Chile: después del rechazo, ¿qué?

Inesperado y categórico triunfo del rechazo dejó fuera la propuesta constitucional de la Convención elegida por voto popular con paridad de género y participación de pueblos indígenasEste plebiscito era un paso en el proceso para redactar una nueva constitución que ahora debe continuar definiendo un nuevo camino

Gabriel Boric

Encuestas y expertos electorales anunciaban el triunfo del rechazo, aunque reconocían que el resultado sería estrecho. Por eso, el categórico 62% por sobre el 38% del apruebo sorprendió a todos, incluso a sus propios adherentes.


El plebiscito pedía a cada ciudadano definir si aprueba o rechaza la propuesta constitucional. Por la trascendencia del tema, el voto era obligatorio lo que provocó que se llegara a la cifra más alta de participación en la historia del país: más de 13 millones, en un padrón electoral de unos 15.200.000 de electores.

Acuerdo nacional por nueva Constitución

Este plebiscito es un punto de llegada del proceso originado en las multitudinarias manifestaciones sociales que tuvieron lugar a partir de octubre de 2019 en todo el país, las que provocaron que dirigentes políticos firmaran el “Acuerdo por la paz social y la nueva constitución”, en noviembre de ese año. En ese documento se comprometían a generar las leyes necesarias para realizar un plebiscito en el que la ciudadanía definiera si estaba de acuerdo, o no, en disponer de una nueva Constitución y el mecanismo a través del cual se haría.

La primera fecha para ese plebiscito fue postergada debido a la pandemia. Se realizó en octubre de 2020 y su resultado fue categórico: un 80% aprobó elaborar una nueva Constitución y hacerlo a través de una Convención Constitucional. Esta es la hoja de ruta vigente aún.

Con las disposiciones legales necesarias, en mayo de 2021 se realizó la elección de los 154 integrantes de la Convención, con paridad de género y escaños reservados para representantes de los pueblos originarios. Durante un año elaboraron el texto que ahora se presentó al país para ser aprobado o rechazado, en el llamado ‘plebiscito de salida’.

Una propuesta que interprete a todos

“Hoy ha hablado el pueblo de Chile y lo ha hecho de manera fuerte y clara”, afirmó el presidente Gabriel Boric al iniciar su discurso la noche del plebiscito. Señaló que el resultado del plebiscito tiene dos mensajes. “El primero, dijo Boric, es que (Chile) quiere y valora a su democracia. Que confía en ella para superar las diferencias y avanzar. Y eso lo confirma este proceso electoral que ha tenido la mayor convocatoria de ciudadanos y ciudadanas en las urnas en toda nuestra historia”.

Continuó: “El segundo mensaje del pueblo chileno es que no quedó satisfecho con la propuesta de Constitución que la Convención le presentó a Chile, y por ende ha decidido rechazarla de manera clara en las urnas. Esta decisión de los chilenos y chilenas exige a nuestras instituciones y actores políticos que trabajemos con más empeño, con más diálogo, con más respeto y cariño, hasta arribar a una propuesta que nos interprete a todos, que dé confianza, que nos una como país. Y allí, el maximalismo, la violencia y la intolerancia con quien piensa distinto deben quedar definitivamente a un lado”.

Agregó que “como Presidente de la República, recojo con mucha humildad este mensaje y lo hago propio”. Aunque esta propuesta ha sido rechazada, el proceso hacia una nueva Constitución sigue vigente. Por ello Boric, en su discurso, se comprometió “a poner todo de mi parte para construir, en conjunto con el Congreso y la sociedad civil, un nuevo itinerario constituyente que nos entregue un texto que, recogiendo los aprendizajes del proceso, logre interpretar a una amplia mayoría ciudadana”.

Obispos llaman a continuar trabajando

La tensión previa al plebiscito ya había puesto en el debate público alternativas para cualquiera de los dos escenarios posteriores.

En ese contexto, días antes del plebiscito, el Comité Permanente del Episcopado emitió una declaración llamando a trabajar en unidad, cualquiera sea el resultado.

Dijeron los obispos: “Todos somos conscientes que el proceso que hemos vivido en estos últimos años, y también la misma discusión constitucional, han dejado de manifiesto los graves desafíos que tenemos como nación, que se han expresado en demandas sociales, políticas y económicas. También hemos comprobado que el proceso vivido no ha logrado la cohesión y adhesión que muchos esperaban. La polarización de posturas políticas e ideológicas ha sido muy manifiesta. Ante esta realidad no cabe el abatimiento o la desesperanza porque Chile, como lo ha demostrado durante su historia, tiene vocación de paz y de unidad”.

Llaman a “continuar trabajando por el bien de Chile”, aceptando los resultados del plebiscito, evitando cualquier tipo de violencia “que, como sabemos, termina por afectar a los más necesitados y desvalidos de la sociedad”, dicen los obispos.

Para después del plebiscito, los obispos piden “una renovada generosidad y capacidad de diálogo, por lo que llamamos a todos, especialmente a los que actúan en la vida pública y en la política, a ampliar la mirada y pensar en común lo que nos pueda llevar a un Chile más justo, fraterno, menos desigual y con mejores oportunidades para todos sus habitantes”.

Ese es el desafío que enfrenta el país, ahora. Boric ha convocado a dirigentes políticos, sociales y académicos para llegar a acuerdos que definan el camino a seguir en la ruta hacia una nueva Constitución, como fue acordado en el plebiscito de octubre de 2020.

