Tragedia en la cárcel de Tuluá, Colombia

Colombia: el obispo de Buga llama a la solidaridad tras tragedia de la cárcel de Tuluá

Una riña entre internos produjo un incendio que dejó el lamentable saldo de 51 internos fallecidos y más de 30 heridos

Centro Penitenciario de Tuluá

Una riña en el centro penitenciario de Tuluá, departamento del Valle del Cauca, pacífico colombiano, ha dejado un saldo de 51 muertos y 30 heridos. Según el Inpec (Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario) tras intervenir en la gresca, los propios internos “prendieron fuego a sus propios colchones”.

José Roberto Ospina, obispo de Buga, jurisdicción eclesial donde se ubica esta prisión, ha expresado su cercanía a los familiares de las víctimas “quiero pedir oraciones a todos ustedes (familiares) orar por el eterno descanso de quienes han fallecido, que el Señor consuele y fortalezca a sus familiares”.

Llamado a la solidaridad

Asimismo llamó también “la atención para que en todas las parroquias y arciprestazgos de la diócesis se recolecten estos elementos”, mientras que en las próximas horas estará presidiendo las exequias de algunos de los internos fallecidos en el incendio.

Según el Inpec, la cárcel de Tuluá alberga a 1.267 reclusos. En el pabellón, donde ocurrió la tragedia estaban 180 reclusos. El obispo, en tanto, apela a la solidaridad de los tulueños con  la ayuda en especie como: frazadas, artículos de aseo personal, sábanas, entre otros.

Para ello, ha dispuesto de centros de acopio para recibir ayudas, entre las parroquias se encuentran: San Bartolomé, Medalla Milagrosa, Perpetuo Socorro y la casa del mendigo en Buga.

Tortura en las cárceles

Cerca de 400 presos fueron atados con correas a una cama en 2021

Cárcel Sevilla II
Módulos de la cárcel de Sevilla II, en Morón de la Frontera.  EFE

El Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura insta a Instituciones Penitenciarias a adoptar medidas para «reducir la aplicación de medios coercitivos» en las cárceles. Advierte que en los registros de las cárceles hay escasos datos al respecto.

DANILO ALBIN

Las polémicas medidas de sujeción mecánica con correas siguen presentes en el interior de las cárceles y centros de internamiento de menores. Así lo ha detectado el Defensor del Pueblo en el último informe del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNTP), que vuelve a dejar en evidencia la brecha existente entre las peticiones de dicho organismo y la realidad que se vive en los centros penitenciarios.

«Como dato relevante se puede destacar que durante 2021, en el ámbito de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, hubo 3.600 sujeciones mecánicas», subraya el documento entregado días atrás en el Congreso.

En ese apartado del informe, señala que se detectaron 148 casos de presos atados con correas «por motivos sanitarios» y otros 251 a los que también se aplicó dicho método, lo que implica un total de 399 episodios en los que se recurrió a esa cuestionada técnica.

De acuerdo al protocolo vigente en Instituciones Penitenciarias, la «sujeción mecánica de temporalidad prolongada» –aquella cuya duración excede de media hora– conlleva la utilización de las correas homologadas en celda habilitada al efecto».

«En la dependencia y cama especialmente dispuesta de antemano para ello, se tenderá al interno en posición de decúbito supino (boca arriba), semi-incorporado, procediéndose a su sujeción en el siguiente orden: extremidades inferiores, cinturón abdominal y extremidades superiores«, describe el protocolo.

Frente a esa línea de actuación, el Defensor del Pueblo vuelve a recordar que «la óptima gestión del conflicto es aquella que trabaja para que la aplicación de los medios coercitivos se reduzca al máximo, de una manera progresiva» una idea que «debe ser especialmente aplicada en las sujeciones mecánicas con correas».

De hecho, este organismo sostiene que «se debe trabajar para intentar abolirlas a largo plazo si se considera posible». Por tales motivos, formuló una recomendación a Instituciones Penitenciarias en la que insta a «tender a la reducción al máximo de la aplicación de sujeciones mecánicas con correas como aplicación de medio coercitivo, con el objetivo a largo plazo de su supresión total».

En su informe,  el Defensor del Pueblo insta además a «incrementar la formación del personal sanitario y de vigilancia sobre la técnica de realización de las contenciones mecánicas». Además, «la Secretaría General de Instituciones
Penitenciarias debe tener una posición alternativa global para reducir la aplicación de medios coercitivos e intentar, a la vez, reducir los incidentes y la conflictividad en las cárceles en que proceda».

«La contención mecánica no debe aplicarse nunca. Los protocolos fallan sistemáticamente», resume Jorge del Cura, miembro del Centro de Documentación contra la Tortura. En tal sentido, subraya que «en caso de ser necesaria, una contención puede durar media hora, pero no 8, 24 o 36 horas, como ha habido casos».

«No solo es la contención mecánica por la fuerza que conlleva y la situación de indefensión, sino las condiciones totalmente humillantes en las que se lleva a cabo», remarcó.  

Intentos de suicidio

Hay otro dato alarmante. «En las revisiones que se hacen de las aplicaciones de medios coercitivos, el MNP todavía observa que se aplican sujeciones mecánicas prolongadas por intentos de suicidio», una «práctica cuestionable» que también ha sido observada por el Comité para la Prevención de la Tortura.

Por ello, el Defensor se vio obligado a pedir a Interior que dicte las órdenes oportunas para que «en casos de intentos de suicidio no se aplican las sujeciones mecánicas con correas por motivos regimentales».

Falta de información

En los centros visitados dependientes de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, el MNP observó que los sistemas de registros basados en libros no contienen información completa sobre el motivo de aplicación del medio coercitivo concreto, más allá de la fecha y hora de inicio y cese, nombre del interno y firma del jefe de servicios y el director», mientras que en el formato digital «se añade una mínima descripción del incidente y el lugar».

Ante esta situación, el MNP recomendó  «aprobar un libro de medios coercitivos para los centros penitenciarios dependientes de esa Administración en el que figure toda la información relevante de la medida aplicada,incluyendo el motivo detallado del medio coercitivo aplicado, los funcionarios implicados, así como la hora y fecha de comunicación a la autoridad correspondiente».

Tras visitar la cárcel de Sevilla II, el Defensor del Pueblo reclamó a Instituciones Penitenciarias que se remitan al juzgado y a la fiscalía de vigilancia penitenciaria «las imágenes grabadas de las sujeciones mecánicas con correa practicadas».

En el caso de ese centro, pidió además que se emita «un informe por parte de la inspección penitenciaria de proporcionalidad, oportunidad y práctica de las sujeciones prolongadas que se hagan en cada centro penitenciario».

Centros de menores

El documento apunta también hacia las medidas de sujeción con correas en los centros de menores, sobre los  que subyace un trágico antecedente: en 2019, el joven Iliass Tahiri murió en el Centro de Menores de Tierras de Oria en Almería tras ser atado a su cama con correas y boca abajo por los guardias del centro. El caso fue archivado por el juzgado y posteriormente reabierto por la Audiencia Provincial de Almería. En diciembre pasado, la Fiscalía se pronunció a favor del archivo definitivo de la causa.

En esa línea, el Defensor del Pueblo recuerda que en el informe anual del Mecanismo Nacional de Prevención de 2020 se recogía una Recomendación al Ministerio de Justicia «para que fuera abolida la sujeción mecánica en los centros de internamiento para menores infractores en todo el territorio nacional», lo cual fue aceptado por la Administración.

«Según se ha informado al MNP, en ninguno de los centros visitados durante el
año 2021 se utilizaba la sujeción mecánica mediante correas a una cama», describe el informe. Sin embargo, el Defensor del Pueblo señala que en una visita al centro de internamiento de menores El Molino de Almería «disponía de dos habitaciones preparadas para la aplicación de sujeciones mecánicas mediante correas». La sugerencia efectuada a la administración para que retirasen estas dos camas «ha sido aceptada».

