Victoria de la izquierda, ¿un revés para la Iglesia colombiana?

Petro, en una iglesia
Petro, en una iglesia

«El Señor bendiga a Colombia y lo mejor para quienes van a gobernar al país en los próximos años» (Mons. Henao)

Los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta se aseguraron de aceptar la invitación de la Sede Apostólica a reunirse en privado con el papa Francisco en Roma, meses atrás

Para el pueblo colombiano la fe cristiana sigue siendo preponderante entre los valores que lo constituyen como sociedad

Gustavo Petro, presidente electo de los colombianos para el período 2022-2026, manifestó en diversas ocasiones ser seguidor de la Teología de la liberación latinoamericana

Dos días después de las elecciones presidenciales ni una sola mención del resultado en la página de la Conferencia episcopal

Por Dumar Espinosa

Luego del parte de victoria de Gustavo Petro y Francia Márquez en el convulso proceso electoral colombiano, hacia las 4:51 de la tarde, una de las primeras reacciones que presentó en directo Caracol,[1] canal privado de televisión del país suramericano, fue la de monseñor Héctor Fabio Henao, sacerdote delegado de la Conferencia Episcopal de Colombia para las relaciones entre la Iglesia y el Estado, quien comentó brevemente que la jornada electoral fue una demostración democrática y deseó éxitos para el nuevo gobierno sin mencionar siquiera el nombre del nuevo mandatario de los colombianos, ni mencionar la victoria de la izquierda sin precedentes en la historia bicentenaria de la república, ni felicitar a los ganadores en la contienda electoral; mostrando cierto embarazo al comentar en caliente los resultados de la sorprendente jornada electoral colombiana. Estas fueron sus palabras:

“Lo primero que nosotros queremos valorar de una manera muy sincera es la participación, una participación política pacífica, con una expresión de una verdadera fiesta de la democracia; una participación muy masiva de la población que nos deja a nosotros también un grado de legitimidad del sistema electoral; un sistema electoral que ha sabido responder adecuadamente en tiempo para darnos unas cifras confiables, con lo cual nosotros sentimos que ésto nos ayuda a fortalecer la democracia, por una parte por la participación, por otra parte por el sistema robusto que tenemos electoral y en tercer lugar, por la voluntad ciudadana de aportarle al país a caminar hacia el horizonte de construcción de nación.

Hay un propósito ya construido de tiempo atrás que es el de un pacto por la reconciliación entre los colombianos de suma importancia, porque una de las situaciones difíciles que tenemos que superar es los grados de fragmentación en nuestra sociedad, de separaciones y de divisiones; y ese caminar, digamos, hay que seguir avanzando. Hay múltiples sectores comprometidos en crear un clima de acuerdo, de pacto, tiene distintos nombres para denominarlo, pero un clima que nos permita convivir, convivir en paz, construir un  proyecto de nación compartido que nos permita a nosotros construir un proyecto de país en el cual podamos vivir con dignidad todas las personas; éso va a exigir en este período presidencial concreto esfuerzos muy decididos para que todas las voces puedan ser incluidas y para que definitivamente la sociedad se sienta adecuadamente representada. Es un tema también de representación política; es un tema de construcción de país; es un tema de democracia y aunque existan grandes iniciativas o proyectos, también grandes inquietudes, tiene que ir primando la capacidad de construir colectivamente.

El Señor bendiga a Colombia y lo mejor para quienes van a gobernar al país en los próximos años”.

En un momento de efervescencia popular por la disputada presidencia de Colombia hubiese sido natural la mención directa de los candidatos en contienda y el reconocimiento explícito del vencedor; cosa que haría minutos más tarde el presidente de la Conferencia episcopal colombiana, monseñor Luis José Rueda Aparicio arzobispo de Bogotá en un mensaje hecho viral por redes sociales. De todos modos, esa fue la primera impresión que dejó del mensaje de la Iglesia colombiana en uno de los principales medios de comunicación del país.

No obstante las interpretaciones de las primeras reacciones de los jerarcas católicos a la victoria de Gustavo Petro, está fuera de duda la importancia que jugó la Iglesia, o más genéricamente la fe cristiana, en la contienda electoral. De hecho, los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta se aseguraron de aceptar la invitación de la Sede Apostólica a reunirse en privado con el papa Francisco en Roma, meses atrás. Casualmente, de todos los candidatos fueron los únicos que lo hicieron. Gustavo Petro el miércoles 2 de febrero de 2022 y Rodolfo Hernández el miércoles 16 de marzo de 2022. En ambos casos, no hay imágenes de las conversaciones en privado que sostuvieron durante algunos minutos con el Pontífice, pero las campañas se aseguraron de mostrar imágenes ciertas o falsas de ese momento.

En el caso de Petro hubo que reconocer que se trató de un montaje en el que se utilizó una fotografía antigua de una visita del presidente de la Federación Rusa Vladimir Putin al Vaticano. En el caso de Hernández se publicó un video del saludo del pontífice al candidato y su esposa al finalizar la Audiencia general del miércoles en el Aula Pablo VI.

Las campañas querían demostrar la religiosidad de su candidato o las buenas relaciones con la Santa Sede porque para el pueblo colombiano la fe cristiana sigue siendo preponderante entre los valores que lo constituyen como sociedad. De hecho, ante la afirmación de ateísmo por parte del precandidato Alejandro Gaviria, antes de la consulta de su partido Centro esperanza, sus números bajaron en las preferencias de los colombianos, no obstante explicara luego que: “No soy católico, pero creo en un mandamiento fundamental, uno que los resume y contiene a todos los otros mandamientos: el amor al prójimo”.[2]

Después del episodio del Vaticano y de la anécdota de Gaviria aparecieron más imágenes de los candidatos que pasaron a la segunda vuelta electoral participando en celebraciones religiosas, aunque esto no significó, en ninguno de los dos casos, que fueran portavoces de la doctrina católica en materias sensibles como el aborto, la eutanasia o las uniones homosexuales; pero sí, indirectamente, en materia de responsabilidad social con el slogan “No robar, no mentir y no traicionar” de la campaña de Rodolfo Hernández; y de responsabilidad social y ambiental de inclusión y justicia en el programa de gobierno de Gustavo Petro.

En una población mayoritariamente católica, la práctica religiosa de los candidatos sigue siendo un factor no indiferente a la hora de las votaciones. Seguramente en algunos casos las escenas religiosas en que los retratan corresponden a una creencia auténtica más o menos formada en la fe; en otros sólo sirven para alimentar el imaginario colectivo de una religiosidad que no reste puntos importantes en el escrutinio final.

En el caso concreto de Gustavo Petro, presidente electo de los colombianos para el período 2022-2026, a pesar de lo que puede pensarse de un candidato de izquierda respecto a sus convicciones religiosas, aunque pertenezcan a la esfera privada, manifestó en diversas entrevistas y discursos ser seguidor de la Teología de la liberación latinoamericana con su preocupación por el pobre, el huérfano, la viuda y el extranjero.[3] La opción preferencial por el pobre que fue objeto de tanta discusión en la segunda mitad del siglo pasado en Latinoamérica. Discusión que lejos de apaciguar la valoración positiva de su discurso en ambiente católico puede también crear preocupación por las experiencias vividas y recalentadas en otros países de la región. En revoluciones como la sandinista en Nicaragua también se hondearon los slogans de la Teología de la liberación.

La preocupación de la Iglesia colombiana ante el nuevo gobierno se irá apaciguando en la medida en que se conserve, como lo ha prometido en sus discursos el nuevo presidente, el orden institucional con la separación de los tres poderes ejecutivo, legislativo y judicial, y se siga construyendo tejido social en un país que quiere salir de una historia de división, narcotráfico, muerte y subdesarrollo.

En el caso de Nicaragua y de otros países latinoamericanos en el siglo pasado se pretendió equiparar cristianismo con marxismo. A nivel ideológico, se planteó entonces la pregunta que hiciera en sus escritos el cardenal Alfonso López Trujillo “¿Puede un cristiano apelar a la «metodología» marxista sin que su fe sufra el menor riesgo?”.[4] Es decir, si el análisis marxista sea compatible con la fe cristiana e irónicamente comentaba el cardenal “Nada tan temible en esta materia como la ingenuidad”.[5] Esto, explicaba, debido a que el marxismo es un sistema en el que el presupuesto materialista, el análisis científico de la realidad y la estrategia de la lucha de clases son inseparables. “No hay, pues, separación entre concepción del hombre y de la historia y praxis, entre «cosmovisión» y análisis marxista, entre «ideología marxista» y método científico. La diferencia es de niveles solamente”.[6]

En ese mismo sentido, Pablo VI advierte sobre el riesgo del análisis marxista en la lectura de la realidad: “Es sin duda ilusorio y peligroso olvidar el lazo íntimo que los une radicalmente, el aceptar elementos del análisis marxista sin reconocer sus relaciones con la ideología, al entrar en la lucha de clases y de su interpretación marxista, omitiendo el percibir el tipo de sociedad totalitaria y violenta a la que conduce este proceso”.[7]

Sea cual sea el análisis de lo que sucedió el domingo 19 de junio 2022 en las elecciones presidenciales de Colombia, por parte de los pastores católicos, está claro que comienza en el país un período de esperanza y de incertidumbre que se gestó por la escasa o nula respuesta histórica del ejecutivo a las necesidades profundas y sentidas del pueblo.

