La escuela en el corazón de Romero


La fuerza más potente del mundo

“¿De qué sirve todos esos «descubrimientos» si en vez de dar alas al alma para acercarse a Dios, fueron tumba que aprisionó el espíritu? No es que condene el progreso, sino el ateísmo de nuestro progreso. Que el hombre se olvidó que las fuerzas que tiene en sus manos y el dominio sobre la materia Dios se los confió solamente para perfeccionar su misma esencia humana que consiste en ser imagen de Dios


Y por eso se ha escrito que el alma de toda cultura del alma […] la fuerza más potente del mundo no es el vapor, sino la fe. La energía más valiosa del mundo no es la electricidad sino el amor. El ideal más digno del hombre no es el campeón de boxeo, sino el santo. El tesoro más sublime del hombre no es la máquina sino el alma”, esto lo escribió Oscar Romero en abril de 1949 siendo un joven sacerdote de 32 años.

Idea que le angustió profundamente durante toda su vida sacerdotal, pues sentía que, de alguna manera, era la raíz de los males del ser humano. “Almas que aprisionó la sensibilidad o el espíritu comercial excesivo, o la fe desmedida en el poder de la máquina, o el atropello de toda justicia, o el error de falsas opiniones. Almas que parecéis vivas y estáis muertas, oíd, está soñando la hora de la libertad! Es la hora de la resurrección!” Y tenía muy claro que la educación era un camino poderoso para contribuir con Cristo y la Iglesia en la resurrección del hombre aquí y ahora.

Una educación con un fuerte propósito social

Una educación con un fuerte propósito social, eso pensaba Romero, para la defensa de los derechos humanos, la búsqueda de la paz y la propia liberación de todo hombre y mujer, que se sustentó de la creciente comprensión que tuvo sobre las posiciones que asumieron las Conferencias Episcopales de Medellín (1968), cuyo tema central fue la liberación de los pueblos de América Latina y la de Puebla (1979), acontecimiento en el cual se asume la opción preferencial por los pobres como una línea de acción de la Iglesia latinoamericana y de otros documentos relacionados con la doctrina social de la Iglesia Católica, es decir, una educación que sirva, como cierran aquellas muy lejanas palabras de 1949, para romper “los sellos de la tumba, rodar la pesada losa sepulcral. Y por el campo libre, bajo la espléndida mañana, iluminado por una vida sin temores de muerte, camina seguro [junto al] Resucitado. Si con Cristo habéis resucitado, buscad vosotros también las cosas que son de arriba”.

Quizás el tema educativo haya sido una preocupación central en el pensamiento de Romero desde siempre, pero no lo abordó de manera decidida y constante, aunque, si leemos sus documentos con la mente abierta, podemos hallar allí palabras que pueden nutrir aspectos fundamentales para la pedagogía latinoamericana. No lo abordó con mucha constancia, pero cuando lo hizo aportó ideas luminosas brotadas del corazón siempre nuevo del Evangelio.

Una casa para moldear el corazón del hombre

La escuela es una casa en la cual podemos moldear el corazón del hombre y esa tarea preciosa la tienen los maestros y profesores, en especial, aquellos que “miran con fe a un niño porque no es un ser para malearlo a nuestro gusto, sino un hijo de Dios que trae la imagen que el mismo Dios está reclamando que se forme a lo que él ha puesto en potencia en ese futuro hombre”. Moldearles el corazón con la forma de la mirada de Cristo cuya presencia en el mundo es un permanente –y siempre nuevo– cuestionamiento de la realidad humana, en especial, en ambientes de espesa injusticia.

Moldearles el corazón a partir de una idea muy clara de una ética trinitaria o de la concordia, ya lo hemos dicho, una ética como posibilidad humana de ceder al otro prioridad sobre uno mismo, es decir, deponer nuestra soberanía, nuestro orgullo y nuestra prepotencia. Una ética que busque siempre y en todo momento “un bienestar que no sea atropello de nadie, sino que sea el amor y la fe entre los hombres”. Un corazón siempre dispuesto a trabajar por la construcción un amor y una paz -pero no una paz y un amor superficiales, de sentimientos, de apariencia-, un amor y una paz que tiene sus raíces profundas en la justicia. Sin justicia no hay amor verdadero, sin justicia no hay la verdadera paz. Paz y Bien


Por Por Valmore Muñoz Arteaga. Director del Colegio Antonio Rosmini. Maracaibo – Venezuela

Jesús, historia de amor (Jn 13, 31-35)

Amaos unos a otros como os he amado.

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  En este amor insiste el Evangelio de Juan, preocupado por crear una comunión de amigos cercanos, una comunidad de hermanos, de enamorados.

Éste es un amor de hermanos, el decir, de cristianos que se vinculan sólo por amor (no tienen otra ley, otro mandamiento…) en un mundo donde parece que todos se enfrentan con todos. Éste es un amor de «en-amorados», hombres y mujeres que sienten el gozo de compartir y celebrar la vida, sin más finalidad (ni mandamiento) que aprender a quererse unos a otros.

Éste es un amor abierto a todos (incluso a los enemigos), pero condensado y expresado con gran fuerza en una comunión de amor.He comentado más veces en este blog el amor al enemigo.

Hoy quiero insistir en el amor de amigos y de anamorados, dentro de una comunidad de amor, conforme a la palabra de Jesús en el evangelio de Juan: Amaos unos a los otros, como yo os he amado… (Jn 13, 34).

 El amor al enemigo cesará, cuando no existan enemigos, pero el amor a los amigos-hermanos durará por siempre, a modo de comunión de Dios, hasta el fin de los tiempos.

Por| X. Pikaza

TEXTO.

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.

Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»Juan 13, 31-33a. 34-35

Preguntas, reflexión pevia

‒ ¿Quién habla en este texto? ¿Quién dice “como yo os he amado”: Jesús histórico o el Cristo de Pascua? ‒ ¿Cómo amó Jesús? ¿Cómo se relaciona su amor con el Dios? ¿Cómo entender su amor en relación con la justicia y con la libertad? ‒ ¿Cómo vivir en la Iglesia el amor de Jesús? ¿Qué cambios exige la experiencia de amor en la Iglesia y en la sociedad? ¿Cómo entender desde el amor la necesaria reforma de la Iglesia, la sinodalidad que propone el Papa Francisco? ‒ ¿Cómo entender y vivir ese amor fuera de la iglesia? 

— Jn 13, 34 forma parte del último nivel de redacción de Jn, es quizá posterior al mismo capítulo final del evangelio (Jn 21). Forma parte de eso que muchos investigadores llaman en “estrato 3”, compuesto y/o añadido al “cuerpo de Jn” en el estadio final de la fijación del texto, en un momento en que la Comunidad del Discípulo Amado está “enfrentándose” con dos grandes tareas (y) o riesgos:

  1. La Comunidad del Discípulo Amado está entrando en contacto con la Gran Iglesia, ajustando por eso, su teología y su visión de Jesús con la visión de las comunidades “oficiales”, vinculadas a Pedro (Jesús es el Verbo Encarnado, la Iglesia es una institución abierta…).
  2. La Comunidad está corriendo el riesgo de dividirse (o, mejor dicho, se está dividiendo de hecho), de manera que los que se vinculan con la Gran Iglesia (los transmisores de nuestro texto actual de Jn) debe insistir en la necesidad del “amor mutuo” (un amor que se expresa en forma de vinculación con la comunidad, de permanencia en ella).

