Mártires riojanos

La cruz de los Mártires, identidad de la diócesis de La Rioja

Hoy preside el oratorio de la parroquia El Salvador (Chamical) donde están las reliquias de los mártires

La diócesis de La Rioja está celebrando el mes de los mártires. Este domingo 17 la Iglesia recordó, en su liturgia, a los beatos riojanos, víctimas de la dictadura militar de aquel entonces. Por tal motivo, el isologo que identifica a diócesis de La Rioja tiene una cruz, la Cruz de los Mártires presente en cuanta alusión haya a la cruz del pueblo.

La historia de la Cruz

El 18 de julio de 1976 eran asesinados los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville. Los vecinos y las religiosas que vieron cuando se los llevaban, y el mismo obispo Enrique Angelelli  denunciaron el hecho y pidieron explicaciones a las autoridades.

Al otro día los cuerpos sin vida de ambos religiosos aparecieron tirados en la vía en el paraje Bajo de Lucas,  a 10 km al sur de Chamical. Los miembros de la congregación de los frailes capuchinos,  a la que pertenecía Murias, confeccionaron una cruz de algarrobo y la dejaron en ese lugar.

Lamentablemente, la llamada “cruz de los mártires” fue profanada por los militares, quienes al no poder quebrarla con los disparos de los fusiles, le colocaron un explosivo. Si bien la cruz voló por el aire, no se destruyó.

Signo de fe, memoria y resistencia

Esa cruz fue recuperada por la comunidad de la parroquia de Chamical, y preside el oratorio en el que se encuentran las reliquias de Carlos y Gabriel.

Cada año, desde el regreso de la democracia, los jóvenes peregrinan con ella durante 10 kilómetros como signo de fe, memoria, resistencia y pedido de justicia.

Asimismo, en Bajo de Lucas se construyó una ermita para la memoria del martirio del obispo Angelelli y sus compañeros.

Los mártires del Zenta

Argentina ya tiene dos nuevos beatos: los Mártires del Zenta

“Juntos se pusieron al servicio del Evangelio y fueron fieles hasta el derramamiento de la sangre”, destacó el cardenal Semeraro en la ceremonia de beatificación

Durante la mañana se celebró en San Ramón de la Nueva Orán (provincia de Salta) la beatificación de los sacerdotes Pedro Ortiz de Zárate y Juan Antonio Solinas sj, conocidos como los Mártires del Zenta.sorprendidos por miembros de unas tribus que los masacraron y los decapitaron, regando con su sangre el suelo salteño. 

Como es habitual, el obispo del lugar, Luis Scozzina ofm y la postuladora de la causa, hna. Isabel Fernández, pidieron al enviado papal, Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, que el Santo Padre sume a Ortiz de Zárate y Solinas como nuevos beatos de la Iglesia.

El papa Francisco, a través de la lectura de su carta apostólica, ratificó el pedido y declaró beatos a los Mártires del Zenta. Seguidamente, se descubrió la imagen de los nuevos beatificados mientras se entonaba un himno especialmente dedicado a los misioneros.

La primavera de la Iglesia

El cardenal prefecto, durante la homilía, destacó que la historia del martirio sufrido por estos dos nuevos beatos queda muy lejana en el tiempo y a nuestra sensibilidad por algunos detalles sangrientos, y aún hoy, “lamentablemente desde muchas partes de la tierra, nos llegan dolorosos testimonios”. Cuando se trata de hijos e hijas de la Iglesia, que son perseguidos y ejecutados por odio a la fe u otra virtud o por la justicia practicada por amor a Cristo, emerge una nueva clave de lectura, que Tertuliano bien expresó: «la sangre de los cristianos es una semilla».

Dijo también que la muerte del Santo de los santos, del Señor, es la primera semilla de la que ha germinado la Iglesia. “Esto es precisamente lo que hoy nosotros estamos celebrando, recordando el martirio de los beatos mártires Pedro Ortiz de Zárate y Juan Antonio Solinas: “estamos celebrando el florecer, la primavera de la Iglesia”.

Recordó las palabras del papa Francisco, en Gaudete et exsultateque señala que la cruz, sobre todo los cansancios y dolores que soportamos por vivir el mandamiento del amor y el camino de la justicia, es fuente de maduración y de santificación, y que concluye: “Aceptar cada día el camino del Evangelio, aunque nos traiga problemas, esto es santidad”.

