LAS MUJERES Y EL DISCERNIMIENTO

col aznarez

I.- El discernimiento y los jesuitas:

Al inicio del proceso sinodal, en el Discurso del Papa Francisco pronunciado el sábado 9 de octubre de 2021 en el Vaticano (Aula Nueva del Sínodo), al poco de comenzar Discurso, el discernimiento ya es mencionado: “Y para comenzar un discernimiento en nuestro tiempo, siendo solidarios con las fatigas y los deseos de la humanidad”. Recordó el Papa más adelante, lo siguiente, que es esencial y que muchos parecen olvidar: “El protagonista del Sínodo es el Espíritu Santo”.

Luego el Papa constató el malestar y sufrimiento de numerosos agentes pastorales, de los organismos de participación de las diócesis y de las parroquias, y también de “las mujeres que a menudo siguen quedando al margen”. El 10 de octubre de 2021, en la Homilía de la Santa Misa de Apertura del Sínodo de los Obispos, el Papa señaló que discernir es uno de los tres verbos del Sínodo, que es camino de discernimiento espiritual, de discernimiento eclesial.

No es sorprendente que un Papa que es jesuita, perteneciente a la Societatis Iesu, emplee con tanta frecuencia el sustantivo “discernimiento”, que es un elemento base, decisorio, de la espiritualidad de San Ignacio de Loyola, que está en sus Ejercicios Espirituales y en otros textos. Ya en la importante Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio), fechada el 24 de noviembre de 2013, a meses apenas de haber sido elegido Papa (que lo fue el 13 de marzo de 2013), la palabra discernimiento aparece once veces.

Ese repetido empleo de terminología tan jesuítica, da pie pensar que el Sínodo (2021-2023) tenga en sus fases originales y de inicio una fundamental influencia e impulso por parte de la Compañía de Jesús, que si siempre estuvo muy ligada al Papado, incluso por voto especial, ahora lo está mucho más, en tiempos en los que el Papa es también jesuita (S.J.) Y la discreción de la Compañía, muy agazapada, sin sobresalir en los primeros sitiales del Sínodo, promovido –reitero- por un Papa jesuita, es prueba de prudencia ante lo que pudiera ocurrir en el futuro, acaso indeseable, y de un vital instinto de conservación por parte de la varonil y militante orden religiosa, cuyo Fundador, de cojera por herida de guerra, no quiso hijas, hermanas o madres a su lado.

Es curioso constatar la evolución radical de los jesuitas en la Historia de la Iglesia. En tiempos contemporáneos, siguiendo las directrices y mandatos del documento final de la Congregación General, la número 32, que eligió General al Padre Arrupe, los jesuitas están a la cabeza del progresismo y son su avanzadilla en el mundo eclesiástico. Antes, en anteriores tiempos, cerca del Renacimiento, y más tarde, en tiempos de la Modernidad, los jesuitas hicieron el papel de “contras”, pues fueron los protagonistas del fenómeno de la “Contra-reforma” primero (respuesta católica a la reforma protestante de Lutero, que comenzó en el siglo XVI) y de la “Contra-revolución” después en el siglo XIX, esenciales en el Papado del anti/modernista Pio IX, agrupados en torno a la revista Civiltà Cattolica, e inspiradores de la extremista encíclica Quanta Cura y Syllabus, en 1864. Es normal que los del magis (del siempre más), difíciles a clasificar por ser muy plurales, transiten con facilidad de la contra al pro, o del pro a la contra.

Sobre ello algo ya escribimos, aquí, en Religión Digital, cuando titulamos El jesuita con tricornio, en referencia al Padre Pirrone. confesor del príncipe Salina en la novela siciliana El Gatopardo. Y para leer un análisis detallado del papel desempeñado por los jesuitas en el largo y fundamental Papado de Pío IX, se recomienda el libro de Jean Lacouture, Jesuitas, editado por Seuil, en 1991.

II.- Peligros del discernimiento:

Es de valentía y hay que tener mucho arrojo para animar a fieles a discernir en el seno de una Iglesia y Religión, pues puede producirse, con facilidad, una confusión entre lo que son pensamientos del discernimiento adecuados, muy aplaudidos por unos, y pensamientos de discernimiento inadecuados, de supuestas apostasías, cismas y herejías, muy rechazados por otros. Insisto en que hay que tener mucho cuidado, para no llevarse sorpresas, pues se conocen los inicios y nunca los finales en las incitaciones al discernimiento, colectiva e individualmente, siendo de evitar las tentaciones al fuego, salvo que se sea un pirómano, allí donde hay materias tan combustibles como son los dogmas y los anatemas, de tanta tradición católica, no siendo fortuito que el concilio de Letrán en 1215, que definió el dogma, fuera el de la institución de la Inquisición.

