Asamblea Eclesial de A.L. y E.C.

A un año de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe (parte 4 de 4)

por David Jasso Ramírez

Reflexiones y propuestas pastorales para seguir caminando juntos. Desborde creativo en nuevos caminos por recorrer, es el título de la Parte III, impulsándonos a salir de la zona de confort en la que a veces estamos.

Luego de mirar la realidad y discernirla, la invitación que se nos hace es a actuar comprometidamente con creatividad pastoral. El centro de esta parte es la evangelización, cosa que me alegra por la forma en la que retoma este compromiso vital en la Iglesia.

Ante los cambios profundos y vertiginosos de esta nueva época, la Nueva Evangelización se ha convertido en uno de los desafíos más importantes para nuestra Iglesia. Son muchos los ambientes humanos, sociales y tecnológicos que le están pidiendo una manera diferente y nueva de hacer llegar a ellos la alegría del Evangelio: más testimonial, con un lenguaje renovado y creativo, cercano a la realidad de las personas y con un tono que exprese la misericordia y la bondad de este Padre bondadoso que tenemos.

Con firme convicción sabemos que hay que reavivar el fuego del Espíritu que brotó en Pentecostés y que recibimos de Cristo Redentor, para salir a las “periferias existenciales”, tal y como nos lo ha enseñado y testimoniado el papa Francisco, para proclamar que el amor de Dios está vivo y es capaz de transformar esta realidad si le abrimos el corazón. Es necesario tener en cuenta la invaluable enseñanza de Aparecida, que nos recuerda que toda evangelización nace de un encuentro personal y un anuncio kerigmático (cfr. DA 244); que continúa en un proceso discipular, viviendo y participando en la comunidad cristiana para poder anunciar con alegría la Buena Nueva del Evangelio. No podemos parcializar esta experiencia fundamental en el proceso evangelizador del creyente.

Las palabras siempre luminosas del papa Paulo VI, que nos hará bien recordar, ponen de manifiesto la esencia de la misión de la Iglesia: Nosotros queremos confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia… Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar… (EN 14). Pero es una acción amplia y profunda, que llega al corazón de las personas y por su fuerza, es capaz de transformar todos los ambientes de la humanidad con su influjo para cambiar desde dentro y renovar a la misma humanidad, transformando con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la palabra de Dios y con el designio de salvación (cfr. EN 18-19).

Seis dimensiones

Es así como el Equipo de Reflexión Teológica del CELAM, propone lo siguiente: “En la perspectiva del Concilio Vaticano II, una acción evangelizadora integral e integradora comprende, por lo menos, estas seis dimensiones: la Dimensión kerigmática y misionera; la Dimensión profética y formativa; la Dimensión espiritual, litúrgica y sacramental; la Dimensión sinodal y participativa; la Dimensión socio-transformadora y la Dimensión ecológica. Tomamos estas dimensiones como un esquema básico para clasificar los desafíos pastorales elaborados en los grupos de discernimiento por la Asamblea Eclesial y las síntesis que se hicieron de las propuestas”. (No. 236)

Es importante tomar en cuenta, como el mismo texto señala, que se han tomado en cuenta 231 desafíos y no solo 41 o aquellos 12 señalados como prioritarios y que la clasificación de estos se hizo tomando en cuenta las dimensiones mencionadas.

Por otro lado, hay una evolución en el discernimiento ya que las orientaciones pastorales propuestas por la Asamblea se transformaron en líneas de acción por el carácter de implementación que tienen: “Las Propuestas pastorales y las Líneas de acción son fruto del proceso realizado por la Asamblea en sus diversas etapas. Por eso, para caracterizarlas tomamos en cuenta también el Documento para el camino, destinado a preparar el proceso, la Síntesis narrativa, que recoge las contribuciones de la escucha, y el Documento para el discernimiento comunitario, instrumento de trabajo para la Asamblea, y aportes de las Actas de la Asamblea. Asumimos estas Propuestas y Líneas de acción con las diferentes formulaciones expresadas a lo largo de todo el camino. En su formulación se omiten los sujetos y se comienza la oración con verbos que indican las acciones prioritarias”. (No. 238)

Aquí está de manifiesto el carácter unitario del proceso y del texto.

Finalmente sugiero ir directamente a la fuente para identificar las propuestas pastorales y las líneas de acción. Es mucha la riqueza que contiene esta Parte III dado que si nos preguntamos: ¿Qué puedo hacer en mi parroquia? ¿Cómo puedo enfrentar tal o cual desafío? ¿Qué elementos debo considerar en mi planeación pastoral? ¿Cómo respondo desde mi realidad concreta sumándome a otras Iglesias locales del Continente?, muy seguramente encontraremos una o más respuestas a estas u otras preguntas.

Termino con las palabras del Mensaje a la Iglesia de América Latina y El Caribe, dado en la ciudad de México, el 27 de noviembre del Año del Señor 2021: “Con gratitud y alegría reafirmamos en esta Asamblea Eclesial que el camino para vivir la conversión pastoral discernida en Aparecida, es el de la sinodalidad. La Iglesia es sinodal en sí misma, la sinodalidad pertenece a su esencia; por tanto, no es una moda pasajera o un lema vacío. Con la sinodalidad estamos aprendiendo a caminar juntos como Iglesia Pueblo de Dios involucrando a todos sin exclusión, en la tarea de comunicar la alegría del Evangelio, como discípulos misioneros en salida”

Reflexiones y propuestas pastorales para seguir caminando juntos

A un año de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe ( 3 de 4)

por David Jasso Ramírez 

 

El papa Francisco puso a toda la Iglesia en discernimiento con la llamada del Sínodo de la Sinodalidad y con la experiencia de la Asamblea Eclesial en América Latina y El Caribe, luego de un amplio proceso de escucha nos pusimos a discernir.

El Documento de Aparecida fungió como lente a través del cual mirar e interpretar la realidad siendo conscientes de los “desafíos” pendientes por realizar desde aquel 2007.

En la Parte II, el texto ofrece dos conceptos que nos ayudan a interpretar los signos de los tiempos mencionados: trabajar por una Vida plena para todos y avanzar en el proceso de conversión pastoral de cada uno de nosotros.

Por otro lado, la Conferencia de Aparecida aportó muchísimas novedades en más de un sentido. Los obispos, con su propuesta de dinámica colegial y sinodal, nos han ayudado a caminar con Jesús, comprendiendo así el modo de ser sus discípulos misioneros para que nuestros pueblos en Él tengan vida, orientando todo hacia la misión, que ha exigido una conversión personal y eclesial en perspectiva pastoral para “salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de ‘sentido’, de verdad y amor, de alegría y de esperanza!” (DA 548).

Si bien esta V Conferencia fue un evento realizado en un tiempo y en lugar determinado, sus miradas, sus reflexiones y sus llamados han trascendido al evento, convirtiéndose en un “acontecimiento” que ha de seguir acompañando nuestro caminar, para seguir suscitando en nosotros nuevas miradas, nuevas reflexiones y nuevos llamados como en un “un nuevo Pentecostés” (DA 548).

Con memoria agradecida recordamos la V Conferencia como un “acontecimiento eclesial” vivido en la alegría de la fe, en un clima fraterno, abierto, dialogante, libre, sencillo, sinodal, integrador y muy participativo, sin precedentes en la historia del Magisterio latinoamericano.

