Residencias o morideros: dignidad o negocio

Por MARTA NEBOT

Ayer, unas 1.000 o 5.000 personas, dependiendo de quién contara, se manifestaron en Madrid convocadas por la Plataforma Estatal de Organizaciones de Familiares y Usuarias de Residencias para Mayores y para Personas Discapacitadas para reclamar otro modelo de residencias.

En el manifiesto que hicieron público y en su convocatoria pedían una gran movilización social que no sucedió.

Ni los versos que dedicó Serrat a la cita y a la causa ni el apoyo de Miguel Ríos movieron a las masas. Y es que hay una cantinela que de tanto oírla se nos ha metido en el cerebro y nos paraliza.

Cada vez que escucho «no hay dinero» cuando hablan de la reconversión del modelo de residencias de ancianos me dan ganas de arañar pizarras, tirarme del pelo, gritar hasta partirme la garganta. Decir que no hay dinero para eso en un país rico –siempre salimos en todos los rankings entre las veinte economías más destacadas del mundo– es un chiste malo o un insulto a la inteligencia colectiva. Viajar un poco arregla rápido las cabezas que no ven que este es un país en el que hay mucha pasta.

¿No hay dinero para que no se nos deshidraten nuestros viejos? ¿No hay dinero para que no les aten con correas o con fármacos o para que su alimentación sea la adecuada? ¿No se puede buscar la manera de que sus familias puedan visitarles cuando les dé la gana, de que sus cuidadores tengan contratos estables para que no cambien cada media hora? ¿No sería mejor que todos los que pudieran se quedaran en sus casas y en sus entornos con la ayuda domiciliaria necesaria? ¿En serio? ¿No hay dinero es el argumento cuando hay todo un entramado internacional con pingües beneficios, incluso en paraísos fiscales, dedicado a este negocio? ¿No hay dinero cuando la mayoría de sus víctimas pagan copagos, se dejan la pensión en esas cárceles, incluso venden sus casas para darse el lujo de ser malcuidados?

Lo que se ha perdido no es el dinero, sino la vergüenza y el sentido de lo público y de lo trágico de la vida. Todos, o al menos los más afortunados, seremos ellos y no todos tendremos la pasta necesaria para las residencias de lujo, que haberlas también haylas.

Esta semana ha vuelto el tema a la palestra porque un residente valiente, apasionado y con labia se ha plantado en el ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes y ha denunciado lo que sigue pasando, callando todas las bocas que no han hecho nada más que hablar.

Mariano Turégano, de 82 años, simplemente ha contado lo que han sufrido en su residencia este verano: «Habitaciones a 40 grados», «comida deleznable», «deshidrataciones que les han llevado al hospital».

Y, como pasa siempre, las víctimas siempre tienen la razón. Nadie contradice en público a alguien que conmueve al respetable. La cuestión es si se les da algo más que buenas palabras, algo más que parches momentáneos.

A raíz de su denuncia, la Comunidad de Madrid y su presidenta, Ayuso, han declarado que lo van a arreglar, que ya han tomado cartas en el asunto.

Ver sus declaraciones compungidas también me da ganas de gritar hasta el infinito y apuesto a que le pasaría lo mismo a cualquiera que se entere un poco de los entresijos del asunto, vote lo que vote.

Hace menos de tres meses, el 28 de julio, se hizo público el acuerdo en el Consejo Territorial para mejorar el sistema de residencias y de cuidados de los mayores. La votación salió adelante 10 a 9. Votaron en contra las comunidades y ciudades autónomas gobernadas por el PP, las gobernadas por nacionalistas y García-Page.         El Ministerio de Derechos Sociales propone el texto y  arbitra las negociaciones para conseguir mayoría de votos de las comunidades, pero no vota. Se reunió primero con la Mesa de Diálogo Civil y con la Social, con familiares y con sindicatos. De esas reuniones salió un primer borrador, que luego se fue rebajando para conseguir el acuerdo. Por eso no están contentos con el acuerdo final los que hicieron aportaciones al primer borrador, aunque el último mejore sin duda lo que hoy tenemos.

Los buenos acuerdos dejan descontento a todo el mundo, me dijo una vez alguien que sabe mucho de eso. Este Consejo Territorial ha conseguido, desde 2020, 31 acuerdos; 29 por unanimidad, 1 con el voto en contra de Madrid –el que redistribuía menores que entraron por Ceuta y Melilla entre las diferentes comunidades– y este último con el resultado mencionado, después de muchísima negociación. Entre 2014 y 2019, el Consejo Territorial anterior solo cerró 5 acuerdos. Voluntad de consenso no falta.

El nuevo modelo residencial da diez años para reconvertirse y no cierra nada. El acuerdo pactado compromete una ratio de 51 cuidadores (43 gerocultores + personal profesional de segundo nivel –enfermeras, terapeutas ocupacionales, psicólogos-) por cada 100 usuarios para 2030, que se alcanzará con un incremento progresivo cada año. Las plataformas de familiares piden 113 profesionales por cada 100 mayores, lo que garantizaría la presencia de un trabajador por cada cuatro residentes en los turnos de mañana y tarde y de uno por cada diez por la noche. Cifras cercanas al modelo de los países nórdicos. Y no es que el ministerio no quiera ese modelo, es que las comunidades autónomas no lo han querido porque no quieren pagarlo.

Hoy no hay una ratio estatal. Cada comunidad tiene la suya sin límites. Por ejemplo, en Galicia oscilan entre 20 y 35 trabajadores por cada 100 usuarios; en Cataluña, 25 y en Madrid, 47.

Sin embargo, estos números se los lleva el viento según los Marianos y sus familiares que se atreven a contar los hechos porque no se hacen las inspecciones que obligarían a que los cuidados mínimos se cumplan, a penalizar seriamente a quien maltrate a un solo mayor.

Fuentes cercanas al ministerio confirman que en el acuerdo no se pudo especificar nada a este respecto porque las comunidades consideraban que las inspecciones –que brillan por su ausencia– son solo competencia suya.

En Alemania, las inspecciones no solo son como mínimo anuales, sino que además son públicas y se exponen a las puertas de estos centros.

Y, volviendo a lo de los dineros, el gasto en los mayores se ha incrementado un punto por año desde que empezó el Gobierno de coalición. Del 0,7% del PIB ha pasado al 1%. De 7.000 a 10.000 millones. La OCDE marca un 1,6–1,8% como la media de gasto en estos derechos mínimos. Es decir, falta mucho, pero su presupuesto ha crecido 3.000 millones en menos de tres años. De los fondos europeos se prevén 2.000 millones para la reconversión del modelo. El Ejecutivo ya ha transferido 700 millones para la transformación de residencias. Hay dos proyectos en marcha para dar asistencia domiciliaria hasta final de vida y para retornar de las residencias a sus casas y están funcionando, incluso con mejores números, es decir, más baratos. Porque el camino es más vida independiente y menos hospitalaria, en el mal sentido. Lo dice Europa –es la estrategia de cuidados que está marcando– y lo confirma el sentido común, si lo pensamos en primera persona.

Así que cuando la patronal de las residencias, de cuya gestión depende el 90% de las que tenemos, en las que residen cerca de 400.000 ancianos, dice que con esta nueva normativa ha perdido inversores, tenemos que alegrarnos. El modelo de morideros gigantescos tiene los días contados.

Y cuando dicen que no hay dinero pensemos que simplemente mienten, que es que quieren seguir ganando lo mismo o más;  y que, probablemente, para que las residencias sean vivibles tengan que ganar menos.

