La contaminación de las macrogranjas

Europa dice que «España debe adoptar más medidas» ante el impacto ambiental de las macrogranjas

La Comisión Europea reconoce a la eurodiputada Sira Rego que España sigue incumpliendo la directiva sobre nitratos, en buena medida porque las macrogranjas y otras actividades agrícolas y ganaderas siguen contaminando importantes acuíferos.

 La Comisión Europea (CE) considera que España debe adoptar más medidas ante el impacto medioambiental de las macrogranjas ya que el país sigue incumpliendo la directiva sobre nitratos, según reconoce la institución en una respuesta escrita a la eurodiputada Sira Rego.

La portavoz de Izquierda Unida en el Parlamento Europeo preguntó a la CE hace dos meses —en plena campaña de bulos contra el ministro Alberto Garzón— por la posición de la Unión Europea frente al «impacto ecológico» de las macrogranjas.

La Comisión Europea advierte en su respuesta que España debe adoptar más medidas contra la eutrofización para todo el país, puesto que las adoptadas hasta la fecha no han sido suficientes para alcanzar los objetivos europeos marcados en la directiva sobre nitratos, según informa Izquierda Unida en una nota de prensa.

Más de la mitad de los pueblos de España bebe agua contaminada por nitratos

EDUARDO BAYONA

Europa cree que España debe «revisar y designar zonas vulnerables a los nitratos en siete regiones»

Entre las medidas concretas que la CE detalla que debe acometer España con urgencia están «revisar y designar zonas vulnerables a los nitratos en siete regiones, incluir todos los elementos obligatorios necesarios en los programas de acción para cinco regiones y adoptar medidas adicionales para las cuatro regiones en las que las medidas establecidas han resultado insuficientes para alcanzar los objetivos».

El texto de la respuesta recuerda también que «la Comisión envió una carta de emplazamiento y un dictamen motivado en el que destacaba el incumplimiento por parte de España de la Directiva sobre nitratos y que, en 2021, la Comisión anunció su decisión de llevar a España ante el Tribunal de Justicia de la UE por no haber tomado medidas suficientes».

La situación es tan grave en España que en más de la mitad de los pueblos del país se bebe agua contaminada por nitratos.

Las macrogranjas sí existen

Las macrogranjas sí existen y estas son sus consecuencias: degradación ambiental, despoblación y maltrato animal

El PP niega la evidencia y dice que en España no existen macrogranjas. Las plataformas de la España rural denuncian, frente a ello, los efectos negativos de este modelo agrario que contamina acuíferos y no contribuye a fijar la población en zonas con problemas demográficos.

ALEJANDRO TENA

«Las macrogranjas no existen». El PP niega la evidencia y retuerce aún más el bulo sobre la ganadería que, durante los últimos días, ha puesto de relieve las diferencias internas en el seno del Gobierno de coalición. Estas palabras han sido pronunciadas este martes por la portavoz de Agricultura del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, Milagros Marcos, y por candidato popular a la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, que ha calificado el término macrogranja como «una cortina de humo». Unos argumentos similares a los que han esgrimido a Público fuentes de la patronal cárnica (FECIC), que consideran que en el Estado español no existen instalaciones de este tipo: «Las macrogranjas son las que hay en China, edificios de hasta siete plantas donde se crían miles de animales».

Aunque se trata de una palabra nueva, ni siquiera presente en el diccionario de la RAE, las macrogranjas son una realidad creciente en España a la que el propio PP se ha opuesto en numerosos municipios del país debido a las implicaciones ambientales, sociales y económicas. «Estamos sorprendidas de que digan que esto no existe. ¿Cómo llamarían ellos una explotación de 85.000 cerdos? Es una macrogranja porque sus impactos son macro, tanto a nivel de consumo de recursos, como en el impacto ambiental y en el territorio», dice a Público Inmaculada Lozano, portavoz de la Coordinadora Estatal Stop Ganadería Industrial, una plataforma compuesta por 50 movimientos vecinales de siete comunidades autónomas afectadas por proyectos agropecuarios de este tipo.

Esta activista conoce de cerca lo que supone convivir en un entorno marcado por la industrialización del ganado, pues su municipio, Pozuelo (Albacete), está sumergido actualmente en un conflicto para la ampliación de una macrogranja de cerdos que podría suponer el almacenamiento de más de 60.000 toneladas de purines al año. Unos desechos porcinos que podrían terminar contaminando los acuíferos y dejar al pueblo sin agua

Las filtraciones son abundantes debido a la difícil tarea de contener y almacenar de manera sostenible los purines de los animales. Esto genera un exceso de nitratos en las masas de agua que afecta en buena medida a la salud pública de las poblaciones colindantes a las macrogranjas, así como al rendimiento agrario del entorno, que se ve repercutido negativamente por la contaminación. En Castilla y León, donde Mañueco niega la existencia de las macrgranjas, hay 387 municipios con sus reservas hidrológicas bajo tierra contaminadas por los vertidos, según los propios datos de la Junta. Pero no es la única comunidad con zonas vulnerables, en tanto que Bruselas ha denunciado a España ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) por incumplir la Directiva sobre nitratos que establece que los Estados deben controlar y disminuir la contaminación agrícola de sus masas de agua. Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León y Murcia son algunas de las regiones señaladas por las autoridades europeas.

