Un proceso sinodal sin precedentes

Lo presentan como el mayor proceso de consulta democrática en la historia de la Iglesia católica. 

La gran consulta que impulsa el Papa en la Iglesia y cómo puede cambiar uno de los poderes más antiguos del mundo 

Unos 1.300 millones de católicos están llamados a expresarse sobre el futuro de la Iglesia en un proceso que durará dos años 

 Fuente:   El Comercio Eslovenia,  

 El papa Francisco puso en marcha este fin de semana un proceso que puede cambiar el futuro de una institución que, a lo largo de los siglos, se ha convertido en símbolo de una rígida jerarquía, conservadurismo y poca transparencia. 

 El Sumo Pontífice urgió a los católicos a “no quedarse encerrados en sus certezas”, sino “escucharse los unos a los otros” al presentar la iniciativa en la misa de este domingo en la Basílica de San Pedro. 

“¿Estamos preparados para la aventura de este viaje? ¿O nos da miedo lo desconocido, prefiriendo refugiarnos en las excusas habituales: ‘es inútil’ o ‘siempre lo hemos hecho así’?”, planteó. 

Francisco quiere que durante los próximos dos años, la gran mayoría de los 1.300 millones que se declaran católicos en el mundo sean escuchados sobre el futuro de la Iglesia. 

Para ello cuenta con los impulsos de las comunidades locales en una primera fase, asambleas regionales en la siguiente etapa y, finalmente, el Sínodo de los Obispos previsto para 2023 en el Vaticano. 

Asuntos que han salido a la luz más recientemente, como una mayor participación femenina en la toma de decisiones de la Iglesia y una mayor aceptación de los grupos aún marginados por el catolicismo tradicional, serán algunos de los temas que presumiblemente aparecerán en este proceso de consulta pública, el más grande jamás celebrado en la historia del catolicismo

Además, Francisco debe aprovechar este momento para consolidar un compromiso claro de su pontificado con las reformas. 

Al definir que el próximo sínodo tendrá como tema la propia sinodalidad —el modo de ser y de actuar de la Iglesia—, se inspira en el modo de vida de los primeros cristianos, cuyas decisiones fueron tomadas de manera colegiada. 

Por supuesto, esto no significa que la Iglesia católica haya abrazado la democracia. 

Las decisiones continúan como de costumbre: respetando la jerarquía tradicional. La consulta pública será democrática, pero el Papa tendrá la última palabra. 

Si tiene éxito, la institución habrá dado un paso importante. 

Para los especialistas consultados por BBC News Brasil, la llamada sinodalidad puede dejar de ser un método para convertirse en una forma de pensar. 

Lo que significa que el modelo llevado al extremo por Francisco difícilmente puede dejarse de lado, incluso cuando sea otro el papa. 

 La voz del pueblo 

Lo que comienza este fin de semana es un proceso de sinodalidad que pretende estar abierto a escuchar a todos los católicos que quieran expresarse en los próximos dos años. 

Los 1.300 millones de católicos representan la mitad de los cristianos del mundo. 

El actual pontífice demuestra una vez más, y de forma contundente, que cree en una Iglesia que escucha los deseos de los cristianos. De todo el mundo. 

Esta futura reunión de obispos, por lo tanto, no se limitará a conferencias dirigidas por religiosos dentro de los muros del Vaticano. 

¿Radical? “Es el mayor sínodo, la mayor experiencia de sinodalidad que se haya hecho jamás en la Iglesia”, comenta Filipe Domingues, doctor de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. 

“La propuesta es amplia, pretende que todos los fieles bautizados tengan la posibilidad, en alguna parte del proceso, de ser consultados. Nunca en la historia de la Iglesia ha habido un intento de consultar a todos los católicos del mundo. 

“Por supuesto, nadie va a ir de puerta en puerta para hablar con todos. Pero las reuniones y asambleas deben realizarse en parroquias y grupos, se deben entregar cuestionarios. La idea es que todos se sientan motivados a participar”, explica Domingues. 

“Es el intento más amplio de enraizar la sinodalidad, ya no como un proceso y una forma de hacer las cosas, sino como una mentalidad de la Iglesia”. 

Qué quiere el papa Francisco 

La palabra sínodo proviene de la unión de dos términos griegos, synodos (reunión o concilio) y hodós (camino). 

La sinodalidad, por tanto, es una forma de creer que el camino depende del entendimiento conjunto, que las decisiones no deben ser impuestas por una autoridad, sino provenir de las bases. 

Desde que se convirtió en Papa en 2013, el argentino Jorge Bergoglio ha demostrado que esa es su apuesta de futuro. 

En cierto modo, recupera el modus operandi de las primeras comunidades cristianas antes de que la institución se volviera poderosa e influyente. En esos inicios, todas y cada una de las decisiones eran colegiales. 

En el camino, Francisco también profundiza una idea planteada en el Concilio Vat II. 

En respuesta a los deseos expresados por los padres conciliares, el entonces papa Pablo VI (1897-1978) creó en 1965 el Sínodo de los Obispos, un encuentro periódico para reunir a representantes episcopales de todo el mundo para tratar temas específicos. 

Desde entonces, se han realizado 29 encuentros, entre ordinarios, extraordinarios y regionales. 

El encuentro final del nuevo sínodo tendrá lugar en 2023, pero al presentarlo este fin de semana, Francisco radicaliza algo que venía buscando desde el primero de los cinco sínodos ya convocados por él: la participación de las comunidades

“En esta nueva asamblea sinodal, lo más importante no serán las conclusiones, sino el proceso de escucha y participación eclesial que desencadena”, explica el sociólogo Francisco Borba Ribeiro Neto, coordinador del Centro de Fe y Cultura de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo. 

Además, existe la posibilidad de que Francisco termine su pontificado, por jubilación o muerte, antes de que finalice el sínodo. 

Así, el proceso sinodal se convierte en un medio para garantizar la continuidad del proceso de cambio iniciado por Bergoglio, independientemente de quién sea el nuevo papa. 

“El punto crucial es la amplia consulta de la comunidad católica, que comenzará a nivel local, en diócesis y parroquias, y culminará en la asamblea de obispos”, agrega Borba Ribero Neto. 

“Estas consultas se convirtieron en características de una ‘forma de Francisco’ de gobernar la Iglesia, aunque se pueden encontrar procesos similares en varias experiencias anteriores”. 

“La idea es que antes de cada gran decisión, antes de fijar la directriz de la Iglesia, las personas son consultadas”, dice Domingues. 

“Al final, la Iglesia mantiene su estructura jerárquica y todo lo demás. Siempre será una autoridad la que tome la decisión. Pero estará iluminada por estas experiencias desde la base”, señala. 

 Familia, jóvenes y Amazonía 

Desde que asumió el mando del Vaticano, Francisco ha celebrado cuatro sínodos. Los dos primeros debatieron sobre la familia. El tercero abordó el tema de los jóvenes. 

El último, que tuvo lugar en 2019, trajo al centro de la Iglesia católica un tema urgente hoy: la Amazonía, con todas sus implicaciones sociales, geográficas y ambientales. 

El hermano Marcelo Toyansk Guimarães, de la Comisión de Justicia, Paz e Integridad de la Creación de los Frailes Capuchinos y asesor de la Comisión de Justicia y Paz de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB, sección São Paulo), recuerda bien los eventos preparatorios que ayudó a realizar entre 2018 y 2019. 

“Tratamos de hacernos eco, durante el proceso del sínodo, de esos temas, ayudando a toda la Iglesia a repensar un nuevo proceso: la ecología integral, una Iglesia en salida y toda la perspectiva que trajo el sínodo”, comenta. 

Otra novedad reciente es la convocatoria a participar en el propio encuentro de laicos expertos o especialistas. El evento de 2019, por ejemplo, contó con la presencia del reconocido climatólogo brasileño Carlos Nobre, del equipo galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 2007, y Ban Ki-moon, exsecretario general de las Naciones Unidas (ONU). 

Un año antes, en el sínodo que abordó el tema de los jóvenes en el mundo contemporáneo, otro laico brasileño fue invitado. Se trata de Filipe Domingues, que en ese momento cursaba su doctorado en la Universidad Gregoriana. 

“Fue inesperado”, dice. Un profesor lo invitó a participar en una reunión presinodal. Terminó convirtiéndose en uno de los relatores. Luego, junto a otro colega, acabó siendo llamado a actuar en el propio sínodo. 

“Querían que hubiera al menos dos personas relativamente jóvenes en el comité de expertos”, explica. Él se ocupa principalmente de cuestiones relacionadas con el uso de las redes sociales en la comunicación entre jóvenes. 

Destaca la importancia de eventos presinodales como aquel. “Esto trajo cuestiones al sínodo que, en mi opinión, los obispos por sí solos no habrían pensado o no habrían pensado igual”, cree. 

“Por ejemplo, la participación de las mujeres o incluso los temas de sexualidad, que son importantes. A muchos jóvenes les cuesta vivir lo que la Iglesia pide en este ámbito”. 

Sin embargo, también hay oposición. En el informe, dos miembros activos de la Iglesia católica en Brasil criticaron cómo se han estado llevando a cabo las reuniones presinodales bajo el pontificado de Francisco. 

Ambos pidieron no dar sus nombres, pero expresaron su malestar por cómo las discusiones, en tiempos de fuerte polarización ideológica, han sido monopolizadas por grupos alineados con la izquierda. 

En el tablero de ajedrez que juega el Papa, lo que queda por hacer es poner a los llamados “progresistas” y a los “conservadores” del mismo bando. 

La idea de convocar un sínodo para debatir la sinodalidad, en un principio, sonó como una especie de provocación. Pero, en el umbral del lanzamiento del proceso, ya se entiende como un eco profundo de la enseñanza de Francisco. 

 Proceso comunitario 

El sociólogo Ribeiro Neto enfatiza que la sinodalidad “es un proceso ‘comunal’”, que no debe confundirse con un movimiento democrático. 

