La buena noticia del Dgo 6º de Pascua-C

EL ESPÍRITU OS LO ENSEÑARÁ TODO. Jn 14, 23-29

Vendremos a él y haremos morada en él (Dibujo Cerezo B.)
Vendremos a él y haremos morada en él (Dibujo Cerezo)

Lectura de la Palabra

Juan 14, 23-29

                     El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.

La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: «Me voy y vuelvo a vuestro lado.» Si me amárais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.»

LA HORA DE LA PALABRA
Jesús quiere manifestar a los suyos que nunca les dejará solos, que su presencia permanece en ellos. Y esta presencia tiene que ver con guardar su Palabra. Dios se hace presente en quienes cumplen su voluntad.. La prueba más evidente de la resurrección del Señor es que vivimos como él nos mandó; hacemos posible su vida porque actuamos como él actuaría.
Si no lo tenemos a él en persona, tenemos lo mejor de él: su Espíritu. Quien se compromete a cumplir las exigencias de Jesús, contará siempre con el Espíritu de Jesús.
Quien ha optado por la paz del Señor, sabe que la encontrará no en cerrar la casa, sino en abrir las puertas y ventanas, para que su casa sea la casa de Dios y de todos. ¡Cristo ha roto todas nuestras cerraduras!.

Comentario de Pagola

EL GRAN REGALO DE JESÚS
Siguiendo la costumbre judía, los primeros cristianos se saludaban deseándose mutuamente la «paz». No era un saludo rutinario y convencional. Para ellos tenía un significado más profundo. En una carta que Pablo escribe hacia el año 61 a una comunidad cristiana de Asia Menor, les manifiesta su gran deseo: «Que la paz de Cristo reine en vuestros corazones».

Esta paz no hay que confundirla con cualquier cosa. No es solo una ausencia de conflictos y tensiones. Tampoco una sensación de bienestar o una búsqueda de tranquilidad interior. Según el evangelio de Juan, es el gran regalo de Jesús, la herencia que ha querido dejar para siempre a sus seguidores. Así dice Jesús: «Os dejo la paz, os doy mi paz».

Sin duda recordaban lo que Jesús había pedido a sus discípulos al enviarlos a construir el reino de Dios: «En la casa en que entréis, decid primero: «Paz a esta casa»». Para humanizar la vida, lo primero es sembrar paz, no violencia; promover respeto, diálogo y escucha mutua, no imposición, enfrentamiento y dogmatismo.

¿Por qué es tan difícil la paz? ¿Por qué volvemos una y otra vez al enfrentamiento y la agresión mutua? Hay una respuesta primera tan elemental y sencilla que nadie la toma en serio: solo los hombres y mujeres que poseen paz pueden ponerla en la sociedad.

No puede sembrar paz cualquiera. Con el corazón lleno de resentimiento, intolerancia y dogmatismo se puede movilizar a la gente, pero no es posible aportar verdadera paz a la convivencia. No se ayuda a acercar posturas y a crear un clima amistoso de entendimiento, mutua aceptación y diálogo.

No es difícil señalar algunos rasgos de la persona que lleva en su interior la paz de Cristo: busca siempre el bien de todos, no excluye a nadie, respeta las diferencias, no alimenta la agresión, fomenta lo que une, nunca lo que enfrenta.

¿Qué estamos aportando hoy desde la Iglesia de Jesús? ¿Concordia o división? ¿Reconciliación o enfrentamiento? Y si los seguidores de Jesús no llevan paz en su corazón, ¿qué es lo que llevan? ¿Miedos, intereses, ambiciones, irresponsabilidad?

TESTIGOS DE LA PALABRA

Alfonso Navarro, recién ordenado, comenzó su trabajo pastoral en San Juan Opico donde tomó contacto con jóvenes y campesinos.
Formó grupos dejóvenes animándoles con la doctrina social de la Iglesia para que tomaran conciencia de vivir en comunidad, de asumir su papel histórico de transformar el mundo.
Será el primer sacerdote diocesano que muere mártir el 12 de mayo de 1977, asesinado por el escuadrón de la muerte de la Unión Guerrera Blanca (UGB), que había anunciado matar a curas jesuitas y marxistas.
Alfonso ya lo presentía porque unos días antes dijo: “Posiblemente yo seré el próximo, pero no me lloren, traigan claveles rojos que son señal de alegría en la Iglesia”.
Unos hombres armados entraron a su casa matando a Luisito de 14 años y dispararon a Alfonso. Cuando le llevaban herido al hospital donde falleció dijo: “He predicado la paz en mi tierra, sigan mis pasos, les perdono a todos, aún a los que me han matado. Voy feliz”.

