El Papa y los ancianos

El cardenal Farrell: El Papa es “ejemplo para todos los ancianos” por cómo afronta la vejez

“El Santo Padre está enviando un mensaje de que podemos tener limitaciones, pero debemos seguir adelante”, afirma el prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida

A sus 85 años, Jorge Mario Bergoglio “es un gran ejemplo para todos los ancianos” por la manera en que está afrontando tanto la vejez como sus problemas de movilidad por los dolores en una rodilla, que le han obligado a recurrir a una silla de ruedas, con la que se le vio por primera vez en público el pasado jueves.


“Acepta sus limitaciones en este momento con gran espíritu y corazón”, afirmó este martes el cardenal Kevin Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, durante la presentación del mensaje del Papa con motivo de la II Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, que se celebra el próximo 24 de julio.

“El Santo Padre está enviando un mensaje a todos de que podemos tener limitaciones, pero debemos seguir adelante y hacerlo lo mejor que podamos”, contó el purpurado estadounidense. Pese a sus achaques, el Pontífice mantiene su agenda con audiencias y discursos “casi todos los días”, haciendo así ver a los ancianos que “tienen un mensaje que enseñar al mundo” y que, sobre todo, “transmitir a los jóvenes”. Esa actitud de Bergoglio es para Farrell una muestra de “su grandeza” como obispo de Roma.

“Relevantes” en la sociedad

Al hablar sobre el mensaje del Papa con motivo de la II Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, el prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida destacó cómo el Pontífice invita a “tomar conciencia” de manera “estructural” de la “relevancia” de los ancianos en la vida de la sociedad. “No se trata de seguir una emergencia, sino de poner las bases para un trabajo pastoral de largo período que implicará a las próximas décadas”, explicó.

Tras recordar que los ancianos suponen ya el 20% o más de la población en Europa y América del Norte, Farrell consideró que la cuestión de los ancianos va a “condicionar” nuestro futuro. Por ello propuso un “cambio de perspectiva” que debe también implicar a toda la comunidad eclesiástica. “Hablar solo ‘de los ancianos’ tiene poco sentido si son principalmente ellos quienes nos escuchan en las iglesias. Ha llegado la hora para nosotros de aprender a hablar ‘a los ancianos’”, señaló.

Abrazo a los mayores

En su análisis de los puntos principales del nuevo texto del Papa, el purpurado estadounidense subrayó los tres pilares sobre los que puede construirse “una verdadera espiritualidad” de la edad anciana: la ternura, el cuidado y la oración. “El mensaje del Papa con motivo de la II Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores es la alternativa a la cultura del descarte”, señaló finalmente.

En la conferencia de prensa también participó Vittorio Scelzo, encargado de la pastoral de los ancianos en el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, que presentó el logotipo de este evento, con forma de abrazo. “Por eso, el abrazo de la Iglesia, que pasa también a través de la celebración de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, quiere ser más fuerte que cualquier soledad, y tenemos el deseo de que cada comunidad encuentre la manera de llegar a todos”, dijo Scelzo.

Los ancianos «maestros de la ternura»

Francisco dedica su intención de oración de julio a los ancianos, “maestros de ternura”

“Las personas mayores tenemos a menudo una sensibilidad especial para el cuidado, para la reflexión y el afecto”, ha asegurado el Papa

El papa Francisco ha dedicado su intención de oración del mes de julio a los ancianos, a quienes ha definido como “maestros de ternura”.


Apenas una semana después del Encuentro Mundial de las Familias, el Papa señala en el vídeo que “no podemos hablar de la familia sin hablar de la importancia que tienen los ancianos entre nosotros”.

Asimismo, el Papa ha denunciado que, a día de hoy, “para la vejez hay muchos planes de asistencia, pero pocos proyectos de existencia”. Sin embargo, “las personas mayores tenemos a menudo una sensibilidad especial para el cuidado, para la reflexión y el afecto”.

