El juego está en cómo lograr consensos en la Iglesia

Cristina Inogés: «Debemos asumir que en octubre de 2023 no habrá una Iglesia sinodal»

Cristina Inogés en el Centro Vedruna de Valladolid
Cristina Inogés en el Centro Vedruna de Valladolid

La zaragozana Cristina Inogés, mujer y laica, participa este fin de semana en el Centro Vedruna de Valladolid en unas jornadas de formación sobre ‘La mujer en la Iglesia y en la sociedad’

No se trata tanto del ‘papel’ de nadie en la Iglesia. Es algo que te asigna alguien que cree tener poder sore ti; debemos acostumbrarnos a hablar, no del papel, sino del lugar de las mujeres en la Iglesia

En estas jornadas Vedruna Cristina Inogés ofrece una visión optimista, esperanzada. El Papa va a por todas, cree. «Se está redescubriendo otra forma de ser Iglesia, se está visibilizando ya». Pero que nadie espere resultados de la noche a la mañana

«En la Iglesia sinodal, el juego va a estar en cómo sepamos integrar la forma de lograr consensos en la iglesia. En lo que respecta a los laicos, el reto es que vivamos realmente y en profundidad la corresponsabilidad a la que nos llama el bautismo»

 RELIGION DIGITAL

Es una de las voces más prolíficas y fecundas en teología hoy en España. Se dio a conocer al gran público con su intervención ante el Papa Francisco en la inauguración del Sínodo sobre la Sinodalidad. Desde entonces, la zaragozana Cristina Inogés, mujer y laica, se ha convertido en una especie de termómetro sobre la marcha de este acontecimiento eclesial sin precedentes, que acaba de cerrar su fase diocesana dejando sobre la mesa importantes cuestiones a debate.

“Nadie se esperaba que esa amplia base del Pueblo de Dios que es el laicado” planteara con tanta fuerza cuestiones como el celibato opcional o el diaconado femenino, dice la teóloga, que participa este fin de semana en el Centro Vedruna de Valladoliden unas jornadas de formación sobre “La mujer en la Iglesia y en la sociedad”, junto a Belén Breznes, Carmen Quintero, Miriam Cuenca, Cristina Pascual, o la exalcaldesa de Madrid Manuela Carmena.

Mujer, ¿qué buscas? La mujer y la Iglesia en la sociedad
Mujer, ¿qué buscas? La mujer y la Iglesia en la sociedad

En unas jornadas Vedruna que hacen suyo el lema de la revuelta de mujeres en la Iglesia, “Hasta que la igualdad se haga costumbre”, Cristina Inogés ofrece una visión optimista, esperanzada. El Papa va a por todas, cree. “Se está redescubriendo otra forma de ser Iglesia, se está visibilizando ya”. Pero que nadie espere resultados de la noche a la mañana. “En octubre de 2023”, cuando el Papa clausure la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, “no vamos a tener una Iglesia sinodal. Esto va para largo”. La Iglesia, advierte, tiene sus propios ritmos.

-¿Significa esto que hay que tener más paciencia? En cuestiones como el papel de la mujer, donde se percibe que la Iglesia va con mucho retraso, ¿es posible seguir pidiendo paciencia?

-Lo primero, una puntualización en el lenguaje que creo que es importante: no se trata tanto del “papel” de nadie en la Iglesia, tampoco del papel de las mujeres. El papel es algo que te asigna alguien que cree tener poder sore ti para decirte qué puedes hacer y qué no, dónde puedes estar y dónde no. Debemos acostumbrarnos a hablar, no del papel, sino del lugar de las mujeres en la Iglesia. El lugar nos lo da el bautismo. A partir del bautismo, cada uno tiene su lugar en la Iglesia, y desde ahí le corresponde discernir su propia vocación.

¿Que la Iglesia va con retraso con respecto a la mujer? Es evidente. Con un retraso de siglos. Y en algunas cuestiones va a haber que seguir esperando, pero en otras, no. Esta semana ha sido muy sorprendente que el propio Francisco nombrara a dos mujeres para el dicasterio de los obispos. Eso no había pasado nunca. Ahí no entraban los laicos, y las mujeres, mucho menos.