“En un proceso democrático, las decisiones nacen de una posición mayoritaria, a menudo determinada por el voto. En la comunión, las decisiones nacen de un consenso apoyado en la sabiduría y la espiritualidad de los maestros de la fe”, explica. 

“Lo que Francisco insiste en recordar es que ellos no son necesariamente los líderes ni los doctos, sino cualquier miembro de la comunidad que tenga el verdadero discernimiento de la fe”, prosigue Ribeiro Neto. 

“Francisco es, sobre todo, un místico. Busca en las polémicas y en las voces a menudo disonantes del mundo, los signos de la voluntad de Dios. 

“Para él, el sínodo es eso: una oportunidad para escuchar la voz de Dios que está escondido entre los más pequeños, no es un proceso democrático de consulta con la mayoría. Es un evento de carácter espiritual y místico, más que político y organizativo “, resume el sociólogo. 

Vida religiosa y sinodalidad

Vida religiosa y sinodalidad: mística y profetismo 

 El inicio del camino del Sínodo 2021-2023 “por una Iglesia comunión, participación y misión” ha estado precedido por un signo esperanzador. A través de una carta dirigida a la vida monástica y contemplativa, el cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos, reconoce que en un tiempo tan decisivo para la Iglesia, los monjes y las monjas enriquecen a toda la comunidad eclesial con su “preciosa vocación” y, en este sentido, son “custodios y testigos de realidades fundamentales para el proceso sinodal que el Santo Padre nos invita a realizar”. 

En su misiva, el cardenal Grech destaca tres elementos constitutivos de la Vida Consagrada que, a su vez, son inherentes al itinerario sinodal: la escucha, la conversión y la comunión. Estas tres ‘columnas de la sinodalidad’ están atravesadas por la ‘viga de amarre’ de la oración. De ahí el pedido del secretario del Sínodo a los religiosos y religiosas para que también sean los custodio de la oración, trasladando al proceso sinodal el recurrente pedido del papa Francisco: “¡Recen por mí!”. 

En su camino de revitalización, la Vida Consagrada ha apostado por una renovada pasión por Jesucristo y por la humanidad, asumida desde la riqueza de los carismas y a la luz de la Palabra de Dios, para responder al llamado perenne a optar por los más pobres y excluidos de la sociedad. Su compromiso se comprende en categorías de mística y profetismo, dos pulmones necesarios para la sinodalidad, para oxigenar este “caminar juntos” con la intención de involucrar a todos los bautizados e incluir a los niveles de la vida de la Iglesia desde la riqueza de cada vocación. 

Contemplación y escucha 

Con el pulmón de la mística, la Vida Consagrada acude a las fuentes del Evangelio y apela a sus orígenes, para reconocer que el Señor está presente en la historia, en medio del Pueblo Santo de Dios, y nos anima a buscar su voluntad en un clima de oración, contemplación y escucha sincera de las mociones del Espíritu. 

Jueves RD: En el camino sinodal

Rafael Luciani: “La Iglesia no puede aprender por sí misma: hay que buscar el encuentro con quienes están en los márgenes” 

Consuelo Vélez: “Es una gran oportunidad para que el laicado tome la palabra y pueda decir lo que realmente siente, sueña, porque en la medida que uno pone palabras a sus sueños, los empuja” 

Sebastián Mora: “Este sínodo es una excelente oportunidad para que la Iglesia coja las alforjas y salga al mundo” 

Vicente Jiménez Zamora: “La consulta es el método, el camino es la participación y la meta es el discernimiento. Todos tenemos que escucharnos unos a otros. La iglesia es todo el pueblo de Dios pero vertebrado, armonizado” 

15.10.2021 Jordi Pacheco 

“Caminar juntos, como dice la etimología de la palabra, es algo que ha hecho siempre la Iglesia desde sus inicios; es una tradición venerable en la institución y el papa Francisco le ha dado un sentido nuevo, dando paso a la participación de todo el pueblo de Dios. Una gran aventura para hacer una iglesia más viva, misionera y evangelizadora”. Así se pronunciaba Vicente Jiménez Zamora, al inicio de la vigésimo octava edición de los Jueves de Religión Digital. 

Tras la reciente apertura oficial del Sínodo en Roma, y a escasos días del arranque de la fase diocesana del camino sinodal, el debate de RD reunió el pasado 14 de octubre al arzobispo emérito de Zaragoza y coordinador del equipo sinodal de la CEE y otros protagonistas de los debates de este “caminar juntos” con el propósito de desentrañar parte de los interrogantes que plantea el proceso sinodal.  

Los demás participantes del debate moderado, como es habitual por Jesús Bastante, fueron la teóloga y bloguera de RD Consuelo Vélez; el teólogo y miembro de la Comisión Teológica del Sínodo, Rafael Luciani; y el profesor de Comillas y ex secretario general de Cáritas, Sebastián Mora.  

Transformarlo todo 

“Sueño con una Iglesia misionera capaz de transformarlo todo: lenguajes, costumbres, formas de entender para poder evangelizar el mundo. Estamos en un momento de Kairós en el que cada cual, con su experiencia y conocimiento, tiene que empujar para poner en marcha este sueño”, subrayó Sebastián Mora. 

Para el teólogo venezolano Rafael Luciani, la expectativa generada por este camino sinodal inaugurado por el papa Francisco durante el pasado fin de semana es alta. “Se trata de algo nuevo que no tiene comparación, este sínodo es un proceso de transición hacia un nuevo modo de proceder, lo cual implica una manera completamente renovada de asumir la eclesiología del pueblo de dios con el concilio. Es algo nuevo para obispos y sus diócesis, las parroquias, comunidades y familias y el gran reto es cómo nos podemos involucrar. La sociedad reclama cambios a la Iglesia y hay que estar abiertos a la escucha”.   

Uno de los retos que se perfilan para la consumación del camino sinodal es cómo hacer frente a las divisiones y asumir la diversidad asumiendo la existencia de conflictos. Para Consuelo Vélez, la respuesta está en el laicado. “Llegó la hora de los laicos; es una gran oportunidad para que el laicado tome la palabra y pueda decir lo que realmente siente, sueña, porque en la medida que uno pone palabras a sus sueños, los empuja”, enfatizó, desde Colombia, la teóloga.  

El coordinador del equipo sinodal de la CEE también opina que “es la hora de todo el pueblo pero sobre todo de los laicos”. “Queremos que el arranque de este sínodo en las Iglesias y diócesis sea un acontecimiento de todo el pueblo de Dios. Por eso hemos creado  desde la CEE una página con multitud de materiales para que esto pueda hacerse efectivo. Estamos a disposición de todas las diócesis para ayudar a que esto tenga el empuje necesario y que podamos implicar a todos y todas, no solo a los de siempre. Queremos caminar todos juntos desde el principio, que todo el mundo se sienta concernido”.  

Para Rafael Luciani un signo muy positivo y que da esperanza es que se quiere hacer la cultura del consenso eclesial. Esto, asegura, se ha hablado en estos días en Roma. “Tenemos que hablar, expresar puntos de vista e intentar buscar convergencia. No solo en la secretaría del sínodo. Esta práctica está reflejada en el documento preparatorio, que impele a todos y todas en igualdad de condiciones como bautizados. Si no se dan estas relaciones de completarnos los unos a los otros, entonces estamos en una Iglesia ajena a los tiempos, tenemos que aprender y reaprender lo que significa ser Iglesia”. 

“Sueño con una Iglesia pobre y para los pobres”  

Sebastián Mora apuntó al que, tal vez, es uno de los retos más apremiantes para la Iglesia: “Como iglesia no nos podemos permitir dejar fuera a quienes están en la cuneta de la vida. Incluir al laicado es fundamental y esencial. Pero en un contexto pandémico, o post pandémico, que está dejando a tanta gente fuera, todo el esfuerzo sinodal tiene que tener en cuenta a las personas que habitualmente no se las deja hablar. Tenemos que trabajar para escuchar realmente a estas personas y darles voz”, remarcó. 

“También sueño en iglesia samaritana y solidaria con los pobres, ejemplo paradigmático para nosotros. La Iglesia de la cercanía, de la proximidad para con todos los hombres y mujeres, los que están cerca y los que están lejos”, agregó Vicente Jiménez en la misma línea. 

Para Rafael Luciani el informe Sauvé que tanto revuelo ha provocado durante los últimos días en la Iglesia de Francia, en la medida en que es una Invitación a que todas las iglesias locales hagan este camino, da la medida de la imperiosa necesidad de cambiar el modelo institucional. “No es un sínodo sobre un tema sino sobre la Iglesia, su identidad, su misión en este tercer milenio. Pablo VI dijo algo muy claro en Vaticano II: ‘El deber de la Iglesia es buscar forma más completa de ser y vivir’. Eso es la sinodalidad. En contexto de crisis institucional el sínodo es instrumento de renovación”, detalló el teólogo. 

Consuelo Vélez llamó a superar el formalismo que, a menudo, impide que “se cumpla lo que está mandado a hacer”. “En las parroquias esta experiencia sinodal no ha de ser para que nos juntemos los de siempre sino para ver de qué manera seremos capaces de crear otras formas de convocar, que no sea una cosa formal, que nos hagamos preguntas hondas y en serio”, aseveró Vélez en tono autocrítico. “Veo difícil revertir lo que considero un exceso de formalismo; las parroquias no tienen poder de convocatoria y hay que evitar el peligro de convocarnos de nuevo los mismos para hacer lo mismo. Por eso considero que los sacerdotes deberían sentarse a escuchar a los laicos. Si la cosa viene de arriba para abajo, esto no tiene mucho futuro”.  

“La iglesia carece de esa cultura cívica de la participación que es la sinodalidad, y este proceso que ahora se pone en marcha es especialmente difícil cuando no existe en la institución esta cultura previa de la participación. Tenemos que aprender a participar, y eso se aprende participando. ¿Cómo llegar al consenso si siempre nos han dado el consenso hecho, la verdad construida? Es un esfuerzo ingente sobre la cultura participativa. En este sentido, el sínodo ha de ser aprovechado para que sea un lugar de aprendizaje”, advirtió el profesor de Comillas.  

