Corpus e identidad cristiana

Haced esto en memoria mía (Lc 22,19; 1 Cor 15, 25).

Nuestro profesor del Bíblico (Roma), en los años 60 del siglo pasado, acabado el Vaticano II, nos decía que ha de hacerlo cada iglesia o comunidad cristiana.  Con el recuerdo de aquellas lecciones, culminando las postales anteriores de RD sobre  Corpus e identidad cristiana, quiero hoy comentar esas palabras , partiendo de las páginas finales de mi libro Fiesta del Pan, fiesta del vino. Mesa común y eucaristía (Verbo Divino, Estella 2002).

Por | X Pikaza Ibarrondo

Eucaristía, leche de Dios. Acción de Gracias

  Como niño que vive de la madre, así se siente y sabe el ser humano; no está arrojado sobre el mundo, perdido y expulsado sobre un páramo infinito, sino que se descubre acariciado y bien fundado en el ser de lo divino. Dios es Fuente de Vida, como cuerpo bello y fecundo de madre (más que padre), centrado en unos pechos, como sabe y dice Teresa de Jesús:

Porque de aquellos Pechos Divinos, adonde parece está Dios siempre sustentando el alma, salen unos rayos de leche que toda la gente del castillo conforta, que parece que quiere el Señor que gocen de alguna manera de lo mucho que goza el alma, y de aquel río caudaloso, adonde se consumió esta fontecita pequeña, salga algún golpe de aquel agua para sustentar a los que en lo corporal han de servir a estos dos desposados (Moradas 7, 2, 7).

Éste es el dios primero, Gran Madre, que puede llamar y decir a sus hijos los hombres y mujeres: ¡Tomad y bebed, éste es mi pecho!, mi carne mi sangre (=mi leche), Vida de vuestra vida, Sustento de vuestro sustento. Por eso, la primera forma de agradecer la existencia es acogerla (=recibir la leche de los pechos divinos) y vivir así para crecer. Esta es la más honda eucaristía: dejarse querer por Dios, agradecer la vida, asumiéndola de forma apasionada, pudiéndolo decir y diciéndolo: ¡Gracias, Padre/Madre por la vida!

Recibir la vida de Dios, reconocer su gracia y responder en fiesta compartida: eso es la eucaristía. Así lo ha expresado Jesús, el Enviado de esa como “diosa madre” de la vida, que ha querido ofrecernos su más rica intimidad: ¡Tomad, esto es mi cuerpo! ¡Bebed, esta es mi sangre! Quizá pudiéramos llamarle Maternidad encarnada, como ha sabido y dicho Teresa de Jesús

Experiencia de amor, dar gracia a Dios

Esta es una experiencia de amor: quien se siente implantado en la vida y agradece ese Don sabe que hay lo divino. Quien se siente alimentado por los pechos de la vida, sabemos que hay Dios y ppodemos invocarle como Madre, Fuented agua y leche de la vida,  Natura Naturans o Naturaleza Generante de la que proviene y donde se sustenta lo que existe. Éste es el Dios de la Jerusalén cristiana, el Dios de Isaías y los profetas.

Alegraos con Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis;

Alegraos de su alegría, con ella, todos los que por llevasteis duelo;

mamaréis de sus pechos, os saciaréis de sus consolaciones,

chuparéis las delicias de su senos abundantes.

 Pues así dice Yahvé:  Yo haré expandirse hacia ella paz como un río,

como torrente desbordado la delicia de las naciones

Llevarán en brazos a sus criatura, sobre las rodillas las acariciarán.  Como un niño a quien consuela su madre, así os consolaré yo;

en Jerusalén seréis consolados (Is 66, 10-13). 

En este contexto, eucaristía significa acción de gracias y esto es lo que proclama el celebrante principal en el momento más solemne del prefacio: situado ante el misterio de Dios, que aparece de forma generosa en los dones del pan y del vino, en nombre de todos, eleva la voz presentando ante Dios una fuerte acción de gracias: te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos… El hombre es plenamente humano donde da gracias a Dios, donde es eucaristía.

  Memoria de Jesús, cuerpo compartido.

