Congreso internacional virtual de teólogos

Teólogos de América Latina, convocados a reflexionar sobre la vigencia de Aparecida

15 años de Aparecida

Participarán en el congreso internacional virtual que ha organizado Conferencia de Instituciones Católicas de Teología

Este 12 de septiembre inicia el Congreso internacional virtual “Aparecida, 15 años después, a la luz del Magisterio del Papa Francisco”, que ha organizado la Conferencia de Instituciones Católicas de Teología de América Latina y el Caribe (COCTI).


Waldecir Gonzaga, presidente de esta instancia, ha señalado que “esperamos reunir a los teólogos del continente en torno a los temas de Aparecida y los desafíos que nos ha señalado el Papa Francisco”.

El presbítero brasileño también indicó que este congreso busca “hacer una retrospectiva sobre el Documento y la realidad de la presencia de la Iglesia en el continente, reflexionando sobre los temas propuestos a partir de la visión de una conversión pastoral de una iglesia en salida”.

 Este evento también cuenta con el apoyo y organización de Universidades de todo el continente, Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), Instituto Nacional de Paz (INAPAZ), Ecclesia en América, INSECTOS, entre otros.

Pasado, presente y futuro de la Iglesia

Para el sacerdote “la realidad cambió en estos últimos 15 años, sobre todo con la pandemia del nuevo coronavirus (COVID-19) en términos sociales, políticos y religiosos”.

Por tanto, “esperamos analizar el presente manteniendo el pasado ante nuestros ojos y mirando hacia el futuro de la Iglesia en el Continente”.

También ha dejado muy claro que “este congreso no quiere evaluar la Asamblea Eclesial, que es de fundamental importancia para la Iglesia latinoamericana y caribeña. Sin embargo, es innegable que habrá comentarios y menciones sobre ella”.

No obstante, “no hay forma de mirar a la Iglesia católica en el continente y no tomar en cuenta los pasos dados por las Conferencias antes de Aparecida, desde Medellín hasta Santo Domingo, los avances del Sínodo de la Amazonía y los logros de la Asamblea Eclesial”.

Participar del Congreso

 El congreso culminará el 14 de septiembre, será totalmente virtual y podrán ingresar en este link https://puc-rio.zoom.us/j/97393265858?pwd=L1JFenIyR3hraEFOR3dibC83SWRvQT09

 Asimismo podrán seguir el evento por el canal de Youtube de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro https://youtu.be/CUnKfOO8NXY

 Gonzaga aseguró que todo quedará grabado y se podrá ver más tarde, lo que ampliará aún más el abanico de personas que tendrán acceso al contenido del congreso”.

El CELAM

Pontificia Comisión para América Latina: “El Celam es clave para la renovación y reforma de la Iglesia”

Rodrigo Guerra López

Al participar en la Asamblea Extraordinaria del organismo, Rodrigo Guerra aseguró que el desafío de ese organismo es facilitar el protagonismo de las conferencias episcopales

El Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam) es parte importante de la renovación y reforma de la Iglesia universal; además tiene el gran desafío de servir a las conferencias episcopales, no tanto dictándoles qué hacer, sino facilitando su propio protagonismo. participar en la Asamblea Extraordinaria del Celam que se lleva a cabo en Colombia,del 12 al 14 de julio, Rodrigo Guerra López, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, a nombre del cardenal Marc Ouellet, presidente de dicha comisión, resaltó que el Celam “madura y da nuevos pasos al servicio de la Iglesia de América Latina y el Caribe”.

En su mensaje, el doctor Guerra refirió que si bien el Celam goza de una nueva sede y de un gran horizonte de servicio, en momentos particularmente delicados en la historia regional y del mundo, la maduración de este organismo radica principalmente en la propia conversión personal y pastoral, “en la docilidad que tengamos a la gracia que irrumpe inmerecidamente, en la maduración de nuestra conciencia eclesial y de nuestra disponibilidad a vivir, aún heroicamente, un camino de seguimiento radical a Jesucristo”.

Hacia procesos sinodales, máximamente inclusivos

Explicó que esa maduración será “fermento saludable no sólo para que el Celam continúe sirviendo a la colegialidad episcopal, sino, muy particularmente, a la sinodalidad, es decir, a la dimensión dinámica de la comunión, que permite que el Pueblo de Dios se ponga en movimiento, como ‘Iglesia en salida’, orientado radicalmente a la misión”.

Para el secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, este servicio no es fácil y requiere de gran sabiduría, humildad y paciencia; “ahora en un contexto más sinodal y participativo, es preciso que todos los obispos en América Latina, todos los agentes de pastoral y todos los fieles en general, redescubramos la belleza y la especificidad del servicio que el Celam ha prestado y presta al interior de la vida de la Iglesia y en la sociedad”.

Rodrigo Guerra manifestó que este Consejo Episcopal, con toda seguridad ayudará “a que nuestra Iglesia sea un signo cada vez más vivo y elocuente de la nueva fraternidad que es preciso construir” en la región latinoamericana y caribeña “desde su propia naturaleza, en fidelidad a su historia, y promoviendo con especial esmero auténticos procesos sinodales, máximamente inclusivos”.

Caminar, aprender y madurar juntos

En ese sentido, detalló que sinodalidad eclesial y fraternidad en la vida social, son como un binomio que debemos aprender a mantener “para que la buena noticia del evangelio nutra los procesos de sanación de las graves heridas que afligen a nuestros pueblos, y que hoy parecen ampliarse gracias a la excesiva polarización política, la inequidad en la distribución de la riqueza, el desprecio al medio ambiente, la migración forzada y la violencia”.

Finalmente deseó que la Virgen María de Guadalupe, “‘madre del verdaderísimo Dios por quien se vive’, permita que en esta Asamblea Extraordinaria, y en todo el caminar del Celam hacia los jubileos de 2031 y 2033, exista una renovada pasión por vivir al estilo de Jesús, en comunión y sinodalidad permanentes, siguiendo las huellas del humilde san Juan Diego. Huellas que son de liberación integral de las personas y de nuestros pueblos, que tanto necesitan hoy re-encontrarse con un Dios hermano y amigo, que nos reconcilie, y nos dignifique a todos”.

De igual modo les recordó: “en la Pontificia Comisión para América Latina estamos a sus órdenes. El Papa ha querido definir nuestra comisión como una diaconía eclesial y como un signo del afecto y de servicio pontificio por la región latinoamericana y caribeña, llamado a ayudar a una más plena comunión y a una más intensa sinodalidad”.

“Quiera Dios, que en este nuevo momento eclesial, todos podamos caminar juntos, aprender juntos y madurar juntos, como hermanos“, concluyó el doctor Guerra.

Laicos y laicas: ¡Todos en la barca!

Seglares de América Latina y el Caribe reflexionan sobre su papel en una Iglesia sinodal y en salida

Predicar el Evangelio, una tarea esencial encomendada a todos los bautizados y bautizadas, porque “mirar al Pueblo de Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos. El primer sacramento, el que sella para siempre nuestra identidad y del que tendríamos que estar siempre orgullosos es el del bautismo”, como señaló el papa Francisco en 2016 a obispos y cardenales durante la Asamblea plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina, realizada en Roma.e ahí que el 19 de marzo de 2022 promulgara la nueva Constitución Apostólica sobre la reforma de la Curia romana y su servicio a la Iglesia en el mundo, Praedicate Evangelium, un proceso que nació a la par con el inicio de su pontificado en 2013, y donde cualquier bautizado, en especial los laicos y laicas, podrá ocupar funciones de gobierno y responsabilidades en la Curia. Sin duda, el Santo Padre no quiere dejar sobre el papel el preponderante rol del laicado en la construcción de una Iglesia sinodal, misionera y en salida. Son gestos concretos. Por ello, apunta: “A nadie han bautizado cura, ni obispo. Nos han bautizados laicos y es el signo indeleble que nunca nadie podrá eliminar”.

Con la reforma de la Curia, que ha entrado en vigor con la Solemnidad de Pentecostés –el domingo, 5 de junio– el Papa apuesta, sin titubear, por la sinodalidad como medio de evangelización y de crear conexiones más fuertes en la vida de la Iglesia. También sustituye a la constitución Pastor bonus, aprobada por san Juan Pablo II en 1988.

Una Iglesia de hermanos

Entonces, vuelve al ruedo la premisa de que “todo cristiano es un discípulo misionero”, usada como bandera en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño en Aparecida (2007) para sustentar el aporte de los laicos “por su vida familiar, por su conocimiento de las realidades sociales y por su fe, que les lleva a descubrir los caminos de Dios en el mundo, y les permite hacer contribuciones válidas, especialmente cuando se trata de promover la familia y respetar los valores de la vida y de la creación, del Evangelio como fermento de las realidades temporales y del discernimiento de los signos de los tiempos”.

La Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, realizada en noviembre de 2021, retoma esta demanda en sus 41 desafíos pastorales, cuando en particular plantea “la participación de los laicos en espacios de transformación cultural, político, social y eclesial” para despertar “la conciencia sobre su misión en la promoción de políticas públicas que posibiliten una economía más justa y humana”. Más allá de las valoraciones sobre el papel del laicado que datan desde el Concilio Vaticano II, “la Iglesia no es solamente decir que vamos a caminar juntos, porque para caminar juntos es necesario reconocernos como iguales, y no divididos entre grandes y pequeños. En este caminar no hay uno que esté por encima del otro, porque formamos una Iglesia de hermanos.

“A cuatro tiempos”

Misión Celam ha conversado con laicos y laicas de varios países de América Latina y el Caribe para tener una visión más amplia de su papel en estos tiempos de sinodalidad y con la entrada en vigencia de Praedicate Evangelium. Cada uno desde su campo de acción: social, eclesial, cultural y político, ha compartido su testimonio desde sus convicciones y apuestas de servicio al Reino. Todos coinciden en la importancia de la misión evangelizadora y la búsqueda del bien común, como también la necesidad de superar la tara del clericalismo y las estructuras rígidas. Están dispuestos a seguir primereando con Francisco.

