La verdad como principio

Garzón, sobre la polémica de las macrogranjas: «Algunos han antepuesto intereses partidistas a la veracidad»

El ministro de Consumo desvela que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, han hablado sobre la polémica de la ganadería intensiva. «Mis declaraciones son como ministro», responde a la portavoz del Ejecutivo, que había tildado sus palabras como una opinión «a título personal»

El PSOE impide la reprobación del ministro Alberto Garzón en el Parlamento de Castilla-La Mancha, pero marca distancias
El ministro de Consumo, Alberto Garzón, en una imagen de archivo.

ALEXIS ROMERO@ALEXISRMORAN

El ministro de Consumo y líder de Izquierda Unida, Alberto Garzón, ha salido este miércoles al paso de las críticas que algunos dirigentes y presidentes de comunidades autónomas (varios de ellos del PSOE) le han hecho a raíz de unas declaraciones en las que aseguraba que la carne de las macrogranjas es de peor calidad que la que se produce en la denominada ganadería extensiva.

En una entrevista en la Cadena Ser, el ministro ha acusado a estos críticos de «anteponer sus intereses partidistas a la búsqueda de la veracidad«. Garzón se ha manifestado en ese sentido después de que en las redes sociales apareciese una publicación en la que se aseguraba que había criticado la calidad de la carne que España exporta a países como Reino Unido, cuando solo se refirió a la de la ganadería intensiva o industrial (contraponiéndola a la producción cárnica de los pequeños y medianos ganaderos).

«En origen lo que tenemos es un bulo. Una empresa vinculada al lobby de las grandes empresas cárnicas manipulando información aparecida en The Guardian para generar un bulo, dirigirlo y tratar de deteriorar la imagen del adversario; algunos han antepuesto sus intereses partidistas sobre la búsqueda de la veracidad», ha defendido el ministro.La polémica sobre las macrogranjas no solo ha provocado discrepancias entre el titular de Consumo y algunos barones autonómicos del PSOE y del PP (como Javier Lambán y Alfonso Fernández Mañueco), sino que también ha generado diferencias en el seno del Gobierno de coalición.

Este miércoles tanto la portavoz del Ejecutivo como la ministra de Educación, Isabel Rodríguez Pilar Alegría, se desmarcaron de Garzón y aseguraron que sus declaraciones eran «a título personal». «Yo estoy en contra de las macrogranjas y mis declaraciones son como ministro de Consumo, tratándose de una competencia que es también del Ministerio de Consumo», ha respondido.

También ha desvelado el líder de Izquierda Unida que el presidente y la vicepresidenta segunda del Gobierno, Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, han mantenido una conversación sobre esta polémica, aunque no ha querido dar detalles concretos sobre su contenido.

Preguntado sobre si sus declaraciones en un medio británico podrían afectar a la exportación de carne española, Garzón ha recordado que la Comisión Europea mantiene en la actualidad un expediente abierto a España por excesivos niveles de contaminación de nitratos vinculados a la ganadería intensiva o industrial: «Cuando la Comisión abre un expediente a España y alerta de eso, pone de relieve una problemática, y los gobiernos no tienen que esconder las problemáticas, tiene que hacer una política valiente».

«Lo que hago es traducir a un espacio político lo de otros ámbitos que tienen una raíz científica. La ganadería industrial preocupa a la UE, mientras que la ganadería extensiva es sostenible ecológicamente y es deseable que se promueva», ha insistido el ministro de Consumo.

El líder de IU ha explicado que tras desatarse la polémica ha hablado con la Secretaría de Comunicación del Gobierno: «He hablado con Moncloa y existen diferencias de opinión que hay que normalizar. Estamos en un gobierno de coalición, somos varios partidos políticos, tenemos un acuerdo programático y creo que lo estamos cumpliendo, pero tenemos diferencias y se pueden expresar», ha defendido.

