La vida cristiana gira en torno al misterio pascual

Que nuestras obras muestren que creemos en la resurrección

Que nuestras obras muestren que creemos en la resurrección
Que nuestras obras muestren que creemos en la resurrección

«‘Si Cristo no resucitó vana es nuestra fe’ (1 Cor 15,14). La resurrección de Jesús fue la superación de su muerte con el ‘sí’ de Dios a toda su vida»

«Estamos cercanos a celebrar nuevamente el misterio pascual y podríamos preguntarnos qué gestos, qué signos, qué señales harían creíble para nuestros contemporáneos nuestra fe en la resurrección del Señor»

«Creemos en la resurrección y la testimoniamos cuando defendemos la vida, toda vida. Haría falta que nuestra voz se levante más claramente en todas las circunstancias donde la vida está en peligro»

«Creemos en la resurrección cuando nos ponemos del lado de las víctimas. Creemos en la resurrección cuando cuidamos la creación. Creemos en la resurrección cuando apostamos por una iglesia sinodal»

«La forma cómo la iglesia hoy está organizada, no está siendo un testimonio creíble para muchos. No podrá ser la iglesia en la que se palpe que la resurrección de Jesús nos convoca y nos anima en todo nuestro compromiso»

«Que la Semana Santa que celebraremos esta próxima semana, nos comprometa a dar un testimonio de la resurrección de Jesús a través de todas nuestras obras»

Por Consuelo Vélez

La vida cristiana gira en torno al misterio pascual. “Si Cristo no resucitó vana es nuestra fe” (1 Cor 15,14), resurrección que no solo es un recuerdo del pasado, sino que se sigue viviendo cada vez que se pasa “de la muerte a la vida” en nuestra historia actual.

La resurrección de Jesús fue la superación de su muerte con el “sí” de Dios a toda su vida. Ante el aparente triunfó de aquellos que gestaron su asesinato, se fue generando un movimiento de seguidores que afirmaban que Jesús había resucitado y seguía vivo entre ellos. Y no se quedaban en repetir las frases sino en mostrar con su vida que eso era así. Se notaba por “las obras y prodigios que realizaban en el pueblo” (Hc 5, 12) y sobre todo por el amor que vivían entre ellos: “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos” (Hc 4, 32).

Estamos cercanos a celebrar nuevamente el misterio pascual y podríamos preguntarnos qué gestos, qué signos, qué señales harían creíble para nuestros contemporáneos nuestra fe en la resurrección del Señor. Cómo decirles no solo con palabras, sino sobre todo con hechos, que la vida del Resucitado nos sigue impulsando hoy a comprometernos para transformar las realidades de muerte en realidades de vida. Intentemos proponer algunas actitudes pero que cada cual señale las que cree son más necesarias.

Creemos en la resurrección y la testimoniamos cuando defendemos la vida, toda vida y en todas las circunstancias. A veces los cristianos somos muy dados a levantar la voz cuando se habla del inicio de la vida o del final de la misma, pero olvidamos la vida de los niños, de los jóvenes, de los adultos y, sobre todo, la vida de los más empobrecidos, excluidos, marginados. Haría falta que nuestra voz se levante más claramente en todas las circunstancias donde la vida está en peligro. Ha sido muy valiosa la voz de los obispos del pacífico colombiano que han hablado claro y de manera contundente defendiendo la vida de sus comunidades de la convivencia de los alzados en armas con las fuerzas estatales. Verdaderamente han levantado su voz y corren peligro, pero si no hacen, desdicen del evangelio que predican.

Creemos en la resurrección cuando nos ponemos del lado de las víctimas, de los que exigen sus derechos, de los que trabajan por hacer de este mundo, un lugar posible para todos y todas. Aquí muchos rostros encarnan esas realidades: las mujeres, los indígenas, los negros, los jóvenes, la población de diversidad sexual, los migrantes, y podríamos nombrar a otros colectivos que realmente son excluidos y marginados, que no gozan de los derechos que por ser personas les pertenecen.

Creemos en la resurrección cuando cuidamos la creación, casa común para el bien de toda la humanidad. Está siendo muy difícil que los gobiernos tomen las medidas necesarias para detener la devastación ambiental. Además, los poderosos nos convencen de que es necesario generar ingresos y por eso no se pueden tomar otras alternativas. Y entonces ¿cuándo empezaremos a cuidar la creación? Recordemos que la resurrección no es solo de las personas sino de toda la creación, como lo dice Pablo en la primera carta a los Corintios: “Cuando hayan sido sometidas a él todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá a Aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (15, 28). La “nueva creación” como se suele llamar en los estudios de escatología no será algo nuevo que baje del cielo, sino este mismo mundo cuidado por quienes lo habitamos.

Creemos en la resurrección cuando apostamos por una iglesia sinodal, es decir, por una iglesia comunión, una iglesia donde todos y todas puedan sentirse en igualdad de condiciones, con los mismos derechos y deberes. La Iglesia es sacramento de Cristo Resucitado, por lo tanto, si no se esfuerza por mostrar los valores del reino, no puede hacer presente al Señor en medio de su pueblo. Y el papa Francisco ha propuesto el sínodo sobre la sinodalidad porque es consciente de que la forma cómo la iglesia hoy está organizada, no está siendo un testimonio creíble para muchos.

Mientras no haya más espacios de participación para el laicado -mujeres y varones-, no se acabe el clericalismo -no sólo de los mismos clérigos sino de tanto laicado que lo fomenta- y mientras no sea una iglesia en salida, es decir, una Iglesia con las puertas abiertas que salga hacia las periferias humanas (…) que no tema herirse o accidentarse por salir a la calle en lugar de quedarse como una iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades (…) Una iglesia con menos miedo a equivocarse y más a quedarse encerrada en sus estructuras, en las normas que la vuelven implacable, en las costumbres donde se siente tranquila mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: ‘dadles de comer’ (Mc 6, 37) (Evangelii Gaudium nn. 46.49), no podrá ser la iglesia en la que se palpe que la resurrección de Jesús nos convoca y nos anima en todo nuestro compromiso.

Que la Semana Santa que celebraremos esta próxima semana, nos comprometa a dar un testimonio de la resurrección de Jesús a través de todas nuestras obras. Los discípulos afirmaban: “Dios lo resucitó de entre los muertos y nosotros somos testigos de ello” (Hc 3, 15) y hoy somos nosotros los que hemos de seguir dando este testimonio. El Señor nos lo confía, esperemos no defraudarlo

Viernes Santo

¿Se puede celebrar la muerte de Jesús?

Viernes Santo
Viernes Santo

«Sí podemos debemos celebrar el amor con que Jesús, apasionado por construir un mundo fraterno, se jugó y entregó la propia vida»

En el  Crucificado se revela esa  Presencia  de amor que da sentido a la vida humana  que hará justicia a tantas víctimas de la historia. En la liturgia del Viernes Santo invocamos “¡Oh cruz, nuestra esperanza!”

«Urge intensificar la fe  experiencia cristiana que suscita la muerte de Jesús por amor, abriendo camino para una nueva presencia pública de la Iglesia en nuestra sociedad»

Por Jesús Espeja

Jesús murió porque los seres humanos somos capaces de matar incluso al inocente. La inquina de Caín contra su hermano es lamentable, no se celebra. Por eso el viernes santo trae un recuerdo de tristeza y soledad porque significa la muerte violenta del justo  que una y otra vez ennegrece nuestra historia.  Pero sí podemos debemos celebrar el amor con que Jesús, apasionado por construir un mundo fraterno, se jugó y entregó la propia vida.