Esperemos que el Gobierno sea valiente y encuentre la manera de obligar a las comunidades que votaron que no a cumplir lo acordado. Es menos de lo que queremos pero es un comienzo y no podemos permitir que se nieguen a cumplir con el mínimo que ellos mismos han acordado: unidades convivenciales de 15 personas en residencias de un máximo de 120 residentes, y que las grandes dividan su espacio en estas unidades para que puedan ser hogares y dejen de ser centros penitenciarios.

Exijamos simplemente que cumplan lo que acuerdan*, que asuman sus leyes. Ese debería ser nuestro mínimo.

*Anexo con  los principales puntos del acuerdo del Consejo Interterritorial:

Transformación y modernización del modelo de cuidados y apoyos con enfoque de derechos humanos

Derecho a la atención y apoyos personalizados

Derecho a una atención libre de sujeciones

Sin nuevas macro-residencias

Residencias con ambiente hogareño, lo más parecido a un hogar

Participación de las familias

Derecho a la intimidad y privacidad

Personalización de los espacios y entornos amigables

Ubicación en el entorno comunitario

Mejora de los servicios domiciliarios

Más profesionales de atención directa cuidando y prestando apoyos

Mejora de la calidad del empleo

Mejora de la coordinación social y sanitaria

Cultura de la evaluación de la calidad

Otro modelo de residencias es posible

Centenares de personas se plantan contra el modelo de residencias: “Basta de negocios con nuestros mayores”

Una larga columna de gente desfila por Madrid para denunciar las paupérrimas condiciones de las residencias actuales y para pedir un nuevo modelo de gestión pública

Informe Especial — Nada ha cambiado en las residencias dos años y 32.000 muertos después

Manifestación en Madrid con el lema «Otro modelo de residencias es posible» Javier Lopez

Alberto Ortiz

La pandemia de coronavirus sigue cediendo y en algunos casos es ya un simple recuerdo. Es difícil, sin embargo, olvidar lo ocurrido en las residencias en 2020. Allí fallecieron 20.000 personas según los registros oficiales –aunque las organizaciones estiman que fueron 30.000– durante los peores meses de la crisis sanitaria. Algunas decisiones políticas y las paupérrimas condiciones fueron terminales para muchos residentes. Las asociaciones que agrupan a los familiares y a los usuarios han decidido movilizarse, esgrimir un “¡basta ya!” a esas condiciones y pedir un nuevo modelo asistencial basado en la protección pública y en el aumento del personal de cuidados.

Cientos de personas han cruzado este sábado la Gran Vía, epicentro del capital en la ciudad, con un mensaje rotundo contra la privatización de los centros de mayores y dependientes. “A su robar, hoy llaman privatizar”. “Dignidad y respeto”. “Derechos humanos al anciano”. “Sin enfermeras no hay cuidados”. Son las consignas impresas en las pancartas que desfilaban por la céntrica calle madrileña, a la que han llegado personas de todas partes de España, vinculadas a diferentes colectivos de familiares de residentes y usuarios de estos centros. La manifestación ha partido desde la Plaza de España y ha alcanzado la Plaza del Callao, donde la periodista Rosa María Artal ha leído un manifiesto titulado ‘Basta Ya’, con un compendio de las medidas que reclaman a las comunidades autónomas, en las que están delegadas las competencias de dependencia.

“¡Por nuestros mayores!”, gritaba un grupo de personas pocas horas antes del comienzo de la marcha, al encontrarse con un otro de manifestantes en Plaza de España. Llevaban banderas andaluzas y carteles con las caras de sus familiares. Una chica se emocionaba al ver llegar a tanta gente. “Son muchos sentimientos encontrados, son muchos años de pelear”, explicaba a este diario con los ojos empañados. Su nombre es Esther Pascual, que junto a otro grupo de familiares fundó la asociación ADBAR en la Comunidad Valenciana. Lo hizo cuando internó a su madre en una residencia y se quedó espantada con las condiciones que vio. “¿Cómo puede ser que se acuesten sin cenar, que haya brotes de chinches, que no haya personal sanitario?”, se pregunta.

A los pocos meses de ingresar, su madre perdió 30 kg, relata: “Te dicen: se mueren porque son mayores. No, perdona, se morirán cuando toquen, pero tú no puedes acelerar ese proceso. A mi madre no le tocaba morirse”. Su madre falleció el año pasado, después de pasar por dos residencias y la pandemia. “¿Cómo le damos la vuelta a este modelo?”, cuestiona.

A su lado sujeta una pancarta Francisco Martínez, que tiene 74 años y en Navidad tuvo que operarse del corazón. Ha venido desde Elche para protestar por la situación que él mismo vive en La Saleta, la residencia en la que lleva más de una década. “Nos han tenido abandonados y olvidados. Cuando vino la pandemia hubo tal caos que nos contagiamos todos. No han sabido manejar la situación. Falleció bastante gente. Mucho abandono”, cuenta. La pandemia sacó a la luz las costuras de una gestión que ya antes era mala y que a pesar de los embates de la crisis sanitaria nadie ha decidido resolver. Hoy Francisco tiene que ayudar al escaso personal de enfermería a llevar la cuenta de las medicinas del resto de pacientes. “Es una lucha diaria. Las enfermeras más veteranas se han marchado. Entra gente nueva que está saturada porque no hay gente. Hay enfermeras que se van a la semana porque están desbordadas”, explica. Luego, enumera: persianas rotas, timbres que no funcionan y muchos radiadores que llevan estropeados meses y que ahora que se acerca el otoño nadie ha decidido arreglar todavía.

La movilización ha sido convocada por La Plataforma Estatal de Organizaciones de Familiares y Usuarias de Residencias para Mayores y para Personas Discapacitadas, una entidad que agrupa a las principales asociaciones de este sector, como la Coordinadora 5+1, Rede o Pladigmare. En una carta dirigida a la ciudadanía, publicada hace pocos días, los organizadores pedían una gran manifestación para denunciar la situación que se vive a diario en las residencias y para pedir a las comunidades autónomas “un cambio de actitud y de talante” para acometer un cambio normativo que regule el funcionamiento de estos centros. 

En esa misiva, la plataforma enumeraba las principales deficiencias del sistema de residencias actual, que coincide con las descripciones de Ester o de Francisco: “La inexistencia de personal suficiente, y cualificado, para atender las múltiples necesidades de los resi­dentes; la deficiencia de la atención médica; la práctica abusiva de sujeciones físicas y químicas; el funcionamiento ausente de los servicios de inspección; las continuas violaciones de las normativas por parte de las empresas operadoras; la alimentación escasa y pobre en valores nutricionales; la ausencia de la iniciativa pública en beneficio de una consolidada red de empresas privadas usureras; unos servicios asistenciales y de cuidados paupérrimos o abandonados, etc”. Todo ello, denuncian en la carta “es el inaceptable reflejo del modelo hoy vigente de residencias”. 

Precisamente esta semana, en un pleno del Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes, Mariano Turégano, de 82 años, relataba las condiciones en las que se encuentran él y sus compañeros en la residencia de Moscatelares, en San Sebastián de los Reyes, unas instalaciones que dependen de la Comunidad de Madrid. “En nuestras habitaciones hemos pasado un verano de 40 grados porque la Comunidad de Madrid mira para otro lado cuando se trata de ver por la salud y el bienestar de sus ciudadanos. Algunas de nuestras compañeras y compañeros han sido hospitalizados este verano con altos niveles de deshidratación que agravan o desencadenan otras patologías”, explicaba emocionado. 

Paulino Campos, uno de los portavoces de La Plataforma y presidente de REDE en Galicia, afirma en declaraciones a este diario que el de Mariano no es un caso singular. “Marianos hay todos los días. El asunto es cómo permitimos como sociedad que se dé esta situación”, se pregunta. “¿Por qué estamos torturando a las personas mayores y a los familiares también? No es aceptable, por eso convocamos la manifestación”, argumenta.