El impacto ambiental es también social sí se tiene en cuenta que la denominada España vaciada conserva una economía de sector primario donde la dependencia de la tierra y el buen estado de los recursos naturales se presta crucial. Mientras el número de macroinstalaciones ha crecido un 35% en el último lustro, las granjas familiares han caído un 30% en España en los últimos diez años, según los datos del Ministerio de Agricultura recogidos por la plataforma Stop Ganadería Industrial. Estos números tienen sus reflejo en el abandono de cultivos tradicionales y en la incapacidad de fijar población.

En la geografía española hay algunos ejemplos como el de Balsa de Ves (Cuenca), donde se autorizó en 2006 la apertura de una macrogranja para la cría de unas 100.000 cabezas al año. Desde su puesta en marcha, la curva demográfica ha caído un 43%, pasando de 227 vecinos a 129, según los datos del Instituto Nacional de Estadística. Si bien, la falta de servicios tampoco ayudó repoblar este pequeño territorio, la llegada del proyecto agropecuario intensivo no sirvió siquiera para mantener estable la población. Como Balsa de Ves, existen otros casos en España, como la de Cancarix (Albacete), con más de 200.000 cabezas de ganado criados al año, y Castillejar (Granada). Esta última da trabajo a unos 60 empleados. Un número alto, pero insuficiente para contener la sangría demográfica, que desde 2005 –año en que comenzó a operar la macrogranja– sufre el municipio, con una caída de su censo del 19%, según los datos del INE.

La campiña segoviana se levanta contra las macrogranjas: 1,2 millones de cerdos frente a 150.000 habitantes

«La ganadería industrial es un modelo depredador tanto de recursos naturales como de territorio. Es un modelo dependiente enormemente de la ingesta de piensos cuya producción está favoreciendo la deforestación acelerada en países como Brasil, Argentina o Uruguay. Además, en nuestro territorio, consume enormes cantidades de agua y destruyen los recursos hídricos con los purines. Es un sistema que se debe extinguir, porque es insostenible a nivel ambiental y económico. De hecho, las autoridades europeas y los países de nuestro entorno ya están empezando a plantear una reducción de las macrogranjas por todo ello», añade Andrés Muñoz, responsable de Soberanía Alimentaria de Amigos de la Tierra.

Maltrato animal

Existe además una arista vinculada a la producción industrial de carne que tiende a pasar desapercibida. Se trata del bienestar de los animales, tanto en el proceso de cría dentro de las granjas intensivas, como en las cadenas de sacrificio de los macromataderos. El trabajo del fotoperiodista Aitor Garmendia lo dice todo sin letras ni estadísticas, sólo con fotos. El investigador se adentró recientemente en 32 centros ganaderos de Castilla y León, Aragón y Castilla-La Mancha retrató con su cámara las pésimas condiciones de vida de los animales, muchos de ellos alimentándose de otros que ya habían muerto. La mayoría de las fotos reflejan el incumplimiento sistemático de las normativas europeas de bienestar animal: dificultades en la movilidad, heridas abiertas, articulaciones con necrosis o cadáveres de lechones aplastados.

«Las macrogranjas son la máxima expresión de la ganadería industrial. En esta lógica lo que prima es obtener el máximo beneficio económico al mínimo coste. Esta visión, aplicada a los animales, significa que estos son convertidos literalmente en mercancías. Por eso, más allá de las normativas de bienestar animal, lo que sucede en este modelo es que los animales sufren desde el primer minuto de su vida. Hacinados en naves industriales sin poder desarrollar ningún comportamiento natural, sólo ven la luz del sol el día que los meten en camión camino al matadero», argumenta a Público Javier Moreno, fundador de la Fundación Igualdad Animal.

La evidencia científica no es un bulo: limitar el consumo de carne roja reduce la aparición de enfermedades

Las muertes de animales en estas granjas industriales son habituales. La automatización de los procesos ganaderos y las duras condiciones laborales –además del elevado ritmo productivo– imposibilitan la vigilancia adecuada, según denuncia Igualdad Animal. Todo ello repercute directamente en la salud de los consumidores, pues de estos centros salen alimentos cárnicos de peor calidad ya que se aceleran los procesos de crecimiento. Moreno recuerda que «la ganadería industrial ha causado la mayoría de las nuevas enfermedades infecciosas en los seres humanos en la última década». El hacinamiento, la debilidad de la salud de los ejemplares criados y el uso excesivo de antibióticos son factores determinantes a la hora de elevar las posibilidades de un episodio de zoonosis como el que se vivió en su día con la gripe aviar.