La muerte de Jesús no fue para aplacar a una divinidad airada por nuestras ofensas y celosa de que, sea como sea, reparemos su honor. Esa divinidad es invento nuestro; nada tiene que ver con el “Abba”, amor gratuito e inabarcable, invocado por Jesús de Nazaret. Nos ama cuando todavía  no correspondemos a ese amor.

La muerte de Jesús fue la expresión del amor que es Dios mismo, encarnado en la humanidad.  La misma Presencia de amor en que habitó, actuó y proclamó Jesús el Evangelio, estuvo dentro del Crucificado dándole  inspiración y fuerza para su entrega  libre y por amor. Y eso es lo que celebramos los cristianos el viernes santo: la misericordia entrañable de Dios encarnada en el corazón de la humanidad.

Crucifixión de la catedral de Burgos
Crucifixión de la catedral de Burgos

¡Cómo ilumina y consuela esta celebración en un mundo todavía en tinieblas y en sombras de muerte! Una y otra vez retoña ese anhelo de vida, la humanidad no se resigna y se levanta de sus propias cenizas. En el  Crucificado se revela esa  Presencia  de amor que da sentido a la vida humana  que hará justicia a tantas víctimas de la historia. En la liturgia del Viernes Santo invocamos “¡Oh cruz, nuestra esperanza!”

En Semana Santa son frecuentes las solemnes procesiones. En el encuentro con Dios todos estamos en camino, y nos somos quienes para juzgar a los demás. ¿qué sabemos de los sentimientos que respira un sufrido costalero bajo unas pesadas andas? Pero, cuando la religión cristiana pierde presencia social pública, no debemos quedar solo con las procesiones tradicionales. Urge intensificar la fe  experiencia cristiana que suscita la muerte de Jesús por amor, abriendo camino para una nueva presencia pública de la Iglesia en nuestra sociedad.

Jueves Santo

La eucaristía, cuidado singular de Jesús a sus discípulos

Que nos lavemos los pies unos a otros

Por | Rufo González

Comentario: “Lo que he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn 13,1-15)

Titulares sobresalientes del Vaticano II sobre la eucaristía: “Fuente y cima de toda la vida cristiana” (LG 11). “En ella se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, Cristo mismo… Es fuente y culminación de toda evangelización… Es el centro de toda la asamblea de los fieles que preside el presbítero” (PO 5). “Ninguna comunidad cristiana se edifica sin que tenga su raíz y quicio (`radix´, `cardo´: bisagra, gozne, pernio, charnela) en la celebración de santísima Eucaristía” (PO 6). “El Señor dejó a los suyos prenda de su esperanza y alimento para el camino” en la Eucaristía (GS 38). Comentar estos titulares es una hermosa homilía.

La Cena de Jesús, “la original”, tiene pocas afinidades con la misa, su “reproducción” hoy. Celebra idéntico misterio: el cuidado de Jesús a sus discípulos: acompaña, inspira y alimenta. El modelo actual presenta casi toda la vida eclesial activa: une, reconcilia, habla, dialoga, recuerda la entrega de Jesús, reúne a vivos y difuntos, alimenta, agradece, envía al reino. Pero sigue, como escribe Pepe Mallo, “el excesivo ritualismo, ataviado con ropajes, expresiones, ademanes, que más bien asemejan una representación teatral que al recuerdo de la Cena del Señor. De expresar servicio ha pasado a “ser vicio”, de “cena” a “escena”. La ostentación es reflejo evidente de privilegio y poder… Afán exhibicionista: bicornios mitrales, lujosos báculos, vistosas cruces pectorales, casullas multicolores… Ostentación y segregación, separación de clero y fieles. ¿Qué aportan al recuerdo de la Cena del Señor los “ornamentos”? Lo define la propia palabra: adorno, suntuosidad, ornato. Jesús se pronunció contra el vestido como ostentación sacral: “¡No hagáis como ellos hacen!… pues agrandan sus distintivos religiosos (filacterias) y alargan los adornos (flecos) de sus mantos” (Mt 23,5)… Jesús y discípulos vistieron como hombres y mujeres de su tiempo, sin distinguirse por la ropa” (Blog “Atrévete a orar”. RD 05.03.2022). Sin duda, caben configuraciones nuevas, más inteligibles y eficaces pastoralmente. 

Juan sustituye el relato la Cena (ya en Jn 6, 23-50) por el lavatorio de los pies. Es un signo del cuidado fraternal que exige la Eucaristía. “El abuso de la celebración de la Eucaristía, según Pablo, no es la alteración de ritos, pues cada comunidad tenía sus ritos y y costumbres, sino el no compartir los alimentos con los hermanos más necesitados” (F. Bermúdez, “Nos va la fiesta. Recursos para celebraciones de la fe”. Pág. 19. Moceop. Albacete 2020) Sin cuidar de los hermanos, la eucaristía es una farsa, un sinsentido, un absurdo, un imposible cristiano: “vuestras reuniones causan más daño que provecho… ¿Tenéis en tan poco a la Iglesia de Dios que humilláis a los que no tienen?” (1Cor 11,22).

También en la cena de Jesús había egoísmo mezclado con amor. El egoísmo de Judas Iscariotes busca poder, dinero y brillo, produce envidia e insolidaridad, acarrea traiciones, mentiras… También la protesta de Pedro expresa egoísmo: no quiere que se pierdan las categorías y rangos mundanos. Tras la resurrección lo entenderá. El amor brilla en Jesús: “Os he dado ejemplo para lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”. Jesús, Maestro y Señor, ama y cuida sin imposición. Contagia el amor gratuito del Padre. Nos da su Espíritu para que sigamos su camino de cuidados a toda la creación. Capacita para actuar como el Padre “que hacer salir el sol y bajar la lluvia sobre justos e injustos” (Mt 5,45). 

Oración: “Lo que he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn 13,1-15)

La eucaristía, Jesús, es “la hora” de tu entrega definitiva:

tras percibir que puedes ser asesinado de inmediato;

tras redoblar la confianza en el amor del Padre;

tras querer expresar a los discípulos el sentido de tu vida;

decides dejarles el memorial de tu presencia definitiva:

tu cuidado permanente, tu cercanía asombrosa…

Tu presencia resucitada nos cuida de muchos modos:

dándonos tu Espíritu en el agua bautismal;

fortaleciéndonos para ser tus testigos;

perdonando nuestros desvaríos sin cesar;

convocándonos en tu nombre:

para hacer memoria de tu vida entregada,

para dar gracias al Padre contigo por su Amor,

para alimentarnos con el pan y el vino de tu presencia;

consolándonos en la debilidad enferma de nuestra vida;

bendiciendo nuestros amores interpersonales;

desplegando carismas de servicio para el cuidado común;

haciéndonos ver tu presencia en cualquier necesitado…

El problema somos nosotros, tan limitados:

tardos en entender y en vivir tu presencia;

apegados a fuerzas opresoras por dentro y por fuera;

cegados por el ajetreo diario sin ver tu voluntad amorosa;

sordos al cuidado de los más débiles y empobrecidos.

Tu reino es fruto del cuidado fraternal:

que nace del amor del Padre, dador de vida;

que respeta y procura derechos y deberes humanos:

“derechos y deberes universales e inviolables… 

lo que necesitamos para una vida verdaderamente humana,

como son el alimento, el vestido, la vivienda,

el derecho a la libre elección de estado y a fundar una familia,

a la educación, al trabajo, a la buena fama, al respeto,

a una adecuada información,

a obrar de acuerdo con la norma recta de la conciencia,

a la protección de la vida privada

y a la justa libertad también en materia religiosa” (GS 26).

Adelantando muerte y resurrección, te haces cuidado ilimitado:

acompañas y trabajas como el Padre en nosotros (Jn 5,17);

creas una singular presencia de cuidado permanente:

presencia real, segura, de Hijo de Dios y Hermano nuestro.

