MIEDO A LA REVUELTA DE LA ESPAÑA VACIADA

Asamblea de Priego

Por Fernando Casas Mínguez 

Cuando se habla de la gran transformación que ha tenido lugar en nuestro país, se menciona la consolidación de la democracia, el Estado de las autonomías, las políticas del Estado del bienestar (en materia de salud, igualdad de género, dependencia), el ingreso en la Unión Europea, los cambios en las costumbres y valores, la modernización económica, la transformación tecnológica y, en fin, que España se ha convertido en un país europeo y desarrollado. No obstante, estos cambios ocurridos durante las últimas cuatro décadas, no llegaron a una parte importante del país: la España Vaciada. 

 La democracia española se organizó de arriba abajo, centrada en la participación a través de los partidos políticos y las elecciones. Durante años la política en nuestro país ha sido excesivamente institucional, propiciando la debilidad de la sociedad civil, cuyo espacio ocuparon los partidos. Como organizaciones volcadas en la búsqueda de votos, (cuantos más mejor) los partidos han prestado poca atención a la despoblación de la España Vaciada (con pocos votantes).  

 Cuando a partir del 15M la sociedad civil irrumpe en la vida política, la sociedad se hace más activa, comprometida, participativa, formula demandas y exige respuestas ante los retos de futuro. Se generaliza en España una concepción de lo público como ámbito de responsabilidad colectiva y proliferan todo tipo de asociaciones.   

 Este interés por la cosa pública, este afán por participar en los asuntos colectivos es resultado de un cambio radical, de una ilusión por actuar para la mejora de la sociedad. Es este espíritu el que inspira la aparición de la Revuelta de la España Vaciada.   

 La España Vaciada es mucho más que un grito de indignación. Es un programa abierto, creado por 140 personas, de 80 asociaciones, pertenecientes a 30 provincias, que mediante el trabajo en redes presenta su Modelo de Desarrollo Sostenible. Un Modelo que propone se implementen, mediante un Pacto de Estado, las 101 medidas dirigidas a que se cumplan los compromisos de igualdad, justicia y derechos fundamentales, reconocidos por nuestra Constitución.  

 Las propuestas persiguen acabar con las deficientes condiciones de vida existente en los 3.403 municipios de España en riesgo de desaparición. Unas condiciones tan inaceptables, que las personas no tienen el derecho fundamental a elegir libremente su residencia, porque no pueden vivir con dignidad en sus pueblos y se les fuerza, en contra de su voluntad, a irse a otro lugar.  

 Entre las medidas incluidas en el Pacto de Estado se encuentran destinar el 1% PIB contra la despoblación; declarar estratégico el sector agroalimentario y forestal; aprobar una discriminación positiva en los impuestos; recuperar el tren, como elemento vertebrador del territorio; que las zonas rurales dispongan de buena conexión a Internet; tener garantizado el acceso a servicios sanitarios, educativos, sociales y de seguridad ciudadana en desplazamientos de menos de 30 minutos; contar con un parque público de viviendas de alquiler; dar una perspectiva de género a las políticas; promover unas instalaciones comunitarias de energías renovables que generen empleo, respeten el paisaje y favorezcan el autoabastecimiento.   

 En vez de debatir sobre el Pacto, los poderes públicos se dedican a alentar la codicia, a costa de las zonas despobladas. El discurso del poder gira en torno a “crear oportunidades donde no existen”. Así que los gobiernos de las Comunidades deshabitadas, como Castilla-La Mancha, dan subvenciones y simplifican los trámites para la expansión de la ganadería intensiva, en contra de los pueblos; desmantelan el servicio público de ferrocarril, en nombre de una “movilidad sensible a la demanda “; abren escombreras tecnológicas a las que se llama economía circular; y emprenden la instalación de grandes infraestructuras de energías renovables con un nocivo impacto ecológico.   

 A la vista de las desafortunadas respuestas promovidas, las asociaciones integrantes de la España Vaciada han considerado que los partidos existentes no les representan, ni tienen voluntad para comprometerse seriamente en adoptar medidas contra la despoblación y el desequilibrio territorial. Por ello acuerdan en Priego (Cuenca), dar el salto a la política institucional, creando una agrupación que concurra a las elecciones.     

 Según los sondeos, una mayoría de los españoles considera que la aparición de una plataforma centrada en la defensa de los intereses de la España Vaciada sería positiva para el panorama político nacional.   

 Sin embargo, los representantes de los partidos gobernantes y sus aliados, en el Estado y las comunidades autónomas, (con la excepción de los nacionalistas), han expresado una especie de horror instintivo ante la posibilidad de que las plataformas de la Revuelta se presenten a las elecciones.   

 Así que el miedo ante el eventual proyecto de participación de la España Vaciada, ha ocasionado que secretarias sin horizontes y aclamados secretarios provinciales de los partidos, hayan asumido con entusiasmo la tarea de censores. Haciendo alarde de una proverbial ignorancia y con escasa sensibilidad democrática, estos cargos dedican sus alegatos, en congresos, encuentros y en los medios de comunicación, a atacar al coordinador provincial de Cuenca Ahora y a criticar superficialmente el programa de la Revuelta, dando ostensibles muestras de su profundo desconocimiento del Modelo de desarrollo, propuesto por la España Vaciada. 

Un 15-M para la Iglesia



Joaquín García Roca,
 
Hoy hace 10 años, el movimiento 15 M. ocupaba las plazas y las calles de las ciudades y de los pueblos, con proyección global. Visibilizó las tripas de la sociedad y desveló las expectativas de un sector amplio de la población. Partidos políticos, instituciones culturales y asociaciones cívicas tomaron nota, con mayor o menor acierto, del significado del 15 M. Nada dejó indiferente.
Impregnó los sistemas políticos, las prácticas sociales y los estilos de vida. Sin embargo, no ha impregnado el cuerpo eclesiástico ni el imaginario católico, salvo en un hecho decisivo, la llegada de Francisco que según todos mis análisis es un hijo de aquel espíritu disruptivo y transformador. Se entendió que, en su elección tras Benedicto XVI, solo quedaba el abismo, una música que recorría el mundo y resonaba incluso ante las puertas del Wall Street. ¿Qué mensajes no han impregnado las Iglesias?
El 15 M fue un movimiento desde abajo, apoyado en un sujeto colectivo renovador y transformador; advirtió que las reformas desde arriba tienen los días contados, son medidas cosméticas y puramente retóricas. El 15 M en la Iglesia tiene que enraizarse en el pueblo y si lo hace tendrá que abrirse radicalmente a la participación, –sin necesidad de crear un mundo lingüístico paralelo bajo la retórica de la sinodalidad– e incorporar decididamente a la mujer en todos los ministerios y funciones, renovar creativamente los lenguajes y ritos litúrgicos, y abrir el ministerio a personas casadas.
 
El 15 M antepuso el movimiento a la institución; mientras la lógica del movimiento es la flexibilidad, la escucha, la implicación, la institución, por su parte, es inflexible, inerte, distante. Tan inflexible que es incapaz de bendecir a las parejas homosexuales; tan inerte que duda dar la comunión a los divorciados, y tan distante que no logra ser un hogar para los sin-techo, para los agnósticos y para los que buscan sentido para vivir y morir. El camino del 15 M no fue la equidistancia entre posiciones contrarias, tristemente la mediocridad del término medio se ha apoderado de la Iglesia.
 
El 15 M produjo una renovación de liderazgos, que cuestionó la gerontocracia y permitió el acceso de la juventud a los puestos de gobierno. La política y la cultura hoy está dirigida, mal que bien, por líderes jóvenes, la Iglesia por el contrario, sigue gobernada mayoritariamente por ancianos. No era sólo el acceso de la juventud a los sitios de gobierno, que ya existían en todos los partidos, sino el acceso de una juventud crítica, transformadora y rupturista. Dos revoluciones pendientes en la Iglesia, el fin de la gerontocracia mediante el acceso de la juventud y en segundo lugar que esa juventud sea crítica y trasformadora. Ninguna de las dos se da en la Iglesia hoy.
 
A Francisco como hijo del 15 M le falta base social para que las reformas sugeridas desde arriba se implanten; le falta coraje para abandonar la equidistancia. Y carece de jóvenes críticos y trasformadores en el banquillo para dar un giro al camino de la Iglesia. En una amplísima base eclesial, resuena el grito que fue el epicentro del 15 M : No nos representan.
 

El 15-M de Francisco

Indignados de evangelio y hacia una primavera de la Iglesia: El 15M de Francisco

Papa de la primavera

«La tarea esencial de la Iglesia no consiste sólo en ofrecer una pequeña ayuda de consuelo a sus fieles, sino en defender y promover la vida humana, que es la creación que Dios ha puesto en manos de los hombres»

«Ésta es la primera tarea de la Iglesia: Salir de sí, para que los hombres descubran a Dios como Padre generoso que engendra vida y la mantiene porque quiere, es decir, porque nos quiere»

«La iglesia no existe simplemente para decir la verdad (como si fuera algo externo a ella), sino para ‘ser’ verdad, como el mismo Jesús»

«Jesús nos sigue llamando a la gran ‘indignación’ activa, al servició de la creación de Dios, es decir, de la resurrección»

 | Xabier Pikaza teólogo

Digo 15M en referencia a los “indignados” que hace diez años (15.5.2011) quisieron iniciar en Madrid un movimiento de transformación, que en parte ha sido asumido por el conjunto de la sociedad, en parte se ha vuelto un “partido” que genera interrogantes en el conjunto de la población, y en parte parece estar siendo rechazado por una política de seguridad económico/nacional triunfante.

Tomo como referencia (parábola de fondo) el 15M de Madrid, pero me ocupo más bien de un 15M de fondo de la Iglesia católica, partiendo del programa de Iglesia propuesto por Francisco en su exhortación Evangelii Gaudium (24N 2013), leída a la luz del Concilio Vaticano II, y en especial de una encíclica de Pablo VI (Ecclesiam Suam).

