Semana Santa y amistad social

 

José M. Tojeira

En Semana Santa recordamos con frecuencia el mandato de Jesús a sus discípulos: “Ámense unos a otros como Yo les he amado”. Es un mandato universal para todo el que se considere cristiano. Y es un mandato que desobedecemos con demasiada facilidad, pasando del resentimiento al odio, y de éste a la ofensa, que puede llegar incluso a matar.

Jesús fue víctima de esta tendencia humana a afirmarnos como seres humanos negando la humanidad de los demás. Y por esa misma razón la tradición cristiana, cuando piensa en la vida en sociedad, además de recordar el mandato básico del amor, recomienda la existencia de normas que defiendan a los débiles e impidan el abuso sobre los indefensos o los que no tienen voz, como decía nuestro San Romero. Normas que no rompan la amistad social, sino que tiendan a aumentarla.

En el pensamiento secular, en buena parte inspirado por la tradición cristiana, se puso como principio, en los albores de la democracia, la frase “que nos gobiernen leyes y no personas”. Mientras las personas están sujetas a mayores equivocaciones, la norma es fruto (o debe serlo) del diálogo, de la reflexión y del discernimiento sobre las situaciones históricas en las que viven las colectividades humanas.

Protegen a los más débiles universalizando derechos y crean instituciones independientes que supervisen el cumplimiento de las obligaciones derivadas de la ley. En nuestros países centroamericanos, se dio desde muy temprano, en buena parte como herencia colonial, la tendencia a establecer gobiernos muy elitistas que pronto evolucionaron hacia caciquismos regionales y gobiernos militaristas.

Salir de la tendencia a que nos gobiernen autoritariamente personas y no normas, es y continúa siendo un proceso largo y conflictivo. La desigualdad social, una plaga muy extendida en nuestros países, no solo genera violencia. Tiende también a generar gobiernos elitistas que rápidamente se convierten al populismo autoritario y paternalista.

Para quienes acaparan poder es mejor la costumbre romana de “pan y circo”, con palo y garrote para quienes opinen diferente, que la democracia participativa y con controles de poder. En muchos aspectos nos siguen gobernando personas en vez de leyes. Y eso impide la confianza en las instituciones y la amistad social.

En el esfuerzo por construir sociedades democráticas hemos trasladado a nuestras Constituciones los Derechos Humanos, con una mayor o menor universalización de los mismos según contextos históricos. Pero no hemos desarrollado adecuadamente las instituciones que universalicen los derechos constitucionales y controlen los abusos del poder. En la actualidad, además, se utiliza la mayoría parlamentaria  y el control de las instituciones incluso para cambiar términos en beneficio y capricho del poder. De este modo la Policía, PNC, puede decir que hubo cero homicidios en un día y un pandillero muerto.

Como si matar a un pandillero, aunque fuera en legítima defensa, no fuera un homicidio que se debe investigar y ubicar como tal para eximir de responsabilidades a los ejecutores, si así lo determinan los hechos. Se burlan de los Derechos Humanos sin darse cuenta de que sobre los mismos está construida la propia Constitución.

Y se confunde la Constitución con la voluntad mayoritaria de la Asamblea Legislativa o con los deseos y órdenes del Presidente elegido constitucionalmente. Se controlan las instituciones de control, reduciendo los controles a voluntades personales, más allá de la constitución y de los convenios internacionales ratificados por la misma Asamblea Legislativa. Fanatismo y miedo suplantan a la amistad social.

En la actualidad, el mandamiento del amor, que reflexionamos y tratamos de vivir de un modo especial en la Semana Santa, al menos los cristianos, no puede vivirse sin amistad social. Y la amistad social se niega cuando el poder de muy pocos se impone a como dé lugar. No hay nada mejor para vivir la amistad social que una democracia de leyes inspirada en la universalidad de los Derechos Humanos.

En Semana Santa debemos busca nuestra propia conversión al amor hacia todos, a la justicia y a la paz social y el bien común. Y por eso, en las actuales circunstancias, no debemos olvidar la invitación del Concilio Vaticano II que pide a los cristianos comprometidos en política que se olviden del propio interés y que “luchen con integridad moral y con prudencia contra la intolerancia y absolutismo de un solo hombre o de un solo partido político; conságrense con sinceridad y rectitud, más aún, con caridad y fortaleza política al servicio de todos” (Gaudium et Spes 75).

