Intuiciones en el camino sinodal

Intuiciones y batallas interiores en la ruta de los caminos sinodales

por Mauricio López Oropeza 


  

Poder decirle literalmente a Dios que uno le ama

no solamente con todo su cuerpo, con todo su corazón,

con toda su alma, sino con todo el Universo en vías de unificación.

He aquí una oración que no puede hacerse

más que en el seno del Espacio-Tiempo

Pierre Teilhard de Chardin. ‘El fenómeno humano’

Antes de la Asamblea del Sínodo de la Amazonía, la fuerza de Dios me regaló en el silencio de mis Ejercicios Espirituales – corría el mes de julio del año 2019 – la moción, como llamada desde lo profundo, a emprender una navegación hacia este gran evento.


Fue un recorrido de absoluta gracia personal (y ha sido muy esperanzador saber que lo fue también para muchas personas en tantos y diversos sitios), mediante la cual pude buscar y encontrar la serenidad, el discernimiento y el coraje necesarios para escuchar la voz más importante, la del Dios vivo y presente en los rostros concretos de la Amazonía, y llevarla conmigo a la experiencia de Asamblea Sinodal de octubre del mismo año.

Esa voz nos habló a todos los participantes del Sínodo, al menos los que tenían un corazón libre y abierto, para descubrirlo en las imprescindibles voces de los pueblos, comunidades y misioneros que se encarnan día a día en la Amazonía, y desde las cuales personalmente pude encontrar el sentido en medio de tanto movimiento.

De esa voz de Dios me vino el valor para sostenerme en aguas tan agitadas como las del proceso Sinodal. Esas aguas desde las que el propio Jesús nos llama a no tener miedo y a confiar en Él, como lo hizo con sus seguidores más cercanos en medio de la tempestad.

Luego de participar de la intensa Asamblea del Sínodo Amazónico, la pregunta que más fuerte retumbó en mi interior y acechó mi ser no fue ¿qué sigue ahora y cómo lo hemos de abordar?, sino ¿quién soy hoy, que ya no el mismo de hace un par de meses cuando la Asamblea comenzaba, tampoco el que fui dos años atrás cuando comenzamos este proceso de preparación, escucha y de ruta compartida? En medio de este recorrido interior me hago consciente sobre cómo este proceso me ha trastocado por dentro y me ha transformado definitiva e indudablemente, y de modo permanente.

Por ello, quiero compartir una serie de reflexiones que también quieren ser intuiciones de una ruta personal hacia la Pascua, es decir, hacia un cierto modo de vida nueva, y que son sobre todo eso: movimientos internos –cargados de una mezcla de dudas y certezas – a la luz de la experiencia personal y de mi vivencia sinodal comunitaria. Ellas buscan, por un lado, sacarme de dentro esto que quema en el interior y que no sé dónde poner o cómo acomodar, y por otro, dar cuenta de lo vivido, no desde las tantas lecturas sapienciales, estructurales, morales o programáticas, sino desde las ininterrumpidas sacudidas internas que he experimentado desde la experiencia inédita sinodal que me ha transformado.

Intuiciones en el camino sinodal

  1. Somos pequeñas gotas de agua que resultan del milagroso ciclo vital de la condensación de elementos libres que se integran poco a poco, superando distancias y diferencias de origen y dimensión, pero que de manera misteriosa en su existencia física se van integrando, y en el encuentro podemos abrazar y atestiguar la lógica del Dios creador que produce esa posibilidad de síntesis que también nos representa como seres en proceso de consolidación, como una Iglesia sinodal en camino.
  2. Pidamos intensamente que seamos como esas aguas dispersas que bajo tu lógica se van integrando poco a poco para hacer sentido de nuestra limitada y miniatura existencia, con la que podamos tejer la parte que nos toca en el gesto del advenimiento de una humanidad nueva: el Reino.
  3. Señor, que en el permanente e inconmensurable misterio del movimiento de tu presencia en todo la creado, haz que la convergencia sea posible. Una convergencia de lo diverso que dé como resultado la avasalladora fuerza liberadora, descomunal e incontenible de un río de vida que solo podemos comprender al quitarnos las sandalias ante la tierra y aguas sagradas que relatan tu presencia y belleza en el corazón de este territorio, y en la vida misma de quienes ahí acompañamos y nos acompañan.
  4. Ahí en el Cristo presente en los rostros concretos, en su diversidad cultural, en su espiritualidad y en el permanente proceso de evolución que refleja un camino de liberación en este ‘kairós’ del Reino que se va gestando en todo y en todos sin que nada ni nadie lo pueda parar. Dios es el amor descomunal que lo libera y lo trasciende todo.
  5. Este camino de construcción de Reino desde la sinodalidad sabe a esperanza, pero también produce temor por lo que esto podría implicar en cuanto a cambios, transiciones y nuevos caminos no anticipados. Hay una sensación de plenitud interna y un inusitado gozo por abrazar una genuina libertad ante lo que esto podría producir. Junto con ello debe morir mi anhelo de ser afirmado por otros, pues ello me ata y me imposibilita ir más allá de mí mismo.
  6. Que la fuerza de la parresía nos llene de tu convicción profética, y en ello pido la Gracia de querer, anhelar y pedir, aunque con temor y temblor, el ponerme enteramente en tus manos en este servicio.
  7. Que sepa ponerme en los brazos y bajo el amparo de tantos y tantas mártires de la Iglesia de América Latina, los conocidos y los desconocidos; para que los imitemos, no desde la perspectiva del martirio por sí mismo, porque esto es una gracia nunca buscada, pero sí en la profunda y ferviente experiencia de entrega sin negociar los propios términos. Ponernos de verdad a la intemperie por la pasión de servir a tu proyecto, y ser probados hasta las más inesperadas consecuencias. Y aunque me tiembla la mano de solo escribirlo, lo pido con firme convicción de desear estar a la altura de Tu llamado.
  8. Seamos puente y sitio de encuentro, fieles al llamado del Espíritu para estar en comunión “parrésica” para responder a los signos de los tiempos, y ser capaces de responder ante las graves, sistemáticas e impunes expresiones de muerte violenta y cotidiana que vivimos en los territorios de la Amazonía, donde impera una creciente cultura del descarte.
  9. Que, siguiendo el proceso vivido hasta ahora, el actual Sínodo de la sinodalidad (comunión, participación y misión) sea una verdadera ocasión para estar del lado de los que han sido siempre excluidos y postergados, que sea un momento de opción por el proyecto de Reino, a la luz del Concilio Vaticano II y sus reformas aún pendientes, y del lado del papa Francisco y su itinerario de alegría, reforma y conversión. Que podamos experimentarlo como un verdadero “sentir con la Iglesia”, y al mismo tiempo que nos reconozcamos todos y todas como seres de paso en todo este camino.

Somos medios, el Sínodo ha de ser un medio. El fin único, y último, es la vida plena del territorio y sus pueblos en la plenitud del Señor. El fin último es el Reino al modo en que Jesús nos enseñó.  Esta navegación continuará cada día y todos los días, en mi vida y en toda vida de quien se abra a la experiencia de los nuevos caminos para la Iglesia y para nuestro mundo lastimado.


Por Mauricio López Oropeza. Director del Centro Pastoral de Redes y Acción Social del CELAM

Vox populi, vox Dei

Vox populi, vox Dei: La síntesis final del proceso sinodal español

Papa Francisco y la primavera
Papa Francisco y la primavera

«Ningún jerarca del mundo mundial por muy carca que sea puede oponerse a la voluntad expresada masivamente por lo que Francisco llama ‘el santo pueblo de Dios’. No en vano desde antiguo se sostiene en la Iglesia que ‘vox populi, vox Dei'»

«El pueblo de Dios, cuando le dejan hablar los curas, se pronuncia jaleado por el Espíritu Santo»

«Lo que pidieron básicamente es ‘descongelar el Concilio’, metido en el congelador del miedo por los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI»

«¿La jerarquía ha podado el sínodo español? Podado no, pero sí recortado, pulido y limado. No lo ha podado del todo, pero ha hecho todo lo posible para atemperar la parresía del pueblo santo de Dios»

Por José Manuel Vidal

Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, uno de los cardenales más libres y proféticos del colegio cardenalicio (por eso, desde la Curia quisieron ‘lincharle’ con falsas acusaciones de corrupción), sostiene que el Papa Francisco, tras años de lucha contra el poder curial enquistado en Roma, llegó a la conclusión de que, para remover su inmovilismo y vencerlo definitivamente, tenía que utilizar la palanca del ‘santo pueblo de Dios’.