‒ La encíclica de Pablo VI Ecclesiam Suam (1964) constituye el mejor resumen a interpretación del Vaticano II. Aquel papa pedía a los cristianos que pasaran del paradigma de la verdad sabida, que se impone a la fuerza, al paradigma del diálogo humilde y fecundo con la cultura y vida de la humanidad. Como se sabe, aquel “programa” dejó pronto de aplicarse, en una iglesia que tuvo miedo del diálogo y quiso imponerse de nuevo como autoridad sagrada.‒ Francisco empezó su andadura eclesial con Evangelii Gaudium, 2013), pidiendo a la Iglesia no sólo que dialogue con los de fuera y los de dentro de sí misma, sino que salga de su estructura de seguridad sacral y social, volviendo con los “indignados” de Cristo en la Plaza de los descartados y excluidos, pobres, enfermos y oprimidos, para caminos de humanidad. Francisco pedía a los cristianos que primereen con Jesús, que abandonen su lugar asegurado y se involucren en la marcha de los rechazados y borrados de la vida. Este fue y sigue siendo su mensaje, reformulado de un modo “universal” en Laudato si (2015), una encíclica “indignada”, en contra de los “señores” del poder y el capital, que, por su egoísmo, están poniendo en riesgo la vida de todos, mientras ellos (los privilegiados) gozan por unos años, mientras provocan el “diluvio”.

Indignación ante un mundo en riesgo de muerte

La tarea esencial de la Iglesia no consiste sólo en ofrecer una pequeña ayuda de consuelo a sus fieles, sino en defender y promover la vida humana, que es la creación que Dios ha puesto en manos de los hombres. Éste es el principio de la indignación cristiana, que se muestra en el Éxodo como “ira creadora”, llamado a Moisés para que liberes a los hebreos de Egipto. Es la indignación de Jesús, formulada de manera fuerte por el evangelio de Marcos, cuando dice que él vino a llamar y liberar a las “ovejas” aplastadas, derribadas por el suelo, a merced de los prepotentes. Esta es la “ira” de Dios que San Pablo ha formulado de manera escalofriante en la carta a los Romanos (¡precisamente a los romanos).

Tanto Pablo VI como Francisco supieron que no podemos retroceder a unos planteamientos anteriores al Vaticano II. Han cambiado los tiempos, y debe cambiar la Iglesia, desde la raíz del Evangelio. En este momento (15M 2021), sólo podemos realizar nuestra “misión” y ser testigos de Jesús si nos arriesgamos a salir por fin de la fortaleza sitiada de una Iglesia que se había mantenido a la defensiva, como entidad social y espiritual. Se trata de salir con Jesús, para dialogar y aprender (Pablo VI), para ofrecer una experiencia y tesoro de vida en medio de un entorno amenazante, peligroso (Francisco).Como salió Jesús, como hizo Pablo

 Jesús abandonó los caminos asegurados de una buena Ley que santificaba un tipo de vida fijada en sí misma, para situarse “fuera”, en los lugares donde padecían cojos-mancos-ciegos, expulsados e impuros, para iniciar con ellos un camino de evangelio. Como salió Jesús, así debemos hacerlo nosotros, portadores de su mensaje, no para crear una Iglesia cerrada otra vez, sino para promover un movimiento de comunión (Pablo VI) y transformación desde evangelio (Francisco).

‒ Retomamos de esa forma la misión de Pablo, que descubrió sorprendido, emocionado, la nueva y más honda “estrategia” creadora de Dios, que no se revela a través de un Hijo de David triunfante, según la carne, sino por medio del Señor Crucificado (Rom 1, 2-3). Por eso, salió de la Iglesia-Sinagoga de un tipo de judeo-cristianismo, para plantar su “tienda” en el espacio público de la cultura helenista, en los suburbios y villas miseria del imperio romano, dialogando con un mundo que otros juzgaban condenado de antemano. Este Pablo pide a los cristianos que abandonen un tipo de “ley” inmutable, para ponerse al servicio de la revelación del Dios que ama a los gentiles, expulsados, condenados, para ser así de todos.

De esta “salida” de Pablo, que anuncia y promueve el mensaje del Cristo Crucificado en un mundo radicalmente distinto, sigue viviendo la Iglesia. Ciertamente, Pablo no fue el único misionero cristiano; estaban antes que él y con él las mujeres de la pascua, con Pedro y Santiago, con los zebedeos etc., pero su “salida” fue la más significativa, y a ella tenemos que volver, para recrear el evangelio, pues solamente aquello que cambia permanece.

Ésta es la primera tarea de la Iglesia: Salir de sí, para que los hombres descubran a Dios como Padre generoso que engendra vida y la mantiene porque quiere, es decir, porque nos quiere, empezando por los pobres, enfermos y excluidos, los antiguos y nuevos paganos (en sentido popular de la palabra: los que “pagan” por las culpas de los otros). Éste es el punto de partida de la experiencia radical de Pablo, que la nueva indignación de muchos en la “plaza” del sol de la vida nos ayuda a comprender.Ante los indignados de Francisco. Una iglesia de humanidad

Ésta a su juicio la tarea de la Iglesia: Poner su tienda caminante (como hizo Jesús, cf. Jn 1, 14-15) entre y con los hombres y mujeres de las plazas del mundo. Ésta es la tarea del “humanismo de Dios”, que ha salido de sí, que se ha encarnado, para que la vida de los hombres sea su Reino, es decir, el lugar de su presencia.

En este momento (15M 2021) debemos asumir y promover los valores de la creación, al servicio de la madurez de unos hombres y mujeres que quieren producir para gozar, pero, sobre todo, para desarrollarse y vivir como personas, como quiso Pablo VI (Populorum Progressio (1967), a fin de que ese progreso esté al servicio de todos, y en especial de los más pobres como ha puesto de relieve el Papa Francisco (Evangelii Gaudium y Laudato si).

Ésta es la tarea, el primer servicio de la Iglesia: Salir de sí, buscando el bien de los seres humanos, empezando por los menos valorados, promoviendo un progreso de humanidad. Entendida así, la Iglesia es una comunidad excéntrica: Tiene su centro fuera de sí misma. Sólo en la medida en que sale y busca el bien del ser humano es portadora de la salvación de Dios.

Ciertamente, la Iglesia ha realizado grandes obras; ella ha sido promotora de una globalización positiva de la humanidad, de una comunicación abierta a todos los hombres y los pueblos de la tierra, en forma de terapia personal y social:‒ Iglesia, una terapia personal. El evangelio presenta a Jesús como sanador, un hombre al lado de los hombres y mujeres más enfermos, aquellos que han caído en manos de una “cadena destructora” que podemos llamar “diabólica”, para curarles como personas, al servicio de la “mística de la vida”, de la madurez de conciencia, de la paz interna y externa.

 Iglesia, una terapia social. La Iglesia debe ofrecer signos de presencia de Dios (=de humanidad) que se concretizan en la experiencia social de sus miembros, llamados a compartir la fe, para convivir en amor abierto a todos. Ella ha de aparecer así como “ciudad elevada”, pero no en sí misma, sino en la montaña del mundo, no para sí misma, sino para que todos puedan venir, ofrecer y compartir vida, en clave libertad para el amor (cf. Mt 5, 14; Ap 21-22).

 Una iglesia que se convierte

No tiene que empezar pidiendo a los otros que lo hagan, sino convertirse ella misma, “a capite et in membris”, como se decía en otro tiempo, empezando por la cabeza, y siguiendo por los miembros:

‒ Parte de la Iglesia no ha superado un orden social clasista. Ciertamente, ella ha proclamado la comunión de todos los hombres (Gal 3, 28), pero de hecho ha terminado aceptando un tipo de estructura dominante, estableciéndose un modelo jerárquico de vida, que no responde al ideal de fraternidad universal del evangelio (cf. Mt 23, 8-12). De esa forma, ella ha dejado de apoyarse en el Jesús que muere al servicio del Reino, y, en contra de eso, ha querido fundarse en un Señor pascual de poder, no de comunión de vida.‒ Ella ha pactado con frecuencia con poderes de “seguridad” nacional y estatal. Ella comenzó a vivir fuera del orden del Estado, durante siglos (tiempo de las “catacumbas”), para ofrecer su testimonio de humanidad abierta a todos, pero luego pactó con el imperio romano y bizantino y, de un modo especial, con los nuevos reinos cristianos, identificándose con estados y naciones, a menudo enfrentadas entre sí, llegando a imponer su “poder” por medio de las armas.

‒ Finalmente, en los últimos siglos (decenios) la Iglesia no ha rechazado de un modo consecuente el orden capitalista, defensor en teoría de la libertad individual, pero creador de una estructura social injusta (satánica). Ella ha querido aparecer como promotora de un Reino de Dios, pero de hecho ha buscado su propio poder.

Éste es el contexto donde la Iglesia debe cambiar más hondamente, volviendo a salir fuera de sí misma, para poner su palabra (su enseñanza) y testimonio al servicio del Reino de Dios. La iglesia no existe simplemente para decir la verdad (como si fuera algo externo a ella), sino para “ser” verdad, como el mismo Jesús (Jn 14, 6). Sólo así, saliendo fuera de sus muros de poder sagrado, abandonando su alianza con los poderes establecidos y con una economía al servicio de sí mismo (del capital), ella puede ser signo y presencia del Reino de Dios (de Dios hecho Reino de los hombres).

 Una iglesia en contra del desencanto

Los deseos de cambio de los últimos decenios (especialmente de la década de los sesenta a los ochenta del siglo XX), que tanto prometían, en línea de progreso y liberación social, no lograron cumplirse, y parecen habernos dejado tan mal o peor de lo que estábamos. Las utopías ligadas en parte al marxismo han perdido su capacidad de convocatoria, por su propia violencia, sus errores y fracasos económicos, y también por la mayor capacidad de penetración del neo-capitalismo, con la adoración del Becerro de Oro. En esta situación nos cuesta creer en la política en la que, por otra parte, en contra de lo que sucedía en otro tiempo, parecen comprometerse y triunfar sólo los más aprovechados, al servicio del Capital, convertido de hecho en único poder dominante.En esa línea, parece que la sociedad se está estabilizando, encerrada en la “caja de hierro” del Sistema, bajo el dominio de los poderes fácticos (dinero, ansia de poder, grupos partidistas) sin que exista un deseo eficaz de transformación social en profundidad, al servicio de los hombres y los pueblos.

En esta situación resulta esencial que la Iglesia plante su tienda en la nueva ciudad del mundo, en la calle, en los barrios, no para tomar el poder (o actuar como aliada y justificadora de un nuevo Imperio), sino para devolver a las personas la confianza en sus posibilidades personales y sociales, de apertura a la Vida y de vinculación mutua. No se trata de inventar algo que no existiera, sino de que la iglesia sea sacramento del pan compartido, es decir, de la comunión social concreta, entre gentes que dialogan (Pablo VI) y se ofrecen mutuamente “vida”.

