¿Un nuevo tipo de cristianismo?

Desplome del catolicismo chileno: ¿un nuevo tipo de cristianismo?

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En muy pocas décadas la crisis de la Iglesia Católica en Chile puede conducir a un catolicismo muy diferente del que conoce la actual generación. Pero es imposible saber si la caída del número de sus miembros y la erosión de la jerarquía eclesiástica se traducirán en un nuevo tipo de cristianismo

Laicos y laicas no participan en ninguna decisión importante en su Iglesia. No eligen a sus autoridades. Estas tampoco les dan cuenta (accountability) de su desempeño. Y, como si lo anterior fuera poco, los abusos sexuales del clero y su encubrimiento ciertamente han podido provocar una estampida

Por Jorge Costadoat

En muy pocas décadas la crisis de la Iglesia Católica en Chile puede conducir a un catolicismo muy diferente del que conoce la actual generación. Pero es imposible saber si la caída del número de sus miembros y la erosión de la jerarquía eclesiástica se traducirán en un nuevo tipo de cristianismo.

La Iglesia Católica ha experimentado una disminución de sus miembros impresionante. Solo en los últimos 15 años los católicos son prácticamente un tercio menos. Lo que las encuestas no pueden medir es qué está ocurriendo en el corazón de cada católico/a, y probablemente tampoco estos lo sepan con exactitud. ¿Alguien puede excluir que haya personas en quienes, en este contexto, ha crecido la preocupación por el prójimo y la paz del mundo? Si así fuere, el panorama no es necesariamente tan malo. Esto puede ser germen de otra versión de la Iglesia. Las hubo en el pasado. La tradición monástica, por ejemplo. Las hay en el presente, las varias familias protestantes, otro ejemplo.

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Las causas de la caída, según parece, son varias. Una, y probablemente la principal, es el acelerado proceso de secularización. Muchos connacionales no necesitan de la religión para ir adelante en la vida. La ciencia y la técnica hacen más “milagros” que la fe y los santos. Por lo demás, ¿qué misa puede serle a los jóvenes más profunda que una buena conversación por celular? También debe influir el anacronismo de las instituciones católicas. Las vestimentas y las ceremonias religiosas, sobre todo las más solemnes, parecerán esotéricas incluso a la gente mayor. Otro motivo del declive es la concentración absoluta del poder en la jerarquía eclesiástica. Laicos y laicas no participan en ninguna decisión importante en su Iglesia. No eligen a sus autoridades. Estas tampoco les dan cuenta (accountability) de su desempeño. Y, como si lo anterior fuera poco, los abusos sexuales del clero y su encubrimiento ciertamente han podido provocar una estampida.

Sean estas y otras las razones, es un dato duro la disminución de los ministros. Las congregaciones religiosas femeninas se apagan, los seminarios y noviciados se vacían, y muchos curas dejan el sacerdocio. El caso de los sacerdotes merece una atención aparte. Si pasa por ellos la estructuración de la Iglesia y ellos inciden poderosamente en la experiencia de Dios de las personas, su mengua tendrá un enorme impacto. Pero, aun en el caso que la escasez de obispos y presbíteros se revirtiera, hay un problema de fondo. La versión sacerdotal de la Iglesia se agota. Tal vez surjan otras versiones. Estas exigirían distintas modalidades de eclesialidad, nuevos tipos de líderes e innovaciones en las maneras de formarlos. Este punto es clave.

El seminario tridentino actual, aunque con importantes modernizaciones, continúa formando aparte a sus líderes. Los separa de la gente, de su sentir, de sus modos aprender y de padecer, e instala en ellos una distancia entre lo sagrado y lo profano que han de representar y ejercitar. El Concilio Vaticano II abrió la posibilidad de formar de otras maneras a sus autoridades. Se ensayaron nuevas modalidades, pero el gobierno de Juan Pablo II frenó las innovaciones, mejoró el seminario del concilio de Trento y ordenó sacerdotes a personas que volvieron a considerarse superiores a los demás. El mismo Vaticano II impulsó un progreso en materia de crecimiento humano, intelectual y espiritual de los seminaristas, pero no desmontó el sistema de separaciones estructural que pone de un lado y otro a la Iglesia y el mundo, a los clérigos y el laicado, escisiones que alojan en la psiquis del sacerdote y le hacen vivir con un estrés complicado de soportar.

En Chile la crisis de la Iglesia Católica es enorme en relación a los otros países latinoamericanos. Además de la caída inédita en la pertenencia religiosa, también el desprestigio de su dirigencia es incomparable. Todo indica que la iniciativa ahora la tienen los laicos y laicas que crean que una tradición de humanidad de dos mil de años todavía puede inspirar la creación de comunidades cristianas, con nuevas autoridades, con renovadas formas de caridad y de lucha por la justicia a través de las cuales las personas recreen una fraternidad universal.

Chile: el jesuita Felipe Berríos se incorpora al Gobierno de Boric

Encabezará un nuevo programa nacional para atender los problemas de viviendas en los sectores más pobres

La Compañía de Jesús informa que esa misión la realizará como religioso poniendo su experiencia al servicio del país

A través de un comunicado emitido por Jesuitas Chile, el Provincial de la Compañía informó que el sacerdote Felipe Berríos “encabezará un nuevo programa nacional de trabajo en los campamentos de Chile”.


Los campamentos son conjuntos de viviendas extremadamente precarias, generalmente construidas en tomas de terrenos, sin urbanización, ni agua, ni electricidad, hechas con materiales de desechos. Según la Fundación Techo-Chile, en el año 2021 catastraron 969 campamentos en el país, la cifra más alta desde 1996, en los que viven 81.643 familias.

Este grave problema social ha sido indicado como uno de los factores que facilitan el aumento de la delincuencia y un grave atropello a la dignidad de las personas, por ello el nuevo gobierno de Gabriel Boric ha puesto allí un desafío central para su gestión.