Aparecida es mucho más que lo que se dijo ahí, es un espíritu, es la Iglesia que se piensa y se repiensa desde el umbral de “un cambio de época” (DA 44), enfoque no estaba presente en las Conferencias anteriores de manera clara y sistemática. Refleja diversidad de posiciones y de miradas, de teologías, de búsquedas, de prácticas y de opciones. Lo que no le quita elementos comunes, integradores, articuladores, en medio de tanta complejidad y diversidad. “En 19 jornadas de intensa oración, intercambios y reflexión, dedicación y fatiga, nuestra solicitud pastoral tomó forma en el documento final, que fue adquiriendo cada vez mayor densidad y madurez. El Espíritu de Dios fue conduciéndonos, suave pero firmemente, hacia la meta”. (DA 547). No podemos negar que Aparecida está en el corazón del Magisterio del papa Francisco y que esta tomó nuevas dimensiones con el Magisterio actual. Él encarna el “rostro latinoamericano y caribeño de nuestra Iglesia” (DA 100). Su pontificado ratifica la vigencia del proyecto misionero de Aparecida hacia el futuro. La novedad del pontificado de Francisco está relacionada con la novedad de Aparecida, no buscando exportar un modelo latinoamericano, sino promoviendo que cada iglesia asuma la misión de una forma inculturada en su tiempo y su lugar. De lo contrario se caería en otra forma de centralismo pastoral.

Fue pues necesario hacer una relectura de Aparecida en diálogo con el Magisterio del papa Francisco para impulsar nuestra creatividad pastoral en la construcción de formas con las que renovemos nuestro modo de ser católicos, como el modo de ser instrumentos del Reino del amor, de la vida, de la solidaridad y la justicia. Así lo deja claro el texto que hemos comentado.

Hoy nos encontramos frente a un mundo más duro que en 2007 y más escéptico con respecto a los proyectos inclusivos y a largo plazo. Y, sin embargo, en la Iglesia soplan otros vientos, se respira un aire fresco y nuevo que ha traído el papa Francisco no como algo improvisado, sino que tuvo un precedente en Aparecida, donde el modo sinodal de trabajar que lo impulsó siendo cardenal al presidir la comisión de redacción del Documento final, provocó en la asamblea la madurez humilde de un consenso compacto.

Aparecida certificó que es posible una Iglesia en debate y comunión. Y no solo posible, sino urgente, en tanto que solo desde el discernimiento compartido se puede romper con inercias que establecen las estructuras y los tiempos para responder al viento del Espíritu que se encapricha siempre con salir de la zona de confort, empezando por los pastores.

Así entonces la Asamblea reaviva el espíritu de Aparecida. En el proceso de escucha se dijo: “ya no se puede seguir esperando a que la gente llegue, hay que salir a buscarlos en sus propias realidades” (SN p. 134). La Asamblea invita a ser una Iglesia de puertas abiertas para ir donde la gente está. Este camino conlleva dificultades, pero es preferible “una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (EG 49), una Iglesia que “salga” a las periferias, más que una Iglesia temerosa de equivocarse y sometida a estructuras anquilosantes (Cfr. No. 173)

El texto continúa su aporte a nuestro discernimiento haciéndonos conscientes del Sueño de Dios para nosotros: “una Vida Plena” y de nuestro compromiso de ser un pueblo en comunión sinodal y salida misionera, de ser una iglesia samaritana al servicio de la vida en fraternidad y de reconocer el desborde del Espíritu en María de Guadalupe: En el acontecimiento, la imagen, el nombre y el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe la Madre de Dios visitó a nuestros pueblos y nos dio a Jesús, el fruto bendito de su vientre. En 2031 se cumplirán cinco siglos de la visita misionera de María a estas tierras. La Virgen de Guadalupe es la primera discípula misionera del continente. En 1984, al iniciar la novena de años para preparar el V Centenario del inicio de la primera evangelización en América, San Juan Pablo II afirmó que “América Latina se ha convertido en la tierra de una nueva Visitación”. Aparecida declaró que “María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros” (DAp 269) (Cfr. No. 223).

Esto nos prepara para el Jubileo Guadalupano en 2031 y sin duda para el Jubileo de la Redención en 2033, con ella caminamos hacia Jesús.

Continuará…

Aniversario de la Asamblea Eclesial de A.L.

Dimensión Sinodal y Participativa: “La Iglesia sinodal del primer milenio no es una utopía irrealizable”

Dimensión Sinodal y Participativa

Las líneas de acción proponen una formación en todos los espacios, sin tener miedo a crear nuevas estructuras con este sello de sinodalidad, siempre a la luz de la Palabra, del Evangelio, y cómo esto nos ayuda a discernir qué es lo necesario, qué es lo conveniente para cada una de las Iglesias

Protagonismo de las mujeres, los jóvenes y los pueblos originarios y como favorecer esto en los procesos de conversión eclesial, la reforma de las estructuras, siempre pensando en la conversión que Jesús nos pide

“Una Iglesia sinodal es una Iglesia toda ella ministerial”

«Todo sujeto eclesial por el Bautismo tiene esa dignidad fundamental en cuanto laico y laica”

La conversión de las estructuras de la Iglesia es parte de un camino de una Iglesia que busca ser sinodal, con una tensión entre conversión y reforma, considerando la Asamblea Eclesial como ejemplo de “una nueva estructura que da cauce a una nueva mentalidad»

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

El primer aniversario de la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe ha dado lugar a la realización de seis encuentros virtuales organizados por el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam). El cuarto de ellos, que ha tenido lugar este 28 de noviembre, ha reflexionado sobre la Dimensión Sinodal y Participativa, queriendo profundizar en las reflexiones y propuestas pastorales recogidas en “Hacia una Iglesia en salida a las periferias”, el texto resultado de la Asamblea, recientemente elaborado y presentado al Papa Francisco el 31 de octubre.

Reflexionar juntos lo que juntos hemos ido trabajando

Una oportunidad para llevar a cabo una lectura analítica, que haga posible conocerlo y así aplicarlo en los ámbitos pastorales y de evangelización. Para ello se trata de “reflexionar juntos lo que juntos hemos ido trabajando durante poco más de un año”, en palabras de Mons. Jorge Lozano. El secretario general del Celam recordó el camino de la Asamblea desde la fase de escucha, y como tras el discernimiento aparecieron “inquietudes, desafíos, surgiendo el Documento que a lo largo de estos días vamos desglosando en cada uno de los seis ámbitos en los que nos mueve la acción pastoral”.

Hacer vida los elementos presentes en la Asamblea en cada comunidad, hacer realidad un Laboratorio Práctico de Sinodalidad, ha sido el punto de partida de Ariel Alejandro Rojas, que reflexionaba sobre la participación en la Asamblea Eclesial y el método. En relación con una Iglesia Pueblo de Dios con nuevos ministerios, una de las doce propuestas de la Asamblea, destacó que las líneas de acción proponen una formación en todos los espacios, sin tener miedo a crear nuevas estructuras con este sello de sinodalidad, siempre a la luz de la Palabra, del Evangelio, y cómo esto nos ayuda a discernir qué es lo necesario, qué es lo conveniente para cada una de las Iglesias.

Reforma de estructuras

El joven chileno también destacó como línea de acción, una Iglesia samaritana y acogedora, ser la casa de todos y todas, hospital de campaña. Junto con ello una cultura marcadamente laical, pero sin pasar de un clericalismo a un laicismo, buscando trabajar juntos, sobre todo en la toma de decisiones. En ese sentido, el integrante del Organismo Consultivo Internacional de los Jóvenes del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, destacó el protagonismo de las mujeres, los jóvenes y los pueblos originarios y como favorecer esto en los procesos de conversión eclesial, la reforma de las estructuras, siempre pensando en la conversión que Jesús nos pide.

