El Papa en Canadá

El Papa arremete contra los «funcionarios de lo sagrado» sin «corazón de pastores», que viven «en espíritu de cruzada»

Francisco saluda a dos religiosas en Notre Dame
Francisco saluda a dos religiosas en Notre Dame

«Nuestra Iglesia, ¿expresa la alegría del Evangelio? En nuestras comunidades, ¿hay una fe que atrae por la alegría que comunica?»

«La secularización, que desde hace tiempo ha transformado el estilo de vida de las mujeres y de los hombres de hoy, dejando a Dios casi en el trasfondo, como desaparecido del horizonte»

Hay dos miradas posibles respecto al mundo en que vivimos: una la llamaría “mirada negativa” y la otra “mirada que discierne”

«Si nos detenemos en una mirada negativa, acabaremos por negar la encarnación porque, más que encarnarnos en la realidad, huiremos de ella. Nos cerraremos en nosotros mismos, lloraremos nuestras pérdidas, nos lamentaremos continuamente y caeremos en la tristeza y en el pesimismo, que nunca vienen de Dios»

«Dios no nos quiere esclavos sino hijos, no quiere decidir en nuestro lugar ni oprimirnos con un poder sagrado en un mundo gobernado por leyes religiosas»

«No es la fe la que está en crisis, sino ciertas formas y modos con los que la anunciamos»

«Pienso en particular en los abusos sexuales cometidos contra menores y personas vulnerables, crímenes que requieren acciones fuertes y una lucha irreversible. Yo quisiera, junto con ustedes, pedir nuevamente perdón a todas las víctimas»

«Que la comunidad cristiana no se deje contaminar nunca más por la idea de que existe una cultura superior a otras y que es legítimo usar medios de coacción contra los demás»

«Empecemos nosotros: los pastores, que no se sientan superiores a los hermanos y a las hermanas del Pueblo de Dios; los agentes pastorales, que no conciban su servicio como poder. Se empieza desde aquí»

«Preguntémonos, ¿cómo va la fraternidad entre nosotros? Los obispos entre ellos y con los sacerdotes, los sacerdotes entre ellos y con el Pueblo de Dios, ¿somos hermanos o rivales divididos en partidos? Y, ¿cómo están nuestras relaciones con los que no son “de los nuestros”, con los que no creen, con los que tienen tradiciones y costumbres diferentes?»

Por Jesús Bastante

«Si nos detenemos en una mirada negativa, acabaremos por negar la encarnación porque, más que encarnarnos en la realidad, huiremos de ella. Nos cerraremos en nosotros mismos, lloraremos nuestras pérdidas, nos lamentaremos continuamente y caeremos en la tristeza y en el pesimismo, que nunca vienen de Dios». El Papa Francisco aprovechó su encuentro con obispos, clero, seminaristas y consagrados para lanzar una dura advertencia contra los «funcionarios de lo sagrado», sin «corazón de pastores», que viven «en espíritu de cruzada».

«Que la comunidad cristiana no se deje contaminar nunca más por la idea de que existe una cultura superior a otras y que es legítimo usar medios de coacción contra los demás», señaló Bergoglio durante el rezo de vísperas en la catedral de Notre-Dame.

«Empecemos nosotros: los pastores, que no se sientan superiores a los hermanos y a las hermanas del Pueblo de Dios; los agentes pastorales, que no conciban su servicio como poder. Se empieza desde aquí», explicó el Papa, pidiendo a la jerarquía eclesiástica preguntarse «¿cómo va la fraternidad entre nosotros? Los obispos entre ellos y con los sacerdotes, los sacerdotes entre ellos y con el Pueblo de Dios, ¿somos hermanos o rivales divididos en partidos? Y, ¿cómo están nuestras relaciones con los que no son “de los nuestros”, con los que no creen, con los que tienen tradiciones y costumbres diferentes?». Todo un golpe, uno más, a la línea de flotación de una Iglesia que, en algunos rincones, sigue trabajando ‘a la contra’ de un mundo que no comprende, y que no tiene necesidad, o eso cree, de entender. 