Y es que ningún jerarca del mundo mundial por muy carca que sea puede oponerse a la voluntad expresada masivamente por lo que Francisco llama ‘el santo pueblo de Dios’. No en vano desde antiguo se sostiene en la Iglesia que ‘vox populi, vox Dei’. Y, por eso, lanzó un Sínodo de la sinodalidad (su Concilio, sin llamarlo Concilio) de dos años de duración, que va a involucrar a toda la cristiandad en tres etapas: diocesana, continental y universal.

vox populi, vox Dei

Y la estrategia dio resultado, porque el pueblo de Dios, cuando le dejan hablar los curas, se pronuncia jaleado por el Espíritu Santo. Como muestra, el botón español, con una Iglesia envejecida y mal vista por el resto de la sociedad, pero también con arrestos suficientes en sus bases, para seguir proponiendo el sentido evangélico a la gente y rompiéndole el espinazo al clericalismo omnipresente en nuestro país, con un clero convertido en casta funcionarial, que no quiere dejar sus privilegios ancestrales por nada del mundo.

Como la mayoría del clero (sobre todo el clero joven de menos de 45 años) no cree en el proceso sinodal, dejó el campo libre a los laicos más comprometidos. Y los obispos, incluso los más conservadores, no se atrevieron a decir no abiertamente al proceso. No lo promovieron, pero tampoco lo prohibieron.

En esos pequeños entresijos de libertad, más de 200.000 miembros del Sínodo se reunieron, se escucharon, compartieron, convivieron y hablaron de los cambios y reformas que quieren, para intentar conseguir esa Iglesia evangélica, samaritana y en salida con la que sueñan desde hace décadas, cuando se truncó aquella primera primavera del Concilio Vaticano II.

Y lo que pidieron básicamente es “descongelar el Concilio”, metido en el congelador del miedo por los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Y en sus propuestas volvieron a rescatar la vieja corresponsabilidad conciliar apenas sin estrenar entre nosotros, pero también peticiones mucho más concretas, como el sacerdocio de la mujer, el celibato opcional para los sacerdotes, la acogida sincera y sin condiciones a las personas lgtbi o a las divorciados vueltos a casar e, incluso, la recuperación para el ministerio de los curas casados o la raparación integral de las víctimas de los abusos del clero.

Concilio Vaticano II

Por eso, los informes sinodales de muchas diócesis (tan dispares en términos eclesiales como Barcelona, Zaragoza, Madrid o San Sebastián) estaban redactados con un lenguaje profético y lleno de parresía, sin rodeos, sin circunloquios, con claridad, sencillez y transparencia. Una apuesta clara y radical por las reformas de Francisco para la Iglesia.

Pero todos estos informes diocesanos tuvieron que pasar por el filtro de la síntesis hecha por la Conferencia episcopal. Y llegaron las rebajas. Rebajas en el tono, en la forma y en el fondo. Y todo volvió a ser mucho más clerical.

En la síntesis nacional ya sólo se habla de codecisión de los laicos, acogida a divorciados y un pequeño guiño hacia el celibato opcional.

También pide la síntesis una mayor presencia de la mujer en la Iglesia, pero ya ha desaparecido la petición del ministerio sacerdotal femenino, la aceptación de todo tipo de familia o la acogida y ‘bendición’ del colectivo homosexual.

¿La jerarquía ha podado el sínodo español? Podado no, pero sí recortado, pulido y limado. No lo ha podado del todo, pero ha hecho todo lo posible para atemperar la parresía del pueblo santo de Dios. Y, por si caso, ha querido dejar bien claro que esas propuestas más avanzadas sobre el celibato opcional o el acceso de la mujer al altar “sólo se plantearon en algunas diócesis y por un número reducido de personas”.

Primavera de Francisco
Primavera de Francisco

Era tan de esperar esta maniobra de ‘afeitado’ que los mismos participantes en el proceso sinodal español ya planteaban su “desconfianza de que lleguen las aportaciones” al Papa. Porque conocen bien el paño clerical. Pero Francisco también lo sabe, conoce a la perfección la querencia a tablas del morlaco clerical y es perfectamente consciente de que el ‘santo pueblo de Dios’ ha hablado y le ha dado una aplastante aprobación a sus reformas. Porque nadie puede parar la primavera en primavera, sobre todo si viene en alas del Espíritu, que sopla y alienta en el corazón del pueblo santo de Dios: Vox populi, vox Dei.

Las mujeres en el Sínodo de la Iglesia española

Las mujeres mandan en el Sínodo de España: son el 70% de las participantes

¿Es la razón por la que se pide el sacerdocio femenino y un mayor reconocimiento a su labor?

José Lorenzo,religion digital

¿Están contando con mujeres en los equipos sinodales de la etapa diocesana, que empezó el 17 de octubre de 2021 para preparar el camino del Sínodo sobre la Sinodalidad de 2023 en Roma? Esa fue la petición que, expresamente, hizo Nathalie Becquart, la subsecretaria de este Sínodo, cuando el pasado mes de noviembre presentó el documento marco.

Y, cuando faltan cinco días para que Madrid acoja la asamblea final de esta fase de escucha, la respuesta, al menos en lo tocante a la Iglesia española, es sí, abrumadoramente. Nada menos que el 70% de las más de 200.000 personas, repartidas en 13.500 grupos sinodales han sido mujeres, según ha sabido RD

Se trata de una participación muy significativa que, por otro lado, no deja de evidenciar algo ya sabido: las mujeres son las que, mayoritariamente, hacen funcionar en el día a día la vida de parroquias y otras instancias eclesiales, las que cuidan la catequesis, organizan la labor asistencial y caritativa… aunque su labor sea históricamente poco reconocida. Como apunta una fuente, «si en el 2000, las mujeres éramos el 50% de la Iglesia, en el 2020, somos el 80%».

¿Punto de inflexión?

¿Supone esta participación un punto de inflexión? Parece también evidente que el hecho de que en muchas diócesis hayan salido como propuestas para enviar a Roma el dar una mayor responsabilidad a la mujer en el gobierno de la Iglesia, cuando no incluso su acceso a la ordenación sacerdotal, tiene que ver con esta alta participación en esta fase de escucha, que termina este sábado 11 de junio en Madrid, en la Asamblea final del Sínodo en España, que acogerá a más de 600 personas procedentes de todas las diócesis.

Pendientes del “enfoque” del párroco

“¿Tendrá esto recorrido de cara a las resoluciones del Sínodo?”, se preguntan. Y ahí, claro, surgen las dudas cuando todavía no se han hecho públicas las conclusiones, porque, se señala, “que las mujeres hayan tenido una participación más o menos activa y significativa ha dependido mucho del enfoque que el párroco haya querido darles”, lo que explicaría que esta cuestión no haya aparecido en otras diócesis como una reivindicación a tener en cuenta.

Las fuentes consultadas, eso sí, subrayan el interés desde el equipo coordinador de esta fase sinodal “en poner el foco en los laicos en general, pero dando una mayor dimensión al papel de las mujeres. Esta ha sido una constante que se ha intentado transmitir”, apuntan.

