El cohousing, modelo de convivencia

El cohousing, un modelo de convivencia que vino de Europa para quedarse

El autor expone que el cohousing Olivar Plaza, previsto en Gines, avanza con la reciente licitación de las obras y sigue captando socios para lograr el número necesario iniciar la construcción

Fachada del edificio diseñado para el cohousing sevillano Olivar Plaza.
Fachada del edificio diseñado para el cohousing sevillano Olivar Plaza. 

JOAQUÍN LIMA Presidente de CUSLAR Sociedad Cooperativa Andaluza

Es frecuente que grupos de amigos bien avenidos se planteen organizarse para vivir juntos el día de mañana, aunque desarrollar un proyecto de viviendas colaborativas o cohousing es una empresa compleja.

Cohousing es el nombre de un modelo de convivencia colaborativa desarrollado generalmente por mayores de 50 años, que se ponen de acuerdo para vivir en espacios comunes, manteniendo la independencia en sus propias casas. Esto les permite mantener el equilibrio entre lo común y lo privado, creando una comunidad vecinal autogestionada, con vínculos que se aproximan a lo que sería una familia elegida, formada por personas sin relación de parentesco, que se quieren, valoran y ayudan mutuamente cuando lo necesitan.

En esta forma de vida es necesario tener en cuenta dos cuestiones fundamentales: la convivencial dentro de un grupo afín y en un espacio común y la asistencial, especialmente en cohousing senior pensados para que sus residentes puedan permanecer en este durante toda su vida, recibiendo los cuidados que requieran en cada momento, sin necesidad de trasladarse a otro tipo de institución por razones de dependencia.

En este sentido, el espacio físico juega un papel muy importante. Debe proyectarse teniendo en cuenta no solo los aspectos arquitectónicos sino otros como facilitar la convivencia y las relaciones entre los residentes y de estos con el exterior; y por otro lado, la accesibilidad, la realización de actividades promotoras y el envejecimiento activo y la oferta de cuidados a personas dependientes.

Este modelo de convivencia tiene innumerables ventajas a nivel colectivo e individual. Así, permite optimizar bienes y servicios que pueden ser compartidos, economizando recursos, reduciendo gastos, generando nuevo modelo social, económico y ecológico, en el que son fundamentales el interés del grupo, la ausencia de lucro y el cuidado del medio ambiente.

A nivel individual, fomenta la integración social, la participación, la colaboración, la solidaridad, el entretenimiento, la creatividad, y lo que es más importante, la toma de decisiones compartidas, y el sentido de pertenencia, contribuyendo además a evitar la soledad no deseada, que se convierte en fuente de sufrimiento, limita el derecho de participación social y tiene consecuencias negativas como deterioro cognitivo, pérdida de memoria, depresión, ansiedad, problemas cardiovasculares, consumo de sustancias, etc.

Este modelo tiene sus orígenes en Dinamarca donde, en los años 60, surgen los primeros grupos que conviven en un conjunto residencial. Posteriormente se fue extendiendo por el norte de Europa, Estados Unidos, Canadá, Argentina o Uruguay.

En España, el primer cohousing, Residencial Santa Clara, se inaugura Málaga en 2001. Le siguen Travensol, Residencial Puerto de la Luz, Convivir, Profuturo, Antequera 51, La Borda o Entrepatios.

El crecimiento en España está siendo exponencial. Andalucía es una de las comunidades con mayor número de cohousing. Hemos constituido la asociación de cohousing senior de Andalucía (SECOAND), con el propósito de defender los intereses generales de los cohousing asociados, representarlos ante las Administraciones Públicas y reclamar las ayudas necesarias para el desarrollo de sus objetivos.

Desarrollar un proyecto de cohousing no está exento de dificultades. Este camino se inicia con un número reducido de personas que constituyen una cooperativa, la fórmula jurídica más recomendada. El siguiente paso es conseguir un terreno adecuado mientras va aumentando el número de miembros hasta llegar al deseado. Facilita la autogestión que no sean más de 30 o 35 viviendas. La creación de grupo requiere generar vínculos y establecer la filosofía del proyecto (misión, visión y valores). Simultáneamente se va desarrollando el proyecto arquitectónico y el plan de viabilidad, solicitando los permisos municipales previos a la construcción.

Este es el caso de Olivar Plaza (https://olivarplaza.es), que se está desarrollado en Gines por Cuslar, cooperativa constituida en 2018 por un grupo de amigos. Actualmente disponemos de un terreno, propiedad de la cooperativa, bien situado y de dimensiones adecuadas y rodeado de servicios. Un proyecto arquitectónico para 35 apartamentos con amplias zonas comunes y jardines, creado con las aportaciones de todos y bajo la dirección de Albalá & Cordero. Tenemos los permisos y el apoyo municipal, hemos puesto en común la misión, visión y valores de nuestro cohousing, elaborado el plan de viabilidad y seguimos captando personas socias para llegar al número necesario para iniciar la construcción.

En los últimos meses hemos procedido a licitar las obras, aunque somos conscientes de que quizás sea conveniente esperar un poco, dado el aumento en el precio de las materias primas, la energía y el transporte.

Celebramos la aprobación del Plan Estatal para el acceso a la vivienda (2022-2025), que por primera vez incluye un programa de fomento de alojamientos temporales, de modelos cohousing, de viviendas intergeneracionales y modalidades similares y del proyectos estratégicos para la recuperación y transformación económica (PERTE) que incluye a la economía social y de los cuidados para desarrollar e impulsar servicios avanzados en el ámbito de los cuidados, accesibles y centrados en las personas.

Todo esto puede suponer una gran ayuda para seguir avanzando en proyectos que requieren de una inversión inicial importante para la construcción del edificio, a cambio de conseguir costes reducidos de mantenimiento y servicios que, en la mayoría de los casos, no suponen ni la mitad de los precios medios de una residencia tradicional.

Como vemos, un camino complejo que requiere de la fuerza del grupo y del apoyo de las administraciones públicas y de las entidades financiares, para crear una alternativa a envejecer en soledad, a ser una carga para las familias o a vivir en una residencia tradicional. Por eso el cohousing en España se está implantando de forma imparable y ha venido para quedarse.

Residencias de Mayores

No te olvides de la “hermana pobre”

Jesús Sastre García

Comedor de Convivir
Comedor de CONVIVIR

Este título recoge la certera y preocupante afirmación con que la consejera de Políticas Sociales de la Comunidad de Madrid se refirió a la dotación económica disponible para la atención a los mayores dependientes en residencias; es la “hermana pobre de la educación y la sanidad”.

¿Por qué la atención a la dependencia es la “hermana pobre”? Desde la aprobación de la “Ley de Dependencia” en 2006 por el gobierno de Rodríguez Zapatero (PSOE), la dotación económica y su distribución entre administración central y autonómica ha sido insuficiente y desajustada, pues lo previsto no se ha cumplido, y sufrió un notable recorte en los años de gobierno de Mariano Rajoy (PP). Pero hay otras razones estructurales que están en el origen de todos los problemas en la atención digna y adecuada a los mayores. Nos referimos al peso abrumador de las residencias privadas y la presencia, casi testimonial, de residencias públicas. En la Comunidad de Madrid de casi 500 residencias sólo 25 son residencias públicas, algunas son públicas gestionadas por empresas privadas y otras privadas tienen plazas concertadas con la administración, y el resto son privadas.

Las cifras en del sector público llevan estancadas desde el año 2014 ¿Qué diríamos si el 90% de los centros educativos y de la atención sanitaria estuviera al mando de empresas privadas, la mayor parte con ánimo de lucro? Con esta situación consolidada año tras año, la administración autonómica tiene que preocuparse poco de la atención a los mayores dependientes en residencias. Más que colaboración de la Administración con el sector privado, lo que tenemos es un sector privado muy fuerte que colabora con la Administración. ¿Para cuándo políticas que reviertan esta situación en favor de las residencias públicas?

Diferente consideración y exigencias si la residencia es pública o privada. Llama la atención los diferentes baremos que la administración utiliza según la titularidad de la residencia. El ejemplo más significativo es la fijación de las “ratios” de personal, que en sí mismas son claramente insuficientes, pero que en las residencias privadas es sensiblemente menor que en las públicas. ¿Se imaginan que las “ratios” de personal en centros educativos o en hospitales privados fuera mucho menor que en los públicos? Otro ejemplo es la cantidad asignada al “cheque servicio” que, una vez fijado según el grado de dependencia (I-II-III), no se actualiza con el paso de los años. Debería haber una actualización anual, al menos, según la subida del coste de la vida.

