Secuestrado otro sacerdote en Nigeria

El padre Abraham Kunat ha sido secuestrado por hombres armados junto a otras nueve personas

Nigeria padece la violencia de Boko Haram desde 2002

El padre Abraham Kunat ha sido secuestrado, junto a otras nueve personas, por hombres armados en Kachia, en el estado de Kaduna, al norte de Nigeria. El secuestro ha tenido lugar alrededor de la medianoche del pasado 8 de noviembre.

15 hombres armados

El grupo armado, de unos 15 hombres, atacó la llamada ‘aldea del petróleo’, situada cerca de la refinería de Kaduna. Esta es un objetivo frecuente de los asaltos de los bandidos, hasta el punto de que los residentes, trabajadores empleados en la refinería local procedentes de toda Nigeria, llevan mucho tiempo pidiendo un puesto militar fijo en la aldea para protegerlos de nuevos asaltos.

El presidente de la Asociación Cristiana de Nigeria, el padre Joseph Hayeb, ha señalado que viven “una situación muy triste porque en el estado están ocurriendo muchas cosas que no se denuncian”. Asimismo, ha recalcado que hay que hacer mucho más para proteger a los ciudadanos de los criminales que los aterrorizan

Mártires que encarnaron el Concilio

Czerny, a los 33 años del asesinato de los jesuitas en El Salvador: “Fueron mártires que encarnaron el Concilio”

Documento homenaje a los jesuitas mártires de la UCA

Este 16 de noviembre se cumplen 33 años de la masacre de la Universidad Centroamericana (UCA), perpetrada por la Fuerza Armada salvadoreña, en la que perdieron la vida Ignacio Ellacuría, cinco compañeros jesuitas, una trabajadora de la UCA y su hija de 15 años.

Con motivo de este aniversario, el cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, ha recordado en una carta, recogida por Vatican News, a estos “mártires”, más de tres décadas después de su muerte.

“Al contemplar nuestro mundo ¿hay algún continente o región donde este aniversario tan importante que hoy recordamos pueda ser celebrado con auténtica tranquilidad y paz? ¿O es este, más bien, un momento con múltiples desafíos y disturbios?”, se pregunta el purpurado, también jesuita.

“Encarnaron el Concilio”

Sin embargo, Czerny encuentra motivos para la esperanza: “A pesar de los signos de violencia en varias partes del mundo y de la fragilidad de la paz, Nuestro Señor nos invita a una renovación a través del camino sinodal”, dice. “Despertar, levantarnos y caminar. Esta es la auténtica vida de la Iglesia, en humilde peregrinación y servicio alegre, inspirados por nuestros hermanos y hermanas”, añade el cardenal.

“En nuestros esfuerzos para poner en práctica, organizar e institucionalizar la visión y la misión del Concilio, podemos decir con gran honor que los nuestros son ciertamente mártires de este don que fue el Concilio Vaticano II”, continúa Czerny. “Ellos, con su vida y su muerte, encarnaron el Concilio y la 32º Congregación General en la gran iniciativa evangélica, educativa y social que fue la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas”, concluye

Los mártires de la UCA

33 años de los mártires de la UCA: Los mataron como a Jesús de Nazaret

Mártires de la UCA
Mártires de la UCA

«Lo que se vivió en aquella fatídica noche del 16 de noviembre de 1989 fue precisamente eso: una auténtica Eucaristía, una donación de la propia vida hasta la entrega de la misma»

«Los mártires de la UCA son tales precisamente porque llevaron hasta sus últimas consecuencias el seguimiento de Jesús de Nazaret»

«Es como si cada año sintiéramos que Dios en la entrega de los mártires de la UCA nos sigue sonriendo y nos sigue dando ánimos»

«Os seguimos presentando a nuestro querido pueblo de El Salvador, seguimos pidiendo que intercedáis por él, os seguimos rogando para que algún día la justicia y la paz lleguen a cada uno de nuestros hogares»

por Francisco Javier Sánchez, capellan cárcel de Navalcarnero

Un año más, y ya son treinta tres, nos disponemos a celebrar el martirio de los jesuitas en la UCA, y de Elba y Celina, y digo celebrar porque, desde el dolor, y desde las lágrimas aún presentes cuando lo recordamos, merece la pena celebrarlo. Lo que celebramos es la entrega de la vida, lo que después de treinta y tres años, seguimos recordando es al “cuerpo entregado y la sangre derramada”, de estos mártires, en el fondo lo que seguimos celebrando es la Eucaristía.

Porque lo que se vivió en aquella fatídica noche del 16 de noviembre de 1989 fue precisamente eso: una auténtica Eucaristía, una donación de la propia vida hasta la entrega de la misma. Una Eucaristía donde no es que hagamos memoria de Jesús muerto y resucitado, como lo hacemos cada día, sino una Eucaristía donde los martirizados aparecen unidos al sacrificio de Jesús . Esa  Eucaristía comprometida, donde los jesuitas, “molestaban al mundo”, y por eso precisamente fueron asesinados. Cuando asesinaron a Monseñor Romero, una de las monjas carmelitas del Hospitalito decía:

Monseñor Romero
Monseñor Romero

“Pero volviendo al momento de la muerte de Monseñor, en que el proyectil destrozó la vida de nuestro querido Pastor, él por instinto de conservación se cogió del altar, haló el mantel y en ese momento se volcó el copón y las hostias sin consagrar se esparcieron sobre el altar. Las hermanas de la comunidad del Hospitalito interpretaron ese signo como que Dios le dijera: hoy no quiero que me ofrezcas el pan y el vino como en todas las eucaristías, hoy la víctima eres tú Oscar, y en ese mismo instante Monseñor cayó a los pies de la imagen de Cristo”.

Esa misma Eucaristía es la que celebraron los martirizados jesuitas, junto a Elba y a Celina. Los mártires no escatimaron esfuerzo en ningún momento en hacer esa entrega, no escatimaron en defender a los más pobres, hasta la última gota de su aliento y de su vida. 

Los mártires de la UCA son tales precisamente porque llevaron hasta sus últimas consecuencias el seguimiento de Jesús de Nazaret. Su martirio no fue por defender un dogma, por defender unas verdades de fe, su martirio fue por defender que los seres humanos somos todos iguales, que todos nos merecemos lo mismo, que todos somos hijos e hijas de Dios, y que nadie tiene derecho a pisotear la dignidad del hermano, simplemente porque sea más pobre, o porque tenga menos medios económicos que yo.

A los mártires de la UCA los asesinaron como asesinaron al mártir Jesús de Nazaret, y como asesinan y crucifican cada día en nuestra sociedad a millones de seres humanos. Su causa por eso no fue una causa política, sino una causa evangélica. Su causa fue como la de Jesús: plantar cara al poder establecido, ese poder que sigue matando a tantas personas en tantos lugares de nuestro mundo. 

Via Crucis por los mártires de la UCA
Via Crucis por los mártires de la UCA

     Por eso cuando llega cada año el 16 de noviembre, todos los que nos sentimos unidos al pueblo salvadoreño, y a su causa de libertad y de dignidad, tenemos un doble sentimiento. Un sentimiento de dolor porque las cosas podrían haber sido de otra manera, porque nos duele en el alma ver todavía y recordar el momento en que fueron descubiertos sus cuerpos . Y a la vez un sentido de alegría y de agradecimiento al Padre por sus vidas. Es como si cada año sintiéramos que Dios en la entrega de los mártires de la UCA nos sigue sonriendo y nos sigue dando ánimos. El Dios Padre-Madre de Jesús cada 16 de noviembre se viste de gala al descubrir que hijos e hijas suyos han sido capaces de seguirle hasta el final. 

