Golpe de Estado híbrido en Brasil

Leonardo Boff contra Bolsonaro: “Es un golpe de Estado híbrido que usó a gente ingenua”

Por| JOSÉ BELTRÁN

El teólogo brasileño responsabiliza directamente al expresidente, apoyado por “la élite anticuada y la burguesía”, del asalto a los tres poderes en Brasilia

El teólogo brasileño Leonardo Boff ha dado un paso al frente para posicionarse frente al asalto de las sedes de los tres poderes del Estado en Brasilia, conocidas como las ‘3 Casas do Governo’. “Hubo una orquestación de gente importante que no tolera una democracia de tinte social y presidida por un hijo de la pobreza”, denuncia a través de Twitter que no duda en responsabilizar directamente al ex presidente brasileño.

De esta manera, Boff configura una hipótesis, que denomina “mi sospecha”, según la cual, “la élite anticuada y la burguesía en general son bolsonaristas, les gustan las dictaduras”. Así, considera que esos grupos “se sumaron al golpe de estado de Bolsonaro” para conformar lo que denomina “un golpe híbrido”, en tanto que se sirvieron de “gente común ignorante e ingenua” en lugar de exponerse ellos.

Sospechas del Ejército

El pensador va más allá y deja caer la siguiente reflexión: “¿Los altos mandos militares de las Fuerzas Armadas están apoyando el intento de golpe de estado en Brasilia? ¿Por qué callaron y no condenaron la destrucción literal de las  ‘3 Casas do Governo’?¿Defienden o no a la democracia y al pueblo? Sería una tragedia que volvieran al poder ya la represión”.

Lo cierto es que la situación ya parece bajo control, después de la detención de 300 manifestantes golpistas el domingo y otros 1.200 el lunes que estaban refugiados en el campamento que tenían montado frente al Cuartel General del Ejército desde las elecciones, bajo la connivencia del expresidente Jair Bolsonaro.

Así, el teólogo apunta que “la política del odio, las noticias falsas, el desprecio por los muertos por el virus y las amenazas de golpe de Estado de Bolsonaro crearon las condiciones de brutalidad y vandalismo” en Brasilia. “La violencia solo destruye”, concluye Boff.

Experiencia misionera en Brasil

I Experiencia Vocacional Misionera Nacional en Brasil: «Expectativa de poder enriquecer el proceso de formación»

Experiencia Vocacional Misionera en Brasil
Experiencia Vocacional Misionera en Brasil

Una oportunidad para encontrar en la misión el verdadero sentido de su vocación

En la ciudad de Manaos y sus alrededores se estima la presencia de cerca de 40.000 indígenas de 38 pueblos diferentes

Importancia que tiene la misión en la actual estructura de la Iglesia, recogida en el Praedicate Evangelium, que quiere dar un nuevo vigor a la acción pastoral de la Iglesia y una estructura más misionera a la Curia, creando un dicasterio que esté bajo la responsabilidad directa del Papa

«La propuesta para los seminaristas que participan es encontrar el verdadero sentido de su vocación, que es que en el fondo todos estamos llamados a ser misioneros»

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

El Seminario San José de Manaos se ha llenado de los diferentes acentos de los participantes de la I Experiencia Vocacional Misionera Nacional. Son seminaristas diocesanos y religiosos, sacerdotes, diáconos, obispos, religiosas, miembros de la Juventud Misionera, dispuestos a conocer durante una semana la vida de las comunidades de la Amazonía.

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280 misioneros

En total, son 280 misioneros y misioneras de 94 diócesis de todos los regionales que forman parte de la Iglesia de Brasil y más de una decena de congregaciones religiosas, acogidos con alegría por la Iglesia local, según Mons. José Albuquerque de Araújo, obispo electo de la diócesis de Parintins, que destacó la existencia de diferentes amazonías y experiencias eclesiales en la región.

Una Experiencia Vocacional Misionera que cuenta con el apoyo de las Obras Misionales Pontificias (POM Brasil), la Organización de Seminarios e Institutos de Brasil (OSIB), la Arquidiócesis de Manaos, la Conferencia de Religiosos de Brasil (CRB), la Pontificia Unión Misionera, el Consejo Misionero Nacional de Seminaristas (COMISE) y la Juventud Misionera.

Es un momento importante en el proceso de formación inicial de los futuros sacerdotes, según el padre Antonio Niemec. El secretario nacional de las POM Brasil ve esta experiencia como un instrumento de discernimiento en el proceso de formación. Una oportunidad para encontrar en la misión el verdadero sentido de su vocación, subrayó el padre Zenildo Lima. El Rector del Seminario San José de Manaos insistió en no ver esta actividad como un paréntesis, un corte en la vida del seminario.

Una Iglesia nacida de la misión

Los misioneros llegan a una Iglesia nacida de un proceso de evangelización en el que la relación entre la Iglesia y los colonizadores fue cambiando, según la profesora Elisângela Maciel, del colaboracionismo a la denuncia. La profesora llamó a descubrir, recordando las palabras del Papa Francisco, que la Iglesia está aquí para servir. Cuestionó la puesta en práctica de los documentos, estar preparados para los desafíos amazónicos, descubrir cuál es el rostro amazónico, resolver el problema de la falta de Eucaristía, superar el clericalismo e implementar la sinodalidad en la Iglesia.

En la historia de la Iglesia en la Amazonía, el encuentro de Santarém, en 1972, ocupa un lugar destacado. En 2022, la Iglesia de la Amazonía recordó lo vivido hace 50 años, constatando la necesidad de una Iglesia encarnada en la realidad y de una evangelización liberadora, según Mons. José Ionilton Lisboa de Oliveira. Un documento que hace referencia a los sueños de la Querida Amazonía, buscando construir una Iglesia con rostro amazónico, un llamado del Papa Francisco.

En la ciudad de Manaos y sus alrededores se estima la presencia de cerca de 40.000 indígenas de 38 pueblos diferentes, llegados de diferentes regiones del interior del Estado de Amazonas para vivir en las periferias de la gran metrópoli de la Amazonía, donde intentan mantener sus culturas. Según el joven indígena Eliomar Tukano, esta población llegó a Manaos a causa de la violencia provocada por los explotadores de la Amazonía, soñando con empleos, educación… Gente que quiere vivir la misión desde la interculturalidad, porque el discurso de «voy a evangelizar a los pueblos originarios», según el joven del pueblo Tukano, ya no cuela. Dicen tener su religión, aunque aceptan los valores del cristianismo que ayudan en su Buen Vivir y piden ser protagonistas de la pastoral.

La misión es la madre de la Teología

La misión es algo que forma parte de la vida de Mons. Luiz Fernando Lisboa, misionero en Mozambique durante 20 años, donde fue obispo de la diócesis de Pemba. El actual Obispo de la Diócesis de Cachoeiro do Itapemirim considera la misión como un eje protagonista y transversal en la Iglesia, exigiendo un mayor acercamiento a la misionología en la formación teológica de los seminaristas, ya que, según él, la misión es la madre de la teología.

El Obispo reflexionó sobre la misión en la Iglesia tras el Concilio Vaticano II, destacando la importancia que tiene en la actual estructura de la Iglesia, recogida en el Praedicate Evangelium, que quiere dar un nuevo vigor a la acción pastoral de la Iglesia y una estructura más misionera a la Curia, creando un dicasterio que esté bajo la responsabilidad directa del Papa. La misión ha cambiado la visión del mundo de alguien que dice haber abandonado África, pero África no le ha abandonado a él, un lugar donde dice haber aprendido a escuchar. Por ello, invitó a los participantes en la Experiencia Vocacional Misionera a ponerse a disposición de la Iglesia y preguntarse dónde quiere Dios enviarles.

En relación a la espiritualidad misionera, Mons. Esmeraldo Barreto Farias hizo un llamado a vivirla desde el encuentro con Jesús, amando a la Iglesia donde cada uno está. El Obispo de Araçuaí reflexionó sobre las dificultades para vivir la espiritualidad misionera, entre ellas el relativismo práctico, realizar la misión por obligación o en palabras del Papa Francisco, el pragmatismo gris. Pero también destacó las motivaciones del celo misionero, como cultivar el espacio interior, rechazar la tentación de una espiritualidad intimista o buscar una espiritualidad encarnada. Elementos presentes en el Programa Misionero Nacional que orienta la misión de la Iglesia en Brasil.

