencias de la Palabra de Dios en los evangelios los evange­lios han de interpretarse desde una perspectiva teológica. De muchas maneras habla Dios en Cristo, para que su palabra llegue a cada hombre y mujer, a cada comunidad. Por otra parte,  ­cada comuni­dad cristiana ha respondido a la llamada de Jesús (a su evangelio de los pobres) en caminos y tendencias diferen­tes porque ha sido diferente el contexto social en que se mueve.

Precisemos mejor el tema. La visión teológica del fondo pudiera ser la misma, pero las formas asumirla y aplicarla resultan diferen­tes, par­tiendo del contexto social en que se vive ese evangelio.  La única Palabra del evangelio se expresa en formas distinta. No se trata por tanto de imponer una doctrina y administraciòn (que todos sean católicos o todos calvinistas…), sino de lograr que católicos y calvinistas (con otras iglesias) puedan poner y pongan su vida al servicio de la comunión universal de vida, empezando por los pobres, sean o no externamente cristianos.

En el comienzo de la tradición de la palabra de Dios en los evangelios está el evangelio de Marcos y un evangelio de dichos llamado “q”. Pero la iglesia no se que quedado sólo con Macos y el “q”, sino que ha empezando “canonizando también” otros dos evangelios importantes, como “palabra de Dios”, como principio y riqueza de comuniòn entre las iglesias. Así quiero ponerlo aquí de relieve, para añadir que aquellos que quieran saber más y saber bien, en esta semana de unidad de la iglesias, en 22 de enero del 2023, día de la Palabra harán bien en acudir a las palabras y explicaciones magistrales de J.L.Sicre, tanto en su obra base (El Cuadrante) como en sus comentarios a Mateo y Lucas. Hoy me fijo sólo en el de Mateo  

Mateo. El libro de la genealogía de Jesús

El  evangelio que hoy llamamos de Mateo empieza con un título muy significativo: libro de la genealogía (o las generaciones) de Jesús, el Cristo, hijo de David, hijo de Abraham (Mt 1, 1).Resulta aquí fundamental la referencia a los orígenes del pueblo de Israel y a su manera de narrar la historia como encadena­miento de genealogías (cf. Gén 2, 4; 5, 1; 6, 9; 10, 1; 11, 10 etc). Tam­bién Mt quiere presentar desde el origen el camino y vida de Jesús, en­troncándola proféticamente en una línea de promesas que se encuentra iniciada por Abraham y por David.

Por eso, estrictamente hablando, Mt no ha escrito un evangelio, a la manera de Mc; ha escrito un libro de la historia de Jesús, a quien concibe como cumpli­miento de la promesa israelita. Asume para éllo dos motivos o fuentes principales: la historia mesiánica del Cristo, tal como ya ha sido presentada por Mc; y la tradición de las palabras (logia) de Jesús ­tal como se hallaba contenida en el llamada documento «Q».

P­ero Mt cuenta además con tradiciones y motivos propios, que le sirven para definir su propia perspectiva, dentro de una iglesia que ya ha reco­rrido un largo camino de de profundización cristiana, par­tiendo de posturas que parecen muy cerradas (de un cristianismo judaizante; cf Mt 5, 17-20; l0, 5-6) y llegando a una visión universal y misionera del mensaje de Jesús, desde el transfondo de sus mismas palabras, entendidas ya en un ámbito de pascua (cf. 28, 16-20) (26).

Entre esas tradiciones propias de Mt destaca la del nacimiento de Jesús, como mesías de Israel, Dios con nosotros. Situado en una perspec­tiva pascual (en la línea de 1 Cor 15, 1-11), Mc no tuvo la necesidad de hablar del nacimiento de Jesús; así pasaba direc­tamente de la promesa de Dios en Isaías al mensaje del Bautista. Mt , en cambio, tiene que hablar de ese nacimiento para completar así su genealo­gía de Jesús, quien arragia dentro de la historia de Israel y de los hombres.

De esta forma, quizá sin pretender­lo, Mt se sitúa en la línea de aquella perspect­iva que san Pablo ha recogido en Rom 1, 2-4: el evange­lio trata del Hijo de Dios que ha nacido como descen­diente de David según la carne y que ha sido constituido Hijo de Dios en poder por la resurrecc­ión de entre los muertos. Entre el naci­miento mesiánico de Jesús, ­como Dios con nosotros (Mt 1, 20-23), y su constitución como señor universal por medio de la pascua (Mt 28, 26-20) se extiende y se despliega a juicio de Mt todo el evangelio (27).

Al interpretar de esta manera las tradiciones anteriores, Mt ha introducido un cambio muy significativo en el mismo sentido del término evangelio, transformando así el sentido que tenía en Mc. Para Mc, evange­lio era la misma presencia poderosa del Jesús pascual que vive-actúa en el camino de la iglesia. M­ateo introduce dentro de esa perspectiva tres variantes principal­es, que podemos definir de esta manera: despascualiza, doctrina­liza e historifica el evangelio.

  Mc no ha narrado ninguna aparición pascual: termina en 16, 7-8, es decir, con la promesa del ángel que dice a las mujeres que «Jesús les precede en Galilea: allí le encontrareis». Todo su (el) evangelio viene a presentar­se, por lo tanto como un camino de búsqueda y encuen­tro pascual. Mt, en cambio, ha concluido y sellado su «libro de las genera­ciones» de Jesús con una gran aparición pascual que condensa (incluye) todas las que están como dispersas en Lc 24 y Jn 21-22: el Señor resucitado se presenta como triunfador de la muerte y portador del poderío escatológico de Dios en la nueva Galilea de la pascua, o­fre­ciendo ese poder a sus discípulos y haciendo que así marchen y propaguen su camino de discipulado entre todas las naciones de la tierra (Mt 28, 16-20).

Mt ha interpretado el evangelio como un compendio de doctri­nas. Esta afirmación quizá resulte un poco exagerado pero queremos conservarla. ­Para Mc, igual que para Pablo, el evange­lio era ante todo buena nueva, n­oticia de la pascua que se anuncia y se actualiza en la existencia misma de los fieles. Mt, en cambio, ha interpre­tado el evangelio como buena doctrina, como aquella enseñanza escatológica, ­nueva y salvadora, que el Jesús pascual quiere ofrecer a todos los hombres de la tierra, a través de sus discípulos (M 28, 16-20).

Israel tenía su doctrina, la ley de sus preceptos y sus tradi­ciones que enmarcaban y determinaban la vida de los hombres de su pueblo. Pues bien, Jesús ha proclamado ahora la ley definitiva, la gran norma de Dios para los hombres. De esa forma, el evangelio de Dios se vuelve ley del reino, conforme a una expresión que es programática:

Y caminaba por toda Galilea, enseñando en sus sinagogas y proclamando el evangelio del reino y curando toda enferme­dad y toda dolencia en el pueblo (Mt 4, 23; 9, 35).

Así debemos comenzar también nosotros, como Jesús en el evangelio de Mateo: Proclamando el evangelio y curando toda enfermedad, dolencia e injusticia en el pueblo.

Domingo del Bautismo.

Nacer de Dios, ser en Dios. Crisis de bautismo en la iglesia

Este es mi Hijo amado - Alfa y Omega

La navidad (Nacimiento de Jesús: 25.12.2021) y la epifanía (su manifestación a las naciones:6.1.22) culmina este Domingo del Bautismo (9.1.22), cuando Dios dice a Jesús “tú eres mi hijo” (Lc 3, 21-22).

El nacimiento de Jesús sólo es Navidad si desemboca en su Bautismo (Dios le llama «Hijo»y le confía la tarea de «crear» una Iglesia o comunidad de renacidos).