Vísperas del Papa en Notre Dame
Vísperas del Papa en Notre Dame

No más religiosos asalariados

En un denso discurso, Francisco pidió «generosidad» a los pastores para poder apacentar al rebaño. «Guíenlo, no dejen que se pierda mientras ustedes se ocupan de sus propios asuntos», y no lo hagan «de manera forzada, como un deber, como religiosos asalariados o funcionarios de lo sagrado, sino con corazón de pastores, con entusiasmo».

Hay que sentir, y proclamar, la alegría cristiana, que es «un don gratuito, la certeza de sabernos amados, sostenidos y abrazados por Cristo en cada situación de la vida». «¿Cómo va nuestra alegría? Nuestra Iglesia, ¿expresa la alegría del Evangelio? En nuestras comunidades, ¿hay una fe que atrae por la alegría que comunica?», preguntó.

Sobre la secularización, «que desde hace tiempo ha transformado el estilo de vida de las mujeres y de los hombres de hoy, dejando a Dios casi en el trasfondo, como desaparecido del horizonte», el Papa pidió «estar atentos a no quedar prisioneros del pesimismo y del resentimiento, dejándonos llevar por juicios negativos o nostalgias inútiles. Hay, en efecto, dos miradas posibles respecto al mundo en que vivimos: una la llamaría “mirada negativa” y la otra “mirada que discierne”».

Vísperas del Papa Francisco
Vísperas del Papa Francisco

Mirar la realidad con armadura no es cristiano

La primera, la mirada negativa, «nace con frecuencia de una fe que, sintiéndose atacada, se concibe como una especie de “armadura” para defenderse del mundo«, lamentó el Papa, quien advirtió del riesgo de contemplar «la realidad con amargura, diciendo: “el mundo es malo, reina el pecado”, y así corre el peligro de revestirse de un “espíritu de cruzada”».

«Esto no es cristiano; de hecho, no es el modo de obrar de Dios», aseveró el pontífice, quien recordó a los pastores que Dios se encarnó en la historia «no para condenar, sino para hacer brotar la semilla del Reino precisamente ahí donde parecería que triunfan las tinieblas».

Más aún: «Si nos detenemos en una mirada negativa, acabaremos por negar la encarnación porque, más que encarnarnos en la realidad, huiremos de ella. Nos cerraremos en nosotros mismos, lloraremos nuestras pérdidas, nos lamentaremos continuamente y caeremos en la tristeza y en el pesimismo, que nunca vienen de Dios».

«Dios no nos quiere esclavos sino hijos»

Citando a Pablo VI, Francisco recordó que «Dios no nos quiere esclavos sino hijos, no quiere decidir en nuestro lugar ni oprimirnos con un poder sagrado en un mundo gobernado por leyes religiosas. No, Él nos ha creado libres y nos pide que seamos personas adultas y responsables en la vida y en la sociedad».

«A nosotros como Iglesia, sobre todo como pastores del Pueblo de Dios y como agentes pastorales, nos toca saber hacer estas distinciones, discernir», evitando «transmitir un mensaje equivocado, como si detrás de la crítica sobre la secularización estuviera, por parte nuestra, la nostalgia de un mundo sacralizado, de una sociedad de otros tiempos en la que la Iglesia y sus ministros tenían más poder y relevancia social. Esta es una perspectiva equivocada».

Frente a ello, es preciso entender que «no es la fe la que está en crisis, sino ciertas formas y modos con los que la anunciamos. Por eso, la secularización es un desafío para nuestra imaginación pastoral», para buscar nuevos lenguajes, para ir a lo esencial.

