El espíritu tridentino sigue presente

El Espíritu tridentino anida todavía en la Iglesia Católica 

Antonio Moreno de la Fuente  

Tiene toda la razón Faustino Castaño, miembro de las Comunidades de Base de Gijón y del Foro Gaspar García Laviana, al calificar de Espíritu tridentino a la práctica de muchos sacerdotes en sus Parroquias, muy frecuente aún,  de ignorar totalmente a los fieles durante la Misa.  “El celebrante hace todo: consagra, predica, a veces incluso realiza todas las lecturas de la celebración. No hay sitio ni necesidad de la participación de la comunidad. A los fieles basta con que asistan y escuchen en silencio lo que se les diga desde el presbiterio. Esta jerarquía tiene tanta fe en la eficacia de la liturgia que realiza, que incluso bautiza a niños  de corta edad que no pueden entender lo que se está haciendo. El rol de los fieles católicos en los actos litúrgicos es el mismo que el de los bebés en su bautizo; no hace falta que entiendan nada”

Y cierto, esta es una de las patologías del catolicismo romano: confiar absolutamente en la mediación, en el sacerdocio, en el sacramento, en los ritos y en afirmar de ellos su virtud objetiva, el que obran por si mismo, “ex opere operato”, sin participación personal.  Leonardo Boff lo expone bien claro en su obra: Iglesia: carisma y poder. Ensayos de eclesiología militante (Santander: Sal Terrae, 2ª ed.,1984, pp.147-164) ), que no gustaba nada al Cardenal Ratzinger.  “El catolicismo es un principio de encarnación del cristianismo, decía. Es concreción histórica del Evangelio. Es objetivación de la fe cristiana”. El catolicismo es un movimiento dialéctico de afirmación de la identidad cristiana y de su no identidad. La palabra sacramentum (sacramento) expresa bien ese proceso dialéctico de afirmación y negación de la identidad cristiana . Sacramentum es la traducción de la palabra griega Mysterion.  El catolicismo es el sacramentum del cristianismo, que expresa la Ley fundamental de la  economía de la salvación, el Misterio, la relación de lo divino con lo humano.   Mediante el sacramento se afirma la identidad cristiana: en la mediación está presente la gracia, el don gratuito de la divinidad.  Pero mediante el sacramento se afirma también la no-identidad: Dios y su gracia no están fatalmente atados a tal o cual expresión sacramental. La gracia, el don gratuito de la divinidad puede darse fuera de los sacramentos. En el cristianismo romano (catolicismo) se afirma preferentemente la identidad sacramental. Afirma valerosamente la encarnación de lo divino en lo humano, en el acto sacramental. En cambio, el cristianismo protestante afirma no menos valerosamente la no-identidad, es decir, la libertad de lo divino, del Evangelio, la desvinculación con los esquemas de este mundo. Boff tiene unas paginas iluminadoras describiendo cómo se fue concretizando el cristianismo según el catolicismo y el protestantismo evangélico. 

Pues bien, si la identidad católica radica en la sacramentalidad, en la asunción de la mediación en que llega a nosotros Cristo y el Evangelio, de aquí se deduce que en el catolicismo se valora sobremanera la institución, la jerarquía,  la doctrina, la Ley, el Derecho, el rito, los sacramentos, en definitiva, las mediaciones del cristianismo. Pero de aquí provienen también sus patologías: su dogmatismo, su autoritarismo, su ritualismo. Se adora a Jesús, se venera a los santos, se reza a la Virgen, pero se hace como si fuera un rito mágico y  no se insiste en que hay que seguirles e imitarles, en la propia responsabilidad. Le basta con hacer el rito, el sacramento, sin importarle la interioridad de la personas, su propia participación y responsabilidad. Se afirma la ortodoxia y se olvida la ortopraxis. El catolicismo romano no es suficientemente negativo, es decir, crítico. Ensalza lo ritual, lo cúltico, lo institucional y  menosprecia  la interioridad, la responsabilidad personal, las verdades naturales, la justicia. Compró con su culto a los Reyes, a los grandes señores injustos de la sociedad, justificándolos y legitimándoles por sus limosnas y no denunció sus crímenes, su explotación, el descarte de los pequeños, de la mujer, de los inservibles, de los proletarios. El catolicismo romano con frecuencia confunde espiritualidad con religión. Se transforma en una Religión ritual, vacía de sentido, alienante, merecedora de las críticas protestante, marxista y también de todos los que, desde dentro de la Iglesia,  defiendan el carácter responsable de la persona humana, hagan una crítica sana contra estas patologías del catolicismo y promuevan la participación activa, personal y responsable de los fieles. 