Algo parecido ocurrió en la visita al centro de Zaragoza, donde el MNP «apreció que tenían un protocolo de seguridad y normas de funcionamiento que incluía la sujeción mecánica mediante correas homologadas«. En este caso, la «recomendación formulada a la Administración para que se eliminara la
referencia a la sujeción mecánica y trasladaran a las personas que trabajan en el centro la prohibición de este medio coercitivo» también ha sido aceptada.

«Inmovilizar a menores mediante correas a una cama o a un objeto fijo es un uso desproporcionado de la fuerza y una medida incongruente con los criterios de un centro de ese tipo, que debe tener una orientación educativa y de reintegración social de los menores», subraya el documento.

Bajó a los infiernos. La Pascua de los “encarcelados”

El credo romano (= de los apòstoles) incluye un “articulo” clave de la iglesia antigua en el que  se dice que Jesús “descendió” a los infiernos para liberar a todos los encarcelados (condenados) de la historia humana

   La Iglesia oriental sigue representando la pascua con la imagen de Jesús que desciende a los infiernos de la historia (de la muerte y opresión humana) para liberar a todos los  condenados de la opresión del mundo para hacerles participantes de su resurrección.

    He desarrollado este “artículo” central de la fe en diversos libros, en especial en el Diccionario de la Biblia.  Desde ese fondo quiero presentar hoy dos breves reflexiones que no sirven para exponer el tema en su totalidad, sino para situarlo en un contexto más amplio de compromiso y oración cristiana, en este tiempo de Pascua. 

 | X. Pikaza

La cárcel de la historia, lugar de Dios.

  Al final de su lista de los necesitados humanas, tras los hambrientos-sedientos-extranjeros-desnudos-enfermos, como para indicar que en ellos se condensan y culminan todos los “males de Dios”, Mt 25, 31‒46 presenta a los encarcelados, esto es, a los hombres y mujeres a quienes la sociedad encierra (expulsa) como peligrosos. Precisamente ellos aparecen así como más cercanos a Jesús, Hijo de Dios que ha sido expulsado de la “viña” (de la buena sociedad) y condenado a muerte, pues no cabe en la “casa” de la “buena” sociedad dominadora (cf. Mt 21, 43).

Sin duda, algunos encarcelados representan un peligro para la vida de los demás (por perturbación psíquica o tendencias agresivas/homicidas insuperables), y no es sensato que queden sin más en libertad. Pero la mayor parte de los encarcelados son enfermos y víctimas de una falta de educación y de la violencia social. Sea como fuere, Jesús se identifica con todos ellos, y así quiere ofrecerles (recibir en ellos) una presencia humana de cuidado.

Jesús no define el posible pecado moral y social de esos encarcelados, ni instituye una dinámica de tipo judicial, para saber si son o no culpables (cf. Mt 7, 1), sino que pide a sus seguidores y a todos los que quieren responder en amor a la presencia del Dios Trinidad que les visiten/atiendan (les cuiden), definiendo así la cárcel como “casa trinitaria”.  Así se expresa la gran paradoja del evangelio: 

‒ Por un lado, Jesús pide a los hombres que visiten/ayuden a los encarcelados, no que les “castiguen” ni que les condenan. En esa línea, los cristianos están llamados no sólo a perdonarles (en el caso de que sean culpables), sino a servirles con su visita y cuidado personal. Eso significa que ellos no pueden condenarles, mandándoles a un tipo de infierno, que sería ya irrecuperable, sino que han de entender la cárcel como espacio de ayuda a los necesitados y como lugar de terapia para los culpables, es decir, como “casa activa de la Trinidad”, laboratorio de amor.

 De todas formas, ese mismo Jesús que pide que perdonemos y salvemos a los encarcelados, parece condenar a quienes no lo hacen: ¡Apartaos de mí, el fuego eterno, pues estuve encarcelado y no me visitasteis… (Mt 25,41). Así parece que este Dios Trinidad, que nos pide que perdonemos y ayudemos a todos, no cumple lo que pide: Por un lado, dice a los hombres que perdonen y ayuden siempre a los demás; por otra parte parece que tiene una cárcel eterna e inmensa (sin salida, una casa de la no‒Trinidad) para aquellos que no ayudan a los encarcelados.

 Esta paradoja ha de entenderse desde la gracia de la libertad del hombre: El Dios del amor supremo, que nos pide amar a todos, tiene que dejarnos en libertad, no puede obligarnos a “ir al cielo” (es decir, no puede tenernos a la fuerza en su Casa de Trinidad). Eso significa que nosotros podemos condenarnos a quedar fuera de Dios, no porque Dios deje de ser amor, sino porque lo es y así quiera salvarnos en amor, libremente. En esa línea, también los que ayudan a los encarcelados han de estar dispuestos a comprender el misterio del fracaso: A pesar de que quieran rehabilitar a todos los encarcelados puede haber algunos que voluntariamente se nieguen, que no quieran “redimirse”, liberarse.

            Entendido así, este pasaje (Mt 25, 31-46) nos deja en manos del misterio más hondo de la vida. (a) Por un lado, el Dios de Jesús (Casa abierta de la Trinidad) se hace presente en los que sufren (hambrientos, sedientos…), y de un modo especial en los encarcelados, y así quiere ayudarles, liberarles de su perdición y acogerles en su casa. (b) Pero, al mismo tiempo, ese Dios de Jesús de libertad en (por) amor y no pueda cambiar (liberar del infierno) a los hombres por la fuerza, sino que les deja (nos deja) en manos de nuestra propia opción, de aquello que nosotros queramos.

‒ Éste es, por un lado, el Dios del poder-supremo que entra (se encarna) en el lugar de mayor miseria (en la cárcel), invitándonos a seguirle, desde allí, acompañando a los encarcelados, pues él es el Dios que les libera (Lc 4, 18-19) y ama sin exigirles nada. En esa línea resulta difícil hablar de una cárcel para siempre, de un infierno del que Dios no pueda liberar a los que “quieran” condenarse (¡libremente, no a la fuerza!).

‒ Pero este Dios de la suprema libertad, amor gratuito, que tiene que avisar a los hombres, diciéndoles: ¡Tened cuidado, pues podéis condenaros si es que no ayudáis a los otros! Por puro amor, Dios tiene que indicar a los hombres su riesgo de infierno, advirtiéndoles que puede destruirse si no ayudan a los encarcelados.  

 En esta línea, podemos afirmar que Mt 25, 31-46 sólo habla del infierno (es decir, de la cárcel eterna) como aviso para los que no dan de comer ni cuidan los encarcelados,  pues si mantienen esa línea de conducta pueden acabar destruyéndose a sí mismos, en la cárcel que van construyendo con su egoísmo. El Dios de Jesús no quiere en modo alguno la cárcel, y por eso se ha encarnado en los encarcelados para liberarles (pidiendo a los hombres que le ayuden, ayudando a los encarcelados, para crear así la casa de la Trinidad sobre la tierra).

Pero, precisamente por eso, por amor, él proclama su amenaza (¡ay de vosotros!, cf. Lc 6, 20‒26) ante aquellos que no visitan y ayudan a los encarcelados, diciéndoles que pueden destruirse a sí mismos. Ésta no es la “amenaza de Dios”, sino la de aquellos que no quieren a Dios, es decir, a los necesitados de la tierra. No les condena Cristo (¡ha venido a salvarles!), pero tiene que elevar su aviso de amor diciendo que pueden perderse, pues la vida del hombre es gracia y libertad, y el que niega la gracia del amor puede “libremente” condenarse, no por castigo de Dios, sino a pesar del amor de Dios. Éste es el “infierno”: Dios abra su casa trinitaria para todos, pero algunos pueden rechazarla.