Construcción mutua

Rosa Inés Floriano dirige el área de Desarrollo Humano Integral y Solidario de Cáritas Colombia, donde ha liderado procesos de construcción de paz acompañando la histórica labor de los obispos. Natural del Huila, en su diócesis de Garzón fue invitada en 1998 a trabajar en la Cáritas diocesana. Actualmente asesora el área de incidencia de Cáritas Latinoamérica. Para ella, en estos tiempos de sinodalidad “el principal papel de los laicos es ayudar a las estructuras a romper paradigmas, a tener voluntad de arriesgar y a superar los miedos que nos implican ver los cambios que clama la realidad a la Iglesia para que pueda sacudirse de tanto anquilosamiento y hacerse ligera para el caminar con el Pueblo de Dios”.

Considera que “el mayor grillete que todavía tenemos y que nos sigue atando de manos y pies, es comprender que el clericalismo no es un pecado meramente del clero y los obispos, sino que es reforzado y perpetuado por muchas de nuestras actitudes entre los laicos”. Ahora bien, el cambio en la Iglesia comienza por los laicos: “No podemos pretender que las estructuras se reformen para abrirnos espacios, el laicado debe proponer no desde la beligerancia, sino desde la construcción mutua”.

Compromiso bautismal

Elvy Monzant fue secretario ejecutivo del antiguo departamento de justicia y solidaridad del Celam, desde allí ha construido las bases sólidas para lo que es hoy la estructura de la Red Clamor, junto a las organizaciones eclesiales que la integran. En 2022 fueron elegidos por la ONU como organizadores del Foro Mundial para refugiados de 2023. Para este seglar venido de las filas de Cáritas Venezuela “es muy importante que los laicos salgamos de las capillas, que no seamos ratones de sacristía, sino que vayamos al mundo de la salud para que Cristo reine en los hospitales, para que Cristo reine en la política, para que Cristo reine en la economía haciendo la economía con rostro humano”. Esa es la clave.

Por tanto, “mientras el laico conciba su misión solamente al interior de la Iglesia y este reduzca su participación al culto-sacramental y se sienta subordinado a las decisiones y  a lo que el sacerdote vaya indicando, no irá asumiendo con madurez su compromiso bautismal, pues no vamos a lograr ser luz y sal en un mundo que está tan urgido de transformaciones”.

Constructores de una nueva realidad

Cesar Kuzma es un teólogo y docente brasileño, que trabaja para la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, desde allí asesora a la Conferencia de Obispos, a la Conferencia de Religiosos y al Consejo de Laicos. Echa mano de su bagaje eclesial para afirmar que desde la Conferencia de Medellín, inspirada en los lineamientos del Concilio Vaticano II, “la vida de la Iglesia está en los laicos” y, como tal, la Iglesia se entiende como Pueblo de Dios, por lo que “todos pertenecemos y todos estamos incluidos”.

“No podemos perder esto, esta condición de pueblo, este pueblo que tiene muchos rostros y muchas formas de expresarse y de vivir su fe. Este pueblo que vive esperanzas concretas y estas esperanzas se convierten en pasos para la construcción de la gran esperanza, que viene como don, pero que también es invitación/llamada a un Reino que hay que construir”, añade. En tiempos de sinodalidad, Kuzma señala que “el papel de los laicos debe ser el de quien asume la condición de sujeto eclesial y actúa como auténtico constructor de una nueva realidad que se abre nuevos caminos y ofrece nuevas dimensiones y condiciones para creer y hacer en la fe”.

Un servicio, mas no un poder

Rosario Hermano comenzó a liderar la Pastoral Juvenil en su natal Uruguay a finales de los años 70. Desde entonces, “este ser laica se convirtió en una vocación, una forma de ser y de estar y, también, en cierta manera, en un estilo de vida”. Es la secretaria ejecutiva de Amerindia desde hace más de 20 años, una amplia red continental al servicio de las distintas prácticas y teologías liberadoras.

Explica que “el dinamismo de la apertura a los ministerios laicales” (Evangelii nuntiandi 73) tiene sabrosos frutos que se disfrutan en las comunidades creyentes, donde el sensus fidei sostiene la renovación del compromiso por la vida desde el Evangelio (Evangelii gaudium 119). Por consiguiente, “concebimos la tarea de la Iglesia como servicio y no como poder, como testimonio de valores y no como instrumento de gestión sociopolítica, no desde el paradigma del dominio, sino desde la reciprocidad”. La sinodalidad –indica–  será posible a partir de asumir la vulnerabilidad compartida desde nuestros espacios, donde ya lo nuevo está naciendo.

Mayor protagonismo

Juan Morales Montero es un cantautor ecuatoriano. Lleva 30 años en el oficio. Ha compuesto emblemáticos temas para la Iglesia de América Latina como los himnos de la Asamblea Eclesial y del Tercer Congreso Americano Misionero. Afirma que “el aporte fundamental de los laicos, en el aspecto cultural, radica en que cada uno de nosotros somos una riqueza y estamos al servicio de la Iglesia y de la misión con todo lo que somos y hacemos”.

“Yo canto, pero mi canto es producto de lo que soy y lo que vivo. Traigo a la Iglesia mi forma de ser, de pensar, de cantar, de animar… Y todo ello significa para la Iglesia riqueza y don. Hay quien pinta, quien hace teatro, quien escribe, y, al converger, todos nosotros, como hermanos, en un mismo propósito resulta ser también que todos somos constructores de esta Iglesia nueva y sinodal”, sostiene. En tanto, celebra la reforma de la Curia, porque “da a los laicos y laicas más protagonismo en esta nueva etapa sinodal de nuestra Iglesia. Pero ese mayor protagonismo radica en asumir el rol de ser discípulos de Jesús, que anuncian el Evangelio, no de una manera secundaria, sino siendo pioneros en cumplir la misión”.

Abrir el corazón

Alisber Zapata, de República Dominicana, es una cantante que viene de las filas del grupo Alfareros, agrupación católica ganadora de un Grammy en 2014. Cuenta que llegó a la Iglesia gracias a la influencia de su madre, que “desde pequeña me supo inculcar los valores del Evangelio”. Explica que en sinodalidad “estamos llamados a escucharnos; hablar de lo bueno y lo malo; lo bonito y lo feo”. Por esto, “nuestro papel como laicos es el de participar, ser honestos, abrir el corazón, y así comunicar las verdaderas necesidades desde nuestra realidad, en los espacios que se provean para estos fines”.

Asimismo, apunta: “Los niveles jerárquicos son más de organización, pero no deben ser barreras de acceso y comunicación de modo que el más ‘pequeño’ pueda acercarse con confianza al que este más arriba, sin ser juzgado, rechazado o postergado por considerarle menos influyente o importante, sin estar pendiente del estatus, del puesto, de la función más que de la persona en sí misma”. De ahí, que para ella el arte en general es “un instrumento vital para difundir el mensaje del Señor” en clara señal de que todos somos hermanos.

Trabajo colectivo

Carolina Goić Boroević es chilena –de origen croata–, sobrina de Alejandro Goić, obispo emérito de Rancagua y expresidente de la Conferencia Episcopal de Chile. Tiene una amplia trayectoria política con el Partido Demócrata Cristiano, donde le ha tocado asumir roles de liderazgo desde la presidencia del partido hasta encabezar como candidata presidencial en 2017. Asegura que “mi opción profesional fue trabajar con los más pobres, los más vulnerables, en una mirada integral a las situaciones de extrema pobreza”.

Un aspecto que Goić destaca para “quienes somos creyentes en política” es el trabajo en red, puesto que “la política cuando busca incidir, cuando busca poder instalar proyectos de sociedad, proyectos de país, desde un prisma que pone a la persona en el centro requiere de un trabajo colectivo”. Todo laico en altas responsabilidades debe marcar la diferencia sin negociar sus principios como signo de coherencia.

Lucha de vieja data

Sonia Gomes de Oliveira es presidenta del Consejo Nacional de Laicos de Brasil (CNLB) y viene de las comunidades eclesiales de base y actualmente coordina un proyecto de apoyo a poblaciones vulnerables. “En mi acción pastoral siempre me dejo conducir por la figura de María, mujer que nunca dejó de creer y llevar esperanza”, dice.

En cuanto al aporte político, destaca el papel de los “laicos que se comprometen con el Evangelio de Jesús y asumen plantar cara contra la corrupción, poniendo en riesgo la propia vida para garantizar la vida, los derechos humanos, los derechos sociales”. Opina que “la lucha de los laicos en la política viene desde hace mucho tiempo y, en el caso de Brasil, desde la transición democrática, que culminó con la promulgación de la Constitución Federal”. Por lo cual, “tenemos un gran aporte de sectores del laicado organizado. Hoy seguimos en estas trincheras, porque el Evangelio está presente en quienes asumen el Evangelio en la vida de las personas y por la garantía de los derechos y la justicia social”.

¿Se detuvo el reloj? “No se pueden dar directivas generales para una organización del Pueblo de Dios al interno de su vida pública”, responde el Papa. Por ello, “la inculturación es un proceso que los pastores estamos llamados a estimular alentado a la gente a vivir su fe en donde está y con quién está”. Eso sí, es un trabajo de artesanos y el camino empieza.

La 1ª Asamblea Eclesial

Algunas luces sobre la primera Asamblea Eclesial y el proceso sinodal de renovación del CELAM

por Mauricio López Oropeza 


Las directrices de la renovación y reestructuración del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño), llevaron a la 1ª Asamblea Eclesial, porque parten de la convicción de querer contribuir al crecimiento y advenimiento de una genuina cultura Sinodal en la Iglesia.

Dichos llamados más significativos fueron:

  • Hacer un alto en el camino para realizar un análisis y discernimiento serios sobre la misión pastoral del CELAM.
  • Animar a que el CELAM sea una escuela de Sinodalidad.
  • Reestructurarnos para responder a la realidad y ser competentes ante ella.
  • Idear otra estructura pastoral más adecuada.

La dinámica fundamental que se le pide a la Iglesia y sus miembros es ser seguidores de Jesucristo; “la Iglesia debe cumplir su misión siguiendo sus pasos y adoptando sus actitudes (cf. Mt 9, 35-36)” . Este seguimiento es discipular y misionero, porque todo discípulo debe ser misionero (cf. DAp 144) “en virtud de su bautismo” (DAp 10, 160, 186) y de su “vocación bautismal” (DAp 505).