Al comer el pan y beber el vino en memoria tuya,

nos dejamos asimilar por Ti, Jesús resucitado;

nuestra vida se va transformando en vida como la tuya;

nos “ceñimos con toalla” de servicio hasta la muerte;

“lavamos y secamos los pies” para que tengan vida;

no imponemos más leyes que el Evangelio;

alentamos ministerios y carismas de cuidado servicial;

así hacemos tu fraternidad, tu Iglesia.

Preces de los Fieles (Jueves Santo. 14.04.2022)

La Cena de Jesús y el Lavatorio de los pies son la esencia de nuestra fe, de nuestra vida cristiana, de nuestra Iglesia. Cenar con el Señor y lavar los pies a los hermanos es nuestra actividad esencial. Pidamos centrar nuestra vida en el cuidado servicial, diciendo: “Que nos lavemos los pies unos a otros”.

Por toda la Iglesia:

– que promueva y viva los derechos y deberes humanos;

– que sea espejo de transparencia, de respeto, de ayuda mutua…

Roguemos al Señor: “Que nos lavemos los pies unos a otros”.

Por las intenciones del Papa (abril 2022):

– que “los sanitarios atiendan enfermos y ancianos, sobre todo en los países más pobres”;

– que “el personal sanitario sea apoyado por los gobiernos y las comunidades locales”.

Roguemos al Señor: “Que nos lavemos los pies unos a otros”.

Por los servidores de las comunidades:

– que sean elegidos por todos, sin discriminación de género ni estado civil;

– que los obispos y presbíteros casados puedan ejercer su ministerio del Espíritu.

Roguemos al Señor: “Que nos lavemos los pies unos a otros”.

Por la comunidad internacional:

– que evite las tragedias humanas: guerras, refugiados, hambrunas…;

– que cuide el reparto de los bienes para que lleguen a todos.

Roguemos al Señor: “Que nos lavemos los pies unos a otros”.

Por los más vulnerables:

– que sean el centro de nuestra preocupación y cuidado;

– que se unan y trabajen por solucionar sus problemas.

Roguemos al Señor: “Que nos lavemos los pies unos a otros”.

Por esta celebración:

– que nos dé a gustar internamente la alegría del amor;

– que nos vincule a unos con otros para el cuidado mutuo.

Roguemos al Señor: “Que nos lavemos los pies unos a otros”.

Bendice, Señor, nuestros deseos. Danos tu Espíritu que nos anime al servicio y cuidado mutuos, siguiendo tu camino. Te lo pedimos a ti, Jesús resucitado, que vives por los siglos de los siglos.

Amén.

El lavatorio de los pies del Jueves Santo

Francisco lavará mañana los pies a 12 personas privadas de la libertad

De nuevo, Francisco lavará los pies a 12 reclusos
De nuevo, Francisco lavará los pies a 12 recluso

Por Hernán Reyes Alcaide, corresponsal en el Vaticano

Una vez más, el Papa mostrará en Jueves Santo su cercanía con los detenidos. Pese a las reticencias vaticanas por confirmar la noticia, ya es seguro que el pontífice visitará a los presos de la Cárcel de Civitavecchia, un complejo penitenciario de la región Lacio que hospeda a 500 personas privadas de su libertad. 

Estamos agradecidos al Santo Padre por haber elegido, una vez más, una periferia existencial, un lugar de proximidad para relanzar un mensaje de cercanía y esperanza. al mundo», planteó en declaraciones a la prensa el jefe de los capellanes de las cárceles de Italia, el padre Raffaele Grimaldi.

Papa y presos

«Lavar los pies de 12 presos, inclinarse ante su pobreza y debilidad, lavar los pies de quienes han recorrido caminos de violencia, pisotear los derechos de los inocentes significa para nosotros trabajadores un gesto humilde, incomprensible y escandaloso que Jesús Buen Pastor, entregó a la humanidad”, agregó Grimaldi.

Francisco celebrará laMisa Crismal en la Basílica Vaticana a las 9.30 de la mañana de este jueves y al día siguiente, antes del Via Crucis, se hará la representación de la «Passio» del Señor en la Basílica de San Pedro a las 17:00 de la capital italiana. El Via Crucis del viernes santo, tras dos años de pandemia, volverá al tradicional Coliseo romano.

El 16 de abril, el Papa celebrará la Vigilia Pascual a las 19.30 en la Basílica de San Pedro y al día siguiente, Domingo de Pascua, la misa será a las 10en la Plaza de San Pedro.

Tras la misa, Francisco dará la bendición Urbi et Orbi desde la logia central de la Basílica a las 12, en la que el Papa hará su tradicional mensaje dedicado a las problemáticas de la actualidad, con epicentro en la guerra en Ucrania.

La de Civitavecchia será la quinta prisión que visita Francisco como Papa en Jueves Santo, tras la de Velletri en 2019; la cárcel Regina Coeli de Roma, a pocos pasos del Vaticano, en 2018; la de Paliano en 2017; la de Rebibbia en 2015; y el centro de detención para menores de Casal de Marmo en 2013, al poco de haber sido elegido Papa.

 SEMANA SANTA 2022

 en Torrubia del Campo

Nos preparamos a celebrar el Misterio Pascual participando en el Proceso Sinodal que nos propone el Papa Francisco

Por un cambio pastoral viviendo la comunión, la participación y la misión en la Iglesia

 Les invitamos a participar en las celebraciones que tenemos esta Semana Santa

Si seguimos y contemplamos los pasos de Jesús:
Será como un libro abierto y vivo, lleno de enseñanzas y lecciones

En esta semana Santa

Vemos hasta dónde llega el dolor y hasta dónde llega el amor.
Vemos al que bajó hasta lo más hondo y oscuro del sufrimiento humano.
Vemos que el hombre condena a Dios: Nació marginado (no hubo para él lugar en la posada),
y le echó fuera de nuestro mundo al ponerlo en la cruz.

Y El sigue entre nosotros, en cada uno de los marginados, de los que no tienen sitio en nuestro mundo.
Vemos a Cristo ofreciendo su perdón desde la Cruz.
Le vemos entregando su vida, su Cuerpo y su Sangre en la Cena.
Y vemos que el amor es más fuerte que la muerte.

Al final es la Vida: La Vida en plenitud.

JUEVES SANTO 14 de abril

«Haced esto en memoria mía»

19:30 Celebración de la Cena del Señor  
21:00 Procesión Camino del Calvario    
22:30 Hora Santa  

VIERNES SANTO 15 de abril

«Y nos amó hasta el extremo»
10:00 Procesión Vía Crucis             
19:30 Celebración Muertedel Señor                                                 
21:00 Procesión del Santo Entierro  
00:00 Bajada del Santo Sepulcro

SABADO SANTO 16 de abril

21:00 Vigila Pascual

¡Ha resucitado! ¡Aleluya!

DOMINGO DE RESURRECCION 17 de abril

9:00 Procesión del Encuentro y

Eucaristía – Resurrección del Señor

 

Domingo de Ramos: Muerte y resurrección de la iglesia

Domingo de Ramos 2022
Domingo de Ramos 2022

En la línea de las tres “postales” anteriores  con su documento  de reforma de la Curia Vaticana (Anunciad el evangelio), el Papa Francisco  está proclamando y anticipando de hecho  la “muerte y resurrección” de la iglesia.

–  Unos pueden decir y dicen que esa muerte es una buena noticia: Lo mejor que le puede suceder a un tipo de iglesia actal es que se derrumbe y termine, como el templo de Jerusalén, para que, en su lugar, pueda surgir una iglesia verdadera, sin poder sacral, sin imposiciones de conciencias, sin negocios de dinero. Sólo entonces, cuando caiga este «templo», se podrá hablar de una iglesia liberada para la fraternidad del evangelio.

