Una Iglesia fuera de la sacristía

El arzobispo pide una Iglesia «fuera de la sacristía» anunciando el evangelio Carlos Castillo: «La Amazonía es el pulmón del mundo y está habitada. Tomemos conciencia»

Arzobispo de Lima,  Carlos Castillo
Arzobispo de Lima, Carlos Castillo

En ese VI Domingo del Tiempo Ordinario, Monseñor Carlos Castillo aseguró que es necesaria una reorganización y redefinición en la Iglesia, proceso que viene desarrollándose con el camino sinodal de reforma planteado por el Papa Francisco

El Arzobispado de Lima y el Vicariato de Iquitos, ofrecieron la Eucaristía en especial intención por el segundo aniversario de la publicación de ‘Querida Amazonía’

Lo hicieron compañados de un grupo representativo de pescadores damnificados por el derrame de petróleo en Ventanilla, así como diferentes líderes de movimientos ecologistas en nuestro país

Monseñor Carlos aseguró que «todos estamos llamados a tomar conciencia en el cuidado de nuestra Casa Común, especialmente de nuestros pueblos originarios, tantas veces marginados y olvidados por las grandes ciudades»

(Archilima).- En ese VI Domingo del Tiempo Ordinario, Monseñor Carlos Castillo aseguró que es necesaria una reorganización y redefinición en la Iglesia, proceso que viene desarrollándose con el camino sinodal de reforma planteado por el Papa Francisco: «Tenemos que “salir de las sacristías”, porque tenemos la costumbre de crear una “Iglesia de sacristía”, que puede ser muy bonita porque hacemos lindas liturgias, pero no es suficiente para salvarse, al contrario, una Iglesia que se regodea y está pensando solamente en sí misma, no es la Iglesia del Señor», comentó el prelado en su homilía dominical.

Acompañado de un grupo representativo de pescadores damnificados por el derrame de petróleo en Ventanilla, así como diferentes líderes de movimientos ecologistas en nuestro país, el Arzobispado de Lima y el Vicariato de Iquitos, ofrecieron la Eucaristía en especial intención por el segundo aniversario de la publicación de ‘Querida Amazonía’: «Quiero agradecer a los hermanos pescadores que han venido a esta Catedral, porque son como los representantes de las víctimas, de los pobres que el Señor quiere, ama y quiere ayudar, por los cuales Él se comprometió», precisó.

Exhortación

Comentando el Evangelio de Lucas (6, 17. 20-26) Monseñor Castillo recordó que, a través del mensaje contenido en las Bienaventuranzas, el Señor levanta la mirada hacia los doce discípulos para revelarnos que, en medio de la pobreza y la desigualdad, Dios no nos abandona, Él actúa en favor de los más pobres, de los que más sufren, Él reina en su favor porque de ellos es también la plenitud de la salvación:

«Cada vez que existe un enfermo, una persona afectada por la opresión y el maltrato, por la falta de trabajo, por la marginación; cada vez que existe una zona ecológica afectada, como en el caso de los pescadores y de nuestros hermanos de la Amazonía; cada vez que, nosotros mismos, que caminamos por las calles esforzándonos todos los días en sobrevivir, debemos de reconocer que Dios está de nuestra parte, y por lo tanto, existe una fuerza que alienta nuestra vida porque Él no los abandona», reflexionó el prelado.

«Una ‘Iglesia de sacristía’, que puede ser muy bonita porque hacemos lindas liturgias, pero no es suficiente para salvarse, al contrario, una Iglesia que se regodea y está pensando solamente en sí misma, no es la Iglesia del Señor»

El Arzobispo hizo hincapié en tres expresiones fundamentales de las Bienaventuranzas: “Dichosos ustedes pobres”, “los que tienen hambre” y “los que lloran”, para explicar que el Señor ha venido para darnos palabras de esperanza, palabras que Él conoce muy bien porque, desde su nacimiento en un pesebre, comprende que en el mundo existe la injusticia y la desigualdad: «Y si Él llega como Hijo de Dios para salvarnos, tiene que hacer eso que la Iglesia solemnemente declara ‘la opción preferencial por los pobres’, que se caracterizó después con dos agregados: opción preferencial por los pobres “ni exclusiva, ni excluyente”,… “pero firme e irrevocable”!», indicó.

