La Asamblea Continental del Sínodo

El equipo sinodal de la CEE se reúne para preparar el encuentro final ante la Asamblea continental

Asamblea del Sínodo

En este encuentro final, el día 28, que se celebrará en la sede de la CEE, participarán laicos, religiosos, sacerdotes y obispos

Se presentará el texto síntesis elaborado por el Equipo sinodal de la CEE a partir de las aportaciones de las respuestas enviadas por las diócesis, movimientos, congregaciones, y otras aportaciones de distintos grupos

A continuación, tendrá lugar el trabajo compartido por grupos para perfilar el documento presentado, añadiendo o matizando las aportaciones que los participantes consideren necesarias

Este encuentro también servirá de preparación para la Asamblea continental europea que se celebrará en Praga durante los días 5 al 9 de febrero

(CEE).- El equipo sinodal de la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha mantenido en la tarde del día de ayer su reunión para preparar y animar el encuentro final de preparación de los trabajos para la Asamblea continental, que tendrá lugar el 28 de enero. Además mantuvieron, en un segundo momento, una reunión on line con todos los referentes sinodales de las diócesis.

Asamblea sinodal de la CEE, el 28 de enero

En esta jornada del día 28, que se celebrará en la sede de la CEE, participarán laicos, religiosos, sacerdotes y obispos. Se trabajará sobre la síntesis elaborada por el Equipo sinodal a partir de las respuestas enviadas por las diócesis, congregaciones y por los movimientos laicales, en relación al documento enviado por la Secretaría del Sínodo el pasado mes de septiembre. Con todo ello se preparará la síntesis que se enviará a la Asamblea continental.

En esta reunión participarán un total de 120 asistentes, entre los que se encuentran los obispos miembros de la Comisión Permanente; 1 miembro de los equipos sinodales de cada diócesis; 10 de la vida religiosa; 10 de asociaciones laicales y movimientos.

El encuentro dará comienzo a las 10 de la mañana con la acogida a los participantes.  A las 10.30 h ofrecerá unas palabras de bienvenida el presidente de la CEE, cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona.  

Seguidamente, se presentará el texto síntesis elaborado por el Equipo sinodal de la CEE a partir de las aportaciones de las respuestas enviadas por las diócesis, movimientos, congregaciones, y otras aportaciones de distintos grupos. A continuación tendrá lugar el trabajo compartido por grupos para perfilar el documento presentado, añadiendo o matizando las aportaciones que los participantes consideren necesarias. El encuentro concluirá con la celebración de la eucaristía. Este encuentro también servirá de preparación para la Asamblea continental europea que se celebrará en Praga durante los días 5 al 9 de febrero. A ella asistirán, en representación de la CEE, su presidente, cardenal Omella; el obispo coordinador del Equipo sinodal, Mons. Vicente Jiménez; el secretario del Equipo sinodal, Luis Manuel Romero; la Hna. María José Tuñón, ACI, como responsable de la Vida consagrada y miembro del Equipo sinodal y Dolores García Pi, Presidenta del Foro de Laicos y también miembro del Equipo sinodal de la CEE 

El documento de la CEE «El Dios fiel mantiene su alianza»

Cuáles son los 6 asuntos prioritarios para el bien común en España, según los obispos?

Plenaria de la Conferencia Episcopal Española

En el extenso documento «El Dios fiel mantiene su alianza» (DT 7,9), aprobado en la Asamblea Plenaria de noviembre de 2022 y que se ha presentado hoy día 13-E en la sede de la Conferencia Episcopal Española, los obispos ofrecen su visión sobre el momento actual y la sociedad española y enumeran una serie de asuntos prioritarios para ahondar en el bien común en este momento histórico en España. Son estos:

1.- Construir la “sociedad de los cuidados”

«La necesaria reformulación del estado del bienestar habría de hacerse en clave familiar no individual. El apoyo a la familia ha de pasar por la vivienda, las condiciones laborales, el salario familiar, el protagonismo en la educación, la sanidad, los servicios sociales, etc. En definitiva, construir una verdadera «sociedad de los cuidados»».

2.- La prioridad del trabajo sobre el capital

«En esta época de revolución tecnológica y energética, el trabajo, especialmente el de los jóvenes, es un asunto de extraordinaria importancia. Recordamos la prioridad del trabajo (la persona) sobre el capital (las cosas) para abordar como sociedad esta cuestión clave para el desarrollo de la persona, el desarrollo de la familia y la contribución al bien común».

3.- El cuidado de los vulnerables

«El cuidado de los ancianos es responsabilidad primera de la familia, pero la familia necesita apoyo y ayudas. Es imprescindible un diálogo social e institucional sobre la atención a las personas mayores. Merece una reflexión especial la situación de los enfermos mentales y de las personas que los acompañan y cuidan».

4.- Reconocerse como nación

«La familia une biografía y genealogía. Las familias van situándose en el territorio, haciendo sociedad y alumbrando comunidades políticas. Los vínculos desarrollados a lo largo de la historia y sus expresiones culturales, económicas, sociales, religiosas y políticas nos permiten reconocernos como nación, en la diversidad de pueblos, culturas y regiones».

5.- La acogida a los inmigrantes

“Una nación abierta a la comunidad de naciones, acogedora y hospitalaria, que recibe inmigrantes con el agradecimiento y el realismo de quien ha conocido grandes emigraciones en siglos pasados. El mismo fenómeno migratorio ha de comprometernos con el desarrollo, la libertad y la justicia en las naciones de las que, tantas veces, se han visto obligados a salir por razones de hambre o persecución”.

6.- La apuesta por el diálogo

“Llamados a caminar juntos en esta tierra y en esta la historia, queremos dialogar desde la escucha y la propuesta. La sinodalidad, estilo de la Iglesia del siglo XXI, nos invita a este coloquio que proponemos con la esperanza de propiciar encuentros que favorezcan la dignidad de la persona y el bien común”.

Jornada de la Sagrada Familia:

«La familia, cuna de la vocación al amor»

La Iglesia celebra el viernes 30 de diciembre la Jornada de la Sagrada Familia este año con el lema, «La familia, cuna de la vocación al amor»

Los obispos sitúan a la familia como lugar privilegiado de acogida y discernimiento de la vocación al amor

La Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida es la encargada de editar los materiales para este día, que incluye un folleto para orar en familia esta Navidad

(CEE).- La Iglesia celebra el viernes 30 de diciembre la Jornada de la Sagrada Familia este año con el lema, “La familia, cuna de la vocación al amor”. La Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida es la encargada de editar los materiales para este día, que incluye un folleto para orar en familia esta Navidad.

¿Qué dicen los obispos?

Los obispos sitúan a la familia como lugar privilegiado de acogida y discernimiento de la vocación al amor “en estos momentos en los que atravesamos un invierno vocacional” al sacerdocio, a la vida consagrada y al matrimonio cristiano. Ante esta situación, “no queremos instalarnos en una queja estéril que contempla pasivamente este ocaso de las vocaciones” porque “estamos convencidos de que la felicidad de cada persona pasa por el descubrimiento y vivencia en plenitud de la vocación que Dios ha soñado para ella desde toda la eternidad”.

Para descubrir esa vocación, entienden que es fundamental el papel de la familia en la formación de sus hijos y señalan que ninguna institución puede suplir su labor en la educación, «especialmente en lo que se refiere a la formación de la conciencia. Cualquier intromisión en este ámbito sagrado debe ser denunciada porque vulnera el derecho que tienen los padres de trasmitir a sus hijos una educación conforme a sus valores y creencias”.

Diez pautas a la luz de la exhortación Christus vivit

Así, y cogiendo como base la exhortación del papa Francisco Christus vivit, ofrecen diez pautas “para el discernimiento de la vocación y reflexionar sobre la educación en familia para facilitar a los hijos el proceso de discernimiento de la vocación”.