P. Diego Fares sobre Fratelli Tutti

Padre Diego Fares, sobre Fratelli Tutti: «Reacciona con esperanza a la crisis mundial con pequeños gestos radicales de alcance universal»
«Francisco continúa dirigiendo el diálogo no en torno a las ideas sobre Dios, sino más bien a la apreciación de cada persona humana como una criatura llamada a ser un hijo de Dios»
«Junto con la imagen inicial de Francisco de Asís, la imagen final de Carlos de Foucauld abarca todo el contenido de la encíclica en un abrazo esperanzado»
05.11.2020
(Sir).- «Fratelli Tutti tiene el estilo de una conversación entre amigos. De esas conversaciones en las que, al tratar las cuestiones vitales que nos desafían y fascinan, más que en las definiciones que damos, nos interesa la esperanza concreta que brota de esta forma amistosa y fraternal de hablar». El padre Diego Fares, colaborador de La Civiltà Cattolica, está convencido de ello.
En el número de la revista que sale el sábado, el jesuita subraya el valor de la «conversación» relanzada por el Papa Francisco y la «sana y fundamental conexión entre interioridad y universalidad» que ilumina los principios relanzados por el Pontífice: «el todo es más que la parte» y «la unidad es superior al conflicto».
Francisco también indica «dos cosas como las más altas e íntimas, porque son totalmente libres: el perdón y la amistad». Para el Papa, explica Fares, «el perdón como una decisión libre está en la raíz de cualquier política que busque el bien común», mientras que con respecto a la amistad, la «característica más propia» es «el amor al otro como tal, y esto nos mueve a buscar lo mejor para su vida». Sobre la relación entre las diversas religiones, el jesuita también señala, «Francisco continúa dirigiendo el diálogo no en torno a las ideas sobre Dios, sino más bien a la apreciación de cada persona humana como una criatura llamada a ser un hijo de Dios. De ahí la conclusión: «Es necesario reaccionar a la inmensidad de la crisis mundial que nos golpea por todos lados. El Papa nos invita a reaccionar no con palabras, sino con un nuevo sueño: ese sueño que Francisco de Asís y Carlos de Foucauld pudieron realizar en pequeños gestos de una radicalidad que lleva en sí una semilla de expansión universal».
«Charles de Foucauld sintetiza y encarna su contenido evangélico»
«Junto con la imagen inicial de Francisco de Asís, la imagen final de Carlos de Foucauld abarca todo el contenido de la encíclica en un abrazo esperanzado, que el Papa resume dinámicamente colocando la fraternidad y la amistad social en la clave del deseo. Continúa comentando la encíclica «Fratelli tutti» el padre Fares. «El hecho de destacar la figura de Carlos de Foucauld, que pronto será canonizado, tiene en ‘Fratelli tutti’ una gran fuerza testimonial: recoge y actualiza el legado de Francisco de Asís, sintetiza y encarna el contenido evangélico que el Papa expone en la encíclica, y nos desafía de forma concreta allí donde se produce el mayor reto de nuestro tiempo», reflexiona el jesuita.
El Papa habla del «sueño» de Foucauld de convertirse en «hermano de todos» e «identificarse con los últimos». Para el padre Fares, la espiritualidad de Foucauld impregna toda la encíclica. Además de la referencia explícita a la fraternidad y a la amistad social, el jesuita destaca la predilección del beato por los más abandonados, que «no sólo tiene un carácter ético, sino también profundamente teológico». En él, de hecho, «el abandono en las manos del Padre (oración de abandono) y abrazar el abandono de los más pequeños son uno». Fue precisamente en su búsqueda de los «pueblos más abandonados» que Foucauld eligió establecerse en el Sahara argelino. Y «el abrazo de los abandonados» que el Papa Francisco hace suyo, «no es sólo el de la misericordia o la justicia, sino el de la amistad, personal y social».

F.T.-Tema-2.Una nueva cultura en la amistad

Abrirnos al encuentro: #FratelliTutti2de10

28 octubre, 2020
En esta segunda semana de la iniciativa conjunta entre la Conferencia Episcopal Española (CEE) y los medios de comunicación de la Iglesia (ECCLESIA, COPE y TRECE), el tema para profundizar en Fratelli tutti es:

«Una nueva cultura en la amistad».