La  Eucaristía es  un pacto de unión corporal (de carne y sangre) como Teresa de Jesús sigue diciendo en las Moradas:

Pues vengamos ahora a tratar del divino y espiritual matrimonio… A esta persona de quien hablamos (=Teresa de Jesús) se le representó el Señor, acabando de comulgar, con forma de gran resplandor y hermosura y majestad, y le dijo que   era ya tiempo de que sus cosas (de Jesús) tomase ella por suyas y Él tenía cuidado de las suyas (de Teresa) (Moradas 7, 2, 1).

 Esta experiencia se expresa en forma de comunión de carne y sangre (¡mi carne es comida, mi sangre es bebida¡Bebed es mi sangre!)(¡Yo seré vuestro Dios, vosotros seréis mi Pueblo!). Éste es el Jesús que da su cuerpo a Teresa, es decir, se ocupa de sus cosas. Ésta es la Teresa que da su cuerpo a Jesús, es decir, se ocupa de sus cosas. Ésta es la comunión de Dios en nosotros, de nosotros en Dios un desposorio de comunicación libertad y entrega mutua, abierta a todos los hombres y mujeres, pues todos han de ser y son Cuerpo del Cristo.

  Sólo aquí recibe su sentido la eucaristía, que, siendo compromiso de vida entre Jesús y los hombres, es compromiso de amor y de vida  de todos los hombres y mujeres que aceptan el camino de Jesús  y responden a la voz de su llamada, de manera que cada uno empieza a ser y vivir desde, para y con el otro. 

Si Cristo dice “esta es mi carne, ésta es  mi sangre”, así lo han de decir, unos a otros, todos los cristianos (¡Esto es mi cuerpo, ésta es mi sangre!), al comunicarse y darse entre sí, al compartir la vida con los necesitados del entorno (del mundo entero), en gesto de liberación y comunión. 

 Sólo unos hombres y mujeres que viven en-amorados pueden ofrecerse así la vidadiciendo ¡comed, bebed, esto es mi cuerpo. Entendida así, la eucaristía es una experiencia de la comunicación personal, en carne y sangre, pues (como he dicho) lo que dice el Cristo pueden  y deben decirlo con él  y en él todos los cristianos, en comunión interior (diálogo de amor ) y en servicio de vida: Comida compartida, economía. No sólo el presidente de la celebración, sino todos  los participantes se dicen por tanto, entre sí: tomad, esto es mi cuerpo, bebed ésta es mi sangre.

Dl Dios de Cristo no se revela en palabras separadas de la vida, sino en la comunión concreta y en la vida de amor de los hombres y mujeres.

 La Eucaristía es un misterio de intimidad (Jesús es Dios enamorado) y de solidaridad liberadora: el Dios de Jesús, Dios eucarístico, nos capacita para vincularnos como cuerpo, en amor enamorado y en servicio mutuo, en torno a (a través del) pan y el vino, de la carne y sangre de la vida.

Éste es el Dios de Jesucristo, es la Fiesta de la Eucaristía. Aquellos que reciben la vida (cuerpo y sangre) de Jesús y la comparten con los demás (en corro de amor íntimo y en irradiación de amor liberador hacia los más necesitados): ésos son los cristianos, son eucaristía. Éste es el Dios que hace a los hombres y mujeres capaces abrir entre ellos caminos y espacios de solidaridad intensa(cf. 1 Cor 3, 2), en gesto intenso de comunicación amistosa liberadora y sabrosa 

Por eso, las palabra central “esta es mi carne”, “ésta es mi sangre” no es exclusivas de un sacerdote que planea sobre la comunidad, sino de todos y cada uno de los presentes,  hombres y mujeres, que con-celebran la eucaristía. Cuando un niño puede entender y decir esas palabras empieza a ser ministro eucarístico, sacerdote de la nueva alianza en la Iglesia… Esas palabras son de Jesús, el Cristo, haciéndose palabras de cada uno de los celebrantes, es decir, de todos los cristianos. 

Por eso, una eucaristía escuchada de lejos (como por televisión) no sería eucaristía (para aquel que así la mira). Una eucaristía de celebrante aislado tampoco es cristiana. Sólo hay celebración de Jesús allí donde un grupo de cristianos celebran su vida (la propia del grupo, la misma de Jesús) y se regalan mutuamente vida humana (que es ya divina), en el gesto del pan/vino, en la palabra compartida, en la mirada de amor.