En torno a los 55-60 años

En este sentido, también se destaca que, “con una edad medida de las participantes en torno a los 55-60 años, habrá muchas mujeres rondando los 70 u 80 años, y no sé hasta qué punto la ordenación sacerdotal femenina ha estado entre las prioridades de estas mujeres”, aunque también se hace constar que ha habido otras realidades, como la de Revuelta de Mujeres en la Iglesia, que también han hecho sus aportaciones.

Entrevista con el subsecretario del Sínodo de los Obispos

Luis Marín de San Martín
Luis Marín de San Martín

Mons. Luis Marín de San Martín: “La sinodalidad es un proceso dinámico que no termina nunca”

«Toda la Iglesia y todo lo que es Iglesia debe ser sinodal. Se trata de un proceso de escucha y discernimiento que se orienta a la común tarea evangelizadora desde la participación, interrelacionando, no anulando, las diferentes vocaciones y carismas»

«Resulta imprescindible la humildad como actitud y el amor como fundamento. Solo así seremos capaces de implicarnos en esta propuesta de renovación y esperanza y ser cauces de la gracia»

«El proceso sinodal nos une a Cristo, a una experiencia fuerte de Cristo, y al mismo tiempo hace posible una experiencia de comunidad eclesial, una experiencia de Iglesia, de comunidad que camina, que va hacia adelante, que se desarrolla, una comunidad dinámica»

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

Caminar juntos, comunión en el camino. Estamos hablando de sinodalidad, de una Iglesia familia de Dios, como nos hace ver Mons. Luis Marín de San Martín. El subsecretario del Sínodo de los Obispos nos ayuda a entender la importancia de la sinodalidad, algo que pone en juego la coherencia de la Iglesia.

La sinodalidad lleva a la escucha, con humildad y amor, en una Iglesia donde la pluralidad enriquece. A pesar de las reticencias, vale la pena apostar por la sinodalidad, pues “esta es la única forma de ser Iglesia, porque es la Iglesia de Cristo”.

Sinodalidad, una palabra que podemos decir que es de la primera Iglesia, que fue impulsada hace 60 años por el Concilio Vaticano II, pero que a mucha gente todavía le suena como algo extraño. ¿Qué significa esa sinodalidad?

La sinodalidad, no tanto la palabra, pero sí el concepto, nos remite a la Iglesia primitiva, a la Iglesia de los Apóstoles. Es una Iglesia familia de Dios, participada, unida a Cristo, que evangeliza, dinámica. Esta es la sinodalidad, caminar juntos, comunión en el camino.

En primer lugar, ser cristianos significa incorporarnos a Cristo, conocer a Cristo experiencialmente, profundizar en Cristo y anunciar a Cristo. Esto es caminar, esto es propio de la Iglesia. En segundo lugar, siempre juntos, en comunidad, en familia, nunca en el aislamiento, nunca en el egoísmo, nunca en el individualismo, como comunidad, una sola Iglesia, una sola familia, juntos.

Y esto tiene que ir entrando en el ser, en el actuar y en el estilo de la Iglesia. Esta es la sinodalidad y en esto estamos. No es nada nuevo, pero al mismo tiempo puede ser nuevo el ímpetu, el acento, el darnos cuenta de lo que trae consigo esta apuesta actual por la sinodalidad.

La sinodalidad es un proceso dinámico que no termina nunca. Toda la Iglesia y todo lo que es Iglesia debe ser sinodal. Se trata de un proceso de escucha y discernimiento que se orienta a la común tarea evangelizadora desde la participación, interrelacionando, no anulando, las diferentes vocaciones y carismas. Comienza desde abajo, como experiencia eclesial, con tres ideas clave en lo que se refiere al modo de proceder: apertura, cercanía, acompañamiento.

Sínodo 2023 1

¿Y por qué es importante la sinodalidad para la Iglesia?

Porque nos hace ser coherentes, no es algo añadido, hace referencia al ser de la Iglesia. Uno de los problemas que tenemos hoy cuando decimos que no llegamos, que hay grandes bolsas de increencia, que el número de creyentes es mínimo, es que debemos ser coherentes con nuestra fe, conocer a Cristo expriencialmente, unirnos a los demás cristianos. Y el segundo elemento el testimonio, es importante la sinodalidad porque nos impulsa a la evangelización, a una Iglesia abierta, que sale, Pueblo de Dios en camino.

Nos estamos jugando la coherencia de la Iglesia. No es una cuestión de estructuras, no es una cuestión de cambio, de reparto de poder, ni siquiera una cuestión de programación para un mejor apostolado. Hace referencia a la esencia de la Iglesia, a lo que somos, a nuestra coherencia como cristianos.

Insisto en que la sinodalidad es de toda la Iglesia. Por tanto, no se trata solo de “preparar” el Sínodo de los Obispos, sino que estamos ya viviendo y desarrollando el Sínodo, caminar juntos todo el Pueblo de Dios, como realidad de la Iglesia entera que se va concretando en diversas realidades. El Sínodo de los Obispos, no es el punto de llegada, sino un elemento más en el proceso hacia una Iglesia sinodal. Es un modo de expresar y ejercer la colegialidad episcopal, que tiene su puesto y cumple una función por lo que se refiere a los obispos. Podemos buscar otras estructuras para expresar y vivir la sinodalidad de toda la Iglesia; mejorar, pero no suplantar o anular las que funcionan. No seamos reductivos sino siempre creativos.

Uno de los fundamentos de una Iglesia sinodal es la escucha. ¿Cómo pasar de una Iglesia discente a una Iglesia oyente, qué pasos deben ser dados, que actitudes deben cambiar?

Primero cambiar el corazón y ponernos en actitud de escucha. Este es el gran reto, hemos llegado a un momento en que nos gusta mucho el hacer, el activismo, el decir, el escribir. Quizás debemos detenernos un poco y escuchar, escucharnos los unos a los otros y todos al Espíritu Santo. Porque este también es el gran reto, está costando la dimensión orante de este proceso sinodal.

Nos ponemos en seguida a discutir, a opinar, a hablar. Hacemos un trabajo sociológico, no es un trabajo de escucha, para poder discernir, escucha entre todos y todos al Espíritu Santo. Este es uno de los elementos esenciales de este proceso sinodal. Proceso de escucha, para el discernimiento, cual es la voluntad de Dios, qué es lo que nos pide Dios en este momento de la historia, como cristianos debemos tomar decisiones, este es el proceso.

Resulta imprescindible la humildad como actitud y el amor como fundamento. Solo así seremos capaces de implicarnos en esta propuesta de renovación y esperanza y ser cauces de la gracia.

Escuchar

¿En una sociedad plural, y en una Iglesia que debería ser plural, algo que nace del Concilio Vaticano II, como asumir ese discernimiento comunitario, superando un discernimiento exclusivamente jerárquico?

Desde la visión de Iglesia, es toda la Iglesia, una imagen de Iglesia como familia de Dios. En una familia hay un lazo de amor, sino no hay familia, habrá individualidades, la familia nos une. La Iglesia es comunión, es unidad en Cristo, es familia de Dios. Por tanto, esa unidad en el amor. Desde ahí se admite la pluralidad, las diferencias, que enriquecen y son necesarias. No podemos ir a una Iglesia estilo fotocopia, donde todos somos igual y lo mismo, pensamos lo mismo, tenemos la misma cultura, esto es imposible, esta no es la Iglesia de Cristo.

Admite la diferencia, la pluralidad, eso enriquece. Si hay unidad en el amor, las diferencias enriquecen, sino enfrentan, se convierten en ideología. El proceso sinodal, en este proceso de escucha, lo que posibilita es encontrar al otro como alguien que hace el mismo camino, que es mi familia, que es de verdad mi hermano o mi hermana, al que quiero y ayudo, que me quiere y que me ayuda. Es una Iglesia distinta, una Iglesia hogar, una Iglesia alegre, una Iglesia que entusiasma. Si no, estamos en las luchas ideológicas, las particularidades, los grupos, los enfrentamientos, esto no es la Iglesia de Cristo, esto no es Cristo. Esto es un mensaje de amor, mensaje de alegría, mensaje de Redención.