En ese sentido, el CELAM asume los cuatro sueños de Querida Amazonía, atendiendo el llamado del Papa Francisco, porque “todo lo que la Iglesia ofrece debe encarnarse de modo original en cada lugar del mundo, de manera que la Esposa de Cristo adquiera multiformes rostros que manifiesten mejor la inagotable riqueza de la gracia. La predicación debe encarnarse, la espiritualidad debe encarnarse, las estructuras de la Iglesia deben encarnarse”. Esto implica una pastoral encarnada en las diversas culturas del continente.

Estos cuatro sueños son asumidos como núcleos compartidos en los diferentes centros pastorales; de forma sintética y adaptados a nuestra región, se resumen en:

  • Sueño con comunidades cristianas capaces de entregarse en América Latina y el Caribe hasta el punto de regalar a la Iglesia nuevos rostros con rasgos latinoamericanos (Eclesial);
  • Sueño con un Continente que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad sea promovida (Social).
  • Sueño con un Continente que preserve esa riqueza cultural que lo destaca, donde brilla de modos tan diversos la belleza humana (Cultural).
  • Sueño con un Continente que custodie celosamente la abrumadora hermosura natural que lo engalana, la vida desbordante que llena sus ríos y sus selvas (Ecológico). – cfr. QA 7.

Dentro de esta misma propuesta se podrían señalar algunos horizontes específicos de la acción pastoral del CELAM:

  1. Facilitar el paso de una pastoral de conservación a una pastoral sinodal de itinerarios misioneros para animar una iglesia sinodal en salida, para el seguimiento de Jesucristo nuestro Señor.
  2. Desarrollar procesos pastorales sinodales alrededor de redes territoriales y/o temáticas que contribuyen a la conversión integral y que acompañen las acciones propias de las CC.EE. en la región.
  3. Promover el magisterio Pontificio y del episcopado latinoamericano y caribeño en lo pastoral y lo social, y elaborar metodologías pastorales correspondientes.
  4. Fortalecer y acompañar a las instituciones de la Iglesia que trabajan para los más vulnerables desde la perspectiva de la opción preferencial por los pobres y vulnerables.

Asamblea Eclesial, fruto del discernimiento

Fruto de este discernimiento, nace la propuesta de nuestra Asamblea Eclesial, la cual tuvo su presentación en enero de 2021, y donde el Papa Francisco daba por iniciado un proceso sinodal sin precedentes, marcando con claridad el camino que esta Asamblea debería seguir: “Junto al pueblo de Dios. Que esta Asamblea Eclesial no sea una élite separada del Santo Pueblo de Dios. Junto al pueblo, no se olviden que todos somos parte de Pueblo de Dios, todos somos parte. Ese pueblo de Dios que es infalibile in credendo como nos dice el Concilio, es el que nos da la pertenencia…  la Iglesia se da al partir el pan, la Iglesia se da con todos sin exclusión y una asamblea eclesial es signo de esto; de una Iglesia sin exclusión”.

A través de esta Asamblea, heredera de los caminos recorridos por la Iglesia en América Latina y el Caribe, nos pusimos en genuina actitud de escucha, con la convicción de que en este “kairós”, que es el tiempo propicio de Dios, fuimos llamados a escuchar la voz del Espíritu Santo que emana con fuerza innegable en el pueblo.

La primera Asamblea Eclesial fue, y sigue siendo, un proceso que quiere asistir en el discernimiento en común de la Iglesia (y de la sociedad que quiera dejarse interpelar) para responder de modo más genuino y legítimo ante los signos de los tiempos de nuestra región, para impulsar con más fuerza su misión salvífica integral y para seguir dilucidando los nuevos caminos para un seguimiento más pleno del Señor de la vida.

En medio de la más dura crisis de nuestra generación, por la Pandemia causada por el COVID-19, la Iglesia se puso en actitud de escucha activa para expresar una presencia real y, sobre todo, para impulsar caminos concretos para ser una Iglesia más sinodal. La participación llegó, gracias a las más múltiples y diversas instancias eclesiales que se convirtieron en verdaderos puentes, a los más diversos sitios haciendo posible la participación activa del pueblo de Dios como nunca antes había sucedido en la región.

Lo más valorado del camino sinodal hecho en la Asamblea Eclesial

Se ha realizado una experiencia inédita a nivel Iglesia con un modo sinodal y con un enfoque genuinamente Eclesial para una región-continente. Es imposible no considerar esta experiencia como un proceso parteaguas en el camino de nuestra experiencia eclesial en América Latina y el Caribe, y en su convicción regional está también la contribución más significativa para la Iglesia Universal.

Se ha dejado atrás la visión de eventos aislados, ya que esta Asamblea es un proceso, el cual no ha terminado, marcado por diversas etapas, inspiradas en la propuesta sinodal de la Constitución Apóstolica Episcopalis Communio:

  • Definición de un tema y sus respectivos objetivos.
  • Elaboración y difusión del Documento para el camino.
  • Escucha amplia a todo el Pueblo de Dios que quiso y pudo participar, con una intención clara de un alcance amplio, abierto y sin exclusión, y dando espacio para los “excluidos-as” o “improbables”.
  • Itinerario espiritual y litúrgico acompañando todo el proceso.
  • Elaboración de un documento para el discernimiento a partir de la escucha y para orientar la búsqueda de horizontes.
  • Fase de Asamblea Plenaria híbrida (virtual y presencial) con una participación sin precedentes en composición y cantidad de más de 1100 personas (alrededor de 100 de modo presencial en México, y alrededor de 1000 de modo virtual en toda América Latina y el Caribe – incluyendo cerca de 130 delegados hispanos de EEUU y Canadá).
  • Resultados a manera de desafíos y orientaciones pastorales con los que se darán los siguientes pasos (documento de orientaciones pastorales de la Asamblea, retorno de los desafíos al pueblo de Dios, conexión con el Sínodo sobre Sinodalidad, consolidación de la renovación y reestructura del CELAM, entre otros).

Los aspectos que no ayudaron en el proceso de la Asamblea Eclesial

No logramos implicar con mayor fuerza a las voces de los “improbables”, presencias imprescindibles para la consecución del objetivo de esta experiencia. En las delegaciones de cada país, seleccionadas por las comisiones eclesiales, la participación en la fase Plenaria no siempre reflejó la amplitud de la escucha o la diversidad de la Iglesia. Es decir, pesó más la tentación de delegar a los grupos más cercanos, los más institucionalizados o los más afines al pensamiento de quienes tienen cargos de dirección en la Iglesia.

Faltó una preparación mucho más intencionada y cuidada de los delegados-as a la Asamblea, pues percibimos que un buen número no hizo un ejercicio serio de lectura orante y reflexiva como preparación para su participación en la experiencia de discernimiento. La plataforma tecnológica, y nuestra inexperiencia y cierta desorganización interna entre instancias implicadas, presentó diversas dificultades que hicieron más complejo el proceso de participación plena en los grupos de discernimiento y en otros espacios de la Asamblea.

El número de participación en la fase de escucha reflejó más de un 67% de presencia de mujeres de diversas instancias eclesiales, y en la fase de Asamblea Plenaria las mujeres fueron solamente el 36% de la representación. En la Asamblea se percibieron todavía algunas expresiones de clericalismo que fueron señaladas durante la misma.

Los aspectos que dan más esperanza en el proceso de la Asamblea Eclesial

Los aspectos que dan más esperanza de esta experiencia con una composición amplia, imperfecta, pero de genuina representación del Pueblo de Dios: 21% obispos; 23% sacerdotes y diáconos; 16% religiosas y religiosos; 40% laicas y laicos.

Además de la trasparencia del proceso al haber presentado con total apertura los resultados de la Síntesis Narrativa de la Escucha para que todo el Pueblo de Dios pudiera conocer lo que se trabajó con sus voces y contribuciones. Se trabajó con un método de participación y de discernimiento comunitario (método de conversación espiritual) que marcó profundamente la experiencia en los grupos de la Asamblea, con una evaluación profundamente positiva.

La espiritualidad fue un elemento esencial a lo largo de toda la experiencia, la cual centró nuestra vivencia en común hacia la búsqueda de la voluntad de Dios, a poner la palabra de Cristo y su seguimiento en el centro. Opción profunda por conectar esta experiencia con el Sínodo sobre Sinodalidad de la Santa Sede.

Se ha valorado mucho la presencia de representantes de otras regiones de la Iglesia en el mundo, de sus Conferencias continentales, sea de modo presencial, o a través de comunicados, con una fuerte apreciación de parte de ellos sobre esta experiencia.  La transmisión digital abierta, para cualquier miembro del pueblo de Dios, por los diversos canales de cerca del 80% de la Asamblea (excepto los grupos de discernimiento), abriendo la experiencia de la Asamblea para toda la Iglesia.

En definitiva, como fruto de la experiencia de discernimiento comunitario, tenemos 41 desafíos para la Iglesia en el continente. Unos son novedades pastorales, otros expresan la necesidad de mayor profundización y compromiso, y otros reflejan confirmación y continuidad de áreas donde ya estamos trabajado intensamente. Seguimos construyendo los caminos de la sinodalidad, juntos en la misma barca.


Por Mauricio López Oropeza. Director del Centro Pastoral de Redes y Acción Social del CELAM

Cinco claves del CELAM

Las cinco claves del mensaje del Celam al cierre de su Asamblea extraordinaria

Asamblea del CELAM

Livianos de equipaje, a la atenta escucha y con una espiritualidad de ojos abiertos son las apuestas del Episcopado latinoamericano

Del 12 al 14 de julio, el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam) celebró su Asamblea extraordinaria, en la que evaluó junto a los presidentes y secretarios generales de las 22 conferencias episcopales, el caminar pastoral de este organismo tras su renovación, será sobria, al pie de las montañas del noroccidente de Bogotá, donde operarán al servicio de toda la Iglesia en el continente.

Vida Nueva presenta las cinco claves que ha propuesto el Celam en su mensaje final.