Nuestro «nacimiento»culmina también en el Bautismo, con Jesús, cuando Dios nos reconoce «hijos» suyos, de forma que en Él nos movemos y somos. Esto es lo que importa, esto es lo que define a los cristianos, como «renacidos», vivientes recreados en amor, en comunión de vida con todos los hombres y mujeres, porque la Navidad no es sólo nuestra (de los cristianos), sino de todos, aunque muchos no lo sepan.

Pues bien, en este contexto, esta mañana (8.1.22) me han impactado especialmente tres noticias de la página inicial de RD (Religión digital), que son importantes,pero no son de Navidad, no son de Batismo:

1.El Gobierno de España ha propuesto un obispo especial para las fuerzas militares, y él se ha defendido diciendo que eso no es “necesariamente negativo”. No entiendo la expresión, quizá se trata de una “excusatio non petita”, pero pienso que lo importante no son las fuerzas armadas y su obispo (por importante que sea), sino el hecho de que todos podamos renacer a la vida en amor (y no sé si las fuerzas armadas de todas las naciones están al servicio de eso).

2.Otro obispo ha tomado “posesión” de una Diócesis cercana, y algunos me han dicho que con eso se ilumina el futuro del cristianismo… porque es un buen obispo. No tengo duda de que lo sea (fue además alumno mío). Pero lo que de verdad me importa es que  mucha gente de nuestras tierras (casi un 50%), gente por otra parte muy buena, está dejando de bautizar a sus hijos, como si eso no importara, como si la Iglesia no les ofreciera ni les diera nada. ¿A qué se debe? ¿A los nuevos padres? ¿A la Iglesia? Éste es el tema clave. Debemos preocuparnos, con esperanza, pero también seriamente. 

3.Otro obispo, nombrado igualmente para una diócesis en discusión, por la «salida» del obispo anterior ha dicho que “la manera en que ha salido es lamentable». No sé en  qué sentido lo afirma. Como dicen en 1º de sociología, el problema de ciertas instituciones  no es entrar, sino salir… y actualmente, en algunos lugares de Iglesia, estamos más de salidas que de entradas.

   Desde ese fondo, ésta víspera del bautismo de Jesús que es el culmen de la Navidad, nacimiento de la Iglesia, he querido reflexionar sobre el bautismo, en una iglesia está dejando de bautizar, quizá porque no vienen, quizá porque ella no busca,ni invita de verdad, ni ofrece con transparencia de amor y verdad.

El panorama parece triste, pero creo que en el fondo puede ser esperanzador, si volvemos todos al evangelio de la Navidad. Puede nacer con nosotros (desde Jesús) una nueva iglesia. De eso quieren tratar las reflexiones que siguen. Buen día de bautismo a todos.

Por | X Pikaza Ibarrondo

1.El bautismo se ha vuelto un problema en países de “arraigo” cristiano, como España

Hace unos años bautizaba a todos, prácticamente a todos los nacidos. Hoy está bautizando a poco más que a la mitad. Se podrían “buscar” culpas:

-El bautismo era un “hecho social”, no un acontecimiento espiritual, de comunidad creyente, una experiencia de renacimiento. Ahora que ese hecho ha perdido relevancia social la gente-gente está dejando de bautizar a sus hijos.

Por otra parte, la Iglesia había relegado en parte el bautismo al trastero de los edificios parroquiales, como celebración privada, de unos pocos familiares, con “padrinos” traídos a lazo… De un modo  lógico, ahora que la pertenencia eclesial ha perdido el sentido que antes tenía (y nadie-nadie cree que los no bautizados van al limbo o al infierno, o están en pecado) mucha gente está dejando de bautizar a los hijos y de educarles en cristiano (¡ellos verán cuando se hagan mayores! Y evidentemente la mayoría no ven). La vida es corta, los garbanzos caros, los temas urgentes son otros ¿para qué bautizarse?

     Por eso, mientras sigue habiendo cristianos, nos vamos entreteniendo con obispos castrenses, sí o no, con el poder social de los obispos… y con los posibles escándalos de obispos  que dejan el episcopado por crisis de otro tipo y de obispos que acceden al episcopado con declaraciones que a la gente-gente no le suenan

     En ese contexto me he animado a retomar y re-escribir para este blog un par de paginitas tomadas en parte de mi teología de la Biblia (la Palabra hace carne). Mañana es el día del bautismo. Para mí es un día grande, uno de los mayores días de la Iglesia. Quizá sería bueno empezar por el bautismo, no por los obispos.

   Yo me atrevería a decir: “Si uno quiere ser obispo” (animador de una comunidad de seguidores de Jesús) empiece haciendo cristianos. ¿Cómo hacerlo hoy, año 2022, cuando muchos cristianos están dejando de ofrecer el bautismo a sus hijos? ¿Habrá que empezar casi de cero? Buen día a todos.

 2.Comunidad de renacidos. Nacer por bautismo

La Iglesia no es una comunidad de nacimiento físico o raza, como otras religiones, ni un estado político‒militar, fundado en el poder de algunas, o en la riqueza de otros, sino una comunión de “renacidos”, es decir, de personas “re-nacidas”, que tienen la experiencia de “haber nacido de “ y de vivir en él.   Éste es el tema: La iglesia es una comunidad de bautizados, que tienen la experiencia de “haber nacido” de Dios, a ejemplo de Jesús, y de vivir en una comunidad de “renacidos” a la vida en Dios.

No tomo por tanto el bautismo como rito de una iglesia particular, sino como signo del “nacimiento superior” de todos los cristianos, que no se vinculan por biología o raza, ni por presión político‒económica (o militar), sino por asociación voluntaria de fidelidad (de fe en el Dios de Jesús, que es fe de unos en otros) … En ese sentido, los creyentes‒bautizados de la Iglesia se integran entre sí como iniciados, renacidos en un grupo que les acoge y sella como “hijos de Dios”, en la línea del bautismo de Jesús (Mc 1, 9‒11) o del mandato pascual de Mt 28, 16‒20 (bautismo en la trinidad).

El arquetipo inicial de la Iglesia cristiana como tal es el bautismo, como expresión de un nacimiento superior, universal, de hombres y mujeres, de pueblos y razas, como iniciación mesiánica universal, que tiene un precedente en el judaísmo, pero que lo desborda. Los judíos “nacían” biológicamente por pertenencia a un pueblo (judío es el hijo de una judía) y ratificaban ese nacimiento por la circuncisión realizada en familia y por unas leyes de tipo alimenticio, sexual y social. Por el contrario, los cristianos no nacen, sino que se hacen por re-nacimiento, por integración personal, ratificada por el bautismo, que no se realiza en pequeña familia, sino en la comunidad de los cristianos, sin más exigencia o compromiso que la fidelidad mutua de todos los hermanos, dentro de un espacio de vida entendida como regalo y experiencia de comunicación humana, en línea de Jesús.

 3.Prehistoria judía.Bautismo en el Jordán

Las casas de los judíos puros (ricos) teníanpiscinas purificatorias (miqvot), para «limpiarse» a través de bautismos rituales. Los esenios de Qumrán se bautizaban al menos una vez al día, para la comida pura (cf. 1Q 5, 11-14). Había también hemero-bautistas, como Bano, que se purificaban cada día (incluso varias veces), para estar limpios ante Dios, compartiendo la pureza del principio de la creación. En aquel tiempo había surgido además la figura y mensaje de Juan Bautista, que anunciaba e impartir un bautismo, para purificación de los pecados (cf. cap 13‒14)[1].