-La familia es el ámbito privilegiado para escuchar la llamada del Señor y para aprender a responderle con generosidad, porque –explican- “es el ámbito en que uno es amado por sí mismo, no por lo que produce o por lo que tiene”.

-Señalan como “un aspecto esencial“ la educación en la fe. En familia es donde mejor se aprende la relación con Jesucristo vivo, “el miembro más importante de la familia, a quien se consultan los temas importantes, se le confían todas las situaciones, a quien se le pide perdón cuando hemos fallado”. Por eso animan a rezar en familia y a participar en los sacramentos.

-Invitan a cuidar la formación en las virtudes “para que los llamados puedan dar su sí generoso al Señor y mantenerse fieles a este sí”. Entre estas virtudes, destacan la fortaleza, “para poder ir contracorriente frente a la sociedad del bienestar”. En esta formación se incluye “la afectividad y la sexualidad en el ámbito más amplio del amor verdadero”.

-Frente al zapping constante, navegar en dos o tres pantallas simultáneamente e interactuar al mismo tiempo en diferentes escenarios virtuales, exhortan a vivir la experiencia de encuentro con Cristo, “escuchar su Palabra y a reconocer su voz por medio del discernimiento”, abierto a la posibilidad de consagrarse a Dios en el sacerdocio o en la vida consagrada.

-También aconsejan a los padres tener muy presente en la formación de sus hijos que “no somos dueños del don sino sus administradores cuidadosos”.

-Los padres deben enseñar a sus hijos, precisan, “a reconocerse como don” y acompañarlos en el discernimiento, “pero no tomar las decisiones por ellos”.

-Una clave muy importante que debe tenerse presente es considerar la vida como ofrenda. Inculcar que “yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo”.

-Forjar a los hijos en la caridad es otra de las pautas que señalan los obispos porque “la familia no es una célula aislada en sí misma, a la que no importa lo que sucede alrededor. Esta dimensión caritativa empieza en la familia ampliada, cuidando especialmente a los abuelos y a los mayores, pero debe estar abierta a las necesidades de los demás”.

-Como no se puede amar lo que no se conoce, otra propuesta es fomentar el conocimiento de las diversas vocaciones e instaurar una cultura vocacional. Lamentan que familias cristianas “se opongan a la vocación de sus hijos al sacerdocio o a la vida consagrada o que les pidan que prioricen su futuro profesional, postergando la llamada del Señor”. En cuanto a la vocación al matrimonio, “no hay nada más estimulante para los hijos que ver a los propios padres vivir el matrimonio y la familia como una misión, con felicidad y paciencia, a pesar de las dificultades, los momentos tristes y las pruebas».

-Además, indican, como Iglesia, “tenemos la misión de acompañar a las familias que viven en nuestras comunidades”. Acercarse “a las familias que viven la marginación y la pobreza; tener muy presentes a las familias migrantes; no dejar a un lado a las familias que han sufrido la separación y el divorcio”.

Los obispos concluyen su mensaje pidiendo a la Sagrada Familia de Nazaret “impulso misionero para mostrar la belleza de la vocación del amor a la que todos y cada uno hemos sido llamados”

Apertura Asamblea plenaria de Obispos españoles

Omella tiene un plan para España: pacto de rentas familiares, políticas activas de vivienda, conciliación laboral femenina y acogida ordenada de migrantes

Por JOSÉ BELTRÁN

El presidente de la Conferencia Episcopal abre la Asamblea Plenaria con su discurso social más comprometido y aterrizado proponiendo “consensos” a la clase política

El arzobispo de Barcelona arremete contra la ley trans porque “no tiene fundamento médico ni científico”

El purpurado refrenda el proceso sinodal abierto por el Papa y avisa a los obispos: “No cabe la pasividad ni la resignación”

El cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, quiere que la Iglesia española no sea un obstáculo para la clase política o un grupúsculo que funcione al margen del convulso contexto socioeconómico que habla de una crisis generalizada. Al menos, así lo dejó caer durante su discurso de apertura de la Asamblea Plenaria de otoño que está llamada a elegir al nuevo secretario general de la Conferencia Episcopal Española, para sustituir a Luis Argüello, que deja el cargo tras ser nombrado arzobispo de Valladolid el pasado junio.

El presidente del Episcopado se sirvió de esta intervención ­­para visibilizar que la Iglesia “quiere cooperar activa e intensamente con las administraciones públicas, los agentes sociales y la sociedad civil en su conjunto”. Sobre todo, al constatar que “las respuestas políticas se atascan y no fluyen para encontrar soluciones a los graves problemas sociales”. Frente al “divide y vencerás”, el cardenal propuso una “fraternidad” eminentemente práctica. “Queremos mirar el mundo desde los ojos del que sufre, del que se queda al margen, del que experimenta la soledad, del que no llega a final de mes, del que no puede recibir la asistencia que necesita, del que padece alguna enfermedad…”, entonó con los datos de Cáritas en una mano y la entrega de tantas comunidades eclesiales en la otra.

La familia como centro

Lejos de quedarse en una formulación abstracta, lo aterrizó en un plan de acción que pasa por reivindicar la familia como “gran fuente de estabilidad social”, proponiendo una “promoción activa de la conciliación laboral”, especialmente de las mujeres. A la par, reclamó una “política activa de vivienda” para que los jóvenes puedan emanciparse y condenó “el drama del paro” y “la precariedad laboral”. Al hilo de esta cuestión reclamó “un gran pacto de rentas que permita a las familias superar con cierta dignidad este tiempo de travesía por el desierto”.

En este paquete de medidas, también planteó “unas políticas de acogida ordenada de inmigrantes para que puedan integrarse dignamente en nuestra sociedad” con el fin de “protegerlos de los abusos y de la impiedad de las mafias”.

Auxilio a los dependientes

“Tampoco podemos permitir que las políticas sociales, para atender debidamente a las personas dependientes o en situaciones de necesidad, se queden en discursos de buenas intenciones y no se ejecuten proyectos concretos”, exigió el purpurado, que constató, con informe de Cáritas en mano, que “los procesos y trámites de las peticiones de ayuda se demoran y eternizan”.

No se olvidó de las carencias del sistema nacional de salud, deteniéndose en que “más de 80.000 personas fallecen cada año en nuestro país sin recibir la atención paliativa que precisan”. Además, puso en primer plano la soledad de los ancianos para remarcar que “una sociedad que no cuida a los más frágiles es una sociedad que está en vías de extinción”.

Avanzadilla eclesial

Además, sacó pecho de las iniciativas que ya ha puesto en marcha la Iglesia para salir al rescate de los más vulnerables y mostrar que “otro mundo es posible”. De esta manera, elogió la labor de la pastoral de migraciones para “recuperar la población en la España vaciada” y recordó cómo se está apostando por “una economía con alma”.

Con la mirada puesta en los niños y jóvenes, se detuvo en “la crisis de identidad provocada por las ideologías de género”. Sobre la ley trans, denunció que no ayuda “a educar a los adolescentes y jóvenes en la belleza y en el sentido de la sexualidad y que, además, no potencia la responsabilidad de sus actos ni la valoración madura y sosegada sobre las consecuencias”. En relación con la ley del aborto, condenó que “se refuerza el derecho del fuerte sobre el débil”.

Legislaciones ideológicas

Todo ello, le llevó a afirmar que “se intentan sacar adelante por la vía rápida una serie de leyes de profundo calado ideológico, sin ser debatidas con sosiego, sin escuchar el parecer de las diferentes instancias científicas y éticas de nuestra sociedad”. “La llamada autodeterminación de género, auténtica piedra angular de esta norma no tiene fundamento médico ni científico”, sostiene Omella.

Ese mismo tirón de orejas lo amplió para compartir que “la crispación política no ayuda a resolver los problemas ni a ofrecer serenidad a la ciudadanía. Necesitamos, pues, hallar la confianza necesaria y el empuje anímico para salir de esta situación”. ” Es la hora de los hombres y mujeres de Estado que miran a largo plazo, de los que se atreven a tomar decisiones importantes para asegurar el bien y la prosperidad para las próximas generaciones y no el rédito partidista inmediato”, suscribió.