«Nosotros, los obreros, somos los que estamos haciendo el trabajo sucio. Somos los que estamos en la cadena y no tenemos derecho a abrir la boca por nada. Así mismo te lo dicen cuando entras a trabajar. Es un curro duro de la hostia, no sólo mentalmente, también físicamente», comenta a Público Mauricio García Pereira, extrabajador de varios mataderos en Francia que, tras años en el sector, decidió escribir un libro –Maltrato animal, sufrimiento humano (Península)– en el que retrata cómo las duras condiciones laborales del sector se entrelazan con la violación sistemática de las normativas de bienestar animal.

Macrogranjas y macromataderos comparten el ritmo y el estrés productivo y las condiciones laborables mejorables. Desde CCOO reconocen que se trata de un sector muy precarizado y piden a la Administración que se apueste por un modelo ganadero que sea sostenible para el campo, pero también para los propios empleados. La pandemia puso de manifiesto las malas praxis del sector intensivo, con más de 2.600 contagios en los primeros meses de la epidemia por la imposibilidad de respetar las medidas preventivas contra el virus en el puesto de trabajo. José Juan Arceiz, de la Federación de Industria, Construcción y Agro de UGT, sostiene que «el tema de las macrogranjas es complejo», pero advierte que en los últimos tres años se han dado pasos importantes para reducir la precariedad del sector, ya que el sector sindical consiguió que la mayoría de los trabajos –hasta entonces falsos autonomos– estuvieran controlados laboralmente por convenio. «Hemos conseguido cosas y estamos contentos en ese sentido, pero aún falta mucho. Se arrastran muchas malas prácticas del pasado y hace falta también que los propios trabajadores conozcan sus propios derechos. Eso es fundamental, pero es complejo ya que es un sector con un porcentaje alto de empleados migrantes, sobre todo del este de Europa y África subsahariana, que tienen poco arraigo. Actualmente tenemos un gasto importante en traducción de convenios a los idiomas correspondientes para que los trabajadores puedan conocer sus condiciones, es algo que consideramos que debería cubrir la Administración o la patronal», pide el sindicalista

Macrogranjas en España

Los datos que demuestran que las macrogranjas han llevado a España fuera de la legalidad ambiental

Raúl Rejón / Ana Tudela / Antonio Delgado

La ganadería intensiva que ha multiplicado la producción de carne de cerdo en España ha supuesto el avance imparable del modelo de macrogranjas mientras el país incumplía sostenidamente la normativa europea sobre contaminación del aire y del agua proveniente de los desechos agroganaderos.

En España hay unas 3.000 grandes explotaciones intensivas de porcino. El término macrogranja no existe de manera oficial. Se aplica a las granjas de gran tamaño que acumulan miles de cerdos en sus instalaciones. La normativa obliga a las grandes explotaciones a reportar sus emisiones de metano en el Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes del Ministerio de Transición Ecológica (PRTR), como explica esta investigación de Datadista publicada en elDiario.es. Y allí aparecen todas esas explotaciones, que sumaron 99 millones de kilos de metano liberados al aire en 2020.

Así que, mientras la producción de carne porcina crecía a gran velocidad y se creaban estas explotaciones, España no consiguió cumplir con los límites de emisiones a la atmósfera de amoniaco comprometidos con la Unión Europea durante toda la década en la que han estado en vigor, desde 2010 a 2019.  

Macrogranjas de porcino activas en 2020

Macrogranjas de porcino

Mataderos especializado en porcino

Zonas vulnerables a nitratos

El tamaño del círculo de cadagranja es proporcional a sus emisiones de metano en 2019. La de Castilléjar de la Cuesta (Granada), la más contaminante de

España, emitió 590 toneladas

Entre 2007 y 2020 los sacrificios de cerdos crecieron un 36%. De 41 millones de animales se pasó a 56 millones sacrificados. Se saltó de producir 3,4 millones de toneladas de carne porcina a 5,02 millones, según los indicadores del Ministerio de Agricultura. Al mismo tiempo, desde 2010 a 2019 se ha emitido una media del 27% por encima del techo establecido para el amoniaco que estaba en 353 kilotoneladas al año. ¿La fuente de este salto? «El incremento de la cabaña ganadera y el uso de fertilizantes orgánicos (estiércol) e inorgánicos», según el Inventario Nacional de Emisiones a la Atmósfera del Gobierno.

Tras estos diez años, los países de la UE han retocado la normativa. Los techos de emisiones se han convertido en mucho menos rigurosos: para España, bastará con estar en 473 kilotoneladas anuales de amoniaco entre 2020 y 2029, un 16% más que el anterior límite.