1.Espiritualidad de ojos abiertos

Los obispos del Celam han priorizado fortalecer “nuestro encuentro personal con Jesucristo en la realidad del continente y en el corazón de la Iglesia” para dar nuevas respuestas a los nuevos tiempos que se viven.

Por ende, “necesitamos una espiritualidad de ojos abiertos para tener una mirada contemplativa. Esta mirada descubre a Dios en la hondura de la realidad humana e histórica, no se trata de una contemplación aséptica o distante, sino de una sensibilidad abierta al dolor y a las alegrías de nuestros pueblos”.

2. A predicar el Evangelio

Livianos de equipaje. Bajo esta premisa, el Celam quiere llegar a las periferias existenciales y materiales atendiendo el llamado del papa Francisco en ser una Iglesia en salida, por tanto,  “deseamos ser una Iglesia que anuncie con audacia y creatividad el Evangelio de la Vida, especialmente en los ambientes más difíciles y olvidados”.

“Predicar el Evangelio es la tarea que el Señor encomendó a sus discípulos. Este mandato constituye el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada hombre y a la humanidad entera en el mundo actual”, han dicho.

3.Es hora de la sinodalidad

Es tiempo de caminar juntos. Así plantean los prelados que se han propuesto la tarea ineludible de “terminar con el clericalismo y con toda clase de abusos”.

Por ello, “necesitamos escuchar incluso las voces que nos incomodan y generar espacios y estructuras eclesiales que fomenten la participación, en particular de las mujeres y de los jóvenes”.

“Queremos incentivar la consulta y discernimiento comunitario, abriéndonos cada vez más a la participación del laicado y a su incidencia en la toma de decisiones”, han explicado.

4.Reafirmar opción por los empobrecidos y excluidos

Para los obispos “Es tiempo de martirio y profecía siendo la voz de los excluidos”, en tanto, “pedimos que la sangre de San Oscar Romero y de nuestros mártires latinoamericanos nos anime en la valentía y el compromiso con la justicia para la construcción de un continente fraterno”.

“Reafirmamos nuestra opción preferencial por los pobres y denunciamos todo aquello que afecta su dignidad. En este sentido, el Papa Francisco en Querida Amazonía advierte que la economía globalizada puede dañar sin pudor el medio ambiente y nuestra riqueza humana, social y cultural”, acotaron.

5.Iglesia dialogante

Por una cultura del encuentro. Es una de las apuestas que hace el Celam tras el cierre de su Asamblea extraordinaria, en especial, por “una Iglesia capaz de dialogar con todos, sin perder nuestra identidad cristiana y católica, tendiendo puentes para construir una auténtica fraternidad entre los seres humanos”.

En este sentido, “alentamos una cultura del encuentro para que en tiempos de guerra nuestra región sea un espacio de paz”, finalizaron.

La política de «combatir a los emigrantes»

Obispos CELAM y Red Clamor: «La política de ‘combatir’ a los migrantes en la frontera es ineficaz, cara y mortal»

El camión challado con 50 migrantes fallecidos
El camión challado con 50 migrantes fallecidos

«Rechazamos los enfoques punitivos y ‘combatir’ a los migrantes irregulares como política migratoria y de fronteras por su ineficacia, altos costes financieros, y sobre todo porque se traducen en más muertes y esclavitud»

Son las palabras de Monseñor Cabrejos, en nombre del Episcopado Latinoamericano y del Caribe y de las organizaciones que integran la Red Clamor, tras el hallazgo de un camión con 50 migrantes fallecidos en un vehículo abandonado en San Antonio, una ciudad de Texas

El comunicado se refiere a otro trágico episodio similar ocurrido el viernes, 24 de junio, en Europa, cuando grupos de emigrantes subsaharianos intentaron cruzar la frontera entre Nador (Marruecos) y Melilla (España)

La Red Clamor se suma y concluye: «Con el Papa Francisco seguimos apostando por el derribo de muros. Pedimos justicia, verdad, investigación, reparación y no repetición de estos hechos sangrientos»cultura del descarte»

(Agencia Fides).- “Rechazamos los enfoques punitivos y ‘combatir’ a los migrantes irregulares como política migratoria y de fronteras, no solo por su ineficacia y altos costes financieros, sino sobre todo porque se traducen en más muertes y esclavitud en forma de trata, además, van en contra de un elemental sentido de humanidad y en contra del espíritu de un amplio ‘nosotros’ que el Papa Francisco nos llama a cultivar”.

Así escribe el Arzobispo de Trujillo y Presidente del CELAM, monseñor Miguel Cabrejos Vidarte, en nombre del Episcopado Latinoamericano y del Caribe y de las organizaciones vinculadas a los migrantes que integran la Red Clamor, tras el hallazgo de un camión con 50 migrantes fallecidos, muchos de ellos menores de Guatemala, Honduras y México. Los cuerpos fueron descubiertos en un vehículo abandonado en San Antonio, una ciudad de Texas a unos 240 km de la frontera con México, en una zona de Estados Unidos donde fácilmente las temperaturas superan los 40 grados. En la declaración del 29 de junio expresan su consternación por el suceso y su solidaridad con las familias de los migrantes fallecidos.

“Este hecho criminal, como tantos otros que se están dando cada vez con mayor frecuencia en las fronteras de los países desarrollados, pone en evidencia la desesperación de quienes, en busca de un futuro mejor, están dispuestos a poner en riesgo su vida y la de sus familias”, continúa la carta señalando que el endurecimiento de las políticas migratorias no logra contener el flujo de migrantes y es causa directa de muertes y del aumento de la trata de personas.

La vida de ningún ser humano puede convertirse en una mercancía a la que se le da un precio de mercado para enriquecer a las mafias criminales, muchas veces en complicidad con los organismos de seguridad de nuestros países”, denuncia enérgicamente el escrito. El arzobispo expresa además su preocupación por el destino de los supervivientes, especialmente de los niños, considerando lo que está sucediendo con los menores migrantes en Estados Unidos.

Por ello, el CELAM y la Red Clamor hacen un llamamientoa todos los países de la región, especialmente al gobierno de Estados Unidos, a que amplíe sus opciones de migración legal para prevenir la muerte, la trata y el tráfico de seres humanos.

El comunicado se refiere a otro trágico episodio similar ocurrido hace unos días, el viernes 24 de junio en Europa, cuando grupos de emigrantes subsaharianos, tratando de escapar de la miseria, el hambre y las guerras en sus diferentes países y al no tener vías alternativas para ingresar España de forma segura y regulada, intentaron cruzar la frontera entre Nador (Marruecos) y Melilla (España).

“La llegada de más de 1.500 personas fue repelida por las fuerzas de seguridad de Marruecos y España, provocando una auténtica masacre, con más de 30 muertos”, denuncia la Red Clamor en su comunicado del 28 de junio. Los medios de comunicación y las redes sociales mostraron “los cuerpos tirados en el suelo, algunos vivos y otros muertos, bajo el sol, atados, recibiendo un trato cruel, inhumano y degradante por parte del ejército marroquí”.

La Red Clamor comparte el llamamiento de los obispos españoles al gobierno para que examine y atienda esta nueva crisis en la línea de proteger a los seres humanos y para que establezca con urgencia vías de acceso legales y seguras para las personas que migran de forma forzada. La Red Clamor se solidariza con los familiares de los hermanos asesinados y pide “justicia, verdad, investigación, reparación y no repetición de estos hechos sangrientos”, además de la liberación de los migrantes recluidos en los CIE (Centros de Internamiento de Extranjeros) dado que “son víctimas y como víctimas necesitan entornos seguros y acompañamiento humano, no una prisión”. También piden la repatriación de los cuerpos de los migrantes fallecidos a sus países.

Uniendo su voz a la de los Pastores del continente latinoamericano y el Caribe, la Red Clamor concluye: “Con el Papa Francisco seguimos apostando por el derribo de muros y por la construcción de puentes de solidaridad para combatir la cultura del descarte, hacer posible la amistad social y la fraternidad de los hijos e hijas de Dios, sin excluir a nadie, independientemente del color de piel, nacionalidad o estatus migratorio”

131 años de Rerum Novarum

Rerum Novarum
Rerum Novarum

El Celam lanza un mensaje por el Día de las Encíclicas Sociales y la Doctrina Social de la Iglesia

“Alrededor del 80% de la población vive en ciudades de más de 50.000 habitantes y que casi 29 millones de personas buscan y no encuentran un empleo”

«Algunos no duermen porque tienen hambre y otros no pueden dormir por miedo a los que tienen hambre»

«Por nuestras calles y por nuestros campos transitan muchos Cristos que necesitan de nuestra solidaridad”

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

La celebración del Día de las Encíclicas Sociales y la Doctrina Social de la Iglesia, cuando se 131 años desde que el Papa León XIII publicó la encíclica Rerum novarum, ha motivado un mensaje del Consejoso Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), firmado por su presidente Mons. Miguel Cabrejos.

El texto relata brevemente lo que le preocupaba al Papa León XIII al escribir aquella encíclica, haciendo ver que es algo que, concretado en situaciones similares, continúa sucediendo hoy, en un continente donde “alrededor del 80% de la población vive en ciudades de más de 50.000 habitantes y que casi 29 millones de personas buscan y no encuentran un empleo”. Algo que las lleva a la miseria y al ser víctimas de trabajo esclavo, “especialmente entre los muchos millones de migrantes que ya no solo van del campo a la ciudad, sino de país en país”.

El presidente del Celam denuncia que “unos pocos acumulan riqueza, mientras que miles de millones observan con dolor las maravillas científicas, porque van siendo descartados de los avances”, algo especialmente presente en el continente latinoamericano, donde “la riqueza, el poder, el acceso a la cultura, la educación y la salud, se concentran en pocas manos”.

El texto cita a don Hélder Câmara, que dice que “algunos no duermen porque tienen hambre y otros no pueden dormir por miedo a los que tienen hambre”, denunciando ser una “¡situación clama al cielo!”, y reclamando ser “¡una región de hermanos y hermanas que comparten la riqueza producida, que alcanza para que nadie viva en una condición indigna de los hijos de Dios!”.