Iglesia hacia el encuentro 

Una Iglesia pluriforme es lo que propone Vicente Jiménez Zamora. Y para ello, sostiene, “la consulta es el método, el camino es la participación y la meta es el discernimiento”. “Todos tenemos que escucharnos unos a otros. La iglesia es pueblo de Dios pero vertebrado, armonizado. Antes que un papa u obispo, uno es cristiano. Este sínodo nos va a ayudar a todos en este camino de conversión”, aseguró el sacerdote nacido en la provincia de Soria.  

Las reflexiones de Luciani fueron en la misma dirección: “La iglesia no puede aprender de sí misma por sí misma si está sola en una burbuja, se trata de hacer una salida que propicie el encuentro con quienes están en los márgenes. La sinodalidad nos cambia en lo cotidiano, en la relación con el otro, en el cara a cara. Se insistió en ello durante la apertura del Sínodo: no se trata sólo de consultar a los bautizados”.   

“Estamos en un momento que va a marcar un antes y un después, pero todo dependerá de la manera como nos involucremossi somos sinceros y transparentes. No es sólo una organización que se reestructura, sino mucho más. Hemos de ser honestos para comprender que nuestro seguimiento a Jesus debe estar en el centro de este discernimiento para que la Iglesia pueda cambiar”, agregó el teólogo.  

Durante el tradicional minuto de oro con que se cierran todos los Jueves de RD, Consuelo Vélez exhortó a no dejar pasar la gran oportunidad que plantea este momento histórico. “No nos cansemos de intentarlo, de todo intento algo queda, en nuestra historia ha habido avances y retrocesos, pero seguimos caminando”

Inicio fase diocesana del Sínodo

Carta Pastoral al comienzo de la fase diocesana del Sínodo 2021-2023 

Amadeo Rodríguez: “Uniremos nuestros sueños, el de la Iglesia diocesana y el de la Iglesia universal” 

Amadeo Rodríguez

“Estoy convencido de que se nos presenta un año pastoral apasionante. Con pasión por Cristo y con pasión por la comunión y la misión de la Iglesia” 

«Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión», será nuestro lema desde ahora. Desde Jaén hemos de proclamarlo, sentirlo y vivirlo con la Iglesia del Señor que camina por todos los rincones del universo 

“Sueño con una Iglesia sencilla, que se desprenda de cosas que probablemente nunca debió de adquirir y a las que aún le estamos dando demasiado valor, pero que, sin embargo, ya no nos ayudan a ofrecer la fe y a anunciar el Evangelio en este contexto social, cultural y religioso en el que vivimos” 

“Se debe tener especial cuidado para involucrar a las personas que pueden correr el riesgo de ser excluidas: mujeres, discapacitados, refugiados, migrantes ancianos, personas que viven en la pobreza, católicos que raramente o nunca practican su fe” 

UNIREMOS NUESTROS SUEÑOS, EL DE LA IGLESIA DIOCESANA Y EL DE LA IGLESIA UNIVERSAL 

Queridos diocesanos: 

1. SIN DESPERTARNOS DEL SUEÑO MISIONERO 

Un año pastoral apasionante 

Estoy convencido de que se nos presenta un año pastoral apasionante. Con pasión por Cristo y con pasión por la comunión y la misión de la Iglesia. Habrá un día a día de nuestra pastoral ordinaria, que tendremos que atender y cuidar con mucho esmero, y sin que dejemos nada esencial por hacer. Para eso hemos caminado juntos por nuestro Plan de acción pastoral, que en estos cinco años nos ha marcado un rumbo eclesial renovado y misionero. Recordemos que juntos hemos ido «caminando en el sueño misionero de llegar a todos». Este año, además, se nos invita a participar con gratitud, entusiasmo y sentido de responsabilidad en el sínodo universal, que enseguida va a comenzar y en el que todos nosotros tendremos un papel importante y activo. Por eso, nuestra pastoral ordinaria habrá de ir renovándose con el aire nuevo que le vayamos dando con nuestra participación en esta iniciativa sinodal. 

Participando en un sínodo con toda la Iglesia 

Como sabéis, nosotros ya teníamos un plan para este año pastoral con una ruta que era ambiciosa e ilusionante. Pero en vistas de que se nos ha dado la oportunidad de participar en el Sínodo nos hemos unido a él, pero sin renunciar a la búsqueda de un nuevo horizonte, para una renovación más detallada y audaz de nuestra Iglesia diocesana. Seguro que lo que nosotros pretendíamos saldrá a la luz en la renovación, en sinodalidad, buscada con la Iglesia universal. «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión», será nuestro lema desde ahora. Desde Jaén hemos de proclamarlo, sentirlo y vivirlo con la Iglesia del Señor que camina por todos los rincones del universo. El contenido y lema sinodal nos hace caer en la cuenta de que todos somos Iglesia viva y responsable en misión y de que hemos de estar abiertos a una profunda renovación pastoral, bajo la acción del Espíritu y en la escucha de la Palabra. 

Para impregnar nuestra conciencia cristiana de sentido sinodal y misionero 

Aunque haya sido mucho lo que hayamos ido haciendo en la renovación de la vida de la Iglesia, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, es evidente que siempre necesitamos una puesta al día. Ahora nos toca impregnar nuestra experiencia cristiana de sentido sinodal y misionero. Guiados por Evangelii gaudium y en sintonía con Fieles al envío misionero, líneas pastorales de la CEE, haremos juntos un camino de encuentro con nuestra experiencia eclesial. 

Empezaremos por descubrir las claves del actual contexto social, cultural y eclesial, así como los criterios, prioridades y líneas de trabajo desde donde pretendemos responder a una pregunta esencial: ¿cómo puede ayudar el discernimiento en sinodalidad a impulsar la conversión pastoral, personal e institucional, que el Papa nos pide y que el desafío evangelizador reclama? 

Un acontecimiento de doble rostro 

Os escribo esta carta para animaros a participar en el Sínodo, que para nosotros será un acontecimiento de doble rostro. Se nos propone contribuir a poner en movimiento las ideas, las energías, la creatividad de todos los que participemos, con la sencillez de corazón de quien ama a Cristo y a su Iglesia. Como ya se nos ha ido informando, se trata de la fase diocesana y nacional del Sínodo de los Obispos, que será un acontecimiento en todas las diócesis del mundo y al que estamos todos —obispo, sacerdotes, consagrados y laicos— invitados a participar activamente. 

Pero, como os acabo de recordar, esta invitación a participar en el Sínodo ha llegado a nuestra Diócesis de Jaén cuando ya teníamos pensado, diseñado y organizado nuestro Plan de acción para el próximo año pastoral: por esto, será para nosotros un acontecimiento diocesano y universal a la vez. Consideramos enriquecedor poder unir los dos propósitos en uno: el que pretendíamos hacer y el que haremos agradecidos porque nos lo ofrece el Santo Padre como un precioso regalo. 

Queríamos enriquecer nuestro sueño 

La acción que habíamos diseñado para el final del desarrollo de nuestro Plan de Pastoral, nos iba a pedir que este curso de 2021-2022 nos situáramos aún más en el sueño misionero y renovador de nuestra Iglesia diocesana en cada una de nuestras comunidades. A cada uno se nos invitaba a decir: sueño con una Iglesia sencilla, que se desprenda de cosas que probablemente nunca debió de adquirir y a las que aún le estamos dando demasiado valor, pero que, sin embargo, ya no nos ayudan a ofrecer la fe y a anunciar el Evangelio en este contexto social, cultural y religioso en el que vivimos. Queríamos pensar y concretar, en diálogo y oración, si algunas de las cosas que hacemos son un lastre para una Iglesia en salida y en misión. 

Sobre todo, queríamos soñar con modelos y modos nuevos de ser cristiano, de ser discípulo del Señor y de hacer de la vida de la Iglesia una corriente misionera. Mirando a nuestro mundo, en el que evangelizamos y a nuestra Iglesia en su misión, se nos iba a invitar a descubrir, con sana insatisfacción, lo que no está bien, lo que nos sobra, lo que redujera nuestra credibilidad, lo que separara a unos de otros… 

Nuestro sueño era descubrir, a la luz de la Palabra de Dios, cómo se han de hacer las cosas si seguimos la inspiración divina. Ese, en realidad, ha sido durante estos últimos años nuestro verdadero sueño. 

Para una profunda renovación pastoral 

Queríamos encontrar la luz en todo lo que somos y hacemos: buscaríamos juntos el «porqué»; la razón de ser de nuestra Iglesia, de nuestra parroquia y la razón última de cada una de sus acciones, con discernimiento en profundidad. Nos íbamos a ayudar con la guía de documentos que marcan en la actualidad el modo de vida de la Iglesia: Evangelii Gaudium, La conversión pastoral de la comunidad parroquial y Fieles al anuncio misionero, el Plan de acción de la Conferencia Episcopal Española. 

No se trataba de rectificar nada de lo realizado en estos últimos años desde 2017. Al contrario, buscábamos reforzar el camino sinodal que muchos, la inmensa mayoría, en especial los laicos, habéis seguido en una Iglesia que camina, con estilo sinodal, en comunión, evangelización, celebración y caridad. Pero como siempre quedan cosas por pulir, ahora nos tocaba, sobre todo, hacer un camino sinodal que sanara, limpiara y embelleciera a nuestra Iglesia. 

Con libertad, queríamos encontrar todo lo que pudiera ser un obstáculo para el desarrollo de la vida de la Iglesia, especialmente lo que no nos atrevemos a tocar por ese qué dirán que tanto se repite y que nos lleva al inmovilismo: nada cambia porque siempre se ha hecho así. Se trataba de descubrir sombras y luces para que el sueño misionero pudiera recuperar una completa e ilusionada evangelización. En definitiva, lo que correspondía hacer era apuntalar todo lo que mejor pueda promover la conversión pastoral. 

