Situación de la Parroquia

Gilles Routhier: “La parroquia clásica se está desmoronando lentamente”

Gilles Routhier y su presentador

“La parroquia, heredera de Trento, ya no funciona ni se adapta a la realidad actual”

“No se trata de adaptar la parroquia a la nueva realidad urbana, sino de preguntarse qué figura institucional es la más adecuada para asegurar el anuncio del Evangelio en las grandes ciudades”

“La catedral como lugar de encuentro de las diferencias, lugar de comunión y de reconciliación”

“La iglesia debe ser abierta y no debe estar ligada a un territorio”

Por José Manuel Vidal enviado especial a México

“La parroquia clásica, tal y como la conocemos se está desmoronando lentamente”. El diagnóstico es claro y tajante y procede de la mente privilegiada del teólogo quebequense Gilles Routhier, uno de los mejores pastoralistas del momento, profesor de la Universidad Laval y rector del seminario de la archidiócesis de Quebec. Por eso, además de diagnosticar, avanza la solución: caminar hacia “una iglesia-ciudad”.

Había expectación en el Congreso de pastoral urbana de la arquidiócesis de México, que se está celebrando en el seminario conciliar, por escuchar al pastoralista quebequense Gilles Routhier. Y no defraudó, ofreciendo una ponencia corta, clara y contundente, sin remilgos al uso y sin medias verdades.

Routhier comenzó señalando que “el cristianismo nació en la ciudad y la parroquia, en el campo” y, por lo tanto, desde siempre se planteó el problema de cómo adaptar la parroquia a la ciudad. A su juicio, en la actualidad “esa parroquia, heredera de Trento, ya no funciona ni se adapta a la realidad actual, y se está desmoronando lentamente”.

Ante esta situación y a juicio del pastoralista, “no se trata de adaptar la parroquia a la nueva realidad urbana, sino de preguntarse qué figura institucional es la más adecuada para asegurar el anuncio del Evangelio en las grandes ciudades”.

Para hacerlo, apuntó varias iniciativas. Primero, “tomar la realidad urbana como punto de partida de la manera de pensar el Evangelio en la ciudad, en lugar de partir de nuestros marcos institucionales, para adaptarlos a la ciudad”.

En segundo lugar, “identificar y examinar experiencias que intentan crear prácticas pastorales y formas eclesiales dentro de las grandes ciudades”. Y tercero, “explorar otras maneras de hacer presente el Evangelio en la ciudad a través de la historia”.

Congreso-parroquia

Gilles Routhier aboga, pues, por ir caminando hacia “una Iglesia-ciudad” en “una sociedad que se construye fuera de la Iglesia y sin referencias a ella”. Y para ello, propuso tres elementos.

El primero, la catedral “como lugar de encuentro de las diferencias, lugar de comunión y de reconciliación”. El segundo elemento sería transformar las parroquias en “lugares flexibles, para acompañar a nuestro contemporáneos” en continuo movimiento sobre todo los fines de semana. Y en tercer lugar, “la iglesia debe ser abierta y no debe estar ligada a un territorio”.

Sentado el diagnóstico y las propuestas, Gilles Routhier avanzó su conclusión: “La ciudad nos espera. Se trata de pensar la evangelización a partir de la ciudad y, para eso, necesitamos conversión, si queremos conseguir una profunda reforma de la Iglesia”.

Es decir, “se trata de anunciar el Evangelio en la ciudad, no de adaptar la parroquia a la ciudad”. 

Acabar con el clericalismo

“Cristianismo clerical, cristianismo formalista, cristianismo apagado y endurecido”

Clericalismo
Clericalismo

Contradicciones entre la palabra del Papa y la realidad eclesial (1)

«La ‘prudencia’ clerical ha apagado mucho del Espíritu: desde la libertad creativa (marginando y luego rehabilitando a teólogos, pensadores…, impidiendo reformas litúrgicas y jurídicas…), hasta el diálogo sincero, la cultura»

«Todo lo que merma el protagonismo clerical, es puesto en entredicho. Ahí están muchos de los resúmenes diocesanos presentados para el Sínodo. Siguen en ‘lo de siempre'»

Por Rufo González

La homilía pronunciada en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo (29.06.2022) gira en torno a dos ejes. Dos actitudes vividas por Pedro y Pablo. La primera es del relato de la prisión y liberación milagrosa de Pedro: “¡Levántate rápido! (Hch 12,7). La segunda es traída de la Segunda Carta a Timoteo: “He peleado el buen combate (2Tm 4,7). Hoy comentamos la primera. “`Levantarse rápido´ es una imagen significativa para la Iglesia”, afirma rotundamente el Papa Francisco. “Nosotros estamos llamados a levantarnos rápidamente para entrar en el dinamismo de la resurrección y dejarnos guiar por el Señor en los caminos que Él quiere mostrarnos”.

A continuación denuncia que la Iglesia, en vez de sumarse al dinamismo de la vida resucitada, lleva años de retraso respecto de la evolución humana, y no digamos respecto de la utopía evangélica. Bien sabe Francisco que “los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión” (GS 19).

Apertura de la Asamblea Sinodal en la Fundación Pablo VI
Apertura de la Asamblea Sinodal en la Fundación Pablo VI

La recomendación de “no apaguéis el Espíritu, no despreciéis las profecías, examinadlo todo; quedaos con lo bueno” (1Tes 5,19-21) ha sido muy poco seguida por la cúpula eclesial. La “prudencia” clerical ha apagado mucho del Espíritu: desde la libertad creativa (marginando y luego rehabilitando a teólogos, pensadores…, impidiendo reformas litúrgicas y jurídicas…), hasta el diálogo sincero, la cultura, la democracia, el sindicalismo, el papel de la mujer, el celibato opcional…

Hoy el Papa se duele de estas actitudes eclesiales: “nos abruma la pereza y preferimos quedarnos sentados a contemplar el pasado…, no dirigimos nuestra mirada hacia nuevos horizontes”. Estamos “encadenados como Pedro en la prisión de la costumbre, asustados por los cambios, atados a la cadena de nuestras tradiciones”.