Habla del proceso de escucha. Es verdad que el Sínodo es algo antiguo en la vida de la Iglesia, ¿pero podríamos decir que la experiencia del Sínodo para la Amazonía, en el que por primera vez se llevó a cabo un proceso de escucha amplio, en el que participaron inclusive personas que no forman parte de la vida de la Iglesia expresamente, ha mudado la dinámica en la realización de los sínodos?

Ha habido dos sínodos que han marcado, uno es el Sínodo de los Jóvenes, que ayudó mucho. Y a partir de ahí fue donde se decidió que el siguiente Sínodo fuese sobre la Sinodalidad. También el Sínodo sobre la Familia, con otro estilo, que demostró que es posible, a pesar de las dificultades. La Iglesia es una Iglesia de escucha a todos, empezando por los propios cristianos, y a veces ni siquiera los cristianos nos escuchamos verdaderamente, como miembros de una familia, como seguidores de Cristo, como evangelizadores, prima más la ideología.

También escuchar a todos los que no tienen voz, algo en lo que el Papa está insistiendo mucho. No siempre los mismos, no nos quedemos con los de siempre, con círculos cerrados donde están los que más o menos piensan como nosotros, nos conformamos con la participación en la escucha de los de siempre. Hay que abrir, que todos tengan posibilidad de participar, que es lo que pasó en el Sínodo para la Amazonía. La voz de los que no hablan nunca, de los que no tienen la oportunidad de expresarse.

Incluso todos los que quieren ayudarnos con buena voluntad, que es el paso que da la Fratelli tutti. El punto sería la imagen de Dios en todo ser humano, que nos hace a todos hermanos, todos somos hijos de Dios, todos somos imagen de Dios. Todos los que quieren ayudarnos vamos a escucharlos, vamos a ayudar con este proceso de escucha y en un discernimiento, pues nos ayudan al discernimiento en el Espíritu, en diversos niveles, personal, parroquial, comunitario, eclesial, y luego se toman decisiones.

El Sínodo para la Amazonía y el Sínodo de los Jóvenes han abierto la puerta a un estilo diversos y además han mostrado que es posible. Hay que tener paciencia, ir dando pasos, con mucha tranquilidad, orando, haciendo discernimiento y caminando juntos. Esto es lo que nos remite a la Iglesia de los Padres, a la Iglesia de los primeros tiempos, no es otra cosa, no inventamos ninguna novedad, vamos a las raíces. También el Concilio Vaticano nos muestra esto, no inventa, no cambia. Quizás lo que hemos hecho nosotros ha sido cambiarla mal. Es ir a las raíces, es revivir lo que es la realidad de la Iglesia primitiva, la Iglesia de Cristo y del Espíritu.

Quiero destacar la importancia de la Conferencia de Aparecida en la promoción e impulso de la sinodalidad. Su documento conclusivo constituye, sin duda alguna, un excelente fundamento para comprender el alcance de este proceso. Junto al documento de Aparecida tenemos también su desarrollo práctico en la Asamblea de América Latina y el Caribe. Invito también a releer la exhortación Evangelii gaudium y la encíclica Fratelli tutti.

Abertura Sínodo

Sabemos que la sinodalidad es un camino, pero también sabemos que hay gente que está contra ese camino. ¿Qué es lo que dificulta que esa Iglesia sinodal sea asumida?

No hay que asustarnos, hay personas que no entienden bien de qué se trata, gente que con buena voluntad no lo entiende, pues quien no tiene buena voluntad, lo que uno puede hacer es que haga el menos daño posible. Entonces hay que formar, hay que dialogar, esto ya es Sínodo, caminar juntos, hablarlo, comentarlo, a lo mejor nos ayudamos mutuamente. Hay otras personas que la cuestión viene no por el desconocimiento, sino por el miedo a modificar las estructuras que siempre han funcionado.

Esto puede ser peligroso porque a veces, como hemos encontrado en sacerdotes, en obispos, incluso laicos, dicen que esto significa perder el poder, esto significa que mandan todos. La conversión es al servicio, no al poder, hay que cambiar el chip, esto es una falsa concepción del Magisterio. Hay otras personas que están desilusionadas, que dicen que otra reforma, otra novedad, va a ser siempre lo mismo. ¿Pero por qué va a ser siempre lo mismo? Dejemos al Espíritu actuar, vamos a experimentarlo, no bloqueemos al Espíritu.

Por último, hay otras personas que dicen que es un trabajo añadido, que ya tenemos mucho trabajo, hay planes pastorales, planes diocesanos, esto es como un peso más. No, es lo mismo, hacer lo que se está haciendo, pero de otra manera, más interconectados, más a la escucha, para poder realmente vivir como comunidad cristiana y poder evangelizar. Hay diferentes tipos de opinión, no hay problema si se tiene buena voluntad, si hablamos. Hay distintas velocidades, pero es curioso, el grupo más entusiasta son los laicos, en todo el mundo, sin duda alguna, y el grupo más reticente son algunos ámbitos clericales.

Nadie ha dicho que sea fácil, vamos adelante, con buena voluntad, con disponibilidad, y sobre todo hablando, vamos a hablar, escucharnos, dialogar, hacer experiencia sinodal real. Yo les digo a quienes manifiestan estas dificultades, estos problemas, que no hay que tener miedo, qué hubiera sido si los apóstoles o la primitiva Iglesia hubiesen visto los miedos de salir, de ir al Imperio Romano, de cambiar mentalidades, de hacer apuestas fuertes. El Espíritu nos guía, y él es el que nos va guiando, sin duda alguna, y esto nos da tranquilidad, esto también nos da seguridad.

¿Por qué vale la pena apostar por una Iglesia sinodal? ¿Cuáles son las riquezas que podemos encontrar en esta forma de ser Iglesia?

Esta es la única forma de ser Iglesia, porque es la Iglesia de Cristo. El proceso sinodal primero nos une a Cristo. No existe otro Cristo que el Cristo Resucitado, y el Cristo Resucitado es el Cristo unido a su Iglesia, a todos los bautizados, al pueblo de Dios, este es el Cristo, no hay Cristo separado de su Iglesia.

Por tanto, el proceso sinodal nos une a Cristo, a una experiencia fuerte de Cristo, y al mismo tiempo hace posible una experiencia de comunidad eclesial, una experiencia de Iglesia, de comunidad que camina, que va hacia adelante, que se desarrolla, una comunidad dinámica. Sobre todo, el proceso sinodal es importante porque es un momento del Espíritu, que, y aquí viene la dificultad, necesita de nosotros. Fue algo que el Papa le dijo al pueblo de Roma hace un año, el Espíritu Santo nos necesita.

Podemos frustrar la acción del Espíritu, esto es muy serio. Podemos ser cauce de la gracia, cauce del Espíritu, y esto es la apuesta, la oferta del proceso sinodal. Por eso estamos en un momento crucial, en un Kairós, que pide nuestra colaboración, nuestra participación. Cuando alguna persona, sea un sacerdote, un obispo, un laico, dice yo no participo, tengamos en cuenta que estamos frustrando la acción del Espíritu, y esto es muy serio. Tu participación o no participación, repercute en los demás.

El tiempo de la pandemia nos ha puesto de relieve nuestras iglesias que se vacían, la gente que no va a misa, ha descubierto lo telemático, nos hemos dado cuenta, sobre todo aquí en Europa y en el mundo occidental, que tenemos dos problemas muy serios. Primero que nuestros cristianos no necesitan de la comunidad, un cristianismo individualista, donde no nos conocemos, donde decimos queridos hermanos y hermanas, pero no es verdad, donde el otro me es indiferente. En la comunidad cristiana, en la sinodalidad, somos comunidad, somos familia, nos hace vivir el reto de la comunidad.