Francisco, en Notre Dame
Francisco, en Notre Dame

Tres desafíos: anuncio, testimonio y fraternidad

«Queridos hermanos y hermanas, necesitamos anunciar el Evangelio para dar a los hombres y a las mujeres de hoy la alegría de la fe», un anuncio que «no se hace principalmente con palabras, sino por medio de un testimonio rebosante de amor gratuito, tal como Dios hace con nosotros». Para ello, propuso tres desafíos.

«El primero: dar a conocer a Jesús» en «los desiertos espirituales de nuestro tiempo, generados por el secularismo y la indiferencia». «No podemos presumir de comunicar la alegría de la fe presentando aspectos secundarios a quienes todavía no han abrazado al Señor en sus vidas, o bien sólo repitiendo ciertas prácticas, o reproduciendo formas pastorales del pasado», recordó.

En segundo lugar, el testimonio. «Para anunciar el Evangelio también es necesario ser creíbles«, señaló el Papa. «El Evangelio se anuncia de modo eficaz cuando la vida es la que habla, la que revela esa libertad que hace libres a los demás, esa compasión que no pide nada a cambio, esa misericordia que habla de Cristo sin palabras».

Abusos, ¡nunca más!

Algo que sucede en la Iglesia en Canadá, que «después de haber sido herida y desolada por el mal que perpetraron algunos de sus hijos, ha comenzado un nuevo camino». En este punto, el Papa se refirió, por vez primera en este viaje, a «los abusos sexuales cometidos contra menores y personas vulnerables, crímenes que requieren acciones fuertes y una lucha irreversible».

«Yo quisiera, junto con ustedes, pedir nuevamente perdón a todas las víctimas. El dolor y la vergüenza que experimentamos debe ser ocasión de conversión, ¡nunca más!», clamó, añadiendo otra clave. «Que la comunidad cristiana no se deje contaminar nunca más por la idea de que existe una cultura superior a otras y que es legítimo usar medios de coacción contra los demás».

«Recuperemos el ardor de vuestro primer obispo, san François de Laval, que se enfrentó contra todos los que degradaban a los indígenas induciéndolos a consumir bebidas para engañarlos. No permitamos que ninguna ideología enajene y confunda los estilos y las formas de vida de nuestros pueblos para intentar doblegarlos y dominarlos», incidió, recordando, también por primera vez, la figura del primer misionero de Canadá.

Una Iglesia humilde, afable, diferente

«Ustedes son los protagonistas y los constructores de una Iglesia diferente: humilde, afable, misericordiosa, que acompaña los procesos, que trabaja decidida y serenamente en la inculturación, que valora a cada uno y a cada diversidad cultural y religiosa. ¡Demos este testimonio!», rogó.

Finalmente, el tercer desafío, la fraternidad: «La Iglesia será testigo creíble del Evangelio cuando sus miembros vivan más la comunión, creando ocasiones y espacios para que quienes se acerquen a la fe encuentren una comunidad acogedora, que sabe escuchar y entrar en diálogo, que promueve un buen nivel de relaciones».

Pero, culminó, «¿cómo va la fraternidad entre nosotros? Los obispos entre ellos y con los sacerdotes, los sacerdotes entre ellos y con el Pueblo de Dios, ¿somos hermanos o rivales divididos en partidos? Y, ¿cómo están nuestras relaciones con los que no son “de los nuestros”, con los que no creen, con los que tienen tradiciones y costumbres diferentes?».

«Este es el camino: promover relaciones de fraternidad con todos, con los hermanos y las hermanas indígenas, con cada hermana y hermano que encontramos, porque en el rostro de cada uno se refleja la presencia de Dios», finalizó.