Desde una Iglesia red de comunidades, enfatizó la promoción de la “formación continua de líderes y facilitadores de nuevas narrativas”, destacando “las comunidades eclesiales de base como espacios de crecimiento en la fe y en el compromiso social”. Sobre la conversión de estructuras eclesiales llamó a abandonar estructuras caducas, inclusive en los espacios locales, buscando nuevos métodos de evangelización, que surgen de los rostros que fueron modelando la Asamblea Eclesial, “donde Dios viene a mostrarnos que la Iglesia sigue con su vitalidad y son su fuerza”, una Iglesia que no tiene miedo a emprender nuevos caminos.

Laicado como sujeto eclesial

En esta Dimensión Sinodal y Participativa, Rafael Luciani analizó nueve núcleos temáticos que nos pueden orientar en la reflexión. La forma en que se llevó a cabo la Asamblea, que hizo de la sinodalidad uno de sus principales retos en la acción evangelizadora de América Latina y El Caribe, tanto su proceso de preparación como el evento final, demuestra que “la Iglesia sinodal del primer milenio no es una utopía irrealizable”, según el teólogo laico venezolano. La Asamblea puso de relieve al laicado como sujeto eclesial, es la expresión del ejercicio del principio de la Iglesia del primer milenio: “todo lo que concierne a todos debe ser discernido y decidido por todos”.

Con relación a una Iglesia Pueblo de Dios, surge el reto de crear nuevos ministerios, dependiendo de las necesidades de cada región, y renovar los existentes, pues “una Iglesia sinodal es una Iglesia toda ella ministerial”. Una Iglesia comunidad de comunidades, un concepto que nace en Medellín, una Iglesia que parte de la base para ir construyendo todo el tejido eclesial, que permitirá la potenciación del laicado en la vida pastoral y misión de la Iglesia, respondiendo a necesidades específicas.

La Iglesia no tiene destinatarios en su misión actual y sí interlocutores

Una Iglesia samaritana y acogedora, con estructuras para recibir a todos y a todas y poder compartir vida en abundancia, pasando de la lógica del rechazo a la lógica de la alteridad, de la relación, del encuentro. Para eso es necesario asumir la diversidad, con el pluralismo como presupuesto, entendiendo que “la Iglesia no tiene destinatarios en su misión actual y sí interlocutores”, viendo la diversidad como criterio de discernimiento.

Una cultura eclesial marcadamente laical, pasando de una cultural clerical a una laical, “porque todo sujeto eclesial por el Bautismo tiene esa dignidad fundamental en cuanto laico y laica”, con el mismo deber y derecho, que lleve a compartir espacio de responsabilidad y decisión. Desde ahí Luciani recordaba lo que dice Aparecida: “la sinodalidad es la forma de ser y de actuar en la Iglesia donde los laicos son ‘parte activa y creativa en la ejecución de proyectos pastorales en favor de la comunidad’”. Para ello es necesario renovar el ministerio ordenado desde su formación.

Protagonismo de las mujeres

Un clamor en la Asamblea Eclesial y en el actual proceso sinodal es el protagonismo de las mujeres en la Iglesia y en la sociedad, reconociendo su exclusión en la toma de decisiones, todavía más ante el hecho de que algunas autoridades eclesiásticas “no terminan de aceptar el acceso de las mujeres a roles de liderazgo o dirección en una Iglesia gobernada por varones”, insistió. Para ello llama a institucionalizar los ministerios femeninos, algo que se puede hacer realidad en una Iglesia red de comunidades, un eje que debe estructurar la vida eclesial a partir de las comunidades eclesiales de base, superando las estructuras parroquiales caducas.

La conversión de las estructuras de la Iglesia es parte de un camino de una Iglesia que busca ser sinodal, con una tensión entre conversión y reforma, considerando la Asamblea Eclesial como ejemplo de “una nueva estructura que da cauce a una nueva mentalidad”. Finalmente, fortalecer el diálogo ecuménico e interreligioso, desde los espacios de formación y en la vida de todos los católicos

Asamblea Eclesial de A. L. y el Caribe

Dimensión Profética y Formativa: Integral, superadora del clericalismo, desde la opción por los pobres

Una dimensión profética y formativa que puede ser considerada una de las bases para la transmisión de la fe, siguiendo la Tradición eclesial y las orientaciones del Magisterio

Desde la multicultaridad se busca profundizar en la formación espiritual encarnada, en la cultura del cuidado, partiendo del Bautismo y centrada en la opción de los pobres

Se parte de la premisa de que la formación cristiana debe ser integral, buscando contribuir al desarrollo humano personal y comunitario

La formación es para los jóvenes una opción pedagógica, buscando dar testimonio y llevarlo a las periferias, desde una formación integral en sus grupos

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

El primer aniversario de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe ha motivado la realización de seis encuentros en los que los participantes de lo vivido en México en noviembre de 2021 están retomando las diferentes dimensiones presentes. Este miércoles 23 de noviembre ha sido la vez de la Dimensión Profética y Formativa, buscando apropiarse del texto que recoge las reflexiones y propuestas pastorales de la Asamblea Eclesial: “Hacia una Iglesia sinodal en salida a las periferias”, presentado al Papa Francisco el pasado 31 de octubre.

Formación base de la transmisión de la fe

Una dimensión profética y formativa que puede ser considerada una de las bases para la transmisión de la fe, siguiendo la Tradición eclesial y las orientaciones del Magisterio. La formación fue una insistencia del Concilio Vaticano II, que llama a formar jóvenes y adultos, algo que es asumido por las Conferencias Generales del Episcopado de América Latina y el Caribe. Así Medellín llama a una formación integral y liberadora, Puebla a una formación para dar instrumentos a un laicado maduro, Santo Domingo a la formación integral para todos los agentes de pastoral, y Aparecida a la formación para los discípulos misioneros.

Sobre estos elementos reflexionaron conjuntamente el padre Boris Agustín Nef Ulloa, doctor en Teología bíblica de la Universidad Gregoriana de Roma, y director de la Facultad de teología de Nuestra Señora de Asunción en la Pontificia Universidad Católica de São Paulo, y la hermana Ruperta Palacios, de la congregación de Carmelitas Misioneras de Santa Teresa, que pertenece al equipo latinoamericano de Pastoral Afro, y ha organizado y participado en los cinco Encuentros Continentales de Pastoral Afroamericana (EPA).

Aportes de la Asamblea Eclesial

En su reflexión señalaron que los aportes de la Asamblea Eclesial acerca de la dimensión profética y formativa pueden ser agrupados en cuatro propuestas pastorales básicas: Un programa de formación integral para todo el Pueblo de Dios; Formación en la sinodalidad para superar el clericalismo; Formación para el compromiso social a la luz de la opción por los pobres; Promover la renovación de la formación en los seminarios y casas religiosas.

Se parte de la premisa de que la formación cristiana debe ser integral, buscando contribuir al desarrollo humano personal y comunitario. Para ello se destacó la necesidad de acompañar procesos permanentes en el camino de fe que comienzan en la iniciación cristiana y requieren una constante actualización. Una formación desde las bases y que alcance todos los espacios eclesiales, buscando brindar medios para lograr una comunicación efectiva, acentuando la capacidad de escucha, relaciones fraternas e inclusivas, y trabajo en equipo.