«¿Que la Iglesia va con retraso con respecto a la mujer? Es evidente. Con un retraso de siglos»

¿En qué vamos a tener que esperar todavía? Por ejemplo, en el diaconado permanente. ¡Y ya ni te cuento el sacerdocio! Eso no le veremos ni nosotros ni nuestros hijos, pero hay que tomárselo… como la realidad que es la Iglesia, que en las cuestiones relacionadas con la mujer es muy lenta.

-El cambio de nombre de la Secretaría general del Sínodo, ahora ya Sínodo a secas (no “de los obispos”), tu propia presencia en la inauguración del Sínodo… Todo eso son signos importantes. ¿Ves cambios estructurales de calado detrás, o falta todavía tiempo para que los cambios que están impulsando el Papa se asienten y consoliden?

-Nadie esperaba que Predicate Evangelium fuera a salir en pleno Sínodo. Ha sido una sorpresa. Con su entrada en vigor, el 5 de junio, se han suprimido las congregaciones, que solo podían presidir los obispos, y se han transformado en dicasterios, que cualquier laico preparado puede presidir. Sin ese cambio no se hubiera podido producir la entrada de estas dos mujeres en el Dicasterio de los Obispos.

Por tanto, sí se están produciendo cambios importantes en las estructuras. Pero a veces no se trata tanto de cambiar las estructuras, como de que estructuras sinodales que ya tenemos funcionen realmente de forma sinodal. Y esas estructuras las tenemos al nivel más básico e inmediato, en la parroquia y en la diócesis. Por ejemplo, con los consejos de Pastoral o los consejos de Economía. Para que funcionen sinodalmente debe haber laicos que no vayan solo a escuchar las propuestas del párroco o del obispo; deben poder hacer propuestas, para que, entre todos, se alcancen consensos y se decida qué soluciones son mejores para la parroquia o la diócesis.

-La fase diocesana del Sínodo se ha cerrado dejando importantes debates abiertos. Lo hemos visto en España, pero también en Francia…

-¡Y en Bélgica! La síntesis final va por el mismo camino y dice cosas interesantísimas.

«A veces no se trata tanto de cambiar las estructuras, como de que estructuras sinodales que ya tenemos funcionen realmente de forma sinodal»

-El caso de Francia, como publicó Religión Digital, es llamativo: los obispos decidieron enviar dos síntesis a Roma, una, con las aportaciones originales, en la que se pedía, entre otras cosas, un protagonismo mayor de la mujer, y otro documento en el que esas propuestas aparecían más suavizadas y contextualizadas. Tomando esto como muestra de que hay claramente dos visiones diferentes, ¿va a ser posible conciliarlas en este proceso sinodal?

-La fase continental nos va a servir para situarnos en una realidad esencial: el cristianismo se manifiesta en culturas muy diferentes. Debemos asumir que la diversidad está presente en la Iglesia. La Iglesia entendió, desde el siglo II aproximadamente, que la unidad venía dada por la uniformidad, y que la uniformidad se conseguía romanizando el mundo. Pues no, mire, esto no es así. Y ahora habrá que redescubrir una manera de conjugar culturas, algo que ya vimos en el Sínodo de la Amazonia. En el sínodo actual están saliendo cuestiones muy candentes, y lo curioso no es que emerjan en ámbitos más abiertos, del mundo occidental, sino que están apareciendo en otros ámbitos, donde nadie se esperaba que fueran a salir.

-¿Por ejemplo?

-Por ejemplo, el sacerdocio de la mujer; el celibato opcional, que conlleva la recuperación de los sacerdotes que se han casado; el darle vía de naturalidad a la presencia de comunidades LGTBI en la Iglesia… Nadie se esperaba es que esa amplia base del Pueblo de Dios que es el laicado fuera por esos temas. Entonces, sí, es verdad que todo esto ha pillado a los obispos con el pie cambiado.

Con respecto a Francia, es una Iglesia muy sinodal, pero está a la vez en un momento de revisión de algunas diócesis, donde el retroceso era manifiesto, y esto les ha cogido un poco con el pie en el aire…

-¿Cómo ves tú esa Iglesia sinodal?