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Testimonios misioneros

Misioneros que perciben la Primera Experiencia Vocacional Misionera como un motivo de alegría que despierta «la expectativa de poder enriquecer el proceso de formación«, según el seminarista Carlos Daniel de la Diócesis de Colatina. Él, que forma parte de la Comisión Nacional del COMISE, destaca que «la propuesta para los seminaristas que participan es encontrar el verdadero sentido de su vocación, que es que en el fondo todos estamos llamados a ser misioneros». Espera en esta experiencia vocacional misionera «encontrarme a mí mismo también como misionero, en primer lugar, como cristiano bautizado llamado a la misión».

Acompañando a los seminaristas de la Arquidiócesis de Ribeirão Preto, el padre Manoel dice que llegó a la Amazonía para «hacer una experiencia de reencuentro, conocer la realidad, convivir, ir a esta experiencia más profunda del Evangelio. Conocer la experiencia, conocer el Evangelio y conocer la realidad de cada comunidad, de cada pueblo”. Según él, «el Evangelio es este encuentro siempre, y sobre todo tener una experiencia de llevar a la propia comunidad esta apertura que es esta Experiencia Vocacional Misionera, una apertura que transforma y ayuda a transformar la Iglesia».

Gustavo Mariotto fue enviado por el Instituto Misionero San José, y dice que espera «renovar mi vocación, la esperanza en la Iglesia de días mejores, días de santificación personal, santificación también del pueblo de Dios, un tiempo de gracia, una Iglesia en salida, como nos dice nuestro querido Papa Francisco». Wal Rodrigues, representante de la Juventud Misionera de la Arquidiócesis de Manaos, dice que busca más conocimiento en esta experiencia y formar amistades, «porque estamos saliendo al encuentro del otro«. Quiere recibir la gratitud que nace del hecho de «estar juntos, de salir de mi zona de confort para estar junto a aquel a quien encontraré y que El Señor envía».

Misioneros enviados durante la celebración eucarística presidida por Mons. José Ionilton Lisboa de Oliveira. Durante más de una semana, del 7 al 15 de enero, visitarán comunidades de las periferias, indígenas y ribereñas de la Archidiócesis de Manaos, de la Diócesis de Coari y de la Prelatura de Itacoatiara, donde están llamados a vivir la misión como medio valioso e indispensable para la formación de la mentalidad y del corazón misioneros del seguidor de Jesucristo.

Leonardo Boff: la fuerza de los pequeños

La elección de Lula: lo improbable sucedió

«Nuestro país ha vivido durante todo un gobierno bajo el espíritu del “anti-cristo”. Nunca en nuestra historia se vio tanta maldad, tanta mentira establecida como método de gobierno, tanta insensibilidad exaltada como virtud, tanta proclamación de la maledicencia como forma de comunicación oficial»

«El “mito” se deshizo con la rapidez de un cubito de hielo, simplemente se sintió un muerto- vivo, como escondido en su propia sepultura. Las palabras murieron en su garganta. Las lágrimas nunca antes lloradas, cuando era digno llorarlas, no paraban de correr por el rostro entumecido»

Por Leonardo Boff

Los hechos son siempre hechos. Se producen a partir de virtualidades presentes en la realidad, que sorprendentemente o por causas previsibles acaban viniendo a la existencia.

En las elecciones presidenciales de este año lo improbable sucedió. Alguien al que las Escrituras llaman el “inimicus homo”, el hombre del mal, en su afán de perpetuarse en el poder usó todos los medios legítimos y principalmente los ilegítimos para conseguir su objetivo. Él posee las características del “anti-cristo”, que para el Nuevo Testamento es más un espíritu que una persona concreta. Puede ganar cuerpo en un movimiento y en su líder, pero es fundamentalmente una realidad enemiga de todo lo que es vida y de todo lo que es sagrado.

La característica del “anti-cristo” es arrogarse el lugar de Dios. Y sentirse más allá del bien y del mal. Y entonces usa ambos, pero principalmente el mal: promueve la mentira, difunde fake news, estimula la calumnia, incentiva la violencia real, asesinando, o simbólica, propagando difamaciones; todo lo que proviene del trasfondo más ancestral de nuestras sombras irrumpe con toda desfachatez.

Nuestro país ha vivido durante todo un gobierno bajo el espíritu del “anti-cristo”. Nunca en nuestra historia se vio tanta maldad, tanta mentira establecida como método de gobierno, tanta insensibilidad exaltada como virtud, tanta proclamación de la maledicencia como forma de comunicación oficial. Como dice san Pablo en su Epístola a los Romanos, “aprisionaron la verdad bajo la injusticia” (1,18).

Es propio del espíritu del “anti-cristo” ocultarse en el mundo de lo oscuro, de las zonas enemigas de la luz y destrozar todos los rasgos de transparencia. Es propio también de este tipo de espíritu subyugar a personas que se dejan fascinar por la brutalidad de los comportamientos, por la insensatez de las decisiones y por la violencia infligida a los más débiles, a los más cobardemente marginados, como los pobres, las mujeres, los negros, los indígenas y aquellos que por sí solos no consiguen defenderse. Dicen exultantes: “tiene que ser así, hay que usar la violencia, es bueno ser borde y grotesco”; “así es como hay que ser”.  Y proclamaban “mito” o “nuestro héroe” a aquel por el que se sienten representados.

Pero la experiencia secular humana ha mostrado que la noche nunca perdura todo el tiempo, que no hay tempestad que no cese en un momento dado y de lugar a la alegría del brillo del sol. Y así ha ocurrido en nuestro país. Quien tenía la absoluta certeza de triunfar, hasta por pretendida promesa divina, se vio en el último momento, derrotado. El “mito” se deshizo con la rapidez de un cubito de hielo, simplemente se sintió un muerto- vivo, como escondido en su propia sepultura. Las palabras murieron en su garganta. Las lágrimas nunca antes lloradas, cuando era digno llorarlas, no paraban de correr por el rostro entumecido.

Se comprueba lo que la historia irreversiblemente ha revelado: lo improbable sucede. Por eso tenemos que contar siempre con lo improbable y lo inconcebible, pues ambos forman parte de la historia. Quien usó de todo, pero de todo, hasta de lo más sagrado que es el espacio de lo Religioso, no pudo impedir que irrumpiese lo improbable y sorprendentemente lo derrotase.

Vemos unos ejemplos. Lo más improbable en Estados Unidos era que un negro llegase un día a la presidencia. Y llegó Obama. Que un prisionero político, también negro, con años de prisión a trabajos forzados, llegase a ser presidente de Sudáfrica, Mandela. Era totalmente improbable que alguien venido “del fin del mundo”, prácticamente desconocido, fuese elegido para el supremo pontificado, como el papa Francisco. Era absolutamente improbable que una joven campesina  de 17 años, como Juana de Arco, dirigiese un ejército y venciese a una parte del ejército inglés en la guerra de los cien años.

Por lo tanto, lo improbable existe y puede suceder. Ningún hecho realiza todas las posibilidades escondidas dentro de él. Innumerable virtualidades están ahí dentro y cuando la historia madura o el mal llega a su paroxismo y tiene que ser vencido, entonces lo improbable irrumpe victorioso. Contra todas las expectativas el “inimicus homo” perdió. Lo improbable lo derrotó.

Brasil ha vuelto a respirar un aire menos contaminado por el veneno de la injusticia, de la cobardía y de la mentira.

Lo improbable realizado nos lleva a soñar con los ojos despiertos. Quien tiene hambre puede tener la seguridad de que va a comer, quien está desempleado de que va a poder trabajar. Quien soportó todo tipo de injuria y de humillación se siente protegido por la ley que va a valer para todos. Y la esperanza esperante volvió finalmente para posibilitarnos un destino más halagüeño que nos permita  vivir con la paz posible concedida a los hijos e hijas de los bíblicos Adán y Eva.