2 Orar con (por) los encarcelados (y descartados)

Éste es un tema clave de los salmos, en sus dos vertientes: (a) Orar desde el abismo del dolor, de la injusticia y de la muerte, en el borde de la desesperación, como el salmo “de profundis” (Sal 129/130) o el otro aún más intenso y propio del Señor crucificado: “Dios mío ¿por qué me mas abandonado?” (Sal 22/21; Mc 15, 34 par). (b) Orar en comunión (a favor de) los hombres y mujeres del abismo, los hambrientos y sedientos, extranjeros y desnudos, enfermos y encarcelados” (Mt 25, 31-46).

            Esta Oración de Cruz, como llamada dirigida a Dios y como experiencia de vinculación con los crucificados, constituye una  oración fundamental de Cristo y de la iglesia, desde el principio del Bautismo (morir en y con Cristo) hasta la Eucaristía (resucitar con el Crucificado, descubriendo sus llagas en las llagas de los crucificados). Ésta es la oración activa, vinculación y compromiso real (personal y social) a favor de los sufrientes, siendo, al mismo tiempo, o “pasiva” (en sentido radical): Contemplar al Cristo no sólo como amigo personal,  sino descubrir y venerar su presencia y acción redentora (acompañarle y ayudarle) en los crucificados de la historia.

            Así lo ha sabido la piedad del pueblo creyente, igual que la experiencia de los grandes orantes como Francisco de Asís o Juan de Cruz. Éste es no sólo el motivo de fondo de Mt 25, 31-46, principio de toda acción de amor (dar de comer, acoger, cuidar, liberar a los pobres), sino también el “argumento” supremo de la mística cristiana, desde los salmos de Israel hasta el mensaje emocionado de los evangelios y de Pablo en el NT. No se trata, simplemente, de contemplar a Dios como misterio separado, sino de verle y venerarle, acompañarle y amarle en los crucificados de la historia.

Algunos han podido minusvalorar esta oracióndel compromiso social objetando que la “ayuda y cuidado” a los pobres es un “activismo” externo, añadiendo que el cristianismo y la oración habrían de ser sólo “otra cosa”, una elevación y encuentro personal, directo, con Dios sin añadido o mezcla de otros objetivos de tipo social e incluso “político”. Pero esa objeción va en contra de la encarnación de Dios y de la unión de los dos mandamientos (amor a Dios y amor al prójimo).   

            Así preguntan los “examinados” de la tarde: ¿Cuándo te vimos hambriento, enfermo, oprimido, encarcelado…?  Cada vez que “visteis” (contemplasteis, acogisteis) a uno de estos hambrientos, oprimidos… me visteis a mí Mt 25, 31-46.  Éste es la mística cristiana más profunda, en la línea de aquello que Jesús dice a Tomás (Jn 20): “Mira mis manos clavadas, toca mi costado abierto; así me verás y tocarás cuando veas, acojas y ayudes a los crucificados de la tierra”.

            Éste es la mística del Cristo tierra/carne dolorida (cf. Jn 1, 14), carne hambrienta, ensangrentada. Mística no es sólo ver la gloria del Dios exaltado (de ella pueden hablar otras religiones), sino verle y encontrarle en la carne sufriente de los hombres, como sabe el himno más alto de la kénosis (Flp 2, 6-11).

Esta es la palabra de Mt 25, 38.42: ¿Cuándo te vimos…? Tanto aquellos que han servido-ayudado a los pobres-encarcelados como aquellos que no les han servido preguntan a: Cuándo te vimos(pote se eidomen). Ésta es la pregunta y tema central de la oración cristiana: Que la sociedad en su conjunto (y de un modo especial los seguidores de Jesús) sepan y sientan el “contenido” divino del dolor humano, el valor de la carne sangrante, dolorida, de los “crucificados” de la tierra, a quienes de pensamiento, palabra y obra han de acompañar, acompañando y ayudando así al mismo Dios encarnado.

Éste es el sentido de la oración cristiana, en el doble sentido que ella tiene en Mt 25: Sólo vemos a Dios viendo y amando en verdad a sus pobres. Por eso es necesario comenzar “viendo” de hecho (sintiendo, acogiendo) a los hambrientos-sedientos, extranjeros-desnudos, enfermos-encarcelados, oponiéndose así a una sociedad que tiende a invisibilizarles, para así justificarse a sí misma, en una estrategia defensiva, tratándoles como si no existieran.

            Esa visión de los pobres/oprimidos en Dios es el principio de la oración cristiana, en contra de la tentación de pasar de largo, como si esos “necesitados” no existieran, como si no tuvieran nada que ver con nosotros, como dice la parábola del buen samaritano, al referirse al sacerdote y al levita, que pasaron de largo sin querer “ver” al herido del camino, es decir, sin ver a Dios (cf. Lc 10, 30-37). No se trata sólo de ver a los pobres como puros sufrientes materiales (producto de un destino adverso, resultado colateral de una empresa victoriosa de los “vivos”…), sino de verles como “Dios”, contemplando en ellos a su Cristo, esto es, al mesías de Dios y portador de la salvación.

Esta experiencia radical de ver al Mesías de Dios (Dios mismo) en los necesitados forma parte del mensaje del evangelio, que ha sido preparado a lo largo del Antiguo Testamento (especialmente a través de los profetas) y que ha culminado en la vida y obra de Jesús, centrada en exigencia de ayuda a los enfermos y oprimidos, como indican, de una forma expresa Lc 4, 18-19 y Mt 11, 2-5.

            En contra de cierta tradición que quería que el Mesías nos hiciera capaces de ver al Dios siempre más alto y poderoso (un Dios aislado de los hombres, por encima de ellos), Jesús nos ha enseñado a verle en los hambrientos y sedientos de la tierra. Así lo ha formulado de manera clásica 1 Jn 4, 20 cuando afirma que no podemos amar al Di

Presos transformados

Presos transformados en ‘libros humanos’ que relatan las historias tras los barrotes

Katalina y Jason, dos de los presos que han participado en la iniciativa, en la localidad de Soto del Real. Detrás, de espaldas, los otros tres reclusos.
Katalina y Jason, dos de los presos que han participado en la iniciativa, en la localidad de Soto del Real. Detrás, de espaldas, los otros tres reclusos.

Cinco reclusos de la cárcel madrileña de Soto del Real participan en una actividad penitenciaria innovadora en España parar combatir estereotipos

Óscar López-Fonseca

ÓSCAR LÓPEZ-FONSECA

David está nervioso. Lo reflejan el ligero temblor de sus manos y ese gesto de recolocarse cada pocos segundos la mascarilla, pese a que no se ha movido. Sentado ante una mesa de la biblioteca pública de Soto del Real (Madrid), frente a él hay un par de sillas vacías que en unos minutos ocuparán dos desconocidos a los que contará cómo ha sido su vida hasta acabar en la cárcel, donde lleva tres años y medio condenado por robo con intimidación. David, nombre supuesto, es uno de los cinco presos que el pasado viernes participó en una actividad penitenciaria innovadora en los centros penitenciarios del Ministerio del Interior en la que los internos se convierten en “libros vivos”.

El objetivo: que trasmitan sus historias a grupos muy reducidos de ciudadanos para acabar con los estereotipos y prejuicios que recaen sobre las personas que terminan en la cárcel. Frente a él se sientan, poco después, dos mujeres jóvenes, Noelia y Lidia. A lo largo de las siguientes dos horas lo harán por parejas otras seis personas que han respondido al llamamiento de convertirse en “lectoras” de su relato y del de otros cuatro reclusos. “Si os parece, os cuento cómo ha sido mi vida y si queréis me vais preguntando”, les dice, tímido. “Yo tenía una vida más o menos normal…”, comienza, para luego detallar cómo la droga lo estropeó todo.