El segundo reto es el de la Eucaristía, recibir a Cristo, Cristo que se hace alimento, Cristo que viene a nosotros, Cristo que nos hace apóstoles. Este es el reto que tenemos. La sinodalidad nos hace darnos cuenta e impulsarnos hacia una Iglesia mucho más coherente, como decía al principio, mucho más viva. Y estamos llamados a comunicar entusiasmo, Cristo entusiasma, siempre. Y Cristo implica, implica necesariamente en el mundo. No es un producto de laboratorio, de grupos o de rituales. Cristo es presencia, presencia salvífica en el pueblo, en la gente, en el mundo. Presencia alegre y entusiasta.

Esta es la sinodalidad, este es el camino, y no podemos hacerlo solos, juntos, en unidad con Cristo, participación en Cristo y en comunidad con los hermanos y hermanas. Es algo que entusiasma, que es la respuesta de Dios en este momento de postpandemia, de injusticias, de guerra, de soledad, de falta de valores. La respuesta de Dios es la sinodalidad, que yo lo resumo fácilmente: más Cristo, más Iglesia.

Las mujeres en el Sínodo de la Iglesia

Las mujeres mandan en el Sínodo de España: son el 70% de las participantes

Mujeres en una parroquia/Foto: Arzob. Valladolid
Mujeres en una parroquia/Foto: Arzob. Valladolid

“¿Tendrá esto recorrido de cara a las resoluciones del Sínodo? Que las mujeres hayan tenido una participación más o menos activa y significativa ha dependido mucho del enfoque que el párroco haya querido darles”

Los organizadores de esta fase sinodal “han querido poner el foco en los laicos en general, pero dando una mayor dimensión al papel de las mujeres”

Por José Lorenzo

¿Están contando con mujeres en los equipos sinodales de la etapa diocesana, que empezó el 17 de octubre de 2021 para preparar el camino del Sínodo sobre la Sinodalidad de 2023 en Roma? Esa fue la petición que, expresamente, hizo Nathalie Becquart, la subsecretaria de este Sínodo, cuando el pasado mes de noviembre presentó el documento marco.

Y, cuando faltan cinco días para que Madrid acoja la asamblea final de esta fase de escucha, la respuesta, al menos en lo tocante a la Iglesia española, es sí, abrumadoramente. Nada menos que el 70% de las más de 200.000 personas, repartidas en 13.500 grupos sinodales han sido mujeres, según ha sabido RD.

Se trata de una participación muy significativa que, por otro lado, no deja de evidenciar algo ya sabido: las mujeres son las que, mayoritariamente, hacen funcionar en el día a día la vida de parroquias y otras instancias eclesiales, las que cuidan la catequesis, organizan la labor asistencial y caritativa… aunque su labor sea históricamente poco reconocida. Como apunta una fuente, «si en el 2000, las mujeres éramos el 50% de la Iglesia, en el 2020, somos el 80%».

¿Punto de inflexión?

¿Supone esta participación un punto de inflexión? Parece también evidente que el hecho de que en muchas diócesis hayan salido como propuestas para enviar a Roma el dar una mayor responsabilidad a la mujer en el gobierno de la Iglesia, cuando no incluso su acceso a la ordenación sacerdotal, tiene que ver con esta alta participación en esta fase de escucha, que termina este sábado 11 de junio en Madrid, en la Asamblea final del Sínodo en España, que acogerá a más de 600 personas procedentes de todas las diócesis.

Pendientes del “enfoque” del párroco

“¿Tendrá esto recorrido de cara a las resoluciones del Sínodo?”, se preguntan. Y ahí, claro, surgen las dudas cuando todavía no se han hecho públicas las conclusiones, porque, se señala, “que las mujeres hayan tenido una participación más o menos activa y significativa ha dependido mucho del enfoque que el párroco haya querido darles”, lo que explicaría que esta cuestión no haya aparecido en otras diócesis como una reivindicación a tener en cuenta.

La Revuelta de Mujeres en la Iglesia, en San Antón
La Revuelta de Mujeres en la Iglesia, en San Antón

Las fuentes consultadas, eso sí, subrayan el interés desde el equipo coordinador de esta fase sinodal “en poner el foco en los laicos en general, pero dando una mayor dimensión al papel de las mujeres. Esta ha sido una constante que se ha intentado transmitir”, apuntan.

En torno a los 55-60 años

En este sentido, también se destaca que, “con una edad medida de las participantes en torno a los 55-60 años, habrá muchas mujeres rondando los 70 u 80 años, y no sé hasta qué punto la ordenación sacerdotal femenina ha estado entre las prioridades de estas mujeres”, aunque también se hace constar que ha habido otras realidades, como la de Revuelta de Mujeres en la Iglesia, que también han hecho sus aportaciones.

¿Cómo hablamos de la Iglesia –sinodal–?

por José Fernando Juan 

Un buen jesuita, profesor de muchos en Comillas, insistía en clase en escuchar cómo se habla de la Iglesia, que básicamente eran dos: en tercera persona (unas veces en singular, que suele ser muy reduccionista, y otras en plural) o en primera persona del plural. E insistía en la diferencia de tono que empleábamos al vivirnos como parte, con su responsabilidad, o desatendernos de lo que ocurre, como lavándonos las manos.na de las grandezas del Sínodo sobre sinodalidad es ponernos en la situación segunda, la que no permite opción singular, la del nosotros. Entonces, más que tomar la palabra, o pelear incluso por ella, se hace necesario en primer término situarse a la escucha. La imagen antiquísima que relaciona María con la Iglesia nos devuelve la pregunta sobre qué atendemos cuando nos vivimos eclesialmente, en comunidad con otros próximos, en comunidad en la que Dios está presente, sea como Cuerpo de Cristo, sea como Pueblo de Dios, sea como Fraternidad, sea como Asamblea y Templo del Espíritu. ¿Qué escuchamos? ¿La escucha es la escucha sensible, abierta, fecunda de María? ¿Estamos ahí en primera persona del plural?

Tomar parte

Otra de las exigencias y acentos del Sínodo está siendo la singular participación de cada uno con su don, más que –diría yo– desde su identidad. Es decir, pedir a cada cristiano que discierna humildemente y con otros lo que Dios le ha dado o cómo Dios se da en el para construcción de la Iglesia, o cómo Dios quiere que sea piedra viva para la edificación del Reino. Una mirada sobre uno mismo y sobre los demás, como parte integrante y ministerial, como parte que no puede pretender vivir sin la dependencia del otro, sin la relación con el otro. Participación que, como tal, en muchos casos es incapaz de ser vivida al margen de la comunidad. ¿Cuál es la participación a que podemos responder vocacionalmente? ¿No será el Señor quien está llamando a unos y otros a “tomar parte con él” como a Pedro en la última cena? ¿No es este “tomar parte” en gran medida una situación eucarística?

Y, por último, desde esta sana vivencia interna, en absoluto sencilla porque como en toda familia hay de todo y las tensiones no son despreciables, abrirse al mundo para reconciliarlo con Dios, para sanar y religar, para convocar y acrecentar la comunidad. Es indiscutible que no hay Iglesia en salida sin iglesia, si la iglesia como comunidad queda destruida por luchas y críticas fratricidas, si la iglesia como comunidad no es encuentro. En gran medida, detrás de las mejores intuiciones del Sínodo, que atiende extraordinariamente bien a los procesos disgregadores de la cultura occidental, ya más allá del individualismo y en una fragmentación absoluta del sujeto, se sitúa el corazón de la evangelización, tal y como se vive auténticamente desde el tiempo de los apóstoles: “Yo estaré con vosotros”. La evangelización comienza en esta constitución de un sujeto plural reconocido por parte del Señor y enviado al mundo a continuar su misión. ¿Quién evangeliza realmente, sino el Espíritu que mueve y une la humanidad hacia la comunidad de vida que es la Iglesia?

