Nuevos beatos en El Salvador

Beatificación de Rutilio Grande aviva la urgencia de su mensaje

El Vaticano declaró beatos a Rutilio Grande, Nelson Rutilio Lemus y Manuel Solórzano, asesinados en marzo de 1977 en El Paisnal por escuadrones de la muerte; y también al sacerdote de origen italiano Cosme Spessotto, asesinado en 1980 en el departamento de La Paz. El cardenal Gregorio Rosa Chávez, designado por el Papa Francisco como delegado especial, aprovechó la ceremonia para lanzar un llamado a “recuperar el espíritu de los Acuerdos de Paz” así como “la hoja de ruta” que se trazó. Para algunos sacerdotes, esta beatificación representa un reclamo vigente de verdad y justicia y llega en un momento en el que “la voz de la gente está secuestrada”.

Julia Gavarrete

Con un contundente llamado del cardenal Gregorio Rosa Chávez a recuperar la memoria histórica y el espíritu de los Acuerdos de Paz, el Vaticano declaró beatos este 22 de enero al padre jesuita Rutilio Grande, Nelson Rutilio Lemus, Manuel Solórzano y fray Cosme Spessotto. La ceremonia de beatificación fue presidida por el cardenal frente a cientos de feligreses que se congregaron frente a la plaza del Divino Salvador del Mundo, en San Salvador. Entre los asistentes destacó la ausencia del presidente Nayib Bukele, y la presencia de altos representantes del oficialismo, como el presidente de la Asamblea Legislativa, Ernesto Castro, o el alcalde de la capital, Mario Durán. La semana antepasada, la Asamblea controlada por Bukele derogó dos decretos legislativos para eliminar la conmemoración de los Acuerdos de Paz, ocurridos el 16 de enero de 1992 en México.

La ceremonia de beatificación tuvo un protagonista principal, el sacerdote jesuita Rutilio Grande, asesinado por escuadrones de la muerte el 12 de marzo de 1977, cuando se dirigía de Aguilares, de donde era párroco, hacia El Paisnal, en el norte de El Salvador, a oficiar una misa junto con sus acompañantes, Solórzano, de 72 años, y Lemus, de apenas 16. En el tiroteo murieron esos dos acompañantes y el padre Grande, que constantemente alzaba la voz para denunciar la situación de represión militar y desigualdad que se vivía en el país. Sobrevivieron tres niños que viajaban con ellos.

Tres años después de la masacre, fue asesinado el italiano fray Cosme Spessotto mientras oraba frente al altar de su parroquia en San Juan Nonualco, La Paz. Todo apunta a que Spessotto también fue asesinado por escuadrones de la muerte debido a la intensa denuncia de violaciones a los derechos humanos que realizaba. 

El padre Rutilio Grande fue declarado beato de la Iglesia Católica este sábado 22 de enero durante  una ceremonia celebrada por el cardenal Gregorio Rosa Chávez en la plaza Divino Salvador del Mundo, de San Salvador. Foto de El Faro: Víctor Peña.

El inicio de la ceremonia estuvo marcado por mensajes de reconocimiento al martirio de la iglesia salvadoreña y de toda la sangre que fue derramada en defensa de la fe y los derechos humanos, y fue casi al final cuando los Acuerdos de Paz tomaron protagonismo. El cardenal Rosa Chávez, en su homilía, destacó su importancia al recordar el final de una “lucha fratricida” y por la que “hemos llorado a cerca de 75,000 muertos”. 

“Nuestros mártires pueden ayudarnos a recuperar la memoria para que no renunciemos al sueño de ver a nuestro país reconciliado y en paz”, sostuvo Rosa Chávez. “Para ello, tenemos que recuperar el espíritu de los Acuerdos de Paz y la hoja de ruta que ahí se trazó”, promulgó frente a autoridades eclesiales, invitados, cuerpo diplomático y funcionarios de Gobierno, entre los que también estuvieron el vicepresidente de la República, Félix Ulloa, y la ministra de Vivienda, Michelle Sol. Sus palabras le generaron mensajes de repudio en redes sociales de parte de algunos de los más reconocidos seguidores de Bukele, que lo acusaron de politizar la ceremonia.

“¿Cómo olvidar lo que este drama horrible trajo consigo? Odio, venganza, muerte, calumnia, estigmatización. Son componentes perversos”, continuó el cardenal. Este reconocimiento a los Acuerdos de Paz de 1992 ocurre en un contexto en el que el Gobierno de Bukele decidió no conmemorar oficialmente la fecha.

“La inmensa mayoría de salvadoreños decidimos no celebrar los Acuerdos de Paz. Nuestra Asamblea Legislativa, electa por el pueblo en elecciones libres, ha derogado con 3/4 de los votos el decreto de celebración y ha declarado el Día de las Víctimas del Conflicto Armado”, escribió Bukele el 16 de enero pasado en su cuenta de Twitter. En algunos sectores, esto fue interpretado como un nuevo ataque a la raquítica oposición política del país que fue protagonista de esos acuerdos, y que está representada principalmente por los partidos FMLN y Arena.

 “La primera urgencia es, por tanto, recuperar la memoria. Un ejemplo evidente es Rutilio Grande, que después de seguir en Ecuador (…) y de haber compartido la experiencia de trabajo con campesinos, volvió a nuestro país con una clara e inequívoca opción de nuestros pobres”, destacó el cardenal. 

Pascual Cebollada, postulador general de la Compañía de Jesús, fue el encargado de llevar a cabo el proceso para la beatificación en Roma de Rutilio Grande, Nelson Lemus y Manuel Solórzano. “Consciente del gran peligro que corría su vida y convencido de que debemos hacer siempre lo que Dios quiere, días antes de morir, el padre Rutilio había declarado: ‘el odio no cabe en un cristiano, aunque nos apaleen y nos quiten la vida, tenemos que seguir amando y perdonando’”, dijo Cebollada al leer la biografía del padre asesinado. Fray Claudio Bratti fue el vicepostulador de la causa de Cosme Spessotto por parte de la Orden de Frailes Menores. Compañero y amigo de Spessotto, Bratti siguió de cerca su causa.   

En medio de la ceremonia fue develada una gigantografía con la imagen de los cuatro beatos. El rector de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), Andreu Oliva, que ha sido constantemente atacado en el discurso del oficialismo, aprovechó los últimos minutos para destacar la labor que hicieron los mártires, y que pagaron con su vida. “Que estén dos personas laicas, dos sacerdotes de distintas congregaciones, nos muestra que el proyecto del reino de Dios, la causa del evangelio, es una causa que nos une a todos”. 

El reclamo de verdad y justicia 

El reconocimiento del Vaticano al declarar beatos a cuatro figuras que fueron martirizadas reconoce, según la jerarquía de la Iglesia, una “manera de predicar y de vivir”. Para el padre Edwin Henríquez, vicepostulador de la causa de Rutilio Grande, era necesario culminar este proceso, ante toda duda o crítica que ha existido sobre la figura del sacerdote y de muchos otros que perdieron su vida por su trabajo con la comunidad.

“A lo largo de estos 44 años ha habido mucho lodo, ha habido mucha gente que ha hablado mal (de Rutilio Grande) y que ha entendido la labor del padre desde el punto de vista político y esto no es así: la labor del padre es desde el evangelio”, comentó.  

El vicepostulador puso un ejemplo: Monseñor Óscar Arnulfo Romero. Aseguró que no se puede entender a Romero sin antes conocer a Rutilio Grande. “Esta beatificación es importante porque nos va ayudando a entender más a Monseñor Romero y cómo los dos vivieron el evangelio de Jesús, el único, que es el que transforma vidas”. El asesinato de Rutilio ocurrió cuando Romero ya había tomado posesión de la Arquidiócesis. Eso generó presión en Romero, porque el asesinato de su amigo se sumaba a la larga lista de asesinatos políticos ocurridos en el país en aquel momento, cuando la guerra estaba a punto de estallar.

