La necesidad de un cambio en la Iglesia

BÄTZING: SI NO CAMBIAMOS NADA EN LA IGLESIA, NOS QUEDAMOS “A CERO”

col renardo

Como Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, el Obispo Georg Bätzing de Limburgo habla en nombre de la totalidad del episcopado alemán. Pero también se hace cargo de posicionamientos netos, eclesiales y políticos, sobre, por ejemplo, la cuestión de las mujeres o sobre el tema del celibato. En esta entrevista, explica por qué la moderación y la ansiedad son caminos equivocados. También habla sobre su vida en su comunidad cristiana, siendo niño, cuando un sacerdote abusó de niños y jóvenes, y señala que las víctimas tienen derecho a que los abusadores sean procesados.

Pregunta: La Iglesia está en crisis, pero no sólo por los abusos. El número de miembros, nuevos sacerdotes y fieles, está disminuyendo rápidamente. ¿La iglesia está caminando hacia un muro? No parece que haya una apuesta por soluciones reales, sino más bien una gestión de la escasez.

Bätzing: Comparto esta preocupación. Si no cambiamos nada, entonces seremos radicalmente cambiados. Vamos a acabar en cero. El desarrollo posterior, la continuación de la tradición, se ha estancado durante décadas, y somos enormemente conscientes de los efectos de esto. Por eso, también creo que necesitamos un cambio radical de perspectiva en la Iglesia.

Tenemos que desechar la pregunta: “¿Qué será de nosotros?”. A menudo escucho el lamento por lo que ya no existe. Esta pregunta no sirve de nada, solo conduce a la frustración y a la resignación. Y, noto esto con muchos voluntarios y empleados a tiempo completo, en particular cuando se formulan preguntas culpabilizadoras: ¿Quién tiene la culpa? Durante mis visitas, a menudo digo “ninguno de nosotros tiene la culpa” con la intención de posibilitar un poco de libertad. Es necesario este cambio de perspectiva. No “¿Qué será de nosotros?”, sino “¿Para qué o para quién estamos aquí?”. Porque tenemos un mensaje del que estoy muy convencido. El Evangelio continúa desplegando su poder hoy. Los sacramentos están ahí para las personas y para el trabajo diario.

Siempre nos preguntamos: ¿Cómo detenemos la crisis? No estamos deteniendo la crisis. La crisis está en marcha y también tiene que ver con tendencias sociales que no podemos controlar en absoluto. La individualidad, la pluralidad que separa en lugar de unir y muchos otros elementos. No estamos deteniendo la crisis, pero debemos preguntarnos: ¿Qué nos detiene la crisis? Porque creo que Dios nos da un mensaje con los signos de los tiempos.

Pregunta: ¿La gente todavía está interesada en este mensaje?

Bätzing: Sí, pero necesitamos nuevos puntos de contacto. Mi experiencia es que cuando nos adentramos en otros entornos, descubrimos personas que tienen las mismas preguntas que nosotros. Es posible que no te la formulen de manera clamorosa o que no tengan personas con las que hablar de ello. Cuando te haces presente allí, de manera desinteresada, surgen, de repente, preguntas. Eso es lo que hemos aprendido maravillosamente con la cultura de la acogida. Abre espacios y movimientos de búsqueda. Pero no en masa. También debemos decir adiós a esto último. Ya no seremos un movimiento de masas. Sin embargo, soy un gran defensor de que la Iglesia debe convocar siempre a todos. No debemos convertirnos en una secta. No digas: “Lo estamos haciendo muy bien, independientemente de que la gente se vaya o camine con nosotros”. No. Ese no es nuestro trabajo.

Pregunta: Usted tiene posiciones claras, por ejemplo, sobre el tema de los ministerios ordenados para las mujeres o en el debate sobre el celibato. En esos asuntos, como Presidente de la Conferencia Episcopal, usted ya no habla sólo a título personal, sino también en representación de otros obispos. ¿No tendría que haber más moderación de su parte?

Bätzing: Suelo decir, un poco en broma: Los hermanos me eligieron habiendo sido obispo solo durante cuatro años. Ellos conocen cuáles son mis convicciones. También saben que no estoy aguantando la montaña. Y también que soy crítico. Si no te gusta lo que estoy diciendo, puedes decirlo, incluso públicamente. Pero ahora no es el momento de la moderación. No soy obispo para otros obispos, sino para los fieles de mi diócesis. Todos tienen derecho a saber lo que pienso y cómo me posiciono. A este respecto, es un deber de conciencia decir muy claramente, aquí y allá, lo que pienso.

Pregunta: Sin embargo, hay que esperar que cada palabra que diga acabará plasmada en titulares nacionales e, incluso, internacionales. ¿Cómo lleva este asunto?

Bätzing: Tengo 60 años. El tiempo de la ansiedad se me ha terminado. Ese es un tiempo pasado. Hubo momentos en los que estaba mucho más ansioso, era más reservado. Pero hay tanto en juego en nuestro tiempo, que es importante decir lo que pensamos. Si no podemos hacer esto en la Iglesia, realmente me preguntaría si este sigue siendo mi hogar, y lo es.

Pregunta: Usted planteó la cuestión de la criticidad. ¿Hay algún punto en el que haya cambiado su opinión por causa de tales críticas o de los argumentos escuchados?

Bätzing: En el transcurso de mi vida, diría que ciertos puntos de vista han devenido mucho más claros. Considero que la cuestión de la mujer en la Iglesia es la pregunta decisiva para el futuro. Me he vuelto mucho más confiado al respecto, también criticando mi anterior posicionamiento. He estado muy influenciado por Hans Urs von Balthasar. La tipología de género, que juega un papel importante en su trabajo, especialmente en lo que respecta al ministerio sacramental. Este posicionamiento me convenció durante mi tiempo como joven sacerdote y también como estudiante de teología. Yo también lo defendí. He llevado esto a las discusiones. Pero las discusiones me han cambiado, de modo que hoy diría que esta herramienta teológica de la tipología de género, que se puede encontrar, hasta las imágenes del Nuevo Testamento de los novios, ya no puede ser un modelo en nuestro tiempo, porque no nos ayuda en los problemas que tenemos que superar.

Al menos no, si lo miras de forma aislada.

Así que he cambiado mucho en la cuestión, de modo que incluso antes de ser ordenado como obispo, dije: Ya no puedo aceptar que los argumentos a favor del sacerdocio reservado para el hombre sigan siendo realmente aceptados en el pueblo de Dios. Y esa es una cualidad teológica. Si eso ya no sucede, tengo que preguntarme si puedo argumentar de esa manera. Esa es la pregunta que me hago. ¿Podría imaginar a una mujer asumiendo un ministerio sacramental en la Iglesia? Hoy digo: Sí, puedo.

Pregunta: el camino sinodal. Después de la segunda asamblea sinodal en Frankfurt, a principios de octubre, hay mucho viento en contra para el proyecto de reforma alemana, tanto en el Vaticano como en la Iglesia universal. Muchos de los puntos discutidos solo pueden decidirse en el nivel más alto de la iglesia mundial, no en Alemania. ¿No está ya preprogramado el fracaso del proyecto? Alemania decide sobre reformas que no se pueden implementar más adelante. Entonces, al final, solo va a haber más decepción y estaremos peor que antes.

Bätzing: No le tengo miedo a eso. Estamos en una posición muy mala a los ojos del público y, sobre todo, en la mirada de nuestros propios miembros de la Iglesia. El hilo de la paciencia está tensionado y es fácil de romper, incluso con los que se encuentran altamente conectados. El alto número de renuncias a la iglesia – ya podemos adivinar que este año no van a ser menos, y que probablemente más personas dejarán la iglesia – así lo indica: Te lo estamos diciendo. No estamos satisfechos con cómo está cambiando la Iglesia y con el ritmo del cambio. Nos gustaría seguir formando parte de ella. Queremos mantener nuestra fe, pero no vemos cómo podemos hacer eso con esta Iglesia.

¿Qué pasa después del escándalo de abusos en la Iglesia Católica en Alemania? En la Asamblea Plenaria de Primavera 2019 en Lingen, los obispos alemanes decidieron abrir un Camino Sinodal. Junto con todos los fieles, quieren iniciar reformas. Los temas: abuso de poder, moral sexual, celibato y el papel de la mujer.

Así que el drama ya está ahí. Eso no puede ser peor. Con respecto al Camino sinodal, sólo puedo repetir lo que dijo Thomas Sternberg. Se trata de gestionar las expectativas. ¿Tengo la expectativa de que el Camino sinodal ahora pide el sacerdocio para las mujeres? Si lo exigiera, sabemos lo que Roma y el Papa deben responder. Ahora no se puede introducir en absoluto, sino sólo mediante un proceso conciliar. Por lo tanto, esta demanda sería imprudente y, en mi opinión, es algo que no va a pasar.

Desde la “Ordinatio sacerdotalis” del Papa Juan Pablo II en 1994, se ha presentado el asunto de las mujeres como algo ya resuelto y cerrado. Pero reflexionemos sobre nuestra situación cultural y eclesial: para los fieles, y para muchos ministros, la cuestión no está cerrada. Está abierta, se pedirá su reapertura, pero no se quedarán tranquilizados. A pesar de que las mujeres ahora están asumiendo muchas posiciones de liderazgo en la Iglesia y participando en las decisiones, y, con suerte, muchas más en el futuro.

Pregunta: Entonces, ¿hay que dejar en claro dónde están los límites, pero aún así no cerrarse a la discusión?