Pero, lejos de concentrarse en lanzar dardos a Moncloa o a la Carrera de San Jerónimo, el purpurado quiso “agradecer de corazón la labor de los políticos de cualquier signo que trabajan por el bien común”. Y como viene siendo habitual en sus más recientes intervenciones públicas, se sacó de la manga las bienaventuranzas del político que elaboró el cardenal vietnamita encarcelado Van Thuan.

“No nos dejemos abatir”

Frente al tono algo agridulce de su discurso de primavera, en esta ocasión Omella arrancó recordando que nunca se han dado tiempos “verdaderamente fáciles” por lo que animó a los pastores a buscar “una oportunidad de profundizar en la fe, de mejorar nuestra vida cristiana, de ir a lo esencial”. “No nos dejemos abatir”, recomendó a los católicos, convencido de que “los nuevos desafíos pueden ser oportunidades de crecimiento”. Es más, advirtió del “riesgo todavía más peligroso” de que “reaccionemos espontáneamente con una actitud de autodefensa, sin detenernos con fe, con calma, con sensatez evangélica”.

En clave interna, el presidente de los obispos defendió el camino sinodal promovido por Francisco “a la luz del Concilio Vaticano II” hacia “una Iglesia más participativa, misionera y en comunión”. “El papa Francisco ha introducido la novedad de comenzar el trabajo desde abajo, garantizando que nadie quede sin ser escuchado”, valoró el purpurado, que recordó que ante este proceso “no cabe la pasividad ni la resignación”.

“No podemos caer en la ingenuidad de pensar que estos problemas se solucionan con simples retoques organizativos”, comentó el arzobispo de Barcelona que llamó a los obispos presentes a no dejarse llevar por los extremos: “El progresismo que se adapta al mundo y el tradicionalismo o involucionismo que añora un mundo pasado”.

La elección de secretario y portavoz de la CEE

¿Y si por fin fuera la hora de los laicos en España?

¿Y si por fin fuera la  hora de los laicos en España?
¿Y si por fin fuera la hora de los laicos en España?

Esta semana asistimos a una de las elecciones más relevantes para la vida de la Casa de la Iglesia: la elección del secretario general (y portavoz) de la Conferencia Episcopal. Oficiosamente, la ‘voz’ de la Iglesia española, aun cuando dicha voz cada vez resulta más ‘sorda’, más irrelevante, más vacía

Y es que los obispos no saben y, lo que es peor, no quieren comunicar. Los medios les dan pavor, especialmente los que no controlan, pero también los que pasan por sus manos (no son de recibo algunos programas estrella de la emisora episcopal, por ejemplo). Pero tampoco quieren soltar el control de la información que se envía, no solo a la sociedad, sino también al Pueblo Santo de Dios

¿Por qué no confiar, en esta ocasión, y para que sirva de precedente, en profesionales laicos, especialistas en comunicación y dirección de empresas? ¿Por qué la Secretaría General y la Portavocía tienen que estar en manos de obispos o, como mucho, de eclesiásticos llamados a serlo?

22.11.2022

Se nos llena la boca de decirlo, y los oídos de escucharlo. «Es la hora de los laicos«. Pero, en la práctica, la Iglesia española es una de las más clericalizadas de Europa y, casi nos atrevemos a decir, del mundo. Incluso, los laicos (y laicas) en puestos de responsabilidad adolecen, en su mayoría, de ese clericalismo que tanto denuncia el no siempre bien querido (en nuestro país) Francisco

En estas estamos, cuando esta semana asistimos a una de las elecciones más relevantes para la vida de la Casa de la Iglesia: la elección del secretario general (y portavoz) de la Conferencia Episcopal. Oficiosamente, la ‘voz’ de la Iglesia española, aun cuando dicha voz cada vez resulta más ‘sorda’, más irrelevante, más vacía.

Se lo han ganado a pulso (los obispos, no el conjunto de la Iglesia): durante años, se han dedicado a auspiciar debates que nadie deseaba, a sacar a la calle a sus adeptos más radicales para protestar contra el matrimonio igualitario o Educación para la Ciudadanía (sólo el actual presidente, Juan José Omella, acudió durante aquellos años a una manifestación contra la pobreza). La imagen de una veintena de mitrados en la calle, junto a HazteOir o los que hoy conforman el principal partido de la ultraderecha española, Vox, tardará en evaporarse de una sociedad que contempló cómo la Conferencia Episcopal se convertía en el principal opositor del Gobierno entonces liderado por José Luis Rodríguez Zapatero.

Asistentes a la misa de Colón
Asistentes a la misa de Colón

Las misas en Colón y la plaza de Lima no hicieron sino confirmar una deriva que, hoy, continúa con sonoros escándalos muy mal resueltos mediáticamente, desde el drama de la pederastia a la exhumación de Franco, pasando por los silencios (calculados, muy mal calculados) a la hora de informar a la opinión pública (como muestra, dos botones recientes: el último plan pastoral de la CEE -el documento más importante, que marca la política de la Casa de la Iglesia en los próximos cuatro años- se colgó en la web un día de finales de julio, y no se informó del mismo hasta que, un día después, RD lo desveló; igual ocurrió con la web de ‘transparencia’ ante los abusos, que sólo se publicitó cuando, de nuevo, esta web le dio luz).

Y es que los obispos no saben y, lo que es peor, no quieren comunicar. Los medios les dan pavor, especialmente los que no controlan, pero también los que pasan por sus manos (no son de recibo algunos programas estrella de la emisora episcopal, por ejemplo). Pero tampoco quieren soltar el control de la información que se envía, no solo a la sociedad, sino también al Pueblo Santo de Dios.

La Asamblea Plenaria es el órgano que elige al secretario general de los obispos
La Asamblea Plenaria es el órgano que elige al secretario general de los obispos

Esta es una ocasión que, nos tememos, volverá a desperdiciarse. Esta semana, los obispos eligen secretario general y portavoz de la CEE. No es la voz de la Iglesia, pero para la opinión pública, seguramente, no habrá otra. ¿Por qué no confiar, en esta ocasión, y para que sirva de precedente, en profesionales laicos, especialistas en comunicación y dirección de empresas? ¿Por qué la Secretaría General y la Portavocía tienen que estar en manos de obispos o, como mucho, de eclesiásticos llamados a serlo? Siempre ha sido así, y no es precisamente el Episcopado español un especialista en renovaciones, pero la situación clama al cielo.

En un momento en que la sinodalidad se tiene que implantar, como razón de ser, en el trabajo cotidiano de la Iglesia, desperdiciar la oportunidad de que un laico (o mejor, una mujer), pueda ser responsable de la organización interna de los obispos españoles es un paso más en el camino hacia la absoluta irrelevancia. Sabemos que, a buen seguro, nuestro clamor caerá en saco roto, pero no por ello debemos de dejar de hacernos eco de lo que muchos hombres y mujeres de Iglesia, en público y en privado, constatan: ha llegado el tiempo de que la mayoría católica tome el mando, y la palabra, y participe, realmente, en la toma de decisiones en la Iglesia de nuestro país.

Congreso de Laicos de Valencia
Congreso de Laicos de Valencia

La Secretaria General y la Portavocía son solo el primer paso. Y, ni en eso, la Iglesia española sería pionera. Francia, Suiza, Bélgica, Alemania…. cada vez son más los episcopados que dan un paso para la normalidad, para entender que, sin los laicos, sin las mujeres, sin la vida religiosa, los obispos no serían más que unos señores oscuros sin ejército al que ordenar ir a la guerra.