Irene Velasco, que marcha junto a varios familiares en la manifestación, ha viajado hasta Madrid desde Alcalá de Guadaira, donde tiene a su madre ingresada. Las condiciones de la residencia, gestionada por la empresa Domus VI, tienen unas carencias que, dice, “no se pueden permitir”. “La alimentación es mala, hay fallos en la medicación, falta personal…”, resume. Esa falta de personal –no hay enfermería por las tardes, noches o fines de semana– provoca situaciones como la que se vivió hace poco: a una residente se le soltó la sonda de la alimentación, un problema que se habría resuelto rápidamente con una enfermera en el centro. El agujero de la vía se cerró y precisó una intervención quirúrgica en un hospital. “Ellos no detectan los problemas de salud, somos nosotros los que les hacemos test de covid o nos damos cuenta de que tienen una infección de orina”, protesta.

Hace poco, a su madre le cambiaron la alimentación por el deterioro de su estado a un menú de triturados, pero el centro no avisó a la familia. “No me parece que cosas tan importantes en la vida de una persona no se hagan con la suficiente delicadeza y humanidad que precisan”, comenta. Por ello, han presentado una demanda contra el centro ante la Justicia y se han asociado con otras familias en la misma situación para valorar acciones conjuntas, porque se han dado cuenta, dice, que hay problemas que son estructurales y precisan una respuesta organizada.

Un nuevo modelo de residencias

El pasado 28 de junio, el Ministerio de Sanidad y los consejeros de dependencia de las comunidades autónomas llegaron a un acuerdo sobre los criterios para garantizar la calidad de los centros y servicios de dependencia. Ese documento establece un plazo de varios meses para que las comunidades aprueben sus nuevas normativas para regular el funcionamiento de los centros. La Plataforma cree que este es un momento esencial para exigir a los diferentes gobiernos regionales “un cambio de actitud para encarar el debate público sobre el marco normativo y el modelo” de residencias y, en general, de la dependencia. 

Las asociaciones agrupadas en torno a la plataforma creen que el acuerdo alcanzado este verano se queda corto, no garantiza el cambio de modelo y no asegura “cuidados dignos y de calidad”. “No han tomado en consideración gran parte de las exigencias prioritarias de los familiares y las usuarias”, lamenta la carta enviada a la ciudadanía. Por ejemplo, el Acuerdo establece un coeficiente mínimo de 43 cuidadores por cada 100 usuarios, mientras que la petición de la plataforma era elevar ese ratio hasta un trabajador por cada cuatro residentes en los turnos de mañana y de tarde y de 1 a 10 en los de noche. “La cifra aprobada en el acuerdo perpetúa uno de los grandes dramas que arrastran las residencias: la flagrante falta de personal”, lamentan. Tampoco se tiene en cuenta, añaden, el suficiente refuerzo del personal de inspectores ni se establecen órganos de representación con la participación de familiares.,

Otro de los principales puntos que las asociaciones pedían y que no se han tenido en cuenta es la creación de residencias públicas para, argumentan, “combatir adecuadamente la obscena privatización del sector de los cuidados a personas mayores y con discapacidad”. “Lo público está ausente y eso explica parte de lo que está sucediendo. Si desaparece la administración pública, no tenemos la posibilidad de escrutar desde el servicio público y la ciudadanía lo que está sucediendo. Has dejado una tierra ancha para que entren estos malvados, que solo les interesa ganar dinero”, sostiene Campos.

Por último, las organizaciones lamentan que no se haya reflejado en ese acuerdo un compromiso para acabar con las macroresidencias “ni el espíritu de hacinamiento que transmiten”. “Se seguirán permitiendo construcciones de edificios de 120 plazas, cuando hemos propuesto que la cantidad no sobrepase las 60 camas por centro”, apuntan, al tiempo que rechazan que no haya una exigencia sobre el número de camas individuales mínimas que deben existir.

200.000 firmas ante el Congreso

Campos explica que una de las iniciativas que han impulsado de cara a esta movilización es la recogida de más de 200.000 firmas que van a presentar ante el Congreso de los Diputados, un gesto simbólico, puesto que las competencias de dependencia están transferidas a las comunidades autónomas, pero que esperan sirva de llamada de atención para todos los parlamentarios. Las firmas son en realidad una donación de las recogidas en la plataforma Change.org por el periodista Manuel Rico y el profesor Fernando Flores para pedir a la Fiscalía General del Estado una investigación sobre lo sucedido en las residencias durante la pandemia y al Congreso la creación de una comisión de la verdad para el mismo fin. A las rúbricas recogidas en esa plataforma se suman las coleccionadas por Amnistía Internacional, que también realizó una campaña en este sentido y también ha decidido donarlas para la causa. 

“El Congreso de los Diputados tendría que haber investigado y analizado lo que pasó en las residencias. Nosotros queremos pedir con estas firmas que se analice, que se investigue lo que ha ocurrido, que todavía está sin investigar y se va a cerrar en falso”, explica Campos, que pone en valor una investigación de este tipo no solo por razones de verdad, reparación y justicia, sino porque puede ser una herramienta positiva para preparar mejor una siguiente pandemia. “Por ejemplo, para saber qué porcentaje de habitaciones individuales es necesario. Es de cajón que el mayor número de muertes fue en las residencias, que fue peor en las macroresidencias y en las que más habitaciones dobles tenían. Es de cajón pero hay que demostrarlo con datos empíricos”, sostiene. 

De momento, la manifestación de hoy servirá, esperan, como una llamada de atención tanto a los políticos como a la sociedad a la que han interpelado desde el centro de la calle: “No nos mires, únete”. La concentración ha terminado en la Plaza del Callao con la lectura del manifiesto y entre canciones de Joan Manuel Serrat y el Blues de la Tercera Edad, de Miguel Ríos: “En el cristal ve su reflejo; su belleza es la dignidad; repite el mantra de un consejo; Ana, no te rindas jamás”

Envejecer en paz

Colombia se une a la Jornada mundial de los abuelos
por Trinidad Ried 

  

Desde los 25 años, un poco más o un poco menos, comienza la vejez a iniciar su proceso, aunque creamos que estamos en la flor de la juventud por la eternidad. Tarde o temprano, aunque nuestra mente y alma nos digan lo contrario, el tiempo pasa y comenzamos a perder capacidades y a ganar sabiduría, si es que lo vivimos previendo una reserva humana y una identidad flexible que nos permitan transitar por el camino con alegría y con paz. Al contrario de esta propuesta, hoy pareciera que el mundo le tiene alergia a la ancianidad. El problema es que se la ve solo desde la perspectiva del rendimiento, del consumo y deterioro psíquico, social y biológico, y no toma en cuenta el tesoro que esconde y su fecundidad. Así son muchos los que ven la vejez como un ocaso estático, igual para todos, e invierten fortunas de dinero y tiempo en tratar de detener un reloj que nada ni nadie, hasta ahora, puede parar.

Algunas aclaraciones para comenzar

Todos los mayores de 25 debemos tener claro que no existe una vejez, sino vejeces, de acuerdo con un yo subjetivo y complejo, y también cómo es la relación con su entorno y su condición social. Ser viejo es una realidad creciente y, en vez de verlo como una pandemia sin cura, podemos, desde ya, vivir nuestra vida para tener una buena ancianidad y muerte final. También podemos mirar con otros ojos a los que ya están más avanzados en el camino y que muchas veces padecen discriminación, maltrato o se les quita su participación, como si fuesen niños en vez de “maestros de humanidad”.

