El simbolismo histórico-teológico del 666

Indagando en la Biblia 666. El libro del Apocalipsis

Puede ser una imagen de 2 personas, gafas y texto que dice "IB INDAGANDO EN LA BIBLIA Investigación Bíblica Independiente EL LIBRO DEL APOCALIPSIS PROFESOR XABIER PIKAZA HORARIO: DOMINGO 29 DE MAYO 8:00 AM de Ecuador, Colombia, Perú, México P.R 9:00 AM de Bolivia, Chile, Venezuela República Dominicana 10:00 de Argentina 16:00 de España ENTREVISTADOR: TADOR: ALONSO NARANJO TE ESPERAMOS!!! EN NUESTRAS REDES YouTube facebook"

Me atrevo a presentar nuestra conversasión sobre el Apocalipsis,  en canal de you-tube Indagando en la Biblia. Entre otros temas de los que trataremos está el del simbolismo histórico-teológico del 666, expuesto básicamente en mi comentario al Apocalipsis. Gracias al Prof. A. Naranjo por la entrevista.

Por| X. Pikaza

Tengo el privilegio de comentarles que este Domingo 29 de Mayo del presente año tendremos un invitado que nos honrará con su visita a nuestro canal de YouTube, «Indagando en la Biblia»; en esta ocasión nos acompañará el Profesor Xabier Pikaza quien nos hablará sobre el Libro del Apocalipsis.

No tengo que presentar las credenciales del profesor ya que él es muy conocido pero en este caso no puedo pasar por desapercibida la oportunidad para hablarles de su amplia trayectoria.

El Profesor Xabier Pikaza es un Teólogo español de gran envergadura; Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca; Doctor en Filosofía por la Universidad de Santo Tomás de Roma, con una tesis sobre Exégesis y filosofía en R. Bultmann; Licenciado y candidato a Doctor en Sagrada Escritura por el Instituto Bíblico de Roma, entre otras credenciales.

Les comento también que el profesor Xabier Pikaza es muy conocido por sus obras y publicaciones, entre las cuales están:

●Los caminos adversos de Dios. Lectura de Job, San Pablo, Madrid 2020

●Ciudad Biblia. Una guía para adentrarse, perderse y encontrarse en los libros bíblicos, Verbo Divino, Estella 2019

●Palabras originarias para entender a Jesús, (Xabier Pikaza y Vicente Haya), San Pablo, Madrid 2018

●Evangelio de Mateo. De Jesús a la Iglesia, Verbo Divino, Estella 2017

●La familia en la Biblia, Verbo Divino, Estella 2014

●Historia de Jesús, Verbo Divino, Estella 2013

●Teodicea. Itinerarios del hombre a Dios, Sígueme, Salamanca 2013

●Evangelio de Marcos. La Buena Noticia de Jesús, Verbo Divino, Estella 2012

●Diccionario de pensadores cristianos, Verbo Divino, Estella 2010 

No se lo pierdan.

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666. El número del Apocalipsis:

Muchas veces, en la Biblia, los números tienen un valor simbólico vinculado al orden de la creación, en la perspectiva del tiempo (siete días, siete astros), del espacio (cuatro puntos cardinales) y de la organización social (doce tribus…).

Especial importancia recibe el seis, relacionado con las obras de Dios y los días de trabajo de la semana, trascendidas en el sábado, que está más allá de todo número (el siete es de Dios). En ese sentido, humanamente hablando, los judíos sólo cuentan hasta seis, pues todas las cosas de este mundo son seis. El siete pertenece a Dios. Por eso, no se junta con los seis anteriores, que son números humanos.

Una parte considerable de la especulación de los libros apocalípticos judíos (como los libros de Daniel, 1 Henoc y Jubileos) y en especial de algunos textos de Qumrán está relacionada con cálculos numéricos y fijación de tiempos sagrados. En el Nuevo Testamento el libro que más ha insistido en los números ha sido el Apocalipsis. Este es el sentido de alguno de sus números:

Uno. Significa excelencia y autoridad y puede aplicarse a Dios (que Es, Era y Viene: Ap 1, 4.8) y a Cristo (Primero y último..: Ap 1, 17; 2, 8; 22, 13).

DosImplica cooperación, tanto positiva (en los profetas: Ap 11, 1-13) como negativa (en las bestias: Ap 13, 1-18).

Tres y medio(= mitad de siete) es el tiempo que pasa, momento breve de persecución de los fieles. Partiendo de cálculos tomados de Dan 7, 25; 12, 7, Juan lo identifica con un tiempo (=año), dos tiempos y medio tiempo: los 42 meses o 1260 días simbólicos de la crisis final (Ap 11, 9-13; 12, 14).

Cuatro. Es el mundo perfecto y peligroso: cuatro son los Vivientes del cielo (4, 6.8; 5, 6 etc.), los caballos destructores de la historia (6, 1-8), los elementos cósmicos (8, 7-12; 16, 1-9), los ángulos del mundo con sus ángeles y vientos (7, 1-3; cf. 9, 14-15; 20, 8), lo mismo que los cuernos del altar (cf. 9, 13) y los ángulos o muros de la Ciudad nueva (21, 16).

Seis. Es la imperfección del mundo (del hombre) que, oponiéndose al siete de Dios y su Mesías, acaba encerrándose a sí mismo, en violencia destructora. Es el número de la Bestia: 6.6.6 (Ap 13, 18) y del 6º emperador, que ahora reina (tras los cinco pasados), siendo incapaz de permanecer, pues no puede hacerse siete (cf. 17, 10-11).

SieteEs la plenitud divina que se expresa en los espíritus (Ap 1, 4; 3, 1; 4, 5; 5, 6), ángeles (1, 20; 8, 2. 6), candelabros (1, 12.20; 2, 1), astros (1, 16.20; 2, 1), iglesias (1, 4.11.20) y en los cuernos y ojos del Cordero, que reflejan su poder (5, 6). Siete son también los acontecimientos finales que marcan el juicio de Dios sobre el mundo: los sellos (5, 1.5; 6, 1), las trompetas (8, 2.6), los truenos (10, 3.4) y las copas destructoras (15, 1.6.7).

Hay también un siete negativo que se expresa en las cabezas del Dragón y de la Bestia (12, 2; 13, 1; 17, 3.7), en las colinas (de Roma) que forman el asiento de la Prostituta, en los reyes perversos de la historia (17, 9) y, sobre todo, en el 7º emperador, que permanece poco tiempo…, pues un siete humano es siempre perversión, es idolatría. Cuando este emperador desaparezca volverá como octavo uno de los anteriores, pero Cristo lo destruirá (17, 10-11).

Diez. Es número del poder perverso: los cuernos de Dragón y Bestia (13, 3; 13, 1; 17, 3.7), los reyes de la tierra (17, 12.16) y los días de prueba que Daniel y compañeros han de padecer porque no aceptan la comida impura del imperio (2, 10). Se opone probablemente al doce de la perfección israelita y cristiana.

