La extrema derecha de Dios

La internacional cristo-neofascista al asalto del poder blandiendo la Biblia



Por JUAN JOSÉ TAMAYO
ECLESALIA, 02/11/20.- En América Latina, Estados Unidos y Europa estamos asistiendo a un avance de las organizaciones y partidos políticos de extrema derecha, que conforman un entramado perfectamente estructurado y coordinado a nivel global y están en conexión orgánica con grupos fundamentalistas cristianos, hasta conformar lo que Nazaret Castro llama “la Internacional neofascista” y yo califico de “Internacional Cristo-neofascista” y “Extrema derecha de Dios”.
Uno de los ejemplos más emblemáticos de esta Internacional en España es la complicidad y total sintonía entre las organizaciones católicas españolas ultraconservadoras HazteOír,El Yunque, Infocatólica y otras, y el partido de extrema derecha Vox. Seguir leyendo

El Dios necrófilo de Bolsonaro


                                      Los brasileños se movilizan contra Bolsonaro Agencias

«El dios negacionista del calentamiento global, insensible a la violencia de género, supremacista blanco, militarista, hecho a imagen y semejanza del militar Bolsonaro»
«Además de homicida, el dios de Bolsonaro es ecocida que exige sacrificar la naturaleza, sobre todo la destrucción de la selva amazónica, sin reparar que la naturaleza es la fuente de la vida, y Dios es dador de vida frente a los ídolos de muerte del cristoneofascismo»
24.04.2021 Juan José Tamayo Seguir leyendo

Denuncian a Brasil en la ONU las consecuencias del Covid-19

Este 2 de marzo, Brasil tuvo el mayor número de muertos desde el inicio de la pandemia, 1726
Organizaciones eclesiales brasileñas denuncian en la ONU las graves consecuencias del Covid-19 en el país
Dario_Bossi
La denuncia se ha llevado a cabo en la 46ª sesión del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, celebrada en Ginebra, Suiza, este 1 de marzo
“El Covid-19 ha impactado inconmensurablemente a los pueblos indígenas, y más aún a aquellos que viven en las regiones amazónicas” Seguir leyendo

Crónica de un genocidio anunciado

Frei Betto: «Crónica de un genocidio anunciado y promovido por el gobierno de Bolsonaro»

«Todo indica que el Brasil será el último país en tener una población inmunizada contra el Covid-19 y, dentro de poco, habrá de superar a los EEUU en cantidad de muertos»
«Como Bolsonaro saborea el macabro perfume de la muerte, jamás se preocupó por la vacunación del pueblo brasilero.»
«Dio a entender que la Covid-19 mata preferentemente a los pobres (lo que economizaría recursos de las políticas sociales), los portadores de comorbidades y de los ancianos»
«Las vacunas disponibles hasta ahora son producidas en dos países, India y China, países que desde hace meses han sido despreciados por la familia Bolsonaro»
«Es necesario que todos sepan del genocidio promovido por el gobierno Bolsonaro. Más de 50 pedidos de impeachment del presidente están encajonados en las oficinas del Congreso Nacional»
29.01.2021 Frei Betto
Todo indica que el Brasil será el último país en tener una población inmunizada contra el Covid-19 y, dentro de poco, habrá de superar a los EEUU en cantidad de muertos, debido a la inoperancia del gobierno Bolsonaro. En esta tercera semana de enero ya tenemos más de 115.000 víctimas fatales. Diariamente mueren más de mil personas contagiadas por coronavirus.
Bolsonaro sufre de tanatomanía, tendencia patológica a la satisfacción con la muerte ajena. Actuablemente la situación se agrava por la falta de oxígeno y camas en los hospitales. Terrible paradoja: falta el oxígeno para los pacientes de Amazonas y de Pará, ambos en la Amazonía, que es tenida como el pulmón del planeta. Muchos mueren por asfixia, Y la ironía del destino: Maduro despreciado por el gobierno, reabastece el Amazonas de oxígeno,
Todo este cuadro necrófilo resulta de la inacción de un presidente y de un gobierno genocidas. El Brasil tiene Ministerio de Salud, pero no tiene ministro. Desde la asunción de Bolsonaro, en enero de 2019, los dos médicos que ocuparon el cargo no permanecieron por no concordar con la indiferencia del presidente frente a la pandemia y por él recomendar medios preventivos carentes de base científica, como por ejemplo, la cloroquina. El actual ministro de salud, el general Pazuello, no es médico, y poco después de ser puesto en el cargo admitió que, hasta ese momento, no conocía el SUS, Sistema Único de Salud, que atiende gratuitamente a la población y es considerado ejemplar. Sin embargo, ahora el SUS está atado de manos por falta de vacunas y de personal de la salud.
En el inicio de la pandemia, mientras el mundo se alarmaba, Bolsonaro declaraba que se trataba de una “gripecita”. Se rehusó de coordinar y movilizar a los brasileros para evitar la diseminación de la enfermedad. E incentivó, con su ejemplo, las aglomeraciones, criticó el uso de tapabocas (llegó a prohibir la entrada al palacio de gobierno a quien estuviese con tapabocas) y desaconsejó medidas preventivas, como el aislamiento preventivo, el lavado frecuente y cuidadoso de las manos y su sanitización con alcohol. Fue preciso que la Suprema Corte faculte a los gobernadores e intendentes municipales (jefe municipal) con el derecho de desempeñar esa coordinación.
Como Bolsonaro saborea el macabro perfume de la muerte, jamás se preocupó por la vacunación del pueblo brasilero. Dio a entender que la Covid-19 mata preferentemente a los pobres (lo que economizaría recursos de las políticas sociales), los portadores de comorbidades y de los ancianos (lo que reduciría el déficit del SUS y los gastos de sistema de previsión social). Sin embargo, debido a la presión popular, el gobierno tuvo que salir corriendo a buscar vacunas.
Las vacunas disponibles hasta ahora son producidas em dos países, India y China, países que desde hace meses han sido despreciados por la familia Bolsonaro. El canciller Ernesto Araújo, adepto del terraplanismo, declaró que China había producido intencionalmente el “comunavirus”. Aliado a algunos países ricos el Brasil se rehusó a apoyar a la India en la OMC para liberar las patentes de las vacunas. En octubre del 2020 Bolsonaro declaró: “Aviso que no compraremos vacunas de la China”. Su hijo, el diputado nacional Eduardo Bolsonaro, acusó al gobierno chino de usar la tecnología 5G para espiar.