Vuelve Lula, vuelve la esperanza

De la calamidad de las calamidades de Bolsonaro a la esperanza esperante de Lula

 Por Leonardo Boff

Durante los cuatro años de la administración del presidente Bolsonaro, el país ha vivido afectado por todas las plagas de Egipto. De las muchas opciones posibles para un problema, el presidente generalmente elegía la peor. Psicótico, se mostraba apático ante las desgracias infligidas al pueblo, en particular a los más vulnerables.

El punto álgido de su orgasmo psicótico lo alcanzó cuando prohibió agua, vacunas y medicinas a los indígenas, a los que consideraba infrahumanos. Por ello probablemente se enfrentará a un juicio por genocidio, interpuesto ya por los propios indígenas ante el Tribunal Penal para Crímenes contra la Humanidad de La Haya.

De todos es conocida la lista de omisiones, de delitos comunes y contra la humanidad, de violaciones de las leyes y de la Constitución perpetradas por esta figura dia-bólica (que separa, al contrario de la sim-bólica, que une) de forma continuada y sin escrúpulos.

Al mismo tiempo, debemos reconocer que nuestra democracia, al ser de baja intensidad, junto con la mayoría de sus instituciones, no ha demostrado estar a la altura del desafío antidemocrático y antinacional para enfrentarse a tales desvaríos. Dejemos a un lado las atrocidades cometidas por este presidente, cuyo nombre debe constar en el libro de los crímenes cometidos contra su propio pueblo.

La gravedad del desastre producido en todos los campos es de tal magnitud que sólo una reflexión histórica y sociológica quizá no sea suficiente para descifrarlo. Requiere una indagación filosófica, que he intentado hacer en algunos artículos anteriores.

Me serví de dos categorías, una occidental, la de la sombra, y otra oriental, la del karma, dialogando entre sí

Tal vez sea necesaria una pequeña referencia a los presupuestos teóricos de esta lectura: a la física cuántica y al pensamiento ecológico moderno, que nos ayuden a entender a este siniestro personaje.

Hoy sabemos que todos los seres están inter-retro-conectados, todos están envueltos en redes de relaciones. Cada relación deja una marca en los seres relacionados y así surge una historia, la cosmogénesis. Las experiencias dramáticas dejan huellas que a menudo intentamos reprimir, pero que permanecen en el inconsciente colectivo. Jung llama a esto sombra. Algo similar ocurre con el karma.

Cada acción deja una marca que provoca una reacción correspondiente. Tanto Jung como el filósofo japonés Daisaku Ikeda convergen en este sentido. En otras palabras, no sólo existe la sombra individual y el karma, sino también el carácter colectivo presente en el sustrato y en el inconsciente de cada pueblo.

Volviendo a nuestro tema: somos herederos de una tormentosa historia de sombras: el genocidio indígena, la colonización que nos impidió tener un proyecto propio, la esclavitud, la más grave, que redujo a los seres humanos a esclavos y a ser utilizados como animales en la producción, sombras de nuestra frágil república y democracia que nunca fueron inclusivas, porque la conciliación de las clases pudientes nunca quiso un proyecto nacional para todos, sino sólo entre ellas con la exclusión de las grandes mayorías de negros, pobres, indígenas y otros.

Esas sombras inhumanas actuaban en el inconsciente colectivo, provocando quilombos y revueltas, todas ellas sofocadas a sangre y fuego para mantener las ventajas de la élite del atraso (Jessé Souza). También actuaban en el inconsciente de las minorías pudientes, normalmente en forma de miedo e inseguridad.

Cuando se dieron cuenta de que las sombras de las clases humilladas empezaban a ganar fuerza histórica hasta el punto de haber elegido a uno de sus representantes a la presidencia, Lula, pronto fueron por todos los medios debilitadas, reprimidas, combatidas hasta cortarles el camino por medio de un golpe cívico-militar en 1964, repetido de otra forma en 2016 con el impeachment a Dilma Rousseff. Las motivaciones eran las mismas: garantizar su poder y fortunas.

En una persona mediocre, sin proyecto personal y manipulable, estas clases encontraron el representante ideal que buscaban. Eligieron al actual presidente, siempre apoyado por ellas, porque, con su economía ultraneoliberal, unida a una política de extrema derecha, acumularon riqueza, a pesar de la pandemia del Covid-19, como nunca antes en la historia. Hicieron todo lo posible para asegurar su reelección (en sentido figurado, le hicieron comprar el campo de fútbol, comprar el equipo, comprar a los recogepelotas, comprar al árbitro, y aun así perdieron). Hay una fuerza mayor que la maldad organizada.

La fuerza kármica (haciendo abstracción de las múltiples reencarnaciones) según Ikeda impregna con su sombra la historia y las instituciones, positiva o negativamente. Arnold Toynbee que mantuvo un largo diálogo con Ikeda, prefiere otra categoría y no la kármica, al decir que la historia carga con un peso propio que son los fracasos y los éxitos de un pueblo También genera una sombra en el inconsciente colectivo que se proyecta en las redes sociales y conforma el destino de un pueblo.

Volviendo de nuevo a nuestro tema: con el gobierno actual hemos tenido que vivir bajo el peso de muchas sombras sombrías que se expresaban por el odio, por la mentira, por las fake news, por la deformación de la realidad. Tomó forma en la siniestra figura del presidente, cuya megasombra tenía el poder de despertar y animar la sombra colectiva de un pueblo ya debilitado. Creó un campo kármico o forjó el gabinete del odio y todas las formas de obscenidades políticas y éticas.

El destino quiso esta insensatez, cuyo proyecto era llevarnos al mundo de la pre-Ilustración, ya que ésta promovía la escuela para todos, los derechos humanos y las libertades modernas, avances civilizatorios negados sistemáticamente por el bolsonarismo.

Brasil fue sometido al mayor desafío de nuestra historia. Fue humillado internamente y avergonzado exteriormente.

Pero nunca se apagó la esperanza, ese motor interior más grande que la virtud que hace que nunca nos rindamos, que nos sostiene en los enfrentamientos y nos hace levantarnos cuando caemos.

Este principio-esperanza nunca muere, porque es la fuerza secreta de toda vida que se niega a morir y reafirma siempre la fuerza intrínseca de la vida, obligándonos a abrir nuevos caminos y mundos aún no probados (F. Pessoa). El esperanzar de Paulo Freire y la esperanza esperante, que nunca se rinden, siempre insisten y crean las condiciones históricas para que la utopía viable se haga realidad. Hemos pasado la prueba. La gran calamidad de Bolsonaro ha sido superada por la esperanza esperante de Lula.

Tenemos la esperanza de que el nuevo presidente, con el equipo de excelencia que ha articulado, pueda rehacer lo que fue destruido y, mucho más, abrir nuevos caminos, buenos para nosotros y para el mundo, porque por Brasil pasará, seguramente, el futuro ecológico de la vida y de la humanidad.

*Leonardo Boff ha escrito Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia , Vozes 2018.

El sueño de un Brasil diferente

Pasada la sombría noche, surge el sueño de un Brasil diferente –

Por Leonardo Boff

Hemos vivido los últimos casi 4 años bajo un gobierno que no amaba al pueblo y que consideraba el país como una especie de capitanía hereditaria familiar. Pero ahora, según un famoso cántico de Camões en Os Lusíadas, el nuevo tiempo “trae serena claridad, esperanza de puerto y salvamento”. Por eso cabe esperar y soñar. He aquí algunos puntos de nuestra positividad.

1. El pueblo brasilero se habituó a “enfrentar a vida” y a conseguir todo “en la lucha y en la amarra”, es decir, superando dificultades y con mucho trabajo. ¿Por qué no iba a “enfrentar” también el último desafío de hacer los cambios necesarios para crear relaciones más igualitarias y acabar con la exclusión y la corrupción, refundando la nación?

2. El pueblo brasilero aún no ha acabado de nacer. Lo que heredamos fue la Empresa Brasil, con una élite esclavista y una masa de destituidos. Pero del seno de esta masa nacieron líderes y movimientos sociales con conciencia y organización. ¿Su sueño?