Garzón ha puesto el ejemplo del presidente de Asturias, el socialista Adrián Barbón, que ha defendido en su cuenta de Twitter la ganadería extensiva: «El presidente de Asturias ha antepuesto la veracidad al interés partidista», ha dicho

Garzón critica a las macrogranjas

El PSOE se desmarca de Garzón tras su crítica a las macrogranjas y Unidas Podemos cierra filas con el ministro

La portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez, asegura que las declaraciones del titular de Consumo sobre la ganadería intensiva son «a título personal»; «la sostenibilidad es uno de los compromisos de este Gobierno ante Naciones Unidas y no la opinión personal de nadie», responde el secretario de Estado de Agenda 2030, Enrique Santiago.

ALEXIS ROMERO@ALEXISRMORAN

La «guerra del chuletón» ya tiene un segundo capítulo; la trama, los personajes y el desarrollo de los acontecimientos son los mismos, con una salvedad: en poco más de un mes se celebran elecciones autonómicas en Castilla y León.

El ministro de Consumo y líder de Izquierda Unida, Alberto Garzón, ha criticado de nuevo a la ganadería intensiva y a las «megagranjas», a las que ha señalado como industrias contaminantes cuyo producto cárnico es de peor calidad que el ofrecido por los pequeños y medianos productores (que se engloban en la denominada ganadería extensiva).

En una entrevista en The Guardian, Garzón aseguró que las macrogranjas «contaminan los suelos, contaminan el agua y después exportan una carne de peor calidad«; además denunció que en este tipo de producción hay maltrato animal: «Es un impacto ecológico descomunal y desproporcional», añadió.

El ministro contrapuso este tipo de industrias a los pequeños y medianos productores de una ganadería extensiva «que es ecológicamente sostenible y que tiene mucho peso en determinadas regiones de España como puede ser Asturias, parte de Castilla y León e, incluso, de Andalucía o de Extremadura».

La entrevista de Garzón fue objeto de crítica por parte de la derecha, y el primero en salir al paso fue el presidente de la Junta de Castilla y León y candidato del PP a las elecciones autonómicas, Alfonso Fernández Mañueco, que acusó al ministro de «atacar a los ganaderos» y pidió una rectificación o, de no producirse, su dimisión.

Pero también el PSOE ha entrado a la polémica. El presidente de Aragón, Javier Lambán, pidió la dimisión del titular del titular de Consumo y respaldó que las críticas de Garzón a las macrogranjas afectaban a los agricultores y a los ganaderos. Desde el propio Gobierno, la parte socialista ha evitado apoyar al líder de IU y ha optado por desmarcarse y defender que sus declaraciones sobre la ganadería intensiva son «a título personal» y no una posición del Ejecutivo de coalición.

Así se han posicionado este miércoles tanto la ministra de Educación, Pilar Alegría, como la portavoz del Gobierno y ministra de Política Territorial, Isabel Rodríguez. Desde Unidas Podemos han cerrado filas con el ministro de Consumo y han cargado contra el PSOE al entender que la defensa de la ganadería extensiva frente a las macrogranjas debería ser una posición institucional.

«Que Alberto Garzón defienda la ganadería extensiva frente a las macrogranjas es lo que deberían hacer no solo todos los ministros, también todas las administraciones. La sostenibilidad es uno de los compromisos de este Gobierno ante Naciones Unidas y no la opinión personal de nadie», ha escrito el secretario de Estado para la agenda 2030 y líder del PCE, Enrique Santiago, en su cuenta de Twitter.

El portavoz de Unidas Podemos en el Congreso, Pablo Echenique, se ha preguntado si los que han salido en tromba contra el ministro son defensores de las macrogranjas. El presidente del grupo parlamentario, Jaume Asens, le ha pedido a Lambán una rectificación: «Lo que sí es un insulto a la inteligencia, y a las siglas que usted representa, es su ataque al Gobierno con un bulo de la extrema derecha. Rectifique y pida disculpas».