El liderazgo sinodal

Cristina Inogés “El liderazgo sinodal es poner a la persona en el centro”

La teóloga y Maria Luisa Berzosa dieron claves para la gestión de las congregaciones durante la segunda jornada de la Asamblea General de la CONFER

La segunda jornada de la Asamblea General de la CONFER ha abordado, de la mano de Cristina Inogés y Maria Luisa Berzosa, el liderazgo sinodal. En un formato participativo, han destacado la importancia de la persona, “por encima de la institución” y la figura de los votos como “una ventana abierta a la libertad”.


Abrió el fuego Inogés, recurriendo a san Juan y a los tres mosqueteros para exponer el concepto de liderazgo sinodal. Así, este tipo de mandato “arranca del evangelio de san Juan, donde desaparecen los apóstoles pero todos somos discípulos”. Terminó recurriendo a los héroes de Dumas para concretarlo: “‘Todos para uno y uno para todos’. En este lema se recoge la idea del liderazgo sinodal. Atos, Aramis y Portos son tres personas totalmente diferentes que, sin embargo, actúan en conjunto, como una sola. Y lo hacen porque tienen una misión”.

Entonces, “si ellos son capaces de actuar así, nosotros, que tenemos una misión muchísimo más importante, tenemos que poder hacerlo. Podemos crear liderazgos sinodales”, insistió la teóloga. En este sentido, abundó en que “hay que poner a la persona en el centro. La institución no puede estar por encima de la persona. Por ejemplo, en las visitas, hay que preguntar ‘¿como estás’ no para que te respondan ‘bien’ o ‘me duele la pierna’, sino preguntar si siente que es feliz, si las funciones que tiene son lo que ella puede aportar, si se siente arropada, o sola… “.

“Todos para uno y uno para todos”

Algo fundamental para que pueda funcionar este tipo de liderazgo “es la comunicación“. En este sentido, Inogés subrayó la importancia de “establecer canales de comunicación válidos, conforme a las realidades y necesidades de cada congregación. Después, es fundamental contar con una persona preparada al frente de la comunicación de cada congregación“.

En este aspecto, Berzosa advierte: “hay que tener cuidado con cómo se dicen las cosas. Y mucho cuidado con el secretismo. Sobre todo, porque al final se sabe todo y crea mal ambiente, rompe la sensación de pertenencia al grupo. Somos familia, y debemos saber todo, lo bueno y lo malo. Debemos elegir bien los canales”.

Poder vs Autoridad

Interpelada por los asistentes, Inogés explicó que la diferencia entre “poder y autoridad es que el poder vence, pero la autoridad convence”. en este sentido, se remitió al ejemplo de la Virgen. “Muchas veces nos venden una imagen de María como la que obedece, y se confunde esa obediencia con sumisión. Ella dialoga con el enviado del Señor, que es como hacerlo con el Señor. Y hay que ver el contexto de la época… Por otro lado, se habla poco del sí de José, y se le ve con otra perspectiva“. En cualquier caso, “obediencia sí, sumisión no”.

También hizo referencia Berzosa a los votos. Explicó que, para ella, lejos de ser una cárcel, “son una ventana abierta a la libertad“.

IV Encuentro de la Iglesia católica en la Amazonía Legal

50 años de Santarém: «Un texto muy sencillo, pero muy práctico en términos de evangelización»

Celebración de los 50 años de Santarém

«Escuchar las preciosas indicaciones del Espíritu Santo de Dios para nuevos pasos misioneros, esenciales para el compromiso de preservar y defender la Amazonía»

«Buscar nuevamente los elementos que puedan ayudar a nuestras Iglesias particulares en este camino de encarnación profunda»

«Sean valientes y audaces, abriéndose con confianza a la acción de Dios»

Importancia de los laicos en la capilaridad de la Iglesia y la defensa de los derechos humanos en la Amazonía

Grandes proyectos que llegan para destruir la Amazonía, poniendo la soberanía privada por encima de la soberanía social

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

El Encuentro de Santarém, que tuvo lugar hace 50 años en el mismo lugar donde se celebra el IV Encuentro de la Iglesia en la Amazonía Legal, del 6 al 9 de junio, «es una expresión de gratitud a Dios por haber animado a tantos hermanos y hermanas laicos, religiosos y religiosas, sacerdotes y obispos, a entrar en las diversidades de esta Amazonía con la misión de anunciar y testimoniar a Nuestro Señor Jesucristo y su obra misionera», según Mons. Irineu Roman. Las palabras del arzobispo fueron refrendadas por el alcalde local, que destacó el legado de la Iglesia católica en el municipio de Santarém.

Un encuentro que inició un camino que continúa hoy, aspecto que destacó Mons. Mario Antonio da Silva, arzobispo de Cuiabá, quien llamó a que la Iglesia siga «encarnada en la realidad y en la evangelización liberadora», en un camino en red, actitud presente en el recorrido de la REPAM. El vicepresidente de la CNBB llamó a «seguir unidos en la defensa de la vida humana y de toda la Creación», y junto a ello a «proclamar al mundo la Buena Noticia de la ecología integral», que definió como la prioridad de la vida humana para el cuidado de la casa común y de todos sus pueblos.

Santarém fue un momento importante para toda la Iglesia brasileña y celebrar sus Bodas de Oro «contribuye a reavivar con más fuerza en todos nosotros el compromiso asumido por nuestra Iglesia hace 50 años», según Mons. Walmor Oliveira de Azevedo, que envió un mensaje en vídeo. El presidente de la CNBB destacó la importancia del Concilio Vaticano II y de la Conferencia de Medellín, viendo en el Documento de Santarém un instrumento para una evangelización de la Amazonía que respete las culturas de los pueblos originarios y esté al servicio de la preservación de la Amazonía.

El encuentro de Santarém celebra 50 años en un momento difícil, según Mons. Walmor, que denunció la deforestación y pidió una reacción misionera de la Iglesia en la Amazonía, a partir del Sínodo para la Amazonía y en la perspectiva del Sínodo sobre la Sinodalidad. Un tiempo de desafíos, pero también de esperanza, donde bajo la protección de Nuestra Señora de Nazaret, «sabemos escuchar las preciosas indicaciones del Espíritu Santo de Dios para nuevos pasos misioneros, esenciales para el compromiso de preservar y defender la Amazonía».

Mons. Leonardo Steiner definió el IV Encuentro de la Iglesia Católica en la Amazonía Legal como «una pequeña asamblea sinodal». El presidente de la Comisión Episcopal para la Amazonía de la CNBB ve el Documento de Santarém como «un texto muy sencillo, pero muy práctico en términos de evangelización». Mons. Leonardo agradeció al equipo de preparación de un encuentro que quiere hacer memoria, una memoria que se lleva a cabo después del Sínodo, «fruto del camino iniciado en Santarém».

A partir del Documento, el arzobispo de Manaos llamó a «buscar nuevamente los elementos que puedan ayudar a nuestras Iglesias particulares en este camino de encarnación profunda», para que «la Iglesia haga visible el Reino de Dios», y promover, a partir del Sínodo para la Amazonía, una evangelización liberadora, que tenga en cuenta los sueños de la Querida Amazonía.

El Papa Francisco estuvo presente en el IV Encuentro de la Iglesia Católica en la Amazonía Legal, con un mensaje, en el que dice ver en este encuentro un «motivo de especial aliento», considerándolo «una ocasión de intensa acción de gracias al Altísimo por los frutos de la acción del Divino Espíritu Santo en la Iglesia en la Amazonía – durante estas últimas cinco décadas – y por todo lo que inspira».

Destacó que «las intuiciones de ese encuentro sirvieron también para iluminar las reflexiones de los Padres Sinodales durante el reciente Sínodo para la región panamazónica», alegrándose «por el compromiso de las Iglesias particulares de la Amazonía brasileña, a través de sus comunidades, en la realización de las indicaciones de la última Asamblea Sinodal». Pidió a los participantes que «sean valientes y audaces, abriéndose con confianza a la acción de Dios», y por medio del Espíritu, «anuncien el Evangelio con un nuevo compromiso y contemplen la belleza de la creación».