Pues bien, en un momento dado, Jesús fue a bautizarse, haciéndose discípulo de Juan. Abandonó la familia, dejó el trabajo como tekton y se integró en una intensa “escuela bautismal”, asentada en el río Jordán, que era límite de la tierra prometida. Superando así la cultura social del entorno, en unión con Juan Bautista, Jesús pensó que el orden socio‒sacral de este mundo acaba, y que todo termina con un juicio de Dios, que hará posible la nueva entrada de los verdaderos israelitas, que cruzarán el Jordán, como en tiempos de Josué (cf. Jos 1-6) y podrán vivir en la Tierra Prometida. En ese contexto se inscribe su bautismo, con su gran novedad:

 Y sucedió entonces que llegó Jesús, de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio los cielos rasgados y al Espíritu descendiendo sobre él como paloma. Se oyó entonces una voz desde los cielos: Tú eres mi Hijo Querido, en ti me he complacido (Mc 1, 9-11).

El bautismo fue expresión de su “estado naciente”, es decir, de su nuevo nacimiento mesiánico, para el Reino de Dios, que trazó una ruptura respecto a lo anterior, definiendo su nueva opción mesiánico‒profética al servicio de la presencia creadora de Dios:

Iniciación y promesa mesiánica. Así lo ha destacado la tradición cuando afirma que vio los cielos abiertos y escuchó la voz de Dios Padre diciéndole ¡tú eres mi Hijo! y confiándole su tarea creadora y/o salvadora (¡por medio del Espíritu Santo!). Ciertamente, esa escena (cf. Mc 1, 9-11 par.), ha sido recreada por la Iglesia, pero en su fondo hay un gesto histórico firme, que anticipa la acción posterior de Jesús, vinculada a la promesa del Hijo de David: “Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo” (2 Sam 7, 14), tal como ha sido proclamada por Sal 2, 7: “Tú eres mi hijo, yo hoy te he engendrado”.

‒ Inversión, cumplimiento profético y revelación mesiánica. El bautismo es la visualización y celebración comunitaria de esa experiencia de inversión, en la que viene a revelarse un Dios que actúa a contrapelo de un tipo de egoísmo humanoPrecisamente allí donde, habiendo llegado al fin de su mensaje apocalíptico, Juan se había colocado ante una meta de juicio y destrucción de la humanidad anterior, Jesús experimentó y descubrió su vocación davídica, como impulso y llamada mesiánica de Reino, como si aquello que Juan anunciaba se hubiera cumplido, de tal forma que allí donde todo había terminado (ha llegado el juicio) vino a comenzar de otra manera todo, en línea de vida y no de muerte[2].

‒ Nacimiento de Dios, para su Reino. No fue un proceso racionalista en plano objetivo, algo que se puede demostrar por argumentos, sino una “intuición” vital, un acontecimiento que recompuso las coordenadas de su imaginación y de su voluntad, su forma de estar en el mundo y su decisión de transformarlo. En ese sentido decimos que el bautismo de Jesús fue un signo de su “vocación”, una llamada que Jesús ha “recibido” y acogido en lo más profundo de su ser. En un momento crucial de su vida, él escuchó la voz de Dios que le llamaba Hijo y sintió la experiencia del Espíritu, confiándole su tarea de Reino.

Es difícil trazar suposiciones de tipo psicológico sobre lo que Jesús sintió en el bautismo, pero es evidente que, al recibirlo, él se vinculó con los “pecadores” de su pueblo, con su carga de trabajo y/o falta de trabajo, como tekton, artesano galileo (Mc 6,1‒5), en una sociedad que se desintegraba. Venía a bautizarse para asumir el camino de Juan, quizá para “despedirse” del Dios de las promesas fracasadas, como Elías sobre el Horeb (1 Rey 19). Pero el Dios de su fe más profunda, vinculada a su tradición familiar mesiánica, el Dios de sus deseos más hondos, le salió al encuentro tras (en) el agua, en la brisa del Espíritu, y escuchó una voz que decía: ¡Tú eres mi Hijo Querido, en ti me he complacido!

La primera voz del Cielo (de Dios) no es ya Soy el que soy, Yahvé(cf. Ex 3, 14 9), sino la afirmación engendradora del Dios Padre, que sale de sí y suscita al otro (a su Hijo), diciéndole ¡Tú eres! Un tipo de judaísmo había partido del Yo Soy de Dios como misterio incognoscible. El evangelio en cambio se fundamenta y expresa en el descubrimiento del Dios que es en sí mismo diciendo Tú EresDios no empieza asegurando su dominio, sino dando ser al otro; no es un Yo soy en mí, sino un Yo soy para y contigo, diciendoTú eres mi Hijo. En el origen de la vida no está un Yo-Soy, planeando por encima de las cosas, ni la voz del hombre angustiado pidiendo la ayuda de Dios o de los dioses, sino la Palabra (Dios) que dice ¡Tú eres mi hijoquerido! (jhjd, agapêtos), y la respuesta del Hijo (Jesús), como Oyente original de esa Palabra[3].

4.Bautismo cristiano. Nacimiento personal y eclesial

                      Al asumir como propio el bautismo (signo fundante) de Jesús, reinterpretado desde la experiencia de su muerte, la iglesia ha ratificado su opción fundacional, definiéndose a sí misma como nuevo pueblo, por gracia de Dios, por inmersión creyente de sus miembros. No sabemos quién fue el primero en impartirlo, quizá Pedro (cf. Hech 3, 38). Tampoco sabemos si al principio entraban todos en el agua o bastaba el «bautismo en el Espíritu», como renovación interior. Sea como fuere, el bautismo vino a convertirse en paradigma de iniciación y pertenencia cristiana: la primera institución o sacramento visible y escondido, público y privado, paradigma) de los seguidores de Jesús, como signo de renacimiento personal y eclesial, como nueva creación (en cada bautizado se actualiza la misma experiencia de Jesús), para todos los pueblos.

 ‒ Bautismo escatológico y pascual. Por un lado, el bautismo mantiene a los creyentes en continuidad con Juan Bautista y su judaísmo. Pero, al mismo tiempo, expresa y expande la experiencia de la vida, muerte y pascua de Jesús, en cuyo nombre se bautizan sus seguidores, identificándose con él, ya en este mundo, sin esperar la llegada del Reino futuro, pues el Reino ha comenzado aquí, es la vida de Cristo en los creyentes.

‒ Iniciación y demarcación. Quienes lo reciben renacen, insertándose en la vida, muerte y resurrección de Jesús, por obra de Dios Padre en el Espíritu (cf. Rom 6). De esa forma se distinguen y definen los creyentes, como indicará la fórmula trinitaria de Mt 28, 16-20 (en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu: cf. cap. 20), que les introduce creyentes en el espacio total del Dios de Cristo.

Entendido así, el bautismo supera la división de naciones, estados sociales y sexos, como sabe Gal 3, 28, retomando un pasaje clave de la liturgia: «ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, macho ni hembra…». La circuncisión discriminaba, como signo en la carne del sexo masculino, a judíos de los no judíos, a varones de las mujeres… Por el contrario, el bautismo es el mismo para varones y mujeres, libres y esclavo, judíos y gentiles, como sacramento de nuevo nacimiento personal en la comunidad de los creyentes.