Frente al fracaso y desencanto de un tipo de política, la Iglesia ha de elevar más alta fe en la comunión interhumana. No se trata de crear un partido más (de ser partido), ni de bendecir naciones y estados, en sentido político, sino de animar la vida social, en todos los planos, sin tomar el poder de un modo directo, pero potenciando el surgimiento de una conciencia más honda de humanidad correlacionado en servicio mutuo, en forma social.

No se trata de crear simplemente una comunión de meros “indignados” que protestan en contra de las condiciones sociales de injusticia que han surgido, pero es evidente que la unión de los cristianos en forma de Iglesia tiene un elemento fuerte de “protesta”, es decir, de indignación en contra del poder social injusto que domina en gran parte del mundo. Sin esta fuerte “reserva profética” al servicio de la justicia y de la solidaridad carece de sentido la iglesia.No basta más dinero, y más libertad para el mero dinero

Parecía que la nueva economía capitalista podría resolver nuestros problemas, trayendo sobre el mundo la riqueza y reconciliación final, vinculando a todos los hombres en tono a un Capital y Mercado entendidos como espacio de comunicación universal. Pero, de hecho, esa economía se ha vuelto idolátrica, principio de opresión, pues ella pide cada día el sacrificio de más personas. Una pretendida “libertad económica”, en manos de algunos “sabios” que dirigen de un modo aparentemente científico, pero en realidad ilusorio, el mercado del capital ha desencadenado grandes crisis que están poniendo en riesgo el futuro de la humanidad. Pues bien, en esa situación, la iglesia está llamada a mantenerse en actitud de esperanza activa, de paciencia creadora, denunciando el tipo de “dinero actual” (simplemente “más dinero del sistema” como idolatría.

Un tipo de dinero que buscamos (por el que votamos) es un bien (mejor dicho, un mal) ilusorio, de carácter básicamente financiero, que se separa a los hombres de los “bienes reales” (tierra, comida, objetos de consumo) y especialmente del trabajo, para convertirse en un Mammón antidivino y antihumano, como dice Jesús en Mt 6, 24.

En esa línea, hombres y mujeres (incluso a veces el mismo Vaticano) han tenido que vender el alma (es decir, su libertad) poniéndola en manos del dinero. Eso no implica simplemente más “paro” (gente sin posibilidades trabajo), y más injusticia social (mayorías marginadas y hambrientas, sin medios de producción ni de consumo), sino un rechazo de los grandes valores religiosos y racionales (éticos) que habían dirigido por siglos la vida de los pueblos. Muchos hombres y mujeres (grandes masas, naciones enteras) se encuentran al borde del abismo, ante una nueva esclavitud, tan perversa o peor que las anteriores, descrita por la Biblia Biblia, desde Dan 2 y 7 hasta Ap 12-18.De la paciencia resignado a la indignación activa

En esa situación, la paciencia debe hacerse indignación, protesta en contra de la opresión del dinero/capital. Lógicamente, muchos siguen sintiéndose indignados, y otros quizá más numerosos simplemente derrotados. Ha nacido el desencanto, crece la indignación, y en un momento dado pueden surgir grandes protestas, con riesgo de violencia externa, aunque los medios técnicos y militares de los dueños del capital hacen difícil que las protestas puedan cristalizar en forma de auténticas revoluciones. En ese contexto ha de situarse la respuesta de la Iglesia, una actitud que está en el fondo del mensaje de Francisco:

‒ Fe comprometida contra el desencanto de fondo. La iglesia tiene que mostrar con su vida que nuestra situación no es “irremediable”, como no lo era la del Imperio Romano en tiempos del Apocalipsis, sino que deriva de una maldad “diabólica” creada por la misma historia humana, en contra de la voluntad de Dios. Lo peor del sistema financiero es que muchos sienten que resulta insuperable, que no tenemos más remedio que someternos y aceptarlo. Otros piensan que toda ideología engaña, que está hecha para enmascarar y pervertir, de tal forma que tras esta perversión actual vendrá otra, quizá mayor, de tal forma que no tenemos remedio.

‒ Abriendo caminos de esperanza, en medio de estas condiciones adversas. Se trata de mostrar, de manera práctica, que el Capital Financiero es un ídolo sin vida en sí (en sí mismo no es nada) y que, sin embargo, chupa la vida de los hombres. Hay que mostrar su falsedad, como los profetas de Israel mostraron la falsedad de los ídolos entonces, mostrando el engaño y perversión de aquellos que consiguen pronto (sin escrúpulos) mucho dinero, utilizando métodos injustos.

‒ Crear espacios reales de fraternidad, comunidades que resistan y vivan de un modo intenso y gozoso, compartiendo lo que son y lo que tienen, saliendo del sistema financiero que todo quiere controlarlo. En este contexto, la Iglesia tiene que ser ella un germen de fraternidad, saliendo de sí misma, situándose como protesta activa en medio de la plaza de este mundo, con un gesto que no es puramente testimonial, sino que va marcando caminos y signos de nueva humanidad.

En este contexto se sitúa la indignación profética de Jesús cuando eleva su voz y su gesto contra aquellos que oprimen a los pobres y manejan la ley a su servicio, manipulando la palabra de Dios. Cuando parece que no hay lugar para la protesta, que no tiene sentido enfrentarse con el mal, Jesús nos sigue llamando a la gran “indignación” activa, al servició de la creación de Dios, es decir, de la resurrección. En esa línea puede y debe reinterpretarse el mensaje de diálogo de Pablo VI (en contra de sus posibles contradicciones posteriores) y el programa de “salida evangélico-social” de Francisco (en contra de las posibles vacilaciones de su política eclesial).

Tiene que llover…aún sigue sucia la plaza

 No sé si cuando os diga que voy a hablar de la experiencia quincemayista vais a salir corriendo. Porque hemos recibido este mes mucha turra por parte de quienes están ocupando espacios en los medios generalistas intentando analizar lo que jamás llegaron a comprender. No es el caso de mis hermanos y hermanas de Alandar y por eso acepté la invitación a compartir mi reflexión sobre lo que pasó y sobre lo que volverá a ocurrir. 

Por Carlos Sánchez Mato*

Yo estuve en la mani del 15 de mayo de 2011. Como en tantas y tantas antes. Como en tantas y tantas después. Con mis hijas, entonces pequeñajas, que solían hacer siempre la misma pregunta cuando íbamos a movilizaciones…

“Papá, ¿esta es de las de mucha o de las de poca gente? Preferimos de las de poca gente…”

Lógico, porque en las de mucha gente se agobiaban. Y yo aquella vez les dije que “iba a ser de las de poca gente”. No me equivoqué demasiado en eso porque, aunque subíamos bastantes personas por la calle Alcalá hacia Sol, distaba de ser una manifestación de las que podían hacer historia en cuanto a asistencia.Las movilizaciones del 15-M en la Puerta del Sol. Foto: Aurora Petra

Pero pasaron cosas. Porque latía el malestar y el descontento. La mejora de condiciones que había supuesto el llamado Estado de Bienestar se había realizado a costa de dejar áreas invisibles y oscuras que ocultaban la pérdida de calidad en las condiciones de vida de quienes no vivían en las esferas del privilegio. Todo iba muy rápido, pero la crisis dejaba a muchas personas en el camino y exacerbaba el confinamiento de los cuidados cotidianos en los hogares y el deterioro y agotamiento a gran velocidad de bases materiales que sostenían la vida.

En resumen, estábamos hasta la coronilla de ser mercancía en manos de algunos políticos y de todos los banqueros y la gente pensó que todo debía cambiar.

Y cambió.

Estábamos hasta la coronilla de ser mercancía en manos de algunos políticos y de todos los banqueros

Porque muchos y muchas que habían permanecido al margen de las luchas se incorporaron a ellas. Y eso es muy importante. Cientos de personas hablando de economía en las plazas, sentados en el suelo… Qué maravilla. Cartel de convocatoria de la manifestación del 15M

¿Dónde hubiera estado Jesús de Nazaret hace diez años? Tengo muy claro que allí, con jóvenes y mayores soñando en otro mundo mejor y trabajando para hacerlo posible. 

Un montón de personas que tenían y desarrollaron capacidad de argumentación de altura y desmontaron principios asentados en la ortodoxia y, sobre todo, más que dar respuestas, hicieron preguntas. Preguntas para las que no había contestación por parte de quienes, cuando más arreciaba la lluvia, habían retirado el paraguas.

Claro que había adanismo en muchos de los planteamientos que en esos meses se dieron en las calles y plazas, porque muchos derechos habían sido conquistados antes del 15M. Entre mayo del 68 y mayo de 2011 pasaron cosas. Y hubo avances logrados por luchadoras y luchadores que ni se deben ni se pueden olvidar. Y por supuesto que también llegaron oportunistas y personas que se rindieron ante los primeros fracasos o las primeras incoherencias.

Pero para instalarme en un pesimismo chiquito, no habría escrito estas líneas.

Porque he dicho que todo cambió y lo creo profundamente.

Cuando hemos gobernado, desde ayuntamientos a gobierno central, hemos demostrado que no somos iguales, que hay alternativas y que se pueden hacer las cosas con otros criterios. Que se puede poner a las personas en el centro. Y me siento muy orgulloso de haber formado parte de la legión de entusiastas que desembarcamos por sorpresa en los denominados ayuntamientos del cambio en mayo de 2015. Fuimos capaces de gestionar con solvencia y con principios.

¿Dónde hubiera estado Jesús hace diez años? Tengo muy claro que allí, con jóvenes y mayores soñando en otro mundo mejor

Pero las transformaciones generan muchas resistencias. Algunas muy evidentes y palmarias. Otras menos visibles, pero igualmente letales. 

De hecho, una generación nutrida de personas politizadas en el mejor sentido del término ha quedado destruida por las batallas internas. Las maquinarias electorales es lo que tienen… Y otras muchas han sido liquidadas por la ofensiva reaccionaria tanto judicial como mediática que ha hecho la vida muy complicada a quienes quieren impugnar el sistema.

No era tan fácil. Pero tampoco nos podemos escudar en la ingenuidad. Al menos no todas o todos lo éramos.

Para quienes ya peleábamos políticamente antes de mayo de 2011, no fue una sorpresa que el sistema reaccionase frente a la irrupción del ímpetu de cambio como lo hace un organismo ante un virus. Así nos trató. Con un punto de desprecio inicial. “No creerá este pequeño bichito que nos va a hacer daño…” Pero los microorganismos tienen capacidad de hacer daño. ¡Si sabremos lo que pueden causar después de la terrible experiencia que hemos vivido! Sobre todo cuando atacan a un sistema débil. 