Siempre se dijo que a los alemanes y a sus aprendices, incluidos los españoles, enloquece la metafísica y, naturalmente, la teología, con sus cóncavos o picudos discernimientos, siendo esa la causa de tanta locura, de extremismo y de tantos extremistas a lo germánico, que, al igual que Goethe, hablan alemán en la intimidad, entretenidos en fuegos fatuos. Muchos consideran normal lo que ocurre ahora a los alemanes, en su Sínodo, como se consideró normal lo que les ocurrió en su exitoso Concilio, el Vaticano II, que tanto influyeron, aunque ya protestaban de todo y protestándolo todo. Algunos dirán que de aquellos polvos conciliares resultan los presentes barros sinodales. De lo que estoy seguro es que lo último nunca lo reconocerá el cardenal Kasper, que ahora, bélicamente, discursea sobre “golpes sinodales de Estado”, asunto tenebroso por venir de un germano.

Más dejemos, por ahora, los radicalismos sinodales de los alemanes y alejémonos también de los de alguna diócesis, más o menos española. Bástenos la llamada “ponderación”, nada revolucionaria de la Conferencia Episcopal Española, la  cual, en la conclusión de la fase diocesana del Sínodo 2021-2023, el 11 de junio de 2022 (Asamblea Final Sinodal de la Iglesia en España), señaló que la participación sinodal había sido principalmente de personas ya implicadas en la vida de la Iglesia, mayoritariamente mujeres, y que entre los temas de más fuerte resonancia en el proceso sinodal, el primer lugar lo ocupó el papel de la mujer en la Iglesia.

III.- Ya en lo femenino:  

Es normal que la llamada “Revolución feminista”, que nació en el siglo XIX y que continúa exitosa en el siglo XXI, golpease las puertas de los tres monoteísmos, el Judaísmo, el Islam y el Cristianismo, considerados baluartes o fortalezas del llamado patriarcado, y con unos textos fundamentales, por ser palabra de Dios, de un “Dios Padre”, tachados por ser de apoteosis masculina. Surge una diferencia entre el cristianismo y los otros dos monoteísmos, pues en los Evangelios la posición de Cristo hacia la mujer no puede ser menos patriarcal y más liberadora, de profundo respeto. Emmanuelle Seyboldt, cristiana protestante y “pastora”, escribió: “Los evangelios presentan a Jesús de una manera que se pudiera calificar de feminista”.

Acaso no tanto, pero son de recordar en sentido favorable a la mujer, episodios evangélicos como el encuentro de Jesús con la mujer samaritana (San Juan, 4, 8-43), la discusión con Marta (Lucas, 10, 38-42) y ese fascinante episodio de Jesús con la mujer adultera (San Juan, 8, 1-11), en el que, sorprendentemente, Jesús escribió en la arena sin saber el qué (“Jesús, inclinándose hacia abajo, escribía con el dedo en la tierra”). Esos tres episodios están magníficamente comentados en la Edición de Antonio Piñero, Los Libros del Nuevo Testamento, editorial Trotta 2022, 2ª edición, páginas 1336 y siguientes, 835 y siguientes, y 1358 y siguientes. A esos tres “episodios”, habrá de añadirse un cuarto, que consta en los cuatro Evangelios canónicos, acerca de la presencia de mujeres, María Magdalena, María la de Jacobo y José, y la madre de los hijos del Zebedeo; un cuarto muy importantes, pues inició el relato acerca de la Resurrección del Señor, esencial en el Cristianismo. 