Impulso misionero

Con respecto a los nuevos beatos, el prefecto remarcó algunos de los aspectos de su personalidad. Sobre el beato Pedro se dirá que fue un hombre para todas las épocas, es decir, testigo de Cristo en muchos estados de vida. Un testigo del proceso lo ha descrito como «buen político, buen marido y padre, y luego un excelente sacerdote, que conocía bien a los indios y los defendía, los bautizaba y cuidaba como cristianos» (Summarium Testium XVII, §129).

En cuanto al beato Juan Antonio, comentó que este hombre de Cerdeña, después de su ordenación sacerdotal en la compañía de Jesús, llegó a tierras de misión y se dedicó a la evangelización de los indios. Los testimonios destacan la generosa entrega a las necesidades, tanto espirituales como materiales, y la atención pastoral en favor de los españoles, que habitaban en aquellas tierras.

“Fue el impulso misionero el que los condujo hacia un encuentro mutuo. Juntos se pusieron al servicio del Evangelio y fueron fieles hasta el derramamiento de la sangre”, señaló Semeraro.

Asimismo, el cardenal destacó la íntima relación que existe entre el martirio y la Eucaristía, en palabras de San Agustín: “Por esto, cada vez que los mártires derraman su sangre por los hermanos, devuelven el don que ellos han recibido en la mesa del Señor”. Y aseguró que es de la Eucaristía que nace la fuerza para ser cristianos, para seguir siendo cristianos, para vivir como cristianos.

También reforzó la expresión “el pan de los fuertes” de san Carlos Borromeo, y mencionó que este pan: “para ellos las cuerdas, los grilletes, las cadenas en las manos, la prisión, el ayuno, el hambre eran más dulces que el panal y la miel… Fueron a la muerte con mayor diligencia de cuanto nosotros buscamos la vida. En cambio, cuánta debilidad cuando dejamos de tomar este alimento, qué dolencia, cuánta inseguridad”.

A modo de oración pidió a Dios, en el día de la beatificación de los mártires Pedro Ortiz de Zárate y Juan Antonio Solinas, en el que se celebra la Santa Eucaristía, que sostenga a la Iglesia con la fuerza del alimento que no perece para perseverar en la fe y en amor y llegar a contemplar el resplandor de su rostro.

Agradecimientos

Antes de la bendición final, el superior provincial de los jesuitas, Rafael Velasco sj leyó una carta del superior general Arturo Sosa Abascal sj, quien reforzó el testimonio de los mártires y sus compañeros que entregaron su vida por la misión.

Por su parte, el obispo de Orán, Luis Scozzina agradeció las visitas del cardenal Semeraro, del nuncio apostólico Miroslaw Adamczyk, del cardenal Mario Poli, arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina, Oscar Ojea, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y de una treintena de obispos presentes en la celebración.

Tuvo palabras de consideración para quienes iniciaron la causa de canonización, el obispo Gerardo Sueldo y el p. Diego Calvisi, ambos fallecidos, y agradeció el trabajo silencioso de la postuladora, sus colaboradores y la participación en la fase romana del obispo José María Arancibia.

Agradeció a las autoridades del gobierno provincial de Salta y de la municipalidad de Pichanal, a quienes les dijo: “tendrán que seguir con la camiseta de los mártires”. También destacó la labor de las fuerzas de seguridad, del servicio sanitario, de los voluntarios y de las familias por la acogida a los visitantes.

Finalmente, Scozzina aseguró: “Esto es posible porque el pueblo fiel de Dios instituye a los Mártires. Desde hace más de 30 años, los fieles de las comunidades de Pichanal y de Colonia, sostuvieron con su peregrinación, creyeron y ya encontraron muchas gracias. Mañana proclamaremos ese lugar como santuario diocesano de los Mártires del Zenta“.

La fecha litúrgica de los nuevos beatos será el día de su martirio: el 27 de octubre.