Este año la asignación por día y plaza en las plazas concertadas en residencias privadas en la Comunidad de Madrid va a subir de 59 a 72 euros, pero la cuantía del cheque servicio sigue congelada, y la administración se desentiende del aspecto económico del resto de los residentes en plazas privadas. Los mayores dependientes, en su mayor parte, tienen que hacer frente con sus recursos y los de su familia al pago de plaza en residencia privada. Además, habría que subrayar las listas de espera para reconocimiento del grado de dependencia y para recibir la ayuda correspondiente. Muchos mayores fallecen sin haber conseguido ninguna de las dos cosas: reconocimiento del grado de dependencia y la consiguiente prestación económica.

Encuestas de satisfacción. Las residencias tienen obligación de facilitar anualmente estas encuestas. El modo de hacerlo por parte de la dirección de los centros, en general, es de poca información, entusiasmo e interés. Los resultados no se publican o se publican de manera genérica. La administración debería elaborar un protocolo (modelo de encuesta de satisfacción) completo, riguroso y de fácil respuesta, con indicaciones precisas para su realización, y que sea igual para todas las residencias, tanto públicas como privadas. Habría que precisar bien el modo de recogida de datos y la baremación objetiva e independiente de las respuestas. Los resultados deberían ser públicos para todo el que quiera conocerlos, no sólo para los residentes y familiares de cada centro. Y de los resultados sacar conclusiones por parte de expertos que sirvan a la administración para tomar las decisiones oportunas.

Rechazo de métodos de adjudicación de plazas concertadas (como el Acuerdo Marco de la Comunidad de Madrid), para paliar el déficit de ofertas de plazas públicas, que obligan a trasladar a los residentes de unas residencias a otras cada cierto período de tiempo. Hay residencias privadas que tienen plazas concertadas, y que este año no han concursado para mantenerlas. Las razones son obvias: al subir el número de profesionales, los beneficios para las empresas de estas residencias van a ser menores. La consecuencia es que más de 700 plazas concertadas están pendientes de ser asumidas por otras residencias, y los residentes afectados tendrán que trasladarse a otra residencia con todo lo que esto supone para personas muy dependientes y con no fácil medio de traslado. ¿Se puede jugar así con la suerte de los mayores que quedan a la voluntad de los intereses empresariales sin más? A los que no encuentren plaza o decidan no trasladarse, la Comunidad de Madrid les ofrece la posibilidad de acogerse al cheque vinculado a servicio. Esto les va a suponer un copago muy superior al que tenían. ¿Puede una administración cambiar la situación y la prestación que tenían, y no asumir los nuevos gastos?

Los Consejos de Residentes y los Consejos de Usuarios. Los Consejos de Residentes y los Consejos de Usuarios son órganos de representación y participación de los residentes y de los familiares si tienen la tutela judicial efectiva del residente. Fueron Instituidos los primeros por una Orden de 1993 de la Consejería de Integración Social y los segundos mediante una Resolución de la Dirección General de Atención al Mayor y la Dependencia del año 2013, después de la intervención del Defensor del Pueblo ante la reclamación colectiva de los familiares de la Residencia de Usera, denunciando que los Consejos de Residentes solo fueran obligatorios en las residencias públicas, no en las privadas.

Actualmente todas las residencias de la CM que reciban algún tipo de subvención pública tienen la obligación de tener un Consejo de Usuarios. Cerca de 300 residencias privadas no tienen esa obligación ¿Cómo puede ser esto en pleno siglo XXI? ¿Qué diríamos si en los centros educativos privados no fueran obligatorias las asociaciones de padres y los órganos de participación de los alumnos? ¿Por qué hay tanto miedo a la participación de los familiares y residentes en la marcha de la residencia si ellos son los protagonistas y beneficiarios de los servicios prestados que de una u otra manera se están pagando? La mentalidad empresarial y la ideología de derechas es poco sensible al diálogo, la participación y la corresponsabilidad. Las residencias privadas sin ánimo de lucro, por el ideario que las inspira, deberían ser ejemplares en la facilitación de la participación.

“¿Vergüenza! El escándalo de las residencias”. El estudio hecho por el abogado y periodista Manuel Rico, responsable de investigación en Infolibre, analiza pormenorizadamente y con mucha información contrastada los grandes grupos empresariales y fondo de inversión que están detrás de la mayor parte de las residencias privadas. Este libro es imprescindible para tener un conocimiento real de lo que subyace al conjunto mayoritario de residencias privadas. Es evidente que a estos grupos les mueve el lucro, es decir, conseguir más ingresos y tener menos gastos, no la atención de calidad a los residentes.

El beneficio está en relación directa con el gasto de personal; las administraciones, al permitir que las “ratios” de personal en las residencias privadas sean sensiblemente inferiores a las públicas y tener un sistema de inspección escuálido y poco comprometido con vigilar la calidad de los servicios, están favoreciendo el lucro de las empresas privadas. Hay claras irregularidades a las que no se pone remedio porque, en las escasas y genéricas inspecciones, quedan solapadas porque la documentación del centro está según las normas, aunque la puesta en práctica no sea correcta.

Las consejerías de Asuntos Sociales de las comunidades autónomas se preocupan, sobre todo, de las residencias públicas y en lo que corresponde de las que tienen plazas concertadas. Un ejemplo lo tenemos en el AMAS (Agencia Madrileña de Atención Social) de la Comunidad de Madrid. El sector público ha descuidado una de sus obligaciones fundamentales: invertir en residencias públicas para dar respuesta a todos los potenciales usuarios que en los próximos años no van a dejar de aumentar considerablemente. En caso contrario la desproporcionada e injusta relación entre residencias públicas y privadas no va a cambiar. ¿Cómo estamos permitiendo esta inacción de los poderes públicos? El actual gobierno nacional, sensible a las cuestiones sociales, mientras esté en ejercicio, aunque las competencias sean de las autonomías, tiene una responsabilidad grande para empezar a revertir todas las deficiencias que existen en el sector, y establecer criterios de obligado cumplimiento para las comunidades autónomas.

Escaso o nulo ambiente familiar en las residencias. Muchos residentes y familiares tenemos la impresión de que con su ingreso en un centro están un poco “secuestrados” por los gestores de estos. La dirección de las residencias procura limitar los sitios y el horario de visitas, que siguen con restricciones impuestas con motivo de la pandemia, y que no hay perspectiva de que cambien. Esto hace que no podamos ver de cerca cómo es la atención a nuestros familiares, la calidad de las comidas, cómo tienen el armario de su cuarto y ver lo que necesitan después de más de dos años de no subir a las habitaciones, el acceso más directo a los profesionales de todo tipo, etc. Las visitas se reducen a lo siguiente: al llegar, te toman la temperatura, vas a una sala común de visitas, bajan a tu familiar y cuando terminas la visita, a él se lo llevan por una puerta y tú sales por otra.

¿Qué ambiente familiar y cálido se puede tener cuando la vida transcurre así día tras día? Lo lógico y sano desde el punto de vista afectivo, lo que da un ambiente familiar, sería poder circular por los espacios comunes, interactuar con otras residentes y familiares, subir a las habitaciones y zona común de los pabellones, entrar en el comedor a llevar a nuestros familiares e, incluso, poder comer con ellos abonando el menú, como hacen en alguna residencia. Las medidas actuales recuerdan los protocolos de visitas en los centros penitenciarios. En los hospitales, con zonas mucho más delicadas y expuestas, las visitas han vuelto a la normalidad que tenían antes. Los organismos competentes de las comunidades autónomas tendrían que velar por el estricto cumplimiento de los protocolos actuales.

Algunas residencias privadas dicen que el reglamento de régimen interno que tienen circunscribe las visitas a una zona interior y al jardín. Me pregunto si un reglamento de régimen interno puede disponer algo contrario a lo que autorizan los protocolos de la administración autonómica; la administración autonómica tendría que clarificar de forma normativa este punto para que no haya duda ni interpretaciones distintas según la dirección de cada residencia. Además, los trabajadores de las residencias suelen tener la mentalidad de que ellos y sólo ellos, como profesionales, saben lo que tienen que hacer para una buena atención a los residentes, y que los familiares son más bien un estorbo que una ayuda.