No es la primera vez que el PSOE y Unidas Podemos protagonizan discrepancias en el seno de la coalición sobre la industria cárnica. En el verano del pasado año, Consumo puso en marcha una campaña para alertar sobre los riesgos sanitarios de la ingesta excesiva de carne y del desequilibrio en las dietas, una campaña en la que se puso el foco en la ganadería intensiva y en las macrogranjas.

Algunos barones del PSOE arremetieron contra Garzón y el ala socialista del Gobierno se desmarcó de la campaña y del ministro. «Donde me pongan un chuletón al punto… eso es imbatible«, llegó a decir el presidente, Pedro Sánchez, al ser preguntado por esta cuestión. El líder de Izquierda Unida defendió su posición y achacó la reacción del PSOE a que su campaña tocaba «fibras económicas», en referencia a la gran industria cárnica. Unidas Podemos respaldó sus críticas a las macrogranjas y su defensa de la ganadería extensiva

Gracias Garzón

¡GRACIAS GARZÓN!

El humano no deberá por mucho tiempo seguir mirando para otro lado como si nada pasará. El animal siente y padece con el maltrato. El animal no debe seguir siendo torturado en la macrogranja. Por ello, más pronto que tarde, deberíamos empezar a prescindir de la ganadería industrial. Por ello se agradecen voces valientes como la del Ministro de Consumo que ha levantado una tormenta mediática de grandes dimensiones. Los intereses concitados en torno a la industria de la carne son también de parejo tamaño.

Virulenta cruzada contra Garzón que ha incorporado a ganaderos, industriales, veterinarios y hasta gobiernos autonómicos: «Ha hecho un daño terrible, debe dimitir o ser destituido…”. Su grave delito ha sido cuestionar la macro industria del dolor y la muerte. Dicen los del sector que cumplen estrictamente la legislación, pero resulta que la ley bendice el sufrimiento y la tortura a una escala mayúscula. Si nos comprometemos con el desarrollo humano, esa ley habrá de ser cuestionada, lo mismo que en su día cayó la ley que protegía la esclavitud, afirmaba la segregación racial o negaba el voto a la mujer. 

Muchos se sienten agredidos en sus intereses por las atrevidas declaraciones a un periódico británico por parte del político de Izquierda Unida, pero pocos reparan en el dolor inmenso y diario que se origina a millones y millones de animales enjaulados, hormonados, atiborrados de antibióticos, tratados como simples máquinas productoras de carne o de leche. 

Harán falta más Garzones, más políticos osados dispuestos a poner en riesgo sus puestos por proclamar la verdad. Una civilización sustentada, en importante medida, en el sufrimiento animal, empieza a ser cuestionada desde las propias entrañas de un gobierno progresista. Es sin duda un paso adelante, por más que cueste caro a los pioneros que se atrevan a sobrepasar líneas rojas, en este caso a cuestionar las inmensas uralitas que esconden macroinfiernos. En este sentido, no deseo aventurarme en otros, será preciso reconocer que la coalición morada está cumpliendo algo de su papel de acicate de real progreso.

En su interminable ascenso evolutivo la humanidad ha de discernir entre sus hábitos aquello que ha de ir poco a poco dejando atrás. Quisiéramos más dirigentes a la vanguardia de ese progreso.  Cedan por lo tanto las proclamas voraces y faltas de la debida responsabilidad. Mientras que Sánchez disfruta de su “entrecot”, la carne devora igualmente buena parte de nuestro aire limpio. En general, los productos animales producen entre 10 y 50 veces más gases de efecto invernadero que los vegetales. Según la FAO el sector ganadero es el responsable del 18 % de todas las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto es equivalente a lo que emiten todos los coches, trenes, barcos y aviones juntos.  La carne se lleva el 70% de los suelos agrícolas del mundo y del 30 % de la superficie terrestre del planeta. Constituye además la primera fuente de contaminación de las aguas. Si realmente deseamos combatir el cambio climático, habremos de empezar a sacar de nuestro menú el “entrecot” o cuanto menos reducir su ingesta.