Recuerda, contemplando la escena que comenta, otra actitud eclesial, que no explica, pero que cree real: “relatar fantasías”: “Esa misma noche hay otra tentación”.Es la actuación de la criada Rode (He 12,13s) que “asustada, en lugar de abrir la puerta vuelve hacia atrás a relatar fantasías”. ¿A qué fantasías alude? ¿A las apariciones de vírgenes, santos, demonios…? ¿A las promesas que dan el cielo al que rece o haga alguna oración o actividad automática? ¿A la compra-venta de indulgencias? ¿A jubileos que aseguran “indulgencia plenaria” en virtud del “tesoro de gracia” que administran los clérigos? ¿A los encuentros más o menos folclóricos de imágenes a que se dan algunos clérigos más jóvenes? ¿A entretener a la gente con “devociones, ornamentos, consuelos vulgares”?…

Sínodo España
Sínodo España

Esta situación tiene consecuencias, reconocidas por el Papa: “nos deslizamos hacia la mediocridad espiritual… Corremos el “riesgo de `solo tratar de arreglárnoslas´ incluso en la vida pastoral… El entusiasmo por la misión disminuye… No somos  signo de vitalidad y creatividad”. Damos “impresión de tibieza e inercia”… “El Evangelio se convierte en una fe que «cae en el formalismo y cae en la costumbre, en religión de ceremonias y de devociones, de ornamentos y de consuelos vulgares… Cristianismo clerical, cristianismo formalista, cristianismo apagado y endurecido”. El Sínodo que estamos viviendo, dice el Papa, nos llama a convertirnos: “en una Iglesia que se levanta…, que no se encierra en sí misma…, capaz de mirar más allá, de salir de sus propias prisiones, de abrir las puertas”.

A partir de aquí, Francisco expone su sueño de Iglesia: – “Una Iglesia sin cadenas y sin muros”; – “todos puedan sentirse acogidos y acompañados”; – “se cultive la escucha, el diálogo, la participación, bajo la única autoridad del Espíritu Santo”; – “Una Iglesia libre y humilde”: – que “se levanta rápido”, – que “no posterga”, – que “no acumula retrasos ante los desafíos del ahora”, – que “no se detiene en los recintos sagrados”, – que “se deja animar por la pasión del Evangelio y el deseo de llegar y acoger a todos, – “vaya al cruce de las calles y lleve a ciegos, sordos, cojos, enfermos, justos, pecadores…, – que “haya lugar para todos, – que “no despida ni condene”.

Esta es la teoría, el evangelio, que enamora. Pero se queda todo en teoría. Al final el Papa deja dos preguntas para que las trabajemos. Una en singular: “¿qué puedo hacer por la Iglesia?”. Otra para las comunidades cristianas: “¿qué podemos hacer juntos, como Iglesia, para que el mundo en el que vivimos sea más humano, más justo, más solidario, más abierto a Dios y a la fraternidad entre los hombres?”.

Iglesia sinodal
Iglesia sinodal

Cualquier respuesta evangélica, de calado organizativo, pasa por el Código de Derecho canónico, lleno de “cadenas y muros”, uno de los derechos más despóticos. ¿Qué puede hacer un cristiano, ante la oligarquía clerical, por ejemplo en esta serie de temas: 1.- Democratizar la Iglesia para hacerla más comunión. 2.- Protagonismo de la comunidad. 3.- Recuperar el principio de elección de los responsables (obispos, párrocos…). 4.- Superar el divorcio entre jerarquía y fieles. 5.- Menos sacerdocio clerical y más sacerdocio común. 6.- La eucaristía, obra sacerdotal común. 7.- Voz y voto al pueblo cristiano. 8.- “Reunirse, unirse, escucharse, discutir, rezar, decidir”, camino de toda comunidad cristiana. 9.- Revalorizar la eucaristía como sacramento de reconciliación: Eucaristía y Penitencia, dos caminos opcionales de reconciliación. 10.- Que la “Forma C” sea un modo ordinario del sacramento de la Penitencia: como opción libre, sin necesidad de confesar los pecados tras la absolución general. 11.- Supresión del celibato obligatorio para obispos y presbíteros: La Iglesia ganaría en libertad, honradez, amor de Dios, alegría evangelizadora… 12.- Acceso de las mujeres al sacerdocio ordenado.

Estos temas están abiertos en la Iglesia. Sistemáticamente la oligarquía eclesial viene negándose a tratarlos. ¿“Les abruma la pereza y prefieren quedarse sentados a contemplar el pasado”? Cierto: “no dirigen su mirada hacia nuevos horizontes”. Están “encadenados como Pedro en la prisión de la costumbre, asustados por los cambios, atados a la cadena de sus tradiciones”. Todo lo que merma el protagonismo clerical, es puesto en entredicho. Ahí están muchos de los resúmenes diocesanos presentados para el Sínodo. Siguen en ‘lo de siempre’.

Y la Secretaría del Sínodo de la Conferencia Episcopal Española remata como insignificante lo que necesita hoy la Iglesia para recuperar la libertad evangélica y la honradez con la cultura actual: “se trata de cuestiones suscitadas solo en algunas diócesis y, en ellas, por un número reducido de grupos o personas…: la necesidad de discernir con mayor profundidad la cuestión relativa al celibato opcional en el caso de los presbíteros y a la ordenación de casados; en menor medida, ha surgido igualmente el tema de la ordenación de las mujeres…

Se detecta una clara petición de que, como Iglesia, dialoguemos sobre ellos con el fin de permitir conocer mejor el Magisterio respecto de los mismos y poder ofrecer una propuesta profética a nuestra sociedad”. La “propuesta profética” es la evangélica, concordante con el “sentido de los fieles”. No la imposición clerical. Suscribo lo que ha escrito J. Mª. Marín Sevilla: “silencian las voces disidentes especialmente cuando se trata de temas novedosos, que surgen, a mi entender de la acción del Espíritu y del discernimiento sereno y esperanzador” (RD 29.06.2022).

Curso Cebipetal

‘Itinerarios de la esperanza por las comunidades de Nuestra América’

Cebitepal
Cebitepal

Del 23 de marzo al 28 de septiembre se va a llevar a cabo el Curso “Itinerarios de la esperanza por las comunidades de Nuestra América-Comunidades Eclesiales de Base

Como coordinador de este Curso, nos contó detalles, el programa y profundizó en sus ejes y diseño

El curso «busca ser un viaje acompañado de la sabiduría de las comunidades del continente. Haremos paradas en diferentes países, donde las ‘comunidades-maestras’ contarán sus experiencias»

«Seguimos creyendo que el desafío es construir comunidad para salvarnos en racimo, como decía el mártir Rutilio Grande»

Por | Virginia Bonard

(ADN Celam).- Del 23 de marzo al 28 de septiembre se va a llevar a cabo el Curso “Itinerarios de la esperanza por las comunidades de Nuestra América-Comunidades Eclesiales de Base”.

Francisco Bosch, educador popular y teólogo, trabaja hace años tallereando por la fe popular y sistematizando las narrativas de las comunidades en la base. Como coordinador de este Curso, nos contó detalles, el programa y profundizó en sus ejes y diseño.