Las pocas vacunas que llegaron al país, menos de 10 millones de dosis para una población de 212 millones, vinieron de la China y fueron compradas por el Instituto Butantan, renombrada institución científica de San Pablo. La Fiocruz (Fundación Oswaldo Cruz), de Río de Janeiro, intenta comprar de la China el IFA (Instituto Farmacéutico Activo), sin que haya hasta ahora confirmación de posibilidad de entrega.
Es necesario que todos sepan del genocidio promovido por el gobierno Bolsonaro. Más de 50 pedidos de impeachment del presidente están encajonados en las oficinas del Congreso Nacional. Vivimos hoy, en un país que no tiene gobierno, ni política de salud, sin suficientes vacunas, cilindros de oxigeno ni camas disponibles en los hospitales, tampoco tiene leyes favorables al lockdown y contrarias a las aglomeraciones. Es preciso que todos nos movilicemos para salvar al Brasil y a los brasileros.

Situación de caos en Brasil

Leonardo Boff: «¿Por qué llegamos a Jair Bolsonaro? Una disquisición histórico-filosófica sobre nuestra barbarie»
«Innegablemente en Brasil estamos viviendo una situación de gravísimo caos. En el contexto de la Covid-19 que está destruyendo casi 200 mil vidas»
«Tenemos un Presidente totalmente inoperante y sin preocupación con el destino cruel de su pueblo, un negacionista con una estupidez y arrogancia propias de personas autoritarias con señales de insania mental»
«Un jefe de Estado debe ser una persona de síntesis (sim-bólico) y no de división (dia-bólico) y vivir personalmente las virtudes éticas y cívicas que quiere ver en los ciudadanos. Este hace exactamente lo contrario»
«Las autoridades que tienen poder se revelan negligentes, asistiendo inertes e irresponsables al genocidio que está ocurriendo»
«Tenemos un presidente con claros síntomas de psicopatía, tolerado vergonzosamente por aquellas autoridades que podrían y deberían denunciarlo por delitos de responsabilidad social, hacerlo dimitir o someterlo democráticamente a un impeachment jurídico»
«Ojalá estemos atentos a lo que la historia nos exigirá, a pesar del reaccionarismo y protofascismo de Bolsonaro y sus seguidores»
04.01.2021 Leonardo Boff
Hay un sinnúmero de excelentes análisis del anti-fenómeno Jair Messias Bolsonaro, predominando los de tipo sociológico, histórico y económico. Creo que debemos cavar más a fondo para captar la irrupción de este Negativo en nuestra historia, una verdadera situación de barbarie.
La reflexión occidental, debido a los límites culturales de nuestro arraigado individualismo, apenas ha desarrollado categorías analíticas para analizar totalidades históricas. La Filosofía de la Historia de Hegel está llena de prejuicios, incluso sobre Brasil, y tiene pocas categorías aprovechables. Arnold Toynbee, en sus 10 volúmenes sobre la historia del mundo, trabaja con un esquema fértil pero limitado: desafío y respuesta (challenge and response), con el inconveniente de no dar relevancia a los conflictos de todo tipo inherentes a la historia. La Escuela Francesa de los Annales, en sus variaciones (Lefbre, Braudel, Le Goff) incluía varias ciencias pero no nos ofreció una lectura de la historia en su conjunto. No dejan de ser inspiradoras las categorías desarrolladas por Ortega y Gasset en su famoso estudio sobre los Esquemas de las crisis y otros ensayos (1942).
Tenemos que tratar de pensar por nosotros mismos y preguntarnos con una actitud filosofante, es decir, que busca causas más profundas que las meramente analíticas de los científicos: ¿por qué en Brasil ha llegado a jefe de Estado este siniestro personaje histórico, que desafía cualquier comprensión psicológica, ética y política?
Debemos decir de antemano que todo lo que existe no es fortuito, porque es el fruto de algo preexistente, de larga duración, que cabe a la razón dilucidar. Además, hay que pensar siempre de forma dialéctica: junto a lo negativo y las sombras, acompañan siempre como acólitos las dimensiones positivas y portadoras de alguna luz. No se nos concede tener sólo luz o tinieblas. Todas las realidades son crepusculares, mezclando luces y sombras. Pero nuestro enfoque en esta reflexión está en las sombras, porque son las que nos causan problemas.
Voy a echar mano de algunas categorías: las sombras reprimidas, la teoría del caos destructivo y generativo, la comprensión transpersonal del karma en el diálogo entre Toynbee y el filósofo japonés Daisaku Ikeda, y los principios de thanatos y eros, asociados a la condición humana desapiens y simultáneamente demens.
Las cuatro sombras reprimidas por la conciencia colectiva
La conciencia brasileña está dominada por cuatro sombras que nunca hasta hoy han sido reconocidas e integradas. Entiendo la categoría “sombra” en el sentido psicoanalítico de la escuela de C.G.Jung y sus discípulos, que la convirtieron en una categoría ampliamente aceptada por otras escuelas. La sombra sería los contenidos oscuros y negativos que una cultura con su consciente/inconsciente colectivo se niega a asimilar y por lo tanto reprime y se esfuerza por alejarlos de la memoria colectiva. Esa represión impide un proceso coherente y sostenido de individuación nacional.
La primera que aparece es la sombra del genocidio indígena. Según Darcy Ribeiro, habría inicialmente una población de unos 5-6 millones de indígenas con cientos de lenguas, hecho único en la historia del mundo. Fueron prácticamente diezmados. Quedan los actuales 900.000. Recordemos las masacres de Mem de Sá del 31 de mayo de 1580, que liquidó a los Tupiniquim de la Capitanía de Ilhéus. Durante un kilómetro y medio a lo largo de la playa a pocos metros de distancia unos de otros yacían cientos de cuerpos de indígenas asesinados, relatados como gloria al rey de Portugal.