El promotor de la iniciativa es Juan Sobrino, director de la biblioteca pública donde se celebra el encuentro, en Soto del Real, de 9.000 habitantes, a 50 kilómetros al norte de Madrid y muy cerca del centro penitenciario Madrid V, que acoge un millar de reclusos. Sobrino, que ya en 2018 inició un programa para incentivar la lectura entre los presos, se fijó en Human library (la biblioteca humana), un proyecto iniciado en Dinamarca en 2000 para dar voz a colectivos marginados. “Aunque no contempla a reclusos, pensé que se podía hacer con ellos y, de este modo, que la gente pueda conocer la realidad de los presos y ponerse en su lugar”.

Las normas son claras: los presos tienen derecho a ser tratados con respeto, a dejar sin contestar las preguntas que quieran e, incluso, a dar por finalizada la conversación antes de tiempo. Los lectores no pueden tomar notas. Sobrino aspira a repetir la experiencia e, incluso, a que en el futuro algunos internos acudan a centros de enseñanza.

Jason, condenado por tráfico de drogas, habla el pasado viernes con dos de las personas que han participado en la iniciativa en la biblioteca pública de Soto del Real (Madrid).
Jason, condenado por tráfico de drogas, habla el pasado viernes con dos de las personas que han participado en la iniciativa en la biblioteca pública de Soto del Real (Madrid).

En otro extremo de la biblioteca está Pedro, también nombre supuesto, quien a sus 43 años afronta una condena de seis por traficar con drogas de diseño. Frente a él están Elena y Carolina, dos jubiladas que es la primera vez que están ante un recluso. Pedro tiene delante el guion que se ha preparado. “Soy hijo único y, podría decirse, deseado de una familia perfectamente estructurada”, arranca. A lo largo de 20 minutos, les contará cómo su vida está muy alejada del estereotipo que libros, películas y series de televisión dan a las personas que delinquen.

Ingeniero informático, con dos másteres, éxito y altos ingresos, admite que sus coqueteos con las drogas se iniciaron en la adolescencia para, con altibajos, acabar por ocupar cada vez más espacio. “Tras perder un trabajo, tuve la brillante idea de traficar [con drogas]”, recuerda con sarcasmo. El relato es duro, pero hay momentos para las sonrisas. “A mí me podía haber pasado lo mismo”, reconoce Elena. “Lo más duro es estar separado de la gente que te quiere. Ellos sufren las consecuencias de nuestros delitos”, añade Pedro.

Lourdes Gil, coordinadora general de Tratamiento y Gestión de Instituciones Penitenciarias que ha impulsado el proyecto, asegura que “es para los internos un ejercicio tan difícil como beneficioso”. Gil destaca que ser un libro humano, aunque sea por un día, ayuda a los internos a “sentirse integrados, a entrar en contacto con el otro y ser parte de la comunidad”. “Me decían que no se han visto juzgados, que han detectado más miradas de interés, de curiosidad, de ganas de entender dónde se produce el punto de quiebra en sus vidas, que de juicio. Es muy rehabilitador”, destaca. Para Gil, es un camino de doble sentido: “También el ciudadano que está fuera de la prisión descubre que tras los muros hay personas con historias”.

Daniel y Leticia escuchan el relato de Rubio, uno de los reclusos participantes en la iniciativa desarrollada el viernes en la biblioteca de Soto del Real (Madrid).
Daniel y Leticia escuchan el relato de Rubio, uno de los reclusos participantes en la iniciativa desarrollada el viernes en la biblioteca de Soto del Real (Madrid).

A sus 37 años, a Rubio aún le queda por cumplir cinco de los ocho años que un tribunal le impuso por dar una brutal paliza a alguien que le debía dinero. No era el primer problema con la justicia que tenía en su vida, marcada por el alcohol y los malos tratos que sufrió en su infancia. Ahora, cuenta los días para el próximo permiso y aspira a obtener la semilibertad y rehacer su vida con su pareja y sus dos hijos. “Ellos no saben que estoy en la cárcel. Les digo que su padre está castigado en un colegio de mayores por portarse mal y hacer daño a un hombre”, le cuenta a Sebastián y Alejandro. El primero se muestra muy interesado en saber cómo es la vida dentro de prisión, y Rubio le explica que los presos están separados en módulos y que, entre estos, hay unos más conflictivos que otros. El suyo, el número 14, donde el Proyecto Hombre ayuda a los internos a superar adicciones como la suya, es “superrespetuoso”. Sebastián se despide con un apretón de manos. “Es difícil venir aquí y contar lo que te ha pasado. Te deseo lo mejor”, le dice.

Miguel Ángel y Rafael escuchan el relato de Katalina, una presa transgénero de origen colombiano, que se ha puesto una camiseta con la bandera del arcoíris. Katalina o Kata, como la llaman todos, habla apresurada intentando no dejar fuera de su relato de pocos minutos nada de su azarosa vida: su infancia y juventud en su país natal, su paso cuando era un crío por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y su lucha porque se respetase su identidad sexual, pero también la llegada a España y cómo se vio abocada a prostituirse y trapichear para sobrevivir.

“Quiero que la gente conozca por lo que he pasado”, dice a los dos hombres que se sientan frente a ella, a los que muestra la cicatriz que un machetazo le dejó en el brazo izquierdo. Cuando Miguel Ángel le plantea si tiene miedo a lo que encontrará en la calle cuando recupere la libertad, dice que no: “Cuando entré en la cárcel me sentí morir, no me respetaba a mí mismo, pero ahora pienso en positivo y tengo planes”. ¿Cuáles? “He aprendido a leer y escribir y me gustaría dedicarme al estilismo”, añade.

Katalina, reclusa trans, cuenta a dos de los participantes en la iniciativa su vida en Colombia y España hasta acabar en la cárcel de Soto del Real.
Katalina, reclusa trans, cuenta a dos de los participantes en la iniciativa su vida en Colombia y España hasta acabar en la cárcel de Soto del Real.

Luis Carlos Antón, director de la cárcel, conoce la historia de todos y cómo ha sido su evolución dentro, no siempre fácil. Asegura que algunos le manifestaron, antes de participar, su miedo ante este “ejercicio de exposición”. Sin embargo, está convencido de que “ha sido una experiencia muy gratificante para todos. Para los internos tiene un valor inmenso saberse parte de la comunidad, que este tiempo de privación de libertad no anula su lugar en la sociedad. Esto es la reinserción, por lo que trabajamos”, añade antes de mostrar su disposición a que se sigan celebrando.

Jason llegó a España con siete años desde la República Dominicana junto a su familia. Ahora, con 32, cumple siete años de condena por tráfico de drogas. Antes del comenzar la experiencia, se muestra intranquilo: “Voy a estar con personas a las que no conozco y no sé qué me van a preguntar”. Él, que admite que estuvo a punto de suicidarse por los problemas de ludopatía que le arrastraron a traficar, asegura a Leticia y Daniel que lo que más le duele es ver como ha estado “jodiendo la vida” a su familia. Al término del encuentro, la pareja reconoce haberse sorprendido de la sinceridad del recluso. “Se ha mostrado muy vulnerable”, destaca Leticia. Jason ha acabado la jornada sonriendo, satisfecho de haber retrasado un permiso penitenciario para participar en el encuentro. “Me siento vivo como nunca”, asegura. ¿Repetirías como libro humano? “Sin duda”. Poco después, él y sus cuatro compañeros regresan a sus celdas.