Toca dar un paso adelante como comunidad. No podemos desatender este nuevo reto evolutivo humano, por muy inocentes que se nos presenten las bandejas del sufrimiento en los grandes supermercados.  No deseamos dañar ningún interés, sino sembrar conciencia, salud y sostenibilidad. No vamos contra nadie, vamos en favor del bien en un sentido que clama abarcar, junto a la humana, a la condición animal. La civilización avanza y es preciso ya que, dentro de los términos de vida y respeto, comencemos a incluir a esas benditas criaturas que se nos otorgaron en defensa y custodia, no para cruel aprovechamiento.

Los bulos de la derecha

Évole arrasa con su reflexión sobre las macrogranjas y los bulos de la derecha: «¿No deberíamos decir los periodistas que es mentira y punto?»

Jordi Évole

La polémica desatada tras las declaraciones de Alberto Garzón sobre el impacto ambiental de las macrogranjas ha llevado al periodista Jordi Evole a escribir una tribuna en la que reflexiona sobre los bulos y las informaciones falsas. Un texto que rápidamente se ha hecho viral.

En una columna publicada en La Vanguardia, con el titulo El haba, Garzón y otros bulos del montón, Évole recuerda que todo el revuelo deriva de una información incendiaria con un titular tendencioso que aseguraba que Garzón había dicho «que España exporta carne de mala calidad de animales maltratados», a pesar de que el ministro sólo se refería a la macrogranjas, con impactos ambientales y sociales en la España vaciada.

«Un titular goloso, que bien promocionado por políticos afines se convierte en el tema del momento en redes. De ahí, el bulo salta a los informativos con declaraciones y contradeclaraciones, y solo con el ruido generado ya han triunfado. Otros medios se hacen eco del bulo para desmentirlo, pero acaban dando voz a responsables políticos que se aferran a la mentira para sacar tajada. Esos medios hacen bien su trabajo dando voz a todos los protagonistas de la noticia. Así nos lo enseñan en la facultad», reflexiona el periodista.

«Políticos de la derecha y la extrema derecha y dos presidentes autonómicos socialistas salieron en tromba contra Garzón», prosigue, para preguntarse si, «llegados a este punto, ¿no deberíamos posicionarnos los periodistas y decir que esa información es mentira y punto?»

«Corten la noticia difundida sobre Garzón como si fuese el roscón. Comprobarán fácilmente dónde está el haba. Si no la señalamos, si no evitamos comérnosla, no solo acabaremos pagando el pastel, sino que nos va a salir bastante caro», concluye

Las macrogranjas, con datos y sin bulos

JUANTXO LÓPEZ DE URALDE Diputado y coordinador federal de Alianza VerdeJuantcho López
ALEJANDRA JACINTO URANGA Diputada

Imagen de archivo de una granja porcina.- AFP

Las declaraciones del ministro de consumo Alberto Garzón al diario británico The Guardian sobre la ganadería intensiva en España han elevado el volumen de una polémica que llevamos años arrastrando: la del impacto social, económico y ambiental de las macrogranjas. El lobby cárnico ha arremetido con enorme dureza contra Garzón, pero lo cierto es que los datos le dan contundentemente la razón al ministro.

La actividad de la ganadería industrial tiene un enorme impacto en la contaminación del agua y del aire: más del 80% de las emisiones de amoniaco agrícola de la UE al aire y las emisiones de nitrógeno al agua están relacionadas con el ganado. Además de contaminar las aguas subterráneas, los purines producen metano en las balsas donde se almacena, un gas con un efecto invernadero 20 veces mayor que el CO2, que perjudica la salud y acidifica los suelos, con la consecuente pérdida de fertilidad. Precisamente las emisiones de metano han sido objeto de un acuerdo para su reducción en la cumbre del clima celebrada recientemente en Glasgow (COP26). Según las estimaciones de un estudio publicado en la revista Nature, la contaminación por nitrógeno expone a aproximadamente 18 millones de personas en Europa a suministros de agua para consumo humano con concentraciones de nitratos por encima de los niveles recomendados.