Con confianza en el Espíritu 

Lo queríamos hacer con conciencia clara de que, para «caminar juntos», es necesario que nos dejemos educar por el Espíritu en una mentalidad verdaderamente sinodal, entrando con audacia y libertad de corazón en un proceso de conversión, sin el cual no será posible la «perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuanto institución humana y terrena, tiene siempre necesidad» (UR 6; cf. EG 26). 

Apuntábamos, en definitiva, a todo lo que nos impidiera caminar y potenciar lo que mejor nos lleve a la meta a la que dirigirnos, aunque sea nuevo o novísimo, aunque nos obligue a romper con el freno que nos dice ante cada posible cambio, que lo mejor es no tocar nada. Todo eso lo hemos de discernir en el Espíritu; conscientes de que para Él nada es intocable. El Espíritu continúa actuando en la historia y mostrando su potencia vivificante. 

Con ese intento de renovación queríamos desechar todo lo que no es del gusto evangélico y no tiene la luz y la belleza del Espíritu. Lo que realmente buscábamos eran líneas de acción que nos llevaran a una clara y limpia evangelización. Por eso, dábamos el paso adelante para buscar criterios que nos indicaran cómo descubrir, cómo hacer lo nuevo. Quizá, lo más decisivo de cuanto buscábamos fuera nuestro compromiso personal de no mirar para atrás o para otro lado, sino mirar hacia adelante, aunque con eso pudiéramos asumir riesgos y dificultades. Pero siempre caminando en la caridad. En lo esencial unidad, en lo dudoso libertad, en todo caridad o amor. 

Ya anticipadamente tomábamos conciencia de lo que dice el Documento sinodal, que se nos ha enviado: «Precisamente en los surcos excavados por los sufrimientos de todo tipo padecidos por la familia humana y por el Pueblo de Dios están floreciendo nuevos lenguajes de fe y nuevos caminos capaces, no solo de interpretar los eventos desde un punto de vista teologal, sino también de encontrar en medio de las pruebas las razones para refundar el camino de la vida cristiana y eclesial». «En este contexto, la sinodalidad representa el camino principal para la Iglesia, llamada a renovarse bajo la acción del Espíritu y gracias a la escucha de la Palabra. La capacidad de imaginar un futuro diverso para la Iglesia y para las instituciones a la altura de la misión recibida depende en gran parte de la decisión de comenzar a poner en práctica procesos de escucha, de diálogo y de discernimiento comunitario, en los que todos y cada uno puedan participar y contribuir» (Documento preparatorio 7; 9). 

2. POR UNA IGLESIA SINODAL: COMUNIÓN, PARTICIPACIÓN Y MISIÓN 

Con toda la Iglesia 

Esta propuesta para el año pastoral que nos habíamos marcado, ahora necesariamente hemos de unirla a otra iniciativa, guiada por el Santo Padre, que invita a todas las Iglesias particulares a una participación, con el estilo y modo habitual que nosotros hemos adoptado en los pasados años. Estoy convencido de que, si seguimos fielmente el Documento Sinodal y el Vademécum, vamos a entrar todos en este nuevo modelo de ser Iglesia y de compartir fe y vida. 

En lo que se nos invita a hacer en el Sínodo, muchos enseguida reconoceréis que este ha sido el estilo de trabajo de nuestra Iglesia de Jaén. ¿Os acordáis de lo que os escribí en una carta pastoral en nuestros comienzos? Entonces os decía: «Para la conversión pastoral que pretendemos es absolutamente necesario que adoptemos la “sinodalidad”, como método de vida y acción, que por otra parte es lo que caracteriza a la Iglesia. La sinodalidad ha de ser, por tanto, el factor estructurante que la Iglesia de Jaén está llamada a asumir en las tareas que hemos de realizar unidos todos los bautizados. Es indispensable la sinodalidad para la cooperación de los fieles laicos; por supuesto es indispensable para los sacerdotes diocesanos, servidores del pueblo de Dios. Y la sinodalidad ha de ser el estilo que marque la presencia de numerosas comunidades de vida consagrada». 

Nos afianzamos en los pasos dados 

Pues bien, se puede comprobar que los pasos que ahora se nos propone dar en este camino sinodal no hay nada que sea diferente a lo que hemos hecho en estos cinco años. Por eso se dice en el documento sinodal, refiriéndose también a nosotros: «Es un motivo de gran esperanza que no pocas Iglesias hayan ya comenzado a organizar encuentros y procesos de consulta al Pueblo de Dios, más o menos estructurados. Allí donde tales procesos han sido organizados según un estilo sinodal, el sentido de Iglesia ha florecido y la participación de todos ha dado un nuevo impulso a la vida eclesial» (Documento preparatorio 7). 

Se desea que el Sínodo de los Obispos empiece a celebrarse solemne y activamente en todas y cada una de las diócesis del mundo. Según se nos indica, tendrá una fase diocesana, una fase continental y una fase final que abarque a la Iglesia universal. 

Con una gran fiesta eucarística diocesana 

Este itinerario sinodal tendrá una apertura solemne tanto en Roma (9-10 de octubre) como en cada Iglesia particular, que se ha fijado para el domingo 17 de octubre, a las 6 de la tarde. La celebremos en la que fue nuestra primera catedral, la de Baeza. Refleja, a mi entender, una época en la que la vida de la Iglesia caminaba claramente con un estilo sinodal. Ese día será una gran fiesta para toda la Iglesia y también para nosotros lo será. Yo espero que tenga la misma participación y el mismo espíritu que tuvo la apertura del año de la misión. ¿¡¡¡Recordáis!!!? 

Os animo, por tanto, a una participación entusiasta y agradecida. Por primera vez en los tiempos modernos, un acontecimiento de carácter universal se hace con una llamada tan explícita a todo el pueblo de Dios que vive su fe en cualquier lugar del mundo con sus circunstancias, cultura, peculiaridades. No obstante, esta advertencia importa mucho: no se trata de hacer un evento, sino un proceso que implica en sinergia al Pueblo de Dios, al Colegio Episcopal y al Obispo de Roma, cada uno según su función. 

Con esta invitación, el Santo Padre nos hace una llamada a colaborar en una reflexión comunitaria universal. POR UNA IGLESIA SINODAL: COMUNIÓN, PARTICIPACIÓN Y MISIÓN. El sínodo se hará para que todos unidos nos afiancemos, en nuestra conciencia eclesial. Acoged estas afirmaciones tan emblemáticas y certeras, si aún necesitáis convenceros de lo que os digo: «La sinodalidad nos remite a la esencia misma de la Iglesia, a su realidad constitutiva, y se orienta a la evangelización». «Nuestro caminar juntos es lo que mejor realiza y manifiesta la naturaleza de la Iglesia como pueblo de Dios peregrino y misionero». «Practicar la sinodalidad es hoy para la Iglesia el modo más evidente de ser «sacramento universal de salvación» (LG 48), «signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (LG 1). 

Mirando al doble mandato de Cristo 

En este caminar al que se nos invita, haremos juntos un gran discernimiento eclesial sobre cómo hemos de hacer el doble mandato que los apóstoles acogieron en la primera hora: «Id y anunciad» y «haced esto…». Así lo hacían en los comienzos, los cristianos caminaban unidos y con participación corresponsable de todos; por eso eran conocidos, una vez que su vida comenzó a ser socialmente significativa, como los del camino. Los cristianos somos los que caminamos juntos. Ese es ya no sólo nuestro nombre sino nuestro modo de ser. 

San Juan Crisóstomo, por ejemplo, escribe que Iglesia es el «nombre que indica caminar juntos (óýíïäïò)» La Iglesia tiene nombre de sínodo. Y si tiene nombre es porque vive y camina en sínodo. Eso significa que la Iglesia es la asamblea convocada para dar gracias y cantar alabanzas a Dios como un coro, una realidad armónica, donde todo se mantiene unido, porque quienes la componen, mediante su relación recíproca y ordenada, coinciden en el mismo sentir. 

La Iglesia siempre es sinodal 

Este modo de ser y de vivir en comunión, participación y misión de los primeros cristianos, hoy lo hemos de asumir para la responsabilidad de llevar adelante la misión de la Iglesia. Por eso, no hace falta que diga que nadie puede sentirse excluido del camino eclesial. Lo que nos jugamos es muy esencial: «Caminar juntos, invocar al Espíritu, escuchar y acompañar van haciendo del discernimiento sinodal la clave de fondo que sugiere las acciones que realizar, en la doble escucha del Señor y de los deseos y gemidos de nuestros contemporáneos, con los que nos encontramos en la salida misionera» (Fieles el envío misionero, 4.1.) 

Para ir haciendo esta Iglesia en esta doble fidelidad a Dios y a los hombres, se nos invita a participar activamente, desde la próxima apertura (17 de octubre) hasta abril de 2022, en una amplia consulta al pueblo de Dios; porque el proceso sinodal se realiza en la escucha a la totalidad de los bautizados, sujeto del sensus fidei infalible in credendo (LG 119). 

Sin perder de vista una pregunta fundamental 

El punto de partida será una pregunta fundamental, que nos ha de impulsar como guía: ¿Cómo realizar hoy, a diversos niveles (desde el local al universal) ese «caminar juntos» que permite a la Iglesia anunciar el Evangelio, de acuerdo a la misión que le fue confiada; qué pasos del Espíritu nos invita a dar para crecer como Iglesia sinodal? (Documento preparatorio 2). 

Lo haremos unidos, —laicos, pastores y Obispo de Roma— y lo haremos siguiendo a Jesucristo, que nos dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6). Se trata de poner en práctica lo que nos ha dicho el Papa Francisco: «El sensus fidei impide separar rígidamente entre Ecclesia docens y Ecclesia dicens, ya que también la grey tiene su olfato para encontrar nuevos caminos que el Señor abre a la Iglesia» (Discurso del Santo Padre en la conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los obispos). 