Por eso, palabra de Jesús (¡esto es mi cuerpo, ésta es mi sangre!) no es una palabra separada de la vida, sino que ha de ser la “vida misma” que dicen y comparten todos los fieles, sacerdotes del gran “sacrificio” de Dios, que es la misma comunión de amor de los hombres y mujeres en la tierra.

Esa experiencia y palabra de amor eucarístico es la esencia del camino cristiano, de tal manera que sólo quien se atreve a recorrerlo (con el riesgo de perderse o poder equivocarse) vive plenamente en Jesús (viviendo por él en los demás, especialmente en los expulsados y perdidos de la tierra). Éste es el recuerdo de Jesús, esta es su anámnesis

 Recordar a  Jesús. Eucaristía como anamnesis

La Eucaristía es recuerdo y presencia de Jesús, Hijo de Dios, Hombre en plenitudrealizado (Hijo del humano). Por eso, al celebrarla retornamos a las raíces mesiánicas, aprendemos el oficio gozoso de ser hombre y /o mujer, en el rito liberador y enamorado de darnos mutuamente vida.  Este es el único oficio, la tarea gozosa y salvadora de la historia: aprender a ser (hacerse) humanos en plenitud, con el mismo Dios que en Jesús ha querido en compañero nuestro, entregando su cuerpo y sangre por/con el intento. Recordar significa repetir y actualizar, no de una forma literal o esclavista, como si nada hubiera pasado desde entonces, sino en libertad creadora. La iglesia no puede limitarse a copiar lo que hizo Jesús, sino que ha de hacerse ella misma Jesús (=comunidad mesiánica), actualizando en la historia actual la fiesta mesiánica del pan compartido y la sangre entregada, en camino de resurrección.

Epíclesis, Invocación del Espíritu Santo. 

   Por dos veces, en el centro de la gran Oración Eucarística del rito oriental y latino (en general), los fieles invocan al Espíritu Santo: para que actúe sobre los dones ofrecidos (pan y vino) y sobres los celebrantes, convirtiéndolos en carne/sangre de Cristo; para que venga sobre los fieles, de forma que ellos mismos sean (seamos) en plenitud Cuerpo mesiánico podamos vivir en comunión, dando la sangre (vida) unos por otros.

 La Eucaristía es presencia creadora del Espíritu de Dios en Cristo, poder de amor que nos permite darnos vida unos a otros, diciéndonos así, con Jesús, como Jesús: Aquí estoy para ti, esto es mi cuerpo… Aquí esto contigo, ésta es mi sangre…. Aquí somos, en esta comida concreta, presencia de Dios.

Eucaristía y Trinidad

 Las reflexiones y experiencias anteriores han querido mostrar que el verdadero Dios aparece y actúa como Madre fundante y Amigo/Esposo universal, en Cristo.   No está fuera, en los bordes de la vida, ni se esconde en aquellos agujeros negros que aún no hemos logrado explicar con nuestra ciencia. Al contrario, este Dios vive y actúa en el centro de la vida: en su origen materno (Padre), en su camino de amor (Hijo), en su proyecto de familia (Espíritu Santo).

En este contexto se sitúa uno de los iconos teológicos más conocidos: la Trinidad de Rublev, con laescena de los “Convidados de Mambré” (Gen 18, 1-15), que es  la Encina Eucarística de Abraham. Tres seres divinos caminan por la tierra como peregrinos; Abraham les invita a comer y ellos se sientan, compartiendo vida y alimento. Así los ha visto el pintor, así los ha venerado la iglesia: sentados a la mesa, en torno a un plato de Cordero (signo de la entrega amorosa de Jesús), que puede estar simbolizado también por el pan y vino compartido.

Son tres, ángeles del cielo, peregrinos en la tierra, revestidos de cielo (cada uno con su color celeste) y sentados a la mesa, dialogando en gesto de felicidad completa. Ellos representan la belleza de Dios, la gloria que esperamos y se expresa ya (anticipada y fuerte) en la mesa compartida de Jesús. La familia humana, reunida en comunicación vital y personal, palabra y comida: este es el supremo signo trinitario, esta es la iglesia.