     “Si me matan, resucitaré en el pueblo”, que decía el mártir San Romero de América, y es lo que seguimos sintiendo nosotros. Los mártires de la UCA como todos los mártires salvadoreños y todos los mártires del mundo entero, que dan la vida por la justicia y por la fraternidad entre todos, siguen presente entre el pueblo, están resucitados junto a Jesús, pero viven presentes e inmersos en lo que fue la causa de su martirio: defender al pueblo crucificado y machacado por el poder y la intolerancia de los ricos, de los que no tienen escrúpulos, de los que creen que el dinero lo consigue todo. 

     Este año, quizás lo celebramos con un poco más de tristeza que otros años, porque nuestro bonito país, El Salvador, está sumido en una profunda dictadura que no respeta los derechos humanos; una dictadura que continua usurpando los derechos de miles de salvadoreños, bajo la amenaza del poder y la opresión. Un país donde los derechos humanos son violados a diario simplemente porque no se respeta la mínima libertad de expresión. Es verdad que las pandillas y la violencia que generan son un problema grave para nuestro pueblo salvadoreño y para todo su desarrollo humano y económico, pero a la violencia pandillera no se puede responder con una violencia de corte institucional.

En el fondo lo que está sucediendo en estos momentos en El Salvador es intentar solucionar la violencia pero desde la misma violencia poderosa, de quien gobierna el país. En pro de la búsqueda de una supuesta paz y cese de la violencia se está llegando a una violencia desde arriba, que sigue sin respetar a los de abajo. La pobreza es cada vez mayor en El Salvador, los jóvenes se ven obligados a salir de su país y dejar sus hogares y sus familias para salir y buscar una solución para sus vidas y las de sus familias. Es continúa  la salida de salvadoreños y salvadoreñas , hacia otros países, buscando simplemente un sustento o una solución para su pobreza. Pero eso, como antaño parece no preocupar a los que tienen hoy día el poder, sino que lo único que les preocupa es permanecer en ese mismo poder para seguir enriqueciéndose a consta de los pobres del pueblo. 

Mártires UCA
Mártires UCA

     Por eso la causa de los mártires de la UCA sigue estando presente treinta y tres años después de su matanza. Su sangre continúa corriendo entre los pobres salvadoreños y salvadoreñas. Sus cruces siguen siendo las de entonces. Los mártires de la UCA como Jesús de Nazaret, defendían un derecho a la vida, y por eso sus vidas fueron injustamente arrebatadas, sus vidas fueron “sesgadas de un plumazo” por aquellos que ostentaban el poder.  Pero ellos, siguen diciendo al Pilato de turno: “si te he ofendido en algo, dime en qué, y si no ¿Por qué me pegas?” (Jn 18, 23) , porque la reacción del poder sigue siendo la misma: no soporta que nada ni nadie lo ponga en duda. Como tampoco lo soportan los que tienen hoy el poder en el Salvador, y siguen martirizando a todo un pueblo, y sumiéndolo en la pobreza absoluta y en la necesidad de tener que salir de él para intentar ganarse la vida, buscando un futuro mejor. 

El poder establecido no soporta que alguien le critique, que alguien ponga en duda su actuación. Ellos preguntan a ese poder   y se enfrentan a él; la respuesta del poder frente a esa pregunta es la entrada en la UCA aquella noche y el asesinato de cada uno de ellos sin ningún tipo de piedad y de misericordia.   La procesión de antorchas y farolillos de cada año,  sigue siendo signo de vida y de esperanza en medio de tanta oscuridad y medio de este país tantos años martirizado. Es lo que aparece en la letra del himno al divino Salvador, que hizo un compositor y poeta y que precisamente citó Monseñor Romero en su homilía del 23 de marzo de 1980, justamente la víspera de su asesinato: “ Pero los dioses del poder y del dinero se oponen a que haya transfiguración, por eso ahora vos sos, Señor, el primero, en levantar el brazo contra la opresión”.

     Al celebrar este treinta y tres aniversario de los mártires miramos a Jesús, miramos a Dios nuestro Padre y le seguimos pidiendo con esperanza que nos siga ayudando, que siga a nuestro lado, que no nos abandone, que sigamos sintiendo su fuerza y su Espíritu como ellos mismos lo sintieron. Y seguimos diciendo que su lucha continúa, que juntos podemos hacer un país mejor, más libre y más justo, al estilo del evangelio y de Jesús de Nazaret. 

     Seguimos defendiendo  que fueron los poderes políticos, económicos y militares, los que los asesinaron, seguimos defendiendo que es necesaria una reforma estructural del país que haga posible una disminución de la pobreza y de la injusticia social. Y lo hacemos con el Evangelio en la mano, no desde una ideología política ni religiosa, sino desde las palabras y las acciones que hacía el mismo Jesús de Nazaret. La causa de los mártires de la UCA no era un causa ideológica, como no lo fue la causa del mártir Jesús de Nazaret, de San Romero, ni de Rutilio, ni de tantos salvadoreños y salvadoreñas asesinados: era y es una causa de fraternidad, de justicia, de reconocer que todos somos iguales y que todos nos merecemos lo mismo. Pero precisamente es lo que no gusta a los poderosos de nuestro mundo, a los que tienen el poder y lo ejercen desde cualquier institución. Los poderosos y el poder asesinaron a los jesuitas, a Elba y a Celina y siguen asesinando a muchas personas sumidas en la pobreza y en la marginación más absoluta.

Treinta y dos años de la matanza de la UCA
Treinta y tres años de la matanza de la UCA

Han pasado treinta y tres años pero no nos damos por vencidos, seguimos pensando que una nueva sociedad salvadoreña, que un nuevo país es posible, un país donde todos podamos tener los mismos derechos y podamos tener acceso a las mismas posibilidades. La Eucaristía de aquel 16 de noviembre de 1989 es la que seguimos celebrando y actualizando cada día en cada una de nuestras comunidades cristianas y cantones. 

     De ahí que sigamos celebrando y viviendo este acontecimiento con la misma energía y la misma indignación que aquella mañana del 16 de noviembre. Aquel día cambió la situación de El Salvador, la guerra dio un cambio de rumbo, la matanza de los mártires no fue en balde, sino que sirvió para poner ante la comunidad internacional, la injusticia en la que vivía el pueblo salvadoreño. Las cosas no fueron iguales en el país, hubo un antes y un después, su entrega no cayó en “saco roto”. 

     Y por eso se siguen exigiendo responsabilidades de la matanza de la UCA, pero no para buscar venganza, sino para exigir la necesaria justicia. Una justicia que debe llevar a esclarecer todo lo sucedido en aquella noche. Exigir que los responsables de este delito contra el pueblo sean llevados ante la justicia, de manera definitiva.

     El único pecado de los mártires fue decir que todos tenemos derecho a la vida, porque todos somos hijos del mismo Dios. Y ese Dios quiere lo mejor para cada uno de esos hijos por igual, sin distinciones de ningún tipo. San Romero de América, ya había dicho lo mismo, que dice el Evangelio, y que defendieron los mártires de la UCA:

Romero
Romero

“Un Evangelio que no tiene en cuenta los derechos de los hombres, un cristianismo que no construye la historia de la tierra, no es la auténtica doctrina de Cristo, sino simplemente instrumento de poder. Lamentamos que en algún tiempo también nuestra Iglesia haya caído en ese pecado; pero queremos revisar la actitud y, de acuerdo con esa espiritualidad auténticamente evangélica, no queremos ser juguete de los poderes de la tierra, sino que queremos ser la Iglesia que lleva el Evangelio auténtico, valiente , de nuestro Señor Jesucristo, aun cuando fuera necesario morir como él en una cruz” (Homilía 2 de noviembre de 1977).

Y así lo hicieron, el mártir San Romero de América, y los mártires de la UCA; por defender la causa del evangelio de Jesús fueron asesinados, fueron crucificados como el mismo Maestro de Nazaret. 