-Tenemos que caminar hacia integrar. En una Iglesia sinodal, el consenso no se alcanza eligiendo la opción A, que tiene 20 votos, frente a la B, que tiene 14. Se trata de integrar también la opción minoritaria, que seguramente tiene cosas muy importantes que decirnos al resto. El juego va a estar en cómo sepamos integrar esa forma de lograr consensos en la iglesia.

«En lo que respecta a los laicos, el reto es que vivamos realmente y en profundidad la corresponsabilidad a la que nos llama el bautismo»

En lo que respecta a los laicos, el reto es que vivamos realmente y en profundidad la corresponsabilidad a la que nos llama el bautismo; eso nos tiene que hacer ser conscientes de todo lo que hemos ido aportando en el Sínodo. Va a tocar estar encima para comprobar que realmente se cumplan, aunque teniendo en cuenta siempre que el movimiento de la Iglesia es lento como el de una tortuga, y que por eso no tendremos una Iglesia sinodal en 2023. Lo cual no significa que no se vayan dando pasos. Desde luego, Francisco no puede estar abriendo más caminos.

-Voces que antes estaban en los márgenes ahora confluyen con el resto. Con tensiones, sí, pero se normaliza el diálogo. ¿Esta va a ser la nueva normalidad en la Iglesia?

-Sí, se normaliza el diálogo, con un pero. ¿Se normaliza porque es algo que tenemos muy fresco con el Sínodo? ¿Vamos a ser capaces de que esto que hemos normalizado durante este tiempo de la fase sinodal se admita con normalidad a partir de ahora, o es algo que solo nos ha servido para hacer una reflexión, para después volver a lo de siempre?

No bastan las buenas intenciones, pero creo que hay posibilidades. Los laicos, en particular, hemos descubierto dos cosas primordiales. La primera, que en octubre de 2023 la Iglesia no será sinodal, sino que la gente entiende que esto va a llevar tiempo, lo que supone que la opción de la frustración se está desvaneciendo. Y a la vez hay conciencia de que el Sínodo va a suponer un antes y un después. Las cosas no van a ser iguales. Los laicos hemos descubierto que tenemos voz y pensamiento. Y eso ya es muy importante, porque nunca habíamos podido hablar en la Iglesia. El Papa nos quiere escuchar, nos ha dado la posibilidad de hablar, y hemos descubierto que tenemos buenas ideas que aportar.

Los laicos, en particular, hemos descubierto dos cosas primordiales: «Que en octubre de 2023 la Iglesia no será sinodal, lo que supone que la opción de la frustración se está desvaneciendo. Y que tenemos voz y pensamiento. Y eso ya es muy importante, porque nunca habíamos podido hablar en la Iglesia»

-¿Cómo ves el papel de la Vida Religiosa y, en concreto, de congregaciones como Vedruna que están haciendo mucha incidencia en el asunto de la mujer?

-En general, la Vida Religiosa está haciendo un gran aporte. Lo vi claramente en la Asamblea General de CONFER, a finales de mayo, donde participé junto a [la jesuitina] María Luisa Berzosa. La Vida Religiosa se está moviendo muy en clave sinodal. He tenido también la oportunidad de participar en algunos capítulos y asambleas generales, y he visto que hay congregaciones que están haciendo sus propias estructuras mucho más sinodales, incluyendo esa integración con la Iglesia diocesana, lo que siempre había sido un fleco pendiente. Estamos empezando a salir de una especie de estructura de submarino, donde cada cual estábamos en nuestro compartimento estanco, para realmente subirnos al Sínodo de la Iglesia, que es una barca, para remar todos en la misma dirección. En eso, la Vida Religiosa está prestando una contribución decisiva.

