Beato Rutilio Grande, Celam, obispo Proaño y San Romero

«Expertos del poder político descubrieron la capacidad peligrosamente transformadora del método de Rutilio»

Romero y Rutilio
Romero y Rutilio

«El Celam asumió la tarea de servir en América Latina a esta “conversión eclesial” compartiendo esa centralidad en Jesús y en la construcción del reino del Padre»

«Con el obispo Proaño y con su pueblo, Rutilio aprendió a ser y a obrar en la forma que, sin buscarlo, encontró el martirio»

«El Equipo del Celam esta vez incluyó a Ignacio Ellacuría con su valioso aporte local, jesuita quien fue también martirizado años después»

«El poder político cometió su crimen. Pero el Padre, Amor misericordioso, los ha elevado ante el mundo como monumento de ejemplo que invita a ser la ‘Iglesia en conversión continua'»

24.03.2022 | Edgard R. Beltrán

Rutilio Grande fue beatificado el 22 de enero del 2022, mártir por la fe y la justicia.  Rutilio fue el fruto de una exigente e ininterrumpida “conversión eclesial”.

 “Conversión Eclesial” es un giro, un cambio hacia una CENTRALIDAD: JESÚS COMO CENTRO Y COMO CENTRO DE JESÚS ES LA CONSTRUCCIÓN DEL REINO DEL PADRE.  Hacia esto se centra el Concilio Vaticano II y su modelo de Iglesia como “Pueblo de Dios”, centrado en Jesús y en la construcción de ese reino (LG.9). El Celam se guía del Concilio en su centralidad en Jesús y en el reino y vive esa centralidad en la histórica reunión eclesial de Medellín, que es el mejor fruto del Vaticano II.   

El Celam asumió la tarea de servir en América Latina a esta “conversión eclesial” compartiendo esa centralidad en Jesús y en la construcción del reino del Padre.  Fue una época de “primavera eclesial” en el Continente que dejó varios ejemplos de esta “conversión eclesial impulsada por la divina dinámica de la Centralidad en Jesús y el reino”. 

Rutilio Grande, Manuel Solórzano, Nelson Rutilio Lemu y Cosme Spessotto
Rutilio Grande, Manuel Solórzano, Nelson Rutilio Lemu y Cosme Spessotto

El Beato Rutilio Grande, con su sangre de “mártir”, es un “testigo” de esa “conversión eclesial” que vivió en un giro ininterrumpido hacia esa “CCENTRALIDAD” EN JESÚS Y EL REINO DEL PADRE, con la guía del Concilio Vaticano II y a la luz de la reunión eclesial de Medellín. 

 El Celam fue su acompañante desde el inicio de su “conversión eclesial”, por medio del Departamento de Pastoral de Conjunto, tanto con su Equipo Ejecutivo, a quien consultó, como con su Instituto de Pastoral para América Latina, el Ipla en Quito, en el que participó. Pero lo más especial fue su convivir con el obispo Leonidas Proaño,  presidente del Departamento del Celam  y obispo de Riobamba, cerca  de Quito, un obispo ejemplo de “conversión eclesial”, tanto en su persona como en su ministerio transformador en su Iglesia diocesana. Con el obispo Proaño y con su pueblo, Rutilio aprendió a ser y a obrar en la forma que, sin buscarlo, encontró el martirio.

Este “testigo” con su martirio a causa de su “conversión eclesial centralizada”, fue lo que golpeó a Oscar Romero, quien fue su arzobispo por 18  días (del 22 de febrero de 1977 al 12 de marzo), y quien así lo manifestó: “Si lo han asesinado por lo que hizo, yo tengo que seguir el mismo camino. Rutilio me ha abierto los ojos”.  El arzobispo desde ese momento vivió su “conversión eclesial centralizada” que, sin buscarlo, también selló con su histórico martirio, San Romero.      

El Beato Rutilio Grande inició esta etapa de “conversión eclesial centralizada” en una ocasión sencilla y casi sin saberlo, impulsado por su inquietud y su apertura al discernimiento.  Fue un paso que dio ayudado ocasionalmente por el Celam. 

Romero y Rutilio
Romero y Rutilio

El arzobispo de San Salvador, don Luis Chávez, había participado en el Concilio Vaticano II y éste lo transformó. Para aplicarlo en su pastoral, aprovechó la colaboración del  Celam con las “Semanas Pastorales” que el Departamento de Pastoral de Conjunto del Celam organizaba en  cumplimiento de la tarea de servir en América Latina a una “Iglesia en conversión  centralizada” a la luz  del Concilio Vaticano II y de su aplicación en el Continente  a partir de la reunión eclesial en Medellín. Centralizado el mensaje con este contenido, l se utilizaba una metodología inductiva y participativa que contribuía a edificar la comunidad eclesial, para que continuara viva después de la semana. Casi todos los países de América Latina pidieron al Departamento de Pastoral de Conjunto del Celam este servicio que lo realizaba el Equipo Ejecutivo del Departamento con la aprobación de su presidente, el obispo Leonidas Proaño. El Equipo del Celam esta vez incluyó a Ignacio Ellacuría con su valioso aporte local, jesuita quien fue también martirizado años después

 En esta Semana Pastoral hubo dos personas que ahora nos interesan. Uno, que fue invitado y no asistió, el obispo auxiliar Oscar Romero, solamente se le veía en el comedor. El otro, que no fue invitado, pero que asistió como pudo en varios momentos desde la puerta del salón, el jesuita encargado de la administración del seminario, quien no fue invitado por no trabajar directamente en la pastoral, Rutilio Grande.

En algún momento, en privado, Rutilo le comentó a uno del equipo del Celam que él estaba deseando detener un poco sus actividades para discernir sobre su vida y que oyendo un poco los temas de la Semana Pastoral había pensado preguntarle sobre algún lugar favorable para este fin. Este le respondió que lo mejor podría ser participar en el Ipla. El tiempo de seis meses que duraba el curso era muy propicio. El contenido iba precisamente en esa dirección de contribuir a un discernimiento en una línea de “conversión eclesial”.  Los formadores que se turnaban cada semana eran de lo mejor, personas muy competentes en sus respectivas materias, y además con un total compromiso de vida en una Iglesia como Pueblo de Dios desde la base con el pobre. La metodología era la indicada para formación de “comunidad eclesial”. La transformación de los participantes era palpable, causa de queja de algunos obispos y de agradecimiento de muchos. 

Leónidas Proaño
Leónidas Proaño

Le precisó, además, que el participar en el Ipla tendría una posibilidad aún mejor, convivir con el obispo Proaño y su Pueblo en la diócesis de Riobamba, ojalá cada fin de semana. Vivir con él como persona, como cristiano, como obispo y convivir con esa comunidad eclesial diocesana, seguramente sería una de las gracias más enriquecedoras de su vida, se le aseguró a Rutilio. Él lo aceptó, fue al Ipla y así también aprovechó para ir a Riobamba todos los fines de semana del semestre menos tres. Esta vivencia le comunicó a su ser y a su obrar el giro ya irreversible en el caminar en su “conversión eclesial”. 

Así Rutilio lo confesó agradecido al obispo Proaño y a su Pueblo, así se le vio a su regreso en su vida personal y así lo practicó en su nuevo ejercicio pastoral. Así se beneficiaron sus feligreses agradecidos y transformados. Así lo notaron sus amigos que se le acercaron.  Así lo señalaron los obispos de su país que en su mayoría lo descalificaron. Así lo señaló la clase dirigente que se incomodó asustada

Así lo enmarcó el poder político que lo caracterizó como el constructor peligroso de un mundo diferente al que ellos dominaban. Los pobres se capacitaban como sujetos de su superación, los analfabetos manipulables se transformaban en formadores comunitarios, la envidia destructora del pobre contra el pobre estaba siendo reemplazada por algo que llamaban “comunidad desde la base popular”, todas y todos como una familia.   El poder político se desconcertó, pues un cura no era para meterse en estos cambios. Investigaron a Rutilio y lo vieron como un campesino igual a todos, pobre y sencillo. Los espías (“orejas”) enviados a sus reuniones informaban que casi no hablaba, preguntaba mucho a la gente y los ponía a pensar.