– Otros pueden decir y dicen que este Papa Francisco, quizá sin saber bien lo que hace, está dinamitando manera nefasta equivocada la Iglesia Católica, de forma que no no es Vicario de Cristo, sino del Anticristo. Por eso hay que esperar que sus reformas pasen, pues los papas también mueren, para que venga un verdadero Pontífice, que ponga de nuevo poner las cosas en su sitio.

            No puedo entrar en esa temática concreta. Muchos de mis lectores saben lo que pienso. Sólo qiero seguir pensando y caminando en la línea de Jesús  y  para ello ofrezco un pequeño comentario del evangelio del Domingo de Ramos, con el anuncio de la «ruina» del Templo de Jerusalén con la auténtica pascua de Cristo. Buen comienzo de Semana Santa a todos.

Por | Xabier Pikaza teólogo

Evangelio: Entrada de Jesús en Jerusalén, anuncio de la destrucción del templo (Mc 11)

Mc 11: Llegaron a Jerusalén y 7  le trajeron un pollino, echaron encima sus mantos y se sentó sobre él.8 Muchos extendieron sus mantos por el camino; otros, follaje cortado de los campos. 9 Los que iban delante y los que le seguían, gritaban: «= ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! 10 ¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David! = ¡Hosanna = en las alturas!»…

y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas 16 y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo.17 Y les enseñaba, diciéndoles: «¿No está escrito: = Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes? = ¡Pero vosotros la tenéis hecha una = cueva de bandidos! . (Por eso caerá y no quedará de ella piedra sobre piedra….).18 Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban cómo podrían matarle; porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina.

Caída del templo, caída de un tipo de Vaticano.

 Conforme a este lectura, resulta conveniente (inevitable) que caiga o se abandone un tipo de templo eclesiástico, como el sepulcro de Jesús, que estaba vacía, pero no para elevar en su lugar otro semejante (que todo cambie, para que siga siempre igual), sino para tomar el «carro de vida de Dios» (profeta Ezequiel) , para que puedan subirse en ellos expulsados y negados de la historia actual,  para recorrer con ellos los caminos de Dios.

Expulsión de los mercaderes del Templo - Wikipedia, la enciclopedia libre

Muchas piensan  dificultades actuales no se solucionan con unos pequeños cambios de estructura: con un Papa más o menos liberal, con más o menos autonomía de las comunidades; con la supresión del celibato ministerio o la ordenación de las mujeres, como quieren los teólogos más «liberales», empeñados en lograr que la iglesia se ajuste a la moderna democracia.

Sin duda, esos cambios son importantes (¡necesarios!), pero vienen en un segundo momento, conforme a la dinámica de las comunidades. Lo que importa es el radicalismo evangélico: compartir la vida, desde los más pobres, ofreciendo el testimonio de un amor que es infalible porque es presencia del Dios que da vida (es Vida) al entregarse por los otros.

Jesús anunció la destrucción del sistema sacerdotal del Templo de Jerusalén antes que cayera. Por eso expulsó a sus mercaderes y anunció la ruina de sus edificios (¡caerán como caen los bancos y jaulas de cambistas y comerciantes!), vinculados a un poder sagrado.

De esa forma asumió el mensaje de Jer 7 (caída del templo) y de Ez 10 (el «carro de Dios» se aleja del lugar sagrado) y lógicamente suscitó la reacción no sólo de los sacerdotes de Jerusalén, sino de los jerarcas de Roma, pues tenían miedo de un Reino que fuera casa de oración y acogida para todos los pueblos, empezando por los pobres. En ese fondo situamos la destrucción del papado actual.

Muchos cristianos protestarán diciendo que la imagen del viejo templo no puede aplicarse hoy al Papa. Ciertamente, el Vaticano no parece cueva de bandidos (como Jesús dijo del templo), sino espacio de apertura, una plaza, una casa donde pueden reunirse muchos hombres, obispos en concilio, fieles en romería creyente, la mayor parte de ellos intachables y fieles… Pero tampoco Caifás era perverso, sino un hábil político, diestro en equilibrios al servicio de la paz. Tampoco el Sanedrín era un tribunal corrupto, sino un lugar honrado de discusiones sociales y religiosas, a partir de unas clases dominantes (sacerdotes, presbíteros, escribas). Pero Jesús quiso que aquel templo cayera, a pesar del dolor que eso implicaba para muchos (cf. Lc 19, 41-44; 21, 20-24), y nosotros queremos que caiga el templo vaticano, por amor a los hombres.

Templo de Jerusalén - Wikipedia, la enciclopedia libre

Lo que importa no es la caída, sino la resurrección. No dictamos así una propuesta de condena general de la historia, sino la afirmación de que el tiempo de suplencia papal ha terminado (como terminó la del templo de Jerusalén). La iglesia no es sistema de poder, sino fraternidad gratuita de pobres (de crucificados y expulsados), experiencia concreta de amor que va creando vida, esperanza de resurrección. Ella sólo puede decir y proclamar la Vida mesiánica de Dios   con su propia existencia, en el nivel de las relaciones personales, sin discursos elevados que se vuelven pronto ideología. Para que viniera la nueva humanidad y los hombres y mujeres pudieran perdonarse directamente, sin controles sagrados, tuvieron que caer los poderes del templo. Por amor de Dios y para bien de los pobres, enfermos y niños, representantes y portadores del poder de Dios (Mc 11, 12-26  par), debe caer un tipo de papado. 

Pero más  que la ruina externa del templo de Jerusalén, proclamó su ruina interna,

 la ruina de ese templo de Dios que hemos levantado en nuestros corazones.  Jesús dijo a los judíos de aquel tiempo «Vuestra casa quedará vacía» (Mt 23, 38). Lo mismo puede suceder ahora el “sistema” vaticano: muchos piensan que a la sombra de sus grandes hojas no existe ya fruto (cf. Mc 11, 13-21), de manera que es preciso abandonarlo, dejando que surja, por gracia de Dios, el nuevo pueblo que produzca frutos (cf. Mt 21, 43).

Por eso, la caída de un tipo de papado nos debe alegrar, pues queremos uno diferente, que no sabemos aún cómo será, pero que tiene que ser de los pobres, enfermos y niños a quienes Jesús anunció el Reino de Dios (y a quienes introdujo como autoridad en el templo: cf. Mt 21, 14-17). La historia nos ha situado en una encrucijada y debemos tomar una decisión, pues dejar las cosas como están, manteniendo este modelo de iglesia, significa condenarla (¡y quizá condenarnos!) a una muerte sin resurrección.

No se trata de derribar con violencia los muros, pues tampoco Jesús destruyó físicamente el viejo templo (lo saquearon y quemaron más tarde, de formas diversas, los celotas y legionarios, que luchaban entre sí por el control del sistema). Pero Jesús y la mayoría de los grupos cristianos lo habían abandonado ya (como supone el evangelio de Marcos, lo mismo que  Mt 23, 37-39), antes de que ardiera en las llamas de la guerra, pues habían descubierto y edificado otra casa de fraternidad (la iglesia), en el campo extenso de la vida, sin necesidad de instituciones legales y sacrales.

También nosotros debemos abandonar un tipo de Vaticano actual y debemos hacerlo por amor, sin agresividad, sin lucha externa, con ternura y gratitud, con gran pena, por lo que ha sido. Debemos abandonarlo precisamente ahora, cuando parece que se eleva triunfante, con grande hojas, como la higuera de Israel (Mc 11, 13), para situar las tiendas de campaña de la iglesia de Jesús (cf. Jn 1, 14) en el ancho camino de la vida, buscando con otros hombres y mujeres el surgimiento de un servicio de unidad distinto, que represente a los pobres de Dios. Entonces podremos apelar de nuevo a las llaves de Pedro, como signo de potestad e infalibilidad evangélica.

