Discípulos misioneros

Discípulos misioneros: la vida que se desató en Aparecida

 El gran eje de Aparecida es “para que tengan vida”. El “para qué” indica la finalidad, que es una oferta de vida plena. La palabra “vida” aparece 631 veces en el documento y eso le da un tono marcadamente positivo.sta vida se comunica a través de cauces, que son los “discípulos misioneros”. La ausencia de la “y” es una originalidad de Aparecida, para mostrar que no son dos realidades yuxtapuestas sino inseparables y compenetradas. No se es discípulo sin ser misionero y no se es misionero sin ser discípulo.

En la invitación a la misión se quiere mostrar que una vida digna y feliz no se realiza en el aislamiento individualista. Uno de los grandes peligros de la época en que vivimos es que cada uno se encierre en su mundo privado. Así no es posible una vida digna, ni la solidaridad, ni la amistad, ni la preocupación por los pobres, ni el compromiso ciudadano. El documento recuerda que una ley de la vida es que ella crece en la medida en que se comunica. Por eso es ineludible ser misioneros.

A partir de esta  convicción se quiere promover una actividad misionera mucho más intensa, para llegar especialmente a los que están abandonados. Consiste en buscar una mayor cercanía con todos. No se trata solo de predicar. Un periodista lo hará particularmente buscando la verdad y promoviendo valores, un político lo hará buscando sinceramente y con sacrificio el bien común, un docente lo hará con su misión de ayudar a crecer a sus alumnos. Pero siempre estará el intento de comunicar de alguna manera el primer anuncio: hay un Dios que te ama infinitamente, Cristo dio su vida por ti y está vivo para compartir tu camino y tu lucha.

El documento es muy radical en este punto de la misión, porque pide que todas las estructuras de la Iglesia se reformen de manera que sean más misioneras, que estén más al servicio de esta vida digna y plena de la gente. También reclama que se abandonen todas las estructuras caducas que no sirvan a esta finalidad. Este punto fue claramente asumido y relanzado por Francisco en Evangelii gaudium, aunque tuvo escasa respuesta.

Otro tono

Pero solo podemos ofrecer un mejor servicio misionero si somos realmente discípulos de Jesucristo. Este acento en el discipulado le da a la tarea misionera otro tono, otro color que le agrega atractivo. Porque no es lo mismo alguien que proclama una verdad creyendo que es un dueño de la sabiduría, que alguien que se considera humilde discípulo, necesitado del Maestro, que aprende de él todos los días, que necesita volver a escucharlo, volver a imitarlo.

Al mismo tiempo, un corazón de discípulo sabe que también tiene que aprender de los demás. Por eso fomenta el diálogo con los diferentes, se deja cambiar los esquemas, se deja enriquecer por los otros. Así se quiere remarcar que todos somos discípulos (el Papa, los empresarios, cada ama de casa, etc.) y que siempre somos discípulos, hasta la muerte.

15 años de Aparecida

La conmoción que brotó de Aparecida: 15 años desafiados hasta hoy

En el aniversario de la histórica Conferencia del Episcopado Latinoamericano, los participantes reafirman su compromiso “para que el mundo crea”

“Quédate con los pobres y humildes, los indígenas y afroamericanos que no siempre han encontrado espacios para expresar la riqueza de su cultura y la sabiduría de su identidad”. Así expresaba su plegaria el entonces papa Benedicto XVI durante la apertura de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en el Santuario de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida (Brasil) el 13 de mayo de 2007.


Han pasado 15 años y vale la pena preguntarse desde diversos ángulos: ¿Qué es Aparecida? ¿Una fuerte conmoción? ¿Una Iglesia no apta para tibios? ¿Una Iglesia desinstalada? ¿Un nuevo pentecostés para el continente? ¿Compromiso “para que el mundo crea”? Misión Celam ha buscado respuestas con algunos de sus protagonistas, entre ellos, el cardenal Álvaro Leonel Ramazzini, obispo de Huehuetenango (Guatemala).