Dos días después de las elecciones presidenciales en Colombia, en la página de la Conferencia episcopal colombiana ni una sola palabra sobre el resultado histórico (https://www.cec.org.co). Mientras L’Osservatore Romano si presentó el lunes en primera página una crónica completa del acontecimiento.

El Dios de la vida oriente las decisiones del nuevo gobierno, de salud y prosperidad al pueblo colombiano, a sus gobernantes y a sus pastores.

[1] https://www.youtube.com/watch?v=A6YsKjAs848

[2] https://www.elcolombiano.com/colombia/politica/alejandro-gaviria-habla-sobre-la-religion-catolica-y-sus-creencias-religiosas-FE15661370

[3] https://www.semana.com/nacion/articulo/cual-es-el-dios-en-el-que-cree-gustavo-petro/202200/

[4] Análisis marxista y liberación cristiana 1974, 207.

[5] Ibíd.

[6] Análisis marxista y liberación cristiana 1974, 220-221.

[7] Carta Apostólica Octogesima Adveniens 1971, nro. 34.

¡Y ganó «El cambio por la vida»!

¡Y ganó "El cambio por la vida"
¡Y ganó «El cambio por la vida»

«Espontáneamente mucha gente ha salido a la calle para celebrar este triunfo. No importa la lluvia (en Bogotá) porque es más grande la alegría del triunfo. Pero lo más interesante es la presencia masiva de tantos jóvenes«

«Los periodistas de los medios casados con el gobierno actual, no saben muy bien cómo transmitir este triunfo. Se les ve rígidos, como a muchos de los invitados a comentar. Es que después de tantos meses contribuyendo al desprestigio de la campaña del Pacto Histórico, ahora no saben ni qué decir«

«Gracias Francia Márquez por hacer realidad que una mujer como tú -a los que tantos tienen recelo por ser negra, ser lideresa, ser valiente- ocupe este segundo cargo de la naciónrompiendo el techo para las mujeres pobres, negras, del pueblo«

Por Consuelo Vélez

Han sido tres semanas muy difíciles desde la primera vuelta y por fin, “ganó el pacto por la vida”. En este día no ganó una persona -Petro- sino que ganaron las periferias, las víctimas, los y las nadies, la población afro, y tantos pobres con diferentes necesidades y exclusiones. Además ganó un relato que se acerca más a la verdad (todo relato es limitado como la misma vida humana) porque no es verdad que los guerrilleros insertados no puedan acogerse a la legalidad y seguir construyendo patria, porque no es verdad que el único sistema confiable es el neoliberalismo, porque no es verdad que hay que esperar indefinidamente para empezar el cuidado de la casa común, porque no es verdad que los gobiernos progresistas son comunismo, porque no es verdad que no podamos tener un Estado de Bienestar -como tantos países del llamado primer mundo- para garantizar una educación, una salud, una pensión, una vivienda y tantas otras necesidades básicas a lo que tienen derecho todo colombiano/a.

Los/as pobres, los/as nadies ¡no son vagos!, ¡no son atenidos!, -como los califican tantas personas desde su comodidad-. Ellos son víctimas de la injusticia social de la que esta parte de Colombia, hoy ganadora, se cansó y ha puesto todo de su parte para comenzar a revertirla. Que la injusticia se haga justicia, que le vida triunfe sobre la muerte, que la paz acabe con la guerra.

Petro

Espontáneamente mucha gente ha salido a la calle para celebrar este triunfo. No importa la lluvia (en Bogotá) porque es más grande la alegría del triunfo. Pero lo más interesante es la presencia masiva de tantos jóvenes. A ellos también les debemos este triunfo porque son los que hace un año protestaron en las calles porque la situación que vivimos no se puede tolerar más. Su constancia, audacia y fortaleza muestra la conciencia política de los jóvenes y su compromiso con construir nuestra patriaNo es verdad que los jóvenes son vándalos -como también los califican tantas personas que solo viven en su pequeño mundo, temerosos de cualquier cambio-.

La alegría de este momento refleja un sentir del “pueblo”. Ese pueblo que se logra unir y luchar por causas comunes. De este pueblo nos habla el papa Francisco en la Fratelli Tutii, pero lamentablemente, hay una porción de Iglesia que no puede salir a celebrar con este pueblo, porque parece que nunca esta con él, aunque en teoría dice seguir al Jesús del reino, donde los pobres ocupan el primer lugar. ¡Esas son las incoherencias de nuestra fe!

Los periodistas de los medios casados con el gobierno actual, no saben muy bien cómo transmitir este triunfo. Se les ve rígidos, como a muchos de los invitados a comentar. Es que después de tantos meses contribuyendo al desprestigio de la campaña del Pacto Histórico, ahora no saben ni qué decir. Porque, aunque fue verdad que de todas las campañas hubo iniciativas de atacar personalmente al contrincante, es verdad de toda verdad que contra Petro todo eran ataques, todo era distorsión, no hubo un solo debate en que los oponentes no partieran de una mentira para atacarlo y que los periodistas no le hicieran preguntas con la intencionalidad de reforzar prejuicios infundados.

Por supuesto que las cosas no van a cambiar mágicamente. Creo también que errores no faltarán. Estaremos escribiendo en el futuro con desacuerdos frente a decisiones que tomen. Pero no olvidemos que cualquier decisión necesita la aprobación del congreso y será una “obra de arte” conseguir unir fuerzas para el bien de Colombia. No faltará la oposición férrea de los contrarios. Sin embargo, Colombia no va a ser la misma después de este triunfo. Por primera vez nuestro país se mira desde la periferia, por primera vez los que nos hablan son representantes de los indígenas, de los afro, de los campesinos, de las víctimas, de los pobres, de los nadies y las nadies, pueblo colombiano que trabaja con tanta dignidad y que por siglos ha sido víctima de tanta injusticia social.

Gracias Francia Márquez por hacer realidad que una mujer como tú -a los que tantos tienen recelo por ser negra, ser lideresa, ser valiente- ocupe este segundo cargo de la naciónrompiendo el techo para las mujeres pobres, negras, del pueblo. Desde tu maravillosa votación en las consultas nos has mostrado que existe esta porción de pueblo que levanta la voz y es capaz de encargarse de liderar el rumbo del país por la senda de la vida, vida que has defendido con el compromiso de tu propia vida.

Gracias Gustavo Petro por no haberte cansado a pesar de tanta oposición. Tu vida vale la pena ¡y sin duda! Como dijo algún periodista o comentador, has sabido interpretar el sentir del pueblo y merecías ser nuestro presidente. Tus primeras palabras, después de este triunfo, son las que necesitamos: una política del diálogo, del amor, de la reconciliación, de la paz y, sobre todo, abrir las puertas del cambio. No estamos bien y tenemos derecho a estarlo. Confiamos que estos cuatro años que vienen sigamos trabajando por la unidad y la paz, por la justicia social y la inclusión de todos/as, por superar tanta violencia que no tenemos porque vivir. ¡Tenemos derecho a vivir en paz! ¡Tenemos derecho a ser felices! ¡Tenemos derecho a vivir sabroso!

Votaciones en Colombia (2ª vuelta)

Obipos de Colombia, criterios para votar: «Fortalecer la democracia, el bien común y apoyar un lenguaje alejado del odio»

Segunda vuelta
Segunda vuelta

Monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria, delegado de la Conferencia Episcopal (CEC) para las relaciones Iglesia-Estado, ha lanzado un video-mensaje en el que reitera ‘tres criterios que no hay que olvidar’ para la elección del nuevo Presidente de Colombia

El líder de la izquierda, Gustavo Petro, se enfrentará al independiente Rodolfo Hernández, en la segunda vuelta presidencial prevista en Colombia para el 19 de junio

(Agencia Fides).- El líder de la izquierda, Gustavo Petro, se enfrentará al independiente Rodolfo Hernández, en la segunda vuelta presidencial prevista en Colombia para el 19 de junio. En la primera vuelta de las elecciones presidenciales, celebrada el 29 de mayo en un clima tranquilo y con una buena participación de los votantes, Petro obtuvo el 40,33% de los votos, y Hernández el 28,14%.

Los obispos católicos de Colombia han invitado en varias ocasiones a todos los colombianos a participar activa y conscientemente en las elecciones, para fortalecer el sistema democrático y contribuir a la construcción de un país mejor (véase Fides 19/2/2022;11/5/2022; 21/5/2022).

En vista del escrutinio del 19 de junio, Monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria, delegado de la Conferencia Episcopal (CEC) para las relaciones Iglesia-Estado, ha lanzado un video-mensaje en el que reitera «tres criterios que no hay que olvidar» para la elección del nuevo Presidente de Colombia.