Leían el evangelio y lo comparaban con su situación, todas y todos hablaban de Jesús como de un hermano más del grupo y siempre salían con una tarea que ellos mismos se imponían para hacer de su situación algo más parecido a un tal reino. Los espías no veían nada raro. Pero expertos del poder político descubrieron la capacidad peligrosamente transformadora del método de Rutilio. Supieron que Rutilio había ido al Ecuador y de allí había regresado así. En comunicación entre militares supieron que en Ecuador tenían el mismo problema con el obispo Proaño de Riobamba que estaba “dañando a los indios”.  Rutilio se fue enterando de todo, como se lo comentó serenamente en una ocasión al amigo del Celam que le había aconsejado ir al Ipla y a Riobamba con el obispo Proaño. 

Leónidas Proaño
Leónidas Proaño

La convivencia igualitaria de Rutilio con el campesino pobre era mutua. Caminaban juntos,  todos y todas eran  iguales por el bautismo en la dignidad  de  hijos e hijas del mismo Padre Dios, hermanos y hermanas iguales en la misma misión y solidarios en sus riesgos. El poder político había decidido actuar violentamente. Torturó y expulsó del país al sacerdote colombiano Mario Bernal. Rutilio proclamó valientemente en la homilía:

”Es peligroso ser cristiano en nuestro medio! ¡Prácticamente es ilegal ser católico en nuestro país! ¡Ay de ustedes, hipócritas, que se hacen llamar católicos y por dentro son inmundicia y maldad! Son Caínes y crucifican al Señor cuando camina con el nombre del humilde trabajador del campo. Mucho me temo, hermanos, que si Jesús de Nazaret volviera ahora y bajara de Chalatenango a San Salvador, yo me atrevo a decir que no llegaría con sus homilías y acciones a Apopa. Lo acusarían de revoltoso, de judío extranjero, con ideas extrañas, contrarias a las del clan de Caínes. Sin duda, hermanos, lo volverían a matar.”   (Homilía recogida por Martin Maier en su libro) 

Conscientemente temerosa del peligro, la comunidad parroquial perseveraba en el caminar junto con Jesús y entre ellos en su común misión de bautizados. Manuel de 72 años y Nelson de 14, apoyados por sus familias y su comunidad, seguían caminando junto a Rutilio como tres bautizados iguales en una misma misión compartida. Así los ubicó el poder político y así,  juntos e iguales los tres bautizados,  fueron  asesinados  

El poder político cometió su crimen. Pero el Padre, Amor misericordioso, los ha elevado ante el mundo como monumento de ejemplo que invita a ser la “Iglesia en conversión continua”, centralizada siempre en Jesús y el reino, cuyos miembros por el bautismo son hijos e hijas del mismo Padre y herman@s iguales entre, encargados de la misma misión de la construcción del reino, con Jesús y entre ellos “caminando juntos”. En palabras del Papa Francisco, la IGLESIA SINODAL, como ha debido ser desde el comienzo, y como va a ser en este tercer milenio y para siempre. Rutilio, Manuel y Nelson son ejemplo desafiante para obispos y clérigos y laicos y son intercesores.

Homenaje '¡Rutilio vive!'
Homenaje ‘¡Rutilio vive!’

¡Así lo dijo el Obispo Proaño en Riobamba al regresar de enterrar a San Romero!  

Misión CELAM

Misión Celam: De la Asamblea Eclesial al Sínodo de Sinodalidad no hay mucho trecho

Reportaje Misión Celam
Reportaje Misión Celam

Este acontecimiento latinoamericano y caribeño que culminó, en una primera etapa el 28 de noviembre y con 41 desafíos pastorales en ciernes, ha servido de laboratorio de sinodalidad

El cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos, fue testigo en primera línea de la Asamblea Eclesial. No dudó en afirmar que «ha sido una experiencia eclesial muy interesante»

Rodrigo Guerra apunta: «la Iglesia abre una novedad no solo eclesial, sino social, promoviendo una amplia participación para incluir a diversos sectores y desde esa realidad encontrar nuevos caminos para renovar»

Gloria Liliana Franco saca punta de todo este proceso sinodal y de Asamblea e insiste que la sinodalidad «supone ubicarnos en el lugar de la humildad» y, especialmente, «reconocer esas actitudes que han estado alejadas en el modo de ser de Dios porque son verticales, abusivas o conclusivas y desprovistas de misericordia»

El discernimiento fue clave en el proceso de Asamblea Eclesial, cuyo corolario se encuentra en 41 desafíos pastorales, con los que se han puesto en el horizonte diversas realidades de América Latina y el Caribe como los abusos, el clericalismo, la pobreza, la exclusión, el cuidado de la Casa común, el protagonismo de jóvenes y mujeres

Por Ángel Morillo

De la Asamblea Eclesial al Sínodo de Sinodalidad no hay mucho trecho. Este acontecimiento latinoamericano y caribeño que culminó, en una primera etapa el 28 de noviembre y con 41 desafíos pastorales en ciernes, ha servido de laboratorio de sinodalidad, que en palabras de Gloria Liliana Franco, presidenta de la Confederación  Latinoamericana de Religiosos (CLAR), “supondrá ofrecer el propio don y exigirá abandonar la tentación de sentirnos superiores a los demás”. Por ende, “el imperativo es a vivir la unidad sobre la experiencia de la propia identidad y con conciencia de la innegable diferencia de todos”, recalca.

El cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos, fue testigo en primera línea de la Asamblea Eclesial. No dudó en afirmar que “ha sido una experiencia eclesial muy interesante” y, “para ser sincero, regreso con mucha más información en mi bagaje que cuando llegué, porque pienso que esta Iglesia está muy bien preparada en términos de sinodalidad”.

Con ello convalida los esfuerzos emprendidos por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), como de las diversas instancias eclesiales involucradas, en dar estos primeros pasos de lo que el papa Francisco ha pedido: escuchar al Pueblo de Dios, en especial, a quienes han estado en las periferias existenciales. Por supuesto, la Asamblea es un punto de llegada, pero también es un punto de partida.

Así piensa Pedro Manuel Brassesco, sacerdote argentino y recién designado secretario adjunto del CELAM para hacer dupla con su colega David Jasso. En este sentido, el presbítero cuenta que acompañó en su parroquia el proceso de escucha de la Asamblea y, al contrastar lo vivido en noviembre, pudo entender muchas de las resonancias de la gente que pastorea en Ibicuy, en el departamento Islas, de Argentina.

Por tanto, la sinodalidad pasa por la motivación “del yo al tú y del tú al nosotros para reafirmar un modo esencial de ser, porque transformar las estructuras es siempre para la misión y el anuncio del Evangelio, razón de existir de la Iglesia”.

Al corazón de Aparecida

Por su parte, Rodrigo Guerra, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina (CAL), apunta que la Asamblea es un gran aprendizaje para toda América Latina, por eso “la Iglesia abre una novedad no solo eclesial, sino social, promoviendo una amplia participación para incluir a diversos sectores y desde esa realidad encontrar nuevos caminos para renovar”.

Además, acota que esta experiencia inédita “se encuadra en el proceso que se ha disparado en el Concilio Vaticano II, que pasa por las diferentes conferencias generales y que hoy se inserta perfectamente en la preparación del Sínodo de la sinodalidad”.

De hecho  –admite el laico mexicano–, aprender a caminar en sinodalidad “tal vez pueda sonar a lugar común, pero no, caminar juntos resulta pertinente para invitar a todos a participar y a unirse. Sobre todo en una sociedad latinoamericana que acentúa la fragmentación, es muy fácil caer en la tentación de la suspicacia y de la sospecha”.

Frente a la avanzadilla de grupos tradicionalistas que enfilan discursos de odio contra el papa Francisco y la reforma sinodal, Guerra sugiere actuar con testimonio. “A esos hermanos que han caído en una falsa ortodoxia y se sienten seducidos por erróneas comprensiones en el acontecer de la vida eclesial, que pareciera que el Papa y su magisterio, el Concilio Vaticano II no son relevantes, allí tenemos que dar testimonio, no de una reacción simétrica y en sentido contrario para combatirlos, sino asumir una actitud samaritana y paciente, que nos permita abrazarlos aún a los más incómodos y desde esa manera dar testimonio de que el amor es digno de fe”, explica.