                      Ciertamente, el hombre o mujer que se bautiza de adulto ha tenido un primer nacimiento humanidad”, en un plano social y cultural, con padre y madre, en una familia que le define en sentido muy preciso como “ser natal”, como alguien que re‒nace de un modo personal, por encima del engendramiento puramente biológico. Pues bien, en la línea de ese “primer nacimiento”, la iglesia cristiana insiste en otro más alto, vinculado a lo que pudiéramos llamar la nueva individuación en “Cristo”, esto es, al surgimiento personal, desde Dios, como experiencia radical del creyente, con sus tres elementos:

‒ El neófito (nuevamente implantado, neonato) se descubre nacido de Diossegún Cristo, en libertad de amor, en perdón, en apertura infinita a la Vida (es decir, al Selbst divino). Esta experiencia de “nacer de Dios” constituye el signo de identidad radical de los cristianos que, siendo seres de este mundo, se descuben nacidos y arraigados en el Dios de Cristo (el Dios universal), en cuyo Espíritu viven, se mueven y existen, es decir, son ellos mismos (seres individuados), siendo presencia de Dios (de su Selbst o arquetipo originario).

‒ El neófito se descubre nacido de sí mismo (desde su interior divino), desplegando sus posibilidades, como persona que crece y se despliega desde el mimo “dios”, superando así la “condena” de la muerte o, mejor dicho, descubriendo y potenciando su destino para la vida. Este Dios del que nace el cristiano (Dios Padre, en Cristo, por el Espíritu Santo: cf. Mt 28, 19) no es alguien extraño, de fuera, sino que es su propia identidad más honda (su Selbst) del que nace cada uno, surgiendo de su propia hondura divina, en comunión con otros, en diálogo de amor.

‒ En tercer lugar, el neófito nace de (en) una comunidad o iglesia, entendida como familia, que le acoge, le potencia y acompaña, integrándole en su cuerpo mesiánico. Sin Iglesia (es decir, sin comunidad de creyentes) no puede haber bautismo, pues la vida cristiana no se reduce a una relación individual con Dios, sino que es comunidad‒familia de bautizados, que comparten su experiencia y la comunican. Ciertamente, podría haber un renacimiento personal en (desde) Dios, sin una comunidad‒familia de creyentes, pero no sería un renacimiento cristiano, que es inseparable de una comunidad de bautizados.

                      El bautismo enmarca y ratifica la institución cristiana, que es universal y concreta, en un plano de fe y vida, en un nivel de experiencia interior de renacimiento y de experiencia compartida, pues de/con otros nacemos, y a otros hemos de legar nuestra vida por la muerte/resurrección. El bautismo es para “perdón de los pecados”, esto es, para superar un plano de vida en el pecado, pero se expresa como más hondo nacimiento en amor con y para todos. Entendido como unión con Cristo y aceptación de su misterio, el bautismo ratifica y expresa la apertura personal y universal de Dios, por encima de otros ritos parciales, incluida la circuncisión judía (cf. Jn 3,1-21 y Gal 3,27- 28; 6, 15; 2 Cor 5,17; Rom 6, 1-14; Ef 4,29):

‒ El bautizado confiesa que ha muerto con Jesús (que se inserta/injerta en su entrega hasta la muerte como principio de reconciliación universal), y de esa forma supera un tipo de lucha de todos contra todos, propia de un mundo que camina hacia la muerte, recordando que en el fondo de la vida del hombre sigue habiendo una “concupiscencia” de ruptura y finitud, que ha de ser superada a través un cambio interno y comunitario, de una “meta-noia”, superando así una vida dominada por la muerte (cf. Mc 1, 14-15).

‒ El bautismo es la expresión simbólica (sacramental) de una experiencia de muerte y de renacimiento, no por castigo del pecado (cf. Gen 2‒3), sino por descubrimiento y aceptación de un don más alto de vida,por gracia de Dios en Cristo, en fe y perdón, es decir, en comunión de vida de creyentes. En nombre de Cristo (o de la Trinidad: Mt 28, 16-20), en total desnudez, como recién nacido, el bautizado sale del agua y se reviste de una nueva vestidura, en gesto (experiencia) que troquela radicalmente su vida.

‒ De esa forma, renaciendo en la Iglesia de Jesús, el creyente supera una vida anterior en división, como lucha entre varón-mujer, judío-griego, esclavo-libre, como ratifica la palabra bautismal de Gal 3,28: “No hay hombre ni mujer, judío ni griego, libre y esclavo, pues todos sois uno en Cristo”. Por eso, el bautismo en Cristo es un renacimiento mesiánico, en una iglesia o comunidad donde hombres y mujeres, judíos y gentiles, se vinculan desde y por Dios en comunión personal de amor[4].

Según eso, los cristianos, en cuanto tales, no nacen (no surgen) por origen biológico, sino que surgen, nacen de Dios, y en el viven (se hacen), por un renacimiento personal, expresado en su propia opción y en el gesto de la comunidad que les acoge, en la “pila” natal del bautismo. Eso significa que su pertenencia eclesial constituye una experiencia públicamente ratificada de nuevo nacimiento, no en una pequeña familia, sino en la comunidad de creyentes, como paradigma de inmersión en el Dios de Cristo y de opción mesiánica a favor de Cristo (o del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo).

Estas palabras (bautismo en el nombre del Padre, Hijo y espíritu Santo) constituyen la mayor audacia teológica (experiencial) de la Iglesia cristiana que aparece así como “institución creyente” de iniciados, que quieren abrir y compartir con todos los hombres y mujeres su experiencia de iniciación y “renacimiento” en un Dios concebido como Padre universal del que nacemos, como Hijo Jesús con quien compartimos el camino y como Espíritu de vida en el vivimos[5].  

 Notas

[1] Muchos judíos destacaban el carácter lustral (purificador) y legal de los bautismos, que limpian las manchas de sacerdotes y fieles, capacitándoles para realizar legalmente los ritos. De todas formas, el rito básico de la identidad de los israelitas (varones) era la circuncisión, y el perdón oficial no se lograba con agua, sino con sacrificios, como diceLev 17, 11: «Os he dado la sangre para expiar por vuestras vidas» (cf. Lev 17,11; cf. Ex 12, 13.23; 24, 3-8; Lev 14, 4-7; 16, 16-19), aunque la misma Ley pedía lavatorios y bautismos, para sacerdotes (cf. 2 Cron 4, 2-6; Lev 16, 24-26) y no sacerdotes que habían contraído alguna mancha ritual…

[2] Ciertamente, las cosas no pasaron externamente como dice el texto, pero los hilos posteriores de su vida sólo pueden entenderse desde aquí, en una línea que lleva del antiguo Elías, profeta del juicio (como Juan Bautista), al nuevo Elías, mensajero de la brisa suave y del nuevo comienzo. Sólo en ese contexto, allí donde descubre que todo lo anterior se ha cumplido (ha muerto), puede iniciar Jesús su nueva trayectoria, desde la voz del Padre, que le dice “tú eres mi hijo”, y con la brisa del Espíritu (que le envía a realizar su obra).

[3] Esa expresión (tú eres) identifica a Dios como Bien que es diffusivum sui, esto es, expansivo, pero también como Persona/Padre creadora de alteridad, haciendo que surja Alguien (Jesús) que escuche esa Palabra, se identifique con ella y responda llamando a Dios Padre. En ese contexto, decir es hacer, pero no “fabricar una cosa”, sino engendrar una persona que puede situarse ante su padre/creador y responderle en libertad.

[4] Toda la Biblia aparece así como preparación para el bautismo, es decir, para el nacimiento de una humanidad nueva, fundada en Cristo, como sabe Ef 4, 5‒7: “Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; un solo Dios y Padre de todos, que está sobre (epi) todos y por medio (dia) de todos y en todos”.