Erradicar los campamentos

Berríos se hizo conocido en el país al crear la Fundación Un Techo para Chile, actual Techo presente en 19 países de Latinoamérica, precisamente para erradicar los campamentos. Con esta experiencia como antecedente, ha sido llamado al Ministerio de Vivienda y Urbanismo, aunque continuará viviendo en “La Chimba”, sector popular de Antofagasta, en el norte del país, desde donde atenderá esta nueva labor, según informó la Compañía.

El nuevo ministro de Vivienda, Carlos Montes, informó ayer, al término de la ceremonia ecuménica en la Catedral de Santiago, que “estamos configurando un equipo para ver globalmente (el déficit de vivienda) como un desafío nacional, interministerial, y él (Berríos) jugaría un rol dentro de ese equipo”.

Por su parte, el Gobernador de la Región Metropolitana, Claudio Orrego, felicitó a Berríos por su nuevo rol en el gobierno. “Quienes conocemos de su liderazgo, empatía y coraje, sabemos que será un tremendo aporte para avanzar en este difícil y complejo problema”, señaló.

“Que las familias que viven en campamentos puedan ser propietarias de una vivienda digna es una deuda moral de Chile. Nadie mejor que un líder como el jesuita Felipe Berríos para encabezar este esfuerzo, habiendo dedicado su vida a este propósito”, añadió el senador Matías Walker.

Al servicio de los más pobres

Berríos tiene 65 años. En 1977 ingresó a la Compañía de Jesús, realizó misiones durante 3 años en Tanzania, África, y en 1989 fue ordenado sacerdote. Además de destacar por sus labores sociales, ha sido columnista de “El Mercurio” y, con frecuencia, ha participado en debates públicos en medios de comunicación donde ha denunciado injusticias sociales, a veces generando controversias.

“Encomendamos a Felipe esta misión que realizará como jesuita al servicio de nuestro país, para que pueda aportar con su experiencia y trabajo en el desarrollo de un Chile más justo y solidario al servicio de los más pobres”, cierra el comunicado de Jesuitas Chile.

Chile: ceremonia ecuménica al inicio del gobierno de Boric

El presidente, autoridades de los tres poderes del Estado y de la Convención Constitucional, y representantes de varias denominaciones religiosas participaron en la ceremoniaEl cardenal Aós señaló en su homilía la corresponsabilidad de todos al “iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones”

A menos de 24 horas de haber asumido la Presidencia de la República, Gabriel Boric asistió a la ceremonia ecuménica en la Catedral de Santiago, acompañado de las autoridades de los tres  poderes del Estado, jefes de las Fuerzas Armadas, dirigentes de la Convención Constituyente y otros invitados. Presidida por el arzobispo de Santiago, cardenal Celestino Aós, contó con la activa participación de representantes de varias confesiones religiosas presentes en Chile y, esta vez, tuvo un marcado tono festivo.


Se trata de una ceremonia, de larga tradición, en la que el arzobispo de Santiago invita al nuevo mandatario y que en su origen era limitada a la Iglesia Católica. En 1970, el presidente Salvador Allende pidió que fuera de carácter ecuménico, con participación de otras iglesias cristianas. En estas ocasiones, en lugar de Te Deum, la ceremonia se denomina Oración por Chile y el nuevo Gobierno.

Siempre estaremos rezando por usted

Esta vez, durante su desarrollo hubo también oración por la situación en Ucrania y por la paz. Especial énfasis se puso en orar por los nuevos gobernantes y por el país.

En su homilía, el cardenal Aós se dirigió al presidente Boric: “Nosotros, señor Presidente, siempre estaremos rezando por usted y por nuestras autoridades, tal como nos lo enseña y manda el apóstol San Pablo” y agregó que “queremos y buscamos un Chile donde todos convivamos respetándonos, escuchándonos, dialogando, colaborando, cuidando especialmente a los más pobres y utilizando responsablemente la naturaleza”, dijo Aós.

Más adelante el arzobispo expresó: “Hoy, especialmente hoy, pedimos por usted, señor Presidente; pedimos por ustedes, autoridades y gobernantes, legisladores y jueces, como pidió Salomón: que Dios ilumine sus mentes para que conozcan lo que es bueno y lo que es malo, lo que es justo y lo injusto. Y para que puedan trabajar por lograrlo y aunar las voluntades en proyectos y causas comunes”.

Una mística de fraternidad

Luego pidió a quienes asumen responsabilidades en el ámbito político, trabajar para “fomentar una mística de fraternidad y, al mismo tiempo, una organización social más eficiente”.

“Los políticos están llamados a preocuparse de la fragilidad, de la fragilidad de los pueblos y de las personas. Cuidar la fragilidad quiere decir fuerza y ternura, lucha y fecundidad, en medio de un modelo funcionalista y privativista que conduce inexorablemente a la cultura del descarte”, indicó.

“Estamos aquí renovando nuestra convicción de que no podemos esperarlo todo de los gobernantes, sino que cada uno de nosotros es responsable del bien de todos. Hemos experimentado la tensión y el sufrimiento constatando que un grupo de compatriotas no estaba dispuesto a colaborar con las medidas sanitarias para combatir la pandemia, que un grupo de compatriotas recurre a la violencia para conseguir sus objetivos”, afirmó el arzobispo.

Una vida digna

A continuación, llamó: “Gozamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones. Seamos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de nuestra sociedad herida”.

El arzobispo de Santiago se refirió también a temas específicos: “Ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo”, dijo, y también llamó a ser audaces en la construcción de la paz: “Chile nos necesita como artesanos de paz, como ejemplos de diálogo, dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia. ‘Señor, haz de mí instrumento de tu paz’”, pidió Aós.