Todos estamos comprometidos en el cuidado de nuestra Casa Común

Recordando el segundo aniversario de la Exhortación post-sinodal ‘Querida Amazonía’ escrita por el Papa Francisco, Monseñor Carlos aseguró que todos estamos llamados a tomar conciencia en el cuidado de nuestra Casa Común, especialmente de nuestros pueblos originarios, tantas veces marginados y olvidados por las grandes ciudades: «La amazonía es el pulmón del mundo y está habitada por hermanos nuestros que viven marginados, a pesar de que ellos hacen esfuerzos enormes por vivir, por hacer posible que se cuiden los bosques para toda la humanidad. Y son maltratados con derrames peores a los que hemos vivido en la costa peruana», precisó el prelado.

El Obispo de Lima reiteró que el Señor ha venido a darnos su aliento, Él nos ha llamado ‘dichosos’ para decirnos que está con nosotros, sobre todo, con quienes más padecen las injusticias del mundo: «Sintamos el aliento del Señor y no tengamos miedo; esforcémonos por reconsiderar las cosas, por dialogar inteligentemente, para que los descuidos de los grandes y poderosos no se sigan produciendo».

La Amazonía es el pulmón del mundo y está habitada por hermanos «Nuestros que viven marginados, a pesar de que ellos hacen esfuerzos enormes por vivir, por hacer posible que se cuiden los bosques para toda la humanidad. Y son maltratados con derrames peores a los que hemos vivido en la costa peruana»

Jesús vino para mostrarnos que Dios se hace pobre

En otro momento, Carlos Castillo afirmó que el Señor quiere que sepamos identificarlo en los rostros con quien Él se identifica , es decir, con los más pobres: «Jesús vino a esta tierra para mostrarnos que Dios se hace pobre, Dios se identifica como uno de ellos. El Papa San Pablo VI, cuando vino a visitar Medellín, dijo que nosotros estamos ante el “sacramento del pobre”. Y ese sacramento significa que la vida de los pobres es sagrada y tiene que ser protegida, para que pueda progresar en esta vida en forma ordenada y pueda tener sus posibilidades», dijo en su homilía dominical.

Todos lo que tenemos algo, lo tenemos, porque otro no lo tiene; y necesitamos complementarnos y ayudarnos, no destruirnos, pero tenemos que llamar la atención a quienes, hablando de los pobres, viven una vida contraria y no renuncian a sus ambiciones personales.

Salir de una ‘Iglesia de sacristía’ y «encerrada en sí misma» para anunciar el Evangelio

El Arzobispo de Lima explicó que es necesario una reorganización y redefinición en la Iglesia, con el propósito de anunciar la buena noticia a todas las periferias existenciales que nos interpelan:

«Nos falta evangelización, nos falta anunciar, como Iglesia, la buena noticia. Y como dice el Papa Francisco, tenemos que “salir de las sacristías”, porque tenemos la costumbre de crear una “Iglesia de sacristía”, que es muy bonita, muy linda, porque hacemos lindas liturgias ¡Eso está muy bien! Pero eso no es suficiente para salvarse, al contrario, una Iglesia que se regodea y está pensando solamente en sí misma, no es la Iglesia del Señor», reflexionó el Obispo.

Unidos en el Señor, que es la fuerza de su pueblo, su gran libertador, demos testimonio de ese Dios que nos ama, unidos a todos los que más sufren, especialmente hoy día, rezando por nuestra querida Amazonía.

«Todos lo que tenemos algo, lo tenemos, porque otro no lo tiene; y necesitamos complementarnos y ayudarnos, no destruirnos, pero tenemos que llamar la atención a quienes, hablando de los pobres, viven una vida contraria y no renuncian a sus ambiciones personales»

En memoria de Maria Elena Moyano

Recordando el 30 aniversario del asesinato de Maria Elena Moyano, lideresa social que fue víctima del grupo terrorista Sendero Luminoso, Monseñor Castillo hizo un llamado a seguir el ejemplo de gratuidad y entrega generosa que tuvo Maria Elena por nuestro pueblo peruano:

«Maria Elena Moyano entregó su vida como una mujer sencilla, pobre, pero que defendió y enalteció a nuestro país como la primera mujer mártir del tiempo moderno. Que todos sigamos su camino con desinterés y con entrega, y podamos servir a nuestro pueblo como ella lo sirvió. Dios la bendiga y le de la gracia de resucitar gloriosamente en el Reino de Dios y en el reencuentro que nos tiene preparado. Amén»