El Comité Permanente del Episcopado cierra su declaración con este llamado. “Mediante este mensaje queremos apelar al sentido ético y religioso que habita en el alma de la gran mayoría de los chilenos y chilenas, proponer sendas que nos lleven a terminar con la violencia bajo todas sus formas e invitar a ser factores de unidad y de paz. El amor a Dios, al prójimo y a la Patria, son las fuerzas que deben conducirnos por caminos que edifiquen la paz social y dejen atrás tensiones y conflictos, que deterioran la convivencia y la democracia, para dar paso a la concordia, la prosperidad y la unidad

El camino hacia una nueva Constitución

Caminos de entendimiento en favor de una nueva constitución para Chile

Plebiscito Chile
Plebiscito Chile

«Chile tiene una larga tradición democrática y un sólido sistema eleccionario. Este plebiscito era especial porque esta vez el voto no era voluntario sino obligatorio»

«El rechazo a la propuesta se impuso ampliamente frente a la opción apruebo. se percibía en el ambiente era una fuerte polarización del país»

«El rechazo se impuso, pero también se impuso la idea que no se puede seguir con la constitución actual. De eso están todos de acuerdo y eso es importante. El camino hacia una nueva constitución sigue»

«Pensemos en Chile con una mirada más amable, más atenta a los cambios culturales que se están dando y que podamos proponer caminos donde la violencia no tenga espacio, pero tampoco la que la origina, la marginación, la inequidad, la ostentación y la indiferencia»

Por Fernando Chomali

Desde muy temprano se constituyeron las mesas donde los chilenos fuimos a manifestar que aprobábamos o rechazábamos la propuesta de nueva constitución que se presentó a la ciudadanía. Chile tiene una larga tradición democrática y un sólido sistema eleccionario que se extiende a lo largo y ancho del país. Es una fiesta de la democracia el hecho de ir a votar de manera libre e informada.

Este plebiscito era especial porque esta vez el voto no era voluntario sino obligatorio. Los obispos insistimos mucho respecto de la importancia de manifestarse, porque un buen cristiano es un buen ciudadano. También invitamos a mirar el futuro con esperanza, independientemente de la preferencia de los chilenos, y, por cierto, desterrar toda forma de violencia que ofusca cualquier intento de construir una sociedad más justa y fraterna.

Finalmente el «Rechazo» acabó imponiéndose al «Apruebo» en el Plebiscitito Constitucional de Salida. Una mayoría amplia de chilenos rechazaron la propuesta de nueva Constitución redactada por la Convención Constitucional. pic.twitter.com/OecCgLsEnI

El rechazo a la propuesta se impuso ampliamente frente a la opción apruebo. Le corresponde a los expertos en ciencias sociales y políticos sacar sus conclusiones y consecuencias. Pero lo que sí se percibía en el ambiente era una fuerte polarización del país.

El rechazo se impuso, pero también se impuso la idea que no se puede seguir con la constitución actual y que Chile requiere avanzar en muchos frentes de cara al futuro. De eso están todos de acuerdo y eso es importante.

El camino hacia una nueva constitución sigue y tenemos que apoyar el proceso que se viene. La Iglesia siempre contribuirá animando a los católicos y personas de buena voluntad a estar presente en la política por ser el arte del bien común y a mostrar los caminos del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia.

Vivimos tiempos en que tenemos que mirar con mayor atención el sistema económico que ha creado mucha riqueza, pero no necesariamente ha generado igual equidad. También hay que ver de qué manera se cuida el medio ambiente que sufre con la cultura de depredación que se ha impuesto desde la revolución industrial y que ha traído tantos problemas, especialmente a los más pobres. Y, por supuesto, de una vez por todas darle a los pueblos originarios el trato que se merecen en virtud de su dignidad, de su cultura y del aporte que significan para el país, pero prescindiendo de utilizaciones políticas como se hizo en la convención, lo que fue uno de los grandes elementos que la ciudadanía repudió. Es el tiempo de mirar con más atención a los descartados de la sociedad, como lo dice el Papa Francisco insistentemente. A eso debe apuntar la nueva constitución que se va a empezar a gestar desde ahora.

Chile

Es importante que más allá de haber ganado o perdido la opción que cada uno manifestó, pensemos en Chile con una mirada más amable, más atenta a los cambios culturales que se están dando y que podamos proponer caminos donde la violencia no tenga espacio, pero tampoco la que la origina, la marginación, la inequidad, la ostentación y la indiferencia frente al pobre Lázaro que ve el banquete de un indolente Epulón.

Los católicos es mucho lo que podemos aportar en esta nueva etapa que se empieza a escribir en Chile. La fe de millones de chilenos es un pozo de sabiduría, de prudencia, de ciencia y fortaleza que puede ayudar a que la constitución que se escriba permita a que todos los chilenos tengan trabajo, puedan formar una familia, tengan una ancianidad digna y vean a sus hijos tranquilos desarrollando las destrezas, dones, talentos y destrezas que Dios les ha dado.

El RECHAZO a la nueva Constitución en Chile

Las cinco claves que explican el rechazo de los chilenos a la nueva Constitución

De la identificación con el Gobierno de Boric a la economía o el trabajo de la convención, las razones por las que los votantes optaron por continuar el proceso constituyente

Una concentración de partidarios de rechazar la propuesta constitucional durante la campaña electoral.ALBERTO VALDÉS (EFE)

Con los resultados del plebiscito en la mesa, Chile empieza este domingo a intentar comprender las razones del electorado para rechazar por amplia mayoría la propuesta de nueva Constitución, en la que trabajó durante un año la Convención Constituyente. Es un hito de un proceso que comenzó en octubre de 2019, con protestas sociales marcadas por jornadas de violencia en las calles. La clase política ofreció el camino constituyente para encauzar el malestar y en octubre de 2020 se celebró el plebiscito de entrada, donde un 78% votó a favor de reemplazar la Constitución actual, que data de 1980, en la dictadura de Augusto Pinochet y un porcentaje similar apoyó que la redactara una convención de 155 miembros elegidos específicamente con este objetivo. En mayo de 2021 la ciudadanía escogió a los miembros de la constituyente, cuya formación reflejó una fuerte influencia de la izquierda y de colectivos independientes. El órgano paritario comenzó a trabajar en julio de ese año y, tras 12 meses de trabajo y una pérdida importante de respaldo ciudadano, entregó su trabajo en julio de este año. Tras una campaña de dos meses, Chile ha elegido rechazar esta propuesta, aunque el proceso constituyente continuará.

Un plebiscito al Gobierno de Boric

El ADN del Ejecutivo de Gabriel Boric ha marcado la Convención Constituyente, el texto de la constituyente y, en estos últimos meses, por la opción del “apruebo” [a favor]. El presidente tomó la decisión de desempeñar un papel protagonista, como principal activo de la coalición gobernante de izquierda. Es la razón por la que, políticamente, el destino de la nueva Constitución se ha ligado al Gobierno y viceversa, como mostraron las encuestas. Este plebiscito, en definitiva, se ha vivido como un referéndum sobre la actual Administración, que lleva seis meses en el poder.