En primer lugar, Monseñor Henao Gaviria destaca la necesidad de que todo se centre en el fortalecimiento de la democracia, que sea «más viva, más participativa, inclusiva, que exprese verdaderamente los valores de la civilización y la ciudadanía». El segundo criterio a tener en cuenta es el bien común, «pensar en función del bien de la nación», por lo que es necesario conocer bien las propuestas de los 2 candidatos para el programa de gobierno que pretenden aplicar.

Por último, Monseñor Henao Gaviria insta a que el lenguaje que se utilice en todos los niveles de la política, desde el más alto hasta el más bajo, no sea de «odio, discriminación, estigmatización o lleve a la violencia», ya que «es contrario al fortalecimiento de la democracia y provoca daños a largo plazo a nuestra nación».

En su video-mensaje, monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria destaca que la primera vuelta electoral del 29 de mayo se desarrolló «en paz, con una masiva participación de jóvenes, mujeres y todos los sectores sociales, que depositaron toda su confianza en las diferentes propuestas que están al servicio del país».

Elecciones en Colombia

Gustavo Petro o Rodolfo Hernández: Colombia vota contra la tradición política

Gustavo Petro

El líder de izquierda gana con el 40,3% la primera vuelta y se disputará el poder con el exalcalde de Bucaramanga (28,2%), quien recibió de inmediato el apoyo del derrotado Fico Gutiérrez

Inés Santaeulalia

INÉS SANTAEULALIA

Colombia votó este domingo contra el establishment y contra la tradición política que siempre ha gobernado el país. El líder de la izquierda, Gustavo Petro, venció en la primera vuelta de las presidenciales con el 40% de los votos, seguido del candidato populista, Rodolfo Hernández, con el 28%. Los colombianos eligieron cambio frente a continuismo y cerraron la puerta al uribismo, que rápidamente se movió para apoyar a Hernández. La fuerza que ha aupado a la presidencia a los mandatarios de las últimas dos décadas pierde elecciones, pero se resiste a perder poder. En un país en el que nunca ha gobernado la izquierda, Petro se impuso de forma clara, pero este solo es el primer asalto de la carrera presidencial que se definirá el 19 de junio. En tres semanas las urnas volverán a abrirse y pondrán a prueba la capacidad del izquierdista para trasladar su victoria a una segunda vuelta, en la que tendrá enfrente al candidato más inesperado. La irrupción del indefinible exalcalde de Bucaramanga, a quien nadie vio venir hasta el final de la campaña, anticipa una batalla muy reñida.

El gran derrotado de la jornada fue el candidato de la derecha, Federico Fico Gutiérrez. El exalcalde de Medellín se convirtió durante la campaña en la cara del continuismo, lo que lo acabó devorando. A Fico, aunque se presentó como un político independiente, lo apoyó todo el poder político del país. Desde el uribismo a los dos grandes partidos tradicionales, el Conservador y el Liberal, que decidieron cerrar filas con él ante el avance de Petro. En sus primeras palabras públicas, Gutiérrez reconoció su derrota y dio su apoyo sin ambages a Hernández para la segunda vuelta. Eso le complica las cosas a Petro.

Fico, con un 24%, sumó algo más de cinco millones votos. Hernández logró casi seis. Si todo el establishment que apoyó a Fico se va directamente con Hernández, sumarían 11 millones de votos. El líder de la izquierda obtuvo este domingo 8,5 millones. La seriedad de Petro, que salió a hablar tres horas después de conocerse los resultados, puso cara al momento al que se enfrenta el candidato que llegó a pensar que ya lo tenía todo hecho. “Hay cambios que no son cambios, son suicidios. ¿Qué queremos, cambio o suicidio?”, dijo desde el hotel en el que se llegaron a congregar 450 medios de comunicación.

La jornada electoral transcurrió con normalidad en todo el país después de la campaña más tensa que se recuerda en Colombia. Los votantes llegaron a las urnas con la certeza de una victoria de Petro, pero nadie se atrevía a poner la mano en el fuego por quién sería el segundo. Después de meses en los que los sondeos dibujaron una batalla a dos entre el candidato de la izquierda y el líder de la derecha, ambos candidatos se estancaron y un tercero inició una cabalgada que el silencio de las encuestas de la última semana, al que obliga la ley electoral, dejó de medir hace 10 días. Los resultados confirmaron que durante esta última semana Hernández siguió ganando apoyos. Lo hizo a su modo, a través de mítines en Instagram y Facebook, y sin participar en ninguno de los debates entre el resto de candidatos. Rodolfo, al que muchos llaman ya el Trump colombiano, llegó al domingo convencido de su victoria: “Hoy hacemos historia”. Una vez conocidos los resultados, desde la cocina de su casa, un solitario Hernández publicó un vídeo en sus redes: “Perdió el país de la politiquería y corrupción”.

Petro no lo tenía fácil en segunda vuelta con ninguno de los dos, pero con una élite política en horas bajas, prefería encontrarse con Fico el 19 de junio. El líder de izquierda ha navegado en todo este tiempo la incertidumbre desde un cómodo primer puesto en las encuestas. A lo largo de los meses de campaña moderó su discurso y se le vio especialmente tranquilo en los debates electorales. Enfrentarse a Fico era enfrentar a todo lo que había hecho frente siempre, pero ahora contaba además con el apoyo de gran parte de una sociedad que demandaba un cambio de rumbo. La amenaza de Hernández solo se vio al final, y en la campaña del candidato del Pacto Histórico empezaron a aflorar las dudas.

El líder de la izquierda llegó nervioso a las urnas, consciente de que esta es su última oportunidad. Este domingo se dio cuenta en la misma mesa de votación de que se había olvidado su cédula de ciudadanía en casa, el único requisito para emitir el voto. Tuvo que esperar a que alguien se la llevara. Cuando sí metió la papeleta en la urna, invitó a los ciudadanos “a cambiar la historia del país”.

Gran parte de la sociedad votó con esa idea, casi el 70%. Consolidar un cambio después de décadas de gobiernos conservadores en manos de una misma élite política. La caída de Gutiérrez convierte la clásica batalla entre la derecha y la izquierda en una historia del pasado. Ese fue el escenario de segunda vuelta hace cuatro años, pero el país ha cambiado mucho desde entonces. En 2018, el candidato del uribismo Iván Duque venció en primera vuelta y volvió a hacerlo en segunda ante Gustavo Petro. La luna de miel con el presidente duró poco, apenas un año después de llegar al poder, Duque tuvo que enfrentarse en 2019 al primer asalto del estallido social. Miles de personas salieron a las calles para mostrar su descontento en unas protestas que se volvieron intermitentes y que en 2021 se repitieron con tanta fuerza en todo el país que se prolongaron durante más de dos meses y paralizaron ciudades enteras de Colombia.

Con el segundo puesto del excéntrico candidato Rodolfo Hernández, la batalla cambia de eje. Colombia eligió cambio a toda costa, el de la izquierda de Petro (62 años) o el de la incógnita de Hernández (77 años). Cualquiera de los dos supone un verdadero quiebre. El izquierdista, que genera enorme temor entre toda la élite política, dispuesta a votar por cualquier que no sea él. Y el exalcalde de Bucaramanga, un enigma que la derecha, ya derrotada, empezó a abrazar la misma noche electoral. La única experiencia política de Hernández fue durante su alcaldía en Bucaramanga, de donde aún tiene pendiente una cuenta con la justicia, que lo citará en julio para dirimir una acusación de corrupción por un contrato público.

La irrupción tardía del exalcalde de Bucaramanga recuerda a otras citas anteriores y no tan lejanas. El día que Pedro Castillo venció en la primera vuelta de las elecciones de Perú, hace ahora un año, algunas televisiones ni siquiera tenían preparada su foto y tuvieron que ilustrar sus primeros resultados con una silueta en sombra. Hoy Castillo gobierna Perú. La cara de Hernández sí se conoce, pero no tanto qué hay detrás del candidato que no duda en público de llevar la contraria a su propio programa electoral si la ocasión lo merece. Las próximas semanas servirán para ahondar en su propuesta. Ahora es él el protagonista. Después de una campaña que giró siempre alrededor de Petro, el izquierdista suena ahora a viejo conocido. Este domingo se cerraron las urnas, pero este lunes comienza una nueva campaña. A Colombia le quedan tres semanas de infarto

Elecciones en Colombia

Gustavo Petro, la Colombia que quiere ser un pueblo

Bogotá, como Colombia, tiene pegados el cielo y el infierno. En Chapinero, en el nororiente de la capital, está una ciudad del ocio que harían las delicias de las Kardashian, con edificios enteros remozados con luces de neón y dedicados a todas las músicas imaginables, restaurantes de cada rincón del planeta acompañados de lujosos decorados y caros coches que conducen cachorros de empresa que mueven la mandíbula; interrumpiendo el paisaje, esquinas con perros calientes y pinchos morunos para que maten el hambre los que se gastaron todo en las caras copas. Tras el humo de esos chiringuitos de lata se ven en penumbra, manchados de la noche, los recogedores de latas, plásticos y cartones que intentan sobrevivir arrumbando la miseria que los demás tiran, perfil que recorta a la gente guapa y a los caros modelos que desfilan entre suplicantes mendigos con las manos llenas de monedas que no llegan a 500 pesos. Sentados en el suelo se confunden los adolescentes que vomitan la cerveza y el Jaggermeister y los desahuciados de un gobierno al que nunca ha parecido interesarle mucho su pueblo.