Capitalizar reserva humana es el resultado de las decisiones, acciones y omisiones que hagamos desde nuestra más tierna edad; nadie se hace viejo de un día para otro, sino que es un continuo en el vivir y que concierne a cada paso que podamos dar para construir una y mil veces nuestra identidad. Finalmente, el tema de quiénes somos, quiénes éramos y quiénes podemos seguir siendo va a ser la cuestión radical en la medida que vamos experimentando cambios, reconociendo o no nuestros límites y adaptándonos a la nueva versión que nos muestra el espejo y la realidad.

La reserva es un conjunto de factores preventivos a nivel físico, cognitivo, emocional y espiritual que pueden promoverse, cuidarse y trabajar conscientemente y que no se reducen a lo físico ni a ejercitar la memoria un poco más. Se trata de ser personas abiertas, interesadas, con capacidad funcional para seguir siendo quienes somos, pero integrando la transformación en forma natural y gradual.

El yo complejo en relación con los demás

No todo dependerá exclusivamente de nuestra voluntad; somos seres relacionales y los demás y el entorno ejercen una importante influencia en nuestra identidad, autopercepción y autonomía para decidir quiénes somos en cada oportunidad. Personas con el ego muy grande, incapaces de aceptar con humildad los cambios, serán incapaces de desprenderse de la juventud, del poder, del rol que ejercían, de vínculos o de posesiones materiales, y serán viejos/as amargados, tacaños y cero aporte para los demás.

Lo mismo sucede con los que, desde su juventud, no se hacen respetar en su dignidad porque tienen una autoestima muy dañada, ya que serán los ancianos “carga y víctima” a los que muchos le arrancan en la actualidad. Se trata, por lo tanto, de ser personas mayores, protagonistas de la vida, con un ego regulado de modo que pueda ir perdiendo “algunas cosas”, pero compensándolas con otras que yacen ocultas a la mayoría y que son un privilegio real. Esos “viejos” son una fuente de experiencia, humor y amor que hoy escasea y que todos necesitamos degustar. Son una veta de oro que hoy debemos rescatar y hacer brillar por el bien de toda la humanidad.

Miremos a los tesoros de la adultez mayor. Desprenderse de lo más mundano va aligerando la carga corporal, material y psíquica, porque se aprende a mirar con ojos “más templados” y “amorosos” todo lo que sucede, sin dramatizar ni caer en la “terribilitis” tan habitual en la juventud. Así también, si ha cultivado sus vínculos, si ha diversificado sus intereses, si se ha posicionado bien en torno a la vulnerabilidad, la humildad y la misma muerte, si ha aprendido a escuchar y contemplar más que hablar y liderar, si ha aprendido nuevos modos de hacer y ser en lo cotidiano, si ha cuidado su mente y su cuerpo en forma razonable, la persona reforzará su reserva espiritual, su resiliencia y la capacidad de darse con gratuidad. La adultez bien vivida nos abre a la solidaridad, al bien común, al encuentro intergeneracional, a lo trascendente y a Dios/amor en cada respirar.

Que la muerte nos pille vivos

Hoy, lamentablemente, hay muchos que más parecen zombis persiguiendo en forma autómata dinero, pieles tersas, fama y una posición social. Lejos están de vibrar con la vida misma, de contagiar entusiasmo y gratitud por respirar. Se enredan en las cosas del mundo y se deterioran por dentro y por fuera con extrema facilidad. Sin importar la edad que hoy tengamos, invirtamos nuestra existencia en amar y servir con todo nuestro ser a los demás y a la creación que nos necesita en forma urgente.

Eso nos mantendrá intensamente vivos, asombrados, generosos, entregados y conscientes del privilegio de estar aquí hasta cuando nos toque expirar. La vejez es una bendición que nos abraza a todos si la sabemos calzar bien a lo largo de toda la biografía. Cada uno muere como ha vivido… Yo al menos quiero morir llena de mariposas, flores, colores, niños, creaciones, caricias, risas, naturaleza, vínculos nutritivos y mucha fecundidad, para poder devolver con creces todo lo mucho que Dios me ha dado, multiplicado con mi cariz personal

El alargamiento de la vida

En los años noventa emerge con mucha fuerza la perspectiva biográfica en los estudios sobre el envejecimiento, que aporta una visión amplia frente a la construcción social de la vejez.

Por JOSÉ MARÍA MANZANO CALLEJO

Desde la perspectiva antropológica resulta interesante el estudio del proceso de envejecimiento y el imaginario que va generando esta experiencia en las personas, mujeres y hombres que envejecen, pero también en una sociedad que envejece. 

En antropología, una de las reflexiones debería surgir desde la pregunta por los significados y el sentido del ciclo vital y la mayor longevidad y en términos de concepciones temporales, por ejemplo. Al envejecimiento se le debe entender como un proceso, pero no sólo como un proceso lineal en el interior del ciclo vital. 

Redefinir la vejez

A nivel individual, este proceso es dinámico y discontinuo, que para ser entendido no sólo se debe observar y conocer desde un estado de vejez, desde una situación estática de sólo estar viejo o vieja, sino también como una construcción social y biográfica. 

Perspectiva biográfica

En los años noventa emerge con mucha fuerza la perspectiva biográfica en los estudios sobre el envejecimiento, que aporta una visión amplia frente a la construcción social de la vejez. En ella, la preocupación gira en torno a la vida cotidiana de las personas mayores y la construcción social de la vejez está en relación directa con el individuo que envejece y a su interacción constante con su sociedad. 

El enfoque biográfico centra su interés en la pregunta por el significado. No sólo en cómo los individuos dan significado a su experiencia vital, sino también en la ausencia de éste en la vejez. Se trata de una perspectiva más amplia, experiencial y cultural del envejecimiento, y de una visión del ciclo vital como una experiencia biográfica y no sólo biológica, que las personas crean y a la vez dan significado tanto social como lingüísticamente. 

Jules Renard dijo: “La vejez comienza cuando se empieza a decir: nunca me he sentido tan joven”

Si bien reconoce en el significado un lugar central para el conocimiento de la construcción social de las diferentes edades a lo largo del curso vital, también enfatiza la importancia de la interpretación. 

Las experiencias cotidianas de las personas que envejecen y los planteamientos de las ciencias sociales están ligados por las interpretaciones y comunicaciones lingüísticas, más que por los hechos, criticándose de esta forma, la concepción fragmentada y estática del ciclo de vida y las interpretaciones preconcebidas, que no ofrecen una idea positiva del envejecimiento y de las posibilidades de desarrollo humano. 

Expectativas frente a las edades

Cada época y cada cultura va configurando determinadas expectativas frente a las diferentes edades y a los comportamientos ligados a éstas. Gran parte de las sociedades se organizan en torno a la edad, sobre todo en el interior de sus instituciones formales, tales como la familia, la escuela, el trabajo o la jubilación. 

La vejez longevamente masiva característica del final del siglo pasado y del presente, nos muestra que la vejez es propia de cada tiempo y lugar. Cómo una persona -hombre y mujer- y cada pueblo experimentan la vejez nos habla del espacio social y cultural en el cual les ha tocado envejecer.

A la vez que “el sentido que los hombres y las mujeres asignan a su existencia, su sistema global de valores es el que define el sentido y el valor de la vejez. A la inversa, por la forma en que una sociedad se comporta con sus mayores, descubre sin equívoco la verdad -a menudo cuidadosamente enmascarada- de sus principios y sus fines. 

Los niveles de pobreza son un factor determinante a la hora de caracterizar o definir la vejez (y cualquier otra etapa de la vida). Pero aparte de cuestiones estructurales, las sociedades y las diferentes culturas van creando imaginarios entorno a la edad, la vejez y lo que ser vieja y viejo significa. 