Nosotros no podemos esconder su rostro. No podemos acallar su voz.

Nosotros no podemos esconder su rostro. No podemos acallar su voz. Nos urge por misión profética “destapar estiércol en los negocios legales y corazones de piedra” que sustentan el sistema económico injusto, no pocas veces bajo el “nombre” de cristianos (“cristianos de herencia”, -no de convicción-decía el P. Alfonso)

Alfonso Navarro, recién ordenado, comenzó su trabajo pastoral en San Juan Opico donde tomó contacto con jóvenes y campesinos.
Formó grupos de jóvenes animándoles con la doctrina social de la Iglesia para que tomaran conciencia de vivir en comunidad, de asumir su papel histórico de transformar el mundo.
Será el primer sacerdote diocesano que muere mártir el 12 de mayo de 1977, asesinado por el escuadrón de la muerte de la Unión Guerrera Blanca (UGB), que había anunciado matar a curas jesuitas y marxistas.
Alfonso ya lo presentía porque unos días antes dijo: “Posiblemente yo seré el próximo, pero no me lloren, traigan claveles rojos que son señal de alegría en la Iglesia”.
Unos hombres armados entraron a su casa matando a Luisito de 14 años y dispararon a Alfonso. Cuando le llevaban herido al hospital donde falleció dijo: “He predicado la paz en mi tierra, sigan mis pasos, les perdono a todos, aún a los que me han matado. Voy feliz”.

ORACIÓN DESDE LA PALABRA

¡Morir para vivir!
Señor, hoy vengo a tu presencia dispuesto a nacer de nuevo.

¡Dios de la vida y de la resurrección
Escucha mi plegaria!
Que el Espíritu que nos has prometido
Aliente mi deseo de seguirte en fidelidad
Y me ilumine para aprender que hay
Muertes que dan vida.
Quiero nacer a una vida nueva
Para encontrarte en mi hogar, en mi trabajo
En mi soledad.
Quiero nacer a una vida nueva
Para reconocerte en los hermanos
que tú pones en mi camino.
Quiero nacer a una vida nueva
Para sentirme amado, elegido, enviado
Que el Espíritu que nos has prometido
Aliente mi deseo de seguirte en fidelidad
Y me ilumine para aprender que hay
Muertes que dan vida,
Y me haga experto en la lucha por la paz
Señor, hoy vengo a tu presencia dispuesto
A nacer de nuevo.
¡Dios de la vida y de la resurrección
Escucha mi plegaria!.
Isidro Lozano o.c.

Dios cambia de casa y de forma de ser

Por Marcelo Barros

 En este sexto domingo de Pascua, el evangelio propuesto por el leccionario ecuménico es Juan 14, 23-29. Hasta 1968, era el Evangelio que se leía en la fiesta de Pentecostés. Ahora, en este domingo, ya nos invita a entrar en el ambiente de Pentecostés que, para nosotros, concluye las fiestas de Pascua.

Según los Evangelios, en otras ocasiones, Jesús ya había advertido a sus discípulos que se iría de este mundo e incluso la forma violenta y terrible en que moriría. Sin embargo, sólo en ese momento de la Última Cena parecieron darse cuenta del momento que estaban viviendo y plantearon dudas y preguntas. Jesús había prometido que se iría en ese momento, pero que volvería para manifestarse vivo a los que le amaran y permanecieran fieles a su propuesta (sus mandamientos). Entonces, Judas (no Iscariote) le pregunta: “Señor, ¿por qué te manifiestas sólo a nosotros y no al mundo?”.