Peor aún fue la guerra declarada oficialmente por D. João VI, apenas llegado a Brasil huyendo de las tropas de Napoleón, que diezmó a los Botocudos (Krenak) en el valle del Río Doce, porque pensó que eran incivilizables e incatequizables. Esta guerra oficial manchará para siempre la memoria nacional. Ailton Krenak, cuyos ancestros sobrevivieron, nos recuerda esta vergonzosa guerra oficial de un emperador despiadado, considerado bueno.
El gobierno actual, de una ignorancia supina en antropología, considera a los pueblos indígenas originales como subhumanos, que deben ser forzados a entrar en nuestros códigos culturales para ser humanos y civilizados. El descuido que ha mostrado ante sus reservas invadidas y su abandono ante la Covid-19 roza el genocidio, y es susceptible de ser llevado a la Corte Penal Internacional por crímenes contra la humanidad.
La segunda sombra es nuestro pasado colonial. No hubo un descubrimiento de Brasil sino una invasión pura y simple, destruyendo el idilio pacífico inicial descrito por Pero Vaz de Caminha. Se produjo un encuentro profundamente desigual de civilizaciones. Pronto comenzó el proceso de ocupación y violencia debido a las riquezas de aquí. Todo proceso colonialista es violento. Implica invadir tierras, someter a los pueblos, obligarlos a hablar el idioma del invasor, incorporar sus formas de organización social y la completa sumisión deshumanizadora de los dominados. De este proceso de sumisión surgió el complejo del mestizo, pensando que sólo es bueno lo que viene de afuera o de arriba, inclinar siempre la cabeza y abandonar cualquier veleidad de autonomía y de proyecto propio.
La mentalidad de muchos de los estratos dirigentes todavía se considera en cierta forma coloniales, por mimetizar los estilos de vida y asumir los valores de sus patronos, que han ido variando a lo largo de nuestra historia. Hoy es una expresión humillante para toda la nación que el actual jefe de Estado haga un viaje especial a los Estados Unidos, salude a la bandera norteamericana y preste un rito explícito de vasallaje al presidente Donald Trump, extravagante, egocéntrico y considerado por notables analistas estadounidenses como el más estúpido de la historia política de ese país.
La tercera sombra, la más perversa de todas, es la de la esclavitud, nuestra verdadera barbarie El escritor e historiador Laurentino Gomes en sus dos volúmenes sobre La Esclavitud (2019/2020) nos cuenta el infierno de este proceso de inhumanidad. Brasil fue campeón de la esclavitud. Sólo él importó, a partir de 1538, unos 4,9 millones de africanos que fueron esclavizados aquí. De los 36 mil viajes transatlánticos, 14.910 fueron destinados a puertos brasileños.
Estas personas esclavizadas eran tratadas como mercancía y llamadas “piezas”. Lo primero que hacía el comprador para “domesticarlos y disciplinarlos” era castigarlos, “que haya azotes, que haya cadenas y grilletes”. La historia de la esclavitud ha sido escrita por la mano blanca, presentándola como blanda, cuando en realidad fue crudelísima y se prolonga hoy en día contra la población negra, mulata (54,4% de la población) y pobre, como ha demostrado irrefutablemente Jessé Souza en La élite del atraso: de la esclavitud a Bolsonaro (2020). Una vez que la esclavitud fue abolida en 1888, no se les dio ninguna compensación, fueron dejados al dios-dará y hoy en día constituyen la mayoría de las favelas. Nunca se les reconoció la más mínima humanidad. La clase dominante transfirió a ellos su odio hacia los esclavos, se acostumbró a humillarlos, a ofenderlos hasta que perdieron su sentido de dignidad.
Esa sombra pesa enormemente en la conciencia colectiva y es la más reprimida, con la afirmación mentirosa de que aquí no hay racismo ni discriminación. En el gobierno eso ha sido desenmascarado por la violencia sistemática contra esta población, estimulada por el propio jefe de Estado que ha mantenido una política necrófila. Esta sombra por su inhumanidad inspiró a personas sensibles, como el poeta Castro Alvez. Resonarán para siempre sus versos en Vozes d’Africa:
“Oh Dios, ¿dónde estás que no respondes? ¿En qué mundo, en qué estrella te escondes/ Embozado en los cielos? Hace dos mil años te mandé mi grito/ Que en balde, desde entonces, recorre el infinito… /¿Dónde estás, Señor Dios?” Este grito sigue siendo hoy tan lancinante como entonces.
Jessé Souza, en su obra ya mencionada, mostró de manera convincente cómo la clase dominante, para impedir cualquier avance de las mayorías marginalizadas, proyectó sobre ellas toda la carga de negatividades que acumuló frente a los esclavos, esa “massa damnata”: exclusión, discriminación y verdadero odio que nos asombra y revela niveles increíbles de deshumanización.
La cuarta sombra es la constitución de un Brasil solo para pocos. Raymundo Faoro (Los dueños del poder) y el historiador y académico José Honório Rodrigues (Conciliação e reforma no Brasil, 1982) nos han hablado de la violencia con la que se trataba al pueblo para establecer un orden, fruto de la conciliación entre las clases opulentas, siempre con exclusión intencionada del pueblo.
José Honório Rodrigues escribe: «La mayoría dominante siempre ha sido alienada, antiprogresista, antinacional y no contemporánea. El liderazgo nunca se reconcilió con el pueblo; le negó sus derechos, destruyó sus vidas, y tan pronto como le vio crecer le negó poco a poco su aprobación, conspiró para volverlos a poner en la periferia, el lugar que cree que les pertenece» (Reconciliação e Reforma o Brasil, 1982, p.16). ¿No es eso exactamente lo que la mayoría dominante y sus aliados hicieron con Dilma Rousseff primero y después con el candidato Lula? Cambian las estrategias pero nunca sus propósitos de un Brasil sólo para ellos.
Nunca ha habido un proyecto nacional que incluyese a todos. Se proyectó siempre un Brasil para pocos. Los demás que se fastidien. Así surgió no una nación, sino que, como mostró detalladamente Luiz Gonzaga de Souza Lima en un libro que seguramente será un clásico, A Refundação do Brasil: rumo a uma civilização biocentrada (2011), fue fundada la Gran Empresa Brasil, internacionalizada desde sus inicios, en función de atender a los mercados mundiales desde ayer hasta los tiempos actuales. Así tenemos un Brasil profundamente escindido entre unos pocos ricos y las grandes mayorías pobres, uno de los países más desiguales del mundo, lo que significa, un país violento y lleno de injusticias sociales. Machado de Assis ya había observado que hay dos Brasiles, el oficial (este de pocos) y el real (de las grandes mayorías excluidas).
Una sociedad montada sobre una bifurcación, sobre una injusticia social perversa, nunca creará una cohesión interna que le permita saltar hacia formas de convivencia más civilizadas. Aquí siempre imperó un capitalismo salvaje que nunca consiguió ser civilizado. Y cuando los hijos e hijas de la pobreza pudieron acumular una fuerza política básica suficiente para alcanzar el poder central y satisfacer las demandas básicas de las poblaciones humilladas y ofendidas, pronto los descendientes de la Casa Grande y la nueva burguesía nacional se organizaron para hacer imposible este tipo de gobierno de inclusión social. Le dieron un golpe vergonzoso, parlamentario, mediático y jurídico, para así garantizar los niveles de acumulación considerados entre los más altos del mundo y mantener a los pobres en el lugar que les corresponde, en la periferia y en la marginalidad pobre y miserable.
El escritor Luiz Fernando Veríssimo en un twitter del 6 de septiembre de 2020 lo resumió bien: “El odio está en el DNA de la clase dominante brasileira, que históricamente derriba, por las armas si fuera necesario, cualquier amenaza a su dominio, sea cual sea su sigla”. Esta clase de ricos, que ni elite es porque esta supone cierto cultivo de humanidad y de cultura, sustenta al actual gobierno ultraderechista y fascistoide porque no les amenaza su forma abusiva de acumulación; por el contrario, el ministro de Hacienda, Guedes, discípulo de la escuela de Viena y de Chicago comparece como el gran demoledor de la soberanía nacional. El presidente no sabe ni entiende nada de lo que puede ser soberanía nacional.
El caos destructivo y generativo
Otra categoría que podría ayudarnos a entender mejor nuestra actual situación sombría es la del caos en su doble función destructiva y constructiva.
Todo comenzó con la observación de fenómenos aleatorios como la formación de nubes y particularmente de lo que se vino a llamar el efecto mariposa (pequeñas modificaciones iniciales, como el batir de alas de una mariposa en Brasil que puede, al final, provocar una tempestad en Nueva York debido a la interdependencia de todos los factores). Además de esto se tuvo la constatación de la creciente complejidad que hay en la raíz de la emergencia de formas de vida cada vez más altas (cf. J.Gleick Caos: criação de uma nova ciência,1989). El universo se originó de un tremendo caos inicial, el big bang. La evolución se hizo y se hace para poner orden en este caos.
El sentido originario es el siguiente: el caos posee una dimensión destructiva; pone fin a un cierto tipo de orden que llegó a su clímax. Pero por detrás del caos destructivo se esconden dimensiones constructivas de un nuevo orden. Y viceversa, por detrás del orden se esconden dimensiones de caos de tal forma que la realidad es dinámica y fluctuante siempre en busca de un equilibrio. Ilya Progrine (1917-2993), premio Nobel de Química en 1977, estudió particularmente las condiciones que permiten la emergencia de la vida. Según este gran científico, siempre que existe un sistema abierto, siempre que hay una situación de caos (lejos del equilibrio) y hay una no-linealidad de los factores, la conectividad entre las partes genera un nuevo orden (cf. Order out of Chaos,1984). En este contexto irrumpió la vida como un imperativo cósmico.