Frente a este panorama, Guerra recuerda el corazón del Documento de Aparecida habida cuenta que “la Asamblea Eclesial apenas es un pequeño paso de un gran proceso que es la sinodalidad, no solo la del Sínodo en desarrollo, sino de la reforma sinodal de la Iglesia en todo nivel”. Se refiere en cuestión a los parágrafos 11 y 12. El artículo 11 reza así: “La Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales.

No puede replegarse frente a quienes solo ven confusión, peligros y amenazas, o de quienes pretenden cubrir la variedad y complejidad de situaciones con una capa de ideologismos gastados o de agresiones irresponsables. Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros.

Ello no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino, protagonistas de vida nueva para una América Latina que quiere reconocerse con la luz y la fuerza del Espíritu”.

Y el número 12 de Aparecida dice así: “No resistiría a los embates del tiempo una fe católica reducida a bagaje, a elenco de algunas normas y prohibiciones, a prácticas de devoción fragmentadas, a adhesiones selectivas y parciales de las verdades de la fe, a una participación ocasional en algunos sacramentos, a la repetición de principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que no convierten la vida de los bautizados. Nuestra mayor amenaza es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”.

Al respecto, Guerra destaca la visión de futuro que tuvieron los obispos en Aparecida al señalar “los puntos álgidos que estaban atorando nuestros procesos eclesiales; hoy puede ser oportuno revisarlos”. Por esto cierra: “A todos nos toca recomenzar desde Cristo, reconociendo que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.

Tiempo de discípulos y misioneros

En nombre de la Vida Religiosa del continente, Gloria Liliana Franco saca punta de todo este proceso sinodal y de Asamblea. Hombro a hombro con los obispos, se ha convertido en una pieza fundamental en ese entretejido de espiritualidad que tuvo como estandarte los rostros para el encuentro y la oración. De este modo, insiste que la sinodalidad “supone ubicarnos en el lugar de la humildad” y, especialmente, “reconocer esas actitudes que han estado alejadas en el modo de ser de Dios porque son verticales, abusivas o conclusivas y desprovistas de misericordia”, en tanto considera que “de la Asamblea Eclesial Latinoamericana y de el Caribe al Sínodo de la Sinodalidad estamos en un proceso, un itinerario, de encuentro y de conversión”.

Asimismo, la religiosa colombiana pone sobre la mesa “la urgencia de una nueva mirada contemplativa más teologal y encarnada, capaz de reconocer al Dios que acontece en el territorio de lo humano y que invita hoy a la Iglesia a la plenitud de la relación”, por lo que anima a “contemplar la realidad y aguzar el oído para escuchar al Espíritu para desacomodarnos y abandonar los estatus de confort, parálisis de los que tantos creyentes estamos atrincherados”. En consecuencia, “tendríamos que hacer un acto de fe, en el que el protagonista de este proceso sea el Espíritu, sin él no hay auténtico seguimiento de Jesús, ni kairós eclesial”.

La religiosa de la Compañía de María plantea que en este camino de la Asamblea Eclesial al Sínodo de la Sinodalidad “no es tiempo de textos, sino de testigos. Tenemos que ser esa narrativa creíble de lo que nuestra sociedad espera leer en nosotros, cuando nos encontramos así como ahora en condición de hermanos, porque la buena noticia es que somos radicalmente humanos, llamados a ser hermanos. Todo lo demás, títulos, funciones, responsabilidades, es relativo, eso pasa, caduca”. En esta apuesta –indica– la única palabra creíble es “la palabra encarnada y evangelizar es encarnarse en todas las culturas”.

Para Franco llegó el momento de impulsar Evangeli gaudium, Querida Amazonía, Fratelli tutti, el Sínodo de los jóvenes y el de la Amazonía para “lanzarnos más allá de la geografía desconocida, donde habita el más pobre, el migrante, el más enfermo, donde es posible abrazar la tierra y las culturas con reverencia y conscientes de la sacralidad de todo lo creado en condición de discípulos misioneros”.

Ejemplo para el mundo

Sobre el cardenal Grech pesa una gran responsabilidad en la actual coyuntura, inclusive menciona que “tras la inauguración de la primera fase de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo, en mi ministerio como secretario general del Sínodo, casi todos los días debo hablar de la sinodalidad y del Sínodo de la Sinodalidad”.

No en balde, hizo un recuento de lo que ha llamado el camino postconciliar a través de la Conferencias Generales del Episcopado: Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida. Sopesa para luego elogiar a sus hermanos obispos: “Ustedes han vivido una extraordinaria experiencia de comunión eclesial, que podría ser un ejemplo para muchas conferencias episcopales en el mundo”, puesto que “los documentos conclusivos de esas Asambleas Generales constituyen los hitos de un camino que ha ido profundizando en la conciencia de una Iglesia dinámica, a través de una comunión entre obispos y delegados de las Iglesias que está en la base de su identidad eclesial y del modo particular –me atrevería a decir característico– en que buscan ser Iglesia en este tiempo tan complejo y convulso. Todo esto tiene mucho que ver con la sinodalidad”.

El cardenal propone hacer un ejercicio de imaginación: “Intenten pensar en el escenario de la misión de una Iglesia no sinodal; una Iglesia en la que no caminamos juntos, no procedemos en ningún orden particular, cada uno reclamando el derecho a la misión”.

En este particular, aclara el purpurado, siendo así, “la evangelización ya no sería obra de la Iglesia, sino de muchos individuos, denominaciones, grupos, movimientos, que se acercarían a los demás en base a sus propios dones personales y exclusivos, no por mandato de Cristo”.

De igual forma, Grech deja por sentado que “un proyecto misionero solo puede surgir del proceso sinodal de escucha-discernimiento, que es, además, un ejercicio de discipulado”, en contraposición de “ciertas formas de evangelización autorreferencial, que forman a las personas en una membresía cerrada –¡ojalá no sectaria!– que corren el riesgo de deslizarse hacia formas de proselitismo”.

Grech ha dejado muy claro que en este camino del Sínodo de la Sinodalidad, “la presencia de los pastores, que son el principio de la unidad en sus Iglesias, permite que estas Conferencias sean una representación visible de la Iglesia que vive en este continente”. En definitiva, los obispos latinoamericanos están llamados a dar un gran aporte en este evento mundial, “dado que ustedes ya han adquirido una experiencia considerable a través de sus conferencias generales, pueden ser de ayuda para las demás conferencias episcopales continentales” en relación con las consultas diocesanas que han iniciado desde octubre.

“La fase inicial de consulta amplia en las Iglesias particulares es una novedad para todos; luego también las conferencias episcopales nacionales están llamadas a adoptar un enfoque diferente haciendo un discernimiento eclesial a partir de la escucha del Pueblo de Dios”, añade.

Del unísono a la sinfonía

En estos tres años que durará el Sínodo de la Sinodalidad se presentan grandes retos, porque en “ese caminar juntos” resulta imprescindible una conversión misionera, la cual “no será posible si no se lleva a cabo una conversión sinodal”.

¿Qué se requiere para ello? Grech hace un listado de prioridades: “Implica una escucha humilde y respetuosa del otro y de sus razones; que tenga la valentía de pedir y dar el perdón; que quiera la unidad al precio de la propia verdad, sino que nunca identifique la verdad con mi verdad. Tal vez este sea el mayor esfuerzo, pero también constituirá el testimonio más fuerte, que dará contenido al don de la experiencia sinodal que pueden ofrecer a toda la Iglesia”. En este camino sinodal todo está calibrado, incluyendo a quienes “promueven una comprensión individualista e intimista de la fe”.

Al tiempo, indica: “A estas propuestas, que a menudo atraen tanto a un pueblo poco formado, la respuesta más creíble es la de la comunión: con la enseñanza de los Apóstoles, en la fraternidad, en la fracción del pan y en las oraciones”.