El capitalismo está débil porque se asienta en la explotación creciente, la precarización y la desigualdad. Aunque siguiendo solamente la información cocinada en las terminales políticas del poder podríamos creer que las élites gozan de una posición cómoda, que hayan tenido que actuar de forma tan tosca y burda contra todo lo que representó el 15M retrata una posición no precisamente sólida.Medir solo en términos electorales el retroceso del espacio del cambio es un error. De hecho, deberíamos recordar que meses después del estallido social en Madrid, en noviembre de 2011, el día 20 en concreto, el Partido Popular obtuvo una sólida mayoría absoluta. Por eso, aunque el desencanto se haya adueñado del espíritu de muchas y muchos, yo quiero creer que hay mucha gente que no se cansa de soñar y por ese motivo quienes hoy creen que podrán dormir tranquilos desde sus privilegiadas posiciones, yerran.

Porque, como dice mi admirado Ismael Serrano, “las hostias siguen cayendo sobre quien habla de más…» y el cabreo sigue ahí. Hemos vivido cuatro décadas de aceleradas transformaciones que muestran con claridad que vivimos en un cambio de época, una encrucijada marcada por el desbordamiento ecológico, el empobrecimiento y los retrocesos democráticos, que se expresan en altísimas concentraciones de riqueza y de poder en minorías sociales y que nos sitúan ante la necesidad de abordar grandes transiciones en los próximos decenios.

Las transformaciones generan muchas resistencias. Algunas muy evidentes y palmarias. Otras menos visibles, pero también letales

Y, ante eso, toca organizar la ebullición, para que cuando vuelva a ocurrir un estallido -que lo hará- mejoremos las cosas que no hicimos bien en estos diez años. Y para eso será necesario todo el mundo. No sobra nadie. Al contrario, hace falta mucha más gente que la que se emocionó en aquella manifestación y durante los meses siguientes. De hecho, para quienes votarán en las próximas elecciones generales por primera vez, lo que empezó en la Puerta del Sol es prehistoria.

¿Con quién compartirá espacio Jesús de Nazaret la próxima vez que se produzca la temperatura haga hervir el agua y haga saltar la tapa? Pues sigo estando seguro que caminará junto a quienes no se conforman con las migajas y reclaman el derecho al pan entero. 

*Carlos Sánchez Mato es miembro de una comunidad cristiana, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, responsable de Economía de Izquierda Unida y activista.

El 15-M nos interpela hoy

Cómo el 15M nos interpela hoy, diez años después

Sin acercarnos a las vidas cotidianas de las personas, a la praxis concreta, es imposible transformar

Por María Gómez Garrido Publicado el 15 May, 2021

Reconozco que, yo misma, la noche de los resultados electorales no pude dormir. Hace casi diez años que vivo en Mallorca. Pero me sigo sintiendo madrileña, pese a no votar allí y pese a la vergüenza de estos días. Al fin y al cabo no podemos evitar sentirnos parte del lugar donde hemos vivido la infancia y juventud y, en mi caso, donde sigo teniendo vínculos fuertes. En medio de mi angustia, revisé los resultados electorales de los últimos años. No el subidón del PP respecto a 2019 con el que nos han machacado los medios una y otra vez, sino una trayectoria más larga. Para mi sorpresa, el PP había sacado aproximadamente el mismo resultado en mayo y noviembre de 2011 en la región de Madrid, en aquellos meses en los que el 15M ocupaba las calles. Así pues no es que en 2021 hubiera un giro histórico y el mundo (o Madrid) se tiñera de forma inexorable de azul. Es que había vuelto a un resultado ya anterior (que quizás sea su techo y que muestra, también, la dificultad que tiene la derecha para sostener pluralidad, pues los demás partidos – a excepción de Vox, que nace del mismo seno – han quedado pulverizados). Aquellos días Rajoy pudo felicitarse de aquello que él denomino “la mayoría silenciosa”. Parecía evidenciarse que las movilizaciones sociales no tienen una traducción directa en los resultados electorales.

Sin embargo, como ha recordado Emmanuel Rodríguez, nada parecido a esta amargura actual se vivió aquellos días que el azul coloreaba el mapa electoral. Había ilusión, esperanza, deseo por construir. ¿Por qué? Porque desde el 15M se percibían los límites de las instituciones tal y como están diseñadas, porque lo importante no era lo que ocurría en el mercado electoral, sino lo que se estaba tejiendo más allá. Porque el voto ciudadano es lo más parecido a la elección de un producto por un consumidor en un supermercado (de modo que la campaña realizada con más medios económicos tiene más probabilidades de llegar al votante/consumidor, aunque este acabe comprando basura. Y es así como al PP le ha funcionado una campaña grotesca por capitalizar la fatiga pandémica). En aquellos momentos, decía, las esperanzas iban mucho más allá: se trataba de transformar el juego político, qué entendemos por democracia, qué es una vida digna.

Después vinieron las prisas, la “máquina de guerra electoral”, el “hay que madurar”… cuya historia conocemos y cuyo resultado es hoy los partidos Unidas Podemos y Más Madrid. ¿Era el 15M excesivamente utópico? ¿Si no gobiernas no puedes transformar?

Bueno, el 15M provocó que la mayor parte de los partidos políticos, incluidos los de derecha, tuvieran que replantearse la manera como construían sus listas, y abrirse a la participación de las bases. Una parte de su lenguaje fue incorporado en el discurso de muchos.

Cuando el 15M dejó la espectacularidad de las plazas centrales para trabajar en los barrios de manera menos mediática, conectó con la realidad material de las vidas de las personas. Vidas destrozadas y zarandeadas por la gestión neoliberal de la crisis financiera. Y se unió a las plataformas antidesahucios, y organizó bancos de alimentos asamblearios. Y construyó grupos de trabajo por la convivencia. Y ya daba igual si seguía teniendo la etiqueta 15M. Creó red y desarrolló otras formas. Pero esa apertura, esa confianza en la capacidad colectiva de construir era una energía que derivaba del movimiento.

Es así como se abrieron procesos participativos sin precedentes con personas que habían pasado por servicios sociales y entidades del tercer sector, acostumbradas a ser tratadas como “usuarias” (o en el lenguaje liberal, “clientes”). Esos procesos transformaron la vida de muchas personas al poder salir del marco individualizador y culpabilizador de su situación (Herrera-Pineda y Pereda Olarte, 2017). Es el caso del movimiento Invisibles, que se desarrolló en varios barrios y municipios de Madrid y la zona metropolitana (Tetuán, Hortaleza, Villaverde, Coslada…), y que sigue aún trabajando hoy por reivindicar una política decente de garantía de rentas, identificando los fallos del actual implementación del IMV. En el barrio de Tetuán se creó la Mesa contra la Exclusión y los Derechos Sociales en un esfuerzo descomunal por intentar tejer un puente entre movimientos sociales, asociaciones e instituciones. Fue iniciativa de Invisibles.

El 15M abrió espacios en los barrios y, por primera vez en treinta años, pensar en los problemas sociales y políticos dejó de ser un monopolio de las clases medias nacionales, abriéndose esos espacios a clases populares[1], y población migrante.

En muchos barrios se dio una simbiosis con centros sociales que trabajaban desde la autogestión, como es el caso de la Enredadera, de la Villana de Vallekas… Estos lugares se abrieron y dejaron de ser un espacio exclusivo de juventud activista, para ser habitados también por personas mayores, por migrantes, y por quienes no tenían ninguna experiencia política previa. Al mismo tiempo, el movimiento pudo enriquecerse con las experiencias de organización local previas, como los propios centros sociales y oficinas de derechos sociales.

Es así que una parte del movimiento sigue hoy viva en sindicatos de barrio, que dando valor a la autoorganización luchan frente a la precarización de las vidas, y por la garantía de derechos: el Sindicato de barrio de Hortaleza, la Asamblea Popular de Carabanchel, la Plataforma de parad@  precari@s de San Blas, La Asamblea Popular Villa de Vallecas, y muchos otros núcleos que siguen activos…

El 15-M y el Papa Francisco (I): Una política desde abajo

El 15M y el papa Francisco (I): una política desde abajo

escrito por

 Santi Torres

Ahora que se acerca la efeméride del movimiento social que se produjo el 15 de mayo del 2011, más popularmente conocido como 15M, he pensado que sería interesante enlazar la memoria de esa fecha con algunos de los posicionamientos públicos expresados durante estos años por el papa Francisco. Hay dos elementos, uno temporal y el otro geográfico, que pueden ayudar a conectarlos. El primero, temporal, es el hecho de que el papa es nombrado en 2013, por tanto, con los ecos recientes de una serie de movilizaciones que se produjeron en diversos lugares sobre todo durante los años 2010-2011: la primavera árabe en el Magreb, Occupy Wall Street (en Estados Unidos), o el 15M en España entre otros. La crisis financiera de 2008 trajo una larga resaca y provocó protestas con un marcado carácter revolucionario y anticapitalista. Y el otro elemento, geográfico, el hecho que Bergoglio al ser nombrado papa se definió como venido del «fin del mundo», del Sur y por tanto con una experiencia muy viva sobre los efectos que determinadas políticas y culturas económicas neoliberales habían tenido sobre países como el suyo. Estos dos elementos confluyeron en un momento donde las movilizaciones abrieron un horizonte de esperanza y de cambio que después no llegaron a materializarse o que incluso generaron una reacción autoritaria y neoconservadora muy importante.

Hablar de un papa que apuesta por una perspectiva política desde abajo, puede llegar a parecer una paradoja. El papa en su dimensión política representa el verticalismo extremo. No en vano, hoy por hoy, el Estado Vaticano sigue siendo una (la única) «monarquía absoluta, electiva y teocrática”, y el papa está en el vértice de esta estructura de poder en calidad de jefe de Estado. Añade además a esta condición, la de cabeza de una Iglesia también vertical y jerárquica.  Esto no ha cambiado con Francisco y no se espera, de momento, que cambie. No obstante, y a pesar ello, en la manera de expresarse y en su mensaje sí que el papa ha adoptado siempre una perspectiva que aspira a romper con su posición de poder para convertirse en un líder social y religioso, en parte carismático, que busca conectar con los movimientos que se producen en la base del sistema o incluso fuera del sistema.