Ese carácter martirial de la Iglesia Católica, según el padre Rodolfo Cardenal, miembro de la comisión de beatificación de Rutilio Grande y una de las personas que más conoce la vida del sacerdote asesinado, queda ratificado con esta beatificación: “Porque no solo es Rutilio, hay más de 20 sacerdotes asesinados, hay religiosas, y laicos, como el caso del padre Rutilio, que van dos laicos como beatos (acompañándolo), porque fueron asesinados con él”, comentó a El Faro. 

Para Cardenal, la beatificación también representa “un reclamo de verdad y justicia” por todos los casos que nunca fueron investigados ni juzgados: “Es una oportunidad para poder rectificar”. “Dado que han decidido que el 16 de enero (fecha de los Acuerdos de Paz) sea para conmemorar a las víctimas, lo menos que (desde el Estado) podían hacer para darle contenido a ese cambio es acelerar los procesos que no se han llevado a cabo”, comentó respecto a la acción de la Asamblea Legislativa de cambiar el sentido de la conmemoración del fin de la guerra. 

 “En el caso de Rutilio, Nelson y Manuel sabemos que fue un escuadrón de la muerte que salió de la Guardia Nacional. Si eso lo averiguamos nosotros sin tener los recursos que tiene la Policía y el fiscal, ellos pueden hacer mucho más y más rápido”, dijo Cardenal a El Faro. 

El padre Octavio Cruz, quien fue alumno de Rutilio Grande tanto en bachillerato como en el seminario católico, explicó a El Faro que en el momento del asesinato del padre Grande, la Iglesia Católica estaba entrando en una etapa a la que tiempo después se llamó “Nueva Evangelización”. A partir del Concilio Vaticano II y el Documento de Medellín, hay una visión de Iglesia a la que se le llama “en salida”; es decir, ir a evangelizar. Esa evangelización llevaba a la par un trabajo de formación para que la feligresía tomara conciencia de sus derechos. “Aunque sabíamos que estábamos en riesgo, era con lo que contábamos, eso no nos hacía desistir”, contó a El Faro. 

Octavio Cruz, ahora párroco en Cojutepeque, siguió de cerca el trabajo de Rutilio Grande durante los años 74 y 75. Luego del asesinato, Romero encomendó a Cruz continuar con el legado del padre Grande en la parroquia de Aguilares. Ahí estuvo Cruz hasta el 81, ya tras el estallido la guerra. En los años que estuvo trabajando junto a Rutilio Grande, Cruz atestiguó cómo el sacerdote confrontaba a empresarios cañeros por tratos y pagos injustos contra cortadores de caña. “Sin embargo, el padre Tilo -como le llamaban a Rutilio-, su predicación, era apegada a la justicia, al cumplimiento de las leyes. Era lo que se pedía”, sostuvo Cruz. 

Lo que Rutilio Grande pedía a su pueblo, reiteró Cardenal, es que usaran su voz para hacerse oír. Algo como lo que podría pedirse hoy en día a la sociedad salvadoreña en un momento “en que la voz de la gente está secuestrada”. “Es un llamado a la población y a la sociedad a decir: ‘tienen voz, digan ustedes lo que tienen’”, dijo Cardenal.  

En la beatificación, el cardenal Rosa Chávez continuó: “El pueblo salvadoreño ve en los mártires una imagen de su propia historia, marcada por alegría y esperanzas; por tristezas y angustias”.

Unas cuadras más abajo del Divino Salvador del Mundo, unas 100 personas se congregaron frente a una tarima cuadrada. Aunque sabían que no podrían ingresar a la zona destinada para los invitados de la ceremonia, esperaron entonando música de protesta y escuchando testimonios relacionados con la vida del padre Grande. Había gente de las Comunidades Eclesiales de Base -que tanto promovió el ahora mártir-, de organizaciones y movimientos sociales que nacieron tras los Acuerdos de Paz. Había familiares de desaparecidos, víctimas de la violencia social y alguna gente organizada que se opone a megaproyectos urbanísticos que amenazan con afectar el medio ambiente. 

Un hombre tomó el micrófono para hacer una invitación abierta a la fiesta en El Paisnal, dirigida a quienes no tuvieran una tarjeta para entrar a la beatificación. “Vámonos a El Paisnal, los que puedan, vamos a celebrar”, dijo. “Pero no olviden recordar las palabras de Rutilio: ‘Nos tenemos que salvar en racimo, en mazorca, en matata, o sea, en comunidad’. ¡Qué viva Rutilio!”, exclamó con euforia antes de que la ceremonia iniciara.

El Mártir y la Palabra de Dios

La Misión humilde y firme del P. Rutilio Grande


Este 22 de enero pasado fue beatificado el padre Rutilio Grande, religioso jesuita, asesinado en 1977 junto a Manuel Solorzano y Nelson Rutilio Lemus, dos campesinos fallecidos con él bajo los proyectiles de los escuadrones de la muerte, durante la terrible persecución a la Iglesia salvadoreña de aquellos años.


La figura del padre Grande es importante en la historia contemporánea del pequeño país centroamericano. Cuando se produce su asesinato en el marzo de 1977, Mons. Oscar A. Romero había asumido la Arquidiócesis de San Salvador hacía apenas un mes. La figura del padre Rutilio representa aquella Iglesia martirial amiga de los pobres y que sigue con pasión los sufrimientos y las vicisitudes del pueblo. El libro de oraciones del padre Grande, que fue encontrado a lado de su cuerpo sin vida, es el símbolo de esta unión entre amor por la Palabra de Dios y el martirio. Compartir la vida sencilla y dura de los campesinos junto al anuncio alegre del Evangelio ha sido la misión humilde y firme del padre Rutilio.

Mons. Romero apreciaba particularmente al padre Rutilio, por su generosa entrega hacia los más pobres. Su amor por la predicación del Evangelio es la fuerza que asiste esta Iglesia frente a la violación de los derechos humanos.

Romero sobre Rutilio

Mons. Romero tiene palabras significativas que confirman cuanto el obispo mártir confiase en la fuerza de la oración: “El día del asesinato del padre Rutilio Grande alguien ha dicho: Hemos experimentado que también el pellejo de los curas es apto para recibir balas. Y se reían creyendo que iban a detener su predicación cristiana. No creían que la muerte de un sacerdote suscitara reacciones y nuevas primaveras. No sabían que ponían en el surco una semilla que habría producido grandes frutos. Como decía Cristo: “El grano de trigo   no para quedar sepultado”. Qué abundante es la cosecha de la persecución!”

En fin, la Iglesia de Mons. Romero se demostrará fuerte delante de las adversidades y del martirio.

En esta perspectiva, la beatificación del padre Grande es la recompensa de una fidelidad permanente al pueblo fiel que en tiempos de persecución y de injusticia ha podido abrevar a la fuente de la palabra de Dios. En tiempos convulsionados y confusos en que vive hoy el país centroamericano, la figura del padre Rutilio Grande vuelve a recordar cómo el desarrollo humano e integral de un pueblo debe pasar para la transmisión de aquellos valores de fraternidad y de solidaridad concreta que el religioso jesuita ha profundamente encarnado en su humilde y valiosa fidelidad al Evangelio.

El Salvador tiene ya cuatro nuevos beatos

4 nuevos beatos en El Salvador

En punto de las 17:00 horas (tiempo local) comenzó este sábado la misa de beatificación de los cuatro mártires de El Salvador: el sacerdote jesuita Rutilio Grande García, los laicos Manuel Solórzano y Nelson Lemus, y el fraile de origen italiano Cosme Spessotto, quienes murieron mártires en una época turbulenta, previa a la guerra civil en ese país centroamericano (1979-1992).


La celebración –presidida por el delegado del papa Francisco, el cardenal Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador- se llevó a cabo en la Plaza del Divino Salvador del Mundo, misma que el 23 de mayo de 2015 fue testigo de la beatificación de monseñor Óscar Romero, y en la que en esta ocasión se reunieron más de seis mil personas.