-Francisco, ¿podrías definir qué es una Comunidad Eclesial de Base (CEBs) y, quizás, hacer un poquito de historia en nuestro continente?

-Las CEBs son un fruto bendito del Vaticano II y de múltiples procesos pastorales creativos que respondieron a las necesidades del contexto de la década de los 60 —y aun antes— de la Iglesia en Nuestra América; son  reconocidas en el documento de Medellín en 1968: “Ella es, pues, célula inicial de estructuración eclesial, y foco de la evangelización, y actualmente factor primordial de promoción humana y desarrollo. Elemento capital para la existencia de comunidades cristianas de base son sus líderes y dirigentes”.

Las CEBs son parte del proceso conflictivo y hermoso de la fe en este continente y fruto maduro de un largo caminar en la fe popular. No se trata de un movimiento creyente que atiende especialmente a los pobres, sino de la Iglesia que vuelve a la experiencia de las primitivas comunidades cristianas que nos narra el libro de los Hechos.

Con más de 50 años de historia en América Latina, reconocidas y validadas por todas las conferencias generales del episcopado latinoamericano y caribeño, las CEBs encuentran en la presente  primavera del papa Francisco, un momento de crecimiento y nueva vitalidad.

Extendidas en más de 18 países de América Latina y el Caribe, las CEBs son el motor de un modo de vivir el evangelio desde la base de la sociedad desde abajo, entre los pobres. La reciente Asamblea del Pueblo de Dios en América Latina ha reafirmado el desafío y actualidad de este modo de vivir el evangelio hoy.

-¿Las CEBs son una nueva manera de ser Iglesia y, a la vez, una nueva forma de ejercer ciudadanía?

-Las Comunidades de Base muestran que la fe cristiana es pública, que es imposible privatizarla y mercantilizarla. El evangelio no tiene precio y no puede ser domesticado, es decir: reducido únicamente al interior de los hogares.

Existe un vínculo central en nuestra tradición judeo-cristiana: vinculo fe-vida. El carácter histórico de nuestra fe explica por qué nuestro pueblo creyente lucha cada día por una vida mas digna. Esto se expresa en el vínculo entre fe y política que puede verse en muchas comunidades.

Las CEBs son maestras de otra forma ciudadanía en un tiempo donde las democracias y los estados nacionales están en profunda crisis. El Curso servirá para escuchar a estas “comunidades maestras”.

-¿Qué vamos a encontrar en este Curso?

-El curso “Itinerarios de la esperanza por las comunidades de Nuestra América-Comunidades Eclesiales de Base” busca ser un viaje acompañado de la sabiduría de las comunidades del continente. Haremos paradas en diferentes países, donde las “comunidades-maestras” contarán sus experiencias. Los participantes podrán encontrarse con la vida actual de las comunidades que enfrentan los males de nuestra época y cultivan una vida mas digna, en cada territorio. Este aporte será complementado por una teóloga o un teólogo de la tradición latinoamericana que nos ayudarán a pensar una dimensión eclesial en cada tiempo.

Seguimos creyendo que el desafío es construir comunidad para salvarnos en racimo, como decía el mártir Rutilio Grande. Por lo cual, debemos aprender esas dimensiones de la eclesialidad que se están cultivando entre los más pobres, en el día a día.

-¿Cómo está diseñado el programa y quiénes son sus profesores?

-El programa del Curso es como una espiral que se despliega desde su centro: desde la eclesiología a sus dimensiones, se parte desde la vida de las comunidades. El itinerario del viaje es:

23 marzo                                                                                                                                        Inicio del viaje: introducción Eclesiología
Marta Boiocchi

27 abril
Primera parada: Ministerialidad
Pbro. Manoel Godoy

25 mayo
Segunda parada: Sinodalidad
Dra. Geraldina Cespedes

22 junio
Tercera parada: Compromiso en salida (las 3T)
Pbro. Ismael Moreno

27 julio
Cuarta parada: Católica, sincrética, mezclada entre los pueblos
Dr. Diego Irrazábal

24 agosto
Quinta parada: Lectura popular de la Biblia.
Dra. Mercedes de Budallés Diez

28 septiembre
Encuentro de cierre: Al cruce de caminos.
Todas las comunidades

Se trata de una didáctica que cruce todos los encuentros, que una todo el viaje por las comunidades de Nuestra América. Una lógica que conciba el aprendizaje desde nuestros problemas y nuestras prácticas:

Llegar bailando: apertura celebrativa

Escuchar las voces de las comunidades

Interpelar desde diferentes saberes: exposición teóloga-o.

Preguntarnos juntos

Amarre para seguir andando nomás

-¿Quiénes son sus destinatarios? ¿Ayuda la educación virtual para una mayor participación?

-Es un curso abierto a todas y todos los que sientan que “hay que salvarnos en comunidad”. La pandemia nos deja grabado a fuego en nuestros cuerpos y en los montones de nuestros muertos que tenemos que volver a ser comunidad para salvarnos en la historia.

Por esa razón, estudiantes, jóvenes militantes de movimientos sociales, seminaristas, animadores de comunidad, servidores en parroquias, sacerdotes, religiosas, servidores públicos, todos y todas están invitadas a este viaje.

La virtualidad nos permitirá, como es común en los cursos de la CEBITEPAL y en la Articulación de las CEBs, tener un mapa regional, un intercambio entre experiencias del continente.

-¿Se compartirán, entonces, buenas prácticas y experiencias sucedidas en concreto?

-Es el punto de partida del Curso: escuchar y celebrar que la vida está brotando. Confiamos en formarnos como escuchadores y resonadores de esas experiencias que brotan por lo bajo en Nuestra América.

Hay una clave epistemológica en este Curso que se traduce en su método: la praxis es el lugar primero para construir conocimiento, desde diferentes saberes. La voz popular que carga el día a día, la tradición de la teología de la liberación que interroga y las búsquedas de los participantes que siembran todo eso en su territorio. Ahí está el desafío colectivo de este Curso.