La delincuencia y la situación económica

Chile se enfrenta una crisis de inseguridad pública importante y, aunque se trata de un problema que ha crecido con los años, afecta directamente a la ciudadanía, que castiga al Gobierno de turno. La Administración de Boric, además, no siempre ha mostrado una postura inequívoca respecto del orden público, sobre todo con la violencia en La Araucanía y las regiones aledañas, que se agrava con los días. Esta situación se vuelve más compleja en el norte del país, con la crisis migratoria que afecta sobre todo a la vida cotidiana de la gente humilde de esa zona. La percepción de inseguridad se une al encarecimiento de la vida con una inflación del 13,1% interanual, como no se observaba desde hace tres décadas. En un referéndum que se ha vivido como un plebiscito a los gobernantes, ambos factores han influido en el rechazo a la Constitución.

El trabajo de la convención

Una de las preguntas que tendrán que responder los analistas será por qué el texto redactado por el órgano más democrático de la historia de Chile —paritario, con escaños reservados para pueblos originarios, con independientes— no ha sido respaldado por la ciudadanía. La convención comenzó su trabajo en julio de 2021 con altos niveles de respaldo, pero fue perdiéndolo en semanas. Hace justamente un año, una investigación del diario La Tercera reveló que uno de los vicepresidentes, Rodrigo Rojas Vade, se había inventado un falso cáncer. La ciudadanía que se sintió traicionada. Con los meses, observaron además una conducta pintoresca y hasta grosera de algunos miembros de la convención. La esperanza de la campaña a favor era que la ciudadanía separara el proceso de la propuesta final.

Una propuesta muy transformadora

Los críticos catalogaron el texto de la nueva Constitución refundacional. Declaraba a Chile como un Estado con democracia representativa, reforzada con modalidades de participación directa, con hincapié en los derechos sociales, la protección de una naturaleza, la descentralización del país y la paridad. El reconocimiento de los pueblos indígenas generó preocupación en los habitantes de La Araucanía y de las regiones aledañas —donde se ubican las tierras ancestrales y una alta población mapuche—, que no tiene entre sus principales demandas la plurinacionalidad. Los críticos consideraban además que la nueva configuración del aparato judicial abría la puerta a la interferencia política en este poder del Estado, y preocupó la ausencia de toda norma sobre los partidos políticos y el sistema electoral.

El papel del centroizquierda y la derecha

La oposición organizada de sectores de centroizquierda evitó que la opción por el rechazo quedara encajonada solo en la derecha. Al triunfo del rechazo contribuyó también que los líderes de la derecha mostraran su disposición a continuar con el proceso constituyente, aunque ayer ganara el no. Este escenario facilitó a una parte de la ciudadanía votar en contra, al ver que las fuerzas políticas se comprometieron a seguir trabajando por una nueva Constitución.

El plebiscito de Chile sobre la nueva constitución

Las claves del plebiscito que decide si Chile entierra la Constitución de la dictadura

Partidarios de la nueva Constitución en el cierre de campaña a favor del "aprueba" este jueves, en Santiago de Chile.
Partidarios de la nueva Constitución en el cierre de campaña a favor del «aprueba» este jueves, en Santiago de Chile. EFE/ Alberto Valdés

Meritxell Freixas

Más de 15 millones de chilenos y chilenas están obligados a votar este domingo 4 en el plebiscito que decidirá si Chile apuesta por una nueva Constitución que sustituya la vigente, diseñada y aplicada durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), y reformada parcialmente en democracia.

El nuevo texto, redactado por la primera asamblea constituyente paritaria del mundo, tiene 388 artículos y da un giro de 180 grados en la garantía de derechos básicos y la definición de las instituciones chilenas. En su primer artículo establece que “Chile es un Estado social y democrático de derecho. Es plurinacional, intercultural, regional y ecológico” y dice que “su democracia es inclusiva y paritaria”.  

El plebiscito constitucional es el hito que corona un proceso constituyente que fue empujado desde la calle. Las protestas ciudadanas que empezaron en octubre de 2019 estudiantes de secundaria que se quejaban por el alza del transporte público dio pie a las movilizaciones más masivas desde el retorno a la democracia. En medio de extensas jornadas de protesta, las fuerzas políticas, de forma transversal, suscribieron un acuerdo “por la paz y una nueva Constitución”. Después del plebiscito para empezar el proceso, en el que el 78% votó a favor del cambio constitucional, ahora la decisión pasa por aprobar o rechazar el texto escrito durante un año por 154 constituyentes.

Voto obligatorio

De forma excepcional, el plebiscito tiene, por ley, carácter obligatorio y quienes no sufraguen deberán pagar una multa de hasta 178.000 pesos (casi 200 euros). En Chile, el voto es voluntario desde 2012, año en que empezó a disminuir la participación electoral. Desde entonces, ese indicador ha oscilado en torno al 50% en todas las elecciones. La segunda vuelta presidencial, que disputaron el actual presidente de izquierdas Gabriel Boric y el ultraderechista José Antonio Kast alcanzó un 55,7% de participación. Es hasta ahora la elección más concurrida. Sin embargo, la obligación de ir a votar alterará la tendencia de la participación y podría definir el resultado. 

“El voto obligatorio generará un aumento de la participación electoral de al menos el 10%, por lo que deberíamos estar como mínimo en torno al 65%”, dice el politólogo de la Universidad de Talca Mauricio Morales. Según él, con este aumento “se espera que se reduzca la brecha de clase porque siempre las comunas más ricas han votado más que las más pobres”. En la Región Metropolitana (RM) y Valparaíso este aumento beneficiaría a la opción “apruebo”. “Ambas regiones representan el 55% del padrón electoral con lo que el apruebo puede mantener sus esperanzas allí”, dice el académico. En el resto del país si sube la participación sube el “rechazo”. 

