Construir sinodalidad

Guillermo Sandoval: “Se trata de construir sinodalidad”

El director interino del Centro de Gestión del Conocimiento del CELAM explica los resultados de la Asamblea Eclesial Latinoamericana Aborda también los apoyos institucionales en la aplicación de esos frutos

Integró la comisión de síntesis de la reciente Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, en ciudad de México; antes, Guillermo Sandoval participó en el proceso de renovación y reestructuración del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) que ha culminado creando una estructura compuesta por 4 centros pastorales al servicio de las conferencias episcopales del continente: de gestión del conocimiento, de formación (CEBITEPAL), de programas y redes de acción pastoral y para la comunicación.


Sandoval dirige el equipo del Centro de Gestión del Conocimiento, cuyo coordinador es el cardenal Óscar Andrés Rodríguez, arzobispo de Tegucigalpa, en Honduras.

Experto en doctrina social de la Iglesia

Es periodista chileno especializado en temas sociales; tiene un Magister en Doctrina Social de la Iglesia, con mención en relaciones laborales, por la Universidad Pontificia de Salamanca; y estudios en derechos humanos en el Instituto de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

En 2019 publicó “Las manos humanas son las manos de Dios”, con casi 500 páginas dedicadas a analizar el trabajo humano en la Biblia, el Magisterio eclesial y experiencias eclesiales en América Latina.

Desde su rol en el CELAM y su reciente experiencia en la Asamblea Eclesial habló con Vida Nueva.

PREGUNTA.- ¿Cuáles son los principales frutos que ha dejado esta asamblea eclesial de México?

RESPUESTA.- Hay muchos. Creo que lo más relevante es hacer presente y poner en ejercicio la igual dignidad de todos los miembros del Pueblo de Dios. Se trata de una eclesiología de Vaticano II, que tiene raíces en las primeras comunidades cristianas. ¡Que todos, en diálogo y misión, seamos corresponsables de la Iglesia! Aportando desde los ministerios que corresponden a cada cual, y que expresan los diferentes servicios y carismas necesarios para hacer y ser iglesia, diversa en manifestaciones y unida en el amor. Esto es muy importante para construir una Iglesia del siglo XXI.

Énfasis en lo social

P.- ¿De qué manera los organismos del CELAM apoyarán la aplicación de los resultados de la asamblea?

R.- A través de los distintos programas que el CELAM desarrolla en colaboración con las 22 Conferencias Episcopales de América Latina y El Caribe, y la Conferencia Eclesial de la Amazonía. Hay 41 desafíos pastorales identificados por los asambleístas y más de cien orientaciones. Es claro un énfasis en lo social. Un deseo de servir a Dios en la persona de nuestros hermanos y hermanas, colaborando en la construcción de Su Reino.

P.- Parece ir consolidándose un formato ‘eclesial’ versus ‘episcopal’ de asambleas para discernir orientaciones pastorales. ¿Cómo apoya el CELAM este proceso?

R.- Creo que de ninguna manera deberíamos usar el “versus”, que señala confrontación.  De lo que se trata, es de construir sinodalidad. Esto es, caminar juntos. Unidos. Obispos, clero, religiosas(os) y laicas(os) nos necesitamos mutuamente para anunciar el Evangelio y proponerlo a la sociedad en sentido amplio. En materias eclesiales y sociales dos más dos son mucho más que cuatro.

Es cierto, para no eludir el fondo de la pregunta, que han surgido propuestas de nuevas organizaciones desde los diferentes ministerios, incluyendo el laical. Creo que es algo que debe madurar más. Lo que sí tengo claro, es que debemos superar el clericalismo que, por otra parte, muchas veces lo promovemos los propios laicos. Veo a las autoridades del CELAM convencidas, abiertas, disponibles y promoviendo la eclesialidad del Pueblo de Dios, que es un proceso de escucha y diálogo. En esto no habrá vuelta atrás. Es esa misma línea apunta el próximo Sínodo sobre la sinodalidad.

Hacer sinodalidad

P.- ¿Qué aportes podemos esperar del Centro de Gestión de Conocimiento, CGC, del CELAM?

R.- Próximamente el CGC entregará los frutos de varios trabajos académicos, sobre migraciones, Pacto Educativo Global, economías de Francisco y Clara, salud mental, estado de la situación del medio ambiente en la Región, violencia que sufren niños y adolescentes, etc. Todos estos temas coinciden con las preocupaciones planteadas en los 41 desafíos pastorales. Pero esos mismos 41, son una cantera amplia para trabajar otros temas en los meses siguientes con equipos de las distintas universidades católicas de América Latina y El Caribe.

Por otra parte, el área de Conocimiento Compartido continuará poniendo en diálogo a los integrantes del Pueblo de Dios que deseen participar, sobre temas que las propias comunidades van escogiendo. Ya los hay sobre catequesis familiar y educación. Otros están prontos a iniciarse. La pandemia nos obligó a trabajar en plataformas digitales, y eso lo vamos a seguir aprovechando para que comunidades de distintos países puedan intercambiar buenas prácticas y conocimientos, para servir mejor, hacer sinodalidad con las herramientas que nos acercan y permiten ese intercambio, sin reemplazar el encuentro y calidez de un abrazo o una taza de té en torno a una mesa. Compartir es una riqueza muy grande

Sinodalidad y Misión

El Cardenal Grech destacó la estrecha relación entre sinodalidad y misión 

El secretario general del Sínodo de los Obispos destacó los aportes que la Iglesia latinoamericana puede hacer, desde su experiencia en el “caminar juntos” 

El Secretario General del Sínodo de los Obispos, Mario Grech, expuso ante la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe y dijo sentirse honrado de dirigirse a las Iglesias latinoamericanas, que podrían ser un ejemplo para muchas Conferencias Episcopales, por la extraordinaria experiencia eclesial, después de las conferencias de Medellín, Pueblo, Santo Domingo y Aparecida. 

El cardenal sostuvo que los documentos conclusivos de esas Asambleas constituyen hitos de un camino que se fue profundizando en la conciencia de una Iglesia dinámica y en comunión, base de su identidad eclesial y del modo particular y característico que buscan ser Iglesia en este tiempo tan complejo y convulso. “Todo esto tiene mucho que ver con la sinodalidad”, aseveró. 

Relacionó la Asamblea Eclesial con la Conferencia del CELAM de Aparecida, fundamento de la conversión pastoral promovida por ‘Evangelii gaudium’, y expresión de la visión pastoral del papa Francisco. Señaló que esta AE constituye un puente entre el Sínodo de la Amazonía (verdadera experiencia transformadora para la región) y el Sínodo de la Sinodalidad. Esta conexión le permite explicitar la relación entre sinodalidad y misión. 

Dimensión misionera de la Iglesia 

Para Mario Grech, la conversión pastoral que propone la Exhortación Apostólica tiene una dimensión misionera. Los principios que plantea para poner en práctica la “Iglesia en salida” pueden inflexionarse en un sentido sinodal. 