Innegablemente en Brasil estamos viviendo una situación de gravísimo caos. En el contexto de la Covid-19 que está destruyendo casi 200 mil vidas, tenemos un Presidente totalmente inoperante y sin preocupación con el destino cruel de su pueblo, un negacionista con una estupidez y arrogancia propias de personas autoritarias con señales de insania mental. Un jefe de Estado debe ser una persona de síntesis (sim-bólico) y no de división (dia-bólico) y vivir personalmente las virtudes éticas y cívicas que quiere ver en los ciudadanos. Este hace exactamente lo contrario, incentiva odios, miente descaradamente y pierde totalmente el sentido de la dignidad del cargo que ocupa.
Las autoridades que tienen poder, como el Congreso Nacional, el MPF, el STF y otras, se revelan negligentes, asistiendo inertes e irresponsables al genocidio que está ocurriendo. Creo que la historia será implacable con las omisiones de estas autoridades que muestran tanto desinterés con el destino de millones de familias que lloran a sus muertos. El presidente actual cometió tantos actos de grave irresponsabilidad que merecería jurídica y éticamente un impeachment o una pura y simple destitución por un acuerdo de líderes apoyados por multitudes en las calles.
Nos consuela el hecho de que dentro de ese caos humanitario hay un orden más alto y mejor. ¿Quién va a desentrañarlo y hacer que se supere el caos?
Necesitamos conformar un frente amplio de fuerza progresistas y opuestas a las privatizaciones y a la neocolonización del país para desentrañar el nuevo orden, oculto en el caos actual, que quiere nacer. Tenemos que hacer ese parto aunque sea doloroso. En caso contrario, continuaremos siendo rehenes y víctimas de aquellos que siempre han pensado corporativamente sólo en sí, de espaldas y, como ahora, contra el pueblo.
La interpretación occidental del Karma transpersonal
Finalmente voy a valerme de una categoría oriunda del Oriente, que releída a la luz de las nuevas ciencias de la Tierra y de la vida nos puede aportar elementos esclarecedores. Se trata de la categoría del Karma, objeto de un largo diálogo de tres días entre el historiador Arnold Toynbee y el filósofo japonés Daisaku Ikeda (cf. Elige la vida, Emecé. Buenos Aires, 2005).
Karma es un término sánscrito que originalmente significa fuerza y movimiento, concentrado en la palabra “acción” que provoca su correspondiente “re-acción”. Una interpretación transpersonal parece importante, porque, como ya dije antes, en Occidente no disponemos de categorías conceptuales que expliquen un sentido de devenir histórico de toda una comunidad y de sus instituciones en sus dimensiones positivas y negativas.
Cada persona está marcada por las acciones que ha practicado en vida. Esta acción no está restringida a la persona sino que connota a todo su ambiente. Es una especie de cuenta corriente ética cuyo saldo cambia constantemente según las buenas o malas acciones realizadas, es decir, los “créditos y débitos”. Incluso después de la muerte, la persona, en la creencia budista, lleva esta cuenta en los renacimientos que pueda tener, hasta conseguir que la cuenta negativa se ponga a cero.
El gran historiador y pensador Toynbee da otra versión, en el marco del paradigma occidental, que me parece esclarecedora y nos ayuda a entender un poco también nuestra historia. La historia se compone de redes relacionales en las que se insertacada persona, ligada a las que le precedieron y con las que están presentes. Hay un funcionamiento kármico en la historia de un pueblo y sus instituciones según los niveles de bondad y justicia o de maldad e injusticia que han producido a lo largo del tiempo. Así reflexionó Toynbee.
Esto sería una especie de campo mórfico que permanecería impregnando todo. La hipótesis de muchos renacimientos no es necesaria, como presupone la tradición oriental, porque la red de vínculos garantiza la continuidad del destino de un pueblo (p.384). Las realidades kármicas impregnan las instituciones, los paisajes, configuran a las personas y dejan sus huellas en la cultura de un pueblo. Esta fuerza kármica actúa en los procesos socio-históricos, marcando los eventos benéficos o maléficos. C.G.Jung en su psicología arquetípica había notado de alguna manera este hecho
Apliquemos esta ley kármica a nuestra situación bajo la nefasta regencia de Bolsonaro. No será difícil reconocer que tenemos un karma muy pesado, a gran escala, derivado del genocidio indígena, de la sobreexplotación de la fuerza del trabajo esclavo, de la colonización depredadora, de las injusticias perpetradas contra gran parte de la población, negra, mestiza y pobre a causa de la burguesía adinerada e insensible, arrojada en la periferia, con familias destruidas y erosionadas por el hambre y las enfermedades.
Tanto Toynbee como Ikeda concuerdan en esto: «la sociedad moderna (nosotros incluidos) sólo puede ser curada de su carga kármica a través de una revolución espiritual en el corazón y en la mente (p.159), en la línea de la justicia compensatoria y de políticas sanadoras con instituciones justas, como viene pregonando insistentemente el Papa Francisco en sus encíclicas sociales y ecológicas, Laudato Si y Fratelli tutti. Sin esta justicia mínima la carga kármica no se deshará.
Pero ella sola no es suficiente. Es necesario el amor, la solidaridad y una compasión universal, especialmente con las víctimas. Es la propuesta central y paradigmática de la Fratelli tutti del Papa Francisco. El amor será el motor más eficaz porque, en el fondo, él “es la última realidad” (p.387). Una sociedad incapaz de amar efectivamente y de ser menos malvada, jamás deconstruirá una historia tan marcada por el karma negativo e inhumano, realizado extrañamente dentro de una cultura acuñada por el cristianismo, día a día traicionado. Este es el desafío que la actual crisis sistémica nos suscita.