Sean valientes, señores obispos, y ya que son ustedes los únicos que pueden hacerlo (¿cuándo habrá un organismo realmente representativo de la Iglesia española, y no únicamente de la casta jerárquica clerical?), opten por profesionales para gestionar, y comunicar, lo que hace, y vive, una Iglesia que no debe conformarse con encerrarse en los cuarteles de invierno de las ‘verdades inmutables’ de Juan Pablo II, y que todavía tiene, con el Evangelio de la mano, una función indispensable que construir en una sociedad que, lamentablemente, cada vez espera menos de los obispos. Se lo han ganado a pulso. ¿Están a tiempo de cambiar?

arse con encerrarse en los cuarteles de invierno de las ‘verdades inmutables’ de Juan Pablo II, y que todavía tiene, con el Evangelio de la mano, una función indispensable que construir en una sociedad que, lamentablemente, cada vez espera menos de los obispos. Se lo han ganado a pulso. ¿Están a tiempo de cambiar?

Jornada Mundial por el Trabajo Decente

La Conferencia Episcopal Española reclama una sociedad con “condiciones de trabajo dignas”

Ante la próxima celebración de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, los obispos han mostrado la necesidad de un sistema laboral “que ponga en el centro a las personas”

El viernes 7 de octubre distintas organizaciones de la Iglesia se unen, por octavo año consecutivo, para celebrar la Jornada Mundial por el Trabajo Decente bajo el lema ‘Sin compromiso no hay trabajo decente’. Ante ello, el departamento de Pastoral del Trabajo de la Conferencia Episcopal Española (CEE) se ha sumado también a esta celebración, y ha hecho público un mensaje en el que recuerda que “estamos llamados a construir un nuevo futuro del trabajo fundado en condiciones laborales decentes y dignas”.

“La iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente –coordinada por Cáritas, CONFER, la HOAC, Justicia y Paz, la JEC y la JOC– nos invita a que conmemoremos este día visibilizando las situaciones de precariedad e injusticia en la que se encuentran muchas personas trabajadoras porque sin conocer esta realidad no podremos hacer frente a sus causas”, señala la CEE.

En este sentido, y como signos de esta precariedad, el episcopado señala los “cerca de 3 millones de personas desempleadas que sigue habiendo en nuestro país, o que 3,5 millones de personas en España no llegan a final de mes pese a tener un empleo; el que medio millón de personas migrantes estén en una situación irregular y condenadas a sobrevivir de la economía informal, o que sean más de un millón de accidentes laborales los que se producen anualmente en nuestro país, 741 de los cuales resultaron mortales en 2021″.

Condiciones dignas

“Toda la sociedad se siente afectada por la situación social y económica en la que nos encontramos”, recuerdan los obispos, como consecuencia de “las últimas crisis vividas: la crisis financiera de 2008, la causada por la pandemia de la COVID y la actual, fruto de la guerra en Ucrania”. “La última crisis nos ha llevado a una situación de tensión, más allá del miedo y rechazo a la guerra, que está provocando, junto con otros factores, un empobrecimiento de la ciudadanía, que sufren más los trabajadores cuyos sueldos se están devaluando, con la consiguiente dificultad para hacer frente a gastos básicos”, apunta la CEE.

Así, los obispos españoles subrayan que “en estos tiempos de crisis es fundamental el diálogo y el compromiso por promover el bien común, para construir una sociedad sin excluidos donde el trabajo esté fundado en condiciones laborales decentes y dignas, una sociedad que ponga en el centro a las personas”.

Jornada Mundial del Migrante

Los obispos españoles reclaman “comunidades hospitalarias y acogedoras” en la Jornada Mundial del Migrante

La Subcomisión Episcopal para las Migraciones y la Movilidad Humana publica un mensaje para el día mundial del Migrante y del Refugiado

Con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebra el próximo 25 de septiembre, los obispos de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y la Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española han querido transmitir un mensaje de esperanza en medio de las dificultades que viven los migrantes. Y es que los prelados denuncian una “emergente epidemia de desesperanza” ante la que proponen redoblar los esfuerzos en el “servicio del reino de Dios”.

Lugar donde Dios habla

“Como una gran primavera, el futuro florece en cada momento y echa raíces en la siembra que hacemos hoy, en un mundo globalizado, regado con los flujos migratorios e interconectado”, alientan los obispos “tarea apremiante”. Desde la “semilla” de la resurrección, “a pesar de los inviernos, brota exultante desde la humildad, y necesita centinelas atentos que señalen y desvelen los signos de esta fuerza tenue y sencilla de la resurrección. Las migraciones, los movimientos humanos, la vida de los refugiados son hoy lugares privilegiados desde donde Dios nos habla”. Y es que, reclaman, “la construcción del futuro no es una idea desencarnada” ya que “cuenta con la sencillez del evangelio”. “Los creyentes tenemos mucho que aportar en este camino esperanzador y en la definición de horizontes. Por ello no podremos dejar que el futuro se construya solo o que otros lo edifiquen”, reclaman. “Necesitamos sacar lo mejor de nosotros para moldear juntos este proyecto de humanidad abierto y esperanzador”, es la invitación de los obispos.

Defensa de la dignidad

“Hoy se pone en cuestión el derecho a huir de guerras, hambrunas, de construir una vida familiar en entornos seguros, de buscar una vida digna. Es tiempo de atreverse a mirar el futuro de las migraciones con los ojos de Dios”, proponen los obispos. “La mirada de Dios nos hace caer en la cuenta de que hay un lenguaje común con otras maneras de pensar, y es el defender la dignidad humana, reconocerla y comprometernos con vitalizarla allí donde se pone en cuestión”, reclaman porque para los prelados “no hay futuro sin defensa de la inquebrantable dignidad de cada persona y de vivir con esa dignidad en nuestro mundo”.

Por ello, proponen “fijar la mirada en quienes pueden ser privados de la construcción de este futuro si no hacemos nada o si globalizamos la indiferencia” para lo que reivindican que “es tiempo de comenzar a edificar a ritmo de la justicia que mana de Dios” ya que “la urgencia de la justicia se da en un mundo dividido y lleno de brechas que se pueden sanar y reconciliar, y nunca convertir en rentas para provechos electorales y para alcanzar a poder”. También invitan a “ayudar a que sean sujeto de su propia construcción” para “construir juntos cada día un nosotros más grande”. Será así, proclaman, “un futuro con la sabiduría del migrante” que “se construye también preparando a nuestras comunidades para ser acogedoras y hospitalarias, tengan o no migrantes en su seno”. “Los migrantes a menudo no son vistos desde la clave de la dignidad o de su humanidad; hay otras claves en nuestra sociedad que les señalan y les contemplan como estorbo, invasores o ciudadanos de segunda. Son planteamientos dañinos que cruzan la vida ideológica, política o cultural, y que se cuelan en la vida de la fe”, advierten. Ante esto, piden estar “atentos a detectar, educar y evangelizar todo sesgo que nos repliegue en nosotros mismos y difunda en nuestros entornos mentalidades lejanas al Evangelio recibido”.

Tiempo de la creación

El clamor de la Iglesia española: «Escucha la voz de la creación»

Tiempo de la Creación

«Escucha la voz de la creación» es el tema y la invitación del Tiempo de la Creación de este año

Este período ecuménico comienza el 1 de septiembre con la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación y termina el 4 de octubre con la fiesta de san Francisco

La Conferencia Episcopal se une a esta Jornada a través de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social.

‘Crisis energética, paz y cuidado de la creación’ es el título que encabeza el texto que firman los obispos de esta Subcomisión

(Conferencia Episcopal Española).- “Escucha la voz de la creación” es el tema y la invitación del Tiempo de la Creación de este año. Este período ecuménico comienza el 1 de septiembrecon la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación y termina el 4 de octubre con la fiesta de san Francisco.

«Es un momento especial -explica el Santo padre- para que todos los cristianos recemos y cuidemos juntos nuestra casa común» y «una oportunidad para cultivar nuestra <conversión ecológica>». Y puntualiza que esta conversión fue alentada por san Juan Pablo II como respuesta a la “catástrofe ecológica” anunciada por san Pablo VI ya en 1970, en su discurso con motivo del 25º aniversario de la FAO.