Para que se mueva sin reserva nuestra voluntad de participar, metamos en el corazón esta afirmación convincente: «La sinodalidad en esta perspectiva es mucho más que la celebración de encuentros eclesiales y asambleas de obispos, o una cuestión de simple administración interna de la Iglesia; la sinodalidad indica la específica forma de vivir y obrar (modus vivendi et operandi) de la Iglesia Pueblo de Dios, que manifiesta y realiza en concreto su ser comunión en el caminar juntos, en el reunirse en asambleas y en el participar activamente de todos sus miembros en su misión evangelizadora» (Documento preparatorio 10). 

Una amplia y generosa consulta 

Una vez que celebremos la apertura, nos tocará, por tanto, situarnos activamente en actitud de oración, encuentro, reflexión en diálogo y celebración eucarística. La consulta se hará con una amplia participación en parroquias, comunidades, movimientos y grupos eclesiales. De un modo especial se hará por los cauces de comunión y participación comúnmente establecidos en la Iglesia, que son como las manos de la sinodalidad. Pero es voluntad del sínodo que la consulta sea lo más completa y más enriquecedora posible y que se haga con la participación de muchos, tanto «de dentro de la Iglesia» como de los «márgenes». 

Se debe tener especial cuidado para involucrar a las personas que pueden correr el riesgo de ser excluidas: mujeres, discapacitados, refugiados, migrantes ancianos, personas que viven en la pobreza, católicos que raramente o nunca practican su fe. Es importante que los bautizados escuchen las voces de otras personas en sus contextos locales, incluidas personas que han abandonado la práctica de la fe, personas de otras tradiciones religiosas, personas sin creencias religiosas. Todos pueden ayudar a la Iglesia en su camino sinodal de búsqueda del bien y de la verdad. Esto es especialmente cierto en el caso de los más vulnerables y marginados (cf. Vademecum 2). 

Lo que importa es que todos colaboremos en el objetivo sinodal: el sentido del camino al cual todos estamos llamados consiste, principalmente, en descubrir el rostro y la forma de una Iglesia sinodal, en la que «cada uno tiene algo que aprender. Pueblo fiel, Colegio episcopal, Obispo de Roma: uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo, el “Espíritu de verdad” (Jn14,17), para conocer lo que Él “dice a las Iglesias” (Ap 2,7)» (Documento preparatorio 15). 

Para crecer en amor a la Iglesia 

No niego, en efecto, que todo esto que os estoy exponiendo, supondrá un esfuerzo especial para todos; pero de lo que sí estoy convencido es de que lo que se nos invita a hacer tiene tantos valores que no sólo no perjudica en nada a nuestra vida pastoral ordinaria, sino que la enriquecerá y nos enriquecerá a todos cuantos consciente y activamente participemos: hará crecer nuestro amor a la Iglesia, reforzará nuestro sentido de pertenencia, abrirá en horizonte de nuestra eclesialidad más allá de nuestros límites, no sólo geográficos sino humanos y religiosos. En nuestro caso, lo que con toda seguridad hará será ensanchar nuestra mirada, ya que el primer paso, el de reunirse y reflexionar juntos, ya estaba logrado, por las convocatorias hechas cada año. 

Lo que sí tendremos que hacer, y en esto hemos de ser muy cuidadosos, es esmerarnos en nuestra mirada espiritual y pastoral, para que no se desorienten nuestras propuestas y sueños. Por una parte, nos centraremos en nuestra Iglesia particular, en nuestra Diócesis del Santo Reino de Jaén, mirando a nuestra acción pastoral cotidiana, en sus carencias y posibilidades, teniendo en cuenta quiénes somos y con quienes contamos pero siempre con una actitud de conversión espiritual y pastoral. 

Por otro lado, ensancharemos la visión y nos sentiremos Iglesia en la Iglesia universal y colaboraremos con el Santo Padre en su ministerio petrino. Tendremos muy en cuenta lo que nos dice al pedirnos que colaboremos corresponsablemente con Él: «El mundo en el que vivimos, y que estamos llamados a amar y servir también en sus contradicciones, exige de la Iglesia el fortalecimiento de las sinergias en todos los ámbitos de su misión. Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio» (Discurso en la conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos). 

Para generar dinamismos nuevos en la Iglesia 

Si alguno de vosotros a estas alturas, después de cinco años compartiendo juntos en estilo sinodal, aún se está preguntando: ¿Esto servirá para algo?, ya sabéis que esta pegunta, más habitual en la Iglesia de lo que debiera, es, sobre todo, una tentación que siempre nos persigue, la de conformarnos con los que somos y tenemos. Siempre nos persigue la tentación de querer «cristalizar los procesos y pretender detenerlos» (EG 223). Pero hemos de intentarlo. Por eso, yo os digo: no tengáis miedo, participemos en esta experiencia sinodal, en la que «se trata de privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos» (EG 223). 

Para convencernos de esto, qué bien nos vendrá tener en cuenta esta reflexión de Romano Guardini, recogida en Evangelii Gaudium: «El único patrón para valorar con acierto una época es preguntar hasta qué punto se desarrolla en ella y alcanza una auténtica razón de ser la plenitud de la existencia humana, de acuerdo con el carácter peculiar y las posibilidades de dicha época» (EG 224). Con nuestros límites, incluso con las pequeñeces que nos impiden crecer, nosotros estamos unidos en ese intento de ir hacia una Iglesia de comunión, participación y misión. 

Pero hemos de hacerlo todo con la convicción de que es el Espíritu quien nos lleva a vivir como misión en el mundo, a llevar el tejido de la evangelización grabado en el corazón. Por eso, haremos lo que nos pide el documento con el que se nos invita a caminar en este tiempo de Sínodo: «hacer que germinen sueños, susciten profecías y visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones, resucitar una aurora de esperanza, aprender unos de otros. Y crear un imaginario positivo, que ilumine las mentes, enardezca corazones, dé fuerza a las manos» (Documento preparatorio 32). 

En la inventiva infinita del Espíritu 

No olvidemos nunca que «el Espíritu Santo posee una inventiva infinita, propia de una mente divina, que provee a desatar los nudos de los sucesos humanos, incluso los más complejos e impenetrables» (EG 178). Por eso, nuestra confianza la pondremos siempre en el Espíritu, Él es quien le da un sentido eclesial a lo que hacemos y nos sitúa unos junto a otros como Pueblo de Dios. Eso significa que esta consulta sinodal «no implica que se asuman dentro de la Iglesia los dinamismos de la democracia radicados en el principio de la mayoría, porque en la base de la participación en cada proceso sinodal está la pasión compartida por la común misión evangelizadora y no la representación de intereses en conflicto» (Documento preparatorio, 14). Pero eso sí, seamos conscientes de que la Iglesia nunca ha estado cerrada a aprender desarrollos y estrategias que pudieran conectar con la cultura del hombre actual. 

Por si aún no os habéis dado cuenta, os lo digo: se está haciendo un esfuerzo inmenso y un extraordinario alarde de creatividad, por eso, termino pidiendo a todos, y con esto concluyo mi carta, que entréis en esta dinámica de la Iglesia de nuestro tiempo. Es impensable la conversión pastoral de nuestra Iglesia diocesana sin la participación activa de todos los integrantes del Pueblo de Dios que camina en Jaén. Pidamos la gracia del Señor de sentirnos interpelados en el camino sinodal de la Iglesia de nuestro tiempo. La sinodalidad no es una moda, no es un capricho, es, como ya os decía en el año de la comunión, la esencia misma de la Iglesia, por eso, ninguno de nosotros podemos sentirnos excluidos en este modo de ser y de caminar. 

Todo lo haremos con estas claves 

Os llamo, por eso, encarecidamente a que entréis en el proceso sinodal que se nos propone a todos con tanto esmero y afecto. Os invito a que conozcáis tanto el precioso Documento preparatorio que se nos ha enviado como el Vademécum. Son dos piezas preciosas para entender todo lo que se nos pide que hagamos. Si lo hacemos así entraremos en un camino de discernimiento y decisión, en el que pasaremos por la consulta compartida y la escucha recíproca, respetuosa y compasiva. Si lo hacemos, encontraremos las claves para: 

* vivir un proceso eclesial participado e inclusivo, que ofrezca a cada uno —en particular a cuantos por diversas razones se encuentran en situaciones marginales— la oportunidad de expresarse y de ser escuchados para contribuir en la construcción del Pueblo de Dios; 

* reconocer y apreciar la riqueza y la variedad de los dones y de los carismas que el Espíritu distribuye libremente, para el bien de la comunidad y en favor de toda la familia humana; 

* experimentar modos participados de ejercitar la responsabilidad en el anuncio del Evangelio y en el compromiso por construir un mundo más hermoso y más habitable; 

*examinar cómo se viven en la Iglesia la responsabilidad y el poder, y las estructuras con las que se gestionan, haciendo emerger y tratando de convertir los prejuicios y las prácticas desordenadas que no están radicadas en el Evangelio; 

*sostener la comunidad cristiana come sujeto creíble y socio fiable en caminos de diálogo social, sanación, reconciliación, inclusión y participación, reconstrucción de la democracia, promoción de la fraternidad y de la amistad social; 

* regenerar las relaciones entre los miembros de las comunidades cristianas, así como también entre las comunidades y los otros grupos sociales, por ejemplo, comunidades de creyentes de otras confesiones y religiones, organizaciones de la sociedad civil, movimientos populares, etc.; 

* favorecer la valoración y la apropiación de los frutos de las recientes experiencias sinodales a nivel universal, regional, nacional y local. 

Gracias por vuestra paciencia, si habéis llegado hasta el final. Y mucho ánimo en el trabajo que vuestro Obispo os encomienda en comunión con el Santo Padre. 

Finalizo esta carta en la tarde del día 2 de octubre, en la memoria de los Santos Ángeles Custodios, a los que encomiendo su cercanía permanente a todos cuantos vivimos en nuestra provincia y diócesis de Jaén. 

Con mi afecto y bendición. 