No predicaron otra cosa los maestros de la humanidad, como Jesús, Buda, Isaías, San Francisco, el Dalai Lama, Gandhi, Luther King Jr y el Papa Francisco. Sólo el karma del bien redime la realidad de la fuerza kármica del mal. Y si Brasil no hace esta reversión kármica permanecerá de crisis en crisis, destruyendo su propio futuro como lo está haciendo, entre mentiras, fake news, ironía y burla del necrófilo e insano presidente de este país.
La función esclarecedora de los principios thanatos y demens
Estas son expresiones bien conocidas en Occidente y no se necesita mayor explicación. Vale la pena recordar que estos son principios y no simplemente dimensiones accidentales. El principio es lo que hace que todos los seres lo sean, o sin los cuales los seres no irrumpen en la realidad. Así es como Sigmund Freud desarrolló el principio del thanatos que acompaña al de eros que conviven en todo ser humano. El thanatos emerge como esa pulsión que lleva a la violencia, la destrucción y, al final, a la muerte. Tenemos lo Negativo en la condición humana al lado de lo Positivo y lo Luminoso, estos creemos que finalmente triunfarán.
El intercambio de cartas entre Freud y Einstein desde 1932 sobre la posibilidad de superar la violencia y la guerra es bien conocido. Freud respondió que es imposible superar directamente el thánatos, solo reforzando el principio del eros a través de lazos emocionales y el trabajo humanizador de la cultura. (cf. Obras completas III:3,215). Pero termina con una frase desoladora: “hambrientos pensamos en el molino que muele tan lentamente que podemos morir de hambre antes de recibir la harina”.
Ambos principios para Freud tienen algo eterno y deja en abierto qué principio escribirá la última página de la vida. Pero el principio del thanatos puede a veces en la historia impregnar a todo un pueblo e inundar la conciencia de sus líderes produciendo tragedias político-sociales.
Estos comportamientos muestran igualmente el principio demens presente junto con el sapiens en el ser humano. Vivimos en una civilización globalizada que está bajo el dominio de lo demens. Basta recordar los 200 millones de muertos en las guerras de los dos últimos siglos y el principio de autodestrucción ya montado con armas nucleares, químicas y biológicas, capaces de acabar con la vida humana y con nuestra civilización, armas que la Covid-19 ha evidenciado como bastante ridículas.