Canadá despide al Papa

El cardenal Lacroix, al Papa: «Es un inspirador de consuelo, sabiduría y enseñanza»

El cardenal Lacroix, al Papa: "Es un inspirador de consuelo, sabiduría y enseñanza"
El cardenal Lacroix, al Papa: «Es un inspirador de consuelo, sabiduría y enseñanza»

En su saludo al término de la Eucaristía, el purpurado cree que la visita de Francisco «es un bálsamo para la curación de las heridas profundas»

«¡Que tenga un buen viaje, Santo Padre! Buen viaje, Santo Padre, y puede contar con nuestras humildes oraciones. Este pueblo lo quiere y necesita de su liderazgo y de su testimonio de fe»

Por | Sebastián Sansón Ferrari

(Vatican News).- Tras la celebración eucarística que esta mañana presidió el Santo Padre Francisco en la Basílica Santa Ana de Beaupré, en el quinto día de su «peregrinación penitencial» a Canadá, el Cardenal Gérald Cyprien Lacroix, arzobispo de Quebec y primado de Canadá, se dirigió al Obispo de Roma en un mensaje de agradecimiento.

Lacroix remarcó la importancia del sitio que acogió la eucaristía, la Basílica Santa Ana de Beaupré y recordó al «primer y valiente obispo y pastor, San Francisco de Laval».  

“»Su misión ha sido llevada a cabo por miríadas de discípulos misioneros de todas las clases sociales, que arden con el mismo fuego sagrado de proclamar el Evangelio en esta tierra americana. A pesar de los destacados logros, los caminos han estado sembrados de escollos, salpicando la belleza del mensaje evangélico. Han estallado escándalos, han surgido divisiones, ha decaído la fe. Una poderosa llamada a la sanación y a la reconciliación se ha levantado desde los corazones y las vidas heridas, como una tormenta que ha resonado hasta ustedes»”

Francisco: En las desilusiones y las derrotas, Jesús ilumina los acontecimientos

Tomando como inspiración el fragmento del Evangelio según San Lucas que fue proclamado en la misa, que narra el viaje de los discípulos de Emaús, el Purpurado sostuvo que, «como el Maestro de Emaús, se ha puesto en camino para recorrer con nosotros la senda de la curación y la reconciliación. Juntos, nos embarcamos en un viaje de apertura a nuestras realidades particulares, reconociendo humildemente nuestros fallos. Pero, por encima de todo, buscamos remedios que no solo erradiquen el mal, sino que conduzcan a nuestras comunidades, sedientas de justicia, unidad y paz, a una curación completa».

“Afortunadamente para nosotros, Santo Padre, usted no desaparece como Jesús en el camino de Emaús después de compartir el pan. Por el contrario, es y sigue siendo en nuestro mundo un modelo inspirador de consuelo, sabiduría y enseñanza extraída de las fuentes vivificantes de la Palabra cuyos caminos recorre incansablemente.”

«Muchas personas le deben su más profunda gratitud»

Sobre la gratitud que muchas personas sienten por la visita del Papa, el Cardenal Lacroix manifestó que la profunda y sincera preocupación del Pontífice «es un bálsamo para la curación de las heridas profundas» de los hermanos indígenas de las Primeras Naciones, los Métis y los Inuit en el país y un «impulso necesario en el proceso de reconciliación tan beneficioso para la paz».

“Sabemos, Santo Padre, que los resultados esperados no pueden alcanzarse de la noche a la mañana. Requieren enormes dosis de resiliencia, gestos sinceros de aceptación y empatía. Con su presencia entre nosotros, demuestra que ningún esfuerzo es en vano, que todo proceso de reconciliación requiere una gran dosis de renuncia, una fuerte dosis de humildad, comprensión y apertura a la vida y la cultura de los demás.”

«Gracias por acompañarnos en el camino de la curación y la reconciliación»

El arzobispo de Quebec aseguró que acompañarán al Sucesor de Pedro, «lo mejor que podamos, en el camino de su exigente misión».

«Gracias, querido Papa Francisco, por sus palabras alentadoras y desafiantes. Nos gustaría decirle, como los discípulos de Emaús a Jesús: ‘Quédate con nosotros‘, pero sabemos que su presencia como pastor se espera en otro lugar, donde otros hermanos y hermanas necesitan ser confirmados en la fe», añadió Lacroix.