+Amadeo Rodríguez Magro 

Obispo de Jaén 

Arranca el camino sinodal en las iglesias particulares

 

El camino sinodal fue inaugurado por el Papa en el Vaticano el pasado fin de semana, 9 y 10 de octubre, y en las iglesias particulares arrancará este domingo, 17 de octubre 

El arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, celebrará a las 19:00 horas una Misa solemne en la catedral de Santa María la Real de la Almudena 

La Comisión Diocesana para el Sínodo y la Delegación Episcopal de Liturgia proponen a las parroquias y lugares de culto unirse a esta intención a través de la oración universal y de la oración al Espíritu Santo 

El objetivo de esta fase es la consulta al pueblo de Dios para que el proceso sinodal se realice en la escucha de la totalidad de los bautizados 

17.10.2021 

(CONFER); El camino sinodal fue inaugurado por el Papa en el Vaticano el pasado fin de semana, 9 y 10 de octubre, y en las iglesias particulares arrancará este domingo, 17 de octubre. El arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, celebrará a las 19:00 horas una Misa solemne en la catedral de Santa María la Real de la Almudena. En una carta, el purpurado anima a participar en esta ceremonia a todo el clero, así como a los miembros de la vida consagrada y a los laicos. 

La Comisión Diocesana para el Sínodo y la Delegación Episcopal de Liturgiaproponen a las parroquias y lugares de culto unirse a esta intención a través de la oración universal y de la oración al Espíritu Santo. Ambos elementos pueden incluirse en la celebración habitual de la Eucaristía del domingo XXIX del tiempo ordinario. 

El documento hecho público por la Secretaría del Sínodo con motivo de esta XVI Asamblea General Ordinaria explica que «el objetivo de esta fase es la consulta al pueblo de Dios para que el proceso sinodal se realice en la escucha de la totalidad de los bautizados». Se ha enviado un documento preparatorio, un cuestionario y un vademécum con propuestas para realizar la consulta, que estará abierta a los alejados de la Iglesia o de la fe y a aquellos que tienen otras confesiones cristianas o que confiesan otras religiones. 

La fase de discernimiento diocesano culminará con una reunión presinodal y sus conclusiones se enviarán a la Conferencia Episcopal Española, donde los obispos, reunidos en Asamblea, realizarán una síntesis con las aportaciones de las diferentes diócesis para enviar a la Secretaría del Sínodo antes de abril de 2022. 

Coneste material, procedente de todas las iglesias particulares de todo el mundo, se elaborará un instrumentum laboris que será publicado en septiembre de 2022 y que será enviado a las iglesias particulares para trabajar la segunda fase del Sínodo: la continental

La fase continental, que durará hasta marzo de 2023, tiene como objetivo que las conferencias continentales dialoguen sobre el instrumentum laboris, para realizar un discernimiento, teniendo en cuenta las particularidades culturales de cada continente

Por último, con las reflexiones aportadas se redactará un documento final que se enviará a la Secretaría del Sínodo para que elabore un nuevo instrumentum laboris de cara a la Asamblea Sinodal universal que tendrá lugar en Roma en octubre de 2023

Reflexiones sobre la sinodalidad

El estamento clerical, su gran obstáculo 

Por Rufo González 

Gran parte del Pueblo de Dios carece de una eclesiología actualizada 
Hace años me impresionaron estas palabras del profesor de Tubinga, especialista en ciencias bíblicas, Herbert Haag: “La crisis de la Iglesia perdurará mientras ésta no decida darse una nueva constitución que acabe de una vez para siempre con los dos estamentos actuales: sacerdotes y seglares, ordenados y no ordenados… 

Interrogando a los testigos de los tiempos bíblicos y del cristianismo primitivo, llegamos a la conclusión clara y convincente de que episcopado y sacerdocio se desarrollaron en la Iglesia al margen de la Escritura y fueron más adelante justificados como parte del dogma. Todo parece hoy indicar que ha llegado la hora, para la Iglesia, de regresar a su ser propio y original” (H. Haag: “¿Qué Iglesia quería Jesús?”. Herder. Barcelona 1998. p. 14-15). Sin duda que la sinodalidad, impulsada por el papa Francisco, puede ser un buen impulso para “regresar al ser propio y original” de la Iglesia. 

La sinodalidad supone comunión en torno al Evangelio y capacidad para caminar juntos sin imposición, descubriendo entre todos lo que el Espíritu de Jesús sugiere. Los que se oponen a la sinodalidad son los infantilizados por el clericalismo y muchos del estamento clerical. La práctica de los sacramentos sólo les ha exigido dejarse llevar de la costumbre y pactar detalles con los dirigentes de sus iglesias. Bautizados sin conocimiento, llevados a la Eucaristía por una fiesta social, acostumbrados a callar y aceptar lo que dicen los clérigos, hoy sólo cabe esperar, de una inmensa mayoría, el infantil seguimiento o abandono eclesial. Está sucediendo. 

Muchos clérigos, sobre todo los más jóvenes, aceptan la Reforma gregoriana (s. XI): “Hay dos géneros de cristianos; uno ligado al servicio divino, constituido por los clérigos. El otro es el género de los cristianos al que pertenecen los laicos” (Decreto de Graciano, año 1140). Mentalidad que ha perdurado casi veinte siglos. A principios del siglo pasado, la dejó diáfana san Pío X: “La Iglesia es una sociedad desigual que comprende dos categorías de personas, los pastores y el rebaño; los que ocupan un puesto en los distintos grados de la jerarquía y la muchedumbre de los fieles. Estas categorías son tan distintas entre sí que solamente en el cuerpo pastoral residen el derecho y la autoridad necesaria para promover y dirigir los miembros hacia el fin de la sociedad. En cuanto a la multitud, no tiene otro deber sino dejarse conducir y, rebaño dócil, seguir a sus pastores” (Encíclica “Vehementer Nos” 1906). 

El Concilio Vaticano II logró cambiar el esquema inicial sobre la Iglesia. Renovó la eclesiología centrándola en la comunión del Pueblo de Dios, sacerdotal, profético y regio (LG 9ss). El bautismo nos constituye en “pueblo de Dios, hace partícipes de la función sacerdotal, profética y regia de Jesucristo, capacita para ejercer la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo” (LG 31). Aunque hace ya más de medio siglo del Vaticano II, la Iglesia se sigue entendiendo como la comunidad de clérigos, con algunos adláteres ligados con votos. Los laicos siguen siendo receptores pasivos de la salvación dada por los clérigos. 

Investigaciones muy numerosas coinciden en que los “dirigentes” de las iglesias primeras no ejercían culto alguno, ni se les llamaba “sacerdotes”. Sus nombres, de origen profano, aludían a sus funciones: vigilantes-supervisores (epíscopos), mayores (presbíteros), servidores (diáconos y diáconas), viudas, maestros, guías… Supeditados a la comunidad que los elegía y a la que debían rendir cuentas, no eran vitalicios en contra de la voluntad de la comunidad. 

El proceso de “sacerdotalización” de los ministerios fue fruto, en gran medida, de querer demostrar la continuidad de la Nueva Alianza con la Antigua, negada por parte del gnosticismo (movimiento filosófico y teológico que fusiona principios orientales con ideas filosóficas griegas y doctrinas cristianas). Los gnósticos explican el bien y el mal, según la creencia maniquea -propuesta por el persa Maní-, como procedentes de dos principios distintos: el Ser supremo y el Demiurgo. Éste, eón del Ser supremo, quiso ser superior a él, se rebeló y fue arrojado del reino de la luz. Él es creador de la materia y del ser humano, y de la lucha constante entre el hombre y Dios; es el Dios del Antiguo Testamento. Las almas humanas, partes de luz divina encerradas en la materia, esperan ser rescatadas. Para ello es enviado Cristo, eón divino fiel al Ser supremo, comunicador del conocimiento (la gnosis) que libra de la materia y hace volver al Ser supremo. No salvan, pues, las buenas obras, sino el buen conocimiento. 

Contra la interpretación gnóstica, los cristianos tienen a Jesús por el Mesías aludido en la Ley y los Profetas. Continuidad de Dios, pero no de sacerdocio. El fundador del Nuevo Testamento, Jesús no es sacerdote del Templo. Reúne discípulos y forma una comunidad, familia de hermanos, basada en vivir la voluntad del Padre, el Reino de Dios, guiados por su Espíritu. Los apóstoles no usan poderes sacerdotales. De Pablo sabemos que participaba de la “fracción del pan” (He 20, 7), pero nada se sabe si la presidía. Sólo un escrito del Nuevo Testamento, la Carta de los Hebreos, interpreta la vida de Jesús como sacerdotal. Se trata de un sacerdocio existencial, vital, único, en el que se integran los bautizados. Los dirigentes son “guías” (egoumenoi”, nombrados por la comunidad y actúan colegialmente. Se encargan de anunciar de la Palabra y de ser ejemplares (Heb 13,7), “se desvelan por vuestro bien, sabiéndose responsables; así lo harán con alegría y sin lamentarse” (13,17). Sin función cultual. Nada se dice de la eucaristía, porque no se la consideraba entonces expresión o confirmación de la fe, ni como sustituta del culto judío. 

A finales del s. II, los guías eclesiales empiezan a distinguirse y recabar para sí un carácter sagrado, no evangélico. Se creen en continuidad con el sacerdocio antiguo: los obispos, los sumos sacerdotes; los presbíteros, sacerdotes; diáconos, levitas. Se elevan a categorías u órdenes. “Orden” en la cultura romana era una “clase social”. “Así, entre los siglos III y IV, en la Iglesia nació el clero. Y con el clero se marginó el Evangelio del centro de la Iglesia… El centro lo ocupó el clero… `El clero se volvió distinguido porque era privilegiado´” (Castillo: El Evangelio marginado. Desclèe de Brouwer. 2019. P. 70). 

