Tortura en la cárceles

El comité para la prevenciòn de la tortura documenta más de 20 casos de malos tratos en cárceles y comisarías españolas 

El informe correspondiente a 2020 recoge distintas actuaciones contrarias a los derechos humanos por parte de Policía Nacional, Guardia Civil o funcionarios de Prisiones. También se incluyen datos relacionados con centros de menores. 

DANILO ALBIN@DANIALRI 

Las denuncias de torturas y malos tratos en dependencias policiales, prisiones y centros de menores en España han encontrado reflejo en un informe oficial. El Comité Europeo para la Prevención de la Tortura (CPT) ha identificado una serie de vulneraciones a los derechos humanos en esos ámbitos, tal como queda expuesto en el informe sobre España que este martes ha publicado dicho organismo. 

El documento que acaba de ver la luz ha sido elaborado tras la visita realizada en septiembre de 2020 por una delegación del CPT, que «examinó el trato y las condiciones de detención de hombres y mujeres recluidos en varias prisiones y en los dos hospitales psiquiátricos penitenciarios de Alicante y Sevilla, así como en un centro de detención para menores en Algeciras». Además, «se examinó el trato y las garantías ofrecidas a las personas privadas de libertad por la Policía». 

En total, el informe documenta 21 casos de torturas o malos tratos a manos de la Policía Nacional, Guardia Civil, funcionarios de Prisiones y personal de centros de internamiento de menores. En esa línea, destaca que «la delegación del CPT recibió un número importante de denuncias de malos tratos, incluso de menores, que afectaban principalmente a la Policía Nacional». 

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«Los malos tratos se infligían supuestamente como medio para obligar a los sospechosos a proporcionar información o a confesar determinados delitos o para castigarlos por el supuesto delito cometido», indica. 

Del mismo modo, «la delegación escuchó algunas denuncias de abusos verbales por parte de los agentes de policía hacia las personas detenidas, en particular los extranjeros, y de esposas excesivamente apretadas». De hecho, el informe hace referencia a varios casos de malos tratos a modo de ejemplo. 

«Es necesaria una acción concertada para abordar el problema de los malos tratos por parte de los agentes de la ley. Esto debería incluir un mensaje claro por parte del Ministro del Interior y de los líderes de la Policía de que tal comportamiento es ilegal y poco profesional, y que será sancionado en consecuencia», remarca. 

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Además, el CPT «reitera la importancia de una supervisión y formación adecuadas de los agentes de las fuerzas del orden, y de la necesidad de llevar a cabo investigaciones eficaces sobre las denuncias de malos tratos». También subraya la importancia de que las grabaciones de las cámaras de seguridad «se almacenen durante un mínimo de 30 días en todas las instalaciones de las fuerzas del orden». 

El documento recoge distintos casos concretos de malos tratos policiales. Uno de ellos, por ejemplo, relata que «un menor extranjero fue detenido a las 15.00 del 26 de septiembre de 2020 en la Casa de Campo de Madrid. Alegó que cinco policías acudieron a detener a otros menores y que se enzarzó con ellos en una discusión verbal que llevó a un agente a darle una bofetada en el cuello y tirarlo al suelo». 

«Le inmovilizaron en el suelo y un agente le puso una rodilla en la cabeza y otro en la espalda mientras le esposaban las manos a la espalda. Posteriormente, alegó que fue sometido a múltiples patadas, puñetazos y golpes de porra en varias partes de su cuerpo mientras estaba tendido en el suelo. El SAMUR que acudió́ a la comisaria observó hematomas en el codo y el hombro izquierdos, además de una excoriación (desgaste de la piel) visible en la frente», describe. 

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El informe recoge otro caso en Valencia, originado al parecer por una discusión con un hombre que no llevaba mascarilla y a quien «el policía le empujó contra la pared y le dio un puñetazo en la cara». «Otros agentes le agarraron de los brazos, se los retorcieron y le aplicaron las esposas con fuerza», relata. El médico del CPT «observó marcas de esposas en ambas muñecas y una hemorragia subconjuntival en el ojo izquierdo cuando el detenido fue entrevistado unas 10 horas después». 

También en Valencia, «un ciudadano extranjero con escaso nivel de español alegó que el 11 de junio de 2020 fue detenido por agentes de policía vestidos de paisano y que, una vez puesto en el suelo, le apuntaron con una pistola a la cabeza y recibieron varios golpes de porra en el cuerpo. Afirmó que le pusieron en fila con otros ocho sospechosos y le hicieron arrodillarse frente a una pared mientras le esposaban por la espalda. Posteriormente, lo llevaron a la esquina donde varios agentes le propinaron múltiples puñetazos en el cuerpo». 

Golpes a presos 

En el ámbito de Prisiones, la delegación del CPT recibió́ un gran número de alegaciones consistentes y creíbles de malos tratos físicos recientes por parte del personal, sobre todo en los módulos ordinarios denominados «conflictivos» que se consideraba que acogían a los presos más difíciles y en los módulos de régimen cerrado y departamentos especiales. 

Los reclusos que cometieron actos de autolesión, algunos de los cuales padecían una enfermedad mental, también alegaron que fueron maltratados como castigo por haberse autolesionado. 

El informe del CPT indica que «en la mayoría de los casos, los supuestos malos tratos consistían en bofetadas en la cabeza y en la parte superior del cuerpo por parte de funcionarios que llevaban guantes. Sin embargo, en cada una de las prisiones visitadas se recibieron varias denuncias mucho más graves de puñetazos, patadas y golpes con porras». 

«En varios casos, los presuntos malos tratos se aplicaron como castigo informal tras casos en los que el personal consideró que los presos habían sido desobedientes (por ejemplo, por participar en un altercado verbal, por llegar tarde al encierro o por molestar a los funcionarios durante el mismo) o tras casos de violencia entre presos», señala 

Entrevista a Núria Ortín

Núria Ortín: «Las prisiones son las grandes silenciadas de la sociedad» 

Núria Ortín. Foto: Adrián Quiroga 

Trabajar por la libertad y la dignidad de las personas son los objetivos de Obra Mercedària, una entidad con ocho siglos de historia que trabaja en sintonía con los tiempos haciendo frente a las nuevas formas de esclavitud que afectan a los colectivos más vulnerables de la sociedad 

Fundación Obra Mercedària está orientada de forma integral al mundo penitenciario. Por eso contempla el antes, el durante y el después de la cárcel. Lo primero es la prevención. «Prevenimos educando», explica Núria, «donde hay educación, herramientas, valores, hay más posibilidades de no delinquir» 

En las prisiones, el mercedario es el mediador, el vínculo entre los presos y la sociedad, la persona a la que se le pueden encargar desde pilas por un reloj hasta cigarrillos, pasando por mensajes a la familia (“di a mi madre que estoy bien”) o al abogado (“me ha llegado un papel que no entiendo qué significa”) 

Por Jordi Pacheco 

Hay diferentes hipótesis sobre el lugar de nacimiento de San Pedro Nolasco (1180-1249). Algunos historiadores le sitúan en Languedoc-Rosellón, sur de Francia; otros, en Barcelona. De lo que no cabe duda es que desde inicios del siglo XIII el santo entregó su vida y su patrimonio personal con el afán de liberar a las personas que vivían cautivas de los musulmanes. Primero lo hizo en Valencia, después, en Barcelona. 

Fue durante una noche de verano de 1218 en la ciudad condal donde, según la leyenda, se le apareció la Virgen encomendándole la creación de una orden dedicada a rescatar a los cristianos de un sufrimiento que les llevaba a perder la fe. Fruto de la experiencia nació en la Catedral de Barcelona, y con el patrocinio de Jaime I el conquistador y el obispo de Barcelona, Berenguer de Palou, la orden de la Mercè. 

Patrona de Barcelona… y de las prisiones 

«La Virgen de la Merced es patrona de Barcelona y patrona de las prisiones, pero hay muchos barceloneses que esto último no saben», advierte Núria Ortín, en la azotea del edificio que alberga la curia provincial de los mercedarios, desde donde se escuchan los chillidos de los niños de la Escola Castella. Es una mañana soleada del mes de octubre en pleno barrio del Raval, y es desde aquí que Núria dirige la Fundación Obra Mercedària, presente en 23 países, divididos en 8 provincias, 6 vicarias y 5 delegaciones. 

La orden mercedaria se distinguen de otras congregaciones religiosas por el cuarto voto, consistente en dar la vida por los demás. “Los mercedarios pagaban por el rescate. Y en los casos en los que no se llegaba a un acuerdo económico, entonces daban la vida para liberar a alguien. De esta forma se quedaron por el camino unos mil miembros de la congregación. Muy heavy”, sentencia Núria. 

Fundación Obra Mercedària está orientada de forma integral al mundo penitenciario. Por eso contempla el antes, el durante y el después de la cárcel. Lo primero es la prevención. «Prevenimos educando», explica Núria, «donde hay educación, herramientas, valores, hay más posibilidades de no delinquir«. En países del Tercer Mundo, marcados por otros tipos de problemáticas, la labor preventiva a menudo lleva a los mercedarios a rescatar a menores de las calles para evitar que acaben en prisión. 