— Pero el hecho de que el texto de Jn 13, 34 sea quizá la “glosa” de un comentarista posterior del evangelio (si así quiere llamarse) no significa que tenga poca importancia, sino todo lo contrario. El glosista ha querido insistir en algo que está en el fondo de la vida de Jesús: Él ha sido un Mesías de Amor.

Jesús puede y debe presentarse como aquel que ha amado a los suyos hasta el extremo, en donación total, a fin de que todos formemos una “república de amigos”, si es que vale esta palabra… Re-pública significa “cosa pública”. Público y fuerte ha de ser el amor de los cristianos, como seguiré indicando en los nueve números que siguen.

COMO YO OS HE AMADO. PALABRA PASCUAL  

— Por todo lo dicho, ésta no parece (no puede ser) una palabra directa del Jesús histórico, sino que proviene del Jesús resucitado, que se revela en la Iglesia como fuente y principio de amor, en la tradición del Discípulo Amado. Aquí se funda la “república cristiana”, en el amor de Jesús que vincula a sus amigos. Ésta es precisamente la experiencia de Pascua: Jesús, Hijo de Dios ama a los suyos y crea “con” (desde) ellos una comunión de amigos.

— Ciertamente, el Jesús de la historia amó a la gente de manera intensa, ofreciendo a los pobres, pecadores y excluidos el Reino de Dios… Más aún, es evidente que sus discípulos se sintieron amados por él, y así le han recordado por la pascua. Más todavía, Jesús ofreció a sus discípulos dos “mandamientos” fundamentales sobre el amor: (a) Uno sobre el amor a los enemigos; (b) y otro sobre el amor a Dios y el amor al prójimo.

— Pero debemos añadir que él no anduvo por ahí diciendo, como recoge tras la pascua esta glosa final del evangelio de Juan: ¡Amaos unos a los otros como yo os he amado! Esta palabra parece una reflexión y síntesis pascual de su proyecto de su presencia entre los hombres.

  1. CÓMO AMÓ EL JESÚS HISTÓRICO

— El hecho de que esa palabra (como yo os he amado, así amaos vosotros…) no sea histórica sino pascual no le quita valor, sino que se lo añade, pues ella ha servido para interpretar y condensar toda la vida de Jesús (sus palabras y sus gestos) en clave de amor.

 Cuando sus discípulos recuerdan a Jesús le recuerdan como un “hombre” de amor, como un testigo de la misericordia de Dios, no sólo por sus palabras, sino y sobre por sus hechos, por toda su trayectoria mesiánica.

— Más aún, los discípulos recuerdan su muerte como un “gesto” de amor; no como un fracaso mesiánico (como pudo haber sido en un sentido), sino como la expresión suprema del amor de Dios, que se expresa en su entrega, que no es un sacrificio como expresión de violencia y venganza sino como gesto de gratuidad activa, al servicio del Reino.

  1. EL TESTIMONIO DE UN EXTRAÑO: FLAVIO JOSEFO

— El testimonio más fuerte del amor de Jesús lo ofrece quizá un historiador judío, llamado Flavio Josefo, quien hacia el año 90 escribió un famoso testimonio sobre Jesús, a quien presenta como “hombre de amor”. Éste es el famoso testimonio “flaviano” donde Flavio Josefo ofrece su visión de Jesús, que es como sigue:

Apareció en este tiempo Jesús (en tiempos de Poncio Pilato). Fue autor de hechos sorprendentes; maestro de personas que reciben con gusto reciben la verdad. Muchos, tanto judíos como griegos, le siguieron. Algunos de nuestros hombres más eminentes le acusaron ante Pilato. Este lo condenó a la cruz. Sin embargo, aquellos que antes lo habían amado, no dejaron de hacerlo después. Y hasta hoy, la tribu de los cristianos, que le debe este nombre, no ha desaparecido (Ant. XVIII, 63-4)

— Así recuerda Josefo a Jesús, recogiendo posiblemente el testimonio de “testigos” cristianos, que él conoció tanto en Judea como en Roma. Es, sin duda, un testimonio “maquillado”, pues Josefo está interesado en presentar la existencia y acción de judíos “pacíficos”, que no se alzaron en guerra contra Roma. Pues bien, a pesar de ello, el dato es soprendente: Él presenta a Jesús como un “hombre de amor” (no como un mesías apocalíptico, ni como un líder violento). Así resume su vida:

‒ Que tenía hombre y mujeres que le querían, lo que significa que su obra se condensa en un gesto de amor ‒ Que las autoridades judías y romanas tuvieron miedo de la fuerza de su amor, en un tiempo convulso, y que por eso le mataron. ‒ Que hubo y sigue habiendo, pasaos los decenios, personas que le amaban… y que ellas fundaron “la tribu de los cristianos”, es decir, de los mesiánicos del

EXPERIENCIA PASCUAL, AMOR DE DIOS REVELADO POR JESÚS

‒ Ese testimonio de Flavio Josefo nos ayuda a situar y entender el cristianismo como experiencia de amor mesiánico, centrado en la pascua, es decir, en la muerte y en la experiencia de resurrección de Jesús y sus discípulos. En esa línea, la experiencia pascual de la Iglesia tiene muchos rasgos y elementos, pero el más importante es, sin duda, el descubrimiento de que la muerte de Jesús ha sido un gesto de amor al servicio de la vida (del Reino de Dios).

‒ La pascua fue el descubrimiento de que la vida de Jesús había sido un “servicio de amor”, aceptado y ratificado por Dios, que le resucitó. Más en concreto, la pascua cristiana fue es el descubrimiento de que Dios ha enviado a Jesús (su Mesías y Redentor) para salvación de los hombres, de manera que Jesús aparece como signo y presencia del amor de Dios.

‒ Por eso, cuando el Jesús de Juan dice “amaos unos a los otros como yo os he amado…” está hablando en nombre de Dios. Éste Jesús no es ya simplemente el hombre histórico de Nazaret, sino el Señor glorioso, el Hijo de Dios… Dios mismo se encarna y manifiesta así en el amor de Jesús, como afirma la primera iglesia pascual: “Tanto amó Dios al Mundo que envío a su Hijo Unigénito…” (cf. Jn 3, 16-17 y todo el mensaje de Pablo).

PABLO, ME AMÓ Y SE ENTREGÓ POR MI

‒ Para los primeros cristianos que conocemos, el centro y sentido más hondo del amor no fue ya la vida de Jesús en Galilea, sino el misterio de Dios que se “abrió” por esa vida, mostrándose así como “amor”. Pero un amor concreto (no una teoría de amor como la de Platón en el Banquete), un amor que se expresó y condensó en la vida de un hombre, llamado Jesús.