A ellos se les reserva la reducida zona de visitas y la llamada telefónica. Dado que los residentes están en internamiento total y hasta el final de sus vidas, son los que necesitan recuperar y practicar lo más posible algo que remotamente se aproxime a la “normalidad” que tenían antes, y esto no es posible sin una participación activa de los familiares. La pandemia ha sido la excusa perfecta para terminar de implantar un estilo de residencia que se aleja cada vez más de lo que sería algo que recuerde al núcleo familiar. Además, en muchas residencias las actividades, por ejemplo, la gimnasia que antes era diaria, se han reducido de manera significativa. Y las administraciones poco hacen para evitarlo. Les haría mucho bien a los responsables políticos y a los directores de residencias conocer cómo funcionan las residencias de mayores en Centroeuropa y países nórdicos.

Grupo Lares: residencias sin ánimo de lucro. Está constituido por la Fundación, Asociación y Federación. Además de las residencias públicas y las residencias privadas como negocio, están las residencias sin ánimo de lucro con ideario propio donde exponen los principios y valores inspiradores de su presencia y acción. A Lares pertenecen 17 asociaciones autonómicas con 1.050 centros y servicios en toda España. Si el número de centros residenciales en nuestro país es de 5.567 con 384.251 plazas residenciales, entre privadas y públicas, el grupo Lares supone casi el 20% de las residencias.

En la página web el apartado “Conoce Lares” dice que “atiende a personas mayores, dependientes, con discapacidad y en riesgo de exclusión social, bajo el prisma de la gestión solidaria. Lares reúne el histórico compromiso de congregaciones religiosas y la voluntad solidaria de fundaciones y ONG`s, manteniendo como bastión la gestión solidaria de todas nuestras entidades”. Afirman centrarse en la “singularidad e integridad de la persona”, la consideración de las “cuidadoras como agentes de valor añadido” en los cuidados y en entorno donde promueven el intercambio y la convivencia. Por su recorrido histórico, por la inspiración que tienen y por apostar por una ética de máximos y de la excelencia deberían ser las que abrieran camino en un nuevo estilo de residencias.

Sería conveniente, por coherencia con su ideario, que informaran si tienen órganos de participación de residentes y familiares aunque no sean obligatorios para las residencias privadas, cómo es la información y transparencia en estos centros (publicación de los resultados de las Encuestas de Satisfacción, de los partes de inspección y otras valoraciones de las residencias), las ratios de personal que tienen por turnos y categorías, el porcentaje de contratos temporales y fijos, las plazas concertadas que tienen y los motivos de tenerlas o no tenerlas, si el salario que pagan a los trabajadores se rige por el mínimo obligatorio o hay mejora voluntaria para asegurar la calidad que proponen, las organización del voluntariado y su relación con el personal profesional de plantilla, si mantienen o desearían mantener alguna relación con las Asociaciones/Plataformas de defensa de los Mayores en Residencias, la especificación de los programas y beneficiarios de las ayudas recibidas de las administraciones que figuran en su página web, y cómo articulan el ambiente de las residencias para que se aproximen al modelo familiar al que se aspira.

También tendrían que ser ejemplares estas residencias en analizar las muertes que ocurrieron en ellas durante la primera ola de la pandemia para reconocer los fallos y denunciar los protocolos de las autoridades autonómicas que impidieron la derivación a los hospitales de los residentes enfermos de Covid; como consecuencia, muchos residentes tuvieron una muerte sin ninguna ayuda, soporte médico y en la más absoluta soledad.

La importancia de participar en Asociaciones en defensa de los mayores en residencias. De unos años para acá han surgido en varias autonomías Asociaciones de familiares de residentes y a personas preocupadas por los mayores.

Están haciendo una labor encomiable; a partir de la pandemia han aumentado significativamente el número de socios. Incluso se ha dado un paso más creando la Plataforma Estatal de Familiares de Residencias que aglutina y coordina la labor de las Asociaciones de las diferentes autonomías. Las 15 principales asociaciones de todo el país, lideradas por la gallega, la catalana y la madrileña, están presentes en esta Plataforma estatal. Está integrada por organizaciones de Euskadi, Andalucía, Aragón, Canarias, Castilla y León, Comunitat Valenciana e Illes Balears. Los principales impulsores han sido organizaciones con años de experiencia luchando en favor de los derechos de los residentes como Pladigmare (@pladigmare), Rede (@REDE_org), Coordinadora Residencias 5+1 (@CooResidencias).

Esta plataforma ha sido invitada para formar parte de la Mesa de Diálogo Civil creada por el ministerio de Asuntos Sociales para dar su opinión sobre un documento que modificarían los actuales criterios de acreditación para poder dar la autorización administrativa de funcionamiento y tener derecho a presentarse para tener algún tipo de subvención pública a las residencias actuales y las nuevas que se puedan crear, encaminado a cambiar el actual modelo de residencias. Van a presenta 100.000 firmas para que la Fiscalía y el Congreso investiguen lo ocurrido en las residencias durante la pandemia.

Invitamos a los que tengan interés en el tema de mayores, algún día todos seremos mayores, a que conozcan lo que hacen estas asociaciones, a visitar las páginas web y, en su caso, a participar activamente en las mismas como miembros. Es un gran servicio que podemos prestar a nuestros mayores y el medio imprescindible para que las residencias, tanto a nivel interno como en el cambio del marco regulador, mejoren dada la situación de precariedad en muchos aspectos en que se encuentran.

Conclusiones:
1. Potenciar la creación de residencias públicas con gestión pública. El modelo actual que tenemos descansa en las grandes empresas y fondos de inversión con intereses alejados de la calidad de atención a los mayores. La actitud pasiva de las administraciones es francamente incomprensible.

2. Igualdad de reglamentación para las residencias públicas y privadas. Esto debe incluir todos los aspectos de la organización, ratios de personal, gestión, participación de residentes y familiares, evaluación e inspección.

3. Actualización anual tanto del coste de plaza concertada como del importe económico del cheque vinculado a servicio. El coste de plaza concertada se actualiza periódicamente. Convendría establecer una actualización fija conforme a unos índices referenciales. El cheque vinculado a servicio no se actualiza, lo que se propone es que tenga unos mecanismos similares a los de la plaza concertada: fijar la actualización periódica y los índices referenciales de la subida. Además, puesto que el cheque servicio es una ayuda de la administración, las residencias que tengan plazas de este tipo deberían tener la misma consideración que las que tienen plazas concertadas.

4. Inspecciones más frecuentes y específicas. Para que esto sea posible hay que aumentar significativamente el número de inspectores, el número de inspecciones sin avisar, y el tipo de inspección mucho más dirigida a la calidad de atención a los residentes y menos a los documentos y protocolos escritos. Bien sabemos que el papel lo soporta todo, incluso aunque la realidad tenga poco que ver con lo que está prescrito y escrito. También las sanciones deberían ser más frecuentes, de mayor cuantía y públicas.

5. Registro público de datos con los resultados de las encuestas de satisfacción, de las inspecciones y de las valoraciones de cada residencia. Todos estos datos deberían constar en un archivo público de fácil consulta. Esto ya existe en otros países. Estos datos serían de mucha utilidad a las personas que buscan una residencia para sus familiares.

6. Potenciación asociativa de los familiares de residentes. De entrada, hay que contar que las residencias son reacias a este tipo de participación. La patronal y los trabajadores sindicados están organizados, pero los residentes y familiares no. Creemos que de alguna manera las administraciones deberían informar de la existencia de estas asociaciones y facilitar el contacto con las mismas, así como la participación de los familiares en los organismos correspondientes en cada residencia (PLADIGMARE ha presentado un proyecto de participación que sigue durmiendo en el cajón de la Consejera de Familia, Juventud y Políticas Sociales).