Mensaje de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social

La Conferencia Episcopal se une a esta Jornada a través de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social. «Crisis energética, paz y cuidado de la creación» es el título que encabeza el texto que firman los obispos de esta Subcomisión.

Crisis energética, paz y cuidado de la Creación

El día 1 de septiembre celebramos la Jornada Mundial de Oración por el cuidado de la Creación. Es un momento especial en la vida de las naciones y en la vida de la Iglesia.

Vivimos el Tiempo de la Creación, que finaliza el 4 de octubre, día de san Francisco de Asís, en un contexto de conflicto bélico de gran repercusión en la vida de Europa y especialmente en Ucrania.Es el momento oportuno para renovar nuestra fe y nuestra oración, pues se ha puesto en cuestión la paz internacional y se están provocando graves daños a la casa común.

La guerra en Europa nos ha sorprendido a todos y ha puesto sobre la mesa la profunda interconexión entre la seguridad energética, el riesgo de un conflicto armado y el peligro de destrucción de toda forma de vida, que ya diagnosticó hace casi 60 años San Juan XXIII (1). Incluso, vuelven de nuevo amenazas y riesgos que parecían ya olvidados, pues en esta encrucijada emerge de nuevo con fuerza la “cuestión nuclear”, tanto en el caso del conflicto entre Rusia y Ucrania, como en otras partes del mundo.

La Carta encíclicaPacem in terris de San Juan XXIII hacía ya una llamada a “todos los hombres de buena voluntad” (2) a no sembrar el miedo en la humanidad y a no destruir la vida, una llamada que, desgraciadamente, sigue siendo actual en un tiempo como el nuestro, marcado por la guerra y la degradación medioambiental: “Los pueblos viven bajo un perpetuo temor, como si les estuviera amenazando una tempestad que en cualquier momento puede desencadenarse con ímpetu horrible. No les falta razón, porque las armas son un hecho” (3).

En la década de 1960 fue precisamente cuando emergió también la preocupación por la cuestión medioambiental; fue la época en la que las primeras voces científicas alertaron de la importancia del cuidado de la naturaleza y del profundo vínculo entre ese cuidado, la salud humana y la paz.

El Consejo Mundial de la Iglesiasinició, poco después, la iniciativa ecuménica “Justicia, Paz e Integridad de la Creación” con la que la Iglesia Católica, con el paso del tiempo, se ha identificado (4).

Crisis energética y crisis alimentaria

Hay una interdependencia evidente entre los atentados contra la paz y su incidencia en la casa común, en el orden de la Creación. Cuando ya estaba naciendo un cierto consenso para afrontar los problemas de fondo de la humanidad en el orden energético y en el orden alimentario, con la guerra se ha puesto en peligro el equilibrio en la disponibilidad de recursos alimentarios para numerosas poblaciones que dependen de los graneros sometidos a la violencia del conflicto y, sobre todo, están en riesgo alimentario importantes poblaciones de los países más pobres, pues son preferentemente esos países los que se están viendo especialmente afectados por las múltiples crisis sanitarias, geopolíticas y climáticas.

También los expertos, en su reciente Informe sobre Desarrollo Sostenible del año 2022, confirman el camino para superar el delicado momento actual: paz, diplomacia y cooperación internacional son las condiciones necesarias para que el mundo progrese hacia la consecución de los objetivos de la Agenda 2030. La guerra de Ucrania y otros conflictos militares son tragedias humanitarias que tienen un gran impacto en la prosperidad y en las sociedades del mundo entero, especialmente en los pobres, y tienen la capacidad de ampliar las crisis climáticas y de biodiversidad (5).

La comunidad internacional, y también nuestro país, se ha comprometido en estos últimos años, a realizar una transición hacia el uso de energía no contaminante y lograr una agricultura sostenible, pues “sabemos que la tecnología basada en combustibles fósiles muy contaminantes – sobre todo el carbón, pero aún el petróleo y, en menor medida, el gas – necesita ser reemplazada progresivamente y sin demora” (6).

Afrontar los problemas ambientales “es inseparable del análisis de los contextos humanos, familiares, laborales, urbanos, y de la relación de cada persona consigo misma, que genera un determinado modo de relacionarse con los demás y con el ambiente. Hay una interacción entre los ecosistemas y entre los diversos mundos de referencia social” (7). Y, en este caso, las diversas crisis retroalimentan procesos de empobrecimiento, especialmente en las personas más vulnerables y con menos recursos, como ya hemos visto en nuestro país: problemas para los transportistas, para los pequeños negocios, una alta inflación a la que se llama “el impuesto de los pobres”. De hecho, la crisis alimentaria ha supuesto una presión fuerte para la alimentación de los más pobres, pues la escasez fomenta la elevación de precios, y forma una alianza trágica con la presión de los precios de la energía. Todo ello incide en las condiciones de vida digna de los más vulnerables.

Tanto el papa Francisco, como la doctrina social de la Iglesia nos muestran la necesidad de vincular el cuidado de la Creación y el fortalecimiento de la fraternidad en cuestiones que son esenciales para la vida de las familias y su supervivencia en bastantes ocasiones.

Se nos ha recordado que las soluciones son complejas y requieren no solo de la innovación tecnológica y la adecuada financiación, también del diálogo político: “Para afrontar los problemas de fondo, que no pueden ser resueltos por acciones de países aislados, es indispensable un consenso mundial que lleve, por ejemplo, a programar una agricultura sostenible y diversificada, a desarrollar formas renovables y poco contaminantes de energía, a fomentar una mayor eficiencia energética” (8).

Pensábamos hasta hace poco que ese diálogo se había conseguido y nos encaminábamos hacia un continente en el que la protección del medioambiente y la paz eran metas a conseguir. “Durante décadas parecía que el mundo había aprendido de tantas guerras y fracasos y se dirigía lentamente hacia diversas formas de integración” (9). Sin embargo, la situación en la que nos encontramos ahora, nos hace ser más cautos y nos empuja a recordar que tanto la paz como el cuidado de las relaciones personales y entre las naciones siempre están amenazadas. Es una tarea que requiere de una atención constante y de una profundidad espiritual para poder sostenerse en el tiempo. Quizás sea esta la contribución especial que los cristianos podemos hacer en el complejo panorama actual. En este tiempo de la creación pedimos al Creador que nos conceda la paz y nos ayude a vivir la fraternidad entre los pueblos.

Que sea nuestro compromiso como comunidad cristiana, en esta Jornada Mundial de Oración, alimentar una “espiritualidad que consiste en ampliar lo que entendemos por paz, que es mucho más que la ausencia de guerra. La paz interior de las personas tiene mucho que ver con el cuidado de la ecología y con el bien común” (10).

Una Comisión de la Verdad

Colectivos de Iglesia exigen a la Conferencia Episcopal una «Comisión de la Verdad» para investigar la magnitud de la pederastia clerical en España

Víctimas del clero español durante una manifestación.
Víctimas del clero español durante una manifestación. EFE

Reclaman a la CEE que «cese la ocultación de los abusos y que establezca medidas eficaces de búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación para sus víctimas y para la protección de los menores»

«La llamada a que se haga la luz en los casos de abusos sexuales dentro de la Iglesia es también una llamada a otro modelo de Iglesia. Un modelo más horizontal basado en el concepto de Pueblo de Dios que estableció el Concilio Vaticano II»

«Es imprescindible que la Iglesia española pase de las tinieblas a la luz en el tema de los abusos. Y es hora de que todos hagamos lo que esté en nuestra mano para que esto suceda»

El escrito insta a obispos y religiosos a crear una comisión de investigación y una oficina centralizada, «financiada por la CEE y la CONFER» que, entre otras cosas, se ocupe de la ramitación e investigación de las denuncias de abusos, referidas tanto a hechos actuales como a hechos sucedidos en el pasado, la atención y acompañamiento psicosocial a las víctimas de abusos, y medidas de reparación y, en concreto, de indemnización a las víctimas, garantizando el principio de igualdad en su acceso y prestación