Un momento destacado en la ceremonia fue cuando se encendió un cirio que tiene tallados hitos de la historia del país. Además, algo inédito, como expresión de afecto se regaló al presidente un cirio con el rostro de Cristo y el texto: “Yo soy la luz del mundo”. Este cirio fue pintado, especialmente, por las monjas benedictinas del Monasterio de la Asunción de Santa María, en Rengo

El primer discurso del presidente Boric

“Estamos de nuevo abriendo las grandes alamedas”

Boric promete defender los DDHH "en todo lugar" y redistribuir la riqueza
Boric promete defender los DDHH «en todo lugar» y redistribuir la riqueza Efe / Alberto

Prometió su cargo «ante el pueblo y los pueblos de Chile» y en su primer mensaje a la nación como nuevo presidente del país, Gabriel Boric recordó que en el país que le ha convertido en el mandatario más votado de su historia «no sobra nadie». Desde el Palacio de la Moneda, el presidente Boric se ha dirigido por primera vez a sus conciudadanos para recordarles que asume el cargo «con humildad» y «con consciencia de las dificultades del mandato», pero también «con la convicción de que solo en la construcción colectiva de una sociedad más digna podremos fundar una vida mejor para todos y todas». 

«En Chile no sobra nadie. La democracia la construimos juntos y la vida que soñamos solo puede nacer de la convivencia, el diálogo, la democracia, la colaboración y no de la exclusión», señaló Boric, quien pidió abrazarse «como sociedad» y «volver a sonreír». «Que este sea el gobierno del pueblo y que ustedes lo sientan como su gobierno», dijo, «y para eso vamos a necesitar a todos, gobierno y oposición, empresarios y movimientos sociales». 

El nuevo presidente afirmó desde el balcón de La Moneda que esta jornada «era necesario hablar» pero a partir de este sábado, «todos juntos a trabajar». Unas palabras con las que arrancó una gran ovación de la plaza, al recordar que dentro de cuatro años, en las próximas elecciones, el pueblo de Chile le juzgará «por nuestras obras y no por nuestras palabras». 

Boric es el primer presidente que no forma parte de los dos bloques de centro que gobernaron el país desde el retorno a la democracia en 1990. Liderará además el primer gabinete con más mujeres que hombres del continente y ha prometido que el la lucha feminista será un eje fundamental de su gobierno.

Bregado en las luchas estudiantiles y crítico del modelo neoliberal instalado durante la dictadura militar, Boric dijo que es necesario «redistribuir» la riqueza en Chile, uno de los países más desiguales de la región y donde miles de personas salieron en masa a manifestarse en 2019 a favor de un modelo más justo. «Cuando la riqueza se concentra solo en unos pocos, la paz es muy difícil», afirmó en un emotivo discurso.

Consciente de que no lo tendrá fácil para llevar a cabo su amplia agenda de reformas con un Parlamento muy fragmentado, el exdiputado por la austral Magallanes señaló que su gobierno «no se agota en sus adherentes» y que tratará de buscar acuerdos transversales.

Un joven militante de la Causa del reino

Su amor por la educación lo llevó a estudiar Pedagogía Básica. Se graduó de Profesor de Educación Primaria en la Escuela Normal Experimental de La Universidad Católica en Talca y luego, entre 1970 y 1973 hizo cursos de perfeccionamiento en Historia y Geografía en la Universidad Católica de Santiago. En la Universidad Católica se destacó llegando a ser presidente de la Asociación Católica Universitaria, dirigente de la Juventud de Estudiantes Católicos, y más tarde se integró a la militancia en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

Fue profesor en el Centro Básico de Adultos de los Sagrados Corazones y en la Escuela Consolidada Especial Experimental Juan Antonio Ríos, desde donde fue expulsado en marzo de 1974 en plena dictadura por su militancia política.

En horas de la tarde del día 6 de enero de 1975, salió de su domicilio para juntarse con un compañero de partido en alguna parte de Santiago pero nunca regresó a su casa. No hubo testigos del secuestro pero sí está establecido en la investigación judicial que fue secuestrado por agentes de la DINA que buscaban afanosamente exterminar al MIR y que Emilio Iribarren, uno de sus compañeros, le traicionó participando en su reconocimiento para que fuera capturado.

José Patricio León, el “Pato”, representa a tatos hombres y mujeres de fe que comprometieron su vida y la apostaron por la construcción del reino de Dios hasta sus últimas consecuencia. Por eso el pueblo los considera santas y santos y así los venera porque como señala el teólogo vasco Javier Vitoria: “Solamente Dios es capaz de responder al grito de las muertes que claman justicia si resucita a los asesinados. A nosotros solo nos queda el deber de su memoria para que el olvido no vuelva a matarlos”.

Por Jesús Herrero Estefanía

José Patricio León Gálvez nació el 12 de septiembre de 1945 al inicio de una etapa histórica donde la humanidad declaraba el “nunca más” a los crímenes de guerra y comenzaba el proceso que terminaría con la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

José Patricio era de la zona central y campesina de Chile. Nació en la comuna de La Estrella a la que solía llamar “la República de La Estrella”. Estudió en la ciudad de Talca pero como tantos chilenos emigró a Santiago la capital del país donde siguió sus estudios y trabajó durante varios años.

Su amor por la educación lo llevó a estudiar Pedagogía Básica. Se graduó de Profesor de Educación Primaria en la Escuela Normal Experimental de La Universidad Católica en Talca y luego, entre 1970 y 1973 hizo cursos de perfeccionamiento en Historia y Geografía en la Universidad Católica de Santiago. En la Universidad Católica se destacó llegando a ser presidente de la Asociación Católica Universitaria, dirigente de la Juventud de Estudiantes Católicos, y más tarde se integró a la militancia en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

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Estaba casado con Rosa Rosales a la que había conocido en 1969 en El Salvador. Patricio pertenecía al Secretariado Latinoamericano de la Juventud Estudiantil Católica (JEC), cuya sede en esa época estaba en Montevideo.Los miembros del secretariado acostumbraban a hacer visitas de trabajo a los diferentes movimientos de la Acción Católica en Latinoamérica. Rosa contaba que como secretaria de la JEC centroamericana, en uno de los viajes se quedó en Chile por amor y por compromiso político. De su relación con el Pato nació su primer hijo.