“Somos, o podemos llegar a ser, maestros de la ternura“, ha asegurado. Algo especialmente importante porque “necesitamos, en este mundo acostumbrado a la guerra, una verdadera revolución de la ternura”.

Texto íntegro

No podemos hablar de la familia sin hablar de la importancia que tienen los ancianos entre nosotros.

Nunca fuimos tan numerosos en la historia de la humanidad, pero no sabemos bien cómo vivir esta nueva etapa de la vida: para la vejez hay muchos planes de asistencia, pero pocos proyectos de existencia.

Las personas mayores tenemos a menudo una sensibilidad especial para el cuidado, para la reflexión y el afecto. Somos, o podemos llegar a ser, maestros de la ternura. ¡Y cuánto! Necesitamos, en este mundo acostumbrado a la guerra, una verdadera revolución de la ternura. En esto tenemos una gran responsabilidad hacia las nuevas generaciones.

Recordemos: los abuelos y los mayores son el pan que alimenta nuestras vidas, son la sabiduría escondida de un pueblo, por esto es preciso celebrarlos, y he establecido una jornada dedicada a ellos.

Recemos por los ancianos, que se conviertan en maestros de ternura para que su experiencia y su sabiduría ayude a los más jóvenes a mirar hacia el futuro con esperanza y responsabilidad.

La vejez, nuestro futuro

Presentación del Texto “La vejez: nuestro futuro – La condición de los ancianos después de la pandemia”

Pontificia Academia para la Vida y Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral

Hoy se ha presentado el texto «La vejez: nuestro futuro. La condición de los ancianos después de la pandemia».

Compartimos aquí el texto completo de Mons Bruno-Marie Duffé, Secretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

En su exhortación apostólica «Christus vivit», que siguió al Sínodo sobre los jóvenes, la vocación y el discernimiento, el Santo Padre recordó el testimonio de un joven oyente del Sínodo de Samoa.

Este joven, dice el Santo Padre, habla de la Iglesia como de una » una canoa, en la cual los viejos ayudan a mantener la dirección interpretando la posición de las estrellas, y los jóvenes reman con fuerza imaginando lo que les espera más allá » (Christus vivit n.201).

Esta hermosa comparación de la Iglesia como una canoa puede aplicarse también a la sociedad. Porque si perdemos el consejo de los mayores, para avanzar en el « río », a menudo tumultuoso, de nuestra historia, corremos el riesgo de perder la memoria. Y al perder la memoria, perdemos también la esperanza.[1]

Los ancianos son nuestra memoria y, en esto, paradójicamente, son nuestra esperanza. Si nos basamos en su experiencia y sus descubrimientos, podremos continuar la aventura de la historia de la humanidad. Porque con la memoria, la esperanza es posible. La paradoja es que los antiguos siempre van un paso por delante. Ellos ya han pasado por lo que nosotros estamos pasando. Y pueden decirnos lo que pueden producir algunas de las experiencias que estamos viviendo por primera vez.

Por supuesto, está claro que cada persona viva tiene que seguir su propio camino. Porque, como dice San Agustín, «el camino sólo existe porque lo recorres». El camino es, pues, la parábola de la existencia humana. Pero nunca estamos solos en este camino: los mayores nos pueden aconsejar y los más jóvenes nos pueden animar.

La cultura técnica, que sitúa la eficacia inmediata en el centro del pensamiento y de la vida, nos lleva, a menudo, a abandonar a los mayores, considerados menos «productivos». Hay empresas industriales en las que se considera viejo a alguien con cincuenta años y, a veces, incluso se le despide en favor de una persona más joven y «agresiva»… El individualismo, analizado por el Papa Francisco en su última encíclica «Fratelli tutti», como el pensamiento de un mundo cerrado y egocéntrico, participa de esta cultura en la que no necesitamos a los demás: no necesitamos a los viejos, no necesitamos a los que van más despacio. Los ancianos son, por definición, en esta cultura, «viejos».