Itinerarios formativos progresivos

Desde la multicultaridad se busca profundizar en la formación espiritual encarnada, en la cultura del cuidado, partiendo del Bautismo y centrada en la opción de los pobres. Para ello abogan por un itinerario formativo progresivo, dinámico e integral, por nuevas temáticas en la formación en los seminarios, por apostar por la educación popular y dar mayor importancia a la educación en el uso adecuado de las tecnologías.

No podemos olvidar que la Asamblea Eclesial invita a promover y fortalecer una formación desde un modelo sinodal, del que participa todo el Pueblo de Dios, superando el clericalismo, la dicotomía entre diferentes expresiones, culturales y generacionales, y toda clase de abusos y maltratos, donde todos nos sintamos seguros y acogidos. Para ello se busca la participación corresponsable y la valoración de los carismas, dones, servicios y ministerios en la toma de decisiones en los espacios eclesiales. También una pastoral del encuentro centrada en la espiritualidad de la encarnación y de la comunión.

Opción por los pobres en una Iglesia samaritana y profética

Desde las propuestas de Medellín, la Asamblea propone una formación para el compromiso social a la luz de la opción por los pobres, ser una Iglesia samaritana y profética, que fomenta la formación en la Doctrina Social de la Iglesia. Para ello generar grupos de estudio, interacción y diálogo entre todos los miembros del Pueblo de Dios, articulación de redes de defensa de la vida, trabajo en red y coordinación con diferentes actores de la sociedad civil

En vista de la renovación de la formación en los seminarios y casas religiosas se busca ayudar a responder al desafío de una Iglesia en salida a las periferias, con candidatos al sacerdocio y a la vida consagrada fieles a Cristo, cercanos al pueblo, servidores humildes, profetas que anuncian el bien y denuncian el mal. Ello en busca de erradicar el clericalismo y el autoritarismo en la Iglesia, desde nuevos modelos institucionales, sinodales e inculturados.

Formación como opción pedagógica para los jóvenes

Una temática que también fue iluminada desde una perspectiva juvenil por María José Bolaños, de la Pastoral Juvenil de México, insistiendo en que la formación es para ellos una opción pedagógica, buscando dar testimonio y llevarlo a las periferias, desde una formación integral en sus grupos de jóvenes. Se busca desde el Evangelio y el Magisterio que el joven pueda tener una relación consigo mismo para así tener una relación con la familia, con la sociedad, con Dios y con la Creación.

Desde ahí los participantes del encuentro dialogaron en grupos, buscando escucharse, caminar juntos, compartir sus experiencias y enriqueciéndose mutuamente desde las experiencias de sus comunidades, la busca de procesos para asumir las líneas de acción en torno a esta dimensión pastoral. A ello los animó Mons. Jorge Lozano, que llamó a seguir creciendo juntos en el discipulado misionero del continente

Asamblea Eclesial de A.L. y E.C. (2)

A un año de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe ( 2 de 4)

por David Jasso Ramírez

Reflexiones y propuestas pastorales para seguir caminando juntos.

En medio de la pandemia que vivimos, la Iglesia de América Latina y El Caribe no se detuvo y tampoco lo hicieron las Iglesias particulares y mucho menos la Iglesia Universal. La llamada a comenzar el camino del Sínodo de la Sinodalidad en medio de esta emergencia sanitaria inédita nos revela que somos una Iglesia en camino y que el medio digital fue visto como puente, como avenida, como calle para “hacer lío” como diría el papa Francisco a los jóvenes.

El maravilloso contexto de nuestra Asamblea Eclesial es sinodal: “Lo que vivimos es una forma concreta de realizar la sinodalidad como comunión misionera en la historia” (No. 35). “Nuestra Iglesia regional tiene horizontes abiertos y debe seguir dando nuevos pasos en un proceso que no termina, sino que sigue avanzando” (No. 36).

Este texto al que hacemos referencia no se aleja del método pastoral que ya hemos señalado y además sigue teniendo presente el lenguaje que nos caracteriza en la región. Es por eso por lo que, en la Parte I, habla de los signos de los tiempos que nos interpelan y alientan.

La situación vivida de la pandemia nos hizo replantear una y otra vez la forma en la que debía realizarse la Asamblea Eclesial, había voces encontradas, pero todas buscaban lo mejor para cumplir con el llamado que nos había hecho el papa Francisco de hacer memoria agradecida de Aparecida. Recuerdo como si fuera ayer una reunión de planeación donde se expuso el modo híbrido o mixto, también llamado semi presencial para ubicar el evento en México, con unos cuantos, algunos conectados por plataforma digital y muchos más por redes sociales en transmisión abierta. La mirada del texto se dirige a la pandemia como un hito del cambio de época que provocó aislamiento y muertes, que lo cambió todo obligándonos a replantearnos todo mostrando la enorme capacidad de reinvención de las comunidades, al mismo tiempo que aumentó los niveles de pobreza y marginación. La pandemia como realidad transversal ha impactado a todas las dimensiones de la existencia (Cfr. No. 44-46).

Grandes inequidades

El texto elaborado por el Equipo de Reflexión Teológica del CELAM y aprobado por los obispos del CELAM reunidos en Asamblea Extraordinaria, señala Aspectos significativos de la realidad de nuestros pueblos en los ámbitos: socioeconómico, sociopolítico, ecológico, sociocultural, religioso y el de los nuevos rostros protagónicos, tales como los de los jóvenes, las mujeres, las familias y de los pueblos originarios y afrodescendientes.

Al respecto se señalan las grandes inequidades, la fragilidad de nuestras democracias, el peligro en el que se encuentra nuestra casa común, la situación de nuestros pueblos, nuestras ciudades y nuestros hermanos migrantes. Una mirada solo de estos aspectos sería muy parcial, por lo que el texto nos invita a mirar algunos aspectos relevantes de nuestra Iglesia acentuando el ser de la Iglesia como Pueblo de Dios, la formación y participación del laicado, los itinerarios formativos de los seminarios y casas religiosas, así como los casos de abuso en la Iglesia y la Experiencia personal de encuentro con Cristo presente en la historia.

Estos aspectos se resaltan en base a los desafíos presentados como gran conclusión de la Asamblea Eclesial y como signo de la voz de los participantes en el proceso de escucha.

Creo que conviene preguntarse, ante esta mirada:

¿Qué aspectos de estos que se han señalado, se encuentran latentes en el contexto donde vivimos?

¿Qué tanto describen la situación concreta que vivimos en nuestro entorno más cercano?

¿De qué manera podemos solidarizarnos con hermanos de otros países que viven estas situaciones descritas?

¿Qué camino pastoral podemos seguir para hacer nuestra esta mirada pastoral como discípulos misioneros?

Asamblea eclesial de A.L. y El C.

DOCUMENTO FRUTO DE LA PRIMERA ASAMBLEA ECLESIAL DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

Ofrecer un aporte significativo a la reflexión y al caminar de las comunidades en nuestro continente con la certeza de que «todos somos discípulos misioneros en salida», es el objetivo del documento que surge como fruto de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe.

Un evento efectuado en México de modo presencial y virtual del 21 al 28 de noviembre de 2021 y que la presidencia del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM) entregó al Papa Francisco este 31 de octubre.

«Hacia una Iglesia sinodal en salida a las periferias; reflexiones y propuestas pastorales a partir de la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe,» es el título del documento que en tres capítulos, profundiza en la historia de una experiencia única en su naturaleza, cuyos aportes son fruto del desborde del Espíritu, como lo califican sus autores.