Doce. Número perfecto de los cielos, como muestran las estrellas de la corona de la Mujer (12, 1), y de la historia mesiánica, que se expresa por los hijos de Israel y los apóstoles del Cristo, vinculados a los ángeles de Dios y a los cimientos y puertas de la Jerusalén perfecta (21, 12-14), con sus medidas y piedras preciosas (21, 16.21). Desde ese fondo han de entenderse sus múltiplos: los 24 Ancianos (dos por doce) que forman la corte de Dios (4, 4) y los 144.000 triunfadores (doce mil por doce mil) del Monte Sión (14, 1; cf. 7, 4).

Mil. Es signo de una gran multitud (millares de millares forman la muchedumbre incontable de los ángeles 5, 11). Se emplea de un modo especial para indicar el milenio: los años del tiempo del reino de los elegidos; frente al breve tres y medio de la persecución se eleva el mil de gloria de los elegidos (20, 2-7).

Seis, seis, seis. Sentido básico del número

Desde lo anterior se puede interpretar mejor el Número de la Bestia, que es un número muy concreto, vinculado a la vida económica del imperio, a la injusticia de los ricos. Así se dice que el Falso Profeta, que es la propaganda (filosofía, religiones, medios de comunicación), que se pone al servicio de la primera Bestia, 

«hizo también que todos, grande y pequeños, ricos y pobres, libres y esclavos llevasen grabada una marca en la mano derecha o en la frente. Y sólo quien llevaba grabado el nombre de la bestia o la cifra de su nombre podía comprar o vender. Aquí se debe aplicar la sabiduría. Quien se sienta inteligente pruebe a descifrar el Número de la Bestia, que es Número humano: seis, seis, seis» (Ap 13, 16-18).

Éste es el texto básico, que sigue haciéndonos pensar y sufrir. La identidad de la Bestia y el posible sentido cifrado de su número (6-6-6) ha sido y es tema apasionante de estudio y adivinación para estudiosos y curiosos (especialmente para curiosos). Como veremos, en su origen debía ser (y es) un número bastante fácil de entender para los cristianos de las siete iglesias a las que va dirigido el Apocalipsis (cf. Ap 2-3). El conocimiento de ese número servía para mantener el compromiso cristiano; no era objeto de erudición abstracta, sino de experiencia de cada día.

Ese número de la Bestia no podía aludir a una cualidad interior, o a un pecado espiritual, pues va asociado a comprar y vender, en ámbito social y económico. No aludía tampoco a un acontecimiento o suceso imprevisible que no se puede evitar, vinculado con la magia o las apariciones astrales, sino que pertenece a la vida social y está relacionado con el dinero (comprar y vender), pues aquellos que no llevaban la marca de la Bestia (el seis.seis.seis) no podían comerciar, ni enriquecerse, ni formar parte de la sociedad dominadora de los favorecidos por el poder romano (cf. Ap 13, 17). La cosa es muy sencilla: el mismo dinero injusto, el comercio de aquellos que se aprovechan del Sistema Romano para comprar y vender y enriquecerse a costa a los pobres, es el Seis-Seis-Seis. Según eso, los que han vendido su alma al sistema romano llevan el signo la Bestia. En el fondo, eso es lo mismo que dice Mt 6, 24 par: la Mamona es Satán objetivado.

Ésta es la paradoja. Buscamos el número como si fuera algo externo, con grandes adivinaciones y teorías esotéricas o mágicas, como si aquel que supiera descifrar el número pudiera resolver problemas superiores. Pues bien, el Apocalipsis dice todo lo contrario: aunque no quieran advertirlo ni confesarlo, todos los que “compran y venden” y se enriquecen a costa de los pobres llevan el número en la mano o en la frente, como si fuera su carné de identidad, su pasaporte. Los otros, los que no pueden conseguir ese número (o no quieren llevarlo, por honradez y opción cristiana) están condenados a ser unos parias, sin derechos, sin oportunidades, como los fieles de la iglesia del Apocalipsis.

Entendido así, ese número indica dinero y todo aquello que se puede comprar por dinero: es la marca completa de aquellos que asumen el sistema del imperio. Los fieles de Jesús conocen el número, no quieren llevarlo, porque es número de opresión. Ésta es la realidad que está al fondo del tema: el Falso Profeta (2ª Bestia) ofrece la marca de la Primera Bestia a los privilegiados de la sociedad, para que puedan comprar y vender, para bien común del imperio (no de sus pobres). En esa línea ha de entenderse el 6-6-6, el número más simple, más vulgar de este mundo malo: el número de los que se aprovechan del sistema y viven a costa de los otros.

Recordemos que el imperio romano quiso presentarse como primera sociedad global, capaz de ofrecer cauces de comunicación entre tribus, pueblos, lenguas y naciones (cf. Ap 13, 7). Aparecía así como milagro de convivencia, ámbito de paz para los hombres. No era una Nación-estado, sino el Estado-imperio donde cabían todas las naciones, cada una con su propia identidad y diferencias. Ese fue su “milagro”, aquello que nunca se había conseguido sobre el mundo, de tal forma que muchos veneraron a Roma como Diosa, como revelación de Dios en la historia.

Por eso, su Número y signo debía ser la eternidad: la Roma Eterna, sentada en el trono de las grandes aguas (cf. Ap 17, 3). Pues bien, en contra de esa divinización resisten y protestan los cristianos, en contra de ella se eleva el Apocalipsis, mostrando a través de este Número que, en el fondo, Roma no es más un signo de impotencia y muerte, un número incapaz de ofrecer plenitud y salvación a los hombres. Los romanos se creían enviados por Dios (por los dioses) para fundar y expandir su orden divino sobre el mundo, de manera que ellos deberían ser 7-7-7 (como los astros del cielo, como la semana sagrada, como Dios). Pues bien, en contra de eso, los cristianos saben que el número de Roma es un simple 6-6-6, el número de una criatura mala, que quiere divinizarse oprimiendo a los demás, pero que terminará destruyéndose muy pronto.

¿Hay más secretos? Descifrar el Número

La identidad básica del número de la Bestia (seis.seis.seis) es la que acabamos de indicar: es un número de injusticia y muerte. En sentido estricto, nuestro argumento podría terminar aquí. Pero, con el mismo libro del Apocalipsis y con la tradición posterior podemos dar un paso más.

Es muy probable que el mismo autor del libro y sus oyentes y lectores más antiguos hayan querido jugar con ese número, de un modo humorista, en voz baja, para así consolarse: éste no es un número para meter miedo, sino todo lo contrario, para quitar el miedo. Es un número para decir a los cristianos y a los pobres: no os preocupéis, ese mismo emperador que parece divino, ese mismo imperio que se cree Dios, no son más que simples criaturas impotentes, condenadas a la muerte.