«La Vida Religiosa estamos empezando a salir de una especie de estructura de submarino, donde cada cual estábamos en nuestro compartimento estanco, para realmente subirnos al Sínodo de la Iglesia, que es una barca»

Un solo rebaño con diversidad

Por Cristina Inogés

 Padre me conoce a mí, y yo lo conozco a él; y como buen pastor yo doy mi vida por las ovejas. Pero tengo otras ovejas que no están en este redil; también a esas tengo que traerlas, para que escuchen mi voz. Entonces se formará un único rebaño, bajo la guía de un solo pastor”. (Jn 10, 14-16).bandera arcoíris ondea ampliamente desplegada. Estamos en el mes en el que se celebra el Día del Orgullo.

Frustraciones y tristezas

Nunca he escondido, ni lo haré, mi relación con comunidades de diversidad sexual a las que acompaño en la medida que ellas quieren, donde tengo amigos con quienes comparto alegrías, sueños, esperanzas, frustraciones, tristezas, y fe en Dios y en un cristianismo inclusivo que lleve a la Iglesia a serlo también.

Hace poco se hizo público que el Franciscano alemán, Markus Fhurmann, había sido elegido provincial tras haberse declarado públicamente homosexual. Al ver la noticia, me pregunté ¿y cuándo se verá esto tan normal que deje de ser noticia?

Diferencias admitidas

Por la calle nos cruzamos con personas son diferentes entre sí porque todos somos diferentes. Y hay personas que, además de todas las diferencias admitidas sin problemas, son sexualmente diferentes. Algo que se admite en la sociedad, algo que admite la mayoría de la amplia base del pueblo de Dios que es el laicado y que, todavía hoy y oficialmente, una parte de la jerarquía mira con desdén y, por supuesto no acepta. Es cierto que algunos obispos ya van dando pasos y es muy de agradecer.

También hace poco los obispos de una provincia eclesiástica, emitían un comunicado a tenor de la aprobación de la “Ley Trans” de la comunidad a la que pertenecen. Sin entrar ni en la ley ni en la respuesta de los obispos, pensé cómo nos condiciona a todos tener solamente un solo punto de visión.

La polarización como regla

Fruto de la época en la que vivimos, marcada por la inmediatez y que no permite crear y menos asentar corrientes de pensamiento, la polarización parece ser la única regla de juego tanto en la sociedad como en la Iglesia.

Así, los políticos tienden a ideologizar todo lo que cae en sus manos y, desde la Iglesia, se responde con rigidez. Al leer el comunicado de los obispos pensé desde qué óptica hacían la reflexión, si habrían hablado con científicos sociales, si sabrían quienes son Judith P. Butler y su teoría queery Paul-Michel Foucault y su historia de la sexualidad humana. No estoy diciendo que tengan que estar de acuerdo con los estudios y las investigaciones de estas dos personas, digo solamente si los conocerán y sabrán quienes son. Al parecer no, no los conocen.

Manuales de moral

La postura de la Iglesia oficial, por lo general, ante la realidad de las comunidades y personas de diversidad sexual, suele empezar y terminar en los manuales de moral sexual sin asomarse al texto del evangelio de Juan que abre esta reflexión. No hay un texto más inclusivo, más acogedor, y más claro en el evangelio sobre lo que debe ser el único rebaño. Por si esto fuera poco, en el evangelio de Juan se da otra cuestión muy importante, y es que no hay apóstoles, todos son discípulos, y esta enseñanza de cómo debe ser el único pastor del único rebaño, va dirigida a todos los que le pudieran acompañar en ese momento.

LOGROÑO (La Rioja) 02/07/2022.- Un momento de la manifestación que ha recorrido hoy sábado las calles de Logroño para exigir la aprobación estatal de la Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las persona LGTBI+. EFE/Raquel Manzanares.

Las comunidades de diversidad sexual, en este momento y dentro de la Iglesia, son como la mujer encorvada del evangelio de Lucas. Hemos encorvado a esas personas con el peso de mil historias añadidas, de mil desprecios, de mil cargas vacías de contenido y, sobre todo, de miles de prejuicios a los que no queremos o sabemos renunciar.

Nadie excluido

Porque, que Jesús curara a esa mujer enderezándola es lo que siempre atrae y centra la reflexión, sin embargo, el hecho de ayudarla a ponerse derecha, significó para la mujer poder mirar a Jesús cara a cara, y no olvidemos que era y es Dios. Jesús, con ese gesto, lanzó el poderoso mensaje de que nadie estaba excluido -situación de la mujer en la época y situación de las personas de diversidad sexual hoy- de la ternura y de la mirada de Dios.