[5] El bautismo no es “un” sacramento entre otros (confirmación, penitencia, matrimonio, ordenación sacerdotal…), sino más bien “el” sacramento, la gran audacia de la iglesia que se atreve a ofrecer a unos hombres y/o mujeres un signo y lugar (camino) de renacimiento superior, y también la audacia de los bautizados que se atreven a descubrirse renacidos, desde el Dios de Cristo, recibiendo y cultivando su identidad como resucitados en el Cristo. Al impartir más tarde el bautismo a los niños y al presentarlo de hecho como un rito de pertenencia a la Iglesia como institución sacral, cierto cristianismo ha mutilado las posibilidades recreadoras del bautismo.

Ciertamente, como rito de limpieza, el bautismo había recibido en Israel gran importancia, y así lo supo Jesús, bautizado por Juan (cf. 3 13-17). Pero la Iglesia vinculó su bautismo a la experiencia del mismo Jesús (Mc 1, 9‒11) y a su muerte pascual, entendiéndolo así como inmersión en su muerte y resurrección. (cf. 1 Cor 1, 13; 6, 3; Gal 3, 27; Hch 2, 36-8; 10, 48; 19, 5), desde una perspectiva trinitaria: en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu (Mt 28, 16‒20). Ese final del evangelio de Mateo recoge y transmite la experiencia de una iglesia posterior, que ya no bautiza sólo en nombre de Jesús, como las comunidades antiguas. Mateo, el más judío de los evangelistas, vinculado a la confesión del único Dios (cf. Mt 22, 34-40), ha tenido el atrevimiento de formular, como culmen y compendio de su catequesis cristiana, esta palabra de bautismo, que reinterpreta el monoteísmo israelita desde el despliegue del conjunto de la Biblia, culminado en el Dios Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo).

Jesús hijo de mujer

Un título cristológico liberador

Por Brenda García

#Sentipensares

Históricamente el acontecimiento del nacimiento de Jesús ha sido parte de un discurso androcéntrico y patriarcal que se ha posicionado dentro de la teología cristiana y las comunidades eclesiales con patrones verticalistas, de dominación, exclusión y opresión hacia el género femenino; ignorando y vaciando de sentido de manera voluntaria o involuntaria el hecho histórico que Jesús es hijo de una mujer ocasionando graves consecuencias para la vida y praxis cristiana de las mujeres hoy día.

Por tanto, se hace urgente repensar este discurso que tanto daño ha causado a la humanidad. Para lo cual propongo desde la cristología feminista deconstruir el título cristológico de Hijo de hombre el cual históricamente ha hecho referencia únicamente a que Dios se encarnó en Jesús, obviando el hecho histórico que Jesús nació de una mujer.

Jesús hijo de mujer, un título cristológico liberador

El hablar de Jesús como hijo de mujer más que pretender ser un título cristológico significa una Buena Nueva que trae consigo reconocimiento, identificación, filiación, reivindicación y justicia para las mujeres en la instauración de una nueva humanidad que por principio a la divinidad más allá de construcciones binarias de sexo-género y a Jesús como la encarnarnación del Anthropos, en el sentido propio de la humanidad extendida, en la cual no existe acepción de personas.

Desde la perspectiva de la cristología feminista el acuñar como título cristológico Hijo de Mujer conlleva a:

  1. Reafirmar categóricamente el cuerpo de las mujeres como espacio político y de derechos, pero también como un lugar sagrado donde la divinidad se hace presente y desde la cual se posibilita la encarnación.
  2. Reafirma el nacimiento de Jesús como humano, nacido de mujer, más allá de algunas corrientes que surgieron en el incipiente cristianismo que demeritaban el aspecto humano del Cristo(docetismo).
  3. El nacimiento de un cuerpo femenino que le pare, la matriz, más que llevan toda la carga sexuada, pecaminosa y erótica, viene a conformarse en misterio y sacramento de la acción salvífica de Dios. En el devenir de la producción de dogmas en el cristianismo, mal entendido éste hecho histórico dio lugar a la divinización de María, elevándola a los altares; dogma que ya hoy por hoy muchos cuestionan, pues tampoco contribuye a la liberación de las mujeres sino a generar un modelo que difícilmente podamos las mujeres emular.
  4. El cuerpo de las mujeres como asiento de la gracia de Dios (sean o no madres). La influencia helenista, que permeó al cristianismo, su producción teológica y prácticas eclesiales favorece la concepción que los valioso en el ser humano es el espíritu, lo que nos une a Dios, el asiento de las más prístinas virtudes y mira con desprecio lo corporal, lo humano. Además, el dualismo, de herencia babilónica concebía que todo fenómeno al que accedemos por los sentidos no es creación divina, sino de un demiurgo (un dios de menor jerarquía) cuya obra no podría compararse con aquella emanada de Zéus. En esa categoría de ideas, resulta que el espíritu es puro, es perfecto; mientras que el cuerpo es asiento de las más bajas pasiones y no permite que el ser humano se realice plenamente. Por tanto, Afirmar que Jesús nace humano, no solo valora el cuerpo como asiento de la gracia, sino también el vientre que lo parió. Es así como se comprende en su justa dimensión lo que se dice de María en la salutación angelical, del evangelio de Lucas 1:2 κεχαριτωμένη ὁ κύριος μετὰ σοῦ: ¡Dios te ha bendecido de manera especial! El Señor está contigo

La Biblia y el test de Bechtel

Este test es una medida de la representación de mujeres en libros o películas para lo que utiliza tres baremos. El primero es que las féminas tengan nombre propio, el segundo que se hablen entre sí y el tercero es que la conversación no trate de varones.

            Aunque la Biblia no deja de ser palabra de Dios, aunque no aparezcan mujeres, este análisis nos permite ver el interés que pone Dios en todos los portadores de su imagen. ¿Qué valor tienen las mujeres en el mundo y que dice la Biblia a este respecto? El autor de los análisis que ofrezco se llama John Dyer

            En la Biblia aparecen 3070 personas de las que 202 son mujeres. No es una mala proporción si la comparamos con el Corán donde sólo se habla de María o con el Bhagavad Gita que no refleja ninguna

            Si descendemos a las perícopas nos encontramos con 261 escenas en las que las mujeres hablan, en 147 son dos o más mujeres y en 18 hablan entre ellas mientras que en 9 casos no aluden a varones. El Génesis comienza con una advertencia “tanto el hombre con la mujer son imágenes de Dios”, Eva habla con la serpiente y con Dios mientras que con Adán su conversación se desarrolla en plan de igualdad. En otro texto del Génesis barruntamos que hubo una conversación entre Sara y Agar que no se transcribe pero que tuvo que ser desagradable para la esclava. Tampoco cumple el test la conversación entre la hija del faraón y la hermana de Moisés porque desconocemos su nombre. A medida que continuamos con la Biblia nos encontramos con pocos pasajes que cumplan con el test ya que pocas mujeres hablan entre ellas

            En el libro de los Jueces capítulos 4 y 5 se habla de dos mujeres, Débora y Jael, que no se encuentran jamás. Son personas importantes en la historia de Israel como líderes, negociadoras, profetisas y asesinas sin piedad para salvar a los suyos

            El relato más sorprendente y maravilloso de conversación femenina, que cumple con el test, lo encontramos en Ruth y Naomi que hablan de sus vidas, de sus relaciones mutuas y de su trabajo Rut 2,2 «Ruth respondió donde tú vayas yo iré, donde habites yo habitaré , tu pueblo será mi pueblo y tu Dios mi dios, donde mueras y seas enterrada yo seré enterrada». Aunque no pasa el test, hay otro pasaje en 2 Re 22 donde el rey Josías, cuando encuentra el libro de la ley, pide a los sacerdotes más ilustres de su reino que consulten con la profetisa Hulda. Es la primera vez que vemos la palabra de Dios reconocida como canónica por la voz de una mujer