En Colombia hay elecciones hoy, domingo 29 de mayo. Más de 400 observadores internacionales están en el país. Decía Perón que el ser humano es bueno, pero que si lo vigilas, es mejor. Le ocurre igual a la democracia colombiana: si la vigilas quizá sea mejor. Aunque hay zonas donde no llegan los ojos de nadie. Los paramilitares controlan zonas del país donde matan a quienes no les obedecen. Es el sitio de América Latina donde el voto puede costarte más caro. EEUU nunca ha criticado a Colombia.

En verdad, en cuanto a las ventajas de la vigilancia, a cualquier democracia le pasa igual. Ahora mismo, una de las democracias más podridas del mundo occidental es la norteamericana. La que va vigilando democracias por el mundo y repartiendo carnets de buen demócrata. Suele entregarlos si les acompañas en sus invasiones. El Presidente colombiano saliente, Iván Duque, pertenecía al Grupo de Lima, donde también estaba la OEA en uno de sus peores momentos, bajo el mandato del corrupto y justificador de golpes de Estado, Luis Almagro. El Grupo de Lima callaba cuando sus miembros disparaban contra su pueblo, por ejemplo en el Chile de Piñera o en la Colombia de Duque, pero intentaron una invasión de Venezuela, junto con los EEUU y avalada por el único Presidente del mundo que se ha autoproclamado en una plaza, Juan Guaidó. Ya no pueden ni llamarse Grupo de Lima porque la izquierda ganó las elecciones en Perú.

Colombia elige entre «vivir sabroso» y una derecha marcada por la violencia

La derecha siempre juega con las cartas marcadas. Pero en Colombia siempre han exagerado. No en vano, Álvaro Uribe prometió a los EEUU convertir a su país en la «Israel latinoamericana», con cinco bases militares, solo superado por los países centroamericanos (9 bases en Honduras, 8 en Guatemala, 8 en Belice, 6 en Panamá). Colombia ha sido durante mucho tiempo un narcoestado, con un Presidente, Uribe (2002-2010), vinculado al paramilitarismo y a las drogas, que ha visto como buena parte de sus colaboradores han ido entrando en la cárcel por sus relaciones con los cárteles de la droga. Su padre ya aparecía en los listados norteamericanos de narcotraficantes y bajo su gobierno se dieron, además de numerosas matanzas, el caso de los «falsos positivos», campesinos, gente pobre y líderes sociales asesinados por el ejército y presentados como guerrilleros para cobrar la recompensa. Uribe siempre ha luchado contra la paz.

La observación internacional busca «vigilar» las elecciones del domingo donde todas las encuestas dan como rotundo ganador a Gustavo Petro, candidato del Pacto Histórico «Colombia Puede» –aunque todo el mundo se refiere a esta agrupación como Pacto Histórico-. Se trata de un frente amplio de partidos y organizaciones sociales y comunitarias, entre las que están Colombia Humana, el partido de Gustavo Petro, la Unión Patriótica-Partido Comunista, el Polo Democrático Alternativo de Francia Márquez (activista social, feminista y ecologista afrodescendiente que acompaña como número dos a la candidatura), el Movimiento Alternativo Indígena y Social, y el Partido del Trabajo de Colombia entre otros.

Conviene vigilar las elecciones colombianas porque, sin ir más lejos, en las elecciones legislativas de marzo de 2022 se repitieron tres de los comportamientos repetidos en las elecciones de Colombia desde que asesinaron en 1948 al candidato de la izquierda Jorge Eliecer Gaitán, un hombre que decía que no era un hombre sino un pueblo. Expresión del deseo de superar uno de los principales problemas de Colombia, las desigualdades, y con capacidad de movilización popular a la búsqueda de la reforma agraria. Por eso le pegaron cuatro tiros en la carrera séptima con la Avenida Jiménez. Su muerte echó al pueblo a la calle en lo que se conoce como el Bogotazo. De aquella represión brutal nacería la guerrilla. En Colombia, los líderes de la izquierda van con escoltas para que no les maten. Es duro ver a gente en España, cuando nos visitan, hacer vida tranquila, y verles aquí en Colombia bajo la amenaza permanente de las balas del poder. Me recuerda momentos terribles de nuestra historia. Gente como la Senadora María José Pizarro, del Pacto Histórico, hija de un líder asesinado, son heroínas y héroes. Como toda la gente anónima que sostiene lo que hay de democracia en Colombia.

Gustavo Petro, el candidato de izquierdas favorito para ganar la presidencia de Colombia

En las elecciones de hace un par de meses se volvieron a registrar casos de fraude electoral –le robaron escaños al Pacto Histórico, que después recuperó no sin esfuerzo-, volvió a enseñorearse la corrupción, con enormes bolsas de compra de votos, se interrumpieron las votaciones con amenazas y coacciones violentas del paramilitarismo en zonas del país, y se volvieron a asesinar a líderes sociales y políticos y a miembros de la guerrilla desmovilizados por los acuerdos de paz de 2016.

Gustavo Petro también fue guerrillero del M-19, el Movimiento 19 de abril, desmovilizado a finales de los 80. Entró en la guerrilla con 18 años, en un tiempo en el que la derecha asesinaba a los líderes de la izquierda y robaba las elecciones cuando perdía, como le pasó a la ANAPO, la Alianza Nacional Popular en 1970. Luego fue alcalde de Bogotá, y como intentaron hacer con López Obrador con el llamado «desafuero», le aplicaron avant la lettre el lawfare y lograron sacarlo de la alcaldía en 2013 con malas artes. Pero a Petro nunca le han derrotado. Y no odia nada la derecha más que a aquellos que les infligen derrotas  y, encima, no se dejan derrotar ni pierden el ánimo. Ahí están Melenchon, Lula, Maduro. No les odian por las políticas que hacen, sino porque no pueden vencerles. Y aún más cuando hacen cosas que les descolocan. Como cuando en 2014 Petro y su gente pidieron el voto para la reelección de Juan Manuel Santos, el que había sido Ministro de Defensa de Uribe pero había roto con él. El progresismo votando a un candidato de derecha para, precisamente, impedir que ganara el uribismo contrario a la paz que representaba el Centro Democrático. El uribismo está muerto, pero como le pasa al neoliberalismo, se va a despedir matando.

Gustavo Petro es algo más que el representante de una fuerza política. Tiene detrás el estallido social de abril de 2021, el conocido como Paro Nacional –una protesta que tenía como detonante la reforma tributaria pero que, como ocurrió en Chile con la subida del metro, expresaba el agotamiento del régimen-. El estallido dejó en el país, en especial en Cali y Bogotá, decenas de muertos, centenares de heridos, miles de detenidos. Si hubiera ocurrido en Venezuela los EEUU habrían hablado de invadir el país. Pero Colombia es la Israel norteamericana. Quizá por eso, en la víspera de las elecciones, Joe Biden e Iván Duque han firmado un acuerdo que sitúa de facto a Colombia como miembro de la OTAN. Nunca han faltado soldados colombianos en las aventuras imperiales norteamericanas desde la invasión de Irak.

Por qué la izquierda puede llegar a la presidencia de Colombia por primera vez

Las elecciones de este domingo en Colombia pueden resolverse con la victoria de Gustavo Petro y Francia Márquez en primera vuelta –se necesitan el 51% de los votos, unos 11 millones de papeletas-. El desafío no es fácil, pero Petro ha logrado las dos cosas que reclama un frente amplio cuando quiere ser expresión de cambio: un liderazgo fuerte y cercano y un modelo de país en donde las mayorías, los más humildes pero también las clases medias, vean una oportunidad de prosperar en un país más decente.

La derecha, que había apostado inicialmente por ‘Fico’ Gutiérrez –una caricatura de los reductos del uribismo-, ha ido dejando paso a Rodolfo Hernández, un empresario casi octogenario y arrogante que fue, sin pena ni gloria, alcalde de Bucaramanga, y al que refieren como el «Trump criollo», esto es, un tipo faltón y sobrado que expresa el clasismo típico de los ricos colombianos (otra vez un fenotipo que, en realidad, es universal). Hernández, como candidato típico de la crisis del neoliberalismo –un insider que se presenta como un outsider– tiene más posibilidades de sumar a gente despistada que la candidatura derechista de Gutiérrez. Aunque en el fondo, ambos representan lo mismo: inmovilismo. En la crisis del neoliberalismo la derecha contrasta entre los que mienten y maquillan sus intenciones, como Hernández, y los que refuerzan sus contenidos más autoritarios, como Gutiérrez. Aplíquenlo a cualquier país.