Fue profesor en el Centro Básico de Adultos de los Sagrados Corazones y en la Escuela Consolidada Especial Experimental Juan Antonio Ríos, desde donde fue expulsado en marzo de 1974 en plena dictadura por su militancia política.

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José Patricio, vivía en la población José María Caro, en la zona sur de Santiago. Allí realizaba su trabajo político en el Frente de masas, actividad que siguió realizando en la clandestinidad hasta su detención.

Su esposa recuerda que para el golpe de Estado estaban juntos en casa y los rumores de golpe eran cada vez más fuertes. Como los dos eran militantes activos estaban muy conscientes de lo que podía pasar. Se enteraron por la radio, discutieron sus respectivos refugios y decidieron esconderse pero no huir del país.

En horas de la tarde del día 6 de enero de 1975, salió de su domicilio para juntarse con un compañero de partido en alguna parte de Santiago pero nunca regresó a su casa. No hubo testigos del secuestro pero sí está establecido en la investigación judicial que fue secuestrado por agentes de la DINA que buscaban afanosamente exterminar al MIR y que Emilio Iribarren, uno de sus compañeros, le traicionó participando en su reconocimiento para que fuera capturado.

Al día siguiente de su detención, su hermano Bernardo fue visitado en su lugar de trabajo por una persona que no se identificó y que le contó que José Patricio había sido detenido a las cuatro de la tarde del día anterior.

Fue visto por varios detenidos en el centro de torturas “Villa Grimaldi”. Según testimonios, José Patricio permaneció en la Torre junto a varios detenidos y luego fueron hechos desaparecer. María Alicia Salinas Farfán, quien estuvo detenida entre el 3 y el 10 de enero de 1975 en dicho centro, que después fue trasladada a otros campos de prisioneros y que permaneció privada de libertad hasta el 10 de diciembre de 1976, atestiguó, en declaración jurada ante notario del 16 de julio de 1986, que: “En ese mismo día 6 de enero de 1975, en horas de la tarde vi llegar a otro compañero que también yo conocía y que hoy está igualmente desaparecido. Se trataba de José Patricio León Gálvez.»

Tenía 29 años cuando desapareció. La familia de José Patricio León hizo consultas y gestiones en hospitales, postas de salud y la morgue. También solicitó información sin obtener respuesta.

Hoy su causa está radicada en la Corte de Apelaciones de Santiago y se encuentra en estado de sumario sin ningún resultado concreto.

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José Patricio León, el “Pato”, representa a tatos hombres y mujeres de fe que comprometieron su vida y la apostaron por la construcción del reino de Dios hasta sus últimas consecuencia. Por eso el pueblo los considera santas y santos y así los venera porque como señala el teólogo vasco Javier Vitoria: “Solamente Dios es capaz de responder al grito de las muertes que claman justicia si resucita a los asesinados. A nosotros solo nos queda el deber de su memoria para que el olvido no vuelva a matarlos”.

El cambio de época en Chile

Gabriel Boric

El histórico triunfo de Gabriel Boric en la segunda vuelta presidencial en Chile, el pasado domingo 19 de noviembre, no solo es inédito porque después de 30 años se rompe el duopolio político que gobernó el país por tres décadas, sino también porque consolida un proceso constituyente en curso, el cual iba a estar fuertemente amenazado, en el caso de ganara el candidato de extrema derecha José Antonio Kast.
Si bien los resultados en primera vuelta parecían poco entendibles, dadas las anteriores votaciones en Chile, en donde las fuerzas transformadoras se impusieron ampliamente por sobre los sectores más conservadores del país (plebiscito constitucional y elección de constituyentes), la posibilidad de una restauración conservadora, luego de la segunda vuelta, queda completamente descartada.

De ahí que la alta participación total (55,65%) y votación a Gabriel Boric (55,87%), no solo lo convierten en el presidente más joven y con más votos en la historia de Chile (4.620.890), sino que quedará para la historia del país, ya que firmará, de aprobarse, la primera constitución legítima y redactada democráticamente en el país.

Ante esto, que Gabriel Boric entienda que su rol político es mucho más importante que el de otros presidentes elegidos anteriormente en Chile, al estar inserto en un momento de cambio de época para el país, planteando en su primer discurso como presidente electo lo siguiente: “Defenderemos el proceso constituyente, que es motivo de orgullo mundial. Es la primera vez que escribimos una Constitución de forma democrática. Cuidemos este proceso para que sea una Carta Magna fruto del acuerdo y no de la imposición” (1).

Siendo coherente con ese discurso, es muy destacable de parte del presidente Gabriel Boric, que la primera persona que haya llamado, luego de enterarse de los resultados de la segunda vuelta, haya sido la presidenta de la Convención Constituyente, Elisa Loncón, lo que es una muy buena señal de lo que vendrá en el futuro para el desarrollo del proceso en curso.

Asimismo, la visita de Gabriel Boric a la Convención Constituyente, dos días después de haber salido electo como presidente, hace una clara diferencia con Sebastián Piñera, quien no fue capaz de asistir a un espacio tan importante para el futuro del país, e incluso entorpeciéndolo y tratando de influir sobre él, con declaraciones sobre algunos contenidos que debieran tener la nueva carta fundamental (2).

Por el contrario, Gabriel Boric ha sido muy cauto en sus declaraciones sobre la Convención Constituyente, al declarar que no será pauteada por el presidente, porque sabe que su rol es de acompañar el proceso, respetando así siempre su autonomía y la capacidad de este órgano de poder funcionar de manera independiente del poder constituido.