Mons. Cabrejos

El mensaje quiere ayudar a que la voz de la Iglesia resuene para llamar “a las conciencias para construir justicia”, pues “si calláramos, las piedras gritarían”. En ese punto cita las palabras de Benedicto XVI y Francisco en las que justifican la opción por los pobres.

Las encíclicas sociales son vista por el Celam como instrumentos que “han inspirado parte de la legislación laboral y previsional, la conceptualización de los derechos humanos, la promoción de procesos de paz en muchos lugares del mundo”, algo asumido por la Iglesia de Latinoamérica y el Caribe. Hoy eso se expresa “en la defensa de los pueblos originarios y la responsabilidad con el medio ambiente en la Amazonía; en la atención a los migrantes en 650 puntos de apoyo distribuidos en nuestro continente; en la educación de millones de niñas, niños y jóvenes para alcanzar mejor futuro; en millares de personas que reciben atención sanitaria y compañía cuando su salud se deteriora, en el cuidado de las víctimas del Covid 19”.

Pero también se reconoce que “queda mucho más por hacer”, por lo que se invita a seguir avanzando. Ello “porque por nuestras calles y por nuestros campos transitan muchos Cristos que necesitan de nuestra solidaridad”, llamando a unirse con todos en ese camino. 

Finalmente se recuerda que la Doctrina Social de la Iglesia “está en permanente cambio y enriquecimiento”, viéndola como “fundamento y estímulo para la acción”. Para ello piden la intercesión de “Nuestra Madre, María de Guadalupe, siempre servicial y solidaria”, buscando “nos anime en la escucha y el discernimiento de los clamores de los pobres y de la tierra para que con la enorme capacidad creativa de las personas seamos capaces de ponerlos al servicio de la justicia y la paz”.

Beato Rutilio Grande, Celam, obispo Proaño y San Romero

«Expertos del poder político descubrieron la capacidad peligrosamente transformadora del método de Rutilio»

Romero y Rutilio
Romero y Rutilio

«El Celam asumió la tarea de servir en América Latina a esta “conversión eclesial” compartiendo esa centralidad en Jesús y en la construcción del reino del Padre»

«Con el obispo Proaño y con su pueblo, Rutilio aprendió a ser y a obrar en la forma que, sin buscarlo, encontró el martirio»

«El Equipo del Celam esta vez incluyó a Ignacio Ellacuría con su valioso aporte local, jesuita quien fue también martirizado años después»

«El poder político cometió su crimen. Pero el Padre, Amor misericordioso, los ha elevado ante el mundo como monumento de ejemplo que invita a ser la ‘Iglesia en conversión continua'»

24.03.2022 | Edgard R. Beltrán

Rutilio Grande fue beatificado el 22 de enero del 2022, mártir por la fe y la justicia.  Rutilio fue el fruto de una exigente e ininterrumpida “conversión eclesial”.

 “Conversión Eclesial” es un giro, un cambio hacia una CENTRALIDAD: JESÚS COMO CENTRO Y COMO CENTRO DE JESÚS ES LA CONSTRUCCIÓN DEL REINO DEL PADRE.  Hacia esto se centra el Concilio Vaticano II y su modelo de Iglesia como “Pueblo de Dios”, centrado en Jesús y en la construcción de ese reino (LG.9). El Celam se guía del Concilio en su centralidad en Jesús y en el reino y vive esa centralidad en la histórica reunión eclesial de Medellín, que es el mejor fruto del Vaticano II.   

El Celam asumió la tarea de servir en América Latina a esta “conversión eclesial” compartiendo esa centralidad en Jesús y en la construcción del reino del Padre.  Fue una época de “primavera eclesial” en el Continente que dejó varios ejemplos de esta “conversión eclesial impulsada por la divina dinámica de la Centralidad en Jesús y el reino”. 

Rutilio Grande, Manuel Solórzano, Nelson Rutilio Lemu y Cosme Spessotto
Rutilio Grande, Manuel Solórzano, Nelson Rutilio Lemu y Cosme Spessotto

El Beato Rutilio Grande, con su sangre de “mártir”, es un “testigo” de esa “conversión eclesial” que vivió en un giro ininterrumpido hacia esa “CCENTRALIDAD” EN JESÚS Y EL REINO DEL PADRE, con la guía del Concilio Vaticano II y a la luz de la reunión eclesial de Medellín. 

 El Celam fue su acompañante desde el inicio de su “conversión eclesial”, por medio del Departamento de Pastoral de Conjunto, tanto con su Equipo Ejecutivo, a quien consultó, como con su Instituto de Pastoral para América Latina, el Ipla en Quito, en el que participó. Pero lo más especial fue su convivir con el obispo Leonidas Proaño,  presidente del Departamento del Celam  y obispo de Riobamba, cerca  de Quito, un obispo ejemplo de “conversión eclesial”, tanto en su persona como en su ministerio transformador en su Iglesia diocesana. Con el obispo Proaño y con su pueblo, Rutilio aprendió a ser y a obrar en la forma que, sin buscarlo, encontró el martirio.

Este “testigo” con su martirio a causa de su “conversión eclesial centralizada”, fue lo que golpeó a Oscar Romero, quien fue su arzobispo por 18  días (del 22 de febrero de 1977 al 12 de marzo), y quien así lo manifestó: “Si lo han asesinado por lo que hizo, yo tengo que seguir el mismo camino. Rutilio me ha abierto los ojos”.  El arzobispo desde ese momento vivió su “conversión eclesial centralizada” que, sin buscarlo, también selló con su histórico martirio, San Romero.      

El Beato Rutilio Grande inició esta etapa de “conversión eclesial centralizada” en una ocasión sencilla y casi sin saberlo, impulsado por su inquietud y su apertura al discernimiento.  Fue un paso que dio ayudado ocasionalmente por el Celam. 

Romero y Rutilio
Romero y Rutilio

El arzobispo de San Salvador, don Luis Chávez, había participado en el Concilio Vaticano II y éste lo transformó. Para aplicarlo en su pastoral, aprovechó la colaboración del  Celam con las “Semanas Pastorales” que el Departamento de Pastoral de Conjunto del Celam organizaba en  cumplimiento de la tarea de servir en América Latina a una “Iglesia en conversión  centralizada” a la luz  del Concilio Vaticano II y de su aplicación en el Continente  a partir de la reunión eclesial en Medellín. Centralizado el mensaje con este contenido, l se utilizaba una metodología inductiva y participativa que contribuía a edificar la comunidad eclesial, para que continuara viva después de la semana. Casi todos los países de América Latina pidieron al Departamento de Pastoral de Conjunto del Celam este servicio que lo realizaba el Equipo Ejecutivo del Departamento con la aprobación de su presidente, el obispo Leonidas Proaño. El Equipo del Celam esta vez incluyó a Ignacio Ellacuría con su valioso aporte local, jesuita quien fue también martirizado años después

 En esta Semana Pastoral hubo dos personas que ahora nos interesan. Uno, que fue invitado y no asistió, el obispo auxiliar Oscar Romero, solamente se le veía en el comedor. El otro, que no fue invitado, pero que asistió como pudo en varios momentos desde la puerta del salón, el jesuita encargado de la administración del seminario, quien no fue invitado por no trabajar directamente en la pastoral, Rutilio Grande.

En algún momento, en privado, Rutilo le comentó a uno del equipo del Celam que él estaba deseando detener un poco sus actividades para discernir sobre su vida y que oyendo un poco los temas de la Semana Pastoral había pensado preguntarle sobre algún lugar favorable para este fin. Este le respondió que lo mejor podría ser participar en el Ipla. El tiempo de seis meses que duraba el curso era muy propicio. El contenido iba precisamente en esa dirección de contribuir a un discernimiento en una línea de “conversión eclesial”.  Los formadores que se turnaban cada semana eran de lo mejor, personas muy competentes en sus respectivas materias, y además con un total compromiso de vida en una Iglesia como Pueblo de Dios desde la base con el pobre. La metodología era la indicada para formación de “comunidad eclesial”. La transformación de los participantes era palpable, causa de queja de algunos obispos y de agradecimiento de muchos. 

Leónidas Proaño
Leónidas Proaño

Le precisó, además, que el participar en el Ipla tendría una posibilidad aún mejor, convivir con el obispo Proaño y su Pueblo en la diócesis de Riobamba, ojalá cada fin de semana. Vivir con él como persona, como cristiano, como obispo y convivir con esa comunidad eclesial diocesana, seguramente sería una de las gracias más enriquecedoras de su vida, se le aseguró a Rutilio. Él lo aceptó, fue al Ipla y así también aprovechó para ir a Riobamba todos los fines de semana del semestre menos tres. Esta vivencia le comunicó a su ser y a su obrar el giro ya irreversible en el caminar en su “conversión eclesial”. 

Así Rutilio lo confesó agradecido al obispo Proaño y a su Pueblo, así se le vio a su regreso en su vida personal y así lo practicó en su nuevo ejercicio pastoral. Así se beneficiaron sus feligreses agradecidos y transformados. Así lo notaron sus amigos que se le acercaron.  Así lo señalaron los obispos de su país que en su mayoría lo descalificaron. Así lo señaló la clase dirigente que se incomodó asustada

Así lo enmarcó el poder político que lo caracterizó como el constructor peligroso de un mundo diferente al que ellos dominaban. Los pobres se capacitaban como sujetos de su superación, los analfabetos manipulables se transformaban en formadores comunitarios, la envidia destructora del pobre contra el pobre estaba siendo reemplazada por algo que llamaban “comunidad desde la base popular”, todas y todos como una familia.   El poder político se desconcertó, pues un cura no era para meterse en estos cambios. Investigaron a Rutilio y lo vieron como un campesino igual a todos, pobre y sencillo. Los espías (“orejas”) enviados a sus reuniones informaban que casi no hablaba, preguntaba mucho a la gente y los ponía a pensar.

Leían el evangelio y lo comparaban con su situación, todas y todos hablaban de Jesús como de un hermano más del grupo y siempre salían con una tarea que ellos mismos se imponían para hacer de su situación algo más parecido a un tal reino. Los espías no veían nada raro. Pero expertos del poder político descubrieron la capacidad peligrosamente transformadora del método de Rutilio. Supieron que Rutilio había ido al Ecuador y de allí había regresado así. En comunicación entre militares supieron que en Ecuador tenían el mismo problema con el obispo Proaño de Riobamba que estaba “dañando a los indios”.  Rutilio se fue enterando de todo, como se lo comentó serenamente en una ocasión al amigo del Celam que le había aconsejado ir al Ipla y a Riobamba con el obispo Proaño. 