No buscamos incendios ni guerra, ni que la Basílica de San Pedro de vaticano arda y acabe, con archivos y museos, con documentos de curia y curiales, con su banco y su pequeña guardia de suizos, sus cardenales, obispos y monseñores y/o funcionarios de segundo grado. Pero queremos que pierda su función (que se disuelva), mientras la iglesia verdadera emerge y crece en otro espacio, donde comienzan ya a juntarse los discípulos de Jesús.

Algunos, sienten mucha prisa: les gustaría que llegaran nuevos romanos (como el año 70 d. C.), quemando el Vaticano, de manera que sólo quedara una “zona cero” de ruinas con la memoria de Pedro.

Otros, más escépticos, sostienen que debe acabar no sólo el Vaticano, sino también la iglesia, pues todo en ella es folklore y sistema de dominación… Nosotros queremos que el Vaticano se mantenga como testimonio de una historia pasada, pero que la iglesia realice de un modo diferente su tarea de evangelio al servicio del conjunto de la humanidad.

 En esa línea, queremos sacar a la iglesia fuera del sistema de los trece poderes del Vaticano que hemos visto en la postal anterior, no porque ellos sean perversos, ni sus portadores inmorales (¡que no lo son!), sino porque expresan un poder sagrado y no responden ya a la autoridad del evangelio, en la línea de Pedro. Esos trece poderes son lógicos y han sido quizá necesarios, en una línea de unificación sagrada de la religión. Más aún, ellos constituyen un monumento admirable de sabiduría jurídica, en perspectiva romana y helenista, pero han cumplido su función, ya no responden a la novedad del evangelio ni a los problemas actuales de la humanidad.

Es posible (quizá conveniente) que algunas de las estructuras del Vaticano actual continúen existiendo por un tiempo. Más aún, queremos que la reconstrucción eclesial (y papal) se realice sin invasiones y guerras o rupturas interiores, como solía suceder en el pasado, sino en diálogo de amor. Pero es evidente que habrá tensiones, como indicarán los apartados que siguen, pues el anuncio de evangelio, que las mujeres han de trasmitir a Pedro (cf. Mc 16, 1-8), resulta inseparable de una fuerte denuncia, dirigida contra aquellos que parecen monopolizar la herencia cristiana.  

 Suponemos que las críticas de Jesús en Mt 23 van dirigidas en contra un tipo de cristianos, no contra judíos que se hallaban fuera de la iglesia. Las grandes «novelas papales» de hace un siglo (V. Soloviev,  El relato del Anticristo [1899], Scire, Barcelona 1999 y R. H. Benson, El amo del mundo [1906], Gili, Barcelona 1956) anunciaban para este tiempo (comienzo del tercer milenio)  un choque violentísimo entra el Papa (Vicario de Cristo) y los representantes del Anticristo, con un tipo de fin del mundo. En contra de eso, a pesar de la dureza extrema del tiempo en que vivimos, estamos convencidos de que el mundo seguirá y de que el papado se reformará en línea de evangelio, sin catástrofes ni guerras finales de la historia.

Nueva Iglesia, nuevo papado

Al ponerse en camino hacia Roma (hacia el año 62/63 d.C.),  después de haber “animado” las iglesias Jerusalén y de Antioquía, Pedro buscaba dos cosas: el centro del poder muncial y el gran suburbio o periferia de los pobres, con quienes de hecho convivió, hasta que los poderes del sistema romano le mataron.

Pasados los siglos, los Papas siguen dislocados en Roma, entre el nuevo imperio, con el que parece que han pactado, y los pobres, que continúan estando en el suburbio. Las «llaves de Pedro» tuvieron la función de abrir la iglesia a los pobres (¡pues el Reino les pertenece: Mt 5, 3 par!): fueron llaves de Dios, al servicio del mesianismo de Jesús. Para cumplir hoy su función, el Papa tendrá que abandonar sus actuales poderes sagrados, ofreciendo  su evangelio de esperanza a los expulsados del sistema (cf. Mt 11, 2.6).

Así podría titularse nuestro lema: «Que el evangelio sea signo de unidad para todos los hombres y el papado represente nuevamente a los pobres». No se trata de adoctrinarles, pues ellos saben (aunque a veces «no saben que saben») y pueden escuchar el evangelio, sino de acompañarles, de manera que descubran su riqueza, que tomen conciencia de su voz (que es Palabra de Dios) y que la digan, expresándose a sí mismos.

Por eso quiero añadir que un Papa que se empeña en decir a los pobres desde arriba, con un poder más alto, aquello que son y lo que deben hacer no es cristiano, pues les roba lo mayor que tienen: su sabiduría y dignidad, su responsabilidad ante sí mismos y ante el evangelio. En contra de los pobres que «no saben que saben» puede haber papas y eclesiásticos que «piensan que saben sin saber», pues sólo han escuchado la propaganda del poder de turno; eso significa que deben empezar aprendiendo de los pobres y sólo así podrán tener las llaves de Dios y abrir con ellas la iglesia a todos los hombres.

Papa Francisco

 ((La referencia a los que «no saben que saben» y a los que «creen que saben y no saben» está tomada del proyecto educativo de P. Freire. Los papas parecen bogar como el Pedro de Jn 21 en una barca que se muestra inútil, en medio de la noche, sin saber dónde se encuentran los peces, sin reconocer a Jesús en la bruma del amanecer. Así vamos nosotros, muchos de nosotros, como el Discípulo amado de Jn 21, queriendo mantenernos en la barca de Pedro, para descubrir los problemas de los hombres y para ver el rostro de Jesús que nos puede guiar en la mañana)).

            Si quieren ser signo de Jesús, los papas tienen que salir de la gran casa organizada de una iglesia que tiende a pactar con el sistema, para situarse con Pedro en el caos del gran suburbio de la historia, donde están los perseguidos y expulsados de la sociedad, que son los portadores de las llaves de Dios.  

 Muchos piensan que el papado  actual navega impertérrito sobre el diluvio del mundo (cf. Gen 6), como si la barca de Pedro tuviera un lugar y respuesta preparada para todo, dentro de un gran orden sagrado. Pero otros contestan que la barca papal se mueve a la deriva, en medio de un caos o desorden de pobres que se extiende hasta el infinito (¡de pobres que se ahogan!), mientras la máquina imperial del dinero y de las armas impone su unidad  destructora, utilizando signos sagrados (como hacía Roma según el Apocalipsis).

Ciertamente, el orden económico y social funciona bastante bien (para algunos), pero es un orden de violencia, conforme a la eficacia del sistema que quiere resolverlo todo por la fuerza, apelando para ello a las armas y el dinero. Por eso, bajo la apariencia de ese orden (y en gran parte a consecuencia de su lógica de dominación), se ha extendido sobre el mundo la mayor pobreza, que no es algo natural, sino que nace de la opresión del sistema. Allí donde se ha absolutizado un tipo de sistema en línea nacional (nazismo), de imposición social (comunismo) o de organización capitalista (neoliberalismo), se multiplican los pobres (expulsados, perseguidos).

Esos pobres de los que está lleno nuestro mundo dan la impresión de que son puro caos, algo que sobra, de forma que se ha dicho que son como los «daños colaterales», necesarios para que el sistema funcione. Pero, en contra de eso, debemos afirmar que, según el evangelio (cf. Lc 6, 21-23), el caos de esos pobres es mucho más importante y creativo que el orden del sistema de donde ya no puede surgir nada que sea humanamente valioso.