También como Iglesia deberemos vivir el proceso de enderezarnos con la ayuda de Dios para soltar las historias, tradiciones, cargas, y prejuicios con las que hemos cargado a otros. De no hacerlo, ¿cómo podremos mirar a nuestros semejantes -todos diferentes entre sí- y todos creados a imagen y semejanza de Dios, cara a cara?

Pequeños pasos

Se van dando pequeños pasos. Conozco a obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, y laicos que acompañan con la naturalidad más absoluta, es decir, como a cualquiera, a personas que provienen de estas comunidades y a comunidades enteras. Esa es la actitud. La normalidad.

Ahora falta ir reconociendo que esa diversidad sexual no solo está fuera de la Iglesia, sino que está dentro desde hace… Hay laicos, por supuesto, y también sacerdotes, religiosos, religiosas, monjes, monjas y obispos. No todos saben cómo encajar esa diferencia, si deben o no manifestarla, darla a conocer, cómo vivirla.

La vocación

En definitiva viven sufriendo mucho por algo que no han elegido ser. Eso les impide disfrutar de la vocación a la que han sido llamados porque, que nadie piense que todos huyen del mundo y buscan en la vida eclesial, religiosa, etc, un refugio. Puede que algunos lo hayan decidido así, pero no es fácil vivir esa vida sin vocación. Sin embargo, los hay con auténtica vocación y entrega para hacer realidad el reino de Dios, así que, ¿qué les diferencia de tantos?

Decía Yvan Audouard, periodista y escritor francés: Bienaventurados los fracturados, porque dejan pasar la luz. Sinceramente, prefiero que la luz multicolor que puedan aportarnos nuestros amigos de las comunidades de diversidad sexual, sea fruto de la refracción cuando la luz atraviesa gotas de agua o un prisma triangular de cristal. Porque, como decía Eduardo Galeano, el mundo cambia si dos se miran y se reconocen.

PD: ¿Mantenemos la esperanza de que algún día se hile tan fino con la moral social como se hace ahora, desde algunas instancias eclesiásticas, con la moral sexual?

Carta a la secretaría del Sínodo sobre sinonalidad

        He enviado esta carta a Cristina Inogé, de la Secretaría metodológica del Sínodo en Roma:

Estimada Sra. Inogé, de la comisión metodológica de la Secretaría del Sínodo de Roma; el domingo escuché la entrevista que le hicieron en Últimas preguntas (TVE-2) y me alegró ver su interés y su eficiente trabajo en la realización del Sínodo en esta fase diocesana. En especial me interesó el interés que mostró por contactar con aquellos que estamos alejados de la vida parroquial y de algunas prácticas habituales de nuestra Iglesia.

Mi nombre es Gonzalo Haya Prats, teólogo jesuita secularizado, colaborador de los blogs Fe Adulta y Atrio. Personalmente estoy muy interesado en apoyar al Papa Francisco en su valiente propuesta de este Sínodo. Me temo sin embargo que termine en una decepción como el sínodo de la Amazonia, y me temo que en España está claramente rechazado por las derechas pero también por los teólogos progresistas que desearían algo mucho más radical. Por mi parte creo que ya sería un éxito si se logra movilizar a los fieles en un proceso de sinodalidad en el que nos sintamos responsables y logremos una importante cuota de corresponsabilidad.

Ya había contactado con  mi parroquia en Madrid y tuve muy poca acogida; me dijeron que no habían recibido material para difundirlo con los feligreses, que me enviarían el boletín parroquial. No he recibido nada y ayer me pasé por la puerta de la Iglesia y no vi ningún cartel que dijera algo del Sínodo. He visto el programa de la diócesis de Palencia y he respondido el cuestionario, pero comprendo que ellos tienen que ceñirse a su diócesis. También he consultado el boletín informativo de sinodo.archimadrid.es pero me queda una cuestión por aclarar.