Según explica, en 1992 “habíamos celebrado la IV Conferencia en Santo Domingo, habíamos celebrado el Sínodo de América (1997) y parecía que nuestras reflexiones y compromisos habían caído en muchos sectores de la Iglesia como compromisos que no lograban los objetivos planteados”; al mismo tiempo “la situación de América Latina y el Caribe mostraba una serie de problemas que ponían en entredicho el modo de vivir la fe y lograr que el compromiso cristiano fuera tal que transformara”. La conclusión lógica era: “por qué no se lograba pasar de una práctica religiosa muy piadosa a un compromiso que cambiara estructuras”.

Desde Panamá, en la diócesis de David, provincia de Chiriquí, su titular, el cardenal José Luis Lacunza prefiere ser prudente antes de dar una definición, pues cree que Aparecida “fue todo eso y mucho más. Como nos mostró el papa Francisco en Evangelii gaudium, Aparecida dio y sigue dando materia suficiente para una puesta al día de la Iglesia según la propuesta del Concilio Vaticano II. El hecho de que el Papa no quisiera convocar una nueva Conferencia General del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), sino una Asamblea Eclesial para revisar y reponer Aparecida, lo explica todo”.

En espíritu que se concretó en un documento

Por su parte, Emilio Aranguren, obispo de Holguín (Cuba), y Andrés Stanovnik, arzobispo de Corrientes (Argentina), coinciden en que Aparecida “es un nuevo Pentecostés para el continente”. Para el prelado cubano, actual presidente de la Conferencia de Obispos de Cuba, es “un nuevo Pentecostés desde Alaska hasta la Tierra de Fuego, en consonancia con  el Sínodo de América, celebrado en diciembre de 1997”, mientras que su par argentino recuerda que en el documento conclusivo se hace referencia “a la experiencia de Pentecostés al menos seis veces de un modo explícito”.

El cardenal Jorge Mario Bergoglio fue el coordinador de la comisión que redactó el documento final y a la postre se convertiría en el sucesor de Benedicto XVI. Al respecto, Aranguren echa mano de algunos antecedentes: “Novo Millennio Ineunte –6 de enero de 2001– viene a ser (así lo he leído) el testamento pastoral de san Juan Pablo II que, a su vez, coincidió en nuestro continente con la exhortación postsinodal Ecclesia in America que el mismo Papa había entregado en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en enero de 1999. En ese espíritu, se celebró la 29ª Asamblea General del Celam en Tuparendá, Paraguay, en el 2003. Fue Karol Wojtyla quien aprobó la V Conferencia General y, posteriormente, Benedicto XVI la ratificó y señaló la sede y el lema, al que le añadió el “para que los pueblos en Él tengan vida”. Por tanto, asevera el obispo cubano, Aparecida –el antes y el durante, especialmente– incidieron en el cardenal Bergoglio, a quien correspondió servir como ‘facilitador’ para lograr la común-unión tan necesaria que reinó allí. Tal como lo vivimos, en primer lugar, fue ‘un espíritu’ que, posteriormente, se concretó en un documento”.

Tareas pendientes

La América Latina y el Caribe de hoy dista mucho de aquella del 2007 sin duda. Las migraciones, la violencia y la pobreza han aumentado vertiginosamente. Por ello, el cardenal Ramazzini apunta que el mayor desafío de la Iglesia del continente, desde Aparecida y hasta el actual Sínodo de la sinodalidad, “es lograr que estos procesos sean no solamente conocidos, sino asimilados y encarnados en los planes pastorales de las diócesis, vicariatos y prelaturas”.

Hace un mea culpa: “Muchísimos católicos a 15 años no conocen ni siquiera la existencia del documento conclusivo. Esto es grave y denota la incompetencia de nosotros, pastores, obispos y sacerdotes de ser los mejores propagandistas de dicho documento. Se cumple el dicho: no se ama lo que no se conoce. Además, aunque se buscó utilizar un vocabulario sencillo y muy comprensible, el documento ha necesitado explicaciones que desarrollen sus afirmaciones”.