Polarización y triunfo del ‘rechazo’

Hace meses que las encuestas posicionan al ‘rechazo’ como opción ganadora. Los últimos sondeos le otorgan una ventaja de en torno a los 10 puntos. Sin embargo, los expertos y analistas no dan nada por cerrado. Algunos incluso consideran que el resultado será muy ajustado.  

Entre las principales razones que generan mayor controversia hay aspectos relacionados con el sistema de gobierno, que establece dos cámaras (el Congreso de Diputadas y Diputados, el más poderoso, y la Cámara de las Regiones) y la desaparición del Senado; la protección de la propiedad de bienes como las pensiones o la vivienda; y la plurinacionalidad. Los detractores del texto lo califican de “indigenista” y consideran que algunos artículos pueden profundizar la división del país. 

La sociedad chilena lleva un tiempo fuertemente polarizada. Primero fue con el plebiscito de octubre de 2020, luego vino la elección presidencial, en concreto, la segunda vuelta, y ahora el plebiscito para aprobar el texto. “Tenemos que evitar que el lunes [5 de septiembre] se transforme en una idea de que hay vencedores y vencidos, y un clima que aumente la polarización”, dijo esta semana el ministro Giorgio Jackson.

Para algunos expertos, no se trata tanto de una polarización ideológica, sino más afectiva y emocional. Una suerte de “nosotros contra ellos”. “El país va a terminar dividido sí o sí, y mínimo un 45% de la población va a quedar descontenta con el resultado, es decir, la convención fracasó en su objetivo de unir al país. Lo dividió y fracturó la amistad cívica”, dice Morales. Para la politóloga de la Universidad de Concepción Jeanne Simon, solo si el resultado es ajustado “obligará a las fuerzas políticas a trabajar juntas y encontrar más puntos en común, sin que un sector que se siente ganador excluya los demás”.

Han contribuido a la división los bulos y otras formas de desinformación, que han sido constantes desde el inicio del proceso constituyente. “Dada la complejidad temática de la Constitución, ha habido noticias falsas que han emergido de leer o interpretar mal el texto y han surgido opiniones que, sin ser necesariamente falsas, no han sido suficientemente claras o bien explicitadas y eso produce dudas”, dice Miguel Ángel López, politólogo de la Universidad de Chile y de la Universidad Diego Portales.

Más allá del plebiscito

Gane quien gane, hay algo que en las últimas semanas ha quedado claro: el proceso no termina este domingo. Si gana el ‘apruebo’, los partidos del Gobierno tendrán que cumplir el compromiso que adoptaron hace unas semanas y que consiste en modificar los puntos más controvertidos del texto a través de reformas que se llevarían a cabo en el Congreso. Este pacto no gustó al ala más dura de su propia coalición, pero fue la apuesta de Boric a los indecisos para dar certezas de reformas. “El acuerdo contribuyó a que parte de los votantes de centroizquierda pudiesen verse más representados y por una estrategia de reforma”, dice Morales.

En el caso de ganar el ‘rechazo’, existe cierto consenso político de que la Constitución actual debe cambiarse porque casi el 80% así lo expresó en el plebiscito de octubre 2020. El presidente ha dicho que su opción pasa por no repetir un plebiscito, sino llamar a una nueva elección de convención, que probablemente tendría nuevas reglas. De hecho, dos parlamentarios del centro-izquierda han presentado un proyecto de ley para que, en caso de ganar el ‘rechazo’, que promueven sectores que van desde la ultraderecha hasta la centro-izquierda, el presidente pueda dar los pasos necesarios para convocar una nueva convención. “Es un plan B del que nunca se quiso hablar explícitamente, pero que ahora es más necesario que nunca considerando las posibilidades de que el ‘rechazo’ se imponga”, dice Morales. 

En la mesa hay otras opciones como modificar la propuesta constitucional: una convención integrada por parlamentarios, un comité de expertos o una reforma a la actual Constitución de 1980 con un cambio legal que reduce el quórum para ello. Las respuestas se conocerán a partir de este domingo.

La nueva Constitución de Chile

Chile y el actual proceso constitucional

Red Europea de chilenos por los derechos cívicos y políticos

Chile se encuentra inmerso en el proceso más relevante desde las últimas décadas. Por primera vez en su historia está a punto de aprobar una constitución que otorgará un conjunto de derechos sociales y políticos trascendentales para el pueblo

Una constitución que garantiza un Estado social, de derecho, paritaria y con un reconocimiento explícito a los pueblos originarios. Estas líneas gruesas que contiene el proyecto son la columna vertebral que orienta todo el quehacer del país que se quiere construir. Sin duda, su aprobación será el corolario de todo un proceso de acumulación de fuerzas nacido como fruto del levantamiento popular de octubre de 2019 que puso al desnudo las desigualdades e injusticias del neoliberalismo implantado en Chile a través de la dictadura de Pinochet.

El actual sistema solo ha favorecido a los sectores más pudientes, postergando durante décadas las necesidades de amplios sectores del país que han visto restringidos sus proyectos de vida y han tenido que soportar los efectos de un voraz capitalismo neoliberal.

Este ciclo comenzó a cambiar a partir de octubre de 2019 con importantes movilizaciones para exigir el fin de la vigencia de la constitución del dictador. En el plebiscito del 25 de octubre de 2020, la mayoría del pueblo se pronunció por crear una nueva constitución, la cual se concebía sin partidos políticos y con representantes electos para tal fin. Con esa mayoría aplastante se rechazó la opción de los sectores conservadores del país que buscaban la fórmula de una convención mixta, en la cual el desprestigiado parlamento participaría activamente.