7. Aportación específica del grupo de residencias sin ánimo de lucro. Estas residencias, por su propio ideario, historia y valores que les inspiran, debería ser ejemplares en su estructura, gestión, transparencia, participación y estilo. Así serían modelos alternativos a lo existente a nivel privado, y punta de lanza en el nuevo modelo de residencia de mayores que se plantea para un futuro a medio y largo plazo

COHOUSING TERCERA EDAD

Travensol

Cohousing tercera edad .Esto no es una residencia de ancianos

El cohousing para la tercera edad se está convirtiendo una prometedora alternativa a las residencias de mayores o al cuidado de familiares. Sin ánimo de lucro, organizado en cooperativa con vivienda en derecho de uso y servicios adecuados, Trabensol, en Torremocha del Jarama, es uno de los ejemplos de éxito de esta experiencia vertebrada por la autogestión de los barrios obreros del Madrid de los 60.

“Me enteré de esto cotilleando por Internet”, afirma Gonzalo mientras carga su equipaje por el pasillo del hall. Tiene 63 años y acaba de llegar al lugar donde quiere acabar sus días junto a su mujer, Svetlana, de 68. Aún falta tiempo para eso, pero el lugar al que han llegado no les parece un final. Más bien al contrario. “Teníamos un proyecto clarísimo en la cabeza, no queríamos acabar nuestros días en una residencia de ancianos al uso, buscábamos algo alternativo, algo activo y en el que pudiéramos participar en la toma de decisiones”, resume. “Hace tres años lo vimos, lo hablamos, lo visitamos, nos aceptaron… y empezamos a vivir aquí dentro de dos días”, concluye Svetlana. Se les ve ilusionados y contentos, como a toda la gente que recorre, con o sin bastón, los pasillos del edificio. “Teníamos ganas de vivir aquí, es lo que buscábamos”, insiste Gonzalo.

Se refieren a Trabensol, un centro social de convivencia para mayores, tal y como reza el cartel de la entrada, aunque se percibe que es algo más que eso nada más rebasar el umbral de la puerta automática. “Esto no tiene nada que ver con una residencia de ancianos”, resume Jaime Moreno, uno de los socios fundadores de esta cooperativa en la que pusieron la primera piedra en 2011. Algo más de dos años después, ya había un complejo de 6.000 metros cuadros construidos sobre una superficie de 22 kilómetros cuadrados. 54 apartamentos adaptados de 50 metros cuadrados con una pequeña terraza se extienden en hileras de dos plantas orientadas al sur. La luz inunda las casas todo el día y el suelo mantiene una temperatura de 16 grados en invierno y en verano. “Es geotermia, el calor del interior de la tierra. Es fundamental para que el consumo energético no sea muy costoso”, explica Moreno en el hall del complejo, que cuenta con un gran comedor, una biblioteca, un gimnasio, un cineforum, una lavandería, grandes jardines por los que pasear y hasta un huerto urbano. “Hay de todo y está aquí, en nuestras casas. Esto es una comunidad que se presta ayuda y compañía”, apunta.

Moreno tiene 82 años, aunque no los aparente en absoluto, y fue periodista, por eso hace de portavoz y guía para los medios de comunicación que se interesan por este proyecto alternativo. “Mi primer trabajo fue en el NO-DO”, confiesa socarrón mientras deja ver triángulo rojo invertido que lleva en la solapa del abrigo y que recuerda a la resistencia antifascista europea . “Ha costado mucho esfuerzo hacer todo esto, pero fue una decisión de un grupo grande de personas que tenía un largo bagaje en la lucha social”, incide. Ahora son 54 socios. Viven allí 80 personas y tienen lista de espera. “El interés por este proyecto está creciendo, porque las residencias públicas tienen pocas plazas y los requisitos para entrar limitan mucho. Las privadas son inaccesibles para los ahorros y pensiones de la mayoría, sobre todo si somos un matrimonio. Esto no es barato, pero es más accesible y, sobre todo, mucho más alegre”, describe.

Trabensol no es un nombre al azar, es el acrónimo de Trabajadores En Solidaridad, lo que da una pista del espíritu de este lugar. Es lo que los fundadores mamaron en su juventud, en el entones extrarradio madrileño de los años 60, cuando los vecinos tenían que autorganizarse para conseguir alcantarillado, asfaltar las calles o que se hicieran colegios. Si el Gobierno no lo hacía, ellos se reunían y se autoprestaban servicios básicos, si no había viviendas sociales y económicamente accesibles, montaban una cooperativa de vivienda. Y así todo. Solidaridad obrera, lo llamaban.

Hace unos 20 años, la carencia que detectaron fue el confort y los cuidados en la última etapa de sus vidas. Y no dudaron en construirse su propia solución. Solos, como siempre. Sin apoyo de la Administración Pública. Quizás por eso tuvieron que poner los cimientos de este lugar a 50 minutos en coche de la capital, en Torremocha del Jarama, uno de los últimos pueblos de la Comunidad de Madrid.
“Empezamos a buscar en la propia ciudad, pero era inviable con esos precios. Recorrimos más cien pueblos, llegamos a Extremadura y Toledo, hasta que encontramos un suelo más o menos barato. Era el boom de la especulación y del ladrillo, todo estaba carísimo y sólo dábamos con el típico conseguidor que te ponía en contacto con la gente adecuada a cambio de una buena mordida”, recuerda Moreno.

Hasta que llegaron por casualidad a Torremocha, de unos 800 habitantes. Compraron el suelo, encargaron el diseño a unos arquitectos con preocupación por la eficiencia y la sostenibilidad, el Ayuntamiento dio la licencia de obra, pudieron recalificar los terrenos para hacerlos urbanizables y, ahora, hay incluso concejales en el Ayuntamiento que viven en este complejo. “Los hay en el Gobierno y también en la oposición”, apunta Moreno. “Estamos empadronados todos aquí. Eso hace crecer la población y es más fácil que traigan más servicios, y también viene gente del pueblo a actividades que organizamos aquí”, resume. Un win win, que diría cualquier ejecutivo, aunque aquí no hay ningún negocio.

 “No es barato pero es accesible. La mayoría teníamos una vivienda que vendimos para venir aquí a vivir»

La fórmula que utilizan no es nueva, aunque sí novedosa, al menos en España. Se llama cohousing, ningún socio es dueño de nada pero decide en todo. Adquieren el derecho a usar sus viviendas hasta que fallezcan o decidan marcharse. Eso cuesta, en esta cooperativa, 145.000 euros por socio (cada matrimonio, por ejemplo, puede ser un único socio aunque tendrá un solo voto en las asambleas), que se devuelven a sus herederos cuando dejen de usar el apartamento o las instalaciones, si es que ellos no quieren vivir ahí. La cuota de uso varía entre los mil euros mensuales si es una sola persona o los 1.300 euros si son una pareja.

“No es barato pero es accesible. La mayoría teníamos una vivienda que vendimos para esto y nos llega con nuestras pensiones. No hay más gastos, aquí hay de todo, desde comida y limpieza semanal de las casas hasta atención 24 horas para las personas dependientes”, apunta Pepe Redondo, de 75 años. Pero, sobre todo, se elimina la soledad y el aislamiento, inciden todos los residentes entrevistados, que no dudan en que ese era su mayor miedo, unido a resultar una carga para sus hijos. “Todos tuvimos que cuidar a nuestros padres y vimos lo que desgasta ese proceso. No lo queríamos, ni para nosotros ni para nuestros hijos”, sentencia este socio, que lleva seis años en Trabensol con su mujer. Sus dos hijos vienen a visitarlos a menudo con sus dos nietos, o al contrario, ellos van a cuidar a los nietos cuando hace falta. “Al principio les parecía algo raro, ahora creen que es una maravilla. No se trata de venir aquí cuando ya eres dependiente, se viene aquí antes, cuando te jubilas, para disfrutar. No te aburres nunca”, afirma.

40 proyectos alternativos a las residencias en España

Trabensol es un proyecto ya consolidado, aunque no fue el primero. El germen de esta experiencia está en Málaga, donde en el 2000 echó a andar la cooperativa Residencial Santa Clara, recuerda Daniel López, profesor de estudios de Psicología y Ciencias de la Educación en la Universidad Oberta de Catalunya, investigador del grupo CARENET del IN3 y doctor en Psicología Social. Empezó en 2015 a estudiar este fenómeno y ha ido ampliando el trabajo de campo hasta la actualidad. “Desde Santa Clara hasta Trabensol, han ido surgiendo nuevos grupos que han visto que es posible. Pero una cosa es tener la idea y otra, llevarla a cabo. Es un proceso largo y laborioso: normativa, arquitectura, economía, dinámicas internas… Suele haber un acervo comunal detrás de esto. Pero las nuevas generaciones que empiezan a mirar a este modelo no tienen tan arraigada esa tradición autogestionaria”, explica el experto, que ha conocido iniciativas que no han llegado a buen puerto.