Reinventar Brasil. El proceso comenzó desde abajo y no hay modo de detenerlo, ni por los sucesivos golpes sufridos, como el golpe civil-militar de 1964 y el de 2013 parlamentario-jurídico-mediático, ni por todo el descalabro de la fase bolsonarista.

3. A pesar de la pobreza, de la marginación y de la perversa desigualdad social, los pobres inventaron sabiamente caminos de supervivencia. Para superar esta anti-realidad, el Estado y los políticos necesitan escuchar y valorar lo que el pueblo ya sabe y ha inventado. Sólo entonces habremos superado la división élites-pueblo y seremos una nación no dividida sino cohesionada.

4. El brasilero tiene un compromiso con la esperanza.

Es la última que muere. Por eso, está seguro de que Dios escribe derecho con renglones torcidos. La esperanza es el secreto de su optimismo, que le permite relativizar los dramas, bailar su carnaval, apoyar a su equipo de fútbol y mantener encendida la utopía de que la vida es bella y que mañana puede ser mejor. La esperanza nos remite al principio-esperanza de Ernst Bloch que es más que una virtud; es una pulsión vital que siempre nos hace suscitar nuevos sueños, utopías y el proyecto de un mundo mejor.

5. El miedo es inherente a la vida porque “vivir es peligroso” (Guimarães Rosa) y comporta riesgos. Estos nos obligan a cambiar y refuerzan la esperanza. Lo que el pueblo, no las élites, más quiere es cambiar para que la felicidad y el amor no sean tan difíciles. Para eso necesita articular constantemente la indignación ante las cosas malas y el valor para cambiarlas. Si es verdad que somos lo que amamos, entonces construiremos una “patria amada e idolatrada” que aprenderemos a amar.

6. Lo opuesto al miedo no es el valor. Es la fe en que las cosas pueden ser distintas y que, organizados, podemos avanzar. Brasil ha mostrado que no solo es bueno en carnaval y en fútbol. También puede ser bueno en la resistencia indígena, negra, en la agricultura, en la arquitectura, en la música y en su inagotable alegría de vivir.

7. El pueblo brasilero es religioso y místico. Más que pensar en Dios, siente a Dios en su cotidianidad, que se revela en las expresiones: “gracias a Dios”, “Dios le pague”, “queda con Dios”. Dios para él no es un problema, sino la solución de sus problemas. Se siente amparado por santos y santas y por espíritus buenos como los orixás que anclan su vida en medio del sufrimiento.

8. Una de las características de la cultura brasilera es la jovialidad

y el sentido del humor, que ayudan a aliviar las contradicciones sociales. Esa alegría jovial nace de la convicción de que la vida vale más que cualquier otra cosa. Por eso debe ser celebrada con fiesta y ante el fracaso mantener el humor que lo relativiza y lo vuelve soportable. El efecto es la levedad y el entusiasmo que tanta gente admira en nosotros.

9. Hay un casamiento, que todavía no se ha hecho en Brasil, entre el saber académico y el saber popular. El saber popular es “un saber hecho de experiencias”, que nace del sufrimiento y de las mil maneras de sobrevivir con pocos recursos. El saber académico nace del estudio, bebiendo de muchas fuentes. Cuando esos dos saberes se unan, habremos inventado otro Brasil. Y seremos todos más aptos para enfrentar los nuevos desafíos.

10. El cuidado pertenece a la esencia de lo humano y de toda la vida. Sin el cuidado enfermamos y morimos. Con cuidado, todo se protege y dura mucho más. El desafío hoy es entender la política como cuidado de Brasil, de su gente, especialmente de los más pobres y discriminados, de la naturaleza, de la Amazonia, de la educación, de la salud, de la justicia. Ese cuidado es la prueba de que amamos nuestro país.

11. Una de las marcas del pueblo brasilero es su capacidad de relacionarse con todo el mundo, de sumar, juntar, sincretizar y sintetizar. Por eso, en general, no es intolerante ni dogmático. Le gusta convivir con lo diferente. Estos valores son fundamentales para una planetización de rostro humano. Estamos mostrando que ella es posible y la estamos construyendo.

Lamentablemente, en los últimos años, especialmente en las elecciones presidenciales de 2022, surgió, contra nuestra tradición, una ola de fake news, de odio, discriminación, fanatismo, homofobia y desprecio por los pobres (aporofobia, el lado sombrío de la cordialidad, según Buarque de Holanda) que nos muestran que somos, como todos los humanos, sapiens y demens, y ahora más demens. Pero se trata siempre de una enfermedad y no de la sanidad de las religiones, iglesias y movimientos. Pero eso seguramente pasará y predominará la convivencia más tolerante y apreciadora de las diferencias.

12. Brasil es la mayor nación neolatina del mundo.

Tenemos todo para ser también la mayor civilización de los trópicos, no imperial, sino solidaria con todas las naciones, porque incorporó en sí representantes de 60 pueblos diferentes que vinieron aquí. Nuestro reto es mostrar que Brasil puede ser, de hecho, una pequeña anticipación simbólica de un paraíso no totalmente perdido y siempre recuperable: la humanidad unida, una y diversa, sentados a la mesa en comensalidad fraterna, disfrutando de los buenos frutos de nuestra bonísima, grande y generosa Madre Tierra.

*Leonardo Boff ha escrito Brasil: ¿concluir la refundación o prolongar la dependencia? Vozes 2018.

Los grandes retos de Lula en Brasil

Boff: «Bolsonaro ha sumido a Brasil en el abismo, Lula sabrá encontrar la salida»

¿Cuáles son los grandes retos a los que se enfrentará Lula tras su elección como Presidente de Brasil?

Hablamos con un gran intelectual brasileño, el filósofo y teólogo Leonardo Boff

«La victoria de Lula significa una derrota para el conservadurismo, el fascismo y la ultraderecha que crece en el mundo»

«Mientras Bolsonaro decía decenas de mentiras cada día, sembraba odio y división en la sociedad, Lula decía siempre la verdad»

Por Pierluigi Mele

¿Cuáles son los grandes retos a los que se enfrentará Lula tras su elección como Presidente de Brasil? Hablamos con un gran intelectual brasileño, el filósofo y teólogo Leonardo Boff, entrevistado en la Rai News

-Profesor, la histórica victoria (tercer mandato) de Lula contra Bolsonaro, ¿qué significará para América Latina y la política mundial?

LB. La victoria de Lula significa una derrota para el conservadurismo, el fascismo y la ultraderecha que crece en el mundo. Brasil es importante por su tamaño, por su población y por ser una potencia de bienes y servicios naturales, fundamentales para la supervivencia de la vida humana en el planeta. Especialmente importante es la Amazonia, que regula los climas de gran parte de la Tierra y contiene la mayor biodiversidad, decisiva para perpetuar la naturaleza, sin la cual el ser humano no puede asegurar su futuro.

-Las elecciones nos entregan un Brasil literalmente dividido en dos. En sus primeras palabras después de ser elegido, Lula expresó su firme voluntad de “ser presidente de todos”. Es un gran reto, ¿lo conseguirá?

LB. Hay consenso incluso entre sus opositores de que Lula es la figura carismática con mayor capacidad de diálogo y convivencia con las diferencias, para unir al país, desgarrado por las divisiones producidas por el fascismo y la ultraderecha del presidente Jair Bolsonaro. Este último no ha demostrado estar a la altura de un jefe de Estado. Por su comportamiento homofóbico, misógino, racista, enemigo de los negros y de los indígenas, por sus expresiones lingüísticas groseras, ha producido intolerancia, violencia y desprecio vergonzoso hacia los pobres, que son la mayoría de la sociedad.

Lula, en su vida de líder sindical, aprendió a dialogar con los patrones y, como presidente en dos ocasiones, reveló una gran capacidad de diálogo con las distintas corrientes políticas, logrando consensos en temas fundamentales como la erradicación del hambre y la inclusión social de 36 millones de personas. Ahora se encuentra con un país desgarrado en todos los ámbitos, y con la ayuda de los movimientos sociales y los partidos humanistas, podrá encontrar una salida al abismo al que nos han arrojado.