En el plebiscito del 25 de octubre de 2020, la mayoría del pueblo se pronunció por crear una nueva constitución

Más del 80% de los votantes dejaron claro que esa fórmula no representaba el sentir de las mayorías. En la votación se reflejó que el poder originario del Estado está en el pueblo. Y de manera soberana se dio el mandato para la elaboración de la nueva carta magna a convencionales, quienes fueron electos en un proceso de votación democrático e informado. Por el contrario, la derecha propuso mantener el estado actual de cosas y trató de mantener en vigor la constitución del dictador. Para ese fin utilizó, al igual que hoy, todo su poder y capacidad de influencia. Creada la Convención para elaborar la nueva constitución, se dedicó a desprestigiar el trabajo que los constituyentes realizaban, difundiendo mentiras o realizando acciones reñidas con el espíritu republicano que exigía el proceso en curso. Con su proceder alimentaron las campañas descalificatorias.                 Sin embargo, una gran mayoría cumplió con las expectativas y los tiempos que se le impusieron. Ha sido un ejemplo de deliberación y participación democrática en la que, por primera vez en la historia de Chile y de la humanidad, la inclusión paritaria de hombres y mujeres ha sido uno de los factores relevantes

Las diferencias con el mecanismo que empleó el dictador para instalar su constitución son siderales, entre otras, más de siete años en construirla, con un grupo selecto de amanuenses; sin democracia; con una represión brutal; sin registros electorales y destinada a favorecer los intereses de una minoría.                                                                     La propuesta de nueva constitución afecta los intereses de los sectores más acomodados en Chile. De ahí que, en estos días previos al plebiscito del cuatro de septiembre, han desatado una feroz campaña para lograr que esta propuesta no sea aprobada. Sin duda, su aprobación es la madre de todas las batallas por la importancia de lo que está en juego y no trepidan en gastos, en mentiras y tergiversaciones con tal de engañar al pueblo y, en esta ocasión, con su consigna de rechazo para reformar.

La propuesta de nueva constitución afecta los intereses de los sectores más pudientes en Chile

El pueblo dirá la última palabra y esperamos que sin vacilaciones ratifique la nueva constitución que siente las bases para un país más justo, igualitario y de cara a un futuro con certezas, derechos y dignidad nunca antes logrados.

Algunos de los derechos y reconocimientos por parte del Estado que contiene la nueva constitución

Además del reconocimiento de derechos tales como el derecho humano al agua, a la vivienda digna y adecuada o al trabajo decente, en la propuesta se reconoce el derecho a la huelga para el sector privado y el sector público, excepto para las Fuerzas Armadas y la policía; el derecho al ocio, al descanso y a disfrutar del tiempo libre; el derecho a la memoria y su relación con las garantías de no repetición y los derechos a la verdad, justicia y reparación integral.

Asimismo, el Estado reconoce y promueve el buen vivir como una relación de equilibrio armónico entre las personas, la naturaleza y la organización de la sociedad; reconoce y protege a las familias en sus diversas formas, expresiones y modos de vida y les garantiza una vida digna; el trabajo doméstico es reconocido como una labor económica que debe ser remunerada. Estos son algunos reconocimientos estatales, sin olvidar la integración paritaria en todos los órganos del Estado.

La propuesta de constitución recoge también en gran parte nuestras demandas históricas como comunidad organizada de chilenos del exterior, básicamente, los siguientes aspectos: nacionalidad, ciudadanía, representación parlamentaria y retorno. Por primera vez en una constitución se reconocen los derechos de las personas chilenas residentes en el extranjero: “Forman parte de la comunidad política del país”, asegurando el derecho a votaren las elecciones de carácter nacional, presidenciales, parlamentarias, plebiscitos y consultas. Además: “El Estado asegurará la reunificación familiar y el retorno voluntario al territorio nacional”.

La propuesta de constitución recoge también en gran parte nuestras demandas históricas como comunidad organizada de chilenos del exterior

Otro elemento valorable es el relacionado con el concepto de la ciudadanía que es concedida a toda persona que tenga nacionalidad chilena, eliminando la exigencia del avecindamiento previo. Esto será válido a toda hija o hijo de madre y/o padre chileno, sin restricción al lugar de nacimiento ni tiempo, reconociéndose la nacionalidad a los hijos de chilenos nacidos en el exterior.

Por otra parte, se recoge la experiencia histórica de las medidas represivas ejecutadas en tiempos de la dictadura y/o represión contra el pueblo. Se resuelve además el problema que aun aflige a muchos compatriotas exiliados, a los cuales se les quitó la nacionalidad.

Tenemos claro que nuestro futuro, el de nuestros hijos y nietos se alcanzará a través de la aprobación de esta propuesta constitucional. Por ello ponemos todas las energías y esfuerzos para alcanzar el sueño de una patria más justa, más inclusiva que les dé la dignidad que se merecen todas las personas.

Por Víctor Hugo Sáez
*Co-coordinador de la Red Europea de chilenos por los derechos cívicos y políticos.

Chile puede convertirse en el primer país del mundo en incluir el cambio climático en su Constitución

Hoy día 4 tendrá lugar el plebiscito para aprobar la nueva Carta Magna

Por Celia Amayuelas

Acción por el clima

La propuesta de la Nueva Constitución en Chile reconoce el derecho a un ambiente sano como un derecho humano y los derechos de la Naturaleza. Una constitución que nadie antes había recogido por lo que convertiría a Chile en el primer estado del mundo en declararse como ecológico.

La propuesta se aprueba en el dia de mañana y recoge en gran parte la importancia de su lucha contra el cambio climático siendo el pais latinoamericano nombrado como  punto cero por su interés y compromiso con el medioambiente.

[Chile aborda su nueva Constitución: del cambio de modelo económico a la plurinacionalidad]

Sin duda, somos la primera generación que sufre los daños del cambio climático y Chile, siendo consciente de ello, y vulnerable a todo lo que conlleva el cambio, lidera la lucha contra todos sus efectos.

En este momento, el petitorio ya ha cerrado la recolección de firmas, pero el proceso de reforma de la constitución ha entrado en su última fase. El próximo domingo los ciudadanos chilenos definirán en un plebiscito si adoptan o no el nuevo texto constitucional.

El documento define al país como «plurinacional, intercultural y ecológico» desde su primer artículo, y menciona la palabra «ecológico» 17 veces, consagrando el derecho humano al agua «un bien privado ahora mismo allí, en un país que ha estado enfrentando una megasequía durante la última década» asegura Rocha.

Y es que el país vive una situación muy particular donde el cambio climático afecta a todos sus sectores, a pesar de que tan solo emite el 0,35% de CO2 del mundo, ha experimentado en los últimos años una gran sequía, numerosos incendios forestales, una retirada de sus glaciares generalizada y un aumento de las temperaturas extremas.