El purpurado apela a varios ejemplos: “Nos declaramos en estado permanente de misión desde Aparecida, pero ¿hemos sido coherentes con esa decisión? Tengo la impresión que no”. En resumen, “espero no ser exagerado, en lugar de hablar de desafíos pendientes, que pueden ser particularizados para cada circunscripción eclesiástica en el continente y en el Caribe, el gran desafío es lograr que el documento conclusivo de Aparecida sea conocido, asimilado y encarnado en las acciones pastorales de cada Iglesia particular. El documento nos presenta una serie de desafíos, es verdad, pero si no los conocemos, ¿qué acciones podremos tomar?”.

Ser sal, luz y levadura

Aranguren apela al “encuentro con Jesucristo”, para que “marque realmente una identidad en quien vive el proceso de la iniciación cristiana”. Por tanto, añade que “la oración, el lugar de la Palabra de Dios, el compromiso comunitario en la base (familia, parroquia, ámbito social) debe buscar por todos los medios que la fe y el proceso de evangelización no se ideologice”. En este sentido, “la Iglesia –integrada por discípulos misioneros– está llamada a ofrecer al mundo su propia impronta y, por ende, no tiene por qué copiar lenguajes, metodologías o estrategias, sino vivir y ofrecer en lo cotidiano la vida en Cristo: ser sal, luz y levadura”.

En tanto, el arzobispo de Corrientes sostiene que “todos los cambios de mentalidad, reformas y reestructuraciones vienen desde la base”. Entonces, para que “tanto el proceso sinodal como la reforma de la Curia realicen un proceso transformador, es necesaria la formación de la mente y del corazón, en especial de los principales animadores de la pastoral: sacerdotes y obispos, con capacidad de escucha, de acogida y de valentía para cambiar las estructuras, en un discernimiento conjunto con los laicos y consagrados”.

Mosaico de voces

160 obispos participaron en Aparecida, mientras que 100 personas entre religiosos, religiosas, laicos, laicas y hasta participantes de otros credos fueron invitados. Es el caso del sacerdote Ignacio Madera, Patricia Escudero y Luis Jensen (matrimonio) y el pastor evangélico Harold Segura. También algunas voces como la de la teóloga Olga Consuelo Vélez, han reflexionado sobre Aparecida.

“Superar el clericalismo”

En este entonces, Madera era presidente de la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR). El presbítero afirma que “la vida religiosa ha tenido un fuerte desarrollo en búsqueda de lo que Aparecida planteó. Hoy está tratando de responder al llamado de la sinodalidad y a la llamada a la escucha como la posibilidad de construir un modelo de Iglesia circular, como el Concilio Vaticano II quiso proponerlo y como las Conferencias latinoamericanas han buscado”. Madera hace un llamado a los pastores: superar el clericalismo, porque “es la cara mayor que ha impedido que Aparecida logre esa conmoción y esa misión permanente”.

“No hay que desanimarse”

Escudero y Jasen recuerdan Aparecida mientras arrullan a su nieta recién nacida. El matrimonio chileno perteneciente al Instituto de Familias de Schoenstatt: “En el Mensaje Final nos encontramos con un texto que refleja el proceso y señala las líneas a futuro. No hay que desanimarse, creemos que se hicieron esfuerzos. Hemos participado en seminarios, congresos, intercambios testimoniales, experiencias pastorales y misioneras. Seguimos en camino, pero los desafíos son grandes y además dinámicos. En 15 años ha cambiado nuestra cultura, entorno y expectativas, especialmente las de los jóvenes”, y “frente a cada desafío hay preguntas y propuestas, como lo hemos constatado en el proceso de la Asamblea Eclesial Latinoamericana, es parte de nuestro caminar como Iglesia con la mano en el pulso del tiempo y el oído en el corazón de Dios”.