Este principio de demencia se muestra claramente en los asesinatos intencionados de negros, pobres, personas con otra opción sexual y en un feminicidio perverso. Todo ello respaldado por un presidente con claros síntomas de psicopatía, tolerado vergonzosamente por aquellas autoridades que podrían y deberían denunciarlo por delitos de responsabilidad social, hacerlo dimitir o someterlo democráticamente a un impeachment jurídico. Quizás ellos mismos ya estén infectados con el virus de lo demens, lo que explicaría su indulgencia y omisión culposa.
Conclusión: lo oculto y lo reprimido salieron de los sótanos y se encendió una luz
El sentido de nuestra disquisición tiene este significado: todo lo que estaba escondido y reprimido en nuestra sociedad ha salido de los sótanos donde ha estado escondido durante siglos en el vano intento de negarlo o de hacerlo socialmente aceptable, incluso de pintarlo color de rosa, como también lo hacen varios ministros indignos que ven incluso ganancia en la esclavitud y el estado colonial. Pero basta un poco de luz para deshacer esta densa oscuridad. Ahora se ha vuelto visible y luminosa. Ya no hay forma de ocultarla.
Somos una sociedad contradictoria donde encontramos, al mismo tiempo, brillantez en la ciencia, en la literatura, en las artes visuales, en la música y en la riquísima cultura popular, hecha generalmente a contracorriente pesar de toda la opresión, y en tantos otros campos. Al mismo tiempo, somos una sociedad que ha internalizado al opresor, se ha hecho eco de la voz de los dueños, conservadora y hasta atrasada en comparación con países similares al nuestro. En cierto sentido somos crueles y despiadados con nuestros semejantes afectados por las maldades perpetradas por los estratos ultrarricos, sin ningún sentido de compasión por los millones que caen en el camino sin que ningún samaritano se compadezca de ellos. Pasan sin verlos y lo que es peor, despreciándolos, como si no fueran de la misma nación o de la misma familia humana.
Y todavía se confiesan cristianos sin tener nada que ver con el mensaje del Maestro de Nazaret. Los ateos éticos y humanitarios están más cerca del Dios de Jesús, de la ternura del humilde y defensor de los humillados y ofendidos, que estos cristianos meramente culturales que usan el nombre de Dios para defender sus nefastas políticas individualistas o corporativas, de un Brasil solo para ellos. Están lejos de Dios por negar a los hijos e hijas de Dios, llamados por el Juez Supremo “mis hermanos y hermanas menores” en quienes el mismo Jesús se esconde.
Hay mucha verdad en lo que escribió la filósofa Marilena Chaui: «La sociedad brasileña es una sociedad autoritaria, una sociedad violenta, tiene una economía depredadora de los recursos humanos y naturales, convive naturalmente con la injusticia, la desigualdad y la ausencia de libertad y con los índices espantosos de las diversas formas institucionales -formales e informales- de exterminio físico y psíquico y de exclusión social y cultural” (500 años – cultura y política en Brasil n.38 p.32-33). El idílico sueño de Darcy Ribeiro de que Brasil se convierta en la Roma tardía y tropical se desvanece en las “densas sombras”, como dice el Papa Francisco en Fratelli tutti (cap. I). Celso Furtado, entristecido, al final de su vida escribió todo un libro: Brasil: la construcción interrumpida (1993).
Todas estas nubes oscuras se han condensado en los últimos años y han conseguido sus sacerdotes y acólitos que las asumen conscientemente, queriendo llevar a Brasil a tiempos premodernos. Si por lo menos lo llevasen a la Edad Media, que tuvo su grandeza desde las majestuosas catedrales hasta las grandes sumas teológicas. El Brasil de este proyecto atrasado e irrealizable se ha convertido en una farsa grotesca y en irrisión internacional.
El conjunto de estas vastas sombras y el dominio de lo Negativo se ha vuelto más denso en la figura del actual jefe de Estado y el gobierno asociado a su proyecto. Es la consecuencia de esta antihistoria y su encarnación más perversa. Representa lo peor que ha pasado en nuestra historia y conscientemente o inconscientemente intenta llevarla a su término final. Pero no lo logrará porque en la historia los mecanismos de la muerte y el odio nunca han logrado realizar su propósito; ni siquiera Hitler con todo su poder militar y científico consiguió sentar las bases de un Reino de Mil Años como soñaba.
Los procesos históricos no son ciegos y sin rumbo. Guardan un Logos secreto que marca el camino de las cosas en consonancia con el proceso de la cosmogénesis y genera, a partir del caos, órdenes superiores con nuevas posibilidades y horizontes insospechados. ¿Cuál será nuestro lugar, como pueblo y como nación, en todos estos procesos? Ellos marcan la dirección pero todos tenemos que recorrerla y construirla. No nos es permitido pisar perezosamente sobre las huellas ya hechas, tenemos que imprimir nuestras huellas. Tampoco podemos llegar demasiado tarde, porque esta vez el camino no tiene vuelta.
Ojalá estemos atentos a lo que la historia nos exigirá, a pesar del reaccionarismo y protofascismo de Bolsonaro y sus seguidores. Como dijo una vez Platón, “todas las grandes cosas surgen del caos”. Las nuestras pueden tener el mismo origen.

¡En Brasil hay un genocidio!

Frei Betto: Carta urgente a l@s amig@s en el extranjero

¡En Brasil hay un genocidio! Al momento de escribir esto, hoy sábado 16 de julio, la Covid-19, que apareció aquí en febrero de este año, ya ha matado a 76,000 personas. Ya hay casi 2 millones de infectados. Para el domingo 19 de julio, alcanzaremos 80,000 muertes. Es posible que ahora, cuando leas este llamamiento dramático, ya alcance los 100 mil.