Además, el Instituto de Recursos Mundiales (WRI) predice que para el año 2040 Chile podría ser el país con mayor escasez de agua del hemisferio occidental. Ante esto, Chile ejerce una gran labor contra la emisión de gases de efecto invernadero entre otros de los daños donde también ha desarrollado una ambiciosa agenda nacional contra la crisis climática basada en el uso de energías renovables.

A inicios de este año desarrolló una ambiciosa plataforma que pretende monitorear en tiempo real los efectos del cambio climático, convirtiéndose en un termómetro del calentamiento global y aprovechando su extensión latitudinal, ya que es el país más largo y estrecho del planeta.

[Diversidad sexual, escaños indígenas y democracia paritaria: Chile, dividido por la nueva Constitución]

Propuestas resultado del déficit de datos que tienen los paises del cono sur y que sirven de ayuda para el resto del mundo. El Observatorio del Cambio Climático es una iniciativa que conlleva la instalación en Chile y parte del territorio antártico de sensores que ofrecen todo tipo de datos.

Se trata de un contraste drástico con la Constitución actual de Chile, que sólo consagra el derecho a vivir en un entorno libre de contaminación.

Sus medidas se presentan como un posible modelo a exportar al resto de los países para cumplir los objetivos del Acuerdo de París. Un ejemplo a seguir para el globo terráqueo con la configuración de una constitución que tenga en cuenta el cambio climático.

La aprobación en el sur Global supone un halo de esperanza y de inspiración construido a partir de un marco de ambición coherente con los desafíos climáticos y ecológicos actuales, demostrando la solidaridad de los chilenos con la lucha climática global.

Propuestas en la Carta Magna

Entre las características de la propuesta destaca un cambio a la forma en que se concibe el Estado, pasando de ser subsidiario a un Estado social y democrático de derecho. El texto constitucional cuenta con 388 artículos permanentes y 57 artículos transitorios (estos últimos encargados de regular la implementación de la nueva Constitución en caso de ser aprobada).

Del total de artículos, 98 están relacionados directa o indirectamente con el medio ambiente. Estos están ubicados en ocho de los 10 capítulos del texto (incluyendo el capítulo de Normas Transitorias), por lo que la gestión y protección ambiental está de forma transversal en la propuesta de nueva Constitución.

A lo largo de todo el texto se da al país una visión de resguardo y respeto del medio ambiente en todos los ámbitos de la vida. De esta forma, se establece la obligación de que el Estado adopte una administración ecológicamente responsable, y medidas de prevención, adaptación y mitigación de los riesgos que genere esta crisis.

[Las claves del histórico plebiscito de Chile que decidirá si se cambia la Constitución de Pinochet]

Sin duda, es un avance hacia la creación de una estructura normativa interna robusta que busca realzar la cooperación internacional para enfrentar el cambio climático y la degradación de la biodiversidad.

Entre los artículos destacan aspectos como:

  • Chile como país ecológico
  • Interdependencia con la naturaleza
  • Consagración de derechos humanos ambientales
  • Crisis climática y ecológica
  • Bienes comunes naturales
  • Agencia nacional del agua y consejos
  • Defensoría de la naturaleza
  • Estado regional

Chile como ejemplo a seguir

La nueva Constitución reconoce el derecho a un medio ambiente sano, el derecho al agua y saneamiento, el derecho al aire limpio, el derecho a la participación informada a asuntos ambientales, el derecho de acceso a la información ambiental y el acceso a la justicia ambiental.

Si se aprobara se dotaría de mayor autonomía a las regiones y municipios, que tendrán más competencias en materia medioambiental sobre sus territorios. También se establecerían nuevas formas de participación ciudadana.

Pese a todos los esfuerzos, Rocha añade que los últimos sondeos apuntan a que la elección «será reñida, con la balanza inclinada a favor del rechazo, en parte debido a que el proceso está estrechamente vinculado a Boric».

A esto se suman las campañas de desinformación que los «poderes fácticos» vienen financiando fuertemente desde hace un año, que incluyen golpes directos a los asambleístas y alinean algunos de los conceptos que trae la nueva Constitución con los temores y preconceptos arraigados que tiene parte de la sociedad.

La nueva Constitución de la Iglesia «Precicate Evangelium»

Una Curia humnanizada, desclericalizada, laical, femenina y servicial

La revolución de la primavera cuaja en la Iglesia con Francisco

El Papa de la primavera
El Papa de la primavera

«La prueba del algodón de la consagración de la primavera es que los rígidos callan o se indignan y echan pestes y lanzan críticas públicas y silenciosas contra la nueva constitución papal»

«Uno de los grandes sueños papales es volver al Vaticano II y a su eclesiología. Descongelar el Concilio que la involución de los dos papados anteriores colocó en el congelador, concretarlo y hacerlo efectivo»

«El Papa le corta las alas a la casta clerical de altos funcionarios de lo sagrado, que vivían sus puestos como prebendas y oficinas de poder»

«Para quebrar el espinazo el poder curial, el Papa pone en marcha una especie de Gabinete de ministros, sin primer ministro, y con dicasterios que, por constitución, son todos iguale»

«La piedra angular de la nueva constitución es la de la Iglesia misionera, en salida, más centrada en el anuncio de la Buena Nueva que en la consolidación de su estructura y de su poder interno»

«Pronto podremos ver un teólogo de la liberación al frente de Doctrina de la Fe o una mujer diplomática de carrera como Secretaria de Estado de Su Santidad»

Por José Manuel Vidal

“Nadie puede parar la primavera en primavera”. Sin falsa modestia, lo venimos escribiendo desde hace años. Concretamente, desde la llegada de Francisco al solio pontificio con el objetivo franciscanos del ‘repara mi Iglesia’. Y por eso, los rígidos se burlaban de nosotros, aplicándonos despectivamente el sobrenombre de ‘los primaveras’. 9 años después, el día de San José y precisamente en las puertas de la primavera, fragua la revolución de Bergoglio y se plasma en una constitución, la ‘Predicate Evangelium’, destinada a permanecer en el tiempo y enmarcar el estilo procesual, samaritano y sinodal de la Iglesia en salida.