Según el mapeo realizado por López, en España hay ya 12 cohousings en funcionamiento, 11 cooperativas constituidas, ocho en proceso de formación, dos en obras, tres parados y seis con los terrenos adquiridos o la ubicación elegida. «Desde hace varios años hemos notado un mayor interés por este modelo», afirma López.

«El cohousing es sólo la expresión más visible de una necesidad de alternativa a las residencias»

“Al fin y al cabo, es autogestión. Eso requiere mucha implicación de todos. No todo el mundo está dispuesto a gestionar tanta responsabilidad y menos a esa edad”, sostiene. “Desde luego que es un modelo eficaz pero el cohousing no puede ser la única alternativa a la residencia. Es una alternativa a la soledad. Pero hace falta implicación de la Administración Pública para que aparezcan soluciones similares a estas en el futuro, porque el envejecimiento de la población es un hecho y los recursos no son para nada suficientes”, advierte López.

Según este psicólogo, lo que viene son millones de personas mayores que demandarán conectividad social, viviendas adaptadas, nuevos servicios de cuidados menos asistencialistas y que den más pie a que las personas “decidan cómo quieren ser cuidadas”. Sin embargo, “eso no es apostar por el cohousing únicamente. El cohousing es la expresión más visible de esa necesidad de alternativas. Y la Administración debe estar atenta porque la sociedad tiene derecho a recibir esos cuidados que ahora están supliendo los familiares o, en este caso, una comunidad de vecinos”, apunta López, que ha detectado una gran proliferación de “empresas facilitadoras” en la conformación de grupos y orientación en proyectos que empiezan a dibujarse.

Comisiones y grupos de trabajo

Moreno, el periodista jubilado de Trabensol, insiste en la importancia de los distintos grupos de trabajo y comisiones que se encargan desde la economía hasta la jardinería. “Sí, tenemos contratado personal de limpieza, un catering que cocina aquí para las comidas y algún jardinero de refuerzo. Contratamos a una directora gerente y a algún administrativo. Pero también nos implicamos nosotros en la gestión”, sostiene. Y también miran hacia adelante, porque no quieren perder impulso. “Creemos que esto funciona bien, por eso tenemos que ver los problemas que van surgiendo. Tenemos una “comisión de futuro” estudiando escenarios para cuando los socios envejezcan más y sean más dependientes. La Ley de Dependencia parece que nunca va allegar a tiempo, y eso es un gran reto”, profetiza.

“No es una utopía. Esto es real y es posible”

“No es una utopía. Esto es real y es posible”, sostiene Pepe mientras echa un vistazo a las berenjenas que están creciendo en la huerta. Él se encarga de su cuidado, recoge las verduras cuando están listas y las deja en las zonas comunes para que, quien quiera, se lleve algo para cenar. “Era maestro, pero mis padres eran gente de campo y yo todavía puedo doblarme y hacer surcos en la tierra”, asegura. “Es lo que llamamos la cuota social. Cada uno aporta a la comunidad la experiencia de vida que trae. Quien sabe de cine organiza el cineforum, quien sabe yoga nos da clases, quien ha sido enfermera nos ayuda con las pastillas y la que sabe pintar da talleres. Aquí no hay aprovechados, todo está organizado en comisiones”, ilustra. Sin embargo, ante el interés que este fenómeno está tenido en la actualidad, Pepe lanza una advertencia: “Primero hay que formar cooperativistas. Luego podrán funcionar las cooperativas. Eso se está perdiendo, va faltando rodaje asociativo”.

jairo Vargas

 

 

Cómo vivir la vejez

Espiritualidad y transcendencia. Cómo vivir la vejez 

Por José Arregi 

NOTA:Conferencia en los CURSOS DE VERANO de la UPV-EHU, dentro del Curso “Sentido y espiritualidad para la vida. Abordando nuevas dimensiones en los paradigmas de la vejez”, en el Palacio Miramar, Donostia, 13 de septiembre de 2021. 

Abro estas reflexiones con dos sentencias bíblicas y tres observaciones introductorias. 

“Una rica experiencia es la corona de los viejos”, dice el sabio Ben Sirak en un libro escrito hacia el 160 a.C. (Si 25,6). 

“Enséñanos a calcular nuestros días para que adquiramos un corazón sabio”, dice el salmo 90 (Sal 90,12). 

Tres observaciones introductorias en torno al título: “Espiritualidad y trascendencia. Cómo vivir la vejez”. 

1) ¿Cómo vivir la vejez?, dice el título. Tal vez sea demasiado pretencioso. No vengo a dar consejos ni recetas sobre cómo vivir la vejez, condición de un sector social cada vez más numeroso afortunadamente, un sector social del que formo parte. Lo que os digo me lo digo, pues, humildemente, conociendo bien la distancia que va del dicho al hecho, y, a pesar de todo, convencido de que la vejez puede ser edad de plenitud vital, es decir, de libertad en el desapego, de fecundidad en la pérdida. A eso aspiramos, estoy seguro, cada uno a su manera. 

2) En eso, en ese milagro del desapego, que nos permite abrirnos a una nueva plenitud en medio de crecientes pérdidas, en eso consiste en última instancia la llamada “espiritualidad”. “Espiritualidad” es un término muy equívoco. Yo la traduciría como el “Buen Vivir” o “la vida con hondura” o con “alma”, o en palabras del anciano sabio Marià Corbí, en la “cualidad humana profunda”. 

3) El título dice también “Espiritualidad y transcendencia”. Nuevo equívoco. La OMS, en el informe 804 (Cancer pain relief and palliative care) de 1990, tras afirmar que la espiritualidad es un componente de la salud intregral, la define como “aquellos aspectos de la vida humana que tienen que ver con experiencias que transcienden los fenómenos sensoriales. No es lo mismo que religioso”. Que la espiritualidad no es lo mismo que religión me parece indiscutible, pero que tenga que ver con experiencias que transcienden los fenómenos sensoriales no me parece tan claro. La experiencia espiritual no se da fuera de los sentidos, sino en los sentidos y gracias a los sentidos, como el afecto amoroso o la emoción estética. La transcendencia no se refiere a un supuesto mundo superior más allá del universo, ni a un Ente o divinidad suprema ni a una vida más allá de esta vida después de la muerte. La transcendencia es la hondura sin fondo de todo cuanto es, el aliento vital que nos anima en esta vida y más allá del paso, el tránsito, que llamamos muerte. 

Paso a señalar algunos rasgos de esta transcendencia en la inmanencia, de esta sabiduría vital profunda, unos rasgos que pueden ser de alguna forma más propios y específicos de la vejez. 

  1. Tiempo de crecer, tiempo de decrecer 

La vejez es tiempo de decrecer o, más bien, de crecer decreciendo. 

Entre tantas paradojas que nos constituyen, nos encontramos con ésta: Nadie quiere morir joven (salvo algunos, demasiados jóvenes, que quieren pero desgraciadamente no pueden vivir), pero nadie –digámoslo así– quiere ser viejo. Lo tenemos difícil. Uno de los grandes retos de hoy es el aprendizaje de la vejez: la aceptación de las pérdidas y el disfrute de los bienes propios de la vejez. La indudable carga y la innegable bendición de ser viejo. Aceptar que somos viejos y aprender a serlo. 