Mucho y trascendental debió ocurrir para pasar de unos textos tan respetuosos hacia lo femenino, a la realidad, la de la Iglesia católica, de una religión muy clerical a base de varones, denunciado por el mismo Papa y siendo conclusión de la fase sinodal diocesana la denominada superación del clericalismo. Acaso en ello haya un deseo divino, propiciador de la  sequedad vocacional, y que sin las mujeres no sea superable el galopante secularismo. Y aquí procede hacer  tres observaciones:

A).- Los textos de la Biblia judía y del Corán, referidos a la mujer, nada de parecido tienen con los Evangélicos antes indicados, tan de delicadeza femenina. La lectura en clave femenina de los textos judíos y musulmanes han de exigir interpretaciones y hermenéuticas que no precisan los textos cristianos, pues a estos bastará quitarles la roña acumulada y no esconderlos. A dicho efecto sirve de prueba el libro escrito a tres voces por la cristiana Emmanuelle Seyboldt, la judía Floriane Chinsky y la musulmana Kahina Bahloul, titulado Mujeres y dioses, publicado en Francia en 2021 y ahora es muy actual por la conclusión de la fase diocesana del Sínodo. En ese libro se trata de dar respuesta al asunto del papel de las mujeres en las tres religiones, tan marcadas por siglos de patriarcado, y ello a través del diálogo a tres, de  una mujer “pastor” en una Iglesia protestante, de una mujer “rabino” en una Sinagoga judía  y de una mujer “imán” en una Mezquita. Interesante el reportaje sobre Kahina publicado el pasado 17 de junio en ABC,  si bien la apellida indebidamente, Bahlqui.

B).- Se destaca la enorme importancia del clericalismo católico, de alguna equivalencia o parecido al clericalismo musulmán del Chiismo, y no existiendo clérigos ni en el Judaísmo ni en el Sunismo musulmán, pues ni los rabinos ni los ulemas e imanes son clérigos en sentido estricto. Es de señalar lo ocurrido en los años 1980-1990, con la llegada al poder en Irán de los clérigos chiítas encabezados por el ayatollah Khomeyni: una llegada que supuso una conquista del Poder, preocupación y ocupación primordial de hombres clérigos, y, además, una revisión fundamentalista de textos musulmanes y de prácticas, con la consiguiente apoteosis de lo masculino y un endemoniar lo femenino. Basta observar la realidad de las mujeres en Irán, hoy.

C).- Es de juristas y de Justicia no generalizar sobre clérigos, pues unos o muchos son ejemplares y otros, en especial, los ya en la jerarquía, son del “ordeno y mando”, del abuso de superioridad y del prevalimiento, que encubren el miedo, miedo al otro sexo. Frente a ellos, a las mujeres queda no sólo el reproche, incluso el de las más altas autoridades eclesiásticas, sino también la denuncia por pisotear dignidades humanas. Y traigo a colación la reciente sentencia, de uno de Junio de 2022, la número 544,  de la Sala 2ª del Tribunal Supremo, presidida por el sabio magistrado don Manuel Marchena, discípulo, por cierto, de los jesuitas de Deusto. Y una Sentencia que cita al filósofo Rawls, recordando lo que llamó “el deber de civilidad”, que ha de estar ínsito en los que dicen estar sujetos al “deber de religiosidad”. 

(Deberá continuar con el asunto de los cuerpos, también el de las mujeres, con la peculiaridad cristiana de un Dios encarnado, con ese texto tan peculiar que es El Cantar de los Cantares y con los monoteísmo “liberales” en el Islam y Judaísmo, regidos por mujeres)

Asuntos pastorales en la Praedicate Evangelium (III)

Iglesia laical
Iglesia laical

«La presencia de los fideles laici es constante en Predicate Evangelium y el acceso de laicos a la Curia romana es ostentoso»

«Es evidente que cada vez más, por falta de clérigos, haya que contratar a laicos en las estancias vaticanas y en las estancias de los palacios episcopales»

«Si, esencialmente, lo prioritario es la Salvación, previa Evangelización, es coherente que el primer Dicasterio sea para la Evangelización, reservándose el mismo Papa la presidencia directa»

Por Ángel Aznárez

B).- Asuntos pastorales (Continuación): 

En la primera parte, aquí publicada el último 30 de abril, escribí acerca de «Lo jurídico en Praedicate Evangelium”; en la segunda parte, también aquí publicada, esta vez el 12 de mayo último, escribí “Sobre la naturaleza pastoral de Praedicate Evangelium”. Hoy, en la tercera, seguiré con lo pastoral y se avanzará en lo teológico al final, la cuarta parte.