La producción ganadera representa la mayor parte de los contaminantes del aire generados por el sector agrario, específicamente el amoníaco, partículas y compuestos orgánicos volátiles no metánicos. Entre 1990 y 2015, en la Unión Europea se consiguió una reducción del 24% de las emisiones de este gas a la atmósfera. Sin embargo, España no contribuyó a esta reducción, sino más bien, todo lo contrario. Solo entre 2014 y 2016, las emisiones de amoníaco en España se incrementaron en un 6,13%, debido principalmente al crecimiento exponencial de la ganadería industrial, sector que en 2017 fue el responsable del 92% de estas emisiones. Cabe destacar que, de las 100 industrias más contaminantes de amoníaco de España en el año de referencia, 94 eran explotaciones ganaderas industriales; las emisiones de amoníaco de España se encontraban en ese momento un 39% por encima del techo de emisiones establecido en la Directiva 2001/81/CE.

Otro aspecto en el que lamentablemente destacan las industrias intensivas agrícola y ganadera es el de la contaminación de las aguas por nitratos. El nitrógeno es un nutriente esencial que ayuda a crecer a las plantas y cultivos. Sin embargo, en elevadas concentraciones es perjudicial para la naturaleza y las personas. El uso agrícola de los nitratos en fertilizantes sintéticos y presentes en los excrementos de los animales que se esparcen por los suelos es una de las principales fuentes de contaminación de aguas. Solo la cabaña actual de 31 millones de marranos en España genera 62 millones de metros cúbicos de purines anuales, según informa el Ministerio de Agricultura. Una cantidad de estiércol que llenaría 62 estadios como el Santiago Bernabéu o 24.800 piscinas olímpicas, y a la que solo en una pequeña parte se le da un uso adecuado no contaminante. Por su parte, las granjas ganaderas producen no menos de 80 millones de toneladas de estiércol anuales.

Así, el sector agropecuario es responsable de más del 50% de los vertidos totales de nitrógeno en las aguas, a lo que se suman otras sustancias contaminantes: fósforo, antibióticos, hormonas, etc. El exceso de nutrientes en las aguas provoca lo que se conoce como eutrofización, un crecimiento excesivo de plantas y otros organismos. Durante su crecimiento y putrefacción, estos organismos consumen gran cantidad de oxígeno y generan grandes cantidades de materia orgánica. Este proceso es el responsable de la existencia cada vez mayor de «zonas muertas» en los océanos y de la degradación de muchos ríos, lagos y zonas marítimas costeras, además de la contaminación de los acuíferos y embalses que suministran agua potable a la población.

Esta problemática se ha ido agravando progresivamente a lo largo del tiempo de manera paralela al crecimiento de la ganadería industrial. Durante las últimas décadas se ha dado un proceso de concentración de la producción agrícola y ganadera en torno a la industria intensiva a nivel global que ha tenido una especial repercusión en el caso de España. Un informe del año 2019 de Greenpeace reveló que, a nivel estatal, el 93,7% de la producción de carne de cerdo, el 94,2% de la carne de aves de corral y el 80,6% de la leche y otros productos lácteos se concentra en granjas grandes y muy grandes. El aumento sostenido de la producción ganadera, que afecta sobre todo al porcino y las aves de corral, y en menor medida al vacuno, ha tenido especial incidencia en nuestro país. Además de su tamaño, las granjas intensivas han aumentado también la densidad de ganado que albergan.