Hace algo más de 2200 años que un sabio judío escribió un librito de 10 páginas sin desperdicio que se conoce como Qohelet. Dice, por ejemplo: “Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: Tiempo de nacer y tiempo de morir (…), tiempo de destruir tiempo de construir (…), tiempo de hacer duelo y tiempo de bailar, tiempo de buscar y tiempo de perder, tiempo de guardar y tiempo de tirar (…), tiempo de callar y tiempo de hablar” (Qoh 3,1-8). Y podríamos seguir diciendo: Hay tiempo de crecer y tiempo de decrecer, tiempo de ganar y tiempo de perder, tiempo de adquirir y tiempo de despojarse, tiempo de esforzarse y tiempo de descansar, tiempo de aprender y tiempo de olvidar, tiempo de cuidar y tiempo de dejarse cuidar, tiempo de poder y tiempo de no poder… 

Todos esos tiempos de lo uno y de su contrario –contradicciones aparentes– son propios de cada edad, pero la vejez es más particularmente tiempo de perder, de descansar, de desprenderse, de dejarse llevar. El aprendizaje esencial de la vida, en todas las edades de la vida, se vuelve radical en la vejez. Y la raíz y lo radical, lo más radical, de la vida, fuente de los mayores bienes, es el aprendizaje de la pérdida, del decrecimiento. Solo decreciendo podremos crecer en hondura, crecer hacia el fondo. Solo aprendiendo a perder podremos ser más plena y libremente sin aferrarnos a ninguna forma ni posesión. Es la gran exigencia y la gran oportunidad de la vejez: vivir cada vez más con cada vez menos. Somos viejos, pero es hora de vivir. Es la hora de perder – de perder fuerzas, poder, protagonismo, salud–, sí, pero el saber perder forma parte del saber vivir más a fondo. 

La vejez es la hora de vivir más a fondo, más plenamente, más desprendida y libremente, más serena y reconciliadamente. Por todo ello, la vejez es, o debiera ser, la edad privilegiada para vivir la espiritualidad, es decir, la aceptación en paz de la pérdida y del decrecimiento. 

Es el gran reto personal de quienes ya somos viejos. Pero saber decrecer para ser más es uno de los grandes retos de la sociedad a nivel local y mundial. Aprender la sabiduría de vivir mejor con menos, y compartiendo lo que tenemos, es todo un reto cultural, político, económico, ecológico. Un reto espiritual en el fondo. Es también un reto mayor el ofrecer a los viejos los medios para vivir más plenamente decreciendo cada vez más. No solo de pan y de confort vivimos los viejos. 

  1. Tiempo de liberación 

En el hinduismo tradicional se enseña que la vida del ser humano comprende cuatro etapas, llamadas ashrama. Os las presento con cierta libertad: 

1) La primera etapa comprende los primeros 20 años: en ellos, el niño nace y crece, se hace joven, se desarrolla, adquiere capacidades; como joven aprendiz célibe (Brahmacharya) se prepara para el breve y complejo viaje de la vida. 

2) La segunda etapa va desde los 20 a los 40 años: el joven ya adulto forma pareja, cría una familia, o crea sociedad, trabaja y se afana, participa de lleno en la vida social, se ocupa, es protagonista, es un Grihastha que vive atareado en mil quehaceres y responsabilidades. 

3) A los 40 años – eso era en aquel tiempo…–, ya se encuentra libre de las cargas de la familia y de la sociedad, y puede pasar a la tercera etapa, hasta los 60: para ello se retira, se vuelve ermitaño (Vanaprastha), hace silencio, viaja al interior, a lo más profundo de sí y de todo, haciéndose uno con el Misterio y la Presencia y el Todo en cada parte, más allá de toda categoría de interioridad-exterioridad. 

4) Por fin, a partir de los 60, puede acceder a la libertad última de la que es capaz, se libera de sus aspiraciones, éxitos o fracasos, de la atadura de sí y de todas las demás ataduras, lo abandona todo –casa, familia, bienes– y se vuelve renunciante  (Sannyasi), caminante vagabundo, sin techo ni lugar propio; en cualquier recodo de camino, la muerte le saldrá al paso, pero le encontrará sin nada propio y uno con todo, de modo que nada podrá contra él, solo será su paso al ser pleno sin forma o a la Vida que ni nace ni muere. 

No es mi intención presentaros como modelo válido y aplicable hoy estas cuatro etapas que, por cierto, se referían originariamente a varones de la casta de los brahmanes, de modo que la mayoría de la población no tenía ni siquiera la oportunidad de recorrer las cuatro etapas y llegar a ser libres. ¿Qué joven puede hoy, a los 20 años, tener un empleo digno, una casa adecuada, lograr una autonomía económica, formar una pareja, crear una familia si así lo desean? ¿Qué adulto queda libre de sus cargas a los 40 años o  dedicarse a la contemplación a los 60? 

Es impensable aplicar el modelo ideal de la tradición hindú, y no sé ni si es deseable. Pero el reto está ahí, y los interrogantes sobre nuestra civilización también. El mundo ha cambiado mucho en estos dos mil años, y observad lo que ha cambiado solo en los últimos 200, desde el comienzo de la Revolución industrial hasta la era postindustrial en la que ya nos hallamos. Muchas cosas han cambiado para bien, pero no es nada seguro que el balance global del desarrollo esté resultando positivo para la vida común: jóvenes en masa entre 20 y 40 años, mejor preparados que nunca, se ven excluidos de la sociedad, sin un empleo digno ni una casa propia; los equilibrios del planeta, comunidad de vivientes, se desgarran. ¿Será que a más progreso hay más opresión? ¿A dónde se encamina nuestra especie Homo Sapiens, tan sorprendentemente capacitada y tan terriblemente contradictoria, pues lo que le capacita para hacer mayor bien que nunca eso mismo le sirve igualmente para provocar heridas y desgracias personales y planetarias? 

Necesitamos la sabiduría de Oriente y de Occidente. La sabiduría del auténtico progreso humano liberador. ¿De qué nos sirve un progreso sin liberación? 

La espiritualidad consiste en la liberación personal y política, y eso vale en todas las edades de la vida. Pero vuelvo a la sabiduría hindú tradicional, al fondo de su enseñanza más allá del detalle literal. Su intuición de fondo nos vale hoy como entonces: la vejez como tiempo de una difícil, pero necesaria y posible liberación radical. Esto es verdad ayer como hoy. 

Llega una edad –ojalá llegara para todas y para todos– en la que nos vemos libres de muchas cargas familiares y sociales, de la competitividad, de responsabilidades profesionales, de estresante protagonismo, de planes y proyectos de futuro. Claro que, una vez libres de esas cargas –eso en el mejor de los casos–, llegan otras: achaques de salud, pérdida de fuerzas, irrelevancia social, soledad, proximidad de la muerte… Es la hora de la gran liberación, la hora de ser libre de todo y de sí mismo, la hora de renunciar a proyectos, éxitos y ganancias, la hora de aprender a perder o, mejor, a ser más con menos, de ganar perdiendo. La enfermedad y la muerte son ataduras severas, radicales, que trae consigo la vejez, pero quien accede a la raíz de su ser se libera también de ellas, nada le puede atar porque nada tiene. 

Para eso es necesario un trabajo interior de toda la vida. La liberación no se improvisa en la vejez. Pero, llegados a la vejez, libres de muchas cargas, no estaría mal que nos dedicáramos un poco más a ese viaje interior que nos libere más profundamente. 

  1. Tiempo de desapego 

La liberación profunda exige desapego. Desapego es el término clave de todas las tradiciones sapienciales. Aprender a vivir es aprender a desapegarse de éxitos y fracasos, de lo logrado y malogrado, de proyectos y protagonismos, de lo ganado y de lo perdido. Del propio ego, en definitiva. 

El Bhagavad Gita (del s. III a.e.c.) es uno de los textos en que mejor se resume la sabiduría hindú, y el más popular y leído. La clave de la liberación, de la paz y de la felicidad, viene a decir, es el desapego. Leemos, por ejemplo, en el capítulo II: 

“Porque la acción, oh Dhananjaya, es muy inferior a la acción desinteresada; busca refugio en la actitud de desapego. Desgraciados son los que buscan el fruto en sus acciones (49).¡Oh Partha! Cuando un hombre pone a un lado todos los anhelos que surgen en la mente y se reconforta solamente en el Atman, entonces es llamado el hombre de sabiduría estable (55). El que no es perturbado por las penas y no anhela las alegrías, el que está libre del apego, miedo e ira, ese es llamado el asceta de sabiduría estable (56). El que no siente apego en ninguna parte, el que no se alegra ni se entristece ya le sobrevenga un bien o un mal, la sabiduría de ese hombre es estable (57)”. 