Entretanto, invitan a «asegurarse de que las declaraciones públicas de sus portavoces en ningún caso minimizan o relativizan la realidad de los abusos sexuales de menores y personas vulnerables dentro de la Iglesia Católica y el sufrimiento de las víctimas» y a que «en ningún caso las medidas de reparación o, en su caso, las indemnizaciones recibidas por las víctimas de casos de abusos sexuales dentro de la Iglesia se condicionan a un pacto de silencio sobre los hechos»

La carta abierta a la CEE, titulada ‘Pasar de las tinieblas a la luz’, y firmada por entidades como Alandar, Revuelta de Mujeres en la Iglesia, Redes Cristianas, Movimiento por el Celibato Opcional (MOCEOP) y Red Miriam de Espiritualidad Ignaciana Femenina, así como muchos cristianos de base (que pueden firmar aquí). Religión Digital se suma y suscribe esta iniciativa

Por Jesús Bastante

«2022 debe ser un año de verdad, justicia y reparación para las víctimas de abusos sexuales dentro de la Iglesia católica española». Esta es la exigencia de varios colectivos de Iglesia, que exigen a la Conferencia Episcopal que «cese la ocultación de los abusos y que establezca medidas eficaces de búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación para sus víctimas y para la protección de los menores».

«La falta de investigación sobre estos abusos y su negación o minimización por parte de la jerarquía de la Iglesia Católica española, especialmente por parte de la Conferencia Episcopal Española, es una vergüenza absoluta, una ofensa al Evangelio(«y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» -Jn, 8, 32-) y un gravísimo pecado de omisión. Constituye además, en muchos casos, un delito de encubrimiento«, señala la carta abierta a la CEE, titulada ‘Pasar de las tinieblas a la luz’, y firmada por entidades como Alandar, Revuelta de Mujeres en la Iglesia, Redes Cristianas, Movimiento por el Celibato Opcional (MOCEOP) y Red Miriam de Espiritualidad Ignaciana Femenina, así como muchos cristianos de base (que pueden firmar aquí). Religión Digital se suma y suscribe esta iniciativa.

Diputados firmantes de la iniciativa para una comisión de investigación
Diputados firmantes de la iniciativa para una comisión de investigación

En la misma, denuncian «la nueva victimización que se prolonga en el tiempo y que no hace sino aumentar su sufrimiento y multiplicar el horror».

Un gravísimo delito y un horrendo pecado

«Los abusos sexuales, especialmente los que se cometen contra menores y personas vulnerables, son una grave violación de los derechos humanos, un gravísimo delito y un horrendo pecado«, recuerdan los firmantes, que insisten en «un daño inmerecido e injustificable que ha condicionado la vida de personas inocentes hasta el punto de conducir a algunas de ellas hasta el suicidio ante el silencio, la indiferencia y la cobardía de muchos«.

Una situación, la de la inacción de los obispos españoles, que «contrasta con lo que ha ocurrido en otros países, en que los pasos dados han reconfortado a las víctimas sin suponer con ello el fin de la Iglesia, sino precisamente todo lo contrario».

«Queremos hacer un acto de contrición y pedir perdón a las víctimas de abusos sexuales dentro de la Iglesia Católica española, pues somos conscientes de que hemos guardado silencio por demasiado tiempo y a menudo hemos ignorado el horror que vivieron y el terrible dolor que les causó», admite la nota. «Nosotros también hemos pecado de omisión. Este manifiesto busca activamente ese perdón y aspira a ser una muestra de solidaridad, un abrazo cariñoso y arrepentido a nuestros hermanos que no hemos sabido escuchar, abrazar e intentar sanar».

La 'Revuelta de mujeres en la Iglesia', Premio Alandar
La ‘Revuelta de mujeres en la Iglesia’, Premio Alandar

La magnitud de los abusos

«Nadie conoce verdaderamente la magnitud de los abusos sexuales dentro de la Iglesia Católica en nuestro país«, lamenta el comunicado, que agradece la labor periodística y, en especial, el recuento llevado a cabo por El País. Unos datos «admitidos a regañadientes por la CEE» y que, «tristemente no son más que la punta del iceberg de un drama que se alimenta del silencio y la ocultación».

Un silencio y una «actitud defensiva» que desde hace décadas preside la actitud oficial de la Conferencia Episcopal, y que «no ha cambiado, a pesar de que sucesivos escándalos de abusos han ido afectando a un país tras otro, tanto en el mundo anglosajón -Australia- como en Europa -Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Holanda, Polonia- como en América Latina -Chile, Colombia, México-«.

Omella y Cañizares
Omella y Cañizares

Los pasos dados hasta la fecha, «aun siendo positivos, son tremendamente insuficientes y se han tomado solo después de que la valiente denuncia de unas decenas de víctimas y la presión mediática y social generada por ellas haya puesto el tema de los abusos dentro de la Iglesia Católica en un plano destacado para la opinión pública».

«Todo este drama tiene mucho que ver con una cierta concepción de la Iglesia basada en el concepto de jerarquía y en el poder del estamento clerical», denuncian estos colectivos. Por eso, «la llamada a que se haga la luz en los casos de abusos sexuales dentro de la Iglesia es también una llamada a otro modelo de Iglesia. Un modelo más horizontal basado en el concepto de Pueblo de Dios que estableció el Concilio Vaticano II».

Veinte años de Spotlight

«En 2022, cuando se cumplen 20 años de la serie de reportajes del Boston Globe que terminó de desenmascarar la realidad de los abusos en la Iglesia estadounidense, y tres desde la cumbre anti-pederastia es imprescindible que la Iglesia española pase de las tinieblas a la luz en el tema de los abusos. Y es hora de que todos hagamos lo que esté en nuestra mano para que esto suceda», reclama la carta abierta.

Spotlight
Spotlight AGencias

¿Qué hacer en concreto? Estas son las peticiones:

 1. Creación de una Comisión de la Verdad, financiada por la Conferencia Episcopal Española (CEE) y la Confederación de Religiosos de España (CONFER) pero con un mandato independiente que investigue la verdadera magnitud de los abusos sexuales dentro de la Iglesia Católica Española. 

2. Creación de una oficina centralizada, financiada por la CEE y la CONFER, que establezca criterios unánimes de actuación y revise la adecuación de los protocolos de actuación de las diócesis y las órdenes religiosas españolas en materia de abusos sexuales a menores y otras personas vulnerables. Dichos criterios de actuación deben ser coherentes con las normas promulgadas durante los últimos años por el Vaticano y han de cubrir los siguientes aspectos:• Tramitación e investigación de las denuncias de abusos, referidas tanto a hechos actuales como a hechos sucedidos en el pasado.• Atención y acompañamiento psicosocial a las víctimas de abusos.• Medidas de reparación y, en concreto, de indemnización a las víctimas, garantizando el principio de igualdad en su acceso y prestación.• Creación de entornos seguros para los menores y otras personas con un enfoque en el que dichos menores y personas vulnerables sean protagonistas y no meros objetos de intervención.