La longevidad es una característica importante de los tiempos modernos. Los avances en biomedicina han permitido mejorar las condiciones de vida durante la vejez. Este aumento en la esperanza de vida genera un cambio cultural significativo en cuanto a la proyección socio-individual a futuro. La vejez así entendida no es sólo sinónimo de experiencia pasada, sino vivencia presente y proyección futura. 

Cuando la vejez es corta, se le vive en términos de ancianidad, “mayores de edad avanzada”, pues efectivamente significa o representa los últimos años antes de la muerte, es su preámbulo. Dentro del proceso de envejecimiento, se entiende la ancianidad como cuarta edad, o sea, como la etapa del deterioro físico y mental, cuando las personas ya están enfermas, postradas y no les cabe ninguna posibilidad de interacción social.

La estupidez, el rasgo más peligroso del ser humano

La vejez en la cultura occidental

En la cultura occidental moderna se configuran imágenes negativas de la vejez, principalmente ligadas a ideas de negación y pérdidas (roles, funciones, prestigio, etc.). La vejez se asocia a imágenes de pérdidas, carencias y deterioro, y en una relación directa con la muerte. 

Las personas mayores son caracterizadas como dependientes, inactivas, improductivas, enfermizas, intolerantes y en términos opuestos a la juventud, que es la etapa de la integración, de la vida laboral, en la que se establecen y consolidan la mayoría de la redes y relaciones sociales; en cambio, en la vejez, todo aquello ‘queda atrás’. Los valores ideales de vida están dados, socialmente, por lo que ser joven significa: cánones de belleza, vitalidad, salud, sexualidad y agilidad.

Cuarta edad

La expresión cuarta edad hace referencia a la última fase de la vida de las personas que alcanzan una vejez avanzada. Habitualmente se considera su comienzo a partir de los 80 años, el llamado umbral del cambio​. La gran mayoría de estas personas sufre enfermedades crónicas altamente discapacitantes neurológicas, como la enferedad de Alzheimer, o motoras como la artrosis, lo cual en muchos casos las hace dependientes tanto de su familia y de su entorno afectivo como de la atención sociosanitaria. Así, en España, casi la mitad de las personas mayores de 80 años padece algún grado de discapacidad.

Aunque el proceso de envejecimiento sea variable según gran diversidad de condiciones de las personas, en el envejecer avanzado propio de la cuarta edad hay una serie de rasgos comunes: 

· Deterioro de las funciones físicas por el desgaste provocado a lo largo de los años vividos.

· Menor adaptabilidad al cambio, por disminución tanto de la funcionalidad orgánica como psicológica.

· Mayor posibilidad de padecer enfermedades agudas

· Reducción de la capacidad de ser autónomo.

· Tendencia al aislamiento, por no poder seguir el ritmo de su entorno.

· Sensación de estar en proceso final, por tener menor vitalidad y por suposición de una muerte cercana.

¿Qué es ser un necio?

Redefinir la vejez

Por otro lado, deberíamos redefinir la vejez en el alargamiento de la vida de la sociedad occidental, en base a estos tres aspectos:

La vejez como proceso. Una evolución personal forjada a lo largo de la vida en lugar de una circunstancia que sobrecoge al individuo y lo desgaja de su historia convirtiéndolo en alguien diferente.

La vejez como adaptación. Una reorientación de los objetivos personales y de los escenarios que rodean al individuo desde el deseo propio para la construcción de los siguientes años. 

La vejez como entorno. La necesidad de mantener el control sobre algunos aspectos de la vida que son inexorables y manejar los recursos de los que se dispone para crear un entorno seguro permite definir la vejez como un escenario alejado de esa imagen negativa que se espera de ella.

Por último, compartir esta reflexión de Jules Renard: “La vejez comienza cuando se empieza a decir: nunca me he sentido tan joven”

El Día de los adultos mayores

La Iglesia argentina valora y agradece la vida de los abuelos y adultos

“Deseamos reconocer, valorizar y agradecer, con amor y generosidad, lo que todos los abuelos y mayores han hecho, hacen y harán, desde su rol insustituible de maestros de la vida…”, sostuvo la pastoral de adultos mayores

La Iglesia argentina, en comunión con la Iglesia universal, celebró la II Jornada Mundial de los Abuelos y Mayores, propuesta por el papa Francisco para resaltar el valor de la ancianidad. Equipo Pastoral de Adultos Mayores de la Comisión Episcopal de Vida, Laicos y Familia (CEVILAF) de la Conferencia Episcopal Argentina envió un mensaje en el que recordaron la situación planteada en la Exhortación Apostólica Christus Vivit que señala que los cambios culturales y económicos, el aumento de la longevidad y el consecuente envejecimiento poblacional son una revolución social silenciosa que, sumada a la dinámica de las sociedades modernas y a la cultura sin Dios, generan separación y distanciamiento entre los distintos grupos etarios.

“Son los abuelos los que nos ayudan a hacer de nuestras familias un lugar de raíces fuertes que nos permitan crecer y desarrollarnos, respondiendo a los nuevos desafíos”, reafirmaron. Y agregaron que hoy se ve el surgimiento de una nueva generación de abuelos que atienden a sus propios padres, a sus hijos y a sus nietos. Por tal motivo, el Santo Padre insiste en revitalizar la alianza de las generaciones, promoviendo el diálogo fecundo entre los jóvenes y los ancianos.

Maestros de la vida

Afirmaron que, con este espíritu, quieren reconocer, valorizar y agradecer, con amor y generosidad, lo que todos los abuelos y mayores han hecho, hacen y harán, desde su rol insustituible de maestros de la vida, para acompañar, cuidar e integrar a las familias. En ellos recae la transmisión de los grandes valores humanos, comunicando su legado de carismas, gratitud, experiencia y sabiduría, de generación en generación.

En este día de San Joaquín y Santa Ana, los abuelos de Jesús, los miembros de la pastoral de adultos, dieron gracias a Dios y a la Virgen por la bendición de la larga vida que les ha concedido.

Además, aseguraron el compromiso de respetar sus opiniones, atender sus necesidades, proteger su intimidad, fomentar su mayor participación y protagonismo, garantizando condiciones más humanas, respeto a su dignidad y la tutela efectiva de sus derechos fundamentales, para que, al transitar esta etapa, sigan siendo verdaderos protagonistas de la familia y la sociedad que ellos crearon.

Jornada Mundial de los Abuelos

El Papa reivindica la actividad de la tercera edad: “¡Envejecer no es una condena, es una bendición!”

En su mensaje para la Jornada Mundial de los Abuelos del próximo 24 de julio, Francisco subraya el protagonismo de los ancianos para “proteger al mundo” de la guerra

Francisco está convencido de que “envejecer no es una condena, es una bendición”. Así al menos lo asegura en el Mensaje para la Jornada Mundial de los Abuelos, convocatoria creada por el pontífice argentino y que celebrará su segunda edición el próximo 24 de julio en el marco de la festividad de santa Ana y san Joaquín, los abuelos de Jesús de Nazaret.


Partiendo del salmo 92 que expone que “en la vejez seguirán dando fruto”, el Papa de 85 años: “Esto va a contracorriente respecto a lo que el mundo piensa de esta edad de la vida; y también con respecto a la actitud resignada de algunos de nosotros, ancianos, que siguen adelante con poca esperanza y sin aguardar ya nada del futuro”.

Cultura del descarte

Francisco arremete una vez más contra la “cultura del descarte”,  consciente de que “la ancianidad a muchos les da miedo”, en tanto que “la consideran una especie de enfermedad con la que es mejor no entrar en contacto”. Incluso lanza una crítica velada a quienes envían a sus mayores a residencias amparándose en “tener que hacernos cargo de sus preocupaciones”.