Leónidas Proaño
Leónidas Proaño

La convivencia igualitaria de Rutilio con el campesino pobre era mutua. Caminaban juntos,  todos y todas eran  iguales por el bautismo en la dignidad  de  hijos e hijas del mismo Padre Dios, hermanos y hermanas iguales en la misma misión y solidarios en sus riesgos. El poder político había decidido actuar violentamente. Torturó y expulsó del país al sacerdote colombiano Mario Bernal. Rutilio proclamó valientemente en la homilía:

”Es peligroso ser cristiano en nuestro medio! ¡Prácticamente es ilegal ser católico en nuestro país! ¡Ay de ustedes, hipócritas, que se hacen llamar católicos y por dentro son inmundicia y maldad! Son Caínes y crucifican al Señor cuando camina con el nombre del humilde trabajador del campo. Mucho me temo, hermanos, que si Jesús de Nazaret volviera ahora y bajara de Chalatenango a San Salvador, yo me atrevo a decir que no llegaría con sus homilías y acciones a Apopa. Lo acusarían de revoltoso, de judío extranjero, con ideas extrañas, contrarias a las del clan de Caínes. Sin duda, hermanos, lo volverían a matar.”   (Homilía recogida por Martin Maier en su libro) 

Conscientemente temerosa del peligro, la comunidad parroquial perseveraba en el caminar junto con Jesús y entre ellos en su común misión de bautizados. Manuel de 72 años y Nelson de 14, apoyados por sus familias y su comunidad, seguían caminando junto a Rutilio como tres bautizados iguales en una misma misión compartida. Así los ubicó el poder político y así,  juntos e iguales los tres bautizados,  fueron  asesinados  

El poder político cometió su crimen. Pero el Padre, Amor misericordioso, los ha elevado ante el mundo como monumento de ejemplo que invita a ser la “Iglesia en conversión continua”, centralizada siempre en Jesús y el reino, cuyos miembros por el bautismo son hijos e hijas del mismo Padre y herman@s iguales entre, encargados de la misma misión de la construcción del reino, con Jesús y entre ellos “caminando juntos”. En palabras del Papa Francisco, la IGLESIA SINODAL, como ha debido ser desde el comienzo, y como va a ser en este tercer milenio y para siempre. Rutilio, Manuel y Nelson son ejemplo desafiante para obispos y clérigos y laicos y son intercesores.

Homenaje '¡Rutilio vive!'
Homenaje ‘¡Rutilio vive!’

¡Así lo dijo el Obispo Proaño en Riobamba al regresar de enterrar a San Romero!  

Misión CELAM

Misión Celam: De la Asamblea Eclesial al Sínodo de Sinodalidad no hay mucho trecho

Reportaje Misión Celam
Reportaje Misión Celam

Este acontecimiento latinoamericano y caribeño que culminó, en una primera etapa el 28 de noviembre y con 41 desafíos pastorales en ciernes, ha servido de laboratorio de sinodalidad

El cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos, fue testigo en primera línea de la Asamblea Eclesial. No dudó en afirmar que «ha sido una experiencia eclesial muy interesante»

Rodrigo Guerra apunta: «la Iglesia abre una novedad no solo eclesial, sino social, promoviendo una amplia participación para incluir a diversos sectores y desde esa realidad encontrar nuevos caminos para renovar»

Gloria Liliana Franco saca punta de todo este proceso sinodal y de Asamblea e insiste que la sinodalidad «supone ubicarnos en el lugar de la humildad» y, especialmente, «reconocer esas actitudes que han estado alejadas en el modo de ser de Dios porque son verticales, abusivas o conclusivas y desprovistas de misericordia»

El discernimiento fue clave en el proceso de Asamblea Eclesial, cuyo corolario se encuentra en 41 desafíos pastorales, con los que se han puesto en el horizonte diversas realidades de América Latina y el Caribe como los abusos, el clericalismo, la pobreza, la exclusión, el cuidado de la Casa común, el protagonismo de jóvenes y mujeres

Por Ángel Morillo

De la Asamblea Eclesial al Sínodo de Sinodalidad no hay mucho trecho. Este acontecimiento latinoamericano y caribeño que culminó, en una primera etapa el 28 de noviembre y con 41 desafíos pastorales en ciernes, ha servido de laboratorio de sinodalidad, que en palabras de Gloria Liliana Franco, presidenta de la Confederación  Latinoamericana de Religiosos (CLAR), “supondrá ofrecer el propio don y exigirá abandonar la tentación de sentirnos superiores a los demás”. Por ende, “el imperativo es a vivir la unidad sobre la experiencia de la propia identidad y con conciencia de la innegable diferencia de todos”, recalca.

El cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos, fue testigo en primera línea de la Asamblea Eclesial. No dudó en afirmar que “ha sido una experiencia eclesial muy interesante” y, “para ser sincero, regreso con mucha más información en mi bagaje que cuando llegué, porque pienso que esta Iglesia está muy bien preparada en términos de sinodalidad”.

Con ello convalida los esfuerzos emprendidos por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), como de las diversas instancias eclesiales involucradas, en dar estos primeros pasos de lo que el papa Francisco ha pedido: escuchar al Pueblo de Dios, en especial, a quienes han estado en las periferias existenciales. Por supuesto, la Asamblea es un punto de llegada, pero también es un punto de partida.

Así piensa Pedro Manuel Brassesco, sacerdote argentino y recién designado secretario adjunto del CELAM para hacer dupla con su colega David Jasso. En este sentido, el presbítero cuenta que acompañó en su parroquia el proceso de escucha de la Asamblea y, al contrastar lo vivido en noviembre, pudo entender muchas de las resonancias de la gente que pastorea en Ibicuy, en el departamento Islas, de Argentina.

Por tanto, la sinodalidad pasa por la motivación “del yo al tú y del tú al nosotros para reafirmar un modo esencial de ser, porque transformar las estructuras es siempre para la misión y el anuncio del Evangelio, razón de existir de la Iglesia”.

Al corazón de Aparecida

Por su parte, Rodrigo Guerra, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina (CAL), apunta que la Asamblea es un gran aprendizaje para toda América Latina, por eso “la Iglesia abre una novedad no solo eclesial, sino social, promoviendo una amplia participación para incluir a diversos sectores y desde esa realidad encontrar nuevos caminos para renovar”.

Además, acota que esta experiencia inédita “se encuadra en el proceso que se ha disparado en el Concilio Vaticano II, que pasa por las diferentes conferencias generales y que hoy se inserta perfectamente en la preparación del Sínodo de la sinodalidad”.

De hecho  –admite el laico mexicano–, aprender a caminar en sinodalidad “tal vez pueda sonar a lugar común, pero no, caminar juntos resulta pertinente para invitar a todos a participar y a unirse. Sobre todo en una sociedad latinoamericana que acentúa la fragmentación, es muy fácil caer en la tentación de la suspicacia y de la sospecha”.

Frente a la avanzadilla de grupos tradicionalistas que enfilan discursos de odio contra el papa Francisco y la reforma sinodal, Guerra sugiere actuar con testimonio. “A esos hermanos que han caído en una falsa ortodoxia y se sienten seducidos por erróneas comprensiones en el acontecer de la vida eclesial, que pareciera que el Papa y su magisterio, el Concilio Vaticano II no son relevantes, allí tenemos que dar testimonio, no de una reacción simétrica y en sentido contrario para combatirlos, sino asumir una actitud samaritana y paciente, que nos permita abrazarlos aún a los más incómodos y desde esa manera dar testimonio de que el amor es digno de fe”, explica.

Frente a este panorama, Guerra recuerda el corazón del Documento de Aparecida habida cuenta que “la Asamblea Eclesial apenas es un pequeño paso de un gran proceso que es la sinodalidad, no solo la del Sínodo en desarrollo, sino de la reforma sinodal de la Iglesia en todo nivel”. Se refiere en cuestión a los parágrafos 11 y 12. El artículo 11 reza así: “La Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales.

No puede replegarse frente a quienes solo ven confusión, peligros y amenazas, o de quienes pretenden cubrir la variedad y complejidad de situaciones con una capa de ideologismos gastados o de agresiones irresponsables. Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros.

Ello no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino, protagonistas de vida nueva para una América Latina que quiere reconocerse con la luz y la fuerza del Espíritu”.

Y el número 12 de Aparecida dice así: “No resistiría a los embates del tiempo una fe católica reducida a bagaje, a elenco de algunas normas y prohibiciones, a prácticas de devoción fragmentadas, a adhesiones selectivas y parciales de las verdades de la fe, a una participación ocasional en algunos sacramentos, a la repetición de principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que no convierten la vida de los bautizados. Nuestra mayor amenaza es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”.

Al respecto, Guerra destaca la visión de futuro que tuvieron los obispos en Aparecida al señalar “los puntos álgidos que estaban atorando nuestros procesos eclesiales; hoy puede ser oportuno revisarlos”. Por esto cierra: “A todos nos toca recomenzar desde Cristo, reconociendo que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.

Tiempo de discípulos y misioneros

En nombre de la Vida Religiosa del continente, Gloria Liliana Franco saca punta de todo este proceso sinodal y de Asamblea. Hombro a hombro con los obispos, se ha convertido en una pieza fundamental en ese entretejido de espiritualidad que tuvo como estandarte los rostros para el encuentro y la oración. De este modo, insiste que la sinodalidad “supone ubicarnos en el lugar de la humildad” y, especialmente, “reconocer esas actitudes que han estado alejadas en el modo de ser de Dios porque son verticales, abusivas o conclusivas y desprovistas de misericordia”, en tanto considera que “de la Asamblea Eclesial Latinoamericana y de el Caribe al Sínodo de la Sinodalidad estamos en un proceso, un itinerario, de encuentro y de conversión”.