La publicación muestra los pasos de un proceso que aún no termina, un itinerario que plantea desafíos desde lo conceptual y actitudinal para la Iglesia latinoamericana y caribeña. Se destaca entre estas fases, la referida al discernimiento y el diálogo; porque plantea nuevas propuestas pastorales que intentan responder a los clamores del pueblo de Dios tras pronunciarse de múltiples maneras durante el tiempo dedicado a la escucha. Oportunidad que abrió la posibilidad de reconocer los avances en muchas de las apuestas de la Iglesia, sin desconocer las incertidumbres y vacíos que deben atenderse, si estamos decididos a dejarnos interpelar por el llamado del Papa Francisco a vivir la sinodalidad.

Realidades que llaman y alientan

El documento «Hacia una Iglesia sinodal en salida a las periferias” inicia recordando que la Asamblea Eclesial es un camino de escucha recíproca que aspira construir un futuro más sinodal. Para ello, toma como punto de referencia los signos de los tiempos que llaman a la acción y alientan en la tarea.

La pandemia como hito histórico, marca un cambio de época en el mundo con efectos tangibles en la realidad de nuestros pueblos; perceptibles en las profundas inequidades socioeconómicas, la fragilidad de nuestras democracias y el grave peligro que corre nuestra casa común; mientras los pueblos y ciudades son determinados por el fenómeno migratorio. Contextos en los que se desarrolla la fe de los pueblos latinoamericanos y caribeños en donde emergen los rostros de quienes son protagonistas de estas realidades: los jóvenes, mujeres, familias, además de los pueblos originarios y afrodescendientes; todos con el mismo punto de encuentro.

La Iglesia, pueblo de Dios que en la juventud adelanta un camino en el discipulado, las mujeres que trabajan por un lugar más determinante en su misión, los pueblos originarios y afrodescendientes que claman por un mayor protagonismo.

En la misma medida, están temas como la necesidad de reflexionar sobre los itinerarios formativos en seminarios y casas religiosas, las voces que piden escucha y acción ante los casos de abuso al interior de la Iglesia y la experiencia personal de encuentro con Cristo que no deja de plantar semillas en los corazones.

Una Iglesia sinodal y misionera

Expuesta la realidad, la segunda parte del documento profundiza en la interpelación que hace Dios de ella, el desafío de trabajar por una vida plena, para nuestros pueblos que exigen un examen de conciencia que incida en la conversión pastoral. En esta impronta Aparecida es una carta de navegación para el camino de la Iglesia latinoamericana y caribeña que asume los principios del Concilio Vaticano II; latentes en el Magisterio del Papa Francisco, líder de una reforma sinodal y misionera que ha presentado el itinerario hacia el Sínodo sobre la sinodalidad.

Así, el texto indica que la Asamblea Eclesial se desarrolló en el espíritu de Aparecida, reavivando su espíritu vivificador en el que Jesús es fuente de amor y misión. Para ello, el documento plantea la comunión sinodal, como un camino efectivo para motivar la salida misionera mediada por la escucha, el diálogo y el discernimiento.

Un caminar con la familia humana, una sinodalidad misionera en la que todos aportan con la conciencia de que la Iglesia, debe estar al servicio de la fraternidad, objetivo para el que necesariamente apelará al denominado “desborde creativo” que no es otra cosa que la manifestación del espíritu misionero de los creyentes que no se cansa de emprender y proponer.

Un nuevo camino por recorrer

Las realidades identificadas y los análisis hechos desde la perspectiva de la fe, nutren el deseo de aportar a la construcción de un modo diferente de ser y actuar. Esta es la intención del tercer capítulo del documento. Propuestas para una Iglesia que evangelizada es capaz de ser profética ante flagelos como la violencia o la vulneración de los derechos humanos. Y evangelizadora para otros; porque asume su tarea desde la perspectiva misionera.

Esto quiere decir que es una Iglesia que hace presente el Reino de Dios en el mundo, asumiendo que la Evangelización es integral e integradora, primero porque abarca todos los aspectos de la vida del ser humano y en segundo lugar, porque se atreve a superar el miedo a la diferencia, el prejuicio y el orgullo de perfección.

Ante este panorama puede surgir un cuestionamiento sobre el método, el camino a seguir. Al respecto, el documento propone unas líneas de acción desde seis dimensiones: la primera de ellas es la kerigmática y misionera, entendiendo que la Iglesia ha de ser signo e instrumento del encuentro con Jesucristo. En segundo lugar, está la dimensión Profética y formativa, porque debe capacitar y empoderar en lo referente a la sinodalidad y el compromiso social; pensando en superar vicios como el clericalismo y alentando la renovación de los itinerarios formativos de los aspirantes a la vida consagrada.

Religiosidad: lugar de encuentro

Lo espiritual, litúrgico y sacramental, hacen parte de la tercera dimensión propuesta por el texto, esto para que se redescubra la vivencia de los sacramentos desde la inculturación de la Palabra y valore la religiosidad popular.

En cuarto lugar, aparece la dimensión Sinodal y participativa, por cuanto las acciones pastorales que surjan a partir de la Asamblea Eclesial han de valorar la Iglesia como pueblo de Dios aceptando los nuevos ministerios y adoptando una cultura eclesial marcada fundamentalmente por lo laical, donde las mujeres tengan el merecido protagonismo por el que han trabajado y que la conversión de las estructuras sea tangible.

Luego, está la dimensión socio transformadora donde la pastoral es profética y reconoce el rol de los cristianos en los ámbitos de la política y la economía, impulsando acciones para prevenir y reparar las situaciones de abuso sexual, de poder y conciencia al interior de la Iglesia. La idea es que se pierdan de vista las urgencias de las comunidades, entre ellos los pueblos originarios y afrodescendientes. Así este apartado del documento se cierra con la dimensión ecológica que propende por una educación y una espiritualidad comprometidas con el cuidado de la Casa Común.

El texto de la Asamblea Eclesial finaliza con el mensaje dirigido al pueblo de América Latina y la oración de consagración a la Virgen de Guadalupe. Un documento para dejarse interpelar y continuar con el itinerario transformador al que ha sido llamada la Iglesia continental.

Documento Asamblea Eclesial

Evangelización inculturada, formación para superar el clericalismo y mujeres protagonistas

«Hacia una Iglesia sinodal en salida a las periferias; reflexiones y propuestas pastorales a partir de la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe,» es el título del documento.

La Asamblea Eclesial es un camino de escucha recíproca que aspira construir un futuro más sinodal.

Aparecida es una carta de navegación para el camino de la Iglesia latinoamericana y caribeña que asume los principios del Concilio Vaticano II; latentes en el Magisterio del Papa Francisco

Por Paola Calderón

Ofrecer un aporte significativo a la reflexión y al caminar de las comunidades en nuestro continente con la certeza de que «todos somos discípulos misioneros en salida», es el objetivo del documento que surge como fruto de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe.

Un evento efectuado en México de modo presencial y virtual del 21 al 28 de noviembre de 2021 y que la presidencia del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM) entregó al Papa Francisco este 31 de octubre.

«Hacia una Iglesia sinodal en salida a las periferias; reflexiones y propuestas pastorales a partir de la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe,» es el título del documento que en tres capítulos, profundiza en la historia de una experiencia única en su naturaleza, cuyos aportes son fruto del desborde del Espíritu, como lo califican sus autores. 