“La ancianidad, en efecto, no es una estación fácil de comprender, tampoco para nosotros que ya la estamos viviendo”, confiesa el Papa, que lamenta cómo la sociedad ofrece “planes de asistencia, pero no proyectos de existencia”. De hecho, incluso llega a afirmar que “estamos tentados de exorcizar la vejez escondiendo las arrugas y fingiendo que somos siempre jóvenes”.

Tiempo útil

Para Francisco, “la ancianidad no es un tiempo inútil en el que nos hacemos a un lado, abandonando los remos en la barca, sino que es una estación para seguir dando frutos”.

La publicación del mensaje coincide con un momento especialmente complejo para el Papa Francisco, dado que la rotura de los ligamentos de su rodilla derecha le ha obligado a permanecer en silla de ruedas y alterar su agenda hasta tal punto que se ha visto obligado a retrasar su viaje a Líbano previsto para este mes de junio.

Crisis de certezas

El pontífice admite en su reflexión que, cuando “las fuerzas declinan o la aparición de una enfermedad pueden poner en crisis nuestras certezas”. Frente a esta sensación de decaimiento, Jorge Mario Bergoglio recomienda continuar con la actividad y el aprendizaje, especialmente “desde el punto de vista espiritual, cultivando nuestra vida interior por medio de la lectura asidua de la Palabra de Dios, la oración cotidiana, la práctica de los sacramentos y la participación en la liturgia”.

Junto a esto, recomienda a los mayores cultivar “la relación con Dios, las relaciones con los demás, sobre todo con la familia, los hijos, los nietos, a los que podemos ofrecer nuestro afecto lleno de atenciones; pero también con las personas pobres y afligidas, a las que podemos acercarnos con la ayuda concreta y con la oración”.

En este sentido, reivindica también la figura de los abuelos como referentes de paz en un mundo en guerra para “enseñar a las mujeres y a los hombres de nuestro tiempo a ver a los demás con la misma mirada comprensiva y tierna que dirigimos a nuestros nietos”. “Hoy podemos ser maestros de una forma de vivir pacífica y atenta con los más débiles”, apunta Francisco. Así les presenta como promotores de “la revolución de la ternura” con una tarea concreta: “proteger el mundo” con acciones concretas y con la oración.

Entrevista a Vittorio Scelzo

Vittorio Scelzo: «La vejez no es una enfermedad. La soledad es una enfermedad»

Vittorio Scelzo
Vittorio Scelzo

«Francisco quiere que el papel de los ancianos destaque en este momento histórico. Dice claramente: la guerra ha comenzado en el momento en el que los que testimoniaron la guerra Mundial se murieron. Ahora que ya no están, la guerra no encuentra obstáculos para volver»

«Alguien que nos abrace. Y seguiremos dando frutos, también en la vejez, si aceptamos esa necesidad de alguien que nos cuide y que nos acompañe. Y también, la idea de que nosotros podemos acompañar a otros. El Papa nos enseña cómo en la vejez se puede seguir dando frutos»

«Los ancianos han sido por años los que más acudían a la misa, pero la pandemia los ha echado fuera. Han tenido miedo porque eran los más frágiles. Y ahora tenemos que procurar que ellos vuelvan a la Iglesia»

Por Jesús Bastante

Hoy vamos a hablar de ancianos, abuelos y abuelas; de nuestros mayores. Esta semana se ha presentado el mensaje del papa Francisco para la II Jornada de los Ancianos y los Mayores que se celebrará este domingo, 24 de julio, y reflexionaremos sobre el mensaje de los mayores y de su papel en la Iglesia y en la sociedad con Vittorio Scelzo, que es el encargado de la Pastoral de Ancianos del Dicasterio de Laicos y Familia del Vaticano y responsable de estas jornadas.

-Buenos días, Vittorio.

-Buenos días a usted y a todos los que nos escuchan.

-Tenemos el mensaje del Papa recién sacado del horno. Cuéntanos cuáles son los ejes de este mensaje.

-El Papa habla de la vejez y esto ya es una novedad. Porque la gente, cuando habla de la vejez, lo hace eludiendo esta palabra. El Papa habla de vejez y dice que es un hecho que puede espantar, que asusta a la sociedad y que por eso la sociedad descarta a los ancianos. Y es muy interesante porque cuando habla de ancianos, lo hace en primera persona, se incluye. Habla a sus compañeros y dice: esta edad nos asusta, nadie nos ha preparado para vivirla y tenemos que buscar un sentido, una tarea para este tiempo de vida.

-Por qué ese énfasis en denunciar por un lado ese descarte y, por otro, en revalorizar la figura de los ancianos, de nuestros mayores, de nuestra memoria, también.

-Yo creo que las cosas están muy relacionadas porque cuando el Papa nos pide rechazar la cultura del descarte, no nos pide descartar un poco menos a los ancianos. Nos pide ponerlos al centro. Considera que los ancianos son un valor, no una carga para sociedad.

Él afirma que los ancianos son centrales en la sociedad y que los abuelos son centrales en la familia. Y desde el principio, su pontificado ha sido una larga explicación de esa idea. En el mensaje que salió del horno ayer, explica el papel que tienen los ancianos en nuestra sociedad en este momento histórico.

II Jornada Mundial de los Ancianos y los Abuelos
II Jornada Mundial de los Ancianos y los Abuelos

-El Papa los reivindica (y él se incluye) como protagonistas de la revolución de la ternura frente a la cultura del descarte en un mundo en el que echamos de menos los abrazos, la cercanía y ese cariño que los abuelos profesan a los nietos pero que también nos muestran al resto de la sociedad.

-Claro que sí. La revolución de ternura es algo en lo que Papa ha insistido en repetidas ocasiones. Pero me parece que hablar de revolución de la ternura después de estos años pasados, en los que los abrazos no estaban permitidos y en los que las visitas a los ancianos tampoco eran posibles, adquiere un sentido renovado. Y tiene un valor nuevo en este momento en el que, cuando miramos la televisión, solo vemos imágenes terribles. Creo que Francisco quiere que el papel de los ancianos destaque en este momento histórico. Dice claramente: la guerra ha comenzado en el momento en el que los que testimoniaron la guerra Mundial se murieron. Ahora que ya no están, la guerra no encuentra obstáculos para volver.

-Es una paradoja. Cuando la memoria de los que vivieron el horror va desapareciendo con ellos, volvemos a cometer errores similares a los que se cometieron hace varias décadas.

-Y eso arroja una luz sobre la insistencia del Papa en la importancia del diálogo intergeneracional. Porque uno puede pensar que el diálogo intergeneracional es el de un abuelito hablando a su nieto de cómo era su tiempo, cómo era de buena la vida hace cincuenta años… Se trata de la historia, de las enseñanzas que los ancianos tienen sobre la vida.

Por ejemplo, el Papa habla muchas veces de los sueños de los ancianos. Un sueño de los ancianos de Europa ha sido la paz en el continente. Nosotros vivimos en paz porque nuestros abuelos…

-Vivieron la guerra y fueron capaces de construir la paz.

-Claro que sí. Fue un sueño, el sueño que donan los ancianos a los jóvenes. Quizá deberíamos preguntarnos si el diálogo entre las generaciones ha funcionado.

El Papa y una anciana
El Papa y una anciana

-¿Ha funcionado?