En su pto. 24, EG manifiesta que “La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan“. El sujeto de los cinco verbos es la “comunidad evangelizadora” y se puede aplicar a una “comunidad sinodal”, expresó el Cardenal. 

  • La comunidad sinodal sabe que el Señor ha tomado la iniciativa, la ha precedido en el amor (cf. 1 Jn 4,10), y por eso sabe dar el primer paso, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los alejados e invitar a los excluidos. La Iglesia sinodal tiene un deseo inagotable de ofrecer misericordia. 
  • La Iglesia sinodal sabe “implicarse”. Se sitúa con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, acorta las distancias, se rebaja y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Los hombres y mujeres verdaderamente sinodales tienen así “olor a oveja” y éstas escuchan su voz. 
  • La comunidad sinodal está siempre dispuesta a “acompañar” a la humanidad en todos sus procesos. Sabe lo que significa el trabajo duro y la resistencia apostólica. La evangelización implica mucha paciencia y no conoce límites. 
  • La comunidad eclesial, fiel al don de Dios, sabe “dar fruto”, está siempre atenta a los frutos, porque el Señor la quiere fecunda. Cuida el grano y no pierde la paz por culpa de las malas hierbas. El sembrador encuentra el modo de hacer que la Palabra penetre en una situación concreta y dé frutos de vida nueva, aunque sean imperfectos o incompletos 
  • La comunidad sinodal siempre sabe “celebrar”. Celebra cada pequeña victoria, cada paso adelante. La sinodalidad alegre se convierte en belleza en la Liturgia. 

Sinodalidad y Misión 

El cardenal maltés expresó: “Es tan fácil entender la ‘Evangelii gaudium’ a la luz de la sinodalidad, que podemos argumentar que no sólo la Iglesia es sinodal y misionera al mismo tiempo, sino que sólo es misionera si es sinodal, y sinodal si es misionera“. Se trata de dos dimensiones constitutivas de la Iglesia, que se mantienen o caen juntas. 

Indicó que si se piensa en el escenario de la misión de una Iglesia no sinodal, la evangelización ya no sería obra de la Iglesia, sino de muchos individuos, grupos, movimientos, con sus propios dones, pero sin el mandato de Cristo. El anuncio del Evangelio debe ser una manifestación evidente de la comunión eclesial. Un proyecto misionero sólo puede surgir del proceso sinodal de escucha-discernimiento, que es, además, un ejercicio de discipulado. 

Aportes de la Iglesia latinoamericana 

Grech aseguró que la profundización del vínculo entre estas dos dimensiones de la Iglesia puede ser uno de los aportes más significativos de esta Asamblea, en continuidad con la historia y la experiencia de la Iglesia en América Latina. Rescató el aporte de los pastores como representación visible de la Iglesia que vive en este continente. “Si en el camino de la sinodalidad todos somos aprendices, ustedes lo son desde hace mucho tiempo; por eso, es justo esperar de ustedes una importante aportación de experiencia sinodal”, aseveró. 

Otro aporte se refiere a la forma en que se realizan los pasos de las primeras fases del proceso sinodal: la consulta amplia en las Iglesias particulares es una novedad. A partir de la escucha los episcopados están llamados a hacer un discernimiento eclesial. Luego, seguirá el nivel continental. “Es legítimo esperar una contribución que abra perspectivas sobre el modo de hacer operativas las instancias intermedias de la sinodalidad”, destacó. 

Desde su óptica, la Iglesia de este continente tiene también otro don que ofrecer a toda la Iglesia, un don atesorado: entender la Iglesia como Pueblo de Dios. Esta perspectiva del Concilio Vaticano II resurgió con la elección del papa Francisco. La teología del Pueblo de Dios ha vuelto a ser el marco de referencia para el camino de la Iglesia dentro del cual se pueden inflexionar en plena armonía y complementariedad, la sinodalidad, la colegialidad y el primado

Dos visiones de Iglesia 

Sin embargo, el Secretario del Sínodo de Obispos, expresó que otro aspecto que caracterizó la vida eclesial de este continente fue el contraste radical entre dos visiones de la Iglesia, que generó una profunda división del cuerpo eclesial. El Sínodo nos pide “caminar juntos” y no será posible una conversión misionera si no se realiza también una conversión sinodal, que implica una escucha humilde y respetuosa del otro y de sus razones; que tenga la valentía de pedir y dar el perdón; que quiera la unidad. “Tal vez éste sea el mayor esfuerzo, pero también constituirá el testimonio más fuerte, que dará contenido al don de la experiencia sinodal que pueden ofrecer a toda la Iglesia”, estimó Grech. 

Continuó afirmando que este camino también parece ser la respuesta a aquellos grupos y sectas cristianas que promueven una comprensión individualista e intimista de la fe. A estas propuestas,  la respuesta más creíble es la de la comunión: “eran asiduos a la enseñanza de los Apóstoles, a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones” (Hch 2,42). El Sínodo, al poner como tema la Iglesia sinodal y pedir que, en este contexto se lea la comunión, la participación y la misión, constituye la posibilidad concreta de volver al estilo de vida evangélico 

Los desafíos pastorales de la Asamblea Eclesial

Los 12 desafíos pastorales de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe 

Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe 

Con el cierre del trabajo de grupos de discernimiento, este 27 de noviembre de 2021, se han presentado los 12 desafíos pastorales surgidos en el marco de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe 

Se ha anunciado que a partir de febrero de 2022 se realizarán Asambleas Eclesiales por países –conectadas con el proceso sinodal que ha iniciado en octubre de este año– 

El Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) celebrará en mayo una Asamblea extraordinaria de obispos para incorporar a su renovación estos desafíos 

Estos desafíos caminan hacia una Iglesia sinodal que lee ‘los signos de los tiempos’ y sus objetivos son: los jóvenes, víctimas, mujeres, vida, formación, erradicar el clericalismo, laicos, descartados y ecología integral 

«Impulsar la participación activa de las mujeres en los ministerios, las instancias de gobierno, de discernimiento y decisión eclesial» 

«Acompañar a los pueblos originarios y afrodescendientes en la defensa de la vida, la tierra y las culturas» 

28.11.2021 

(Celam).- Con el cierre del trabajo de grupos de discernimiento, este 27 de noviembre de 2021, se han presentado los 12 desafíos pastorales surgidos en el marco de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe

En este sentido, se ha anunciado que a partir de febrero de 2022 se realizarán Asambleas Eclesiales por países –conectadas con el proceso sinodal que ha iniciado en octubre de este año– y además el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) celebrará en mayo una Asamblea extraordinaria de obispos para incorporar a su renovación estos desafíos. 

-Reconocer y valorar el protagonismo de los jóvenes en la comunidad eclesial y en la sociedad como agentes de transformación. 