Bätzing: Así es. Esto también se aplica a la cuestión del sacerdocio. Creo que aquí estamos aportando buenos argumentos a favor de un sacerdocio, que bien puede estar vinculado al matrimonio. Y no estamos solos. Pero también sabemos que no aboliremos el celibato – esa es siempre la fórmula corta – como iglesia en Alemania. Pero queremos proporcionar argumentos sobre por qué esto, tal vez, podría remediar la difícil situación de los sacramentos en nuestra situación actual. Esto no es solo una necesidad en la Amazonía, esta es también una necesidad aquí, en nuestro país.

Pregunta: El tema del abuso sexual. El estudio MHG de 2018 produjo un gran shock, aunque había estado claro, desde 2010, que se había dado escándalo de abuso. Incluso antes de su tiempo como obispo,  siendo sacerdote y durante su formación para el presbiterado. ¿Qué pensó realmente al respecto? ¿Todos eran casos aislados?

Bätzing: En la formación sacerdotal no me encontré con tales comportamientos. Más tarde, después de 2010, en mi tiempo como vicario general, me di cuenta de que se había aislado a seminaristas que habían experimentado abusos. No en el entorno del seminario, sino en las parroquias. Esa fue una información aterradora, que me abrió los ojos.

Yo mismo vengo de una parroquia donde había un sacerdote que abusaba de jóvenes, abusaba de niños. Y pude ver en este ejemplo todos los elementos estructurales que hemos descubierto: el silencio, el alejamiento de los jóvenes; la búsqueda de vías para que el perpetrador fuera inofensivo, por así decirlo. Todo lo referente a las víctimas apenas fue tomado en consideración. Hasta la fecha, no ha habido una comunicación real al respecto. Eso fue en los años 60, gracias a Dios, antes de que yo fuera un adolescente.

Siempre he tenido un conocimiento al respecto, pero muy inespecífico, porque no se hablaba de ello. En este sentido, básicamente tuve que pasar por todo el proceso de aprendizaje por mí mismo, personalmente. También con la decepción de lo que hacen los sacerdotes cuando abusan de su poder y poder espiritual de esta manera. Tengo que decir honestamente que esto también es una decepción para mí, como sacerdote: que este poder no se use para promover la fe, sino para abusar, dañando a las personas durante toda su vida y arrancando la fe de sus corazones.

Y junto con este proceso de aprendizaje, el cambio de perspectiva hacia la centralidad de las víctimas, de los supervivientes, como a menudo se llaman a sí mismos, para prestarles atención. Esto es algo que he tenido que aprender. Y lo he tenido que aprender con mucho esfuerzo.

Pregunta: Sin embargo, la percepción pública sigue siendo fatal. El panorama que emerge es el de encubrimientos; y de las concesiones, solo cuando es absolutamente necesario. Pero contamos con la buena voluntad de muchos. Y también con que se está trabajando mucho en los campos de la prevención y de la reevaluación. ¿Por qué todavía la curva (de abandonos) no se para o se estabiliza y desciende?

Bätzing: Esa es una preocupación legítima. Supongo que eres un creyente que quiere confesar de nuevo, con la cabeza en alto y la espalda recta: soy católico. Muchos ya no pueden hacer esto porque tienen que justificarse. Esto tiene que ver con la confianza perdida. Mi experiencia es que lo que estamos haciendo ahora, no debemos hacerlo para recuperar la confianza, sino porque es algo que se lo debemos a las víctimas. Tenemos que hacer todo lo que podamos. Si la nueva confianza crece o no, es algo que ya no está en mis manos, eso está en manos de otros. La confianza se da, no se compra ni se gana.

También me doy cuenta de esto como obispo de Limburgo. Recientemente tuvimos un gran congreso sobre cambios de fondo en la diócesis, con muchos participantes. Me gustaría que esto se debatiera ampliamente. En un momento dado, el moderador preguntó: “Sr. Obispo, ¿se puede confiar en usted?” Esa fue una buena pregunta. Le respondí: La confianza sólo se puede dar. Te la doy. A veces me digo a mí mismo: He estado aquí durante cinco años y lucho: ¿Qué más debo hacer? – Pero eres tú quien decide si confías en mí o no.

Y lo mismo vale para la cuestión de los abusos, los escándalos financieros y la crisis de confianza que hay en Colonia. Tenemos que hacer nuestro trabajo. Pero entiendo la impaciencia de muchos creyentes que dicen: Pronto ya no podré seguir confiando. No siempre quiero tener que justificarme a mí mismo de por qué pertenezco todavía a este “negocio”.

Caminar en el Espíritu para Colaborar en Armonía

Por  Fray Alfredo Quintero Campoy

En este segundo domingo del tiempo ordinario se nos invita a reconocer el don o los dones que nos han sido comunicados.

Una de las más grandes dificultades que atravesamos, en nuestra frágil humanidad, es la fuerte tentación de ser reconocidos, aplaudidos o estar por encima de los demás, olvidando la belleza de la armonía e integración de los otros desde nuestra propia identidad.

Muchas veces buscamos la felicidad en el prevalecer sobre los demás, olvidando o descuidando nuestra propia identidad en nuestra estructura personal que nos constituye.

Muchas veces combatimos y peleamos con los demás, olvidando lo más importante: ser nosotros y dejar ser al otro con sumo respeto, promoviendo o facilitando una integración, que se revela fuerte en conjunto, con una imagen de rostro que involucra a todos y donde todos estamos incluidos, en la variedad de las personalidades e individualidades.

Nos complicamos mucho la vida cuando no somos capaces de gestar comunión. Como bautizados, tenemos una naturaleza de comunión que late en nosotros por la misma realidad de ser vida en el Espíritu de Dios.

Ciertamente debemos trabajar mucho nuestra débil humanidad, la cual nos impulsa constantemente, en su fragilidad, a buscar la competencia con la intención de estar sobre el otro o eliminarlo, en lugar de integrarlo y fortalecernos para avanzar más y mejor en todo. .

El espíritu es pronto, esta ahí, pero nuestra voluntad es la gran herramienta de conducción para unirnos con los demás y ser cada uno un nosotros. Somos Iglesia , somos Familia y somos Sociedad.

Así lo revela Jesús en el evangelio de Juan de este domingo, donde aparece María, Jesús y los discípulos como invitados a una boda. Ellos se integran a la celebración de vida festiva. Ante la dificultad vital de ese momento de no tener más vino para seguir en clima de fiesta en el amor esponsal. Ellos, María y Jesús, interviene haciendo lo que ellos pueden ayudar con la colaboración de los sirvientes disponiendo las tinajas como corresponde. Se realiza ese milagro de tener un vino exquisito, reconocido por el mismo encargado de la fiesta.

Con nuestros dones podemos ayudar a facilitar a muchos a resolver y no dificultar. Involucrarnos como parte de la vida de los demás cuando hemos sido invitados a estar ahí. Eso revela la gran fraternidad de la cual Jesús no dejara de estar insistiendo de los diferentes momentos de encuentro: con Zaqueo: este hijo de Abraham, por lo tanto, hermano de la misma raza; ámense los unos a los otros como yo los he amado; los envío de dos en dos porque así los llamó desde el principio: llamo a Simón Pedro y a su hermano Andrés.

Podemos afirmar, por lo dicho anteriormente, que el gran artífice de nuestra fraternidad es el Espíritu de Dios, que late en todos los bautizados; que nos identifica como hermanos y equivale a decir, que el Espíritu de Dios es como la sangre de los hermanos de unos mismos Padres, que está en los hermanos biológicos, y qué de manera parecida, el Espíritu de Dios está en todos los bautizados, siendo un solo Dios Padre, un solo Redentor(Jesús) y un solo dador de vida (Espíritu Santo).

De ahí que este vino, manifiesto por Jesús en las bodas de Caná, será también signo del vino tomado por Jesús en el cáliz de la última cena, para ser su sangre en todos los bautizados para seguir teniendo vida eterna y divina en Él.

Aniversario de los Acuerdos de Paz en El Salvador

El 30º Aniversario de los Acuerdos de Paz

El periodista Héctor Silva me envió una serie de preguntas interesantes de actualidad. Las reproduzco junto con mis respuestas

1. ¿Tenemos que seguir celebrando la firma de 1992? Hay mucha desilusión por una paz que muchos han calificado de mediocre. El oficialismo actual reniega de aquello y dice que no hay nada que celebrar. Pero, por otro lado, parece claro que mucho de lo que avanzamos en estas tres décadas no hubiese sido posible sin 1992. ¿Qué debemos de celebrar?

Respuesta: La firma de los acuerdos de paz es un acontecimiento muy importante en la historia de El Salvador. Por primera vez los problemas graves de enfrentamiento político y social entre salvadoreños se resolvió por la vía del diálogo racional en vez de por el camino de la fuerza bruta y la muerte o destierro del enemigo. Es cierto que después en el proceso de paz hubo algunas marchas atrás, como la ley de amnistía por ejemplo, y muy poca capacidad de impulsar un desarrollo equitativo. A todo ello lo acompañó la corrupción, el compadrazgo o amiguismo y el favoritismo político. E incluso las celebraciones de los acuerdos de paz se volvieron para mucha gente desagradables por el modo de celebrarlos sin autocrítica: Se celebraba alabando a los firmantes y a los gobiernos de turno como herederos de los acuerdos y se olvidaba a las víctimas de la guerra y a los pobres. Cuando en realidad las víctimas fueron el motor de los acuerdos, y los pobres el compromiso a solucionar. Además, a este proceso contrario a la memoria, se le unió la corrupción y el discurso demasiado vacío de los políticos, con claros signos populistas en lo poco que hacían. Es normal que haya gente que se alegre con la crítica que se hace al proceso posterior, pero no es correcto que el Gobierno mezcle los errores posteriores a los acuerdos con una dinámica, la de los acuerdos, que tiene víctimas hasta la sangre y protagonistas que nos merecen un enorme respeto.