Según datos de la encuesta de sacrificios en mataderos en España, en 2018 las cabezas de bovino que pasaron por estas factorías fueron 2,5 millones; 10,1 millones las de ovino; 1,4 millones de caprino; 52,4 millones las de porcino y 799 millones de aves, en su gran mayoría gallinas y pollos. En total se sacrificaron en matadero 910 millones de animales. Si comparamos los datos con los de 2009, se detecta una cierta estabilización en las cifras correspondientes a la ganadería bovina, ovina y caprina. Sin embargo, el número de aves sacrificadas aumentó un 18% y el de cerdos un 30% en tan solo una década.

Los 52,4 millones de cerdos sacrificados en España en un solo año, que suponen unos 4,52 millones de toneladas de carne, ponen a nuestro país en la cuarta posición mundial de productores, tan solo por detrás de China, Estados Unidos y Alemania. Dentro de la Unión Europea, España se mantiene en segunda posición, con un 19% de la producción comunitaria, y acercándose paulatinamente a Alemania, que se mantiene en primer lugar con un 22,4%. La importancia de la producción española en el conjunto de la UE se ha ido incrementando durante las últimas campañas (solo 5 años antes la producción española apenas superaba el 15,7% del total de la UE) como consecuencia del espectacular desarrollo del sector, claramente por encima de la media comunitaria. Así, si durante el quinquenio 2013-2018 la producción de carne en la UE creció un 7,6%, mientras que la producción en España lo hizo en un 31,45%, lo que da una idea de la evolución que está experimentando el sector a nivel estatal.

En lo que se refiere al número de granjas, el sector ha experimentado una considerable reestructuración, con un notable descenso en el número total de granjas en el periodo 2009-2018, unido al incremento de las producciones. La reducción del número de explotaciones se ha limitado a las de menor tamaño. En paralelo, las explotaciones de mayor tamaño se han incrementado notablemente, especialmente las más grandes, que han aumentado más de un 50% en este periodo. El modelo de negocio también ha cambiado: los granjeros ponen sus instalaciones a disposición de grandes empresas (integradores), que son las propietarias de los cerdos y se hacen cargo de su alimentación y asistencia veterinaria. El granjero se encarga de su cuidado y de la gestión de los purines, en muchos casos sin recursos adecuados ni suficientes para ello. Según el informe «Indicadores económicos del sector porcino 2018» , del Ministerio de Agricultura: «el sector ha experimentado una considerable reestructuración durante los últimos años, con un notable descenso en el número total de granjas durante los últimos 12 años». En total han desaparecido 21.417 granjas, un 37,5% del total, y todas ellas eran explotaciones pequeñas.

Estos casos se repiten a lo largo y ancho del Estado. En la comarca de A Limia, en la provincia de Ourense, el proceso se inició en 1998 con la creación de un complejo ganadero industrial que ya presentaba problemas con la gestión de los purines. A partir de esa fecha la implantación de granjas intensivas en la cabecera del río Limia ha sido continuada y creciente, lo que ha llevado al progresivo incremento de los niveles de contaminación de las aguas superficiales y subterráneas. Según datos recabados por la Sociedade Galega de Historial Natural, en la actualidad la carga ganadera de la comarca de A Limia resulta insostenible, con una concentración de 14.330 unidades de ganado vacuno, 29.365 pollos y pavos y 38.158 cerdos, un total de 81.853 cabezas de ganado que equivalen a 72 veces la población humana residente en sus municipios. Esta carga ganadera equivale asimismo a una densidad poblacional de 4.500 hab./km2, pero sin sistemas adecuados de recogida, tratamiento y depuración de aguas residuales.

Según datos de la Confederación Hidrográfica del Miño Sil, solo en el periodo 2014-2017 la contaminación por nitratos de las aguas subterráneas de A Limia aumentó en un 40%. A pesar de esta realidad, la Xunta de Galicia, con competencias en la materia, no ha declarado esta zona como vulnerable ni ha aplicado hasta el momento ningún plan de actuación al efecto. Muy al contrario, sigue autorizando la ampliación de granjas ganaderas intensivas y la instalación de otras nuevas en la comarca.