El gobierno de López Obrador en México y la augurada victoria de Lula en Brasil (el 2 de octubre de 2022), que acompañan a los triunfos de la izquierda en Bolivia, Chile, Argentina, Honduras o Venezuela, hacen de la victoria de Petro y Márquez en Colombia un punto de inflexión. Colombia puede convertirse en un referente regional por la solidez política de Petro, por su claridad en la catástrofe medioambiental en la que vivimos y por su enorme compromiso con la unidad regional. No es extraño que la derecha le haya obligado a terminar la campaña con chaleco antibalas y escudos en los mítines para evitar a los sicarios. Las oligarquías nunca perdonan a los que les quitan el sueño. Pero Petro sabe que no es culpa del pueblo que sus sueños sean siempre vistos por las élites como pesadillas

Elecciones en Colombia

Colombia se enfrenta a unas presidenciales bajo amenazas 

23/05/2022 - El candidato de izquierdas a la Presidencia de Colombia, Gustavo Petro, habla durante el cierre de su campaña, este domingo 22 de mayo, en la céntrica Plaza de Bolívar de Bogotá (Colombia).
El candidato de izquierdas a la Presidencia de Colombia, Gustavo Petro, habla durante el cierre de su campaña, este domingo 22 de mayo, en la céntrica Plaza de Bolívar de Bogotá (Colombia).  Carlos Ortega / EFE

El próximo domingo 29 de mayo están previstas las elecciones presidenciales de Colombia. Los últimos sondeos encabezan a Petro como favorito, pero ponen en duda que el candidato derechista «Fico» Gutiérrez se mantenga en la recta final.

MARCO TERUGGI (PÁGINA 12)

Gustavo Petro denunció este sábado la existencia de un plan para dar «un golpe a las elecciones del 29 de mayo». El candidato de Pacto Histórico, al frente en todas las encuestas, afirmó que «tienen pensado suspender las elecciones, suspender los órganos que rigen el proceso electoral». El candidato pronunció estas palabras en un acto masivo desde un escenario en la ciudad de Barranquilla, al norte del país, sobre el mar Caribe.

Francia Márquez, candidata a vicepresidenta junto a Petro, fue protegida esa misma noche por un dispositivo de seguridad antibalas y tuvo que abandonar el  el escenario por la salida de emergencia debido a que le apuntaron con un láser en la sien, a modo de amenaza. Su mitin se celebraba en Bogotá como memorándum del día de la afrocolombianeidad, del cual es originaria. Esta mujer negra, ambientalista y feminista que fue víctima de un atentado en el 2019, ha logrado una gran popularidad en un país que, por tercer año consecutivo, alberga  grandes movilizaciones.

23/05/2022 - La candidata a la Vicepresidencia de Colombia Francia Márquez, habla en el último mitin junto a Gustavo Petro, este domingo 22 de mayo en la céntrica Plaza de Bolívar de Bogotá (Colombia).
La candidata a la Vicepresidencia de Colombia Francia Márquez, habla en el último mitin junto a Gustavo Petro, este domingo 22 de mayo en la céntrica Plaza de Bolívar de Bogotá (Colombia).  Carlos Ortega / EFE

Alerta por ‘pucherazo’

Ambos hechos elevan a alerta roja la situación que se vive en las elecciones colombianas. Iván Cepeda, senador y miembro del Pacto Histórico, precisó en la mañana del domingo a qué se refería Petro: «Hay una campaña innegable para suspender de sus labores al funcionario del que depende todo el sistema electoral. Es obvio que si a falta de tres o cuatro días de las elecciones este se destituye al máximo responsable de realizar el conteo de los votos, el sistema electoral se paraliza por completo.»

La posibilidad de que el magistrado, Alexander Vega, sea sustituido es una más entre las alertas recibidas en el marco de una elección atravesadas por amenazas. Muestra de ello es la protección con la cual Petro debe realizar cada uno de sus mítines, o el informe de la Defensoría del Pueblo que afirma que de los 1.123 municipios de Colombia al menos 521, es decir el 47,3%, están expuestos a vulneraciones de derechos humanos en el período electoral, dentro de los cuales 84 están bajo riesgo extremo.

Ránking de votos

Las amenazas parecen proporcionales a las posibilidades de que Petro gane las elecciones

Las amenazas parecen proporcionales a las posibilidades de que Petro gane las elecciones. El candidato del Pacto Histórico −que aglutina a partidos, organizaciones, y dirigentes progresistas, de izquierda y liberales− encabeza las encuestas. Le siguen Federico «Fico»  Gutiérrez, de la coalición Equipo por Colombia, y, en tercer lugar, Rodolfo Hernández, de la Liga de los Gobernantes Anticorrupción, quien ha logrado un incremento de popularidad en las últimas semanas, hasta tal punto de disputarle el posible segundo lugar a Gutiérrez en un eventual ballottage.

Según la encuestadora Guarumo, Petro tiene 37,9% de intención de voto, Gutiérrez 30,8% y Hernández 20,3%. Otro sondeo de Invamer,  muestra al primero con 40,6%, al segundo con 27,1%, y al tercero con 20,9%. Finalmente, el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica sitúa a Petro con el 48% en una proyección sobre voto válido, a Hernández como segundo con un 21,8% y a Gutiérrez con 21,4%. Petro encabeza todas las listas, pero no llega a más del 50% necesario para obtener la victoria en la primera vuelta.

Gutiérrez y el uribismo 

Una segunda vuelta es entonces probable y en esa también Petro aparece como el favorito de los encuestados. En ese caso se mediría contra Gutiérrez, exalcalde de Medellín, y un candidato próximo al uribismo colombiano, aunque niega serlo. Los vínculos entre Gutiérrez , el expresidente Álvaro Uribe y su partido Centro Democrático son varios, como quedó demostrado cuando el candidato del Centro declinó su candidatura a su favor. Sin embargo, la imagen negativa de más del 70% del actual presidente Iván Duque, así como la de Uribe, significa que un apoyo público en la primera vuelta sería un peso para Gutiérrez.»Tenemos que evitar proyectos populistas», dijo «Fico» Gutiérrez

El candidato de Equipo por Colombia, acusado de vínculos con la organización criminal Oficina de Envigado durante su mandato como alcalde, sostiene un discurso característico de las derechas latinoamericanas, como expresó en el acto realizado en Neiva el viernes: «Aquí lo que está en juego es el futuro del país, no podemos dar un salto al vacío como ya lo hicieron Cuba, Venezuela, Nicaragua, o recientemente Perú y Chile. Tenemos que evitar esos proyectos populistas».

La necesidad del uribismo de esconderse tras Gutiérrez demuestra la crisis de la fuerza dominante de la política colombiana en los últimos 20 años, y la necesidad de cambio en el régimen. Esa situación le permitió a Hernández encontrar un espacio con un perfil de outsider y llevar un discurso anti-corrupción, aunque esté acusado por ello. El tema de la corrupción ocupa un lugar muy importante en Colombia: según el Centro Nacional de Consultoría es la mayor preocupación de la ciudadanía, con un 23%, seguido del desempleo con 18%, la pobreza y el hambre con 13% y la inseguridad urbana con 8%.

Hernández, apodado como «viejito, pero sabroso»  en sus redes sociales, plantea «salir de la polarización», y disputa parte de una base electoral común con Gutiérrez, de centro-derecha, derecha o uribismo desencantado. Su ascenso se corresponde al desplome del candidato que se presentaba como de centro, Sergio Fajardo, lo que ha llevado a concluir que el exalcalde de Bucaramanga lograse atraer a una parte importante de esos votantes. Otra candidata que buscaba el centro, Ingrid Betancourt, le dio finalmente su apoyo en los últimos días a Gutiérrez.»Hay un régimen de la corrupción desesperado», afirmó Petro

Si bien es entonces un escenario abierto de cara al 29 de mayo, existe, en vista de las encuestas y los apoyos en los actos, una probabilidad de que Petro gane las elecciones. Significaría la llegada de un presidente progresista en un país que viene de 50 años de una violencia armada que tomó varias formas, pero nunca se detuvo, y ahora se caracteriza por el asesinato sistemático de líderes sociales, de derechos humanos, y de masacres. «Hay un régimen de la corrupción desesperado», afirmó Petro en Barranquilla, en referencia a la posibilidad de que resulte electo.

El gobierno, por su parte, niega que los planes denunciados sean ciertos. El ministro del Interior, Daniel Palacios, escribió que las «afirmaciones en las que se habla de aplazamiento o suspensión de las elecciones son absolutamente falsas. Solicitamos a candidatos y equipos no generar desinformación». La procuradora general, Margarita Cabello Blanco, afirmó por su parte que «las fechas de las elecciones en Colombia las fija la Constitución y la ley, por lo tanto, no son susceptibles de cambio».