Quiero citar dos momentos de esa crítica sana que se dieron entre nosotros y que están, por desgracia,  olvidados. El primero es la Asamblea conjunta de obispos y sacerdotes que se celebro en Madrid, del 13 al 18 de septiembre de 1971, hace ahora 50 años. En sus ponencias  se trató de superar el modelo del catolicismo de Cristiandad, que se implantó en nuestro país durante la dictadura franquista, estableciendo una nueva relación entre Iglesia y Estado, con plena independencia de la Iglesia respecto a cualquier sistema político y la renuncia al Concordato de 1953, que representaba dicho modelo. Se rechazaba, por lo mismo, la presencia de obispos en las Cortes franquistas, de capellanías en órganos oficiales, se defendía la independencia económica de la Iglesia del Estado, renunciando a la dotación del clero. Se reclamaba el ejercicio de los derecho humanos: de expresión, de asociación y reunión, sindical y política, participación de todos los ciudadanos en la gestión y control de los asuntos públicos etc., etc., La Asamblea conjunta de obispos y sacerdotes quiso reformar a la Iglesia institucional española de su tiempo, pero fracasó por la oposición del sector integrista de la sociedad española, particularmente por influjo del Opus Dei. 

La segunda no menos interesante fue la Asamblea conjunta de Cristianos de Vallecas, que se desarrolló desde el 27 de marzo de 1974 hasta el 24 de marzo de 1975, bajo la dirección del obispo auxiliar de Madrid, D. Alberto Iniesta. En palabras del obispo Iniesta, la Asamblea: “Buscaba una plataforma y unas reglas de juego para que el Pueblo de Dios ejerciera su corresponsabilidad, de acuerdo con los principios del Vaticano II…Se trataba de convocar a los cristianos de esta parte de la diócesis para que, a la luz del Espíritu Santo…consideráramos los problemas propios de esta comunidad humana con la que convivimos, buscáramos un tipo de comunidad cristiana que sea lo más adecuado posible a esos problemas y tomemos los compromisos que podamos y debamos tomar“ (¡Creo en Dios Padre!:  El Credo que ha dado sentido a mi vida. Bilbao: Desclée de Brouwer, 1975, 126-140)Según Iniesta la Asamblea ponía en práctica dos principios, un tanto olvidados por la Iglesia jerárquica: por parte del obispo primero, el de la no directividad, renunciando al criterio paternalista de los absolutismos más o menos ilustrados, haciéndolo todo para el pueblo, pero sin el pueblo (p.132).  Y,  por parte de los cristianos, el llamado el sentido de los fieles (sensus fidelium), la posibilidad de que: “el Pueblo de Dios reflexiona desde su propia experiencia humana y con su propia fe existencial y concreta, mirando además al mundo que le rodea, mirándole con esperanza, con fe, con amor” (p.133). 