¡Ya son beatos!

Tras la petición -por parte de los obispos ordinarios de las diócesis a las que pertenecían los mártires- de que éstos fueran inscritos en el número de los beatos, el cardenal Rosa Chávez leyó en latín la respuesta del papa Francisco:

“Carta Apostólica: acogiendo el deseo de nuestros hermanos: José Luis Escobar Alas, arzobispo de San Salvador, y de Elías Samuel Bolaños Avelar, salesiano de Don Bosco, obispo de Zacatecoluca, así como de muchos otros hermanos en el episcopado y de muchos fieles. Después de haber recibido el parecer de la Congregación de las Causas de los Santos, con nuestra autoridad apostólica, concedemos que a los venerable siervos de Dios: Rutilio Grande García, sacerdote profeso de la Compañía de Jesús; Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus, laicos, así como a Cosme Spessotto, sacerdote profeso de la orden de los frailes menores, mártires, heroicos testigos del Reino de Dios -Reino de justicia-, el amor y la paz, hasta la efusión de la sangre, de ahora en adelante sean llamados beatos, y que sean celebrados cada año en los lugares, y según las reglas establecidas por el Derecho, respectivamente el 12 de marzo y el 10 de junio. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Dado en Roma, en San Juan de Letrán, el 20 de diciembre del año del Señor, 2021, noveno de nuestro pontificado, Francisco”.

Acto seguido, se desplegó la gigantografía de los nuevos beatos en la plaza del Divino Salvador, y el cardenal Rosa Chávez recibió las reliquias de los mártires en el altar. Posteriormente los obispos y los postuladores de las causas agradecieron al papa Francisco por haber atendido su petición.

Un día glorioso

En su homilía, el cardenal Rosa Chávez aseguró que el pueblo salvadoreño ve en los mártires que han sido inscritos en el libro de los beatos, una imagen de su propia historia, marcada por alegrías y esperanzas, pero también por tristezas y angustias.

Para el obispo auxiliar de San Salvador, el 22 de enero de 2022 pasará a la historia de ese país como un día glorioso “porque estamos recogiendo la cosecha, ¡y qué cosecha! ¿Quiénes estamos aquí? –se preguntó– somos una representación de todo el pueblo salvadoreño, y hemos venido de todos los rincones de la patria. Aquí hay humildes campesinos y campesinas que exultan de júbilo al ver que la Iglesia reconoce la santidad de quienes han dado su vida en su servicio“.

“Hemos llenado esta plaza y sus alrededores –continuó– quienes hemos vivido esta experiencia intensamente, los que han experimentado en carne propia el drama de la violencia institucionalizada, de la violencia del conflicto armado y la violencia de todos los días; los que hemos visto caer sin vida a personas muy amadas que no tenían nada que ver con el conflicto, y los que han escapado como un pájaro de la trampa del cazador”.

El cardenal salvadoreño recordó que la sangre derramada, unida a la de Cristo, es fuente de esperanza para el pueblo de El Salvador, porque en la persona de los mártires Dios ha reivindicado a todas las víctimas inocentes:

“Rutilio, Manuel, Nelson y Cosme dan nombre a todas las víctimas inocentes ofrecidas en el sacrílego altar de los ídolos del poder, del placer y del dinero. Esa sangre derramada es germen de reconciliación y de paz“, aseveró.

Un evento continental

En la celebración eucarística estuvieron presentes autoridades civiles, encabezadas por el presidente Nayib Armando Bukele Ortez, así como el nuncio apostólico en El Salvador, obispos, sacerdotes, religiosas y religiosas de diferentes partes de América Latina, y algunos familiares de los cuatro mártires beatificados.

En el altar de la celebración destacó la imagen de Nuestra Señora Reina de La Paz y la del Divino Salvador del Mundo, así como una manta con la frase apocalíptica: “estos son los que vienen de la gran tribulación. Ellos han lavado y blanqueado sus túnicas en la sangre del Cordero”, en referencia a los nuevos beatos.

La ceremonia se transmitió a través de las redes sociales del CELAM y de diferentes diócesis de América Latina y el Caribe, así como por varias televisoras y radiodifusoras locales.

El cardenal Rosa Chávez había adelantado a Vida Nueva que los medios de comunicación recibían con simpatía este hecho histórico, “quizá porque el país necesita buenas noticias y mucho oxígeno espiritual para purificar una atmósfera contaminada por la mentira, la violencia verbal y otras formas de polarización”

El Secretario del Celam en la beatificación

Mons. Jorge Lozano: Rutilio Grande, el jesuita cuyo martirio marcó a fuego la vida de monseñor Óscar Romero, ya es beato

Mons. Jorge Lozano
Mons. Jorge Lozano

Los mártires de este tiempo son secuestrados, torturados, asesinados. Con acusaciones falsas son manchados para desalentar y boicotear su servicio

Para quienes ejercen poderes autoritarios y defienden intereses espurios, es aceptada una Iglesia que sirva, pero sin cuestionar

Al sistema económico vinculado al poder de la avaricia le interesa una Iglesia encerrada en los Templos y las sacristías, pero no en la calle

No sólo predicaba a los campesinos oprimidos sino que también aprendió de ellos la paciencia, la laboriosidad, el rechazo de las injusticias

La beatificación de los cuatro mártires nos los asegura como intercesores ante el Padre, a la vez que nos muestra la radicalidad evangélica de sus vidas entregadas

Por | Paola Calderón – ADN Celam

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El Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano Monseñor Jorge Eduardo Lozano nos ofrece su reflexión después de vivir la ceremonia de beatificación de 4 mártires en El Salvador: Rutilio Grande, Manuel Solórzano, Nelson Lemos y Cosme Spessotto, un reconocimiento a la Iglesia que vivió el martirio porque tuvo claro con quien estaba comprometida y a quienes debía defender.

Este es el testimonio de Mons. Jorge Eduardo Lozano, Arzobispo de San Juan de Cuyo (Argentina), y Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam).

Beatificaron en El Salvador a dos laicos y dos religiosos asesinados en los años 70/80. Desde la segunda mitad del siglo XX, en América Latina, se reeditaron formas de violencia contra la fe.

Cuando escuchamos la palabra “mártires” recordamos a quienes eran arrojados a los leones, decapitados o quemados durante los primeros siglos del cristianismo. Pero desde la segunda mitad del siglo XX, en América Latina, se han vuelto a editar nuevas formas de violencia contra la fe. El modus operandi es diverso. Los mártires de este tiempo son secuestrados, torturados, asesinados. Con acusaciones falsas son manchados para desalentar y boicotear su servicio.

La palabra “mártir” es de origen griego y se traduce como “testigo”, designa a aquella persona que vio o escuchó —también en tiempo presente— y puede dar fe de ese acontecimiento. No se es testigo de abstracciones o ideas sino de acontecimientos concretos.

El Salvador: una Iglesia martirial

El sábado 22 de enero fueron beatificados 4 mártires en El Salvador, el país del Santo Obispo Monseñor Óscar Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980. Pero no fueron solamente 4: es el reconocimiento de una Iglesia Martirial. También de modo contemporáneo se produce una persecución a los cristianos como en los primeros siglos. Me contaban que a partir de estas persecuciones violentas unos cuantos abandonaron la Iglesia Católica porque es peligroso pertenecer a ella y adhirieron a otras confesiones religiosas. Para quienes ejercen poderes autoritarios y defienden intereses espurios, es aceptada una Iglesia que sirva, pero sin cuestionar. Que organice comedores y merenderos, pero que no pregunte acerca de las causas del hambre; que se dedique a la recuperación de adictos, pero que no denuncie el avance sostenido e impune del narcotráfico; que predique de la justicia divina al final de los tiempos, pero que no se comprometa con ella ahora; que sea “hospital de campaña”, pero que no cuestione la guerra.