Por eso, la Trinidad cristiana es misterio del gozo y gloria que mana del ser fundante (Madre/Padre) y se expresa en la vida compartida (unión de Padre/Madre con el Hijo) y en unión de los cristianos, que se dan la vida, diciéndose los unos a los otros: ¡Esto es mi cuerpo, Ésta es mi sangre!), superando así todo egoísmo y toda muerte. Ésta es la experiencia suprema del Espíritu

No hay supremacía ni inferioridad: Dios no quiere ni puede humillarnos, poniéndose encima, como Alguien que por pura condescendencia nos visita y saluda a la caída de la tarde, sino que viene a quedarse y ser Dios en (por) nosotros,, de manera que en él somos (nos hacemos) plenamente hermanos y amigos, en fiesta de amor y resurrección. Por eso, el signo trinitario final no son el padre o la madre en cuanto tales, sino la familia entera, reunida en torno a la mesa, la comida fraterna, pan y vino, carne y sangre de hermanos, amor de enamorados.

Diez proposiciones  finales

La eucaristía constituye el centro de la experiencia cristiana. Pero, en sí misma, no es una experiencia solamente cristiana, sino que se encuentra vinculada a la experiencia universal de comer y comer juntos, dándose la vida unos a otros y comprometiéndose a compartirla. En ese sentido, lo que está en el fondo de la eucaristía es el sacramento de la comunicación universal. Por eso es importante vincular la eucaristía cristiana con otras experiencias religiosas y sociales de amor y vida compartida.

Históricamente, Jesús ha podido decir en la última cena las palabras centrales de la eucaristía, en la forma en que las ha conservado la tradición de la iglesia: Esto es mi Cuerpo… Ésta es carne, ésta es mi sangre (la nueva alianza en mi sangre).  Pero el dato histórico externo puede ser discutido, pues los estudiosos no están de acuerdo sobre la forma concfera de la última cena. Pero estoy convencido de que las palabras centrales de la eucaristía condensan de forma admirable lo que ha sido la vida de Jesús, expresada como anuncio de Reino, amor que cura y pan compartido, vino de Reino. Sin la referencia al Jesús histórico, la eucaristía cristiana pierde su sentido.

Tal como han sido recogidas, transmitidas y celebradas por la Iglesia, esas palabras eucarísticas han sido y siguen siendo pronunciadas por el Cristo Pascual. Ellas definen y actualizan su presencia: son la herencia y palabra que él nos ha dejado a sus discípulos, a todos los cristianos: Decid y Haced esto en memoria de mí. Pero esas palabras sólo son del Cristo en la medida en que las dicen con su propio “yo” los mismos cristianos, el conjunto de la iglesia. Ellas son el “dogma” central, la vida de la Iglesia. En esa línea, podemos y debemos decir que sólo son cristianos conscientes y maduros, en sentido activo, los que pueden ofrecer a los demás su cuerpo y su vida (como Cristo, con Cristo, en Cristo) diciendo: ¡tomad, esto es mi cuerpo…!

El Cuerpo de Cristo es ante todo la Iglesia, la comunidad de los creyentes reunidos, que recuerdan a Jesús y se comprometen a seguir realizado su obra, en comunicación de palabra, de amor, de vida (economía). Ellos, los cristianos reunidos en gesto de comunión y de misión evangelizadora, son (somos) la “res”, la realidad del Sacramento. No son los hombres y mujeres para el pan; es el pan para los hombres y mujeres. Por eso, el pan y vino son signo-sacramento real de la presencia de Cristo y de la comunicación entre los cristianos.

Esa presencia es “real”, siendo sacramental, una “presencia corporalizaea”. No es puro intercamgio de ideas o afectos intimistas… sino encuentro total de amor en unos signos económicos/alimenticios, que expresan el compromiso de dar y recibir, de compartir la vida. La realidad de la eucaristía es, por tanto, la comunión/comunicación de vida de todos los cristianos. La eucaristía no es algo que unos (los sacerdotes) hacen en nombre de todos, sino un gesto/don de amor que hacen y son todos los cristianos.