«Hay consenso incluso entre sus opositores de que Lula es la figura carismática con mayor capacidad de diálogo y convivencia con las diferencias, para unir al país, desgarrado por las divisiones producidas por el fascismo y la ultraderecha del presidente Jair Bolsonaro»

-Sabemos que el parlamento está fragmentado, con una fuerte presencia de la derecha. La relación con Lula no será fácil

LB. El Parlamento brasileño es muy fluido y carece de una ideología rectora. Le gusta estar cerca del poder. Por eso, un día después de la elección de Lula, varios políticos oportunistas lo apoyaron y probablemente querrán actuar como base de apoyo del gobierno. Lo que sabemos es que Lula no pretende hacer un gobierno de coalición de partidos solamente, porque eso implica intercambio de favores y corrupción. Tendrá que llegar a acuerdos en el parlamento, pero sobre todo quiere la participación de los movimientos sociales y discutir con la sociedad el presupuesto y las prioridades del pueblo. Quiere crear redes de debate y elaboración de proyectos promovidos desde abajo. Esto sería una democracia participativa y cotidiana.

-¿Cuáles son los otros retos a los que se enfrentará Lula?

LB. El primer reto es asegurar que los 33 millones de personas que pasan hambre puedan comer al menos tres veces al día. El segundo es proporcionar empleo y trabajo a más de 10 millones de desempleados y a unos 20 millones de trabajadores informales. En tercer lugar, resucitar las políticas sociales que incluyen ‘Minha Casa Minha Vida‘, ‘Luz para Todos‘ y el acceso de los pobres a la universidad. Su gran reto es limitar la voracidad de la economía al servicio de los ricos y a costa de los pobres. Su lema es: incluir a los ricos en el impuesto sobre la renta y a los pobres en el presupuesto oficial del gobierno. Además, entre otros muchos problemas, se trata de salvar el abandonado sistema sanitario y educativo y  garantizar que la Amazonia sea preservada sin deforestación.

-Brasil es un país muy religioso. ¿Cuánto pesó el factor “religión” en estas elecciones?

LB. Desde los años 70, Brasil ha sido invadido por iglesias neopentecostales procedentes de Estados Unidos. Eran parte de la estrategia de dominación imperial contra los movimientos libertarios que bullían en todos los países de América Latina. La teología de la liberación nació también en este contexto. Estas iglesias neopentecostales carismáticas penetraron en lugares pobres a los que no llegaba la Iglesia católica ni las comunidades eclesiales de base. Los pastores reunieron a estos pobres y abandonados en grandes salones y celebraban servicios religiosos muy emotivos. Junto con esto, recogían estrictamente el diezmo y pedían a los fieles una contribución monetaria. De este modo reclutaron mucha gente y se acercaron a los partidos políticos conservadores con el lema Familia, Patria y Religión. El presidente católico Jair Bolsonaro instrumentalizó estas iglesias con discursos conservadores, utilizando fake news, calumnias y mentiras contra políticos progresistas como Lula y otros. Han tenido influencia en las elecciones, pero no fueron decisivos porque hubo divisiones entre ellos.

-Una nota sobre Bolsonaro. ¿Cómo se explica, después de una gestión fallida del país, todos estos votos a Bolsonaro? 

LB. Bolsonaro ha utilizado todo el aparato estatal y millones de dólares para comprar descaradamente votos entre los pobres y la población en general. Ha beneficiado a los más pobres con subvenciones sólo válidas durante el periodo electoral, ha subvencionado a taxistas y camioneros con dinero público. Creó también la “Oficina del Odio”, a través de la cual difundió millones de noticias falsas, calumnias y mentiras. Aun así, no logró convencer lo suficiente como para ganar las elecciones. Pero esta campaña electoral ha sido la más corrupta y desvergonzada de nuestra historia.

-¿Cuál fue la “carta de triunfo” de Lula?

Mientras Bolsonaro decía decenas de mentiras cada día, sembraba odio y división en la sociedad, Lula decía siempre la verdad. Prometió una política viable para los más pobres, para los 33 millones que pasan hambre y los 110 millones que sufren escasez de alimentos. Prometió realizar importantes inversiones en las estructuras de la sociedad para crear puestos de trabajo, ya que hay varios millones de parados. Prometió pacificar el país y gobernar para todos, y no como lo hizo Bolsonaro, que sólo gobernó para sus seguidores, muchos de ellos fanáticos. Lula demostró ser sensato y se ganó la confianza del pueblo. Y así, a pesar de toda la corrupción, consiguió ganar las elecciones y evitar un gobierno ultraderechista y fascista. La sabiduría venció a la locura política.

Un cambio a mejor en Brasil

¿Qué destino queremos: la barbarie o la democracia?

 Por Leonardo Boff

Exceptuando a la clase dominante que se enriquece con regímenes autoritarios y de ultraderecha, como el actual, en la gran mayoría existe la conciencia de que así como está Brasil no puede continuar.
Debe haber un cambio para mejor. Para eso pienso que deben ser atendidos
algunos requisitos básicos. Enumero algunos.

  1. Rehacer el contrato social.

Este significa el consenso de todos, expresado por la constitución y por el ordenamiento jurídico, de que queremos convivir como ciudadanos libres que se aceptan mutuamente, más allá de la diferencias de pensamiento, de clase social, de religión y de color de piel.

Pues bien, el contrato social se ha roto con el actual gobierno. El tejido social se ha desgarrado. El ejecutivo hace poco caso de la constitución, pasa por encima de las leyes, menosprecia las instituciones democráticas, incluso las más altas como el Supremo Tribunal Federal (STF). A causa de esta revolución a la inversa, autoritaria, de sesgo ultraconservador y fascista, apoyada por sectores significativos de la sociedad
tradicionalmente conservadora, la gente se ha dividido, dentro de las familias y entre amigos, e incluso se odian, cuando no se cometen asesinatos por razones políticas.

Si no rehacemos el contrato social, volveremos al régimen de fuerza,
del autoritarismo y de la dictadura, con las consecuencias inherentes: represión, persecuciones, prisiones, torturas y muertes. De la civilización estaremos a un paso de la barbarie.

2. Rescatar la civilidad.

Es decir, debe prevalecer la ciudadanía. Se trata de un proceso socio-histórico en el que la masa forja una conciencia de su situación de subordinación, se permite elaborar un proyecto y unas prácticas en el sentido de dejar de ser masa y pasar a ser pueblo,
protagonista de su propio destino. Esto no lo concede el Estado. Lo conquista el propio pueblo en la medida en que se organiza, y se enfrenta a las clases del atraso y hasta al Estado clasista.

Ahora bien, este proceso ha sido impedido siempre por la clase dominante que busca mantener a las masas en la ignorancia para manipularlas mejor e impedir, con violencia, que levanten la cabeza y se movilicen. La ignorancia y el analfabetismo son políticamente deseados . El 10% más rico, que supone hasta el 75% de la riqueza nacional, ha hecho un proyecto para sí, de conciliación entre ellos, con exclusión siempre de las grandes mayorías.

No tenemos un proyecto nacional que nos incluya a todos. Esto sigue siendo así hasta el día de hoy. Es quizás nuestra mayor lacra, pues se ignora al 54% de los afrodescendientes, los quilombolas, los indígenas y los millones cobardemente marginados. Sin ciudadanía no hay democracia.

3. Recuperar la democracia mínima.

Nunca ha habido en nuestro país una verdadera democracia representativa
consolidada, en la que estuviesen presentes los intereses generales de la nación. Los elegidos representan los intereses particulares de su segmento (bancada evangélica, del ganado, de la bala, de la agroindustria, la minería, los bancos, la educación privada, etc.) o de los que financian sus campañas.

Pocos piensan en un proyecto de país para todos, que supere la brutal desigualdad heredada de la colonización y principalmente de la esclavitud.
Pocas veces en nuestra historia la democracia ha mostrado ser una farsa como con el actual gobierno, una confabulación de los políticos con un ejecutivo que gobierna para sus electores y no para todos, inventando incluso un vergonzoso presupuesto secreto, sin ninguna transparencia, destinado primordialmente a comprar el voto de la reelección de un ejecutivo que usa la mentira, las fake news como política de gobierno, la brutalización del lenguaje y de los comportamientos, que vive amenazando con un golpe de estado, y desmontando las principales instituciones nacionales como la educación, la salud, la seguridad (permitiendo más de un millón de armas en manos de ciudadanos inclinados a la violencia).