Esto tiene una doble consecuencia: las personas mayores, que ya no participan directamente en los procesos de producción económica, dejan de ser una prioridad en nuestra sociedad. Y, en el contexto de una epidemia, se les atiende después de los otros, los «productivos», aunque sean más frágiles. El orden de acceso a la atención sanitaria de emergencia ha demostrado, en más de una ocasión, que no han podido beneficiarse de las terapias de asistencia respiratoria.

La otra cara de esta misma consecuencia es la ruptura del vínculo entre generaciones: los niños y los jóvenes ya no pueden reunirse con los mayores, que son mantenidos en estricto confinamiento. Esto ha provocado a veces trastornos psicológicos en algunos niños o jóvenes que necesitaban ver a sus abuelos. Al igual que los abuelos necesitaban ver a sus nietos, de lo contrario morirían de otro virus, quizá aún más grave: la pena.

Así que podemos decir que la crisis sanitaria generada por la Covid-19 ha sacado a la luz un importante componente de las relaciones sociales. La capacidad de afrontar el reto de la vida -sus incógnitas y alegrías- se basa, en parte, en la inspiración del diálogo entre generaciones. Un diálogo que puede ofrecerse a través de la palabra o del silencio, a través del dibujo que ofrece el niño y que todavía hace soñar al viejo. Por último, por la ternura de sus miradas que se cruzan y se animan.

Sueños y ternura. De eso se trata. Si los ancianos siguen soñando, los jóvenes pueden seguir inventando. Si la mirada del mayor alienta suavemente los proyectos del menor, ambos viven en una esperanza que atraviesa los miedos. Entonces podrán cumplirse las palabras del profeta Joel: «vuestros hijos profetizarán y vuestros ancianos tendrán sueños». Todos los pedagogos y pastores que han llevado a los niños a los mayores saben que los niños nunca han olvidado este encuentro… de un campesino, un pescador, un artista, un inventor, un mendigo de la calle o un religioso en su monasterio. Porque el mayor sólo tiene una cosa que vivir: ofrecer lo que ha descubierto de la vida, para que el niño siga -y siempre- teniendo el gusto de descubrir e inventar la vida.

¿Con qué nos quedaremos de esta terrible experiencia de una enfermedad que ha afectado a todas las edades y a todos los pueblos? Algunos, tras haber vivido el sufrimiento de la separación, vuelven a aprender, en el seno de sus familias, el vínculo de la escucha y el cuidado entre generaciones. Otros guardan en su interior, en íntimo silencio y tristeza, la mirada de no haber hablado más con los que se han ido. Todos entendemos que esta memoria que llevan los ancianos, nos la hacen llegar en la «fragilidad de vasos de barro» -como sugiere el Apóstol San Pablo-.

En el tesoro de la memoria está, en efecto, la fe recibida y ofrecida: ese sabor de la vida eterna que ya ha comenzado. Por eso, las generaciones, al tomarse de la mano, en el gesto del afecto compartido, se ofrecen mutuamente conocimiento y sueños: una esperanza que no puede morir porque es el mismo don de Dios.

[1] Cf. La sabiduría del tiempo – un diálogo con el Papa Francisco sobre las grandes cuestiones de la vida – editado por Antonio Spadaro, Venecia, 2018) (Christus vivit n.196)