«¡Que tenga un buen viaje, Santo Padre! Buen viaje, Santo Padre, y puede contar con nuestras humildes oraciones. Este pueblo lo quiere y necesita de su liderazgo y de su testimonio de fe. Que Jesús vele por usted, al igual que su madre, la Virgen María y su abuela, la Buena Santa Ana», concluyó.

Al finalizar su alocución, el Papa entregó, como don, un cáliz y un rosario de oro en el santuario nacional de St. Anne de Beaupré.

El Papa en Canadá

El Papa apuesta por la Iglesia como «sede de un inaudito anuncio de fraternidad, de una revolución sin muertos ni heridos, la del amor»

Francisco, en el lago de Santa Ana
Francisco, en el lago de Santa Ana

«Dios eligió ese contexto poliédrico y heterogéneo para anunciar al mundo algo revolucionario: “pongan la otra mejilla, amen a los enemigos, vivan como hermanos para ser hijos de Dios, Padre que hace salir el sol sobre buenos y malos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos»

«La fraternidad es verdadera si une a los que están distanciados, que el mensaje de unidad que el cielo envía a la tierra no teme las diferencias y nos invita a la comunión, a volver a comenzar juntos, porque todos somos peregrinos en camino»

«Jesús ha venido y viene todavía a hacerse cargo de nosotros, a consolar y sanar nuestra humanidad sola y agotada»

«En este lugar bendito, donde reinan la armonía y la paz, te presentamos las disonancias de nuestra historia, los terribles efectos de la colonización, el dolor imborrable de tantas familias, abuelos y niños. Ayúdanos a sanar nuestras heridas»

«Hoy todos nosotros, como Iglesia, necesitamos sanación, ser sanados de la tentación de encerrarnos en nosotros mismos, de elegir la defensa de la institución antes que la búsqueda de la verdad, de preferir el poder mundano al servicio evangélico»

«Si queremos cuidar y sanar la vida de nuestras comunidades, no podemos comenzar sino desde los pobres, desde los marginados»

Por Jesús Bastante

«Queridos hermanos y hermanas indígenas, he venido como peregrino también para decirles lo valiosos que son para mí y para la Iglesia. Deseo que la Iglesia esté entretejida con ustedes, con la misma fuerza y unión que tienen los hilos de esas franjas coloreadas que tantos de ustedes llevan. Que el Señor nos ayude a ir hacia delante en el proceso de sanación, hacia un futuro cada vez más saludable y renovado». El lago de Santa Ana acoge, todos los 26 de julio, una peregrinación de fieles en memoria de la abuela de Jesús, patrona de Canadá. No es casualidad que Francisco haya querido viajar al país precisamente en estas fechas, ni hacer coincidir su estancia en Edmonton con esta festividad.

Corría la tarde cuando un carrito de golf llevaba al Papa ante la estatua de Santa Ana, acompañado por el sonido de los tambores de los pueblos originarios. Una vez allí, Bergoglio, siempre en silla de ruedas, siguió la costumbre de los nativos, bendiciendo con la señal de la cruz, hacia los cuatro puntos cardinales, el agua del lago, donde muchos feligreses se bañan.

Después, el Papa presidió una emotiva Liturgia de la Palabra, en la que destacó el sonido de los tambores, «un latido» que «me parecía el eco del latido de muchos corazones», los de tantos peregrinos que han caminado, a lo largo de los siglos, hasta «este lago de Dios».

Los latidos del pueblo, el agua y la tierra

«Aquí se puede captar el latido coral de un pueblo peregrino, de generaciones que se han puesto en camino hacia el Señor para experimentar su obra de sanación», glosó Bergolio, quien animó a escuchar «otro latido», «el latido materno de la tierra».

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«Y así como el latido de los niños, desde el seno materno, está en armonía con el de sus madres, del mismo modo para crecer como seres humanos necesitamos acompasar los ritmos de la vida con los de la creación que nos da la vida. Así pues, vayamos de nuevo a nuestras fuentes de vida: a Dios, a los padres y, en el día y en la casa de santa Ana, a los abuelos, que saludo con gran afecto», subrayó.