Sabemos por la experiencia más honda de la Biblia (de Daniel al Apocalipsis), que los imperios unificados en forma sistema se destruyen a sí mismos, mientras que los pobres pueden abrirse a la esperanza. El sistema no tiene futuro, sino que se cierra en sí mismo, como un todo fatídico de muerte. Por el contrario, el caos de los pobres puede germinar como semilla de Reino (cf. Mc 4), haciendo posible una nueva mutación (no imposición)  humana, en línea de libertad. Por eso, no podemos resolver los problemas del caos desde el orden del sistema, sino desde la misma pobreza rica de evangelio, sabiendo que ella tiene las llaves de Dios según Cristo.

Esta visión de la riqueza y comunión que brota de los pobres constituye un elemento esencial de la apocalíptica judía  tal como ha sido actualizada en el mensaje de Jesús, superando el sistema sagrado del templo, que cerraba a Dios en un orden sacrificial. Crucificado por el sistema, el Cristo de Jn 12, 32 afirma que atraerá y unirá a todos los hombres en amor, desde la impotencia y caos de la cruz.  

En ese fondo queremos recuperar la experiencia del mensaje de Jesús, sabiendo que la «lógica del Reino», que es la lógica de la roca sobre el caos, no está hecha de imposición (dinero y armas), sino de «comunión» gratuita, por comunicación de amor, no por sistema. Para ser cristiano, el Papa debe salir de la seguridad del sistema religioso, que le aísla del mundo real de los pobres, para volver a donde estuvo al principio, en el tiempo de Pedro, en eso que pudiéramos llamar el «caos de los pobres».

 El Papa ha de volver al lugar donde habitan y sufren los hombres y mujeres que han perdido la seguridad que concede este mundo para descubrirse totalmente desnudo y sin nada, con aquellos que no tienen nada. Sólo entonces podrá descubrir las llaves de Dios que pueden convertir el caos en puerta del Reino.   En esa perspectiva se asienta la propuesta que ahora ofrezco sin apresuramiento, sin buscar soluciones rápidas, porque los ritmos de la historia de Dios no pueden forzarse. He de hacerlo volviendo a la raíz del evangelio, donde el principio de unidad es el mismo amor mutuo de los pobres (enfermos, pecadores, expulsados), que son capaces de descubrir y construir la nueva casa de Dios, es decir, la humanidad reconciliada. Para imponer un tipo unidad desde el poder no hacía falta evangelio, ni milagro de Dios, ni gracia de Cristo; bastaba una ontología de poder, como la que que sigue vigente en los dictados del sistema actual, que quiere vencer el caos del «terrorismo mundial» a base de más policía y más soldados, en pura línea de imperio, siempre desde arriba (apelando, si hace falta, al eros ontológico, es decir, al servicio a la humanidad).

 En contra de eso, la novedad de Jesús consiste en ofrecer y buscar la unidad a través del amor directo,  gratuito, sin imposiciones ni dictaduras, desde los pobres y los ciegos, lo cojos, mancos y expulsados del sistema. Se trata, por tanto, de volver al evangelio, a la buena nueva de la fraternidad  y del amor directo, inmediato, que se expresa en el mensaje de Jesús y en su forma de crear unidad de Reino desde los más pobres. 

No hay recetas mágicas, no hay soluciones estratégicas, no hay fórmulas políticas, sino simplemente «creer en el evangelio y convertirse» (cf. Mc 1, 15), es decir, dejar que la buena nueva de la gracia de Dios, del ágape-logos nos trasforme, trasforme a los cristianos, de manera que puedan presentarse humildemente, sin superioridad, como signo de Reino. El camino de unidad de la iglesia se define, una vez más, como camino de evangelio, como un retorno al mensaje y a la vida de Jesús, desde el centro del Sermón de la Montaña, retomando la experiencia de la pascua. Jesús viene a presentarse de esa forma como aquel que vive «desde la muerte», es decir, como aquel que ha hecho el buen camino del amor gratuito, inmediato, creador de vida, en medio del caos de muerte de su entorno. Un tipo de papas han venido a parecerse más a los sumos sacerdotes de Jerusalén y a los gobernadores del imperio que condenaron legalmente a Jesús. Pues bien, frente a esa ley de sacerdotes y gobernadores, que representan el «eros» del sistema, queremos evocar nuevamente la figura del Papa, como representante de la unidad no jerárquica (no imperial) de la iglesia de Jesús, como si fuera un «milagro» viviente, en línea de evangelio.

Entramos en la Semana Santa

Hacia la Semana Santa con la densidad histórica del misterio pascual

Por Consuelo Vélez

Va corriendo el tiempo de cuaresma y pronto estaremos celebrando la Semana Santa. Es una semana donde se “condensan” los misterios de nuestra fe en el Misterio Pascual, es decir, la muerte y resurrección de Jesús. Pero corremos un peligro: repetir la liturgia que la Iglesia tiene tan bien diseñada, haciéndola con todas las rúbricas litúrgicas y la mayor solemnidad posible y, sin embargo, finalizando dichas celebraciones sin haber modificado absolutamente nada de nuestra vida y de nuestra iglesia. Es decir, habiendo cumplido con los ritos, pero sin haber vivido lo que conmemoramos. Por supuesto no faltarán las comunidades que viven este tiempo con mucha profundidad y gracias a ellas, la fe sigue viva y actuante y el auténtico seguimiento de Jesús se confirma. Pero me quiero referir a lo primero, a esos ritos sin vida que, me parece, son muchos más abundantes que lo segundo.

El centro de la Semana Santa es Jesucristo. Su vida y las consecuencias de la misma. Lástima que sobre los dichos y hechos de Jesús no se profundiza suficientemente en las celebraciones de esta semana mayor. Se podría decir que para esto es el tiempo de cuaresma y por eso ya llegamos directo a la última cena, a la muerte y a la resurrección del Señor. Pero, aunque en los domingos de cuaresma las lecturas nos pueden ofrecer oportunidad para ello, no me parece que tengamos la costumbre de relacionarlo suficientemente para que entendamos qué fue lo que hizo Jesús para que lo asesinaran las autoridades civiles y religiosas de su tiempo. Precisamente porque no sabemos mantener la continuidad entre la predicación del reino y su asesinato como consecuencia de esta, tal vez nos condolemos el viernes santo y nos alegramos el domingo de resurrección, pero seguimos en la semana de pascua, sin el impulso suficiente para seguir comprometidos con hacer posible el reino de Dios entre nosotros.

He utilizado antes la palabra “asesinato” porque en verdad fue así y deberíamos usar más esta palabra porque si nos referimos a que Jesús “murió” casi pareciera que fue por muerte natural y no develamos el conflicto que vivió y lo que esto supuso para él y para sus seguidores. Por eso los discípulos se dispersaron y hasta Pedro lo negó. Todos ellos vivieron un verdadero conflicto en el que Jesús arriesgó su vida y, efectivamente la perdióLo que se enfrentaba eran dos imágenes de Diosla del reino que incluye a todos, comenzando por los últimos y la del dios acomodado a los intereses de los más fuertes, incluidos los de estamentos religiosos que se creen más cerca de Dios. Esto es importante tenerlo en cuenta para dejarnos interpelar en estas celebraciones que se avecinan. Lo mismo podríamos decir de la última cena. No es una cena festiva en el sentido de cantos, jolgorios y comida en abundancia. Es una cena testamentaria, es decir, de aquel que intuye que lo van a matar y quiere insistirle, una vez más a los suyos, cuál es el mensaje y la praxis que les encomienda. Aquí lo central es el gesto. Juan lo relata como lavatorio de los pies. Él, el maestro, se pone a lavar los pies de los discípulos a ver si logran comprender que el reino de Dios consiste en esa difícil pero apasionante tarea de lavarnos los pies unos a otros y, especialmente, hacerlo con los más necesitados, con los últimos de cada tiempo presente.