La prueba del algodón de la consagración de la primavera es que los rígidos callan o se indignan y echan pestes y lanzan críticas públicas y silenciosas contra la nueva constitución papal. Y es que, con ella, Francisco no sólo cumple uno de los principales encargos del Cónclave que lo eligió Papa, sino que, además, echa por tierra uno de los argumentos más recurrentes de los rígidos, que, desde el 2013, vienen pregonando (y deseando) que el pontificado de Bergoglio es “una tormenta de verano”, tras la cual todo volverá a ser como antes. ¡Como profetas no tienen precio!

Sueño con una Iglesia
Sueño con una Iglesia

El Papa aprueba la Constitución por sorpresa. Como le gusta a él. Cuando nadie se lo espera, rompiendo una vez más (como hace en cada consistorio cardenalicio) con filtraciones, rumores, exclusivas interesadas y demás globos sonda. Y, de nuevo, ha pillado desprevenida a la vieja guardia rigorista. Sin que se lo esperasen y el día de San José, el santo que cuida a la humanidad y a la Iglesia, como cuidó a su familia, al que el Papa reivindicó y hasta dedicó todo un año, y bajo cuya almohada coloca sus peticiones y sus sueños.

uno de los grandes sueños papales es volver al Vaticano II y a su eclesiología. Descongelar el Concilio que la involución de los dos papados anteriores colocó en el congelador, concretarlo y hacerlo efectiva, pasando de las musas al teatro y de las palabras a los hechos, con una constitución con fuerza de ley.

Vuelve la eclesiología del Vaticano II en todo su esplendor, tras la ‘longa noite de pedra’ de los años de plomo de la involución, que tanto dolor ocasionaron entre algunos obispos, muchos teólogos e infinidad de fieles. Y, por lo tanto, se acaba para siempre con la pirámide eclesiástica, en la que la jerarquía mandaba y los fieles obedecían en un escalafón perfectamente escalonado, desde el Papa hasta lo que, en el Opus, se llama “la clase de tropa”.

Vamos a la eclesiología circular del Concilio, a la primacía del santo y fiel pueblo de Dios. O al poliedro, que es la figura que más le gusta a Francisco aplicar a la institución. Un poliedro con caras iguales pero diferenciadas, donde nadie es más que nadie ni sobresale por encima de nadie. Y, donde el servicio es el principio fundante de comunión. Incluso para el propio Papa, que deja de ser el emperador, para encarnar de verdad el clásico, pero a menudo meramente retórico, ‘servus servorum Dei’.

Desde esta clave, la Curia romana, otrora casi omnipotente, deja de ser el culmen del aparato eclesiástico, donde campaba la élite del alto clero. El Papa le corta las alas a la casta clerical de altos funcionarios de lo sagrado, que vivían sus puestos como prebendas y oficinas de poder.

Y, dentro de la casta curial, la superclase de la cordada diplomática, con la Secretaría de Estado, como pináculo, desde el que el Secretario de Estado, considerado prácticamente como un primer ministro, gobernada la Iglesia, a veces más que el propio Papa. Basta recordar la última década de Juan Pablo II, conocida precisamente como el ‘reino de los secretarios’, en la que hicieron y deshicieron a su antojo el Secretario de Estado, cardenal Sodano, y el secretario personal papal, el ahora cardenal Dziwisz.

Para quebrar el espinazo el poder curial, el Papa pone en marcha una especie de Gabinete de ministros, sin primer ministro, y con dicasterios que, por constitución, son todos iguales y no están ordenados de mayor a menor. En todo caso, si hay alguna preeminencia (más bien simbólica) es para los departamentos que se van a ocupar de la evangelización y de la caridad.

En una supuesta ordenación dicasterial, Secretaría de Estado ha perdido el segundo escalafón y Doctrina de la Fe, el tercero. Ésta deja de ser ‘La Suprema’ y, pasa, además, a contar con dos secciones: la doctrinal y la disciplinaria.

Por vez primera en la historia, ésta última sección se va a dedicar a abordar desde todos los puntos de vista y desde todas las instancias el espinoso tema de los abusos sexuales del clero, la plaga que está arrasando a la Iglesia y que, sin solucionarla, nunca podrá recuperar la confianza social y, por lo tanto, la credibilidad social, base de su proclamación evangélica.

La piedra angular de la nueva constitución es la de la Iglesia misionera, en salida, más centrada en el anuncio de la Buena Nueva que en la consolidación de su estructura y de su poder interno. Con un aparato burocrático (la estructura también lo necesita para poder funcionar con eficacia y solvencia) al servicio de las diócesis, de los obispos, de los fieles de todo el mundo y, por supuesto, del Papa.

Un aparato burocrático descentralizado con una “descentralización saludable” y, sobre todo, desclericalizado. El Papa le rompe la espina dorsal al clericalismo, que utilizaba el carrerismo en la Curia romana (sobre todo por parte de los italianos) y en las curias diocesanas de todo el mundo como eje de poder y acopio de cordadas.

Y el Papa lo hace por lo concreto. Limitando los cargos a cinco años (nada de eternizarse en los puestos) y, sobre todo, posibilitando el acceso a los cargos-servicios de prefectos a laicos y, por lo tanto, también a las mujeres. Pronto podremos ver un teólogo de la liberación al frente de Doctrina de la Fe o una mujer diplomática de carrera como Secretaria de Estado de Su Santidad.

Además, los dicasterios estarán obligados a funcionar con la dinámica de la intercongregacionalidad (el término que utilizan las congregaciones religiosas desde hace años). Sin feudos ni islas curiales. En comunión y en corresponsabilidad. Y en sinodalidad (todos juntos) afectiva y efectiva. Con coordinación, compartiendo y consensuando las decisiones. Sin reinos de taifas.