Desde ese fondo, la cuestión de la identidad más concreta del Número (666, 6-6-6), aplicado al nombre de algún emperador, resulta secundaria. Lo importante era lo anterior: el seis.seis.seis es la expresión de la impotencia del imperio divinizado. Pues bien, partiendo de eso, muchos cristianos pudieron aplicar en voz baja ese número a alguno de los emperadores, alegrándose con ello, pues al identificar al imperio/emperador con ese número se estaba diciendo que tenía los días contados, que llegaba ya el tiempo de la liberación para los pobres.

Parece que en aquel tiempo podía interpretarse sin dificultad; más aún, es muy posible que pudiera aplicarse de diversas maneras, conforme a los métodos de gematría (cálculo de letras y número), común en aquel tiempo. Sin duda, su sentido está relacionado con la lista de reyes (emperadores) que, partiendo del modelo ofrecido por Dan 7, 25-27, el mismo autor del Apocalipsis ha esbozado más tarde en su libro (Ap 17, 11-14). Se trata de un Número que puede calcularse siguiendo varios modelos de gematría, como hacían entonces judíos y helenistas: cada número es una letra y viceversa, de manera que el conjunto puede descifrarse como código cifrado… La riqueza del tema (y para algunos el problema) empieza cuando se quiere dividir 666 (o 606, según otros manuscritos) en posibles cifras inferiores, utilizando, el alfabeto griego o hebreo (arameo) para calcular la suma o sentido de conjunto.

Las combinaciones y lecturas propuestas desde antiguo son variadas y no concordantes. Las más significativas son: Titán Latino, Nerón Cesar, Cayo (=Calígula) César… Pero ninguna ha logrado convencer a la comunidad de los sabios exegetas, lo cual significa que el secreto se ha perdido con el autor y con los destinatarios del libro… o que no había tal secreto, pues se dejaba a cada uno buscar aplicaciones, sabiendo todos que el seis.seis.seis es la expresión y anuncio de la caída de un tipo de imperio destructor, que eleva a los ricos-comerciantes por encima de los pobres y que mata a los inocentes. Un imperio así no puede persistir, ese imperio es un simple seis.seis.seis… y su representante puede ser Nerón, Calígula… o simplemente Roma, emperadores y ciudad condenada a la muerte, para bien de los pobres del mundo.

Es muy posible que el autor del Apocalipsis haya querido dejar abierto el tema del sentido concreto del Número. Sólo ha querido indicar que se trata de un signo y un Número que es puramente humano, finito. Recordemos de nuevo el sentido de algunos números. La plenitud es Cuatro (hay cuatro vivientes, vientos, elementos: Ap 4, 8; 7, 1; 20, 28); la revelación escatológica es Siete (hay siete espíritus, candelabros, astros): el número de prueba es Tres y medio (mitad de siete) con sus equivalentes (42 meses, 1260 días). Pues bien, el Número del imperio perverso (que parece divino, pero que tiene pies de barro, manchados de sangre: cf. Dan 2) es un seis repetido, que nunca llega a Siete, que nunca puede alcanzar la plenitud.

Por eso, cuando decimos seis.seis.seis… podemos seguir añadiendo números de “seis” hasta el infinito (la repetición triple del “seis” es indicación de algo que se puede seguir diciendo sin fin). Eso significa que Roma no es Cuatro (no es el cosmos entero), ni es Siete (no es Dios). Roma es un simple seis repetido, impotente, un “seis” que destruye a quienes se apoyan en su fuerza brutal pero inhumana, en si riqueza inmensa pero sangrienta. Éste es el Número de aquellos que ponen su seguridad en el Imperio, entregándole su libertad humana. Los cristianos más sencillos lo sabían y lo saben. Por el contrario, aquellos investigadores o curiosos que buscan con inmensa erudición el sentido más oculto de ese Número lo pueden estar repitiendo a lo largo de toda su vida, sin darse cuenta de pueden haber caído bajo el poder del 6-6-6, que es la impotencia y violencia de la finitud, que es la injusticia de la historia humana. Aquellos que se hacen ricos a costa del miedo del seis.seis.seis han caído en su trampa. Quienes quieren convertir el seis.seis.seis en objeto de magia o de cálculos curiosos pierden simplemente el tiempo.

Por eso, todos aquellos que, de un modo o de otro, quieren aplicar el seis.seis.seis un día concreto (como el seis de junio del 2006) van en contra de la Biblia cristiana. Pueden saciar una curiosidad, pero su gesto no tiene nada que ver con el evangelio del Apocalipsis de Juan.

Apocalipsis y Reino

Vendrá el Hijo del hombre: Apocalipsis y Reino; Karma y Yoga  

El ciclo litúrgico 2021 culmina este domingo y el próximo con el “anuncio” del Hijo del Hombre y su Reino.   

El sol se apagará, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad… No pasará esta generación antes que todo eso se cumpla (Mc 13, 24-32). 

Estas palabras son un compendio de la oración como apertura al futuro de Dios (¡venga tu Reino!) y de la acción humana como preparación marcada por el pan compartido (¡pan nuestro de cada día!) y el perdón (¡perdónanos como perdonamos!). 

Al lado de ese Apocalipsis y Futuro cristiano, la tradición casi constante de Oriente (expresada por el hinduismo) presenta la vida como Karma (Samsara) y Yoga (liberación del tiempo). 

En vez de presentar hoy la “cara” del Apocalipsis-Futuro cristiano, presentaré la “cruz” o “anverso” hindú: La vida como iluminación de la supra-vida, más allá del tiempo y de la acción humana.  | X Pikaza Ibarrondo 

El hinduismo tiene un carácter monista: identifica toda realidad con el Uno. Por eso decimos que es pan-hénico (en griego: todo es uno) y tiene un rasgo místico (la religión se concibe como integración del ser humano en el misterio de la totalidad sagrada).De esa forma añadimos que es advaita: No hay verdadera “dualidad”; cada ser humano se descubre integrado en el “todo”; cada vida es así todas las vidas, siendo una misma (ella misma). 

 Rompiendo la barrera de su individualidad, llegando al manantial donde emerge su auténtico sí mismo (Atmán), el humano se descubre identificado en y con el todo (Brahman), tanto en clave diacrónica (en su alma desemboca el alma o vida de miles de vidas anteriores) como sincrónica (el individuo es el Todo abarcador universal, divino, no una parte entre otrs). Infinitas veces repetida, configurada en mil maneras, esta experiencia de identificación con la totalidad constituye el sustrato radical de la religiosidad hindú. 