Los otros evangelistas nos relatan la llamada institución de la eucaristía en el que el pan es el símbolo de una vida que se parte y se reparte para hacer posible la fraternidad/sororidad, como signo inequívoco del reino. Y en estos textos el testamento se explicita nuevamente: “Hagan esto en memoria mía”. Es decir, cada vez que coman el pan y beban el vino, comprométanse con hacer posible el reino, aunque esto llegue a costarles la propia vida.

Ahora bien, cuando esto lo contextualizamos en nuestro momento presente, adquiere la densidad histórica que la conmemoración de la Semana Santa implicaSi no lo hacemos, serán ritos vacíos que no agradan a Dios. Muchas realidades de nuestro mundo desdicen del reino de Dios. La injusticia estructural de nuestros pueblos clama al cielo pidiendo una verdadera transformación del modelo político y económico que no garantiza la vida de las mayorías. Y junto a esto, no es menos importante el cuidado de la creación y la decisión definitiva de parar la explotación irracional de los recursos naturales. Y tantas otras cuestiones sociales que no son ajenas a la fe sino, precisamente, los lugares donde esta se vive y se realiza. Cada uno podrá nombrar las que vea más urgentes pero lo que es indispensable, es que la Semana Santa nos deje con dolor de patria o con dolor de mundo y con fuerzas para seguir buscando salidas a todas las injusticias de nuestro tiempo, para que en verdad exprese nuestra fe en el Jesús del reino, en el compromiso con su causa, en el seguimiento fiel a su llamada.

Solo entonces, el domingo de resurrección será una celebración del triunfo de la vida sobre la muerte, de la justicia sobre la injusticia, de la fe viva sobre los ritos vacíos. La resurrección de Jesús nos rememora que ahora es el Espíritu de Jesús el que, a través de cada uno de nosotros, sigue actuando para hacer posible el sueño de Dios sobre la humanidad: una gran familia donde no hay padres, ni señores, ni amos, ni explotadores, ni opresores, ni nadie que este por encima de los otros, sino hermanos y hermanas que se lavan los pies unos a otros porque escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.

Ramos para el rey de los pobres

El caballo es expresión del poder de los poderosos; el burro es el animal de los pobres. Jesús no apoya su realeza en la violencia. Porque la violencia solo destruye. El amor humaniza y salva.

La Semana Santa comienza con la conmemoración de la entrada de Jesús en Jerusalén, montado sobre un borrico y aclamado por la gente. ¿Qué clase de gente le aclama? ¿Los mismos que unos días después pedirán su crucifixión? Probablemente no. Los que aclaman a Jesús en la periferia de Jerusalén son los peregrinos que le han acompañado en su viaje hacia la ciudad santa. Así se comprende que los habitantes de Jerusalén se sorprendan del alboroto y se pregunten qué es lo que está pasando.

Jesús entra en Jerusalén a lomos de un borrico que nadie antes había montado y que los discípulos toman prestado. Estos detalles resultan sumamente significativos. En ellos está presente el tema de la realeza del Mesías, heredero del trono de David, y sus promesas. Jesús reivindica el derecho del rey a requisar medios de transporte, un derecho conocido en toda la antigüedad. El hecho de que se trate de un animal sobre el que nadie había montado remite también a un derecho real. Y sobre todo se hace alusión a unas palabras del Antiguo Testamento que confieren al episodio un sentido profundo: “tu rey viene a ti humilde, montado en un asno” (Mt 21,5). El caballo es expresión del poder de los poderosos; el burro es el animal de los pobres. El que viene es el rey de la paz, el rey de los pobres. Jesús no apoya su realeza en la violencia. Porque la violencia solo destruye. Sólo el amor humaniza y salva.

Los discípulos echaron mantos encima del borrico y la ayudaron a montar. También esto tiene un sentido de entronización real. Los peregrinos que han venido con Jesús se dejan contagiar por el entusiasmo y alfombran el camino con sus mantos, gritando: “Hosanna, bendito el que viene en nombre del Señor”. Estas palabras del salmo 118, que pertenecían a la liturgia de Israel para los peregrinos, las ha conservado la Iglesia en su liturgia. Como bien dice J. Ratzinger-Benedicto XVI (en su obra Jesús de Nazaret), el Domingo de Ramos no es una cosa del pasado. Así como entonces el Señor entró en la ciudad santa a lomos de un asno, así la Iglesia lo ve llegar siempre nuevamente en cada eucaristía, bajo la humilde apariencia del pan y del vino.

Sumergidos en el sufrimiento de la guerra, nos aprestamos a celebrar los acontecimientos centrales de la historia de la salvación. Es importante que vivamos la semana santa con sobriedad externa y la alegría que brota de la fe.

Nuestra liturgia

Nuestra liturgia: Iglesia de Chile abre nuevo espacio web de ayuda a la liturgia

Liturgia
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En la web aparecen recogidos el Ordo litúrgico pastoral, que está distribuido de acuerdo con los diferentes tiempos litúrgicos

“Nuestra liturgia” contiene explicaciones sobre el Año Litúrgico, dando o conocer lo que significa cada uno de los tiempos en que la Iglesia reflexiona y vive los misterios de la vida de Jesúsodino

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

Biblia

Apoyar a los equipos de liturgia y comunidades es el propósito de “Nuestra Liturgia”, la web de la Iglesia chilena, que, desde el Área Eclesial de la Conferencia Episcopal de Chile, en conjunto con algunas de las comisiones del área, ha elaborado este nuevo portal con insumos litúrgicos y bíblicos para apoyar a los equipos de liturgia y comunidades en sus servicios pastorales.

En verdad se trata de una reformulación y creación de nuevos contenidos a los que ya estaban a disposición en un menú del mismo nombre, como informan desde la Conferencia Episcopal de Chile.

En la web aparecen recogidos el Ordo litúrgico pastoral, que está distribuido de acuerdo con los diferentes tiempos litúrgicos; subsidios para guiones de la misa dominical y de fiestas, donde mensualmente se publican propuestas de guiones pastorales y moniciones para la eucaristía dominical y solemnidades, dispuestos para apoyar a los equipos de liturgia parroquiales; el Evangelio diario, donde aparecen las lecturas y oraciones de la celebración eucarística de cada día, además de la liturgia para cada Domingo y breves reseñas del Santoral mensual.

En la “Nuestra liturgia” también son recogidas las intenciones de oración por la Iglesia en Chile, una costumbre en la Iglesia chilena, que todos los años propone para cada mes del año, intenciones de oración, las que buscan acompañar la vida de la Iglesia, sus pastorales, acciones, misiones y anhelos, incluyendo imágenes descargables para redes sociales.

Liturgia de la Palabra

Otro de los apartados de la web es aquel que recoge los comentarios al evangelio dominical, que buscan apoyar la comprensión del texto bíblico de cada semana. Junto con ello, propuestas de lecturas orante de la Palabra, que desde la Conferencia Episcopal de Chile son vistas como una forma especial de leer la Palabra de Dios y encontrarse en ellas con Jesús. Es un contacto personal y comunitario, donde Dios nos habla y nosotros le hablamos a la Palabra. Se le denomina Lectio Divina, que es lo que indica su nombre “Lectura de Dios”. Una lectura que se practica en el corazón.

Los internautas también pueden encontrar la Liturgia de las horas, que es la oración pública y oficial de la Iglesia. Está compuesta por distintas oraciones u “horas” que corresponden a los diferentes momentos del día y en las que los salmos tienen un lugar principal.