Los indultos de Semana Santa

7 presos indultados con motivo de la Semana Santa

El Consejo de Ministros ha aplicado esta medida de gracia tras las solicitudes de diversas cofradías y hermandades españolas

En el camino de vuelta a la normalidad en las celebraciones de Semana Santa, junto a las procesiones, algunas cofradías y hermandades españolas tienen en su misión la redención de los presidiarios y por ello solicitan diferentes indultos. Finalmente, el Consejo de Ministros ha accedido a indultar a 7 de los 28 presos solicitados por las corporaciones, lo que supone una carta parte de lo pedido.


Indultos condicionados

Según datos del Ministerio de Justicia que publica El independiente, se han recibido casi una treintena de solicitudes de 15 hermandades radicadas en Andalucía, Castilla y León, Aragón, la Comunidad Valenciana, Asturias y Cantabria. Esta petición se hace siguiendo una tradición que se remonta al reinado de Carlos III, a finales del siglo XVIII. Todos estos indultos están condicionados a que los beneficiarios no vuelvan a cometer delitos en dos años.

Así, en Málaga se ha indultado por petición de la hermandad de Jesús El Rico a un recluso condenado a 2 años por un delito contra la salud pública. Por medio de la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad y Descendimiento del Señor de Granada se liberará a una mujer condenada por apropiación indebida y que se unirá a la procesión. La Cofradía del Rescate y la Virgen de los Dolores de Linares (Jaén) ha logrado la libertad de un sentenciado por un delito contra la salud pública. La Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Perdón de Salamanca ha obtenido el indulto para un hombre que conducía un vehículo sin tener el permiso pertinente.

Debate en el Congreso sobre la prisión permanente

El Congreso debate este martes extender la prisión permanente a los asesinos que oculten el cadáver

El Pleno del Congreso debate este martes la toma en consideración de la propuesta del PPCiudadanos y varias formaciones del grupo mixto de reforma del Código Penal para castigar con prisión permanente revisable a los asesinos que oculten el cadáver y a los que vuelvan a matar tras salir de prisión.

Un debate que comenzará en torno a las 16:00 horas, pero antes familiares de las jóvenes asesinadas Marta de Calvo, Marta del Castillo y Diana Quer comparecerán ante los medios de comunicación a las puertas de a Cámara Baja para mostrar su apoyo a la iniciativa.

El PP firma una proposición de ley para extender la prisión permanente a esos supuestos, iniciativa a la que también se suman Ciudadanos y formaciones como Coalición Canarias o Foro Asturias.

Tras destacar que la sociedad española está mayoritariamente a favor de un máximo castigo para delitos de especial gravedad y recordar el reciente aval del Tribunal Constitucional, apuestan por aplicar la prisión permanente en los casos en los que, además de un asesinato, se oculta el cadáver, causando un dolor añadido y «un daño concreto y específico» a familiares y allegados de la víctima.

A su juicio, se cumpliría así con el «efecto retributivo» de la pena, al imponer un castigo mayor al que se aplica en el caso de asesinato, y se «proporcionaría un estímulo al reo» para revelar el paradero del cuerpo.

Extender la pena a los asesinos reincidentes

Plantean además castigar con prisión permanente a los asesinos reincidentes: «Sorprende a los ciudadanos ver casos en los que un delincuente ya condenado por asesinato en el pasado vuelve a cometer tal delito al encontrarse de nuevo en libertad».

Para los impulsores de esta iniciativa, la reincidencia revela «una tendencia criminal de la que la sociedad tiene el legítimo derecho a precaverse».

En estos momentos se aplica prisión permanente en ocho supuestos: el asesinato de menor de 16 años o de una persona especialmente vulnerable; el cometido junto a un delito sexual; cuando el asesino pertenece a un grupo criminal; el asesinato múltiple; matar al rey, la reina o al príncipe o princesa de Asturias; matar a un jefe de Estado extranjero; y el genocidio y los crímenes para la humanidad.

Acarrea el cumplimiento íntegro de entre 25 y 35 años, dependiendo del tipo del delito y de si la pena es por uno o varios hechos, tras lo cual se revisará; si no se cumplen determinados requisitos para la libertad, el preso seguirá en la cárcel.

Mayor justicia para los presos del 11-J en Cuba

Comunicado de la Conferencia Cubana de Religosas y ReligiososCONCUR demanda mayor justicia para los presos del 11J, manifestantes pacíficos en su mayoría

Protestas 11J en La Habana
Protestas 11J en La Habana

Después de ocho meses de los acontecimientos del 11J, aún hay detenidos en espera de jucio. 790 personas han sido instruidas, según la Fiscalía General de la República, de los cuales muchos aún están en prisión

115 procesados tienen entre 16 y 20 años, siendo considerados penalmente responsables

Además, el 79% de los procesados no tiene antecedentes penales. Las peticiones fiscales y las sentencias son excesivamente severas sin tener en cuenta esta atenuante

«Acuérdense de los presos, como si ustedes fueran sus compañeros de cárcel, y también de los que son maltratados, como si fueran ustedes mismos los que sufren». Hebreos 13, 3

12.03.2022 | CONCUR

Después de ocho meses de los acontecimientos del 11J,* *en el acompañamiento a las familias de los detenidos, constatamos que:

1. Aún hay detenidos en espera de juicio, muchos de ellos con medida cautelar de prisión provisional, la cual debió ser usada como último recurso. La Fiscalía General de la República ha informado que esta medida fue aplicada en el 69% de los procesados. La ley establece un tiempo para la fase investigativa que en muchos casos ha sido superado usando la prórroga extraordinaria.

2. El 79% de los procesados no tiene antecedentes penales. Las peticiones fiscales y las sentencias son excesivamente severas sin tener en cuenta esta atenuante. 

Juicios

3. Según informa la Fiscalía General de la República, 115 procesados tienen entre 16 y 20 años, siendo considerados penalmente responsables. Esta realidad es muy preocupante. Además, en lo que respecta a los menores de 18 años, no es coherente con la Convención de los Derechos del Niño, de la cual Cuba es signataria.

4. En muchos juicios orales hay desproporción entre las pruebas presentadas por la defensa y las de la Fiscalía, debido a que la mayoría de los testigos son miembros del MININT, a pesar de tratarse de hechos multitudinarios. También se han valorado como pruebas concluyentes lo que solo son indicios (técnico canina).

*Considerando lo anterior, sugerimos a las familias, en cualquier caso, presentar el recurso de apelación.*

Nos duele que como sociedad veamos normal que han sido instruidas de cargo 790 personas, según la Fiscalía General de la República, de los cuales muchos aún están en prisión. Esta situación en sí es injusta, sobre todo en el caso de aquellos que se manifestaron pacíficamente.

_“Acuérdense de los presos, como si ustedes fueran sus compañeros de cárcel, y también de los que son maltratados, como si fueran ustedes mismos los que sufren». Hebreos 13, 3

El Papa con los presos

El Papa, sobre los presos: “Es justo que quien se ha equivocado pague por su error, pero también que pueda redimirse”

El Papa, con los presos
El Papa, con los presos

«Es necesaria una revolución de la ternura. Sin esta revolución de la ternura corremos el riesgo de permanecer presos en una justicia que no  permite levantarnos fácilmente y que confunde la redención con el castigo»

«La ternura es la experiencia de sentirse amados y acogidos precisamente en nuestra pobreza y  en nuestra miseria, y por tanto transformados por el amor de Dios»

PorJosé Manuel Vidal

Caminando con su peculiar estilo bamboleante, entró el Papa Francisco en la amplia sala Pablo VI, para presidir la audiencia de los miércoles. En su ciclo sobre la catequesis dedicada a San José, aborda el aspecto de ‘San José, padre de la ternura” y en esta virtud y en la justicia educó a Jesús. Por eso, Francisco aseguró que “la ternura es algo más grande que la lógica del  mundo. Es una forma inesperada de hacer justicia” y que “sin esta ‘revolución de la ternura’ corremos el riesgo de permanecer presos en una justicia que no  permite levantarnos fácilmente y que confunde la redención con el castigo”. Por eso, el Papa pide reinserción de los presos: “Es justo que quien  se ha equivocado pague por su error, pero también lo es que quien se ha equivocado pueda  redimirse”

En su saludo en italiano, el Papa recuerda a la población de las islas de Tonga, afectada por la erupción del volcán submarino y pide a Dios «alivio en su sufrimiento».

recuerda a los trabajadores de AirItaly y desea que su situación laboral «pueda encontrar una solución positiva, respetando los derechos de todos, especialmente de las familias». Y añade: «Es importante custodiar los derechos laborales de todos».