«Lo que miran los mercedarios al entrar en un centro penitenciario son rostros humanos, almas, independientemente de su religión» 

En cuanto al período de cumplimiento de una pena, el durante, lo que miran los mercedarios al entrar en un centro penitenciario son rostros humanos, almas, independientemente de su religión. En las prisiones, el mercedario es el mediador, el vínculo entre los presos y la sociedad, la persona a la que se le pueden encargar desde pilas por un reloj hasta cigarrillos, pasando por mensajes a la familia (“di a mi madre que estoy bien”) o al abogado (“me ha llegado un papel que no entiendo qué significa”). 

Como ejemplo de la influencia de los mercedarios en las cárceles, Núria hace referencia a Wad Ras, la cárcel de mujeres de Poblenou. «En este centro» detalla, «cuando la directora, Soledad Prieto, no sabe cómo desatascar una situación, pide ayuda al Padre Jesús Roy, todo un referente del ámbito penitenciario». 

Según el Idescat, en el 2020 había cerca de 8 mil personas cumpliendo penas en las cárceles catalanas. La mayoría eran hombres, condenados por delitos como hurtos y tráfico de estupefacientes. La cifra de mujeres se sitúa en torno al medio centenar. “Los hombres delinquen más —comenta Nuria—, y al contrario que las mujeres, no tienen una red protectora entre su entorno cuando salen de prisión. La mujer siempre tiene algún pariente, la hermana, la madre, o alguna amiga”. 

Muchas mujeres delinquen por coacciones. A menudo vienen a España en avión y las utilizan como ‘mulas’, es decir, para cargar paquetes con droga. Algunas veces son conscientes de ello y otras no. La ignorancia y necesidad de buscar un futuro mejor las hacen vulnerables. 

Salir de la prisión 

El después es quizás la parte más difícil. Quien sale de prisión a menudo lo hace sin ningún tipo de apoyo familiar, económico o social. “Las cárceles —advierte Núria— son bolsas de pobreza en las que se encuentran mezclados prostitutas, delincuentes, drogadictos, alcohólicos, enfermos, personas con problemas de salud mental… Son los más repudiados de la sociedad, el último eslabón. Por eso, cuando salen a la calle no tienen nada ni nadie que les ayude a volver a un mundo que ya no conocen”. 

La sociedad se convierte en una jungla para quienes vuelven después de cumplir penitencia. “Hay personas que han pasado veinte años entre rejas y al salir no saben ni qué es un teléfono móvil, ni un billete del metro; es como volver a nacer”. Además, según Núria, muchas de estas personas salen con las facultades mentales mermadas. «Si a cualquiera de nosotros nos cerraran dos décadas entre cuatro paredes, nos quedaríamos lelos», resume. 

El proyecto de reinserción social de la Obra Mercedària, dispone de una red de pisos de acogida en España y El Salvador con capacidad para 100 plazas. En 2020 atendió a 365 personas. En estos hogares, monitorizados por profesionales y voluntarios de la fundación, los beneficiarios viven en familia con normas de convivencia y habitaciones individuales. “Vienen de ser un número, de un lugar donde les dicen cuándo y cómo hacer cada cosa; y esto hace difícil el proceso”, apunta Núria. 

“Hay personas que han pasado veinte años entre rejas y al salir no saben ni qué es un teléfono móvil, ni un billete del metro; es como volver a nacer” 

«Intentamos cuidar el tema del después, que no recaigan en el delito, algo que es fácil si no tienen acompañamiento», señala la directora de la fundación. “Cuando acompañas a alguien y lo valoras, esta persona, al no sentirse sola, se ve con ganas de salir adelante y superar las dificultades. Hay gente que lo consigue, bien porque se les da bien alguna actividad profesional como cocinar o llevar una carretilla elevadora, da igual. Que alguien te diga que vales por algo es muy valioso”. 

En la reinserción, es crucial recuperar la autoestima. En este sentido, es de gran ayuda el carácter positivo y optimista de Núria. “A veces me dicen que siempre estoy contenta y yo digo que no tengo motivos para no estarlo. Si al final puedo decidir si estar bien o mal, decido estar bien. A las personas que han pasado por prisión, esta mirada positiva se les ha ido apagando, y conviene que alguien les recuerde, para ellos es muy potente”, sostiene. 

Se trata de poner en juego todos los mecanismos para que la persona se sienta con fuerza para volver a la vida social. El soporte de la Obra Mercedaria se articula a través del PAO (Punto de Atención y Orientación) e implica piso de acogida, trámites administrativos, servicios legales y formación a través de clases de idiomas y talleres. Todo ello conforma un itinerario personalizado que la persona debe poder alcanzar en un período de un año como máximo, lo que, según confiesa Núria, no siempre ocurre: “Algunos esperan que se lo hagan todo, y eso no lo podemos permitir, debe haber un límite, una cultura del esfuerzo: les ayudamos, pero ellos deben poner de su parte”. 

Para Núria, el proceso de reinserción consiste en ir alcanzando pequeñas metas, como quitarse el carné de conducir o estudiar un curso. De esta forma quien sale de la cárcel es capaz de sentirse fuerte y creer que puede tener una salida. “La mayoría no han tenido la suerte de nacer en una buena familia, con estudios, recursos, nunca han tenido posibilidad de nada. El nuestro es un trabajo de mirada de largo recorrido. Trabajar en este contexto me ha ido bien porque yo era muy impaciente, y aquí he aprendido que en la vida todo son procesos personales, no todo es rápido, todo cuesta y cada vez que te caes, tienes que volver a levantarte”. 

Donde con muy poco se puede hacer mucho 

Núria llegó a la Obra Mercedària en 2016 después de una larga etapa como técnica en Ràdio Estel. En el mundo social, dice, “con muy poco puedes hacer mucho”, y aunque encuentra complicado trabajar en un ámbito al que casi todo el mundo da la espalda, “estar aquí es un reto y de vez en cuando aún piensas que el mundo se puede cambiar algo”. 

Su labor al frente de la fundación le ha llevado a visitar prisiones en Centroamérica y África, donde ha visto de cerca las condiciones infrahumanas de un mundo penitenciario marcado por la suciedad, la violencia, las enfermedades y la falta de higiene y de respeto. Las películas, dice, se quedan muy cortas en comparación con la realidad. 

A pesar de que últimamente se ha hablado del tema a raíz del caso de los presos políticos catalanes, para Núria, «las cárceles siguen siendo las grandes silenciadas de la sociedad». Es un mundo de sombras que asusta y del que casi nadie quiere saber nada. “Los mercedarios —dice— son seres de luz en las cárceles porque van, sobre todo, a escuchar sin juzgar. Como Obra Mercedària miramos a personas. No quiero saber lo que han hecho, si han matado o no. ¿Qué habría hecho yo si estuviera en su sitio? Hay personas realmente malas, pero son las menos. En la cárcel la gente entra por circunstancias de la vida: porque vienen de barrios y familias desestructuradas, o a menudo por problemas de salud mental. Justamente, uno de los grandes problemas que existen en las prisiones actualmente es que internos que están o deberían estar recibiendo tratamiento psiquiátrico están mezclados con el resto de reclusos”. 

«Uno de los grandes problemas que existen en las prisiones actualmente es que internos que están o deberían estar recibiendo tratamiento psiquiátrico están mezclados con el resto de reclusos» 

La última reflexión que deja Núria es que como sociedad, estamos perdiendo la capacidad de escuchar. “No sabemos ponernos en la piel del otro. Somos una sociedad egoísta, estamos demasiado ocupados mirándonos el ombligo. Estamos construyendo sociedades destructoras, cuando deberíamos hacer lo contrario: al final todos nos necesitamos unos a otros”. 

Por todo ello, la Obra Mercedària sigue dando a la gente segundas, terceras, cuartas oportunidades, las necesarias para no dejar a nadie en el suelo. “Que alguien te dé la mano para levantarte es lo mejor que puede pasarte. Cuando te apoyan te sientes más fuerte. Siempre digo que las penas, compartidas, no lo son tanto”, concluye. 

Cuando damos por terminada la conversación, Núria recibe una llamada al móvil. Al día siguiente llegarán a Barcelona el Provincial y el ecónomo de los mercedarios; vuelven de una visita a las comunidades de Mozambique y Núria tiene que ir a buscarlos al aeropuerto. De fondo, se oye aún el incesante alboroto que viene del patio de la Escola Castella. 