Creo que los grupos programados se centran en cómo se ha practicado la sinodalidad y qué proponen para mejorarla. La sinodalidad simplemente no ha existido hasta ahora, debido a la brecha entre los clérigos y los laicos. Íbamos a una iglesia o a la parroquia “a oir misa”. Creo que es necesario, pero no sé si está previsto en “el sistema”, dejar más libertad a grupos de religiosos, teólogos, intelectuales, obreros… para que expresemos nuestro sentir cristiano sobre la reforma de la iglesia, principal objetivo de este sínodo. Si sólo van a responder los cristianos de misa dominical, poca reforma van a proponer. Sería un contrasentido que la metodología del Sínodo dificultara proponer reformas más profundas y estructurales. Comprendo que convendría atenerse a un o unos cuestionarios tipo para facilitar la recogida de tanta variedad de respuestas.

Y pregunto ¿Existen estos cuestionarios? ¿Se aceptan estas aportaciones? ¿Adónde enviar las que promuevan revistas como Atrio, Fe Adulta, Paradigmas emergentes, y muchas otras que son leídas en toda España, América latina, y algún otro país?

Le agradezco su trabajo por la promoción de este Sínodo y añado mi correo digital y postal, y mi teléfono por si prefiere comentar verbalmente y contagiarnos su entusiasmo.

Gonzalo Haya Prats

Tema: 2. RENOVACION DE LA IGLESIA, Atrio, Sinodalidad

  • Juan Cejudo

22 enero 2022, 23:58 pm · Responder

Nuestro grupo en Cádiz ha elaborado un cuestionario propio para facilitar la pregunta que está en el documento preparatorio del Sínodo. La hemos contestado entre todos y debatido en varias reuniones y ya hemos hecho la redacción final recogiendo lo que todos han dicho. No participamos a nivel de parroquia ni diócesis porque en Cádiz ya se sabe cómo están las cosas.

El documento lo enviaremos directamente a la secretaría del Sínodo, sin filtros de obispos ni párrocos a través de una persona que se nos ha ofrecido a mediar para que llegue directamente donde tiene que llegar….

Creemos que debemos apoyar a Francisco, tan atacado desde fuera y dentro de la Iglesia y que debemos hablar los que nunca somos tenido en cuenta por los estamentos oficiales de lsa diócesis y estamos más bien en las periferias… Animo a todos a que  hablen y envíen sus aportaciones.

Se puede enviar también directamente a:

Secretaría General para el Sínodo de los obispos.

Vía della  Conciliazione, 34

00120 Cittá del Vaticano

Phone: (39) 0669884821

(39) 0669884324

Correo: synodus@synod.va

Web: sinod.va

El liderazgo sinodal

Cristina Inogés “El liderazgo sinodal es poner a la persona en el centro”

La teóloga y Maria Luisa Berzosa dieron claves para la gestión de las congregaciones durante la segunda jornada de la Asamblea General de la CONFER

La segunda jornada de la Asamblea General de la CONFER ha abordado, de la mano de Cristina Inogés y Maria Luisa Berzosa, el liderazgo sinodal. En un formato participativo, han destacado la importancia de la persona, “por encima de la institución” y la figura de los votos como “una ventana abierta a la libertad”.


Abrió el fuego Inogés, recurriendo a san Juan y a los tres mosqueteros para exponer el concepto de liderazgo sinodal. Así, este tipo de mandato “arranca del evangelio de san Juan, donde desaparecen los apóstoles pero todos somos discípulos”. Terminó recurriendo a los héroes de Dumas para concretarlo: “‘Todos para uno y uno para todos’. En este lema se recoge la idea del liderazgo sinodal. Atos, Aramis y Portos son tres personas totalmente diferentes que, sin embargo, actúan en conjunto, como una sola. Y lo hacen porque tienen una misión”.

Entonces, “si ellos son capaces de actuar así, nosotros, que tenemos una misión muchísimo más importante, tenemos que poder hacerlo. Podemos crear liderazgos sinodales”, insistió la teóloga. En este sentido, abundó en que “hay que poner a la persona en el centro. La institución no puede estar por encima de la persona. Por ejemplo, en las visitas, hay que preguntar ‘¿como estás’ no para que te respondan ‘bien’ o ‘me duele la pierna’, sino preguntar si siente que es feliz, si las funciones que tiene son lo que ella puede aportar, si se siente arropada, o sola… “.