-No sé. Probablemente hubo algún problema en la transmisión y el Papa lo dice; se sienten voces muy duras, es normal hablar de contraposiciones, de guerra, hay un lenguaje muy peligroso que retrocede. El Papa nos invita, por ello, a hablar un lenguaje diferente, desde la ternura, el de los abuelos con los nietos. La mirada tierna de un abuelo no es algo para un dibujito, es algo radicalmente distinto de lo que vemos en las noticias.

-Hay una frase del mensaje que me gusta especialmente, en esa línea de «exportar» el cariño de los abuelos a sus nietos, a la sociedad. Dice: «Nosotros (vuelve a incluirse), los ancianos y los abuelos tenemos una gran responsabilidad; enseñar, a las mujeres y a los hombres de nuestro tiempo, a ver a los demás con la misma comprensión y la misma mirada tierna que dirigimos a nuestros nietos. Hemos afinado nuestra humanidad al ocuparnos del prójimo y hoy podemos ser maestros de un modo de vivir pacífico y atento a los más débiles. Es exportar ese cuidado, esa ternura, ese cariño de los abuelos a sus nietos, a los mayores y a sus nietos. Al resto de la humanidad».

Esto se inserta dentro de las otras claves de este pontificado, esa unidad del mundo en su diferencia. Ese sentir que nos salvamos todos juntos. Que tenemos cuidar los unos de los otros y en ese papel, nuestro mayores tiene una función esencial.

-Sí, y añade que nadie se salva solo. Esto es algo que hemos comprobado durante la pandemia, pero algo que también nos enseñan los ancianos. La idea de aceptar que nos cuiden.

-Además, creo que el Papa está visibilizando no tanto su enfermedad, sino esa necesidad que tiene también de recibir cuidados. Está dando ejemplo. Lo decía ayer el cardenal Farrell en la rueda de prensa, el ejemplo de los que los cuidadores también necesitan ser cuidados. Hasta el mismo Papa de Roma necesita del cuidado y a su vez ser protegido para proteger y para cuidar. Estamos interrelacionados en eso y Francisco nos lo demuestra.

-Y esa relación es el centro del mensaje. La idea de que todos necesitamos una relación. Una ayuda, un cuidado. Alguien que nos abrace. Y seguiremos dando frutos, también en la vejez, si aceptamos esa necesidad de alguien que nos cuide y que nos acompañe. Y también, la idea de que nosotros podemos acompañar a otros. El Papa nos enseña cómo en la vejez se puede seguir dando frutos.

La fragilidad, la debilidad y la necesidad de ayuda es una verdad entre las personas, pero también entre los pueblos. Nadie se salva solo; eso está claro. La felicidad, dice el Papa, es un pan que se come en compañía

-Es, además, el lema del mensaje: ‘En la vejez seguiréis dando frutos’

-La fragilidad, la debilidad y la necesidad de ayuda es una verdad entre las personas, pero también entre los pueblos. Nadie se salva solo; eso está claro. La felicidad, dice el Papa, es un pan que se come en compañía.

-Se parte y se comparte… es muy evangélico. Es ‘jueves santo’.

-Sí. Y eso de la silla de ruedas me recuerda lo que dice Jesús a Pedro: «Cuando llegues a viejo, extenderás tu mano y otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras… Pero tú sígueme». Y es esto; la idea de que nadie se basta a sí mismo y que todos podemos acompañar. Y hay un fruto que los ancianos de ahora tienen que dar y es enseñar el cuidado. Y cuando hablamos de lo opuesto a la cultura del descarte, no nos referimos a un lugar más limpio, sino a entender cuál es el papel de los ancianos en la sociedad.

Abuelos
Abuelos

-Es un papel activo y necesario. ¿Cómo estáis planteando desde el dicasterio los actos de la II Jornada?

-Nos gustaría que esta jornada llegara a ser una tradición en la Iglesia y que crezca sobre dos ideas bastante simples. La primera es que el 24 de julio de cada año sea un día de fiesta. El Papa dijo, cuando lanzó la jornada, una ‘fiesta del encuentro’ con los ancianos en el centro. Entonces, nos imaginamos que cada 24 de julio hubiera, en cada comunidad de cada parroquia de cada diócesis de cada lugar, una misa con los ancianos. Y tenemos que poner cuidado, porque los ancianos han sido por años los que más acudían a la misa, pero la pandemia los ha echado fuera. Han tenido miedo porque eran los más frágiles. Y ahora tenemos que procurar que ellos vuelvan a la Iglesia.

Y la otra idea es sobre la Iglesia en salida, en la que el Papa insiste muchísimo. Que los jóvenes, los adultos  y los niños vayan a visitar a los ancianos que están solos. Sabemos que hay muchísimos ancianos solos. En los países ricos los ancianos que viven solos son el 25%.

-Es la otra gran enfermedad de nuestras sociedades. La soledad.

-Es lo que estaba diciendo: la vejez no es una enfermedad. La soledad es una enfermedad. Y hay que curarla. Nosotros pedimos que los jóvenes visiten a los ancianos. El Papa lo dice de manera muy clara; es una obra de misericordia de nuestro tiempo.

-Hay que visitar a nuestros mayores no solo el día 24, sino acompañarles en un proceso. Porque la vida no es solo jornadas, aunque las jornadas nos ayudan a tomar conciencia y por eso es importante que se institucionalicen, como parece que se está institucionalizando este día de los abuelos y de los mayores en toda la Iglesia.

-Es claro que no podemos pensar en los mayores solo el 24 de julio. Pero la idea es que la jornada se repita cada año para que llegue a ser una virtud de la Iglesia. Tenemos que desarrollar una pastoral ordinaria de los ancianos y en España hay alguien que se ocupa de ellos en la Conferencia Episcopal. Pero hay muchísimos países donde, dentro de la Conferencia Episcopal, hay oficinas que se ocupan de todo pero no de los ancianos. Una persona me dijo una vez: «en mi Conferencia Episcopal, no nos ocupamos de los ancianos porque nadie me dijo que era mi tema».

Yo le dije: «Puedes ver en las noticias, cada mañana, que hay una urgencia de una pastoral ordinaria de los ancianos».

La ancianidad es nuestro futuro. Es algo muy raro; esta sociedad ha luchado por siglos para alargar la vida y ahora, que tenemos veinte años más para vivirlos, ¿qué hacemos con ellos?

-Son ‘nuestro tema’ también. Son nuestro presente, nuestra memoria. Los que, en muchos casos, nos han transmitido la fe. Los que la ha custodiado en los momentos difíciles.

-Y son nuestro futuro. Creo que todos esperamos tener una vida larga y esto significa que los ancianos son nuestro futuro. Una vez dijo el Papa: «Los ancianos no son ajenos: somos nosotros dentro de unos años».

La ancianidad es nuestro futuro. Es algo muy raro; esta sociedad ha luchado por siglos para alargar la vida y ahora, que tenemos veinte años más para vivirlos, ¿qué hacemos con ellos?

Abuelo con sus dos nietas
Abuelo con sus dos nietas

-No tenemos calidad. Y no reivindicamos la vigencia de esos años.

-Claro. El Papa dice: «lo máximo que nos ofrecen son proyectos de asistencia, pero lo que falta es un proyecto de existencia»

¿Cómo vivir? ¿Cuál es el papel social de una persona cuyos hijos son adultos? ¿Qué hacemos con nuestra vida después de la jubilación? Tenemos años, salud, los nietos están lejos, los hijos son independientes… Nadie nos ha preparado para vivir como ancianos

El Papa y los ancianos

El cardenal Farrell: El Papa es “ejemplo para todos los ancianos” por cómo afronta la vejez

“El Santo Padre está enviando un mensaje de que podemos tener limitaciones, pero debemos seguir adelante”, afirma el prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida

A sus 85 años, Jorge Mario Bergoglio “es un gran ejemplo para todos los ancianos” por la manera en que está afrontando tanto la vejez como sus problemas de movilidad por los dolores en una rodilla, que le han obligado a recurrir a una silla de ruedas, con la que se le vio por primera vez en público el pasado jueves.