San José con el Niño

Catequesis del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! 

Hoy quisiera profundizar en la figura de San José como padre en la ternura. 

En la Carta Apostólica Patris corde (8 de diciembre de 2020) pude reflexionar sobre este aspecto  de la personalidad de San José. De hecho, incluso si los Evangelios no nos dan particularidades sobre  cómo ejerció su paternidad, podemos estar seguros de que su ser hombre “justo” se tradujo también en la  educación dada a Jesús. «José vio a Jesús progresar día tras día “en sabiduría, en estatura y en gracia ante  Dios y los hombres” (Lc 2,52). Como hizo el Señor con Israel, así él “le enseñó a caminar, y lo tomaba en  sus brazos: era para él como el padre que alza a un niño hasta sus mejillas, y se inclina hacia él para darle  de comer” (cf. Os 11,3-4)» (Patris corde, 2). ¡Qué bonita definición de la Biblia!

Los Evangelios atestiguan que Jesús usó siempre la palabra “padre” para hablar de Dios y de su  amor. Muchas parábolas tienen como protagonista la figura de un padre. [1] Entre las más famosas está  seguramente la del Padre misericordioso, contada por el evangelista Lucas (cfr Lc 15,11-32).  Precisamente en esta parábola se subraya, además de la experiencia del pecado y del perdón, también la  forma en la que el perdón alcanza a la persona que se ha equivocado. El texto dice así: «Estando él  todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente» (v. 20). El  hijo se esperaba un castigo, una justicia que al máximo le habría podido dar el lugar de uno de los siervos,  pero se encuentra envuelto por el abrazo del padre.

La ternura es algo más grande que la lógica del  mundo. Es una forma inesperada de hacer justicia. Por eso no debemos olvidar nunca que Dios no se ha  asustado de nuestros pecados, de nuestros errores, de nuestras caídas, sino que se asusta por el cierre de  nuestro corazón, de nuestra falta de fe en su amor. Hay una gran ternura en la experiencia del amor de  Dios. Y es bonito pensar que el primero que transmite a Jesús esta realidad haya sido precisamente José.  De hecho, las cosas de Dios nos alcanzan siempre a través de la mediación de experiencias humanas. Hace un tiempo, un grupo de jóvenes que hacen teatro quedaron golpeados por esta palabra del padre misericordioso y montaron una obra de teatro. Hacer cuentas con Dios es algo bello, porque, cuando comenzamos a pedir perdón, El nos abraza.

Entonces podemos preguntarnos si nosotros mismos hemos experimentado esta ternura, y si a su  vez nos hemos convertido en testigos de ella. De hecho, la ternura no es en primer lugar una cuestión  emotiva o sentimental: es la experiencia de sentirse amados y acogidos precisamente en nuestra pobreza y  en nuestra miseria, y por tanto transformados por el amor de Dios. 

Dios no confía solo en nuestros talentos, sino también en nuestra debilidad redimida. Esto, por  ejemplo, lleva a San Pablo a decir que también hay un proyecto sobre su fragilidad. Así, de hecho, escribe  a la comunidad de Corinto: «Para que no me engreía con la sublimidad de esas revelaciones, fue dado un  aguijón a mi carne, un ángel de Satanás que me abofetea […]. Por este motivo tres veces rogué al Señor  que se alejase de mí. Pero él me dijo: “Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la  flaqueza”» (2 Cor 12,7-9). El Señor nos ayuda a caminar con nuestras debilidades, porque nos lleva de la mano.

La experiencia de la ternura consiste en ver el poder de Dios pasar  precisamente a través de lo que nos hace más frágiles; siempre y cuando nos convirtamos de la mirada del  Maligno que «nos hace mirar nuestra fragilidad con un juicio negativo», mientras que el Espíritu Santo  «la saca a la luz con ternura» (Patris corde, 2). Los enfermeros y enfermeras tocan las heridas de los enfermos con ternura. Así toca el Señor nuestras heridas también. «La ternura es el mejor modo para tocar lo que es frágil en  nosotros. […] Por esta razón es importante encontrarnos con la Misericordia de Dios, especialmente en el  sacramento de la Reconciliación, teniendo una experiencia de verdad y ternura. Paradójicamente, incluso  el Maligno puede decirnos la verdad, pero, si lo hace, es para condenarnos. Sabemos, sin embargo, que la  Verdad que viene de Dios no nos condena, sino que nos acoge, nos abraza, nos sostiene, nos perdona»  (Patris corde, 2).  Dios perdona siempre. Metan bien esto en la cabeza y en el corazón. Nosotros nos cansamos de pedir perdón; Él perdona siempre.

Nos hace bien entonces mirarnos en la paternidad de José y preguntarnos si permitimos al Señor  que nos ame con su ternura, transformando a cada uno de nosotros en hombres y mujeres capaces de amar  así. Es necesaria una revolución de la ternura. Sin esta “revolución de la ternura” corremos el riesgo de permanecer presos en una justicia que no  permite levantarnos fácilmente y que confunde la redención con el castigo. Por esto, hoy quiero recordar  de forma particular a nuestros hermanos y a nuestras hermanas que están en la cárcel. Es justo que quien  se ha equivocado pague por su error, pero es igualmente justo que quien se ha equivocado pueda  redimirse del propio error. No puede haber condena sin una ventana de esperanza. Pensemos en los encarcelados y recemos por ellos.

Y concluimos con esta oración: 

San José, padre en la ternura, 

enséñanos a aceptar ser amados precisamente en lo que en nosotros es más débil. Haz que no pongamos ningún impedimento 

entre nuestra pobreza y la grandeza del amor de Dios. 

Suscita en nosotros el deseo de acercarnos al Sacramento de la Reconciliación, 

para ser perdonados y también capaces de amar con ternura 

a nuestros hermanos y a nuestras hermanas en su pobreza. 

Sé cercano a aquellos que se han equivocado y por esto pagan un precio; 

ayúdales a encontrar, junto a la justicia, también la ternura para poder volver a empezar. Y enséñales que la primera forma de volver a empezar 

es pedir perdón sinceramente. 

Amén. 

_________________ 

[1] Cfr Mt 15,13; 21,28-30; 22,2; Lc 15,11-32; Jn 5,19-23; 6,32-40; 14,2;15,1.8. 

Saludo en español

Queridos hermanos y hermanas: 

En esta catequesis reflexionamos sobre san José como padre en la ternura. Los evangelios no  dan detalles del modo en que José ejerció su paternidad, pero podemos intuir que el hecho de haber  sido un hombre “justo” influyó en la educación que le dio a Jesús, al que vio crecer «en sabiduría, en estatura y en gracia» (Lc 2,52). Por otra parte, Jesús usaba con frecuencia la palabra “padre” para hablar de Dios y de la ternura con que nos ama. Y es hermoso pensar que el primero en transmitir a  Jesús esta realidad haya sido José, que lo amó con corazón de padre.  