La continuación ahora con el laicado ha de serlo en su relación con aquella Constitución Apostólica, sobre la reforma de la Curia romana, dejando aparcadas la “teoría general” (base conciliar, de catecismo y del Codex), que es asunto de la Eclesiología, tal como se desarrolla, por ejemplo, en el capitulo X del Manual de Eclesiología de Eloy Bueno de la Fuente (B.A.C. 3ª Edición, 2021); y también aparcando para más tarde, la cuarta parte, la “teología del laicado”, que, junto a la “teología del Papado” y a la “teología del episcopado”, resultan y resaltan en Praedicate Evangelium”.

Iglesia laical

Una Curia que es una institución eclesiástica, de derecho eclesiástico y no divino, que,  como se escribe en P.E. es de índole vicaria que “opera en nombre del Romano Pontífice con potestad vicaria en el ejercicio de su munus primacial. Al carácter instrumental, ministerial, de ayuda también se refirieron San Pablo VI y Juan Pablo II en sus Constituciones Apostólicas de Reforma curial. Este último Papa dijo en la Introducción a la Pastor Bonus: 

“No actúa por derecho propio ni por iniciativa propia: pues ejerce la potestad recibida del Romano Pontífice debido a esa relación esencial y originaria que tiene con él; porque la característica propia de esta potestad es vincular siempre el propio afán con la voluntad de aquel de quien procede, de forma que exprese y manifieste la fiel interpretación de la voluntad, sintonizando e incluso casi identificándose con ella, para bien de la Iglesia y servicio de los obispos”. 

Es necesario recordar lo escrito por Santiago Madrigal, SJ en el libro Sinodalidad y Reforma: “El redescubrimiento de una Iglesia sinodal es uno de los efectos principales y visibles del proceso de recepción del Vaticano II”, y debe tenerse en cuenta lo ya expuesto en la 2ª parte: “Según múltiples autores, con el pontificado de Francisco se ha iniciado una nueva fase en la recepción del Vaticano II”.

Habrá que tener muy presente, partiendo del Vaticano II, los dichos y hechos del “Papa del Concilio” -cuyo documento más importante fue la Constitución dogmática Lumen Gentium-, caso de San Pablo VI y Papas del post/Concilio, caso de San Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco.  Todos esos Papas supieron de la novedad teológica que supuso el capítulo IV sobre “Los laicos” de L.G., y de manera autónoma, o sea, no contrapuesta o subordinada a los clérigos, como se escribió en la parte anterior.

Laicos en la Iglesia

Gustave Martelet lo dijo: El Concilio definió a los laicos, no por su referencia a los clérigos, sino ante todo, por su referencia a Cristo. Recuérdese que el texto final de la Lumen Gentium no fue precisamente el inicial propuesto, con mucho debate y con participación destacada de los llamados “peritos” como Ratzinger, futuro Benedicto XVI. Y unos laicos considerados con particularidades (número 30).  

San Pablo VI, al que la Pastor Bonus de San Juan Pablo II y Predicate Evangelium de Francisco, reformadoras de la Curia romana, recuerdan como el autor de la Constitución apostólica Regimini Ecclesiae universae (1967), sólo pocos días después de su elección papal, en el año 1963 (21 de septiembre), pronunció un importante discurso a la Curia romana, en el que llegó a decir: “Serán precisas diversas reformas. Serán ciertamente ponderadas, ordenadas, de acuerdo con las venerables y razonables tradiciones, por un lado, y de acuerdo con las exigencias de los tiempos, por otro”.

Citó a San Bernardo: “¿Por qué no escoger de todo el mundo a los que un día habrán de juzgar al mundo entero”. Y concluyó: “No os desagrade si os pedimos a todos, eclesiásticos y seglares de la Curia romana…” ¡Que lejos estaban aún ese documento (1963) y el de 1967, de ser consecuente con el capítulo IV de Lumen Gentium! 

San Juan Pablo II, el Papa de Pastor Bonus (28 de junio de 1988), escribió una impresionante Exhortación Apostólica, fechada el 30 de diciembre de 1988, Christifideles laici,  sobre la “vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el Mundo”. Y sólo el Papa Francisco se atrevió en verdad a meter los laicos en el coto vedado a clérigos, que eso fue durante tantos años  la Curia Romana. Y reitero: “Con el Pontificado de Francisco se ha iniciado una nueva fase en la recepción del Vaticano II”. 