45º Aniversario del martirio de Angelelli

un obispo mártir de la Iglesia asesinado por la dictadura argentina

El 4 de agosto de 1976, monseñor Angelelli era asesinado a manos de efectivos del Tercer Cuerpo de Ejército, comandado por el genocida Mario Benjamín Menéndez, que fraguaron su muerte simulando un accidente

En reconocimiento a su prédica y martirio, el papa Francisco dispuso dos años atrás su beatificación

Con un estilo franco, llano y directo, el religioso vinculó desde los comienzos su tarea pastoral con los sectores más humildes de la provincia

Su popularidad era tan grande entre los humildes, que sus misas dominicales desde la catedral de la capital riojana eran transmitidas por radio para toda la provincia

Por Leonardo Castillo, Telam

(Télam).- El obispo de La Rioja Enrique Angelelli decidió hace 45 años que la opción por los pobres y el compromiso con la defensa de las víctimas valían más que su propia vida, en un país inerme ante el terrorismo de Estado y la represión ilegal que por entonces perpetraba la dictadura cívico militar que gobernaba Argentina.


El 4 de agosto de 1976, monseñor Angelelli era asesinado a manos de efectivos del Tercer Cuerpo de Ejército, comandado por el genocida Mario Benjamín Menéndez, que fraguaron su muerte como un accidente automovilístico.

En reconocimiento a su prédica y martirio, el papa Francisco dispuso dos años atrás su beatificación, al igual que otros tres católicos de la provincia de La Rioja (dos sacerdotes y un laico), víctimas de la última dictadura.

Nacido en 1923 en Córdoba, ingresó con apenas 15 años al seminario y a fines de los años 40 fue enviado a Roma, donde fue ordenado como presbítero en el Pontificio Colegio Pío Latino Americano de Roma, en Italia.A su regreso a la Argentina, en 1951, se vinculó con los sectores de la Juventud Obrera Católica (JOC) y quedó a cargo de la capilla Cristo Obrero, en su provincia natal, donde colaboró con el sacerdote italiano Quinto Cargnelutti.

En medio de los debates por el Concilio Vaticano II, la gran reforma lanzada por el papa Juan XXIII en 1959, Angelelli obtuvo la designación como obispo y ya en esos años su compromiso con los sectores menos favorecidos de los barrios de Córdoba estaba muy difundido.

Angelelli propició desde su Diócesis la conformación de grupos de laicos comprometidos con los sectores populares de Córdoba.

Su compromiso con la tarea pastoral

En función de esta tarea pastoral, el Vaticano lo designó un año después como arzobispo auxiliar de la provincia, y una de sus primeras medidas consistió en ordenar que los seminaristas se hicieran presentes en los barrios obreros para tomar contacto con la realidad.Angelelli propició desde su Diócesis la conformación de grupos de laicos comprometidos con los sectores populares de Córdoba.

Esas actividades y sus enfrentamientos con la jerarquía encabezada por el nuncio apostólico Humberto Mozzoni y el cardenal Antonio Caggiano le valieron que en 1968 se le asignase la Diócesis de La Rioja.

Con un estilo franco, llano y directo, el religioso vinculó desde los comienzos su tarea pastoral con los sectores más humildes de la provincia.

«Con un estilo franco, llano y directo, el religioso vinculó desde los comienzos su tarea pastoral con los sectores más humildes de la provincia»


Trabajó de forma activa para propiciar la organización de los trabajadores agrícolas, los mineros y las empleadas de servicio doméstico.

Su popularidad era tan grande entre los humildes, que sus misas dominicales desde la catedral de la capital riojana eran transmitidas por radio para toda la provincia.

A pesar del malestar que sus postulados causaban a los interventores militares de La Rioja, en los tiempos en los cuales el país era gobernado por el dictador Juan Carlos Onganía, la popularidad de Angelelli crecía entre los sectores de la Iglesia.

En esa Argentina que vivía un contexto de creciente movilización social y política contra la dictadura que se expresaba en huelgas, manifestaciones y acciones armadas, el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo (MSTM) postulaba la teoría de la liberación de los oprimidos y profundizaba el conflicto con las autoridades de la Iglesia.Aunque no integraba este movimiento, Angelelli proponía desde La Rioja un diálogo con estos sectores, una postura que irritó aun más al sector integrista de la Iglesia encabezados por los obispos Adolfo Tortolo y José Miguel Medina.

En 1973, Carlos Menem, quien años más tarde sería electo presidente de Argentina, se consagró gobernador de la Rioja y las relaciones entre Angelelli y esta familia poseedora de viñedos en el pueblo de Anillaco no estuvieron exentas de conflictos.