‒ Por eso, en principio, el amor de ese hombre Jesús es el amor del mismo Dios, que se ha expresado y revelado en la experiencia pascual de Jesús, como afirma Pablo en Gal 2, 20: “Ya no vivo yo, sino que vive en mí el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí…”. Ésta fue la experiencia de Pablo, centrada en el gesto concreto de la “pascua” (la muerte y resurrección de Jesús) como amor supremo, perdón de los pecados, salvación universal, extendida a todos los pueblos.

‒ Ésta fue la “buena nueva”, el Evangelio de Dios: El mismo Hijo de Dios, el Señor celestial se ha “entregado” en amor por los hombres, para reconciliar a todos, hombres y mujeres, judíos y gentiles, señores y siervos… Éste es el amor que une, que transforma, que libera, empezando por los más pequeños, un amor de perdón y de transformación, un amor que invierte todas las condiciones históricas, sociales, económicas…

MARCOS, AMOR CONCRETO, UNA HISTORIA DE AMOR…

‒ Marcos acepta el mensaje de Pablo, insistiendo en que ese “Jesús de amor”, que libera, reconcilia, transforma, ha sido un hombre concreto. Ciertamente, Jesús ha venido de Dios, pero su historia de amor ha sido muy concreta, una historia que puede y que debe recordarse, de un modo intenso, emocionado, desde su bautismo (Jesús comenzó vinculándose con Juan) hasta su muerte.

 Marcos escribe así el evangelio como historia del amor comprometido de Jesús, un Amor mesiánico que le lleva a proclamar la llegada del Reino de Dios, arriesgándose por ello, entre los marginados y pobres de Galilea, teniendo que enfrentarse con aquellos que habían “secuestrado” el amor en nombre de sus intereses, y muriendo al fin por su proyecto de amor.

‒ El evangelio de Marcos se debe interpretar así como historia fuerte del amor del Hijo de Dios, que es el hombre Jesús, un amor concreto, apasionado, incluso desagarrado, en medio de un mundo que vive dominado por el “Diablo” del egoísmo y de la prepotencia, hasta culminar en la gran crisis de la cruz, pero abierta al mensaje de la pascua (tumba vacía…).

MATEO, MISERICORDIA QUIERO Y NO SACRIFICIOS

‒ Mateo retoma la historia del amor activo de Jesús, tal como ha culminado en la muerte mesiánica, que no es ya fracaso sino expresión y culmen del mismo amor activo de Jesús. El amor no es un puro sentimiento, sino un compromiso de servicio, a favor de los demás; es en el fondo la capacidad real de dar la vida por los demás, en un contexto conflictivo, una entrega de la vida a favor de los mismos enemigos (es decir, de aquellos que no aceptan el amor).

‒ Este amor de Jesús se define en forma de misericordia, superando el plano de una ley nacional y sacral (marcado por los sacrificios). En dos lugares centrales de su evangelio (Mt 9, 13 y 12, 7), Mateo define a Jesús como mesías “misericordioso” que carga con los pecados de los hombres, que se apiada de ellos, superando el nivel de la pura ley, de la justicia sacrificial.

‒ Desde la perspectiva de la alianza de Israel, Mt 25, 31-46 interpreta el amor como servicio a los necesitados (hambrientos, sedientos, exilados….). El amor es la inversión de un orden social que oprime, expulsa, encarcela….Jesús es mesías del amor porque se identifica con los pobres y porque pone un marcha un movimiento de ayuda solidaria dirigida a los últimos del mundo.

LUCAS, UN AMOR CERCANO

‒ Lucas asume de un modo especial la experiencia del amor histórico de Jesús, entendido también en forma de compasión y de perdón. Especiales son en este contexto las parábolas de la misericordia, propias de su evangelio (Hijo Pródigo, Buen Samaritano…), que interpretan la vida de Jesús como experiencia de amor activo y misericordioso.

‒ Lucas presenta a Jesús como hombre de amor “tierno”, especialmente atento a las necesidades de los marginados (mujeres, excluidos sociales…). Frente al gesto duro de Marcos (Jesús: amor apasionado), frente a la ruptura intensa de Mateo (amor: superación de un tipo de ley al servicio de los intereses de la “clase” establecida), Lucas ha destacado el carácter más humano del amor de Jesús, amor que puede ser tierno, cercano, cariñoso.

‒ Pero, al mismo tiempo, ese amor de Jesús aparece especialmente vinculado con la justicia, es decir, con la ayuda a los pobres y marginados. La misma exigencia del amor pone a los hombres ante el gran “juicio”: Aquellos que no aman (como el rico Epulón) se condenan y destruyen a sí mismos.

JUAN, AMAOS UNOS A OTROS COMO YO OS HE AMADO

En este contexto podemos presentar ya el testimonio de Juan, que describe a Jesús como un hombre que ha amado y que deja en herencia a los suyos el amor. Un hombre que ama de esa forma, como Jesús ha amado, tiene que ser y es “el Hijo de Dios”, presencia de Dios sobre la tierra. Desde ese fondo ha destacado el evangelio de Juan algunos rasgos que están menos presentes en los otros evangelios:

‒ Juan supone que Jesús ha amado a los suyos. Que les ha amado de forma histórica (como Cristo encarnado) y que les ha amado como Hijo eterno de Dios. Ciertamente, este Jesús ama a todos (¡tanto amó Dios al mundo…!), pero su amor se ha centrado de un modo especial en una comunidad de amigos (de amados) con los que ha formado una especie de escuela y semillero de amor (centrado en la comunidad del Discípulo amado).

 Juan presenta la vida de Jesús como experiencia de amor encarnado en el mundo, en una comunidad de amantes… En este contexto queda velado el amor a los “enemigos” (propio del Sermón de la Montaña de Lc y Mt); no se niega, pero queda en un segundo plano. Juan ha puesto de relieve el amor de Jesús a su grupo a su Iglesia; es decir, el esfuerzo de Jesús por crear una “comunidad de iluminados en el amor”, una comunidad-semilla, capaz de transformar el mundo por amor.

‒ Así dice Jesús a los suyos “amaos unos a otros… (como yo os he amado)”. No se excluye aquí el amor a los enemigos, pero no quedan ya en primer plano. En el primer plano queda la comunidad de amantes… Una iglesia de puro amor, que es capaz de asumir el legado de Jesús y de presentarlo como testimonio de amor en medio del mundo, no para condenar el mundo, sino para salvarlo… Jesús aparece así como un hombre que ha creado una comunidad de amor, que se expresa en forma de iglesia. Así puede decir a los suyos “amaos unos a otros como yo os he amado”.

La Buena Noticia del Dgo 5º Pascua-C

Os doy un mandato nuevo

que os améis como yo os he amado

Lectura de la Palabra

Juan 13, 31-33a. 34-35

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.

Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros.

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»

Comentario a la Palabra

UN ESTILO DE AMAR

Los cristianos iniciaron su expansión en una sociedad en la que había distintos términos para expresar lo que nosotros llamamos hoy amor. La palabra más usada era filía, que designaba el afecto hacia una persona cercana y se empleaba para hablar de la amistad, el cariño o el amor a los parientes y amigos. Se hablaba también de eros para designar la inclinación placentera, el amor apasionado o sencillamente el deseo orientado hacia quien produce en nosotros goce y satisfacción.