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Hasta hoy, este tipo de interrogatorio es habitual. ¿Por qué Jesús no se manifiesta directamente al mundo? ¿Por qué no hace un milagro para convencer a la gente? Jesús ni siquiera responde directamente a esta pregunta. Simplemente demuestra que ese no es el plan divino. Jesús no quiere imponerse al mundo. Más bien, tiene un secreto de amor que es íntimo y desde el cual los discípulos pueden actuar en el mundo.

Para explicar esto, Jesús utiliza una imagen que recorre toda la revelación divina en la Biblia. Desde el principio de la historia, la gente ha identificado a Dios con ciertos lugares específicos. En la época de los patriarcas, consideraban la encina como un árbol sagrado en el que Dios se revela, y adoraban a Dios bajo las encinas (Gn 18,1). En la espiritualidad afro, la Gameleira (el Irôco) es un Orixá. Para algunos pueblos indígenas, cada montaña es un lugar sagrado. En el Éxodo, la montaña sagrada de Horeb o Sinaí es el lugar desde el que Dios se revela. Más tarde, Dios pide a Moisés que construya una tienda durante la marcha del pueblo por el desierto, y ésta sería el santuario en el que el pueblo podría consultar al Señor (Ex 35). Más tarde, Salomón y el pueblo pidieron a Dios que aceptara hacer del templo de Jerusalén la morada de su Nombre, donde la gente pudiera invocarlo. A través de los profetas, Dios ha dejado claro que es el Dios del universo. El universo entero no puede contenerlo. Acepta ser adorado en el templo, siempre que el pueblo camine por la senda de la rectitud. No quiere una religión ritual, sino una fe ética.

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El cuarto Evangelio comienza afirmando que, en la persona de Jesús de Nazaret, “la Palabra de Dios se hizo carne y acampó entre nosotros” (Jn 1,14). Ahora, en la cena, Jesús deja claro que, al dejar este mundo, quiere inaugurar otro tipo de presencia. Declara que esta presencia ya no será ni una tienda de campaña, ni un templo, ni un objeto sagrado, sino la más íntima de las personas que le aman y permanecen fieles a su propuesta (su mandamiento de amor solidario): “Si alguien me ama, se adhiere a mi Palabra, mi Padre y yo vendremos a él o ella, y en esa persona haremos nuestra morada”.

 A partir de entonces, los discípulos serán una morada divina, pero no una presencia mecánica o externa. Es una presencia a través del amor divino que se plasmará en la vida de aquellos que permanezcan en esta intimidad con el Padre, a través del amor de Jesús. Para garantizar esta nueva forma de presencia, Jesús promete el Espíritu, la energía divina, que en la Biblia se llama soplo, viento o nuevo aire atmosférico. Esta energía (Ruah en hebreo) es una fuerza reconfortante en el momento del duelo y un defensor en el momento en que se necesita la defensa. A través de esta nueva forma de presencia, Dios deja de ser externo a nosotros y se identifica con lo mejor de cada uno de nosotros. En la espiritualidad afro, los Orixás son fuerzas de la naturaleza que se incorporan a las personas y el Oxum de María no es el mismo que el de Joana. Es Oxum sin dejar de ser María o Juana.

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Estas palabras de Jesús, las más íntimas y tiernas de todo el Evangelio, dejan claro que tenemos que alimentar esta relación de intimidad amorosa, a partir de la escucha de la Palabra y ésta será la raíz de nuestra misión para hacer de este mundo una tierra de amor, justicia y vida plena para todos los seres vivos.

Hace siete años, el 25 de mayo de 2015, el Papa Francisco publicó Laudato Si’ y en ella oficializó la expresión Ecología Integral que une el cuidado de la Madre Tierra con el camino de la justicia ecosocial y el esfuerzo permanente de conversión para que cada uno de nosotros sea siempre más morada del Espíritu.

Cada uno de nosotros se da cuenta de si ha conseguido estar donde está y vivir lo que vive, en el sabor del Espíritu, o si participa en las cosas e incluso puede prestar alguna colaboración, pero no está en el Espíritu. Estar en el Espíritu es dejarse devorar por un fuego que enciende pero no quema, un amor que nos abraza y nos hace avanzar y que tiene la capacidad de transformar en amor todo lo que toca: la política, el arte y la vida.