Adviento en la cárcel de Navalcarnero

Adviento en las familias de la cárcel de Navalcarnero: De la derrota a la esperanza

Esperanza en al cárcel
Esperanza en al cárcel

«La cárcel es verdad que mata muchas ilusiones, pero también nos brinda la posibilidad de poder abrirnos a una realidad distinta»

«Continuó hablando la madre de un muchacho fallecido ahora va a hacer tres años, y con otro enganchado a la droga, y como siempre fue también una lección de esperanza y de humanidad»

«En todos los relatos, lágrimas redentoras, miradas de afecto hacia las personas en prisión, y desde luego no derrota, sino lucha»

«Y en nuestro interior un grito profundo al Dios de Jesús, Maranatha, ‘Ven Señor Jesús’; ven en nuestra ayuda te necesitamos, necesitamos que nos des luz cada día para escuchar, para acompañar, para reír y para llorar. Necesitamos sentirte siempre a nuestro lado»

16.12.2021 | capellán de la cárcel de Navalcarnero

Hace dos semanas, nos reunimos como cada mes el grupo de familias de la cárcel de Navalcarnero, para intentar pasar un rato, compartir, y poner en común cómo estábamos cada uno de nosotros. Lo hicimos en vísperas de comenzar la celebración del adviento, un tiempo especial para los cristianos, de esperanza, de mirada hacia adelante, y de sentir y experimentar que no estamos solos. Fue una tarde como siempre muy especial, dura por muchos aspectos, pero a la vez llena de emoción, de cariño, y de humanidad, y por todo eso, llena también de Dios.

Fue un pórtico muy especial de entrada a nuestro adviento, y así lo vivimos los que, dentro del grupo, nos consideramos creyentes en el Dios de la vida, en el Dios hecho hombre en Jesús, que precisamente manifiesta su divinidad en la humanidad y debilidad de cada ser humano. Y desde luego que en el grupo de familias, esto se manifiesta de modo especial: debilidad que en ocasiones roza con la impotencia, y el no saber qué tenemos que hacer, o hacia dónde tenemos que dirigirnos. 

Esperanza

     Por fin esta vez después de varias reuniones donde éramos pocos, debido a que muchos tenían miedo por la pandemia, nos pudimos reunir un grupo de quince personas, y además hubo una familia nueva, la madre de uno de los chicos, cuyo hijo lleva en prisión dos años, y que también en este día pudo compartirlo con nosotros. La tarde fue de encuentro, de compartir, de llantos en algunas ocasiones, pero en muchas de ánimos y de esperanza. La dureza de la vida de estas familias siempre se mezcla con la mirada enternecedora y esperanzadora de luchar cada día. La cárcel es verdad que mata muchas ilusiones, pero también nos brinda la posibilidad de poder abrirnos a una realidad distinta.

      Fue muy impresionante el primer testimonio que pudimos escuchar de una de las familias. Como siempre, antes de comenzar a hablar compartimos un café y varios bollos caseros que habían traído, ese primer momento de desenfado y de cariño ya es parte de la reunión; esa humanidad fraterna es la que nos lleva después a sentirnos unidos en el dolor y en el sufrimiento. Y eso sí, desde la mirada atenta siempre del Dios de la misericordia, que en cada lágrima y en cada grito de auxilio se nos sigue haciendo presente y le sentimos cercano.

     Una familia que hacía tiempo no venía, por el miedo al covid, comenzó hablando, pero fue impresionante porque vinieron la mujer del chaval que está en prisión, su hermana y su madre. Y fue precisamente la madre, la suegra del chaval en prisión la que tuvo un testimonio muy especial y que dió en el clavo me parece a mí de muchas situaciones que vivimos en prisión y también fuera de ella. Nos dijo que estaba pasando un momento muy malo porque estaba entendiendo lo que significaba “perder la libertad”. “

Muchas veces había oído hablar de la cárcel, pero siempre me parecía una realidad que estaba fuera de mis preocupaciones, un lugar donde iban los que habían cometido algún delito y se lo merecían. Pero jamás imaginé lo que podría suponer perder la libertad como parte de tu vida, lo que podría significar estar encerrado. Ahora lo voy entendiendo, y me pongo en su lugar. La cárcel te parte la vida. Pero a la vez me ha hecho tener una mirada muy especial hacia la gente que está en prisión, y poder pensar en lo que significa la misericordia. Todos podemos cometer errores pero es necesario vivir también una experiencia de misericordia y mirar a los otros, a los que están allí de otra manera, porque todos podemos en algún momento y por circunstancias estar allí. Además yo soy creyente y la misericordia supone mirar a los otros como Dios nos mira a nosotros. Ahora muchos días me quita la paz esta situación, pienso en cómo estarán allí dentro, con todo controlado, sin poder disponer de su vida. Nosotros hemos estado encerrados apenas unos meses, con todo tipo de comodidades y no hemos aguantado. Me da penal mucha pena, y admiro a las personas que vais por allí a dar un poco de esperanza y ayuda, en medio de ese sufrimiento”.

Cárcel

     Fueron palabras muy especiales, que confieso a mí me llegaron muy adentro, y se me ocurrió felicitarla y decirla que estaba diciendo algo que todos pensábamos cuando íbamos allí; incluso que a los voluntarios, y a mí como cura, la cárcel nos había cambiado la vida, nos la cambiaba  cada día; nos hacía y nos hace mirar de otra manera al ser humano, y también mirarnos a nosotros de otro modo. La clave está en lo que ella decía: en la misericordia. Esa misericordia que supone cambiar la vida. Confieso que cuando la escuchamos todos nos quedamos con la boca abierta, había sido capaz de resumir en pocas palabras lo que todos sentíamos; y lo dijo con total serenidad pero a la vez con plena convicción de lo que estaba diciendo. Además se la veía como una familia muy unida, y muy llena de vida, intentando apoyar a su familiar en la cárcel, sin quitar por supuesto ni un solo ápice a la responsabilidad que el tenía en todo lo que había sucedido. Fue un testimonio sereno, bonito y lleno de realidad, que a todos nos hizo mucho bien y sentir que en el fondo era lo que todos sentíamos y vivíamos. 

Continuó hablando la madre de un muchacho fallecido ahora va a hacer tres años, y con otro enganchado a la droga, y como siempre fue también una lección de esperanza y de humanidad. Hablaba, con lágrimas en los ojos, como cada vez que se expresa, pero diciéndonos que ella estará siempre al pie de sus hijos. Que lo estuvo al pie del que ya falleció, que la cárcel lo perjudicó más de lo que le ayudó, pero que ella siempre estuvo con él. Y ahora con el que le queda; es una mujer de profunda fe, nunca se queja, siempre habla de Dios como de su Padre, como el que la anima cada día, y siempre tiene palabras de aliento para otras personas. Es una mujer donde Dios y toda su debilidad se nos manifiesta. En su rostro, en sus sollozos, en sus palabras…. Descubrimos la auténtica espera del adviento, descubrimos al Dios que se nos hace presente en ella. Y como digo eso sí, siempre dando ánimos a los demás, y con ganas de compartir y seguir hacia adelante. 

     Una de las familias estaba especialmente mal en este día porque a su hijo, después de estar siete años en prisión, y conseguir por fin un tercer grado (un régimen donde aunque siga siendo preso, salía a trabajar, y tenia los fines de semana libres), había tenido una regresión a segundo grado ( es decir, había vuelto de nuevo a estar en prisión total). Y la madre se encontraba dividida entre la metedura de pata de su hijo, y el castigo sin duda, desproporcionado del propio centro. Le habían pillado con un porro en el bolsillo y eso era motivo de regresión.

Madre de presos

¿La cárcel le iba a ayudar a superar la drogadicción? Es evidente que no, necesitaba otra ayuda. Pero a la vez, la madre era consciente de que su hijo había quebrantado una norma. Nos decía que no pensaba venir a la reunión, pero que para ella estos encuentros eran muy importantes, porque se sentía muy apoyada, y eso la daba vida. Se sentía escuchada, sentía que nadie la juzgaba y que entre todos la sacaban hacia adelante. A su hijo aún le quedan muchos años, esto ha sido una marcha hacia atrás, pero es consciente y así se lo hicimos ver  que hay que seguir hacia adelante, de que no se puede tirar la toalla. Es una mujer luchadora, y que de nuevo siempre está al pie de su hijo. Es la fuerza del amor y de la entrega desinteresada a un hijo, pase lo que pase y sea lo que sea. 

     Y junto a ellas, otras madres nos relataban cómo estaban, y cuál era su situación. Una de las madres, que se incorporó justo este día, entre sollozos, nos decía la angustia de su hijo en la cárcel desde hace dos años; a sus veinticinco años, y ya privado de libertad. Nos relataba lo mal que lo estaban pasando, y cómo pensaba que su hijo estaba bien, hasta que sucedió lo que sucedió… por causa de las drogas y el alcohol, arruinó su vida y la vida de otra persona. Pero nos decía que se estaba encontrando muy agusto entre nosotros, porque por fin podía manifestar y decir lo que pensaba y decía, sin nadie que la juzgara y la hiciera sentirse mal. En sus lágrimas, veía yo también el rostro de su hijo, un muchacho joven, en lo mejor de la vida, pero entre rejas por su mala cabeza. Siempre que le veo le digo que es muy joven, y que tiene que aprender de lo que ha pasado, que tiene que cambiar, pero lleva ya la mochila un poco llena… y eso a veces le hace perder la esperanza, tanto a él, como a su madre…

     Hubo más relatos, y más lágrimas, más voces entrecortadas, como las de la familia peruana que tienen a su hermano y a su hijo en prisión, y que siendo una familia humilde, y trabajadora, saben el daño que han hecho, pero solo les queda seguir mirando hacia adelante…O las palabras de un buen hombre, que sin tener que ver nada con un muchacho, porque se lo encontró en la calle un buen día pidiendo, le cogió cariño, y ahora va a visitarlo a la cárcel y ayuda a la familia en su seguimiento y , desde luego, en su sufrimiento. En todos los relatos, lágrimas redentoras, miradas de afecto hacia las personas en prisión, y desde luego no derrota, sino lucha.