Referencia histórica. A lo largo de los siglos, las Iglesias han organizado la eucaristía de Jesús conforme a los modelos sociales y sacrales de cada tiempo. Lo han hecho bien, han conservado la eucaristía. Lo han hecho bien: han precisado el sentido “dogmático” de la celebración y de la vida cristiana, dentro de su contexto cultural, tanto en los diversos documentos de la Edad Media latina como en el Concilio de Trento. Esa historia sigue siendo normativa para los cristianos, pero no para encerrarse en ella, sino para seguir caminando desde ella.

La celebración solemne de la eucaristía, seguirá estando presidida por un ministro de la Iglesia, que en el momento actual, en la iglesia católica, es un obispo o presbítero varón. Ese tipo de celebración seguirá siendo oficial para la Iglesia oficial, mientras ella misma no cambia sus normas. En esa línea, es importante recordar y actualizar el pasado, un pasado definido por la organización y celebración jerárquica patriarcal de una eucaristía donde los celebrantes principales sólo han sido varones consagrados de un tipo especial. Esa historia ha sido positiva, pero es necesario completarla y actualizarla, desde el evangelio, desde la experiencia actual de la vida y desde el encuentro con las restantes religiones y culturas sociales. Pero lo que importa es la palabra-experiencia de Jesús y de la Iglesia, donde hombres y mujeres comparten el cuerpo y la sangre: la vida… Esa no es una experiencia de algunos cristianos especiales, sino de todos… Esa tiene que ser una experiencia integradora, en tres niveles.

Nivel particular. Cada comunidad cristiana puede y debe organizar su eucaristía, sabiendo que todos los cristianos son ministros de ella, por el hecho de estar bautizados (ser cristianos). Todos los cristianos, varones y mujeres, pueden y deben decirse “esto es mi cuerpo… tomad…”; todos son sacerdotes por don de Cristo.

Nivel de catolicidad. Las eucaristía cristianas han de estar vinculadas, formando un “cuerpo universal”, católico, mesiánico, de humanidad. En ese sentido, las eucaristías de las diversas iglesias  han de estar conectadas entre sí. La función del Papa y de las “autoridades” centrales de la iglesia no está en imponer un tipo de eucaristía, sino en mostrar y potenciar la unidad de todas las eucaristías.

La eucaristía es, finalmente, signo de apertura misionera: la Iglesia (el conjunto de iglesias) tienen que ofrecer al mundo la experiencia y realidad mesiánica del amor y del pan compartido; la misma eucaristía se expresa y traduce en forma de misión, tal como lo han puesto de relieve los textos evangélicos de las multiplicaciones de los panes y los peces.

Bibliografía.    

Aldazábal, J. (1988), La Eucaristía, en D. Borobio (ed.), La celebración en la Iglesia II, Sígueme, Salamanca

Basurko, X. (1997), Para comprender la Eucaristía, Editorial Verbo Divino, Estella

Espinel, J. L. (1980), La Eucaristía del Nuevo Testamento, San Esteban, Salamanca

Gesteira, M. (1983), La Eucaristía, misterio de comunión, Cristiandad, Madrid (=Sígueme, Salamanca 1995)

Journet, Ch. (1962), La misa, presencia del sacrificio de Cristo, Desclée de B., Bilbao

Jungmann, J. A. (1953), El sacrificio de la misa. Tratado histórico-litúrgico, BAC, Madrid

León. Dufour, X. (1983), La fracción del pan. Culto y existencia en el Nuevo Testamento, Cristiandad, Madrid

Maldonado L. (1967), La plegaria eucarística, BAC, Madrid  

Martín Pindado, V. y Sánchez Caro, J. M. (1969), La Gran Oración Eucarística, Muralla, Madrid

Pikaza, X. (1989),  (22002),Fiesta del pan, fiesta del vino. Mesa común y eucaristía, Verbo Divino, Estella  

Dgo del Corpus Cristi

Mientras comían, Jesús tomó un pan, lo partió y se lo dio

Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre

Marcos 14,12-16.22-26

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?» Él envió a dos discípulos, diciéndoles: «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?» Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.» Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo.» Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.» Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos

Comentario

HACER MEMORIA DE JESÚS

Jesús crea un clima especial en la cena de despedida que comparte con los suyos la víspera de su ejecución. Sabe que es la última. Ya no volverá a sentarse a la mesa con ellos hasta la fiesta final junto al Padre. Quiere dejar bien grabado en su recuerdo lo que ha sido siempre su vida: pasión por Dios y entrega total a todos.