“Seguir impulsando la misión”

Para Vélez, Aparecida fue “un esfuerzo valioso para retomar el camino liberador del magisterio latinoamericano, emprendido en Medellín y Puebla”. Ahora bien, duda que sea posible “poner en práctica Aparecida después de 15 años”, porque “los documentos eclesiales tienen recepción o no la tienen y eso no se impone. Creo que el clero no lo asumió verdaderamente y mucho laicado no se enteró de tal acontecimiento, pero creo que sí hay que seguir impulsando la dimensión misionera de la Iglesia, la opción por los pobres como intrínseca a la fe cristológica, el método latinoamericano, los rostros que se describen en el documento y la religiosidad popular como verdadera espiritualidad”, indica la teóloga.

“Queda pendiente la unidad”

Segura, bautista colombiano radicado en Costa Rica, fue uno de los cuatro pastores evangélicos invitados. Acota que “debe tenerse en cuenta que, más allá del contraste entre lo prometido y lo logrado, han pasado 15 años en los que nuestro continente experimentó cambios muy profundos en su estructura social, política, cultural y religiosa. América Latina y el Caribe no son la misma del 2007 ¡Y ni qué decir después de estos últimos años de pandemia! De todas maneras, queda pendiente el desafío de la unidad, aunque hemos avanzado”.

Muchos análisis se pueden hacer a modo de balance y perspectivas. Aparecida ha significado el mayor aporte de América Latina y el Caribe en un tiempo en el que “la Iglesia necesita una fuerte conmoción que le impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y la tibieza, al margen del sufrimiento de los pobres del continente” (DAp 362).

La piedad popular vuelve a las calles

LEONARDO SÁNCHEZ ACEVEDO

El teólogo argentino Carlos María Galli, partiendo del ‘Documento de Aparecida’ (DA) –resultante de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en 2007 en tierras brasileñas–, recuerda que “en el ambiente de secularización que viven nuestros pueblos, la espiritualidad popular sigue siendo ‘una poderosa confesión del Dios vivo que actúa en la historia y un canal de transmisión de la fe’ (DA 264). Ella debe ser recreada como una forma activa de la nueva pastoral misionera y un canal de comunicación cotidiana de la fe (…) que reconoce el potencial misionero de todo el pueblo bautizado como protagonista de la misión”.


Este 2022 se cumplen once años de la JMJ de Madrid. Los que asistimos pudimos vivir un Viernes Santo en el caluroso agosto madrileño en torno a un viacrucis que pasó a la historia eclesial de España y de toda la Iglesia. Ese momento fue todo un espaldarazo en línea con la Asamblea de Aparecida. En Madrid, junto a miles de jóvenes, pudimos vivir la contemplación de las imágenes sagradas más representativas de nuestra Semana Santa. Fue toda una manifestación de la religiosidad popular de España y la confirmación, en el marco de un encuentro mundial de jóvenes, de la importancia de la fe vivida y expresada en la piedad popular y su necesaria inclusión en la pastoral.

Volver a ver las colas para venerar el primer viernes del mes de marzo al Cristo de Medinaceli de Madrid ha sido un regalo cargado de esperanza y de invitación a la oración por la paz. Hay que establecer aquí un hilo conductor entre las imágenes del Papa orando en la tarde del 27 de marzo de 2020 frente al Cristo milagroso de San Marcelo, que salvó a la ciudad de Roma de la ‘Gran Peste’ de 1522, y ante la Virgen, ‘Salus Populi Romani’, de la Basílica de Santa María la Mayor, a la que reza y lleva flores tanto a la ida como a la vuelta de cada uno de sus viajes. Y unir ambas escenas con la oración de consagración de Ucrania y Rusia al Inmaculado Corazón de María del pasado 25 de marzo. Todas estas imágenes nos ofrecen una comprensión de la importancia de la piedad popular en la vida de la Iglesia.

Lugar teológico

Es necesario partir de puntos claves en el recorrido magisterial que nos ayuden a comprender esta vuelta a la calle de la piedad popular en Semana Santa. El pasado 26 de marzo celebramos en Sevilla el Encuentro Diocesano del Sínodo, al que acudieron miembros de comunidades parroquiales, asociaciones, hermandades y otras entidades vinculadas al mundo educativo, cultural y social de la archidiócesis hispalense. En esta reunión, entre los testimonios de laicos, salió precisamente a relucir la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, que se celebró en el santuario de Nuestra Señora de Aparecida, patrona de Brasil. Se recordó que fue en esta asamblea eclesial donde la piedad popular fue reconocida como lugar teológico.