Vuelve sobre el tapete la cuestión de la inculturación, por lo cual Grech asegura que “el Sínodo, al poner como tema la Iglesia sinodal y pedir que se lea la comunión, la participación y la misión en este contexto, constituye la posibilidad concreta de volver a la evangélica vivendi forma, que debe desarrollarse de manera original en cada contexto cultural”.

Todo ello, partiendo de las tradiciones y culturas del continente, para “traducir el único Evangelio de Cristo al estilo latinoamericano. Esto, como dice el Papa, no amenazará la unidad de la Iglesia, sino que mostrará que la tradición no es un canto al unísono, una línea melódica de una sola voz, sino una sinfonía, donde cada voz, cada registro, cada timbre vocal enriquece el único Evangelio, cantado en una infinita posibilidad de variaciones”.

Los desafíos pastorales de la Asamblea Eclesial

El discernimiento fue clave en el proceso de Asamblea Eclesial, cuyo corolario se encuentra en 41 desafíos pastorales, con los que se han puesto en el horizonte diversas realidades de América Latina y el Caribe como los abusos, el clericalismo, la pobreza, la exclusión, el cuidado de la Casa común, el protagonismo de jóvenes y mujeres.

De entre estos 41, se han seleccionados los 12 de mayor prioridad, más aún cuando en febrero de 2022, a la par con las consultas sinodales, también se organicen Asambleas Eclesiales en cada uno de los 22 países que conforman la región. Estos son los desafíos:

1-Reconocer y valorar el protagonismo de los jóvenes en la comunidad eclesial y en la sociedad como agentes de transformación.

2-Acompañar a las víctimas de las injusticias sociales y eclesiales con procesos de reconocimiento y reparación.

3-Impulsar la participación activa de las mujeres en los ministerios, las instancias de gobierno, de discernimiento y decisión eclesial.-

4-Promover y defender la dignidad de la vida y de la persona humana desde su concepción hasta la muerte natural.

5-Incrementar la formación en la sinodalidad para erradicar el clericalismo.

6-Promover la participación de los laicos en espacios de transformación cultural, político, social y eclesial.

7-Escuchar el clamor de los pobres, excluidos y descartados.

8-Reformar los itinerarios formativos de los seminarios incluyendo temáticas como ecología integral, pueblos originarios, inculturación e interculturalidad y pensamiento social de la Iglesia.

9-Renovar, a la luz de la Palabra de Dios y el Vaticano II, nuestro concepto y experiencia de Iglesia Pueblo de Dios, en comunión con la riqueza de su ministerialidad, que evite el clericalismo y favorezca la conversión pastoral.

10-Reafirmar y dar prioridad a una ecología integral en nuestras comunidades, a partir de los cuatro sueños de Querida Amazonía.

11-Propiciar el encuentro personal con Jesucristo encarnado en la realidad del continente.

12-Acompañar a los pueblos originarios y afrodescendientes en la defensa de la vida, la tierra y las culturas.

El Secretario del Celam en la beatificación

Mons. Jorge Lozano: Rutilio Grande, el jesuita cuyo martirio marcó a fuego la vida de monseñor Óscar Romero, ya es beato

Mons. Jorge Lozano
Mons. Jorge Lozano

Los mártires de este tiempo son secuestrados, torturados, asesinados. Con acusaciones falsas son manchados para desalentar y boicotear su servicio

Para quienes ejercen poderes autoritarios y defienden intereses espurios, es aceptada una Iglesia que sirva, pero sin cuestionar

Al sistema económico vinculado al poder de la avaricia le interesa una Iglesia encerrada en los Templos y las sacristías, pero no en la calle

No sólo predicaba a los campesinos oprimidos sino que también aprendió de ellos la paciencia, la laboriosidad, el rechazo de las injusticias

La beatificación de los cuatro mártires nos los asegura como intercesores ante el Padre, a la vez que nos muestra la radicalidad evangélica de sus vidas entregadas

Por | Paola Calderón – ADN Celam

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El Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano Monseñor Jorge Eduardo Lozano nos ofrece su reflexión después de vivir la ceremonia de beatificación de 4 mártires en El Salvador: Rutilio Grande, Manuel Solórzano, Nelson Lemos y Cosme Spessotto, un reconocimiento a la Iglesia que vivió el martirio porque tuvo claro con quien estaba comprometida y a quienes debía defender.

Este es el testimonio de Mons. Jorge Eduardo Lozano, Arzobispo de San Juan de Cuyo (Argentina), y Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam).

Beatificaron en El Salvador a dos laicos y dos religiosos asesinados en los años 70/80. Desde la segunda mitad del siglo XX, en América Latina, se reeditaron formas de violencia contra la fe.

Cuando escuchamos la palabra “mártires” recordamos a quienes eran arrojados a los leones, decapitados o quemados durante los primeros siglos del cristianismo. Pero desde la segunda mitad del siglo XX, en América Latina, se han vuelto a editar nuevas formas de violencia contra la fe. El modus operandi es diverso. Los mártires de este tiempo son secuestrados, torturados, asesinados. Con acusaciones falsas son manchados para desalentar y boicotear su servicio.

La palabra “mártir” es de origen griego y se traduce como “testigo”, designa a aquella persona que vio o escuchó —también en tiempo presente— y puede dar fe de ese acontecimiento. No se es testigo de abstracciones o ideas sino de acontecimientos concretos.

El Salvador: una Iglesia martirial

El sábado 22 de enero fueron beatificados 4 mártires en El Salvador, el país del Santo Obispo Monseñor Óscar Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980. Pero no fueron solamente 4: es el reconocimiento de una Iglesia Martirial. También de modo contemporáneo se produce una persecución a los cristianos como en los primeros siglos. Me contaban que a partir de estas persecuciones violentas unos cuantos abandonaron la Iglesia Católica porque es peligroso pertenecer a ella y adhirieron a otras confesiones religiosas. Para quienes ejercen poderes autoritarios y defienden intereses espurios, es aceptada una Iglesia que sirva, pero sin cuestionar. Que organice comedores y merenderos, pero que no pregunte acerca de las causas del hambre; que se dedique a la recuperación de adictos, pero que no denuncie el avance sostenido e impune del narcotráfico; que predique de la justicia divina al final de los tiempos, pero que no se comprometa con ella ahora; que sea “hospital de campaña”, pero que no cuestione la guerra.

Al sistema económico vinculado al poder de la avaricia le interesa una Iglesia encerrada en los Templos y las sacristías, pero no en la calle. Hay una clara oposición a la dimensión social de la fe que mueve a crear un mundo nuevo desde el presente. Para los cristianos, atender a los pobres es tocar la carne sufriente de Cristo en el pueblo marginado y oprimido, excluido y confinado a vivir en condiciones infrahumanas. No es filantropía o lástima, sino un acto profundamente espiritual, religioso, de culto. Quienes combaten el compromiso social tienen una mirada corta de la fe, y la entienden como instrumento para adormecer conciencias y serenar los ánimos.

En El Salvador fueron muchos los asesinados-mártires. Desde tiempos de monseñor Romero hasta hoy fueron asesinados otro obispo, 20 sacerdotes, 3 religiosas, cientos de catequistas, agentes pastorales, miembros de las comunidades. Conocidos unos, y otros de quienes sólo familiarmente se guarda memoria. Al beatificar a 4 no se restringe un número, sino que se reconoce a muchos. Entre los más recordados en El Salvador están los 6 sacerdotes jesuitas y dos mujeres asesinados en 1989 en la UCA (Universidad Centroamericana).

¿Quiénes son estos nuevos beatos mártires?

Tres de ellos fueron asesinados el 12 de marzo de 1977. El padre Rutilio Grande (48 años de edad, sacerdote jesuita, párroco del lugar), Manuel Solórzano (72 años, acompañaba al padre Rutilio a las Fiestas Patronales, las misas, bendiciones, a lo cual sumaba la tarea de sacristán. Un tiempo antes le habían dicho “cuídate de andar tanto con el padre Rutilio…”) y Nelson Lemos (15 años, monaguillo habitual en las diversas celebraciones). Los emboscaron y asesinaron en una ruta cuando se dirigían a celebrar misa de la novena de San José en una de las comunidades. Los tres fueron sepultados juntos de manera sencilla delante del altar del Templo de San José, lugar al que se dirigían.