Las explotaciones intensivas de gran tamaño ofrecen ventajas de rentabilidad. Sus promotores defienden que ahorran en gastos de energía, personal, o costes de importación de cereal para la alimentación de animales. El argumento es que, sin estar integrados en grandes grupos, no salen las cuentas.

El modelo que se está imponiendo está reflejado en el cambio del tipo de explotaciones. Cada vez hay menos granjas, de las 99.500 que funcionaban en 2007, ahora quedan 88.400. Sin embargo, las de mayor tamaño se han incrementado un 50%: de 1.425 a 2.126. Las comunidades autónomas con más explotaciones de gran capacidad (llamadas de tipo II y III) son Aragón y Catalunya, con más de 2.800 cada una.


Ante la justicia por contaminar

La concentración de gran cantidad de cerdos en lugares concretos ha generado problemas con la gestión de los desechos orgánicos llenos de nitratos. Su filtración al medio natural, junto a los fitosanitarios de los cultivos, termina en muchas ocasiones en las aguas superficiales y los acuíferos. La dimensión del problema hizo que, en diciembre pasado, la Comisión Europea llevara a España ante el Tribunal de Justicia Europeo por incumplir la ley debido a la «deficiente» respuesta ante la contaminación de las aguas por nitratos. Antes, en octubre, una investigación publicada por elDiario.es desvelaba cómo el Gobierno de Murcia había ignorado los avisos sobre el impacto de las macrogranjas en el Mar Menor.

El Ministerio de Transición Ecológica elaboró en 2019 un listado de mil puntos en 199 masas de agua afectados –o en riesgo– por la contaminación de restos ganaderos y agrarios. El 40% de los acuíferos españoles están dañados.

La Dirección General del Agua del Ejecutivo admitía en un informe de finales de 2020 que más de la mitad de las zonas contaminadas con estos tóxicos no podrían recuperarse en el plazo legal establecido y concluía que la reducción de este tipo de filtraciones debería ser «más ambiciosa» de lo calculado previamente.

La escala del problema ambiental que supone la ganadería industrial intensiva está reconocida desde hace tiempo: el Ministerio de Agricultura que dirige Luis Planas (PSOE) lo expresó así en un real decreto de febrero de 2020: «La producción porcina puede tener un significativo impacto, especialmente en relación con la producción de nitratos y las emisiones de amoniaco a la atmósfera». La normativa incluía medidas que las granjas deben adoptar para evitar que los desechos acaben en el agua, racionalizar el uso de estiércol de los animales como fertilizante en los suelos y, acotar, por fin, las emisiones de gases.

Además, el Ministerio de Transición Ecológica dirigido por la vicepresidenta tercera Teresa Ribera (PSOE), calculó a finales de 2020 que, de media, unas 800.000 toneladas de nitrógeno acaban en el medio ambiente (sobre todo en el agua). La industria intensiva agrícola y ganadera añaden unos 2,3 millones de toneladas a base de fertilizante y estiércol. Los cultivos y la volatización eliminan 1,5 millones. Después llegó la denuncia de la Comisión ante los tribunales.

Aumenta la exportación de carne de cerdo desde España

Evolución de la carne de cerdo, en todo tipo de productos, que se exporta desde España

Transición Ecológica prepara un decreto específico para proteger las aguas «contra la contaminación difusa producida por nitratos procedentes de fuentes agrarias». Su borrador admite que «se considera necesario establecer otras medidas para la dosificación y la aplicación de los estiércoles a los suelos que aseguren la protección de la salud humana y el medio ambiente». Y añade que «la adecuada gestión de los estiércoles es crucial, siendo responsables de ello, en el ámbito de sus respectivas obligaciones, tanto los titulares de las explotaciones ganaderas como los de las explotaciones agrarias o mixtas».

Gracias Garzón

¡GRACIAS GARZÓN!

El humano no deberá por mucho tiempo seguir mirando para otro lado como si nada pasará. El animal siente y padece con el maltrato. El animal no debe seguir siendo torturado en la macrogranja. Por ello, más pronto que tarde, deberíamos empezar a prescindir de la ganadería industrial. Por ello se agradecen voces valientes como la del Ministro de Consumo que ha levantado una tormenta mediática de grandes dimensiones. Los intereses concitados en torno a la industria de la carne son también de parejo tamaño.

Virulenta cruzada contra Garzón que ha incorporado a ganaderos, industriales, veterinarios y hasta gobiernos autonómicos: «Ha hecho un daño terrible, debe dimitir o ser destituido…”. Su grave delito ha sido cuestionar la macro industria del dolor y la muerte. Dicen los del sector que cumplen estrictamente la legislación, pero resulta que la ley bendice el sufrimiento y la tortura a una escala mayúscula. Si nos comprometemos con el desarrollo humano, esa ley habrá de ser cuestionada, lo mismo que en su día cayó la ley que protegía la esclavitud, afirmaba la segregación racial o negaba el voto a la mujer. 