            Hay otros textos que pasan el test como el diálogo de Isabel y María a propósito de sus embarazos Lc 1, 41-45. Unos versículos más adelante aparecen Simeón y Ana que es la primera en expresar la importancia teológica del niño. Esta escena pasa parcialmente el test porque una mujer, con nombre propio, habla a muchas personas en las que posiblemente se encuentran otras mujeres

            Tras la muerte de Jesús, María Magdalena, María, la madre de Santiago y Salomé discuten la forma de acceder a la tumba y se preguntan ¿Quién nos deslizará la piedra que cierra la tumba? Mc 16,2-3. En el libro de los Hechos se habla del avance de la Iglesia pero no se menciona a mujeres dialogando entre sí aunque muchas aparecen con roles importantes. Hay un pasaje que merece la atención y es la primera carta de Pablo a Timoteo v.15 “pero ella (Eva) será salvada por la maternidad (de María)”. El autor emplea esta traducción porque ofrece uno de los resúmenes más fundamentales, bellos y concisos de la historia bíblica en los que nos ofrece el modo con el que Dios ha salvado a la humanidad. En esta escena final aparecen dos mujeres, que no son apreciadas por lo que dicen sino por lo que son, hijas de Dios y un día, como ellas, todos seremos salvados por Dios hijo, que fue hecho hombre mediante una mujer

El mundo de Jesús

Chile: el obispo de Valdivia presenta ‘El mundo de Jesús’

Describe el contexto en que vivió, respondiendo a un creciente interés por conocerlo

En la sede local de la Universidad San Sebastián, Carlos Martínez, sacerdote de la diócesis, presentó el libro ‘El mundo de Jesús’ que, en 7 capítulos, describe el contexto histórico social y cultural en que vivió Jesús. Escrito por el obispo de Valdivia, Santiago Silva, el libro fue editado por PPC y ofrecido al público de la diócesis.

“Hay interés por conocer este ámbito que, si se quiere, es más científico, más humano y menos ligado a la fe, pero prepara para la fe, aunque no se requiere de fe para poder entender estas cosas”, expresó el obispo de Valdivia. “La conversación de hoy con las personas que no tienen fe no puede ir desde la fe, la conversación tiene que ir desde escenarios históricos, socio culturales y humanos y por ahí mostrar la figura de Jesús”, agregó.

Un amor más intenso

Silva, al presentar su obra, dijo que “el conocimiento de Jesús abre a un amor más intenso… Cuando se va mostrando la genialidad de Jesús me parece que es algo histórico en el sentido de que Jesús realmente fue un genio por su manera de presentar las cosas, de llegar a las personas. Se entiende que es el Hijo de Dios, pero tenía una sensibilidad humana tal, que conectaba con todo el mundo”.

Santiago Silva es Licenciado en Teología Dogmática en la Pontificia Universidad Católica de Chile y Licenciado en Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. Tema en el cual se especializó e hizo clases. Desde que asumió la diócesis de Valdivia, en marzo del 2021, fue observando que muchos agentes pastorales conocen poco de la figura de Jesús y de su entorno histórico. Esto le motivó a publicar este libro que venía preparando varios años antes.

El contexto de Jesús

“Cuando uno hace clases de sagradas escrituras, dijo el obispo, va viendo como grietas que hay que reforzar para que las personas vayan entendiendo la Biblia y una de esas grietas era la falta de conocimiento de los contextos de Jesús y así me surgió la idea de escribir primero sobre los contextos del siglo I para comprender los textos bíblicos”.

Agrega que considera que en la actual sociedad del siglo XXI hay interés en conocer y estudiar sobre Jesús y su mensaje. Por su lenguaje ameno y sencillo está alcance de muchos, respondiendo a ese interés.

Santiago Silva fue consagrado obispo en abril del 2002 y asignado como auxiliar del obispo de Valparaíso, su diócesis. En diciembre de 2008, la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal de Chile lo eligió Secretario General del Episcopado, por el período 2008-2011.  El 19 de mayo de 2011 fue elegido por la Asamblea Ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano, realizada en Montevideo, Uruguay, secretario general del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) por el período 2011-2015. En 2016, la Asamblea Plenaria de Chile lo eligió su presidente, cargo que mantuvo hasta el 2021 prorrogado por la pandemia.

Diario íntimo de Teresa de Jesús

Ecos bíblicos en las Cuentas de conciencia de santa Teresa
Mª DEL PILAR HUERTA

ECLESALIA. 09/12/22.- Cuando se trata de escribir sobre Teresa de Jesús, ocurre algo curioso: nunca se encuentra el punto final. Eso me está pasando a mí. Después de haber escrito largamente sobre ella me parecía que ya «tocaba descansar» y mi sorpresa es que, por diferentes motivos, me encuentro con algo más que decir acerca de esta gran mujer. Es una nueva perspectiva que, como el espacio profundo del Universo, se desdobla cada vez más, mostrando nuevos tesoros. Y es imposible no sucumbir al encanto de mostrarlos.

Justamente en este marco de eventos teresianos que estamos celebrando, como son el Cuarto centenario de la canonización, el Primer centenario del doctorado honoris causa por la Universidad de Salamanca, y la Inauguración del año jubilar como preparación a la solemnidad teresiana del 15 de octubre de 2023, yo ofrezco mi granito de arena, para que no “decaiga la fiesta”. 

Acaba de salir publicado en la editorial Sal Terrae mi nuevo libro: Diario íntimo de Teresa de Jesús. Ecos bíblicos en las Cuentas de concienciay quiero haceros una breve presentación.

Como en mis libros anteriores El telar de la Palabra Mejor será que hilen, se trata de una relación entre la Biblia y los escritos de Teresa, en este caso las Cuentas de conciencia, uno de los escritos menos conocidos. Son unos relatos, fragmentos, que ella irá escribiendo al estilo de un diario personal, (Fray Luis de León les llamará “papeles sueltos”). Cubren los últimos veinte años de su vida.

En estos escritos, aunque de forma concentrada, se halla toda su mística. Son un tesoro, quizá no suficientemente valorado, por el que conocemos datos sobre la vida de Teresa no incluidos en el resto de sus escritos. Además son una gran ventana por donde el alma de Teresa deja ver hasta qué punto vive y se alimenta de la Palabra de Dios.

Pues de esto es de lo que trato en mi nuevo libro Diario íntimo de Teresa de Jesús, de descubrir la corriente bíblica que fluye bajo la superficie de estos fragmentos teresianos. 

Como los escritores sagrados, Teresa tiene conciencia de que es el Señor quien le pide poner por escrito aquello que le comunica. En una de las Cuentas dice: No dejes de escribir los avisos que te doy, porque no se te olviden…. Mandato similar al que encontramos muchas veces en la Biblia. Leemos en el profeta Habacuc: Escribe la visión y grábala en tablillas, que se lea de corrido (Hab 2,2). Y Habacuc escribió las palabras del Señor. Pues bien, las Cuentas de conciencia serían como esas tablillas en las que Teresa ha ido escribiendo sus visiones y revelaciones. 

En ellas percibimos como un arco en tensión. En la primera Cuenta, vemos a Teresa envuelta en ímpetus, en ansias, en deseos. La nota dominante sería el apasionado “Muero porque no muero”. Por el contrario, en la última, todo respira quietud, paz, sosiego. La nota dominante sería el “Hágase tu voluntad”.