 La finalidad, la esencia más honda,  de la experiencia religiosa no consiste en esperar la revelación de una palabra que nos viene desde fuera, ni en dialogar con un sujeto divino transcendente, ni en comunicarse con otros seres humano, ni en esperar la llegada (apocalipsis) del Mesías, sino en liberar la vida interna del humano esclavizado, llevándola a un estado de transcendencia donde el alma se engolfa en el (lo)  absoluto. Los caminos que ha tomado esta mística pan-hénica, de unificación transcendente, sonvariados, diferentes las fórmulas que emplea, pero la meta es siempre semejante: hacer que el alma, sierva en un cosmos de sufrimiento repetido y constante dispersión o muerte, penetre en su morada original que es lo divino.  Especulación religiosa y mística intimista se han unido: En su profundidad el Atmán es lo Brahmán; tal es la confesión de fe hinduista. Ése es el camino de del Atmán en cada ser humano; ese es el despliegue o revelación (avatara) de Brahmán en cada individuo. 

Mi Atmán, que está en el interior de mi corazón, es más pequeño que un grano de arroz, que un grano de cebada,     que un grano de mostaza… Mi Atmán, que está en el interior de mi corazón, es más grande que la tierra, más grande que la atmósfera, más grande que el cielo, más grande que los mundos. 

Mi Atmán, de quien son todas las actividades, todos los deseos  todos los colores, todos los sabores, que abarca todo, silencioso, indiferente… mi Atmán, que está en el interior de mi corazón, es Brahmán. Al dejar este mundo penetraré en é      (Chandogya-upanishad 3,            Lo divino puede recibir formas personales, como Shiva y Vishnú que son para muchísimos creyentes la expresión más alta y perfecta del misterio. Pero en el fondo de sí mismo, lo divino se despliega de manera impersonal, como gran Brahmán: Todo en que vivimos­ o nos introducimos cuando superamos el nivel de las conexiones exteriores que nos atan a un mundo de pura apariencia. Lo divino puede expandirse y multipli­carse también en múltiples figuras de dioses protectores y demonios, de personas o símbolos antiguos, que aparecen así como avataras, transparencia humana del misterio sagrado. 

DIOS INTERIOR, LA RUEDA DE LA VIDA: SAMSARA, KARMA, DHARMA, MOKSA 

            Las religiones monoteístas ponen a Dios en el principio de su búsqueda y experiencia, y esperan su venida, esto es, su revelación plena, que para los cristianos se identifica con la venida del Hijo del Hombre, esto es, de la nueva humanidad. Por eso piden a Dios diciendo “venga tu reino”. Para los hindúes, en cambio, la pregunta por Dios como tal resulta secundaria y su “venida al fin del tiempo” no se entiende como fin (meta) de la historia humana, sino como desvelamiento de su realidad. 

Ellos (los hindúes) se han fijado de manera preferente en la condición humana, que consideran sagrada. Más que la existencia o no existencia de un Dios o unos dioses (siempre discutible) valoran el sufrimiento y esclavitud, la liberación y plenitud del ser humano. Por eso, en el fondo, podemos afirmar que el hinduismo es un humanismosagrado

Ciertamente, en un sentido, para los hindúes, el hombre es divino en cuanto forma parte de una realidad sagrada que lo engloba todo; es divino por hallarse inmerso en un gran proceso cósmico donde, de un modo general, pueden distinguirse cuatro momentos, que forman los artículos de fe o, mejor dicho, los presupuestos de toda su experiencia. Pero en otro sentido podemos afirmar que el hombre hindú se siente totalmente humano, porque lo humano y lo divino son inseparables. Los hindúes pueden discutir de todo, pero su visión del hombre implica siempre estos principios: 

Samsara, un mundo de apariencia que gira sin cesar. El hombre se halla inmerso en el ciclo de existencias que giran, sin principio ni meta, sin sentido ni salida. Esta es la rueda del destino, que Nietzsche destacó en Europa hace más de un siglo y que entendió como experiencia de liberación para los hombres y mujeres que, en otro tiempo, habían querido evadirse, buscando una eternidad de tipo espiritual (platónico), por encima del destino. 

Pues bien, los hindúes hicieron la experiencia contraria: ellos partieron del eterno retorno (entendido como destino o samsara, proceso incesante de reencarnaciones) para descubrir la novedad del hombre (que debe superar el eterno retorno).Por eso, ellos aceptan en un plano ese eterno incesante de violencia, pero en otro quieren superarlo, por la liberación final (de la que trata el momento 4º de este esquema). Por ahora, en este primer momento, los hombres nos hallamos encerrados en la rueda de una vida donde todo nace y muere para renacer (reencarnaciones). A ese nivel no se puede hablar de creación estrictamente dicha: no hay un Dios consciente y personal sobre el destino. 

Miradas las cosas desde un fondo religioso, resulta secundario distinguir si este samsara tiene en sí una realidad objetiva (material o espiritual) o si es una apariencia (velo de mentira, maya). Sea como fuere, a ese nivel, la vida humana está vida hecha de muerte. En el fondo, el mayor y único pecado del hombre es el haber nacido en este mundo. Pero ese pecado es también su mayor oportunidad, pues le permite iniciar un camino de liberación de la muerte. 

Karma,una ley de vinculación universal. La ciencia de occidente ha estudiado con toda precisión las leyes que relacionan los fenómenos externos objetivos (físicos y químicos, económicos y políticos, psicológicos y sociales). Pues bien, los hindúes vienen estudiando desde hace casi tres mil años las leyes de la existencia interior, es decir, del alma.  

Las vidas no se mueven (no empiezan ni terminan) de manera caprichosa o arbitraria, sino que existe una ley universal llamada karma que todo lo vincula, una causalidad psicológica (¿espiritual?) que explica y condiciona todos procesos de la realidad profunda. 

En este sentido podemos afirmar que el hinduismo es la más racionalista de las religiones porque quiere explicar las condiciones y circunstancias de la vida humana: a su juicio, ninguna acción resulta estéril, ninguna pasa sin dejar consecuencias; ningún acontecimiento o condición vital (riqueza, salud, sexo) carece de razones. Todo lo que existe y lo que es (lo que sufre o se realiza) está determinado por la trayectoria pasada de la vida que sigue desplegándose por ellos, a través de un proceso de reencarnaciones en el que existimos. 

No nacemos de la nada, ni del capricho de un posible Dios externo, sino del mismo proceso de la vida, conforme a una ley muy precisa de causalidad biológica, psíquica y espiritual. Por eso, lo que ha de ser en el futuro está determinado por aquello que ahora somos y hacemos. No hay pues nada irracional, ni influjo de dioses o diablos externos, que puedan salvarnos o condenarnos desde fuera. Somos parte del proceso de la vida sagrada. En ella estamos sumidos. Sólo en ella podemos y debemos liberarnos. 

Dharma, conciencia o religión. Todo está inmerso en la ley del karma, pero sólo nosotros lo sabemos, de manera que tomamos conciencia de aquello que somos. Este es el milagro supremo: somos atmán o conciencia, de manera que podemos conocernos, conociendo lo divino que somos. Es como si un tipo de realidad originaria, que está más allá del nivel del karma, despertara en nosotros y empezara a descubrirse a sí mismo, sabiendo que es la Realidad eterna. 