Que el Espíritu, que el Padre del Amor nos da, nos sumerja en la plenitud de la verdad (Él os enseñará todo y os recordará todo lo que os he dicho). En nosotros será una fuerza para la Paz, la inquieta Paz de la Justicia Liberadora, como la llamó Pedro Casaldáliga. Es el Espíritu el que no se deja engañar por la publicidad que favorece las guerras y la opresión en este mundo. Que nuestras vidas, impulsadas por el Amor, sean una encarnación permanente del Espíritu, en la apertura universal a todos los espíritus a favor de la Vida (en todas las religiones y culturas) y que provoquemos un nuevo Pentecostés en el mundo.

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 Esta promesa que Jesús hace del Espíritu parece muy pentecostal y como si fuera para establecer una espiritualidad más íntima. Dios dentro de nosotros. ¿Cómo podemos interpretar una espiritualidad liberadora y social basada en un evangelio como éste? Puede dar la impresión de ser una religión sólo espiritualista. La relevancia del Evangelio de hoy es que quienes aceptamos ser discípulos de Jesús podemos contar con esta presencia y fuerza del Espíritu Santo, la Ruah Divina en nosotros y en medio de nosotros.

Hoy en Brasil, el escenario está de nuevo preparado para una campaña electoral muy reñida con propuestas políticas muy diferentes entre sí. Es importante que tengamos el Espíritu de Dios, el espíritu del amor, para ponernos del lado de la democracia, de los derechos de los pobres y del amor como forma de hacer política. Sólo podremos ser testigos de la resurrección de Jesús y de la presencia del Espíritu en el mundo si luchamos contra la política de odio y violencia que asola Brasil y nos colocamos como constructores de un Brasil que no tenga miedo de ser feliz.

La Buena Noticia del Dgo. 6º-Pasc-A

La promesa del Espíritu

Jn 14, 15-21

El Padre os dará otro defensor, el Espíritu de la verdad

Jesús promete a sus discípulos la venida del Espíritu Santo, que será la forma nueva de la presencia de Jesús entre nosotros,

El Espíritu nos hace conscientes de ser hijos de Dios y nos hace sentirnos hermanos y constructores del Reino. También el Espíritu continúa ayudándonos a recordar y a actualizar la palabra y la obra de Jesús a lo largo de la historia.

Si vivimos guiados por el Espíritu, recordando y guardando su palabra, conoceremos la paz. Tenemos que dejarnos guiar por el Espíritu que animó la vida de Jesús.

Testigos de la Palabra

Nosotros no podemos esconder su rostro. No podemos acallar su voz.
Nosotros no podemos esconder su rostro. No podemos acallar su voz.

Alfonso Navarro, recién ordenado, comenzó su trabajo pastoral en San Juan Opico donde tomó contacto con jóvenes y campesinos.
Formó grupos de jóvenes animándoles con la doctrina social de la Iglesia para que tomaran conciencia de vivir en comunidad, de asumir su papel histórico de transformar el mundo.
Será el primer sacerdote diocesano que muere mártir el 12 de mayo de 1977, asesinado por el escuadrón de la muerte de la Unión Guerrera Blanca (UGB), que había anunciado matar a curas jesuitas y marxistas.
Alfonso ya lo presentía porque unos días antes dijo: “Posiblemente yo seré el próximo, pero no me lloren, traigan claveles rojos que son señal de alegría en la Iglesia”.
Unos hombres armados entraron a su casa matando a Luisito de 14 años y dispararon a Alfonso. Cuando le llevaban herido al hospital donde falleció dijo: “He predicado la paz en mi tierra, sigan mis pasos, les perdono a todos, aún a los que me han matado. Voy feliz”.

6º Pascua: Celebración familiar

(17.05.2020): Derechos y deberes humanos son Evangelio

Por  Rufo González

Oración

Dios todopoderoso, concédenos continuar celebrando con intenso fervor estos días de alegría en honor de Cristo resucitado, de manera que prolonguemos en nuestra vida el misterio de fe que recordamos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura del santo Evangelio según san Juan(14, 15-21)

Comentario: “Vosotros me veréis, y viviréis, porque yo sigo viviendo” (Jn 14,15-21)