Ya decía Benedicto XVI, reivindicando estos puntos fuertes de la religiosidad popular, que son expresión de una síntesis entre sus culturas y la fe cristiana que los misioneros les ofrecían: en esa religiosidad aparece el alma de los pueblos, como el amor a Cristo sufriente, el amor del Señor presente en la Eucaristía, el Dios cercano a los pobres y a los que sufren, la profunda devoción a la Virgen, a los santos y a la gran familia de Dios que es la Iglesia universal.

Todas estas expresiones forman el gran mosaico de la religiosidad popular, un precioso tesoro de la Iglesia que –como dijo el Papa– se debe protegerpromover y, en lo que fuera necesario, también purificar. Además, Benedicto XVI invitaba a los jóvenes en Aparecida a fortalecerse en la fe desde esta piedad popular, recordándoles que “su vocación consiste en ser amigos de Cristo, sus discípulos, centinelas de la mañana”.

La cultura de los sencillos

Y con el papa Francisco, en su exhortación apostólica ‘Evangelii gaudium’ (EG), se reafirmó ‘La fuerza evangelizadora de la piedad popular’ (EG 122-126), reconociendo que “se trata de una verdadera ‘espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos’. No está vacía de contenidos, sino que los descubre y expresa más por la vía simbólica que por el uso de la razón instrumental, y en el acto de fe se acentúa más el ‘credere in Deum’ que el ‘credere Deum’.

Es ‘una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia, y una forma de ser misioneros’; conlleva la gracia de la misionariedad, del salir de sí y del peregrinar: ‘El caminar juntos hacia los santuarios y el participar en otras manifestaciones de la piedad popular, también llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador’. ¡No coartemos ni pretendamos controlar esa fuerza misionera!” (EG 124).

El papa Francisco invita a reconocer, con la mirada del Buen Pastor, la vida teologal presente en la piedad de los pueblos cristianos, y especialmente en sus pobres: “Pienso en la fe firme de esas madres al pie del lecho del hijo enfermo que se aferran a un rosario aunque no sepan hilvanar las proposiciones del Credo, o en tanta carga de esperanza derramada en una vela que se enciende en un humilde hogar para pedir ayuda a María, o en esas miradas de amor entrañable al Cristo crucificado. Quien ama al santo Pueblo fiel de Dios no puede ver estas acciones solo como una búsqueda natural de la divinidad. Son la manifestación de una vida teologal animada por la acción del Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones (cf. Rom 5, 5)” (EG 125).

Fuerza evangelizadora

Esta piedad popular, por tanto, no puede ser menospreciada y debe formar parte de una cuidada atención pastoral, sobre todo cuando vemos el atractivo que posee para muchos jóvenes. El papa Francisco nos anima a tomar en consideración la fuerza activamente evangelizadora que subyace en la piedad popular, a fortalecerla y alentarla “para profundizar el proceso de inculturación, que es una realidad nunca acabada. Las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un ‘lugar teológico’ al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangelización” (EG 126).

¿Ha sido este tiempo de pandemia un “parón” calamitoso para hermandades y cofradías? ¿Ha servido este tiempo para “purificar” la piedad popular de ‘adherencias’ perjudiciales para la fe? ¿O simplemente, llevados por cierta ansiedad, se retomarán las procesiones como si nada hubiera pasado? (…)


Índice del Pliego

El reconocimiento magisterial de la piedad popular como lugar teológico

La piedad popular en tiempos de pandemia: purificación, parón, regeneración, oportunidad y lanzamiento

Una constelación de testimonios para vivir la próxima Semana Santa y transitar por un renovado testimonio público de la fe

La normalidad es retomar la calle y no perder “los detalles”