-Acompañar a las víctimas de las injusticias sociales y eclesiales con procesos de reconocimiento y reparación. 

-Impulsar la participación activa de las mujeres en los ministerios, las instancias de gobierno, de discernimiento y decisión eclesial. 

Desafíos pastorales 

-Promover y defender la dignidad de la vida y de la persona humana desde su concepción hasta la muerte natural. 

-Incrementar la formación en la sinodalidad para erradicar el clericalismo. 

-Promover la participación de los laicos en espacios de transformación cultural, político, social y eclesial. 

-Escuchar el clamor de los pobres, excluidos y descartados

-Reformar los itinerarios formativos de los seminarios incluyendo temáticas como ecología integral, pueblos originarios, inculturación e interculturalidad y pensamiento social de la Iglesia. 

-Renovar, a la luz de la Palabra de Dios y el Vaticano II, nuestro concepto y experiencia de Iglesia Pueblo de Dios, en comunión con la riqueza de su ministerialidad, que evite el clericalismo y favorezca la conversión pastoral. 

-Reafirmar y dar prioridad a una ecología integral en nuestras comunidades, a partir de los cuatro sueños de Querida Amazonía. 

-Propiciar el encuentro personal con Jesucristo encarnado en la realidad del continente. 

-Acompañar a los pueblos originarios y afrodescendientes en la defensa de la vida, la tierra y las culturas

La fe nos convoca a vivir la comunión

El secretario de la Comisión Pontificia para América Latina: la Asamblea Eclesial es un primer paso 

El doctor Rodrigo Guerra aseguró que pese a ser un primer momento dentro de un gran proceso, la Asamblea Eclesial es altamente esperanzadora, siempre y cuando sea parte de la humildad y de la petición de perdón mutuo 

Rodrigo Guerra López

El Secretario de la Comisión Pontificia para América Latina, Rodrigo Guerra López, participó este 26 de noviembre en la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, que se lleva a cabo en la Ciudad de México del 21 al 28 de noviembre. 

En su participación, sostuvo que en este momento que vive la Iglesia católica lo más importante es partir de la premisa de que la fe nos convoca a vivir en comunión, en unidad

“Una misma fe nos convoca a ser máximamente pacientes con los defectos y las deficiencias de los demás, y por lo tanto, una misma fe nos invita a juzgar con prudencia y por supuesto, cuando uno es el que comete el error: a pedir perdón”. 

Ante miles de participantes tanto de forma presencial como virtual, Guerra dejó en claro que la Asamblea Eclesial es un proceso de aprendizaje, no es el último paso ni es el final de la historia; “es el primer momento que nos estamos dando la oportunidad de tener todos nosotros para escucharnos, para intentar dialogar, para intentar abrazar y acoger y para intentar corregir“. 

Para el doctor Guerra este tipo de procesos como la Asamblea Eclesial “son altamente esperanzadores, si parten de la humildad y de la petición de perdón mutuo, de todos nosotros, donde a lo mejor mi juicio es demasiado precipitado, donde a lo mejor mi intolerancia ha evitado que alguien participe, donde a lo mejor yo mismo por mi cansancio ya no hago mi mejor esfuerzo por ser paciente y caritativo”. 

“Acompañémonos, abracémonos, acojámonos, tengámonos paciencia, pidámonos perdón si es preciso y avancemos, conscientes que esta Asamblea Eclesial será un primer pasito dentro de un gran proceso que es no solo el sínodo de la sinodalidad, sino la reforma sinodal de la Iglesia en todo nivel, y así aprendiendo con paciencia, tolerando muchas veces nuestros límites y nuestras deficiencias podremos dar un signo de unidad que permita que el mundo crea, solo el amor es digno de fe”, afirmó. 

Centrar la mirada en dos párrafos de Aparecida 

Rodrigo Guerra consideró que lo más importante de Aparecida se encuentra en los parágrafos 11 y 12, que es donde se tiene que “enmendar y poner verdaderas bases para proseguir en un camino de sinodalidad, de profetismo y de fidelidad radical hacia la renovación del Concilio Vaticano II, que hoy conduce el papa Francisco”. 

El parágrafo 11, dice: “La Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales. No puede replegarse frente a quienes sólo ven confusión, peligros y amenazas, o de quienes pretenden cubrir la variedad y complejidad de situaciones con una capa de ideologismos gastados o de agresiones irresponsables. Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros. Ello no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino, protagonistas de vida nueva para una América Latina que quiere reconocerse con la luz y la fuerza del Espíritu”. 

Y el párrafo 12 señala: “No resistiría a los embates del tiempo una fe católica reducida a bagaje, a elenco de algunas normas y prohibiciones, a prácticas de devoción fragmentadas, a adhesiones selectivas y parciales de las verdades de la fe, a una participación ocasional en algunos sacramentos, a la repetición de principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que no convierten la vida de los bautizados. Nuestra mayor amenaza es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad. A todos nos toca recomenzar desde Cristo, reconociendo que ‘no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva’”. 

Sobre esos puntos de Aparecida, Rodrigo Guerra opinó: “Con estas palabras los obispos latinoamericanos en Aparecida señalaban algunos de los puntos más álgidos que están atorando nuestros procesos eclesiales, que están atorando nuestro testimonio de fe elocuente y contundente”. 

“Hoy puede ser oportuno revisarlos para entonces descubrir primero que nada, en primera persona, que yo soy el moralista, yo soy el que a veces reduce la irreductible persona de Jesucristo a un conjunto de valores correctísimos pero sin misericordia, sin caridad, sin inclusión, sin paciencia, sin fidelidad a la sede de Pedro y tantas otras tentaciones que continuamente suceden en el acontecer de la vida eclesial y hoy por cierto muchas de ellas visibles en las redes sociales”. 

Mensaje del presidente de la CEAMA a la Asamblea Eclesial

  

Cardenal Hummes: «Tiempos difíciles, pero también abiertos a innovaciones y nuevos sueños» 

Cardenal Cláudio Hummes

 Una Iglesia sinodal, «una institución pastoral y misionera, constituida no sólo por obispos, sino también por representantes de las demás categorías del pueblo de Dios» 

«La Iglesia está en la Amazonía no como los que tienen las maletas en la mano para irse después de haber explotado todo lo que pudieron» 

«El Papa puede ahora constituir Conferencias eclesiales en cualquier otra parte de la Iglesia en el mundo» 

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

Un mensaje inspirador de alguien a quien Mauricio López se refirió como «un embajador del desborde del Espíritu«. El cardenal Claudio Hummes se dirigió a los participantes de la Asamblea Eclesial reconociendo que «los tiempos actuales son difíciles, desafiantes, pero también abiertos a las innovaciones y a los nuevos sueños«. Un ejemplo de estos nuevos sueños es esta Asamblea Eclesial, insistió el presidente de la CEAMA. 