El género literario de “discursos de despedida”, le sirve al evangelista Juan para resumir una serie de instrucciones, puestas en boca de Jesús, sobre su presencia resucitada. Los discípulos perciben que el Resucitado les acompaña con su Espíritu, llamado aquí “Espíritu de la verdad”, y unos versículos más adelante “Espíritu Santo” (Jn 14,26). Aquí aparece el Espíritu como promesa: “Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros” (v. 16). Sólo el evangelista Juan transmite este título de “paráclito”. Formado por dos raíces griegas (“para”: junto a, y “kaleo”: llamar), significa lo mismo que la palabra latina “advocatus” (“ad”: “junto a”, y “vocatus”: “llamado”), abogado en castellano): “llamado a estar junto a”, “llamado” por alguien para algo. Este modo de entender el Espíritu surge del mundo jurídico, donde un abogado es el que es llamado para que le informe, defienda, sostenga y consuele… En el “mundo” (para Juan es el ámbito de odio, mentira, codicia…) es lógico que los cristianos entren en conflictos constantes por vivir el Evangelio de la vida, la verdad, la dignidad de hijos de Dios… Para vivir así necesitan “otro defensor” que les defienda e ilumine, les apoye y consuele, como había hecho Jesús. El mismo Juan reconoce a Jesús resucitado como “uno que abogue ante el Padre: Jesucristo, elJusto”, (1Jn 2,1). El Espíritu será, pues, en la tierra y en el cielo, el sustituto de Jesús, “otro paráclito”.

El Espíritu de la verdad” (v. 17), le define Jesús. Como a sí mismo: “yo soy la verdad” (Jn 14,6). Buscar la verdad en todos los ámbitos de la vida es dejarse llevar por el Espíritu de Jesús. Benedicto XVI reconocía que: “La fidelidad al hombre exige la fidelidad a la verdad, que es la única garantía de libertad (cf. Jn 8,32) y de la posibilidad de un desarrollo humano integral. Por eso la Iglesia la busca, la anuncia incansablemente y la reconoce allí donde se manifieste. Para la Iglesia esta misión de verdad es irrenunciable… Abierta a la verdad, de cualquier saber que provenga, …la Iglesia la acoge, recompone en unidad los fragmentos en que a menudo la encuentra, y se hace su portadora en la vida concreta siempre nueva de la sociedad de los hombres y los pueblos” (Nº 9 de “Caritas in Veritate”. 29 de junio 2009). Un gran texto teórico. Pero la historia eclesial es pobre en la práctica. “La autoridad de la verdad” ha venido siendo contradicha por la “la verdad de la autoridad” durante siglos. Y aún sigue. Basten como ejemplo dos temas eclesiales conectados a los derechos humanos: el celibato obligatorio para el clero y la negación del ministerio ordenado a la mujer cristiana. Dos  contradicciones que se siguen manteniendo por amparar unas tradiciones contrarias a la verdad de nuestra cultura y del Nuevo Testamento.

El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros lo conocéis porque mora en vosotros y está en vosotros” (v. 17). La “ausencia de amor gratuito” (agape) es lo que se da en el “mundo” de Juan. Sin este amor no se percibe al Dios de Jesús, porque “Dios es amor” (1Jn 4,8). Jesús promete que volverá, y los discípulos le “verán y vivirán, porque él sigue viviendo”. Alude a la “presencia ilimitada” del Espíritu-Amor, que habita en todo el que ama: “al que me ama, será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él” (v. 21).

Oración: “Vosotros me veréis, y viviréis, porque yo sigo viviendo” (Jn 14,15-21)

Hoy, Jesús resucitado invitas a contemplar:

tu nueva presencia a través del Espíritu Santo.

Te oímos decir: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos…”;

“pediré al Padre que os dé otro paráclito, que esté siemprecon vosotros”;

“vosotros lo conocéis porque moracon vosotros y está en vosotros”;

“vosotros me veréis, y viviréis, porque yo sigo viviendo”.

“al que me ama, será amado por mi Padre,

y yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

“Vendremos a él y haremos morada en él”.

Creer en Ti, Jesús, “camino, verdad y vida”, es:

zambullirse en la corriente de la historia;

colaborar en la búsqueda de verdad y vida;

defender la dignidad y los derechos y deberes humanos.