Se ha derribado el mito de que “las cofradías solo existen para salir a la calle”

Viviremos “una nueva normalidad” de profunda espiritualidad

La Semana Santa sigue y la fe debe seguir

El regreso de las catequesis en la calle

La pandemia ha sacado lo mejor de las hermandades y su darse a conocer

Entrevista con Rodrigo Guerra

La Asamblea Eclesial para América Latina: una oportunidad para hacer camino rumbo a 2031-2033 

El secretario de la Comisión Pontificia para América Latina, Rodrigo Guerra, conversó con Vida Nueva acerca del significado de este acontecimiento eclesial inédito

La Asamblea Eclesial para América Latina y el Caribe inició este 21 de noviembre de 2021 en la Ciudad de México. Asambleístas presenciales y virtuales representan una sinfonía de voces plurales de toda la región que buscan reactivar “Aparecida” y proyectar “Evangelii gaudium”. Vida Nueva conversó con Rodrigo Guerra, secretario de la Comisión Pontificia para América Latina sobre el significado de este acontecimiento eclesial inédito. 

PREGUNTA.- ¿Qué es la Asamblea Eclesial para América Latina y el Caribe? 

RESPUESTA.- Creo que es una oportunidad que Dios nos da a los miembros de la Iglesia de América Latina para reaprender a escuchar, y para hacer de este gesto un método permanente en la vida cristiana y en el discernimiento social y pastoral. La Asamblea es una experiencia eclesial novedosa pero sostenida en algo muy antiguo y entrañable: escuchar la voz de Dios. Escuchar a Dios que no habla tanto en el ruido, en los altavoces, sino en el silencio interior, en el corazón, en la herida íntima, y en la objetividad del hermano, sobre todo cuando es pobre y marginado. Todo lo demás que se pueda decir de la Asamblea, gravita sobre esta breve pero potente afirmación: escuchar la voz de Dios ahí donde se manifieste, sin prejuicio. 

P.- ¿Cómo distinguir la voz de Dios de otras voces? ¿Cómo no caer en una sociologización de la “voz de Dios”? 

R.- Primero, es preciso recordar que “bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”. La presencia de Dios puede percibirse cuando se escucha con corazón recto, limpio, eclesial, a todo el pueblo y no sólo a un sector. Cuando la escucha se da al interior de la fe, con contacto íntimo con la Palabra de Dios, y no como quien lee el resultado de una encuesta. Esto quiere decir que la voz de Dios se hace oír cuando de corazón se vive la experiencia cristiana en comunión

“La Asamblea, un aporte que enriquecerá nuestro camino” 

P.- ¿Qué busca la Asamblea Eclesial para América Latina y el Caribe? 

R.- Para el papa Francisco, el principal desafío que la Asamblea Eclesial debe de atender es cómo reactivar “Aparecida” y cómo impulsar a fondo “Evangelii gaudium”. La Asamblea no busca ser una VI Conferencia General, un parlamento democratoide o un laboratorio de teologías por interesantes que sean. La Asamblea debe preguntarse con toda seriedad: ¿por qué algunos temas señalados en “Aparecida” no lograron volverse acción sostenida? ¿cómo debemos ser y hacer para que “Evangelii gaudium” sea un método verdadero para el camino cristiano? ¿Por qué la misión continental de la que hablábamos en 2007 no se convirtió en un estilo general para toda nuestra Iglesia? 

P.- ¿Qué aportes traerá la realización de esta Asamblea para la Iglesia en Latinoamérica? 

R.- A nivel de contenidos más vale esperar a que el ‘pueblo santo de Dios’ se exprese. No hay que adelantar vísperas. En mi opinión, hay que tener paciencia y escuchar a todas las sensibilidades. A todas. Sin embargo, a nivel de ‘método’ sí se puede decir algo: la Asamblea es un aporte que enriquecerá nuestro camino para una vida más sinodal, más comunional, más verdaderamente eclesial. La Asamblea es un ensayo de sinodalidad elemental en momentos en que todos requerimos mayor apertura y mayor hondura, al momento de afrontar el reto de la nueva diversidad y de la nueva complejidad emergentes. Insisto: mayor apertura, para que no existan temas ‘tabú’. Mayor hondura para no intentar resolver con “lugares comunes” o “modas convencionales” las cosas que es preciso atender y entender. 