Al sistema económico vinculado al poder de la avaricia le interesa una Iglesia encerrada en los Templos y las sacristías, pero no en la calle. Hay una clara oposición a la dimensión social de la fe que mueve a crear un mundo nuevo desde el presente. Para los cristianos, atender a los pobres es tocar la carne sufriente de Cristo en el pueblo marginado y oprimido, excluido y confinado a vivir en condiciones infrahumanas. No es filantropía o lástima, sino un acto profundamente espiritual, religioso, de culto. Quienes combaten el compromiso social tienen una mirada corta de la fe, y la entienden como instrumento para adormecer conciencias y serenar los ánimos.

En El Salvador fueron muchos los asesinados-mártires. Desde tiempos de monseñor Romero hasta hoy fueron asesinados otro obispo, 20 sacerdotes, 3 religiosas, cientos de catequistas, agentes pastorales, miembros de las comunidades. Conocidos unos, y otros de quienes sólo familiarmente se guarda memoria. Al beatificar a 4 no se restringe un número, sino que se reconoce a muchos. Entre los más recordados en El Salvador están los 6 sacerdotes jesuitas y dos mujeres asesinados en 1989 en la UCA (Universidad Centroamericana).

¿Quiénes son estos nuevos beatos mártires?

Tres de ellos fueron asesinados el 12 de marzo de 1977. El padre Rutilio Grande (48 años de edad, sacerdote jesuita, párroco del lugar), Manuel Solórzano (72 años, acompañaba al padre Rutilio a las Fiestas Patronales, las misas, bendiciones, a lo cual sumaba la tarea de sacristán. Un tiempo antes le habían dicho “cuídate de andar tanto con el padre Rutilio…”) y Nelson Lemos (15 años, monaguillo habitual en las diversas celebraciones). Los emboscaron y asesinaron en una ruta cuando se dirigían a celebrar misa de la novena de San José en una de las comunidades. Los tres fueron sepultados juntos de manera sencilla delante del altar del Templo de San José, lugar al que se dirigían.

El padre Rutilio fue un gran amigo de los pobres. En ellos veía a Jesús, como nos narra la parábola evangélica (Mt 25, 34-40); con ellos dialogaba, rezaba, los acompañaba en sus anhelos de liberación y de paz en un contexto muy duro de violencia ejercida por la dictadura militar en su país.

Fue formador en el Seminario, muy querido y recordado por todos los sacerdotes de los países vecinos; educador en el Externado San José y desde hacía unos cinco años párroco en comunidades campesinas en Aguilares y El Paisnal. Esta última experiencia de encuentro y servicio a los indigentes marcó su ministerio en cercanía con los más olvidados y excluidos. No sólo predicaba a los campesinos oprimidos sino que también aprendió de ellos la paciencia, la laboriosidad, el rechazo de las injusticias.

Asumió con decisión la opción por los pobres cuyas raíces están en una espiritualidad encarnada, la Palabra de Dios, el Concilio Vaticano II y su aplicación práctica expresada en el documento conclusivo de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín del año 1968. Su vida y su palabra manifestaron la dimensión profética de la fe. No era espiritualista y desencarnado, sino bien afirmado en su contexto concreto.

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En su tarea pastoral promovió la participación de los laicos, hombres y mujeres. Una de sus enseñanzas: “Amigos. Volvamos al Evangelio, volvamos al pobre pueblo. Allí se nos aclara cuando se mira turbio el horizonte de nuestro camino pastoral”

Unas cuantas veces lo habían amenazado de muerte queriendo amordazar su predicación. Pero él estaba convencido de que “en el cristianismo hay que estar dispuestos a dar la propia vida en servicio por un orden justo, por salvar a los demás, por los valores del Evangelio”. También afirmó que “el cristiano no tiene enemigos, sino hermanos y por más que sean hermanos Caínes que venden a Cristo, no los odiamos”. Apasionado por Jesús atestiguó que “Cristo está vivo entre nosotros, no nos congrega un muerto”.

Uno de sus biógrafos, Rodolfo Cardenal, recordó que el padre Rutilio Grande decía: “La sociedad tiene que ser como una mesa grande, con manteles largos para todos, donde para todos hubiera qué comer, y un lugar donde sentarse. Esta es una metáfora del Reino de los cielos, en ese sentido tiene mucho que decir en una sociedad golpeada por la desigualdad”. ¡Qué gran actualidad en el contexto de la pandemia que pone delante tantas inequidades e injusticias!

Tenía gran amistad con el Santo obispo Óscar Romero, quien vivió con profundo dolor estos asesinatos, tanto que marcaron un cambio de rumbo definitivo de su tarea pastoral y la defensa de los desfavorecidos. Ambos son importantes referencias para la Iglesia en El Salvador y en todo el continente de América Latina y el Caribe.

Como signo de protesta por estos asesinatos, monseñor Romero determinó suspender todas las misas de ese domingo y concentrarse en una única celebración exequial en la Catedral, de la cual participaron 150 sacerdotes y más de 100.000 feligreses.

En esa misa por la muerte de los tres, monseñor Romero dijo en su predicación: “El amor verdadero es el que trae a Rutilio Grande en su muerte, con dos campesinos de la mano. Así ama la Iglesia; muere con ellos y con ellos se presenta a la trascendencia del cielo (…) Un sacerdote con sus campesinos, caminó con su pueblo para identificarse con ellos, para vivir con ellos”. (14 de marzo de 1977)

En la misma ceremonia fue beatificado el fraile franciscano padre Cosme Spessotto, OFM, asesinado también en El Salvador el 14 de junio de 1980 (a sus 57 años), pocos meses después del martirio de monseñor Romero. Nació al norte de Italia el 28 de enero de 1923. Su nombre de nacimiento fue Santí (que significa Santos), y al recibir el hábito franciscano asumió como nombre “Cosme”, por ser uno de los primeros mártires del cristianismo.

Denunció con firmeza las injusticias, asistía a las víctimas de la guerra civil, daba sepultura a los cadáveres que nadie reclamaba o reconocía. Varias veces le habían amenazado con anónimos, pero él no se dejó amedrentar. Cerca de las 19 horas, mientras rezaba antes de comenzar la misa, lo balearon delante del altar del templo de San Juan Nonualco.

En su testamento espiritual había escrito poco tiempo antes: “Presiento que, de un momento a otro, personas fanáticas me pueden quitar la vida. (…) Morir mártir será una gracia que no merezco. Lavar con la sangre, vertida por Cristo, todos mis pecados, defectos y debilidades de la vida pasada, sería un don gratuito del Señor. De antemano perdono y pido al Señor la conversión de los autores de mi muerte”.

El contexto político del momento en El Salvador estaba presagiando la guerra civil de 12 años que trajo la consecuencia de 75.000 muertos, pobreza, injusticia, dolor, odios y rencores.

Mensaje del enviado del Papa Francisco a la cuádruple beatificación

Monseñor Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de la arquidiócesis de El Salvador y primer cardenal salvadoreño, en su homilía durante la ceremonia de beatificación reavivó la gloria de la cosecha de la vida entregada de los mártires, “la alegría y el júbilo de los humildes campesinos porque la Iglesia reconoce a quienes dieron su vida”, valoró la firma de los acuerdos de paz que pusieron fin a “esa guerra fraticida” que duró 12 años, instó a los jóvenes a seguir la “antorcha de los mártires”, destacó que El Salvador es el único país del mundo que lleva el nombre de Jesucristo, y que “nunca la violencia será el camino para encontrar la paz”.