En ese sentido, dharma significa conciencia y religión, es decir, aceptación de lo que somos y del lugar que ocupamos en la rueda del samsara, para superarlo. Dharma es la conciencia divina del hombre, su capacidad de saberse más allá del tiempo que todo lo destruye. Esta es la primera norma de conducta, el principio de toda moral religiosa: aceptar lo que somos, sabiendo que no hemos surgido de la nada, ni tampoco del puro azar o de un destino carente de sentido, pues en nosotros se expresan y concretan todos los procesos de existencia del pasado, conforme a la ley de las reencarnaciones. En nosotros se despierta y puede encontrarse a sí mismo, de un modo más hondo, lo divino. 

Moksa, camino y meta de liberación. El hinduismo es dialéctico: dice, por un lado, que estamos atados a la rueda del samsara (al karma de las reencarnaciones); pero añade que, aceptando y realizando nuestro dharma, podemos superar la angustia del destino, alcanzando así nuestra liberación, saliendo de la rueda de muertes sin fin, para introducirnos por siempre en en el Siempre la Vida sagrada y ya plena, en la Realidad en sí, más allá de los procesos, dolores y apariencias de este mundo perdido en el samsara. Moksa significa, en el fondo, salir del samsara: romper la rueda de la ley cósmica, superar el talión de las acciones. Llegamos de esa forma a la verdad de nuestra propia realidad en lo divino. 

             Los hindúes han discutido prácticamente de todo: unos parecen aceptar a un Dios trascendente, otros lo niegan o le quitan toda su importancia; unos hablan de un Dios personal, otros de muchos dioses y demonios; unos parecen hundidos en la magia, otros se elevan hacia espacios de meditación intelectual, más allá de magias y razones discursivas; 

 a unos les importa sólo la conciencia, otros parecen fijarse sobre todo en la conducta externa; unos son dualistas, otros monistas; unos acentúan la realidad del alma individual, otros la niegan etc. Pero todos ellos se vinculan en la confesión y dogma del samsara inicial y de la liberación final. Saben, por un lado, que el hombre se halla inmerso en un proceso de reencarnaciones; pero confiesan, a la vez, que puede y debe superar ese proceso, asumiendo su dharma, descubriendo su verdad superior y liberándose así del destino de muerte que es la vida sobre el mundo. 

HOMBRE INTERIOR. MEDITACIÓN Y YOGA

             El hinduismo clásico (de los siglos VII al II AEC) se expresa en unos textos sagrados llamados Upanishadas, que presentan la salvación en términos de ejercicio ascético o (y) búsqueda contemplativa. Normalmente, esa salvación se encuentra reservada a los brahmanes solitarios, que culminan su existencia en un gesto de profunda entrega religiosa. Ellos, varones de casta superior, han sido los portadores de la religión clásica de la India, que por eso se ha llamado a veces brahmanismo. Desde ese fondo podemos distinguir dos tipos de personas.                                                                                                                ‒ Los que están sometidos a las obligaciones del mundo. Son los miembros de las castas inferiores (y las mujeres), dominados por las necesidades del eterno retorno de la vida (trabajo, familia, ocupaciones sociales); así cumplen con su dharma, esperando la posibilidad de una reencarnación más alta. Continúan apegados a las cosas de este mundo; no se pueden liberar directamente, no ha llegado para ellos el momento de quebrar la cadena de vidas de la tierra (reencarnaciones).                                                                                                              ‒ Los liberados para liberarse. Normalmente, solo los miembros de la casta superior de los brahmanes tenían libertad, tiempo y condiciones para asumir el camino que puede llevarles a la liberación final. En principio son sólo varones de edad madura. Durante la primera mitad de su vida han cumplido los deberes de estado de ese mundo (trabajar, casarse, educar a los hijos); pero, realizada esa función, abandonan casa y posesiones, bienes y familia, para centrarse en el cultivo de su propia salvación, superando así la rueda de las reencarnaciones.   Los miembros de las castas inferiores (vaysas arios y, sobre todo, sudras y parias) y las mujeres deben organizar este mundo lo mejor posible, conforme a las propias normas estamentales (codificadas en la Ley de Manu, que ratifica las jerarquías sociales). Sólo los varones de las clases superiores (especialmente los brahmanes y, en algún sentido los ksatriyas) pueden buscar y trazar ya en el mundo el camino de liberación definitiva, en gesto más ascético o más contemplativo, según los casos: Sólo así, y sólo ellos, pueden romper ya desde ahora la cadena de re-encarnaciones, quebrando por dentro la estructura de este mundo viejo y habitando ya en un ámbito de moksa (más allá del samsara cósmico). Esta ruptura liberadora no puede interpretarse estrictamente como gracia de un “Dios exterior”, esto es, como don personal de un Dios personal, sino como revelación de la propia interioridad sagrada. Cada ser humano puede y debe liberarse por sí mismo de manera que la salvación es consecuencia de su misma acción, pero sabiendo que esa acción más alta es una dejación (des-acción), que le permite de superar el nivel del mundo viejo (de reencarnaciones).                                                                                                                         En ese sentido, en virtud de la paradoja que está al fondo de toda la experiencia religiosa, siendo activa, la liberación es también pasiva, gratuita: capacidad de vivir y moverse más allá de la ley, en la plenitud divina, acción ni reacción, sin ninguna forma de encadenamiento cósmico o social. Desde ese fondo se entienden los dos elementos (no momentos separados, ni sucesivos) del camino. 

‒ Hay una ascesis, vinculada a la propia acción del hombre que se esfuerza por superar el nivel de las necesidades cósmicas, a través de un control de sus deseos. El asceta quiere dominar sus ritmos vitales (alimento y pensamiento, respiración y deseos erótico etc), para volverse sobre el mundo un ser liberado. Ciertamente come y respira, pero lo hace sin estar atado a ello, viviendo desde un nivel más alto, donde todo es gratuidad y ya no existen necesidades ni leyes. Se encuentra inmerso en los ritmos de la tierra, pero ellos no le determinan ni definan. Nada quiere, en nada se detiene, nada le esclaviza. Es un liberado del samsara. 

‒ Hay una místicaque suele interpretarse como meditación, esto es, como presencia de la otra dimensión (del moksa) en los mismos cauces y momentos de esta vida. Los aspectos ascéticos anteriores son sólo preparatorios; lo que al hombre le desliga de la vida externa no es su esfuerzo, sino la negación del pensamiento. Por siglos y siglos, los hombres han ido creando y transmitiendo diversos universos mentales, vinculados a la gran cadena de reencarnaciones. Pues bien, esos universos les dominan y encadenan a la vida de la tierra. Por eso es necesario superar ese nivel (dejar de pensar, no desear), para que en el vacío de la mente y voluntad venga a expresarse el moksa, lo divino. 