     Otra familia nos relataba cómo su vida había cambiado totalmente desde que su hijo entró en prisión hace ya más de cuatro años, cómo van siguiendo adelante como pueden, pero con la pena cada día de ver a su hijo allí, y con la experiencia, como tantos otros, de parecerles increíbles que su hijo pueda estar allí. “No es algo fácil, relativizas y comprendes muchas cosas y a mucha gente”, nos decían. Pero siempre con la cabeza bien alta y la mirada hacia adelante. Junto a eso su confianza profunda en Dios que se hace presente cada día en cada uno de sus sufrimientos.

Cárcel de Navalcarnero

Tarde de adviento, tarde de esperanza, tarde de venida, tarde de mirar la vida con los ojos del Dios que viene y se hace hombre, para acompañar nuestro caminar. Fue un encuentro duro como siempre, pero a la vez lleno de vida…. No se borran fácilmente los rostros de los que estamos allí, las miradas de ternura y de abatimiento, las lágrimas que caen por las mejillas…. Pero también las sonrisas, los apoyos, los abrazos, el compartir los bollos que habían preparado con ilusión, como parte del compartir la vida. En todos ellos había una palabra de Gracias hacia nosotros, gracias por estar ahí, acompañándoles a ellos y a sus familias. Y en nuestro interior un grito profundo al Dios de Jesús, Maranatha, “Ven Señor Jesús”; ven en nuestra ayuda te necesitamos, necesitamos que nos des luz cada día para escuchar, para acompañar, para reír y para llorar. Necesitamos sentirte siempre a nuestro lado.

     Termino este escrito el día de la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, en el corazón de nuestro adviento. Y ante nuestra Madre y discípula, pongo en esta mañana la imagen y el rostro de todas las madres, y me hago eco, una vez más de las palabras del evangelio que compartiremos hoy en la Eucaristía: “Porque para Dios nada hay imposible” ( Lc 1, 37). Y pongo delante de ella, y delante del Dios del pesebre, todas las “imposibilidades” que cada día veo en las familias de los presos, todo lo que cada día veo, comparto y abrazo en la cárcel de Navalcarnero.

No se trata de pedir milagros baratos, se trata de decirle a María que nos mire, y nos ayude cada día, y que nos haga creer que las cosas pueden cambiar, que depende de todos, pero que el Dios de la vida, pobre y humilde, que decidió meterse en nuestro mundo, está siempre a nuestro lado, pase lo pase, y suceda lo que suceda. Que las lágrimas redentoras de cada familia, en esa tarde de adviento, se transformen en vida y esperanza, por la fuerza del Espíritu de Jesús, y que sintamos que María nos sigue acurrucando a todos, desde sus brazos amorosos de Madre. Ven Señor Jesús y haz posible lo que de veras nos parece imposible. Eran las palabras también del Santo Romero ante la tumba del asesinado amigo y hermano, Rutilio Grande, a quien la iglesia va a beatificar próximamente, “Yo no puedo Señor, hazlo Tu”

Encierro de los sindicatos de prisiones

Los sindicatos de Prisiones se encierran en la sede de Madrid «hartos» de Interior 

Los responsables de los sindicatos de Prisiones Acaip-UGT y CSIF se han encerrado este martes en la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, situada en la calle de Alcalá en Madrid, para mostrar su hartazgo con la nula gestión de la administración penitenciaria y el Ministerio del Interior para cumplir sus promesas y mejorar las condiciones de los funcionarios. 

Ambos sindicatos informan en un comunicado que el secretario general de Acaip-UGT, José Ramón López, y el responsable nacional de CSIF, Jorge Vilas, han iniciado esta protesta aprovechando una reunión de la mesa delegada de Prisiones «como medida de presión para desbloquear las negociaciones con la Administración de las mejoras necesarias en prisiones». 

© EFE Concentración del personal de funciones en 2018 en Madrid. (EFE/Juan Carlos Hidalgo) 

Según han explicado en un comunicado, el encierro se ha iniciado aprovechando la reunión de la mesa delegada que ha tenido lugar en la sede de Instituciones Penitenciarias. En sus intervenciones parlamentarias, el ministro Fernando Grande-Marlaska suele responder a las críticas del PP en esta materia recordándole que, cuando llegó a Interior, «se encontró a los sindicatos encerrados» en la Secretaría General, por discrepancias con la anterior Administración. 

El coladero de los ‘vis a vis’: más del 20% de muertes en las cárceles es por drogas 

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Entre 2015 y 2019, fallecieron 862 internos en centros penitenciarios, y 203 lo hicieron a causa de las drogas, según los datos de Instituciones Penitenciarias 

Esto mismo han recordado ACAIP-UGT y CSIF, que aseguran que «vuelven a encerrarse en la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias tres años después para mostrar su hartazgo» con una Administración que se ha mostrado «totalmente incompetente e inoperante para solucionar los problemas de la institución y mejorar las condiciones laborales de sus empleados», entre ellos, el aumento de agresiones a funcionarios, una mejora de las retribuciones, la reclasificación de centros o el reconocimiento a los funcionarios como agentes de la autoridad, un punto que sí figura entre las modificaciones que el Gobierno quiere hacer a la ley de seguridad ciudadana. 

Los Presupuestos llegan hoy a comisión y entran en su fase decisiva en el Congreso 

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El PSOE y UP deberán asegurarse los votos necesarios para evitar sorpresas en el Pleno, pues perder ahí la votación de una sección implicaría el derribo de todo el Presupuesto 

Los dos sindicatos entienden que esto supone una «vuelta al punto de partida» en las negociaciones después de que el pasado 20 de septiembre declararan el conflicto colectivo, solicitando la intermediación del ministro Grande-Marlaska. Las organizaciones han pedido la dimisión del secretario general de la institución, Ángel Luis Ortiz. 

ACAIP-UGT y CSIF demandan una retribución adecuada y la reclasificación de los centros, así como la declaración de agentes de autoridad. Hace unos días, precisamente, valoraron positivamente que se registrara una enmienda de PSOE y Unidas Podemos a la Ley de Seguridad Ciudadana para reconocer esto último, aunque recordando que lo que esperan es la aprobación de la nueva ley de cuerpos 

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Los invisibles de Latinoamérica 

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Hace un par de semanas, una cárcel ecuatoriana se convirtió, nuevamente, en una sangría que dejó más de 100 personas –por demás decirlo, a cargo del Estado– asesinadas con inusitada brutalidad. Es la segunda vez que un evento de semejantes proporciones ocurre en el país suramericano en lo que va del año. Algo similar, quizás sin alcanzar esos niveles de sadismo, ha pasado en Guatemala, Honduras o Brasil en la última década. La escena de hombres apilados y semidesnudos, en una suerte de campo de concentración, que el presidente de El Salvador mostraba como un trofeo a inicios de la pandemia fue igualmente sobrecogedora. 

Sin embargo, nada de esto parece sorprendernos lo suficiente porque en América Latina, por desgracia, si algo hemos normalizado es la violencia que, en mayor o menor medida, padecemos los ciudadanos. En las prisiones la situación es más compleja porque aunque nadie desconoce su calamitoso estado, lo cierto es que seguimos legitimando la existencia de una institución ineficaz, cruel, inhumana y, sobre todo, contraproducente. Si en un lugar las disposiciones normativas son un brindis al sol en toda regla es, precisamente, en el sistema penitenciario. 

El tema, desde luego, va mucho más allá de lo jurídico. Con las cárceles pasa lo que –hablando de la pobreza– decía Bauman: psicológicamente están a suficiente distancia de la rutina de nuestras vidas como para no sentir demasiada preocupación. Por ejemplo, volviendo al caso ecuatoriano, basta leer las reacciones de algunas personas en redes y medios de comunicación para entender lo complejo del problema. Planea la idea de que esto no va de nosotros porque quienes se están matando son otros, son grupos de salvajes delincuentes. Por lo tanto, «Mientras se maten entre ellos» todo estará bien para el resto. Son los mismos comentarios que hubo cuando, hace unos meses en Buenos Aires, se intentó desahogar los sobrepoblados penales o cuando en Costa Rica, en 2016, se reubicaron 1600 presos en centros de semi-libertad para reducir el histórico 56% de hacinamiento carcelario al que entonces había llegado. 

Es mucho más sencillo pensar que tras los muros que no vemos se está eliminando gente que hizo cosas malas -que mató, que robó, que violó, etc.-. Semejante reduccionismo nos impide encarar lo que se esconde tras el aparato carcelario. En la región, hay cerca de dos millones y medio de personas presas. La inmensa mayoría por delitos asociados a pobreza y exclusión, y esa es una realidad incontestable que hemos preferido ocultar porque lo que no se ve y no se dice, no existe. 