Es urgente recuperar la democracia representativa mínima, para después
poder profundizar en ella, hacerla participativa y socioecológica. Sin esta democracia mínima no hay como hacer funcionar con el debido cuidado la
justicia y el derecho; las instituciones nacionales se debilitan, especialmente la sanidad colectiva, la educación para todos y la seguridad, cuyas fuerzas policiales suelen ejecutar con frecuencia a jóvenes negros y pobres de la periferia.

4. Fomentar la educación, la ciencia y la tecnología.

Vivimos en una sociedad compleja que para atender sus demandas necesita la educación, el fomento de la ciencia y la tecnología. Todo esto ha sido descuidado y combatido por el gobierno actual. De continuar así, seremos conducidos al mundo premoderno, destruyendo nuestro incipiente parque industrial (el mayor de los países en desarrollo), nuestra educación que estaba consiguiendo calidad y universalidad a todos los niveles, beneficiando especialmente a estudiantes de enseñanza primaria, alimentados por la agricultura familiar y orgánica, el acceso de pobres, por cotas, a la enseñanza superior, a las escuelas técnicas y a las nuevas universidades.

Podemos informarnos toda una vida, nos advertía la gran filósofa Hannah Arendt, sin educarnos nunca, es decir, sin aprender a pensar críticamente, construir nuestra identidad propia y ejercer de forma práctica nuestra ciudadanía. Si no recuperamos el tiempo perdido, podremos transformarnos en un país paria, marginalizado del curso general del mundo.

5. Tomar conciencia de nuestra importancia única en el tema de la ecología integral para ayudar a salvar la vida en el planeta. El consumismo actual exige más de una Tierra y media, que no tenemos (Sobrecarga de la Tierra).

Debemos asumir además como un hecho científico asegurado que ya estamos dentro de un nuevo régimen climático de la Tierra. Con la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera ya no podremos evitar eventos extremos fatales: sequías prolongadas, nevadas intensas e inundaciones, pérdida de la biodiversidad, pérdida de cosechas, migración de muchos miles de personas que no consiguen adaptarse y que estarán sometidos al hambre y a los nuevos virus que vendrán (virosfera).

Habrá gran escasez mundial de agua, de alimentos, de suelos fértiles. En este contexto, Brasil podrá desempeñar una verdadera función salvadora por ser la potencia mundial del agua dulce, por la extensión de suelos fértiles y por la Amazonia, que, preservada, podrá secuestrar millones de toneladas de CO2, devolvernos oxígeno, proporcionar humedad a regiones a miles de kilómetros de distancia y por su riqueza geo-bio-ecológica podrá atender las necesidades de millones de personas en el mundo.

Nuestros gobernantes tienen escasa conciencia de esta relevancia y hay poquísima conciencia en la población. Posiblemente nos tocará aprender con el sufrimiento que vendrá y que ya se manifestó entre nosotros con las desastrosas inundaciones ocurridas en varios países en este año de 2022.

O colaboramos todos en el planeta Tierra dándonos las manos o iremos a engrosar el cortejo de los que se dirigen a su propia tumba, como nos advirtió Sigmunt Bauman poco antes de morir. En palabras del Papa Francisco: “todos estamos en el mismo barco, o nos salvamos todos o no se salva nadie”. La cuestión esencial no radica en la economía, la política y la ideología, sino en la supervivencia de la especie humana, realmente amenazada.

Todas las instancias, los saberes y las religiones deben aportar su contribución si todavía queremos seguir viviendo en este pequeño y hermoso planeta Tierra.

6. Finalmente, dejando de lado otros aspectos importantes, debemos crear las condiciones para una nueva forma de habitar la Tierra.

La dominante hasta ahora, aquella que nos hacía dueños y señores de la naturaleza, sometiéndola a nuestros propósitos de crecimiento ilimitado, sin sentirnos parte de ella, ha agotado sus virtualidades.

Trajo grandes beneficios para la vida común, pero creó también el principio de autodestrucción con todo tipo de armas letales. Debemos hacer el cambio hacia otra forma en la cual todos se reconocerán como hermanos y hermanas, los humanos entre sí y también con la naturaleza (los vivos tenemos el mismo código genético de base), sintiéndonos parte de ella y éticamente responsables de su perpetuidad. Será una biocivilización, en función de la cual estarán la economía y la política y las virtudes del cuidado, de la relación suave, de la justa medida y del lazo afectivo con la naturaleza y con todos sus seres.

Para que en nuestro país se creen tales condiciones para esa civilización de la buena esperanza, tenemos que derrotar la política del odio, de la mentira y de las relaciones inhumanas que se han instaurado en nuestro país. Y hacer que triunfen aquellas fuerzas que se proponen recuperar la democracia mínima, el civismo, la decencia en las relaciones sociales y un sentido profundo de pertenencia y de responsabilidad por nuestra Casa Común.

Las próximas elecciones significarán un plebiscito sobre qué tipo de país
queremos: el de la barbarie o el de la democracia.

*Leonardo Boff ha escrito Habitar la Tierra, Vozes 2022; El doloroso parto de la Madre Tierra, Vozes 2021.

Ignacio Lula da Silva

Lula: Un justo entre las naciones

Conozco a un hombre. Hace más de 40 años. ¿De dónde viene? Viene de la senzala existencial. Es un nordestino, desdeñado por la élite del atraso que tiene en su ADN un desprecio cobarde a los pobres. Es un hijo de la pobreza. Un superviviente del hambre. Un pau de arara, que salido del agreste pernambucano fue a radicarse con su madre y sus hermanos en la periferia de São Paulo.

Toda la numerosa familia vivía en un anexo a un bar. Pero había una madre que cumplía todas las funciones, de padre, de madre, de educadora, de consejera y de ejemplo, doña LINDU. Supo educar a toda la prole. A este hombre le inculcó en la cabeza y en el corazón: Nunca desistas. Nunca robes. Nunca mientas.

Este imperativo ético marcó toda su vida. Cuando niño, trabajando en un pequeño mercado, se moría de ganas de robar un chicle americano. No existía el nacional. Pero cuando extendía la mano, se acordaba de doña Lindu: No robó el chicle, como siempre se contuvo.

Conozco a un hombre, a este hombre. Durante bastante tiempo estuvo totalmente despolitizado. Lo que le interesaba era el fútbol y su equipo preferido, el Corinthians. Consiguió hacer un curso de metalúrgico. Aprendió por experiencia, sin saber nada de Marx, lo que era la plusvalía. Al principio con la poca experiencia inicial, producía tal y tal producto. Fue mejorando, con más destreza y rapidez producía más y más del mismo producto. Pero su salario seguía siendo el mismo.

¿Para quién iba la ganancia del crecimiento de su producción? No para él sino para el patrón. En esto reside la plusvalía y el mecanismo de acumulación del empresario. Despertó a la injusticia de los trabajadores. Se volvió líder sindical. Se enfrentó a la dictadura militar. Fue preso. Soltado, liberó el águila que tenía dentro. Surgió su carisma de líder. Sabía negociar honestamente con los patrones según la lógica del gana-gana.

Y pensó: los poderosos han gobernado todo el tiempo de nuestra historia. Han gobernado solo para ellos. No nos han incluido nunca. Éramos carbón a ser quemado en la producción de sus fábricas. ¿Por qué nosotros, los trabajadores, que somos mayoría, no podemos gobernar también nuestro país y gobernar mejor, para todos, comenzando por los más explotados y marginalizados?

Entonces, junto con otros, fundó el Partido de los Trabajadores (PT). Se presentó para gobernador y para presidente del país. Perdió siempre. Pero nunca renunció al impulso interior, inspirado por su madre: nunca desistas. Insistía en sus intervenciones: debemos permitir que todos puedan comer por lo menos tres veces al día, tener su casita con luz, puedan educarse y mandar a sus hijos e hijas a buenas escuelas, tener alegría de vivir y de convivir.