El padre Rutilio fue un gran amigo de los pobres. En ellos veía a Jesús, como nos narra la parábola evangélica (Mt 25, 34-40); con ellos dialogaba, rezaba, los acompañaba en sus anhelos de liberación y de paz en un contexto muy duro de violencia ejercida por la dictadura militar en su país.

Fue formador en el Seminario, muy querido y recordado por todos los sacerdotes de los países vecinos; educador en el Externado San José y desde hacía unos cinco años párroco en comunidades campesinas en Aguilares y El Paisnal. Esta última experiencia de encuentro y servicio a los indigentes marcó su ministerio en cercanía con los más olvidados y excluidos. No sólo predicaba a los campesinos oprimidos sino que también aprendió de ellos la paciencia, la laboriosidad, el rechazo de las injusticias.

Asumió con decisión la opción por los pobres cuyas raíces están en una espiritualidad encarnada, la Palabra de Dios, el Concilio Vaticano II y su aplicación práctica expresada en el documento conclusivo de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín del año 1968. Su vida y su palabra manifestaron la dimensión profética de la fe. No era espiritualista y desencarnado, sino bien afirmado en su contexto concreto.

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En su tarea pastoral promovió la participación de los laicos, hombres y mujeres. Una de sus enseñanzas: “Amigos. Volvamos al Evangelio, volvamos al pobre pueblo. Allí se nos aclara cuando se mira turbio el horizonte de nuestro camino pastoral”

Unas cuantas veces lo habían amenazado de muerte queriendo amordazar su predicación. Pero él estaba convencido de que “en el cristianismo hay que estar dispuestos a dar la propia vida en servicio por un orden justo, por salvar a los demás, por los valores del Evangelio”. También afirmó que “el cristiano no tiene enemigos, sino hermanos y por más que sean hermanos Caínes que venden a Cristo, no los odiamos”. Apasionado por Jesús atestiguó que “Cristo está vivo entre nosotros, no nos congrega un muerto”.

Uno de sus biógrafos, Rodolfo Cardenal, recordó que el padre Rutilio Grande decía: “La sociedad tiene que ser como una mesa grande, con manteles largos para todos, donde para todos hubiera qué comer, y un lugar donde sentarse. Esta es una metáfora del Reino de los cielos, en ese sentido tiene mucho que decir en una sociedad golpeada por la desigualdad”. ¡Qué gran actualidad en el contexto de la pandemia que pone delante tantas inequidades e injusticias!

Tenía gran amistad con el Santo obispo Óscar Romero, quien vivió con profundo dolor estos asesinatos, tanto que marcaron un cambio de rumbo definitivo de su tarea pastoral y la defensa de los desfavorecidos. Ambos son importantes referencias para la Iglesia en El Salvador y en todo el continente de América Latina y el Caribe.

Como signo de protesta por estos asesinatos, monseñor Romero determinó suspender todas las misas de ese domingo y concentrarse en una única celebración exequial en la Catedral, de la cual participaron 150 sacerdotes y más de 100.000 feligreses.

En esa misa por la muerte de los tres, monseñor Romero dijo en su predicación: “El amor verdadero es el que trae a Rutilio Grande en su muerte, con dos campesinos de la mano. Así ama la Iglesia; muere con ellos y con ellos se presenta a la trascendencia del cielo (…) Un sacerdote con sus campesinos, caminó con su pueblo para identificarse con ellos, para vivir con ellos”. (14 de marzo de 1977)

En la misma ceremonia fue beatificado el fraile franciscano padre Cosme Spessotto, OFM, asesinado también en El Salvador el 14 de junio de 1980 (a sus 57 años), pocos meses después del martirio de monseñor Romero. Nació al norte de Italia el 28 de enero de 1923. Su nombre de nacimiento fue Santí (que significa Santos), y al recibir el hábito franciscano asumió como nombre “Cosme”, por ser uno de los primeros mártires del cristianismo.

Denunció con firmeza las injusticias, asistía a las víctimas de la guerra civil, daba sepultura a los cadáveres que nadie reclamaba o reconocía. Varias veces le habían amenazado con anónimos, pero él no se dejó amedrentar. Cerca de las 19 horas, mientras rezaba antes de comenzar la misa, lo balearon delante del altar del templo de San Juan Nonualco.

En su testamento espiritual había escrito poco tiempo antes: “Presiento que, de un momento a otro, personas fanáticas me pueden quitar la vida. (…) Morir mártir será una gracia que no merezco. Lavar con la sangre, vertida por Cristo, todos mis pecados, defectos y debilidades de la vida pasada, sería un don gratuito del Señor. De antemano perdono y pido al Señor la conversión de los autores de mi muerte”.

El contexto político del momento en El Salvador estaba presagiando la guerra civil de 12 años que trajo la consecuencia de 75.000 muertos, pobreza, injusticia, dolor, odios y rencores.

Mensaje del enviado del Papa Francisco a la cuádruple beatificación

Monseñor Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de la arquidiócesis de El Salvador y primer cardenal salvadoreño, en su homilía durante la ceremonia de beatificación reavivó la gloria de la cosecha de la vida entregada de los mártires, “la alegría y el júbilo de los humildes campesinos porque la Iglesia reconoce a quienes dieron su vida”, valoró la firma de los acuerdos de paz que pusieron fin a “esa guerra fraticida” que duró 12 años, instó a los jóvenes a seguir la “antorcha de los mártires”, destacó que El Salvador es el único país del mundo que lleva el nombre de Jesucristo, y que “nunca la violencia será el camino para encontrar la paz”.

Como comenzaba diciendo, la persecución y el martirio marcaron los inicios del cristianismo. En el año 197, Tertuliano escribió “la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”. Veinte siglos después, en nuestro tiempo, sigue habiendo hombres y mujeres que son perseguidos y asesinados por odio a la fe. Catequistas, agentes pastorales militantes de derechos humanos, defensores de los pueblos indígenas, miembros de organizaciones ambientales, hermanas y hermanos que se comprometen en la liberación de las víctimas del narcotráfico y la trata de personas…

La beatificación de los cuatro mártires nos los asegura como intercesores ante el Padre, a la vez que nos muestra la radicalidad evangélica de sus vidas entregadas. Hoy seguimos estando llamados a estar cerca de los hambrientos y oprimidos del Continente, a caminar con ellos. Nos dejan un gran ejemplo a seguir. Es posible ser “Iglesia pobre para los pobres”, en salida, Samaritana, cercana, que escucha y hace propio el clamor de los pobres.

Pedimos a Dios que sean semillas de nuevos cristianos; y a los que ya lo somos, nos conceda ser apasionados por Jesús y por su pueblo.

2021: El año de la sinodalidad

El año en que la sinodalidad dio pasos definitivos

[Por: Luis Miguel Modino | ADN Celam]

La sinodalidad, esa forma de ser Iglesia siempre antigua y siempre nueva, supone un desafío para vivir la fe en este siglo XXI que va avanzando inexorablemente. Aunque algunos se empeñen en perpetuarla, la estructura eclesial piramidal tiene sus días contados.

Diversidad que enriquece cuando nos complementa

Somos Iglesia a partir de nuestro bautismo, algo que nos iguala en lo fundamental, aunque sepamos que somos diversos y asumimos ministerios y servicios diferentes. La diversidad enriquece, pero lo hace todavía más en la medida en que es motivo de complementariedad. Eso nos llevar a vivir la sinodalidad, a caminar juntos, como propuesta para vivir la fe, aunque no estaría mal decir como necesidad para vivir la fe.

Un caminar juntos que no siempre es fácil, en ningún ámbito de la vida, tampoco en la Iglesia, pues “homo homini lupus”, que diría Thomas Hobbes. Es verdad que quien vive la fe cristiana debería asumir el amor al prójimo como principio de vida, pero sabemos que el pecado, en todos los niveles eclesiales, muchas veces nos hace olvidar los principios y nos lleva a dejarnos dominar por inclinaciones perversas.