Esa noche lo vive todo con tal intensidad que, al repartirles el pan y distribuirles el vino, les viene a decir estas palabras memorables: «Así soy yo. Os doy mi vida entera. Mirad: este pan es mi cuerpo roto por vosotros; este vino es mi sangre derramada por todos. No me olvidéis nunca. Haced esto en memoria mía. Recordadme así: totalmente entregado a vosotros. Esto alimentará vuestras vidas».

Para Jesús es el momento de la verdad. En esa cena se reafirma en su decisión de ir hasta el final en su fidelidad al proyecto de Dios. Seguirá siempre del lado de los débiles, morirá enfrentándose a quienes desean otra religión y otro Dios olvidado del sufrimiento de la gente. Dará su vida sin pensar en sí mismo. Confía en el Padre. Lo dejará todo en sus manos.

Celebrar la eucaristía es hacer memoria de este Jesús, grabando dentro de nosotros cómo vivió él hasta el final. Reafirmarnos en nuestra opción por vivir siguiendo sus pasos. Tomar en nuestras manos nuestra vida para intentar vivirla hasta las últimas consecuencias.

Celebrar la eucaristía es, sobre todo, decir como él: «Esta vida mía no la quiero guardar exclusivamente para mí. No la quiero acaparar solo para mi propio interés. Quiero pasar por esta tierra reproduciendo en mí algo de lo que él vivió. Sin encerrarme en mi egoísmo; contribuyendo desde mi entorno y mi pequeñez a hacer un mundo más humano».

Es fácil hacer de la eucaristía otra cosa muy distinta de lo que es. Basta con ir a misa a cumplir una obligación, olvidando lo que Jesús vivió en la última cena. Basta con comulgar pensando solo en nuestro bienestar interior. Basta con salir de la iglesia sin decidirnos nunca a vivir de manera más entregada.

José Antonio Pagola

Testigos de la Palabra

María Correa, defensora de los indígenas y profeta de la denuncia

María Correa, nació el 19 de septiembre de 1940. Era una religiosa paraguaya de las Franciscanas Misioneras de María. Fue defensora de los indígenas Mby’a y profeta de la denuncia en su tierra paraguaya.

Acompañaba a los Mbyá-Guaraní, en la defensa de sus tierras y cultura. Los Mbyá-Guaraní son una etnia de los diversos Guaraní, y están dispersos por Paraguay, Argentina y varios Estados del Brasil.Al referirse a los Mby’a, con quienes trabajó por muchos años, escribió que:«A los indígenas no necesito hablarles de Dios, ellos me hablan de El… Aprendimos de la cultura Mby’a su relación reverente con el Padre Creador, su solidaridad y su respeto por la naturaleza”.

María Correa pertenecía a la Pastoral indígena, en el departamento de Caazapá, distrito de Tavaí, desde el año 1985, hasta el día de su muerte. Realizó los primeros contactos con los indígenas Mbya- Guaraní, como ella misma decía porque: «descubrió a los más pobres entre los más pobres» y así hizo opción preferencial por ellos.

Su labor era la de dedicarse plenamente al servicio de las personas sobre todo en temas de salud, pequeña agricultura y educación.

Los que la conocieron de cerca señalan que María era de fe profunda, sincera, transparente y firme en sus convicciones, aunque respetuosa del otro, del diferente. En el trabajo pastoral se acercaba siempre a los marginados.

María fue, ante todo, una mujer de opciones radicales, de entrega sin reservas, infatigable en su lucha para que los indígenas recuperen un pedazo de sus antiguos territorios. Trataba de fortalecer las comunidades para mejorar su calidad de vida, denunciaba el acoso de las empresas madereras que talan los bosques.

Para eso se hacía asesorar por profesionales, asistía a reuniones zonales, regionales, nacionales. Caminaba hasta 60 kilómetros, cruzando esteros, arroyos profundos y selvas cerradas para estar junto a las comunidades indígenas. Mantenía un diálogo respetuoso con el ellos: «Ahora sé por experiencia, decía, que la evangelización es recíproca y que nosotras no somos las salvadoras».