En las dos Castillas los proyectos de estas características se multiplican. A día de hoy, hay decenas de comarcas movilizadas contra la instalación de estas macrogranjas. Especialmente sensible es el caso de Cuenca, donde se ha quintuplicado el número de cerdos desde 2009 (de 106.977 a 553.848). Según el INE la población conquense ha caído un 8% en el periodo en que el número de cerdos ha subido el 417%. Pero el caso de Cuenca no es único, muchas otras provincias castellanas están sufriendo este mismo fenómeno.

En el caso de la costa murciana, donde la agricultura intensiva y altamente tecnificada, ya en manos de grandes grupos agroindustriales y cadenas de distribución, avanzó hasta casi tocar la lámina de agua. Parece evidente que este tipo de desarrollo agroindustrial está teniendo también un elevado coste ambiental. Pesticidas y nitratos procedentes de los abonos han penetrado en el Mar Menor por el aire, en superficie (a través de ramblas como la del Albujón y Miranda) y de forma subterránea a través de un acuífero envenenado durante cuarenta años. En cuanto a las explotaciones ganaderas, el 90% de las granjas inspeccionadas durante la realización de la Declaración de Impacto Ambiental del proyecto Vertido Cero presentaron incumplimientos normativos, de manera que en unas 500 balsas que almacenan purines se detectaron problemas de infiltración al subsuelo o desbordamiento. Según el grupo de investigación Ecosistemas Mediterráneos de la Universidad de Murcia, la actividad agraria es responsable en un 85% de la eutrofización del Mar Menor, habiéndose detectado en el acuífero Cuaternario, la masa de agua más importante del sistema hidrológico Campo de Cartagena-Mar Menor, más de 300.000 toneladas de nitratos.

Otro caso sangrante es el de la cuenca del río Ebro, donde se produce la mayor concentración de masas de agua contaminadas de toda España. El documento inicial del Plan Higrológico del Ebro (PHE) para el periodo 2021-2027 informaba de que casi dos terceras partes de las explotaciones ganaderas de la cuenca de este río contaminan los acuíferos sobre los que están construidas, con vertidos de alrededor de 128.949 toneladas de nitrógeno al año. La propia Confederación Hidrográfica del Ebro alerta de cómo el regadío y la ganadería intensiva están afectando a más del 75% de los ríos y más del 90% de los acuíferos de una cuenca en la que el deterioro por este motivo tiene ya difícil solución en 32 cauces y 36 sistemas de agua subterránea.

Estos problemas son extensibles a toda España. El Informe de seguimiento de la Directiva 91/676/CEE sobre contaminación del agua por nitratos utilizados en la agricultura, cuatrienio 2016-2019, de fecha diciembre de 2020 y elaborado por parte de la Dirección General del Agua, adscrita al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, ofrece informaciones de interés sobre la situación de las aguas contaminadas en las diferentes comunidades autónomas. Dicho informe establece que 1.235 de las 4.475 estaciones de control de masas de agua subterránea instaladas en España muestran que estas aguas están contaminadas o en riesgo de estarlo, esto es, un 27,6% del total. De ellas, y tras la aplicación de diversos planes de recuperación sobre algunas de estas masas de agua, solo en 612 casos se prevé la mejora de su estado en el corto plazo, 127 lo harían en un plazo medio-largo y 480, el 38,9% del total, no muestran visos de recuperación. Se da además el caso de que 130 de las masas aguas contaminadas o en riesgo de estarlo no han sido declaradas aún como zonas vulnerables. Las conclusiones de este informe indican que las medidas tomadas hasta el momento no son suficientes para alcanzar los objetivos delimitados por la Directiva europea.