Muchos se sienten agredidos en sus intereses por las atrevidas declaraciones a un periódico británico por parte del político de Izquierda Unida, pero pocos reparan en el dolor inmenso y diario que se origina a millones y millones de animales enjaulados, hormonados, atiborrados de antibióticos, tratados como simples máquinas productoras de carne o de leche. 

Harán falta más Garzones, más políticos osados dispuestos a poner en riesgo sus puestos por proclamar la verdad. Una civilización sustentada, en importante medida, en el sufrimiento animal, empieza a ser cuestionada desde las propias entrañas de un gobierno progresista. Es sin duda un paso adelante, por más que cueste caro a los pioneros que se atrevan a sobrepasar líneas rojas, en este caso a cuestionar las inmensas uralitas que esconden macroinfiernos. En este sentido, no deseo aventurarme en otros, será preciso reconocer que la coalición morada está cumpliendo algo de su papel de acicate de real progreso.

En su interminable ascenso evolutivo la humanidad ha de discernir entre sus hábitos aquello que ha de ir poco a poco dejando atrás. Quisiéramos más dirigentes a la vanguardia de ese progreso.  Cedan por lo tanto las proclamas voraces y faltas de la debida responsabilidad. Mientras que Sánchez disfruta de su “entrecot”, la carne devora igualmente buena parte de nuestro aire limpio. En general, los productos animales producen entre 10 y 50 veces más gases de efecto invernadero que los vegetales. Según la FAO el sector ganadero es el responsable del 18 % de todas las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto es equivalente a lo que emiten todos los coches, trenes, barcos y aviones juntos.  La carne se lleva el 70% de los suelos agrícolas del mundo y del 30 % de la superficie terrestre del planeta. Constituye además la primera fuente de contaminación de las aguas. Si realmente deseamos combatir el cambio climático, habremos de empezar a sacar de nuestro menú el “entrecot” o cuanto menos reducir su ingesta.

Toca dar un paso adelante como comunidad. No podemos desatender este nuevo reto evolutivo humano, por muy inocentes que se nos presenten las bandejas del sufrimiento en los grandes supermercados.  No deseamos dañar ningún interés, sino sembrar conciencia, salud y sostenibilidad. No vamos contra nadie, vamos en favor del bien en un sentido que clama abarcar, junto a la humana, a la condición animal. La civilización avanza y es preciso ya que, dentro de los términos de vida y respeto, comencemos a incluir a esas benditas criaturas que se nos otorgaron en defensa y custodia, no para cruel aprovechamiento.

Daimiel contra las macrogranjas

Un pueblo pionero de Castilla-La Mancha está a punto de prohibir la instalación de macrogranjas 

Un pueblo pionero de Castilla-La Mancha está a punto de prohibir la instalación de macrogranjas 

Unanimidad en el pleno de la localidad ciudadrealeña de Daimiel para modificar el Plan de Ordenación Municipal. 

 Pleno del Ayuntamiento de Daimiel (Ciudad Real)

 DAIMIEL (CIUDAD REAL) 

El pleno del Ayuntamiento de Daimiel (Ciudad Real) ha alcanzado unanimidad en la modificación puntual número 9 del Plan de Ordenación Municipal para su posterior remisión a la delegación provincial de Urbanismo, lo que se traduce en crear un nuevo uso de ganadería porcina intensiva y a su vez prohibir que instalen macrogranjas en todo el término municipal. 

Una vez aprobado por el pleno se remite a la Junta para su aprobación definitiva. Según ha explicado el concejal de Medio Ambiente, Javier Fisac, el objetivo es que se recaben todos los dictámenes favorables que consigan blindar a Daimiel e impedir la instalación de macrogranjas en todo el término municipal. 

Fisac ha recalcado que «ha sido un trabajo colectivo» y «no se ha perdido tiempo», ya que, comentó, «se actuó desde el momento que se detectó la amenaza». «Somos los pioneros» en este tipo de documentos, precisó. 

A este respecto, PSOE e IU han considerado que la norma debería extenderse a otros municipios de la Comunidad autónoma para evitar la contaminación medioambiental y en el acuífero 23, ha informado el Ayuntamiento en nota de prensa. 

Sobre este asunto, el alcalde, Leopoldo Sierra, ha agradecido la diligencia de los servicios técnicos y jurídicos municipales que han permitido una tramitación acorde encaminada a buscar una solución que evitase al mismo tiempo daños y perjuicios y su posible resarcimiento. «No podíamos movernos por impulsos, sino por responsabilidad y con base jurídica», subrayó ante los grupos de la oposición, zanjando el cuestionamiento de éstos sobre la persistencia del procedimiento. 