El cardenal Hummes recordó la homilía de la misa que el Papa Francisco celebró poco después de su elección con los cardenales del Cónclave, que se basó en las palabras camino y caminar. El Papa insistió en derribar muros y tender puentes para salir, para encontrarse con las periferias y con ellas construir «caminos eclesiales, caminos sinodales«. Caminos que formaban parte de la Iglesia primitiva, retomados en el Concilio Vaticano II y sostenidos en el sensus fidei y el sensus fidelium. 

Una Iglesia sinodal, «una institución pastoral y misionera, constituida no sólo por obispos, sino también por representantes de las demás categorías del pueblo de Dios«. El cardenal recordó el largo proceso para llegar a esta Asamblea, refiriéndose al proceso vivido en el Sínodo para la Amazonia, donde se fue «al encuentro de todos, pero especialmente de los más sufrientes y pobres de las periferias geográficas y existenciales de la Panamazonía con el objetivo de escuchar, escuchar y escuchar». 

El presidente de la CEAMA también recordó las palabras del Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud de 2013, donde habló de que «la Iglesia está en la Amazonía no como los que tienen las maletas en la mano para irse después de haber explotado todo lo que pudieron». El Papa llamó a consolidar «el rostro amazónico de la Iglesia«, pidiendo audacia y valentía para ello. Todo ello se ha concretado con la creación de la REPAM, un proceso que fue explicado por el cardenal Hummes, y que el cardenal ve como el germen de esta Asamblea Eclesial, «en la que no sólo participan y deciden los obispos, sino todo el pueblo de Dios, según el Concilio Vaticano II». 

Su presidente, también recordó la creación de la CEAMA, aprobada canónicamente por el Papa Francisco el 9 de octubre, que el cardenal Hummes define como «ese punto firme irreversible», para toda la Iglesia. «El Papa puede ahora constituir Conferencias eclesiales en cualquier otra parte de la Iglesia en el mundo«, insistió. Esto es visto como «¡un avance extraordinario!», mostrando el deseo de la CEAMA de «participar plenamente en esta nueva etapa de la Iglesia en América Latina y el Caribe en términos de una Iglesia Sinodal, que se nutre de las grandes propuestas de Aparecida y del Vaticano II». 

La Asamblea eclesial

La sinodalidad se construye en común 

Ante un hecho histórico y sin precedentes, tenemos que actuar con prudencia, pero también con esperanza 

Acompañar el proceso de la Asamblea Eclesial nos ha ayudado a conocer un poco más la esencia de la sinodalidad 

Habrá momentos en los que habrá que detenerse y elegir el camino a seguir ante las diferentes posibilidades, un camino que ahora estamos convencidos de que debe ser elegido entre todos 

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

Recorrer caminos que sabemos que existen pero que no son bien conocidos es siempre una posibilidad, pero también un reto, no siempre fácil de afrontar. La clausura de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, el pasado domingo 28 de noviembre, debe ser un momento para evaluar hasta dónde hemos llegado en un camino que aún será largo

Ante un hecho histórico y sin precedentes, tenemos que actuar con prudencia, pero también con esperanza. Me imagino quién inventó el coche y las dificultades que tuvo al principio para hacerlo funcionar. Hoy en día vemos la gran diversidad de coches que existen en el mundo, pero sin olvidar que todos ellos, desde los más sencillos hasta los más sofisticados, son coches. 

Me imagino la sinodalidad como algo similar, que en el futuro tendrá muchas y diversas expresiones, que lograrán encantar a mucha gente, pero no a todos. Sabemos que no a todo el mundo le gustan los coches. Las diferencias enriquecen la esencia y el hecho de que no guste a todo el mundo es siempre un reto para mejorar y conseguir algún día deleitar a los que siempre encuentran fallos en todo, incluidos los que alguna vez dijeron que odiaban los coches. 

Acompañar el proceso de la Asamblea Eclesial nos ha ayudado a conocer un poco más la esencia de la sinodalidad. La forma en que se llevó a cabo abre nuevas posibilidades para el futuro, especialmente pensando en el próximo Sínodo, favoreciendo la universalidad y la catolicidad de la Iglesia. Los grupos eran expresiones de la diversidad ministerial y geográfica, mujeres y hombres, que realizan diversos servicios y misiones eclesiales en lugares diferentes y distantes, pero que se esfuerzan por caminar juntos y experimentar, aunque sea virtualmente, la unidad de alma y corazón. 

No olvidemos que estamos ante algo que apenas comienza a tomar forma, que nos adentramos en un estrecho sendero en medio de un denso bosque, donde Dios es nuestro GPS, pero que no siempre sabemos interpretar perfectamente la ruta. Habrá momentos en los que habrá que detenerse y elegir el camino a seguir ante las diferentes posibilidades, un camino que ahora estamos convencidos de que debe ser elegido entre todos, después de que todos hayan hablado y sobre todo escuchado, en un discernimiento comunitario. 

No olvidemos que el camino está lleno de obstáculos, algunos naturales, pero otros colocados intencionadamente por los que siempre han vivido para entorpecer todo lo que no viene de ellos. Estando unidos podremos ver todo esto mejor y sobre todo superarlo

La palabra que nos viene a la mente en este momento es esperanza, confianza en Dios, que es quien sostiene un sínodo nacido de Aquel que es Trinidad, unidad en la diversidad. Somos muchos los que estamos convencidos de que juntos somos más, más aún contando con la fuerza que viene de Dios 

La Asamblea Eclesial de A.L y E. C.

Una Asamblea Eclesial imprescindible e irreversible, y al servicio del Reino 

por Mauricio López Oropeza  

Mi experiencia personal en la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, que todavía no termina, sigue siendo la de una navegación imparable en medio de aguas movidas, porque estamos viviendo tiempos de cambio profundo y real. Este espacio ha posibilitado avances inéditos y, sobre todo, ha dado cabida a muchos y muchas que han estado permanentemente excluidos o no han sido escuchados en el pasado. 

Por supuesto, falta aún mucho camino por recorrer, debemos ampliar la participación con una mayor implicación de sectores excluidos y diversos, pero el contraste que debemos hacer hoy, es sobre los procesos recientes de la Iglesia, es decir, si bien tenemos que mantener una mirada en el horizonte para seguir avanzando, quizás el ideal nunca lo alcancemos y eso nos permite crecer y seguir insistiendo. 

Pero, sobre todo, necesitamos mirar hacia atrás, y reconocer cuál fue la participación de grupos sistemáticamente excluidos en experiencias pasadas, revisar esos temas rechazados u ocultados en eventos anteriores, como pudo haber sido una propia Conferencia General del Episcopado, y mirar el contraste con lo que hoy ha sido la Asamblea, aún con sus limitaciones, pero constatando los enormes pasos que se han dado y lo que ella representa en avances en la dirección correcta: la de ser más Iglesia en salida sinodal. 