Las cárceles latinoamericanas están saturadas de pobres, segregados de una sociedad cuyos círculos de producción y consumo no pudieron absorberlos. Ese debería ser el punto de partida para emprender cualquier proceso de reforma si es que en algún momento logramos poner de acuerdo a aquellos que desde la política tienen la inmensa responsabilidad de hacer algo para que esto cambie. Ese cambio es también cultural porque, en última instancia, tiene que ver con cómo entendemos el castigo y su encaje democrático. 

Claro que hay que construir una agenda robusta que busque destrabar los problemas endémicos que compartimos todos los países. Desde la gestión de los centros penales –tradicionalmente desprovistos de suficiente personal para atender los fines que, según desfilan por nuestras constituciones, deberían tener las penas privativas de libertad– hasta la incorporación de sanciones alternativas como sí lo han hecho de manera exitosa otros países como España cuyo sistema penal, para poner por caso, en 2020, elevó en 15% la imposición de medidas sustitutivas al encierro, entre las que destacan trabajos en beneficio de la comunidad, libertades condicionales o vigilancias electrónicas. 

Sin embargo, todo ello será insuficiente. Tengo la certeza de que el principal desafío es entender que lo que está pasando en nuestras cárceles es, además, una expresión más de la aporofobia de la que ha hablado Adela Cortina; de extrema gravedad en sociedades cruzadas por la inequidad que las fractura y las rompe. Es un rechazo al pobre llevado a su máximo nivel de cinismo que luego blanqueamos repitiendo que quienes pueblan las cárceles son personas malas. Desde luego que las hay –como las hay fuera– el tema de fondo es que el grueso de la criminalidad que nos golpea se explica no tanto en la maldad como en la exclusión y la marginalidad. 

Si como dice la catedrática de la Universidad de Valencia la forma de acabar con la aporofobia es la educación, tenemos un trabajo mayúsculo por delante. Hay que convencer a muchos actores de que, en todas partes –pero en América Latina con especial acento– el encarcelamiento tiene un sesgo de clase innegable. No es buenismo, es decencia. Porque en la medida que consigamos que los valores constitucionales y los principios que orientan la lógica del Estado de Derecho y los derechos humanos no sean sólo declaraciones de buenas intenciones –ni una extravagancia exclusiva para los menos– estaremos más cerca de tener sociedades un poco más decentes. No parar de visibilizar a esos invisibles, ni lo que representan, es también una obligación ética para nuestro tiempo 

Pastoral penitenciaria

Arrepentirse en el cuarto de la basura 

Cárcel de Navalcarnero 

Por Javier Sánchez, capellán de la cárcel de Navalcarnero 

Hace unos días me echó una instancia un chaval de la cárcel que yo no conocía, por el nombre sabía que no era español, pero tampoco sabía de dónde era, no me sonaba de nada, e imaginé que llevaba poco tiempo en prisión. En la instancia decía: “Solicito, por favor, señor cura, si puede ayudarme. Ingresar algo en peculio, ya que llevo tres semanas sin me ingresen nada, sin hablar con ellos, no sé nada de mi familia, me gustaría llamarlos. Con todo respeto. Muchas gracias”

Ese mismo día fui a verle al módulo donde está (está en uno de los llamados “módulos de respeto”, que son módulos un tanto diferentes, con una autogestión por parte de los chavales, y donde el ambiente es mejor que en otros), y enseguida salió. Se llama Enmanuel. 

Como siempre, nada más verme, me sonrió, me saludó y me dio las gracias por haber ido a verle tan pronto, porque me decía había echado la instancia el día anterior. Me dijo que era de Nigeria, y que llevaba poco tiempo ahora en Navalcarnero, porque lo habían regresado de tercer grado, de nuevo a la cárcel, porque había tenido algún problema. Me dijo que tenía aquí a su familia y que no había podido hablar con ella hace algunas semanas por falta de dinero para poder hacerlo. Era un poco tarde ya, casi la hora de comer, y le dije que volvería al día siguiente para que me contara más despacio lo que le pasaba. Se despidió afectuosamente, con otra sonrisa y yo como siempre, también le di un abrazo, y le dije le vería al día siguiente por la mañana. 

Al día siguiente fui a buscarlo y ya me contó más despacio. Le habían regresado por llegar tarde al CIS ( es el centro de inserción donde cumplen condena los que ya están en tercer grado y pueden salir a trabajar), y que le habían regresado para allá. Que estaba mal, porque no podía hablar con su familia y que solo necesitaba eso, aquí estaban su mujer y un hijo, pero que tenía también tres hijos en su país. Me parecía un hombre sincero, sencillo, y en una situación de desvalimiento por su parte, y que a la vez confiaba en que yo le pudiera solucionar su situación. 

Yo le dije que intentaría ponerle cuanto antes dinero en el peculio para que así pudiera llamar a su mujer y decirla cómo estaba. Antes de terminar la conversación, me dijo que quería también confesar. “Cuando quieras puedes confesar, si quieres ahora mismo”. Pero Enmanuel me dijo que no estaba preparado y que prefería mejor otro día. Quedamos en vernos la semana próxima y de nuevo nos dimos un abrazo de despedida. 

Como siempre me impresionó la actitud de este hombre; es impresionante que una persona en prisión te diga que no está preparado para confesar, que necesita tomarse su tiempo… y pensé en las confesiones que hago yo, o las que a veces hacemos en la parroquia, los que no estamos presos, y “somos buenos”, o así nos lo creemos. Este hombre necesitaba prepararse para el encuentro con Dios, para recibir su perdón, no quería hacerlo a la ligera. Recordé enseguida las palabras del hijo menor, en la parábola de San Lucas, “Padre he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo….” Quizás en el fondo Enmanuel también pensaba lo mismo y no se atrevía a volver a la casa del Padre. Me marché del módulo emocionado, y con su rostro necesitado, y a la vez su sonrisa, en mi retina y en mi corazón. 

Esta semana he vuelto a ir al módulo y lo he llamado como quedamos; lo primero que ha hecho ha sido darme las gracias por la fidelidad que he tenido en volver a verlo. Y enseguida me ha dicho que sí, que ahora estaba preparado. No nos dejan subir a los despachos de encima de los módulos para hablar con los chavales, tenemos que hacerlo en una especie de pasillo de entrada a los mismos, pero cuando es una conversación más privada siempre pido por favor me dejen ir a un sitio “más digno”, donde podamos estar con una mayor intimidad. En este caso, estaba allí el jefe de servicios (el responsable de los funcionarios cada día), y se lo he preguntado a él, dónde podía ir.                                               Se ha puesto un poco nervioso porque no sabia dónde pero enseguida ha encontrado un sitio: en el cuarto de basuras, a la entrada del módulo. Cuando me lo ha dicho, la verdad es que me he quedado como sin palabras, ¿no había otro sitio? ¿no nos merecíamos poder estar tranquilos en otro lugar más digno? Y confieso que he sentido mucha rabia, y he estado a punto de decir algo, pero luego he pensado que no merecía la pena, y que el Dios de misericordia, estaba también allí, y sobre todo que no nos iban a impedir, aunque quisieran que Enmanuel tuviera ese encuentro con El. 

Antes de confesar, han llegado otros funcionarios, responsables del trabajo dentro el módulo, y Enmanuel quería hablar con ellos para ver si le podían dar trabajo, y así lo ha hecho. Al terminar, hemos ido a nuestro cuarto de basuras para poder confesar.       El cuarto está a la entrada del módulo, tiene una puerta de hierro, y cristales alrededor rugosos, había un gran contenedor, y charcos en el suelo, tiene aproximadamente tres metros cuadrados, y allí nos hemos situado. Por supuesto de pie, uno frente al otro. Por dentro también he recordado los suntuosos confesonarios que en algunas parroquias existen. Y por supuesto he recordado el espacio que teníamos en nuestra antigua parroquia de la Sagrada Familia en Fuenlabrada (de la que nos invitaron a salir por orden episcopal), que era simplemente un espacio a la entrada de la parroquia, con una mesa en el centro y dos sillas, una frente al otro, y en el que muchas veces podíamos compartir el Sacramento de la penitencia, pero que desde las “altas esferas” episcopales tachaban de indigno porque no estaba cerrado, y que en enseguida los nuevos curas quitaron.  

Me hubiera gustado que estuviera allí, en el cuarto de basuras, el obispo que así pensaba, para que viera dónde tenía que estar con Enmanuel… igual decía que allí no podía confesarlo y hasta le negaba la confesión… 

Al entrar a nuestro cuarto de basuras, algo por dentro me conmovió porque confieso que no sabía cómo situarme y me daba mucha rabia. Pero el sentimiento se transformó cuando vi la cara de mi amigo, que entraba, se situaba enfrente de mí y me cogía las manos para decirme, con una sonrisa, como siempre, GRACIAS. Hicimos la señal de la cruz y comenzó a hablar. 