Como conclusión de este comentario, solo se me ocurre pronosticar que, hoy nos encontraríamos en una situación diversa en nuestro país, si nuestra Iglesia jerárquica no hubiera abortado la Asamblea conjunta de 1971 y la Iglesia popular hubiera seguido con valentía las orientaciones de la Asamblea conjunta de Cristianos de Vallecas

Los pactos de la reconstrucción

Durante la Transición española, cuando el dictador estaba ya agonizando,  todos nos preguntábamos ¿y después qué? Hoy, aunque las circunstancias son muy diversas, sí nos hacemos la misma pregunta: después de la COVID19 ¿Qué alternativa tenemos, qué nos espera? Una de las soluciones posibles la hizo el Presidente Pedro Sánchez en la tribuna del Congreso, el pasado 9 de abril, convocando a un gran Pacto entre las fuerzas políticas. Pacto que ha ido teniendo diversos nombres, calificándolo la Ministra portavoz, Maria Jesús Montero,  como Pacto de la Reconstrucción, en la rueda de prensa del pasado 14 de abril.
Aunque casi todo el mundo, políticos y ciudadanos los vemos necesarios, parece que los partidos de la derecha política: PP y VOX, con la excepción de Ciudadanos y la económica no van a dar muchas facilidades para que estos Pactos se llevan a buen término. VOX ya ha anunciado que nada quiere saber de ellos y el PP está poniendo condiciones inaceptables, como la salida del gobierno de Unidas Podemos, quejándose de que a Pablo Casado se  le convoque por videoconferencia o dirigiendo ataques furiosos contra el Vicepresidente Pablo Iglesias. Las opiniones más descabelladas proceden, como siempre, de los portavoces del PP, tanto en el Congreso como en el Senado. La portavoz en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, aunque alaba a Carrillo, cosa bastante extraña, por su actitud en los Pactos de la Moncloa del año 1977, descalifica a Iglesias por sus opiniones sobre la Transición, como si Carrillo no hubiese descalificado a la Transición reformista de Suárez. También Maroto, el portavoz del PP en el Senado, descalifica a Iglesias, afirmando: “que muchas de las medidas que se han tomado tienen unas ‘gravísimas consecuencias de destrozo económico por la carga ideológica de izquierda que tienen’. Es importante subrayar este punto.
Como bien expone Carlos Enrique Bayo, en Público, y yo mismo en mi artículo: Los nuevos Pactos del Covid19, en los Pactos de la Moncloa: “el peso del ajuste se hizo recaer en los asalariados, ya que se estableció la obligación de incrementar los salarios en base a la inflación prevista y no a la pasada… y los sindicatos renunciaron a recuperar el poder adquisitivo perdido por la elevadísima inflación en 1977. Igualmente, se estableció por vez primera la contratación temporal y se reconoció el despido libre con un límite del 5% de la plantilla de cada empresa, sentando las bases de un mercado laboral de corte económico liberal”. ¿Estará dispuesta hoy la derecha a asumir algunos de los costes sociales que  propone Iglesias y que presumiblemente se pondrán en los Pactos? Yo lo dudo. Y, sin embargo, Carrillo si aceptó el duro ajuste económico que iba a recaer sobre los trabajadores, a pesar de que muchas secciones de CCOO le llamaran “traidor”, pues veían claramente que el tiempo de asentamiento de los derechos civiles reconocidos en los Pactos de la Moncloa: libertad de prensa y expresión, de asociación y despenalización del adulterio, no es el mismo de los derechos del trabajo y sindicales, como bien exponen José   Babiano y   Javier   Tébar   . En su estudio demuestran que: “la codificación de los derechos individuales y colectivos del trabajo, así como el asentamiento de los sindicatos en el ordenamiento jurídico democrático resultaron más tardíos que en el caso de los derechos civiles y políticos”. Es decir, que aunque el PCE veía como algo positivo el reconocimiento de las relaciones laborales y del trabajo, firmadas ya en abril de 1976 y en marzo de 1977 y que servirían de base para el futuro Estatuto de los Trabajadores, que se firmó en marzo de 1980, “algunos derechos laborales regulados durante la etapa de cambio político tuvieron dificultades para llevarse a efecto”. Muchas empresas, por ejemplo, se negaban a aplicar la amnistía laboral, rechazando la admisión de los trabajadores despedidos, etc. Por ello nos preguntamos ¿admitirá la derecha un desarrollo del artículo 128 de la Constitución y de los derechos sociales constitucionales? Seguro estamos que la derecha no querrá oír hablar de nacionalizaciones de la Banca, de la Energía, de la Telefónica, de Renfe y de otras empresas que eran públicas en 1972 , tal como lo propuso Rufián, de ERC y lo están anunciando Alemania y Francia. Pero ¿estará dispuesta la derecha a admitir unos mínimos sociales en dichos Pactos,  como estos que yo proponía u otros?:
a)  La subida del SMI por encima de los 1000 €.