2. Sobre la reciente iniciativa del oficialismo en torno a la masacre de la UCA. ¿Cómo lo entiende? ¿Una pretensión auténtica de justicia para las víctimas? ¿Simple revanchismo político?

Respuesta: La reciente iniciativa del sector gubernamental trata de comenzar un proceso. Es difícil en el inicio de un proceso hablar de intenciones. Lo más que se podría hablar es de escenarios. Sobre todo cuando el proceso no está plenamente iniciado. Sin embargo llama la atención y produce inquietud el hecho de que se anticipe este proceso a la formulación de una ley de justicia transicional, y que contrasten tanto las declaraciones de deseo de justicia con lo que está aconteciendo en el juicio de El Mozote, o en la parálisis de la Fiscalía frente al resto de los casos mencionados en la Comisión de la Verdad, o frente a otros casos también presentados en la Fiscalía. Solamente el Idhuca ha presentado en la Fiscalía un poco más de 60 casos, la mayoría crímenes de lesa humanidad cometidos durante la guerra civil, que duermen en la inactividad pro-impunidad de la Fiscalía.

3. Siempre sobre la masacre de 1989, ¿Cómo se entiende que el mismo gobierno que dice que no hay nada que celebrar quiera colgarse medallas con el tema judicial en torno a la masacre, cuando es un hecho que está tan relacionado a la firma de la paz? ¿Simple ignorancia?

Respuesta: El Gobierno actual ha dado muestras repetidas veces de impulsar su propia propaganda favorable, más allá de los condicionamientos éticos que toda propaganda debe tener. Ni la verdad ni la fidelidad a la historia parecen tener importancia en ese tipo de propaganda. Se trata más bien de fomentar los sentimientos de frustración de mucha gente ante la realidad política, social o judicial, y hacer signos que den la impresión de que ahora se actúa de un modo totalmente distinto al pasado.

4. ¿Cuáles son sus perspectivas sobre el futuro político del país? Hay quienes dicen que estamos ante un escenario parecido al de finales de los 70 por los niveles de persecución y por los cierres de espacios reales de participación política.

Respuesta: No creo que estemos en un escenario tan semejante al de los años 70, ni que las actuaciones presentes del Gobierno puedan llevar a respuestas semejantes a los ocurridos en los 80. Hoy hay muchos más condicionamientos legales, al menos externos, y se ha desarrollado mucho más la conciencia ciudadana en torno a la institucionalidad democrática y la importancia de los Derechos Humanos. Creo que en la medida en que la realidad económica y social se siga mostrando tan compleja y difícil como en el tiempo de los gobiernos anteriores, y en la medida también de que el actual Gobierno continúe dando muestras de un control centralizado y autoritario de las instituciones nacionales, los cambios vendrán desde el aumento de la conciencia crítica de la ciudadanía. Al final nos encontraremos con un tipo de gobierno que al estilo del último gobierno de Arena, tratará de dialogar un poco más con la gente. Lo difícil es calcular los tiempos que puede durar este proceso y los problemas que pueden surgir dentro del mismo. Pero el desarrollo de la conciencia en el país es una realidad evidente, y por el lado de la conciencia y la responsabilidad ciudadana se terminará avanzando de nuevo hacia una democracia moderna e inclusiva.

P. José Mª Tojeira

La Buena Noticia del Dgo. 2º-C

Haced lo que El os diga

Este fue el primero de los signos de Jesús

Jn 2, 1-11

En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino.»

Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.»

Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.»

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.

Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.»

Y las llenaron hasta arriba.

Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.»

Ellos se lo llevaron.

El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.»

Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

Comentario a la lectura

«Nadie en Occidente ha tenido un poder tan grande sobre los corazones»Pagola: «Jesús es de todos, no solo de los cristianos. Su vida y su mensaje son patrimonio de la humanidad»

Cena. Mino Cerezo
Cena. Mino Cerezo

«Nadie ha despertado tanta esperanza. Nadie ha comunicado una experiencia tan sana de Dios sin proyectar sobre él ambiciones, miedos y fantasmas»

«El paso del tiempo no ha borrado su fuerza seductora ni amortiguado el eco de su palabra»

«Hoy, cuando las ideologías y religiones experimentan una crisis profunda, la figura de Jesús escapa de toda doctrina y trasciende toda religión»

«Jesús puede ser hoy fermento de nueva humanidad. Su vida, su mensaje y su persona invitan a inventar formas nuevas de vida sana»

Por José Antonio Pagola

Jesús ha sido conocido siempre como el fundador del cristianismo. Hoy, sin embargo, comienza a abrirse paso otra actitud: Jesús es de todos, no solo de los cristianos. Su vida y su mensaje son patrimonio de la humanidad.

Nadie en Occidente ha tenido un poder tan grande sobre los corazones. Nadie ha expresado mejor que él las inquietudes e interrogantes del ser humano. Nadie ha despertado tanta esperanza. Nadie ha comunicado una experiencia tan sana de Dios sin proyectar sobre él ambiciones, miedos y fantasmas. Nadie se ha acercado al dolor humano de manera tan honda y entrañable. Nadie ha abierto una esperanza tan firme ante el misterio de la muerte y la finitud humana.

Dos mil años nos separan de Jesús, pero su persona y su mensaje siguen atrayendo a muchos. Es verdad que interesa poco en algunos ambientes, pero también es cierto que el paso del tiempo no ha borrado su fuerza seductora ni amortiguado el eco de su palabra.

Epifanía

Hoy, cuando las ideologías y religiones experimentan una crisis profunda, la figura de Jesús escapa de toda doctrina y trasciende toda religión, para invitar directamente a los hombres y mujeres de hoy a una vida más digna, dichosa y esperanzada.

Los primeros cristianos experimentaron a Jesús como fuente de vida nueva. De él recibían un aliento diferente para vivir. Sin él, todo se les volvía de nuevo seco, estéril, apagado. El evangelista Juan redacta el episodio de la boda de Caná para presentar simbólicamente a Jesús como portador de un «vino bueno», capaz de reavivar el espíritu.

Jesús puede ser hoy fermento de nueva humanidad. Su vida, su mensaje y su persona invitan a inventar formas nuevas de vida sana. Él puede inspirar caminos más humanos en una sociedad que busca el bienestar ahogando el espíritu y matando la compasión. Él puede despertar el gusto por una vida más humana en personas vacías de interioridad, pobres de amor y necesitadas de esperanza.

Vino nuevo

El nuevo monacato laico

Que el Adviento y la Navidad sean para nosotros un tiempo de hondura espiritual; de encuentros y celebraciones, de comidas y villancicos, pero también de reflexión, de oración, de contemplación. Alandar ofrece cuatro artículos para contribuir a ese tiempo especial: una explicación de los valores del monacato para la sociedad actual (El nuevo monacato laico), un testimonio sobre un modo de meditar particular, y otros dos artículos publicados con anterioridad: ¿Qué es eso de la espiritualidad?, y la excelente reflexión sobre la espiritualidad cristiana de Cristianismo y Justicia.

José Antonio Vázquez Mosquera (*)

El Nuevo Monacato Laico: Una espiritualidad cristiana para humanizar la iglesia y la sociedad

A muchas personas puede sorprenderles que lo monástico se proponga como un referente para la espiritualidad contemporánea. El asombro se da entre aquellas personas, incluidos algunos monjes tradicionales, que creen que el monacato se relaciona con la vivencia espiritual de grupos especializados, separados de la sociedad, dedicados a la oración. Tal visión de lo monástico, como algo ajeno a la mayoría de las personas, es hoy considerada una perspectiva muy reduccionista en realidad.

Monje o monja es, pues, toda persona que busca la experiencia de unificación

Hoy el monacato se concibe como un arquetipo, una dimensión presente en todo ser humano, la aspiración humana que busca la unificación, la comunión personal con el Misterio y los otros y con toda la Creación. Así lo expresó Raimon Panikkar y su visión ha sido aceptada por la mayoría de los monjes católicos contemporáneos. Y no solo por los monjes, también por numerosos laicos que ven en lo monástico un referente para su espiritualidad.

Monje o monja es, pues, toda persona que busca la experiencia de unificación (monje, viene del griego monos: uno, significa el buscador de la unidad) como motivación principal de su vida, esté en una institución que se denomine monástica o no. El monje institucional tradicional solo es un modo de vivir y visibilizar esa dimensión presente en todo ser humano.

El nuevo monacato

Hay actualmente todo un movimiento de personas que se sienten atraídas por el monacato, no para vivir en una institución monástica tradicional, sino para vivir en medio de la sociedad encarnando ese arquetipo de un modo renovado. Es lo que llamamos el monacato laico. La necesidad de un movimiento monástico laico es una intuición que compartieron destacados monjes y maestros espirituales contemporáneos como Thomas Merton, Evdokimov, R. Panikkar, F, Schuon, W. Teasdale, J. Chittister, A. Grün

Han sido precisamente personas que han vivido experiencias monásticas tradicionales quienes han tomado consciencia de la riqueza espiritual de la tradición monástica, así como de la situación de decadencia y rigidez de muchas de las comunidades monásticas tradicionales, que impide que, en muchas ocasiones, se pueda vivir en plenitud las potencialidades de lo monástico tanto a nivel personal como social. R. Panikkar decía que era un problema no solo dentro del catolicismo, era un problema que ocurría en todas las tradiciones.