Es posible sentarse todos a la misma mesa y hablar de igual para igual

Francisco, un claro exponente de la espiritualidad ignaciana, ve en la universalidad el fundamento de la vida cristiana, del camino eclesial y del quehacer pastoral. Es desde aquello que es común que se construye la vida en sus diferentes ámbitos, una tarea que exige la implicación del mayor número posible de actores, algo que poco a poco va apareciendo como posibilidad, como camino a seguir en la Iglesia.

Frente a las tentativas de dominio por parte de las élites, una amenaza en la visión del papa Francisco, el camino que nos va marcando nos hace entender que es posible sentarse todos a la misma mesa y hablar de igual para igual. Escuchar nos abre la mente, nos enriquece y nos ayuda a descubrir nuevas perspectivas, tal vez imposibles de vislumbrar cuando uno se enroca en sus castillos y fortalezas imaginarios.

Ir a la escucha de los que no cuentan

No podemos tener miedo a abrirnos al diferente, a salir de nuestros espacios e ir al encuentro de los otros, un encuentro que se puede producir en el mundo físico o en el mundo de las ideas. Son famosas las salidas del cardenal Bergoglio a las villas miseria bonaerense, donde solo, sin que nadie le llevase la maleta, sin intermediarios, iba a la escucha de los vulnerables, de aquellos que la sociedad colocó en la periferia, en la mente de muchos para siempre.

La Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, con sus fallos propios de los marineros de primer viaje, ha demostrado que la sinodalidad es algo que se puede vivir en la práctica, que la púrpura en la Iglesia no es motivo para mirar a nadie por encima del hombro, que se puede escuchar de verdad, aunque la forma de realizarlo sea virtual. Se puede escuchar a quien nunca o pocas veces fue escuchado, se puede aprender con quien siempre fue visto como alguien que nada podría enseñar.

La convocatoria del próximo Sínodo va a ayudar a continuar avanzando para que la Iglesia asuma la sinodalidad como actitud fundamental. El impulso del papa Francisco es claro, pero falta que eso sea asumido por todos los bautizados, también por quien forma parte de la jerarquía. Esos son los pasos a ser dados para construir caminos comunes, para juntos encontrar el modo de vivir el Evangelio y convertirnos en verdaderos testigos de un Dios que es comunión. Después de los pasos ya dados, 2022 se presenta como una nueva oportunidad de ir adelante en un camino que no tiene vuelta atrás.

Publicado en: https://prensacelam.org/2021/12/31/2021-el-ano-en-que-la-sinodalidad-dio-pasos-definitivos/ 

Una Iglesia diferente

El Celam pugna por un cambio de chip para que haya una Iglesia diferente 

Fuente: Observatorio Eclesial 
Para tener una Iglesia diferente, sinodal y misionera se debe cambiar el chip, afirmó Miguel Cabrejos Vidarte, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Ce-lam) al término de los trabajos de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe.Por separado, al encabezar la misa de clausura en la Basílica de Guadalupe en el primer domingo de Advien-to, el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congrega-ción de Obispos del Vaticano, aseguró que en el con-texto dramático de la pandemia que no acaba, en este contexto difícil, la Igle-sia de la región vuelve a tomar consciencia de su iden-tidad misionera. 

Mientras, en las sesiones el arzobispo de San Juan de Cuyo, Argentina, Jorge Lozano, secretario general del Celam, aseguró que la escucha que realizó la Iglesia latinoamericana en la Asamblea Eclesial ―no tiene una finalidad de marketing religioso‖, sino un deseo genuino de volver al origen.Cabrejos, arzobispo metropolitano de Trujillo, Perú, dijo que estamos llamados a cambiar, a convertir perma-nentemente la sinodalidad no un eslogan, no es una frase, es algo inherente, es la esencia de la Iglesia. 

La sinodalidad es caminar juntos. Eso cuesta a veces. La sinodalidad en los textos y do-cumentos es maravillosa y extraordinaria, pero en la práctica está la dificultad. Para eso tenemos que con-vertirnos, como dicen los jóvenes, cambiar el chip que tenemos en la cabeza.En la Basílica, Ouellet, presidente de la Pontificia Comi-sión para América Latina del Vaticano, dijo que la espe-ranza en medio de pruebas y dolores nos afectan tanto como al resto de nuestros hermanos y hermanas en otras partes del mundo.Aseguró que la asamblea que reunió a laicos, sacerdo-tes, religiosas, obispos y a cardenales, tendiente a cambiar la Iglesia de la región y hacerla más cercana a la realidad, rindió frutos. 

Nuestros días de convivencia presencial y digital han contribuido a fraguar aún más la unidad de este nuestro continente cristiano, mariano y cada vez más sinodal.La pandemia profundizó las desigualdadesEn el mensaje final, denunciamos el dolor de los más pobres y vulnerables frente al flagelo de la miseria y las injusticias. Nos duele el grito de la destrucción de la ca-sa común (el planeta) y la cultura del descarte que afec-ta sobre todo a las mujeres, los migrantes y refugiados, los ancianos, los pueblos originarios y afrodescendien-tes. 

También lamentó el impacto y las consecuencias de la pandemia que incrementa más las desigualdades so-ciales, comprometiendo incluso la seguridad alimentaria de gran parte de nuestra población y que les llega el clamor de los que sufren a causa del clericalismo y el autoritarismo en las relaciones, que lleva a la exclusión de los laicos, de manera especial a las mujeres en las instancias de discernimiento y toma de decisiones so-bre la misión de la Iglesia, constituyendo un gran obs-táculo para la sinodalidad.Cabrejos consagró a la Guadalupana las 22 conferen-cias episcopales del continente.(jornada.com.mx) 29/11/2021 

Construir sinodalidad

Guillermo Sandoval: “Se trata de construir sinodalidad”

El director interino del Centro de Gestión del Conocimiento del CELAM explica los resultados de la Asamblea Eclesial Latinoamericana Aborda también los apoyos institucionales en la aplicación de esos frutos

Integró la comisión de síntesis de la reciente Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, en ciudad de México; antes, Guillermo Sandoval participó en el proceso de renovación y reestructuración del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) que ha culminado creando una estructura compuesta por 4 centros pastorales al servicio de las conferencias episcopales del continente: de gestión del conocimiento, de formación (CEBITEPAL), de programas y redes de acción pastoral y para la comunicación.


Sandoval dirige el equipo del Centro de Gestión del Conocimiento, cuyo coordinador es el cardenal Óscar Andrés Rodríguez, arzobispo de Tegucigalpa, en Honduras.

Experto en doctrina social de la Iglesia

Es periodista chileno especializado en temas sociales; tiene un Magister en Doctrina Social de la Iglesia, con mención en relaciones laborales, por la Universidad Pontificia de Salamanca; y estudios en derechos humanos en el Instituto de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

En 2019 publicó “Las manos humanas son las manos de Dios”, con casi 500 páginas dedicadas a analizar el trabajo humano en la Biblia, el Magisterio eclesial y experiencias eclesiales en América Latina.

Desde su rol en el CELAM y su reciente experiencia en la Asamblea Eclesial habló con Vida Nueva.

PREGUNTA.- ¿Cuáles son los principales frutos que ha dejado esta asamblea eclesial de México?

RESPUESTA.- Hay muchos. Creo que lo más relevante es hacer presente y poner en ejercicio la igual dignidad de todos los miembros del Pueblo de Dios. Se trata de una eclesiología de Vaticano II, que tiene raíces en las primeras comunidades cristianas. ¡Que todos, en diálogo y misión, seamos corresponsables de la Iglesia! Aportando desde los ministerios que corresponden a cada cual, y que expresan los diferentes servicios y carismas necesarios para hacer y ser iglesia, diversa en manifestaciones y unida en el amor. Esto es muy importante para construir una Iglesia del siglo XXI.

Énfasis en lo social

P.- ¿De qué manera los organismos del CELAM apoyarán la aplicación de los resultados de la asamblea?

R.- A través de los distintos programas que el CELAM desarrolla en colaboración con las 22 Conferencias Episcopales de América Latina y El Caribe, y la Conferencia Eclesial de la Amazonía. Hay 41 desafíos pastorales identificados por los asambleístas y más de cien orientaciones. Es claro un énfasis en lo social. Un deseo de servir a Dios en la persona de nuestros hermanos y hermanas, colaborando en la construcción de Su Reino.