En consecuencia, la responsabilidad que tendrá el nuevo presidente Boric es enorme, pero estará sostenida no solo por un partido político, coalición o sector determinado, sino por millones de chilenas y chilenos que exigieron ser parte de la construcción de un nuevo Estado, como también por cientos de organizaciones sociales que pusieron en el centro la defensa de los Derechos Humanos y de la Naturaleza.

Por lo mismo, el cuidado y apoyo ciudadano en los próximos meses hacia la Convención Constituyente es clave, ante la campaña de desprestigio de grandes medios de información y de una derecha en ruinas, que solo le queda denigrar a base de mentiras, al órgano más inclusivo, participativo, vinculante y universal que hemos tenido como país.

Podrán decir muchas cosas de la Convención Constituyente, pero es por lejos el espacio institucional que más se parece a Chile, en toda su diversidad. Como país nos mal acostumbraron con instituciones ilegítimas y autoritarias, hechas por y para las elites, dejando fuera a la gran mayoría, teniendo que subordinarnos así a normas y códigos jurídicos hechos a la medida de unos pocos.

Además, es muy destacable de parte de la Convención Constituyente, en lo que respecta a democracia participativa, las instancias previas a la redacción de la nueva carta magna, como lo son la Iniciativa popular de norma, encuentros autoconvocados, audiencias públicas obligatorias, cuenta popular constituyente, jornadas nacionales de deliberación, foros deliberativos, cabildos comunales, semana territorial, plebiscito dirimente y la consulta indígena.

En definitiva, somos testigos y parte de un proceso político completamente distinto e inédito a lo que hemos vividos como chilenos por siglos, y que seguramente romperá con un Estado secuestrado por las elites económicas nacionales e internacionales por siglos, desde la Constitución Portaliana de 1833 en adelante, la cual sentó las bases para imponer un orden en el país completamente excluyente y negador de la pluralidad existente.

El proceso chileno

Gabriel Boric

El 19 de diciembre pasado Chile votaba por amplia mayoría una coalición de partidos cuya divisa es “Que la dignidad se haga costumbre”. Dos años de movilizaciones han alumbrado una nueva situación cuyos frutos han sido la Convención Constituyente y un nuevo gobierno.

El llamado “éxito chileno” (crecimiento económico, cuentas públicas saneadas y energía exportadora) se ha conseguido bajo las condiciones impuestas por la dictadura. Es un éxito que oculta el dominio de una pequeña casta rica y poderosa, unas desigualdades excesivas y la desconfianza hacia un cuerpo policial encargado de mantener este orden. A lo que se añade la represión de los pueblos originarios (mapuches, aymaras …) con el argumento de que se oponen al progreso, cuando defienden sus territorios y derechos ante la explotación por parte de grandes grupos económicos.

Este modelo ultraliberal y autoritario había sido consagrado en la Constitución pinochetista de 1990. En 2020, como primer fruto de las movilizaciones, comenzó el proceso para dotar al país de una nueva Constitución. En la primera consulta se impuso, con un 80%, la opción “Apruebo una nueva Constitución” y que la Convención Constitucional para redactar el texto se compondría en su totalidad por ciudadanos elegidos para este fin.

En una segunda consulta se eligieron los miembros de la Convención. Muchos de los que experimentan en sí mismos la precariedad laboral y vital habían participado en las movilizaciones y salieron elegidos. Ciudadanos de perfiles muy diversos, desde abogados hasta activistas ambientales, mujeres representantes de organizaciones del trabajo no asalariado (cuidadoras), conductoras de autobús, trabajadores endeudados por la educación y la sanidad de sus hijos. La Convención Constituyente está compuesta por 155 miembros, 17 de los pueblos originarios, y presidida por la mapuche Elisa Loncon, elegida con el voto de 96 de los 155.

En sus debates hay una sensibilidad especial para que el texto constitucional recoja las exigencias del respeto a los derechos humanos; el rechazo a las violaciones que han sufrido los pueblos originarios durante siglos, a la represión contra los movimientos de trabajadores, a la violencia de la dictadura y postdictadura y a lo que se vivió durante las movilizaciones de octubre-2019. Y una apuesta firme porque el Estado recupere el poder de garantizar, con recursos públicos, los derechos a las pensiones, la sanidad, la educación, el derecho humano al agua y la desprivatización de su gestión, la negociación colectiva, un sistema nacional de Cuidados, etc. Los pueblos originarios piden que Chile se defina como Estado plurinacional.

En la Convención Constituyente se está debatiendo sobre las condiciones materiales que hagan posible este proyecto, sobre la propiedad de la tierra y los recursos estratégicos, sobre un nuevo modelo económico justo y sostenible, una reforma tributaria progresiva que apunte a los superricos. Y sobre establecer mecanismos de democracia participativa que vayan más allá de la democracia representativa. Como la iniciativa popular de norma constitucional, la plataforma digital de participación, las jornadas nacionales de deliberación, foros deliberativos y los cabildos comunales, etc.

En un tiempo global como éste, en que “lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer” (B. Brecht), el aval de los chilenos al programa “Apruebo Dignidad” de Boric supone la apuesta de todo un país por la esperanza. Con él estos objetivos que el proceso chileno está plasmando en la nueva Constitución se verán reforzados. La alternativa del pinochetista Kast, basada en el miedo, hubiera supuesto claramente una regresión a los viejos tiempos de la desigualdad y el autoritarismo.

Francisco nos invita, tras la pandemia, a repensar la organización de nuestras sociedades para constituirnos en un “nosotros”. “Se hace necesario – dice – que los Estados recuperen su capacidad de acción política … una política en que la economía esté al servicio de unas estructuras sociales donde todas las personas puedan vivir con dignidad …” (Fratelli Tutti). Y los obispos chilenos, en su mensaje a Boric, aseguran que “la Iglesia chilena quiere seguir contribuyendo a construir una humanidad más justa y fraterna, donde especialmente los pobres y los que sufren sean respetados en su dignidad”.