Por lo tanto, yo sigo viendo esta Asamblea como parte de un gran kairós, marcado por la escuela de una escucha transformadora con una participación amplia como la que se dio en el Sínodo Amazónico, e iluminada por los cuatro sueños proféticos del Papa que resultaron de este proceso previo. 

Al calor de la escucha 

En esta ocasión, la Asamblea ha asegurado una metodología de discernimiento que dé cauce a la escucha vivida en los procesos previos y en la propia Asamblea. Unas pocas voces, que os ayudan a revisarnos, apenas siendo el segundo día ya expresaban un descontento porque no había suficiente participación, cuando el proceso mismo de los grupos fue desmontando esta postura, y algunos que la mantuvieron hasta el final, me parece que ya venían con posiciones prejuzgadas a participar. 

 Es preciso aclarar que la metodología de discernimiento implica ir optando, ir perfilando, encontrando dónde están los puntos de mayor fuerza y de más consenso, lo cual ha sido inédito, y eso permitió obtener unos compromisos concretos, para ser exacto, 41 compromisos. 

En esos desafíos no está todo lo que absolutamente cada persona quisiera ver o en el modo en que esperarían verlo, porque de hecho se busca que refleje el conjunto, y el camino compartido, si no, ¿para qué hacer una enorme Asamblea Eclesial si lo que esperamos es solamente una lista de todos los temas, para que cada uno regrese y siga haciendo lo que ya estaba haciendo porque simplemente buscaba una afirmación de su quehacer previo? La escucha y el discernimiento implican encontrar puntos en común, esbozar prioridades, y ciertamente dar forma a los horizontes de modo que haya un reflejo del todo en si conjunto, buscando la comunión. 

De los 41 desafíos priorizados, 12 expresaron una mayor urgencia dentro de los participantes, y es claro y evidente que todo ello derivó de la escucha preliminar con la participación de al menos 70.000 personas. 

En este sentido, creo que se confirma que a pesar de haber asumido como desafíos de la Iglesia temas difíciles, complicados, que algunos miembros de la propia Iglesia no quieren ver, éstos aparecieron con naturalidad, y fueron discutidos y acogidos con total transparencia y naturalidad como el Papa ha pedido en estos espacios sinodales. En esto, todos los grupos refieren que la apertura con la que se trataron los temas fue absoluta, sin embargo, unos pocos parecería que lejos de asumir el consenso moral, querían imponer sus propios temas ¿quizás forzarlos para que la Asamblea lejos de ser tal, fuera una expresión a su imagen y semejanza? 

En definitiva, no solo se mantuvo una escucha inédita de un alcance sin precedentes, sino que se desarrolló una metodología específica que permitió la participación de todos en grupos de discernimiento amplios y diversos, aunque de modo limitado e imperfecto. Desde esos grupos de discernimiento se perfilaron los temas para el que podría ser un proyecto pastoral de la Iglesia en América Latina, y este modo de trazar en sinodalidad los horizontes ha dejado una invaluable impronta. 

En todo caso, luego de releer los 41 desafíos, a mí me parece que están ahí bien presentes los temas difíciles y urgentes, los que tienen que ser ubicados dentro de este proceso que vamos a acompañar en los siguientes años como instancias eclesiales en la región, por mencionar algunos: los abusos y la remediación de los daños hechos a las personas vulneradas y lastimadas; es un tema que se ha mencionado antes, pero que a lo mejor a nivel regional no se había asumido con la misma fuerza. La acogida y atención pastoral a personas de diversidad sexual, por ejemplo, que necesita un reconocimiento profundo y que ahora se abre una puerta para seguir acompañando pastorales específicas. 

Asimismo, temáticas sobre la defensa de la vida, sobre el reconocimiento y el papel de los pueblos originarios y afrodescendientes fuertemente explicitados como deudas históricas y su aporte al cuidado de la casa común; el papel de la mujer, que apareció con tanta fuerza, como necesidad de participación efectiva en ministerios, en decisiones, en liderazgo, y muchos temas más de carácter esencial y urgente que están entre los 41 desafíos. 

Aporte al Sínodo de la sinodalidad 

En el aspecto de la eclesialidad, la Asamblea es una contribución directa al camino del Sínodo de la sinodalidad que está ya en marcha, por ende, esta experiencia regional es una expresión del espíritu que insiste, persiste y resiste, que no para ante los grupos que rechazan cualquier cambio en la Iglesia, a los que yo llamo escleróticos, que se cierran en sí mismos con miedo a los cambios. 

Y que, además, va mucho más allá de grupos misofóbicos (miedo a contaminarse), que pretenden tener la verdad absoluta reservada en sus ideas o praxis, quienes desde los despachos o desde sus experiencias más particulares, muchas veces sin haber participado en los procesos, siempre terminan diciendo: ‘esto ha sido insuficiente, nada ha cambiado, esto es inútil’. Esto ha sucedido de igual forma en el Sínodo Amazónico, y esos grupos rechazan, o elijen no reconocer, los cambios reales e innegables que estamos viviendo. 

Esos, muy pocos, profetas de calamidades desde los extremos siguen siempre presentes y eso para nosotros debe ser ya una confirmación de que si mantenemos una cohesión con lo central del camino de la Iglesia que es la comunión y el discernimiento en el proyecto del Señor, ni la esclerosis ni la misofobia pueden someter este camino que no se detiene. Nuestra esperanza seguirá adelante, con ello-as, pero también a pesar de ellos-as. 

Acciones post-asamblea 

Desde el CELAM, la CLAR, las Cáritas ALyC, y múltiples instancias regionales de la Iglesia con las que hemos venido trabajando, sentimos la certeza de que este proceso continúa, siempre hemos hablado de un proceso y no de eventos. Así que, esta fase de Asamblea plenaria, es una dentro del camino que iremos haciendo; viene luego una fase de regresar al pueblo de Dios y de encuentros post-asamblea que se darán a nivel zonas y regional, y esperamos también a nivel país. 

Esperamos que cada una de las instancias participantes pueda procesar, seguir discerniendo, adaptar, identificar cuáles son aquellas llamadas prioritarias que necesitan ser respondidas de manera más urgente en sus realidades particulares. Esto, sin duda, va a ser una fase importantísima. El proceso ha estado lejos de ser perfecto, pero ha sido tejido con una identidad sinodal que nos invita a seguir adelante, y a saber que esto apenas comienza. 

En el CELAM vamos a implementar algo que hace meses estamos preparando, un “Seminario permanente de identidad y misión pastoral” del CELAM, con participación de quienes han estado en el proceso de la Asamblea, con la CLAR y las Cáritas, y que se desarrollará a partir de los resultados de la asamblea en el marco de nuestra renovación. Esto para acompañar las invitaciones discernidas en la Asamblea desde las áreas pastorales prioritarias que ya tenemos, y que responden a muchos de los desafíos, pero también estamos creando plataformas nuevas que respondan a algunos de aquellos desafíos que son esenciales, y ante los cuales debemos comenzar los nuevos caminos eclesiales. 