Benedicto XVI utiliza esta continuidad sacerdotal para justificar la ley del celibato en la Iglesia. Alude a la “conciencia colectiva de Israel”: “La abstinencia sexual, en los periodos en que ejercían el culto y, por tanto, estaban en contacto con el misterio divino”, era un deber estricto de los sacerdotes judíos. Los sacerdotes judíos “solo debían consagrarse al culto durante determinados periodos”. Por ello “matrimonio y sacerdocio eran compatibles” en periodos no cultuales. Pero los sacerdotes del Nuevo Testamento tienen que celebrar la misa incluso a diario. Luego “toda su vida está en contacto diario con el misterio divino. 

Eso exige por su parte la exclusividad para Dios. Quedan excluidos, por tanto, los demás vínculos que, como el matrimonio, afectan a la totalidad de la vida. De la celebración diaria de la Eucaristía, que implica un estado permanente de servicio a Dios, nace espontáneamente la imposibilidad de un vínculo matrimonial. Se puede decir que la abstinencia sexual, que antes era funcional, se convierte por sí misma en una abstinencia ontológica.” (Desde lo más hondo de nuestros corazones. R. Sarah con J. Ratzinger, Benedicto XVI. Ed. Palabra. Madrid 2020. P. 50-52). Tesis negada expresamente por el Vaticano II: “el celibato no es exigido por la naturaleza misma del sacerdocio, según la práctica de la Iglesia primitiva (1Tim 3,2-5; Tit 1, 6) y la tradición de las Iglesias orientales…” (PO 16) 

El protagonista del Sínodo de la Sinodalidad

 

por Isabel Corpas 

Se inauguró este fin de semana en Roma la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos –el Sínodo de la Sinodalidad– y el próximo 17 será la inauguración a nivel mundial en todas las diócesis. Es la Iglesia en camino que toma aire –propiamente se llena de Espíritu Santo– para iniciar una nueva etapa del camino eclesial que, como invitó Francisco en su homilía de la misa inaugural, se proyecta como camino de encuentro, de escucha y de discernimiento

Una nueva etapa en el camino eclesial 

Digo nueva etapa porque el caminar de la Iglesia, desde Jerusalén hasta nuestros días, ha estado jalonado por reuniones regionales y ecuménicas de obispos. Nueva, porque se dibuja como una etapa diferente de las anteriores, como quiera que en las periferias de la Iglesia hemos empezado a sentir que no somos únicamente espectadores y destinatarios de las decisiones de los obispos y que, como invitó Francisco en la misa inaugural “al dar inicio al itinerario sinodal, todos –el Papa, los obispos, los sacerdotes, las religiosas y los religiosos, las hermanas y los hermanos laicos–” estamos invitadas e invitados a participar. Y es nueva esta etapa porque son nuevas la interpretación y la praxis de la sinodalidad planteadas por Francisco. 

En cuanto a la praxis de la sinodalidad, pocos meses después de su elección comentó que “es tiempo de cambiar la metodología del Sínodo, porque la actual me parece estática” (Entrevista con Antonio Spadaro. La Civiltà cattolica, 2013), e introdujo un primer cambio, para ampliar la consulta, convocando el Sínodo de la Familia 2014-2015 en dos momentos y a lo largo de dos años. 

Amplió una vez más la consulta para escuchar las voces de los jóvenes en la siguiente Asamblea General del Sínodo de los Obispos, en 2017, y aún más todavía en la Asamblea Especial para la Región Panamazónica del Sínodo de los Obispos de 2019 en cuya preparación y desarrollo fue novedosa la amplia escucha sinodal y la amplia participación de líderes indígenas y agentes de pastoral, entre quienes se contaban numerosas mujeres. 

Más que una encuesta 

Y el actual camino sinodal también ofrece como novedad que “se han previsto tres fases, que se realizarán entre octubre de 2021 y octubre de 2023”, dijo recientemente Francisco en su encuentro con los fieles de la diócesis de Roma y subrayó: “Este itinerario ha sido pensado como dinamismo de escucha recíproca que se llevará a cabo en todos los niveles de la Iglesia, con la participación de todo el pueblo de Dios. El cardenal vicario y los obispos auxiliares deben escucharse, los sacerdotes deben escucharse, los religiosos deben escucharse, los laicos deben escucharse. Y además, todos escucharse unos a otros. No se trata de recoger opiniones, no. No es una encuesta; se trata de escuchar al Espíritu Santo”. 

Esta novedad en la praxis ha estado acompañada por la novedad de la interpretación de la sinodalidad: en su discurso del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos (2015) recordó “que el Pueblo de Dios está constituido por todos los bautizados” y que “el sensus fidei impide separar rígidamente entre Ecclesia docens y Ecclesia dicens”, como también que “una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha, con la conciencia de que escuchar ‘es más que oír’ (EG 171). Es una escucha recíproca en la cual cada uno tiene algo que aprender. Pueblo fiel, colegio episcopal, obispo de Roma: uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo”. 

El protagonismo del Espíritu Santo 

Tanto la praxis como la interpretación de la sinodalidad planteadas por Francisco destacan el protagonismo del Espíritu Santo. Y así lo reafirmó en el discurso inicial del proceso sinodal –“el protagonista del Sínodo es el Espíritu Santo. Si no está el Espíritu, no habrá Sínodo”– en el que sus palabras se hicieron oración y como prolongación de la tradicional plegaria inaugural Adsumus Sancte Spiritus: “Queridos hermanos y hermanas, que este Sínodo sea un tiempo habitado por el Espíritu. Porque tenemos necesidad del Espíritu, del aliento siempre nuevo de Dios, que libera de toda cerrazón, revive lo que está muerto, desata las cadenas y difunde la alegría, nos guía hacia donde Dios quiere, y no hacia donde nos llevarían nuestras ideas y nuestros gustos personales”. 

Hubo una vez una Iglesia… (y II)

Por Cristina Inogés

Terminaba el artículo anterior diciendo que tendríamos que aprender a ser Iglesia de otra manera: “Una Iglesia que cambiará de tal manera que no será ya solo la Iglesia de los ordenados, sino la Iglesia de todos los bautizados. ¿Lo conseguiremos? Más vale, porque si no…” 

 
Se acaban de presentar el Documento Preparatorio y el logo del Sínodo 2021-2023 en una rueda de prensa desde la Sala Stampa del Vaticano y transmitida a todo el mundo por facebook. Buenas intervenciones –algún comentario habría que puntualizar– y documentos ya públicos. ¿Qué reacciones han causado en nuestra Iglesia española? Basta darse un paseo por las páginas web de las diócesis y ver las redes sociales. La palabra que define la situación es una: Silencio. 

¿Por qué ese silencio? 

Es verdad que no es en la única Iglesia en la que esto ha pasado, pero, antes que comentar lo que pasa en otras, habrá que averiguar qué pasa en la nuestra. ¿Por qué ese silencio? ¿Por qué todavía hay buena parte del clero que, sorprendido, pregunta que de qué Sínodo estamos hablando? ¿A nadie le preocupan las cifras históricas de no creyentes y de personas para las que la Iglesia es algo totalmente desconocido? ¿Es miedo al cambio? ¿Miedo a una “supuesta” novedad que fue lo normal durante mil años en nuestra Iglesia? ¿Miedo a una forma de ser Iglesia que vieron y vivieron a fondo personas como san Carlos Borromeo? 

¡Vamos a probar a ser positivos! No hay mucho tiempo, pero podemos intentarlo. Tenemos los documentos, un logo colorista, con contenido y que no hace falta explicar mucho. Y hasta el 17 de octubre, fecha en la que se inicia el Sínodo en las diócesis podemos ponernos las pilas, si se me permite la expresión. 

Cada diócesis tiene libertad absoluta para adaptar los documentos del Sínodo a su realidad y circunstancia. Se ha hecho así para que cada equipo diocesano, nombrado por el arzobispo, y a cuyo frente se aconseja que haya dos personas siendo una de ellas un laico/a (para que no haya duda), pueda plantear el plan de trabajo sinodal más adecuado a su situación. Desde la Secretaría del Sínodo se facilitan todas las explicaciones y se resuelven todas las dudas que puedan aparecer. Por esta parte ya no hay excusa. 

La riqueza de la Iglesia 

Lo más importante y lo más complicado por la falta de costumbre, es la fase de la escucha. Aquí sí que sería interesante dejarse aconsejar por profesionales que faciliten esos encuentros y nos enseñen, de verdad, qué es la escucha. También será necesario adentrarse en el discernimiento que, aunque no se aprende de la noche a la mañana, necesita de su rodaje. 

Tenemos todo a favor, ¿por qué no aprovechamos la oportunidad? ¿Somos conscientes de a qué nos enfrentamos si no conseguimos crear, al menos, la curiosidad por aprender a ser Iglesia de otra manera? 

La riqueza de nuestra Iglesia, es decir, nuestra riqueza, no está solamente en su patrimonio, en sus archivos y bibliotecas –que son un legado impresionante y a través del cual conocemos nuestra historia– sino que está en las personas porque somos artífices de hacer realidad el reino de Dios en el mundo y en la sociedad en la que nos toca vivir

La riqueza de nuestra Iglesia, es decir, la nuestra, está en esa capacidad de diálogo con la que nos creó Dios porque, desde el principio, la historia de amor de Dios con el hombre está indisolublemente unida a las palabras que nos decimos cara a cara o, mejor dicho, mirándonos a los ojos. También sabiendo escuchar el lenguaje gestual, corporal, porque uno de los relatos míticos de la creación del hombre nos cuenta que Dios nos hizo acariciando barro y ahí también estaba hablando. Por supuesto las circunstancias que rodean a las personas son fuente inagotable de comunicación. 

La riqueza de la Iglesia, es decir, la nuestra, está algunas veces escondida en situaciones a las que no nos acercamos por mil motivos distintos, y de las que podemos aprender mucho para corregir nuestros errores y meteduras de pata y, así, no causar más dolor. 

La riqueza de nuestra Iglesia, es decir, la nuestra, está en que Dios nos hizo a todos iguales –y en la Iglesia se hace realidad por el bautismo– y, por lo tanto, lo que en ella acontece nos interpela y nos interesa a todos, y por todos debe ser decidido. 