El Encuentro de Santarém puso de relieve una Iglesia de rostro amazónico, según Mons. Erwin Kräutler, que intervino virtualmente. El obispo emérito de la Prelatura del Xingú recordó las principales aportaciones de Santarém, que inspiraron las líneas prioritarias de la pastoral en la Amazonía: la encarnación en la realidad, a través del conocimiento y el contacto con el pueblo, en la sencillez, que se aprende del pueblo, y la evangelización liberadora, destacando el papel fundamental de los laicos comprometidos, lo que llevó a insistir en la formación de líderes locales.

Una experiencia Pascual, un paso que en la Iglesia católica se está dando, “pasar de lo local hacia lo universal, desde la Amazonía para la Iglesia Universal”, en palabras del cardenal Barreto. El purpurado peruano ha compartido como se está viviendo “este Kairós de la catolicidad, de la universalidad”, llamando a “mirar con los ojos de Dios y dejarnos mirar por la Amazonía”, una mirada que viene de los pueblos que habitan la región. Tras recordar y agradecer la labor del cardenal Hummes en la Iglesia de la Amazonía, destacó la gratitud y la profecía como elementos fundamentales que animan un camino sinodal que debe llevar a escuchar, discernir y actuar juntos.

Según la Hna. Marlene Betlinski, administradora parroquial del Área Misionera de Santa Clara, en la Archidiócesis de Santarém, el Documento de Santarém ha marcado el camino de la Iglesia local, idea reafirmada por Mons. Mario Antonio da Silva. Pero también marcó la vida del pueblo, según el testimonio de Felício Pontes, basado en su propia experiencia, que destacó la importancia de los laicos en la capilaridad de la Iglesia y la defensa de los derechos humanos en la Amazonía.

En la conferencia de prensa, Mons. Mario Antonio llamó, a partir de Santarém, ADN de la sinodalidad en la Amazonía, a avanzar desde los sueños de la Querida Amazonía para buscar una mayor posibilidad de encarnar el Evangelio y asumir la evangelización liberadora. Una encarnación que nace de la escucha, una forma de aprender a llevar a Jesús, según la Hna. Marlene, que llamó a una conversión para superar el clericalismo, basada en la escucha y el diálogo. La formación como prioridad, holística, más allá de la Iglesia, también surgió de Santarém, según Felicio, que ayudó a conocer lo que la Dictadura trató de ocultar. Un desafío que se vuelve actual, según el Fiscal de la República, y una posibilidad para ello es la campaña «Yo voto por la Amazonía», que lleva a abrir los ojos para reconocer a los lobos que devoran la Amazonía sin ningún escrúpulo, según Mons. Mario Antonio da Silva.

En la Iglesia de la Amazonía, la realidad siempre ha sido un elemento fundamental desde el que construir caminos. Santarém es un claro ejemplo de ello, que dio lugar a un documento donde se expone claramente esta realidad social y eclesial. 50 años después, la realidad sociopolítica en la Amazonía es desafiante, según Luis Fernando Novoa, algo que se concreta en grandes proyectos que llegan para destruir la Amazonía, poniendo la soberanía privada por encima de la soberanía social, desafiando a la Iglesia Católica a negociar una tregua que evite esta destrucción de la Amazonía. Frente a esto, la Iglesia tiene que ser compañera, creer en los pequeños, en los pobres, fortalecer una sociedad más allá del mercado.

En el análisis de la situación eclesial, Mons. Leonardo Steiner partió del Documento de Santarém y de Querida Amazonía, cuestionando: «¿Cómo estamos hoy como Iglesia en la Amazonía?», y desafiando a los participantes del encuentro a intentar «situarnos como nuestros hermanos hace 50 años». Siguiendo el Documento de Santarém, analizó los pasos a seguir para poner en práctica sus líneas prioritarias: encarnación en la realidad y evangelización liberadora.  

En relación a Querida Amazonía insistió en que los sueños son dimensiones de una única realidad, de un todo, un llamado a la Iglesia a estar presente en cada una de las realidades, a inculturarlas, llamando a salir al encuentro para descubrir lo más significativo. Entre estos elementos significativos, algunos fueron compartidos en los diferentes testimonios de algunos de los participantes en el encuentro.

El día terminó con la celebración de los 50 años del Documento de Santarém, con la presencia del pueblo de la Arquidiócesis en la Iglesia de San Francisco. Fue un momento para recordar un Documento que hizo de la Iglesia una red de comunidades y una de las mayores defensoras de la vida de los pueblos originarios, del derecho a la tierra, regalo de Dios a todos sus hijos e hijas. Fue un momento en el que Mons. Leonardo Steiner, presidente de la celebración, llamó a ser cada vez más sal de la tierra y luz del mundo, lo que ayuda a saborear la vida y a maravillarse de un mundo lleno de vida.

La sinodalidad en la Iglesia

Nadia Coppa: “La sinodalidad en la Iglesia local es una urgencia”

nueva presidenta de la Unión Internacional de Superioras Generales

La nueva presidenta de la Unión Internacional de Superioras Generales es la voz de más de 650.000 religiosas

A principios de mayo, la Asamblea General de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG), el organismo que aglutina a más de 1.900 líderes de congregaciones religiosas femeninas a las que pertenecen unas 650.000 monjas, eligió a la italiana Nadia Coppa como nueva presidenta. Superiora general de las Adoratrices de la Sangre de Cristo desde 2017, Coppa explica en entrevista con Vida Nueva cuál es, a su juicio, la “peculiaridad” de la vida religiosa: “Ser el regazo de la Iglesia para acoger las diversas formas de vulnerabilidad”. Asegura que la apuesta de la UISG por la intercongregacionalidad no viene por “una necesidad”, sino como fruto de “un proceso de maduración de la conciencia”, y denuncia la urgencia de que se abran “caminos de sinodalidad” en todas las Iglesias.


PREGUNTA.- ¿Por qué cree que la han elegido precisamente a usted?

RESPUESTA.- Cuando se desarrolló el proceso de discernimiento de cara al nombramiento del nuevo Consejo de la UISG, algunas hermanas expresaron que yo podía suponer una novedad por mi edad, experiencia y trayectoria. Algunas hermanas querían que se abriera una etapa nueva, manteniendo una continuidad con los pasos que ya se han dado. Se ha hecho mucho en la UISG durante el último trienio y ahora se siente que se abre algo nuevo, siguiendo el diálogo y la escucha recíproca. Estoy muy agradecida por la elección y por los temas tratados en la asamblea plenaria, con indicaciones de gran novedad y apertura.

Personalmente, me siento muy animada por las orientaciones que se han hecho y por la declaración suscrita por todas nosotras, líderes de congregaciones religiosas femeninas, para abrazar la vulnerabilidad y estar abiertas a los caminos sinodales. Es algo con lo que me implico profundamente. La sinodalidad es un estilo de vida, que nos anima a acoger la diversidad, a crecer en la comunión y abrirnos al enriquecimiento que supone la intercongregacionalidad. La elección supone para mí una novedad que llega tras el trabajo realizado en mi congregación, las Adoratrices de la Sangre de Cristo, y en la constelación de la que era delegada, donde hubo un dinamismo muy bello. Las constelaciones son las comunidades geográficas en las que nos organizamos en la UISG y que están repartidas por todo el mundo.

P.- ¿Cuál es esa novedad que usted supone? ¿Quién es Nadia Coppa?

R.- Tengo 49 años y, desde 2017, soy la superiora general de mi congregación, a la que he servido a nivel de administración y Consejo General durante los últimos 12 años. Tengo una experiencia particular de ministerio, pues durante 13 años trabajé en una comunidad para recuperar a personas que sufrían dependencias patológicas. Fue una experiencia humana y espiritual muy enriquecedora, en la que traté con personas en un estado estado de vulnerabilidad muy fuerte, lo que me permitió crecer como mujer, como consagrada y como adoratriz.