Iglesia laical

Eso lo hace Francisco en Predicate Evangelium, a la manera habitual, con un lenguaje a confuso, ambiguo y tan complejo entre lo diplomático y/o canónico, que tanta “gracia” hace a los que ya estamos acostumbrados a los laberintos eclesiásticos: no hay cosas menos claras y disfrazadas que esas. Es verdad que a la Iglesia romana le falta la valentía de la verdad y de la claridad, y amante de tanto escondite por históricas razones y complejos de psiquiatra o de psicoanalista, con o sin diván, que tanto la hunden en el descrédito. Volví a manosear el libro de Daniel Duigou, sacerdote, titulado  L´Église  sur le diván, ed. Bayard, 2009.  

La presencia de los fedele laici es constante en Predicate Evangelium y el acceso de laicos a la Curia romana es ostentoso si se compara la Constitución apostólica de reforma de la Curia romana (“Estructura”) del Papa Francisco con las dos anteriores, de los Santos Papas Pablo VI y Juan Pablo II. El Papa Francisco llega a decir: “Cualquier fiel puede presidir un Dicasterio  o un Organismo, dada la peculiar competencia, poder de gobierno y función de este último”.  

Si la reivindicación y la presencia de los laicos en la Iglesia son una de las características de lo eclesial actualmente, desacreditado desde el Papado mismo el clericalismo, cómo y cómo en la reforma de la Curia, el Papa se iba a olvidar de los laicos. Y más teniendo en cuenta la escasez de vocaciones sacerdotales –problemas enormes la falta de clérigos- siendo evidente que cada vez más, por falta de clérigos, haya que contratar a laicos en las estancias vaticanas y en las estancias de los palacios episcopales.

También a esto se llama “hacer de la necesidad virtud”. Clérigos con voto de obediencia y que lo vocacional o “llamada de Dios” hacían gratuitos “servicios” que se prestaban y que ahora dejan de serlo –celibato y gratuidad- que en el servicio por célibes a la Iglesia estuvo siempre la gratuidad. Hoy, con laicos no célibes, que pueden necesitar medios económicos para subsistir, solos o con familia, la gratuidad pudo haber pasado ya a la Historia.

Y lo que antes se ganaba en Bancos, teóricamente santos, pero en verdad pecadores, endiablados, para pagos muchas veces inconfesables de cardenales y obispos, hay que seguir ganándolo aunque de otra manera, para pagar a los laicos por conducir vehículos, coger teléfonos, ser monaguillos, limpiar estancias palaciegas, redactar discursos o hacer teologías. Lo que en otros tiempos fue causa gratuita o de mera liberalidad, hoy es ya onerosa o remuneratoria en terminología del Código Civil español (artículo 1274)

Si, esencialmente, lo prioritario es la Salvación, previa Evangelización, es coherente que el primer Dicasterio sea para la Evangelización, reservándose el mismo Papa la presidencia directa. También es coherente que la Congregación para la Doctrina de la Fe, el antiguo Santo Oficio hasta 1965, pase a ser un Dicasterio más, antes Congregación llamada “La Suprema”, encargada de vigilar con el mayor rigor sobre el depósito de la fe. No es difícil imaginar el gesto que en el Cielo habrá puesto el que fue cardenal Ottaviani?

Evangelización

C.- Asuntos teológicos: 

Christine Pedotti, en el libro La bataille du Vatican (1959-1965) escribe: “El Concilio Vaticano I había principalmente tratado del Papa y de su autoridad, de su jurisdicción, de su infalibilidad, pero nada había dicho de los obispos. Era necesario encontrar en el Vaticano II un equilibrio, pues el episcopado es un sacramento. ¿Cuál es la situación de Pedro en medio de los Doce, del Papa en medio de los Obispos?”. 

Aquí están, también en Predicate Evangelium, las teologías del Papado y de los Obispos, a las que hay que añadir, la de los laicos, estando ya en ámbitos propios de la Teología y del Derecho Divino. 