Su pontificado está plagado de momentos en que esto se ha evidenciado: gestos, discursos, encíclicas… Quizás haya dos momentos, muy al principio de su pontificado, donde lo formuló de una manera más clara. El discurso en Roma el 28 octubre del 2014, y el que realizó en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) el 9 de julio del 2015, durante el II encuentro mundial de los movimientos populares.

En Roma se habían reunido movimientos sociales alrededor de tres temas que el papa hizo suyos -tierra, techo y trabajo- y a los cuales añadió de su propia mano una reflexión sobre la paz y la ecología. No entraré en el detalle de sus reflexiones, pero si en el fondo de su visión que le hace exclamar en un momento determinado del discurso:

“Los movimientos populares expresan la necesidad de revitalizar nuestras democracias, tantas veces secuestradas por innumerables factores. Es imposible imaginar un futuro para la sociedad sin la participación protagónica de las grandes mayorías y ese protagonismo excede los procedimientos lógicos de la democracia formal. La perspectiva de un mundo de paz y justicia duraderas nos reclama superar el asistencialismo paternalista, nos exige crear nuevas formas de participación que incluya a los movimientos populares y anime las estructuras de gobierno locales, nacionales e internacionales con este torrente de energía moral que surge de la incorporación de los excluidos en la construcción del destino común”.

Este fragmento, enlaza con multitud de mensajes y pancartas que se pudieron ver en plazas y calles durante el mes de mayo del 2011. En contraste con la visión de la democracia representativa, formal y liberal-burguesa, la visión y el mensaje político de Francisco conecta inesperadamente con las bases y los perdederos de la historia a los que anima a autoorganizarse y a luchar más allá de las estructuras que configuran nuestra organización social. Su crítica que se extiende incluso a las ONGs cuando denuncia la “domesticación” de los pobres y sus causas, son ciertamente novedosas dentro de los planteamientos tradicionales de la Doctrina Social de la Iglesia. De hecho algunos autores como el teólogo brasileño Fabio Regio publicaron artículos[1] en los que destacaban el carácter rupturista del papa Francisco en contraste con las posiciones «reformistas» defendidas tradicionalmente por los pontífices en sus encíclicas sociales. Seguramente una afirmación así es demasiado atrevida, pues a la hora de las concreciones Francisco remite continuamente a sus predecesores, pero sí que es novedosa la centralidad que da a la participación política desde la base, a que ese compromiso se dirija a atacar las causas de la injusticia, aunque ello suponga una subversión del sistema, o a la hora de criminalizar el “estado actual de las cosas” calificándolo directamente de “amenaza a la humanidad”.

Meses después, en Bolivia, y de nuevo en un encuentro mundial de movimientos sociales, los exhortó a seguir con ese trabajo de transformación desde la realidad concreta, desde las necesidades concretas: “Ese arraigo al barrio, a la tierra, al oficio al gremio, ese reconocerse en el rostro del otro, esa proximidad del día a día…. ejercer el mandato del amor, no a partir de ideas o conceptos sino a partir del encuentro genuino de las personas”.

Imposible no escuchar en estas palabras, citadas recientemente en la encíclica Fratelli Tutti  los ecos de las reivindicaciones presentes ahora hace 10 años en nuestras calles y plazas. Imposible no conectar esta perspectiva desde abajo y desde lo cercano, con aquello que allí se promulgaba.

Diez años después la materialización política de aquellos movimientos no deja de cosechar derrotas, inmersos en contradiccciones, cismas, egos e incapacidades. Diez años después el papa también se ha visto en cierta manera incapaz, pese a su condición de «monarca absoluto» o quizás por esa misma condición, de impregnar la estructura eclesial de esa llamada a la solidaridad desde abajo, a esa visión política que pone al excluido en el centro de las prioridades. Ciertamente han surgido en la iglesia no pocas iniciativas y algunas muy interesantes, pero la acción y pensamiento mayoritario sigue tocado por un sesgo asistencialista que dificulta una auténtica opción transformadora.

Diez años después quedan los brotes que han protagonizado algunos movimientos autoorganizados y que luchan por escapar a las dinámicas de descarte a las cuales les somete el sistema.  La Iglesia y los cristianos deberíamos estar más atentos a estos movimientos, trabajar codo con codo con ellos, ser capaces de generar otros si hace falta, si no queremos que esta democracia anémica que tenemos se nos acabe deshaciendo entre las manos. A pesar de todo el 15M sigue inspirando y, curiosamente, el papa también…

(Continuará…)

En el insomnio del 15-M

En el insomnio del 15M

Hay quien dice que no hay nada menos 15M que la nostalgia del 15M. Sin embargo, estos días se multiplican los artículos que revisitan ese hito histórico, ya sea para reivindicarlo de manera encapsulada como para desprestigiarlo. Se cumplen diez años de la manifestación que dio lugar a la acampada que dio lugar al movimiento que supuso el inicio del fin del bipartidismo en nuestro país y a un estallido de activismo como no se había visto en décadas.

A pesar de esto, corre entre ciertos opinólogos de la verdadera izquierda, de estos que tienen un señor mayor encerrado en un cuerpo no tan viejo y que viven de polemizar en redes y hablar de su libro, una suerte de aquello no fue para tanto, cuando no directamente una necesidad de levantar sospechas y elucubrar conspiraciones. Que están a un paso de decir que el 15M fue facha, vaya.

Nos recordarán estas voces durantes estos días que el PP arrasó en las municipales de mayo de 2011 y en las generales de ese mismo año. Se apoyarán en esto para denostar la transversalidad y aquello del 99% porque, claro, ahí cabe cualquiera y vaya usted a saber. Retorcerán los datos y la hemeroteca para demostrar el apoyo de los grandes grupos mediáticos, cuando lo cierto es que, salvo algunos digitales incipientes (ahí estaba esa cuna de grandes que fue Periodismo Humano), las principales cabeceras solo hicieron caso cuando fue inevitable hacerlo: no se puede ocultar una acampada multitudinaria en la Puerta del Sol la semana antes de unas elecciones. 

No entendieron de qué iba entonces y no lo entenderán hoy. Había que estar en las plazas para ello

En fin, dirán estas voces denostadoras lo mismo que ya decían hace 10 años los que veían que esta nueva forma de pensar y pulsar el activismo les quitaba su protagonismo oxidado. Nada nuevo. Nada transformador. Nada que haya servido para cambiar nada. No entendieron de qué iba entonces y no lo entenderán hoy. Había que estar en las plazas para ello.

Del mismo modo, la crónica hagiográfica de lo que fue tampoco nos será muy útil hoy, diez años después, y puede incluso llegar a ser más contraproducente con los postulados y el espíritu del movimiento que la crítica de los rencorosos. Había que estar en las plazas, sí, pero no se puede seguir en “aquellas” plazas. Si el 15M es una reliquia intocable con sus propios cronistas oficiales, entonces el 15M ya no sirve para nada. Si el 15M solo es un hermoso recuerdo individual de una experiencia personal, entonces el 15M ya no sirve para nada.

Corre el riesgo esta visión reivindicadora del movimiento de convertir en fetiche lo que fue una chispa. El 15M como realidad perfecta e inalcanzable, el 15M como nuestro tiempo pasado que fue mejor, el 15M como “es que en la casa se vive todo más intensamente”. 

Pasa también que en el 15M éramos más jóvenes y, claro, igual donde quieres estar no es de nuevo en una asamblea de la Comisión de Política a Largo Plazo sino en tus veintitantos años. Comprensible pero poco eficaz en nuestro contexto.

A mí me pilló al filo de la treintena, recién llegado de una Honduras en resistencia frente a un golpe de Estado y siendo candidato de un pequeño partido por entonces bastante utópico (en la mejor de sus acepciones). Encontré entre todo lo que se movía bajo las carpas azules de Sol un catalizador que daba sentido a todas mis apuestas político-sociales y las unificaba.

Era evidente que la revolución empezaba ahí y de verdad sentíamos que estábamos cambiando el mundo

Era evidente que la revolución empezaba ahí y de verdad, de una forma muy auténtica, sentíamos que estábamos cambiando el mundo. De hecho, la segunda parada del 15M fue la increíble manifestación global del 15O. Todos los países de La Tierra manifestándose a la vez contra un sistema injusto. Queríamos cambiar el mundo.

Me sirvió esa primera semana de acampada, que me pilló en plena campaña electoral, para entender muchas de las cosas que luego se llamarían “nueva política”. Aquello era sin logos, sin banderas, sin siglas… Aquello iba de cooperar y no de competir. Aquello iba de unir fuerzas desde lo común y desde la diversidad para lograr objetivos mayores.

Aquello nos decía a voces que lo institucional era solo una herramienta y que los partidos tenían que estar en retaguardia y al servicio de la ciudadanía organizada y sin organizar, no eran un fin en sí mismos. Esa lucha llevé desde entonces al que fue mi partido y por eso mismo acabaría siendo invitado a salir 5 años después. El 15M fue de todo menos identitario y eso no lo llegó a entender todo el mundo. Por el camino se lograron cosas muy interesantes con algunos partidos y movimientos que durante algún tiempo sí que lo entendieron.

Pero vaya, que esto es mi experiencia y no quisiera hace totem de esto. Con el 15M pasa un poco como con el Camino de Santiago, que dicen que hay tantos como peregrinos lo recorren. Pues eso.Volviendo a nuestro contexto actual, resulta fundamental tenerlo en cuenta de cara a ponernos frente al espejo del 15M diez años después. Más allá de por el enésimo fin de ciclo dictado por la actualidad electoral, por el momento histórico mundial en el que nos encontramos.

Con un colapso climático y sistémico a la vuelta de la esquina, con un capitalismo en proceso de constante refundación desquiciada sobre los cadáveres que va dejando por el camino, con una ultraderecha global amenazando desde los discursos del miedo y el odio el consenso de la declaración de los Derechos Humanos… el décimo aniversario del 15M nos obliga a pensar qué queda de aquel movimiento que nos llenó de esperanza organizada y de qué puede servirnos ahora.

Por tanto, quizá no se trata tanto de hablar del 15M como del quincemayismo. No del momento sino de los aprendizajes. No del homenaje sino de la acción ahora. La década no como nostalgia sino como acicate.

Aunque sobre esto hay publicado mucho y muy variado, sí podríamos convenir que algunas de las claves principales del quincemayismo son la horizontalidad, la transversalidad, el asamblearismo, la no-violencia, el respeto, el internacionalismo, la creatividad, la proposición, la movilización y la repolitización.