Asimismo, la religiosa colombiana pone sobre la mesa “la urgencia de una nueva mirada contemplativa más teologal y encarnada, capaz de reconocer al Dios que acontece en el territorio de lo humano y que invita hoy a la Iglesia a la plenitud de la relación”, por lo que anima a “contemplar la realidad y aguzar el oído para escuchar al Espíritu para desacomodarnos y abandonar los estatus de confort, parálisis de los que tantos creyentes estamos atrincherados”. En consecuencia, “tendríamos que hacer un acto de fe, en el que el protagonista de este proceso sea el Espíritu, sin él no hay auténtico seguimiento de Jesús, ni kairós eclesial”.

La religiosa de la Compañía de María plantea que en este camino de la Asamblea Eclesial al Sínodo de la Sinodalidad “no es tiempo de textos, sino de testigos. Tenemos que ser esa narrativa creíble de lo que nuestra sociedad espera leer en nosotros, cuando nos encontramos así como ahora en condición de hermanos, porque la buena noticia es que somos radicalmente humanos, llamados a ser hermanos. Todo lo demás, títulos, funciones, responsabilidades, es relativo, eso pasa, caduca”. En esta apuesta –indica– la única palabra creíble es “la palabra encarnada y evangelizar es encarnarse en todas las culturas”.

Para Franco llegó el momento de impulsar Evangeli gaudium, Querida Amazonía, Fratelli tutti, el Sínodo de los jóvenes y el de la Amazonía para “lanzarnos más allá de la geografía desconocida, donde habita el más pobre, el migrante, el más enfermo, donde es posible abrazar la tierra y las culturas con reverencia y conscientes de la sacralidad de todo lo creado en condición de discípulos misioneros”.

Ejemplo para el mundo

Sobre el cardenal Grech pesa una gran responsabilidad en la actual coyuntura, inclusive menciona que “tras la inauguración de la primera fase de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo, en mi ministerio como secretario general del Sínodo, casi todos los días debo hablar de la sinodalidad y del Sínodo de la Sinodalidad”.

No en balde, hizo un recuento de lo que ha llamado el camino postconciliar a través de la Conferencias Generales del Episcopado: Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida. Sopesa para luego elogiar a sus hermanos obispos: “Ustedes han vivido una extraordinaria experiencia de comunión eclesial, que podría ser un ejemplo para muchas conferencias episcopales en el mundo”, puesto que “los documentos conclusivos de esas Asambleas Generales constituyen los hitos de un camino que ha ido profundizando en la conciencia de una Iglesia dinámica, a través de una comunión entre obispos y delegados de las Iglesias que está en la base de su identidad eclesial y del modo particular –me atrevería a decir característico– en que buscan ser Iglesia en este tiempo tan complejo y convulso. Todo esto tiene mucho que ver con la sinodalidad”.

El cardenal propone hacer un ejercicio de imaginación: “Intenten pensar en el escenario de la misión de una Iglesia no sinodal; una Iglesia en la que no caminamos juntos, no procedemos en ningún orden particular, cada uno reclamando el derecho a la misión”.

En este particular, aclara el purpurado, siendo así, “la evangelización ya no sería obra de la Iglesia, sino de muchos individuos, denominaciones, grupos, movimientos, que se acercarían a los demás en base a sus propios dones personales y exclusivos, no por mandato de Cristo”.

De igual forma, Grech deja por sentado que “un proyecto misionero solo puede surgir del proceso sinodal de escucha-discernimiento, que es, además, un ejercicio de discipulado”, en contraposición de “ciertas formas de evangelización autorreferencial, que forman a las personas en una membresía cerrada –¡ojalá no sectaria!– que corren el riesgo de deslizarse hacia formas de proselitismo”.

Grech ha dejado muy claro que en este camino del Sínodo de la Sinodalidad, “la presencia de los pastores, que son el principio de la unidad en sus Iglesias, permite que estas Conferencias sean una representación visible de la Iglesia que vive en este continente”. En definitiva, los obispos latinoamericanos están llamados a dar un gran aporte en este evento mundial, “dado que ustedes ya han adquirido una experiencia considerable a través de sus conferencias generales, pueden ser de ayuda para las demás conferencias episcopales continentales” en relación con las consultas diocesanas que han iniciado desde octubre.

“La fase inicial de consulta amplia en las Iglesias particulares es una novedad para todos; luego también las conferencias episcopales nacionales están llamadas a adoptar un enfoque diferente haciendo un discernimiento eclesial a partir de la escucha del Pueblo de Dios”, añade.

Del unísono a la sinfonía

En estos tres años que durará el Sínodo de la Sinodalidad se presentan grandes retos, porque en “ese caminar juntos” resulta imprescindible una conversión misionera, la cual “no será posible si no se lleva a cabo una conversión sinodal”.

¿Qué se requiere para ello? Grech hace un listado de prioridades: “Implica una escucha humilde y respetuosa del otro y de sus razones; que tenga la valentía de pedir y dar el perdón; que quiera la unidad al precio de la propia verdad, sino que nunca identifique la verdad con mi verdad. Tal vez este sea el mayor esfuerzo, pero también constituirá el testimonio más fuerte, que dará contenido al don de la experiencia sinodal que pueden ofrecer a toda la Iglesia”. En este camino sinodal todo está calibrado, incluyendo a quienes “promueven una comprensión individualista e intimista de la fe”.

Al tiempo, indica: “A estas propuestas, que a menudo atraen tanto a un pueblo poco formado, la respuesta más creíble es la de la comunión: con la enseñanza de los Apóstoles, en la fraternidad, en la fracción del pan y en las oraciones”.

Vuelve sobre el tapete la cuestión de la inculturación, por lo cual Grech asegura que “el Sínodo, al poner como tema la Iglesia sinodal y pedir que se lea la comunión, la participación y la misión en este contexto, constituye la posibilidad concreta de volver a la evangélica vivendi forma, que debe desarrollarse de manera original en cada contexto cultural”.

Todo ello, partiendo de las tradiciones y culturas del continente, para “traducir el único Evangelio de Cristo al estilo latinoamericano. Esto, como dice el Papa, no amenazará la unidad de la Iglesia, sino que mostrará que la tradición no es un canto al unísono, una línea melódica de una sola voz, sino una sinfonía, donde cada voz, cada registro, cada timbre vocal enriquece el único Evangelio, cantado en una infinita posibilidad de variaciones”.

Los desafíos pastorales de la Asamblea Eclesial

El discernimiento fue clave en el proceso de Asamblea Eclesial, cuyo corolario se encuentra en 41 desafíos pastorales, con los que se han puesto en el horizonte diversas realidades de América Latina y el Caribe como los abusos, el clericalismo, la pobreza, la exclusión, el cuidado de la Casa común, el protagonismo de jóvenes y mujeres.

De entre estos 41, se han seleccionados los 12 de mayor prioridad, más aún cuando en febrero de 2022, a la par con las consultas sinodales, también se organicen Asambleas Eclesiales en cada uno de los 22 países que conforman la región. Estos son los desafíos:

1-Reconocer y valorar el protagonismo de los jóvenes en la comunidad eclesial y en la sociedad como agentes de transformación.

2-Acompañar a las víctimas de las injusticias sociales y eclesiales con procesos de reconocimiento y reparación.

3-Impulsar la participación activa de las mujeres en los ministerios, las instancias de gobierno, de discernimiento y decisión eclesial.-

4-Promover y defender la dignidad de la vida y de la persona humana desde su concepción hasta la muerte natural.

5-Incrementar la formación en la sinodalidad para erradicar el clericalismo.

6-Promover la participación de los laicos en espacios de transformación cultural, político, social y eclesial.

7-Escuchar el clamor de los pobres, excluidos y descartados.

8-Reformar los itinerarios formativos de los seminarios incluyendo temáticas como ecología integral, pueblos originarios, inculturación e interculturalidad y pensamiento social de la Iglesia.

9-Renovar, a la luz de la Palabra de Dios y el Vaticano II, nuestro concepto y experiencia de Iglesia Pueblo de Dios, en comunión con la riqueza de su ministerialidad, que evite el clericalismo y favorezca la conversión pastoral.

10-Reafirmar y dar prioridad a una ecología integral en nuestras comunidades, a partir de los cuatro sueños de Querida Amazonía.

11-Propiciar el encuentro personal con Jesucristo encarnado en la realidad del continente.

12-Acompañar a los pueblos originarios y afrodescendientes en la defensa de la vida, la tierra y las culturas.

El Secretario del Celam en la beatificación

Mons. Jorge Lozano: Rutilio Grande, el jesuita cuyo martirio marcó a fuego la vida de monseñor Óscar Romero, ya es beato

Mons. Jorge Lozano
Mons. Jorge Lozano

Los mártires de este tiempo son secuestrados, torturados, asesinados. Con acusaciones falsas son manchados para desalentar y boicotear su servicio

Para quienes ejercen poderes autoritarios y defienden intereses espurios, es aceptada una Iglesia que sirva, pero sin cuestionar

Al sistema económico vinculado al poder de la avaricia le interesa una Iglesia encerrada en los Templos y las sacristías, pero no en la calle

No sólo predicaba a los campesinos oprimidos sino que también aprendió de ellos la paciencia, la laboriosidad, el rechazo de las injusticias

La beatificación de los cuatro mártires nos los asegura como intercesores ante el Padre, a la vez que nos muestra la radicalidad evangélica de sus vidas entregadas

Por | Paola Calderón – ADN Celam

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El Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano Monseñor Jorge Eduardo Lozano nos ofrece su reflexión después de vivir la ceremonia de beatificación de 4 mártires en El Salvador: Rutilio Grande, Manuel Solórzano, Nelson Lemos y Cosme Spessotto, un reconocimiento a la Iglesia que vivió el martirio porque tuvo claro con quien estaba comprometida y a quienes debía defender.

Este es el testimonio de Mons. Jorge Eduardo Lozano, Arzobispo de San Juan de Cuyo (Argentina), y Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam).

Beatificaron en El Salvador a dos laicos y dos religiosos asesinados en los años 70/80. Desde la segunda mitad del siglo XX, en América Latina, se reeditaron formas de violencia contra la fe.