     Después de todos estos años, nos seguimos reuniendo un año más no tanto para recordarles sino para expresar que siguen vivos entre nosotros y que por encima de todo recordamos su vida y damos gracias por las vidas de cada uno de ellos y de ellas. Todavía, entre lágrimas, recordamos el rostro de Obdulio, al descubrir los cuerpos de su mujer Elba, y de su hija Celina, junto al de los seis jesuitas asesinados en el jardín de la UCA. En el dolor de Obdulio de aquella trágica mañana, está también el dolor de todo el pueblo y de toda la iglesia salvadoreña, un dolor que solo puede ser aliviado con la fuerza del amor que supone la entrega de cada una de sus vidas. Los jesuitas pasaron en aquella noche de la muerte a la vida, vivieron su experiencia pascual, quizás antes de tiempo, pero participaron del cáliz de Jesús, y ofrecieron su vida por el pueblo y por su liberación.

     Sus vidas son y hoy y serán siempre semilla de esperanza y de buena nueva, y por eso lo seguimos celebrando cada año, y lo seguiremos haciendo, cada día y cada momento; son parte de la historia de El Salvador y de la historia de nuestra Iglesia, son el evangelio vivo, viendo su vida y contemplando cómo han vivido cada instante de su existencia, podemos descubrir la vida de Jesús, y podemos llegar “a tocar al mismo Dios”. Ese Dios del que nos sentimos hijos y del que nos ha dicho Jesús que es nuestro Padre, ese Dios que al sentirnos hijos de El, nos hace también sentirnos hermanos: “El hombre es tanto más hijo de Dios cuanto más hermano se hace de los hombres, y es menos hijo de Dios cuanto menos hermano se siente del prójimo” (Homilía de San Romero, 18 de septiembre de 1977). 

Mártires de El Salvador
Mártires de El Salvador

Gracias hermanos mártires, gracias Ignacio Ellacuría, gracias Ignacio Martínez Baró, gracias Segundo Montes, gracias Armando López, gracias Juan Pablo Moreno, gracias Joaquin López y López, gracias Elba y gracias Celina. Vuestras vidas están inscritas en el cielo, en el corazón de Dios y en el corazón de cada uno de los salvadoreños. Están inscritas como vidas crucificadas y resucitadas, son vidas pascuales como la de Jesús de Nazaret. Os sentimos parte de nuestro pueblo y de nuestra Iglesia, sois sal y luz para cada uno de nosotros.

Os seguimos presentando a nuestro querido pueblo de El Salvador, seguimos pidiendo que intercedáis por él, os seguimos rogando para que algún día la justicia y la paz lleguen a cada uno de nuestros hogares. Que sigamos sintiendo la fuerza del Espíritu de Dios a través de vuestras vidas. Que nuestra Iglesia siga estando comprometida por la causa de los más pobres y más crucificados de nuestro país. Y que el Espíritu de Jesús resucitado que os hizo dar la vida por el pueblo, os haga permanecer también siempre vivos junto a El. Que vuestras vidas sean ejemplo de vida y entrega también para nuestra Iglesia y para cada una de sus comunidades. 

Los mártires de la UCA

Jesuitas y salvadoreños reclaman conocer la verdad en el 33º aniversario de los asesinatos de la UCA

33º aniversario de los asesinatos de la UCA
33º aniversario de los asesinatos de la UCA

La comunidad jesuita y centenares de salvadoreños en una emotiva y colorida procesión de farolitos demandaron este sábado conocer la «verdad» del asesinato de seis sacerdotes jesuitas y dos mujeres cometido por efectivos del ejército hace 33 años en el marco de la guerra civil (1980-1992)

El Frente Universitario Roque Dalton (FURD) demandó en un comunicado «sacar a luz todas las atrocidades cometidas por el ejército en las dictaduras militares y lo que continuó la derecha neoliberal hasta la actualidad»

En la calle principal del campus, alumnos de la UCA elaboraron coloridas alfombras con imágenes de los mártires. Estamparon el lema del 33º aniversario del crimen: «Porque la lucha es justa, la esperanza no desfallece

 | RD/Agencias

La comunidad jesuita y centenares de salvadoreños en una emotiva y colorida procesión de farolitos demandaron este sábado conocer la «verdad» del asesinato de seis sacerdotes jesuitas y dos mujeres cometido por efectivos del ejército hace 33 años en el marco de la guerra civil (1980-1992).

33 Aniversario crímenes UCA

«La verdad es un derecho del pueblo de saber quiénes fueron los que cometieron estos atroces crímenes (de los sacerdotes y las mujeres) y por qué los cometieron para que no se vuelvan a repetir», declaró a la AFP el rector de la jesuita Universidad Centroamericana (UCA), el sacerdote Andreu Oliva.

Andreu Oliva, rector de la UCA: «La verdad es un derecho del pueblo de saber quiénes fueron los que cometieron estos atroces crímenes y por qué los cometieron, para que no se vuelvan a repetir»

Con velas o flores en sus manos y con pancartas con los rostros de los sacerdotes asesinados, la procesión recorrió las calles del campus de la UCA, en el suroeste de San Salvador. «Los sacerdotes asesinados fueron personas buenas que lucharon por los pobres, por eso los recordamos y pedimos justicia», comentó a la AFP Domitila Cruz, de 67 años, que llegó desde la comunidad rural del Bajo Lempa, unos 85 km al sureste de San Salvador.

El Frente Universitario Roque Dalton (FURD) demandó en un comunicado «sacar a luz todas las atrocidades cometidas por el ejército en las dictaduras militares y lo que continuó la derecha neoliberal hasta la actualidad».

Como Frente Universitario Roque Dalton (FURD) conmemoramos otro año más a los mártires jesuitas de la UCA.
Acompañamos y participamos en la realización de la alfombra titulada «VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN».#MártiresUCA#FURD#UES#MemoriaHistórica@ysuca91sietepic.twitter.com/Y5Bnd1H7rq— Frente Universitario Roque Dalton FURD (@furd_oficial) November 12, 2022

En la calle principal del campus, alumnos de la UCA elaboraron coloridas alfombras con imágenes de los mártires.

En una gran alfombra estamparon el lema del 33º aniversario del crimen: «Porque la lucha es justa, la esperanza no desfallece».

La madrugada del 16 de noviembre de 1989, en medio de una ofensiva guerrillera sobre San Salvador, efectivos del ahora proscrito batallón Atlacatl cometieron el múltiple crimen en el campus de la UCA.

Las víctimas fueron el hispano-salvadoreño Ignacio Ellacuría (rector de la UCA), los españoles Ignacio Martín Baró (vicerrector), Segundo Montes, Amando López y Juan Ramón Moreno, además de los salvadoreños Joaquín López, Elba Ramos y su hija Celina.

Mártires UCA

En septiembre de 1991, un tribunal juzgó a nueve militares que figuraban como autores materiales sin tomar en cuenta a los autores intelectuales, según organismos humanitarios.

En ese juicio, solo el coronel Guillermo Alfredo Benavides fue declarado culpable de todos los asesinatos, y el teniente Yusshy René Mendoza fue responsabilizado de la muerte de la menor Celina.

Ambos oficiales recobraron su libertad con una ley de amnistía de 1993, pero Benavides fue encarcelado nuevamente para completar su sentencia de 30 años, tras declararse prescrita la amnistía en 2016.

El 16 de enero de 1992 con la firma de acuerdos de paz gobierno-guerrilla izquierdista, finalizó la guerra civil que dejó más de 75.000 muertos, 7.000 desaparecidos y pérdidas millonarias a la economía.

Guerra civil El Salvador

Rutilio Grande y San Oscar romero

El Papa ha condenado la tibieza de la Iglesia en las situaciones de injusticia y, tras reivindicar el legado de Óscar Romero y Rutilio Grande, ha señalado que «siempre hay injusticias por las que hay que luchar».