Laicas en misión pastoral

Seis mujeres sustituyen a párrocos en las celebraciones dominicales de la Catalunya interior

La falta de párrocos en pueblos pequeños moviliza voluntarias para no dejar a nadie sin su oficio religioso

Realizan «sustituciones» ante la ausencia de curas ordenados suficientes, estas seis mujeres dirigen celebraciones litúrgicas con comuniones previamente bendecidas para que nadie se quede sin misa

Ellas son Concepción, Rosa María, Núria, Montserrat, Rosa y Lola, quienes tienen el reconocimiento del arzobispado de Tarragona, que les ha facilitado llevar a cabo la tarea y destaca su valía

El arzobispado no lee el asunto en términos de conveniencia o no de ordenar mujeres, y valoran que «estas personas hacen un servicio extraordinario y naturalmente en las comunidades la gente lo recibe muy bien»

| RD/EFE

Seis mujeres, reconocidas como «laicas en misión pastoral», realizan «sustituciones» ante la ausencia de curas ordenados suficientes para dar servicio religioso en todos los pueblos de Catalunya y dirigen celebraciones litúrgicas con comuniones previamente bendecidas para que nadie se quede sin misa. Ellas son Concepción, Rosa María, Núria, Montserrat, Rosa y Lola, quienes tienen el reconocimiento del arzobispado de Tarragona, que les ha facilitado llevar a cabo la tarea y destaca su valía y la oportunidad que representan para «hacer más visible el trabajo de la mujer en la Iglesia».

Comparten responsabilidades con los escasos sacerdotes que prestan servicio en los arciprestazgos de Penedès, Urgell-Garrigues, Tarragona-Llevant, Priorat y Baix Camp, algunos geográficamente en Lleida, aunque pertenecientes al arzobispado de Tarragona. «Fue la falta de rectores la que nos llevó a descubrir el carisma de las laicas dentro de la Iglesia. Aunque la figura creció por esa carencia, y aunque ahora de golpe llegaran suficientes curas ordenados, no se dejaría de contar con ellas», explica a Efe el portavoz del arzobispado de Tarragona, Simó Gras.La mayoría de estas mujeres llevan media vida dedicada en mayor o menor medida a «asistir»a sus parroquias, dando acompañamiento a enfermos, gestionando las catequesis o yendo a residencias, pero de un tiempo a esta parte han ido ganando peso también desde el púlpito según iban menguando los ordenados disponibles, una función que hace años reconocen era vista con «reticencias» por algunos feligreses por el hecho de ser mujeres, si bien a día de hoy «todo el mundo lo vive con normalidad», comenta Rosa Maria Sànchez a Efe.

«La gente agradece poder ir a una celebración litúrgica en su población y con asiduidad. Si tuvieran que venir los dos párrocos que hay no sería posible»

Deja claro que ellas no consideran que lo que hacen es «misa» propiamente, sino «lecturas de la palabra de Dios», aunque reconoce que lo importante para los creyentes que acuden a la parroquia es pregar en comunidad más allá de etiquetas.

Mujeres curas, celibato voluntario y jóvenes

Concepción Motlló, la más activa en estas funciones, se reparte con un cuadrante las liturgias de Arbeca y las poblaciones cercanas con el párroco de la zona. «El sábado hago yo Arbeca y él Els Omellons y el domingo al revés. También nos organizamos así para asistir a otros pueblos. Nos vamos turnando y así puede haber servicio en todas partes». A la celebración de la lectura de este sábado en la población leridana de Arbeca, conocida por la aceituna arbequina, acuden media docena de feligreses a pesar de que a las 19 horas la oscuridad y el frío del silencioso pueblo no son el mayor estímulo para salir de casa.

Concepción, que dirige la celebración de la palabra y entrega las comuniones previamente bendecidas por el párroco, explica a Efe tras la celebración que hace años que vienen preparándose para asumir estas tareas y que no resulta ningún problema para los que acuden a la iglesia, en su mayoría también mujeres. Rosa María destaca igualmente que los feligreses viven con gran naturalidad ver a una mujer en el púlpito y reflexiona si normalizarlo con mujeres ordenantes, ante la ausencia de hombres párrocos suficientes, no sería una solución a valorar.

Para ella, «la Iglesia tiene dos grandes asignaturas pendientes que, además, acercarían a la gente más joven: por un lado ordenar a mujeres curas y, por otro, que el celibato no sea obligatorio sino voluntario»

Para Concepción, no es tan importante ser o no ordenada, pues ella dice ser «feliz» dirigiendo la liturgia. «No necesito más reconocimiento que poder hacer lo que amo. Además, ante el hombre hay diferencias entre las personas, pero ante Dios todos somos exactamente iguales», apunta.

Tal es su devoción por ayudar a la parroquia que lo ha combinado a lo largo de los años con su trabajo de costurera y la crianza de tres hijos y seis nietos. «A veces no tenía con quien dejar a los nietos y los he traído conmigo a la parroquia porque me tocaba hacer la celebración», señala.

Desde el arzobispado de Tarragona explican que en otros lugares, y particularmente en misiones, en África y Latinoamérica, es más habitual la figura de las laicas que dirigen servicios religiosos, mientras que en España y más aún en los núcleos más poblados es algo menos frecuente. Su portavoz, añade que, con todo, el arzobispado no lee el asunto en términos de conveniencia o no de ordenar mujeres, y que valoran en cualquier caso que «estas personas hacen un servicio extraordinario y naturalmente en las comunidades la gente lo recibe muy bien»

Hablemos sobre liderazgo parroquial II


en misa

Según la definición de la RAE, liderazgo es “situación de superioridad en que se halla una institución u organización, un producto o un sector económico, dentro de su ámbito”. Su raíz etimológica es anglosajona proveniente de “lead” que significa guía. Pero ambas definiciones, una estructural y la otra intrínseca, no proyectan la demanda que implica el liderazgo parroquial.



Probablemente han escuchado la historia de los dos vendedores de zapatos que fueron enviados a África para abrir mercado, uno mandó un telegrama diciendo: “mercado cerrado, nadie usa zapatos”, mientras que el otro escribió: “maravillosa oportunidad, nadie usa zapatos”. Podría decir que algo similar ocurre con las parroquias ahora, muchos piensan que están muriendo, y somos algunos los que pensamos que aún no han visto nada.

Podemos sacar en contra de esta idea innumerables estadísticas de parroquias que han cerrado o seminarios que quedan vacíos, pero quisiera que recordáramos, como sacerdotes o incluso como laicos que hemos tenido una experiencia de conversión, cómo al inicio, ya sea que hayamos entrado al seminario o hayamos salido de un retiro o cualquier encuentro con Dios, asistíamos a todo, queríamos leer todos los libros o folletos, enterarnos de todo, entrar al coro, al grupo juvenil, al grupo de adoración, a la pequeña comunidad, íbamos a dos tres misas los domingos, etc.

Poco a poco, al siguiente año, ya empezábamos a sentir el peso de las responsabilidades, y aprendimos a limitarnos en cada cosa, hasta que terminamos solo con aquello que nos llenaba el alma, podría haber sido el silencio o solo comunidad, organizar los retiros o dar catequesis infantil; un sacerdote recién ordenado experimenta lo mismo, cuando llega a su primera parroquia quiere hacer todo, participar en todo e involucrarse con todos, hasta que, con el tiempo, va dejando responsabilidades a los demás; lo que realmente pasa es que los impulsos se van reduciendo, cuando iniciamos cada una de las participaciones son impulsivas, luego son impulsivos los periodos, hasta que finalmente el impulso está en todo nuestro programa de vida.