La Pontificia Academia para la vida

La Pontificia Academia para la Vida contra el descarte de nuestros mayores

«Los ancianos nunca tuvieron que morir así (…) fueron tratados cruelmente»
«Todo está en juego: la política, la economía, la sociedad, las organizaciones religiosas, para iniciar un nuevo orden social que ponga en el centro el bien común de los pueblos»
“Durante la primera oleada de la pandemia, una proporción significativa de las muertes por Covid-19 se produjo en instituciones para ancianos, donde se debería haber protegido a la parte más débil de la sociedad, pero donde se produjeron proporcionalmente más muertes que en el hogar y el entorno familiar”
«La eliminación de los ancianos es una maldición que esta sociedad se inflige a sí misma con frecuencia»
«Quitarle el derecho a la vida a los débiles es robarle la esperanza a la gente, especialmente a los jóvenes. Por eso, descartar a los ancianos -incluso en el lenguaje- es un grave problema para todos”
“Al descartar a los ancianos, reducimos las oportunidades de que la sociedad crezca hacia arriba y no se ocupe de las necesidades momentáneas del presente”
‘La vejez: nuestro futuro. La condición de las personas mayores después de la pandemia’
09.02.2021 Jesús Bastante Seguir leyendo

La Jornada Mundial de los abuelos

El Papa instituye la Jornada mundial de los abuelos y de los ancianos,

a celebrar el cuarto domingo de julio

«Es importante que los abuelos y los nietos se encuentren, porque, como dice el profeta Joel, los abuelos ante los nietos soñarán y tendrán ilusión y los nietos ante los abuelos irán adelante y profetizarán»
«Nos recuerdan que la vejez es un don y que los ancianos son el anillo de la cadena de las diversas generaciones»
«Su palabra apunta directamente contra el reino de Satanás, lo pone en crisis y lo hace retroceder»
«Aquí vemos los dos elementos característicos de la acción de Jesús: la predicación y la obra taumatúrgica de médico»
«Llevad en bolsillo o en el bolso un pequeño Evangelio, para leerlo»
31.01.2021 José Manuel Vidal Seguir leyendo

«Sin ancianos no hay futuro»

«No podemos dejar morir a la generación que luchó contra las dictaduras, que trabajó por la reconstrucción después de la guerra y que edificó Europa»

«Es el momento de dedicar todos los recursos que sean necesarios para proteger el mayor número de vidas posible y para humanizar el acceso a la atención sanitaria para todos»

«Quien rebaja el valor de la vida frágil y débil de los más ancianos, se prepara para desvalorar todas las vidas»

«Todo esto no habría ocurrido si no se estuviera abriendo paso la idea de que se pueden sacrificar sus vidas en beneficio de otras»

«Resignarse a una solución de este tipo es humana y jurídicamente inaceptable. La base de la ética democrática y humanitaria consiste en no hacer distinción entre personas, ni siquiera a causa de su edad»

19.05.2020 Jesús Bastante

«Que el valor de la vida sea siempre igual para todos. Quien rebaja el valor de la vida frágil y débil de los más ancianos, se prepara para quitarle el valor a todas las vidas». Ante la estremecedora cifra de muertes de ancianos en muchos países europeos durante la pandemia, la Comunidad de Sant’Egidio ha lanzado un llamamiento, al que Religión Digital se suma, para reclamar que se dediquen «todos los recursos necesarios para proteger el mayor número posible de vidas, humanizando el acceso a la atención sanitaria para todos».

El manifiesto europeo ha sido firmado, entre otros, por el fundador de Sant’Egidio Andrea Riccardi, junto a destacadas personalidades de la política, las letras, la cultura y los negocios, como el expresidente de Italia y de la Comisión Europea, Romano Prodi;  el expresidente de Gobierno de España, Felipe González; el filósofo Jurgen Habermas; el filósofo y catedrático Manuel Castells; Stefania Giannini, directora adjunta de la UNESCO; Irina Bokova, ex directora de UNESCO; o Jeffrey Sachs, director de UN Sustainable Development Solution Network.

«Sin ancianos no hay futuro»

«Sin ancianos no hay futuro», señala el manifiesto, que muestra su preocupación por «la generalización de una “sanidad selectiva” en la que se sacrifican unas vidas por encima de otras». Los firmantes llaman a “superar la institucionalización” de los ancianos y la cultura del descarte.

El escrito ve «inaceptable» que la mayor vulnerabilidad de los ancianos y su avanzada edad justifique una forma de “elección” que favorece a los más jóvenes y los más sanos y pide una revisión profunda de los sistemas sanitarios públicos y las buenas prácticas para “llegar a todos y curarlos con eficacia”.