Y en el capítulo VI: “Para aquel que se ha conquistado a sí mismo y que permanece en perfecta calma, su ser está tranquilo en el frío y en el calor, en el placer y en el dolor, en el honor y en el deshonor (7). El Yogui que está satisfecho con la sabiduría y el conocimiento, firme como una roca, dueño de sus sentidos y para quien un puñado de tierra, una piedra o el oro son lo mismo, él está en posesión del Yoga (8). Es superior el que considera igual al bienhechor, al amigo y al enemigo, al desconocido, al indiferente y al aliado, como también al santo y al pecador (9). Tal como la llama de una lámpara no vacila en un lugar sin viento, así el Yogui con su pensamiento controlado busca la unión con el Atman (19). Tal estado debe ser conocido como el Yoga, la desconexión de toda unión con el dolor. Uno debe practicar este Yoga con resolución firme y fervor inagotable (23)”. 

Quien se hace uno con su verdadero “sí mismo”, su propio ser profundo (eso significa “Yoga” o unión), se desapega o libera de su ego inquieto e infeliz, el ego engañoso con sus éxitos y fracasos, ambiciones y sus miedos, sus filias y fobias. Y quien, desapegándose de todo cuanto no es en verdad, se centra y unifica en su verdadero ser profundo, se realiza plenamente, es feliz. Jesús de Nazaret dijo lo mismo con otra imagen: “Quien quiera salvar su vida la perderá, quien pierda su vida la conservará” (Mt 16,25). Quien se aferra a su ego pierde su ser o su vida. Quien se desapega de su ego gana su ser o su vida. Para aprender a vivir hay que aprender a morir. 

Se dice fácil, me diréis, también lo digo yo. “Ser feliz es muy sencillo, lo difícil es ser sencillo”. Pero no es cuestión de voluntad férrea o de puños. Es cuestión de relajar nuestro afán, dejar que fluya nuestro ser, dejar que todo venga y se vaya, sin rechazarlo ni retenerlo, dejar también que a menudo nos visite el sufrimiento, solo el sufrimiento inevitable, sin someternos ni rebelarnos. La vejez es quizá la edad propicia para el desapego radical y, por lo tanto, para la plena realización de nuestro ser. Es la edad en la que, como el barco que deja el puerto, podemos levar el ancla y partir a alta mar, pues el Océano es nuestro puerto. 

  1. Tiempo de silencio 

Vivimos en la vorágine del ruido. La palabra, las imágenes, los reclamos, los mensajes, la información nos inundan como nunca en la historia de la humanidad. Sabemos más que nunca, pero somos incapaces de discernir y procesar lo que vemos y oímos. Todo cambia sin cesar, sin darnos tiempo ni a mirar o a pensar. Vivimos aturdidos. La aceleración creciente, el primado de la producción, la competitividad de todos contra todos, el torbellino universal –cuya imagen más plástica pueden ser las redes sociales, el tráfico y la bolsa– asfixian la vida de la humanidad y de la naturaleza entera. El ruido interior y exterior nos ahogan. 

La espiritualidad es silencio: no solo ni en primer lugar el silencio físico, sino más aun el silenciamiento del ruido emocional y mental. Y más todavía el silencio profundo del ser, que no es aislamiento, sino muy al contrario, comunión honda con nuestro ser profundo, que es también el ser profundo de todos los seres. En el silencio del ser nos comunicamos a fondo, pues ahí se nos revela la llamada del prójimo con su fragilidad y su belleza. En el silencio, todos los seres se vuelven prójimos. 

Me invito y os invito a sumergirnos en el silencio. La vejez es un tiempo privilegiado para practicar el silencio profundo del ser, a pesar de la vorágine que también nos atrapa. Podemos tomarnos un tiempo para parar y callar. Para escuchar la música silenciosa que emana de todo, en la soledad de la habitación, en los ruidos de la calle o en medio del campo. Podemos tomarnos un tiempo para deshacernos de nuestras prisas, para contemplar con calma, para mirar y querer simplemente, tal vez en silencio, a la gente que pasa, o para meditar o practicar la atención silenciosa, o para conversar tranquilamente, o para escuchar música, o para disfrutar de una fruta o de una galleta o de un café, o para informarnos reposadamente sobre lo que pasa en el mundo con sus mentiras y verdades. 

Eso es espiritualidad. No es cosa de creencias, templos y rezos, sino de adentrarnos a través de los sentidos más allá de los sentidos, en ese silencio originario, primordial y sereno que sustenta todo cuanto es. Y aquella persona a la que un sencillo rezo o el silencio de un templo le ayuden, hará muy bien en servirse de ello. Pero otras prácticas podrán ayudar igualmente a otras personas a sumergirse en el mismo silencio hondo del Ser desnudo o en la misma comunión universal liberadora. 

  1. Tiempo de respiro y de aliento 

En esto se resume todo lo dicho. La vejez es, debería ser y podría ser un tiempo de respiro. Un tiempo de calma, de profunda tranquilidad, de paz. Un tiempo de respiro y aliento. ¿Pero, cuanto más viejos somos, no estamos acaso más cerca de perder el aliento vital, dejando de respirar definitivamente? Yo diría más bien que estamos más cerca de que nuestra respiración se haga una con la respiración universal eterna, más cerca de que nuestro aliento vital se funda con el Aliento Vital en maýuscula que no tiene comienzo ni fin. Miro el cosmos infinito y eterno sostenido por esa misteriosa, profunda y universal energía, respiración, aliento vital. De eso nacimos y en ello nos refundimos como la gota de agua en el mar. 

Y notad que Espiritualidad (derivada de espíritu) y respiro (como inspirar y espirar) tienen una misma raíz: sp, la misma raíz de la que se deriva también espacio. Dicen los lingüistas que la raíz indoeuropea sp significa justamente amplitud, anchura, espaciosidad. 

Pues bien, eso es en el fondo la espiritualidad: espíritu o energía vital, ancho espacio vital. O respiro (inspirar y espirar, recibir y dar aliento vital). Todos necesitamos respirar, hoy más que nunca. Las religiones (con sus credos, códigos y cultos), no son imprescindibles, pero la respiración sí. Cuando la vida se convierte en pura competencia con nosotros mismos y con los demás, cuando vivimos jadeantes y agitados en una loca carrera, cuando han caído los sólidos marcos religiosos y culturales de antaño y perdido las certidumbres confortables, se hace más patente la necesidad de respirar. Necesitamos espiritualidad, con religión o sin religión, pero más allá de la religión. 

Todos necesitamos respiro, aliento vital. Y en la medida en que, con los años, la respiración se va haciendo más corta y estrecha, y nos vamos encontrando con nuestros últimos límites, los viejos más que nadie necesitamos respiro. El respiro profundo o la paz profunda de nuestro ser. 

La vejez es un tiempo propicio para vivir en paz: con nuestro pasado, con nuestros fracasos, con las heridas que hemos sufrido y provocado. En paz con nuestro entorno familiar, en el que más abundantes suelen ser los conflictos enquistados, pequeños o grandes rencores, resentimientos no curados que necesitamos curar para vivir en paz. En paz con el mundo de hoy, a pesar de sus dramas y amenazas. En paz con la naturaleza, de la que nos comportamos como enemigos. 

El Dao De Jing, texto referencial de la sabiduría taoísta, atribuido al legendario Laozi, enseña desde hace más de 2000 años: 

La persona buena no gusta de discutir, 
quien gusta de discutir no es persona buena. 

El sabio no es erudito, 
el erudito no es sabio. 

El sabio no atesora: cuanto más hace por los demás, 
tanto más posee; 
cuanto más da, tanto más pleno es. 

He ahí el Camino del Cielo: 
hacer bien y no hacer daño. 
He ahí el Camino del Sabio: 
hacer lo que ha de hacer y no competir (cap. 81, fin del libro

Necesitamos un cambio de modelo de Residencias de Mayores

Convivir en Horcajo de Santiago - Cuenca
Convivir en Horcajo de Santiago – Cuenca

Las residencias de mayores: recuperar y dignificar un servicio público de cuidados esencial

 

La salud, el bienestar y el cuidado de las personas mayores no pueden, ni deben ser un negocio en manos extranjeras y de multimillonarios al servicio del beneficio económico y el lucro. España es la cuarta economía de la zona euro y tiene que ser capaz de garantizar a los mayores el cuidado que se merecen.