Murió en Asunción, donde realizaba gestiones para las comunidades Mbyá, el 30 de mayo de 1994, atropellada por un ómnibus en la vía pública. Ella sigue viviendo en la selva que amaba y en el corazón de cada indígena

 | Jesús Herrero Estefanía

Los cuatro objetivos de Cáritas

Los cuatro objetivos personales que propone Cáritas para transformar la vida social

En el contexto de la Semana de Caridad, la ONG de la Iglesia ha hecho un llamamiento para “transformar la vida social” bajo el lema ‘#SeamosMásPueblo’

En el contexto de la Semana de Caridad –que culmina el próximo domingo, 6 de junio, fiesta del Corpus Christi y Día de Caridad– las 70 Cáritas Diocesanas de toda España hacen pública su rendición de cuentas marcada, este año, por el impacto de la pandemia. Por ello, la ong de la Iglesia ha hecho un llamamiento bajo el lema ‘#SeamosMásPueblo’.
Con este mensaje, Cáritas pretende, tal como señala Eva San Martín, coordinadora de la campaña institucional, que “nos haga tomar conciencia de que, en medio de un tiempo extraordinario y doloroso, necesitamos recrear nuestras relaciones para sostenernos y cuidarnos de una forma nueva”.
“Tras este largo período dominado por la adversidad de la enfermedad y la inseguridad, por el dolor de la pérdida y la soledad, debe llevarnos a tender manos, a realizar pequeños gestos cotidianos y a participar e intervenir en las dinámicas sociales que nos llevan al compromiso por el bien común”, añade San Martín. Seguir leyendo

Favorecen o perjudican a la fe algunas procesiones del «Corpus»?