Todo eso humanizará la Curia romana, la acercará al pueblo, la laicizará, la feminizará, la desclericalizará y la convertirá en una estructura de servicio para el pueblo de Dios y para el Papa. En un ejemplo acabado de que nadie puede parar la primavera en primavera. Sobre todo cuando viene en manos del Espíritu

Una nueva Constitución para Chile

En el Plebiscito Nacional ha ganado dejar atrás la Constitución de Pinochet Obispos chilenos: «El proceso constituyente que se viene en adelante nos necesita a todos con lo mejor de cada una y cada uno»
«En general, la ciudadanía ha concurrido tranquilamente, se ha comportado con paciencia y respetando las medidas sanitarias», dice el mensaje, sobre el carácter de la participación
«Motivamos a que las personas y organizaciones ciudadanas y políticas continúen el camino del diálogo, de escucha de ideas»
El comunicado desea que el «itinerario» hacia «una nueva Constitución para Chile» se «conduzca en paz»
26.10.2020 Lucía López Alonso
Tras haberse realizado en la jornada de ayer, 25 de octubre, el Plebiscito Nacional en Chile, la Conferencia Episcopal chilena ha publicado un comunicado. «En general, la ciudadanía ha concurrido tranquilamente, se ha comportado con paciencia y respetando las medidas sanitarias», dice el mensaje, sobre el carácter de la participación.
Habiendo resultado amplia mayoría la opción de emprender un nuevo camino constituyente en el país, dejando atrás una Constitución de origen y espíritu pinochetista, el episcopado chileno manifiesta respetar «la decisión expresada en las urnas». Apuntando que «hoy es necesaria la unidad de voluntades para continuar la construcción de un mejor país, porque el proceso constituyente que se viene en adelante nos necesita a todos con lo mejor de cada una y cada uno».
«Motivamos a que las personas y organizaciones ciudadanas y políticas continúen el camino del diálogo, de escucha de ideas», sigue el texto. Que explica la siguiente cita electoral de los chilenos: votar en abril de 2021 «a los convencionales que deberán construir en conjunto la propuesta de una nueva Constitución para Chile».
Tras semanas de fuerte tensión social, causada por la convergencia de la actual pandemia con una crisis política que desde hace más de un año vive un estallido en el interior de Chile, los prelados recuerdan a los fieles la importancia de la participación política: «Nada que involucra a la dignidad de la persona puede ser ajeno a los creyentes». La declaración concluye deseando, «con la oración en comunidad», que «este itinerario se conduzca en paz».

Chile: ahora comienza la transición


Por Atilio A. Boron
Chile se enfrentó este domingo ante un desafío histórico por lo inédito: su pueblo fue consultado por primera vez en sus anales si quería o no una nueva Constitución y, en caso de que la respuesta afirmativa fuese mayoritaria, qué clase de órgano debería ser el encargado de redactar la nueva Carta Magna. Había dos alternativas: o bien una “Convención Constitucional” compuesta por 155 personas exclusivamente electas con este fin y que una vez finalizado el proceso deberá disolverse o, en caso contrario, una “Convención Mixta” conformada por 172 integrantes, un 50 por ciento de los cuales parlamentarios y el 50 por ciento restante por ciudadanos también electos con este único fin.
Esta consulta no fue una concesión graciosa de la casta política post-pinochetista sino el corolario de un largo proceso de luchas populares que alcanzaron su apogeo en las jornadas que tuvieron lugar a partir del 18 de octubre del 2019. Éstas dieron por tierra con la fantasiosa imagen del “modelo chileno”, ese supuestamente virtuoso paradigma de la transición democrática y del éxito económico publicitado sin escrúpulos y sin pausa por los intereses dominantes y el imperio. Las protestas desbarataron en un furioso abrir y cerrar de ojos la espesa telaraña de mentiras oficiales dejando al descubierto un país con uno de los mayores índices de desigualdad económica del mundo, con los hogares más endeudados de Latinoamérica y el Caribe, con un sistema previsional que durante más de cuarenta años estafó a jubilados y pensionados, y un país en el cual según lo demuestra una investigación, las mujeres que nacen en las comunas populares del Gran Santiago tienen una esperanza de vida 18 años menor que las que tienen la suerte de nacer en Providencia, Vitacura o Las Condes. “Chile limita al centro de la injusticia”, cantaba Violeta Parra a mediados de los sesentas, en una época en donde aquélla no había llegado a los extremos inimaginables que alcanzara gracias al pinochetismo y sus sucesores.

Las resistencias y luchas nunca cejaron, y alcanzaron una inercia acumulativa que produjo el estallido social de octubre. Del subsuelo profundo de Chile irrumpió la verdad que el dictador y los protagonistas de la fallida “transición democrática” trataron de ocultar. Nadie fue más elocuente que la esposa del presidente Sebastián Piñera para describir lo que ocurría en el país cuando, angustiada, le confesó a una amiga que “estamos absolutamente sobrepasados, es como una invasión extranjera, alienígena.” Su reacción es comprensible: esos rostros crispados y hartos de tanta opresión e injusticia, esos cuerpos que se oponían heroicamente a los criminales disparos de las fuerzas de seguridad habían sido invisibilizados durante casi medio siglo y para la cultura dominante eran “alienígenas”, un amenazante populacho que venía a perturbar la confortable existencia de los dueños del país y sus riquezas. Y, después de los resultados del plebiscito parece que los “invasores” no quieren regresar al pasado. Quieren construir un nuevo orden constitucional que les devuelva los derechos que les fueran conculcados apelando a mañosas trapisondas y a las malas artes de la propaganda política perversamente administradas por el sicariato mediático, con El Mercurio a la cabeza.
El resultado del plebiscito es categórico e inapelable. Tras un parto durísimo la sociedad chilena reinicia su transición hacia la democracia. La nueva Constitución deberá desmontar el complejo y tramposo entramado de privilegios y enclaves autoritarios establecidos a lo largo de medio siglo, y para ello será indispensable que las masas mantengan su presencia en calles y plazas. Su desmovilización o su repliegue al quietismo anterior a los eventos de octubre sería fatal. La redacción de una nueva Constitución, un delicado trabajo de relojería, será apenas el primer paso de la larga marcha que se inicia para que Chile se reencuentre con la democracia, brutalmente tronchada por el golpe de 1973 y sólo reconstruida en sus apariencias externas en los largos treinta años de gobiernos de la derecha de viejo y nuevo cuño. ¡Salud Chile, toda Latinoamérica te abraza con alegría y esperanza!