Claves que nos hablan más de los “cómos” que de los “qués” en un momento en el que los “cómos” parecen haberse vuelto a reducir únicamente a la vía electoral y los “qués”, como digo, nos los están gritando las emergencias históricas del siglo. En un momento de polarización insoportable quizá sea bueno recordar que la mayor transformación que ha sufrido nuestro país desde el 78 parte de una movilización que contaba con el 81% de apoyo según el CIS. Si de verdad queremos cambiar las cosas, si de verdad queremos que el 15M siga siendo chispa que encienda fuegos necesarios, ahí tenemos unas cuantas claves válidas. A los poderosos enemigos capaces de apagar esa chispa y sus estrategias ya los hemos ido conociendo por el camino. No, nuestros sueños siguen sin caber en sus urnas. Van más allá.

La placa popular que se puso bajo la estatua de Carlos III en aquella semana frenética de 2011 decía “Dormíamos, despertamos”. Una de las pancartas más replicadas gritaba que “si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir”.

Hoy, diez años después, con una realidad que sigue sin dejarnos soñar y con una década de despertar colectivo a cuestas, estamos en pleno insomnio del 15M. Con los ojos como platos, comidos de ansiedad y sin fuerzas. Una vez que despiertas ya no puedes volver a dormir. Al menos hasta que alcances los sueños que te niegan y puedas sentarte a descansar. 

Mi profesor de Geografía e Historia de 2º de BUP, Julián Jimeno, explicaba el Renacimiento de una forma que aún hoy sigo recordando. Mientras que en la Edad Media habían estado intentando replicar sin éxito lo que hicieron los romanos, en el Renacimiento empezaron a pensar, desde su propio contexto, como pensaban los romanos. Y floreció todo. Quizá sea el momento de abandonar Sol y empezar a pensar como pensábamos cuando fuimos a Sol. Nos va el futuro (que sin ser ya jóvenes seguimos sin tener) en ello

El mejor regalo del 15-M

«El mejor legado del 15M: ¡Que nada ni nadie nos arrebate una esperanza comprometida!»

«En Podemos queda mucho de lo que profundamente denunciaba y anunciaba el 15 M, pero que ha quedado injustamente tapado»

«Sigue en pie y vigente lo que de denuncia profética tuvo el 15M: no tenemos una democracia real»

«En la iglesia institucional en nuestro país, no hemos percibido ningún cambio y sí, quizás, en muchos casos, un retroceso defensivo»

«¿Es el Papa Francisco un indignado? Desde mi percepción, sin duda»

«Quiero apostar por que no triunfe el desencanto y vuelva a resurgir una indignación pacífica y constructiva, que sepa defender los derechos básicos frente a la ola privatizadora, una indignación con fuerza y al tiempo con paciencia histórica»

Emma Martínez teóloga

Sin mucho tiempo para elaborar mi respuesta, me ha llegado esta petición de José Manuel Vidal y he querido responder desde mi experiencia : ¿Qué queda del 15-M en Podemos, en la sociedad y en la Iglesia? ¿Es el Papa Francisco un indignado?

El 15M lo viví en Madrid y fue para mí un gran signo de esperanza: Por fin despertábamos como sociedad, nos indignábamos y salíamos del letargo reclamando derechos, justicia, equidad, denuncia del expolio bancario al grito: “No somos mercancías en manos de banqueros”, exigencia de ruptura con el bipartidismo corrupto y al servicio de una no tan modélica transición, cuyo fin era no tocar el franquismo soterrado en instituciones como el ejército, la iglesia, poderes económicos y financieros y sobre todo la aspiración y la lucha por una democracia real …Participé con entusiasmo en lo que pude en Sol y, sobre todo, seguí con pasión el movimiento que tenía reflejo en otros muchos movimientos de indignados en el mundo.A partir de la disolución de las acampadas en las diversas ciudades, surgieron distintas iniciativas ciudadanas: mareas (verde, naranja, blanca, negra…); marchas de la dignidad por todo el territorio nacional, movimiento “rodea el congreso” y diversos grupos de resistencia en los barrios de las ciudades.

¿Qué queda del 15M en la sociedad?

Algunas mareas y movimientos sociales como el feminismo, stop Desahucios, los movimientos ecologistas, entre otros, han continuado sus demandas y su lucha, pero la ley mordaza, las multas a quienes participaron en esas movidas, el cansancio y desaliento al comprobar el caso omiso que el gobierno del PP hizo de toda esa marea de indignación, fue acallando y desactivando parte de ella. La pandemia y el confinamiento hicieron el resto. H

Hoy, una especie de nihilismo desencantado, un agote pandémico, un individualismo y un liberalismo privatizador creciente, parecería que han dado al traste con el espíritu del 15 M. Pero quiero esperar que, de ahora en adelante cada vez con más claridad, descubramos que sin una fuerte movilización ciudadana no habrá cambio posible, nada se hará si la población no despertamos.

Fruto de ese indignado descontento surgió Podemos, con el deseo de responder al espíritu del 15M con sus principales denuncias y propuestas, y queriendo ser un instrumento político útil. Pero un partido político, por muy alternativo que quiera ser, no es un movimiento ciudadano. Al articularse como partido y dotarse de una estructura orgánica que le posibilitara acceder a los gobiernos y poder cambiar leyes para modificar el statu quo, pasó por el coste de decidir cuál era la postura y el liderazgo mayoritarios.Así se puso de relieve lo que era evidente: la existencia dentro de Podemos de diversas corrientes, sensibilidades, estrategias, luchas de poder, etc. y ahí empezaron las divisiones, los abandonos y la mirada hacia adentro, haciéndole perder en alguna medida, la conexión con movimientos sociales y con la calle. Los círculos de Podemos, que surgieron con gran fuerza, al no tener conexión con los órganos de decisión del partido, ni objetivos suficientemente claros, se fueron vaciando de militantes y de entusiasmo.

A todo lo anterior se sumó el miedo a perder sus privilegios por parte, tanto de los poderes fácticos como de los dos partidos políticos que se turnaban en el poder, mantenedores del sistema vigente y que se han beneficiado de él. Entre todos urdieron unas cloacas del estado y del seudoperiodismo que pusieron en marcha una campaña brutal e inmoral de acoso y derribo contra al partido y sus principales dirigentes, especialmente contra Pablo Iglesias. ¿Qué difusión se ha dado al hecho de que los tribunales hayan desestimado hasta hoy 20 causas judiciales contra Podemos y sus líderes?

¿Qué queda del 15 M en Podemos?

Quiero poner de relieve que, desde mi perspectiva, en Podemos queda mucho de lo que profundamente denunciaba y anunciaba el 15 M, pero que ha quedado injustamente tapado.Sin duda se ha producido la ruptura, de hecho, del bipartidismo. Sigue en pie y vigente lo que de denuncia profética tuvo el 15M: no tenemos una democracia real – cosa que se ha evidenciado aún más con el acoso y derribo de Pablo Iglesias – ; el régimen del 78 mantiene elementos vivos del franquismo en las instituciones del estado, como las fuerzas de seguridad y judicatura, y en poderes facticos como la banca y medios de comunicación, al servicio de los intereses de la oligarquía; seguimos sosteniendo una economía y cultura neoliberal que está provocando una cada vez mayor brecha social; que los bancos siguen sin devolvernos el dinero “prestado” y siguen siendo los dueños del país y de algunos medios de comunicación.

Queda en pie el hecho de que Podemos no se ha equivocado de bando en sus políticas, siempre al servicio de mejorar la vida de la gente, sobre todo de la más excluida, y de poner la vida (de las personas, del planeta) y su cuidado en el centro. Quiero recordar algunas de las medidas que se han tomado en el gobierno (opacadas por el ruido mediático, y con las limitaciones propias de este sistema) muchas de ellas gracias a la presión de UP y a la cabezonería de Pablo Iglesias: subida del SMI; los ERTES; la aprobación del Ingreso Mínimo Vital; la prohibición de desahucios y cortes de suministros básicos, así como ayudas a autónomos y empleadas del hogar durante la pandemia; la eliminación del despido por baja médica; la aprobación de la Tasa Tobin; la Declaración de la emergencia climática; la aprobación del impuesto para las multinacionales digitales; el decreto para limitar la publicidad en el juego etc.En el 15M también pedíamos otro tipo de política y de partido. “No nos representan”, era el grito que lo reivindicaba. A pesar de las limitaciones que el sistema impone a los partidos y la dificultad para compaginar novedad e integración en el mismo, unido a las limitaciones propias de toda realidad humana, quiero resaltar algunas de las diferencia de Podemos respecto de otros partidos. Es un partido que se auto-financia sin depender de los Bancos, lo que le permite una libertad que otros no tienen; un funcionamiento mucho más democrático y participativo de las personas militantes, tanto en la confección de los programas, como en la elección de candidaturas, y otras decisiones importantes del partido.

Se rige por un código ético, que se vigila y se exige: obligación de los cargos públicos de donar parte de su sueldo (proporcionado a las necesidades personales y familiares), para proyectos sociales; límite de dietas y desplazamientos para los parlamentarios de fuera de Madrid (850€, en vez de 1.800€); renuncia al plan de pensiones, a la tarjeta Oro, a la tarjeta de 3000€ para desplazamiento en taxi, a la línea de internet gratis para los parlamentarios de fuera de Madrid, etc.

Es mucho el camino que queda por andar, tanto en conquistas sociales largamente demandadas, como en el control de los alquileres, en agilizar y revisar el IMV, en la derogación de la ley mordaza y de la reforma laboral. Urge una reconexión con los movimientos sociales, con las demandas sociales, con los barrios y zonas despobladas y más necesitadas. Así mismo, es de vital necesidad la cohesión interna del propio partido. Se abre una etapa nueva con un marcado sello ecofeminista que puede ayudar a dar el giro que el partido necesita.¿Qué queda del 15M en la Iglesia?

La pregunta que me hago es si hubo un 15M en la Iglesia. Yo no he percibido esa indignación colectiva. Claro que hay hombres y mujeres cristianas presentes en todas esas mareas, protestas, colectivos, en Podemos como partido, que desde siempre han estado luchando contra este sistema que genera una insoportable injusticia, inequidad, descarte de personas y destrucción del planeta. Desde hace muchos años comunidades populares, cristianas y cristianos de base organizados y motivados en grupos, comunidades y redes cristianas, forman parte de esa movida e indignación que ha representado el 15M, pero en la iglesia institucional en nuestro país, no hemos percibido ningún cambio y sí, quizás, en muchos casos, un retroceso defensivo.