En la parábola del Padre misericordioso, Jesús hace referencia a la paternidad de Dios que,  sin detenerse en los errores de su hijo, lo acoge con ternura y alegría, con una actitud desbordante y  gratuita de amor y de perdón que supera toda lógica humana. Podemos preguntarnos si dejamos a  Dios que nos ame con esa misma ternura para que, llenos de su amor, seamos capaces de amar así a  los demás.  

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Los invito a acercarse al Sacramento de  la Reconciliación para experimentar la misericordia y la ternura de Dios, que nos ayuda a superar nuestras caídas, a levantarnos y a aprender a amar según la medida de su Corazón paternal. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias. 

Pastoral penitenciaria

Florencio Roselló: «Cuantos más presos tenga un país, una sociedad, más evidencia su fracaso social»

«El que se les pregunte a los presos sobre la Iglesia, sobre la Jerarquía, sobre las celebraciones, sobre la idea que tienen de la Iglesia, sobre su relación con la Iglesia está resultando interesante y sorprendente. A los presos pocas veces se les pide su opinión por cualquier tema»

«Cuando una sociedad no sabe qué hacer con las personas que cometen fallos por distintas causas (droga, enfermedad mental, inmigración…) y la única solución es la prisión, algo estamos haciendo mal»

«No preguntamos a nadie por qué está en la cárcel. Nos interesa la persona y todo lo relacionado con ella, familia, situación persona. Vamos un poco contracorriente, porque la sociedad despierta y se interesa por la cárcel ante delitos mediáticos y sorprendentes, y nosotros reaccionamos ante la necesidad de la persona presa, ante sus problemas»

Por Jordi Pacheco

Cerca de 60 mil personas de promedio cumplen penas en las cárceles de España, según datos del Ministerio del Interior del año 2020. Conocemos las cifras, pero poco sabemos, en cambio, de los dramas familiares y de las necesidades que se esconden tras el mundo de las prisiones, que son las grandes silenciadas de la sociedad. En ellas realiza su labor de acompañamiento la pastoral penitenciaria a través de una extensa red de capellanes y voluntarios que, en este 2021, llevan también la voz del Sínodo a los presos en un proceso en el que, según el padreFlorencio Rosellóla Iglesia debe estar abierta a recibir respuestas, opiniones, comentarios que no tal vez no espera. De hecho, tal como confiesa este mercedario director de Pastoral Penitenciaria, ya han llegado a su departamento algunos trabajos de algunas prisiones que “sorprenden por su crítica, y también por su adhesión a la Iglesia de a pie, la que ellos conocen en prisión”.

¿Cómo es el material que han preparado desde el Departamento de Pastoral Penitenciaria para llevar el sínodo a las prisiones y cómo se pretende hacerlo llegar a los presos?

El material que se ha preparado ha sido adaptado a la realidad de los presos y de las prisiones. Hemos intentado “aterrizar” los contenidos a su realidad concreta, que en muchos casos es de nula participación en la Iglesia cuando estaba en la calle, pero que se ha acercado a la Iglesia en prisión, bien por interés (ropa, dinero, permisos, libertad…), por curiosidad o por vivencia personal, que también la hay. Los presos, como la propia sociedad, aunque no hayan participado de la vida de la Iglesia, también opinan de la Iglesia, y eso a la Pastoral Penitenciaria nos interesa, y por eso hemos adaptado este material a su realidad.

¿Cómo está siendo recibido en los centros? ¿Se ha empezado a poner en práctica? 

Ha habido que explicarles qué es un sínodo, la Sinodalidad, todo. Su experiencia eclesial y de fe es mínima, por eso hay que empezar de cero. Pero el hecho de que se les pregunte qué opinan de tal o cual tema ya es positivo. El que se les pregunte sobre la Iglesia, sobre la Jerarquía, sobre las celebraciones, sobre la idea que tienen de la Iglesia, sobre su relación con la Iglesia está resultando interesante y sorprendente. A los presos pocas veces se les pregunta su opinión por cualquier tema. 

El preso tiene dos visiones muy diferentes de la misma Iglesia, por un lado la Iglesia que ellos conocen, la Pastoral Penitenciaria que les lleva ropa, que les pone dinero en peculio, que les acoge en permisos, que les mira a los ojos…pero sobre todo que nos les juzga ni condena, esta es muy positiva; y por otro lado la Iglesia institución, jerarquía, la ven diferente, con poder y prestigio.

Como mercedario, ha dedicado su vida al mundo de las prisiones. ¿Qué le ha aportado esta experiencia al lado de quienes viven entre las cuatro paredes de la cárcel?

Ya antes de ordenarme comencé a trabajar en prisiones, y desde entonces, y son más de treinta años como sacerdote, no he dejado de pisar una cárcel ni de encontrarme a Cristo en el hombre y mujer preso. Mi relación con el preso, con la cárcel configuró mi vocación mercedaria. Hoy soy lo que soy gracias a muchos presos y presas necesitados de misericordia, pero que al final fueron ellos los que, como diría el Papa Francisco, me “misericordiaron”. Muchos sábados y domingos termino la celebración de la misa diciendo, “gracias por permitirme celebrar con vosotros/as”.

El encuentro con ellos me habla de que no soy mejor. Muchos presos tienen un gran corazón. Mucho antes que lo dijese el Papa Francisco, por los años noventa, yo ya decía “qué hubiese sido de mi vida si hubiese estado en su situación”. No soy mejor que ellos. Es injusto, pero quizás Dios me ha tratado mejor que a ellos sin yo merecerlo, y a veces me pregunto por qué.

La prisión es un modo de apartar de la sociedad a muchas personas que no han tenido suerte en sus vidas, que han nacido tal vez en un entorno favorable y han sido empujadas a una vida poco ordenada. Desde la opinión pública y desde la misma justicia, sin embargo, parece como si esto no se tuviera en cuenta, ¿qué opina?

Es triste que la única solución para muchas personas sea la cárcel. Cuantos más presos tenga un país, una sociedad, más evidencia su fracaso social. Cuando una sociedad no sabe qué hacer con las personas que cometen fallos por distintas causas (droga, enfermedad mental, inmigración…) y la única solución es la prisión, algo estamos haciendo mal. Mucho número de presos no significa mayor seguridad en la calle, sino que no sabemos abordar los problemas reales. Pues hay soluciones que no pasan por la prisión. El ingreso en la cárcel lo único que hace es alargar el problema y no solucionarlo. A la salida ese problema sale nuevamente. 

Pero también mucha gente se pregunta por la víctima del delito. Es cierto que hasta hace unos años ha sido la gran olvidada del delito y del conflicto. Pero la Iglesia cree en la Justicia Restaurativa. No hay reinserción real sin la víctima. El infractor debe conocer el daño causado y si es posible repararlo. Y la Iglesia ha participado en encuentros restaurativos donde se ha reconciliado con la víctima, y donde ha reparado el daño.

Afirma usted que la Pastoral Penitenciaria tiene la conciencia tranquila porque vive el Evangelio en primera persona, y en primera línea pastoral. En este sentido, ustedes deben de tener razones para sentirse reconfortados.

No me gusta la autocomplacencia, no soy amigo de halagos, es peligroso porque puede llevar a instalarnos y a conformarnos con poco. Mientras haya un hombre o mujer en prisión ni me puedo conformar ni tener la conciencia tranquila. Cuando digo vivimos el Evangelio en primera persona estoy diciendo que cada vez que voy a prisión me encuentro con el mismo Cristo preso, y eso para mí, como cristiano, mercedario y sacerdote, es un privilegio. Pero es cierto que nos sentimos bien, porque ir a prisión es una opción libre, evangélica y vocacional, y eso reconforta.