“Esperamos que se desate una revuelta moral para que cambie la dirección en la atención sanitaria a los ancianos y para que estos, sobre todo los más vulnerables, jamás sean considerados un peso o, aún peor, inútiles».  Seguir leyendo

Orar con el Salmo 71

Para orar con los Salmos

 “El hombre bíblico es “oyente de la palabra”, alguien a quien Dios le dice: “Escucha, Israel”…(Dt 6, 4-5). Pero el israelita bíblico no solamente escucha a Dios, sino que le responde orando. Como testimonio supremo de ese diálogo orante (apasionado, responsable, acusador) están los salmos, sabiduría hecha oración” Pikaza en “Ciudad Biblia”, pag. 220

En estos días difíciles que estamos viviendo por la situación de aislamiento por causa de la pandemia del coronavirus, son días para vivir más la oración, unidos a todos los creyentes desde hace muchos siglos. Yo voy a intentar daros algunos materiales para orar cada día con un Salmo. En los comentarios del BLOG me decís si os vale y si os ayuda. Y también espero algunas sugerencias breves que creáis oportunas.

SALMO •71 [70] ¡A ti, Señor, me acojo!

Oración de un anciano.— Al fin de la vida conoceremos mejor la misericordia de Dios, y nos será fácil recordar todas las maravillas que hizo para nosotros Supliquémosle que, al terminarse nuestra vida presente, nos otorgue el verdadero consuelo.

              1 En ti, Señor, confío, que no quede decepcionado.

2 En tu justicia tú querrás defenderme, inclina a mí tu oído y sálvame.

3 Sé para mí una roca de refugio, una ciudad fortificada en que me salve, pues tú eres mi roca, mi fortaleza.

4 Líbrame, oh Dios, de la mano del impío, de las garras del malvado y del violento, 5 pues tú eres, Señor, mi esperanza, y en ti he confiado desde mi juventud.

6 En ti me apoyé desde mis primeros pasos, tú me atrajiste desde el seno de mi madre, y para ti va siempre mi alabanza.

7 Pero ahora para muchos soy un escándalo, y sólo me quedas tú, mi amparo seguro.

8 Llena de tu alabanza está mi boca, de tu esplendor, el día entero.

9 No me despidas ahora que soy viejo, no te alejes cuando mis fuerzas me abandonan.

10 Pues mis enemigos hablan contra mí y los que esperan mi muerte hacen sus planes.

11 Dicen: “Dios lo ha abandonado; persíganlo y agárrenlo, nadie lo ayudará”.

12 Oh Dios, no te alejes de mí, Dios mío, ven pronto a socorrerme.

13 Que queden humillados, cubiertos de vergüenza, los que me ponen asechanzas.

Que el insulto y la infamia envuelvan a los que quieren mi desgracia.

14 Yo entonces, siempre en ti esperaré, y te alabaré como no se ha hecho nunca.

15 Mi boca contará tus obras justas y tu salvación a lo largo del día, pues son más de lo que podría decir.

16 Ahondaré las hazañas del Señor, recordaré tu justicia que es sólo tuya.

17 Oh Dios, me has enseñado desde joven, y hasta ahora anuncié tus maravillas; 18 si ahora estoy viejo y decrépito, oh Dios, no me abandones.

A esta generación anunciaré tu poder, y a los que vengan después, tu valentía 19 y tu justicia, oh Dios, que llega al cielo.

Pues, ¿quién como tú, oh Dios, que has hecho grandes cosas?

22 O Tú que me hiciste pasar tantas penas y miserias, volverás para hacerme revivir, y me harás subir de nuevo del abismo.

21 Volverás a ponerme de pie y tendré de nuevo tu consuelo.

22 Entonces te daré gracias al son del arpa por tu fidelidad, oh Dios.

Con la cítara te entonaré salmos, oh Santo de Israel.