El presidente Salvador Allende en 1973, pocos minutos antes de morir acosado por las bombas de Pinochet, se atrevía a soñar:” Sigan ustedes sabiendo que, más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor…”

¿Se abrirán las grandes alamedas? … Es el sueño y la apuesta del proceso chileno.

Elecciones en Chile

Boric se impone en la segunda vuelta de las presidenciales chilenas

  •  El candidato de izquierda sería el ganador de la segunda vuelta de las elecciones celebradas este domingo en Chile con cerca de un 56% de los votos
  •  Boric gana así al candidato ultraderechista, José Antonio Kast, que lograría algo más del 44% de apoyos y ya ha felicitado a su rival

El presidente electo de Chile, Gabriel Boric, celebra los resultados con sus simpatizantes, en Santiago. Efe

El candidato de izquierda, Gabriel Boric, sería el ganador de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales celebradas este domingo en Chile con cerca del 56% de los votos frente al poco más del 44% del ultraderechista José Antonio Kast, según resultados oficiales publicados por el Servicio Electoral de Chile (SERVEL) recogidos por Europa, una vez escrutadas prácticamente el 100% de las mesas.

Kast ha felicitado ya a su rival y reconoce así la victoria de éste en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales chilenas. «Desde hoy es el Presidente electo de Chile y merece todo nuestro respeto», ha afirmado Kast, según recoge la prensa chilena. «Acabo de hablar con Gabriel Boric y lo he felicitado por su gran triunfo. Desde hoy es el Presidente electo de Chile y merece todo nuestro respeto y colaboración constructiva. Chile siempre está primero», ha publicado posteriormente en Twitter.

En España, tercer país del mundo con mayor número de chilenos habilitados para votar, solo por detrás de Estados Unidos y Argentina, el candidato de Apruebo Dignidad ha logrado 3.002 votos, equivalentes al 78,06%, frente a Kast, quien ha conseguido 844 votos (21,94%), según datos recogidos por la prensa chilena. La participación en España ha aumentado en comparación con la primera vuelta de noviembre: entonces votaron 3.592 personas, pero este domingo han participado 3.846 personas.

El ganador de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales tomará posesión del cargo el 11 de marzo de 2022.

La jornada electoral ha estado marcada por las denuncias de falta de transporte público en Santiago y otras zonas urbanas, hasta el punto que ciudadanos particulares han ofrecido sus vehículos para trasladar a votantes. El candidato de izquierdas, de 35 años de edad, se ha convertido en el presidente electo más joven de la historia de Chile, así como el más votado en una segunda vuelta de elecciones presidenciales.

La jornada electoral también ha tenido tintes históricos, pues ha logrado movilizar a una cifra récord de votantes —más de 8,3 millones de chilenos—, en la que se ha tornado como la participación más alta de unos comicios desde que entrase en vigor el voto voluntario en el año 2012.

Boric se compromete a dar «lo mejor» de sí

El recién elegido presidente de Chile ha conversado este domingo con el actual mandatario del país, Sebastián Piñera, ante el que se ha comprometido a dar «lo mejor» de sí mismo ante el «tremendo desafío» de liderar el país, ha recogido Europa Press.

Piñera y Boric han mantenido una conversación por videoconferencia que ha sido retransmitida por los medios de comunicación. «Es un honor para mí poder hablar con usted y por este medio dirigirme a todos los chilenos que nos están escuchando, y quiero que sepa usted y la gente, que voy a dar lo mejor de mí para estar a la altura de este tremendo desafío y de que nuestro país saca lo mejor de sí cuando nos unimos en pos de los grandes desafíos, y esa va a ser mi línea de acción», ha manifestado Boric.

Además, ha aseverado que actuará como «el presidente de todos los chilenos» pues «es importante interpretar a todos y los acuerdos deben ser entre toda la gente, y no entre cuatro paredes». Asimismo, el presidente electo ha puesto en valor la llamada de Piñera, pues considera «importante respetar las tradiciones» del país

La profecía chilena

Gabriel Boric, presidente de Chile

A veces los gestos pueden expresar más que las logradas palabras. No levantó el puño, reunió las dos palmas de sus manos en su pecho y con ellas los dos Chiles. En su discurso tras la victoria, Gabriel Boric, el futuro presidente chileno, no cejó en convocar a unos y otros para el nuevo tiempo. No va contra nadie, sino en favor de todos. No lanzó una primera alocución de ufana victoria, sino de clara invitación al empeño aunado.

A veces las profecías  se cumplen, sobre todo cuando brotan con la fuerza de un alma que se entrega por entero. La profecía del valiente presidente que dio su vida por un alto ideal acaba de hacerse realidad. La reveló el 11 de septiembre de 1973 en la única emisora de radio que se mantenía leal al gobierno legítimo. La lanzó al mundo cuando las huestes de la sombra más oscura empezaban a rampar por el palacio presidencial: “Éstas son mis últimas palabras, clamó el valiente Salvador Allende, y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano… Más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre y la mujer libre para construir una sociedad mejor».”

La historia nunca olvida la pureza y arrojo en favor del ideal, ni a quienes lo encarnan; nunca abandona a los soñadores, a las mujeres y hombres generosos. Las alamedas de Santiago se abrieron el pasado domingo para dejar pasar a los chilenos y chilenas libres y felices de retomar las riendas de su futuro, de personificar profecías hechas realidad. No en vano quienes conformarán el gobierno del cambio han sumado voluntades desde la democracia cristiana a la izquierda radical. La historia más soleada vuelve por más inviernos que la salpiquen; retorna en España, en Chile y en todas las partes en que se vivió una mayor justicia y libertad de pronto abortadas. Sólo nos pide que no olvidemos a quienes cayeron por empujarla, que nunca perdamos de vista un alba irrenunciable.