             Ascesis y contemplación son dos aspectos de un mismo proceso de superación cósmica: a través de ellos, el hombre religioso llega a las raíces de su propio ser, allí donde la vida se transmuta en una Supra-vida: cesa la multiplicidad de las figuras, la lucha entre opuestos, la cadena de reencarnaciones. Queda la verdad del hombre en lo divino. En este contexto, la religión se identifica con un tipo de yoga, de ejercicio y experiencia de meditación, que consta de cuatro momentos:  

  1. Plano corporal. Hay posturas de meditación, que consisten en dejar que el cuerpo repose sobre sí mismo, sin estar forzado de ninguna manera. La posición más significativa es quizá la del “loto”: dejar al tronco en quietud, sobre sí mismo, liberándole de tensiones musculares, casi en actitud de feto cósmico, en unidad con todo lo que existe. 
  1. Plano de la respiración. El contacto primero y constante del hombre con el mundo es la respiración, de manera que se dice que morir es ex-pirar (dejar de mantenerse en simbiosis con el aire). Por eso, el segundo ejercicio del yoga es un respiración integrada y rítmica, desde el hondo del cuerpo, en tranquilidad total, sin ninguna excitación o violencia, que se expresa normalmente por la respiración. 
  1. Plano mental:superación del deseo y pensamiento. El hombre se encuentra atado al ciclo de la vida por sus pensamientos y deseos. Por eso, la forma suprema de victoria sobre el mundo es dejar de pensarlo y desearlo. La verdad del hombre no es algo que se hace o se piensa, algo que se proyecta y busca, porque todas esas experiencias y procesos nos siguen atando a los procesos de la vida en esta realidad, que es eterno retorno de muerte. Este ejercicio de superación es paradójico, pues no se puede realizar al modo humano (de este mundo), que sólo conoce pensamientos y deseos, sino que nos arranca de este mundo y nos sitúa en un nivel de realidad, en el que no pensamos (sino que el Absoluto nos piensa, es en nosotros, sin ideas ni representaciones). 
  1. Revelación de la Realidad más allá de toda realidad. Los momentos anteriores del yoga pertenecen al hombre y pueden (deben) planearse en ejercicio metódico de concentración. Pero el momento final ya no el del hombre como ser activo, sólo es posible como expresión de una Presencia superior, que se “apodera” del hombre, sin poseerle como demonio, sino liberándole de un “sí mismo egoísta”, para ser de esa manera él mismo, en lo divino. En ese sentido, hablando en perspectiva mundana, podemos afirmar que el yoguin (quien realiza el yoga) está ya fuera del mundo, más allá de las leyes del eterno retorno, en un nivel de Experiencia sin experiencia, de Totalidad sin totalidad, de Amor sin amores. 

 Mirado así desde el fondo de sí mismo, el contemplativo o yoguin ha superado las leyes cósmicas, pero, desde una perspectiva mundana, su ejercicio requiere cierto adiestramiento y tiempo, de manera que sólo pueden practicarlo de un modo consecuente los miembros de las castas liberadas, los brahmanes, después que han dejado las restantes tareas de la vida y se especializan de manera programada en ese ejercicio “noble”, elitista, de meditación trascendental. Suelen ser hombres maduros, que han realizado en su juventud muchos ejercicios de auto-control, que han cumplido los debemos de la vida cósmica (se han casado, han cuidado a los hijos, han visto a sus nietos…), de manera que pueden, al fin, liberarse totalmente, sin más tarea que la pura contemplación (que antiguamente se realizaba habitando en el bosque). Sólo ellos pueden cultivar de forma decidida esa mística de identificación orante, esa experiencia de unidad pan-hênica, es decir, de identificación con la realidad de lo divino, en la que todo es uno (pan-hên), superando las formas, figuras y deseos particulares del mundo y de la historia. 

Al romper las barreras de un tipo individualidad excluyente, llegando al manantial donde emerge su auténtico sí mismo (Atmán), los humanos superiores se descubren identificados con el Todo (Brahman), superando el paso de muerte del tiempo (en su alma desemboca el alma o vida de miles de vidas anteriores) y la ruptura que crea la distancia de unos con otros, de manera que cada uno es presencia y reflejo de todos, es presencia de la “divinidad”, sin dejar de ser él mismo, sino siéndolo del todo.. Infinitas veces repetida, configurada en mil maneras, esta experiencia de identificación con la totalidad constituye el sustrato radical de la religiosidad hindú. Ella no exige más riqueza que la inmersión de la vida particular en el Todo divino, ni más jerarquía que aquella que viene dada con la práctica personal de meditación. 

 A partir de aquí deberíamos volver a la oración cristiana, con su formulación «apocalíptica», histórica, de encuentro personal con Dios (Venga tu reino) y de compromiso por la historia (el pan de cada día dánosle hoy, perdona como perdonamos… Pero esa comparación pueda hacerla cada la lector. Yo la seguiré haciendo en el curso del Cites, del que seguiré informado en este portal de RD. 

El apocalipsis «ignorado» de la humanidad

La declaratoria de emergencia climática para la humanidad emitida por la Organización de las Naciones Unidas resume la exigencia de un cambio profundo del actual modelo de producción y consumo.

El informe de la Organización de las Naciones Unidas sobre el cambio climático no podría emitir una conclusión más clara: “No hay duda alguna de que la influencia humana ha calentado la atmósfera, el océano y la tierra”. Las fatídicas y alarmantes olas de calor, el incremento de la desertificación y las megasequías, la acidificación y aumento del nivel del mar, los cada vez más frecuentes incendios forestales en diversas regiones, la desglaciación continua, las destructoras tormentas tropicales e inundaciones que asolan varias regiones del planeta, sumados a las emisiones no controladas de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero afectando el aire que respiramos, son parte de las evidencias apocalípticas más notorias que demuestran cómo la humanidad está cavando su propia tumba al hacer caso omiso de lo que está ocurriendo a su alrededor, con lo que -de paso- condena a otras especies a su gradual y total extinción. 

Durante 2015, una gran porción de naciones suscribió el Acuerdo de París. Sin embargo, a esta fecha es poco lo logrado en los compromisos asumidos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La transición de los combustibles fósiles a las energías renovables que muchos movimientos ecológicos han planteado como una solución a la crisis climática se mantiene en agenda pero es saboteada, de una u otra manera, por las grandes corporaciones dedicadas a esta industria, influyendo en las decisiones de muchos gobiernos mientras que la opinión de sus súbditos apenas es tomada en cuenta (como ocurre con los pueblos campesinos y originarios que defienden sus territorios de la depredación capitalista). Lo que debiera fomentar -con sentido de urgencia- un debate obligado que trascienda el marco político y/o económico habitual para convertirse en soluciones concretas y factibles a corto, mediano y largo plazo. 