El monacato laico es una expresión más del movimiento de reconstrucción de la Iglesia desde las bases

La intuición compartida por muchos es que la renovación monástica pasa por la creación de un monacato laicoun monacato vivido fuera de esas instituciones anquilosadas, bebiendo de, y actualizando, la tradición monástica milenaria, pero de un modo completamente nuevo, un modo laico,es decir, de un modo abierto a los valores de la secularidad, con una mirada positiva sobre la sociedad y encarnando los valores monásticos de otra manera, viviendo, en la mayoría de los casos, dentro de la propia sociedad.

Laico quiere decir “lo común”, el monje laico vive la vida común de cualquiera, una vida normal, descubriendo de modo crítico los valores espirituales que también se dan en la vida cotidiana moderna. No busca ser una élite dedicada a la práctica espiritual intensiva, busca, más bien, vivir la “vida corriente” y descubrirla como un camino espiritual accesible a toda persona, sin necesidad de realizar prácticas espirituales solo accesibles a una minoría.

Experiencia espiritual integradora

El Nuevo Monacato busca alcanzar la unificación por medio de la integración de todas las dimensiones de la realidad, no excluyendo necesariamente dimensiones como la sexualidad, la amistad, la pareja, la atención al cuerpo, el compromiso político… en el camino espiritual. Es lo que Panikkar denominó la experiencia de la “secularidad sagrada”.

Thomas Merton expresó intuitivamente la aspiración del monacato laico a la unificación por integración por medio de esta visión de lo que sería un monje laico, en su libro “Acción y Contemplación”:

«El hombre que ha logrado la integración final ya no se halla limitado por la cultura en la que ha crecido. Ha abrazado la totalidad de la vida… Ha experimentado las cualidades de todo tipo de vida: la existencia humana ordinaria, la vida intelectual, la creación artística, el amor humano, la vida religiosa. Trasciende todas esas formas limitadas, al tiempo que retiene todo lo mejor y universal que hay en ellas, «dando a luz finalmente un ser totalmente integral». No sólo acepta a su propia comunidad, a su propia sociedad, a sus amigos y a su cultura, sino a toda la humanidad. No permanece atado a una serie limitada de valores, al punto de oponerlos a otros adoptando posturas agresivas o defensivas. Es totalmente «católico» en la mejor acepción de la palabra. Posee una visión y una experiencia unificadas de la única verdad que resplandece en todas sus diferentes manifestaciones, unas más claras que otras, unas más definidas y certeras que otras. No establece oposición entre todas estas visiones parciales, sino que las unifica en una dialéctica o en una visión interior de complementariedad. Con esta visión de la vida, puede aportar perspectiva, libertad y espontaneidad a la vida de los demás».

Si hay algo que caracteriza a la espiritualidad monástica laica es esa aspiración integradora, de ahí el interés de esta espiritualidad por el diálogo interespiritual e interreligioso, así como su apuesta por una espiritualidad éticamente comprometida que contribuya a la humanización integral de la sociedad y de la iglesia, entendiendo por tal el promover la justicia y el respeto de la dignidad humana y el cuidado de la tierra, sin reduccionismos, teniendo en cuenta todas las dimensiones de la realidad, incluida la dimensión espiritual.

El monacato laico es una expresión más del movimiento de reconstrucción de la Iglesia desde las basesque se ha ido desarrollando en torno a la creación de las llamadas comunidades eclesiales populares o de base. Su espiritualidad promueve el compromiso por la liberación y la justicia, además de la transformación interior.

La Asociación Cristianía: Monacato Laico

Una de las expresiones del nuevo monacato laico es la Asociación Cristianía, que se constituyó como asociación legal en el 2018, después de una andadura como un grupo sin forma jurídica, y que nació de la iniciativa de unas personas que fueron monjes católicos institucionales.

La Asociación Cristianía propone un camino espiritual que se estructura a partir del mapa de las dimensiones de la realidad que aparecen simbolizadas en el significado que tienen los lados que forman el claustro de un monasterio. Estas dimensiones son: la dimensión corporal, la dimensión psicológica, la dimensión espiritual y la dimensión relacional. La espiritualidad monástica buscará la integración de todas ellas.

La Asociación Cristianía tiene su sede en Madrid, en la calle Villa de Marín 13, puerta 9, si bien sus actividades se difunden también “on line” para que cualquiera pueda participar en ellas.

Para contactar con la Asociación pueden acceder a su página web: https://cristiania283704395.wpcomstaging.com/

El proceso sinodal

Ante el proceso sinodal convocado por el Papa Francisco

Santi Villamayor

1. Una buena y ambigua noticia
Recibo con satisfacción la invitación del Papa Francisco a la reforma y a la conversión. Es una “buena noticia” que acojo con esperanza y realismo. No es una asamblea universal cristiana pero supone un avance en relación a anteriores sínodos. Es un Sínodo de Obispos participado por el pueblo. Valoro especialmente la voluntad de reforma y la apertura de la llamada de Francisco a todas las personas, tanto a las que se sitúan en una estrecha pertenencia como a las que nos encontramos en los márgenes.

Celebro el deseo de “caminar juntos” sin distinción de clase social, género, o posición jerárquica, en igualdad en cuanto a la interpretación o discernimiento del mensaje de Jesús desde una conciencia libre y sincera. Igualad que no queda clara al atribuir esta prerrogativa de modo directo y sobrenatural a los obispos por su vinculación con los apóstoles.

Muchos cristianos experimentamos ya una conversión muy importante al reunirnos en pequeñas comunidades en los años 60 y 70 como fruto del Concilio Vaticano II y de la inspiración profética de los pobres. El acercamiento a sus condiciones de vida, y la mirada a las primeras comunidades fueron nuestro modelo cristiano. La Iglesia que llamábamos jerárquica, su magisterio, posicionamiento social, teología y lenguaje celebrativo no nos parecía responder a la fe en Jesus de Nazaret lo que nos llevó a una posición crítica de nuestra pertenencia a la Iglesia.

Dese entonces nos encontramos en otra teología, en otra concepción del movimiento de Jesús y, otra visión de la verdad y de la experiencia de Dios. Nos servimos de otra gobernanza más horizontal y comunitaria, en una universalidad que excede los límites de Ia Iglesia, la propia de todas las personas que se inspiran en Jesús de Nazaret, sean católicas o no. Estamos lejos de esa exaltación de la autoridad de la jerarquía auto atribuida en virtud de ser depositaria de la Revelación. Ésta no es un conocimiento inamovible ni su interpretación encomendada a los obispos puede ser escuchada de modo literal. El Credo es una profesión de fe que tiene carácter simbólico. Y muchos de sus artículos requieren una profunda revisión.

“Caminamos juntos” también con otros muchos grupos e instituciones que siguen igualmente la inspiración de Jesús y no están en la Iglesia. Son múltiples pertenencias que no nos permiten estar con el magisterio de los obispos al pie de la letra. Basta citar los casos del ninguneo de la mujer, las inmatriculaciones de los bienes del pueblo o ese permanente alineamiento con la derecha moral por no decir también política.

No nos colocamos en una posición de superioridad sino en una fidelidad múltiple: con la cosmovisión científica, la nueva epistemología, la aceptación del pluralismo religioso, cultural y de género, con el reconocimiento pleno de la mujer y la crítica del patriarcalismo, la incardinación en la modernidad, la Justicia Global laica; con la crítica severa al sistema de dominación, la superación del antropomorfismo y de la magia en las celebraciones, y fuera del recelo ante la laicidad y otros valores de nuestro tiempo.

La autonomía moral y los seculares ideales de los derechos humanos y la democracia son otros tantos dominios donde la dogmática de la iglesia no acaba de casar. Por eso junto con nuestro agradecimiento por la invitación, expresamos una cierta incomodidad que repite la experiencia de otros sínodos. Sin embargo, los esfuerzos de Francisco por la reforma y la urgencia del cambio con que se manifiestan muchas personas dentro y fuera de la Iglesia nos merecen una respetuosa acogida

2. La ambigüedad del documento preparatorio.

El documento preparatorio propone como guía y material de trabajo un título muy atractivo “Caminar juntos” para luego caer en el distanciamiento interno entre los que van delante y los de detrás. Se repite continuamente la contradicción de llamar a la participación de todos en la perspectiva de una misma dignidad para enseguida distinguir a los pastores frente a la grey y negar el valor democrático de la igualdad de voz y voto. Afirma valores modernos de democracia, participación, camino unitario, apertura al mundo y enseguida los corrige sometiéndolos a la jerarquía en virtud de la posesión de la verdad por herencia divina. Considera la Revelación como una fuente de verdad y autoridad entendida de forma estática y medieval. Los pastores son señores del discernimiento aunque consulten al pueblo. La Iglesia se concibe excesivamente como una institución de orden divino por encima de cualquier otra organización.