Continuará

La conversión misionera de la Iglesia

La naturaleza pastoral de la ‘Praedicate Evangelium’ está en «la conversión misionera de la Iglesia» (II)

Laicos en la Praedicate
Laicos en la Praedicate

«Siendo lo jurídico importante en el ámbito eclesial, es accesorio frente a lo verdaderamente importante que es lo pastoral o de raíz evangélica, lo cual no agradará a los clérigos ‘carreristas’ y palaciegos»

«La referencia a San Pablo VI, que, por otra parte, supone una remisión al Concilio, y que supone remitir al Concilio la misma Predicate Evangelium»

«Predicate Evangelium ahora remite, pues, a lo de antes; al Concilio, al Cónclave que eligió al Papa Francisco y a sus primeros documentos pontificios»

«El avance hacia la importancia del laicado estuvo más en los documentos conciliares, de los Papas, de las Conferencias episcopales y de los obispos, que en la realidad»

Por Ángel Aznárez

A.- Asuntos jurídicos (Continuación):

En la precedente 1ª Parte, aquí publicada el último 30 de abril, escribí: “Lo jurídico en Praedicate Evangelium está en su carácter de “ley particular”, una  Constitución apostólica del Papa Francisco, que es forma y fondo o contenido de lo jurídico y/o canónico. Leyendo, por ejemplo, los artículos 20 a 33, inclusives, de Praedicate Evangelium, que llevan por título “Competencia y procedimiento de las instituciones curiales” se aprecia de manera manifiesta lo mandado e institucional, que es esencia de una ley canónica, por decisión primacial del Vicario de Cristo. Normas reguladoras de la Curia Romana, que por su temporalidad y su carácter instrumental y/o accesorio, son de Derecho eclesiástico, no de Derecho divino, siendo de este último y excelso derecho, los dos ministerios del Colegio Apostólico establecidos por el mismo Cristo: el Papa y, además o también, los Obispos. 

B.- Asuntos pastorales: 

Siendo lo jurídico importante en el ámbito eclesial, es accesorio frente a lo verdaderamente importante que es lo pastoral o de raíz evangélica, lo cual no agradará a los clérigos “carreristas” y palaciegos, que vieron la excelencia en lo jurídico y en lo teológico, nunca en lo pastoral, que es de olor de oveja, como de establo, como patio de vecindad. Por aquello, el canon 1752, del Codex, concluye que la salvación de las almas debe ser siempre la ley suprema de la Iglesia, que, como se ha escrito, el llamado bien de las almas, “es un digno broche al Código de Derecho Canónico” (es su último artículo).

La misma Constitución Apostólica lo deja claro en su Preambolo, al inicio del mismo: “Predicar el evangelio es la tarea que el Señor Jesús encomendó a sus discípulos. Este mandato constituye el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada hombre y a toda la humanidad en el mundo de hoy”. Y más adelante, en el número 12 del Preambolo, añade: “Debe quedar claro que la reforma no es un fin en sí misma, sino un medio para dar un fuerte testimonio cristiano; fomentar una evangelización más eficaz…”. Se titula: “Índole pastoral de la actividad curial”. Y por eso, se dice y escribe: Ecclesia semper reformanda. Por cierto que excelente es el libro de varios autores, titulado Sinodalidad y Reforma, un desafío eclesial, editado recientemente por PPC.  

Naturaleza pastoral que está en “la conversión misionera de la Iglesia”, en que  “cada cristiano  es un discípulo misionero”, “al Servicio del Primado y del Colegio de los Obispos“, “en el servicio de la Curia Romana al Papa, sucesor de Pedro, principio y fundamento perpetuo  y visible de la unidad de los obispos y de la multitud de los fieles”. Al paradigma misionero ya se refiere el Códex en los artículos 781 y siguientes; a la Iglesia-Misión ya se refirió el Arzobispo Elías Yanes en artículo que figura en el viejo libro La Iglesia en España 1950-2000, en edición de 1999, preparada por Olegario González de Cardedal.  

El Papa Francisco insertó la Constitución Apostólica sobre la Reforma de la Curia dentro de la Historia de la Iglesia, con referencia a las constituciones apostólicas, antecedentes inmediatos, de San Pablo VI, Regimini Ecclesiae universae, y de San Juan Pablo II, Pastor Bonus. Esta última, dedica numerosas páginas –no líneas- a desarrollar la Historia de las reformas curiales.  