Los primeros cristianos abandonaron prácticamente esta terminología y pusieron en circulación otra palabra casi desconocida, agape, a la que dieron un contenido nuevo y original. No querían que se confundiera con cualquier cosa el amor inspirado en Jesús. De ahí su interés en formular bien el «mandato nuevo del amor»: «Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado».

El estilo de amar de Jesús es inconfundible. No se acerca a las personas buscando su propio interés o satisfacción, su seguridad o bienestar. Solo piensa en hacer el bien, acoger, regalar lo mejor que tiene, ofrecer amistad, ayudar a vivir. Así lo recordarán años más tarde en las primeras comunidades cristianas: «Pasó toda su vida haciendo el bien».

Por eso su amor tiene un carácter servicial. Jesús se pone al servicio de quienes lo pueden necesitar más. Hace sitio en su corazón y en su vida a quienes no tienen sitio en la sociedad ni en la preocupación de las gentes. Defiende a los débiles y pequeños, los que no tienen poder para defenderse a sí mismos, los que no son grandes o importantes. Se acerca a quienes están solos y desvalidos, los que no conocen el amor o la amistad de nadie.

Lo habitual entre nosotros es amar a quienes nos aprecian y quieren de verdad, ser cariñosos y atentos con nuestros familiares y amigos, para después vivir indiferentes hacia quienes sentimos como extraños y ajenos a nuestro pequeño mundo de intereses. Sin embargo, lo que distingue al seguidor de Jesús no es cualquier «amor», sino precisamente ese estilo de amar que consiste en acercarnos a quienes pueden necesitarnos. No lo deberíamos olvidar.

José Antonio Pagola

La muerte de Jesús

José A. Pagola: «Jesús murió amando, como había vivido. Sin acusarnos, ofeciéndonos su perdón»

Jesús
Jesús

«¿Cómo vivió Jesús sus últimas horas? ¿Cuál fue su actitud en el momento de la ejecución? Lucas ha querido destacar la bondad de Jesús hasta el final, su cercanía a los que sufren y su capacidad de perdonar. Según su relato, Jesús murió amando»

«Siempre ha hecho lo mismo: quitar miedos, infundir confianza en Dios, contagiar esperanza. Así lo sigue haciendo hasta el final»

«El momento de la crucifixión es inolvidable. Mientras los soldados lo van clavando en el madero, Jesús dice: ‘Padre, perdónalos, porque no saben lo que están haciendo'»

«Así está Dios en la cruz: no acusándonos de nuestros pecados, sino ofreciéndonos su perdón»

Por José Antonio Pagola

¿Cómo vivió Jesús sus últimas horas? ¿Cuál fue su actitud en el momento de la ejecución? Los evangelios no se detienen a analizar sus sentimientos. Sencillamente recuerdan que Jesús murió como había vivido. Lucas, por ejemplo, ha querido destacar la bondad de Jesús hasta el final, su cercanía a los que sufren y su capacidad de perdonar. Según su relato, Jesús murió amando.

En medio del gentío que observa el paso de los condenados camino de la cruz, unas mujeres se acercan a Jesús llorando. No pueden verlo sufrir así. Jesús «se vuelve hacia ellas» y las mira con la misma ternura con que las había mirado siempre: «No lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos». Así marcha Jesús hacia la cruz: pensando más en aquellas pobres madres que en su propio sufrimiento

Bendecid, orad y amad a vuestros enemigos

El perdón no arregla el pasado, pero mejora el futuro

El perdón y la doctrina social de la Iglesia
El perdón y la doctrina social de la Iglesia

«La experiencia primordial y fundante del cristiano es la de ser amado por Dios. Dios es amor, (1Jn 4,8). Dios nos ama siempre y, sobre todo, en nuestra condición de pecadores y seres débiles»

«El amor, el amor al enemigo es el núcleo moral del cristianismo. En ocasiones amar significa perdonar al amigo y al enemigo»

«El primer sentimiento que brota en nosotros ante un grave agravio u ofensa es el odio, la venganza. Somos humanos. Pero hemos de aprender a dar salida sensata y razonable a nuestros impulsos y pulsiones»

«El amor incluso a los enemigos ha de llegar también a la justicia. Una justicia sin bondad fácilmente se convierte en venganza, en ajuste de cuenta»

«En ocasiones amar significa ser discretos y saber callarse en la vida. Bendecid, orad y amad a vuestros enemigos»

Por Tomás Muro Ugalde

El amor es la experiencia fundamental del cristiano

La experiencia primordial y fundante del cristiano es la de ser amado por Dios. Dios es amor, (1Jn 4,8). Dios nos ama siempre y, sobre todo, en nuestra condición de pecadores y seres débiles:

Dios nos ama cuando aún éramos pecadores, (Rom 5,8).

El Dios que se nos da a conocer en Jesús no es un Dios exigente o amenazante, sino que es un Dios de bondad.

Ni tan siquiera se trata de un amor recíproco, de amistad (filia), sino la cuestión es que Dios nos ha amado primero, (1Jn 4,10.16).

La experiencia cristiana más genuina es, pues, la del amor. Donde hay amor, hay cristianismo. Es lo que tantas veces hemos cantado en nuestra vida: Ubi charitas et amor, Deus ibi est: donde hay caridad y amor, allí está Dios

Somos cristianos cuando nos sentimos amados por Dios incluso -y sobre todo- cuando nos vemos hundidos en la vida.

Cuando no se tiene la experiencia de ser amado en la vida es muy difícil ser cristiano, sentirse bienaventurado en la vida (recordemos lo que escuchábamos el domingo pasado: sed bienaventurados, felices en la vida).

Uno puede ser un perfecto religioso cumplidor de la ley, aceptar militarmente el dogma, la dcotrina y la disciplina eclesiástica, pero ser cristiano es amar y ser amado.

Amor incluso al enemigo

El amor, el amor al enemigo es el núcleo moral del cristianismo. En ocasiones amar significa perdonar al amigo y al enemigo.

La primera pulsión ante el enemigo es el odio, la venganza.

Ante viejas cuestiones familiares, políticas, en el pueblo, etc., brotan sentimientos de “ajuste de cuentas”, de desprecios, de “cerrar puertas y relaciones”, represalias, etc.

Pero la venganza multiplica el mal, la enemistad, el odio y no soluciona nada, sino que encona las situaciones.

La enemistad y el odio se solucionan con el perdón, no con la venganza.

Poner razón en los sentimientos

El primer sentimiento que brota en nosotros ante un grave agravio u ofensa es el odio, la venganza. Somos humanos. Pero hemos de aprender a dar salida sensata y razonable a nuestros impulsos y pulsiones. Se trata de poner razón en nuestra pulsionalidadLa venganza más eficaz es el perdón.

Poner un poco de razón en los sentimientos de odio crean un clima de respeto, de comprensión, de aprender a vivir en respetuosa convivencia. En los viejos contenciosos familiares, político-sociales, etc., es sano e inteligente crear un clima de respeto, de comprensión, de aprender a vivir en sana y, cuando menos, educada convivencia.

Poner un poco de razón en el odio es inteligente, sano, humano y cristiano.