“Todos para uno y uno para todos”

Algo fundamental para que pueda funcionar este tipo de liderazgo “es la comunicación“. En este sentido, Inogés subrayó la importancia de “establecer canales de comunicación válidos, conforme a las realidades y necesidades de cada congregación. Después, es fundamental contar con una persona preparada al frente de la comunicación de cada congregación“.

En este aspecto, Berzosa advierte: “hay que tener cuidado con cómo se dicen las cosas. Y mucho cuidado con el secretismo. Sobre todo, porque al final se sabe todo y crea mal ambiente, rompe la sensación de pertenencia al grupo. Somos familia, y debemos saber todo, lo bueno y lo malo. Debemos elegir bien los canales”.

Poder vs Autoridad

Interpelada por los asistentes, Inogés explicó que la diferencia entre “poder y autoridad es que el poder vence, pero la autoridad convence”. en este sentido, se remitió al ejemplo de la Virgen. “Muchas veces nos venden una imagen de María como la que obedece, y se confunde esa obediencia con sumisión. Ella dialoga con el enviado del Señor, que es como hacerlo con el Señor. Y hay que ver el contexto de la época… Por otro lado, se habla poco del sí de José, y se le ve con otra perspectiva“. En cualquier caso, “obediencia sí, sumisión no”.

También hizo referencia Berzosa a los votos. Explicó que, para ella, lejos de ser una cárcel, “son una ventana abierta a la libertad“.

Para participar en el proceso sinodal

PUERTAS ABIERTAS A PARTICIPAR EN EL SÍNODO

col haya

En vista de las pocas facilidades que estoy viendo en algunas parroquias para facilitar la intervención de los fieles en el Sínodo, y menos aún para escuchar a los que no frecuentamos las parroquias o incluso están alejados de las prácticas habituales, dirigí esta…

…consulta a la Comisión metodológica:

Estimada Sra. Inogés, de la comisión metodológica de la Secretaría del Sínodo de Roma; el domingo escuché la entrevista que le hicieron en Últimas preguntas (TVE-2) y me alegró ver su interés y su eficiente trabajo en la realización del Sínodo en esta fase diocesana. En especial me interesó el interés que mostró por contactar con aquellos que estamos alejados de la vida parroquial y de algunas prácticas habituales de nuestra Iglesia.

Mi nombre es Gonzalo Haya Prats, teólogo jesuita secularizado, colaborador de los blogs Fe Adulta y Atrio. Personalmente estoy muy interesado en apoyar al Papa Francisco en su valiente propuesta de este Sínodo. Me temo sin embargo que termine en una decepción como el sínodo de la Amazonia, y me temo que en España está claramente rechazado por las derechas pero también por los teólogos progresistas que desearían algo mucho más radical. Por mi parte creo que ya sería un éxito si se logra movilizar a los fieles en un proceso de sinodalidad en el que nos sintamos responsables y logremos una importante cuota de corresponsabilidad.

Ya había contactado con  mi parroquia en Madrid y tuve muy poca acogida; me dijeron que no habían recibido material para difundirlo con los feligreses, que me enviarían el boletín parroquial. No he recibido nada y ayer me pasé por la puerta de la Iglesia y no vi ningún cartel que dijera algo del Sínodo. He visto el programa de la diócesis de Palencia y he respondido el cuestionario, pero comprendo que ellos tienen que ceñirse a su diócesis. También he consultado el boletín informativo de sinodo.archimadrid.es pero me queda una cuestión por aclarar.