¿Es el Papa Francisco un indignado?

Desde mi percepción, sin duda.

Como fiel seguidor de Jesús de Nazaret, denuncia en innumerables ocasiones este sistema al que valientemente define como “asesino y ecocida”, que produce millones de personas “descartadas”. Sus palabras certeras son: “Esta economía mata” y está destruyendo el planeta “La iniquidad del sistema genera violencia, descarte y muerte de personas. Los excluidos no son «explotados» sino desechos sobrantes.1 Una economía por encima de la vida, contra la vida2 “Este sistema es injusto en su raíz”3. “Un sistema estructuralmente perverso” 4Y, con mucha fuerza, llama una y otra vez a decir “no” a la indiferencia cómplice y a indignarse. “Esta situación da lugar a la globalización de la indiferencia, ya no se nos conmueven las entrañas. La cultura del bienestar nos anestesia”5. Se indigna y muestra con claridad su indignación: “No es una opción posible vivir indiferentes ante el dolor, no podemos dejar que nadie quede <<a un costado de la vida>>. “Esto nos debe indignar, hasta hacernos bajar de nuestra serenidad para alterarnos ante el sufrimiento humano. Esto es dignidad”6

Una y otra vez grita que el tratamiento a las personas migrantes es una vergüenza, que las leyes migratorias matan y maltratan a quienes vienen huyendo del horror de las guerras, el hambre, persecuciones, cambio climático, etc. Continuamente nos alerta de que, si no cambiamos de rumbo, vamos hacia un ecocidio que puede ser un suicidio colectivo. No para de hacer propuestas para caminar hacia otro mundo, otra Iglesia, otra sociedad sustentadora y cuidadora de la vida.

Por eso mismo ha despertado también las iras y persecuciones de quienes, dentro y fuera de la Iglesia, ven amenazados sus privilegios y formas indecentes e inmorales de comportarse.¿Qué espero de cara al futuro?

Difícil de predecir. Quiero apostar por que no triunfe el desencanto y vuelva a resurgir una indignación pacífica y constructiva, que sepa defender los derechos básicos frente a la ola privatizadora, una indignación con fuerza y al tiempo con paciencia histórica, ya que los cambios profundos son lentos. Que aprendamos que, ante desgracias colectivas, sólo nos salvan los servicios públicos bien cimentados, que despertemos al momento de emergencia global en el que estamos sumergidos como humanidad y todo ello, nos sirva para dar un salto en el nivel de consciencia colectiva que nos haga descubrir, como dice el Papa Francisco, que o nos salvamos juntos o perecemos juntos o, como expresan los nativos bolivianos, “ o nos unimos o nos hundimos”.

Espero que las semillas de justicia, solidaridad, valores éticos, cuidado de la vida… sembradas por tantas personas, grupos, colectivos, movimientos, ONG, comunidades, partidos… den fruto, aunque no lo veamos en esta generación. Este es el mejor legado del 15M. ¡Que nada ni nadie nos arrebate una esperanza comprometida!

¿Qué queda del 15-M en la sociedad y en la Iglesia?

-Una tarea ilusionante

«Este 15 de mayo celebramos los diez años del acontecimiento del 15M, la manifestación española de un movimiento social que ha marcado la evolución social y política de los últimos años»

«Muchos sentíamos que no había instrumentos políticos para manifestar la indignación y revertir la situación, pues los partidos del régimen coincidían en el consenso austericida»

«La iglesia jerárquica española, liderada por obispos ultraconservadores, mantenía un discurso público en sus radios y medios de comunicación claramente solidario con el bipartidismo y la oligarquía dominante»

«La conexión de estos movimientos y la alianza con la iglesia oficial más progresista es probablemente la tarea que toca realizar si queremos ser fieles al Espíritu que suscitó el 15M y al Papa Francisco»

 José Antonio Vázquez Mosquera

Este 15 de mayo celebramos los diez años del acontecimiento del 15M, la manifestación española de un movimiento social que ha marcado la evolución social y política de los últimos años y que posiblemente siga influyendo positivamente en la transformación de la sociedad en el futuro.

El origen remoto de aquel movimiento del año 2011 habría que buscarlo en la gran crisis económica iniciada el año 2008, que evidenció las carencias democráticas y humanas del modelo neoliberal imperante en el mundo. España fue especialmente golpeada por esta crisis:  los desahucios, el desempleo, la corrupción política, la primacía de los rescates a los bancos sobre la ayuda a las personas… hicieron tomar conciencia de la débil democracia social, económica y política que representaba el sistema bipartidista de la restauración postfranquista.

Personalmente viví aquel momento siendo miembro de una comunidad monástica; como tal, daba retiros a personas de fuera del monasterio y comencé a escuchar en primera persona las historias reales de mujeres y hombres, que hasta ese momento trabajaban y vivían con cierto confort, explicando como habían perdido su trabajo o su empresa y se encontraban desahuciados, subsistiendo gracias a Caritas.La escucha de aquellas historias despertó en mí la tristeza y la indignación, sus casos quitaban definitivamente la careta al modelo social imperante, a la vez, que producía enorme frustración la aplicación de continuas e insolidarias medidas de austeridad contra los ciudadanos, mientras se daba el dinero público a los bancos, causantes de la crisis por su manipuladora política de especulación financiera.

Muchos sentíamos que no había instrumentos políticos para manifestar la indignación y revertir la situación, pues los partidos del régimen coincidían en el consenso austericida, y esta impresión fue confirmada cuando se produjo la reforma del artículo 135 de la Constitución, realizada por consenso del PP y el PSOE en contra de los intereses de la nación, ante las exigencias de una Unión Europea dominada por el capitalismo alemán.

Por otro lado, la iglesia jerárquica española, liderada por obispos ultraconservadores, mantenía un discurso público en sus radios y medios de comunicación claramente solidario con el bipartidismo y la oligarquía dominante, en especial, con el ala conservadora de ese bipartidismo, el PP, manifestando que formaba parte de los intereses del bloque hegemónico y oligárquico de la España oficial, y vivía ajena al creciente malestar social del pueblo.En ese clima, y precedida de la llamada primavera árabe, se produjo en España la toma espontánea de las plazas por la gente, pidiendo democracia real tanto económica, como social y política. Fue algo inesperado para el régimen, una verdadera explosión democrática en las calles, en las que se comenzó a escuchar y dialogar en asambleas, a expresar el malestar con la situación y a soñar una sociedad más humana y democrática.

Para muchos fue una verdadera experiencia democrática y ciudadana, como no se había vivido en España desde hacía mucho tiempo. Escuché aquellos días a algunos que decían en la Puerta del Sol (epicentro del movimiento) que aquellas asambleas les recordaban simbólicamente a la Atenas de Pericles. Muchos cristianos progresistas participaron también en aquellas asambleas, mientras la iglesia oficial era ajena al movimiento.

Visto con perspectiva, creo que el 15M español fue una manifestación especialmente intensa de un deseo de cambio profundo, que se vivió y se vive en muchas partes del mundo (el 15M está emparentado con otros movimientos como el Movimiento Occupy, YoSoy1328 o la Nuit debut). Incluso la elección del Papa Francisco en la Iglesia Católica en el año 2013, con el deseo de renovación institucional y la intensificación  oficial de la sensibilidad social y ecológica  dentro de la Iglesia, puede verse como otra manifestación de un movimiento análogo al 15M en el ámbito de la Iglesia.Siguiendo al filósofo Alain Badiou, creo quepodríamos entender el movimiento del 15M, y los movimientos que produjo en la sociedad y en la iglesia, como la expresión de lo que él denomina un “acontecimiento”,una situación histórica inesperada para el sistema dominante en la que se revela una “novedad” que había quedado oscurecida de modo interesado; esa novedad tiene que ver con el  aumento de la conciencia de la dignidad humana y de las exigencias sociales que se derivan de la protección de  esa dignidad: la  igualdad, la justicia, la fraternidad sororal… Sin duda, en el 15M se vivió esta toma de conciencia.

Si hacemos una lectura profunda, creo que, debajo de todo auténtico acontecimiento en el sentido que  Badiou da al término , se puede detectar una experiencia que podríamos llamar espiritual o ética, que se hace posible al darse un  verdadero encuentro empático  de unos con otros, de modo que disminuye la conciencia individualista y egoísta y se aumenta la conciencia relacional o fraternal y como consecuencia natural,  se reclama en la sociedad y en las instituciones un aumento de la justicia, la igualdad, los derechos humanos, el cuidado a todos los seres…

En las asambleas del 15M tuvimos una experiencia de encuentro, de empatía, una experiencia transcendente (entendiendo por tal la apertura más allá de mí mismo a un otro con el que me siento solidario) y de ahí nació una ética o espiritualidad solidaria que era el núcleo central del movimiento. Esa sería la “verdad” o “novedad” de aquel acontecimiento, que podría encontrarse también en los otros movimientos similares que se dieron fuera de España.Badiou señala que todo “acontecimiento” necesita de un sujeto que sea fiel a la novedad humanizadora que ese acontecimiento ha puesto al descubierto, de modo que se implemente en la sociedad esa mayor humanización. Sin ese “sujeto” el acontecimiento no produciría cambios sociales reales. De la necesidad de un instrumento que ayudara a promover una mayor democratización y humanización dentro de nuestra sociedad surgió Podemos, el partido político que se convirtió en el medio para producir cambios estructurales reales. Podemos ha sido en gran medida, sin duda también con errores, el sujeto fiel al acontecimiento y la novedad del 15M.

Frente al sujeto fiel al acontecimiento del 15M, surgieron pronto en España los otros dos sujetos de los que también habla Badiou: el sujeto reactivo y el sujeto oscuro.¿A qué se refiere?

Explica Badiou que, ante la novedad que trae el acontecimiento, surge también la oposición de los que no desean un avance ético auténtico por tener beneficios o privilegios en el (des)orden establecido cuestionado por el acontecimiento. Una manera de oponerse al acontecimiento es la que toma la forma del “sujeto reactivo”como se denominaría a aquellos que quieren asimilar el nuevo movimiento a lo ya existente, intentando usar su fuerza emergente  simplemente para apuntalar reformas superficiales que permitan salvar el statu quo. Cambiarlo todo de modo superficial para que en profundidad nada cambie.Si aplicamos esta lectura al panorama político español actual es inquietante (a la vez que quizá clarificador) interpretar así ciertas actitudes del PSOE, al que, en ocasiones, se adivina ansioso por lograr la marginación de Podemos, o explicaría la promoción de escisiones dentro de Podemos, con gran apoyo mediático, que se interpretan como más “moderadas” o quizá, en realidad, más ajenas al espíritu del 15M y mucho más cercanas al consenso del régimen.