El grueso del debate se centró en las ordenanzas fiscales para 2022, que quedaron aprobadas por mayoría simple. El documento recoge la congelación de todos los impuestos y de casi todos los precios públicos y tasas. Es el paso previo a los presupuestos. Tan sólo se produce un ajuste en la tasa de basuras que supondrá un incremento de 0,75 euros al mes (9 euros anuales) para las familias. 

También pasó el trámite por mayoría simple con 9 votos a favor y 7 abstenciones el expediente 14 de modificación de créditos 2021 que permitirá dotar de mayor cuantía el capítulo de personal y la dotación aprobada para La Palma, entre otros destinos 

España, una fábrica mundial de cerdos

España paga un peaje de contaminación del aire y el agua por convertirse en la fábrica mundial de cerdos El país padece un «problema sistémico» para gestionar los vertidos de desechos al agua y ve cómo crecen las emisiones de gases del sector porcino que lidera en cuanto a cabezas y sacrificios en Europa 

Raúl Rejón 

España está pagando el precio por convertirse en la fábrica de cerdos del mundo. El país ya lidera el sector en Europa a base de extender la ganadería industrial que conlleva un costoso peaje de contaminación del agua, emisiones de efecto invernadero y del tóxico amoniaco. 

El Gobierno de Murcia ignoró varios avisos de que las macrogranjas de cerdos contaminaban el Mar Menor 

Los indicadores económicos hacen que el Ministerio de Agricultura considere que «el sector porcino español ha continuado con su consolidación como uno de los líderes en el mercado mundial a pesar de las incertidumbres». En contraposición, la directora de Greenpeace, Eva Saldaña, entiende que «es el momento de abordar ya la cuestión de las macrogranjas por su contribución a la crisis climática y la contaminación del agua». Los datos más recientes exponen claramente este panorama. 

Camino a la macrogranja 

La pujanza del porcino español se ha cimentado en el avance del modelo industrial de producción a gran escala. Los informes del Ministerio de Agricultura describen este tránsito. Cada vez se crían más cerdos y se sacrifican más cerdos, pero, al mismo tiempo, funcionan menos establecimientos. Se está imponiendo el modelo de macrogranjas. Se evidencia «un notable descenso en el número total de granjas», unido al «incremento notable de las explotaciones de mayor tamaño, especialmente las más grandes», señala el Ministerio en su análisis del último año cerrado, el 2020. Greenpeace añade que la fórmula consiste en «producir mucho, producir rápido y con el menor coste». 

La cabaña porcina en España es la número uno de la Unión Europea y la tercera del mundo tras China y EEUU: 32 millones de cabezas en 2020. Hace diez años eran 25 millones .Y hace cinco, 28. El año pasado se mataron 56 millones de animales. En 2010 fueron 40,8 millones (un 37% menos).                                    El boom porcino ha ocurrido mientras las explotaciones totales pasaban de 99.500 en 2007 a 88.400 en 2020. La mayoría de las desaparecidas son las más pequeñas llamadas de tipo I. En ese mismo tiempo, las granjas tipo III, las más grandes, han pasado de 1.425 a 2.126. Un 50% más. Ese es el camino a la macrogranja. 

Grupo I, II, III… es una nomenclatura técnica para clasificar según la capacidad de producción. Las primeras se limitan a 120 Unidades ganaderas mayores (UGM), las segundas a 480 y las terceras a 720 UGM, según el Real Decreto que las regula desde 2020. Pero, para entender la dimensión, esas UGM hay que traducirlas a ejemplares de cerdo. El Observatorio Dehesa del Centro de investigaciones científicas y tecnológicas de la Junta de Extremadura lo expresa así: el grupo I puede albergar 350 animales para cebar, el II hasta 2.000 cerdos más 200 hembras para reproducir y las del grupo III hasta 5.500 ejemplares de cebo y 750 reproductoras. Además, las comunidades autónomas pueden ampliar ese cupo de las grandes granjas un 20%, es decir, 1.100 cerdos añadidos.                                     

Más cambio climático y amoniaco al aire                                                                         La agricultura y la ganadería supusieron el 14% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero de España en 2020. Ese año, durante el pico de la pandemia de COVID-19, se produjo un descenso casi desconocido en las emisiones que provocan el cambio climático. Se bajó por primera vez del nivel de 1990. Pero el sector agro ganadero incrementó la cantidad de gases que lanzó a la atmósfera.       La ganadería liberó 24,8 millones de toneladas. El aumento se debió principalmente «a la gestión de estiércol», según el avance del catálogo de emisiones del Ministerio de Transición Ecológica. 