Por ahora, la preparación hacia la fase continental del Sínodo sobre sinodalidad, nos confirma y reafirma en la necesidad de seguir avanzando, profundizando en todos estos temas para procesarlos como aporte de la región latinoamericana para esta experiencia de la Iglesia universal. Esperamos que las estructuras existentes, que ya están trabajando para responder a estos desafíos, puedan articularse de modo sinodal para seguir asegurando modelos de respuesta a todas estas realidades, sin exclusión. Es necesario seguir avanzando de modo procesual, paulatino y en red. 

En concreto, son varios los caminos previstos, muchos que ya estaban en camino, y otros que se tendrán que generarse a partir de la novedad de esta Asamblea. 

Un proceso irreversible 

En cuanto a la sinodalidad, debo decir que es inherente a la identidad de la Iglesia, no puede ni debe ser una moda pasajera. Tenemos los extremos en tensión que a veces no logran ver los procesos de fondo. Por un lado, quienes asumen la sinodalidad como una amenaza, cuando de hecho es propia del ser Iglesia, y ha estado presente desde su inicio, mientras que del otro extremo, lo asumen como una causa ideológica temporal (por tanto, finita y cambiable), cuando en realidad de lo que se trata es de tejer el camino y el modo de ser Iglesia del tercer milenio. Bien dice el Papa, esto va mucho más allá de una temática o de una ideología, o de las expectativas particulares inmediatas de algunos grupos. 

En tanto, creo que la contribución de esta asamblea ha sido absolutamente determinante para los caminos de reforma irreversible, que el Papa Francisco ha traído de nuevo desde los llamados del Concilio Vaticano II. Es un proceso que entendemos “no tiene marcha atrás”, a pesar de los pesares, de quienes no quieren que nada cambie, y de quienes no reconocen ningún cambio a menos que sea a su imagen y semejanza, o a su modo y ritmo. 

Reitero, esta navegación de la Asamblea contribuye a este kairós, donde las reformas se tornen irreversibles. Un camino que viene de mucho tiempo atrás, pero con más fuerza desde el Sínodo sobre la Amazonía con su modelo de escucha y participación, pasando por esta Asamblea, y hasta el Sínodo sobre Sinodalidad, donde estamos seguros que nuestra contribución latinoamericana junto con todas las otras, sin pretender ser menos o más, será imprescindible para esta reforma eclesial, a la luz del proyecto de Reino, en el proceso de evangelización, y siguiendo los signos de los tiempos para construir un mundo de más justicia e igualdad al modo de nuestro señor Jesús. 

Por Mauricio López Oropeza. Director del Centro Pastoral de Acción Social y Redes del CELAM 

Un paso nuevo en el proceso sinodal

Agenor Brighenti: Asamblea Eclesial, “un paso nuevo de un rico proceso sinodal” 

Ponencia Agenor Brighenti 

“Esta Primera Asamblea Eclesial es no es un evento más. Es un paso nuevo de un rico proceso sinodal en América Latina y El Caribe, que dio a nuestra Iglesia una palabra y un rostro propio” 

En los cuatro sueños, el Papa Francisco, “proyecta el horizonte de una evangelización, que desafía particularmente esta Asamblea Eclesial” 

«La conversión pastoral y los cuatro sueños proféticos del Papa Francisco son para esta Asamblea un gran reto, que desafía nuestra generosidad a un desborde en el Espíritu del Resucitado” 

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

Conversión pastoral es un concepto que nació en Aparecida, y es sobre eso y su relación con los cuatro sueños proféticos del Papa Francisco en Querida Amazonía que ha reflexionado el teólogo brasileño Agenor Brighenti en el ámbito de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe. 

Para él, “esta Primera Asamblea Eclesial es no es un evento más. Es un paso nuevo de un rico proceso sinodal en América Latina y El Caribe, que dio a nuestra Iglesia una palabra y un rostro propio”. En ese sentido, pone su singularidad en el hecho de “procurar reavivar Aparecida”, que define como “una Conferencia que se propuso dar nuevo impulso a la renovación del Vaticano II”, y al mismo tiempo como la base de la Evangelii Gaudiumdel Papa Francisco”. 

Estamos en camino hacía una segunda recepción de la renovación del Vaticano II, según el pastoralista brasileño. Esa fue una de las aspiraciones de Aparecida, retomando una propuesta de la Conferencia de Santo Domingo, que habla de la conversión pastoral de la Iglesia, según el padre Brighenti, que la define como algo que abarca a todos y a todo. Es algo que viene de Medellín, que habló de una nueva evangelización, lo que fue recogido por el Papa Pablo VI en Evangelii Nuntiandi. 

La Iglesia en continua reforma es algo presente en la Iglesia desde los Santos Padres, idea retomada por el Vaticano II, que pide la vuelta a las fuentes bíblicas y patrísticas. Agenor Brighenti citaba a Dom Helder Cámara, para quien “la Iglesia precisa cambiar constantemente para ser siempre la misma Iglesia de Jesucristo”. Dando un paso más, el Sínodo para la Amazonía, donde el teólogo brasileño fue perito, habla de una “conversión integral”, que se desdobla en una conversión pastoral, cultural, ecológica y sinodal, recogidas en el Documento Final, acogido por el Papa Francisco al inicio de Querida Amazonía, donde las conversiones, adquiriendo una dimensión utópica se convierten en sueños: social, cultural, ecológico y eclesial

En esos cuatro sueños, el Papa Francisco, proyecta el horizonte de una evangelización, que desafía particularmente esta Asamblea Eclesial”, según el padre Brighenti. En el sueño social el desafío para América Latina y el Caribe en luchar por los derechos de los más pobres; en el cultural, que preserve su riqueza cultural; en el ecológico que sea un continente que custodie su belleza natural; y en eclesial, hacer realidad una Iglesia con rostro latinoamericano y caribeño. 

En cuanto a la conversión pastoral de la Iglesia, que acompaña la vida de la Iglesia del continente desde Santo Domingo, se concreta en diferentes ámbitos: el de la conciencia de la comunidad eclesial, asumido la eclesiología del Pueblo de Dios del Vaticano II; el de las acciones pastorales y comunitarias, buscando “ser una respuesta a los desafíos de hoy, en especial al clamor de los pobres”; el de las relaciones de igualdad y autoridad, que lleve a “la erradicación del clericalismo” y fomenta “la corresponsabilidad de todos los bautizados”; el de las estructuras, fomentando “los Consejos y las Asambleas de Pastoral en todos los niveles”, teniendo como ejemplo la CEAMA o esta Asamblea Eclesial. 

Por eso, Agenor Brighenti afirma que “como se puede percibir, la conversión pastoral y los cuatro sueños proféticos del Papa Francisco son para esta Asamblea un gran reto, que desafía nuestra generosidad a un desborde en el Espíritu del Resucitado” 

Experiencia de sinodalidad

¿Experiencia de sinodalidad en la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe? 