Todo el documento rezuma espiritualismo y un lenguaje en desuso. El legado de Jesús, encarnado en los pobres y sus necesidades se sublima en un mundo sobrenatural que contamina todo el documento. Una remisión a un mundo irreal y superior, un constructo mental que subordina los problemas y logros reales a un mundo espiritual intangible paralelo a éste. De él se deriva la primacía de los pastores frente a la grey en virtud de la descendencia directa de los apóstoles algo que no está suficientemente justificado en los evangelios

Lo que hoy se entiende por una participación abierta sin toma de posiciones previas, por muy reveladas que se digan, no cuadra con este planteamiento. Es la misma concepción de los anteriores sínodos diocesanos en los que hemos participado y de los que no podemos decir que se haya dialogado más allá de las posiciones prefijadas por el magisterio de los obispos. “Caminar juntos” es caminar en pie de igualdad.

La conciencia personal es el mejor regalo de Dios y el soporte de las inspiraciones de bondad y sabiduría que guían nuestra vida, algo muy diferente a una Revelación entendida como un depósito de verdad inmutable filtrado a algunos privilegiados. Más bien la verdad es el fruto de un consenso crítico entre todas las personas, siempre una aproximación, y en constante reconstrucción. Pero el documento concede prioritariamente esa prerrogativa a los obispos

algunos, por voluntad de Cristo, han sido constituidos doctores, dispensadores de los misterios y pastores para los demás nº12
aquellos que con la sucesión del episcopado recibieron el carisma cierto de la verdad» nº13

Si bien se procura matizar condicionando esa dispensa de los misterios al “sensuus fidei” o sentir de fe del pueblo que “también” participa del profetismo de Cristo

Los obispos son llamados a discernir lo que el Espíritu dice a la Iglesia no solos, sino escuchando al Pueblo de Dios, que «participa también de la función profética de Cristo» nº 14

y que es infalible por tratarse de cuestiones de fe

… cuando se ha tratado de definir verdades dogmáticas, los papas han querido consultar a los obispos para conocer la fe de toda la Iglesia, recurriendo a la autoridad del sensus fidei de todo el Pueblo de Dios, que es «infalible “in credendo”» (EG, n. 119). nº 12

… en virtud de la unción del Espíritu Santo recibida en el Bautismo, la totalidad de los Fieles «no puede equivocarse cuando cree, (nº 13)

No siempre el discernimiento de los obispos es el acertado. La pretendida naturaleza sobrenatural de su interpretación no es justificación ni garantía de acierto. El obispo es elegido a dedo entre la clerecía, o sugerido por sus compañeros obispos, y designado por el papa, a veces también a propuesta da la autoridad civil, y eso no deja de ser una limitación y un trato de favor. Además, dado el contexto interpretativo de muchos de ellos, bastante alejado de la vida cotidiana y de los condiciones de vida del pueblo en general, su discernimiento es ajeno al sentir del pueblo y prueba de ello son sus manifestaciones tan contrarias al buen sentir de la ciudadanía y del consenso de la ética global. Los obispos españoles apoyaron una mal llamada cruzada, los de todo el mundo interpretaron que la ley divina estaba por encima de la ley humana y ocultaron la pederastia por caridad mal entendida.

Hay otras maneras de entender la sinodalidad, la de todo el pueblo que encuentra en sus representantes la voz que lo aglutina. Pero para eso hace falta que sean elegidos democráticamente, algo que no quiere la teología católica.

…ese Pueblo, reunido por sus Pastores, se adhiere al sacro depósito de la Palabra de Dios confiado a la Iglesia, Los Pastores, como «auténticos custodios, intérpretes y testimonios de la fe de toda la Iglesia»… (nº 14)

El sínodo nace viciado como consulta universal,

Sin los apóstoles, autorizados por Jesús e instruidos por el Espíritu, el vínculo con la verdad evangélica se interrumpe y la multitud queda expuesta a un mito o a una ideología (nº 20)

El planteamiento de que no se puede salir de la estructura jerárquica es un error de raíz y lo que debería sustituirle es una amplia consulta y consiguiente labor de diálogo y consenso inter pares. Es el procedimiento propio de todo conocimiento y buen gobierno y de la democracia. Lo otro es aristocracia celestial.

la consulta al Pueblo de Dios no implica que se asuman dentro de la Iglesia los dinamismos de la democracia radicados en el principio de la mayoría, se trata de un proceso eclesial que no puede realizase si no «en el seno de una comunidad jerárquicamente estructurada» (nº 14).

La práctica de Jesús rompió con la sinodalidad del Sanedrin, su ley, su templo, sus celebraciones y se aproximó a escuchar a los de abajo, a asumir sus condiciones de vida. Su lenguaje es sencillo y simbólico y, no palabras infalibles. El Jesús de la Iglesia es en muchos casos una construcción histórica de la jerarquía para concederse a sí misma ese valor divino infalible

3. Un teología que ya no es creíble

Si se quiere realmente una asamblea cristiana del pueblo de Dios donde todo el mundo puede expresarse con la misma dignidad, voz y voto, se hace preciso un cambio de la doctrina magisterial de la iglesia. Múltiples voces en muchas partes de la cristiandad realizan ya una lectura distinta de lo que fue, dijo e hizo Jesús de Nazaret. Estas voces están dispuestas al diálogo pero hasta ahora se han encontrado con una posición inamovible por parte de la jerarquía eclesiástica. Quizás en este sínodo por la impronta del papa Francisco se puedan abrir algunas ventanas de aire fresco como ocurrió con el Vaticano II, si al final no se impone el poder de aquellos que con la sucesión del episcopado recibieron el carisma cierto de la verdad» (DV, n. 8).

Los cristianos en general huyen de la rigidez de sus obispos y caminan por una nueva teología alejada del literalismo y del dogmatismo. El Misterio Pascual o Plan de la Salvación, la divinidad de Jesús o la otra vida, los relatos bíblicos, tienen para esas personas otro significado que el proclamado por los obispos y sus teólogos en las cartas pastorales, homilías y otros escritos. El sínodo no se molesta en preguntarse por el nuevo sentir del laicado, al que llama a secundar su doctrina, en cuestionar el tradicional Misterio de la Salvación y el carácter divino de sus enseñanzas en clara disociación con la ciencia y la cultura. No escucha las críticas, es más las desconsidera e incluso las trata en ocasiones con desdén, como frutos de la insidia. (nº 21)

la consulta al Pueblo de Dios no implica que se asuman dentro de la Iglesia los dinamismos de la democracia radicados en el principio de la mayoría, porque en la base de la participación en cada proceso sinodal está la pasión compartida por la común misión de evangelización y no la representación de intereses en conflicto. (nº 14)

1. Otra teología, otra iglesia son posibles.

La nueva concepción del conocimiento humano y de la realidad, los estudios bíblicos más recientes, la convivencia con otras religiones, el respeto a los derechos humanos y a los ideales de democracia y ecología profundas, y una participación sociopolítica cooperativa ofrecen motivos muy valiosos para “caminar juntos” toda la humanidad. Los movimientos sociales y las oenegés, las instituciones de cooperación internacional, los voluntariados, algunas parroquias, abren una senda común humanitaria, donde la Iglesia también es evangelizada, y puede reiniciar y reconstruir un mensaje que a lo largo de los años se ha ido desvirtuando y fosilizando

No podemos saber de modo detallado quién fue históricamente Jesús de Nazaret pues los relatos más antiguos de su vida ya están mediatizados por la fe de los discípulos y la cultura judía y grecolatina de su tiempo. No conocemos un Jesús de la historia a secas, siempre es el de la fe de los primeros discípulos y eso es lo importante. Jesucristo se ha ido reconstruyendo luego históricamente como Cristo al ser ungido y elaborado por la cultura y devoción de cada época. Es el Cristo de la historia.

Ahora bien la figura de Jesús que ha prevalecido históricamente es la del Cristo Hijo de Dios expresada de forma literal. Y con ella la imagen de un Dios omnipotente y trinitario, creador del mundo que actúa sobre él y le ha provisto de un grandioso Plan de salvación para rescatarnos del infinito pecado original. Excelente y efectiva elaboración que ha durado dos mil años y hoy requiere ser reinterpretada. Es el llamado Misterio Pascual o de la Redención y constituye el núcleo principal del depósito de la fe.

Está formulado en el Credo o símbolo de los apóstoles, el poema y confesión de los primeros cristianos. Hoy se hace preciso renovar esa gran metáfora cuyo sentido es dar unidad, aliento y esperanza a toda la humanidad. Y para lograrlo hay que hablar su lenguaje de hoy. No podemos presentar esta esperanza como una explicación de la historia. El misterio de la salvación no es un conjunto de secuencias temporales que van desde la preexistencia de Jesús como segunda persona de la Trinidad hasta el paraíso como prolongación eterna de la vida humana.

La encarnación, muerte y resurrección de Jesús, el conjunto de episodios que se nos cuentan detalladamente en los evangelios acerca de la infancia, la predicación y la pasión carecen de suficiente apoyo histórico. Sin embargo están colmados de inspiración y esperanza. El sínodo debe abordar con sinceridad la naturaleza del relato sobre Jesús, sobre Dios, sobre el misterio pascual, y la explicación popular que se da. No advertir de su valor simbólico es incurrir en un piadoso engaño más o menos deliberado como ocurre en la novela de Unamuno “San Manuel bueno y mártir”.