Así comulgamos contigo, con el Padre y con el Espíritu:

iniciamos nuestro modo de “entendernos” con el “Misterio”;

encontramos que tu Espíritu nos habita,

nos convence que somos hijos de Dios,

nos intima tu amor a la verdad, a la vida, a la justicia…;

nos hace ver y juzgar la realidad, la historia…

Tu Espíritu nos hace dueños de nosotros mismos:

nos da madurez para pensar y decidir;

nos esclarece la igualdad y la libertad de todos…;

sentimos que “para la libertad nos ha liberado Cristo;

manteneos, pues, firmes, no dejéis que vuelvan a someteros a yugos de esclavitud” (Gál 5,1).

Creo, Jesús resucitado, que es tu Espíritu:

quien, a su debido tiempo, cuando somos capaces de cargar con ello,

nos hace conscientes de los “derechos y deberes humanos”;

quien mueve el consenso universal en torno a estos derechos y deberes;

quien convence de que estos derechos y deberes son la base verdadera

de cualquier propuesta de sentido, sobre todo, religioso.

Derechos y deberes humanos están en tu Evangelio:

“yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante” (Jn 10,10);

“venid benditos de mi padre.., porque tuve hambre y me diste de comer,

tuve sed y me diste de beber, fui forastero y me hospedasteis,

estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis,

en la cárcel y vinisteis a verme…

Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, los más pequeños,

conmigo lo hicisteis…” (Mt 25, 31-46).

Nos alegra oír de quienes presiden la Iglesia:

– “Estamos dispuestos para servir a los seres humanos, no sólo a los católicos;

a defender en primer lugar los derechos de la persona humana

y no sólo los de la Iglesia” (Pablo VI, clausura del Vaticano II).

– “El camino de la iglesia es el ser humano” (J. Pablo II: “Redentor hominis”, 14).

– “Los derechos y los consiguientes deberes…

son el fruto de un sentido común de la justicia,

basado principalmente sobre la solidaridad entre los miembros de la sociedad

y, por tanto, válidos para todos los tiempos y todos los pueblos”

(Benedicto XVI. Discurso en Naciones Unidas. Nueva York. 18.04.2008).

– “Cada uno está llamado a contribuir con coraje y determinación…

a respetar los derechos fundamentales de cada persona,

especialmente de las “invisibles”: de los muchos que tienen hambre y sed,

que están desnudos, enfermos, son extranjeros o están detenidos (Mt 25.35-36),

que viven en los márgenes de la sociedad o son descartados.

Esta necesidad de justicia y solidaridad tiene un significado especial

para nosotros los cristianos, porque el Evangelio mismo nos invita

a dirigir la mirada a los más pequeños de nuestros hermanos y hermanas,

a movernos a la compasión (Mt 14:14)

y a trabajar arduamente para aliviar sus sufrimientos” (Francisco 70 aniversario

de Declaración Universal de los Derechos Humanos. 11.12.2018).

Danos, Cristo Jesús, a sentir la fuerza de tu Espíritu:

tu “otro abogado”, que “está con nosotros”, y nos defiende,

nos anima a aceptar y respetar los derechos humanos;

nos hace testigos de tu amor servicial a todos.

Preces de los Fieles (D. 6º Pascua 17.05.2020)

Pidamos ser dóciles a la inspiración del Espíritu de Bien, de Verdad, de Amor, de Justicia, de Paz… Es decir, del Espíritu de Jesús. Pidámoslo diciendo: “queremos vivir de tu Espíritu”.

Por la Iglesia:

– que se renueve bajo la inspiración del Amor del Padre;

– que esté “abierta a la verdad, de cualquier saber que provenga”.

Roguemos al Señor: “queremos vivir de tu Espíritu, Señor”.

Por la paz del mundo:

– que rechacemos la violencia como modo de solucionar conflictos;

– que respetemos los derechos humanos como punto de partida.

Roguemos al Señor: “queremos vivir de tu Espíritu, Señor”.

Por las intenciones del Papa (Mayo2020):

– que “los diáconos sean fieles al servicio de la Palabra y de los pobres”;

– que “sean un signo vivificante para toda la Iglesia”.

Roguemos al Señor: “queremos vivir de tu Espíritu, Señor”.