23 Te aclamarán mis labios y mi alma que tú redimiste.

24 Tarareará mi lengua todo el día: “Es cierto que él es justo, pues están confundidos y humillados los que querían mi desgracia”.

Oración con el Salmo 71: ¡A ti, Señor, me acojo!

 PRIMERA LECTURA: CON ISRAEL

Como lo hemos ya señalado, a menudo el “yo” utilizado en los salmos representa en realidad a Israel. Esta oración aparentemente muy personal, y casi individualista en su tono de intiidad, es de hecho un “midrash”, y una especie de “parábola”: el pueblo de Israel está representado aquí en un anciano, escogido desde qantes de su nacimiento (El amor de Dios es el primero)(el Papa Francisco diría “primerea”), y que se ha esforzado por ser fiel hasta sus “cabellos blancos”… Un anciano sin fuerzas y rodeado de enemigos que quieren su perdición…y que se atreve a pedir a Dios no simplemente la prolongación de una pobre vida maltrecha, sino  una “nueva vitalidad”, una nueva juventud, una verdadera resurrección: ¡entonces, Israel, sin fin “cantará” la alabanza y la alegría! Desde el punto de vista literario, miremos el hermoso movimiento en espiral, que mezcla sin cesar, la “súplica” y la “alabanza”… El creyente que grita y gime ante la prueba, sin embargo jaás se desespera…A su petición suplicante, junta la acción de gracias.

SEGUNDA ECTURA: CON JESUS

Desde su infancia, Jesús estuvo “en las cosas de su Padre”…Más que nadie podía decir: “Tú me escogiste desde el vientre de mi madre…He sido motivo de asombro para muchos”… “Todo el día  están llenos mis labios de alabanzas a tu gloria”…Jesús pide en su Pasión, ser librado de sus enemigos: “Dios lo abandona…¡Veamos si viene Elías a liberarlo! Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

Y en esta situación extrema, seguridad en la resurrección: “Me harás vivir de nuevo, me levantarás de lo profundo de la tierra… Y cantaré la alegría de una vida que me has vuelto a dar”…Sí, hay que repetir este salmo con Jesús.

TERCERA LECTURA: CON NUESTRO TIEMPO

El tema de la vejez. Nunca como en nuestro mundo moderno la vejez ha sido una prueba terrible. Entre más el hombre moderno logra curar las enfermedades, más siente el fracaso de no poder curarse de la muerte. Estos días de epidemia del covid-19 lo estamos experimentando terriblemente en tantos ancianos que mueren infectados, porque dicen que son población en riesgo.

Nunca como hoy, el anciano ha estado tan aislado: nuestros abuelos vivían casi siempre en familoia, con sus hijos…hay que experimentar el terrible sentimiento del abandono, esta impresión humanamente dramática de haber cumplido su tiempo, como un viejo trasto que ya no sirve…hay que afrontar lúcidamentte esta cruel vivencia en que una cierta vida ha terminado, y que , aque´tiempo es irreversible…para comunlgar con la esperanza del salmista; sí, para el verdadero creyente, las leyes biológicas y psicológicas de la vejez no influyen en quien espera la comunicación de la vida divina. ¡Nuestra nueva juventud, está ante nosotros, en Dios! ¡Allí está la alegría!

El deseo de vivir. Todo este salmo protesta contra la pérdida de vitalidad, aún en nombre mismo de la eternidad del amor: ya que Dios nos creó porque El nos ama (¡desde el vientre de nuestra madre!), ¿cómo podría El abandonarnos? La resurrección de los muertos, la Resurrección de Jesucristo, está prevista desde la eternidad, y hace parte del proyecto inicial del creador. No acusemos jamás a Dios de haber hecho un hombre mortal. Su único proyecto, es el de un ¡hombre resucitado!.                                                                                                                               El sentido de la alabanza. Aún en medio de las situaciones más dolorosas, el hombre de la Biblia continúa su canción, toma su guitarra y da gracias.