La compasión, esencial en el liderazgo parroquial

Muchas veces pasa lo mismo con el liderazgo, creemos que hay recetas a seguir y buscamos los pasos que impulsivamente seguimos, pensando que obtendremos el resultado final sin darnos cuenta que estamos haciendo un torpe intento impulsivo. Cuando ese mismo impulso lo dejamos de dirigir a los pasos y lo ponemos en todo el proyecto, es entonces cuando empezamos a construir un liderazgo más sólido. El liderazgo es un proyecto personal a largo plazo.

Las parroquias en mi diócesis son de 30,000 habitantes, aproximadamente, con sus excepciones tanto arriba como abajo de ese rango; sin embargo, comparten entre todas unos porcentajes de participación muy similares: 75% se dice católica, el 6.6% asiste a misa dominical y el 0.7% está comprometido con algún apostolado.

De modo que tenemos cerca de 200 personas que podemos llamar apasionados por el apostolado parroquial, tenemos otro grupo más grande, cerca de 2,500 que van a misa por diferentes razones y ayudan cuando pueden en algún proyecto sin comprometerse a nada, pero tienen algo de identidad; tenemos otro grupo mayor, poco más de 20,000, que van a misa algunas veces al año, su religiosidad está plagada de supersticiones, y su única identidad es, muchas veces, una tradición familiar; y finalmente un pequeño grupo que crece cada día más de personas que están alejadas por muchas razones, que pueden tener o no otras identificaciones religiosas. Pero nadie, ninguna persona de cada uno de esos grupos, puede ser ajeno a lo que es más esencial en el liderazgo parroquial: la compasión.

Una renovación parroquial sustentable

Incluso la persona menos creyente no puede ser inmune a la compasión, simplemente dejaría de ser humano. La compasión es un movimiento natural de la persona que al verse envuelto en manifestaciones violentas, simplemente se esconde, pero ahí está. No tendríamos familia, ni habría abuelos entusiasmados por sus nietos, ni celebraciones de cumpleaños ni más bodas o reuniones de amigos para ver el futbol si no fuéramos compasivos. Es algo que llevamos dentro y que podemos sentir. Imagina solo por un momento que Jesús hubiera dicho: “perdonen a su hermano como el Padre los perdona, aunque no sé si esto sea posible” (!¡)

Cuando cualquiera piensa que, tener una parroquia renovada con líderes compasivos que muevan a las personas a ser discípulos y encontrarse renovadamente con Cristo, es algo imposible o en el mejor de los casos muy difícil, no es por su propia culpa, sino que es culpa nuestra, de quienes pretendemos encabezar algún tipo de liderazgo, de los obispos, líderes y estructuras que actúan con un supuesto plan y dirigen su impulso a cada uno de los pasos, que les generan números que adornan muy bien sus informes; porque realizar metas cortas por impulsos es una gran tentación, pero eso no crea un liderazgo parroquial sólido pensando a largo plazo y es un error.

Cuando el impulso se pone en el plan y no solo en las metas, permite crear una especie de economía del impulso, una administración que produce resultados pero al mismo tiempo crea las condiciones para que las cosas no se terminen ahí, sino que sigan creciendo hasta alcanzar una renovación parroquial sustentable. Es vivir la renovación con la emoción que te da el ver la construcción, teniendo lideres envisionados y no la puesta de cada ladrillo que produce líderes cansados. Se trata de tener en mente la visión global.

Ojos brillantes que van haciéndose nuevos discípulos

Muchas veces somos o tenemos líderes en nuestras parroquias que solo piensan en ese 6.6% de los que asisten a misa, por ejemplo, los jóvenes que invitan a los que van a misa para que se sumen al grupo juvenil; imagina cómo sería un líder que pensara que a todos les debe gustar la parroquia, que todos deberían encontrar un lugar, que todos deberían sentirse bienvenidos, y que simplemente todavía no se han enterado de lo maravilloso que es encontrar a Dios y al hermano, tendrían que provocar una transformación desde dentro; es como decíamos al inicio, ver un problema o una oportunidad.

En realidad un buen líder parroquial no debería “hacer” nada. Yo conozco líderes que hacen todo, están en tres ministerios, comunidad, y literal, venden gelatinas el domingo. El liderazgo parroquial depende de su capacidad de empoderar a otros. Su trabajo es despertar las posibilidades de los demás. Esto se verifica cuando ves que los ojos de los otros brillan, es entonces cuando el líder sabe que lo está haciendo bien. Cuando a la gente le brillan los ojos escuchando la prédica de su pastor, cuando le brillan los ojos por aprender, por alabar, por ayudar, etc, hay un líder detrás que lo está haciendo bien; entonces el éxito en la construcción de una parroquia renovada se trata de ver cuántos ojos brillantes van haciéndose nuevos discípulos.

Podemos encontrar miles de artículos sobre liderazgo, pero pocos van a hablar sobre el espíritu del liderazgo parroquial, se trata de un caminar discipular compasivo que debe desarrollar habilidades de escucha empática, mirar objetivamente al prójimo, conectar con sus necesidades y saber vivir en el respeto que la compasión dicta. Es el mismo itinerario que hizo el Buen Samaritano o el Padre de la parábola del hijo pródigo

¿Parroquias felices?


Dentro del horizonte de sucesos de la renovación parroquial, es decir, aquella frontera donde empiezan a suceder cosas que son observables pero ya no inmiscuyen a toda la cúpula parroquial, o para decirlo de forma más coloquial, cuando las cosas suceden sin que el párroco esté necesariamente en todo, siempre tenemos una lista muy concreta de objetivos: la catequesis, porque lo deseable es que nuestros laicos estén lo mejor preparados; la evangelización, porque lo deseable es que todos conozcan a Cristo; los sacramentos, porque lo deseable es que nadie se quede sin esas gracia que cada sacramento da, y alguna más, pero pocas veces nos planteamos como objetivo el tener una parroquia feliz.



Claro, aquí también entramos en terrenos muy paradójicos, sobre todo cuando confundimos la felicidad con “hacer felices a todos”, porque este último tiene más bien el tinte de complacencia donde cualquiera tiene la batalla perdida, nada más basta mirar a Nuestro Señor en los mismos evangelios. Unos querrán misas más cortas, otros más largas, unos más con cierta música y un largo etcétera. No es de eso de lo que quiero hablar.