P.- ¿Cuáles son los puntos principales de Aparecida a los que se les debe dar continuidad? 

R.- ‘Aparecida’ tiene una enorme riqueza. Sería largo hacer un elenco completo de temas y asuntos pendientes o poco desarrollados en la práctica. Lo más importante, sin embargo, se encuentra expresado en los números 11 y 12 del documento. Es necesario más que nunca recomenzar desde Cristo y evitar toda reducción moralista, sea conservadora, sea liberal. La misión de la Iglesia se aletarga, cada vez que la enfermedad del moralismo reaparece. Lo único que dinamiza fuerte y de manera sostenida es redescubrir la frescura y la libertad de Jesús. 

“Rutas nuevas para repensar, desde los últimos” 

P.- ¿Cómo evitar el moralismo? ¿Cómo lograr que el encuentro con la persona de Jesús dinamice nuestra vida personal y nuestra acción social y eclesial? 

R.- El moralismo es una forma de voluntarismo pelagiano. Consiste en creer que los valores salvan. La única manera de quebrarlo por la mitad es recuperar la conciencia sobre la gratuidad del don, sobre la primacía de la gracia, y sobre la primacía de la iniciativa de Dios en nuestras vidas. Esto quiere decir, entre otras cosas, volver a valorar el modo cómo Dios nos “primereo” en América Latina a través de Santa María de Guadalupe. Ella supera cualquier planteamiento ideológico: su encuentro con San Juan Diego nos muestra por un lado la iniciativa providente de Dios; la necesidad de sinodalidad cuando contemplamos a un indígena marginal que va a darle la “buena noticia” al obispo; y, la respuesta del obispo y de incontables fieles que agradecen el anuncio radical e inculturado del evangelio realizado por María. Así María de Guadalupe puede purificar los excesos de nuestras ideas preconcebidas. 

P.- ¿Puede explicar más esta última idea? 

R.- Afirmar la comunión sin sinodalidad puede prestarse a rigideces y acartonamientos indeseables. Defender la sinodalidad sin comunión puede derivar en un asambleísmo que oculte lógicas de poder en lugar de deseos de aprender del otro. El acontecimiento guadalupano nos educa en un sano protagonismo del pueblo de Dios a través de San Juan Diego, que movido por el Espíritu, termina ayudando al mismísimo obispo a que descubra un nuevo horizonte. Esta dinámica, además, no culmina en una historietita para niños sino que da lugar a un pueblo nuevo, sociológicamente identificable. Da lugar al mestizaje y a una sensibilidad barroca novedosa, creativa y que entraña el proyecto de “construir la casita sagrada”, es decir, hacer de toda nuestra región un espacio de libertad para creer y para formular nuevos caminos de desarrollo y liberación integral para nuestros pueblos. En Guadalupe tenemos, por ello, algo más que una devoción para la vida privada. 

P.- El Papa en su mensaje a la Asamblea Eclesial nos ha hablado de que la Asamblea eclesial se encuentra en el horizonte del Jubileo Guadalupano de 2031 y del Jubileo de la Redención 2033, ¿qué significa esto? 

R.- Los años 2031-2033 son fechas providenciales que vislumbramos para el futuro próximo. El V Centenario del Acontecimiento Guadalupano de alguna manera prepara el Jubileo de la Redención. Ambas celebraciones nos impulsan a hacer un camino. Un camino en el que las confrontaciones cedan ante la capacidad de diálogo. Un camino que busque deliberadamente encontrar una síntesis superior antes que una guerra en la que gane el más fuerte. En otras palabras, un camino para aprender a “caminar juntos”. La Asamblea eclesial puede ser un primer gran paso en esta dirección si realmente atendemos a las indicaciones del papa Francisco: no desaprovechar la oportunidad de escucharnos y entender que la Asamblea puede ser expresión del “desborde” del amor creativo de Dios. 