ROMA, (EUROPA PRESS)

Francisco ha recibido en el Vaticano a un grupo de peregrinos salvadoreños que le han agradecido la beatificación de los mártires Cosme Spessotto, Manuel Solórzano, Nelson Lemus y Rutilio Grande, por el que el pontífice mostró, cómo por San Óscar Romero, una gran devoción.

«A la entrada de mi estudio, tengo un pequeño cuadrito con un pedazo del alba ensangrentada de San Óscar Romero y una catequesis chiquitita de Rutilio Grande, para que me hagan recordar que siempre hay injusticias por las que hay que luchar, y ellos marcaron el camino», ha señalado el Pontífice.

Del mismo modo, ha reflexionado sobre el camino espiritual de seguir a Cristo que, «a veces tiene que tomar la forma de la denuncia, de la protesta, no política, nunca, evangélica siempre».

«Mientras haya injusticias, mientras no se escuchen los reclamos justos de la gente, mientras en un país se están dando signos de inmadurez en el camino de plenitud del Pueblo de Dios, ahí tiene que estar nuestra voz contra el mal, contra la tibieza en la Iglesia, contra todo aquello que nos aparta de la dignidad humana y de la predicación del Evangelio», ha asegurado el Papa.

El Pontífice ha asegurado que la cruz de Jesús es la cruz de todos y «es la cruz de la Iglesia como cuerpo de Cristo, que lo sigue hasta el sacrificio». Y ha instado a los fieles a pensar en aquellos que «están en dificultad».

Rutilio Grande fue asesinado en 1977 por los escuadrones de la muerte del Ejército por odio a la fe. Grande era amigo de Óscar Romero, canonizado por el Papa Francisco en 2018, y que fue asesinado 3 años después que el propio Grande.

Los «parteros» de la Iglesia sinodal

El Papa reivindica a los mártires de El Salvador como ‘parteros’ de la Iglesia sinodal

Francisco, con el arzobispo de San Salvador

«Rutilio Grande fue martirizado mientras caminaba hacia su pueblo»

«En camino sinodal, nuestra Iglesia avanza hacia Dios, y es signo de  esperanza para todos los hombres»

«El Evangelio es un evangelio vivo, que no se aprende de los libros sino de la vida de quienes nos han trasmitido el depósito de la fe»

Su cruz «es siempre la de Jesús, pero al mismo tiempo es la de  todos. Es la cruz de la Iglesia que como cuerpo de Cristo lo sigue en el sacrificio supremo del amor,  como Él nos ha enseñado»

Por Jesús Bastante

«El Evangelio es un evangelio vivo, que no se aprende de los libros sino de la vida de quienes nos han trasmitido el depósito de la fe». El Papa Francisco recibió este mediodía a los peregrinos salvadoreños que han acudido a Roma para dar gracias por la beatificación de Rutilio Grande y sus compañeros Cosme Spessotto, Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus.

En su discurso, Bergoglio quiso reivindicar su ejemplo como mártires, «un don gratuito del Señor» y «el más precioso don que Dios puede dar a su Iglesia». «Su sangre no se une a la del Salvador  simplemente en virtud de la imitación del discípulo a su maestro, o del siervo a su Señor, sino que es  una forma de unión mística», trazó el Papa, quien reivindicó su sangre derramada como «un regalo inmenso, tanto  para la Iglesia que peregrina en El Salvador, como para la Iglesia universal, y su significado quedará  siempre en el misterio de Dios».

El primer fruto, la unidad

«Es interesante notar que el primer fruto de la muerte de los beatos fue el restablecimiento de la unidad de la Iglesia», trazó el Papa, recordando la homilía de otro santo mártir, Óscar Romero, en la misa exequial de Rutilio Grande, en la que subrayó que «comprendamos esta Iglesia, inspirémonos  en este amor, vivamos esta fe y les aseguro que hay solución para nuestros grandes problemas».

«Este puede ser un buen itinerario para “rumiar” en la oración esta palabra que, mediante  la sangre de estos testigos, Dios ha pronunciado en la Iglesia de El Salvador», explicó. «Nuestras realidades no  son seguramente las de aquel tiempo, pero la llamada al compromiso, a la fidelidad, a poner la fe en Dios y el amor al hermano en primer lugar, a vivir de esperanza, es intemporal, porque es el evangelio,  un evangelio vivo, que no se aprende de los libros sino de la vida de quienes nos han trasmitido el  depósito de la fe» incidió.  

Siempre en camino de su pueblo

Estos mártires son «el mejor ejemplo de ese caminar juntos» que simboliza, en la Iglesia actual, el proceso sinodal. Porque ellos fueron «siempre  de camino hacia su pueblo para identificarse con ellos, para vivir co n ellos». Un caminar juntos que «no puede  conformarse con un mero “pasear” al santo en una imagen de devoción, sino que implica, sobre todo,  asumir el testimonio de fe, esperanza y amor que ese santo nos dejó en su vida».  

«El mensaje de estos mártires -concluyó Francisco- nos llama a identificarnos con su pasión que, como hemos dicho,  es la actualización de la pasión de Cristo en el momento presente, abrazando la cruz que el Señor nos  ofrece a cada uno personalmente». Una cruz que «es siempre la de Jesús, pero al mismo tiempo es la de  todos. Es la cruz de la Iglesia que como cuerpo de Cristo lo sigue en el sacrificio supremo del amor,  como Él nos ha enseñado».»La llevamos todos, animándonos unos a otros, orando por aquellos que  están en dificultad, y agradeciendo a Dios poder caminar juntos, como santo pueblo fiel, dando, a  pesar de nuestras debilidades, testimonio a los demás, para que ellos también se vean confortados en  las vicisitudes de la vida» concluyó Francisco. «Así, en camino sinodal, nuestra Iglesia avanza hacia Dios, y es signo de  esperanza para todos los hombres».

Mártires riojanos

La cruz de los Mártires, identidad de la diócesis de La Rioja

Hoy preside el oratorio de la parroquia El Salvador (Chamical) donde están las reliquias de los mártires

La diócesis de La Rioja está celebrando el mes de los mártires. Este domingo 17 la Iglesia recordó, en su liturgia, a los beatos riojanos, víctimas de la dictadura militar de aquel entonces. Por tal motivo, el isologo que identifica a diócesis de La Rioja tiene una cruz, la Cruz de los Mártires presente en cuanta alusión haya a la cruz del pueblo.

La historia de la Cruz

El 18 de julio de 1976 eran asesinados los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville. Los vecinos y las religiosas que vieron cuando se los llevaban, y el mismo obispo Enrique Angelelli  denunciaron el hecho y pidieron explicaciones a las autoridades.

Al otro día los cuerpos sin vida de ambos religiosos aparecieron tirados en la vía en el paraje Bajo de Lucas,  a 10 km al sur de Chamical. Los miembros de la congregación de los frailes capuchinos,  a la que pertenecía Murias, confeccionaron una cruz de algarrobo y la dejaron en ese lugar.

Lamentablemente, la llamada “cruz de los mártires” fue profanada por los militares, quienes al no poder quebrarla con los disparos de los fusiles, le colocaron un explosivo. Si bien la cruz voló por el aire, no se destruyó.

Signo de fe, memoria y resistencia

Esa cruz fue recuperada por la comunidad de la parroquia de Chamical, y preside el oratorio en el que se encuentran las reliquias de Carlos y Gabriel.

Cada año, desde el regreso de la democracia, los jóvenes peregrinan con ella durante 10 kilómetros como signo de fe, memoria, resistencia y pedido de justicia.

Asimismo, en Bajo de Lucas se construyó una ermita para la memoria del martirio del obispo Angelelli y sus compañeros.