La proliferación de las grandes explotaciones ha hecho que el 87% del sector porcino en Castilla-La Mancha sea ya industrial y que en Extremadura se haya superado el 50%, según las contestaciones oficiales de las comunidades autónomas a Greenpeace. Las Islas Baleares están en el 55% y Catalunya en el 99%. Aragón es la comunidad que presenta más granjas tipo III con 628, seguida de Catalunya (495), Castilla y León (316) y Castilla-La Mancha (161).                     Las instalaciones de gran capacidad implican muchos animales y, por tanto, muchos desechos. La gran cantidad de estiércol proveniente de cerdos concentrados ha hecho, junto a otros factores, que España no haya cumplido nunca el límite de emisiones de amoniaco a la atmósfera marcado por la normativa europea. Desde 2010 a 2019 siempre ha rebasado el tope de las 353.000 toneladas por el «incremento de la cabaña ganadera y un repunte en el uso de fertilizantes orgánicos (estiércol) e inorgánicos», como reconoce el Inventario de emisiones del Gobierno. Ante esta circunstancia, la Unión Europea ha cambiado los techos haciéndolos más permisivos a partir de 2020. 

Foco de contaminación del agua 

La producción ganadera es responsable del 80% del nitrógeno agrícola que se filtra y contamina las aguas, según recoge la Comisión Europa. En España, el 40% de las masas de agua está en mal estado, no todo es debido a los vertidos de la ganadería, pero casi la mitad de las zonas con acuíferos dañados por los desechos agrícolas no podrán recuperarse dentro del plazo legal de 2027, según ha admitido el propio Gobierno. 

«¿Cómo es posible que un país árido, 15 veces más pequeño que EEUU y deficitario en piensos quiera convertirse en líder de la producción de porcino?» Se pregunta Mari Sol Gómez, que encabeza la oposición a este modelo ganadero en la comarca de Tierra de Alba en Zamora. «Consumen una ingente cantidad de agua que devuelven al medio en forma de purines», sentencia.                          Lo cierto es que España está especialmente expuesta a este problema de contaminación de las aguas por los nitratos.  

De hecho, casi un cuarto del territorio está considerado zona vulnerable, es decir, áreas «cuya escorrentía fluye hacia las aguas afectadas por la contaminación o hacia aguas que puedan verse afectadas por la contaminación»: unos 122.000 de los 500.000 km2 totales. Y más de la mitad de la superficie agraria útil del país. El pasado 11 de octubre, la Comisión Europea dictaminó en un informe que España tiene un «problema sistémico para gestionar la contaminación por nutrientes procedentes de la agricultura» y que debe adoptar «con urgencia medidas adicionales» para cumplir la ley. La revisión indica que «un alto porcentaje de estaciones de control de aguas subterráneas sigue mostrando niveles superiores al máximo de 50 mg por litro». 

La Comisión entiende que algunas de la zonas vulnerables declaradas por las comunidades autónomas «son muy limitadas» lo que supone «una designación muy fragmentada y una menor eficacia de los programas de acción». España tiene abierto un expediente de sanción justamente por este asunto. 

La despoblación 

«¿Quién va a querer venir a vivir aquí si no puedes ni abrir la ventana?» La pregunta es de Inmaculada Lozano, voz y cara del rechazo a las macrogranjas en Castilla-La Mancha. Desde el comienzo de la implantación del modelo industrial a gran escala ha surgido la disyuntiva entre la posible creación de puestos de trabajo en el entorno rural asociados a estas explotaciones y sus impactos ambientales. 

La organización Ecologistas en Acción acaba de analizar la evolución demográfica según el INE de municipios de menos de 5.000 habitantes desde 2000 a 2020 cruzados con los censos ganaderos de las comunidades autónomas de Castilla y León, Aragón, Castilla-La Mancha, Catalunya, Comunidad Valenciana, Galicia y la Región de Murcia. Su conclusión es que «la ganadería industrial no solo no frena la despoblación sino que impulsa el abandono rural».                                                  Su análisis muestra que el 74% de los municipios con mayor carga de industria porcina intensiva o bien han perdido población o ganan menos habitantes que los pueblos similares, pero sin cerdos. Su estudio abarca el 64% de todos las poblaciones con 5.000 vecinos o menos y alta densidad de cabaña porcina intensiva de esas comunidades autónomas. «En el 81% de las provincias analizadas (17 de 21) se está favoreciendo la despoblación», afirman.                        Según sus datos, los efectos de España vaciada de este modelo se intensifican con el tiempo y han dejado ya más huella en las provincias que primero adoptaron esta fórmula como Zaragoza, Huesca, Barcelona y Lleida.                 Lozano, que encabezó las protestas contra proyectos de grandes explotaciones en Pozuelo y Argamasón (Albacete), resume que «claro que nos gusta el jamón y la morcilla, pero también poder beber agua del grifo y un pueblo con futuro para nuestros hijos». 