La última semana antes de la primera vuelta se anuncia tensa. El país viene del estallido del 2021, el tema de las elecciones permeó la cotidianeidad de la sociedad, se debate en muchos sitios en un cruce entre la necesidad de cambio, la campaña de miedo contra Petro, y las amenazas en un país acostumbrado a contar muertos, sicarios, o paros armados como eufemismos para nombrar control territorial de grupos armados/paramilitares. ¿Qué pasaría en caso de una denuncia de robos de votos o maniobras de última hora antes, durante, o después de la contienda que pongan en duda el resultado? Muchos coinciden que podrían desencadenarse respuestas en las calles

16 -mayo, Día Internacional de la Convivencia en Paz

Manos Unidas denuncia la «violenta normalidad» en América Latina

Manos Unidas denuncia la "violenta normalidad" en América Latina
Manos Unidas denuncia la «violenta normalidad» en América Latina

«Desde Manos Unidas estamos en contacto permanente con nuestros socios en el Chocó para monitorear la situación de las comunidades –explica Santolaya– y fortalecer el rol de las organizaciones locales en la defensa de los derechos humanos y la paz»

En un contexto tan fraccionado y polarizado, la intervención de Manos Unidas en Colombia se centra en las comunidades y los grupos más vulnerables

| Manos Unidas

Para la Organización de Naciones Unidas (ONU), «la paz no solo es la ausencia de conflictos», sino que consiste en «aceptar las diferencias y tener la capacidad de escuchar, reconocer, respetar y apreciar a los demás, así como vivir de forma pacífica y unida». Con este espíritu, la ONU declaró el 16 de mayo como el Día Internacional de la Convivencia en Paz.

Desde Manos Unidas nos sumamos a las acciones de sensibilización en este día a través de la denuncia de la grave situación de violencia que soportan las comunidades indígenas y campesinas de Colombia; una violencia que ha llegado a afectar directamente a las comunidades y socios locales con los que trabajamos.

Ever Ortega y Luz Marina Arteaga, activistas sociales asesinados en Colombia
Ever Ortega y Luz Marina Arteaga

En pocos meses hemos recibido dos terribles noticias de nuestros socios locales: en los primeros días del año encontraban el cuerpo sin vida de Luz Marina Arteaga, miembro de la Corporación Claretiana NPB –organización socia de Manos Unidas en la región del Casanare–, y hace pocos días ocurría lo mismo con Ever Ortega, colaborador del Servicio Jesuita de Refugiados.

La «violenta normalidad» en América Latina

Miembro de la guardia indígena

Lamentablemente, estos asesinatos –realizados presumiblemente como «castigo» a Luz Marina y Ever por su labor junto a las comunidades y en defensa de los derechos humanos– han venido conformando una «violenta normalidad» que se extiende a lo largo de toda América Latina y que afecta sobre todo a aquellas regiones disputadas por actores con intereses en el agronegocio, las industrias extractivas y el narcotráfico.

Tal y como hemos venido haciendo recientemente al denunciar la violencia contra las poblaciones indígenas en Perú (aquíaquíaquí), en esta ocasión insistimos en alertar sobre la crisis humanitaria desatada en Colombia a raíz de una violencia que, según Carmen Santolaya, responsable de Proyectos de Manos Unidas en Colombia, se relaciona con tres grandes factores:

  • La falta de compromiso y la débil implementación del proceso de paz ante el conflicto armado interno.
  • La explotación de los territorios por parte de un modelo económico extractivista que se beneficia de la violencia para amedrentar o controlar a los pobladores.
  • El incremento de la actividad de grupos guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes, de la que el «paro armado» decretado el 5 de mayo por el «Clan del Golfo» sería el último episodio de una «guerra» que sigue cobrándose víctimas en Colombia.

Aunque los ataques –en forma de amenazas, secuestros, agresiones y asesinatos– se suceden a lo largo del todo el país, nos referimos a continuación a tres regiones en las que trabaja Manos Unidas.

«Que la defensa de los derechos humanos de las comunidades no cueste la vida»

Con este lema arranca el comunicado firmado, entre otras organizaciones, por el Servicio Jesuita de Refugiados (SJR) en Colombia, tras el reciente asesinato de Ever Ortega en el municipio de Norosí, en el Sur del departamento Bolívar. Ever era colaborador del SJR, líder comunitario y presidente de la Junta de Acción Comunal del corregimiento de Santa Elena. Para el SJR, el liderazgo del joven se destacó por «su sencillez, carisma y disposición al servicio dinamizando procesos en favor de su comunidad».

A través de iniciativas apoyadas por Manos Unidas, Ever y otros jóvenes trataban de cumplir su sueño de arraigo y permanencia en el territorio a pesar de todas las dificultades. Se formaron en derechos humanos, en agroecología y economía solidaria, y junto a otros campesinos fortalecieron sus redes y sus medios de vida a través de viveros, cultivos sostenibles y cría de animales.

Jóvenes colombianos asisten a un taller de formación comunitaria

«Este territorio está en medio del paro armado –explica el SJR– y sus pobladores están padeciendo zozobra y miedo». «Sienten cómo se van quedando solos» y «sin un Estado que les proteja». Por esta razón, el SJR apela al Estado colombiano para «avanzar en la implementación del Acuerdo final de Paz, asumiendo con responsabilidad su obligación de proteger los liderazgos y la integridad de quienes habitan en territorios históricamente golpeados por la violencia».

El «paro armado» golpea al Chocó

La región del Chocó ha sido una de las regiones más afectadas por el «paro armado» impuesto por el Clan del Golfo, como ha denunciado el obispo de Quibdó, Juan Carlos Barreto, que ha alertado del cierre de los transportes y del obligado confinamiento que, bajo amenazas de muerte, ha sufrido la población.

Diálogo entre activistas sociales y el ejército colombiano


Diálogo entre el ejército colombiano y activistas sociales
Foto: NPB

Tal y como se denuncia en un comunicado firmado por organizaciones colombianas e internacionales como Manos Unidas, el Chocó sufre «una compleja crisis humanitaria y de derechos humanos que, de acuerdo con el informe de las Misiones Humanitarias, se deteriora cada día más». En este sentido, las organizaciones piden «poner límites a la confrontación armada mientras se avanza en una negociación política que ponga fin al conflicto armado interno».

Muertes y desplazamientos en el Casanare

Indígena colombiana cultiva yuca

En el departamento del Casanare, la Corporación Claretiana NPB desarrolla con apoyo de Manos Unidas un programa de soberanía alimentaria junto a los pueblos indígenas del Resguardo de Caño Mochuelo, una zona de conflicto entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y un grupo guerrillero disidente de las FARC-EP.

La Corporación Claretiana, que ha sufrido recientemente el asesinato de uno de sus miembros, Luz Marina Arteaga, hace un llamamiento a «desescalar el conflicto y que se respeten los convenios internacionales de derechos humanos».

Según Jaime León, director de la Corporación, «en lo que va de 2022 los asesinatos suman ya cerca de 150 solo en el Arauca», a lo que se suman «las personas desaparecidas, el desplazamiento masivo y el silencio institucional». «Las familias migran ante el temor de ser asesinadas –continúa León– y, quienes deciden quedarse, terminan atrapadas, confinadas y sufriendo el desabastecimiento».

¿Cómo trabaja Manos Unidas por la paz en Colombia?

En un contexto tan fraccionado y polarizado, la intervención de Manos Unidas en Colombia se centra en las comunidades y los grupos más vulnerables. De forma paralela, «impulsamos procesos productivos y de generación de ingresos para que la población pueda permanecer en sus comunidades de forma autónoma y que pueda disfrutar de los derechos económicos, sociales y culturales que ahora se encuentran en constante amenaza», afirma Santolaya.

Formación comunitaria en Colombia


Formación comunitaria en Colombia.
NPB

«Fortalecemos a las organizaciones civiles para que puedan defender su territorio ante los diferentes grupos armados y ante aquellos actores con intereses de mercantilización del territorio con graves efectos de expulsión de los pueblos originarios: indígenas, afros, campesinos», explica Carmen Santolaya, responsable de Proyectos de Manos Unidas en Colombia.

Colombia, un pueblo que estalla en busca de cambios

Por Fabricia Giraldo, Resumen Latinoamericano, 
500 años de frustración e hipocresía han acumulado en el pueblo colombiano la rabia y la agitación popular. Agitación reflejada en el Paro Nacional, allí donde la juventud, hijos e hijas de la violencia de los años 90 en adelante han tomado las calles para alzar la voz en protesta contra el mal gobierno narcoparamilitar y mafioso que hoy precede a nuestro país y que repite el guión absurdo de la oligarquía en el poder.
La oligarquía impone la violencia como forma de hacer política y hace suya la impunidad más descarada y macabra para postergar su régimen autoritario-genocida, en cabeza de su maquinaria de guerra: las fuerzas militares, la policía y el ESMAD. Escuadrones de la muerte que al día 28 de mayo de 2021 lleva en sus listas 59 personas fallecidas por accionar de la fuerzas del Estado; 866 personas heridas de los cuales 51 con lesiones ocualres, 70 por armas de fuego y 133 personas defensoras de DDHH agredidas; 346 personas desaparecidas; 2.152 personas detenidas muchos de ellos arbitrariamente y 1.192 denuncias por abusos de poder, autoridad, agresiones y violencia policial; de acuerdo con la plataforma Defender la libertad. Seguir leyendo

La Misa del Pueblo ha comenzado

Testigo directo de las marchas colombianas: «La misa del pueblo ha comenzado»

Ha sido una semana de marchas y de paro.  Muchos nos fuimos a las calles a protestar y a decir que, aunque hayan retirado la reforma tributaria, las cosas en Colombia están mal.