Saber dejar de lado viejas actitudes, problemas y ofensas indican una gran calidad personal, una profunda bondad, un alto nivel cristiano. Son una variante del perdón

Justicia y amor

El amor incluso a los enemigos ha de llegar también a la justicia. Una justicia sin bondad fácilmente se convierte en venganza, en ajuste de cuentas.

La justicia a gran y pequeña escala no puede mirar la realidad solamente desde la ley y el Derecho. Quienes han de administrar justicia no han de hacerlo no solamente la ley, sino también la convivencia, la bondad, el respeto y la magnanimidad.

Llegaremos la pacificación de nuestro pueblo cuando sepamos poner un poco de magnanimidad y corazón amplio en la justicia y cuando veamos las cosas desde lo que escuchábamos en el evangelio: desde el perdón y desde el tratad a los demás como queréis que ellos os traten.

En la Iglesia también se han olvidados estas cosas y muchas veces se actúa y condena con justicia que suena más a represalia y a condenación que a misericordia.

No nos olvidemos que cuando Dios hace justicia, lo que hace es amarnos más.

Ser discretos en la vida

En ocasiones amar significa ser discretos y saber callarse en la vida. En cuestiones y defectos -pecados- personales, en cuestiones familiares, profesionales, de vecindad, de pueblo, etc… amar significa no ir por la vida aireando, aventando, los defectos y fracasos de los demás; y mucho menos calumniar.

No es libertad de expresión airear, publicar, radiar, televisar -muchas veces con intereses comerciales- las debilidades y fracasos humanos. En muchos contextos amar significa callar. ¿Quién no tiene fallos y pecado en la vida? No tiremos la primera piedra.

Bendecid y orad por quienes o maldicen / haced el bien / sed compasivos

Bendecid: decid bien.

Ante un problema grave, ante un pecado, ante una ofensa o un defecto de los demás, un fracaso enseguida le “damos al ventilador” para que se extienda lo más posible la cuestión.

Si queremos decir algo, digamos bienbendigamos y no echemos más leña al fuego. En ocasiones la mejor forma de hablar es callarse.

Y al mismo tiempo: orad y sed compasivos.

Es otra actitud hondamente cristiana: ser compasivos, no juzgar, no condenar. ¡Cuántas veces leemos en los evangelios que Jesús sintió lástima, tuvo compasión, incluso en alguna ocasión lloró!

Acojamos en nuestra vida el amor y el perdón del Señor. Con ese amor y perdón, también nosotros podremos amar y perdonar.

El sistema eclesiástico

El sistema eclesiástico se ha quedado sin vino, sin amor

tinaja

01  v 1. BODA EN CANÁ DE GALILEA

    El signo de las bodas de Caná es como el primer paso de la actividad de Jesús en su vida adulta.

    Había una boda

Toda boda, el matrimonio hace referencia siempre al amor, a la vida. En toda boda, que sea tal, hay amor y vida.

Dios amaba a su pueblo, a la humanidad. La relación entre Dios y su pueblo era vivida como una comunicación de bondad y amor: boda.

La imagen de la boda, del amor está muy presente en los profetas y en el mundo bíblico a la hora de anunciar los tiempos del Mesías. A esta relación de amor en el lenguaje bíblico se le llamaba: “Alianza”.

Dios quiere, ama, y es siempre fiel al pueblo, al ser humano.

Dios no nos manda(ley), nos quiere.

  1. v 3 Faltó el vino

Vamos a convenir en que esto de que faltó el vino es una ficción literaria del evangelista, porque “no es posible” que en una boda judía falte el vino.

El vino es el símbolo del espíritu y del amor. El pueblo de Israel se quedó sin espíritu, sin amor, únicamente vivían de la ley. El judaísmo terminó por entender y vivir la religión como un entramado de normas y ritos sin alma, sin vida y sin espíritu, sin amor. Se quedaron solamente con las tinajas (las tinajas eran de piedra, porque el barro contamina el agua. Que las tinajas fuesen de piedra hace referencia a las piedras del Sinaí, al decálogo, la ley). La religión judía terminó siendo un “carrefour” de leyes y preceptos. ¿Como nosotros, como como nuestra Iglesia?

En muchas de las actitudes de nuestras parroquias e instituciones eclesiásticas no hay espíritu, hay estructuras, servilismo, leyes, miedo, ritos, cumplimiento, pero no hay alma ni amor.

Para ser católico no hace falta amar, basta con cumplir. El católico cumple, el cristiano ama.

Si usted no da una limosna en su vida, si no visita un enfermo, si no dedica tiempo y energías a los demás, moral y canónicamente nadie le podrá decir nada, nadie le dirá nada. Pero como no cumpla con la normativa, con la ley eclesiástica, como se desvíe un ápice de las rúbricas litúrgicas, o de las normas morales de natalidad, etc., probablemente le dirán que se está descarriando de la Iglesia, si no le amenazan con la condenación.

    En Caná, en Israel faltó el amor, y hoy el entramado eclesiástico está carente de espíritu, de libertad, de audacia, de amor.

    Menos mal que Francisco trata de corregir el rumbo eclesiástico hacia lo eclesial y hacia las bodas de Caná.

  1. vv 2.3 En la boda de Caná está presente la madre de Jesús y también los discípulos: la asamblea cristiana, la Iglesia

La familia se constituye en torno al amor. Se trata ahora de la nueva familia de Jesús: su madre y sus hermanos (discípulos).

Es curioso que el evangelio de Juan solamente mencione dos veces a María y Jesús no llama a María “madre”, sino “mujer”. (Ni tan siqueira aparece el nombre de María en el evangelio de Juan). Ahora en Caná: “Mujer, no ha llegado mi hora” y al pie de la cruz: “mujer ahí tienes a tu hijo” (Jn 19,26-27)

La mujer, la nueva Eva como creación de la nueva vida. Las bodas de Caná como “encuentro” de amor. (En la cruz está el discípulo al que Jesús tanto quería).

La nueva familia de Jesús se constituye no por las tinajas, por las piedras de la ley, sino por el amor.

Hay iglesia donde hay amor, lo demás es una agencia de servicios litúrgicos.

En algunas diócesis (iglesias locales) como la nuestra,  esto se ve claramente. Se cuida toda la tramoya litúrgica, la adoración perpetua al santísimo, la normativa moral, pero no tenemos espíritu, vino, amor.

    No tienen, no tenemos vino, tono vital.

  1. v 4. No ha llegado mi hora

    El tema de la “hora” es en portante en Juan: aparece veintitantas veces en este evangelio y en un movimiento ascendente y un tanto dramático, porque la hora llega cuando Jesús va a morir: sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre… (Jn 13,1). Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa. (Jn 19,27).

    En el evangelio de San Juan la comunidad cristiana, la Iglesia nace al pie de la cruz donde reciben la redención, el Espíritu, el bautismo (agua y sangre).

    En tiempos de tristezas y desánimos eclesiásticos, volvamos la mirada personal y eclesial a la hora del Señor, a la redención y al amor.

  1. v 6 Había seis tinajas de piedra – las llenaron de agua.

El mundo religioso del AT se había quedado exhausto y sin vida, pues lo habían reducido todo a piedras (las tablas del la ley del Sinaí) y agua (ritos sin vida).