“Nuestra liturgia” contiene explicaciones sobre el Año Litúrgico, dando o conocer lo que significa cada uno de los tiempos en que la Iglesia reflexiona y vive los misterios de la vida de Jesús. La web hace una exposición del año litúrgico, que comienza en Adviento, lo sigue Navidad, Epifanía, primera parte del tiempo ordinario, Cuaresma, Semana Santa, Pascua, Tiempo Pascual, Pentecostés, segunda parte del tiempo ordinario y termina con la fiesta de Cristo Rey.

Oraciones, guiones, retiros, celebraciones, entre otros, son los recursos litúrgicos que pueden ser encontrados en esta web, que quieren ser insumos y materiales para apoyar las celebraciones litúrgicas en las comunidades durante el año. Finalmente, los lectores pueden acceder al “Boletín CONALI Informa”, publicación periódica de la Comisión Nacional de Liturgia (CONALI), la cual busca aportar e invitar a la reflexión de la experiencia litúrgica tanto personal como comunitaria.

Liturgia Chile

C

¿Renovar nuestras celebraciones?

Necesitamos ‘otra’ misa, es decir, otra Iglesia, para que ésta lo sea

Liturgia
Liturgia

«En el batiburrillo -y algo más-, orquestado alrededor de las misas tridentinas, en latín y de espalda, será de provecho para los ‘feligreses'»

«Convertida la misa en ‘precepto’ dominical y festivo, pierde parte importante de la teología y de la Biblia sobre la que se asienta»

«Las misas en latín son casi todo, menos misas. Estas son Evangelio, común-unión. Además, son “homilía”. Es decir, ‘charla de amistad'»

«Cobrar aparte la homilía o sermón es un mal negocio, además de haber tenido que ‘sufrir’ la ceremonia y el rito en latín… sílabas y tonos y el aburrimiento las cortejan de manera inequívoca y ritual»

«Subscribo mayoritariamente el ‘adelanto de una misa presidida por un no sacerdote’, y con todos los pasos litúrgicos dados para su celebración y que fuera publicado en RD con la firma de Juan Masiá, S.I.»

Por Antonio Aradillas

En el batiburrillo -y algo más-, orquestado alrededor de lasmisas tridentinas, en latín y de espaldas -¡siempre de espaldas!- al pueblo, cualquier reflexión sobre el tema, su liturgia, teología y pastoral será de provecho para los “feligreses”, o ”hijos de la Iglesia”, tal y como salmodia su etimología de “filii Eclessiae”.

Esta es lisa y llanamente la intención de estas sugerencias, después de recordar que “en la misa se celebra el sacrificio del cuerpo y la sangre de Jesucristo, bajo las apariencias del pan y del vino”, que es la Eucaristía, y de descubrir que entre sus acepciones destacan, por ejemplo, la de “como si dicen misa” (expresión que se usa para indicar indiferencia o despreocupación, o la de “no saber de la misa la media/mitad”, que equivale a reconocer ignorancia o no entender gran parte del asunto de que se trata”.

“Oír”, “estar”, “dar”, “ir”, “asistir” a la misa, son expresiones que delatan la nesciencia-ignorancia que padecen los fieles y, en ocasiones, los mismos celebrantes, no todos conscientes, ni siquiera de lo que etimológicamente significa “misa” y sus porqués.

Convertida la misa en “precepto” dominical y festivo, -“norma u orden a cumplir bajo pena de pecado grave”- pierde parte importante de la teología y de la Biblia sobre la que se asienta.

La pregunta frecuente de cuánto vale o cuesta, una misa, y además si es “gregoriana”, con uno o más curas, cantada o rezada, y encargarla previo conocimiento del precio establecido en aranceles y tasas parroquiales, con el correspondiente aditamento de si el celebrante “principal” es obispo, con capa magna o sin ella, aminora la santa eficacia de la misa en sufragio de los fieles difuntos, o en agradecimientos a favores recibidos o por recibir. Las misas -el sacramento de la Eucaristía – i se compra ni se vende.

Las misas en latín son casi todo, menos misasEstas son Evangelio, común-unión, banquete eucarístico y entrenamiento y ejercicio de padrenuestro, comunicación, presencia, cercanía, fraternidad, humildad, reconciliación y humanidad.

Misa

Además, son “homilía”. Es decir, “charla de amistad” en la que intervienen también laicos y laicas, e impiden que ellas-las homilías- sean “sermones”, con su carga académica de “reñir” o “reprender” sistemáticamente al personal. “Sermonear” no es verbo sagrado y menos litúrgico.

Cobrar aparte la homilía o sermón, es un mal negocioademás de haber tenido que “sufrir” la ceremonia y el rito en latín, de cuya lengua está ignorante el pueblo de Dios y el otro, con eso de los múltiples cambios impuestos por las Leyes de Educación, al dictado de los políticos o politiquillos de turno.

Las homilías, lo mismo en latín que en castellano y otras lenguas vernáculas, muy difícilmente ayudaron a enseñar el santo Evangelio y a la conversión. Su lenguaje y tono con clericales por todos sus gestos, sílabas y tonos y el aburrimiento las cortejan de manera inequívoca y ritual.

Vestidos y revestidos los celebrantes “de raro”, con gestos, signos y símbolos tan paganos, es -suele ser- muy cicatero y corto el interés por seguir el ritmo de los principales episodios de las misas, como son la Consagración, darse la paz, recibir y practicar la Comunión y convencerse de que la misa capacita y entrena para la “misión” confraternal de la vida real.

El altar, su liturgia y adornos en las misas solemnes o pontificales, jamás podrán identificarse o confundirse con pasarelas en las que obispos o aspirantes a serlo, lucen sus atuendos litúrgicos, con sus bordados y pedrerías, impropias de actos eminentemente sagrados y sacramentales.

No es de extrañar, por tanto, que a los parroquianos les resulte inimaginable identificar a Jesús, a sus apóstoles y a las santas mujeres, en la Santa Cena y en otras familiares, amistosas o sociales.
Y, mencionando a las mujeres, ¿cuándo, cómo y por qué ellas no presiden ya las celebraciones litúrgicas, al igual que lo hacen los señores curas u obispos, por el hecho simplemente orgánico y “natural” de haber nacido “varones”?

¿Como es posible que, con un mínimo de cultura litúrgica religiosa, se añoren los tiempos de las misas en latín a las que “se asistía” para cumplir el precepto, y en las que se rezaba el santo rosario, se hacía el Vía Crucis, se confesaba o se atendían otras devociones?

De por sí y porque sí, no habría que rechazar como imposible la participación en las misas de miembros de otras religiones e Iglesias, desde el feliz convencimiento de que Jesús no le obstaculizara a nadie hacerlo en las suyas, sin tener que someter a un previo examen de conciencia, o de ideología, a los “compa-ñeros”, o partícipes del mismo pan, que era, y sigue siendo, ÉL?

NOTA: Subscribo mayoritariamente el “adelanto de una misa presidida por un no sacerdote”, y con todos los pasos litúrgicos dados para su celebración y que fuera publicado en RD con la firma de Juan Masiá, S.I.

El esquema que caracteriza y rige las misas en sus versiones privadas y también en las solemnes, está falto de actualidad, pastoral, teología y verdadera liturgia, al igual que sobrado de ceremonias, ritos y palabrerías obsoletas e incomprensibles. Le sobra clericalismo y episcopalidad, y le falta evangelio y actualización de la doctrina cristiana. Apostamos por su pronta, santa y profunda reforma. Necesitamos “otra” misa, otra liturgia, es decir, otra Iglesia, para que esta lo sea -y lo será- de verdad.