¿Por Consuelo Vélez 

Finalizada la Primera Asamblea Eclesial nos preguntamos: ¿Qué se logró en ese evento y que queda de aquí en adelante? Para los que participaron directamente en ella les queda una experiencia positiva de encuentro, esperanza, optimismo, gratitud por haber tenido esa oportunidad de estar en primera fila pensando y soñando con una Iglesia distinta. Así lo expresaron muchos de los participantes y se sienten animados para responder a los doce desafíos pastorales que la Asamblea presentó al final de la misma. Dichos desafíos destacaron la necesidad de reconocer el protagonismo de los jóvenes, de las mujeres, del laicado, de los pueblos originarios y afrodescendientes, escuchar el clamor de los pobres, excluidos, descartados, de las víctimas de las injusticias sociales, dar prioridad a una ecología integral y renovar la experiencia de Iglesia como Pueblo de Dios, erradicando el clericalismo y formando en la sinodalidad a todo el pueblo de Dios. 

Pero también el desarrollo de la Asamblea mostró las dificultades de hacer un proceso verdaderamente sinodal. Aunque Francisco afirme que la sinodalidad es la forma de ser y de actuar de la Iglesia en este milenio, más valdría decir que es la forma que debe aprender a vivir porque hace mucho no es esa la praxis eclesial

Una mirada de conjunto nos permite ver que la preeminencia de lo clerical fue notoriaCasi todos los discursos, ponencias y agradecimientos giraron en torno del clero para el clero. Yo esperaba que se destacará mucho más la presencia de la vida religiosa, del laicado, especialmente de los jóvenes, por supuesto de las mujeres, y que se viera una configuración entre los participantes de mayor pluralidad étnica y cultural. Sí hubo gestos, especialmente en los momentos de oración, que rompieron la hegemonía de lo que siempre se hace. Pero las principales celebraciones no contaron con ninguna novedad: un altar lleno de clérigos y un laicado con las pocas participaciones que le son permitidas en la liturgia tal y como hoy la tenemos. 

Pero donde veo que sí se pueden notar avances en la sinodalidad es en aquellas voces que se levantaron a lo largo de la Asamblea para hacer caer en cuenta que algo no estaba funcionando como se esperaba.  

De lo que tuve conocimiento, la Conferencia de Religiosos/as del Perú, envió una carta a la Asamblea Eclesial demandando una metodología en continuidad con el proceso de escucha: “Súbitamente experimentamos que este proceso se frenó para dar paso a una lista de afirmaciones, sensatas y razonables, pero que no corresponden al proceso desarrollado, a lo vivido anteriormente desde la convocatoria de esta I Asamblea Eclesial. De manera particular, queremos llamar la atención a lo ocurrido entre el segundo y el tercer día. En muchas conversaciones de grupo del miércoles hubo voces absortas por el descarrilamiento que tuvo lugar en la redacción de la síntesis. Es como si el proceso de escucha hubiera culminado con la premura de arribar a las cuarenta y tantas afirmaciones y estas quedaron descarriladas de todo lo vivido en las etapas previas. ¿qué ocurrió?”. Fue una interpelación muy clara, directa y oportuna. 

En un sentido parecido, los asambleístas de Chile también expresaron disconformidad porque en la Asamblea no se le dio el puesto que se debía a la crisis de abusos en la Iglesia. En su comunicado también expresan la falta de continuidad entre el proceso de escucha y lo que se comenzó a hacer en la Asamblea. Parecía que el Documento para el discernimiento no hubiera sido el punto de partida, sino que comenzaran todo de nuevo. 

Pero tal vez lo más significativo fue la comunicación de los jóvenes quienes también expresaron sus sentimientos y reflexiones sobre el camino que habían hecho. Primero reconocieron todo lo positivo que supuso la Asamblea y su experiencia en ella, pero expresaron de manera muy clara lo que habían notado a lo largo de la misma: “hemos notado que muchos mayores quieren liderar y no nos dejan soñar. De 1000 asambleístas es inadmisible que sólo 82 sean jóvenes laicos (menores de 35 años) (…) ha faltado que se nos involucre en los espacios de planificación y toma de decisiones de esta Asamblea (…) existen dificultades para participar como: (…) la anulación de la voz juvenil en algunos grupos de discernimiento. (…) Pareciera que a veces se pidiera la integración de las voces jóvenes de manera infantil o demandante (…) el aporte de los jóvenes queda condicionado al discernimiento, proyecciones y decisiones de alguien más y pierde la vida que hay detrás. Reiteramos, el camino recorrido hasta ahora es muy bonito, pero todavía no hemos superado pasar la estructura episcopal en la que los discursos y espacios se conceden a obispos y presbíteros, las voces de los laicos, las mujeres, los jóvenes y los religiosos no han sido escuchadas”. 

De otras apreciaciones que leí en las redes sociales de personas que habían participado, supe que algunos clérigos quedaron molestos con algunas de las intervenciones porque claramente se pedía que el clero dejara su protagonismo y también que algunos invocaban que no deberían levantarse críticas para “no romper la sinodalidad”. Este último comentario es muy interesante porque es algo que es necesario reflexionar. A veces se cree que, para vivir la comunión, la sinodalidad, el amor fraterno, etc., se ha de abandonar la actitud crítica y aceptar las cosas como son, sin exigir nada, sin denunciar nada, sin pedir nada.  

A los que se atreven a levantar la voz se les mira con recelo y se les acusa de entorpecer los procesos. Personalmente creo que es todo lo contrario y que si podemos rescatar algo de sinodalidad en esta Asamblea Eclesial son los testimonios que acabé de señalar porque son esas voces las que en verdad confrontan el ser y actuar de la Iglesia y son ellas las que contribuyen decisivamente a que algún día, la sinodalidad sea una experiencia más real en la Iglesia

En conclusión, ¿qué queda de esta Asamblea? Ojalá que los episcopados asuman estos desafíos y se preocupen por responder a ellos, pero, sobre todo, ojalá que reflexionen sobre lo que quedó evidente que no fue sinodalidad para que sean capaces de una conversión y las siguientes experiencias puedan seguir abriendo caminos en esa dirección. No es un camino fácil, pero sin duda es lo que “Dios quiere para la Iglesia” y ya que se habló tanto en la Asamblea de “desborde del Espíritu”, que ese desborde se note en una actitud de conversión de fondo, acogiendo las voces que se levantan para mostrar qué las cosas no están funcionando como deberían porque es en esas voces donde el camino de la sinodalidad comienza a ser posible

Siguiendo la Asamblea Eclesial

Asamblea Eclesial: Elegir y construir los nuevos caminos que el Señor nos indica 

Foto Oficial Asamblea Eclesial

 El llamado de Dios a la misión acontece a partir de la humildad y no debemos negarnos a la valiente actitud de pedir perdón 