Mirando hacia el lago, Francisco se dispuso a «imaginar a Jesús, que desarrolló gran parte de su ministerio precisamente a la orilla de un lago, el Lago de Galilea», un lugar en las periferias «de la pureza religiosa, que se concentraba en Jerusalén, junto al templo».

El lago de Santa Ana
El lago de Santa Ana

Volver al mar de Galilea

«Podemos, pues, imaginar aquel lago, llamado mar de Galilea, como una concentración de diferencias. En sus orillas se encontraban pescadores y publicanos, centuriones y esclavos, fariseos y pobres, hombres y mujeres de las más variadas proveniencias y extracciones sociales», recordó. En ese lugar fue donde Jesús predicó el Reino de Dios, «no a gente religiosa seleccionada, sino a pueblos distintos que, como hoy, acudían de varias partes, acogiendo a todos y en un teatro natural como este».

«Dios eligió ese contexto poliédrico y heterogéneo para anunciar al mundo algo revolucionario: “pongan la otra mejilla, amen a los enemigos, vivan como hermanos para ser hijos de Dios, Padre que hace salir el sol sobre buenos y malos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos», glosó el Papa, clamando por el «mestizaje de la diversidad» de aquel lago, «sede de un inaudito anuncio de fraternidad, de una revolución sin muertos ni heridos, la del amor».

El Papa, durante la liturgia de la Palabra
El Papa, durante la liturgia de la Palabra

Ese recuerdo, tan vívido, se vivió esta tarde en el lago de Santa Ana, y «nos recuerda que la fraternidad es verdadera si une a los que están distanciados, que el mensaje de unidad que el cielo envía a la tierra no teme las diferencias y nos invita a la comunión, a volver a comenzar juntos, porque todos somos peregrinos en camino».

Las mujeres y el anuncio

Las aguas que «dan la vida», apuntó Francisco, dirigiéndose a las abuelas, y admirando «el papel vital de la mujer en las comunidades indígenas», y recordando a su propia abuela. «De ella recibí el primer anuncio de la fe y aprendí que el Evangelio se transmite así, a través de la ternura del cuidado y la sabiduría de la vida».

Francisco llegó al lago de Santa Ana
Francisco llegó al lago de Santa Ana

Porque, añadió, «la fe raramente nace leyendo un libro nosotros solos en el salón, sino que se difunde en un clima familiar, se transmite en la lengua de las madres, con el dulce canto dialectal de las abuelas».

En el lago, Jesús también sanaba, recordó Bergoglio, quien pidió a los presentes «imaginémonos alrededor del lago con Jesús, mientras Él se acerca, se inclina y con paciencia, compasión y ternura, cura tantos enfermos en el cuerpo y en el espíritu: endemoniados, leprosos, paralíticos, ciegos, pero también personas afligidas, descorazonadas, perdidas y heridas».

«Jesús ha venido y viene todavía a hacerse cargo de nosotros, a consolar y sanar nuestra humanidad sola y agotada», proclamó el Papa. Y es que «todos nosotros necesitamos de la sanación de Jesús, médico de las almas y de los cuerpos».

El Papa bendice las aguas del lago
El Papa bendice las aguas del lago

Los traumas de la violencia

Junto a la orilla del mar, el Papa quiso acudir a Dios «con el dolor que llevamos dentro». «Te traemos nuestra aridez y nuestras dificultades, los traumas de la violencia padecida por nuestros hermanos y hermanas indígenas. En este lugar bendito, donde reinan la armonía y la paz, te presentamos las disonancias de nuestra historia, los terribles efectos de la colonización, el dolor imborrable de tantas familias, abuelos y niños. Ayúdanos a sanar nuestras heridas».