3. Mientras se dan los pasos para la puesta en marcha de esta comisión y esta oficina, los obispos y los y las superioras religiosas españolas deben poner en marcha algunas medidas de extrema urgencia:• Asegurarse de que las declaraciones públicas de sus portavoces en ningún caso minimizan o relativizan la realidad de los abusos sexuales de menores y personas vulnerables dentro de la Iglesia Católica y el sufrimiento de las víctimas.• Asegurarse de que cualquier denuncia de abusos sexuales de menores y personas vulnerables dentro de la Iglesia Católica es investigada con la mayor celeridad posible, poniendo rápidamente en conocimiento del poder judicial los hechos que pudieran ser constitutivos de delito y colaborando en su investigación al tiempo que desarrollan, cuando proceda, la investigación canónica correspondiente.• Asegurarse de que cualquier sacerdote, religioso o agente de pastoral que es acusado de abusos es apartado de sus funciones hasta que se resuelva la investigación del caso.• Asegurarse de que las víctimas que han denunciado en el pasado o que denuncian nuevos casos reciben el apoyo psicosocial que necesitan y acceden con el mayor grado de transparencia posible a los datos y documentos relativos a su caso.• Asegurarse de que en ningún caso las medidas de reparación o, en su caso, las indemnizaciones recibidas por las víctimas de casos de abusos sexuales dentro de la Iglesia se condicionan a un pacto de silencio sobre los hechos.• Establecer unos baremos para dichas medidas de reparación y, en concreto, indemnizaciones que garanticen que sean adecuadas, dignas y proporcionadas y que no supongan una ofensa y una revictimización.• Abstenerse de utilizar, en los casos de abusos sexuales de menores y personas vulnerables dentro de la Iglesia, tácticas de defensa judicial o extrajudicial agresivas, que supongan el menoscabo, el desprestigio o la desacreditación de las víctimas, exponiéndolas así a un nuevo proceso de victimización.

«Esperamos que los obispos y superiores y superioras religiosas españoles sepan escuchar el clamor del Pueblo de Dios. Especialmente, el clamor de las víctimas», finaliza la nota, que vuelve a pedir perdón a las víctimas y les muestran su compromiso «de abrir nuestros propios espacios de escucha y acompañamiento, en la medida de nuestras posibilidades».

Iglesia
Iglesia

Pasar de las tinieblas a la luz

Carta abierta a la Conferencia Episcopal Española

2022 debe ser un año de verdad, justicia y reparación para las víctimas de abusos sexuales dentro de la Iglesia Católica española

Las asociaciones, comunidades y colectivos de personas cristianas de base, así como las personas individuales abajo firmantes, queremos manifestar, en este comienzo del año nuestro deseo y nuestra exigencia de que 2022 sea el año en que la Iglesia Católica Española pase de las tinieblas a la luz y proporcione a las víctimas de abusos sexuales en su seno la verdad, la justicia y reparación que merecen y necesitan y que por tanto tiempo les han sido negadas. Esta negación ha supuesto una nueva victimización que se prolonga en el tiempo y que no hace sino aumentar su sufrimiento y multiplicar el horror.

Los abusos sexuales, especialmente los que se cometen contra menores y personas vulnerables, son una grave violación de los derechos humanos, un gravísimo delito y un horrendo pecado(«Al que escandalice a uno de estos pequeños, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar» -Mt, 18,6-). Son, ante todo, un daño inmerecido e injustificable que ha condicionado la vida de personas inocentes hasta el punto de conducir a algunas de ellas hasta el suicidio ante el silencio, la indiferencia y la cobardía de muchos.

La falta de investigación sobre estos abusos y su negación o minimización por parte de la jerarquía de la Iglesia Católica española, especialmente por parte de la Conferencia Episcopal Española, es una vergüenza absoluta, una ofensa al Evangelio(«y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» -Jn, 8, 32-) y un gravísimo pecado de omisión. Constituye además, en muchos casos, un delito de encubrimiento.Abusos del clero

Todo ello contrasta con lo que ha ocurrido en otros países, en que los pasos dados han reconfortado a las víctimas sin suponer con ello el fin de la Iglesia, sino precisamente todo lo contrario: el camino hacia la recuperación de la confianza en una institución que debe ser coherente con los valores que la fundamentan y con el acompañamiento de las personas que sufren.

Las asociaciones, comunidades y colectivos de personas cristianas de base abajo firmantes queremos hacer un acto de contrición y pedir perdón a las víctimas de abusos sexuales dentro de la Iglesia Católica española, pues somos conscientes de que hemos guardado silencio por demasiado tiempo y a menudo hemos ignorado el horror que vivieron y el terrible dolor que les causó. Nosotros también hemos pecado de omisión. Este manifiesto busca activamente ese perdón y aspira a ser una muestra de solidaridad, un abrazo cariñoso y arrepentido a nuestros hermanos que no hemos sabido escuchar, abrazar e intentar sanar.

Nadie conoce verdaderamente la magnitud de los abusos sexuales dentro de la Iglesia Católica en nuestro país. Existiendo estudios cualitativos y cuantitativos limitados por parte de diversas Universidades españolas (UPV, UOC, UB, UPNA), tristemente, el recuento más completo es el que realiza el diario El País, gracias en buena parte al empeño y coraje de los periodistas Julio Núñez e Íñigo Domínguez, quienes en octubre de 2018 comenzaron a bucear en ese mundo de dolor y vidas rotas en el que viven buena parte de las víctimas de abusos sexuales dentro de la Iglesia.

Según sus datos, desde los años treinta ha habido en España al menos 602 casos de sacerdotes, religiosos y laicos ligados a la Iglesia que abusaron de la confianza y la inocencia de 1.237 menores. Muchos más de los 220 admitidos a regañadientes por la CEE y muchos menos de los que, según todos los expertos en el tema, realmente existen. Tristemente, estas cifras no son más que la punta del iceberg de un drama que se alimenta del silencio y la ocultación.

Cuando el alcance sistemático de los abusos sexuales a menores dentro de la Iglesia Católica en Estados Unidos e Irlanda empezó a ser conocido a finales de los años 90 y comienzos de este siglo, la Iglesia española -como muchas otras- adoptó una actitud defensiva hacia el tema, alegando que nuestro país era diferente.Abusos

Esa actitud defensiva no ha cambiado, a pesar de que sucesivos escándalos de abusos han ido afectando a un país tras otro, tanto en el mundo anglosajón -Australia- como en Europa -Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Holanda, Polonia- como en América Latina -Chile, Colombia, México-. El jesuita Hans Zollner, uno de los hombres de confianza del papa Francisco asegura que los abusos dentro de la Iglesia Católica son un problema tristemente universal.

Los pasos dados por algunas instituciones católicas -diócesis y órdenes religiosas- para investigar algunas denuncias de abusos, prestar atención a las víctimas y crear protocolos de protección a menores, aun siendo positivos, son tremendamente insuficientes y se han tomado solo después de que la valiente denuncia de unas decenas de víctimas y la presión mediática y social generada por ellas haya puesto el tema de los abusos dentro de la Iglesia Católica en un plano destacado para la opinión pública. No basta decir que existen oficinas para las víctimas y protocolos de prevención, sin escuchar qué opinan las víctimas de dichas oficinas y de dichos protocolos que ni siquiera incluyen la palabra “reparación”.

Todo este drama tiene mucho que ver con una cierta concepción de la Iglesia basada en el concepto de jerarquía y en el poder del estamento clerical. Una concepción que nada tiene que ver ni con la idea de Pueblo de Dios ni con el Evangelio («Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» -Mc 9,35-). Por eso, la llamada a que se haga la luz en los casos de abusos sexuales dentro de la Iglesia es también una llamada a otro modelo de Iglesia. Un modelo más horizontal basado en el concepto de Pueblo de Dios que estableció el Concilio Vaticano II.

En 2022, cuando se cumplen 20 años de la serie de reportajes del Boston Globe que terminó de desenmascarar la realidad de los abusos en la Iglesia estadounidense, y tres desde la cumbre anti-pederastia es imprescindible que la Iglesia española pase de las tinieblas a la luz en el tema de los abusos. Y es hora de que todos hagamos lo que esté en nuestra mano para que esto suceda. Porque, como dice el proverbio chino, «vale más encender una vela que maldecir en la oscuridad».