Y quiso el Misterio de todas las cosas que él, desde el piso de abajo, desde la marginación y la exclusión llegase al poder central del país. Por primera vez en nuestra historia, un condenado de la Tierra organizó una política en la que todos ganaban, inclusive los adinerados, pero sobre todo aquellos que desde hacía decenas de años estaban en el mapa del hambre. Ya no se oían los gritos apremiantes de los niños tirando de la falda de su madre, pidiendo la comida que les faltaba. Millones de personas fueron incluidas en la sociedad, miles de pobres y de afrodescendientes, mediante cuotas, pudieron seguir cursos superiores. Indígenas, quilombolas, mujeres y personas de otra opción sexual encontraron en él comprensión y defensa. Más que matar el hambre, les devolvió la dignidad humana.

Uno se levanta, no sin cierta arrogancia y anuncia: “Dios me ha escogido para salvar el país; está escrito hasta en mi nombre, Mesías”. El otro solamente dice: “Agradezco a Dios por haberme permitido llegar hasta aquí y poder dar comida a millones de personas”. Los discursos tienen tonos diferentes: uno hace énfasis en un pretextado llamamiento divino, independiente de su esfuerzo. El otro, luchó y se esforzó para cumplir ese propósito. Y agradece a Dios, tras mucha lucha e incansables sacrificios.

El mundo lo siguió todo. Como presidente, los jefes de Estado competían por escuchar sus experiencias y consejos. Se convirtió en uno de los mayores líderes mundiales. Invitado a apoyar la guerra contra Irak, respondió sabiamente: mi guerra no es contra un pueblo, es contra el hambre y la miseria de millones de personas de mi país y de la humanidad.

Todo lo que está sano puede enfermar. Sectores de su gobierno fueron afectados por la enfermedad de la corrupción. Fueron denunciados y castigados, pero nunca se ha demostrado que este hombre se haya beneficiado personalmente de la corrupción como consecuencia de su cargo de presidente.

Si hay algo que le molesta profundamente es que le llamen ladrón. ¿Dónde está su mansión? ¿Dónde están sus cuentas bancarias en Brasil, en el extranjero o en algún paraíso fiscal? ¿Puede alguien señalarlo sin mentir? Como candidato, su vida fue revisada hasta el más mínimo detalle. No se encontró nada. Ni un piso en el que nunca vivió, ni el sitio de un amigo que nunca le perteneció. Vive en un piso como cualquier ciudadano que ha ocupado el cargo que ha tenido, bueno pero modesto.

Conozco y doy fe de la transparencia, honestidad e integridad de este hombre. Me dijo varias veces: tú que hablas ante muchos públicos, di en mi nombre: nunca he dado cincuenta céntimos a nadie, nunca he recibido cincuenta céntimos de nadie. Nunca he tomado nada de nadie. Y si sigue diciendo que soy un ladrón, di que es un mentiroso. Y si se empeña en decirlo, desafíalo a que vaya a los tribunales, que muestre las pruebas para acusarme de ladrón. Di que aceptaré el rigor de la ley. Devolveré el doble de la cantidad que falsamente dije que no había robado. Y quiero que me arresten.

Conozco a un hombre que soportó todo tipo de calumnias, difamaciones y humillaciones. Su esposa murió de tristeza. Cuando su nieto falleció prematuramente, le pusieron mil dificultades para despedirse de su ser querido. Y cuando su hermano mayor, al que tenía por padre, partió de este mundo, lo llevaron a un breve velatorio rodeado de soldados armados, como si llevaran a un peligroso canalla.

Entraron en su casa sin avisar. Saquearon todo, esculcaron los colchones y se llevaron hasta los juguetes de sus nietos que no han sido devueltos hasta el día de hoy. Finalmente, hubo un juez reconocido por el Tribunal Supremo (STF) como parcial, y debido a ello el proceso iniciado contra este hombre fue invalidado. El juez lo condenó “por un delito indeterminado”, algo que no se encuentra en ningún código penal, ni siquiera en el Código de Hammurabi, unos milenios antes de nuestra era.

Durante 580 días estuvo encarcelado bajo estricta vigilancia. Podría haber resistido o haberse refugiado en alguna embajada. En la cárcel, revisó su vida, los aciertos y errores de su gobierno, estudió a fondo los principales aspectos de nuestro país y de la geopolítica mundial. Se espiritualizó y salió lleno de humanismo, esperanza y determinación.

Pero su encarcelamiento tuvo una consecuencia perversa: despejó el camino para presidente a una figura siniestra, un enemigo de la vida y de su pueblo, movido por la pulsión de matar y odiar. Por su negacionismo y su total falta de empatía al menos 300.000 personas murieron a causa del Coronavirus.

Luego vinieron las elecciones. Su oponente, que destacaba por su ignorancia, brutalidad y mente asesina, utilizó todos los medios posibles e imposibles para derrotarlo, desde la corrupción de un presupuesto secreto multimillonario hasta todo el aparato del Estado, dentro del cual operaba el “gabinete del odio”. Este difundió mentiras, fake news, calumnias y obscenidades contra él. Incluso activó el aparato policial del Estado a favor de su candidatura.

La sensatez ganó a la irracionalidad, la verdad a la mentira, el amor al odio. Fue proclamado presidente del país. Fue reconocido por las más altas autoridades del país, del mundo, desde XI Jinping, Biden y Putin. Incluso sin haber jurado su cargo, ya ha sido invitado a la COP27 en Egipto para discutir el nuevo régimen climático y a Davos, donde se reúnen los dueños de las mayores fortunas, para escuchar su tipo de economía, ya que la actual está agonizando.

Conozco a este hombre, carismático, cordial, incapaz de sentir odio en su corazón y dispuesto a dialogar con todos. De su boca oímos y de su ejemplo aprendimos que siempre es importante defender la democracia, dar centralidad a los pobres, defender la Amazonia contra la voracidad del capital salvaje, buscar un mundo bueno para todos y hacer que lo sea. Como dijo un presidente: “El mundo echa en falta a este hombre”.

Merece el mayor elogio que la tradición bíblica judía otorga a un ciudadano del mundo: ES UN HOMBRE JUSTO ENTRE LAS NACIONES.

Conozco y soy testigo de un hombre que por su vida, por su ejemplo y por el cuidado de su pueblo se convirtió efectivamente en un hombre Justo entre las Naciones.

Su nombre no necesita ser citado. El país lo conoce. El mundo lo reconoce.

*Leonardo Boff, ecoteólogo, filósofo, exprofesor de ética y miembro de la Iniciativa Internacional de la Carta de la Tierra

El triunfo de Lula en Brasil

Lula y Brasil, el gran desafío de volver a ser sinodal

Lula da Silva
Lula da Silva

“No existen dos brasiles. Somos un único país, un único pueblo, una gran nación”

La herencia que recibe Lula es un país muy polarizado, enfrentado, donde la violencia ha sustituido al diálogo, un elemento decisivo para que ese caminar juntos pase del papel a los hechos

Lula ha afirmado ante sus correligionarios que es momento de “restablecer la paz entre los divergentes”

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

Uno no sabe si hablar de sinodalidad en la sociedad civil es un término adecuado, pero en el Brasil actual el caminar juntos, que es lo que significa el término sinodalidad, es una urgencia que no puede ser retrasada.

Lula discursa tras su victoria - Foto Fábio Tito/G1

Un único Brasil

En sus primeras palabras, el presidente electo de Brasil, Luis Inácio Lula da Silva, que a partir del 1 de enero asumirá su tercer mandado como presidente del país, algo inédito, dijo que “no existen dos brasiles. Somos un único país, un único pueblo, una gran nación”. De hecho, el sentimiento y el orgullo de ser brasileño es algo tradicionalmente presente entre la población del país, a pesar de que una parte de la población se haya querido apropiar de algo que nunca les ha pertenecido en exclusiva.

En esa tesitura, Lula ha mostrado su empeño decidido en gobernar para todos. No podemos olvidar que al final de su segundo mandato, Lula tenía un 83% de aprobación, una cifra récord en la historia del país. Llegar a esa cifra parece una utopía ante la actual situación que el país vive, pero de un lado no le van a faltar apoyos internacionales, como así han reaccionado los principales mandatarios de las grandes potencias mundiales, y de otro lado el propio Lula siempre ha sido un maestro en arte de negociar, como lo demuestra el hecho de que su actual vicepresidente, Geraldo Alckmin, ya fue uno de sus principales adversarios políticos en otros tiempos.