En la actualidad, existe un consenso social sobre la necesidad de reconstrucción del modelo residencial que asegure un sistema de cuidados público y de calidad, que dignifique las condiciones de trabajo de las trabajadoras y los trabajadores, que revierta los recortes en dependencia y la privatización de centros.

https://www.convivir.coop

 

El confinamiento de un cura en la España olvidada

«Estoy viviendo en una residencia de mayores, que ahora desgraciadamente son noticia por la cantidad de infectados y muertos del coronavirus en varias residencias de mayores de Madrid, Tomelloso y otras partes de España»

«Estamos siguiendo el ejemplo de San Pablo que intentaba comunicar a todos el Evangelio de Jesús, enviando cartas a las comunidades»

Artículo enviado a Religión Digital el 23.03.2020 | Daniel Sánchez Barbero

Estoy en tres espacios olvidados de esta España rural en Castilla La Mancha. Estoy viviendo en una residencia de mayores, que ahora desgraciadamente son noticia por la cantidad de infectados y muertos del coronavirus en varias residencias de mayores de Madrid, Tomelloso y otras partes de España.

También atiendo pastoralmente, con otro cura mayor que yo, tres pueblos. Uno grande y dos pequeños de la diócesis de Cuenca donde abundan las personas mayores y a veces muy solas. Y con la particularidad en esta zona olvidada que nos están metiendo a la fuerza muchas granjas porcinas de ganadería intensiva, que están contaminando el medio ambiente y los mantos acuíferos de la zona con los purines de los cerdos. En el Blog tengo más de treinta páginas informando y denunciando esta situación de extrema contaminación, que si no logramos cortar a tiempo, van a dejar toda la zona contaminada y totalmente vaciada .

El otro espacio olvidado en que me muevo es la cárcel de Estremera, una de las más grandes de España, donde hay más de mil internos. Está en el límite de la comunidad de Madrid y cerca de donde estoy en Castilla La Mancha. Este espacio es el que más me preocupa estos días de aislamiento y encerramiento, pues ellos lo sufren doblemente. Suelo ir los jueves por la mañana desde hace un año y tenemos una lectura popular y comunitaria de la Biblia antes de la celebración de la Eucaristía con un pequeño grupo que últimamente ha crecido mucho de dos módulos de hombres y uno de mujeres.

«En la zona nos están metiendo a la fuerza muchas granjas porcinas de ganadería intensiva, que están contaminando el medio ambiente y los mantos acuíferos»

La celebración es para todos una verdadera gozada, pues al ser muy participada y personas que tienen una gran experiencia de sufrimiento y vulnerabilidad, manifiestan con mucha confianza sus tristezas y sus alegrías y nos hacen vivir a todos unos momentos inolvidables. Yo suelo poner a estos internos de ejemplo de vida cristiana cuando estoy en los grupos y celebraciones de los pueblos que atiendo.

Vivo con mi hermana en este Centro Residencial para personas mayores, el único de estas características en Castilla La Mancha, y uno de los pocos que hay en España. Se llama CONVIVIR y es una cooperativa de autogestión, que aunque somos unos 60 socios propietarios de los apartamentos, últimamente se han aceptado bastantes mayores que alquilan los apartamentos. En el Blog hay una página “Cohousing”, para los que quieran conocer más.

Desde la promulgación del estado de alerta, el Consejo Rector del Centro ha tomado medidas muy estrictas de aislamiento, higiene, distancias, etc. Esto nos obliga a no salir para nada del recinto y guardar todas las normas y recomendaciones que hay para las residencias en CLM. De hecho ayer no pude ir al cementerio a enterrar a una señora de 93 años, madre de un amigo de la Fuente, que le había prometido asistir. Menos mal que pudo ir el otro cura y yo le prometí al hijo celebrar el funeral de su madre cuando termine esta situación especial que estamos viviendo. Ayer mismo la Guardia Civil trajo a la residencia a una señora que había salido al pueblo, porque está prohibido salir a la calle sin permiso o causa justificada.

«Se llama CONVIVIR y es una cooperativa de autogestión, que aunque somos unos 60 socios propietarios de los apartamentos, últimamente se han aceptado bastantes mayores que alquilan los apartamentos»

En el Centro se han cancelado todas las reuniones, talleres, juegos, etc y la gente se mantiene aislada y resignada, viviendo con tensión y zozobra, oyendo continuamente por TV las noticias de los infectados por la epidemia y los muertos que hay en las distintas residencias de mayores.

En el comedor que es un local grande y solo estamos la mitad de los residentes, pues los demás comen en su apartamento, uno nos enseña a hacer ejercicios de gimnasia, estiramientos y pilates para que después los puedan hacer en su apartamento. Yo les informo de los ejercicios espirituales que pueden hacer, bien desde la comunicación diaria que pongo en el Blog o bien en las copias que reparto a los que no utilizan internet.

Para los grupos de catequistas y de formación que se han creado este curso en la Parroquia les informo por mensaje para que utilicen el Blog e igualmente hago copias en la parroquia para los que no utilizan internet. Este año de parte de la Diócesis de Cuenca se ha comenzado un grupo de formación interparroquial para trabajar la Exhortación Evangelii Gaudium con algún texto bíblico, que nos sirve para conocer el documento del Papa Francisco y con preguntas de la Comisión diocesana que nos ayudan a analizar la situación social, cultural, religiosa y pastoral que tenemos. Esto nos servirá para ir preparando el Plan Pastoral de la Diócesis y de la Unidad Pastoral que estamos formando con este grupo de agentes pastorales de las tres parroquias. Casi todos utilizan los móviles y varios el internet, así que también me comunico con ellos por el Blog. Las catequistas son mujeres y en el grupo la mayoría también y se manejan muy bien en las redes.

Como se ve, este Blog que comenzó siendo una pequeña herramienta de comunicación y de evangelización, ahora es la que más me sirve para anunciar el Evangelio por esta situación de aislamiento y encerramiento que estamos pasando.

Lo que más me preocupa ahora es el grupo de Capellanía en Estremera, porque al no tener teléfono ni poder utilizar internet no puedo comunicarme con ellos por el Blog. Pero he pensado que intentaré enviarles una carta semanal para animarles y ayudarles a leer la Biblia y hacer oración, para mantenerles en esa fe y fidelidad que me han demostrado, preocupándose de los más necesitados en esa situación tan difícil que están viviendo como internos doblemente aislados. También para que me cuenten cómo lo están pasando y puedan hacerme algunas preguntas que yo contestaría a vuelta de correo.

Estamos siguiendo el ejemplo de San Pablo que intentaba comunicar a todos el Evangelio de Jesús, enviando cartas a las comunidades, para alimentarlas y fortalecerlas en la fe y animándolas a vivir el seguimiento de Jesús. Ahora nosotros tenemos más posibilidades al poder utilizar las redes sociales para trasmitir el Evangelio. Eso es lo que veo que se está haciendo muy bien en Religión Digital, de la que yo utilizo muchos artículos que pueden interesar a la gente porque son realmente una Buena Noticia para los pobres.

 

PLAN PASTORAL-DIOCESIS DE CUENCA 2019-2022

Elaboración del Plan Pastoral 2019-2022                                                          de la Diócesis de Cuenca

En el mes de octubre iniciamos un trabajo que durará dos años.  Lo haremos a la luz de la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium” y lo coordinará la Comisión diocesana del Plan Pastoral de la Diócesis. Será un ejercicio de discernimiento en cada parroquia o unidad pastoral para que todo el Pueblo de Dios, presbíteros y laicos, consigamos la renovación pastoral que necesitamos en la Dióceis.

METAS para la 1ª etapa (Curso 2019-2020):

1ª Organizar un grupo «ad hoc» en CONVIVIR y otro en FUENTE DE P. NAHARRO con 15 sesiones quincenales y con los materiales que proporciona la Comisión diocesana:

-GRUPO “CONVIVIR”: -inicia el 7-O a las 5:30 p.m.

-GRUPO “FUENTE”     : –  “       11-O  “      8:00 p.m.

2ª Tener 3 Encuentros de Vicaría en Uclés con los presbíteros y representantes de     los grupos los días 14-D; 14 Mzo y 20-Jn

3ª Tener una Asamblea Diocesana de todos los participantes con el Obispo el día 24 de mayo

INVITACION: para la Sesión previa el día 7-O el Grupo “CONVIVIR”

Y el día 11-O el Grupo “FUENTE”

AGENDA:

-Presentación del Plan de trabajo y la metodología a seguir

-Entrega de los materiales para la 1ª Sesión