Entre las preocupaciones del Papa Francisco siempre han estado las cuestiones relacionadas con la fraternidad y la amistad social, temas a los que se ha referido reiteradas veces en distintos lugares. Aquí, en este documento pontificio, nos llama ahora a salir de nosotros mismos, nos invita a ampliar el círculo de nuestras relaciones, incluso más allá de nuestras fronteras, reencontrándonos con los sectores más empobrecidos y vulnerables, sin olvidar la importancia de la verdadera amistad en la era digital. Las comunicaciones digitales que nos separan de una amistad cultivada laboriosamente y nos presentan solamente una apariencia de amistad y sociabilidad. Esas relaciones no construyen verdaderamente un «nosotros» sino que suelen disimular y amplificar el individualismo. La conexión digital no basta para tender puentes, no alcanza para unir a la humanidad (Cf. FT 43).

Salir de nosotros mismos

El ser humano necesita del encuentro y la entrega con los demás. «Nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar», nos recuerda el Papa Francisco. «La vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad» (FT87) . Para ello, «el hombre tiene que llevar a cabo esta empresa: salir de sí mismo» (FT 88). El círculo de relaciones humanas nos debería conducir a la amistad social en cada ciudad o país.
La vida no se puede reducir a la relación con un pequeño grupo, ni siquiera a la relación con la propia familia. Es imposible entenderse uno mismo sin un tejido más amplio de relaciones. Mi relación con una persona que aprecio no puede ignorar que esa persona no vive sólo por su relación conmigo, ni yo vivo sólo por mi referencia a ella. Nuestra relación, si es sana y verdadera, nos abre a los otros que nos amplían y enriquecen (…) El amor que es auténtico, que ayuda a crecer, y las formas más nobles de la amistad, residen en corazones que se dejan completar. La pareja y el amigo son para abrir el corazón en círculos, para volvernos capaces de salir de nosotros mismos hasta acoger a todos (Cf. FT 89).

Más allá de nuestras fronteras

Francisco sostiene que ver «a cada ser humano como un hermano y buscar la amistad social que integre a todos no son meras utopías. Exigen la decisión y la capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles.» (Ft 180). También propone algunos caminos: la paz «no sólo es ausencia de guerra sino el compromiso incansable de reconocer, garantizar y reconstruir concretamente la dignidad tantas veces olvidada o ignorada de hermanos nuestros» (FT 233).
Hay un reconocimiento básico, esencial para caminar hacia la amistad social y la fraternidad universal: percibir cuánto vale un ser humano, cuánto vale una persona, siempre y en cualquier circunstancia. Este es el principio elemental de la vida social. A veces este principio suele ser ignorado de distintas maneras. Sobre todo, entre quienes sienten que no aporta a su cosmovisión o no sirve a sus fines (Cf. FT 106).

Nuevas culturas, nuevas oportunidades y riesgos

Estos encuentros que generan la amistad social requieren tiempo y, a veces, la velocidad del mundo moderno nos impide escuchar bien lo que dice otra persona. El Papa tiene en cuenta también los cambios culturales y la pluralidad de modos de ser en cada lugar. Por eso, llama a tener en cuenta la cultura de cada pueblo y de escapar de las «tendencias que buscan homogeneizar el mundo» (FT52).
La llegada de personas diferentes, que proceden de un contexto vital y cultural distinto, se convierte en un don, porque las historias de los migrantes también son historias de encuentro entre personas y entre culturas. Para las comunidades y las sociedades a las que llegan son una oportunidad de enriquecimiento y de desarrollo humano integral de todos y tienen la misma inalienable dignidad de todo ser humano. Cuando se acoge de corazón a la persona diferente, se le permite seguir siendo ella misma, al tiempo que se le da la posibilidad de un nuevo desarrollo. Las culturas diversas, que han gestado su riqueza a lo largo de siglos, deben ser preservadas y estimuladas para que pueda brotar algo nuevo de sí mismas en el encuentro con otras realidades y para que el mundo, sin ellas, no quede empobrecido (Cf. FT 133-134).
La dimensión de las relaciones fraternas nos llevan a salir cada vez a quienes nos parecen más lejanos. Al reconocer al otro y su cultura, se vuelve posible la gestación de un pacto social y cultural que «respete y asuma las diversas cosmovisiones» (FT 219).