Como comenzaba diciendo, la persecución y el martirio marcaron los inicios del cristianismo. En el año 197, Tertuliano escribió “la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”. Veinte siglos después, en nuestro tiempo, sigue habiendo hombres y mujeres que son perseguidos y asesinados por odio a la fe. Catequistas, agentes pastorales militantes de derechos humanos, defensores de los pueblos indígenas, miembros de organizaciones ambientales, hermanas y hermanos que se comprometen en la liberación de las víctimas del narcotráfico y la trata de personas…

La beatificación de los cuatro mártires nos los asegura como intercesores ante el Padre, a la vez que nos muestra la radicalidad evangélica de sus vidas entregadas. Hoy seguimos estando llamados a estar cerca de los hambrientos y oprimidos del Continente, a caminar con ellos. Nos dejan un gran ejemplo a seguir. Es posible ser “Iglesia pobre para los pobres”, en salida, Samaritana, cercana, que escucha y hace propio el clamor de los pobres.

Pedimos a Dios que sean semillas de nuevos cristianos; y a los que ya lo somos, nos conceda ser apasionados por Jesús y por su pueblo.

La CLAR en la beatificación de los mártires

La vida religiosa se une al gozo por beatificación de los cuatro mártires de El Salvador

Mural de Romero y Rutilio
Mural conmemorativo en El Paisnal

La CLAR destacó el legado que Rutilio, Cosme, Manuel y Nelson dejaron a la Iglesia en América Latina y El Caribe, el cual interpela de manera especial a la vida religiosa

La Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR) manifestó su gozo por la beatificación de Rutilio Grande García, Cosme Spessotto, Manuel Solórzano y Nelson Lemus, que tendrá lugar la tarde de este 22 de enero en El Salvador.


En un comunicado dirigido a religiosas y religiosos del continente, el organismo internacional aseguró que los llamados cuatro mártires de El Salvador animan a ver con esperanza la vida religiosa, “mujeres y hombres que viviendo contracorriente dan testimonio de la buena nueva del Evangelio, recuperando nuestra vocación martirial al servicio de la vida abundante”.

El legado de los mártires

El organismo de derecho pontificio –actualmente encabezado por la religiosa Gloria Liliana Franco– explicó que Rutilio, Cosme, Manuel y Nelson entregaron su vida a la gente más humilde, en una época turbulenta en El Salvador, previa a la guerra civil que azotó el país durante 12 años y que dejó más de 80 mil muertos.

Para la CLAR, el legado que dejaron los nuevos próximos beatos es la obligación de denunciar el dolor de los más pobres y vulnerables que sufren el flagelo de la miseria y de las injusticias.

Nos obligan a escuchar el grito de la destrucción de la casa común y la cultura del descarte que afecta sobre todo a las mujeres, los migrantes y refugiados, los ancianos, los pueblos originarios y afrodescendientes”, señaló.

Estos mártires también “nos dan lecciones para afrontar el impacto y las consecuencias de la pandemia que incrementa más las desigualdades sociales, comprometiendo incluso la seguridad alimentaria de gran parte de nuestra población”, señala la CLAR.

Y continúa: “Nos hacen detener y reaccionar ante todo lo que se constituye en obstáculo para la sinodalidad a causa del clericalismo y el autoritarismo en las relaciones, que lleva a la exclusión de los laicos, de manera especial de las mujeres en las instancias de discernimiento y toma de decisiones sobre la misión de la Iglesia”.

La beatificación interpela a la vida religiosa

Aseguró la CLAR que esta tarde se convertirán en beatos cuatro rostros concretos, quienes, junto a los numerosos religiosas y religiosos de diversas congregaciones en toda América Latina y el Caribe, y también de laicos comprometidos con la vida y con el Evangelio, “han derramado su sangre martirial por el Reino de Dios y su justicia. Han sido místicos, profetas y mártires”.

Y es que, la vida religiosa martirial de América Latina se inscribe dentro de todo el numeroso martirologio de América Latina y el Caribe, que abarca a obispos como Óscar Romero y Enrique Ángel Angelelli, pero también a sacerdotes, catequistas, agentes de pastoral, líderes campesinos, indígenas, mujeres, niños, ancianos, jóvenes, poblaciones enteras que fueron masacradas.

El ejemplo de estos hermanos y de tantas hermanas mártires que han ofrendado su vida por el Reino de Dios en América Latina y el Caribe “son una interpelación para toda la vida religiosa y para toda la Iglesia (…) Hay que seguir soñando con ellas/os y como ellas/os, hay que aprender de ellas/os a gastar la vida por los demás. Como Jesús y por las mismas razones que Jesús”, concluyó el organismo

Romero y Rutilio

Arturo Sosa, sj.: «Rutilio Grande fue un jesuita de dimensiones humanas y religiosas  insospechadas»

Romero y Rutilio
Romero y Rutilio

Pascual Cebollada, postulador de la causa: «Su compromiso con la oración  y con la cercanía a Jesús pobre y humilde – algo a lo que todos los jesuitas están  llamados – lo ha convertido en un ejemplo del que todos podemos aprender»

El sacerdote jesuita P. Rutilio Grande de El Salvador será beatificado, el sábado 22 de enero  en San Salvador, junto con dos compañeros laicos y el franciscano P. Cosme Spessotto

«Todos  fueron víctimas de asesinatos a manos de los escuadrones de la muerte, durante los años de  terror en El Salvador, y fueron mártires de la fe y la justicia», recuerda la Compañía en un comunicado

Por Jesús Bastante

La Compañía de Jesús se vuelca en la beatificación del padre Rutilio Grande quien, junto a dos compañeros laicos y el franciscano Cosme Spesotto, será beatificado este sábado en el Salvador. Los jesuitas, que emitirán la celebración a través de sus redes sociales, han querido recordar la figura del sacerdote, una de las ‘piedras vivas’ de la Compañía que aguardan su entrada a los altares, como los jesuitas de la UCA (también mártires en El Salvador), o Pedro Arrupe.

«Todos  fueron víctimas de asesinatos a manos de los escuadrones de la muerte, durante los años de  terror en El Salvador, y fueron mártires de la fe y la justicia», recuerda la Compañía en un comunicado. «El P. Rutilio Grande y sus dos compañeros murieron el 12 de marzo de 1977. Fueron abatidos  por pistoleros que actuaban para el gobierno de entonces».

El actual general de la Compañía, Arturo Sosa, sj., ha emitido un vídeo comunicado en el que reivindica la figura de Rutilio como la de «un jesuita de dimensiones humanas y religiosas  insospechadas».

Consejero, compañero comprensivo y amable

«Él supo ser consejero, compañero comprensivo y amable, al mismo  tiempo firme y serio en lo que se refería a la vida cristiana y al ejercicio responsable del  ministerio presbiteral», recuerda el general jesuita, quien apunta que «la población campesina, de la que él mismo era parte y a la que  sirvió con dedicación en su servicio pastoral, halló en él un religioso cercano, abnegado  y cariñoso, ordenado presbítero para compartir la vida con la comunidad de los  seguidores de Jesús que dan testimonio de la Buena Noticia».https://www.youtube.com/embed/-Qwn02EtKkQ

La ceremonia de beatificación estará presidida por el cardenal Gregorio Rosa Chávez, y en la misma participará el español. Pascual Cebollada, Postulador de la Causa y del resto de causas de la Compañía de Jesús, entre ellas, la de Arrupe. Para Cebollada, «ha sido un consuelo leer la vida de Rutilio, ver cómo este jesuita estaba tan  comprometido con los impotentes y los indefensos».

Sin Rutilio no habría habido Romero

«También aprecié su humanidad y  pude identificarme con él en muchos aspectos de su vida. Su compromiso con la oración  y con la cercanía a Jesús pobre y humilde – algo a lo que todos los jesuitas están  llamados – lo ha convertido en un ejemplo del que todos podemos aprender», sostiene el jesuita.

El P. Rutilio Grande nació el 5 de julio de 1928, ingresó en los jesuitas en 1945 y fue ordenado  en el año 1959. Él fue el primer sacerdote asesinado en la guerra civil de El Salvador. Su  asesinato tuvo un enorme impacto en Monseñor Óscar Romero, el entonces arzobispo de San  Salvador, que cada vez hablaba más claro sobre la guerra, que finalmente también fue asesinado y que fue beatificado, y canonizado, por el Papa Francisco.