Generar una parroquia feliz

Últimamente se han hecho numerosos estudios sobre lo que ahora se llama la ciencia de la felicidad, y existen diferentes posturas que no agotaremos aquí, pero van desde las soluciones bioquímicas con las hormonas de la felicidad, hasta las aplicaciones terapéuticas y de meditación que te ofrecen esa anhelada vida. Pero debemos de ser realistas, la felicidad pura la tendremos en el cielo, aquí, como dice el rezo de la Salve, es un valle de lágrimas. Sin embargo, no nos vayamos del lado del pesimismo, podemos y debemos tener parroquias felices.

Un primer acercamiento diagnóstico sería revisar los memos o actas de cada reunión de consejo parroquial. Si nos dedicamos a resolver problemas, la estamos haciendo más de bombero que de líder parroquial; si están llenas de planeaciones para actividades “pastorales” que muchas veces se dirigen a los que ya vienen a misa, porque queremos que se capaciten (catequesis), que conozcan (evangelización) o que se casen (sacramentos), tenemos una parroquia de sobrevivencia, una iglesia para gente de iglesia. 

Si en nuestras reuniones de decisión planeamos cómo recaudar fondos y eso consume todas las reuniones, pues, vamos de mal en peor, porque el círculo se cierra y seguimos pidiendo dinero a la gente que ya da dinero, solo tratamos de convencerles de que este dinero se destinará para otra cosa de la cual se tiene necesidad pero esa persona, muchas veces, no se involucra mas que dando una moneda. Con todas estas cosas estamos coartando la libertad de nuestros laicos, no estamos generando líderes y no le estamos dando su espacio a la felicidad de nuestros feligreses.

Solo imaginemos gente feliz en nuestros ministerios, en las misas, en la evangelización y catequesis… Hablo de una bola de nieve, de una transformación transformante. De eso se trata la renovación parroquial. Evidentemente, no hay recetas para ello, lamento decepcionarles, pero sí hay un camino que son los tres principios de la renovación parroquial de los que ya les he hablado en artículos anteriores: el cambio cultural o de pensamiento, alcanzar a las siguientes generaciones y ser hospitalarios en todo. Pero ¿cómo estos principios me pueden generar una parroquia feliz? No son datos míos, sino de una de las más prestigiosas universidades del mundo.

Desentrañar la felicidad

La universidad de Harvard ha roto un hito en las investigaciones de campo al llevar hasta el día de hoy 80 años continuos de una misma investigación, un trabajo llamado “Estudio de desarrollo de adultos”. El objetivo de este estudio interdisciplinario es desentrañar la felicidad. Al darse cuenta de que la memoria es parcial, selectiva y creativa, decidieron dar seguimiento a más de 720 personas durante casi toda su vida para analizar cómo iba cambiando su perspectiva de una vida feliz, desde la adolescencia hasta la senectud. Actualmente cerca de 60 siguen participando. Este estudio se enriquece por la heterogeneidad de sus participantes, personas que estuvieron en la segunda guerra mundial, personas con carreras universitarias y también personas de barrios pobres con familias disfuncionales; la gran conclusión y lección de este estudio es que las buenas relaciones hacen a la gente más feliz y más saludable. No es el dinero, la fama o trabajar duro muchos años de su vida, sino las relaciones sociales saludables.

Otro estudio del laboratorio que dirigen Dan Gilbert y Timothy Wilson, llamado “pronósticos afectivos” hicieron algo más profundo, analizando las funciones cerebrales, especialmente del lóbulo frontal, que es lo que morfológicamente nos pone el apellido “sapiens”. En esta parte del cerebro se concentran los enlaces neuronales que nos permiten predecir, visualizar el futuro inmediato de cualquier situación, lo que modela nuestra toma de decisiones y produce un enlace directo con nuestro mundo interior, porque las perspectivas, favorables o desfavorables que nos imaginamos, terminan conectando con las emociones.

Con todo esto quiero que pensemos en que al hablar del tercer principio de la renovación parroquial: ser en todo hospitalarios; no nos referimos solo a tener siempre café y galletas en nuestras reuniones, o un ministerio de bienvenida en cada misa; se trata de una transformación más real, moldeable y realmente permeable en cada miembro de la comunidad para abrirse al prójimo a modo de tener y generar un pronóstico afectivo que sea el rostro de una nueva parroquia. Sentirse bienvenido y hacer que cualquiera sea también bienvenido. Este es el ingrediente más fundamental para generar pertenencia y perseverancia.

Ser realmente hospitalarios

En alguna parroquia en las que me ha tocado servir, cuando entrevisté a los miembros de las pequeñas comunidades, me sorprendió que en sus temas de estudio fueran en el segundo libro, pues llevaban con la evangelización más de 30 años. Realmente nunca habían pasado del tercero. La justificación es que “siempre se aprende algo nuevo”, lo que en realidad estaba escuchando era: “no entendemos bien, y aprender en realidad no nos interesa mucho”. Las más viejas comunidades no perseveraban por su catequesis, sino porque habían hecho fuertes lazos que los hermanaban. Contrario a esto, quienes dejaban de perseverar, en el 90 por ciento de los casos, se iban por algún hecho que rompía esa comunión, por ejemplo los juicios, los chismes, el que se rompiera el sigilo que exige la edificación mutua, etcétera.

Ser realmente hospitalarios implica una seria conversión personal que tiene que impactar todas nuestras conductas, no como represión, sino dejando en libertad y escucha a ese que critica, que juzga, que condena, que compara, que se burla, que se cree mejor que los demás, como dice la CNV (comunicación no violenta), el pensamiento chacal y empezar a cultivar un actuar más compasivo aprendiendo a colocarnos desde nuestras propias necesidades y conectando con las necesidades del otro, o como se dice, el sistema jirafa.

También es otro elemento que muchas veces dejamos de lado en las planeaciones pastorales, la conversión personal de los feligreses como proceso o programa dentro del apostolado. Algunos intentos muy dignos de revisión tuvo en sus inicios la Renovación Carismática y ahora algo más orgánico el Movimiento Neocatecumenal; no obstante, la reflexión y el diálogo propositivo serio entre los que dirigen las diócesis, las parroquias, sobre la adhesión de un camino de discipulado dentro de la planeación pastoral, estoy seguro, provocaría un cambio cultural muy importante en nuestra Iglesia y por supuesto en nuestra sociedad.

En estos casos es fijarse en lo menos para tener más, porque es una gran tentación dirigir el foco a las grandes obras que nos arrojen números, en vez de encaminar a tres o cuatro que realmente encuentren la compasión evangélica en su vida, resulta más tardado y arroja menos resultados. Pero aquí se aplica la explicación que Jesús daba cuando le preguntaron si serían muchos los que se salvarían (Lc 13,22-30) y aquellos que pensaron que tenían méritos suficientes por haber hecho grandes cosas, les respondió: “no te conozco”. Tú ¿qué opinas?