Cuando me sumergí en la multitud que hacía su plantón en el parque y después cuando me dejé llevar en las calles por el río de gente, me supe celebrando con toda esa multitud un rito sagrado.

Ese plantón y esas protestas eran una misa y allí el pan y el vino, fruto de la tierra y del trabajo de la gente, eran los sufrimientos de este pueblo crucificado en la pobreza.

Era un misterio que una manifestación que reventaba de tanto dolor llegara a ser tan gozosa y que propiciara una fiesta de vida.

Y la multitud anónima se hizo familia, la diversidad de los manifestantes se fundió en un abrazo.

 | Jairo Alberto Franco Uribe

Ha sido una semana de marchas y de paro.  Muchos nos fuimos a las calles a protestar y a decir que, aunque hayan retirado la reforma tributaria, las cosas en Colombia están mal;  que otro país, con dignidad, comida, salud, servicios, educación, tierra para todos, es posible y no utopía; que no puede ser que en una nación de poco más de 50 millones de habitantes 21 millones estén clasificados en la pobreza; que el acuerdo de paz es cosa seria y no para hacerlo trizas; que no se puede asesinar a los líderes sociales y que es abominación exterminar a los que firmaron la paz;  fuimos a las marchas y al paro porque el Evangelio es cierto y no lo podemos encerrar en los templos, hay que “callejearlo” y gritarlo y dejar que haga su revolución.Cuando me sumergí en la multitud que hacía su plantón en el parque y después cuando me dejé llevar en las calles por el río de gente, me supe celebrando con toda esa multitud un rito sagrado y que allí estaba Dios y su Cristo.  Sí, aquello era una misa, había incluso un pasacalle que decía “la misa del pueblo ha comenzado”.   Allí, así lo viví, no había una masa, había un pueblo, y así, sin rúbricas de misales viejos, brotaban ritos inspirados por el alma común que nos apretaba a todos, nos movíamos, brincábamos, extendíamos las manos, nos abrazábamos y hacíamos gestos llenos de poder y unción. La misa del pueblo ha comenzado Ese plantón y esas protestas eran una misa y allí el pan y el vino, fruto de la tierra y del trabajo de la gente, eran los sufrimientos de este pueblo crucificado en la pobreza, que nunca ha podido vivir con dignidad y como hijos e hijas de Dios.  Y esos sufrimientos, aquí está el milagro, se volvían en las manifestaciones pura alegría, se “transubstanciaban” en canciones, danzas, color y arengas que nos alimentaban de fuerza y ganas.  Era un misterio que una manifestación que reventaba de tanto dolor acumulado, de tanta injusticia, de tanta frustración, de tantas lágrimas, de tanta muerte, llegara a ser tan gozosa y que propiciara una fiesta de vida.  Y es que así es la eucaristía, los sudores de la fatiga, la comida y la bebida que luchamos, se vuelven Dios.

Y la multitud anónima se hizo familiala diversidad de los manifestantes se fundió en un abrazo de todos para todos, partimos juntos el pan de los dolores del pueblo, bebimos del cáliz amargo de la muerte de las víctimas, y esos dolores y esa muerte nos hicieron íntimos y allí nadie era extraño, éramos una sola cosa. Comulgar en la pasión de los más pobres, que no es distinta a la de Dios, nos fundía a todos en una sola intención.

Era, para describirlo de algún modo, una danza, así como la baila Dios trino, tan íntima que tres resultan ser sólo uno, una danza así copiada del cielo mismo,  nos hizo a todos los distintos uno solo y todos resultamos íntimos a todos: allí un grupo de indígenas con su misterio; más allá un conjunto de seminaristas y religiosos a la vez fervorosos e indignados; más adelante un colectivo lgbti ondeando el arcoíris; en otro lugar, un montón de mujeres que gritaban por sus hijos y esposos desaparecidos; desde la ventana del hospital personal de la salud, médicas y enfermeros, que agitaban banderas blancas; un sindicato de trabajadores con gritos que, además de pegados en las pancartas, salían también de sus gargantas…. Toda esa diversidad se volvió unidad y abundaban los saludos, la sonrisa, los abrazos. Y el plantón y las protestas son peligrosas, todos lo sabíamos y aun así arriesgábamos; ese peligro nos ponía también en situación de eucaristía: es que no hay eucaristía, si es la genuina de Jesús, que no sea riesgosa y celebrarla significa no otra cosa que darse, que entregar la carne, que derramar la sangre, hacerse pan y ser comido, hacerse vino y ser libado, y eso es duro, y por eso ir a protestar, estábamos avisados, no éramos ingenuos, era ponerse en la mira asesina y exponerse a la muerte. 

Y efectivamente, así sucedió a un buen número: en el altar de las calles, unas 30 personas que ejercían su derecho a manifestar, la mayoría jóvenes, murieron víctimas, se volvieron ofrenda; ellos, estamos seguros, no perdieron la vida, la hundieron en el misterio de Cristo que la da amando hasta el extremo.  Ellos, lo dice el misterio de la pascua, seguirán vivos y ofreciendo las claves para abrir el libro de la vida y comprender toda esta historia. El amor salvará el mundo.

Colombia en llamas

El fin del neoliberalismo será violento

BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS

Participantes en una representación artística y simbólica en el Parque de los Deseos, durante una nueva jornada de protestas en el marco del Paro Nacional, en Medellín (Colombia).- EFE / Luis Eduardo Noriega A.

 

Colombia está en llamas. Actualmente es uno de los países con más muertos por covid-19, ocupando el cuarto lugar en la región después de Estados Unidos, Brasil y México, teniendo hasta la fecha tan solo el 3,5% de la población totalmente vacunada y siendo parte de los países que se niegan a apoyar la solicitud de liberación de las patentes de las vacunas. Es también el país que en 2020 tenía el 42,5% de su población en condición de pobreza monetaria y el 15,1% de la misma en condición de pobreza monetaria extrema. A estos datos mínimos pero significativos le podemos sumar que, tras la firma del acuerdo de paz de 2016, se han asesinado entre 700 y 1.100 personas defensores y defensoras de derechos humanos (las cifras varían entre las ONG y las instituciones gubernamentales).

Las zonas que antiguamente fueron de dominio de las FARC-EP hoy están en disputa por parte de distintos grupos armados ilegales, los cuales no solo buscan intereses económicos (narcotráfico, minería ilegal) sino que también traen consigo un horrible y sangriento interés por el control sobre la población civil, afectando gravemente el tejido social y dando como resultado que esto es sólo la punta del iceberg del nuevo panorama que atraviesa el país.

Es en este contexto, y tras casi tres años bajo el gobierno de una derecha opositora al acuerdo de paz en medio de una pandemia que ha matado a miles de personas, en el que pueblo trabajador ha salido a las calles a levantar su voz en contra de una anunciada reforma tributaria que buscó, bajo la lógica del Gobierno, recaudar 23 billones de pesos (algo cercano a 6.300 millones de dólares) para mejorar las finanzas públicas y financiar los programas de asistencia social. Si bien es cierto que el país necesita mejorar su sistema tributario, esta reforma planteaba aumentar el número de personas que declaran y pagan impuestos sobre la renta con el aval, la visión y el marco conceptual del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Plantear la idea de que más personas sean las encargadas de tributar y financiar los gastos del Estado, en teoría, no suena descabellado, es más, llevaría a pensar que serían las personas de altos ingresos quienes más pagarían impuestos teniendo en cuenta los principios de progresividad, equidad y eficiencia tributaria consagrados en la Constitución Política de Colombia. Pero, según los datos del Banco Mundial, Colombia es uno de los países más desiguales de América Latina (el índice GINI es de 51,3), reflejando una política fiscal inadecuada y regresiva que posibilita una alta concentración del ingreso y la riqueza, y ocasiona por ello un menor desarrollo, dado que los ingresos y la riqueza se quedan en manos de un porcentaje muy pequeño de la población. La reforma planteada, se uniría al largo y complejo sistema tributario del país que no refleja una verdadera política progresiva y que está lleno de beneficios tributarios dirigidos a las personas con mayores ingresos.

Podríamos afirmar que a partir de 2016 el pueblo trabajador ha inundado las calles y plazas de Colombia exigiendo la defensa de la paz y el cumplimiento de los acuerdos, la protección de los líderes sociales y la solidaridad con quienes han sido asesinados, así como el rechazo a propuestas de modificación de los regímenes pensionales, laborales y tributarios. Así, en los últimos cinco años Colombia ha visto sus calles recorridas por jóvenes, mujeres, indígenas, afros, docentes, pensionados y estudiantes que han generado hechos insólitos como una de las mayores manifestaciones en el país desde la década de 1970, como lo fue la llevada a cabo el 21 de noviembre de 2019 (21N).