El número 6 (tinajas) significa la imperfección. El número perfecto es 7.[1] Aquel pueblo se había quedado con 6 piedras, que evocan imperfectamente las piedras de la ley del Sinaí.

La restauración del cristianismo (de la Iglesia) no vendrá por la ley más rígida, por la involución y castigo que ya lleva décadas navegando en la Iglesia (probablemente desde la muerte de Pablo VI hasta el papa Francisco).

La recuperación de la Iglesia vendrá por el amor.

  1. v 9 El mayordomo probó el agua convertida en vino.

JesuCristo transforma la religión en fe y vida. Ya no sirve la vieja Alianza, el viejo vino. La Alianza de Cristo es nueva. Es la sustitución de la vieja Alianza. JesuCristo cambia el cumplimiento por la confianza, la ley por la libertad, el agua en amor. Jesús cambia la dureza, el cilicio por el buen vino en el espíritu.

En el restauracionismo que se nos quiere imponer, no volvamos a la vieja Alianza, no volvamos a la esclavitud de Egipto. Cristo es la nueva alianza de amor y libertad.

  1. v 11-12 Con las bodas de Caná Jesús comienza sus signos. Creció la fe de sus discípulos.

Por este signo –por el amor- creció la fe de sus discípulos. El creyente y toda comunidad crece en la fe y como persona por el amor.

El signo (el milagro) no es magia. El signo es que Cristo cambia la ley (tinajas: piedra) y la el rito (agua) por un nuevo vino, es decir por el amor. El signo es que estamos llamados a la libertad y al amor, no a la ley. Uno no cree en un prestidigitador, sí creemos en el amor y en quien ama.

Los símbolos tienen valor por lo que apuntan, no por lo que son en sí. El estilo del evangelio de Juan es hermosamente simbólico. El evangelio de Juan está construido a partir de un hecho y un largo discurso o “catequesis” que explica el hecho simbólico:

Agua / samaritana (Jn 4),

Multiplicación de los panes / pan de Vida (Jn 6), Ceguera / luz: yo soy (Jn 9)

Cuando alguien te enseñe las estrellas, no te quedes mirando el dedo

  1. v 5 Haced lo que él os diga.

María, presente en el amor de aquellas bodas, les dice a los sirvientes: haced lo que Él os diga.

Solamente habrá espíritu, nuevo vino, amor en la Iglesia y en la sociedad si hacemos lo que Él nos dice y lo que Él nos dice es servicio y amor.

Haced lo que él os diga.

[1] El número 666 es la suprema imperfección, la bestia – el antiCristo (Ap 13,18): por tres veces -el 6- no llega a la perfección.

Vivir el amor en la sexualidad y en la pareja

Martina Kreidler-Kos: “Los enamorados son los expertos en cuestiones de amor y la Iglesia puede y tiene que aprender mucho de ellos”

Martina Kreidler-Kos.
Martina Kreidler-Kos.

«De todos los temas tratados en el Camino Sinodal, los del foro “Vivir con éxito las relaciones – Vivir el amor en la sexualidad y la pareja” preocupan de manera especial a las personas», asegura Kreidler-Kos

“Una preocupación fundamental para nosotros es valorar positivamente la sexualidad como un don de Dios, algo que la Iglesia ha encontrado difícil durante mucho tiempo»

«No hemos llegado en absoluto a un consenso al respecto. Pero la clara mayoría del Foro está a favor de reforzar esta ética relacional»

29.09.2021 Jordi Pacheco

“Es fundamental reanudar el diálogo con la sociedad sobre la cuestión de lo que la Iglesia tiene que decir sobre el amor, la sexualidad y la pareja. De todas las cuestiones que se negocian en el Camino Sinodal, estas afectan más directamente a las personas”. Así se expresaba recientemente en Katholisch.deMartina Kreidler-Kos, quien dirige el departamento de pastoral de la diócesis de Osnabrück y es miembro del foro sinodal. Esta teóloga, escritora y madre de familia alemana asegura que de todos los temas tratados en el Camino Sinodal, los del foro “Vivir con éxito las relaciones – Vivir el amor en la sexualidad y la pareja” preocupan de manera especial a las personas.

“Una preocupación fundamental para nosotros es valorar positivamente la sexualidad como un don de Dios. Esto es algo que la Iglesia ha encontrado difícil durante mucho tiempo. Se tiende a tener una visión pesimista de la sexualidad, que ciertamente sigue siendo una herencia agustiniana que arrastramos. Por supuesto, nadie niega que la sexualidad pueda tener también lados oscuros, pero cuando la sexualidad está asociada al amor, la Iglesia debe y puede juzgarla muy positivamente”, aseguraba la teóloga de Osnabrück.

«Nadie niega que la sexualidad pueda tener también lados oscuros, pero cuando la sexualidad está asociada al amor, la Iglesia debe y puede juzgarla muy positivamente»

El texto básico del foro del que forma parte Kreidler-Kos tiene 30 páginas y es, según la teóloga, “un texto político” que “refleja mucha lucha” para mantener los equilibrios internos. “En algunos pasajes, se presentan diferentes actitudes. No hemos llegado en absoluto a un consenso al respecto. Pero la clara mayoría del Foro está a favor de reforzar esta ética relacional. De forma simplificada, se puede decir que hay diferentes criterios con los que se miran las relaciones: un orden natural de cualquier tipo, que se declara como un orden divino, o un orden de sentido que se apoya en el amor y la dignidad de las personas”, defiende Kreidler-Kos.

Preguntada por el ambiente general de trabajo en su foro, Kreidler-Kos subraya el aprecio entre los miembros del grupo, la «buena cultura de debate», aunque a menudo, dice, hay “duras disputas al respecto”. “El obispo sufragáneo Schwaderlapp abandonó el foro y rompió el diálogo, lo que se le puede reprochar con razón. El Camino Sinodal está ahí para que se celebren los debates; en mi opinión, salirse no es el camino correcto. Seguiremos discutiendo impertérritos y confiando en que los argumentos y la realidad de la vida de las personas acabarán por imponerse”, asegura. «Esta realidad de la vida es a menudo difamada, pero yo diría más bien que es una tarea pastoral. La iglesia debe orientar. Si no lo hace, es un fracaso de ayuda”, agrega. 

Forum sobre Amoris Laetitia
Forum sobre Amoris Laetitia

«Cosas valiosas» del Camino Sinodal

Consciente de que hay que resolver lo que puede suceder a nivel de las iglesias locales y lo que tiene que ser entregado a Roma en materia de trabajo de los diferentes foros, Kreidler-Kos asegura que en este momento, ya están surgiendo “muchas cosas valiosas” en el propio Camino Sinodal. “Se están haciendo discutibles cuestiones de las que —al menos antes de este pontificado— no se hablaba o se dejaban de lado. Eso ya es un gran paso y un servicio que estamos haciendo”, advierte. 

Kreidler-Kos sabe bien que el proceso es laborioso y lento, y no es un secreto, confiesa, que muchas personas en todo el mundo estén separando su ser católico de la forma en que viven las relaciones y cómo se produce la planificación familiar. “Apoyamos el intento de pensar de nuevo en ello. Es bueno que la Iglesia ofrezca un marco de orientación para las relaciones. Pero si idealizamos y formalizamos este marco de orientación de manera que la gente ya no pueda hacer nada con él, entonces no estamos cumpliendo con nuestra responsabilidad”. 