El amoniaco de las granjas de cerdos contamina el aire de Barcelona

Por David Guerrero
El área metropolitana de Barcelona y el Vallès son los puntos calientes de la contaminación, donde gran parte de los gases contaminantes tienen origen, con efectos directos sobre sus habitantes pero también con la correspondiente dispersión a unos cuantos kilómetros a la redonda. Cada verano saltan las alarmas de control de calidad del aire en la zona de la plana de Vic, donde los altos niveles de ozono troposférico alcanzados en los meses más calurosos del año provienen de la capital catalana y su entorno más inmediato.
La brisa traslada hacia el norte toda la contaminación generada por la circulación, la actividad del puerto, el aeropuerto, la industria… y junto a la radiación solar forman un cóctel explosivo que acaba en los pulmones de los vecinos de Osona. Como un boomerang, la Agència de Salut Pública de Barcelona ha detectado que una parte de las partículas contaminantes que se mantienen en el aire de la ciudad corresponden al amoníaco de las granjas de cerdos de la plana de Vic y del resto de Catalunya. Ese amoníaco que en este caso viaja hasta Barcelona, sumado a los efectos de la industria y la intrusión de polvo africano impiden que se alcancen los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en cuanto a partículas en suspensión, aunque sí que se cumple el nivel legal marcado por la Unión Europea al conseguir reducirse un 23% la concentración media de partículas PM2,5. Seguir leyendo

Contra la privatización del agua

Agua: ¿fuente de vida o fuente de lucro? Contra la privatización del agua

Leonardo Boff

Hoy hay dos cuestiones principales que afectan a toda la humanidad: el calentamiento global y la creciente escasez de agua potable. Ambas obligan a profundos cambios en nuestro modo de vivir, pues pueden producir un colapso de nuestra civilización y afectar profundamente el sistema-vida.
Atengámonos a la cuestión del agua, codiciada por las grandes corporaciones para privatizarla y lucrarse enormemente. Ella puede ser tanto motivo de guerras como de solidaridad social y cooperación entre los pueblos. Ya se ha dicho que las guerras del siglo XX eran por petróleo y las del siglo XXI serán por agua potable. No obstante, ella puede ser referencia central para un nuevo pacto social mundial entre los pueblos y los gobiernos con vistas a la supervivencia de todos. Seguir leyendo

La ganadería intensiva contamina el agua en Irlanda del Norte

El exceso de excrementos de la ganadería intensiva pone en peligro el agua de Irlanda del Norte

Por Tommy Greene
El auge de la cría intensiva de cerdos y aves de corral en Irlanda del Norte ha generado una industria de millones de euros que provee a los consumidores británicos de pollo y cerdo para comer. Pero también se ha convertido en un dolor de cabeza para los políticos por la contaminación y el medioambiente.
Tras una década de crecimiento, el país tiene un población de 25 millones de aves de corral y la producción de cerdo ha aumentado a casi 1,5 millones. Casi toda la carne se exporta a Gran Bretaña.
En medio de una agria disputa entre la Unión Europea y el Reino Unido por la inminente prohibición de la importación de carnes frías de Gran Bretaña a la región europea, las cifras demuestran que a Irlanda del Norte no le faltan ingredientes para hacer salchichas.
Sin embargo, el país tiene dificultades para deshacerse del excremento de los animales de una forma sostenible, y es posible que tenga que exportar más de un tercio del mismo. Los niveles de fosfato y nitrato están amenazando los canales de agua del país y llevando al Reino Unido a sobrepasar los límites internacionales de amoníaco. Seguir leyendo

Riesgo en el sector porcino español

El sector porcino español, ¿daño colateral del acuerdo comercial de EEUU-China?
Al tener que comprar 200.000 millones en productos estadounidenses (50.000 en agrícolas) la mirada de los chinos podría alejarse de las empresas europeas y españolas
El sector porcino en España se las prometía muy felices. China, su segundo mayor socio comercial (después de la UE), aumenta sin parar los encargos a Europa por las tensiones arancelarias con Trump y las enfermedades como la peste porcina que han diezmado a estos animales allí. De esta forma el país ibérico se ha consagrado como el tercer máximo exportador a este país (por delante de EEUU incluso antes de la guerra comercial) de productos derivados del cerdo, con más de 300.00 toneladas valoradas en 500 millones de euros. El punto álgido fue la firma de Xi Jinping y Pedro Sánchez de un acuerdo para exportar carne fresca y no solo embutidos congelados, abriendo de par en par la puerta de la nación milenaria al jamón ibérico.

Pero, con la firma del acuerdo comercial en fase uno entre EEUU y China de esta semana, esta situación podría cambiar o, al menos, empeorar ostensiblemente. El país asiático tendrá que comprar a los norteamericanos 200.000 millones de dólares en productos y, entre ellos, destaca el cerdo estadounidense. La entrada de un gran actor internacional en este mercado despierta opiniones distintas sobre lo que esto significará para España. Las autoridades de la UE dan por hecho el daño que puede producir a los exportadores españoles, mientras que los ganaderos y asociaciones del sector quitan hierro al asunto y defienden que no supone ninguna amenaza.