La renovación de las parroquias

¿Quién sigue después de mí?


parroquia

Alcanzar a las siguientes generaciones es el segundo principio de la renovación parroquial. Las implicaciones de esto son enormes, porque no solo se trata de buscar que llegue el mensaje evangelizador a los más jóvenes, sino de que cada quien lo haga, porque cada miembro de la Iglesia somos parte fundamental de esta misión.



Si cada miembro de la comunidad se propone invitar a los de la siguiente generación, estamos ante una dimensión dinámica del primer principio: cambio cultural. Alcanzar a quienes vienen detrás, tiene al menos tres implicaciones en la transformación de nuestra parroquia: salir de nuestra zona de confort, profesionalizar la parroquia e innovar.

Salir de la zona de confort

Generalmente en las parroquias, una de las formas de segmentar el trabajo y la catequesis, es formando grupos que homogeneizamos por la edad o categorías generacionales, pero ante la propuesta de alcanzar a las siguientes generaciones hay un reto, no solo cultural, sino de lenguaje, de testimonio de vida, de salir de la zona de confort.

Mentalmente existe una barrera en la vivencia de la fe que las generaciones menores ven frente a las mayores; salvo dignas excepciones, pero por lo general se sigue imponiendo una imagen de la fe de los mayores como poco práctica y llena de piedad a la que no le encuentran mucho sentido las siguientes generaciones.

Un ejemplo de esto es cuando nuestra abuela nos imponía prácticas piadosas que no tenían sentido para nosotros de pequeños, y a esto le sumaba castigos como pellizcos y amenazas de parte de un dios castigador. Esta imagen que he visto muchas veces en el templo, de la abuela que, al esforzarse por mantener quieto a su nieto (a) lo pellizcaba y le decía que dios le iba a castigar o que se iba a enojar el padrecito, lo único que hace es levantar una barrera entre una vivencia de fe y el sentido que debe tener para el pequeño (a); en pocas palabras, levanta un muro entre Dios y la conciencia de ese pequeño ser con acciones negativas que trascienden.

¿Cómo retomar el sentido de Dios en las personas? Es un tema que ha dado para cientos de libros y estrategias que funcionan o no, pero que nos hablan de lo complejo del problema. Mas que un abordaje directo, hablamos de un cambio en el ambiente de la parroquia que muestre otro rostro de la iglesia y otra vivencia de la relación personal con Dios, no platicada, sino vivida comunitariamente. Esto es parte del reto de alcanzar a las siguientes generaciones, no se trata de pasar un mensaje, sino de superar las brechas generacionales para que el mensaje tenga sentido, con un lenguaje actualizado, testimoniado y hospitalario.

Profesionalizar la parroquia

Alcanzar a las siguientes generaciones también incorpora a la parroquia en el camino de la profesionalización. Como ideal de parroquia, sería deseable que en vez de que “alguien” que “le sabe al Face” le pidamos de favor que lleve la página de la parroquia, tengamos detrás un grupo de profesionales, mercadólogos, comunicadores, etcétera, que se encarguen de esa misión y que puedan recibir un sueldo por eso. Si tuviéramos profesionales en educación al frente de la catequesis, podríamos tener en cada parroquia un laboratorio parroquial que se encargue de dirigir la investigación educativa continua para el mejoramiento de la formación.

Si tuviéramos psicólogos o pedagogos al frente de los jóvenes o los adolescentes, que recibieran un sueldo por su trabajo, o contadores al frente de las finanzas, o ingenieros al frente del mantenimiento, y muchos etcéteras más, podríamos profesionalizar la parroquia. Entiendo dos cosas, primero que alguien podría decir, “yo tengo un ingeniero y tengo un mercadólogo al frente de lo que les corresponde, y no me cobran porque es parte de su apostolado”, y eso está muy bien, eso va a durar mientras se mantengan en los grupos de la parroquia o mientras consigan otro trabajo; también entiendo la barrera más importante para esto: el dinero.

¿De dónde se van a pagar tantos sueldos? La renovación parroquial implica una renovación en las finanzas de la misma. Recuerdo que fray José de María nos decía, no sé si haya sido algo propio o lo escuchó de algún lado, que “revisando en qué se gasta el dinero de la parroquia se pueden ver las prioridades de la misma”. Cuando más gastamos en sueldos productivos, más gastamos en la gente y finalmente en una construcción y proyección más orgánica y profesional de la parroquia y esto, debe de traducirse en captar mayor ayuda para la misma.

Cuando la profesionalización tiene que ver con el dinero, surgen muchas negativas, pero el cambiar de mentalidad también implica pensar de manera diferente sobre el dinero, llegan las oportunidades y las ideas. Nosotros iniciamos la promoción de un sistema de ofrendas, a modo de diezmo, solo que no se le llamaba diezmo ni imponía una cuota fija; se trataba de una invitación a compartir una ofrenda mensual que nos permitiera trabajar bajo presupuestos, y promovía la participación consciente en una comunidad que te ofrece pertenencia, hospitalidad y propósito. Y esto se va construyendo poco a poco.

Innovar

Innovar es una de las cosas más fascinantes que verás cuando le enseñas a tus líderes a romper paradigmas y les das la confianza de ser creativos. En la renovación parroquial es natural el crear reservas de líderes que van creciendo entre ellos, enseñándose, animándose, discipulándose. Yo soy testigo del “soplar del Espíritu” en esto. La innovación tiene muchas implicaciones, pero, sin duda, un requisito indispensable es la creatividad y saber superar barreras; esto no solo te conecta de manera natural con las siguientes generaciones, sino que entusiasma a quienes innovan.

Para que los líderes parroquiales funcionen en la creatividad, deben superar como organización, un esquema jerarquizado de funcionamiento, esto es innovar desde la organización; los procesos y mecanismos de toma de decisiones en una parroquia se basan en “orden y control” (command & control), y que es una esquema que dio grandes resultados en organizaciones sólidas que necesitaban ser centralizadas, pero las necesidades actuales son de organizaciones más adaptables y que respondan velozmente a la realidad cambiante que se presenta; esta propuesta de organización se basa en las redes neuronales o las redes sistémicas.