Desde la primera hasta la última  ha habido todo un proceso, toda una transformación.  Y es justamente en la mitad del arco, donde se da el cambio, un cambio que tiene que ver con el día de la Magdalena. Dice Teresa en la Cuenta de conciencia 20: “El deseo e ímpetus tan grandes de morir se me han quitado, en especial desde el día de la Magdalena, que determiné de vivir de buena gana por servir mucho a Dios…”.  Diego de Yepes, su segundo biógrafo, nos aclara esta gracia: “Como un día de la Magdalena estuviese la Madre con una envidia santa de lo mucho que el Señor la había amado, le dijo: A ésta, (María Magdalena), tuve por amiga mientras estuve en la tierra, y a ti te tengo ahora que estoy en el cielo. Y esta merced le confirmó el Señor después por algunos años el mismo día de la Magdalena” (DIEGO DE YEPES, Vida, virtudes y milagros de la Bienaventurada virgen Teresa de Jesús, Zaragoza, 1606, lib.1, c.19, nº 6, pág. 144). 

Teresa se siente amada, elegida. Solo cuando nos sentimos amados somos capaces de cambiar. Pensemos que esto es ni más ni menos lo que le ocurrió a san Pablo. Deseaba partir para estar con Cristo, sabiendo “que es con mucho lo mejor”, pero al mismo tiempo veía que era más necesario quedarse en esta vida, igual que Teresa.

En Diario íntimo de Teresa de Jesús podremos comprobar cómo Jesús instruirá a Teresa de forma humanísima al modo como antaño lo hizo en el evangelio con sus discípulos. Es decir, Jesús mismo ha consolado a Teresa, le ha aconsejado, animado, acompañado y hasta reprendido cariñosamente cuando hacía falta. De esta manera ha nacido una mujer nueva.

Una mujer nueva porque se ha sentido “hija muy amada”. En cantidad de ocasiones en las Cuentas de conciencia el Señor la llama “hija”, incluso en un lugar le dice “¡Oh hija, hija…!”, evocándonos aquello de “Marta, Marta…” 

Nos encontramos en el corazón del Cantar de los Cantares, del Evangelio de Juan y de toda la Escritura, donde Jesús, en ambiente pascual, se presenta como el Esposo, inundando de la fragancia del nardo toda la casa.

Os invito a leer este nuevo libro que aporta una doble palabra: la de la Escritura y la de Teresa, y en el que seguramente descubriréis facetas o curiosidades hasta ahora desconocidas de Teresa de Jesús (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia. Puedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

La Buena Noticia del Dgo 2º Navidad

La Palabra se hizo hombre y acampó entre nosotros

Era la luz verdadera que ilumina a todo hombre

JUAN 1, 1-18

1 Al principio ya existía la Palabra y la palabra se dirigía a Dios y la Palabra era Dios. 2 Ella al principio se dirigía a Dios.

3 Mediante ella existió todo, sin ella no existió cosa alguna de lo que existe.

4 Ella contenía vida y la vida era la luz del hombre: 5 esa luz brilla en la tiniebla y la tiniebla no la ha apagado.

6 Apareció un hombre enviado de parte de Dios, su nombre era Juan; éste vino para un testimonio, 7 para dar testimonio de la luz, de modo que, por él, todos llegasen a creer. 8 No era él la luz, vino sólo para dar testimonio de la luz.

9 Era ella la luz verdadera, la que ilumina a todo hombre llegando al mundo.

10 En el mundo estaba y, aunque el mundo existió mediante ella, el mundo no la reconoció. 11 Vino a su casa, pero los suyos no la acogieron.

12 En cambio, a cuantos la han aceptado, los ha hecho capaces de hacerse hijos de Dios: a esos que mantienen la adhesión a su persona;

13 los que no han nacido de mera sangre derramada ni por designio de un mortal ni por designio de un hombre, sino que han nacido de Dios.

14 Así que la Palabra se hizo hombre, acampó entre nosotros y hemos contemplado su gloria -la gloria que un hijo único recibe de su padre-: plenitud de amor y lealtad.

15 Juan da testimonio de él y sigue gritando:

– Éste es de quien yo dije: «El que llega detrás de mí estaba ya presente antes que yo, porque existía primero que yo».

16 La prueba es que de su plenitud todos nosotros hemos recibido: un amor que responde a su amor. 17 Porque la Ley se dio por medio de Moisés; el amor y la lealtad han existido por medio de Jesús Mesías.

18 A la divinidad nadie la ha visto nunca; un Hijo único, Dios, el que está de cara al Padre, él ha sido la explicación.

Actualizando la Palabra

DIOS ENTRE NOSOTROS

El evangelista Juan, al hablarnos de la encarnación del Hijo de Dios, no nos dice nada de todo ese mundo tan familiar de los pastores, el pesebre, los ángeles y el Niño Dios con María y José. Juan nos invita a adentrarnos en ese misterio desde otra hondura.

En Dios estaba la Palabra, la Fuerza de comunicarse que tiene Dios. En esa Palabra había vida y había luz. Esa Palabra puso en marcha la creación entera. Nosotros mismos somos fruto de esa Palabra misteriosa. Esa Palabra ahora se ha hecho carne y ha habitado entre nosotros.

A nosotros nos sigue pareciendo todo esto demasiado hermoso para ser cierto: un Dios hecho carne, identificado con nuestra debilidad, respirando nuestro aliento y sufriendo nuestros problemas. Por eso seguimos buscando a Dios arriba, en los cielos, cuando está abajo, en la tierra.

Una de las grandes contradicciones de los cristianos es confesar con entusiasmo la encarnación de Dios y olvidar luego que Cristo está en medio de nosotros. Dios ha bajado a lo profundo de nuestra existencia, y la vida nos sigue pareciendo vacía. Dios ha venido a habitar en el corazón humano, y sentimos un vacío interior insoportable. Dios ha venido a reinar entre nosotros, y parece estar totalmente ausente en nuestras relaciones. Dios ha asumido nuestra carne, y seguimos sin saber vivir dignamente lo carnal.

También entre nosotros se cumplen las palabras de Juan: «Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron». Dios busca acogida en nosotros, y nuestra ceguera cierra las puertas a Dios. Y, sin embargo, es posible abrir los ojos y contemplar al Hijo de Dios «lleno de gracia y de verdad». El que cree siempre ve algo. Ve la vida envuelta en gracia y en verdad. Tiene en sus ojos una luz para descubrir, en el fondo de la existencia, la verdad y la gracia de ese Dios que lo llena todo.

¿Estamos todavía ciegos? ¿Nos vemos solamente a nosotros? ¿Nos refleja la vida solo las pequeñas preocupaciones que llevamos en nuestro corazón? Dejemos que nuestro corazón se sienta penetrado por esa vida de Dios que también hoy quiere habitar en nosotros.

José Antonio Pagola

Fiesta de la Sagrada Familia

Sagrada Familia: ¿mujer sometida?

«En el Señor» quedan suprimidas las diferencias sexuales, sociales, raciales, culturales y nacionales. En el Señor no hay hombre ni mujer, ni esclavo ni libre, ni judío ni griego, ni bárbaro ni escita. En el Señor todos somos “uno”. Nos pertenecemos los unos a los otros.

Este año 2022, la fiesta litúrgica de la Sagrada Familia se celebra el 30 de diciembre. La segunda lectura de la liturgia dominical dice así: “Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas”. Una pésima lectura de esta sorprendente afirmación para los oídos actuales: “mujeres, sed sumisas a vuestros maridos”, sería aislar estas palabras del conjunto de la frase, y entenderlas además sin tener en cuenta el contexto socio-histórico-cultural en el que se escribieron.