P.- Parece ir consolidándose un formato ‘eclesial’ versus ‘episcopal’ de asambleas para discernir orientaciones pastorales. ¿Cómo apoya el CELAM este proceso?

R.- Creo que de ninguna manera deberíamos usar el “versus”, que señala confrontación.  De lo que se trata, es de construir sinodalidad. Esto es, caminar juntos. Unidos. Obispos, clero, religiosas(os) y laicas(os) nos necesitamos mutuamente para anunciar el Evangelio y proponerlo a la sociedad en sentido amplio. En materias eclesiales y sociales dos más dos son mucho más que cuatro.

Es cierto, para no eludir el fondo de la pregunta, que han surgido propuestas de nuevas organizaciones desde los diferentes ministerios, incluyendo el laical. Creo que es algo que debe madurar más. Lo que sí tengo claro, es que debemos superar el clericalismo que, por otra parte, muchas veces lo promovemos los propios laicos. Veo a las autoridades del CELAM convencidas, abiertas, disponibles y promoviendo la eclesialidad del Pueblo de Dios, que es un proceso de escucha y diálogo. En esto no habrá vuelta atrás. Es esa misma línea apunta el próximo Sínodo sobre la sinodalidad.

Hacer sinodalidad

P.- ¿Qué aportes podemos esperar del Centro de Gestión de Conocimiento, CGC, del CELAM?

R.- Próximamente el CGC entregará los frutos de varios trabajos académicos, sobre migraciones, Pacto Educativo Global, economías de Francisco y Clara, salud mental, estado de la situación del medio ambiente en la Región, violencia que sufren niños y adolescentes, etc. Todos estos temas coinciden con las preocupaciones planteadas en los 41 desafíos pastorales. Pero esos mismos 41, son una cantera amplia para trabajar otros temas en los meses siguientes con equipos de las distintas universidades católicas de América Latina y El Caribe.

Por otra parte, el área de Conocimiento Compartido continuará poniendo en diálogo a los integrantes del Pueblo de Dios que deseen participar, sobre temas que las propias comunidades van escogiendo. Ya los hay sobre catequesis familiar y educación. Otros están prontos a iniciarse. La pandemia nos obligó a trabajar en plataformas digitales, y eso lo vamos a seguir aprovechando para que comunidades de distintos países puedan intercambiar buenas prácticas y conocimientos, para servir mejor, hacer sinodalidad con las herramientas que nos acercan y permiten ese intercambio, sin reemplazar el encuentro y calidez de un abrazo o una taza de té en torno a una mesa. Compartir es una riqueza muy grande

El Celam pugna por un cambio de chip para que haya una Iglesia diferente

Fuente: Observatorio Eclesial
Para tener una Iglesia diferente, sinodal y misionera se debe cambiar el chip, afirmó Miguel Cabrejos Vidarte, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Ce-lam) al término de los trabajos de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe.Por separado, al encabezar la misa de clausura en la Basílica de Guadalupe en el primer domingo de Advien-to, el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congrega-ción de Obispos del Vaticano, aseguró que en el con-texto dramático de la pandemia que no acaba, en este contexto difícil, la Igle-sia de la región vuelve a tomar consciencia de su iden-tidad misionera.

Mientras, en las sesiones el arzobispo de San Juan de Cuyo, Argentina, Jorge Lozano, secretario general del Celam, aseguró que la escucha que realizó la Iglesia latinoamericana en la Asamblea Eclesial ―no tiene una finalidad de marketing religioso‖, sino un deseo genuino de volver al origen.Cabrejos, arzobispo metropolitano de Trujillo, Perú, dijo que estamos llamados a cambiar, a convertir perma-nentemente la sinodalidad no un eslogan, no es una frase, es algo inherente, es la esencia de la Iglesia.

La sinodalidad es caminar juntos. Eso cuesta a veces. La sinodalidad en los textos y do-cumentos es maravillosa y extraordinaria, pero en la práctica está la dificultad. Para eso tenemos que con-vertirnos, como dicen los jóvenes, cambiar el chip que tenemos en la cabeza.En la Basílica, Ouellet, presidente de la Pontificia Comi-sión para América Latina del Vaticano, dijo que la espe-ranza en medio de pruebas y dolores nos afectan tanto como al resto de nuestros hermanos y hermanas en otras partes del mundo.Aseguró que la asamblea que reunió a laicos, sacerdo-tes, religiosas, obispos y a cardenales, tendiente a cambiar la Iglesia de la región y hacerla más cercana a la realidad, rindió frutos.

Nuestros días de convivencia presencial y digital han contribuido a fraguar aún más la unidad de este nuestro continente cristiano, mariano y cada vez más sinodal.La pandemia profundizó las desigualdadesEn el mensaje final, denunciamos el dolor de los más pobres y vulnerables frente al flagelo de la miseria y las injusticias. Nos duele el grito de la destrucción de la ca-sa común (el planeta) y la cultura del descarte que afec-ta sobre todo a las mujeres, los migrantes y refugiados, los ancianos, los pueblos originarios y afrodescendien-tes.

También lamentó el impacto y las consecuencias de la pandemia que incrementa más las desigualdades so-ciales, comprometiendo incluso la seguridad alimentaria de gran parte de nuestra población y que les llega el clamor de los que sufren a causa del clericalismo y el autoritarismo en las relaciones, que lleva a la exclusión de los laicos, de manera especial a las mujeres en las instancias de discernimiento y toma de decisiones so-bre la misión de la Iglesia, constituyendo un gran obs-táculo para la sinodalidad.Cabrejos consagró a la Guadalupana las 22 conferen-cias episcopales del continente.(jornada.com.mx) 29/11/2021

Cebitepal 2022:

El Centro Bíblico Teológico Pastoral apuesta por una agenda en clave sinodal

Cebitepal 2022
Cebitepal 2022

Cardenales, obispos, sacerdotes, seminaristas, diáconos, religiosos y religiosas, laicos y laicas, jóvenes y mayores. Juntos. Caminando, pero también formándose. La sinodalidad debe hacerse realidad también desde la formación

El Cebitepal, de la mano de importantes instituciones académicas como el Boston College y otras universidades de Brasil, está preparando una agenda de cursos en clave sinodal para todo el Pueblo de Dios

Como novedad, y en visos de que la pandemia se frene, el equipo de formadores del Cebitepal está disponible para ofrecer sus cursos por todo el continente

(Celam).- El centro bíblico teológico pastoral apostará en el 2022 por una agenda en clave sinodal. Cardenales, obispos, sacerdotes, seminaristas, diáconos, religiosos y religiosas, laicos y laicas, jóvenes y mayores. Juntos. Caminando, pero también formándose. La sinodalidad debe hacerse realidad también desde la formación.

Esta es la máxima del Centro Bíblico Teológico Pastoral de América Latina y el Caribe (Cebitepal), que este nuevo año 2022, amén de todos los cursos con los que buscan dar respuestas a las urgencias de los pueblos del continente –consultar en el código QR–, quiere poner el foco en una gran propuesta: la sinodalidad.

De hecho, desde el Centro se insiste en que la sinodalidad no es una novedad del papa Francisco, porque ya uno de los Padres de la Iglesia, Juan Crisóstomo, afirmó que la Iglesia debería llamarse sínodo.

Diplomatura CEBITEPAL
Diplomatura CEBITEPAL

De la mano de importantes instituciones

El Cebitepal, de la mano de importantes instituciones académicas como el Boston College y otras universidades de Brasil, está preparando una agenda de cursos en clave sinodal para todo el Pueblo de Dios.

Precisamente, como el reto principal del Cebitepal continúa siendo responder al magisterio universal, al latinoamericano y al del papa Francisco, y también a las necesidades, urgencias y gritos de los pueblos del continente, la sinodalidad no puede ser un tema más.

“Para que la sinodalidad no sea solo una palabra que se instala, que se hace moda, sino un verdadero proceso de conversión personal y comunitario, es necesario formarnos juntos”, explican a Misión Celam desde el propio Centro, que, al igual que el Centro de Gestión del Conocimiento y el Centro de Programas y Redes de Acción Pastoral, se entroncan en el corazón de la acción del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).Posibilidad de cursos presenciales

Como novedad, y en visos de que la pandemia se frene, el equipo de formadores del Cebitepal está disponible para ofrecer sus cursos por todo el continente.