“Acepta sus limitaciones en este momento con gran espíritu y corazón”, afirmó este martes el cardenal Kevin Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, durante la presentación del mensaje del Papa con motivo de la II Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, que se celebra el próximo 24 de julio.

“El Santo Padre está enviando un mensaje a todos de que podemos tener limitaciones, pero debemos seguir adelante y hacerlo lo mejor que podamos”, contó el purpurado estadounidense. Pese a sus achaques, el Pontífice mantiene su agenda con audiencias y discursos “casi todos los días”, haciendo así ver a los ancianos que “tienen un mensaje que enseñar al mundo” y que, sobre todo, “transmitir a los jóvenes”. Esa actitud de Bergoglio es para Farrell una muestra de “su grandeza” como obispo de Roma.

“Relevantes” en la sociedad

Al hablar sobre el mensaje del Papa con motivo de la II Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, el prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida destacó cómo el Pontífice invita a “tomar conciencia” de manera “estructural” de la “relevancia” de los ancianos en la vida de la sociedad. “No se trata de seguir una emergencia, sino de poner las bases para un trabajo pastoral de largo período que implicará a las próximas décadas”, explicó.

Tras recordar que los ancianos suponen ya el 20% o más de la población en Europa y América del Norte, Farrell consideró que la cuestión de los ancianos va a “condicionar” nuestro futuro. Por ello propuso un “cambio de perspectiva” que debe también implicar a toda la comunidad eclesiástica. “Hablar solo ‘de los ancianos’ tiene poco sentido si son principalmente ellos quienes nos escuchan en las iglesias. Ha llegado la hora para nosotros de aprender a hablar ‘a los ancianos’”, señaló.

Abrazo a los mayores

En su análisis de los puntos principales del nuevo texto del Papa, el purpurado estadounidense subrayó los tres pilares sobre los que puede construirse “una verdadera espiritualidad” de la edad anciana: la ternura, el cuidado y la oración. “El mensaje del Papa con motivo de la II Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores es la alternativa a la cultura del descarte”, señaló finalmente.

En la conferencia de prensa también participó Vittorio Scelzo, encargado de la pastoral de los ancianos en el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, que presentó el logotipo de este evento, con forma de abrazo. “Por eso, el abrazo de la Iglesia, que pasa también a través de la celebración de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, quiere ser más fuerte que cualquier soledad, y tenemos el deseo de que cada comunidad encuentre la manera de llegar a todos”, dijo Scelzo.

Por la dignidad de los adultos mayores

La Iglesia argentina, por la dignidad de los ancianos y los adultos mayores

Desprecio, subestimación, desatención, indiferencia: algunas modalidades de abuso y maltrato que sufren los adultos mayores y que es necesario revertir

En el marco del Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, declarado por la ONU, el área de Adultos Mayores de la Comisión Episcopal de Vida, Laicos y Familia (CEVILAF) emitió un mensaje para “unir nuestra voz a este coro que busca enaltecer esa importante etapa de la vida, así como rescatar la riqueza que contiene para toda la sociedad”.seguraron que el problema que afecta la salud y la dignidad de los adultos mayores tiene que ver con las modalidades de abuso y maltrato, más allá de su procedencia, religión o condición social o económica. Recordaron las palabras del papa Francisco que afirmó que la Iglesia no puede ni quiere conformarse a “una mentalidad de intolerancia y mucho menos de indiferencia, desprecio, respeto a la vejez”.

Cuando se habla de esta problemática se referencian aquellos actos que, ejecutados por única vez o permanentemente repetidos, por negligencia o dolo, acción u omisión, causan daño corporal o psicológico o provocan la exclusión y marginación de los adultos mayores: maltrato físico o anímico, falta de respeto, engaño y estafa económica.

Asimismo, se le suma a esto la cultura del abandono y descarte que aparta los adultos mayores de los ambientes familiares y sociales, o, en casos extremos, la promoción de la eutanasia.

Los miembros del área de adultos mayores del Episcopado argentino reconocen que estos actos pasan casi inadvertidos o están naturalizados, motivo por el cual son subestimados o desatendidos. “Es triste considerar que, a pesar de todos los esfuerzos que la humanidad destina a mejorar la vida de las personas, el maltrato de los adultos mayores parece ser una realidad que aumenta en vez de disminuir”, señalaron.

La valoración en la Argentina

También aludieron a lo que ocurre en el país con este grupo etario. Reafirmaron que uno de los aspectos que más afectan la calidad de vida de los adultos mayores argentinos es la cuestión previsional: sistema jubilatorio arcaico, irracional e injusto, haberes que hunden en la marginalidad y la pobreza a multitudes que no alcanzan a satisfacer las necesidades vitales básicas.

Desde el área de Adultos Mayores consideraron que es oportuno recordar esta fecha para promover actitudes en defensa de la dignidad de los ancianos, que no disminuye por su menor capacidad productiva. Es necesario atender adecuadamente la vejez para promover el bienestar espiritual y cultural de toda la sociedad. Aseveraron que “Su fragilidad hace de los adultos mayores un especial signo de la presencia de Jesús entre nosotros”.

Finalmente pidieron comprometerse para transformar el maltrato en buen trato y el abuso en respeto y valoración de todos los adultos mayores y ancianos.

Los ancianos «maestros de la ternura»

Francisco dedica su intención de oración de julio a los ancianos, “maestros de ternura”

“Las personas mayores tenemos a menudo una sensibilidad especial para el cuidado, para la reflexión y el afecto”, ha asegurado el Papa

El papa Francisco ha dedicado su intención de oración del mes de julio a los ancianos, a quienes ha definido como “maestros de ternura”.


Apenas una semana después del Encuentro Mundial de las Familias, el Papa señala en el vídeo que “no podemos hablar de la familia sin hablar de la importancia que tienen los ancianos entre nosotros”.

Asimismo, el Papa ha denunciado que, a día de hoy, “para la vejez hay muchos planes de asistencia, pero pocos proyectos de existencia”. Sin embargo, “las personas mayores tenemos a menudo una sensibilidad especial para el cuidado, para la reflexión y el afecto”.

“Somos, o podemos llegar a ser, maestros de la ternura“, ha asegurado. Algo especialmente importante porque “necesitamos, en este mundo acostumbrado a la guerra, una verdadera revolución de la ternura”.

Texto íntegro

No podemos hablar de la familia sin hablar de la importancia que tienen los ancianos entre nosotros.

Nunca fuimos tan numerosos en la historia de la humanidad, pero no sabemos bien cómo vivir esta nueva etapa de la vida: para la vejez hay muchos planes de asistencia, pero pocos proyectos de existencia.

Las personas mayores tenemos a menudo una sensibilidad especial para el cuidado, para la reflexión y el afecto. Somos, o podemos llegar a ser, maestros de la ternura. ¡Y cuánto! Necesitamos, en este mundo acostumbrado a la guerra, una verdadera revolución de la ternura. En esto tenemos una gran responsabilidad hacia las nuevas generaciones.

Recordemos: los abuelos y los mayores son el pan que alimenta nuestras vidas, son la sabiduría escondida de un pueblo, por esto es preciso celebrarlos, y he establecido una jornada dedicada a ellos.

Recemos por los ancianos, que se conviertan en maestros de ternura para que su experiencia y su sabiduría ayude a los más jóvenes a mirar hacia el futuro con esperanza y responsabilidad.