Dos Jesuitas asesinados en México

Fueron asesinados al querer defender a una persona que buscaba refugio en su parroquia

Los padres Javier Campos SJ, y Joaquín Mora SJ
Los padres Javier Campos SJ, y Joaquín Mora SJ

Se trata de los padres Javier Campos SJ, y Joaquín Mora SJ

«Condenamos estos hechos violentos, exigimos justicia y la recuperación de los cuerpos de nuestros hermanos que fueron sustraídos del templo por personas armadas»

«Los jesuitas de México no callaremos ante la realidad que lacera a toda la sociedad. Seguiremos presentes y trabajando por la misión de justicia, reconciliación y paz, a través de nuestras obras pastorales, educativas y sociales»

El superior provincial de la Compañía de Jesús en México, Luis Gerardo Moro Madrid SJ, ha informado este lunes de la muerte de dos jesuitas en Cerocahui (Tarahumara). «Con profundo dolor e indignación les informo que el día de hoy 20 de junio por la tarde, en Cerocahui, Tarahumara, los padres Javier Campos SJ, y Joaquín Mora SJ, fueron asesinados en el contexto de violencia que vive este país, luego de intentar defender a un hombre que buscaba refugio en el templo y que era perseguido por una persona armada».

Así se expresaba en un comunicado interno este martes. Unas horas después, publicaba un comunicado oficial en el que «con profundo dolor», denunciaba el homicidio«Condenamos estos hechos violentos, exigimos justicia y la recuperación de los cuerpos de nuestros hermanos que fueron sustraídos del templo por personas armadas». Según ha publicado la prensa local, los asesinos huyeron llevándose los cuerpos de los jesuitas.

Medidas de protección

Los jesuitas piden también «de forma inmediata» que se adopten «todas las medidas de protección para salvaguardar la vida de nuestros hermanos jesuitas, religiosas, laicos y de toda la comunidad de Cerocahui». Precisamente se encuentran en el país los jesuitas Esteban CornejoJesús Reyes Jesús Zaglul (jesuita de República Dominicana y asistente para América Latina Septentrional).

Por su parte, el superior general de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa SJ, ha expresado en un tuit que se encuentra conmocionado y triste por esta noticia: «Mis pensamientos y oraciones están con los Jesuitas en México y las familias de los hombres. Tenemos que detener la violencia en nuestro mundo y tanto sufrimiento innecesario«, asegura.

Además, la Fiscalía del Estado ha confirmado que son tres las personas asesinadas: los dos jesuitas y un civil. El Gobierno del Estado de Chihuahua condena y lamenta los hechos violentos ocurridos en los que los dos religiosos se convirtieron en víctimas circunstanciales. Ante esto, medios mexicanos aseguran que ya se han activado los mecanismos de coordinación con la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la Guardia Nacional para brindar seguridad a los ciudadanos de esta población. Además, se ha activado una línea especial en el número de teléfono 911 para personas que tengan familiares y quienes necesiten información.

Dos jesuitas asesinados en México al defender a un hombre en una parroquia

«No callaremos»

En el comunicado, los jesuitas mexicanos recuerdan que estos hechos no son aislados: «La sierra tarahumara, como muchas otras regiones del país, enfrenta condiciones de violencia y olvido que no han sido revertidas. Todos los días hombres y mujeres son privados arbitrariamente de la vida, como hoy fueron asesinados nuestros hermanos«.

De esta forma, aseguran con rotundidad: «Los jesuitas de México no callaremos ante la realidad que lacera a toda la sociedad. Seguiremos presentes y trabajando por la misión de justicia, reconciliación y paz, a través de nuestras obras pastorales, educativas y sociales».

Denunciando lo ocurrido, recuerdan el dolor del pueblo ante la violencia imperante y se solidaridan «con tantas personas que padecen esta misma situación, sin que su sufrimiento suscite empatía y atención pública».

«Confiamos que los testimonios de vida cristiana de nuestros queridos Javier y Joaquín sigan inspirando a hombres y mujeres a entregarse en el servicio a los más desprotegidos», asegura el comunicado.

Beato Rutilio Grande, Celam, obispo Proaño y San Romero

«Expertos del poder político descubrieron la capacidad peligrosamente transformadora del método de Rutilio»

Romero y Rutilio
Romero y Rutilio

«El Celam asumió la tarea de servir en América Latina a esta “conversión eclesial” compartiendo esa centralidad en Jesús y en la construcción del reino del Padre»

«Con el obispo Proaño y con su pueblo, Rutilio aprendió a ser y a obrar en la forma que, sin buscarlo, encontró el martirio»

«El Equipo del Celam esta vez incluyó a Ignacio Ellacuría con su valioso aporte local, jesuita quien fue también martirizado años después»

«El poder político cometió su crimen. Pero el Padre, Amor misericordioso, los ha elevado ante el mundo como monumento de ejemplo que invita a ser la ‘Iglesia en conversión continua'»

24.03.2022 | Edgard R. Beltrán

Rutilio Grande fue beatificado el 22 de enero del 2022, mártir por la fe y la justicia.  Rutilio fue el fruto de una exigente e ininterrumpida “conversión eclesial”.

 “Conversión Eclesial” es un giro, un cambio hacia una CENTRALIDAD: JESÚS COMO CENTRO Y COMO CENTRO DE JESÚS ES LA CONSTRUCCIÓN DEL REINO DEL PADRE.  Hacia esto se centra el Concilio Vaticano II y su modelo de Iglesia como “Pueblo de Dios”, centrado en Jesús y en la construcción de ese reino (LG.9). El Celam se guía del Concilio en su centralidad en Jesús y en el reino y vive esa centralidad en la histórica reunión eclesial de Medellín, que es el mejor fruto del Vaticano II.   

El Celam asumió la tarea de servir en América Latina a esta “conversión eclesial” compartiendo esa centralidad en Jesús y en la construcción del reino del Padre.  Fue una época de “primavera eclesial” en el Continente que dejó varios ejemplos de esta “conversión eclesial impulsada por la divina dinámica de la Centralidad en Jesús y el reino”. 

Rutilio Grande, Manuel Solórzano, Nelson Rutilio Lemu y Cosme Spessotto
Rutilio Grande, Manuel Solórzano, Nelson Rutilio Lemu y Cosme Spessotto

El Beato Rutilio Grande, con su sangre de “mártir”, es un “testigo” de esa “conversión eclesial” que vivió en un giro ininterrumpido hacia esa “CCENTRALIDAD” EN JESÚS Y EL REINO DEL PADRE, con la guía del Concilio Vaticano II y a la luz de la reunión eclesial de Medellín. 

 El Celam fue su acompañante desde el inicio de su “conversión eclesial”, por medio del Departamento de Pastoral de Conjunto, tanto con su Equipo Ejecutivo, a quien consultó, como con su Instituto de Pastoral para América Latina, el Ipla en Quito, en el que participó. Pero lo más especial fue su convivir con el obispo Leonidas Proaño,  presidente del Departamento del Celam  y obispo de Riobamba, cerca  de Quito, un obispo ejemplo de “conversión eclesial”, tanto en su persona como en su ministerio transformador en su Iglesia diocesana. Con el obispo Proaño y con su pueblo, Rutilio aprendió a ser y a obrar en la forma que, sin buscarlo, encontró el martirio.

Este “testigo” con su martirio a causa de su “conversión eclesial centralizada”, fue lo que golpeó a Oscar Romero, quien fue su arzobispo por 18  días (del 22 de febrero de 1977 al 12 de marzo), y quien así lo manifestó: “Si lo han asesinado por lo que hizo, yo tengo que seguir el mismo camino. Rutilio me ha abierto los ojos”.  El arzobispo desde ese momento vivió su “conversión eclesial centralizada” que, sin buscarlo, también selló con su histórico martirio, San Romero.      