Soñar lo posible

‘Soñar lo posible…’: COPE, Ecclesia y TRECE lanzan una guía de lectura de ‘Fratelli Tutti’

«A cada paso, la encíclica nos anima a superar barreras, diferencias, opiniones y darnos cuenta del elemento común de todos los hombres y mujeres de esta humanidad: una igual dignidad, un mismo valor intrínseco»
«Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien. La reciente pandemia nos permitió rescatar y valorizar a tantos compañeros y compañeras de viaje que, en el miedo, reaccionaron donando la propia vida»
«Que pueda surgir de nuevo, en esta época que nos toca vivir, el sentimiento de una fraternidad profunda. Que podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad, reconociendo la dignidad de cada persona humana»
«Reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos no son meras utopías. Exigen la decisión y la capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles»

Soñar lo posible es una iniciativa de la Conferencia Episcopal y de los medios de comunicación de la Iglesia (Ecclesia, COPE y TRECE) para profundizar en la nueva encíclica del papa Francisco Fratelli tutti.
Durante diez semanas, se ofrecerá un tema para reflexionar y acercarse a este documento pontificio sobre la fraternidad y la amistad social. El primer tema, Soñar como una única humanidad, ya está disponible. En las próximas semanas, se abordarán ‘Una nueva cultura basada en la amistad’; ‘Las religiones, al servicio de la fraternidad’; ‘Ser el buen samaritano’; ‘En un mundo oscurecido, nadie puede quedar excluido’; ‘Una economía con principios éticos’; ‘Los caminos de paz’; ‘Unas relaciones internacionales fraternas’; ‘La mejor política’; y ‘Mirar al pasado con misericordia’.
El texto completo de la encíclica lo puedes ver aquí. Y lo puedes descargar aquí en word y también en formato pdf.

Tema 1. Soñar como única humanidad
¡Qué importante es soñar juntos! nos exhorta el papa Francisco en “Fratelli tutti”. Por eso, una de las propuestas que lanza en su escrito es “soñar como única humanidad”.
Feliz quien ame al otro tanto a su hermano cuando está lejos de él como cuando está junto a él. Necesitamos un amor que va más allá de las barreras de la geografía y del espacio.

Estamos llamados a una fraternidad abierta, que permite reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física. Más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite.

Para ello pedimos un corazón sin confines, capaz de ir más allá de las distancias de procedencia, nacionalidad, color o religión.

«Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios» (1 Jn 4,16). De ese modo fue se despierta el sueño de una sociedad fraterna.

Sólo el hombre que acepta acercarse a otros seres en su movimiento propio, no para retenerlos en el suyo, sino para ayudarles a ser más ellos mismos, se hace realmente padre.

Todos los seres humanos hemos sido creados por Dios iguales. Iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad. Él nos ha llamado a convivir como hermanos.

He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente.

Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos!

Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos.

Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos.

Cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos.
Para un cristiano no es que todos “debemos” ser iguales, es que ya, ahora, todos somos iguales, porque todos somos hijos e hijas de un mismo Padre. Esta igualdad es la fuente de la irrenunciable dignidad de todo ser humano. Esa común dignidad sostiene la esperanza de que un mundo mejor es posible.
A cada paso, la encíclica nos anima a superar barreras, diferencias, opiniones y darnos cuenta del elemento común de todos los hombres y mujeres de esta humanidad: una igual dignidad, un mismo valor intrínseco. Así se respira en la encíclica y esta mirada nueva a toda la humanidad puede animar nuestra oración, nuestra reflexión y la vida de la Iglesia.



El sueño: una fraternidad abierta
«Fratelli tutti», escribía san Francisco de Asís para dirigirse a todos los hermanos y las hermanas, y proponerles una forma de vida con sabor a Evangelio. El poverello de Asís señala que la felicidad está en quien ama al otro, «tanto a su hermano cuando está lejos de él como cuando está junto a él». Con estas pocas y sencillas palabras expresó lo esencial de una fraternidad abierta, que permite reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite (Cf. Ft 1).
Francisco de Asís buscaba comunicar el amor de Dios. Había entendido las palabras del apóstol Juan: «Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios» (1Jn 4,16). Así despierta el sueño de una sociedad fraterna. Francisco acogió la verdadera paz en su interior, se liberó de todo deseo de dominio sobre los demás, se hizo uno de los últimos y buscó vivir en armonía con todos (Cf. Ft 3).