  1. b) Que los Presupuestos de Sanidad, Educación, Dependencia, Jubilación, e Investigación,  se actualicen debidamente en un 10% y, posteriormente se blinden en la Constitución, para que no puedan disminuirse ni recortarse.
  2. c) Que hasta fin de año, no se paguen los alquileres de los pisos propiedad por los fondos buitre.
  3. d) Que desaparezcan las subvenciones públicas a la enseñanza concertada, a las Residencias de ancianos, etc.
  4. e) Que todas las confesiones religiosas, particularmente la Iglesia católica, paguen el IBI de todas sus dependencias, no destinadas exclusivamente al culto religioso. Y ello, mientras se tratan de anular, en dialogo con la S.Sede, los Acuerdos firmados en Enero del Año 1979.
  5. f) Que los Bancos devuelvan los 60 mil millones recibidos, para invertirlos en la implantación de una Renta Básica de cuarenta, según han propuesto los economistas de la Red de Renta Básica (1).
    Mucho me temo que la derecha política, económica y social no querrá hacer concesiones de ningún tipo, aún diciendo que quiere dialogar. Sin embargo, hoy es un gobierno legítimo de izquierdas quien dirige nuestro país y es lógico que oriente y encauce estos Pactos de la Reconstrucción de España y que la derecha ceda y admita políticas más sociales de las que Rajoy implantó en su mandato.

Antonio Moreno de la Fuente Miembro de las CCP de Sevilla y de la Asociación Andaluza por una Renta Básica
1 ARCARONS, Jordi y otros. Es el fin de un mundo: Necesitamos una renta básica de cuarentena. En Sin Permiso, 05/04/2020. Disponible en: https://www.sinpermiso.info/textos/es-el-fin-de-un-mundonecesitamos-una-renta-basica-de-cuarentena (Consulta 07/04/2020)

 