Por ello, Kreidler-Kos aboga por “confiar en las experiencias del amor”. “Y aquí me veo en la mejor compañía, porque el Papa no hace otra cosa en su documento familiar ‘Amoris laetita’. Los enamorados son los expertos en cuestiones de amor y la Iglesia puede y tiene que aprender mucho de ellos, también y especialmente en lo que se refiere a la reflexión sobre un Dios amoroso”, concluye.

La Buena Noticia del Dgo 31º-B

El mandamiento principal

Marcos 12, 28b-34

No estás lejos del reino de Dios

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» Respondió Jesús: «-El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» No hay mandamiento mayor que éstos.» El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»Jesús. Viendo, que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

La Palabra hoy

Un escriba pregunta a Jesús cuál es el mandamiento principal, primero de todos.

Jesús le remite al origen de la Alianza: «Escucha, Israel, el Señor es el único Dios y amarás al Señor con todo tu corazón…»

Pero Jesús añade todavía algo que el escriba no había preguntado. Este amor a Dis es inseparable del amor al prójimo. Solo se puede amar a Dios amando al hermano.

Con frecuencia tendemos a confundir el amor a Dios con las prácticas religiosas, ignorando el amor práctico y solidario a quienes viven exluídos de la sociedad y olvidados de la religión.

Pero, ¿qué hay de verdad en nuestro amor a Dios si vivimos de espalda a los que sufren?

ANTES DE SEPARARSE

Written by José Antonio Pagola

Hoy se habla cada vez menos de fidelidad. Basta escuchar ciertas conversaciones para constatar un clima muy diferente: «Hemos pasado las vacaciones cada uno por su cuenta», «mi esposo tiene un ligue, me costó aceptarlo, pero ¿qué podía hacer?», «es que sola con mi marido me aburro».

Algunas parejas consideran que el amor es algo espontáneo. Si brota y permanece vivo, todo va bien. Si se enfría y desaparece, la convivencia resulta intolerable. Entonces lo mejor es separarse «de manera civilizada».

No todos reaccionan así. Hay parejas que se dan cuenta de que ya no se aman, pero siguen juntos, sin que puedan explicarse exactamente por qué. Solo se preguntan hasta cuándo podrá durar esa situación. Hay también quienes han encontrado un amor fuera de su matrimonio y se sienten tan atraídos por esa nueva relación que no quieren renunciar a ella. No quieren perderse nada, ni su matrimonio ni ese amor extramatrimonial.

Las situaciones son muchas y, con frecuencia, muy dolorosas. Mujeres que lloran en secreto su abandono y humillación. Esposos que se aburren en una relación insoportable. Niños tristes que sufren el desamor de sus padres.

Estas parejas no necesitan una «receta» para salir de su situación. Sería demasiado fácil. Lo primero que les podemos ofrecer es respeto, escucha discreta, aliento para vivir y, tal vez, una palabra lúcida de orientación. Sin embargo, puede ser oportuno recordar algunos pasos fundamentales que siempre es necesario dar.

Lo primero es no renunciar al diálogo. Hay que esclarecer la relación. Desvelar con sinceridad lo que siente y vive cada uno. Tratar de entender lo que se oculta tras ese malestar creciente. Descubrir lo que no funciona. Poner nombre a tantos agravios mutuos que se han ido acumulando sin ser nunca elucidados.

Pero el diálogo no basta. Ciertas crisis no se resuelven sin generosidad y espíritu de nobleza. Si cada uno se encierra en una postura de egoísmo mezquino, el conflicto se agrava, los ánimos se crispan y lo que un día fue amor se puede convertir en odio secreto y mutua agresividad.

Hay que recordar también que el amor se vive en la vida ordinaria y repetida de lo cotidiano. Cada día vivido juntos, cada alegría y cada sufrimiento compartidos, cada problema vivido en pareja, dan consistencia real al amor. La frase de Jesús: «Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre», tiene sus exigencias mucho antes de que llegue la ruptura, pues las parejas se van separando poco a poco, en la vida de cada día.

Pan para los pobres

Pikaza: «Sin pan para los pobres no habrá paz para los ricos»

 Este es el discurso del «pan de vida» de Jesús en Cafarnaúm, que sigue al «milagro» de las multiplicaciones.  En un sentido,  el relato de Juan resulta más tradicional que Mc 6, 31-46 y 8, 1-8, pues ha destacado el carácter mesiánico y político del signo: los que se han alimentado con los dones de Jesús quieren tomarle y elevarle como rey, traduciendo su  «milagro» en forma su poder eclesial y alimenticio (cf. Jn 6, 14).

De esa forma recrea el evangelio de Juan el tema de Mt 4 y Lc 4  donde Jesús decía que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Pues bien, esa palabra de Dios se concretiza ahora en forma de pan de vida, esto es, de carne y sangre compartida. Ser hombre de verdad (masías de Dios) implica convertir la propia vida en «carne» (pan de vida) para los demás

«Sólo un humano puede saciar a otro humano, como sabe todo enamorado. La vida se vuelve así amor, cuerpo mesiánico centrado y culminado en Cristo»

Por | Xabier Pikaza X. Pikaza

El evangelio de Juan sabe que Jesús ha rechazado  el reino político/militar que le proponen sus discípulos (como se lo ha propuesto el diablo de las tentaciones de Mt 4 y Lc 4). Desde ese fondo ello ha desarrollado un largo discurso y catequesis eucarística, que suele titularse el Sermón del Pan de Vida Jn 6, 22-61.

Está en su fondo la temática del pan y el vino: las multiplicaciones de Jesús, la experiencia de comidas gozosas de la iglesia. Pero lo que ahora emerge y se sitúa en primer plano es la experiencia poderosa de la identidad eucarística de Jesús entendido como «carne» compartida, como «sangre» de vida que él ofrece a todos.

Él no se limita a repartir el pan del reino, no es un simple convidado que ofrece el vino nuevo de las bodas de Caná, sino que él mismo es Pan de Vida y Vino de la Fiesta, verdad (fe, palabra) y comida verdadera (cuerpo y sangre) para los humanos.

Muchos discípulos le buscan simplemente porque quieren alimento material; él les ofrece una comida que dura hasta la vida eterna y sólo puede consumirse y consumarse en fe, creyendo en él. A partir de aquí se inicia la revelación más alta, que presento en forma de disputa entre “los judíos” (quizá judeocristianos que no acaban de aceptar la visión eucarística de Juan) y Jesús, que así aparece como revelación eucarística de Dios.

 He dividido el texto en cinco apartados que marcan el proceso eclesial y catequético de  esta revelación eucarística, en disputa no sólo con el judaísmo exterior (que ha quedado fuera de la iglesia de Jesús), sino también con otros grupos eclesiales, que no aceptan la visión eucarística de Juan, su concentración cristológica. No puedo discutir el texto en profundidad, pues ello exigiría todo un libro. Simplemente marco sus momentos esenciales.