Solo dijo que pedía perdón por todo lo que había hecho mal, que pedía perdón a su familia, a su mujer y a su hija, y que estaba muy arrepentido, que quería comenzar una nueva vida, y que confiaba en que el Padre Dios lo perdonaría. Que quería confesar porque quería comulgar también el sábado en la misa. “Sólo pido a Dios que me ayude a cambiar de vida”. Al escucharlo, brotaron dentro de mí muchos sentimientos de agradecimiento y de compasión. Cuando hablaba lo decía con una cara seria, y con un sentimiento profundo de arrepentimiento.- Recordé muchos momentos de Jesús en el Evangelio… y solo se me ocurrió decirle gracias por lo que estaba contando, y decirle que Dios lo abrazaba y lo invitaba a cambiar.                                                                                                                         Le dije lo mucho que Dios lo quería y lo feliz que se sentía por haber querido acercarse a Él; con las manos cogidas (unas manos frías, porque el lugar como digo era inhóspito), rezamos juntos el padrenuestro y luego le di la absolución, con las manos impuestas encima de su cabeza, como también hacía Jesús. Y al terminar le dije que nos diéramos un abrazo, y que sintiera que no era yo quien lo abrazaba, sino el mismo Dios, porque era el abrazo del Padre al Hijo que había querido volver a su lado. Y después de abrazarlo fuertemente, me dio de nuevo las gracias y volvió a sonreír. Salimos de nuestro “confesonario”, y nos dirigimos hacia el módulo, donde ya nos despedimos, dándonos de nuevo otro abrazo.                                                                                                                                   Cuando salí hacia los pasillos de la llamada M-30, el cuadrado que da la vuelta a toda la cárcel, salía sin palabras y con el corazón lleno; aquel lugar de basuras, desagradable y tétrico, había sido sin duda el mejor confesonario para recibir el perdón y el abrazo de Dios. Aquel lugar inhóspito había sido testigo del arrepentimiento de alguien delante del Dios de la vida. Y por supuesto que di gracias a Dios profundamente por ello. Y recordé las palabras que Monseñor Romero decía: “Dios está en medio de nosotros… Dios está presente, está activo, observa, ayuda y a su tiempo actúa oportunamente”. Y esa mañana, había actuado en Navalcarnero, en aquel cuarto de basuras, había actuado como solo Él sabe hacerlo, desde lo pequeño, desde abajo, pero desde el encuentro personal con aquel hombre que quería encontrarse con El, y que ni la cárcel ni sus impedimentos fueron capaces de impedirlo.                                                                                                                              Y junto a eso también sentí, tengo que decirlo impotencia porque sigo creyendo que las personas, y los presos son personas, se merecen algo más de dignidad y de consideración. No he visto aun al director del centro desde aquel día, pero tengo que hablarlo con él. Me parece que ellos se merecen algo más y es necesario tener otra sensibilidad diferente. Pero mientras tanto, lo que si le pido a Dios es que esto no me impida seguir hacia adelante y seguir haciendo lo que tengo que hacer, en cada momento, que es creo yo, estar en Navalcarnero con aquellos que me necesiten, sabiendo que no soy yo el que lo hago, sino que Alguien lo hace conmigo. 

Ayer tuvimos la Eucaristía como cada sábado, y Enmanuel fue a comulgar, con esa sonrisa que lo caracteriza y con el abrazo de Dios que le llenaba de arriba abajo. Al verlo, de nuevo me emocioné porque pensé enseguida en el encuentro de esta semana, ya no pensé en el cuarto de basuras, sino que solo me vino a la cabeza y al corazón su abrazo, su sonrisa, y sus palabras de arrepentimiento. Y ya sentí menos rabia, sentí alegría porque estaba allí (además se había caído jugando al futbol y tenía una muleta), y porque por encima de la basura, estaba el amor de Dios, o mejor, como decía Dorothee Solle “Dios estaba en la basura” ( así lo dice en su libro “Dios en la basura”, relatando sus experiencias en América latina); un libro que leí al poco tiempo de ordenarme, y que ahora estos días también he recordado. Pero estaba y está en la basura transformándola y llenándola de vida, como también dice ella misma. 

Gracias a este hombre de nuevo se me ha hecho presente el Dios de la misericordia y de la vida, en un lugar de sufrimiento, de muerte y de cruz, como es Navalcarnero. El evangelio de ayer era el de la pobre viuda que echa unos céntimos en el arca de las ofrendas, unos céntimos que por supuesto Jesús, tanto pondera. Esa pobre viuda sencilla, generosa y solidaria es puesta en el evangelio como modelo de entrega y de vida, un pequeño gesto que mueve montañas. Es lo que cada día descubro y vivo en la cárcel, y ojala que lo pueda seguir viviendo cada día. Y de nuevo las palabras del Santo de América: “Con este pueblo no cuesta ser buen pastor”. Porque de nuevo, los “malos”, los crucificados, “los publicanos y pecadores de la cárcel”, me acercan el rostro auténtico y verdadero del Dios del Evangelio. Ojalá que nuestra iglesia de confesonarios también sea capaz de descubrirlo así, ojalá que descubra que la dignidad no está solo en el espacio sino en el Dios que predicamos y vivimos cada día en el seno de nuestras comunidades. Que descubramos ese encuentro en los encuentros que tengamos cada día con los que nos cruzamos. Y que hagamos nuestras las palabras del Evangelio “Estuve en la cárcel y vinisteis a verme….”(Mt 25,36). 

Navalcarnero 6 de Noviembre de 2021  

Sanciones de tipo restaurativo

Unidas Podemos apuesta por rebajar las sanciones económicas en la reforma de la ley mordaza 

© Proporcionado por eldiario.es . Laura Galaup 

La derogación de la ley mordaza continúa avanzando. Unidas Podemos asegura que acaban “de concluir los trabajos para alcanzar un acuerdo” con los socialistas “sobre las enmiendas” que las dos formaciones van a presentar a la proposición de ley impulsada por el PNV para tumbar la normativa de Seguridad Ciudadana aprobada por el Gobierno de Mariano Rajoy. 

 El secretario general del PCE, Enrique Santiago, ha sido el encargado de negociar junto al PSOE. Entre las novedades que se han concretado sobre el futuro de esa normativa, Santiago destaca que se apostará por “reforzar las sanciones de tipo restaurativo», como las de trabajo comunitario, «frente a las retributivas», que «consisten exclusivamente en un castigo a las personas”. 

De esta forma, pretenden potenciar “resocialización de las conductas de los infractores”. «Así se eliminaría la limitación actual para poder sustituir las sanciones a menores por trabajo social o comunitario, ahora limitada a una sola vez», indican fuentes de Unidas Podemos 

La prisión de Pademba

Jorge Crisafulli: “La prisión de Pademba es un infierno, pero gracias a Don Bosco los presos pueden dibujar una sonrisa, pensar en un futuro mejor” 

Jorge Crisafulli y Chennor Bah, durante su visita en la Universidad Abad Oliva CEU de Barcelona

«Hay traumas, pienso, cuyas cicatrices permanecen para siempre. Sobre todo cuando se da abuso sexual, que es una experiencia terrible en la vida de una niña o un niño. De todas maneras, como siempre digo, la amabilidad, el amor, el cariño personalizado, el preocuparse por ellos, eso es ya sanador» 

«Seguiremos haciendo nuestro trabajo, este es el sueño de Don Bosco, cuyo misión comenzó también en la cárcel, en este caso la de Turín. Sabemos que la gracia de Dios está siempre apoyándonos y puede curar hasta las heridas más profundas» 

«En Sierra Leona hay tantos menores en la cárcel porque la policía, al verlos en las calles, los considera potenciales criminales y cree, por tanto, que la solución al problema es llevarlos a centros de internamiento para menores o directamente a la prisión» 

Por Jordi Pacheco 

Tras poner fin a una etapa como Provincial Superior de los Salesianos de Don Bosco en diversos países de la región anglófona de África occidental, el misionero salesiano Jorge Crisafulli llegó a Sierra Leona en 2016 con el encargo de poner en marcha un proyecto terapéutico para menores traumatizados tras haber sufrido abusos de toda índole. Y lo que allí se encontró este sacerdote nacido en Bahía Blanca, Argentina, en 1961, fue una realidad macabra: la de los cientos de niños encarcelados por motivos absurdos en condiciones infrahumanas junto a presos adultos. Cuenta esta experiencia en el documental ‘Libertad’, que fue proyectado el pasado 14 de octubre en el Aula Magna de la Universidad Abad Oliva CEU de Barcelona, donde el líder de la Misión de Don Bosco Free Town compareció junto a Chennor Bah, un exprisionero de la cárcel de Pademba rescatado por Don Bosco.  

“Dejen de lado toda esperanza, ustedes que entran”, es la frase del Infierno de Dante que usted usa para explicar la situación que se vive en la prisión de Pademba. ¿Hay algo que Don Bosco pueda hacer para que las personas allí retenidas puedan recuperar un poco de esperanza? 