La publicación muestra los pasos de un proceso que aún no termina, un itinerario que plantea desafíos desde lo conceptual y actitudinal para la Iglesia latinoamericana y caribeña. Se destaca entre estas fases, la referida al discernimiento y el diálogo; porque plantea nuevas propuestas pastorales que intentan responder a los clamores del pueblo de Dios tras pronunciarse de múltiples maneras durante el tiempo dedicado a la escucha. Oportunidad que abrió la posibilidad de reconocer los avances en muchas de las apuestas de la Iglesia, sin desconocer las incertidumbres y vacíos que deben atenderse, si estamos decididos a dejarnos interpelar por el llamado del Papa Francisco a vivir la sinodalidad.

Realidades que llaman y alientan

El documento «Hacia una Iglesia sinodal en salida a las periferias” inicia recordando que la Asamblea Eclesial es un camino de escucha recíproca que aspira construir un futuro más sinodal. Para ello, toma como punto de referencia los signos de los tiempos que llaman a la acción y alientan en la tarea.

La pandemia como hito histórico, marca un cambio de época en el mundo con efectos tangibles en la realidad de nuestros pueblos; perceptibles en las profundas inequidades socioeconómicas, la fragilidad de nuestras democracias y el grave peligro que corre nuestra casa común; mientras los pueblos y ciudades son determinados por el fenómeno migratorio. Contextos en los que se desarrolla la fe de los pueblos latinoamericanos y caribeños en donde emergen los rostros de quienes son protagonistas de estas realidades: los jóvenes, mujeres, familias, además de los pueblos originarios y afrodescendientes; todos con el mismo punto de encuentro.

La Iglesia, pueblo de Dios que en la juventud adelanta un camino en el discipulado, las mujeres que trabajan por un lugar más determinante en su misión, los pueblos originarios y afrodescendientes que claman por un mayor protagonismo.

En la misma medida, están temas como la necesidad de reflexionar sobre los itinerarios formativos en seminarios y casas religiosas, las voces que piden escucha y acción ante los casos de abuso al interior de la Iglesia y la experiencia personal de encuentro con Cristo que no deja de plantar semillas en los corazones.

Una Iglesia sinodal y misionera

Expuesta la realidad, la segunda parte del documento profundiza en la interpelación que hace Dios de ella, el desafío de trabajar por una vida plena, para nuestros pueblos que exigen un examen de conciencia que incida en la conversión pastoral. En esta impronta Aparecida es una carta de navegación para el camino de la Iglesia latinoamericana y caribeña que asume los principios del Concilio Vaticano II; latentes en el Magisterio del Papa Francisco, líder de una reforma sinodal y misionera que ha presentado el itinerario hacia el Sínodo sobre la sinodalidad.

Así, el texto indica que la Asamblea Eclesial se desarrolló en el espíritu de Aparecida, reavivando su espíritu vivificador en el que Jesús es fuente de amor y misión. Para ello, el documento plantea la comunión sinodal, como un camino efectivo para motivar la salida misionera mediada por la escucha, el diálogo y el discernimiento.

Un caminar con la familia humana, una sinodalidad misionera en la que todos aportan con la conciencia de que la Iglesia, debe estar al servicio de la fraternidad, objetivo para el que necesariamente apelará al denominado “desborde creativo” que no es otra cosa que la manifestación del espíritu misionero de los creyentes que no se cansa de emprender y proponer.

Un nuevo camino por recorrer

Las realidades identificadas y los análisis hechos desde la perspectiva de la fe, nutren el deseo de aportar a la construcción de un modo diferente de ser y actuar. Esta es la intención del tercer capítulo del documento. Propuestas para una Iglesia que evangelizada es capaz de ser profética ante flagelos como la violencia o la vulneración de los derechos humanos. Y evangelizadora para otros; porque asume su tarea desde la perspectiva misionera.

Esto quiere decir que es una Iglesia que hace presente el Reino de Dios en el mundo, asumiendo que la Evangelización es integral e integradora, primero porque abarca todos los aspectos de la vida del ser humano y en segundo lugar, porque se atreve a superar el miedo a la diferencia, el prejuicio y el orgullo de perfección.

Ante este panorama puede surgir un cuestionamiento sobre el método, el camino a seguir. Al respecto, el documento propone unas líneas de acción desde seis dimensiones: la primera de ellas es la kerigmática y misionera, entendiendo que la Iglesia ha de ser signo e instrumento del encuentro con Jesucristo. En segundo lugar, está la dimensión Profética y formativa, porque debe capacitar y empoderar en lo referente a la sinodalidad y el compromiso social; pensando en superar vicios como el clericalismo y alentando la renovación de los itinerarios formativos de los aspirantes a la vida consagrada.

Religiosidad: lugar de encuentro

Lo espiritual, litúrgico y sacramental, hacen parte de la tercera dimensión propuesta por el texto, esto para que se redescubra la vivencia de los sacramentos desde la inculturación de la Palabra y valore la religiosidad popular.

En cuarto lugar, aparece la dimensión Sinodal y participativa, por cuanto las acciones pastorales que surjan a partir de la Asamblea Eclesial han de valorar la Iglesia como pueblo de Dios aceptando los nuevos ministerios y adoptando una cultura eclesial marcada fundamentalmente por lo laical, donde las mujeres tengan el merecido protagonismo por el que han trabajado y que la conversión de las estructuras sea tangible.

Luego, está la dimensión socio transformadora donde la pastoral es profética y reconoce el rol de los cristianos en los ámbitos de la política y la economía, impulsando acciones para prevenir y reparar las situaciones de abuso sexual, de poder y conciencia al interior de la Iglesia. La idea es que se pierdan de vista las urgencias de las comunidades, entre ellos los pueblos originarios y afrodescendientes. Así este apartado del documento se cierra con la dimensión ecológica que propende por una educación y una espiritualidad comprometidas con el cuidado de la Casa Común.

El texto de la Asamblea Eclesial finaliza con el mensaje dirigido al pueblo de América Latina y la oración de consagración a la Virgen de Guadalupe. Un documento para dejarse interpelar y continuar con el itinerario transformador al que ha sido llamada la Iglesia continenta

La Iglesia chilena en proceso sinodal

En base a los informes diocesanos se prepara el informe nacional al SínodoEl mismo camino conduce a la 3ª Asamblea Eclesial Nacional

Con la entrega de los informes diocesanos que contienen la síntesis del período de escucha iniciado en octubre del año pasado, se ha puesto en marcha la preparación del informe nacional para el próximo Sínodo en Roma. Esta preparación tendrá su momento culminante en la ‘semana de profundización’ que se realizará entre el 28 de agosto y el 2 de septiembre “promoviendo espacios para el reencuentro, el diálogo y el discernimiento mayoritariamente, entre quienes participan de espacios eclesiales”, dijo a Vida Nueva el secretario pastoral adjunto de la Conferencia Episcopal de ChileRenzo Ramelli.

Camino de discernimiento eclesial

“Es interesante el movimiento que ha provocado el Sínodo en nuestro país, agrega Ramelli. Desde el 2018, después de la visita del Papa, veníamos haciendo un camino de discernimiento que se vio muy afectado en su continuidad por el estallido social primero, y la pandemia después. Luego de la consulta para la Asamblea Eclesial Latinoamericana, el Sínodo fue un impulso importante en todo el país para la continuidad del Camino Nacional de Discernimiento”.