Un país polarizado, enfrentado, sin diálogo

La herencia que recibe Lula es un país muy polarizado, enfrentado, donde la violencia ha sustituido al diálogo, un elemento decisivo para que ese caminar juntos pase del papel a los hechos. Brasil ha vivido en los últimos tiempos escenas surrealistas, como fue el hecho de que una diputada federal en la víspera del segundo turno ante una discusión con un seguidor de Lula le persiguiese revolver en mano amenazándolo.

Una polarización que como señala el Papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti viene del hecho de que “en ciertos contextos, es frecuente acusar de populistas a todos los que defiendan los derechos de los más débiles de la sociedad”. A nadie se le escapa o a nadie se le debería escapar que la defensa de los más pobres fue una prioridad en los ocho años de gobierno de quien acaba de ser reelegido para su tercer mandato.

Lograr un país sin hambre

Fue un tiempo en que el hambre desapareció de un país donde siempre había estado presente y que en la actualidad ha vuelto, afectando a al menos 30 millones de brasileiros y brasileiras hoy en día, un número en continuo crecimiento en los últimos tiempos. Cumplió así las palabras que dijo al inicio de ese primer mandato, en enero de 2003. “Si cada brasileño pudiese desayunar, comer y cenar, tendré cumplido la misión de mi vida”, algo que de hecho consiguió.

Lo que le hace falta a Brasil en este momento es “la mejor política puesta al servicio del verdadero bien común”, palabras proferidas por el actual pontífice en su última encíclica. Lo que sucede, afirma Francisco, es que “en cambio, desgraciadamente, la política hoy con frecuencia suele asumir formas que dificultan la marcha hacia un mundo distinto”.

Restablecer la paz entre los divergentes

Lula ha afirmado ante sus correligionarios que es momento de “restablecer la paz entre los divergentes”, una realidad que se ha introducido en la vida de las propias familias, donde las distintas opciones políticas han provocado fuertes enfrentamientos entre personas que comparten lazos de sangre.

Ya que hemos hablado de sinodalidad, un término religioso, no podemos ignorar el papel de la religión en el actual Brasil. De hecho, el discurso religioso se ha impuesto como elemento decisivo en la campaña política de las elecciones 2022. Una campaña y un proyecto político donde el uso del nombre de Dios en vano se convirtió en algo demasiado común.

Religiosos perseguidos

La postura oficial de la Iglesia católica ha dejado claro en todo momento que no tiene partido, pero tiene lado, el lado de los pobres, de las políticas públicas, de la democracia, lo que ha sido motivo de persecución abierta a sacerdotes, religiosos, inclusive obispos. Hasta el Papa Francisco fue objeto de descalificaciones por el hecho de pedir el último miércoles a Nuestra Señora Aparecida que librase a Brasil del odio, la intolerancia y la violencia.

Sin duda una misión complicada, para la que se necesita, como ha pedido Lula, la ayuda del pueblo, la colaboración de todos. Al fin y al cabo, somos desafiados todos los que vivimos en Brasil a entender y asumir que juntos somos más y llegaremos más lejos.

El triunfo electoral de Lula da Silva, en ocho claves

Por Federico Rivas Molina

Lula ha vuelto al poder en Brasil. El regreso de la figura más relevante de la izquierda latinoamericana en la historia reciente se ha confirmado este domingo con su triunfo sobre el ultraderechista Jair Bolsonaro. La victoria de Lula, la tercera en unas presidenciales, responde a una serie de factores. Aquí se exponen ocho claves:

-El miedo a la deriva autoritaria. El temor de los brasileños a una escalada autoritaria del presidente derrotado, Jair Bolsonaro, pudo más que la desafección que muchos aún sienten por Lula, al que no le perdonan los actos de corrupción de sus dos anteriores Gobiernos. Lula basó su campaña en una batalla entre el amor, representado por su candidatura, y el odio, personificado en su rival. Las amenazas de Bolsonaro de no reconocer los resultados electorales y el apoyo de las Fuerzas Armadas, a las que entregó puestos clave del Gobierno como el Ministerio de Salud en plena pandemia, fortalecieron la opción de defensa de la democracia del candidato de la izquierda.

-La pandemia. Con casi 700.000 muertos por coronavirus, su desastrosa gestión pasó factura a Bolsonaro en las urnas. Los brasileños no le han perdonado el retraso en la compra de vacunas, miles de muertes evitables y que no mostrara empatía por las víctimas. Se proclamó antivacunas, se opuso a las cuarentenas decretadas por los Gobiernos estatales y promovió el uso de medicamentos sin sustento científico.

-Amplia alianza. Lula, como en sus dos anteriores triunfos electorales, supo ampliar su base electoral con alianzas a izquierda y a derecha. La elección como compañero de fórmula de Geraldo Alckmin, un líder del centroderecha al que derrotó en las presidenciales de 2006, lo acercó al voto moderado que recelaba del Partido de los Trabajadores. Lula sumó el apoyo, a título personal, del expresidente socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso, un rival histórico. A todos ellos los movió un espíritu de cruzada democrática contra los discursos de odio propalados por Bolsonaro. Por la izquierda, Lula recuperó a figuras como la exministra de Medio Ambiente de su primer Gobierno, Marina Silva.

-El recuerdo de tiempos mejores. El voto del Nordeste, su región natal y la más pobre, ha sido de nuevo mayoritariamente para Lula. Los más necesitados recuerdan que hace 15 años estuvieron mejor que ahora y esperan un regreso a aquella bonanza. Satisfacer esa demanda de prosperidad será uno de los principales desafíos del nuevo presidente: el viento de cola que empujó a las economías latinoamericanas hacia un crecimiento sin precedentes ya no existe.

-El efecto Jefferson. Es ahora posible medir el impacto de la cercanía personal e ideológica de Bolsonaro con Roberto Jefferson, el exdiputado que el domingo pasado recibió con disparos de fusil y granadas a los policías que se aprestaban a detenerlo por orden judicial. El presidente de ultraderecha intentó con rapidez tomar distancia de su aliado y trató de vincularlo con el PT porque recibió sobornos y denunció el caso luego conocido como Mensalão. Pero el daño a Bolsonaro ya estaba hecho. Si quedaba un voto indeciso o dispuesto a quedarse en casa, optó por Lula.

-La espina de São Paulo. Como se preveía, Bolsonaro ganó con holgura en el Estado más rico de Brasil. Su candidato a gobernador, Tarcísio Gomes Freitas, exministro y nacido en la rival Río de Janeiro, venció a Fernando Haddad, excandidato presidencial del PT y antiguo alcalde paulistano. Lula deberá lidiar con un bolsonarista al timón de la gobernación más importante del país.

-Un Congreso a la derecha. Lula no solo tendrá un contrapeso en São Paulo. Tendrá que gobernar con un Congreso claramente conservador. La formación de Bolsonaro, el Partido Liberal (PL), tendrá la mayor bancada de la Cámara de Diputados, con 99 escaños, uno de cada cinco. Para el PT de Lula y sus aliados será muy complicado construir una mayoría. Lula tendrá que demostrar que mantiene intactas las dotes de negociador que fueron marca de sus dos primeros mandatos.

-El voto evangélico. Más de 65 millones de brasileños, un tercio de la población, se declaran evangélicos. En primera vuelta el 65% apostó por Bolsonaro. Si bien es pronto para hablar de porcentajes, el resultado de este domingo resultaba inalcanzable para Lula si no se hubiese apropiado de parte de esa tajada. El ganador utilizó la última semana de campaña para acercarse a ese sector de la población con una carta en la que prometía no cerrar iglesias, una de las mentiras que el bolsonarismo difundió en redes para perjudicarlo. Una agresiva campaña pro Bolsonaro en las iglesias pentecostales terminó además por espantar a los fieles más moderados, quienes finalmente se volcaron en el candidato de izquierda