La fe crece con la inteligencia y se muestra más auténtica en la armonía con la ciencia, en la colaboración con las iniciativas sociales por la dignidad y la igualdad y en el diálogo con las religiones y los humanismos que, ateos o creyentes, trabajan de un modo abierto por un mundo mejor. Una internacional de la esperanza anima a todos estos movimientos y grupos humanos. El camino unitario de toda la humanidad se nutre de las vetas de compasión de mucha gente fuera de la doctrina eclesial. Parece como si Jesús hubiera dejado Jerusalén antes y hoy Roma y estuviera con los samaritanos y los exiliados de la religión.

No hay una ley divina superior y fuera de la dinámica universal de los derechos humanos, muchos de ellos frutos seculares del evangelio. Es más, el cristianismo podría definirse como una supra ética del amor incondicional ejercitado desde una esperanza sin certezas y compartida genéricamente por todos en caminos diferentes.

Fe y razón se complementan para explicar el mundo y darle sentido y se suplementan con la poética del amor. No hay una historia sagrada paralela y diferente de la gran historia cósmica a la que pertenecemos, descrita por la ciencia y admirada desde la fe. Somos seres evolucionados, fruto de sucesivas emergencias de la materia primordial, desde un también misterioso vacío, una sorprendente explosión y múltiples formas de energía, partículas, vida y conciencia. Esa realidad hay que entenderla de un modo holístico y emergente. Y considerarla bajo las bellas metáforas de la Creación.

No podemos afirmar una trascendencia que constituya un mundo distinto y separado de este, tampoco su contrario, ni un Dios arriba y afuera dominador de nuestras vidas. Sí que hay una trascendencia de lo inmanente, un valor inviolable y sagrado de todo cuanto hay. Una dignidad y buena voluntad nacida en el corazón humano y que brota para superar la maldad y la limitación. Todas estas experiencias constituyen elementos para un nuevo relato más creíble para el mundo actual que el de la tan interiorizada Redención de un pecado hereditario. Y esta es la gran y profunda reforma que me gustaría se abriera paso en el sínodo

La iglesia podría situarse en el mundo como un ámbito unitario junto a otras religiones y humanismos contribuyendo personal y políticamente a un mundo mejor gobernado y más respetuoso con el medio ambiente y donde ella sea la poética que anima y crea. En ese sentido la predicación, las homilías, los encuentros, retiros y reflexiones podrían iniciarse explicando la maravilla de la realidad, su evolución y formas constituidas, informar verazmente de la naturaleza metafórica de su lenguaje, dar cuenta del estado del mundo e inducir a la compasión. Y allí en la memoria de Jesús y otros profetas cuidar el corazón de donde nace lo mejor del ser humano. Eso sería un sínodo permanente, una celebración de la confianza universal en la realidad que es en el fondo confianza en Dios sin saber qué es y si es.
EL documento ya presiente de algún modo estas innovaciones y así afirma:

La perspectiva del “caminar juntos”, además, es todavía más amplia, y abraza a toda la humanidad, con que compartimos «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias» (GS, n. 1). (Nº15)

Aunque enseguida aparece un sentido exclusivita que minusvalora el trabajo de los demás

Una Iglesia sinodal es un signo profético sobre todo para una comunidad de las naciones incapaz de proponer un proyecto compartido, a través del cual conseguir el bien de todos: (nº 15).

Pero este proyecto cuya capacidad se niega a la comunidad internacional ya es compartido y está expuesto y realizado por muchos y es precisamente la dogmática católica la que se desmarca por considerarlo ajeno a la revelación y al origen sobrenatural que debe caracterizar todo proyecto de valor. Parece como si solo fuera válida la liberación que se deriva de la mítica encarnación y redención sobrenatural. No estamos ante el ya superado “fuera de la iglesia no hay salvación” pero sí en el creerse que toda salvación nos pertenece a nosotros los cristianos.

2. De la sinodalidad de los obispos al Concilio del pueblo

Las viejas estructuras de la Iglesia se resisten al cambio. Tal como ha ocurrido en muchos otros ámbitos del conocimiento y de la práctica humana las evidencias sociales y los convencionalismos colectivos extremadamente arraigados impiden abrirse a nuevos modelos y paradigmas. La iglesia sigue fundando sus explicaciones desde una lectura mítica de la Biblia hoy en revisión y desde una verdad considerada incuestionable. De ahí que el “caminar juntos” despierte cierto recelo.

La insidia que divide – y por lo tanto contrasta un camino común – se manifiesta…en la seducción de una sabiduría política mundana que pretende ser más eficaz que el discernimiento de espíritus. (nº 21)

Quien esto escribe camina en los márgenes y es consciente de la distancia que le une a los que van por el centro, que esta posición puede suscitar a la vez acogida y censura, por eso me limito a exponer mi visión y ofrecer mi colaboración y dialogo. Me siento inclinado a caminar a la par y trabajar por un cambio como el que el documento refiere de Pablo tras la visita de Cornelio:

“una verdadera y profunda conversión, un paso doloroso e inmensamente fecundo de abandono de las propias categorías culturales y religiosas: Pedro acepta comer junto con los paganos el alimento que siempre había considerado prohibido, reconociéndolo como instrumento de vida y de comunión con Dios y con los otros. (nº 23)

Quizás la Iglesia tengamos que atravesar ese “paso doloroso e inmensamente fecundo de abandono de las propias categorías culturales y religiosas” de veinte siglos y aceptar lo que se ha considerado prohibido, o no se lleva a cabo de modo importante, como es la democracia, el valor de la ciencia, la preferencia por los vulnerables; a poetizar y encantar de nuevo la conciencia colectiva y reconocer la igualdad de la mujer, no con el varón católico o el clérigo actual y sus funciones sino en el modelo común de la profunda reforma cristiana que buscamos. Promover una convergencia de las esperanzas de todos los grupos y religiones y salir de una religión particular hacia una secularidad significante. Acepto el lento caminar a la par en el marco del cambio posible

Luz Casanova

por Raúl Molina 

Hoy recojo un artículo de Miguel Ángel del Barrio sobre esta mujer de fe, mujer entregada, mujer de Iglesia, mujer venerable, que tanto ha iluminado la vida de muchos hombres y mujeres.


Luz Rodríguez Casanova

Luz Casanova

(Nació el 28 de agosto de 1873. Falleció el 8 de enero de 1949)

Hoy, 8 de enero de 2022, afectados todavía por la presencia agobiante del Covid-19 y las secuelas que está dejando a nuestro alrededor, recuerdo con alegría y esperanza a LUZ R. CASANOVA, fundadora de la Congregación de las Apostólicas del Corazón de Jesús, que falleció un día tal que hoy del año 1949.

Y la recuerdo porque, habiendo vivido en contacto con su vida y obra a través de algunas de sus seguidoras, me ayuda a vivir con los sentidos abiertos a la realidad que me rodea para, desde mi insignificancia, “tener oído atento al murmullo de los pobres”, procurando, a la vez, que se “sientan con derecho a contar con nuestro cariño” …

Sé de mis fragilidades, de los compromisos ineludibles que me atan, de mis ritmos habituales a los que estoy acostumbrado, de mis miedos confesados y no confesados, de mis desengaños, de…

Pero también sé de mis dinamismos interiores, de mi fe esperanzada, de mi confianza en la Palabra del Dios de la Vida, de mis sueños y mis ganas de hacerlos realidad, de mi confianza en compañeros y amigos, de…

Por eso, el “DADLOS VOSOTROS DE COMER”, del evangelio correspondiente a la liturgia del día de hoy (Mc 6, 34-44), resuena con novedad en el recuerdo agradecido de Luz R. Casanova…

Las fiestas de estos días, centradas en el reconocimiento del “Dios con nosotros” en el niño de Belén, nos lanzan de nuevo, como a los pastores y a los magos de oriente, a los ámbitos vitales donde vamos construyendo nuestras historias y la historia (hogares, comunidades, lugares de trabajo, la calle, el barrio, el tiempo libre, la oración…). Ahí es donde debemos descubrir y reconocer sus necesidades… ¡Y ponernos manos a la obra para atenderlas con dignidad!

en Luz R. Casanova, descubrimos que es posible, que está al alcance de nuestras manos, de nuestros pequeños gestos en marcha, de nuestros grandes sueños convertidos en proyectos de corto, medio o largo plazo, de nuestras esperanzas renovadas en la reflexión, convivencia y acción…

Por eso, BIEN-AVENTURADA, Luz, por la vida que nos regalaste… Y bienaventurados quienes en ti vemos las huellas de Jesús y hacemos nuestro su mensaje, desde ese “QUE POR MÍ NO QUEDE…” tan tuyo, sabiendo en quién estaba anclado tu corazón y de quién te habías fiado

La ecología social que el mundo necesita

ÓSCAR FAJARDO 

En un pasaje de la novela ‘La broma infinita’, de David Foster Wallace, uno de sus personajes relata un breve cuento en el que un viejo pez, al cruzarse con dos jóvenes peces, pregunta qué tal está el agua, a lo que estos, sorprendidos, entrecruzan sus miradas y le responden: ¿qué demonios es el agua? Quise recordar este pasaje en uno de los capítulos de mi reciente ensayo ‘En extinción. Los nuevos desprotegidos de los nuevos tiempos’ (Ediciones Rialp), con el fin de ilustrar cómo, a menudo, las realidades más obvias pasan inadvertidas ante nuestros ojos. Poco sospechaba yo que, al poco, me convertiría también en un joven pez. 