Aunque la agenda hoy es toda digital, las diócesis, comunidades y conferencias episcopales o regiones que tengan necesidad de formación pueden solicitarlo para que el Cebitepal pueda ayudar allí donde se le demande, ya sea en formación específica sobre sinodalidad o sobre cualquiera de las desafíos finales de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe.

Además, el objetivo del Cebitepal es que se puedan retomar pronto los cursos presenciales en la sede de Bogotá.

Apoyo de obispos a la presidenta electa de Honduras

Los Obispos de Honduras saludan a la Presidenta electa y piden que promueva “un auténtico desarrollo” 

La presidenta electa, Xiomara Castro

  | Celam 

Tras las elecciones en Honduras el pasado 28 de noviembre, en la que fue elegida Iris Xiomara Castro como presidenta de esta nación centroamericana, los Obispos han saludado a la primera mandataria y han pedido que gobierne en pos de “un auténtico desarrollo y crecimiento de nuestro país y de cada familia”. 

En especial, abogan para que se busque el bien común en favor de los más pobres y excluidos, por ello han dicho que “nos sumamos a aquellos aspectos que la Sra. Xiomara ha señalado como prioridades de su gobierno y que nosotros también primamos”. 

Entre las que han señalado: “La erradicación de la pobreza, la lucha contra la impunidad, la generación de empleos, la dignificación del sistema de salud y de la educación”. 

Al respecto, mencionan al Papa Pablo VI, quien “había presentado el desarrollo de los pueblos como el paso de condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida más humanas: esto es un verdadero acto de justicia y de solidaridad”. 

Transparencia en todos los niveles electivos 

Al tiempo han indicado que esta elección presidencial “es solo uno de los componentes de las elecciones celebradas recientemente”, puesto que “fueron elegidas autoridades edilicias para los 298 municipios del país y, además, los diputados al Congreso Nacional”. 

“Con mucho pesar y sincera preocupación, hemos visto cómo en los últimos días se han levantado innumerables voces, señalando que se ha efectuado un fraude en estos otros niveles electivos”, han añadido. 

Por tanto, “hacemos un llamado a los entes responsables a prestar la debida atención a estos reclamos y a resolverlos de manera expedita y en base a la ley”. 

“Por el bien de nuestro país, no pueden quedar dudas sobre la transparencia en el recuento de los votos y el respeto de la decisión de los votantes”, han dicho. 

Asamblea Eclesial de A.L. y E.C.

Miguel Cabrejos: En la Asamblea Eclesial “nos hermanamos en diversidad de ministerios y carismas” 

La Asamblea Eclesial en Guadalupe

En vez de haber realizado la VI Conferencia General de los Obispos, el Papa Francisco, propuso esta Asamblea Eclesial, integrada por representantes de todo el Pueblo de Dios” 

«Inaugura un nuevo organismo sinodal en el ámbito continental, que sitúa la colegialidad episcopal en el seno de la sinodalidad eclesial» 

A María de Guadalupe también le pedía “que nos señale el camino que Dios desea para su Iglesia en nuestra región” 

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

En la Solemnidad de Cristo Rey, a los pies de María de Guadalupe, la Iglesia de América Latina y el Caribe se ha reunido para abrir la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe. En una Eucaristía presidida por Mons. Miguel Cabrejos, el presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), ha afirmado que los participantes de la Asamblea, más de mil, entre los presentes en Ciudad de México y quienes participan virtualmente, estaban allí para dar “gracias a Dios por esta nueva experiencia de vivir, sentir y participar en la Iglesia”. 

En su homilía, el arzobispo de Trujillo, afirmaba que la Asamblea Eclesial llega después de “un largo camino recorrido juntos, escuchando a todos, sintiendo lo hermoso que es ser miembro del Cuerpo Místico de Cristo, protagonistas y corresponsables de la evangelización como discípulos misioneros”. Pedía a Dios que abra nuestro corazón para dejarnos guiar en espíritu de escucha, sinodalidad y unidad eclesial, y descubrir lo que Él quiere decirnos como pueblo de Dios en camino”. 

Llamando a hacer la Voluntad de Dios, dijo que “la verdadera grandeza está en dejarse iluminar por la Luz de la Verdad, en descubrir la acción de Dios en la historia, en adherirse al proyecto de Jesucristo y tener la verdad como norma suprema de comportamiento”. El prelado peruano comparaba esta Asamblea con la Conferencia de Medellín, que definía como “la ‘recepción creativa’ del Concilio Vaticano II en un contexto marcado por la pobreza y la exclusión”. Del mismo modo, ha dicho ver esta Asamblea Eclesial como momento “para ‘reavivar Aparecida’, que reafirmó la renovación conciliar, busca contribuir para una ‘segunda recepción’ del Vaticano II en el nuevo contexto en que vivimos”

Según Mons. Cabrejos es una Asamblea histórica, “pues, en vez de haber realizado la VI Conferencia General de los Obispos, el Papa Francisco, propuso esta Asamblea Eclesial, integrada por representantes de todo el Pueblo de Dios”. Estamos ante “el paso de una asamblea donde participaban sólo Obispos, a una Asamblea plenamente Eclesial”, insistió el presidente del Celam. 

Destacando la amplia participación, Mons. Cabrejos señaló que en la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, “nos hermanamos en diversidad de ministerios y carismas”. Junto con ello, “inaugura un nuevo organismo sinodal en el ámbito continental, que sitúa la colegialidad episcopal en el seno de la sinodalidad eclesial, expresión de la vinculación del Obispo con el Pueblo de Dios en su Iglesia Local, y de concepción de la Iglesia universal como una ‘Iglesia de Iglesias Locales’, presididas en la unidad por el Obispo de la Iglesia de Roma, con Pedro y bajo Pedro”. 

Es un nuevo Pentecostés, en el que también está presente “Nuestra Madre, María del Tepeyac, quien representa a todas las advocaciones que sostienen y sustentan la vida e identidad de nuestros pueblos Latinoamericanos y Caribeños”. A ella invocaba “su fiel y potente intercesión, para que nos muestre el rostro y la mirada de Cristo en esta etapa de encuentro presencial y virtual. 

A María de Guadalupe también le pedía “que nos señale el camino que Dios desea para su Iglesia en nuestra región”, y docilidad “para asumir un proceso de conversión permanente, en comunión con el Concilio Vaticano II y el Papa Francisco, en camino al Sínodo sobre la Sinodalidad, y lo que signifiquen las exigencias pastorales hacia el Jubileo del acontecimiento Guadalupano (2031) y el de la Redención (2033)”. A ella le ofrecía el camino recorrido desde Aparecida, de la que, recordando las palabras del Papa Francisco, “todavía tiene mucho que ofrecer”. 

Mostrando la voluntad de acompañarle en este Kairós, Mons. Cabrejos ha dicho querer, “en la difícil unidad en la diversidad, responder y acompañar a todo el pueblo de Dios en una hora profundamente compleja y difícil”, insistiendo en no olvidar que en los vulnerables, “¡Cristo sigue crucificado en ellos!”. 

A la luz del Evangelio del día, denunciaba la ruptura de comunión y de fraternidad, lo que se hace presente “en la inequidad; en la violencia extendida; en los falsos testimonios de líderes que abandonan el sentido de servicio de sus responsabilidades; en la crisis sin precedentes de nuestra casa común, donde los preferidos del Señor son los más afectados”. Junto con ello se sentía interpelado por el dolor de las mujeres, “quienes han sufrido abusos o exclusión sistemática”, también por los migrantes, muchas veces rechazados. 

Para la Asamblea que se inicia, el presidente del Celam ha pedido “el don de la escucha, aquella que nos lleve a salir de nuestras reducidas posiciones particulares, y nos acerque a los hermanos y hermanas para buscar a Dios en común y en comunión”. También pedía seguir el ejemplo de San Juan Diego, “para abrir nuestros corazones a la interculturalidad, sin temores ni dudas”