Pademba Prison es un infierno porque cuando se entra allí, no se pierde solo la libertad —lo cual es muchísimo— sino que te roban absolutamente todo. En el caso de los menores, son despojados de su dignidad, de su nombre, de su inocencia. En ese infierno, ¿qué puede significar un pedacito de cielo o una luz de esperanza? Para los más desnutridos y enfermos, un plato de comida. Para el que no dispone de agua para lavarse y para beber, distribuimos agua, duchas, aseos, baños y pozos sépticos. Son cosas que llevamos para mejorar la situación sanitaria de la prisión, no solamente para nuestros beneficiarios directos, que son los menores y los jóvenes, sino para todos los reclusos que viven en la prisión. Otro ‘pedacito de cielo’ para quien vive aislado y se siente solo, llevamos la amabilidad, el cariño, una sonrisa, porque saber que hay alguien que se preocupa de ti sirve para avivar la esperanza.  

Por otra parte, para el que no dispone de documentos para ir a juicio y para soñar con poder salir, el hecho de que Don Bosco esté ahí con su equipo legal para escuchar cada caso, procesar documentos, empujar los casos en los tribunales y en la Corte y pagar multas pequeñas o fianzas: todas estas actuaciones significan llevar un poco de esperanza. Y también hacemos, a través de nuestro programa de la mañana, lo que creo que es más importante: la educación, la alfabetización, la formación en el campo de la informática. Todo esto es llevar esperanza. Siempre digo que si los chicos hubieran tenido una familia, una escuela y la oportunidad de capacitarse profesionalmente, obviamente no estarían en una prisión compartiendo celda con adultos. Pademba es un infierno, pero con las intervenciones de Don Bosco, los presos pueden al menos dibujar una sonrisa en el rostro y pensar en un futuro mejor para ellos. 

¿Cómo ha sido o es la labor de Don Bosco para encontrar a los menores que se encuentran en aquella cárcel? 

Se trata de ir celda por celda y preguntar a los reclusos por su edad y mirar sus rostros. Haciendo esto enseguida te das cuenta si hay algún menor, y ese menor se convierte al momento en un beneficiario directo del programa de Don Bosco, que ofrece todos los servicios de la misión en la prisión.  

«Tratamos de hacer un trabajo positivo, y esto se convierte en una denuncia sin crear distancias, porque en el momento que se crean conflictos con las autoridades de la prisión, nos cortan la entrada y los primeros perdedores van a ser los reclusos» 

¿Cómo es la negociación con las autoridades para sacar a estos chicos de las cárceles, se supone que es un proceso arduo, no es así? 

Primero hay que acceder a la prisión. Esto lo hemos logrado, don Bosco tiene un nombre; nos estaban esperando antes de que comenzásemos a trabajar, sabían que hacíamos un trabajo enorme por los niños así que nos dejaron entrar sin ningún tipo de problema y las autoridades están contentas con nuestra presencia y nuestro trabajo. Lo que hacemos es no confrontar directamente a las autoridades de la prisión y a los carceleros por las vulneraciones de derechos y las abominaciones que vemos. Tratamos de hacer un trabajo positivo, y esto se convierte en una denuncia sin crear distancias, porque en el momento que se crean conflictos con ellos nos van a cortar la entrada y los primeros perdedores van a ser los reclusos. 

¿Qué pasa en Sierra Leona para que haya tantos niños en prisión? 

El mayor problema es que hay muchos niños y niñas que viven en la calle y que han hecho de ella su hogar. La calle es sinónimo de violencia, de soledad, donde impera la ley de que sobrevive el más fuerte; hay robos, peleas, uso de drogas, abusos sexuales. Por eso hay tantos menores en la cárcel, porque la policía los ve como potenciales criminales y considera, por tanto, que la solución al problema es llevarlos a centros de internamiento para menores o directamente a la prisión. Hay menores que ingresan en prisiones de adultos porque a menudo la policía les cambia las edades en los informes por los crímenes menores que han cometido. Ponen que tienen más de 18 años y los mandan a prisión muchas veces sin pasar por un juicio.  

La realidad que usted narra en el documental es extremadamente dura: hay chicos mueren como consecuencia de los malos tratos que reciben (violaciones, palizas, hambre); y entre los que sobreviven, ¿son curables esas heridas? ¿Cómo es el acompañamiento de Don Bosco en este sentido? 

Hay traumas, pienso, cuyas cicatrices permanecen para siempre. Sobre todo cuando se da abuso sexual, que es una experiencia terrible en la vida de una niña o un niño. De todas maneras, como siempre digo, la amabilidad, el amor, el cariño personalizado, el preocuparse por ellos, eso es ya sanador. Por eso seguimos nuestro trabajo. Ningún niño nace malo por naturaleza, aunque a veces las circunstancias de la vida le hayan llevado a cometer errores. Todos tienen una belleza interior y un potencial de bondad increíble. El trabajo de Don Bosco es descubrir ese potencial y actualizarlo, hacerlo realidad.  

Seguiremos nuestro trabajo, este es el sueño de Don Bosco, cuyo misión comenzó también en la cárcel, en este caso la de Turín. Sabemos que la gracia de Dios está siempre apoyándonos y puede curar hasta las heridas más profundas. Y un caso que explica muy bien esto es el de Chennor, el chico que me acompaña hoy en Barcelona, que vivió 17 años en la cárcel, 8 de ellos en Pademba, donde sufrió todo tipo de abusos, hambre, sed, violencia… Así y todo, en la actualidad trabaja con Don Bosco Fambul realizando tareas como entrar  en la prisión para detectar la presencia de menores, recogerlos de las calles para enseñarles soldadura, que es lo que él aprendió como capacitación profesional. 

Lo más lindo en el caso de Chennor es que fue a la celda de su abusador y le dijo: “Vengo a decirte que te perdono. No vuelvas a hacer nunca más a otro menor lo que hiciste conmigo aquí en la cárcel”. Por eso digo que, aunque hay traumas que son muy profundos, la gracia de Dios, la intervención “milagrosa” de Don Bosco hace que las heridas se cierren, y los que han estado en el infierno encuentren un pedacito de cielo sobre todo en su corazón. Como decía Chennor: “El hecho de haber perdonado a mi abusador fue un favor que me hice a mi mismo. Esa capacidad para perdonar ha sido una gracia de Dios” 

Inocencia entre rejas

‘Libertad’, el documental sobre los menores en prisiones de adultos que traspasa fronteras 

Presentación de ‘Libertad’

 El grito de «Libertad», título de nuestro último documental, seguirá resonando para denunciar la situación de miles de menores en el mundo que cumplen condenas de cárcel en prisiones rodeados de adultos 

Los testimonios de Chennor Bah, que cuando fue menor sufrió todo tipo de abusos en Pademba Prison y de Jorge Crisafulli, misionero salesiano que entra a diario en esa cárcel han sido escuchados en directo por más de 9.000 personas en el último mes 

La campaña ‘Inocencia entre rejas’ continuará durante todo el curso para sensibilizar y tratar de cambiar esta realidad en el mundo 

El sueño es cambiar la legislación de Sierra Leona, en algunos casos vigente desde la época colonial, por la que los menores pueden ingresar directamente en prisión sin asistencia legal, sin juicio y sin que sus padres lo sepan 

(Misiones Salesianas).- Más de 30 días de viajes, 8.000 kilómetros recorridos en coche, tren y avión, 19 ciudades españolas, 3 ciudades europeas,53 presentaciones en colegios, universidades y en cines y teatros en actos abiertos para toda la población y más de 8.500 personas que lo han conocido en directo… son algunas de las cifras de la gira de presentación de la campaña Inocencia entre rejas y del documental Libertad en España y en Europa desde su estreno. 

Libertad se estrenó el pasado 16 de septiembre en el Auditorio del Espacio Fundación Telefónica de Madrid y fue seguido en streaming por cientos de personasde todo el mundo. Además, varios colegios y grupos de la Familia Salesiana de España organizaron proyecciones en grupo para seguir la presentación de la campaña Inocencia entre rejas. 

Testimonio

 «Un niño siempre es un niño por muy grave que sea el delito que haya cometido» 

A partir de ese momento, y durante cinco semanas consecutivas, Misiones Salesianas ha llevado el testimonio de Chennor y del misionero salesiano Jorge Crisafulli a la mayoría de comunidades autónomas españolas. Por las mañanas, los alumnos de ESO, Bachillerato y FP han podido conocer el documental y sus protagonistas, y por la tarde, actos organizados para toda la ciudad han presentado la dura realidad de los menores que cumplen condenas en cárceles de adultos y el trabajo de los misioneros salesianos para acompañar y salvar a esos menores. 

“A un menor no se le puede dejar sin infancia, sin dignidad y sin libertad; hay otras formas de que entienda que lo que hizo está mal y que cambie de vida, y eso es lo que queremos cambiar con este documental para ayudarlos, sobre todo después de la pandemia, porque la cárcel de Sierra Leona sólo es un ejemplo del trabajo de los Salesianos en muchas prisiones del mundo”, asegura. 