Cuesta creer que en nuestro planeta tan condicionado, cuando no hipotecado de a futuros, de tantas ilusiones por tantas partes desinfladas, esté aconteciendo este sueño chileno. El primer discurso del presidente electo de la nación revela a las claras la altura de un líder que hasta hace poco se resistía a la carrera por el poder. En el largo parlamento tras el triunfo electoral, el futuro máximo dirigente del país en ningún momento pronunció una palabra ya airada, ya partidista, ya de confrontación. La nueva casta de dirigentes se siente especialmente aupada por la gente inquieta y los movimientos sociales. “El futuro de Chile nos necesita a todos… Sabremos construir puentes… No importa si me han votado a mí o al otro…”, así como otras muchas proclamas de la misma índole integradora en el primer discurso, así como esa mano constantemente llevada al corazón, dan constancia de su deseo sincero de llegarse hasta el último y más distante chileno.

Chile estaba al final de los anhelos nunca rendidos de una sociedad más justa, verde y solidaria. Otra política era posible y está ya naciendo en el Cono Sur latinoamericano. Hacía falta un claro y carismático liderazgo inclusivo que trascendiera la confrontación partidista. Dentro de la amplia coalición de izquierda que llevó al poder a Gabriel Boric se impuso su moderación. Nadie lo vincule por lo tanto con el otro “socialismo latino” dictatorial, caduco y sobrado de sí. Ha marcado clara y tajante distancia con la izquierda impresentable, violadora en Cuba, Nicaragua y Venezuela de elementales derechos.

Al hablar de “construir alianzas y aunar miradas”, al referirse a la necesidad “reencontrarnos y sanar heridas”, lo hace desde la voluntad más profunda. Cada pueblo tiene los mandatarios que merece y este Chile fresco, joven y despierto, que padeció la noche más oscura y nunca claudicó, que se vio en la necesidad de atronar hace dos años las calles ante los excesos del neoliberalismo, que mantuvo, pese a todo, vivos los rescoldos de la esperanza, se merece como presidente este hijo del sano coraje y del cuerdo ideal.

Cuando estos días los medios de comunicación hagan repaso de lo acontecido a lo largo del año, por encima de la nube de los volcanes y la polvareda de las catástrofes naturales auspiciadas por el cambio de clima, más arriba de las escalinatas de un Capitolio asaltado a lo bestia, olvidando por un momento ese virus pertinaz…, menten a este hombre sencillo que habla de “un Chile verde y un Chile de amor…”, que insiste en la necesidad de unirse más allá de la ideología. Ojalá se refieran a este ex-dirigente estudiantil que entrará en la Moneda con un apoyo sin precedentes. El ya pronto nuevo presidente chileno representa el resurgir de la confianza, la validación de la política como forma para mejorar el mundo, la constatación de que América Latina puede estar a la vanguardia en conciencia de la entera humanidad.

Colombia y Brasil con sus próximas elecciones pueden ampliar el mapa de la profecía de quien plantó cara casi en soledad a la ignominia, pero hay otras profecías más evanescentes, más alejadas de la brutalidad de palacios bombardeados, no exclusivamente vinculadas a la pista del singular político que murió como héroe. Esos augurios ancestrales y susurros incontenibles nos hablan del despertar de América Latina, del traslado del polo de mayor conciencia planetaria de los Himalayas a los Andes. Maestros espirituales, incluyendo a Su Santidad el Dalai Lama, aluden a esta larga cordillera andina como el nuevo centro espiritual de la tierra. ¿Tendrá el barbudo y joven presidente que viste ahora sus primeros “sacos” (chaquetas) con camisa, algo que ver con esta otra profecía que no proclamó ninguna osada radio?

Elecciones en Chile

Chile: una lucha contra el neoliberalismo y la tercera vía

Las protestas en todo el mundo en los últimos treinta años, de las protestas en México por el robo electoral de 1988 a la constituyente chilena, pasando por la década ganada en América Latina, las primaveras árabes o el 15M, están marcadas por la lucha contra el modelo neoliberal. Un modelo que se articuló con la crisis del keynesianismo y que fue aprovechado por las élites para vengarse de la derrota en la Segunda Guerra Mundial y la aplicación posterior de los Estados sociales y desarrollistas. Por eso, el modelo neoliberal -apertura de fronteras al capital y mercancías, privatización del sector público y desregulación financiera y laboral- tuvo como laboratorio el Chile de Pinochet donde, tras el asesinato de Allende y otros 4.000 chilenos, se impusieron unas recetas económicas durísimas en un país donde estaban prohibidos los sindicatos y los partidos políticos de izquierda.

Las luchas populares en el siglo XX habían sido contra el capitalismo pero, a partir de los 80, la agenda era una suerte de «postneoliberalismo» que tenía como problema añadido que la socialdemocracia había abrazado también el desmantelamiento del Estado social. En España, el PSOE ponía en marcha la reconversión industrial, eufemismo para el desmantelamiento de la industria. Decía que bajar impuestos a los ricos era de izquierdas y empezaba la venta de las joyas de la corona del sector público que culminaría Aznar. No en vano, Margaret Thatcher diría aquello de que su principal obra no fueron las Malvinas ni crujir a los sindicatos mineros, sino «Tony Blair».

La discusión que ha habido, está habiendo y habrá en España entre el PSOE y Unidas Podemos en torno a la derogación de la reforma laboral, las pensiones y los alquileres o la manera que se asumió para frenar las protestas por el empeoramiento de las condiciones de vida –Ley Mordaza-, vienen de cuando la socialdemocracia europea tiró la toalla y se entregó a los principios neoliberales. En Chile, lo hicieron a los tiros. En Europa, lo hizo la socialdemocracia. Hay transformaciones que no podría hacer la derecha. De esas se encargaron los que se llamaban «socialistas».