El Beato Rutilio Grande inició esta etapa de “conversión eclesial centralizada” en una ocasión sencilla y casi sin saberlo, impulsado por su inquietud y su apertura al discernimiento.  Fue un paso que dio ayudado ocasionalmente por el Celam. 

Romero y Rutilio
Romero y Rutilio

El arzobispo de San Salvador, don Luis Chávez, había participado en el Concilio Vaticano II y éste lo transformó. Para aplicarlo en su pastoral, aprovechó la colaboración del  Celam con las “Semanas Pastorales” que el Departamento de Pastoral de Conjunto del Celam organizaba en  cumplimiento de la tarea de servir en América Latina a una “Iglesia en conversión  centralizada” a la luz  del Concilio Vaticano II y de su aplicación en el Continente  a partir de la reunión eclesial en Medellín. Centralizado el mensaje con este contenido, l se utilizaba una metodología inductiva y participativa que contribuía a edificar la comunidad eclesial, para que continuara viva después de la semana. Casi todos los países de América Latina pidieron al Departamento de Pastoral de Conjunto del Celam este servicio que lo realizaba el Equipo Ejecutivo del Departamento con la aprobación de su presidente, el obispo Leonidas Proaño. El Equipo del Celam esta vez incluyó a Ignacio Ellacuría con su valioso aporte local, jesuita quien fue también martirizado años después

 En esta Semana Pastoral hubo dos personas que ahora nos interesan. Uno, que fue invitado y no asistió, el obispo auxiliar Oscar Romero, solamente se le veía en el comedor. El otro, que no fue invitado, pero que asistió como pudo en varios momentos desde la puerta del salón, el jesuita encargado de la administración del seminario, quien no fue invitado por no trabajar directamente en la pastoral, Rutilio Grande.

En algún momento, en privado, Rutilo le comentó a uno del equipo del Celam que él estaba deseando detener un poco sus actividades para discernir sobre su vida y que oyendo un poco los temas de la Semana Pastoral había pensado preguntarle sobre algún lugar favorable para este fin. Este le respondió que lo mejor podría ser participar en el Ipla. El tiempo de seis meses que duraba el curso era muy propicio. El contenido iba precisamente en esa dirección de contribuir a un discernimiento en una línea de “conversión eclesial”.  Los formadores que se turnaban cada semana eran de lo mejor, personas muy competentes en sus respectivas materias, y además con un total compromiso de vida en una Iglesia como Pueblo de Dios desde la base con el pobre. La metodología era la indicada para formación de “comunidad eclesial”. La transformación de los participantes era palpable, causa de queja de algunos obispos y de agradecimiento de muchos. 

Leónidas Proaño
Leónidas Proaño

Le precisó, además, que el participar en el Ipla tendría una posibilidad aún mejor, convivir con el obispo Proaño y su Pueblo en la diócesis de Riobamba, ojalá cada fin de semana. Vivir con él como persona, como cristiano, como obispo y convivir con esa comunidad eclesial diocesana, seguramente sería una de las gracias más enriquecedoras de su vida, se le aseguró a Rutilio. Él lo aceptó, fue al Ipla y así también aprovechó para ir a Riobamba todos los fines de semana del semestre menos tres. Esta vivencia le comunicó a su ser y a su obrar el giro ya irreversible en el caminar en su “conversión eclesial”. 

Así Rutilio lo confesó agradecido al obispo Proaño y a su Pueblo, así se le vio a su regreso en su vida personal y así lo practicó en su nuevo ejercicio pastoral. Así se beneficiaron sus feligreses agradecidos y transformados. Así lo notaron sus amigos que se le acercaron.  Así lo señalaron los obispos de su país que en su mayoría lo descalificaron. Así lo señaló la clase dirigente que se incomodó asustada

Así lo enmarcó el poder político que lo caracterizó como el constructor peligroso de un mundo diferente al que ellos dominaban. Los pobres se capacitaban como sujetos de su superación, los analfabetos manipulables se transformaban en formadores comunitarios, la envidia destructora del pobre contra el pobre estaba siendo reemplazada por algo que llamaban “comunidad desde la base popular”, todas y todos como una familia.   El poder político se desconcertó, pues un cura no era para meterse en estos cambios. Investigaron a Rutilio y lo vieron como un campesino igual a todos, pobre y sencillo. Los espías (“orejas”) enviados a sus reuniones informaban que casi no hablaba, preguntaba mucho a la gente y los ponía a pensar.

Leían el evangelio y lo comparaban con su situación, todas y todos hablaban de Jesús como de un hermano más del grupo y siempre salían con una tarea que ellos mismos se imponían para hacer de su situación algo más parecido a un tal reino. Los espías no veían nada raro. Pero expertos del poder político descubrieron la capacidad peligrosamente transformadora del método de Rutilio. Supieron que Rutilio había ido al Ecuador y de allí había regresado así. En comunicación entre militares supieron que en Ecuador tenían el mismo problema con el obispo Proaño de Riobamba que estaba “dañando a los indios”.  Rutilio se fue enterando de todo, como se lo comentó serenamente en una ocasión al amigo del Celam que le había aconsejado ir al Ipla y a Riobamba con el obispo Proaño. 

Leónidas Proaño
Leónidas Proaño

La convivencia igualitaria de Rutilio con el campesino pobre era mutua. Caminaban juntos,  todos y todas eran  iguales por el bautismo en la dignidad  de  hijos e hijas del mismo Padre Dios, hermanos y hermanas iguales en la misma misión y solidarios en sus riesgos. El poder político había decidido actuar violentamente. Torturó y expulsó del país al sacerdote colombiano Mario Bernal. Rutilio proclamó valientemente en la homilía:

”Es peligroso ser cristiano en nuestro medio! ¡Prácticamente es ilegal ser católico en nuestro país! ¡Ay de ustedes, hipócritas, que se hacen llamar católicos y por dentro son inmundicia y maldad! Son Caínes y crucifican al Señor cuando camina con el nombre del humilde trabajador del campo. Mucho me temo, hermanos, que si Jesús de Nazaret volviera ahora y bajara de Chalatenango a San Salvador, yo me atrevo a decir que no llegaría con sus homilías y acciones a Apopa. Lo acusarían de revoltoso, de judío extranjero, con ideas extrañas, contrarias a las del clan de Caínes. Sin duda, hermanos, lo volverían a matar.”   (Homilía recogida por Martin Maier en su libro) 

Conscientemente temerosa del peligro, la comunidad parroquial perseveraba en el caminar junto con Jesús y entre ellos en su común misión de bautizados. Manuel de 72 años y Nelson de 14, apoyados por sus familias y su comunidad, seguían caminando junto a Rutilio como tres bautizados iguales en una misma misión compartida. Así los ubicó el poder político y así,  juntos e iguales los tres bautizados,  fueron  asesinados  

El poder político cometió su crimen. Pero el Padre, Amor misericordioso, los ha elevado ante el mundo como monumento de ejemplo que invita a ser la “Iglesia en conversión continua”, centralizada siempre en Jesús y el reino, cuyos miembros por el bautismo son hijos e hijas del mismo Padre y herman@s iguales entre, encargados de la misma misión de la construcción del reino, con Jesús y entre ellos “caminando juntos”. En palabras del Papa Francisco, la IGLESIA SINODAL, como ha debido ser desde el comienzo, y como va a ser en este tercer milenio y para siempre. Rutilio, Manuel y Nelson son ejemplo desafiante para obispos y clérigos y laicos y son intercesores.

Homenaje '¡Rutilio vive!'
Homenaje ‘¡Rutilio vive!’

¡Así lo dijo el Obispo Proaño en Riobamba al regresar de enterrar a San Romero!  