Preparando beatificación mártires salvadoreños

La vida martirial de Rutilio Grande, una inspiración para el Papa Francisco

La vida ejemplar de los mártires son siempre un ejemplo y una inspiración para los cristianos. Ya Tertuliano decía de los mártires de los primeros siglos, que “eran semillas de nuevos cristianos” Y la Iglesia, ya desde entonces, acostumbra a celebrar la Eucaristía sobre la tumba de los mártires, o en el ara del altar eucarístico pone reliquias de algún santo.

El ejemplo de Rutilio influyó mucho en Monseñor Romero y también en el Papa Francisco, quien no solo por ser jesuita y latinoamericano como Rutilio, sino por la cercanía al pueblo y a los pobres, y por la vida evangélica y transparente. Cuando la beatificación de Rutilio dijo claramente que a quien teníamos que beatificar primero era a Rutilio porque “no hay Romero sin Rutilio”. Ciertamente en Romero hubo un antes y un después de la muerte de Rutilio; hubo en él un cambio y una transformación profética que sorprendió a propios y a extraños. Cuando le preguntaron si había habido en él una conversión dijo que ciertamente había habido una iluminación: “Ahora sí veo más claro”. Y se comprometió totalmente como Rutilio porque tenía que “hacer lo que Dios quiere”, que era lo que solía decir siempre Rutilio y que repitió como últimas palabras cuando lo asesinaron con 17 balazos los “escuadrones de la muerte”.

Algunos puntos de Rutilio que han inspirado a Francisco en su ministerio pastoral:

El sentido eclesial, evangélico y conciliar. Lo verdaderamente central para la Iglesia y para el cristiano es volver al Jesús y al Evangelio. El retomar el Concilio Vaticano II y su actualización en América de la Asamblea de Medellín. Rutilio decía que había que ponerle patas al Evangelio y a los documentos de la Iglesia, o sea, que había que concretarlo y actualizarlo.

La pastoral de conjunto que pedía el Concilio y Medellín, formando a los agentes de pastoral para participar en los consejos de pastoral diocesanos y parroquiales. Francisco habla de Iglesia sinodal, de caminar juntos y aprender con paciencia la sinodalidad, escuchando y ayudando a participar a todos los bautizados como sujetos activos y responsables.

La opción por los pobres, obreros y campesinos, explotados y marginados de la sociedad, como pedía Medellín y que Rutilio y su equipo lo logran llevar adelante en la pastoral misionera de Aguilares y El Paisnal. Francisco hablará de Iglesia en salida y de hospital de campaña que acoge y cuida de los refugiados y marginados de la sociedad; de los heridos al borde de los caminos.

-La toma de conciencia de los laicos, de su dignidad de bautizados en la Iglesia donde “tienen un puesto y una misión”. Con la formación bíblica liberadora en las misiones populares Rutilio va a lograr que los campesinos tomen conciencia de su dignidad y de su tarea y compromiso cristiano en la transformación de una sociedad injusta y desigual. Francisco hablará de una Iglesia sinodal e igualitaria donde se tiene que superar todo clericalismo para poder vivir la fraternidad eclesial fundada en el Bautismo que nos hace hijos de Dios y hermanos unos de otros; donde se vive el proyecto de Jesús de una verdadera familia de iguales y libres, que se sienten misioneros en la transformación de las estructuras tanto eclesiales como sociales.

La Mesa de la Creación es esa Mesa Común para todos, que Dios nos ha dado para la cuidemos y la cultivemos. Y no se la dio a unos pocos que acaparan toda la tierra y dejan a la mayoría sin nada. Es nuestra Madre Tierra que nos alimenta, pero que nos la han arrebatado los poderosos. Francisco nos dirá en la Exhortación “Laudato Si” que somos hijos de la Madre Tierra, de la Casa Común, donde todo está interrelacionado y tenemos derecho y obligación de cuidarla y cultivarla para que de alimento y cobijo para todos.

-La Eucaristía es el Banquete de la Nueva Creación, al que Dios invita siempre a participar con alegría y donde todos tenemos un puesto y una misión. Francisco nos dirá también que la Eucaristía es la Mesa Común de los cristianos, donde nos reunimos en torno a Jesús, donde celebramos su memoria y recibimos su mensaje de amor; y es un compromiso y una misión de llevar el Evangelio, que es vida, justicia y fraternidad para todos.

Daniel Sánchez Barbero

Preparando la beatificación-mártires (3)

Rodolfo Cardenal: «Rutilio y los otros tres mártires son un reclamo de verdad y de justicia en un país donde la mentira es estructural»

Este 22 de enero serán beatificados en El Salvador, el padre Rutilio Grande S.J. junto con los laicos Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus, asesinados el 12 de marzo de 1977 y fray Cosme Spessotto O.F.M.

La Iglesia salvadoreña se prepara para la celebración de estos cuatro mártires y anhela que se conozca la verdad y se haga justicia

El autor del libro ‘Vida, pasión y muerte del jesuita Rutilio Grande’ (2016), Rodolfo Cardenal S.J., afirma: «Su aporte es haber estado al lado de los pobres en un momento conflictivo y difícil»

«Su enfoque personal dio lugar a una vibrante comunidad de cristianos que participaban activamente en la vida de la parroquial. Es lo que el Papa Francisco llama ahora la Iglesia en salida, el ir a las fronteras. Ellos fueron a las fronteras»

| Vatican News/EFE

El 12 de marzo de 1977, hacia las cinco de la tarde, el Padre Rutilio Grande junto con Manuel Solórzano (72 años) y el joven Nelson Rutilio Lemus (15), se dirigía en su vehículo “zafari” hacia El Paisnal, población situada a unos 40 kilómetros de la capital, para celebrar el último día de la novena en honor a San José, patrono de la comunidad.

En El Paisnal, el templo lucía preparado para la fiesta. Los asistentes abarrotaron el lugar. Mientras, el padre “Tilo”, como lo llamaban los campesinos, fue emboscado por un grupo de hombres armados quienes dispararon contra el “zafari” y sus pasajeros. El auto volcó y en su interior quedaron tres cuerpos sin vida. El reporte forense afirma que el padre Grande recibió doce balazos.

Quienes esperaban al sacerdote para celebrar la eucaristía, al conocer la noticia, se trasladaron al lugar de la emboscada. Un grupo de agentes de la ahora extinta Guardia Nacional no dejaron que nadie se acercara a los cuerpos.

Una Iglesia perseguida por defender a los más pobres

A partir de 1970, la sociedad salvadoreña, caracterizada por sufrir enormes desigualdades, comienza a dar pasos hacia una mayor organización campesina que exigía sus derechos. El gobierno de turno responde con un proyecto de transformación agraria que buscaba redistribuir la tierra. Estos años se van a caracterizar por la confrontación entre los distintos grupos de poder y las organizaciones campesinas y sindicales. La represión por parte del gobierno fue creciendo hasta el estallido de la guerra civil en 1980.

El autor del libro “Vida, pasión y muerte del jesuita Rutilio Grande” (2016), Rodolfo Cardenal S.J. recuerda la preocupación del padre Grande por el respeto a la vida y a los derechos de los campesinos en un contexto de creciente violencia y en el cual el gobierno de turno acusa a la Iglesia de “soliviantar a los campesinos y a la gente pobre; eso es falso, lo que realmente hicieron fue darle voz a la gente para que expresaran sus reclamos y para que lucharan por sus derechos”.

«Hasta el final de la guerra civil en 1992, habían sido asesinados más de 20 sacerdotes, el arzobispo, Monseñor Óscar Romero, cuatro religiosas y cientos de catequistas y celebradores de la palabra»

En este contexto cabe recordar el ideal de fraternidad de Rutilio Grande para la Iglesia y el mundo: “Manteles largos, mesa común para todos, taburetes para todos. ¡Y Cristo en medio! Él, que no quitó la vida a nadie, sino que la ofreció por la más noble causa (…) La construcción del Reino, que es la fraternidad de una mesa compartida, la Eucaristía” (homilía del 13 de febrero de 1977 en Apopa).