Ahí intuí la peculiaridad de la vida religiosa: ser el regazo de la Iglesia para acoger las diversas formas de vulnerabilidad. Ahí descubrí situaciones que tocan nuestra realidad de mujeres consagradas partiendo de la vulnerabilidad, que es una oportunidad para generar vida. Esa experiencia es la que traigo ahora a la UISG, donde quiero compartir nuestra misión de manera concreta y efectiva con otras hermanas y superioras generales. Solo cuando descubrimos la vulnerabilidad, descubrimos la humanidad y podemos generar vida en las personas que nos encontramos.

En estos años he aprendido a escuchar y darle espacio al prójimo. Esto me hecho la persona que soy: alguien que está disponible para los demás y deseosa de crear redes y relaciones, de estar en comunión con todos. Soy una persona que ama mucho a la vida religiosa, que está consagrada desde hace 27 años y que, desde los orígenes de mi vocación, he sentido siempre que somos de verdad una semilla lanzada a los surcos de la historia para dar el fruto propio del genio femenino, que es la acogida y la vida entregada a los demás sin condiciones. Si como religiosas descubrimos este gran valor, entonces estaremos abiertas a los caminos sinodales.

Caminar juntas

P.- ¿Qué deberes le ha puesto la Asamblea Plenaria de la UISG al nuevo Consejo?

R.- Una cuestión que ha acompañado en todo momento la asamblea es la sinodalidad, la idea de caminar juntas en la Iglesia y con la Iglesia. Tanto como consagrada, como también a nivel de mi congregación y en la UISG, ya hemos iniciado un camino muy significativo durante los últimos años en este sentido, colaborando con varios dicasterios vaticanos, como son la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCSVA) y el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Hay proyectos que la UISG ha desarrollado en colaboración con otros organismos, como es la Plataforma Laudato si’, y hay otras experiencias que queremos seguir promocionando.

Me refiero a algunos proyectos que hace años que llevamos adelante, como Talitha Kum, en el que sostenemos a las víctimas de tráfico de personas, o la iniciativa para acoger e integrar a los migrantes que se desarrolla en una comunidad de Sicilia. Son pequeños grandes proyectos que seguimos apoyando y en los que colaboran otras instituciones. Contamos además con una comisión conjunta con la Unión de Superiores Generales (USG) dedicada al Cuidado y a la Protección, que promueve la salvaguardia de la persona y pretende favorecer la tutela frente a las diversas formas de abuso, también el espiritual. Esta comisión quiere ayudar a encontrar modos concretos y procesos de sensibilización y formación dentro de la vida religiosa.

P.- ¿Por qué considera tan importante en este momento para la UISG que tenga en cuenta la vulnerabilidad?

R.- Vivimos un tiempo de grandes desafíos. La pandemia nos ha golpeado a todos profundamente, hemos perdido a muchas hermanas en nuestras congregaciones. El coronavirus ha supuesto un cambio profundo, de manera que nuestra vida ya no es la misma. Experimentamos la vulnerabilidad en nuestros sistemas políticos y económicos, así como en el mantenimiento de la paz. No podemos escondernos y pensar que la vida religiosa sea ajena a esa realidad, pues está en medio de la tierra.

La Asamblea Plenaria fue el espacio concreto para tomar conciencia de la vulnerabilidad, de que somos líderes vulnerables, llamadas a acompañar esa vulnerabilidad de nuestras hermanas y de nuestras congregaciones. Si no la abrazamos, no podremos vivirla como una oportunidad. La abrazamos para construir un espacio de crecimiento y de participación. Para actuar como Jesús y crear un espacio generativo.

P.- ¿Cuál es la contribución que está haciendo la UISG al camino sinodal?

R.- Queremos seguir promoviendo la espiritualidad de la escucha de manera profunda, creando espacios para acoger la riqueza de la diversidad. Esto exige un estilo de vida humilde, que permita acoger al otro con el corazón abierto. Sin humildad no hay escucha verdadera. El propio Papa, en la audiencia que nos concedió el 5 de mayo, nos pidió que utilizáramos el corazón para interceptar las situaciones de vulnerabilidad. Debemos ser mujeres presentes donde la sociedad nos llame y actuar con compromiso. Queremos sostener la espiritualidad del diálogo. Para ello, la palabra ‘juntos’ es la clave: debemos caminar juntos y establecer un diálogo generativo que nace de la conciencia de que el prójimo tiene siempre una riqueza.

Por eso hemos querido comprometernos con la espiritualidad del cuidado, como se ha definido en la Asamblea Plenaria. La atención al otro debe llevarnos al cuidado de los demás, pero partiendo en primer lugar de nuestra relación con Dios y con nosotras mismas. Esta idea del cuidado tiene un impacto significativo en la Iglesia, pues supone abrirse a la atención profunda a los demás, especialmente las personas más vulnerables. Si sentimos que la Tierra es nuestra Casa Común, nos tomaremos en serio el cuidado de la Creación y de la propia vida, desde su origen hasta la muerte. Francisco nos iluminó mucho en ese sentido, recordándonos que la calidad de nuestra presencia no depende de lo que hacemos, sino de cómo lo hacemos.

Informe 2021 de la plataforma continental

Cáritas Latinoamérica y Caribe: renovación sinodal con los ojos de los pobres

La plataforma continental presenta su informe 2021, marcado por la lucha contra la pandemia

En un 2021 todavía marcado por la pandemia del COVID, el Secretariado Latinoamericano y del Caribe de Cáritas ha puesto las bases para marcar “el rumbo que en nuestra región hemos tomado ante la necesidad de buscar una nueva normalidad que implica la lectura y el escrutar los signos de los tiempos en momentos de mucho sufrimiento”, en palabras de su presidente y arzobispo de Maracaibo,  José Luis Azuaje.


En este sentido, destaca la realización de la primera Asamblea Eclesial, con el objetivo de “entrar en un proceso permanente de conversión personal, pastoral, ecológica y sinodal”, a través de la acción misionera, para renovar la Iglesia “venciendo el letargo y el inmovilismo en el cual se encontraba, y planteándose grandes desafíos y retos pastorales que implican un cambio de actitud en los creyentes y un proceso de renovación y reforma en las estructuras eclesiales, que abarcan a todas sus instituciones e instancias”.

Explica Azuaje que “la dinámica de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe ha sido la de integrar de forma comunional a todos los miembros del Pueblo de Dios en un ejercicio de caminar juntos, de integración en el respeto de la diversidad, pero en la urgencia de hacer un camino común que tenga como objetivo sentirse realmente Pueblo en el dinamismo que da el ‘Sensus Fidei’, donde todos somos participes y responsables en el obrar de la Iglesia”.

41 desafíos

El resultado de este caminar juntos “no sólo han sido los 41 desafíos salidos de las deliberaciones de los grupos, sino principalmente el ejercicio sinodal planteado en la forma de ser y hacer de la Iglesia en nuestra región. Un caminar juntos que indica que nadie se puede quedar solo en el camino y mucho menos que algún sector se pueda erigir como el protagonista o líder solitario de una  propuesta que es de todos y todas: la opción misionera que sueña con “una Iglesia pobre para los pobres”, o en palabras del papa Francisco, “como me gustaría una Iglesia pobre para los pobres”, abunda el presidente.

El arzobispo de Maracaibo quiso agradecer la labor de los voluntarios de las Cáritas nacionales, destacando “su servicio con amor a los necesitados sin miramientos, sino solo desde la óptica del amor preferencial por los pobres y excluidos, opción que hace formalmente nuestra Iglesia de la región, reconociendo en los más pobres un dinamismo transformador de la realidad desde diversos valores como la solidaridad, fraternidad y el compartir. Nuestra apuesta es servir transformándonos para transformar, asumir el reto propuesto en la
novedad del Evangelio desde la primacía de Dios y del pequeño, del indefenso”.

Puedes consultar el informe completo pinchando aquí