Después de su visita a Chile, en enero del 2018, el papa Francisco escribió a los obispos citándolos a la Santa Sede, donde se reunieron durante 3 días. Allí se abordó con crudeza la grave y dolorosa situación de los abusos sexuales, de conciencia y de poder, en la iglesia chilena, provocando la ‘Misión Scicluna’ como se llamó el envío de Francisco al arzobispo de Malta, Charles Scicluna, y al pbro. Jordi Bertomeu, quienes estuvieron en Chile en dos ocasiones.

El encuentro de Francisco y todos los obispos chilenos, en Roma, y la posterior “Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Chile” en la que Francisco pide “mirar de frente, asumir y sufrir el conflicto, y así poder resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo caminar”, fueron los detonantes para realizar la 3ª Asamblea Eclesial Nacional, acordada en asamblea plenaria de los obispos.

En octubre del 2007 se había realizado la primera Asamblea con mucha participación y resultados alentadores, buscando aplicar en Chile los acuerdos de la Conferencia de Aparecida realizada pocos meses antes. Esa fructífera experiencia motivó la 2ª Asamblea realizada en junio del 2013 con el lema “Una iglesia que escucha, anuncia y sirve”.

“Ha sido un desafío”

La preparación de la 3ª Asamblea se planteó como reacción eclesial ante la gravedad de los hechos conocidos el año 2018 y las severas medidas adoptadas por el Papa. Se abrió así un camino de escucha y diálogo a nivel diocesano, en todo el país, alterado por el estallido social en octubre del 2019 y la pandemia a inicios del año siguiente.

Ramelli, quien ha coordinado este proceso nacional, dice que “¡Ha sido todo un desafío en medio de la pandemia! Las diócesis se han movilizado desde sus procesos particulares, articulando junto a los equipos diocesanos sinodales, la etapa diocesana del Sínodo integrada en la propia experiencia de modo que no sea “una tarea más entre otras” sino parte de un caminar juntos, más sinodal, profético y esperanzador”.

Para Ramelli ha sido esperanzador encontrar en los informes la búsqueda de una nueva forma de ser iglesia “donde todas y todos nos sentimos necesarios y responsables. Entre los equipos de las diócesis, desde el dolor y la vergüenza que hemos vivido como Iglesia en Chile, se va contagiando una esperanza que anima el caminar”.

El laicado, protagonista

De este modo, al mismo tiempo que se prepara el Informe Nacional y la participación de la iglesia chilena en el Sínodo mundial, avanza también la preparación de la 3ª Asamblea Eclesial Nacional programada para octubre próximo, después de dos postergaciones debido a la pandemia.

Ramelli destaca la participación de los laicos en este proceso. “El gran protagonista de este tiempo sinodal ha sido el laicado. Se han hecho esfuerzos muy importantes por abrir espacios de participación y hay que seguir haciéndolo. Los espacios de escucha, de diálogo, de encuentro son fundamentales para la vivencia de ser una Iglesia, Pueblo de Dios que se sabe ungido, que camina juntos y juntos descubre los caminos del Espíritu”

Construir sinodalidad

Guillermo Sandoval: “Se trata de construir sinodalidad”

El director interino del Centro de Gestión del Conocimiento del CELAM explica los resultados de la Asamblea Eclesial Latinoamericana Aborda también los apoyos institucionales en la aplicación de esos frutos

Integró la comisión de síntesis de la reciente Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, en ciudad de México; antes, Guillermo Sandoval participó en el proceso de renovación y reestructuración del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) que ha culminado creando una estructura compuesta por 4 centros pastorales al servicio de las conferencias episcopales del continente: de gestión del conocimiento, de formación (CEBITEPAL), de programas y redes de acción pastoral y para la comunicación.


Sandoval dirige el equipo del Centro de Gestión del Conocimiento, cuyo coordinador es el cardenal Óscar Andrés Rodríguez, arzobispo de Tegucigalpa, en Honduras.

Experto en doctrina social de la Iglesia

Es periodista chileno especializado en temas sociales; tiene un Magister en Doctrina Social de la Iglesia, con mención en relaciones laborales, por la Universidad Pontificia de Salamanca; y estudios en derechos humanos en el Instituto de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

En 2019 publicó “Las manos humanas son las manos de Dios”, con casi 500 páginas dedicadas a analizar el trabajo humano en la Biblia, el Magisterio eclesial y experiencias eclesiales en América Latina.

Desde su rol en el CELAM y su reciente experiencia en la Asamblea Eclesial habló con Vida Nueva.

PREGUNTA.- ¿Cuáles son los principales frutos que ha dejado esta asamblea eclesial de México?

RESPUESTA.- Hay muchos. Creo que lo más relevante es hacer presente y poner en ejercicio la igual dignidad de todos los miembros del Pueblo de Dios. Se trata de una eclesiología de Vaticano II, que tiene raíces en las primeras comunidades cristianas. ¡Que todos, en diálogo y misión, seamos corresponsables de la Iglesia! Aportando desde los ministerios que corresponden a cada cual, y que expresan los diferentes servicios y carismas necesarios para hacer y ser iglesia, diversa en manifestaciones y unida en el amor. Esto es muy importante para construir una Iglesia del siglo XXI.

Énfasis en lo social

P.- ¿De qué manera los organismos del CELAM apoyarán la aplicación de los resultados de la asamblea?

R.- A través de los distintos programas que el CELAM desarrolla en colaboración con las 22 Conferencias Episcopales de América Latina y El Caribe, y la Conferencia Eclesial de la Amazonía. Hay 41 desafíos pastorales identificados por los asambleístas y más de cien orientaciones. Es claro un énfasis en lo social. Un deseo de servir a Dios en la persona de nuestros hermanos y hermanas, colaborando en la construcción de Su Reino.

P.- Parece ir consolidándose un formato ‘eclesial’ versus ‘episcopal’ de asambleas para discernir orientaciones pastorales. ¿Cómo apoya el CELAM este proceso?

R.- Creo que de ninguna manera deberíamos usar el “versus”, que señala confrontación.  De lo que se trata, es de construir sinodalidad. Esto es, caminar juntos. Unidos. Obispos, clero, religiosas(os) y laicas(os) nos necesitamos mutuamente para anunciar el Evangelio y proponerlo a la sociedad en sentido amplio. En materias eclesiales y sociales dos más dos son mucho más que cuatro.

Es cierto, para no eludir el fondo de la pregunta, que han surgido propuestas de nuevas organizaciones desde los diferentes ministerios, incluyendo el laical. Creo que es algo que debe madurar más. Lo que sí tengo claro, es que debemos superar el clericalismo que, por otra parte, muchas veces lo promovemos los propios laicos. Veo a las autoridades del CELAM convencidas, abiertas, disponibles y promoviendo la eclesialidad del Pueblo de Dios, que es un proceso de escucha y diálogo. En esto no habrá vuelta atrás. Es esa misma línea apunta el próximo Sínodo sobre la sinodalidad.

Hacer sinodalidad

P.- ¿Qué aportes podemos esperar del Centro de Gestión de Conocimiento, CGC, del CELAM?

R.- Próximamente el CGC entregará los frutos de varios trabajos académicos, sobre migraciones, Pacto Educativo Global, economías de Francisco y Clara, salud mental, estado de la situación del medio ambiente en la Región, violencia que sufren niños y adolescentes, etc. Todos estos temas coinciden con las preocupaciones planteadas en los 41 desafíos pastorales. Pero esos mismos 41, son una cantera amplia para trabajar otros temas en los meses siguientes con equipos de las distintas universidades católicas de América Latina y El Caribe.