Gracias a este empoderamiento popular, y a pesar de la pandemia de la covid-19, Colombia volvió a marchar del 9 al 21 de septiembre de 2020 para protestar en contra del abuso policial, del mal manejo del Gobierno ante la crisis económica y social provocada por la pandemia y para sentar una voz que dijera basta ya a las masacres en el país, las cuales no tuvieron tregua a pesar de las medidas de confinamiento. En especial hay que subrayar la Minga (movilización indígena) del suroccidente colombiano, ocurrida en octubre de 2020 liderada por las organizaciones indígenas, que emocionó por sus consignas y valentía y que logró movilizar a una gran parte de la sociedad en torno a sus exigencias tras su recorrido por el país, logrando la opinión favorable de millones de personas que los recibieron calurosamente en cada ciudad durante su viaje hasta la capital.

Bajo este panorama el pueblo decidió a partir del 28 de abril (28A) de 2021 marchar en contra de la reforma tributaria y del gobierno indolente. La represión de las fuerzas policiales es brutal. El malestar ciudadano ha sido objeto de estigmatización y represión por parte de la fuerza pública, lo que ha llevado a que distintas organizaciones de derechos humanos registren entre el 28 de abril y el 5 de mayo un total de 1.708 casos de violencia policial, 381 víctimas de violencia física por parte de la Policía, 31 muertes (en proceso de verificación), 1.180 detenciones arbitrarias en contra de los manifestantes, 239 intervenciones violentas por parte de la fuerza pública, 31 víctimas de agresión en sus ojos, 110 casos de disparos de armas de fuego por parte de la Policía y 10 víctimas de violencia sexual por parte de fuerza pública. De igual manera, la Defensoría del Pueblo (la figura del ombudsman en Colombia) señaló que se registraron 87 quejas por presuntas desapariciones durante las protestas del Paro Nacional del 28A.

Lo que empezó como una fuerte oposición a una reforma impopular y a un ministro de Hacienda que desconocía el valor de una docena de huevos (y en general de toda la cesta de la compra familiar), ha escalado al punto de no solo lograr que se retire dicha reforma en el Congreso y que dicho ministro renuncie, sino que el presidente de la República, Iván Duque Márquez, ha propuesto un espacio de diálogo con distintos sectores de la sociedad civil, diálogo que hasta el momento parece ser solo entre las élites del país, desde arriba, y nunca desde abajo. Las organizaciones sociales saben por experiencia que de este Gobierno nada bueno hay que esperar, pero como siempre lo han hecho no se rehúsan al diálogo. La primera victoria del movimiento ciudadano en las calles sobre la retirada de la reforma no llegó pacífica o gratuitamente. Además de las cifras antes mencionadas y recolectadas por las ONG del país, el presidente Duque anunció la militarización de Colombia antes de ceder al clamor social. A partir del 1 de mayo, las redes sociales y las calles colombianas han visto el horror de un despliegue militar típico de un estado de excepción dictatorial, con la Policía disparando en contra de manifestantes pacíficos y desarmados. Esta ha sido quizás la respuesta más violentamente represiva en tiempos de pandemia a nivel mundial.

Particularmente en Cali las protestas tuvieron una intensidad muy especial debido a la movilización de las organizaciones indígenas después del cruel asesinato de Sandra Liliana Peña, gobernadora indígena de apenas 35 años que proponía la recuperación de los conocimientos tradicionales y rechazaba la presencia de todos los actores armados en su territorio. Esta ciudad es el segundo centro urbano más negro de América del Sur, llena de contradicciones y luchas, y que ha visto cómo reprimen a su pueblo de la forma más aberrante posible. La situación es tal que, en medio de una reunión pacífica y retransmitida en directo por las redes sociales, se puede observar al escuadrón antidisturbios haciendo presencia para dispersar la manifestación, causando la muerte de un joven frente a más de 1.000 espectadores que observaban a través de internet. Desde Siloé, una comuna (favela) de Cali, se denunció también que durante la noche del 4 de mayo no se pudo acceder al servicio de internet en la zona.

La débil respuesta a la violencia policial por parte de las instituciones colombianas (tanto administrativas como judiciales) ha dado lugar a que civiles armados amenacen (y en ocasiones disparen) a los manifestantes bajo la idea de que son «vándalos» y «terroristas». En Cali, los estudiantes hicieron circular el siguiente «diálogo»: «Tenemos 25.000 armas», gritaba un hombre vestido de blanco desde su costosa camioneta aparcada frente a la Universidad del Valle (Univalle). «Nosotros tenemos una de las mejores bibliotecas del país», le contestó un estudiante. En Pereira, el alcalde promovía un «frente común» que incluyera a miembros de la seguridad privada, al Ejército y a la Policía para «recuperar el orden y la seguridad ciudadana», dando lugar a que un joven resultara herido con ocho balas y esté agonizando en un hospital de dicha ciudad.

¿Para dónde va Colombia?

Esta pregunta es importante para Colombia, pero más allá de Colombia me parece ver en los recientes acontecimientos el embrión de mucho de lo que pasará en el continente y en el mundo en las próximas décadas. Claro que cada país tiene una especificidad propia, pero lo que pasa en Colombia parece anunciar el peor de los escenarios que identifiqué en mi reciente libro sobre el periodo postpandemia (El futuro comienza ahora: de la pandemia a la utopía. Madrid: Akal. 2021). Este escenario consiste en la negación de la gravedad de la pandemia, la política de sobreponer la economía a la protección de la vida, y la obsesión ideológico-política de volver a la normalidad aun cuando la normalidad es el infierno para la gran mayoría de la población.

Las consecuencias de la pandemia no pueden ser mágicamente frenadas por la ideología de los gobiernos conservadores; la crisis social y económica pospandémica será gravísima, sobre todo porque se acumula con las crisis que preexistían a la pandemia. Será por eso mucho más grave.  Las políticas de ayuda de emergencia, por deficientes que sean, combinadas con el ablandamiento económico causado por la pandemia, van a causar un enorme endeudamiento del Estado, y el agravamiento de la deuda será una causa adicional para más y más austeridad. Los gobiernos conservadores no conocen otro medio de lidiar con las protestas pacíficas del pueblo trabajador en contra de la injusticia social que no sea la violencia represiva. Así van a responder y el mensaje va a incluir la militarización creciente de la vida cotidiana. Lo que implica el uso de fuerza letal que fue diseñada para enemigos externos. La degradación de la democracia, ya bastante evidente, se profundizará todavía más. ¿Hasta qué punto el mínimo democrático que todavía existe colapsará dando lugar a nuevos regímenes dictatoriales?

Este escenario no es especulación irrealista. Un reciente informe del FMI hace la misma previsión. Dicen los autores Philip Barrett y Sophia Chen* que las pandemias pueden tener dos tipos de efectos sobre la agitación social: un efecto atenuante, suprimiendo la posibilidad de causar disturbios al interferir en las actividades sociales, así como un efecto contrario que aumente la probabilidad de malestar social y por consiguiente se generen disturbios o protestas en la medida en que la pandemia se desvanezca. Lo que no dicen es que las protestas serán motivadas por las mismas políticas que el FMI y las agencias financieras promueven en todo el mundo. Es tanta la hipocresía del mundo en el que vivimos, que el FMI ignora u oculta las consecuencias de sus lineamientos. El pueblo colombiano merece y necesita de toda la solidaridad internacional. No estoy seguro de si la tendrán abiertamente de las agencias internacionales que dicen promover los derechos humanos, a pesar de que estos estén siendo violados tan gravemente en Colombia. Imaginemos por un momento que lo que está pasando en Colombia estuviese ocurriendo en Caracas, Rusia o cualquier otra parte del mundo declarado como no amigo de los Estados Unidos. Seguramente la Organización de Estados Americanos (OEA), el alto comisariado de la ONU y el Gobierno estadounidense ya estarían denunciando los abusos y proponiendo sanciones a los gobiernos infractores. ¿Por qué la suavidad en los comunicados emitidos hasta la fecha?

No se le puede escapar a nadie que Colombia es el mejor aliado de los Estados Unidos en América Latina, siendo el país que se ofreció para instalar siete bases militares estadounidenses en su territorio (situación que afortunadamente no ocurrió por intervención de la Corte Constitucional). Las relaciones internacionales en el presente viven el momento más escandaloso de hipocresía y parcialidad: solamente los enemigos de los intereses norteamericanos cometen violaciones de los derechos humanos. No es nuevo, pero ahora es más chocante. Las agencias multilaterales se rinden a esta hipocresía y parcialidad sin ningún tipo de vergüenza. Los colombianos, eso sí, pueden esperar la solidaridad de todos los demócratas del mundo. En su valentía y en nuestra solidaridad reside la esperanza. El neoliberalismo no muere sin matar, pero cuanto más mata más muere. Lo que está pasando en Colombia no es un problema colombiano, es un problema nuestro, de las y los demócratas del mundo.

Por el momento, las manifestaciones en Colombia no se ven próximas a finalizar y pese a que solo ha pasado una semana desde el inicio de las mismas, debemos insistir en superar el miedo que ronda las calles del país y en la esperanza de un futuro prometedor, más justo y en paz, para un país que ha querido terminar un conflicto de más de cincuenta años a través de un Acuerdo que agoniza bajo las garras del capitalismo abisal.

Social repercussions of Pandemics. IMF Working Paper. 2021