 1. Pan del cielo. Ellos entonces le dijeron:¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas?   Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Les dio a comer pan del cielo. Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios el que baja del cielo y da la vida al mundo (Jn 6, 30-34).

Este primer apartado(Maná, Pan del cielo) sitúa ya el tema en un ámbito de disputa con un tipo de judaísmo que, a juicio de Juan, está anclado en un pan que no ofrece comida verdadera, pues sigue dejando morir a los humanos. Además, el verdadero autor de aquel Maná, que es un primer pan del cielo, no fue Moisés, fue el Padre  de Jesús, que ahora quiere ofrecer y ofrece el verdadero Pan del Cielo, que será el mismo Jesucristo.

2. Hambre de Dios. – Entonces le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan. –  Jesús les dijo: Yo soy el pan vivo (=de vida). El que venga a mí, no tendrá hambre,  el que crea en mí, no tendrá nunca sed (Jn 6, 35).

Este apartado presenta a Jesús como Pan viviente que sacia un hambre distinta, hambre de Dios y de reino, que atormenta a los humanos desde el mismo principio de los tiempos. Juan está evocando aquí el motivo y signo del Árbol de la Vida, el vino de las Bodas de Caná: sólo el pan mesiánico, encuentro personal con Cristo, es comida verdadera para los humanos.

3. La eucaristía no es simplemente cuerpo, es «carne«. Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: Yo soy el pan que ha bajado del cielo… ¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede  decir ahora: He bajado del cielo? – Jesús les respondió:  No murmuréis entre vosotros…. Yo soy el pan de vida. Vuestros   padres comieron el maná en el desierto y murieron….  Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le daré, es mi carne para vida del mundo (Jn 6, 41-51).

 El tema de fondo es la «carne» (la vida más honda de Jesús). Ciertamente, los hombres y mujeres comen pan externo y se alimentan mientras siguen en el mundo de alimentos materiales, de plantas y animales. Pero sólo les sacia una comida humana, el cuerpo y sangre (la carne) de otros seres personales, como supo Jesús cuando decía, el día de la Cena:  Comed: esto es mi Cuerpo.

Sólo un humano puede saciar a otro humano, como sabe todo enamorado. La vida se vuelve así amor, cuerpo mesiánico centrado y culminado en Cristo. Para quien haya seguido los dos capítulos anteriores de este libro (sobre la Cena de Jesús y su Pascua) lo que dice aquí Jesús será evidente, un simple corolario de lo ya evocado.

4. Disputa sobre la carne de Jesús.  – Discutían entre sí los judíos y decían: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? – Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros… Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.  El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Como el Padre viviente me ha enviado, y yo vivo por el Padre, el que me coma vivirá por mí (Jn 6, 52-57).

Este apartado  elabora lo anterior y lo sitúa en un plano carnal y trinitario, desde la perspectiva del Dios que es “comunión”, pero entendido en sentido carnal, esto es, de vida humana concreta, que nace, que sufre, que ama y que muere. La eucaristía es la revelación más honda de la identidad y riqueza divina, pero en línea de carne.  

En los sinópticos, conforme a las palabras de la institución, Jesús dice: Esto es mi Cuerpo (sôma), en el sentido de corporalidad. Juan acepta ese signo, pero lo interpreta desde la perspectiva de la carne concreta (sarx). 

El cuerpo se puede “espiritualizar”, en sentido de comunión más espiritual. La carne no. La carne es la vida concreta, la humanidad en el sentido de fragilidad, de entrega de la vida… En ese sentido, la eucaristía ha de entenderse desde la formulación radical de Jn 1, 14, que no es “el Verbo se hizo cuerpo”, sino el Verbo “se hizo carne”. En esa línea, cuando Jesús pide a los suyos que coman su carne y beban su sangre, les ofrece y pide algo inaudito, pero que forma parte de su identidad divina humana.

Por una parte, Jesús revela a los hombres su inmersión en el misterio trinitario, que es vida regalada y compartida: cada persona existe en la medida en que recibe y regala lo que tiene, en gesto de comida (donación, comunicación) eterna. El evangelio de Juan nos sitúa así ante el misterio y tarea de la carnalidad de Dios en forma humana.

5. Disputa eclesial (apartado 5) Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él. – Jesús dijo a los Doce: ¿También vosotros queréis marcharos? – Respondió Simón Pedro: Señor ¿donde iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios  (Jn 6, 66-69).

Este discurso eucarístico suscita una disputa eclesial, centrada en la comprensión de la carnalidad cristiana, eucarística, personal, comunitaria, y en el fondo divina, que aquí se halla centrada en Pedro y en los Doce. Ellos se quedan con Jesús, aquí Pedro y los doce, en  Jn 21 Pedro con el Discípulo amado y los otros cinco de la misión universal, entendida como pesca y pastoreo). Aquí (Jn 6)  hallamos a Pedro cumpliendo una función parecida de portavoz del grupo, pero no con los Siete (como en Jn 21), sino con los Doce.

 Pedro y sus compañeros no acaban de entender la novedad eucarística de Jesús, pero le siguen, en un camino abierto hacia el futuro de la iglesia, un camino de carnalidad eucarística, que debe situarse en un contexto de disputa doble:

(a) Pedro y los Doce deben superar un riesgo de espiritualismo gnóstico; eso significa que tienen entender la comunión de y con Jesús en línea “carnal” (de encarnación), no de pura corporalidad espiritual.

(b) Al mismo tiempo, ellos deben superar un tipo de corporativismo judío, de comunión de cuerpo social, sin entrar en la carne y sangre de la ida concreta.

En ese sentido, estas palabras centrales de la eucaristía, entendida en forma de comunión de carne y sangre, parecen oponerse a las de Jn 1, 13, donde se afirma que los creyentes no nacen de la carne y de la sangre (carne y sangre entendidas en forma de egoísmo, de lucha, de oposición a Dios. Pero, en otro sentido, estas palabras ratifican recrean el verdadero sentido de la carne y de la sangre (sarx, haima), que no se entienden ya como egoísmo (quizá impureza, oposición a Dios), sino como la pureza más honda de la vida humana, expresión de la pureza y del amor de Dios.  

Según eso, la nueva “corporalidad eucarística” ha de entenderse en línea de encarnación (=dar y compartir la carne concreta de la vida) y  in-sanguinación  (esto es, de dar y compartir la propia sangre, la “vida de la vida”, si así puede decirse, cf. Lev 17, 11).

No se trata, pues, de una comunión espiritualidad o ideal de ideas o proyectos, sino de una comunicación de carne (de carnalidad concreta de la vida) y de sangre (es decir, de donación hasta la muerte). En ese contexto, la Iglesia posterior ha introducido en su credo los dos artículos fundamentales: Creo en la “comunión” (koinonía) de los creyentes y en la resurrección de la carne.

Lo que Jesús dice de sí mismo lo dice no sólo de él, sino de aquellos que le siguen, que han de compartir entre sí (y con todos los hombres) la carne y sangre de su vida.  Actualmente (2021) podemos comprender quizá mejor la actitud de aquellos ese mismo camino nos hallamos nosotros, que sentimos también dificultades para comprender este discurso de carnalidad eclesial, comida personal y vida compartida. Dejamos así que los lectores sigan penetrando en el misterio.