Dios camina junto a ti y te ofrece una esperanza

Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien. La reciente pandemia nos permitió rescatar y valorizar a tantos compañeros y compañeras de viaje que, en el miedo, reaccionaron donando la propia vida.
Nos damos cuenta de que nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes que, sin lugar a dudas, escribieron los acontecimientos decisivos de nuestra historia compartida: médicos, enfermeros y enfermeras, farmacéuticos, empleados de los supermercados, personal de limpieza, cuidadores, transportistas, hombres y mujeres que trabajan para proporcionar servicios esenciales y seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas… comprendieron que nadie se salva solo (Cf. Ft 54).
Existe una una realidad enraizada en lo profundo del ser humano, independiente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos. Nos habla de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor. La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna» (Cf. Ft 55).
Reaccionar para ofrecer a otros este sueño de fraternidad

El objetivo de esta encíclica es reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras. Una reflexión escrita desde las convicciones cristianas del Papa Francisco, y abierta al diálogo con todas las personas de buena voluntad (Cf. Ft 6).
Que pueda surgir de nuevo, en esta época que nos toca vivir, el sentimiento de una fraternidad profunda. Que podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad, reconociendo la dignidad de cada persona humana. He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura: Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos (Cf. Ft 8).



Hay dos tipos de personas: las que se hacen cargo del dolor y las que pasan de largo; las que se inclinan reconociendo al caído y las que distraen su mirada y aceleran el paso. En efecto, nuestras múltiples máscaras, nuestras etiquetas y nuestros disfraces se caen: es la hora de la verdad. ¿Nos inclinaremos para tocar y curar las heridas de los otros? ¿Nos inclinaremos para cargarnos al hombro unos a otros? Este es el desafío presente, al que no hemos de tenerle miedo. En los momentos de crisis la opción se vuelve acuciante: podríamos decir que, en este momento, todo el que no pasa de largo ante el dolo ajeno, o bien es porque él mismo está herido o bien es porque está poniendo sobre sus hombros a algún herido (Cf. Ft 70).
Un sueño que tiene su esencia en el amor: el otro es uno conmigo
En un intento de precisar en qué consiste la experiencia de amar que Dios hace posible con su gracia, santo Tomás de Aquino la explicaba como un movimiento que centra la atención en el otro «considerándolo como uno consigo». La atención afectiva que se presta al otro, provoca una orientación a buscar su bien gratuitamente. Todo esto parte de un aprecio, de una valoración, que en definitiva es lo que está detrás de la palabra “caridad”: el ser amado es “caro” para mí, es decir, «es estimado como de alto valor». Y «del amor por el cual a uno le es grata la otra persona depende que le dé algo gratis» (Cf. Ft 93).
El amor va más allá de acciones benéficas. El amor surge de una unión que inclina más y más hacia el otro considerándolo valioso, digno, grato y bello, más allá de las apariencias físicas o morales. El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida. Sólo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos (Cf. Ft 94).

Desearles a todos lo mejor y hacerlo posible

El deseo y la búsqueda del bien de los demás y de toda la humanidad implican también procurar una maduración de las personas y de las sociedades en los distintos valores morales que lleven a un desarrollo humano integral. Se trata de procurar lo excelente, lo mejor para los demás: su maduración, su crecimiento en una vida sana, el cultivo de los valores y no sólo el bienestar material. Hay una expresión latina semejante: bene-volentia, que significa la actitud de querer el bien del otro. Es un fuerte deseo del bien, una inclinación hacia todo lo que sea bueno y excelente, que nos mueve a llenar la vida de los demás de cosas bellas, sublimes, edificantes (Cf. Ft 112).
Se trata de promover el bien, para nosotros mismos y para toda la humanidad, y así alcanzar un crecimiento genuino e integral. Cada sociedad necesita asegurar que los valores se transmitan, porque si esto no sucede se difunde el egoísmo, la violencia, la corrupción en sus diversas formas, la indiferencia y, en definitiva, una vida cerrada a toda trascendencia y clausurada en intereses individuales (Cf. Ft 113)
Reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos no son meras utopías. Exigen la decisión y la capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles. Cualquier empeño en esta línea se convierte en un ejercicio supremo de la caridad. Porque un individuo puede ayudar a una persona necesitada, pero cuando se une a otros para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, entra en «el campo de la más amplia caridad, la caridad política». Se trata de avanzar hacia un orden social y político cuya alma sea la caridad social (Cf. Ft. 180).