El autor de la carta a los colosenses habla de una sumisión “en el Señor”. Pues bien, en el Señor quedan suprimidas todas las diferencias sexuales, sociales, raciales, culturales y nacionales. En el Señor ya no hay hombre ni mujer, ni esclavo ni libre, ni judío ni griego, ni bárbaro ni escita. En el Señor todos somos “uno”. Y si somos uno es porque nos pertenecemos los unos a los otros. Si esto es así, el adjetivo “sumisión” no puede aplicarse en un solo sentido, sino en sentido mutuo: “sed sumisos los unos a los otros”, las mujeres a los maridos y los maridos a las mujeres.

En segundo lugar, después de aplicar el adjetivo sumisión a las mujeres, el autor de la carta indica imperativamente que los maridos deben amar a sus mujeres. El amor es mucho más difícil y exigente que la sumisión. El que se somete puede aborrecer a quién le somete; y siempre puede fingir y disimular. El amor no admite disimulos, supone decisión personal por parte del que ama, entrega al otro, deseo de bien hacia el amado, búsqueda de lo mejor para él aún a costa de la propia incomodidad. La sumisión crea siempre superioridades e inferioridades; el amor anula todas las diferencias, iguala al amante con el amado.

Entendida en el contexto de hoy, la palabra sumisión es totalmente incompatible con el amor. Por eso la frase de san Pablo debe entenderse en el contexto de una cultura machista y misógina, en la que se consideraba que las mujeres eran propiedad del marido. En este contexto socio-cultural, la exhortación del apóstol a los maridos para que amen a sus mujeres es totalmente revolucionaria, contra-cultural, rompedora. El apóstol empieza utilizando el lenguaje de la época, pero enseguida pone una apostilla que anula totalmente la perversidad del lenguaje: sumisas, quizás, pero “en el Señor”. Y tras la apostilla que anula la perversidad de la sumisión (tal como hoy la entendemos), viene lo revolucionario (siempre situándonos en el contexto del siglo primero): maridos, amad a vuestras mujeres.

La Biblia es histórica y utiliza, en ocasiones, imágenes propias de una época que hoy ya no resultan adecuadas ni significativas. Por eso, más allá del lenguaje, debemos quedarnos con el fondo del mensaje y no con sus expresiones mejorables: mujeres, maridos, hijas e hijos; lo que importa en una familia, en definitiva, es el amor mutuo, el respeto mutuo, la ayuda mutua. Mutuo, eso es lo decisivo en el evangelio de Jesús: amaos los unos a los otros. Unos a otros y otros a unos. Amor recíproco, ese es el amor cristiano en la familia y en todo tipo de relaciones humanas.

Los santos Inocentes

28 de diciembre: ¡La inocencia no nos salva!
28 de diciembre: ¡La inocencia no nos salva!

Son tantas las víctimas inocentes de nuestro abandono y desamparo, que llegaríamos a la conclusión de que  durante todos los días del año habría motivo más que suficiente para celebrar la festividad de los santos inocentes anónimos y sin nombre propio

Por Ángel Gutiérrez Sanz

Discuten los historiadores hasta qué punto es cierto este acontecimiento espeluznante protagonizado por los soldados de Herodes, el rey infanticida, que un mal día decidió pasar por la espada a los infantes menores de dos años en Belén y su comarca. Quienes cuestionan la historicidad de este acontecimiento, arguyen a su favor, el hecho de que no fue recogido por Flavio Josefo u otros historiadores de la época, cuando el acontecimiento de haber sucedido era más que reseñable. Argumento demasiado débil para mantenerse en pie; mucha más consistencia parece tener el hecho de que Herodes, con tal de que nadie le arrebatare el puesto, era capaz de esto y mucho más, por eso habría de tener lugar el trágico suceso.  Sobre todo, está el testimonio de Mateo, que es quien se encarga de decirnos lo que verdaderamente sucedió. Dejemos que sea él quien nos lo cuente con sus propias palabras: “El Señor se apareció en sueños a José y le dijo: levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y estate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”. Él se levantó, tomó al niño y a su madre de noche se fue a Egipto y estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por medio del profeta. “De Egipto llame a mi hijo” … “Entonces Herodes viendo que los Magos se habían burlado de él, se enojó violentamente y mandó matar a todos los niños de Belén y de todo su territorio, de dos años abajo, según el tiempo del que se había informado de los magos. Y se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías: Una voz se oyó en Rama, llanto y lamento grande, Raquel lloraba a sus hijos y no quería ser consolada, porque no existían”. Continúa el relato para decirnos que después de muerto Herodes, la Sagrada familia regresó a tierra de Israel.  Todo resulta coherente, sin que se vea ninguna incongruencia.

La celebración de esta festividad en la Iglesia Católica data de los tiempos de la Edad Media y parece que responde a la intencionalidad de cristianizar una festividad pagana conocida como la “fiesta de los locos”, que se celebraba entre Navidad y Año Nuevo; en ella todo estaba permitido, por lo que se cometían muchos abusos, que era preciso cortar de raíz y darle otro giro completamente distinto, más en consonancia con el espíritu cristiano. Fue entonces cuando se pensó que estas fiestas paganas podrían cambiarse por la celebración litúrgica de “los inocentes”, víctimas de la ira de Herodes, en las que la Iglesia acertó a ver a los primeros mártires del cristianismo que entraron en comunión con Jesucristo por medio del bautismo de sangre.   

Fiesta de los Santos Inocentes
Fiesta de los Santos Inocentes

La festividad de los “Santos Inocentes”, que celebramos cada 28 de diciembre, no es una fiesta jocosa, que está ahí para hacer cuantas inocentadas se nos ocurran, sino que tiene un sentido mucho más profundo, que nos lleva a pensar que el crimen perpetrado contra personas indefensas e inocentes es un crimen multiplicado por diez. Esto que pasó hace más de 2000 años, nos retrotrae a los tiempos modernos y nos hace tomar conciencia de lo que está pasando actualmente en nuestro mundo supercivilizado, en el que cada día mueren miles de niños, víctimas de la falta de solidaridad y del hambre, arma mucho más mortífera que los cuchillos de Herodes, sin que nadie se responsabilice de estas vidas, víctimas de tanto egoísmo. En nuestro mundo deshumanizado, cada día mueren otra cantidad ingente de niños inocentes, a los que no se les da ni siquiera la oportunidad de ver la luz del sol. Rechazados por la justicia de los hombres solo les queda la esperanza de ser escuchados por el tribunal de Dios.  De vez en cuando nos sorprende la triste noticia de que en el cubo de basura ha aparecido un feto de seis, siete o nueve meses sin que se le diera tiempo de esbozar su primera sonrisa.  En este mundo nuestro estamos viendo como al amparo de leyes progresistas, jurídicamente amañadas y en consonancia con los tiempos modernos, aparecen diariamente delante de las clínicas cubos cuidadosamente esterilizados repletos de fetos destrozados.

Reflexión desde el contexto actual:

Son tantas las víctimas inocentes de nuestro abandono y desamparo, que llegaríamos a la conclusión de que  durante todos los días del año habría motivo más que suficiente para celebrar la festividad de los santos inocentes anónimos y sin nombre propio, porque  todos los días sin faltar uno, muchos miles de niños inocentes, sin nombre propio, son legalmente sacrificados en el curso de una despiadada matanza de la que todos debiéramos de sentirnos responsables, bien por acción o por omisión. No estoy juzgando a nadie, solo estoy reivindicando mi derecho a solidarizarme con las criaturas más indefensas de la tierra e intentar consolarme pensando que cuando hayan llegado a los brazos del Padre, puedan haber encontrado la ternura y el amor que nosotros no fuimos capaces de darles