La contaminación de los acuíferos está provocando el desabastecimiento de agua potable a miles de municipios en toda España. Solo en Cataluña, y según la Agencia Catalana del Agua, en 2016 había ya 422 municipios en zonas vulnerables a la contaminación por nitratos. Se calcula, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica del año 2019, que al menos el 40% de los acuíferos de España está en peligro por la contaminación de los residuos de la industria agrícola y ganadera. La contaminación difusa por la ganadería y la agricultura intensivas está, en suma, destrozando los sistemas hídricos de toda España. Y a pesar de los avisos y alertas por parte tanto de organizaciones científicas, sociales y ecologistas como de instituciones como la propia Unión Europea, en España solo se han producido escasos avances en la protección de determinadas zonas con especiales problemas, pero ni estos parecen suficientes ni abarcan a todas las comarcas en situación de riesgo o en situación de catástrofe ecológica.

Los datos sobre los negativos impactos de las macrogranjas en nuestro medio ambiente son tan abrumadores, que las declaraciones del ministro Garzón debieran haber servido, como mínimo, para reflexionar sobre un problema cada vez más grave y que tanto daño está causando en nuestros entornos y en las vidas de miles de pequeños y medianos agricultores y ganaderos. Sin embargo, lejos del debate sosegado, nos hemos vuelto a topar con bulos y fake news cuyo fin no es sólo tratar de esconder el impacto real de este tipo de explotaciones si no socavar la imagen de un ministro que ¡oh sorpresa! es de Unidas Podemos.

A partir de los datos que cada cual saque sus conclusiones. Las nuestras ya las pusimos de manifiesto en una Proposición no de Ley que reclamaba una moratoria de estas macrogranjas. Los votos en contra de PSOE, Cs, PP y VOX impidieron su aprobación.

El Papa Francisco, portavoz de las causas ambientalistas

Garzón aprecia en Twitter la lectura que el Papa está haciendo de la actualidad del planeta

El ministro Alberto Garzón

 “Ojalá todas las instituciones públicas y privadas supieran leer el momento del planeta de la misma manera que lo está haciendo la actual Iglesia Católica, con el Papa a la cabeza”, ha escrito en su cuenta de la red social

Verdadero portavoz mundial de las causas ambientalistas, Bergoglio llama a menudo a la frugalidad en el consumo para proteger los bienes de la tierra. Un hecho central en las preocupaciones del Ministro de Consumo español

Ambas figuras han denunciado repetidas veces las injusticias de la sociedad capitalista

04.09.2020 Lucía López Alonso

El actual Ministro de Consumo del Gobierno de España, Alberto Garzón, ha apreciado en Twitter la mirada de la Iglesia Católica a los problemas de la sociedad de hoy en día. “Ojalá todas las instituciones públicas y privadas supieran leer el momento del planeta de la misma manera que lo está haciendo la actual Iglesia Católica, con el Papa a la cabeza”, ha escrito en su cuenta de la red social.

El también líder de Izquierda Unida ha insistido en que “la transición ecológica no es una opción, sino una necesidad” y ha difundido el último vídeo del Papa Francisco. “No al saqueo, sí al compartir”, dice el Pontífice en su vídeo-mensaje. En el que reprende al Primer Mundo la explotación de los recursos de las naciones empobrecidas.

Verdadero portavoz mundial de las causas ambientalistas, Bergoglio llama a menudo a la frugalidad en el consumo para proteger los bienes de la tierra. Un hecho central en las preocupaciones del Ministro de Consumo español. Ambas figuras han denunciado repetidas veces las injusticias de la sociedad capitalista y defendido la conversión ecológica.

Ojalá todas las instituciones públicas y privadas supieran leer el momento del planeta de la misma manera que lo está haciendo la actual Iglesia Católica, con @Pontifex_es a la cabeza. La transición ecológica no es una opción, sino una necesidad. https://t.co/voADZ4iMbu

— Alberto Garzón (@agarzon) September 3, 2020