“Estamos hablando -nos dice Fernando Valladares, experto en cambio climático y doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid- de medidas difíciles de encajar por los políticos debido a su elevado coste electoral, por los ciudadanos por su notable esfuerzo de aplicación y por la economía porque supone, simple y llanamente, ponerlo todo patas arriba. Hay tecnología suficiente, pero el cuello de botella es su implementación real. No basta con tener soluciones tecnológicas, marcos jurídicos y estrategias políticas. Es imprescindible tener voluntad y capacidad de aplicar todo esto”.

No menos cierto es lo que, hablando del mismo tema, señala Silvia Ribeiro -Directora para América Latina de la organización internacional sin fines de lucro Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (conocido como Grupo ETC)-: “los datos muestran que el capitalismo como sistema y un centenar de sus empresas trasnacionales han logrado desequilibrar en tiempo récord el clima global que para estabilizarse se llevó millones de años de coevolución, con un calentamiento que podría llevar al planeta, en pocas décadas, a puntos de no retorno, lo cual nos afectará a todos, pero fundamentalmente a quienes menos recursos tienen para enfrentar la crisis».

La declaratoria de emergencia climática (o código rojo) para la humanidad emitida por la Organización de las Naciones Unidas resume la exigencia de un cambio profundo del actual modelo de producción y consumo (aunque suene utópico), lo que debiera iniciarse -en un corto tiempo- mediante la puesta en práctica de una diversidad de propuestas, experiencias y conocimientos que han demostrado su efectividad para revertir los efectos nefastos del apocalipsis que se cierne sobre la humanidad entera.

Hoy la gran tribulación se llama pandemia


La apocalíptica emplea expresiones muy vivas y, a veces, algo extrañas: números (¿144.000 sellados? ¿666 es el antiCristo?, etc.) Emplea igualmente símbolos de animales: la bestia, la serpiente; también cataclismos, fuego, etc.
31.10.2020 Tomás Muro Ugalde
1. Todos los Santos y Todos los difuntos.
Celebramos estos días (1 y 2 de noviembre) la fiesta de Todos los Santos y de Todos los difuntos. Como buenos cristianos podemos pensar que todos vivimos y morimos en la misericordia de Dios. Por tanto podemos también pensar que estos dos días: los Santos y los difuntos, son la misma fiesta.
apocalíptica
La primera lectura de hoy está tomada del libro del Apocalipsis, (que significa revelación).
La apocalíptica La apocalíptica es un género literario, es un modo, un estilo de pensar y escribir que los autores de la Biblia utilizan con frecuencia.
Cuando un creyente judío quería expresar su fe en algo extraordinario, que había ocurrido o que va a ocurrir, pero que escapa a nuestra historia y por tanto no lo puede palpar, entonces recurre a este estilo apocalíptico, algo tremendista, catastrófico, pero en todo caso metafórico y lleno de símbolos. La apocalíptica es un lenguaje que describe, pero no define.
A la muerte de Jesús: los cielos se oscurecieron, se hizo de noche, los sepulcros se abrieron, etc. Eso es apocalíptica. Nunca ocurrieron tales hechos, pero sirven para subrayar el hecho trágico de la muerte de Jesús.
La apocalíptica es un lenguaje que remite a realidades que únicamente podemos expresar con imágenes, metáforas, símbolos.
De ahí que, la apocalíptica emplee expresiones muy vivas y, a veces, algo extrañas: números (¿144.000 sellados? ¿666 es el antiCristo?, etc.) Emplea igualmente símbolos de animales: la bestia, la serpiente; también cataclismos, fuego, etc.
La apocalíptica cree que la solución y la salida (salvación) de la humanidad y de la historia no está tanto en el esfuerzo humano, aún ayudado por Dios, sino que la salvación está en una acción directa de Dios que intervendrá en la historia para concluirla. Nos puede extrañar, pero piensa así.
Por eso, la apocalíptica (y otros muchos textos bíblicos) no se pueden leer al pie de la letra. Lo que cuenta no es lo que dicen, sino lo que quieren decir tales textos.
El Apocalipsis es un libro de fe, no de historia ni de ciencia.
1. ¿A qué viene todo esto?
La humanidad está -estamos- atravesando una situación de pandemia, podríamos decir que apocalíptica. Millones de infectados, miles de muertos y una situación sociológica de angustia, incertidumbre en el presente y ante el futuro.
¿Quiénes son y de dónde vienen? Estos son los que vienen de la gran tribulación de los mil problemas de la vida y, en estos momentos, de la pandemia.
Hoy la muchedumbre inmensa que nadie puede contar es la humanidad bajo la amenaza de la enfermedad.
Probablemente somos las primeras generaciones que transmitimos a los más jóvenes, lo que nosotros no recibimos, porque nuestros mayores no tenían: tecnología, informática, consumismo, etc., pero, al mismo tiempo no somos capaces de transmitir lo que sí nos dieron nuestros mayores: la fe, el sentido de la vida, la esperanza, el horizonte… (Y lo que nos entregaron, hace al ser humano feliz, bienaventurado, mientras que lo que hoy transmitimos, no tanto)
Los políticos, las medidas sanitarias de la ciencia, la Universidad, la misma Jerarquía eclesiástica se quedan muy de tejas abajo ante esta situacion apocalíptica. Todo y solo se toman medidas sanitarias, por otra parte muy necesarias y quiera Dios que los científicos vayan encontrando soluciones. Pero
La cuestión no se reduce a si los bares han de cerrar a las 9 o a las 12, o si se puede salir de la propia autonomía, o si nos podemos juntar 6 ó 16.
Nadie enseña sensatamente al pueblo que hemos sido lavados, purificados por la redención de JesuCristo. Transmitamos con sensatez que somos hijos de Dios, (2ª lectura). No somos capaces de pronunciar y vivir con confianza lo que dice el salmo 56,2: me refugio a la sombra de tus alas mientras pasa la calamidad.
Es más llevadera la vida y la pandemia, la calamidad a la sombra del Señor.
1. Ser bienaventurados.
Las bienaventuranzas son como una llamada a vivir en la paz del Señor
No es lo mismo placer que felicidad. Se puede tener placer y no ser lo más mínimo feliz. Y se puede vivir situaciones no placenteras y ser serenamente feliz, bienaventurado.
En la vida nos sobrevendrán enfermedades, injusticias, valles oscuros. Sepamos vivir en paz y bienaventuranza.
El ser humano es una sed infinita, una esperanza de plenitud, pero la plenitud no está en nuestras manos. Sin embargo la sed nos habla del agua, el hambre de algún alimento. ¿La esperanza infinita no nos estará hablando de Dios?
Nuestro corazón está inquieto y solamente descansará cuando te encuentre, decía san Agustín.
Es de gran ayuda interior en plena pandemia vivir como dice el salmo:
Me refugio a la sombra de tus alas mientras pasa la calamidad. (Salmo 56,2)