Más agresivo es el llamado por Badiou como “sujeto oscuro”; por tal hay que entender a todos aquellos que se oponen al cambio y desean de modo directo impedirloTrump a nivel internacional y Vox en el ámbito español podrían entenderse como manifestaciones sin complejos del “sujeto oscuro”.

Ahora bien, no son las únicas, existen formas menos directas y, por ello, más eficaces en su labor destructiva; entre otras, podríamos señalar: la normalización pública de un discurso cercano a la ultraderecha, la difusión masiva de bulos contra los migrantes y la brutal campaña de acoso constante a Podemos y a Pablo Iglesias por parte de los grandes medios de comunicación, muchos de ellos en manos de los bancos… todas pueden ser leídas como  expresiones de esta emergencia del sujeto oscuro que intenta impedir todo cambio real.La Iglesia oficial también ha sido uno de los más activos “brazos” de este sujeto oscuro; sus medios de comunicación han difundido uno de los discursos más agresivos con Podemos y con el movimiento 15M (hoy todavía podemos escuchar a locutores estrella de la COPE- la radio de los obispos- usar un lenguaje en el que no falta el insulto directo, dirigiendo  términos como loco, payaso, psicópata…  a todo aquel que sea cercano a Podemos o simplemente de izquierda, habiéndose convertido, por desgracia, en un ejemplo de cómo hacer un periodismo muy alejado de los valores del evangelio, como han denunciado muchas comunidades cristianas y hasta obispos, siendo ignorados sistemáticamente por la conferencia episcopal).

Es más, las agresiones de la iglesia oficial no se han limitado a su discurso público, han incluido la persecución interna a cristianos comprometidos con el 15M. Yo mismo he sufrido esta persecución por parte de la institución eclesial, al manifestar mi apoyo a Podemos y colaborar en fundar un círculo de espiritualidad afín a él; nada más hacerse pública mi opción fui acosado, manipulado y engañado sin escrúpulos de ninguna clase por parte mi comunidad religiosa, aprovechándose de mi afecto hacia ella, sin encontrar ninguna garantía para defender mis derechos dentro de la institución.

Estas experiencias nos deberían servir para tomar conciencia intraeclesial de todo el daño que la institución ha realizado con sus abusos y a poner soluciones que  favorezcan una iglesia más democrática y más evangélica, pues la iglesia debería ser  mucho más que ese rostro enfermo de autoritarismo que tantos conocemos por haberlo sufrido.15 M. Puerta del Sol, 2011

¿Qué queda del 15M en la sociedad y en la Iglesia?

La fundación de Podemos y su resistencia frente al acoso despiadado de todo el régimen y sus medios de comunicación, ha logrado que el 15M y sus ansias de humanización y democratización verdadera se hayan mantenido.

Su llegada al gobierno, rompiendo el bipartidismo, ha permitido que la nueva crisis se haya vivido con un escudo social, insuficiente ciertamente, pero que no tuvimos en la crisis del 2008. Su existencia permite adivinar un futuro que parece avanzar para que en un plazo no lejano se profundice en la democracia social, económica y política que reclamaba el 15M, con la construcción de una sociedad republicana, laica, democrática, solidaria, feminista y ecológica.

Podemos, en la medida que sea fiel al 15M, es una esperanza para nuestra sociedad. La nueva etapa en Podemos que parece abrirse tras la dimisión de Pablo Iglesias, más colegial y feminista, parece la forma más adecuada de encarnar esa fidelidad al 15M ahora. Queda mucho por hacer, pero tenemos un instrumento para poder ir avanzando en la dirección que señaló el 15M. Cuidémoslo.

Si el acontecimiento del 15M tiene un paralelismo con la llegada del Papa Francisco a la dirección de la Iglesia católica, habría que señalar también la ausencia de un “sujeto fiel” adecuado a este acontecimiento dentro de la Iglesia. Si el 15M encontró en Podemos el instrumento para transformar la sociedad, en la iglesia católica no se ha dado todavía la constitución de este sujeto.

Las verdaderas reformas eclesiales, como nos recordaba Y. Congar, nacen de las bases no desde arriba, solo el impulso del Papa no será suficiente para vivir ese 15M en la Iglesia. Sería necesario un movimiento organizado que fuera transformando realmente la iglesia desde sus bases para que se vaya viendo libre de su autoritarismo y patriarcalismo, verdaderas enfermedades espirituales que padece. Un “sujeto fiel” al acontecimiento del Papa Francisco.

Creo que hoy habría tres movimientos en los márgenes eclesiales que podrían contribuir para constituir ese sujeto que fuera fiel al acontecimiento del Papa Francisco, al 15M eclesial. Las comunidades de base y todo el movimiento de cristianos progresistas y ecologistas, el movimiento de rebelión de las mujeres en la iglesia y el movimiento de denuncia de los abusos dentro de la institución, abusos que no son solo sexuales, sino que incluyen todos los que se derivan de la falta de verdadera garantía de los derechos humanos dentro de una institución enferma de autoritarismo.

La conexión de estos movimientos y la alianza con la iglesia oficial más progresista es probablemente la tarea que toca realizar si queremos ser fieles al Espíritu que suscitó el 15M y al Papa Francisco. Nos queda pues a los cristianos el reto de constituir el nuevo sujeto fiel al 15M eclesial.

Diez años del 15-M: de la doctrina al cuidado


 Acampada de los indignados en la plaza de Catalunya en 2011.
Josep Ramoneda

En las Navidades de 2010, un veterano diplomático francés, Stéphane Hessel, publicó Indignez-vous, un libro que tuvo un inesperado éxito de ventas y dio nombre a la revuelta de los indignados que, en 2011, se propagó por toda Europa. En España, la fecha del 15-M, en que se convocaron manifestaciones en 58 ciudades y miles de manifestantes acamparon en la Puerta del Sol de Madrid, ha quedado como momento fundacional de aquella movida. En Barcelona, la plaza de Catalunya sería ocupada el 27 de mayo. Y el 15 de junio tendría lugar el cerco del Parlament. Eran los efectos de la crisis económica de 2008 que puso en evidencia los estragos de la revolución neoliberal y sus consecuencias demoledoras sobre las nuevas generaciones. El paro alcanzó en España el 21%. Y el 43% de los jóvenes no tenían acceso al trabajo. Se desmoronaba una sociedad sometida a control por la vía de la indiferencia en una cultura que pretendía reducir el ciudadano a simple sujeto económico. Se cerraba el ciclo abierto en 1979 con el acceso de Margaret Tatcher al poder en el Reino Unido y la publicación de La condición posmoderna de Jean François Lyotard.
En Europa, la izquierda griega de Syriza fue literalmente asfixiada por la Unión Europea
Aquellas movilizaciones hay que enmarcarlas por tanto en un contexto de crisis global, en el que se integran también fenómenos como las primaveras árabes que si fueron capaces de tumbar algún Gobierno, no han tenido, en general los efectos transformadores que se esperaban. En Europa, la izquierda griega (Syriza), llegada al poder en el momento más extremo de las medidas radicales de austeridad, fue literalmente asfixiada por la Unión Europea.
En España, mientras los movimientos derivados del 15-M se mantuvieron al margen de la política institucional, aunque algunos poderes las veían con recelo, se asumieron como parte del paisaje social. La sorpresa llegó cuando ocurrió algo que no estaba en el guión: Podemos desafió a los partidos convencionales disputándoles el poder en el terreno electoral. En tiempo récord, irrumpieron en las elecciones europeas (2014), el mismo año en que el independentismo catalán dio el primer aldabonazo (consulta del 9-N), conquistaron importantes cuotas de poder municipal (2015), y llegaron al Gobierno de España (2020).
Con alcaldías como las de Madrid y Barcelona, de la mano de Podemos y sus aliados, el activismo de la generación de la crisis 2008 tocaba poder, con un PP asfixiado por los casos de corrupción y un PSOE en crisis de relevo generacional. En vez de celebrar la capacidad de integración del sistema, los sectores conservadores pusieron a Podemos en el punto de mira. Predomina, no solo en el PP, sino también en el espacio socialista una concepción muy estrecha de la democracia, como un sistema corporativo en el que dos partidos tendrían el monopolio del poder y a los demás les correspondería un papel estrictamente decorativo o subalterno.
El movimiento puso en evidencia el anquilosamiento del régimen del 78 y abrió una agenda de renovación
De modo que la democracia no se valora por su capacidad inclusiva, sino todo lo contrario: por mantener a distancia a todo aquel que ose llamar a la puerta del bipolio del poder. Sólo la osadía —o el oportunismo táctico— de Sánchez ha roto este tabú. Y bien que se le está reclamando desde su propia casa que vuelva al orden establecido. Del sistema de intereses simple del capitalismo industrial hemos entrado en una fase más compleja en que es lógico que suenen voces muy distintas. Pero los poderosos son, por definición, partidarios de simplificar.
Para gente formada en la cultura de la militancia y la contestación no fue fácil el tránsito: la distancia entre la doctrina y la vida, entre la promesa y la realidad exigía una adaptación que no todos supieron asumir. La coincidencia entre el décimo aniversario del 15-M y la salida de Iglesias de la política invita hablar de final de etapa. El 15-M puso en evidencia el anquilosamiento del régimen del 78, los estragos de la crisis y abrió una agenda de renovación, pero la dificultad (agravada por la pandemia) de afrontar los retos que ellos mismos se habían marcado fue degradando su imagen. Y, como ha ocurrido en otros países, la demagogia de la derecha reaccionaria ha arrastrado a sectores populares que parecía que debían ser sensibles a sus mensajes. Si la izquierda quiere sobrevivir al fin del ciclo abierto el 15-M ha de ser desde una cultura del cuidado y la atención, es decir, del trato a los ciudadanos como sujetos y no como súbditos, que es lo que distingue a la democracia del autoritarismo. Saber escuchar y pasar del adoctrinamiento al reconocimiento. Feminismo y ecologismo saben algo de ello