La Pastoral Penitenciaria no pregunta al preso qué ha hecho ni por qué está en la cárcel. Esto supone ir contracorriente, porque vivimos en una sociedad que juzga constantemente. Para construir un mundo humano y justo, ¿debemos aprender a juzgar menos y perdonar más?

No preguntamos por qué está. Nos interesa la persona y todo lo relacionado con ella, familia, situación personal…Y sí, vamos un poco contracorriente, porque la sociedad despierta y se interesa por la cárcel ante delitos mediáticos y sorprendentes, y nosotros reaccionamos ante la necesidad de la persona presa, ante sus problemas. Vivimos en una sociedad en que cada ciudadano es un juez, y tiene muy clara la sentencia ante delitos de telediario. Una sociedad que busca mayor dureza en las penas y menos oportunidades en la reinserción, aunque luego digamos que las cárceles no reinsertan, ¿una contradicción, no?. ¿Juzgar menos y perdonar más?, contesto con la reflexión del Papa Francisco cuando visita una prisión; se detiene en la puerta antes de entrar y dice “¿Por qué ellos y no yo?”, esta frase resume el ¿quién soy yo para juzgar?

¿Qué pediría a la Iglesia y a la sociedad?

Que humanicemos nuestras opiniones y reflexiones sobre los presos. Detrás de cada caso hay personas, también víctimas, hay familias que necesitan acompañamiento. Pediría a la Iglesia que sea acogedora, que tenga puertas abiertas para que el que sale de prisión, que haga efectiva la misericordia, que no confunda ni mezcle delito con pecado. A la sociedad que crea en la reinserción, que crea en las segundas oportunidades. La reinserción es un derecho constitucional recogido en el artículo 25. Hoy en día se ha democratizado mucho el perfil de los presos. En la actualidad nos encontramos presos de todos los estamentos sociales, por diferentes delitos que antes no entraban en prisión (delitos económicos; violencia de género, delitos de tráfico;…)…un día, este nuevo perfil de preso, puedes ser tú.

Tortura en la cárceles

El comité para la prevenciòn de la tortura documenta más de 20 casos de malos tratos en cárceles y comisarías españolas 

El informe correspondiente a 2020 recoge distintas actuaciones contrarias a los derechos humanos por parte de Policía Nacional, Guardia Civil o funcionarios de Prisiones. También se incluyen datos relacionados con centros de menores. 

DANILO ALBIN@DANIALRI 

Las denuncias de torturas y malos tratos en dependencias policiales, prisiones y centros de menores en España han encontrado reflejo en un informe oficial. El Comité Europeo para la Prevención de la Tortura (CPT) ha identificado una serie de vulneraciones a los derechos humanos en esos ámbitos, tal como queda expuesto en el informe sobre España que este martes ha publicado dicho organismo. 

El documento que acaba de ver la luz ha sido elaborado tras la visita realizada en septiembre de 2020 por una delegación del CPT, que «examinó el trato y las condiciones de detención de hombres y mujeres recluidos en varias prisiones y en los dos hospitales psiquiátricos penitenciarios de Alicante y Sevilla, así como en un centro de detención para menores en Algeciras». Además, «se examinó el trato y las garantías ofrecidas a las personas privadas de libertad por la Policía». 

En total, el informe documenta 21 casos de torturas o malos tratos a manos de la Policía Nacional, Guardia Civil, funcionarios de Prisiones y personal de centros de internamiento de menores. En esa línea, destaca que «la delegación del CPT recibió un número importante de denuncias de malos tratos, incluso de menores, que afectaban principalmente a la Policía Nacional». 

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PÚBLICO 

«Los malos tratos se infligían supuestamente como medio para obligar a los sospechosos a proporcionar información o a confesar determinados delitos o para castigarlos por el supuesto delito cometido», indica. 

Del mismo modo, «la delegación escuchó algunas denuncias de abusos verbales por parte de los agentes de policía hacia las personas detenidas, en particular los extranjeros, y de esposas excesivamente apretadas». De hecho, el informe hace referencia a varios casos de malos tratos a modo de ejemplo. 

«Es necesaria una acción concertada para abordar el problema de los malos tratos por parte de los agentes de la ley. Esto debería incluir un mensaje claro por parte del Ministro del Interior y de los líderes de la Policía de que tal comportamiento es ilegal y poco profesional, y que será sancionado en consecuencia», remarca. 

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ANA MACANNUCO 

Además, el CPT «reitera la importancia de una supervisión y formación adecuadas de los agentes de las fuerzas del orden, y de la necesidad de llevar a cabo investigaciones eficaces sobre las denuncias de malos tratos». También subraya la importancia de que las grabaciones de las cámaras de seguridad «se almacenen durante un mínimo de 30 días en todas las instalaciones de las fuerzas del orden». 

El documento recoge distintos casos concretos de malos tratos policiales. Uno de ellos, por ejemplo, relata que «un menor extranjero fue detenido a las 15.00 del 26 de septiembre de 2020 en la Casa de Campo de Madrid. Alegó que cinco policías acudieron a detener a otros menores y que se enzarzó con ellos en una discusión verbal que llevó a un agente a darle una bofetada en el cuello y tirarlo al suelo». 

«Le inmovilizaron en el suelo y un agente le puso una rodilla en la cabeza y otro en la espalda mientras le esposaban las manos a la espalda. Posteriormente, alegó que fue sometido a múltiples patadas, puñetazos y golpes de porra en varias partes de su cuerpo mientras estaba tendido en el suelo. El SAMUR que acudió́ a la comisaria observó hematomas en el codo y el hombro izquierdos, además de una excoriación (desgaste de la piel) visible en la frente», describe. 

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JAIRO VARGAS MARTÍN 

El informe recoge otro caso en Valencia, originado al parecer por una discusión con un hombre que no llevaba mascarilla y a quien «el policía le empujó contra la pared y le dio un puñetazo en la cara». «Otros agentes le agarraron de los brazos, se los retorcieron y le aplicaron las esposas con fuerza», relata. El médico del CPT «observó marcas de esposas en ambas muñecas y una hemorragia subconjuntival en el ojo izquierdo cuando el detenido fue entrevistado unas 10 horas después». 

También en Valencia, «un ciudadano extranjero con escaso nivel de español alegó que el 11 de junio de 2020 fue detenido por agentes de policía vestidos de paisano y que, una vez puesto en el suelo, le apuntaron con una pistola a la cabeza y recibieron varios golpes de porra en el cuerpo. Afirmó que le pusieron en fila con otros ocho sospechosos y le hicieron arrodillarse frente a una pared mientras le esposaban por la espalda. Posteriormente, lo llevaron a la esquina donde varios agentes le propinaron múltiples puñetazos en el cuerpo». 

Golpes a presos 

En el ámbito de Prisiones, la delegación del CPT recibió́ un gran número de alegaciones consistentes y creíbles de malos tratos físicos recientes por parte del personal, sobre todo en los módulos ordinarios denominados «conflictivos» que se consideraba que acogían a los presos más difíciles y en los módulos de régimen cerrado y departamentos especiales. 

Los reclusos que cometieron actos de autolesión, algunos de los cuales padecían una enfermedad mental, también alegaron que fueron maltratados como castigo por haberse autolesionado. 

El informe del CPT indica que «en la mayoría de los casos, los supuestos malos tratos consistían en bofetadas en la cabeza y en la parte superior del cuerpo por parte de funcionarios que llevaban guantes. Sin embargo, en cada una de las prisiones visitadas se recibieron varias denuncias mucho más graves de puñetazos, patadas y golpes con porras». 

«En varios casos, los presuntos malos tratos se aplicaron como castigo informal tras casos en los que el personal consideró que los presos habían sido desobedientes (por ejemplo, por participar en un altercado verbal, por llegar tarde al encierro o por molestar a los funcionarios durante el mismo) o tras casos de violencia entre presos», señala