En el 42º aniversario del martirio de San Oscar Romero

Jesús de Nazaret y monseñor Romero, mártires por predicar y vivir la gran fraternidad universal

Romero
Romero

«En estos cuarenta y dos años ha habido momentos para todo, para recordar su vida, para hacer presente su proyecto de ayuda a los pobres, para tacharlo de “comunista y de rebelde”,  e incluso para ser beatificado y por fin canonizado por el papa Francisco»

«San Romero de América, como lo canonizó el otro gran santo de América Latina, Pedro Casaldáliga, es un santo vivo, que transmite vida y esperanza al pueblo»

«Monseñor Romero siempre defendió que todos somos iguales, que Dios no quiere la pobreza, y que todos somos iguales por ser hijos de Dios»

«El mismo poder religioso que mata a Jesús, encarnado en el sumo sacerdote y el sanedrín judío, es el que mata a Monseñor Romero»

24.03.2022 | Javier Sanchez, capellan cárcel de Navalcarnero

Hace cuarenta y dos años que caía asesinado Monseñor Romero,” la voz de los sin voz” , como era conocido por los campesinos y campesinas salvadoreñas, mientras  celebraba la Eucaristía, en la capilla del hospitalito de San Salvador, como es conocido popularmente el Hospital de la Divina Providencia,  a escasos metros de su humilde casa. Una pequeña casa, que le habían regalado las hermanas carmelitas encargadas del mismo hospital, un centro que se ocupa de los cuidados paliativos a enfermos de cáncer.

Y en estos cuarenta y dos años ha habido momentos para todo, para recordar su vida, para hacer presente su proyecto de ayuda a los pobres, para tacharlo de “comunista y de rebelde”,  e incluso para ser beatificado y por fin canonizado por el papa Francisco. La figura de Monseñor Oscar Romero no pasa desapercibida para casi nadie, aunque sea para criticarlo; el obispo del pueblo, canonizado por ese mismo pueblo, desde el mismo instante de su martirio, continua siendo una figura controvertida, incluso dentro de la propia Iglesia católica, por parte de algunos sectores más conservadores de ella.

Romero

San Romero de América, como lo canonizó el otro gran santo de América Latina, Pedro Casaldáliga, es un santo vivo, que transmite vida y esperanza al pueblo salvadoreño y a muchos de los que intentamos seguir su vida, su espiritualidad y su entrega al estilo de Jesús de Nazaret. 

Son muchos los paralelismos que tiene el mártir salvadoreño y el mártir galileo; entre Jesús de Nazaret y Monseñor Romero, sólo hay bastantes siglos de diferencia, pero el legado, la vida y el proyecto del Reino jesuánico, sigue vivo en la vida y el martirio del Arzobispo asesinado. El Hijo de Dios, Jesús de Nazaret, muere crucificado, como eran asesinados los malhechores de la época; el obispo de San Salvador, muere a consecuencia de una bala asesina que le dispara un sicario a sueldo del poder y el ejército salvadoreño. 

Conocemos las dos historias, y en las dos hay algo muy claro que a los dos les costó la muerte: la preocupación por los pobres y los desvalidos, el servir a los desdichados de este mundo y hacer de ellos los preferidos de su vida y de su mensaje. Los dos fueron asesinados por la misma causa: predicar y vivir la gran fraternidad universal, el reconocer que todos somos hermanos en igualdad de condiciones, que Dios nos quiere a todos, por ser sus hijos, y que de entre esos hijos prefiere a los más desfavorecidos y necesitados, no por ser “buenos o malos “, moralmente hablando, sin por ser los más pobres , los que nadie quiere, “los hijos queridos de Dios” ; “Cada vez que los hicisteis con unos de estos mis hermanos, más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40), estas palabras del evangelio resumen ambos martirios, y reconocemos en ellas la presencia de Dios en cada hermano marginado y necesitado de amor y de ayuda por nuestra parte. 

Romero

Son muchos los textos del evangelio donde el mártir Jesús de Nazaret es criticado y puesto en duda, por ayudar a los pobres, por estar cerca de ellos. Y la respuesta de Jesús a esa crítica es siempre la misma: “de esos pobres, es el Reino de los cielos”; a esos que no cuentan en la sociedad normal, es a los que prefiere y el mismo Dios, porque son más necesitados de amor que los otros. Esos pobres que son machacados por la injusticia y el poder romano de aquel momento, son a los que Jesús de modo especial defiende. Su defensa va preparando el camino hacia la cruz de Jesús. Ese mismo Jesús que defiende el amor por encima de la ley, es el Jesús que es clavado en la cruz, entregando a la vida hasta el final. El Jesús amigo de los débiles es al Jesús que por supuesto no aguantan los poderosos del momento, porque El les quita poder, porque su vida denuncia una manera injusta de tratar al hermano.

El poder es la causa última de la muerte del mártir de Nazaret. Un poder que no entiende de fraternidad sino solo de rivalidad; un poder que por querer ser como dios (que ya aparece en el libro de Génesis) termina crucificando al justo. Y frente a ese poder, Jesús predica la humildad y la autoridad y poder de “lavarnos los pies”. La pregunta del Génesis, “Donde está hermano?” ( Gn  4,9), es la afirmación del evangelio en el juicio final del evangelio de Mateo : “Estuve necesitado, y no vinisteis a socorrerme” (Mt 25). Jesús quitaba poder a los que lo tenían en su tiempo y proclamaba una fraternidad que brota del servicio y del reconocer la igualdad básica de todos los seres humanos, por ser hijos e hijas de Dios. 

     Y eso mismo es lo que le achacan al mártir Romero. “Tú eres nuestra voz”, decían los campesinos pobres salvadoreños. Monseñor Romero siempre defendió que todos somos iguales, que Dios no quiere la pobreza, y que todos somos iguales por ser hijos de Dios. “No es voluntad de Dios que unos tengan todo y otros no tengan nada. No puede ser de Dios. De Dios es la voluntad de que todos su hijos sean felices ( Homilía 10 de septiembre de 1978). Pero al poder salvadoreño encarnado en la derecha y el ejército salvadoreño, no podía consentir esto, y por eso encargó a los poderosos que lo asesinaran. Y Romero caía asesinado por defender a los pobres, por ser su escudo, por ponerse de su parte. 

A ambos mártires, los mató el poder, el poder que sigue hoy matando a millones de seres humanos en muchas partes del mundo, el mismo poder que en estos momentos está bombardeando inocentes en Ucrania. El poder es la causa sin duda de la violencia e injusticia humanas en cualquier momento de la historia. 

Romero

Jesús fue acusado de “blasfemo” por hacerse llamar Hijo de Dios, e ir contra el poder religioso establecido, contra el templo y los símbolos de la fe judía que se aprovechaban de los pobres. Era blasfemo porque anunciaba una nueva manera de ser y de vivir la fe, desde la fraternidad y el reconocimiento de todos por igual. Blasfemo porque su privilegio era para los pecadores, enfermos y pobres y no para los poderosos ni los que se creían los buenos. Lo crucificaron como al peor de los delincuentes, con la peor de las muertes y fuera de la ciudad santa, porque sus palabras  y acciones atentaban contra el sistema establecido.