Cuando escuchamos la palabra “mártires” recordamos a quienes eran arrojados a los leones, decapitados o quemados durante los primeros siglos del cristianismo. Pero desde la segunda mitad del siglo XX, en América Latina, se han vuelto a editar nuevas formas de violencia contra la fe. El modus operandi es diverso. Los mártires de este tiempo son secuestrados, torturados, asesinados. Con acusaciones falsas son manchados para desalentar y boicotear su servicio.

La palabra “mártir” es de origen griego y se traduce como “testigo”, designa a aquella persona que vio o escuchó —también en tiempo presente— y puede dar fe de ese acontecimiento. No se es testigo de abstracciones o ideas sino de acontecimientos concretos.

El Salvador: una Iglesia martirial

El sábado 22 de enero fueron beatificados 4 mártires en El Salvador, el país del Santo Obispo Monseñor Óscar Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980. Pero no fueron solamente 4: es el reconocimiento de una Iglesia Martirial. También de modo contemporáneo se produce una persecución a los cristianos como en los primeros siglos. Me contaban que a partir de estas persecuciones violentas unos cuantos abandonaron la Iglesia Católica porque es peligroso pertenecer a ella y adhirieron a otras confesiones religiosas. Para quienes ejercen poderes autoritarios y defienden intereses espurios, es aceptada una Iglesia que sirva, pero sin cuestionar. Que organice comedores y merenderos, pero que no pregunte acerca de las causas del hambre; que se dedique a la recuperación de adictos, pero que no denuncie el avance sostenido e impune del narcotráfico; que predique de la justicia divina al final de los tiempos, pero que no se comprometa con ella ahora; que sea “hospital de campaña”, pero que no cuestione la guerra.

Al sistema económico vinculado al poder de la avaricia le interesa una Iglesia encerrada en los Templos y las sacristías, pero no en la calle. Hay una clara oposición a la dimensión social de la fe que mueve a crear un mundo nuevo desde el presente. Para los cristianos, atender a los pobres es tocar la carne sufriente de Cristo en el pueblo marginado y oprimido, excluido y confinado a vivir en condiciones infrahumanas. No es filantropía o lástima, sino un acto profundamente espiritual, religioso, de culto. Quienes combaten el compromiso social tienen una mirada corta de la fe, y la entienden como instrumento para adormecer conciencias y serenar los ánimos.

En El Salvador fueron muchos los asesinados-mártires. Desde tiempos de monseñor Romero hasta hoy fueron asesinados otro obispo, 20 sacerdotes, 3 religiosas, cientos de catequistas, agentes pastorales, miembros de las comunidades. Conocidos unos, y otros de quienes sólo familiarmente se guarda memoria. Al beatificar a 4 no se restringe un número, sino que se reconoce a muchos. Entre los más recordados en El Salvador están los 6 sacerdotes jesuitas y dos mujeres asesinados en 1989 en la UCA (Universidad Centroamericana).

¿Quiénes son estos nuevos beatos mártires?

Tres de ellos fueron asesinados el 12 de marzo de 1977. El padre Rutilio Grande (48 años de edad, sacerdote jesuita, párroco del lugar), Manuel Solórzano (72 años, acompañaba al padre Rutilio a las Fiestas Patronales, las misas, bendiciones, a lo cual sumaba la tarea de sacristán. Un tiempo antes le habían dicho “cuídate de andar tanto con el padre Rutilio…”) y Nelson Lemos (15 años, monaguillo habitual en las diversas celebraciones). Los emboscaron y asesinaron en una ruta cuando se dirigían a celebrar misa de la novena de San José en una de las comunidades. Los tres fueron sepultados juntos de manera sencilla delante del altar del Templo de San José, lugar al que se dirigían.

El padre Rutilio fue un gran amigo de los pobres. En ellos veía a Jesús, como nos narra la parábola evangélica (Mt 25, 34-40); con ellos dialogaba, rezaba, los acompañaba en sus anhelos de liberación y de paz en un contexto muy duro de violencia ejercida por la dictadura militar en su país.

Fue formador en el Seminario, muy querido y recordado por todos los sacerdotes de los países vecinos; educador en el Externado San José y desde hacía unos cinco años párroco en comunidades campesinas en Aguilares y El Paisnal. Esta última experiencia de encuentro y servicio a los indigentes marcó su ministerio en cercanía con los más olvidados y excluidos. No sólo predicaba a los campesinos oprimidos sino que también aprendió de ellos la paciencia, la laboriosidad, el rechazo de las injusticias.

Asumió con decisión la opción por los pobres cuyas raíces están en una espiritualidad encarnada, la Palabra de Dios, el Concilio Vaticano II y su aplicación práctica expresada en el documento conclusivo de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín del año 1968. Su vida y su palabra manifestaron la dimensión profética de la fe. No era espiritualista y desencarnado, sino bien afirmado en su contexto concreto.

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En su tarea pastoral promovió la participación de los laicos, hombres y mujeres. Una de sus enseñanzas: “Amigos. Volvamos al Evangelio, volvamos al pobre pueblo. Allí se nos aclara cuando se mira turbio el horizonte de nuestro camino pastoral”

Unas cuantas veces lo habían amenazado de muerte queriendo amordazar su predicación. Pero él estaba convencido de que “en el cristianismo hay que estar dispuestos a dar la propia vida en servicio por un orden justo, por salvar a los demás, por los valores del Evangelio”. También afirmó que “el cristiano no tiene enemigos, sino hermanos y por más que sean hermanos Caínes que venden a Cristo, no los odiamos”. Apasionado por Jesús atestiguó que “Cristo está vivo entre nosotros, no nos congrega un muerto”.

Uno de sus biógrafos, Rodolfo Cardenal, recordó que el padre Rutilio Grande decía: “La sociedad tiene que ser como una mesa grande, con manteles largos para todos, donde para todos hubiera qué comer, y un lugar donde sentarse. Esta es una metáfora del Reino de los cielos, en ese sentido tiene mucho que decir en una sociedad golpeada por la desigualdad”. ¡Qué gran actualidad en el contexto de la pandemia que pone delante tantas inequidades e injusticias!

Tenía gran amistad con el Santo obispo Óscar Romero, quien vivió con profundo dolor estos asesinatos, tanto que marcaron un cambio de rumbo definitivo de su tarea pastoral y la defensa de los desfavorecidos. Ambos son importantes referencias para la Iglesia en El Salvador y en todo el continente de América Latina y el Caribe.

Como signo de protesta por estos asesinatos, monseñor Romero determinó suspender todas las misas de ese domingo y concentrarse en una única celebración exequial en la Catedral, de la cual participaron 150 sacerdotes y más de 100.000 feligreses.

En esa misa por la muerte de los tres, monseñor Romero dijo en su predicación: “El amor verdadero es el que trae a Rutilio Grande en su muerte, con dos campesinos de la mano. Así ama la Iglesia; muere con ellos y con ellos se presenta a la trascendencia del cielo (…) Un sacerdote con sus campesinos, caminó con su pueblo para identificarse con ellos, para vivir con ellos”. (14 de marzo de 1977)

En la misma ceremonia fue beatificado el fraile franciscano padre Cosme Spessotto, OFM, asesinado también en El Salvador el 14 de junio de 1980 (a sus 57 años), pocos meses después del martirio de monseñor Romero. Nació al norte de Italia el 28 de enero de 1923. Su nombre de nacimiento fue Santí (que significa Santos), y al recibir el hábito franciscano asumió como nombre “Cosme”, por ser uno de los primeros mártires del cristianismo.

Denunció con firmeza las injusticias, asistía a las víctimas de la guerra civil, daba sepultura a los cadáveres que nadie reclamaba o reconocía. Varias veces le habían amenazado con anónimos, pero él no se dejó amedrentar. Cerca de las 19 horas, mientras rezaba antes de comenzar la misa, lo balearon delante del altar del templo de San Juan Nonualco.

En su testamento espiritual había escrito poco tiempo antes: “Presiento que, de un momento a otro, personas fanáticas me pueden quitar la vida. (…) Morir mártir será una gracia que no merezco. Lavar con la sangre, vertida por Cristo, todos mis pecados, defectos y debilidades de la vida pasada, sería un don gratuito del Señor. De antemano perdono y pido al Señor la conversión de los autores de mi muerte”.

El contexto político del momento en El Salvador estaba presagiando la guerra civil de 12 años que trajo la consecuencia de 75.000 muertos, pobreza, injusticia, dolor, odios y rencores.

Mensaje del enviado del Papa Francisco a la cuádruple beatificación

Monseñor Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de la arquidiócesis de El Salvador y primer cardenal salvadoreño, en su homilía durante la ceremonia de beatificación reavivó la gloria de la cosecha de la vida entregada de los mártires, “la alegría y el júbilo de los humildes campesinos porque la Iglesia reconoce a quienes dieron su vida”, valoró la firma de los acuerdos de paz que pusieron fin a “esa guerra fraticida” que duró 12 años, instó a los jóvenes a seguir la “antorcha de los mártires”, destacó que El Salvador es el único país del mundo que lleva el nombre de Jesucristo, y que “nunca la violencia será el camino para encontrar la paz”.

Como comenzaba diciendo, la persecución y el martirio marcaron los inicios del cristianismo. En el año 197, Tertuliano escribió “la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”. Veinte siglos después, en nuestro tiempo, sigue habiendo hombres y mujeres que son perseguidos y asesinados por odio a la fe. Catequistas, agentes pastorales militantes de derechos humanos, defensores de los pueblos indígenas, miembros de organizaciones ambientales, hermanas y hermanos que se comprometen en la liberación de las víctimas del narcotráfico y la trata de personas…

La beatificación de los cuatro mártires nos los asegura como intercesores ante el Padre, a la vez que nos muestra la radicalidad evangélica de sus vidas entregadas. Hoy seguimos estando llamados a estar cerca de los hambrientos y oprimidos del Continente, a caminar con ellos. Nos dejan un gran ejemplo a seguir. Es posible ser “Iglesia pobre para los pobres”, en salida, Samaritana, cercana, que escucha y hace propio el clamor de los pobres.

Pedimos a Dios que sean semillas de nuevos cristianos; y a los que ya lo somos, nos conceda ser apasionados por Jesús y por su pueblo.