Por otra parte, el área de Conocimiento Compartido continuará poniendo en diálogo a los integrantes del Pueblo de Dios que deseen participar, sobre temas que las propias comunidades van escogiendo. Ya los hay sobre catequesis familiar y educación. Otros están prontos a iniciarse. La pandemia nos obligó a trabajar en plataformas digitales, y eso lo vamos a seguir aprovechando para que comunidades de distintos países puedan intercambiar buenas prácticas y conocimientos, para servir mejor, hacer sinodalidad con las herramientas que nos acercan y permiten ese intercambio, sin reemplazar el encuentro y calidez de un abrazo o una taza de té en torno a una mesa. Compartir es una riqueza muy grande

Sinodalidad y Misión

El Cardenal Grech destacó la estrecha relación entre sinodalidad y misión 

El secretario general del Sínodo de los Obispos destacó los aportes que la Iglesia latinoamericana puede hacer, desde su experiencia en el “caminar juntos” 

El Secretario General del Sínodo de los Obispos, Mario Grech, expuso ante la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe y dijo sentirse honrado de dirigirse a las Iglesias latinoamericanas, que podrían ser un ejemplo para muchas Conferencias Episcopales, por la extraordinaria experiencia eclesial, después de las conferencias de Medellín, Pueblo, Santo Domingo y Aparecida. 

El cardenal sostuvo que los documentos conclusivos de esas Asambleas constituyen hitos de un camino que se fue profundizando en la conciencia de una Iglesia dinámica y en comunión, base de su identidad eclesial y del modo particular y característico que buscan ser Iglesia en este tiempo tan complejo y convulso. “Todo esto tiene mucho que ver con la sinodalidad”, aseveró. 

Relacionó la Asamblea Eclesial con la Conferencia del CELAM de Aparecida, fundamento de la conversión pastoral promovida por ‘Evangelii gaudium’, y expresión de la visión pastoral del papa Francisco. Señaló que esta AE constituye un puente entre el Sínodo de la Amazonía (verdadera experiencia transformadora para la región) y el Sínodo de la Sinodalidad. Esta conexión le permite explicitar la relación entre sinodalidad y misión. 

Dimensión misionera de la Iglesia 

Para Mario Grech, la conversión pastoral que propone la Exhortación Apostólica tiene una dimensión misionera. Los principios que plantea para poner en práctica la “Iglesia en salida” pueden inflexionarse en un sentido sinodal. 

En su pto. 24, EG manifiesta que “La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan“. El sujeto de los cinco verbos es la “comunidad evangelizadora” y se puede aplicar a una “comunidad sinodal”, expresó el Cardenal. 

  • La comunidad sinodal sabe que el Señor ha tomado la iniciativa, la ha precedido en el amor (cf. 1 Jn 4,10), y por eso sabe dar el primer paso, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los alejados e invitar a los excluidos. La Iglesia sinodal tiene un deseo inagotable de ofrecer misericordia. 
  • La Iglesia sinodal sabe “implicarse”. Se sitúa con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, acorta las distancias, se rebaja y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Los hombres y mujeres verdaderamente sinodales tienen así “olor a oveja” y éstas escuchan su voz. 
  • La comunidad sinodal está siempre dispuesta a “acompañar” a la humanidad en todos sus procesos. Sabe lo que significa el trabajo duro y la resistencia apostólica. La evangelización implica mucha paciencia y no conoce límites. 
  • La comunidad eclesial, fiel al don de Dios, sabe “dar fruto”, está siempre atenta a los frutos, porque el Señor la quiere fecunda. Cuida el grano y no pierde la paz por culpa de las malas hierbas. El sembrador encuentra el modo de hacer que la Palabra penetre en una situación concreta y dé frutos de vida nueva, aunque sean imperfectos o incompletos 
  • La comunidad sinodal siempre sabe “celebrar”. Celebra cada pequeña victoria, cada paso adelante. La sinodalidad alegre se convierte en belleza en la Liturgia. 

Sinodalidad y Misión 

El cardenal maltés expresó: “Es tan fácil entender la ‘Evangelii gaudium’ a la luz de la sinodalidad, que podemos argumentar que no sólo la Iglesia es sinodal y misionera al mismo tiempo, sino que sólo es misionera si es sinodal, y sinodal si es misionera“. Se trata de dos dimensiones constitutivas de la Iglesia, que se mantienen o caen juntas. 

Indicó que si se piensa en el escenario de la misión de una Iglesia no sinodal, la evangelización ya no sería obra de la Iglesia, sino de muchos individuos, grupos, movimientos, con sus propios dones, pero sin el mandato de Cristo. El anuncio del Evangelio debe ser una manifestación evidente de la comunión eclesial. Un proyecto misionero sólo puede surgir del proceso sinodal de escucha-discernimiento, que es, además, un ejercicio de discipulado. 

Aportes de la Iglesia latinoamericana 

Grech aseguró que la profundización del vínculo entre estas dos dimensiones de la Iglesia puede ser uno de los aportes más significativos de esta Asamblea, en continuidad con la historia y la experiencia de la Iglesia en América Latina. Rescató el aporte de los pastores como representación visible de la Iglesia que vive en este continente. “Si en el camino de la sinodalidad todos somos aprendices, ustedes lo son desde hace mucho tiempo; por eso, es justo esperar de ustedes una importante aportación de experiencia sinodal”, aseveró. 

Otro aporte se refiere a la forma en que se realizan los pasos de las primeras fases del proceso sinodal: la consulta amplia en las Iglesias particulares es una novedad. A partir de la escucha los episcopados están llamados a hacer un discernimiento eclesial. Luego, seguirá el nivel continental. “Es legítimo esperar una contribución que abra perspectivas sobre el modo de hacer operativas las instancias intermedias de la sinodalidad”, destacó. 

Desde su óptica, la Iglesia de este continente tiene también otro don que ofrecer a toda la Iglesia, un don atesorado: entender la Iglesia como Pueblo de Dios. Esta perspectiva del Concilio Vaticano II resurgió con la elección del papa Francisco. La teología del Pueblo de Dios ha vuelto a ser el marco de referencia para el camino de la Iglesia dentro del cual se pueden inflexionar en plena armonía y complementariedad, la sinodalidad, la colegialidad y el primado

Dos visiones de Iglesia 

Sin embargo, el Secretario del Sínodo de Obispos, expresó que otro aspecto que caracterizó la vida eclesial de este continente fue el contraste radical entre dos visiones de la Iglesia, que generó una profunda división del cuerpo eclesial. El Sínodo nos pide “caminar juntos” y no será posible una conversión misionera si no se realiza también una conversión sinodal, que implica una escucha humilde y respetuosa del otro y de sus razones; que tenga la valentía de pedir y dar el perdón; que quiera la unidad. “Tal vez éste sea el mayor esfuerzo, pero también constituirá el testimonio más fuerte, que dará contenido al don de la experiencia sinodal que pueden ofrecer a toda la Iglesia”, estimó Grech. 

Continuó afirmando que este camino también parece ser la respuesta a aquellos grupos y sectas cristianas que promueven una comprensión individualista e intimista de la fe. A estas propuestas,  la respuesta más creíble es la de la comunión: “eran asiduos a la enseñanza de los Apóstoles, a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones” (Hch 2,42). El Sínodo, al poner como tema la Iglesia sinodal y pedir que, en este contexto se lea la comunión, la participación y la misión, constituye la posibilidad concreta de volver al estilo de vida evangélico