Periódicos, radios, digitales y televisiones se han hecho eco de las presentaciones del documental y del testimonio de Chennor, un joven que no sólo perdonó a su abusador en la prisión, sino que ahora trabaja como voluntario dentro de Don Bosco dentro de Pademba Prison para ayudar y rescatar a los menores que siguen cumpliendo condena en ella rodeados de adultos. 

Chennor tiene un sueño y lo quiere cumplir con los menores de la calle y presos en Sierra Leona 

Don Bosco me cambió la vida y gracias a Dios ahora mi sueño es poder ayudar a otros niños de la calle para que no acaben en prisión”, explica siempre Chennor. “A los que están en la cárcel cumpliendo condena quiero sacarlos de allí cuanto antes con el equipo legal de Don Bosco Fambul. Le debo todo a Don Bosco y los Salesianos siempre podrán contar conmigo”. 

Los encuentros mantenidos en Bruselas con eurodiputados, Cooperación Internacional y miembros de la Comisión Europea permitirán seguir dando pasos para cambiar la legislación del país, en algunos casos vigente desde la época colonial, por la que los menores pueden ingresar directamente en prisión sin asistencia legal, sin juicio y sin que sus padres lo sepan. 

El documental Libertad, que cuenta con materiales didácticospara trabajarlo en las aulas, continuará presentándose en los colegios y espacios que lo soliciten durante todo el curso. Asimismo, un libro de fotografías, Esperanza en el Infierno, que explica la situación de la prisión de Sierra Leona y el trabajo de los misioneros salesianos, también puede adquirirse en nuestra tienda solidaria para contribuir con el proyecto. 

Funcionarios de prisiones

Los funcionarios de prisiones serán considerados agentes de la autoridad 
 

La Ley de Cuerpos prevé la creación de nuevas figuras laborales como la de guardia de libertad condicional y vigilada. 

Exterior de la Cárcel de Valdemoro (Madrid).  J. Hellín / EUROPA PRESS 

El ministro de Interior, Fernando Grande Marlaska, ha avanzado que la futura Ley de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado prevé que los funcionarios de prisiones tengan la consideración de agentes de la autoridad, así como crear nuevas figuras laborales como la de agentes de libertad condicional

Durante su intervención en la inauguración de las Jornadas de Trabajo de directores de centros penitenciarios que tendrán lugar durante tres días en la ciudad de Cuenca, Marlaska ha asegurado además que los trabajos están orientados a poder sacar adelante esa normativa antes de que finalice esta legislatura. 

«Trabajamos para consensuar un texto integrador que ponga en a la dispersión normativa y modernice la estructura corporativa penitenciaria regulada por dos leyes preconstitucionales«, ha señalado Marlaska, quien ha mostrado su deseo de que el texto «se ajuste a la realidad actual y recoja las peculiaridades propias y exclusivas del personal funcionario penitenciario que no están adecuadas a la legislación aplicable a todos los colectivos funcionarios». 

Creará «puestos de trabajo inexistentes» pero imprescindibles en cuanto a medidas penales no privativas de libertad. 

Con todo, esta norma incluirá, además del reconocimiento como agente de la autoridad de los funcionarios, un refuerzo de la protección penal de los trabajadores, el reconocimiento de asistencia jurídica y la creación de «puestos de trabajo inexistentes pero imprescindibles en cuanto a medidas penales no privativas de libertad», como agentes de libertad condicional y vigilada. 

Balance positivo de la lucha contra la covid 

Marlaska ha recordado la irrupción del COVID-19 en marzo del año pasado, cuando se generó «un estado de alarma» en los centros penitenciarios, centros cerrados que se arriesgaban a una mayor propagación que en la calle
Hoy, ha dicho, se puede hacer una balance satisfactorio «gracias al trabajo realizado por todos los profesionales y gracias al comportamiento paciente de los internos y sus familias«. 
Gracias a este trabajo, el impacto en los centros penitenciarios «ha sido cuatro veces inferior al que ha tenido en la población general«, según sus datos, un balance «reconocido incluso por el Defensor del Pueblo» y por centros latinoamericanos que han pedido ayuda a España en este sentido. 
En este balance, en todo caso, no se ha olvidado de «todo el daño» sufrido en pandemia, tras lo que ha brindado un homenaje a los funcionarios e internos fallecidos por el coronavirus en los últimos 19 meses desde que se declarara la pandemia. 

Datos y estadísticas 

Ahora, estas jornadas de trabajo llegan en el momento «idóneo» para hacer este balance. Así, ha recordado algunos datos del último año y medio, con 2.724 reclusos menos –un 5,4% menos–; con un número de internos que cumplen condena en régimen abierto que ha pasado de 7.066 en marzo de 2020 a 7.813 en agosto de este año. 
Las medidas para evitar la propagación del virus generaron un número menor de fallecidos por consumo de drogas  

El porcentaje de condenados en régimen abierto ha crecido del 39% al 68% hasta los 4.600; y la apuesta por los talleres reeducativos telemáticos para condenados ya sirve para cumplir un total de 2.841 penas. 
Aunque en la primera fase de pandemia la actividad laboral quedó paralizada, «hoy se están recuperando los niveles prepandemia» con una media mensual de «más de 11.600 internos ocupados». 
Como último dato a destacar, ha señalado el ministro de Interior que las medidas adoptadas para frenar la propagación del virus generaron un número menor de fallecidos por consumo de estupefacientes en centros penitenciarios. 
 

Todas estas estadísticas deben ser analizadas, según Marlaska, quien ha pedido aprender y extraer las enseñanzas necesarias «para afrontar retos de futuro». La principal misión es «la reinserción de los internos» y devolver a la sociedad a los presos que pasan por los centros penitenciarios. 
Programa de delitos económicos 

Fernando Grande-Marlaska ha citado en su alocución algunas de las medidas implementadas en los últimos tiempos como el Programa de Delitos Económicos, «el primero de todo el mundo» en centros penitenciarios, y que da respuesta «al aumento detectado en los últimos años». 

Este programa se ha instaurado ya en doce centros penitenciarios y en cinco centros de reinserción, y en ellos participan 134 hombres y nueve mujeres, «cifras que crecerán al implantar este programa en centros donde todavía no ha llegado». 

Se han nombrado 65 médicos interinos nuevos desde 2018, aunque «todavía un problema» 

El programa de justicia restaurativa también ha sido citado por Marlaska, quien ha apuntado que se trata de diálogos restaurativos donde participan ya 1.079 personas condenadas. 
Por último, Marlaska ha hablado de avances en cuanto a la adopción de medidas sanitarias, como el nombramiento de 65 médicos interinos desde 2018, si bien existe todavía un problema para el que se trabaja en la búsqueda de soluciones. 
En este sentido, ha indicado que mientras llegan las soluciones se está diseñando un mecanismo de apoyo entre todos los médicos pertenecientes a instituciones penitenciarias para dar servicio telemático de apoyo entre los facultativos. 

Las cárceles españolas como referencia 

De su lado, el secretario general de Instituciones Penitenciarias, Ángel Luis Ortiz, ha agradecido «la presencia y trabajo» que todos los directores de centros han venido realizando durante «el atípico 2020 y durante estos meses de 2021″. «Nos podemos sentir orgullosos en la forma que estamos superando la pandemia», ha reivindicado Ortiz. 
«Agradecimientos todos los directores de centros han venido realizando durante  el atípico 2020 y durante estos meses de 2021» 

El secretario general también ha tenido palabras para los directores de la comunidad de Madrid, a quienes ha agradecido «superar la borrasca Filomena de una manera ejemplar». En esta línea no han faltado palabras de ánimo para el director del centro penitenciario de La Palma, quien no ha podido asistir a esta reunión por la cancelación de vuelos en la isla, a quien le ha mandado un mensaje de apoyo con la ovación del público que estaba en la sala. 

Del mismo modo, ha alabado el trabajo de todos los directores de prisiones presentes, ya que, a su juicio, «tanto vuestro trabajo como el de los compañeros hace que la administración penitenciaria de España siga siendo referente en muchos países», por lo que ha visto «importante» que en reuniones como esta «se puedan poner en común experiencias e inquietudes, que tendrán el reconocimiento de quien dirige la política penitenciaria» 

El 22 de abril, una fecha clave para el alcalde 

El alcalde de Cuenca, Darío Dolz, ha indicado que el 22 de abril lo va a tener siempre guardado en la memoria, ya que ese fue el día en que el secretario general de Instituciones Penitenciarias anunció en el Congreso de los Diputados que Cuenca era la ciudad elegida para ser la sede del C 

Del mismo modo, ha clasificado estas jornadas como «muy intensas», y ha esperado que los directores de prisiones disfruten de la ciudad y que esta primera reunión de directores se repita periódicamente en la ciudad de Cuenca. 
Por último, ha subrayado que la ciudad de las Casas Colgadas está «ya preparada» para albergar a los primeros funcionarios de prisiones, que empezarán a llegar a partir del mes de marzo de 2022 en dos tandas de 450 alumnos cada una. Esta primera promoción se formará en el campus de Cuenca de la Universidad de Castilla-La Mancha