Una Iglesia cercana, misionera y en salida

El padre Grande había adoptado un enfoque innovador en la formación de los seminaristas. De igual manera, cuando fue asignado a la parroquia de Aguilares invirtió sus energías y esfuerzos en nuevos enfoques para la formación de los hombres y mujeres laicos.

A veces decía: «Ahora no vamos a esperar a los misioneros de fuera. Más bien, debemos ser nuestros propios misioneros». En este empeño, el padre Grande y sus compañeros jesuitas empezaron a visitar a la gente tanto en las comunidades rurales como en las poblaciones urbanas. La cercanía con los campesinos y a sus sufrimientos sería uno de los principales énfasis del trabajo pastoral.

Con el tiempo, su enfoque personal atrajo a la gente a la celebración de la Eucaristía, los sacramentos y el estudio bíblico, lo que dio lugar a una vibrante comunidad de cristianos que participaban activamente en la vida de la parroquia.

Los cuatro beatos: luz para un pueblo en búsqueda

Rodolfo Cardenal afirma que la beatificación de los cuatro mártires sitúa a la Iglesia salvadoreña y latinoamericana en la senda de la Iglesia martirial. “Rutilio Grande está asociado a monseñor Romero. Monseñor Romero no se entiende sin Rutilio Grande. Él y otros sacerdotes trabajaron, prepararon el camino pastoral que después monseñor Romero recorrió y avanzó”, afirmó Cardenal.

«Por otro lado, Rutilio Grande y los otros tres mártires son “un reclamo de verdad y de justicia en un país donde la mentira es estructural, donde hay impunidad y los crímenes de guerra no han sido investigados ni juzgados», subraya el historiador

El aporte más importante de estos mártires afirma Cardenal, es haber estado al lado de los pobres en un momento conflictivo y difícil“Es lo que el Papa Francisco llama ahora la Iglesia en salida, el ir a las fronteras. Ellos fueron a las fronteras”. Este es el sueño del padre Grande, “él quería que la creación fuera compartida por toda la humanidad, que nadie declarara como propio algo que era común a todos (…) promovió la creación de comunidades donde todos tuvieran su espacio”.

Rodolfo Cardenal insiste en que su aporte y experiencia pastoral fue bien importante, así como la idea de consolidar una “pastoral de conjunto” que subraya el ejercicio de un trabajo pastoral en equipo, lo que “el Papa Francisco llama el camino sinodal”. Fue un hombre, añadió, que luchó por una sociedad donde los seres humanos pudieran vivir a plenitud.

La Iglesia salvadoreña se prepara para la celebración de estos cuatro mártires y anhela que se conozca la verdad y se haga justicia.

Padre Cosme, señalado de comunista por defender a los pobres de El Salvador

«El padre Cosme era un hombre que siempre te sonreía, un hombre que no perdía la sonrisa», es lo que recuerdan quienes conocieron al sacerdote italiano Cosme Spessotto, asesinado en 1980 en el municipio salvadoreño de San Juan Nonualco por el Ejército por supuestamente infundir ideas comunistas y por defender a los pobres.

«Desde pequeña ella (mi madre) me traía a la iglesia y mi primer recuerdo del padre Cosme fue que cuando lo veía caminar en el centro (de la iglesia) era un hombre que para mi era un gigante. Dos metros (de estatura), alto, con aquellas grandes manos, la camándula y las grandes sandalias», recordó Yanira Barahona, una mujer que siguió de cerca el trabajo religioso y social del italiano. La mujer también rememoró que el padre Spessotto «era un hombre que siempre te sonreía, un hombre que no perdía la sonrisa (…) le gustaba compartir con los niños y con los jóvenes».

Spessotto, asesinado el 14 de junio de 1980 mientras se encontraba arrodillado en un banco de una iglesia, será beatificado el próximo sábado junto al padre Rutilio Grande, otro mártir de la iglesia Católica junto con san Óscar Arnulfo Romero.

Un italiano que defendió a los pobres salvadoreños

El 18 de octubre de 1953, el padre Spessotto llegó al poblado de San Juan Nonualco -ubicado en la zona central de El Salvador y con una población actual de casi 20.000 habitantes- para ser el segundo párroco de dicha localidad y permaneció en esa localidad 27 años. «Lo recibimos con música y con cohetes (…) sabíamos que venía un sacerdote, pero no sabíamos la calidad de sacerdote que venía, lo que el Señor (Jesús) nos había preparado», comentó a Efe Leopoldo Henríquez, quien era un niño cuando conoció al italiano.

Desde ese año, el padre Spessotto se convirtió en un nuevo guardián de los pobres, fuertemente golpeados por una guerra civil que se cobró la vida de 75.000 personas, la mayoría civiles desarmados. Barahona dijo a Efe que «el padre visitaba a los dueños de las haciendas (donde se recolectaba algodón) y les hacia ver el trato que se le daba a la gente, el sueldo, la comida que se le daba a la gente». «El padre les concientizaba para que se les dieran a las gentes (trabajadores) por lo menos el mínimo de condiciones para su vida y les decía que si eso no cambiaba iba a tener repercusiones sociales graves, no le hicieron caso, no entendieron lo que el padre decía», comentó.

Durante la década de los 70 y 80 los salvadoreños de las zonas rurales del país trabajaban principalmente en la cosecha de café y recolección de algodón y caña de azúcar. Las personas pasaban semanas e incluso meses en grandes haciendas donde pernoctaban mientras era la época alta de dichos cultivos.

El padre Spessotto también «miró por la educación de las mujeres y fue un promotor de derechos humanos», señaló Barahona. «Eso fue (defender los derechos humanos) lo que le trajo mayores problemas (…) trato de dignificar al pobre, de darle un rostro de hijo de Dios y de enseñarle sus derechos», subrayó.

El asesinato

Spessotto fue asesinado por odio a la fe por escuadrones de la muerte de extrema derecha, mientras se encontraba arrodillado en un banco de una iglesia y dos personas, usando pelucas que ocultaban su identidad, entraron y le dispararon con una ametralladora. «Vine corriendo a ver y ya estaba tumbado en el piso sangrando», recordó Henríquez. Dijo que «el pueblo se quedó sorprendido e inquieto» porque ya se habían escuchado casos similares a la muerte del padre italiano, como el asesinato de monseñor Romero.

San Óscar Arnulfo Romero fue asesinado el 24 de marzo de 1980 por un francotirador, hecho que marcó, a juicio de diversos sectores, el comienzo del conflicto armado en El Salvador.

«Fue una experiencia horrible (el asesinato de Spessotto) para el pueblo. Cuando a mí me llegaron a decir no me extrañó porque yo sabía que él apoyaba a sus catequistas y hacía todo lo imposible por defender a su pueblo, y eso lo llevó a la muerte», dijo Henríquez.

Barahona, por su parte, añadió que tanto Rutilio como Spessotto «iban hacia un mismo fin de justicia social, de darle rostro humano al pobre, de defender los derechos del pobre y eso no es comunismo».

Al menos 500 religiosos, entre curas, monjes y laicos, fueron asesinados antes y durante la guerra interna salvadoreña (1980-1992). Entre las víctimas religiosas también están los seis padres jesuitas de la Universidad Centroamericana (UCA), cinco de ellos españoles; tres monjas estadounidenses de la orden Maryknoll; y varios catequistas de las Comunidades Eclesiales de Base. La guerra salvadoreña, que enfrentó al Ejército, financiado por Estados Unidos, y a la entonces guerrilla Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), y también dejó cerca de 8.000 desaparecidos

Proceso catequético beatificación mártires

La utopía de los profetas, el grito de los mártires, la esperanza de los santos 

El Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL) Fundahmer y Concertación Romero invitan al proceso catequético en preparación a la Beatificación de Rutilio Grande, Manuel Solórzano, Nelson Rutilio Lemus y el Fraile Cosme Spessotto. 