En la lista de la Triple A

Los comerciantes y hacendados de la provincia reclamaron la renuncia de Angelelli y en 1974 la organización parapolicial Triple A incluyó al obispo en una lista negra de personalidades que serían «inmediatamente ejecutadas».

Las réprobas contra la figura del religioso se incrementaron en medio de un clima de violencia política que se hacía cada vez más extremo.

El Golpe de 1976

A principios de 1976, el vicario castrense Victoria Bonamín visitó la base aérea de El Chamical y pronunció un discurso en el que afirmó que «el pueblo había cometido pecados que sólo podían redimirse con sangre».

El clima de represión se intensificó en La Rioja tras el golpe del 24 de marzo de 1976, y los sacerdotes que respondían a Angelelli eran blancos del terrorismo de Estado.

El 18 de julio, los sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias fueron torturados y asesinados en la localidad de Chamical, donde cumplían sus deberes religiosos.

Dos semanas después, Angelelli decidió viajar a Buenos Aires con el propósito de denunciar estos crímenes y del campesino católico Wenceslao Pedernera, ocurrido quince días antes.

El obispo se trasladaba en una furgoneta que tras ser encerrada por un auto, volcó a la altura del paraje Punta de los Llanos, en la ruta 38.El cura Arturo Pinto, quien conducía el vehículo accidentado, contó que, tras permanecer durante un tiempo inconsciente, vio el cuerpo de Angelelli tirado en el suelo, con «lesiones en el cuerpo, como si lo hubieran golpeado».

Aunque el diario L’ Osservatore Roano, órgano oficial del Vaticano, calificó el hecho como «un extraño accidente», el cardenal Juan Carlos Aramburu negó que el hecho se tratara de un crimen y la investigación se cerró.

Con el retorno de la democracia, el juez de La Rioja Aldo Morales reabrió el expediente y dictaminó que la muerte de Angelelli se trató de «un crimen fríamente calculado y esperado por la víctima».

Sin embargo, las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y los indultos del presidente Menem impidieron que las investigaciones continuaran contra el general Luciano Benjamín Menéndez, titular del Tercer Cuerpo de Ejército durante el terrorismo de Estado, y los militares José Carlos González, Luis Manzanelli y Ricardo Román Oscar Otero.

Un delito de lesa humanidad

En 2005, la derogación de la leyes de impunidad permitió que el crimen se investigara como delito de lesa humanidad, y cinco años más tarde se imputó en el expediente al exdictador Jorge Rafael Videla, a Menéndez y a otros doce militares y policías.

El 4 de julio de 2014, Luis Fernando Estrella y Menéndez fueron condenados a cadena perpetua por el crimen de Angelelli.

Un año antes, con la venia del papa Francisco inició el proceso de beatificación de Angelelli, Longueville, Muria y Pedernera, que concluyó el 27 de abril de 2019 con una ceremonia realizada en La Rioja.

La consagración de los mártires estuvo encabezada por el prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, el cardenal italiano Angelo Becciu, y concelebrada por unos 50 obispos argentinos, dirigidos por el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), monseñor Oscar Ojea, y unos 300 sacerdotes.

Se trató de un reconocimiento al martirio que Angelelli y sus tres compañeros riojanos sufrieron a manos de los genocidas que intentaron acallar su opción por los pobres y defensa de la vida

Cárceles argentinas ante la pandemia

Los obispos argentinos expresan su «dolor y preocupación» por los efectos del coronavirus en las cárceles

Presos argentinos protestan

  • «Las cárceles y complejos penitenciarios son uno de los ámbitos que en esta situación merecen mayor cuidado y atención»

«Las situaciones de violencia, abandono, indiferencia, egoísmo, olvido y división provocan lesiones casi mortales en una sociedad como la nuestra que ya no soporta más atropellos a los derechos humanos»

25.04.2020 | RD/VR

La comisión episcopal de Pastoral Carcelaria de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) expresó su «dolor y gran preocupación», luego de la jornada de protesta que realizaron el viernes presos del penal federal del barrio porteño de Villa Devoto, en reclamo de excarcelaciones ante la pandemia de coronavirus, reclamó «medidas extraordinarias» para atender la situación y se ofreció para conformar una «mesa de diálogo» para «buscar caminos posibles» ante la emergencia sanitaria.