Cuando recuerdo que en la Guerra de Vietnam, durante más de 20 años, se sacrificaron 58,000 vidas del personal militar de EE. UU., tengo el alcance de la seriedad de lo que está sucediendo en mi país. Este horror causa indignación y revuelta. Todos sabemos que las medidas cautelares y restrictivas, adoptadas en tantos otros países, podrían haber evitado tal número de muertos.

Este genocidio no es el resultado de la indiferencia del gobierno de Bolsonaro. Es intencional. Bolsonaro está satisfecho con la muerte de otros. Cuando un diputado federal, en una entrevista televisiva en 1999, declaró: “¡Al votar no cambiarás nada en este país, nada, absolutamente nada! Desafortunadamente, solo cambiará si un día vamos a una guerra civil aquí, y hacemos el trabajo que el régimen militar no hizo: matar a unos 30 mil”. Al votar a favor del juicio político de la Presidente Dilma, ofreció su voto en memoria del torturador más notorio del ejército, el coronel Brilhante Ustra.

Debido a que está tan obsesionado con la muerte, una de sus principales políticas gubernamentales es liberar el comercio de armas y municiones. Cuando se le preguntó en la puerta del palacio presidencial si no le importaban las víctimas de la pandemia, respondió: “No creo en estos números” (27 de marzo, 92 muertes); “Todos moriremos algún día” (29 de marzo, 136 muertes); “¿Y qué? ¿Qué quieres que haga?” (28 de abril, 5,017 muertes).

¿Por qué esta política necrófila?

Desde el principio, declaró que lo importante no era salvar vidas, sino la economía. De ahí su negativa a declarar un cierre, cumplir con las pautas de la OMS e importar respiradores y equipo de protección personal. La Corte Suprema tuvo que delegar esta responsabilidad a los gobernadores y alcaldes.

Bolsonaro ni siquiera respetó la autoridad de sus propios ministros de salud. Desde febrero, Brasil ha tenido dos, ambos despedidos por negarse a adoptar la misma actitud que el presidente. Ahora, al frente del ministerio, está el general Pazuello, que no entiende nada sobre el tema de la salud; trató de ocultar los datos sobre la evolución del número de víctimas del coronavirus; empleó a 38 militares en funciones clave del ministerio, sin las calificaciones requeridas; y canceló las entrevistas diarias para las cuales la población recibió orientación.

Sería exhaustivo enumerar aquí cuántas medidas para liberar recursos para ayudar a las víctimas y las familias de bajos ingresos (más de 100 millones de brasileños) nunca se implementaron. Las razones de la intención criminal del gobierno de Bolsonaro son evidentes. Dejar morir a los ancianos para ahorrar recursos de la Seguridad Social. Dejar morir las enfermedades preexistentes para ahorrar recursos del SUS, el sistema nacional de salud. Permitir que los pobres mueran para ahorrar recursos de Bolsa Familia y otros programas sociales para los 52.5 millones de brasileños que viven en la pobreza y los 13.5 millones que están en la pobreza extrema. (Datos del gobierno federal).

No satisfecho con tales medidas letales, el presidente ahora vetó, en el proyecto de ley sancionado el 3 de julio, el tramo que requería el uso de máscaras en establecimientos comerciales, templos religiosos e instituciones educativas. También vetó la imposición de multas para quienes infringen las reglas y la obligación del gobierno de distribuir máscaras a las personas más pobres, principales víctimas de Covid-19, y a los prisioneros (750 mil). Sin embargo, estos vetos no anulan las leyes locales que ya establecen el uso obligatorio de una máscara.

El 8 de julio, Bolsonaro anuló extractos de la ley aprobada por el Senado que requería que el gobierno proporcionara agua potable y materiales de higiene y limpieza, instalaciones de internet y distribución de canastas básicas, semillas y herramientas agrícolas a las aldeas indígenas. También vetó fondos de emergencia para la salud de los indígenas, y facilitó el acceso de indígenas y quilombolas a ayuda de emergencia de 600 reales (100 euros o 120 dólares) durante tres meses.

También vetó la obligación del gobierno de ofrecer más camas de hospital, ventiladores y máquinas de oxigenación de la sangre a los pueblos indígenas y quilombolas. Los indígenas y los quilombolas han sido diezmados por la creciente devastación socioambiental, especialmente en la Amazonía.

Corra la voz sobre este crimen contra la humanidad tanto como sea posible. Las denuncias de lo que sucede en Brasil deben llegar a los medios de comunicación de su país, las redes digitales, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra y la Corte Internacional de La Haya, así como a los bancos y empresas que protegen a los inversionistas tan codiciados por el gobierno de Bolsonaro.

Mucho antes de que lo hiciera el periódico The Economist, las redes digitales trataron al presidente con BolsoNerón: mientras Roma arde, toca la lira y anuncia cloroquina, una droga sin eficacia científica contra el nuevo coronavirus. Sin embargo, sus fabricantes son aliados políticos del presidente …

Le agradezco su amable interés en difundir esta carta. Solo la presión del exterior podrá detener el genocidio que está asolando a nuestro amado y maravilloso Brasil.

Fraternalmente, Frei Betto.

 

Cómo salvar el capitalismo

Antonio Zugasti

Hace casi veinte años que Susan George – investigadora, escritora, conferenciante y presidenta de honor de ATTAC Francia– publicó un libro titulado Informe Lugano. Se trataba de una obra de ficción socio-política. En ella suponía que al acercarnos al siglo XXI, las más destacadas figuras de la élite económica mundial se habían reunido para ver cómo podían asegurar el desarrollo sin trabas del capitalismo en el próximo siglo.

Para estudiar en profundidad esa cuestión eligen a un grupo de expertos en diversas materias que, con el mayor secreto, debían analizar todos los datos disponibles y redactar un informe, el Informe Lugano, en que expusieran las medidas que sería necesario tomar para mantener incólume el sistema capitalista a lo largo del siglo XXI. Las conclusiones del Informe son dramáticas: el sistema neoliberal globalizado no podrá salvarse del caos y la implosión si no procede de inmediato a reducir la población mundial en dos mil millones de personas durante los próximos veinte años. Esa es la fórmula que los expertos ven necesario aplicar para que el capitalismo siga en pie.