Este proceso se llevara a cabo lods dias miércoles 24 de Noviembre; los miércoles  1, 8 y 15 de diciembre  

Y los miércoles 5, 12 y 19 de enero 

de 09 a 10:30 a.m. hora de Centroamérica  

Para mas información e inscripción escríbir a beatificación.martires@sicsal.net 

 Además, para quienes no puendan ingresar directamente compartiremos el mensaje grabado en el Facebook LIVE de Fundahmer Español 

El legado de Rutilio Grande

Entrevista al P. Rodolfo Cardenal:

«El legado de Rutilio Grande está en no ceder ante las injusticias»

El P. Rutilio y los dos compañeros mártires

«Un jesuita que nunca olvidó, a pesar de sus viajes y estudios, el pueblo pobre donde había nacido y donde fue criado»

«Hijo de una familia disfuncional, cosa que le hizo sufrir mucho hasta provocarle una grave crisis nerviosa, con secuelas para toda la vida, entró muy joven en el seminario menor de San Salvador»

«Deseaba un clero responsable y maduro, no servil a la autoridad. Cultivó asiduamente las raíces populares de los seminaristas. Habían salido del pueblo y a él debían regresar»

«Esa opción por los pobres y su liberación de toda clase de opresión fue el motivo fundamental del asesinato»

(Vatican News).- Ahora que se cumplen 43 años de su asesinato (12 de marzo de 1977), compartimos con ustedes esta entrevista al p. Rodolfo Cardenal S.J. sobre el legado del p. Grande, realizada por Carol Cuzcano G. de la Oficina de Comunicación Institucional de la CPAL.

¿Quién era Rutilio Grande, cómo era su vida al servicio de la Iglesia y de la Compañía de Jesús?

Rutilio Grande es un jesuita que nunca olvidó, a pesar de sus viajes y estudios, el pueblo pobre donde había nacido y donde fue criado hasta su primera adolescencia. A ese pueblo volvió siendo adulto y en medio de él fue asesinado, junto con un anciano y un joven, símbolos del pueblo salvadoreño.

Hijo de una familia disfuncional, cosa que le hizo sufrir mucho hasta provocarle una grave crisis nerviosa, con secuelas para toda la vida, entró muy joven en el seminario menor de San Salvador. Luego ingresó en la Compañía de Jesús. Estudió en Quito, Oña, París, Córdoba y Bruselas. La mayor parte de su vida la dedicó a formar el clero. Durante una década fue el prefecto del seminario. A pesar de la dificultad de esa responsabilidad, se ganó el apreció de varias generaciones de sacerdotes, que luego lo tuvieron como amigo y director espiritual. Su deseo de introducir en la formación del clero las directrices del Vaticano II, su predicación profética y su papel en la actualización de la pastoral arquidiocesana, de acuerdo con el magisterio del concilio y de Medellín, hicieron que los obispos vetaran su nombramiento como rector del seminario.

«Deseaba dedicarse a la pastoral rural, en un país mayoritariamente campesino»

Entonces, decidió que, si no gozaba de la confianza del episcopado, no podía continuar en la formación del clero. En 1971 estuvo, también como prefecto, en el Colegio Externado San José de San Salvador. Pero vio que ese no es su lugar. Deseaba dedicarse a la pastoral rural, en un país mayoritariamente campesino. Antes de asumir su nuevo destino, hizo el curso de pastoral del Instituto Latinoamericano de Pastoral, en Quito.

A mediados de 1972, es nombrado párroco de la ciudad de Aguilares. Aunque él era el párroco, «el equipo misionero», tres jesuitas y un sacerdote diocesano, es clave en la labor evangelizadora. El 12 de marzo de 1977, fue asesinado, junto con dos campesinos, cuando se dirigía a celebrar misa en su pueblo natal, que formaba parte de la jurisdicción parroquial.

El P. Tilo, tal como era llamado cariñosamente, se esforzó por desterrar el clericalismo, caciquismo decía él, del clero. En esto, se adelanta al esfuerzo del papa Francisco. Deseaba un clero responsable y maduro, no servil a la autoridad. Cultivó asiduamente las raíces populares de los seminaristas. Habían salido del pueblo y a él debían regresar para servirlo.

La parroquia de Aguilares no acentuó la administración de sacramentos, sino la evangelización y la creación de comunidades. El padre Tilo soñó con una parroquia llevada por laicos, donde el ministro ordenado se limitara a la administración de sacramentos. Las duras condiciones socioeconómicas del campo estimularon la organización campesina y la lucha por sus derechos. Esto planteó la relación entre fe y política. El padre Tilo mantuvo un equilibrio difícil, agobiante en algunos momentos, razón por la cual presentó la renuncia varias veces. Pero ni el arzobispo, que confiaba en él plenamente, ni el provincial se la aceptaron.

«El P. Tilo, tal como era llamado cariñosamente, se esforzó por desterrar el clericalismo, caciquismo decía él, del clero»

El desarrollo de la organización política y la defensa de los derechos de los campesinos hicieron el padre Tilo, y la parroquia, fuera percibida por la oligarquía y el régimen militar como una amenaza para el orden establecido. Por esa razón, los acusaron de comunista. En definitiva, esa opción por los pobres y su liberación de toda clase de opresión fue el motivo fundamental del asesinato.

El padre Tilo contribuyó de manera determinante en la configuración de la pastoral arquidiocesana. La parroquia de Aguilares fue un modelo para otras parroquias, promovió y defendió las comunidades cristianas, la formación y promoción de los agentes de pastoral y la pastoral de conjunto.

Con tantos aconteceres sociales que vive El Salvador, ¿cuál es la importancia de la beatificación del P. Rutilio Grande para su pueblo?

La vida y el ministerio del padre Tilo están asociados a Mons. Romero. El ministerio del arzobispo fue posible por la labor que aquel y otros sacerdotes habían hecho. Mons. Romero transitó por los caminos abiertos por el padre Tilo. El padre Tilo representa la lucha para actualizar la Iglesia desde el concilio y Medellín. En ese sentido, fue un apóstol del magisterio conciliar y latinoamericano. Este apostolado da cuenta de su martirio. Mons. Romero aprobó su ministerio pastoral, lo reconoció como mártir y como una gracia para la Iglesia salvadoreña.

«Las duras condiciones socioeconómicas del campo estimularon la organización campesina y la lucha por sus derechos. Esto planteó la relación entre fe y política»

El martirio del padre Tilo hizo que Mons. Romero fuera más consciente de su misión profética. Su predicación se vuelve entonces más decidida, clara y fuerte. Por eso, el papa Francisco dice que el gran milagro de Rutilio Grande es Mons. Romero.

¿Cuál es el legado que deja Rutilio Grande para los jóvenes de hoy?

El legado del P. Rutilio Grande para los jóvenes consiste, a mi juicio, en no ceder ante las injusticias, las esclavitudes y las opresiones. Estos males, pecados gravísimos, deben ser combatidos para erradicarlos. Pero para combatir eficazmente el pecado de este mundo es necesario una esmerada preparación. Todos los saberes y las habilidades son necesarias para trabajar por la construcción del reino de Dios.

Rutilio Grande era uno de los impulsores de la «justicia social». ¿Qué tienen que aprender de él los jesuitas que se encuentran en proceso de formación? 

Los jóvenes en formación, y todos los jesuitas, hemos de aprender a discernir en los signos de los tiempos actuales la voluntad de Dios para actuar en consecuencia. Las injusticias, las esclavitudes y opresiones de hoy no son las mismas de los tiempos del P. Rutilio, pero igualmente dan muerte a los débiles y los vulnerables. Por eso, es necesario escrutar, discernir y actuar. También hoy es necesario bajar de la cruz a los crucificados de estos tiempos recios que corren.