Interesa destacar: 

I.- Entre las novedades de Predicate Evangelium, está a mi juicio una muy importante, como de apoteosis y muy reveladora, casi indiscrerta, y que está también en el Preambulo: “La reforma, fuertemente esperada por la mayoría de Cardenales en el contexto de las Congregaciones Generales antes del Cónclave…”. Tal frase es muy rica en consecuencias pastorales y para la historia de los Cónclaves. Y una Predicate Evangelium, que tiene un antecedente importante del Papa Francisco mismo, de recomendada lectura ahora mismo: La Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio), fechada el 24 de noviembre de 2013, o sea, al principio del Pontificado de Francisco. 

II.- La referencia a San Pablo VI, que, por otra parte, supone una remisión al Concilio, y que supone remitir al Concilio la misma Predicate Evangelium. Alguien escribió: “Con el Pontificado de Francisco se ha iniciado una nueva fase en la recepción del Concilio Vaticano II”. Un Concilio que tiene en la Constitución dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia, aprobada en la Sesión V, el 21 de noviembre de 1964, el documento principal del Vaticano II. Y resulta que de ese Concilio, de sus Constituciones y Decretos, parten y empiezan a andar cuestiones fundamentales de Praedicate Evangelium. De ese Concilio, básicamente eclesiológico, y de la compleja Lumen Gentium, parten las novedosas teologías sobre el Pueblo de Dios, los obispos y el laicado. Ahora, el caminar juntos o sinodalidad de los laicos, los pastores y el Obispo de Roma es preocupación esencial y está en la Predicate Evangelium. 

Si el Concilio Vaticano I, por razones históricas –la pérdida de los Estados Pontificios en 1870-, fue el del Papado, su primacía y el de la infalibilidad, el  Vaticano II fue el de los obispos, la otra pieza esencial del Colegio de Apóstoles junto al Papa. Por primera vez, como analizó el gran amigo de San Pablo VI, el francés Jean Guitton, los laicos no son simple referencia opuesta a los clérigos y a lo clerical, sino una entidad propia, en sí misma, dentro del plural Pueblo de Dios. E institución clerical que, como señaló R. Muñoz y recoge Rafael Luciani en Sinodalidad y Reforma, es uno de los grandes obstáculos estructurales para el anuncio del Evangelio.  

III.- Predicate Evangelium ahora remite, pues, a lo de antes; al Concilio, al Cónclave que eligió al Papa Francisco y a sus primeros documentos pontificios. De ahí la reiteración en explicar la subordinación de la Curia al Papa y a los Obispos; en reiterar el carácter evangelizador y misionero de la Iglesia; en establecer como Dicasterio principal el llamado dicastero per l´Evangelizzazione, “presidido directamente por el Romano Pontífice”, y regulado en los artículos 53 al 68, ambos inclusive, con división en dos secciones, y con preferencia al en otro tiempo todopoderoso Dicastero per la Dottrina della fedde.

IV.- Y dentro de lo pastoral, también de lo jurídico y teológico, está lo de los laicos, al que más arriba hicimos referencias. A los que dicen ahora que la Iglesia está tan interesada en el papel de los laicos, por la sencilla razón que son cada vez más escasas las vocaciones clericales y de ancianos clérigos, o sea que la Iglesia hace lo que tantos humanos, “de la vulgar necesidad, una virtud sublime”, habrá que recordarles que en los lejanos tiempos conciliares y pre/conciliares, ya hubo preocupación eclesiástica por los laicos.

El avance hacia la importancia del laicado estuvo más en los documentos conciliares, de los Papas, de las Conferencias episcopales y de los obispos, que en la realidad, y siempre, más asunto de laicos masculinos que de laicas, pues es sabido los “problemas” que los grandes monoteísmos -el islamismo, el judaísmo y cristianismo- tuvieron con lo femenino. Y así llegamos, comparando los artículos de la C.A. Pastor Bonus  de San Juan Pablo II (“Estructura de los Dicasterios”), a los de la C.A. Predicate Evangelium (“Estructura de la Curia Romana”), a constatar las grandes diferencias acerca de la presencia de fedele laici en los organismos curiales, según la última Constitución Apostólica del Papa Francisco. 

(Continuaremos en una 3ª Parte con lo de los laicos, antes de entrar en lo teológico de Predicate Evangelium, y concluir recordando lo del principio de la 1ª Parte: la diferenciación entre la Iglesia Católica y el Estado de la Ciudad del Vaticano, planteando y aplicando a este peculiar Estado, tan de la Iglesia Católica, también lo de la sinodalidad, para dejar de ser el Papa un Jefe de Estado de carácter absoluto, absolutista).