Recordemos que la estela de Nadia Calviño, Escrivá o María Jesús Montero viene de los tiempos de la tercera vía de Tony Blair, del Neue Mitte de Gerhard Schröder y de Bill Clinton afirmando que la España de Felipe González le había inspirado para el corrimiento del Partido Demócrata hacia posiciones republicanas (¿se entiende mejor de dónde viene Donald Trump?). Blair, por cierto, terminó enriquecido –junto a Aznar- al calor del magnate de los medios, Rupert Murdoch, que fue el que propagó mintiendo que en Irak había armas de destrucción masiva (dos de los europeos de la foto de los Azores, que funcionó como detonante de la invasión, entraron en nómina del que inventó la mentira. Mientras, el tercero, Durao Barroso, recibió el premio de dirigir la Comisión Europea. Roma paga bien a los traidores). Schröder terminó, igualmente enriquecido, pero trabajando para Gazprom, el oleoducto ruso que tenía que ser el principal suministrador de gas a Europa.

La batalla digital en el plebiscito 2.0 por el ‘sí’ o ‘no’ a Pinochet

Los términos del manifiesto que firmaron Blair y Schröder, que aquí fue secundado por José María Aznar y Felipe González, son los mismos que hoy comparte el PP y que hemos escuchado a algunos sectores del PSOE muy influenciados por la retórica de ajuste europea. Era la lectura económica en el PSOE cuando Pedro Sánchez empezaba sus primeros pasos en el partido.

En ese Manifiesto -«The Third Way/Die Neue Mitte»-, la declaración conjunta de 1999 del Primer Ministro británico Tony Blair y del Canciller alemán Gerhard Schroeder, se sentaron las bases igualmente del giro de la Unión Europea que solo con la crisis del covid-19 parece haber empezado a virar. Aparentemente, ese manifiesto era una celebración del éxito de los partidos socialdemócratas, si bien gran parte del mismo podría haber venido fácilmente de los partidos de la denominada derecha: «Las empresas deben tener margen de maniobra para beneficiarse de la mejora de las condiciones económicas y aprovechar las nuevas oportunidades: no deben estar amordazadas por las normas y los reglamentos»; «las reducciones del impuesto de sociedades aumentan la rentabilidad y refuerzan los incentivos para invertir (…). Ayuda a crear un círculo virtuoso de crecimiento»; «hay que simplificar la fiscalidad de las empresas y reducir los tipos del impuesto de sociedades»; «la conciencia social no puede medirse por el nivel de gasto público. La verdadera prueba para la sociedad es la eficacia con la que se utiliza este gasto»; «la responsabilidad del individuo para con su familia, su vecindario y la sociedad no puede descargarse en el Estado»; «en el sector público debe reducirse la burocracia a todos los niveles, deben formularse objetivos de rendimiento y controlarse rigurosamente la calidad de los servicios públicos».

Todo un programa para una socialdemocracia que asumió, junto al liberalismo político -la vía electoral parlamentaria como la única vía para expresar los conflictos sociales-, el liberalismo económico, que en el siglo XX ya era neoliberalismo, esto es, un Estado al servicio del beneficio empresarial, con el necesario acompañamiento del incremento de las desigualdades, de la impotencia redistributiva del Estado, de los paraísos -refugios- fiscales y del incremento de la represión.

Chile decide su futuro tras un estallido, una pandemia y una constituyente

Es en este marco en el que las élites, ante el nacimiento de una fuerza política claramente antineoliberal como Podemos, reclamaban una gran coalición entre el PSOE y el PP para mantener el statu quo. Y por eso, cada vez que el PSOE renuncia a pactar con Unidas Podemos el ahondamiento en  la agenda postneoliberal está trabajando para la gran coalición con la derecha, de la misma manera que cada vez que cede y cumple los acuerdos del Gobierno de coalición, el presidente Sánchez aprovecha y saca pecho y le dice a sus militantes lo socialistas que se han vuelto.

La agenda neoliberal, acordamos buscando una fecha, empezó en Chile con el golpe contra Allende -1973 fue también el año de la Guerra del Yon Kippur y la subida de los precios del petróleo y, sobre todo, del fin del capitalismo ordenado en Bretton Woods en 1945, con la liberalización de las monedas y pistoletazo de salida de la globalización-. A partir de entonces, con el Plan Condor y la represión de la izquierda de manera global, al igual que con la creación de la Trilateral (primer gobierno de la globalización en la sombra), comienza una arquitectura financiera internacional, mezcla de látigo económico y de pérdida de libertades ordenado supranacionalmente, que se ha comido buena parte de la soberanía de nuestros países.

Por eso, lo que hoy se juega en Chile si gana Gabriel Boric va más lejos de la expulsión de Kast, un neonazi que quiere regresar el pinochetismo a Chile y seguir los pasos de Bolsonaro. Es una señal regional del agotamiento del modelo neoliberal que debe llegar también a Europa. No en vano, la derecha y la ultraderecha mundial se han movilizado a favor de Kast, mientras la izquierda postneoliberal apuesta por Boric. No es extraño el apoyo entusiasta de Podemos a la candidatura de Boric ni tampoco el silencio del PSOE -después de haber entregado al canciller de Piñera, que apoya a Kast, la Secretaría Iberoamericana-. En Chile se está dirimiendo la misma pelea que hay en Europa entre una salida democrática a la crisis de 2008 y la del coronavirus, o un regreso a la noche de los tiempos. Y entendemos el apoyo del PP y de VOX a la apuesta reaccionaria de Kast, pero hace falta más firmeza en la socialdemocracia para no hacer el juego a cualquier forma de gran coalición. Gran coalición que no deja de ser la apuesta de las élites una vez que han fracasado con el plan de Ciudadanos y a las que el Gobierno del PP con Vox les abriría muchas incertidumbres como pasó en Alemania en 1933.