La riqueza de nuestra Iglesia, es decir, de todos, está en mostrar que somos capaces de asumir responsabilidades hasta ahora vetadas a los laicos, como participar en la elección de candidatos al obispado, por ejemplo, y que podrían evitar algunos problemas posteriores y hasta sufrimientos a quienes puedan llegar a ser obispos sin ser ese su mejor destino en la Iglesia. 

La riqueza de nuestra Iglesia, es decir, la nuestra, está en sentirnos de verdad comunidad que camina junta, que sabe seguir andando y que, cuando los rezagados se unen al camino, los acoge sin reproches, con caridad y animándolos a sumarse a la construcción de una nueva forma de ser Iglesia. 

La riqueza de nuestra Iglesia, es decir, la nuestra, está en saber que no nos enfrentamos con posiciones ideológicas y que el Espíritu nos acompaña, nos aconseja, y nos señala el camino sutilmente porque al Espíritu no le gustan las algarabías ni los triunfalismos. 

Si no conseguimos empezar a cambiar a una nueva forma de ser Iglesia, y este Sínodo es la posibilidad que se nos brinda por primera vez en la historia, dentro de muy poco tiempo ya no quedarán ni rescoldos que reavivar. 

¡Vamos a ser valientes! ¡Vamos a tomarnos en serio nuestra responsabilidad de ser cristianos! ¡Vamos a ser positivos! ¡Vamos a abandonar egos opresivos! Solamente así, dentro de muchos años, cuando alguien decida investigar qué pasó en aquel Sínodo que se convocó entre octubre de 2021 y noviembre de 2022, podrá decir: Hubo una vez una Iglesia… De nosotros depende que añada, para finalizar la frase unos de estos dos adjetivos: cobarde (creyéndose dueña de sus fuerzas) o valiente (confiando plenamente en el Espíritu)

Mons Lozano: Hay que ejercer la sinodalidad de hecho

Moneñor Lozano: “El clericalismo es un impedimento a la construcción sinodal” 

Mons Lozano

Los aportes desde América Latina al proceso de preparación del sínodo sobre sinodalidad pueden contemplarse a partir de dos dimensiones: la reflexión teológico-pastoral y de la puesta en práctica de la sinodalidad como escucha, diálogo y participación 

Lo afirmó monseñor Jorge Lozano, Secretario General del CELAM y obispo de San Juan, Argentina en entrevista 

El proceso de escucha a individuos, comunidades, instituciones y asociaciones ha incluido a más de sesenta mil personas, y uno de los núcleos preocupantes es cómo logramos ser una Iglesia en salida 

Otro tema, expresó el obispo de San Juan es el tema del clericalismo, que muestra “una Iglesia demasiado dependiente del ministerio ordenado y con poco espacio de participación para los laicos” 

Monseñor Lozano puso en evidencia la necesidad de potenciar una Iglesia en salida, una “Iglesia en la que estemos incluidos todos (…) Esto es obra del Espíritu Santo”, afirmó 

“El hecho de ser Pueblo de Dios nos tiene que hacer superar la mentalidad de ser clanes (…) y el ser Pueblo lo facilita el hecho de ser bautizados en el mismo Espíritu” 

Por | Manuel Cubías 

(Vatican News).- Monseñor Jorge Lozano, Secretario General del CELAM y obispo de San Juan, Argentina, participa en la apertura del camino sinodal que tiene lugar en Roma del 9 al 12 de octubre

El aporte de la Iglesia latinoamericana al camino sinodal se puede contemplar desde dos dimensiones: primero, la reflexión teológico-pastoral para la realización de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe y sobre “el modo de vivir nuestra pertenencia a la Iglesia”. En segundo lugar, la dimensión de la “puesta en práctica” de esta reflexión, que va más allá de “hablar sobre sinodalidad, sino de ejercerla de hecho, este tiempo de escucha, de diálogos, de encuentros ha sido un tiempo muy rico de participación de todos los miembros del pueblo de Dios”. 

La escucha, un aporte desde América Latina 

El proceso de escucha a individuos, comunidades, instituciones y asociaciones ha incluido a más de sesenta mil personas. Uno de los temas que preocupan a la Iglesia en América Latina y que está recogido en la “Síntesis”, afirma monseñor Lozano es “la dimensión misionera de la vida de la fe (…) uno de los núcleos preocupantes es cómo logramos ser una Iglesia en salida”. 

Otro tema, expresó el obispo de San Juan es el tema del clericalismo, que muestra “una Iglesia demasiado dependiente del ministerio ordenado y con poco espacio de participación para los laicos”. 

Otra preocupación es el tema ambiental, “el cuidado de la casa común (…) que está presente en Querida Amazonia y que está generando en el continente una conciencia muy importante de los atropellos que hay hacia el cuidado de la naturaleza”. 

“Lo que tiene que ver con la democracia, afirma Lozano, es otro tema. “El estilo de convivencia entre nuestros pueblos, como la necesidad de un fortalecimiento de las estructuras sociales y políticas y la defensa y promoción de los Derechos Humanos. 

Estructuras más ágiles para construir la sinodalidad 

El Secretario General del CELAM subrayó que la renovación de esta institución y la creación de otras como la CEAMA, buscan potenciar la sinodalidad en América Latina, pero también buscan contar con estructuras más ágiles que cuenten con laicos, religiosos y religiosas que sean expresión de la diversidad de vocaciones del Pueblo de Dios y que permitan “lograr una mirada más abarcativa de la realidad”. 

Unidad y diversidad obra del Espíritu Santo. Superar la mentalidad de ser clanes 

Monseñor Lozano puso en evidencia la necesidad de potenciar una Iglesia en salida, una “Iglesia en la que estemos incluidos todos (…) Esto es obra del Espíritu Santo”, afirmó. 

La diversidad de idiomas, de colores de piel, de modos de vestirse, de cómo el Evangelio se encarna en cada cultura. El Concilio Vaticano II recoge que la universalidad y la diversidad con obra del mismo Espíritu, “que suscita diversidad de carismas y que al mismo tiempo obra la comunión”. 

El hecho de ser Pueblo de Dios nos tiene que hacer superar la mentalidad de ser clanes (…) y el ser Pueblo lo facilita el hecho de ser bautizados en el mismo Espíritu”, afirmó el prelado argentino quien subrayó: “Es un desafío para que todos se sientan interpelados y todos podamos asumir este llamado de Jesús de ir a todos los pueblos a anunciar la Buena Noticia”. 

Desafíos para construir una Iglesia más participativa, más inclusiva 

El obispo de San Juan enumeró algunos desafíos muy actuales: el marcado individualismo; la autorreferencialidad; la idea de “sálvese quien pueda”; la pobreza; la exclusión social y el peligro de la exclusión religiosa; el exceso de información, “que conspira contra el poder construir juntos, son algunos de los elementos que impiden construir unidad. 

Ante estos desafíos, Lozano cita al Papa Francisco, quien ha afirmado en numerosas ocasiones que “todos estamos en la misma barca”. Sólo desde la unidad en la diversidad, que es posible gracias al Espíritu Santo, es posible enfrentar los desafíos y superarlos 

El relator del Sínodo

Hollerich, relator del Sínodo de la sinodalidad: “Las páginas están en blanco, vosotros tenéis que rellenarlas” 

El arzobispo de Luxemburgo presentó el proceso como “un gigantesco rompecabezas en el que todos pueden participar, especialmente los más pobres, los que no tienen voz, los que están en la periferia” 

El cardenal Hollerich

Junto con el cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos, el cardenal Jean-Claude Hollerich, como relator general del sínodo de la sinodalidad ha saludado a los presentes en el encuentro de Reflexión con el que ha dado inicio en el Vaticano esta nueva cita que comprende una amplia consulta en todas las diócesis del mundo. “Cuando caminamos, alguien tiene que elegir la dirección del viaje. Este papel corresponde al Espíritu Santo”, destacó. 

Un viaje juntos 

El arzobispo de Luxemburgo definió el sínodo como “un gigantesco rompecabezas en el que todos pueden participar, especialmente los más pobres, los que no tienen voz, los que están en la periferia. Si excluimos a cualquier jugador, el rompecabezas no estará completo. Es el Espíritu Santo el que inspira nuestras intervenciones y nos lleva a completarlas”, añadió. 

“Vamos a empezar un viaje juntos, una Iglesia, un viaje en el que los Pastores tienen que escuchar la voz de las ovejas”, destacó. “La escucha es el paso de un “yo” a un “nosotros”. Escuchar es una cualidad divina”, añadió. “Las páginas están en blanco, vosotros tenéis que rellenarlas. Lo único que puedo decir es que no lo haré solo, un instrumento de trabajo sobre la sinodalidad sólo puede provenir de un trabajo en equipo”, apuntó sobre su tarea de relator. 

La comunión es la garantía de la participación 

“No somos los dueños del Evangelio, somos sus servidores. Nuestra escucha debe incluir siempre nuestra conversión al Evangelio, al Evangelio que es al mismo tiempo la palabra viva de Cristo y la palabra de la Iglesia”, interpeló directamente a los obispos. “El camino sinodal en la diócesis debe abrirse con una oración verdadera y profunda.Sólo la oración puede llevarnos a una actitud interior de apertura y disponibilidad (lo que se llama indiferencia) y a la paz para tomar decisiones en libertad”, recomendó. 

Ante los actos iniciales de este proceso sinodal, destacó que “podemos ver la Iglesia jerárquica en funcionamiento. También podemos ver aquí una garantía de catolicidad, es decir, de la universalidad del Sínodo, una garantía de que no estamos en camino sólo con un grupo de amigos que piensan como yo. Volviendo a la imagen del rompecabezas, éste sólo estará completo cuando los jugadores de los diferentes continentes, de las diferentes realidades eclesiásticas, hayan unido sus piezas”. “La comunión es la garantía de la participación y la participación universal”, sentenció. Y advirtió que “la comunión sin misión no durará en el tiempo”.