«A la festividad del ‘Corpus Christi’ le sobra ‘Corpus’ y le falta piedad»
«La festividad del ‘Corpus’ con sus respectivas liturgias, procesiones, cantos, costumbres, tradiciones, oratorias, ornamentos sagrados, ‘custodias’, inciensos y acompañamientos, demandan revisión conciliar urgente y precisa…»
«Si en la catequesis post-conciliar, ‘franciscana’ y ‘de Iglesia en salida’, los pobres-pobres ocupan lugares tan privilegiados, ¿donde se hallan en las procesiones del ‘Corpus’ y qué mención especial puede haber para ellos?
«¿Es posible y cristiano cantar al “Amor de los Amores” y ‘prestarle adoración a este Dios-Amor’ que es y se llama Jesús, y cuya única expresión es el servir a los más necesitados como los pobres?»
Por Antonio Aradillas
Además del “Tantum ego, sacramentum…” latino, de nuestros primeros amores litúrgicos, el “¡Cantemos al Amor de los Amores… y ¡Dios está aquí¡”, es a lo que hay que recurrir en los actos religiosos, con piedad, fervor, catequesis y entendimiento. Conste que este es el más conocido, cantado y aplicado, religiosamente en los cantorales de las iglesias-templos de España y de Hispanoamérica.
La historia refiere que fue el himno oficial del XII Congreso Eucarístico celebrado en Madrid, los días 25-30 de junio del año 1911, y que su letra fue obra del padre agustino Restituto del Valle, con música de Ignacio Busca de Sagastizábal, con dedicatoria a la infanta Isabel de Borbón.
En castellano, o en latín, es mi intención entrenzar aquí y ahora un ramo de sugerencias en el entorno de la festividad del “Corpus Christi-Día del Señor”, que comenzó a celebrarse en la ciudad de Lieja en 1246 y que se estableció en 1264 por el papa Urbano IV en ll Iglesia universal.
Para mejor entendimiento e información acerca del tema, es preciso reseñar que el proceso del cambio en la idea y en la celebración de la fiesta y de la Eucaristía en general, ha respondido, a lo largo y ancho de la historia de no pocos procesos y cambios registrados en las diversas escuelas de teología y en su adecuación a la mentalidad tanto en el pueblo como en la jerarquía, por lo que no son de extrañar determinadas, y aún notorias, incoincidencias de tiempo y lugar.
La festividad del “Corpus”-idea y realización- con sus respectivas liturgias, procesiones, cantos, costumbres, tradiciones, oratorias, ornamentos sagrados, “custodias”, inciensos y acompañamientos, demandan revisión conciliar urgente y precisa…
Los tiempos, las personas y la teología no son hoy lo que eran –aunque lo sigan siendo substancialmente-, por lo que, con lenguajes, gestos convicciones, ritos y aún argumentos, como los que siguen estando vigentes, los fines y frutos que se pretenden lograr de las celebraciones eucarísticas, y más en concreto del “Día del Señor”, no podrán ser ni los propuestos, ni los de mayor y más sagrada utilidad para Nuestra Sabta Madre la Iglesia.
Con suprema dificultad resulta viable concluir, por ejemplo, que “procesiones” tan solemnes, rituales que rezuman riquezas por todos sus “pasos”, hábitos y títulos de los cofrades, mayordomos y “damas”, sea posible y aceptable reafirmarse en la fe de que “¡Dios está aquí!” y del “¡venid, adoradores, y adoremos al Señor, Rey del cielo y de la tierra!”
Si en la catequesis post-conciliar, “franciscana” y “de Iglesia en salida”, los pobres-pobres ocupan lugares tan privilegiados, ¿donde se hallan en las procesiones del “Corpus” y qué mención especial puede haber para ellos? Es cierto que el “Corpus” es caridad, es amor, y que los días que anteceden la fiesta están dedicados especialmente al cultivo y a la reflexión sobre el amor fraterno…
Pero al “Corpus-Corpus”, como festividad clave de la Iglesia –teología, liturgia y estilo de vida-, le sobra “Corpus”por no testimoniarse con mayor claridad y evangelio la presencia del Cuerpo de Cristo, aún siendo verdad que en cualquier esquina de las calles de las ciudades por las que se traza el “iter” procesional y en cualquier ramo de flores olorosas y silvestres arrojado, aparecen los pobres-pobres arrodillados, con todos los honores y huellas de sus limitaciones y debilidades humanas y “divinas”, es decir, eclesiales.
Al “Corpus”, tal y como se sigue celebrando todavía, ardorosamente y sin conciencia de renovación, y hasta con rechazo y “escándalo” ante estas y similares sugerencias, le falta piedad. Y devoción. Y le sobran “autoridades civiles, militares y religiosas”, y monjes y monjas. Los laicos y “laicas” ni están ni van a estas procesiones “para hacer bulto”, sino para participar activamente, al igual que cualquier otro “ministro del Señor”, todos ellos del sexo masculino.
¿Es posible y cristiano cantar al “Amor de los Amores” y “prestarle adoración a este Dios- “Amor” que es y se llama Jesús, y cuya única expresión es el servir a los más necesitados como los pobres?
Rozar la convicción de que algunas procesiones del “Corpus”, más que adoctrinar en la fe, desadoctrinan, confunden y aturden, con tantas y exuberantes riquezas y solemnidades, es tentación que, hoy por hoy, se ven obligados ya a rechazar, y rechazan, no pocos cristianos. ¿También los miembros de la jerarquía? Seguir leyendo

Fiesta del Corpus en Fuente de Pedro Naharro

“Una celebración misionera”

Comuniones en Fuente de Pedro Naharro
Comuniones en Fuente de Pedro Naharro

Unos días antes del Corpus preparamos la celebración con los catequistas, padres y niños de 1ª Comunión. Los objetivos que teníamos es que todos participaran en la celebración de la Eucaristía y en la procesión con el Santísimo, así como como el poder vivir profundamente el mensaje de esta Fiesta y comunicarlo a los demás en el itinerario de la procesión en los cinco altares, en que la reflexionábamos sobre los mensajes escritos en cinco carteles que presentaron los niños. Los mensajes de los carteles son: “Lo conocieron al partir el pan”, “Pan partido y repartido”, “Para la vida del mundo” “Una mesa común para todos” y el cartel de Cáritas: “Pon en marcha tu compromiso para mejorar el mundo”.

Cinco altares en la procesión. Fuente de Pedro Naharro
Cinco altares en la procesión. Fuente de Pedro Naharro

Así hemos querido vivir una celebración festiva y muy participada de la Eucaristía, dando gracias al Señor por su presencia eucarística entre nosotros y por ser un alimento espiritual para nuestra vida, nuestras familia y todo nuestro pueblo, de modo que nos lleve a un compromiso para transformar el mundo.