«Durante el drama de la conquista, fue Nuestra Señora de Guadalupe la que transmitió la recta fe a los indígenas, hablando su lengua y vistiendo sus trajes, sin violencia y sin imposiciones», incidió el Papa, reivindicando la labor de «los misioneros auténticamente evangelizadores para preservar en muchas partes del mundo las lenguas y las culturas autóctonas» que tienen su máximo ejemplo en la devoción a Santa Ana.

Francisco, solo, reza junto al lago
Francisco, solo, reza junto al lago

También la Iglesia es mujer

«También la Iglesia es mujer, es madre. De hecho, nunca hubo un momento en su historia en que la fe no haya sido transmitida, en lengua materna, por las madres y por las abuelas», clamó el Papa, quien lamentó que «la herencia dolorosa que estamos afrontando nace de haber impedido a las abuelas indígenas transmitir la fe en su lengua y en su cultura».

«Esta pérdida es ciertamente una tragedia, pero vuestra presencia aquí es un testimonio de resiliencia y de reinicio, de peregrinaje hacia la sanación, de apertura del corazón a Dios que sana nuestro ser comunidad», reivindicó. «Hoy todos nosotros, como Iglesia, necesitamos sanación, ser sanados de la tentación de encerrarnos en nosotros mismos, de elegir la defensa de la institución antes que la búsqueda de la verdad, de preferir el poder mundano al servicio evangélico», advirtió el Papa.»Ayudémonos, queridos hermanos y hermanas, a contribuir para edificar con el auxilio de Dios una Iglesia madre como Él quiere: capaz de abrazar a cada hijo e hija; abierta a todos y que hable a cada uno; que no vaya contra nadie, sino al encuentro de todos», pidió.

El grito de los últimos

Hoy, más que nunca, «si queremos cuidar y sanar la vida de nuestras comunidades, no podemos comenzar sino desde los pobres, desde los marginados», destacó Francisco, quien apuntó que «con demasiada frecuencia nos dejamos guiar por los intereses de unos pocos que están bien; es necesario mirar más a las periferias y ponerse a la escucha del grito de los últimos, saber acoger el dolor de los que, muchas veces en silencio, en nuestras ciudades masificadas y despersonalizadas, gritan: “No nos dejen solos”».

Ese «es el grito de los ancianos que corren el peligro de morir solos en casa o abandonados en una estructura, o de los enfermos incómodos a los que, en vez de afecto, se les suministra la muerte«, denunció Francisco. También, «es el grito sofocado de los muchachos y muchachas más cuestionados que escuchados, los cuales delegan su libertad a un teléfono móvil, mientras en las mismas calles otros coetáneos suyos vagan perdidos, anestesiados por alguna diversión, cautivos de adicciones que los vuelven tristes e insatisfechos, incapaces de creer en sí mismos, de amar aquello que son y la belleza de la vida que tienen».

«No nos dejen solos es el grito de quien quisiera un mundo mejor, pero que no sabe por dónde comenzar» incidió Bergoglio, quien preguntó, se preguntó: «Nosotros, ¿sabemos calmar la sed de nuestros hermanos y hermanas? Mientras seguimos pidiendo consuelo a Dios, ¿sabemos darlo también a los demás?». O, dicho de otra manera: «¿qué hago yo por quien me necesita?»

«Mirando a los pueblos indígenas, pensando en sus historias y en el dolor que han sufrido, ¿qué hago por ellos? ¿Escucho con curiosidad mundana y me escandalizo por lo que ocurrió en el pasado, o hago algo concreto por ellos? ¿Rezo, leo, me informo, me acerco, me dejo conmover por sus historias? Y, mirándome a mí mismo, si me encuentro en el sufrimiento, ¿escucho a Jesús que me quiere llevar fuera del recinto de mi descontento y me invita a volver a empezar, a superarlo, a amar?». Muchas preguntas, y muy pocas respuestas. Tal vez una sola: «el mejor modo para ayudar a otra persona no es darle enseguida lo que quiere, sino acompañarla, invitarla a amar, a donarse».