Y en esa misma línea,  Monseñor Romero es acusado de “comunista”, de favorecer la insurrección, de predicar la igualdad que predicaba el mismo Marx. Su comunismo consistía en predicar que todos somos hermanos y que Dios es nuestro Padre común. Por eso también lo mataron, lo asesinaron mientras hacía vida el mismo sacrificio de Jesús en la Eucaristía. Son las palabras de Madre Lucita, carmelita misionera del Hospitalito , presente el día del magnicidio:

“Por instinto de conservación, tras recibir el impacto del proyectil se cogió del altar, haló el mantel y en ese momento se volcó el copón, y las hostias sin consagran se esparcieron sobre el altar.  Las hermanas del nuestra comunidad del hospitalito interpretaron ese signo como que Dios le dijera: hoy no quiero que me ofrezcas el pan y el vino como en todas las eucaristías, hoy la victima eres tu OSCAR y en ese mismo instante, Monseñor cayó a los pies de la imagen de Cristo, a quien tuvo como modelo toda su vida . Los que se preocupan de los pobres son por tanto, blasfemos y comunistas, porque su Dios no coincide con el de los poderosos, porque el rostro de Dios que nos transmiten es un rostro distinto, que brota de la debilidad y del amor a todos; el poder de los judíos y los cristianos en ocasiones, se transforma en la debilidad de la cruz, “escandalo para judíos  y necedad para gentiles”( I Cor 1, 23)

Pero todavía más, ambos, Jesús y Romero, fueron asesinados por un poder específico: el poder religioso. Jesús fue crucificado porque el poder religioso judío veía que le quitaba fuerza, que le quitaba beneficios, que sus palabras en defensa del débil le hacían  tambalear sus injusticias. El sumo sacerdote y el sanedrín deciden dar muerte a Jesús porque veían perder sus beneficios, y si no hubiera sido asesinado Jesús, crucificado como un cruel delincuente, habría hecho caer todo lo que para ellos era fundamental: la opresión del débil, el aprovecharse de los más marginados.

Romero

El mismo poder religioso que mata a Jesús, encarnado en el sumo sacerdote y el sanedrín judío, es el que mata a Monseñor Romero. Y por eso el martirio del Arzobispo cobra un matiz especial: al Arzobispo no lo matan los ateos o los que no siguen el evangelio , sino que lo matan “los propios cristianos”, los que van a misa, los que después de comulgar eran capaces de dar orden de matar, de perseguir y hacer desaparecer a los pobres y campesinos. Esos “que iban a misa” no podían soportar que sus privilegios a consta de los más pobres salvadoreños, se perdieran.

Es conocida la frase de Romero en la homilía del funeral del otro mártir asesinado, y también recientemente beatificado por el papa Francisco, Rutilio Grande “hermanos asesinos”; porque de sobra sabia Romero que entre los asistentes a aquel funeral estaban los miembros del gobierno y del ejército responsables del triple asesinato de El Paisnal, donde fueron ametrallados el jesuita Rutilio Grande, el anciano Manuel y el joven Nelson Rutilio. El poder religioso crucifica a Jesús de Nazaret y el poder de “ los que van a misa” , cristianos, mata a Monseñor Romero. 

     Y  conocemos también lo que pasó con el mártir Jesús de Nazaret, como había anunciado mientras estaba con los discípulos, resucitó de entre los muertos, la muerte no tuvo la última palabra sobre El, y encomendó a sus seguidores que fueran a Galilea para poder verlo, que fueran a la Galilea de los pobres, de los paganos, de los que no cuentan. Jesús no dijo a sus discípulos que lo verían en la ciudad santa y grande de Jerusalén, sino en “la Galilea de los gentiles”, donde nadie quería ir. Los pobres son los que entendieron a Jesús y por ellos especialmente murió y resucitó. La primera comunidad cristiana se fragua desde el encuentro con el maestro Resucitado,  vivo y presente en los que siguen su palabra y su mensaje, que también después seguirán y siguen siendo perseguidos. 

     Es también  conocida la frase de Monseñor Romero, “si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño”, y es cierto que el Arzobispo Romero sigue vivo y resucitado en el pueblo. Esta vida y resurrección de Romero se palpa y se ve en cada rincón de los cantones de El Salvador. En cada casa de cada campesino te hablan de Romero, te dicen cómo les sigue ayudando, su presencia es mucho más que un mero recuerdo. “Morirá un obispo pero la Iglesia, que es el pueblo, vivirá para siempre!, y ciertamente así es . Romero no vive solo en los lugares santos, en la  cripta de la catedral donde está enterrado, o en la capilla del hospitalito donde lo asesinaron, está presente en su pueblo, donde quiso estar siempre, en medio de los pobres.

Romero

“Era un obispo de los de abajo”, me decía una mujer de Arcatao en el departamento de Chalatenango, sigue caminando y luchando en cada una de las comunidades de base, sigue siendo su guía y apoyo espiritual. Acercarse a la tumba del Santo es descubrir la cantidad de personas que siguen venerando a Romero. Recuerdo, estando sentado delante de ella, rezando, cuando vi aparecer a una mujer que se abrazó a la tumba y comenzó a llorar; iba bien vestida y se la veía extranjera. Después de un rato, fue un cura, vestido de clérigo, y cogiéndola le dijo que tenía que marcharse; la sorpresa fue cuando al darse la vuelta también la mujer iba vestida con “clergyman” , porque como luego me dijeron era anglicana; un vuelco grande me dio el corazón, y se me escaparon las lágrimas de emoción: Monseñor Romero , su vida, atrae a todos, no distingue de confesiones religiosas.

Pero también recuerdo la fotografía de Romero, quemada y acribillada a balazos, en la entrada de la UCA, que los asesinos de los otros también mártires jesuitas, cosieron a balas: la matanza de los jesuitas fue el 16 de noviembre de 1989, nueve años y medio después del asesinato de Romero, y sus asesinos seguían odiando al obispo, tanto  que acribillaron su fotografía, porque no habían sido capaces de matarlo, seguía y sigue vivo en el pueblo, y eso les encolerizó aún más. Cristo vive y Romero vive, ambos están resucitados, y continúan siendo luz y guía para el pueblo pobre y marginado. 

    Un año más, y son y 42, seguimos recordando y actualizando el martirio de San Romero de América; su legado sigue presente y resucitado en las comunidades de El Salvador y en muchas de nuestras comunidades. Su proyecto, como el de Jesús, son una realidad. Y al recordar su vida, recordamos también a tantos crucificados y crucificadas por el mismo poder asesino y violento, aún hoy en El Salvador, y en muchos otros rincones de nuestro mundo injusto: en las bombas de Kiev, en los cadáveres del mediterráneo, en el deambular de los refugiados de muchas partes del mundo, en las llagas de los que intentan cruzar la valla, en los presos de las cárceles, en los parados, en los toxicómanos, en los inmigrantes….Monseñor Romero no puede entenderse sin sus pobres, como el cristianismo y Jesús de Nazaret no pueden entenderse sin tomar partido por los más débiles de nuestro mundo. Solo somos fieles al evangelio haciendo presente el espíritu de las bienaventuranzas. 

     En este día de San Oscar Romero, también le rezamos al santo, y le rezamos como él tantas veces rezó al Padre Dios, le pedimos que nos sigue ayudando, que siga siendo luz para El Salvador y para nuestra comunidad cristiana. “Yo no puedo, Señor, hazlo Tú”, eran las palabras de Romero arrodillado en el monumento llamado de “las tres cruces”, dedicado  a los tres mártires de El Paisnal.  Nosotros, después de cuarenta y dos años, también se lo decimos:  Monseñor, no nos olvides, ayúdanos, sigue siendo nuestra luz, sigue guiando a nuestro pueblo, sigue dando voz a tu “pobrerío”; nosotros tampoco podemos; Tú al lado del Padre, puedes ayudarnos a continuar. En este día te presentamos a todos los crucificados del mundo, y te pedimos especialmente por la paz, una paz que solo es tal cuando brota de la justicia y la fraternidad entre todos.

Romero y Pablo VI

Que el Dios de la vida te mantenga siempre vivo y resucitado junto a El y que nosotros sigamos sintiendo tu presencia en medio de nuestro pueblo. Que nuestras comunidades cristianas sean siempre comunidades que anuncien algo nuevo, que luchen por la justicia, que jamás se alíen con el poder opresor. Que sean comunidades abiertas y acogedoras a todos, especialmente a los más pobres y marginados de nuestra sociedad. Que descubramos que “el hombre es tanto más hijo de Dios cuando más hermano se hace de los hombres y es menos hijo de Dios cuanto más hermano se siente del prójimo (homilía 18 de septiembre de 1977).