P.- En algunas ocasiones usted ha señalado la necesidad de que el clericalismo acabe. ¿Está también este tema dentro de las preocupaciones de la Asamblea eclesial? 

R.- El moralismo y el clericalismo son dos de las causas que más inhiben el sentido misional y que fortalecen el nacimiento de grupitos, de actitudes sectarias, de eclesiolas gnósticas al interior de la Iglesia. El clericalismo es un vicio profundo que aparece y reaparece en gestos, actitudes y pequeños o grandes detalles de sacerdotes y de laicos. Moralismo y clericalismo son caldo de cultivo para atmósferas de “puros”, de “cátaros”, que creen que la agenda cristiana esencial son las batallas culturales reaccionarias. ‘Aparecida’ y ‘Evangelii gaudium’ son como la “carta magna” de la evangelización auténtica, consciente del “cambio de época” y de afirmar valientemente que la fe antes que combate es anuncio de una misericordia infinita que exalta la dignidad de toda persona y abre rutas nuevas para repensar, desde los últimos, los grandes desafíos sociales, económicos, políticos y culturales de nuestro tiempo 

Lo que dice Aparecida de las CEBs

José Marins, (2007)

5. 2. 3. COMUNIDADES ECLESIALES DE BASE Y PEQUEÑAS COMUNIDADES (178-189)
1. Las CEBs son escuelas de formación:
a. de cristianos comprometidos con su fe;
b. de discípulos misioneros
2. Miembros de las CEBs han dado el testimonio de una entrega generosa hasta derramar su sangre (mártires)
3. Ellas retoman la experiencia de las Primeras Comunidades Cristianas (Hechos 2,42-47).

4. Son célula inicial de estructuración eclesial; focos de fe y de evangelización
5. Llevan el Pueblo a la Palabra de Dios;
6. Llevan al compromiso social en nombre del Evangelio;
7. Hacen surgir nuevos servicios laicales;
8. Educan los adultos en la fe
9. Las CEBs tienen espiritualidad y comunión eclesial, fundamentadas en la Palabra de Dios y en las
orientaciones de sus pastores

10. Son misioneras evangelizando los más sencillos y alejados
11. Son expresión visible de la opción preferencial por los pobres.
12. Son fuente y semilla de vida a través de múltiples servicios y ministerios en la sociedad y en la Iglesia
13. Son signo de vitalidad en la Iglesia Particular
14. Pueden contribuir para revitalizar las parroquias (como comunidad de comunidades)
15. Como los demás miembros e instituciones eclesiales cuidarán del tesoro de la Tradición y del Magisterio.

16. Buscan que la Eucaristía sea el centro de su vida y la Palabra de Dios el faro de su camino y actuación.

EN SINTESIS

1. Las CEBs perseveran (resisten a las crisis y no están decadentes), porque:
o Florecen n. 99e
o Manifiestan frutos del Espíritu y de comunión n. 307
o Han sido fieles hasta el martirio n.178
2. Las CEBs renacen porque:
§ Viven la Palabra de Dios n. 178
§ El compromiso social n. 178
§ Despiertan nuevos ministerios en la sociedad y en la Iglesia n. 178
§ Son misioneras n. 179
§ Eucarísticas n. 180
§ Espiritualidad y comunión eclesial n. 179

3. Las CEBs sorprenden porque:
Ø Retoman la experiencia de las primeras comunidades cristianas n. 178
Ø Fieles a la Tradición y al Magisterio n. 179
Ø Optan por los pobres n. 179
Ø Son escuelas de formación (n. 178). Educan los adultos en la fe (n.178). Preparan discípulos y misioneros para la nueva evangelización (n. 307)
Ø Revitalizan tanto las parroquias (n. 179) como la Iglesia Particular (n. 179)
Ø Válido punto de partida para la Misión Continental (4ª redacción n. 195)