Las redes neuronales toman su nombre del símil dinámico de nuestro cerebro, pero a nivel organizacional, tiene las siguientes ventajas:

  1. Se privilegian las relaciones sobre las entidades.
  2. Se da más importancia a las dinámicas temporales (el presente de las personas).
  3. Los procesos son antes que los resultados.
  4. Se privilegia la forma sobre el contenido.
  5. Se tiene una perspectiva de totalidad.
  6. Las nociones de dominio y propiedad son emergentes
  7. Se evitan los puntos de inflexión.
  8. La auto-organización está por encima del diseño central.
  9. Se valora la interdependencia de cada componente del sistema; entre otros más.

Como podemos ver, hay muchas ventajas de una organización sistémica o red neuronal sobre la antigua y rígida estructura piramidal jerárquica en el funcionamiento de una parroquia. No nos referimos, de ningún modo a las cuestiones dogmáticas o las formas de regir la Iglesia, sino a la organización parroquial, a las cuestiones meramente funcionales en orden de la evangelización y renovación pastoral.

De forma general puedo decir que, entre más conectividad exista entre los componentes de un sistema, mayor será su poder de transformación o desempeño. Un sistema orgánico funcional de parroquia, que puede ser a través de sectores o de grupos pastorales o de segmentos generacionales, no es una entidad aislada, sino que tiene como principal misión relacionarse con su entorno, y para eso es necesario un sistema flexible, plástico, lo que significa que conserva su estructura interna, pero está abierto a nuevas alteraciones generando una capacidad de aprendizaje. Y finalmente, si el sistema no se adapta a cada situación, se pierde de sus objetivos, terminan siendo tan cuadrados los sistemas que sólo entran en ellos quienes reúnen los requisitos que el mismo sistema creado impone ¿recuerdan que hablábamos de una iglesia para gente de iglesia?

De modo que la innovación no solo tiene que ver con adoptar elementos nuevos como herramientas de evangelización, sino en proponernos una visión nueva en la organización y funcionamiento como parroquia, de cambiar paradigmas y entrar en una dinámica de autodiscipulado que nos permita avanzar de forma orgánica, hospitalaria y sustentable en la  misión que Cristo nos ha encomendado. Además si se tuviera la osadía de hacerlo a nivel diócesis para evitar que los cambios de párrocos afecten el caminar de las comunidades, qué maravilloso sería.

La renovación parroquial


El tema es una de mis pasiones. Creo que hay un gran consenso, a veces velado, de que la parroquia debe cambiar, profesionalizarse, ser autosustentable. Se han escrito muchos artículos, libros, tenemos charlas con amigos o familiares, leemos encíclicas, pero no cambia.



La nueva época que estamos viviendo, cabalgando de una cultura industrializada a una del conocimiento, con todos sus pros y sus contras que aquí no mencionaré, impone sus exigencias; pero la parroquia, especialmente en América Latina, no ha acompañado este cambio, y eso significa que lo interno de la parroquia, sus contenidos, sus estructuras, siguen obsoletas, aunque estemos en redes sociales.

En el mundo, los grandes inventos fueron apareciendo por el avance del conocimiento. En el siglo antepasado fue tomando forma la ciencia positiva que formuló Newton, que concebía al mundo como un mecanismo muy estable con leyes universales; tanto así que a finales del siglo XIX muchos científicos estaban convencidos que todo ya se había descubierto. Hoy, en esta época de innovación el saber se ha revolucionado y democratizado y nos presenta la realidad de modo diferente.

Quiero mencionar tres hitos de la ciencia en el siglo pasado. En 1905 Einstein publica su teoría de la relatividad. En 1915 aparece la teoría cuántica. A mediados de siglo se desarrolla la teoría de los sistemas complejos no lineales… sistemas complejos no lineales… ¿Cómo? ¿No que el mundo era un sistema muy organizado con leyes permanentes?

Las parroquias, sin elementos para responder a las nuevas demandas

Parece que no. Ahora sabemos que el cosmos está en expansión y que existen leyes, pero que al contener cierto elemento de azar (teoría del caos), no son tan universales (como las leyes cósmicas que no se aplican a las cuánticas). Pero no existiría el internet, ni el GPS o la medicina nuclear si nos hubiéramos quedado con la física de Newton.

En la Iglesia, sin duda, el gran hito fue el Concilio Vaticano II (CV II), sin él no tendríamos los nuevos movimientos parroquiales, los ministerios laicales, ni el protagonismo de los laicos en la vida eclesial y social. Por supuesto que este cambio fenomenal ha exigido a las parroquias que cambien, pero ¿cómo hace una parroquia para cambiar? Cuando se experimentaron nuevas dinámicas en la iglesia a partir del CV II, por ejemplo en Francia con los sacerdotes obreros, se les exigió a las parroquias mayor apertura e inició una nueva exigencia de la sociedad.

El mandato social cambió, de tal manera que, las parroquias del siglo pasado, que fueron muy exitosas y cumplieron su cometido, hoy están hackeadas; no tienen los elementos para responder a las nuevas demandas, como si la base de sustentación social que las hacía un referente, se hubiera caído.

En varios lugares del mundo se están haciendo grandes esfuerzos por innovar, baste mencionar el movimiento de Amazing Parish en Estados Unidos o Alpha que nace en Inglaterra, pero debemos cuidarnos de una especie de Copy Page cuando no hemos podido resolver lo que en América Latina necesitamos.

Involucrarnos con un nuevo liderazgo

Primeramente no contamos con el presupuesto para financiar algunos de esos modelos, y también que la base cultural latinoamericana es heterogénea, lo que requiere soluciones más flexibles. Necesitamos acortar las brechas en nuestros pueblos, ponderar la calidad en la creación de contenidos profundos y significativos y echar a andar las competencias de todos en esta misión.

La buena noticia es que esto ya está pasando, Alpha implementa un sistema de enseñanza entre los participantes que los capacita a replicar, es decir, un sistema de mentorías sustentables, porque no hay mejor aprendizaje que lo que se aprende cuando se enseña. Resulta barato, cierra las brechas de un viejo sistema catequético y promueve un cambio cultural. Pero si es tan bueno ¿por qué no se generaliza? Nos falta un cambio de conciencia. Debemos dejar de pensar que las soluciones heterodoxas son de segunda; debemos dejar de buscar sistemas automáticos y remotos, e involucrarnos con un nuevo liderazgo, un liderazgo compasivo que nos permita conectar con nosotros mismos y con los demás.

Los esfuerzos por renovar la parroquia deben tener objetivos concretos que ayuden a los tomadores de decisiones a enfrentar las dificultades que implica un cambio profundo. No tenemos tiempo. Iniciar un cambio cultural implica decisiones complejas que generan turbulencias e involucra a todos, pero si no lo hacemos no tendremos parroquias sustentables, si no lo hacemos, si no estamos dispuestos a escucharnos y ser más compasivos, dejaremos a las parroquias sin futuro.