Por eso, parafraseando humildemente a San Óscar Romero, arzobispo mártir de San Salvador por denunciar la represión que sufría su pueblo, le suplicamos, le rogamos, le exigimos a la Iglesia española que cese la ocultación de los abusos y que establezca medidas eficaces de búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación para sus víctimas y para la protección de los menores.Protestas abusos en la Iglesia

Esa petición y exigencia debería concretarse en los siguientes puntos:

1. Creación de una Comisión de la Verdad, financiada por la Conferencia Episcopal Española (CEE) y la Confederación de Religiosos de España (CONFER) pero con un mandato independiente que investigue la verdadera magnitud de los abusos sexuales dentro de la Iglesia Católica Española. Dicha comisión debe seguir el ejemplo de lo que se ha hecho en otros países como IrlandaAlemaniaEstados Unidos o, más recientemente, Francia; y de la Iglesia portuguesa, que ha anunciado que creará esa comisión a lo largo de los próximos meses.

2. Creación de una oficina centralizada, financiada por la CEE y la CONFER, que establezca criterios unánimes de actuación y revise la adecuación de los protocolos de actuación de las diócesis y las órdenes religiosas españolas en materia de abusos sexuales a menores y otras personas vulnerables. Dichos criterios de actuación deben ser coherentes con las normas promulgadas durante los últimos años por el Vaticano y han de cubrir los siguientes aspectos:• Tramitación e investigación de las denuncias de abusos, referidas tanto a hechos actuales como a hechos sucedidos en el pasado.• Atención y acompañamiento psicosocial a las víctimas de abusos.• Medidas de reparación y, en concreto, de indemnización a las víctimas, garantizando el principio de igualdad en su acceso y prestación.• Creación de entornos seguros para los menores y otras personas con un enfoque en el que dichos menores y personas vulnerables sean protagonistas y no meros objetos de intervención.

3. Mientras se dan los pasos para la puesta en marcha de esta comisión y esta oficina, los obispos y los y las superioras religiosas españolas deben poner en marcha algunas medidas de extrema urgencia:• Asegurarse de que las declaraciones públicas de sus portavoces en ningún caso minimizan o relativizan la realidad de los abusos sexuales de menores y personas vulnerables dentro de la Iglesia Católica y el sufrimiento de las víctimas.• Asegurarse de que cualquier denuncia de abusos sexuales de menores y personas vulnerables dentro de la Iglesia Católica es investigada con la mayor celeridad posible, poniendo rápidamente en conocimiento del poder judicial los hechos que pudieran ser constitutivos de delito y colaborando en su investigación al tiempo que desarrollan, cuando proceda, la investigación canónica correspondiente.• Asegurarse de que cualquier sacerdote, religioso o agente de pastoral que es acusado de abusos es apartado de sus funciones hasta que se resuelva la investigación del caso.• Asegurarse de que las víctimas que han denunciado en el pasado o que denuncian nuevos casos reciben el apoyo psicosocial que necesitan y acceden con el mayor grado de transparencia posible a los datos y documentos relativos a su caso.• Asegurarse de que en ningún caso las medidas de reparación o, en su caso, las indemnizaciones recibidas por las víctimas de casos de abusos sexuales dentro de la Iglesia se condicionan a un pacto de silencio sobre los hechos.• Establecer unos baremos para dichas medidas de reparación y, en concreto, indemnizaciones que garanticen que sean adecuadas, dignas y proporcionadas y que no supongan una ofensa y una revictimización.• Abstenerse de utilizar, en los casos de abusos sexuales de menores y personas vulnerables dentro de la Iglesia, tácticas de defensa judicial o extrajudicial agresivas, que supongan el menoscabo, el desprestigio o la desacreditación de las víctimas, exponiéndolas así a un nuevo proceso de victimización.

Esperamos que los obispos y superiores y superioras religiosas españoles sepan escuchar el clamor del Pueblo de Dios. Especialmente, el clamor de las víctimas.

Mientras eso se produce, les ofrecemos a las víctimas, con toda humildad, toda indignación y toda admiración hacia aquellas que, a pesar de todo, se han atrevido a denunciar estos crímenes horrendos, nuestra solidaridad y nuestro abrazo. También el compromiso de abrir nuestros propios espacios de escucha y acompañamiento, en la medida de nuestras posibilidades.

Alandar

Revuelta de Mujeres en la Iglesia

Redes Cristianas

Movimiento por el Celibato Opcional (MOCEOP)

Red Miriam de Espiritualidad Ignaciana Femenina

P.D.: Invitamos a todas las asociaciones, comunidades y colectivos cristianos, así como a todas las personas de buena voluntad a que se sumen a esta petición. Lo pueden hacer a través de este link: https://bit.ly/cartaabiertaabusos.

Las Semanas Sociales de la Iglesia

La Conferencia Episcopal reinventa las Semanas Sociales para “regenerar la vida pública” 

Tras la pandemia, los obispos reactivan este foro de reflexión en Sevilla el último fin de semana de noviembre, con un trabajo previo en las diócesis 

El arzobispo Saiz Meneses defiende que “la Iglesia es de Cristo y del Evangelio, ni de derechas ni de izquierdas y tiene una Doctrina Social rica que ilumina las sociedades” 

La Conferencia Episcopal ha dado un giro a lo que tradicionalmente se han conocido como Semanas Sociales y que arrancaron en 1906, los foros de reflexión que desde hace décadas promueve la Iglesia española en materia política, económica, solidaridad… 
Para ello, se ha buscado involucrar a las diócesis para esta primera edición postpandemia en una fase preparatoria. En las doce Iglesias locales que se han involucrado, se ha llevado a cabo un trabajo previo de debate en torno a la guía elaborada por la Junta Nacional de las Semanas Sociales, “La regeneración de la vida pública. Una llamada al bien común y la participación”. 

Con sus conclusiones, se desembarcará en la XLIII Semana Social de España que tendrá lugar en Sevilla del 25 al 27 de noviembre, de la mano de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Promoción HumanaEn la cita, participarán, entre otros, el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, la ex ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, y la secretaria general de Cáritas, Natalia Peiro

Universidad ambulante 

“Las Semanas Sociales han sido tradicionalmente una universidad ambulante de la Doctrina Social de la Iglesia, porque políticos, empresarios, docentes iban a un lugar concreta a compartir sus inquietudes“, expuso Jesús Avezuela, presidente de estas jornadas y director general de la Fundación Pablo VI, durante la rueda de presentación de este encuentro, en la que estuvo acompañado por el arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses. 

El arzobispo subrayó la importancia de este foro en tanto que busca “el discernimiento del aquí y el ahora de la Iglesia” para “el bien común de la sociedad a la luz del humanismo cristiano”. “No se trata de encontrar maquillajes o remedios superficiales” al contexto actual, expuso Saiz Meneses, que hizo un llamamiento a “regenerar los valores morales y sociales que se consideran perdidos o que han quedado disminuidos”. El prelado explicó que se trata de “una tarea profunda y compleja que requiere de todos los agentes y de todas las instancias de la sociedad”. 

No soluciones técnicas 

Sobre la duda que planea siempre sobre la pertinencia o no de que la Iglesia hable de política, Saiz Meneses que “la Iglesia es de Cristo y del Evangelio, ni de derechas ni de izquierdas y tiene una Doctrina Social rica que ilumina la vida de las personas y las sociedades”. Con esta premisa, el pastor echó mano de la encíclica ‘Caritas in veritate’ de Benedicto XVI para subrayar que “la Iglesia no ofrece soluciones técnicas a los problemas económicos sino criterios”. 

“El Evangelio y Cristo no son una realidad espiritualista desencarnadas”, insistió el arzobispo que aclaró que  “nunca debe entrar en política, pero sí iluminar las situaciones de las personas, las familias y las sociedades, iluminar problemáticas concretas”. 

No vivir aislados 

Precisamente, desde esta mirada justificó que los cristianos “como ciudadanos han de contribuir al buen funcionamiento de la sociedad, de sus estructuras y realidad”. “El laico cristiano no vive aislado y está llamado a ser sal, luz y fermento en la masa. No solo es aconsejable su presencia, sino que es un deber que nace de su propia vocación de bautizado”, añadió. 

Avezuela rechazó este “miedo a que la Iglesia se mete en problemas públicos” en tanto que “sería traicionar a la propia esencia de las semanas sociales”