Claves contextuales de «Fratelli Tuti»

La “amistad social”, corazón de la nueva encíclica del Papa

  • Fratelli tutti

Para demostrar que la ‘amistad social’ es la clave de bóveda de su pensamiento, la expresión aparece en el mismo subtítulo de la encíclica

“Permitirá conocer a fondo el pensamiento social de Francisco”

Por centrarse en una de sus categorías preferidas y de las que mejor plasman su pensamiento social, la nueva encíclica marcará una diferencia fundamental respecto a la ‘Laudato si’

13.09.2020 José Manuel Vidal

Por ahora, apenas sabíamos su nombre: ‘Fratelli tutti’. Así, en italiano, para aludir, de nuevo, a una frase textual de Francisco de Asís. Pero los pocos que ya han tenido la fortuna de poder leerla aseguran que no será una encíclica más, sino que se trata de un texto fundamental en este pontificado.

Primero, porque recoge lo más característico del pensamiento social del Papa. Y, segundo, porque, al hacerlo, la encíclica permitirá conocer y entender a fondo a Francisco. Y es que, según nuestras fuentes, el texto se nuclea en torno a una categoría especialmente querida para Bergoglio, desde su época de arzobispo de Buenos Aires, la de “amistad social”.

Ya entonces, cuando regía la archidiócesis argentina, Bergoglio solía expresar con ella las relaciones positivas dentro de una sociedad. Y, por eso, prefería utilizar esta expresión frente a otras que suelen ideologizarse, como ‘reconciliación’ o ‘tolerancia’.

Por centrarse en una de sus categorías preferidas y de las que mejor plasman su pensamiento social, la nueva encíclica marcará una diferencia fundamental respecto a la ‘Laudato si’. Entre otras cosas, porque en ésta última, Francisco se sumergía en un tema que no solía frecuentar antes de ser Papa.

Y, de hecho, acaba de confesar que su “conversión ecológica” ha sido reciente. Es decir, escribió la ‘Laudato si’, porque le pareció un tema absolutamente crucial en este momento histórico, pero no era un leit motiv suyo, de los que le acompañaron durante toda su vida pastoral.

Por ejemplo, en el solemne Te Deum del año 2006, convocaba a promover «la fuerza transformadora de la amistad social», a la vez que condenaba «el internismo» y la «constante exclusión del que creemos contrario», así como las «desdichadas actitudes que nos encierran en el círculo vicioso de un enfrentamiento sin fin».

«(Seremos) felices si construimos un país donde el bien público, la iniciativa individual y la organización comunitaria no pugnen ni se aíslen, sino que entiendan que la sociabilidad y la reciprocidad son la única manera de sobrvivir y, Dios mediante, de crecer ante la amenaza de disolución», enfatizaba Bergoglio, quien sostenía que «nadie puede llegar a ser grande si no asume su pequeñez».

«Hoy se nos pide que redimamos y restauremos la amistad social, que está refundida. Y esto es trabajo artesanal, es trabajo que pasa por nuestras manos, por nuestra vida toda, por nuestro cuerpo, por nuestra carne», decía el cardenal e  2002, en la clausura de la V Jornada de Pastoral Social, que se realizó en el Instituto Sagrado Corazón de esta ciudad.

El arzobispo porteño pedía «restaurar la amistad social para que ya no se tenga en cuenta en las legislaciones o en los actos de gobierno lo formal sobre lo real».

«Cuando se pierde el señorío se le da primacía a lo formal sobre lo real. En cambio el señorío siempre nos lleva a la realidad tal cual es, y nos lleva a hacernos cargo de esa realidad aunque esté malherida», afirmaba el cardenal. Y pedía «restaurar lo que está roto, lo que se ha desgarrado, todo aquello que es fruto de la infidelidad, del pecado, del enanismo espiritual».

En cambio, toda la temática referente a la fraternidad humana y a la amistad social forman parte del núcleo de su pensamiento desde siempre y los ha desarrollado a fondo incluso antes de ser Papa.

Por eso, según nuestras fuentes, “será una encíclica que permitirá conocer y entender a fondo a Francisco y que recogerá lo más característico de su pensamiento social”.

De hecho, para demostrar que la ‘amistad social’ es la clave de bóveda de su pensamiento, la expresión aparece en el mismo subtítulo de la encíclica, en el que se indica que el texto trata sobre la fraternidad entre los pueblos, pero también sobre la ‘amistad social’.

Por su parte, el título será, de nuevo, en italiano: ‘Fratelli tutti’. Se trata de una expresión de San Francisco de Asís, que no cabe traducir, porque tiene gancho en italiano y es comprensible en todos los idiomas, al igual que ‘Laudato si’, el título de su anterior encíclica.