Enfrascado en las teclas de mi ordenador, deslizaba una línea tras otra de mi nueva obra, cada vez con más soltura y facilidad, cada vez más intuitivamente, y así durante cinco meses, sin apenas ser consciente del agua en la que me dejaba bañar, del agua en el que me iba sumergiendo. Al quinto mes, puse un punto, pero no final, al libro. Algo faltaba, quizás, me decía, un prólogo que en unos pocos párrafos englobara lo allí contado. A ello me puse con empeño, tanto, que solo dos palabras bastaron, un eureka feliz contenido en una combinación tan breve y sencilla como reveladora y desafiante: ecología social. De repente, aquellas aguas, más bien océano ya, tenían un nombre, aunque yo, totalmente zambullido en ellas, seguía sin percibir dónde me encontraba flotando. 

Hubieron de pasar algunos meses más, un año en concreto, para que esas aguas, aún imperceptibles, comenzaran a calarme. Primero suavemente, con la llamada de la editorial que publicó el original enviado y me descubrió la presencia, inadvertida hasta ese momento para mí, de una raíz cristiana. Aguas que se hicieron más presentes y evidentes cuando un redactor de la revista que ahora tienen entre sus manos leyó un par de capítulos de ‘En extinción’ y halló una extraordinaria, ¿o puede que no tanta?, coincidencia con buena parte de la doctrina social del papa Francisco y de su ecología integral. Como buen pez joven, obnubilado por otras cuestiones que creía más relevantes, apenas me daba cuenta de esas aguas cristianas en las que nadaban mis pensamientos y reflexiones. O quizás sí lo hacía… pero me resistía inconscientemente. 

Ecologías complementarias 

Fue así como este pez joven que escribe se percató, o más bien le hicieron percatarse, de que su idea de ecología social se entreveraba hasta tal punto con esa doctrina social del papa Francisco, que incluso hasta podría escribir un artículo en el que ambas ecologías, la social y la integral, se encontraran y complementaran. Lo que hace un tiempo me hubiera parecido descabellado, dejó de serlo de inmediato, y hoy son estas líneas que ahora escribo y ustedes leen. 

Pero… comencemos por el principio, por el concepto. ¿Por qué ecología? ¿Qué sentido tiene esta idea? El concepto de ecología posee una triple vertiente que permite un acercamiento al mundo y a su realidad acorde con lo que los tiempos presentes demandan. Primeramente, la ecología se ocupa de estudiar las relaciones entre los seres vivos y el entorno en el que habitan, por lo que presenta un cariz integrador y no separador, inclusivo y no exclusivo, donde se contempla tanto a quienes habitan el medio como al propio medio y las relaciones que se producen entre todos ellos. Es esa integralidad la que resalta el papa Francisco cuando habla de ecología, una integralidad que responde a la necesidad de interpretar el mundo como un todo interconectado que ha de conocerse y comprenderse. 

En segundo término, la ecología muestra un matiz positivo de preservación y cuidado sobre aquello de lo que trata, que invita a que nos dispongamos a abordar los problemas que encontramos en el mundo actual de una forma constructiva. En tercer lugar, la ecología se acompaña de una idea de activismo, de puesta en marcha que nos impulsa a llevar el pensamiento a la acción, a pasar de la idea al hecho, a cultivar –como afirma el papa Francisco– un diálogo constante entre lo que se piensa y lo que se hace, evitando que lo pensado y lo actuado caminen en direcciones divergentes. 

Realidad interconectada 

Así que me adentro en la doctrina social del Papa, leo y extracto ideas, y las aguas en las que nado se vuelven más evidentes cuando descubro que mi visión del mundo desde las páginas de ‘En extinción’ dibuja una parecida intención “socioecológica”, un propósito de entender la realidad de forma interconectada, de llamar la atención sobre la necesidad de preservar y conservar aquello que está en riesgo de desaparición, y un imperativo de conmover y llamar a las personas a la acción

Es a través de esa mirada que entiende la realidad como algo integral y relacionado, que busca lo que está en extinción para preservarlo, desde la que se detecta algo totémico a lo que todo se pliega, que expande sus formas y maneras de hacer a toda nuestra existencia, hasta coparla y dominarla como un moderno Arquímedes que hubiera hallado un punto de apoyo sobre el que mover el mundo. Es la expansión irrefrenable de una mentalidad economicista, de costes y beneficios, de rentabilidades y productividades, de utilitarismos y funcionalidades, que ha encontrado el rápido corcel de la tecnología para correr aún más rauda. 

Esa simbiosis mágica, casi chamánica, emboba y atrapa en una dulce y pacífica sumisión al ser humano, que tolera la inequidad, la desigualdad y el sufrimiento con apática indiferencia, aunque sea él mismo quien las sufra. Este mundo economizado que, con su lógica matemática, narcotiza pensamientos críticos y sentimientos también críticos hacia uno mismo, hacia los demás y hacia su entorno nos impele –como apunta el papa Francisco– a decir “no a una economía de la exclusión y la inequidad”, a decir no al ser humano entendido “como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar”, a decir no a la “globalización de la indiferencia”. (…) 

Ante la reapertura del caso Jesuítas

José María Tojeira: «No queremos que el caso jesuitas sea el único en el que se busque justicia. Hay casos más graves, como la masacre de el Mozote»

Mártires de la UCA
Mártires de la UCA

«Desde el primer día del asesinato de los jesuitas y sus dos colaboradoras, los jesuitas dijimos que queríamos justicia y no venganza»

«El Gobierno y las instituciones judiciales bajo su control se ven más interesados en hacer propaganda de sí mismos que en hacer justicia»

«Darle seguimiento al caso “masacre de la UCA” en los próximos meses no será fácil y podrá verse envuelto en manipulaciones y ataques contra personas que rebasen el ámbito judicial»

«Pero merece la pena seguir en esta lucha a favor de la verdad, de la ampliación de la justicia y la reparación a víctimas en peor estado que quienes fuimos golpeados por el asesinato de nuestros compañeros y amigos»

Por| José María Tojeira sj

El hecho de que el caso de la masacre de la UCA se reabra es coherente con la legislación salvadoreña y con los deseos de justicia tanto de las víctimas como de la mayoría de la población. Participar como querellantes es importante para asegurar el debido proceso y para insistir en la apertura y adecuado desarrollo de muchos otros casos que permanecen pendientes o estancados, como el del Mozote y otras masacres.

Sin embargo, el contexto político y judicial salvadoreño es hoy más complejo que en otros momentos. Tenemos una Sala de lo Constitucional básicamente impuesta desde el poder ejecutivo, previa una destitución inconstitucional de la anterior Sala. El propio Presidente de la Sala, que es además Presidente de la Corte Suprema, ha tratado de denigrar a la Compañía de Jesús afirmando que los jesuitas no parecen tener mucho interés en la justicia, dadas las medidas de gracia que hemos pedido para un coronel condenado en El Salvador a treinta años de cárcel por su participación en la masacre. La seriedad de la justicia es muy relativa, dado que el propio Presidente de la Corte Suprema miente con respecto a la medida de gracia que solicitamos. Poner algunas cosas en contexto se hace necesario.

Mártires de la UCA. Jardín de las rosas
Mártires de la UCA. Jardín de las rosas

Hace ya más de un año la Sala de lo Penal de la Corte Suprema salvadoreña dio una sentencia a todas luces ilegal, dando legitimidad a un sobreseimiento de los acusados como autores intelectuales de la masacre de la UCA. La reacción de la UCA fue presentar en la Fiscalía una acusación de prevaricato contra los dos magistrados de la Sala Penal que firmaron la sentencia. La Fiscalía no ha dado curso a la acusación, a pesar de la evidencia de los hechos. Pero recientemente presentó un amparo constitucional contra la dicha sentencia de la Sala de lo Penal que fue aceptada.

La Sala de lo Constitucional aceptó la demanda, anuló la sentencia de la otra Sala por inconstitucional y le ordenó dar una nueva sentencia en el plazo de 10 días. Distintos funcionarios de Gobierno han repetido sistemáticamente que ahora sí se va a hacer justicia después de 30 años. El discurso entusiasta choca directamente con las dificultades que de parte del Ejecutivo y del sistema judicial se le está poniendo al caso emblemático de la masacre del Mozote, donde fueron asesinados aproximadamente mil campesinos en 1981. Tampoco hay actividad respecto a los casos mencionados por la Comisión de la Verdad en 1993, o respecto a otros muchos casos de graves violaciones de Derechos Humanos, entre ellos cerca de 70 casos presentados en la Fiscalía por el Instituto de Derechos Humanos de la UCA.

En la actualidad, cuando el Fiscal General habla de cazar como animales a los que se comportan como animales, y cuando desde el Gobierno se habla de mano dura contra los delincuentes mientras se negocia con el crimen organizado, o se persigue a los críticos de la actual situación, se acrecienta la complejidad de la reapertura de la masacre de la UCA. La Universidad ha manifestado que lamenta el poco diálogo con las víctimas a la hora de iniciar este tipo de procesos y que se mantiene vigilante sobre el desarrollo del proceso en el que es querellante.

Mártires UCA
Mártires UCA

Su posición tiene lógica en el contexto actual, en el que el Gobierno y las instituciones judiciales bajo su control se ven más interesados en hacer propaganda de sí mismos que en hacer justicia. A ello se añade el irrespeto habitual a los derechos de los detenidos, a quienes con frecuencia se les exhibe cruelmente como culpables antes de ser juzgados, violando claramente el derecho a la presunción de inocencia, o se les niega arbitrariamente medidas sustitutivas de cárcel durante el proceso.