El futuro ya llegó

Ya están aquí, me refiero a los cuatro jinetes del Apocalipsis: la peste, el hambre, la guerra y la muerte. En realidad estuvieron siempre; el Apocalipsis no era una profecía para el futuro sino un esquema permanente de la historia humana. La acción de esos cuatro azotes se manifestó  desigualmente según la época y el lugar. Concretamente en nuestra época, la peste (pandemia) y la muerte las estamos viendo muy activas en todo el mundo, el hambre es enorme en muchos sitios, y lo será más desde ahora, incluso en nuestro país, y la guerra, sabemos que existe en muchos lugares de nuestro planeta, y parece que hay peligro de que se extienda por las consecuencias que va a tener, sobre la producción alimentaria, la actual crisis. Los pueblos que no supieron o no quisieron compartir los bienes y recursos terrestres en épocas de abundancia, es impensable que lo hagan en época de escasez y penuria. Véase cómo está arruinando el proyecto de construcción de la Unión Europea la insolidaridad entre las naciones que la componen. De la insolidaridad entre las regiones españolas con diferente nivel económico, no es necesario hablar.

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Apocalipsis

José Arregi

 Covid-19. Un verdadero apocalipsis, el mayor jamás conocido por el Homo Sapiens en sus 300.000 años de historia. Digo “el mayor”, porque nunca hemos sido tantos y porque ningún fenómeno ha tenido tanto impacto global y mediático como este virus submicroscópico, tan pequeño que no se ve en los microscopios.
Pero cuando digo “apocalipsis” no lo entiendo en el sentido común de cataclismo, sino en el sentido propio del término griego: “revelación”. La apocalíptica es un talante espiritual y un género literario que estuvieron en boga entre judíos y cristianos en una época violenta y crítica (s. IV a.C. – s. II d. C.).

Su mejor exponente es el último libro de la Biblia cristiana llamado Apocalipsis, obra fascinante de un profeta cristiano místico y subversivo, escritor genial, durante la cruel persecución del emperador Domiciano, a finales del s. I. Abre los ojos, y ve en la tragedia signos reveladores de la liberación. Y llama a la esperanza, una esperanza paciente y activa, rebelde y pacífica.
Miro y abro los oídos y, del fondo de este panorama desolador, me llegan los ecos de tres mensajes: uno general y dos particulares.

El Ángel del Bien habla a todos los habitantes de la Tierra, a los últimos primero, y les dice: Nadie sabe, ni yo, qué será de vosotros, de vuestro país y de la humanidad entera dentro de unos meses. Entrad en vuestro interior y asumid, afrontad la incertidumbre humilde y serenamente. En vuestro confinamiento, más aislados y en comunión más profunda que nunca con toda la humanidad, mantened la calma, respirad en paz. Aprended a ser más felices con menos. Y cuidaos. Tan frágiles como sois y os sentís, venga lo que venga, el cuidado personal y mutuo, el cuidado de la Tierra, solo el cuidado, os salvará.

Y escuchad: “El momento decisivo está a las puertas”. En la pandemia se revela la salvación. Las palabras lo dicen: virus, en latín, significa “veneno”, y en el veneno se encuentra el antídoto. Virus significa también “jugo”. Podéis convertir el jugo venenoso en jugo saludable y sabroso de la vida, o podéis seguir segregando y difundiendo por el planeta vuestros propios venenos –el miedo, la codicia, la competición feroz, la prisa creciente–, mucho más nocivos para el planeta, para los más pobres primero y al final para todos. Podéis sacar lo mejor y lo peor del virus y de vosotros. O bien vuestra especie, tan maravillosa y contradictoria, colapsará del todo, víctima de sus emociones destructivas, o bien dará por fin, personal y colectivamente, un gran salto espiritual hacia una conciencia profunda, universal, ecológica, y entonces renacerá. En vuestras manos está desaparecer o renacer, dice a todos el Ángel de la Vida

Abro de nuevo los oídos y escucho. Habla Jesús, el justo condenado, el condenado vencedor, el crucificado viviente, el Mártir, el Testigo veraz de la Vida, y dice a sus “siete Iglesias”, a los dirigentes en primer lugar: Anunciad el Jubileo universal del descanso de todas las criaturas, el perdón universal de las deudas y la comunión de bienes. No os engañéis. Ni esta pandemia ni ninguna otra depende de un Dios Supremo ni de un Satanás maligno. Anunciad la esperanza y llamad a la responsabilidad, no a la confesión de los pecados.

Nunca me importó la culpa, sino la sanación. No organicéis exorcismos ni novenas a santos ni a mi madre, vuestra madre María. No os preguntéis “cómo Dios puede permitir esta pandemia y callar”, ni decretéis indulgencias plenarias ni recéis implorando misericordia, como si existiera un Dios que pudiera responder a tales preguntas y otorgar o negar la misericordia según su arbitrio. La Fuente de la Misericordia, el Espíritu de la Vida, la Llama creadora, habita en vuestras entrañas, en el fondo de vuestro corazón, en lo más hondo de la realidad. Dejad que brote y crezca, arda y hable, viva y recree una nueva humanidad.

Sigo mirando y oigo. Los “cuatro seres animados” –todos los vivientes y el cosmos entero– claman a los poderosos de la Tierra: Arrepentíos, reconoced vuestra responsabilidad y convertíos para el bien de todos y vuestro propio bien. No nos haréis creer que un virus es el problema más grave. El mayor problema es vuestra ambición de poder y de riqueza. Mirad su terrible señal: 9 millones de muertos de hambre al año. Escuchad su grito: vosotros poseéis la vacuna y la guardáis. Venceréis al virus, pero no venceréis a la Tierra que sois y que son también los virus. Venceos a vosotros mismos. Deponed las armas más asesinas: el miedo, la codicia, el poder. Detened este ritmo asfixiante de vida en nombre del desarrollo.

Acatad la justicia, la llamada de la humanidad y de la comunidad de los vivientes. Vuestra vieja economía, que data del Neolítico, de la máxima explotación y ganancia particular caiga quien caiga, os ha conducido a todos al abismo. Es la hora de un nuevo Génesis. La hora de empezar de nuevo, de reinventar otra economía del Bien Común, solidaria, cooperativa y ecológica. La hora de implantar una gobernanza mundial justa, democrática, tolerante, respetuosa de las diferencias. Convertíos y vivirá la comunidad de los humanos y de todos los vivientes, y también vosotros viviréis. Solo juntos salvaréis la vida, pues es una.

Veo un cielo nuevo y una tierra nueva, con un gran Arcoíris. La voz del Espíritu resuena del fondo de la Tierra y del Cosmos infinito: No temáis. Todos los muertos descansan en paz. Vivid en paz. Bebed gratis de la fuente del agua de la Vida. He aquí que hago nuevas todas las cosas. Que la Gracia y la Paz esté con todos. Ven, Maranatha