LOS NUEVOS PACTOS DEL COVID-19

Los nuevos pactos del COVID-19: Mínimos y máximos

Casi todos los medios de comunicación se hacen eco estos días de la nueva propuesta hecha por el Presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, de volver a consensuar unos Pactos entre todos los partidos del arco parlamentario, semejantes a los antiguos Pactos de la Moncloa, firmados el 25 de octubre de 1977, en plena Transición.
Me parece una propuesta muy oportuna, porque sería el momento de unirse ahora todas las fuerzas políticas parlamentarias, para editar de nuevo unos Pactos que nos ayuden a salir de esta crisis causada por el COVID19, de modo semejante a como los Partidos de entonces intentaron salir de la crisis del petroleo y de la dictadura franquista.  De acuerdo, pero como dice Ortega, habría que mirar las circunstancias.
Como se sabe, los Pactos de la Moncloa se firmaron por iniciativa de Adolfo Suárez, a instancias de los técnicos económicos de su gobierno: Enrique Fuentes Quintana y Luis Ángel Rojo, al comprobar la enorme inflación del 30 % que arrastraba la economía española, tras el agotamiento de los anteriores Planes de Desarrollo y el alza del petroleo  en el año 1973, Suárez llamó a Santiago Carillo, líder del PCE, para proponerle firmar dichos Pactos.  Y lo hizo, a pesar de que solo había obtenido el 10 % de los votos en las anteriores elecciones de junio de ese año, pero tras él estaba la potente central sindical de CCOO, legalizada en el mes de abril del mismo año. Y, porque sobre las espaldas de los trabajadores, iban recaer los aspectos económicos duros del Plan, redactados por Fuentes Quintana. Efectivamente, los trabajadores tendrían que aceptar un límite del incremento de salarios del 22%; una pérdida de ocho puntos de poder adquisitivo para atajar el crecimiento galopante de la inflación y  la introducción del despido libre para un máximo del cinco por ciento de las plantillas. Carillo aceptó firmar este Pactos, a pesar de la oposición de un sector de las CCOO, que le acusaron de traidor a la clase obrera, a cambio del fortalecimiento de los derechos sindicales, redactados con la participación de Ramón Tamames, miembro del PCE y que serían la base del futuro Estatuto de los Trabajadores del año 1980. También lo firmaron el resto de partidos, excepto la Alianza Popular de Fraga, en sus aspectos políticos, el líder empresarial Ferrer Salat y la CNT.
Pues bien, hoy las relaciones políticas son diversas. Si entonces era la derecha quien gobernaba España, hoy es la izquierda quien legítimamente gobierna la nación, en circunstancias también adversas. Si entonces la izquierda tuvo que ceder y aceptar, especialmente los trabajadores, el mayor peso de las medidas económicas de aquellos Pactos, en beneficio de la entera sociedad, hoy le toca aceptar a la derecha medidas sociales que vayan a favor de la mayoría social de nuestro país. En vista de ello, nos parece conveniente que, en los nuevos Pactos que yo denominaría PACTOS DEL COVID19, existan unos mínimos y unos máximos.
Y lo hago, siguiendo la invitación de la ministra portavoz, Maria Jesús Montero, que en la rueda de prensa de los martes, invitaba a todos los partidos, organizaciones sociales e, incluso, a particulares, a manifestar una opinión sobre este tema. Por ello, me atrevo a proponer que en estos PACTOS DEL COVID19, se incluyan unos elementos MÍNIMOS y se tienda a unos MÁXIMOS.
1º) Los puntos MÍNIMOS deberían ser:
a) La subida del SMI por encima de los 1000 €.

  1. b) Que los Presupuestos de Sanidad, Educación, Dependencia, Jubilación, e Investigación,  se actualicen debidamente en un 10% y, posteriormente se blinden en la Constitución, para que no puedan disminuirse ni recortarse.
  2. c) Que hasta fin de año, no se paguen los alquileres de los pisos propiedad por los fondos buitre.
  3. d) Que desaparezcan las subvenciones públicas a la enseñanza concertada.
  4. e) Que todas las confesiones religiosas, particularmente la Iglesia católica, paguen el IBI de todas sus dependencias, no destinadas exclusivamente al culto religioso. Y ello, mientras se trata de anular, en diálogo con la S.Sede, los Acuerdos firmados en Enero del Año 1979.
  5. f) Que los Bancos devuelvan los 60 mil millones recibidos, para invertirlos en la implantación de una Renta Básica de cuarenta, según han propuesto los economistas de la Red de Renta Básica (1).
    Como elementos MÁXIMOS, creo que se debe tender a materializar en la práctica los postulados del art. 128 de nuestra Constitución. Según ello:
    a) Se deben nacionalizar las Empresas de energía: ENDESA y REPSOL; la empresa de ferrocarril RENFE  y de telecomunicaciones TELEFÓNICA .
  6. b)  Crear una Banca Pública, partiendo de BANKIA.
  7. c) Nacionalizar el complejo farmacéutico español, hoy imprescindible para una Sanidad pública.
  8. d) Realizar una efectiva Reforma Agraria en el campo español.
    A mi parecer,  teniendo en cuenta estos puntos y otros que puedan desarrollarse, los nuevos PACTOS DEL COVID19 ayudarían a solventar muchos problemas que el mismo coronavirus está causando y causará en el futuro en nuestra sociedad.
    Antonio Moreno de la Fuente. Miembro  de  las CCP de Andalucía y de la  Asociación Andaluza por una RBU

Sevilla, 09 de abril de 2020