Estas conclusiones del informe son algo imaginado por la autora, pero la realdad nos dice que se acercan mucho a lo que está en la mente de los prohombres del capitalismo, a lo que está en su ADN más profundo: el beneficio por encima de todo, sin que ninguna norma ética pueda obstaculizar la ambición más desmedida. De hecho en estos 20 años el hambre y las guerras fomentadas por una economía sin escrúpulos han supuesto millones de víctimas. Pero en el mundo todavía seguimos siendo demasiados para lo que recomendaba en Informe Lugano.

Y ahora llega el coronavirus, que les viene muy bien para seguir aplicando la receta del Informe. Para los capitalistas más despiadados se trata de una gran oportunidad: salvar su economía y sacrificar vidas humanas. Esa ha sido claramente su línea de actuación ante la pandemia. Trump es seguramente el ejemplo más notorio de esta política. Ha puesto claramente la economía por encima de las personas, lo que ha llevado a que EE.UU. sea el país con mayor cantidad de víctimas de todo el mundo. Consciente además de que la mayoría de las vidas sacrificadas a la economía pertenecen a las clases más bajas de la sociedad, afroamericanos, latinos, blancos pobres que ni en sueños pueden pensar en costear lo que cuesta la asistencia en las privadísimas y carísimas clínicas de EE.UU. Excedentes humanos, aportan muy poco a la economía, sobran. Bueno es liberarse de ellos.

Para disimular ante la sociedad este comportamiento despiadado cualquier recurso es bueno. Hasta presentarse a la puerta de una iglesia presbiteriana con una Biblia en la mano. Trump, el ejemplo más puro de una conducta anticristiana, escudándose en la Biblia para justificar su despreocupación por la salud de los ciudadanos y su rechazo a las manifestaciones en protesta por el asesinato de George Floyd. Lo que pasa es que, desgraciadamente, en EE.UU. está ampliamente implantada una derecha religiosa ultraconservadora en la que Trump consigue una gran parte de sus apoyos.

Esta derecha religiosa ha contado con grandes recursos económicos para extenderse por América Latina, especialmente en Brasil, donde ha sido un elemento clave para la elección de Bolsonaro, un claro émulo de Trump. También aquí se ha seguido, corregida y aumentada, la misma política de Trump frente a la pandemia. Bolsonaro minimizó al principio los efectos del coronavirus, se resistió a imponer medidas de confinamiento, y él mismo en persona ha ignorado abiertamente las reglas de distanciamiento social. Cuando no le quedó más remedio tomó unas medidas muy laxas, y ahora reabre a toda prisa la economía, en una desescalada desordenada, cuando se cuentan más de 1.200 muertos diarios y la curva está lejos de aplanarse.

Afortunadamente en España los correligionarios de Trump y Bolsonaro no estaban en el poder cuando ha llegado el coronavirus. Bueno, no estaban en el poder político, pero siguen como siempre en el poder económico. Y se han repartido las tareas: los grandes empresarios lo que exigen es reactivar la economía a toda costa y caiga quien caiga. La extrema derecha política, PP y VOX, se han encargado de atacar ferozmente al gobierno, culparle de todos los muertos por la pandemia y, en vez de sacar la Biblia, se han envuelto en la bandera española, con lo cual manifiestas su patriotismo sin necesidad de pagar impuestos o dejar de evadir dinero a paraísos fiscales. En este ataque al gobierno “socialcomunista” no tienen reparo en recurrir machaconamente a la mentira. Pero para no dejarnos engañar basta con mirar la forma en que los gobiernos de extrema derecha están haciendo frente a la pandemia en el mundo.

 

El covid-19 desalienta el Estado mínimo

Frei Betto: «El Covid-19 desalienta el Estado mínimo»

Favelas

«Más Estado y menos palabrerío engañoso sobre Estado mínimo y privatizaciones»

«Las naciones metropolitanas imponen a las periféricas, como ser el Brasil, ajustes fiscales, límites de gastos, desregulación financiera, flexibilización de las relaciones laborales, y otras medidas genocidas que hacen a los ricos más ricos aún y a los pobres más pobres»

«Mientras en el Brasil Bolsonaro llegó a emitir una Medida Provisoria proponiéndoles a los empresarios suspender, por cuatro meses, contratos de trabajo, su ídolo Trump, activó la Ley de Producción de Defensa, que le permite al Estado intervenir las industrias para asegurar la fabricación de material para sistema de salud»

21.05.2020 Frei Betto

Teniendo el Brasil un gobierno de verdad, ya habría tomado precauciones urgentes para minimizar los efectos de la pandemia sobre los más pobres y vulnerables. No solamente los R$600 por tres meses, sino ampliando la inversión en políticas públicas. ¿Pero de dónde obtener los recursos? Preguntaría Guedes, quien solo piensa en llenar las arcas del Tesoro y no en impedir que el país se hunda en una profunda crisis social.

Ahora bien, basta seguir el ejemplo de las naciones escandinavas, como promover una reforma tributaria y gravar grandes fortunas, como ser herencias, dividendos, renta y patrimonio. Quien gana más, tendría que pagar más impuestos. Pero para esto son necesarios dos factores que faltan al (des)gobierno actual: voluntad política y cambio de rumbo de la política económica.

En toda América Latina, la región más desigual del mundo, las élites resisten a la tributación progresiva y al aumento de impuestos para fortalecer la red pública de protección social.

El Covid-19 derrite todos los dogmas del capitalismo neoliberal. Por más que Guedes, como un náufrago a su tabla, se agarre a las anacrónicas teorías de la Escuela de Chicago, el hecho es, ahora, los principales países capitalistas prefieren rescatar los principios keynesianos, como son los casos de USA, Canadá, Reino Unido, Alemania, Francia, Suecia y Australia