Desde el primer día del asesinato de los jesuitas y sus dos colaboradoras, los jesuitas dijimos que queríamos justicia y no venganza. Mucho menos se querrá 30 años después que lo que domine en la actualidad sea la propaganda hipócrita en el campo de la justicia, el olvido de casos igual o más graves que el asesinato de los jesuitas, y el maltrato vengativo contra algunos de los acusados.

En un artículo publicado recientemente en un periódico salvadoreño escribí lo siguiente:

“…La presunción de inocencia y el enjuiciamiento en libertad deben ser respetados en la gran mayoría de los casos. No queremos que el caso jesuitas sea el único en el que se busque justicia. Hay casos más graves, como la masacre de el Mozote, y ciertamente (y al menos) todos los casos expuestos por la Comisión de la Verdad debían estar abiertos simultáneamente, aunque a la hora de la sentencia hubiera distintos tiempos y resultados”.Los jesuitas de la UCA

Lo que no se puede es elegir un solo caso y hacerse los sordos con los demás. Desde hace tiempo venimos insistiendo en una ley de justicia transicional que permita juzgar estos casos acaecidos hace 30 años o más, respetando y reparando a las víctimas y buscando medidas de reconciliación. A los diputados del actual Gobierno y de gobiernos anteriores les hemos recordado repetidas veces las palabras de Ban Ki Moon pronunciadas en 2011 ante el Consejo de Seguridad de la ONU  insistiendo en la importancia de las leyes de justicia transicional para “afrontar un legado de abusos a gran escala del pasado, para asegurar responsabilidad, rendir justicia y lograr reconciliación”. La Comisión legislativa encargada de esos temas, en respuesta, ha dicho que no va a dialogar con las víctimas y, mucho menos con quienes las defienden legalmente.

¿Debemos alegrarnos por la reapertura del caso jesuitas? Más que hablar de alegría, hay que hablar de comprometerse con el desarrollo de la justicia frente a los graves crímenes del pasado. La reapertura del caso jesuitas es sin duda una oportunidad para presionar al Gobierno actual y a sus instituciones judiciales excesivamente dependientes del mismo en favor de un cambio verdadero a favor de una justicia de transición que afronte lo más ampliamente posible los “legados de abusos en gran escala” cometidos en el país.

La tendencia internacional de los derechos humanos insiste en que las leyes de justicia transicional garanticen el establecimiento de la verdad de los hechos, ofrezcan reparación a las víctimas y a sus descendientes, hagan justicia y busquen caminos de reconciliación.

José María Tojeira

Lamentablemente ese no es el contexto actual de la justicia salvadoreña, muy afectada por presiones políticas y propagandísticas. Darle seguimiento al caso “masacre de la UCA” en los próximos meses no será fácil y podrá verse envuelto en manipulaciones y ataques contra personas que rebasen el ámbito judicial. Pero merece la pena seguir en esta lucha a favor de la verdad, de la ampliación de la justicia y la reparación a víctimas en peor estado que quienes fuimos golpeados por el asesinato de nuestros compañeros y amigos y, en suma, a favor de la reconciliación de un país que tiene la necesidad de crecer en fraternidad y acuerdos de construcción de futuro solidario con todos. 

Francisco, un Papa discutido


ALGUNOS “CATÓLICOS PRACTICANTES” CALIFICAN AL PAPA DE COMUNISTA Y DE REPRESENTANTE DEL DIABLO EN LA TIERRA»

El director de La Razón y católico practicante reconocido, Francisco Marhuenda, calificaba al pontífice de «Un Papa antiespañol», mostrándose convencido de que, en el cónclave que lo eligió, «el Espíritu Santo se confundió, y los cardenales eligieron un candidato catastrófico»

 Eduardo Inda, fue, incluso, un paso más allá: «Este Papa comunista es el anti-Papa, el representante del diablo en la Tierra»

 Estos señores que presumen de católicos ignoran que la Biblia condena el trabajo que no es honrado o que perjudica a otras personas de algún modo (Levítico 19:11,13; Romanos 13:10). Ser un buen trabajador beneficia a otras personas y permite tener “una buena conciencia” (1 Pedro 3:16).

 Un país que quiere edificarse en la mentira y la corrupción está abocado al fracaso total. El crecimiento debe basarse en el trabajo honrado, la formación, dar oportunidad a los jóvenes… Regresar, en definitiva, a las raíces y los valores.  La cultura del sacrificio y ganarse el pan cada día con el esfuerzo tiene que volver.

Los mecanismos del Estado Capitalista buscan evitar a toda costa que se exprese la voluntad de las mayorías y que decida siempre la clase explotadora.

Díaz y el Papa comparten una visión bastante cercana sobre el mundo del trabajo y la economía. De hecho, en la encíclica Fratelli Tutti pueden leerse algunos pasajes aplicables al modo de entender el empleo de la ministra de Trabajo. Francisco se ha interesado también por la situación en la que se encuentra la reforma laboral en España —el entorno de Díaz señaló tras la reunión que “está muy avanzada”—,

Para Weber la existencia del capitalismo representa el conducto de decisiones de la actividad de los seres humanos. La lucha por ser mejor, no por la existencia misma, sino por obtener más, es lo que origina la competencia. Por esta competencia de conseguir más, se deriva en lucha de seres humanos: “El cálculo de capital en su estructura formalmente más perfecta supone, por eso, la lucha de los hombres unos contra otros”

Según  Weber, entonces, en el capitalismo económico racional, no hay lugar para la moralidad caritativa ya que el ser humano caritativo no es un ser humano competitivo, y porque el ser humano competitivo es el principal agente en la gestión económica. En este escenario, es claro que el altruismo tampoco tiene espacio en el racionalismo económico del capitalismo moderno.

Para Weber, la particulares normas del capitalismo son rígidas y sin posibilidad de excepciones. En la idea del capitalismo racional que explica Weber, no hay lugar para posturas humanistas. Esta falta de posturas humanistas hace que se llegue, las más de las veces, a posturas irracionales donde el ser humano termina siendo solo una pieza tecnificada y sin humanidad (cual cosa), cuya utilidad se limita a la consecución de mayor riqueza para la gran máquina capitalista económicamente racional: (Weber, Economía y sociedad…) “(…) el capitalismo (…) lo que necesita es un derecho con el que se pueda contar lo mismo que con una maquina (…) La creación de semejante derecho se consiguió al aliarse el Estado moderno a los juristas, para imponer sus ambiciones de poder.

Weber se interesó por estos efectos sobre los individuos, los «engranajes de la máquina». El capitalismo, que había prometido una utopía tecnológica centrada en el individuo, había creado en su lugar una sociedad dominada por el trabajo y el dinero, supervisada por una burocracia inflexible. Esta sociedad rígida no solo oprime al individuo, sino que lo deshumaniza, al hacer que se sienta a merced de un sistema lógico, pero sin alma.

Devolver a la persona al centro de la vida económica y social es la mejor vacuna contra el economicismo imperante, contra los diferentes populismos o el neoliberalismo individualista e ingenuo que pone toda su confianza en la autorregulación del mercado.

  Afirma el papa Francisco  (FRATELLI TUTTI) “Destrozar la autoestima de alguien es una manera fácil de dominarlo. Detrás de estas tendencias que buscan homogeneizar el mundo, afloran intereses de poder que se benefician del bajo aprecio de sí, al tiempo que, a través de los medios y de las redes se intenta crear una nueva cultura al servicio de los más poderosos.”

El mensaje del papa Francisco es un toque de atención a las conciencias de los habitantes de los países donde llegan los inmigrantes.

El papa invita a reflexionar cuando pregunta: «¿No es tal vez el deseo de cada uno de ellos el de mejorar las propias condiciones de vida y el de obtener un honesto y legítimo bienestar para compartir con las personas que aman?”

Francisco explica que para los católicos «en la acogida del extranjero (…) se abren las puertas a Dios y en el rostro del otro se manifiestan los rasgos de Jesucristo».

Hoy en día es esclavo el hombre que está atado por su propia libertad cuando no sabe para qué le sirve. Porque la libertad no es un valor en sí, sino un valor en el que debe construirse la propia persona. Decía Goethe: “nadie  es más esclavo que quien se considera libre sin serlo”. Y no hay servidumbre más vergonzosa que la voluntaria.

Hay algunas personas que piensan que lo importante es cuánto dinero se gana. Esa manera de pensar, junto con el deseo de ganar dinero rápido, ha hecho que algunas personas se metan en negocios sucios o hasta participen en actividades ilegales.

La pandemia de COVID-19 y las medidas para controlar la transmisión del virus interrumpió abruptamente el movimiento de personas que caracteriza a nuestro mundo interconectado. Las consecuencias son enormes para los migrantes, que dependen del trabajo lejos de sus hogares para mantenerse a sí mismos, sus familias y sus comunidades. Muchos de ellos se encuentran ahora en condiciones que los ponen en mayor riesgo de contraer la COVID-19. Con esta crisis, se ha desatado la «globalización de la indiferencia» y a veces de la violencia, con un odio contra los más vulnerables, contra los migrantes, contra las poblaciones discriminadas y, muy a menudo, contra las mujeres.

Los valores de nuestro mundo actual nos han ido colonizando y los hemos ido asumiendo, hasta el punto de considerarlos propios y hegemónicos de la humanidad. El resultado de todo esto ha sido una generación de ciudadanos acríticos, poco reflexivos, dóciles consumidores, competitivos y trabajadores tecnócrata