Por nuestras parroquias:

– que sean comunidades sanas y sanadoras;

– que todos podamos hablar y decidir en comunión.

Roguemos al Señor: “queremos vivir de tu Espíritu, Señor”.

Por los enfermos y desamparados:

– que sea el centro de nuestras comunidades;

– que encuentren fuerza y ayuda en el amor de Jesús.

Que nos abramos a tu Espíritu, Señor Jesús: dejemos que mueva nuestro espíritu a perdonar, a construir una comunidad, una Iglesia viva, donde todos puedan realizarse y sentirse amados. Te lo pedimos de corazón, Jesús resucitado, que vives en nosotros por los siglos de los siglos. Amén.

Oración final:

Dios todopoderoso, que nos haces renacer a la vida eterna por la resurrección de Cristo, concede que los sacramentos pascuales den fruto abundante en nosotros, e infunde en nuestros corazones la fuerza de este alimento de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros. Amén.

El legado de Rutilio

BREVE RESEÑA HISTÓRICA DEL PADRE RUTILIO GRANDE

* Contar la historia de Rutilio Grande es contar parte de la historia del pueblo salvadoreño.

Rutilio nació en El Paisnal un 5 de julio de 1928. De niño aprendió a conocer y querer a Jesús y sintió la vocación al sacerdocio.

También sufrió desde la infancia las dificultades económicas y familiares que marcan a la mayoría de los salvadoreños. Pero con el apoyo y amistad de Mons. Luis Chávez y González, ingresó en el Seminario en 1941, y 4 años después en la Compañía de Jesús.

* Viajó a Ecuador y Panamá, y regresó como profesor al Seminario de San José de la Montaña. En Oña, España, estudia filosofía y es ordenado sacerdote el 30 de julio de 1959. En Bélgica estudió pastoral, y asimiló el principio de la participación y la horizontalidad. En 1965 se incorpora al Seminario como profesor y prefecto de disciplina. Allí fue compañero de muchos sacerdotes, donde su palabra, su cariño y su influjo tuvieron una resonancia especial.

* Su intervención en la Semana Nacional de Pastoral en julio de 1970 fue decisiva.    Ese año, por su profética homilía del 6 de agosto tuvo que dejar el Seminario y pasa al Externado San José. En 1972 viaja al Instituto Pastoral de Ecuador (IPLA), donde conoce a Mons. Leónidas Proaño y reafirma su carisma pastoral basado en la participación de los laicos y en el diálogo comunitario como medios para una liberación integral de los más pobres. A su regreso de Ecuador se hizo cargo del equipo misionero en la parroquia de Aguilares, el 24 de septiembre de 1972, desempeñando un papel vital en la pastoral arquidiocesana y nacional, y donde entregó la vida un 12 de marzo de 1977, por ser fiel a la opción que marcó su vida y su ministerio, que se caracterizaron por la denuncia de las injusticias y la búsqueda por encarnar el Reino de Dios.

* Le habían amenazado, y la prudencia dictaba que no acudiese a celebrar la novena en honor de San José, en El Paisnal. Pero optó por estar con su pueblo. Esa tarde salió a celebrar la Eucaristía, acompañado por Manuel Solórzano, de 72 años, Nelson Rutilio Lemus, de 16 y unos dos o tres niños. Mientras atravesaban los cañales fueron brutalmente ametrallados. El cuerpo de Rutilio recibió 12 disparos, todos ellos mortales, excepto el del pie. “El asesinato de Rutilio Grande quiso vanamente detener el proceso ya desencadenado y que estaba dando paso a “una historia nueva.” Como la cruz de Jesús significó novedad de vida, la muerte del P. Grande hizo que naciera un gran profeta: Mons. Romero, que un año después, dijo: “Y porque tuvo el valor de desenmascarar tantas cosas, ya se le buscaba para matarlo y se le mató… Lo que no sabían es que ellos ponían en el surco una semilla que reventaría en grandes cosechas como decía Cristo: “El grano de trigo muere no para quedarse sepultado, sino para dar mucho fruto” (M. Romero 5/3/78).

(El próximo domingo 24 de mayo y los siguientes meses de junio y julio, El legado de Rutilio será colocado en el Blog a las 15:00 H)