En una declaración difundida en las últimas horas, llamada “Acuérdense de los que están presos” (Carta a los Hebreos 13, 3), la Iglesia denunció el «hacinamiento en que se vive hace años» dentro de los penales, y reclamó un «pronto tratamiento» y «medidas extraordinarias» de todos los poderes del Estado ante la situación de detenidos que integran los grupos de riesgo.

«Con dolor, gran preocupación y apoyados en la oración como pastores del Pueblo de Dios volvemos a ofrecernos, como en tantas mesas de diálogo, para buscar juntos caminos posibles ante esta emergencia sanitaria; sobre todo para con los más desprotegidos y vulnerables», señaló la comisión en el mensaje.

Luego de que el viernes los presos de Devoto protagonizaron una serie de incidentes en la que se registraron heridos entre los detenidos y guardiacárceles, la Iglesia indicó que «las cárceles y complejos penitenciarios son uno de los ámbitos que en esta situación merecen mayor cuidado y atención, no sólo por ser espacios de encierro sino, y sobre todo, por el hacinamiento en que se vive hace años».

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Es hora de crecer en la solidaridad

Grupo de Curas en la Opción por los Pobres: «Es hora de crecer en la solidaridad»

Emergencia alimentaria en Argentina

Lucía López Alonso

Llamando a actuar frente a la epidemia del coronavirus, el grupo argentino de Curas en la Opción por los Pobres ha publicado un mensaje en el que afirma que «es hora de crecer en la solidaridad».

Decretado el confinamiento en Argentina, como en muchos otros países del mundo, para evitar el contagio, el comunicado analiza que esta nueva situación «nos obliga a repensar muchas cosas a nivel personal y también como sociedad». Primero, llamando a cumplir con las reglas por responsabilidad, para proteger a los «más vulnerables al contagio y a la acción del virus». Segundo, porque la cuarentena está poniendo al descubierto la desigualdad social: el duro confinamiento de quienes «por las condiciones precarias de su vida cotidiana, no tienen la posibilidad de cumplir efectivamente con las medidas decretadas».

Siguiendo esta idea, el grupo de sacerdotes ha denunciado en su comunicado que la cuarentena doméstica «puede ser la ocasión de ahondar otra pandemia que es la violencia familiar y de género«.

«Hay que confiar en que las autoridades sabrán atender estos «puntos débiles» de la cuarentena», dice el texto, que trata de recordar a la sociedad estas problemáticas y convencer de que no es momento de criticar la gestión de la crisis sino de «unirnos para actuar proactiva y positivamente». «Es también hora de hacer cumplir las leyes a los egoístas e irresponsables que sólo piensan en sí mismos», apunta el grupo de sacerdotes.

— Grupo de Curas en la Opción por los Pobres (@GrupoCurasOPP) March 20, 2020

Por último, el comunicado muestra una mirada creyente, pero constructiva y racional, expresando que «hay que rezar, sí, pero no pidiendo o invocando milagros caídos del cielo. Hay que rezar por los enfermos y los que los cuidan, por los profesionales que los atienden, por los investigadores que buscan una cura».

Mensaje íntegro

«Ayúdense mutuamente a llevar las cargas, y así cumplirán la Ley de Cristo»(Gálatas 6,2)

Vivimos horas difíciles en la Argentina y el mundo. La crisis de salud ocasionada por el coronavirus, que además ocasiona una crisis económica de alcance mundial, pero que afecta a cada país de manera diferente, nos obliga a repensar muchas cosas a nivel personal y también como sociedad. Las instituciones y autoridades sanitarias de todos los niveles han urgido a tomar medidas de «aislamiento social» como lo más efectivo para desacelerar el avance de la enfermedad y poder tratar más efectivamente a los que son más vulnerables al contagio y a la acción del virus.

En nuestro país, como en muchos otros, se ha decretado una cuarentena por lo menos hasta el fin de mes. Estar aislados en nuestros hogares las 24 horas del día es algo a lo que no estamos acostumbrados. Son, al menos, ocho horas más de convivencia obligada a las que cada familia deberá darle uso y sentido. Puede ser una oportunidad para estrechar los lazos familiares, y ésa es la mejor manera de manejarlo. Pero también puede ser la ocasión de ahondar otra pandemia que es la violencia familiar y de género: hay que estar atentos. Hay muchos habitantes de nuestra patria que no podrán cumplir con este aislamiento.

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