“Relaciones horizontales fundadas en la dignidad bautismal y en el sacerdocio común de todos los fieles” 

“No existe Pueblo de Dios e Iglesia jerárquica, la jerarquía hace parte del Pueblo de Dios”, y que “los obispos tienen que comportarse como fieles, en fraternidad con todos” 

“Este es el reto para una Iglesia diferente, abierta la novedad que Dios quiere sugerirle” 

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

Ser una Iglesia sinodal es sentir que somos pueblo, que estamos unidos, a aquellos con quienes caminamos en el día a día y quienes nos esperan en la Casa del Padre. Recordar a las víctimas de la pandemia ha sido el hilo conductor de la oración inicial del penúltimo día de trabajo de la Asamblea Eclesial de América Latina y del Caribe, que este domingo se encierra con la celebración eucarística en la Basílica de Guadalupe

Todo comenzó con un silencio, símbolo de esa unidad, en un día en que los asambleístas fueron llamados a elegir, en discernimiento sinodal, los nuevos caminos que el Señor nos invita a seguir y construir. Es el fruto de una semana, aunque bien podríamos remontarnos mucho más en el tiempo, una semana en que la presencialidad se ha mezclado con una virtualidad que ya ha provocado más de 80 mil interacciones y 400 mil personas alcanzadas en redes sociales, con 100 mil visualizaciones de los videos y 25 mil personas siguiendo en directo en YouTube. 

En el saludo inicial del día, con el que se abrían los trabajos, Rodrigo Guerra, Secretario General de la Pontificia Comisión para América Latina, invitó a “aprender que estamos comenzando a aprender”, a experimentar que la fragilidad y el límite, propios de la condición humana no es un signo de debilidad y no ha de relacionarse con una percepción negativa frente a todas las iniciativas que se vienen gestando en este orden. Por eso, insistió en que el llamado de Dios a la misión acontece a partir de la humildad y no debemos negarnos a la valiente actitud de pedir perdón, porque la Asamblea Eclesial es apenas un paso del gran proceso denominado sinodalidad. 

La Sinodalidad de la Iglesia fue el tema de la última reflexión de la Asamblea, de esta vez a dos voces, la de Rafael Luciani y María Dolores Palencia, que afirmaron ver en América Latina “signos emergentes de un nuevo modelo eclesial en clave sinodal”, en palabras de la religiosa mexicana. Conversión y escucha aparecen como elementos que deben estar presentes buscando llegar a consensos, a “relaciones horizontales fundadas en la dignidad bautismal y en el sacerdocio común de todos los fieles”. 

Se busca “superar relaciones desiguales, de superioridad y subordinación propias del clericalismo, y apostar por la recíproca necesidad y trabajo en conjunto”, de tomar decisiones pastorales, que sea algo que “se traduzca efectivamente en cambios concretos que ayuden a superar el actual modelo institucional clerical”. Lo que debe prevalecer es el Pueblo de Dios, buscando “nuevas y diversas maneras de vivir la autoridad y tomar las decisiones”. Los ponentes afirmaron que “esta Asamblea Eclesial de paso a una auténtica sinodalización de toda la Iglesia”. 

Como cada día, la rueda de prensa, que este viernes 26 de noviembre contó con la presencia del cardenal Marc Oullet, la periodista Lisandra Chaves, el padre Venancio Mwangi y la hermana Blanca Karina Farias, fue momento para un intercambio de informaciones con los periodistas, de definir lo que está siendo esta Asamblea, considerada como “una iniciativa que quiere promover un caminar juntos a todos los niveles en la Iglesia”, en palabras del cardenal, que también la ve como  “una experiencia de fe, una experiencia de Dios”. O como “un ejemplo para la Iglesia universal, que nos implica a vivir con responsabilidad y compromiso el don y tarea de ser discípulos misioneros”, según la hermana Karina. 

Fueron abordadas cuestiones relacionadas con el papel de la mujer en la Iglesia, sobre lo que es la sinodalidad, los migrantes, la realidad de los pueblos afrodescendientes y su relación con la Iglesia. También el tema de los abusos y lo que se está haciendo en Costa Rica, donde Lisandra Chaves forma parte de la comisión de protección. En esa Iglesia sinodal, el prefecto de la Congregación para los Obispos abogó por estructuras de consulta, e insistió en que “no existe Pueblo de Dios e Iglesia jerárquica, la jerarquía hace parte del Pueblo de Dios”, y que “los obispos tienen que comportarse como fieles, en fraternidad con todos”. 

Una vez más destacar los testimonios de los miembros de la Asamblea, que han formado parte del trabajo de las tardes a lo largo de esta semana. Testimonios que pueden ser visto como un impulso, que muestran que hay gente que está dispuesta a entregar su vida para hacer realidad esa Iglesia sinodal. 

La parte orante del día estuvo marcada por una Lectura Orante y la celebración eucarística. En su homilía, el cardenal Mario Grech, hablando sobre los pequeños brotes, que a simple vista pueden pasar desapercibidos. El secretario del Sínodo para los Obispos comparó esta imagen con la vida eclesial hoy, llamando a saber conocer los frutos de la vida, por pequeños que sean. Recordando las palabras del Papa en la abertura del Sínodo, el 9 de octubre, decía que “este es el reto para una Iglesia diferente, abierta la novedad que Dios quiere sugerirle”, cuando llamaba a estar abierto a la novedad del Espíritu, a caminar junto con él, “creador de comunión y misión, es decir, con docilidad y valentía”. 

Al hablar de la Asamblea Eclesial destacó la consulta capilar al Pueblo de Dios y definía como “una nueva expresión del rostro latinoamericano y caribeño”. En la primera fase del camino sinodal, basado en la escucha mutua y profunda, recordando que Jesús nos llama a que no nos fijemos solo en las cosas grandes, a no esperar acontecimientos sensacionales, que no dialoguemos solo con lo perfecto. 

Del mismo modo hizo ver la necesidad de superar el siempre se he hecho así, del riesgo del inmovilismo, que lleva a buscar remiendos. El purpurado insistió en saber observar los pequeños brotes, a entender los parámetros de Jesús, a entrar en el camino de la conversión. Estamos ante algo que “nos da esperanza al inicio del camino sinodal”, llamando a que “el camino sinodal nos lleve a no privar al mundo del misterio de la esperanza”. 

El día se encerró con diferentes testimonios sobre sinodalidad, gente de toda clase, condición, también eclesial, y procedencia respondieron a las preguntas: ¿Qué es para ti la sinodalidad? Y ¿Con qué Iglesia sueñas en esta Asamblea Eclesial? Preguntas que después de este tiempo vivido de forma inédita pueden ayudar a construir esa Iglesia que se esfuerza en caminar juntos, todos, no solo con aquellos que uno elige