Creo que los grupos programados se centran en cómo se ha practicado la sinodalidad y qué proponen para mejorarla. La sinodalidad simplemente no ha existido hasta ahora, debido a la brecha entre los clérigos y los laicos. Íbamos a una iglesia o a la parroquia “a oír misa”. Creo que es necesario, pero no sé si está previsto en “el sistema”, dejar más libertad a grupos de religiosos, teólogos, intelectuales, obreros… para que expresemos nuestro sentir cristiano sobre la reforma de la iglesia, principal objetivo de este sínodo. Si sólo van a responder los cristianos de misa dominical, poca reforma van a proponer. Sería un contrasentido que la metodología del Sínodo dificultara proponer reformas más profundas y estructurales. Comprendo que convendría atenerse a un o unos cuestionarios tipo para facilitar la recogida de tanta variedad de respuestas.

Y pregunto ¿Existen estos cuestionarios? ¿Se aceptan estas aportaciones? ¿Adónde enviar las que promuevan revistas como Atrio, Fe Adulta, Paradigmas emergentes, y muchas otras que son leídas en toda España, América latina, y algún otro país?

Le agradezco su trabajo por la promoción de este Sínodo y añado mi correo digital y postal, y mi teléfono por si prefiere comentar verbalmente y contagiarnos su entusiasmo.

Y he recibido la siguiente respuesta de Cristina Inogés

Cristina Inogés

Buenas tardes, Gonzalo:

¿Nos tuteamos? Por mi parte no hay inconveniente.

La verdad es que estamos en un momento sumamente atractivo. Va a tener inconvenientes y negarlo sería tonto, pero creo que pese a todo y todos, algo habrá cambiado cuando llegue 2023.

Los grupos para trabajar el Sínodo no tienen por fuerza que estar asociados a una parroquia. Pueden ser grupos de todo tipo y, por lo tanto, sí se puede participar. Lo normal va a ser hacerlo a través del cauce diocesano. Me permito enviarte (aunque sé que lo tendrás) el Documento Preparatorio y el Vademecum, además del enlace a la web del Sínodo. Todo está en varios idiomas. Es esta: 

https://www.synod.va/en.html

En el Documento Preparatorio y en el Vademecum, hay 10 bloques de preguntas. Se pueden trabajar todos o bien aquellos bloques que se consideren más interesantes o importantes para ese grupo. Además, está la posibilidad de aportar la reflexión sobre algún tema que no aparezca en esos bloques.

También te adjunto el enlace que he encontrado en la diócesis de Madrid donde, al final, están los cauces de participación diocesana:  https://sinodo.archimadrid.es/

Estoy a tu disposición para todo lo que quieras preguntarme.

Te paso también mi número de móvil por si te puedo ayudar puntualmente en algo.

Seguimos caminando…

Cristina Inogés Sanz

crisinogsanz@gmail.cpm

Twitter: @Crisinogessanz

Facebook: cristina.inogessanz

Instagram: cristinainogessanz 

Creo que esto abre posibilidades para que nosotros podamos elaborar nuestro cuestionario, quizás junto con otras organizaciones, y enviarlo por vía más directa a la Secretaría del Sínodo, evitando así los resúmenes (los posibles filtros) parroquiales y diocesanos

Sinodalidad. La llamada de Francisco

«Por primera vez en la historia, un Papa quiere saber qué pensamos los laicos»

Cristina Inogés y Jesús Sánchez Adalid
Cristina Inogés y Jesús Sánchez Adalid

«Estamos en un momento histórico como laicos: por primera vez en la historia, un papa quiere saber qué pensamos y por qué no somos tan felices en la Iglesia como deberíamos»

“Es la primera vez que tenemos la oportunidad de decir realmente qué queremos, pero no solo qué Iglesia queremos, sino qué Iglesia queremos ser. Porque todos somos Iglesia. Y solo sabiendo qué nos pasa, haciendo un diagnóstico, seremos capaces de aportar entre todos las soluciones, que es lo que pretende Francisco”

«Ninguna generación verá una Iglesia plenamente sinodal. La sinodalidad es, en sí misma, un proceso, y cada generación irá participando en cada trecho del camino y aportando desde ahí»

Al encuentro, celebrado en la parroquia de San José de Mérida, asistieron más de 300 personas, muy atentas y deseosas de conocer esta convocatoria real y efectiva del Papa al Pueblo de Dios para escuchar su voz, sus inquietudes, anhelos y esperanzas en estos tiempos concretos

Por| María Gómez/ARAS

El 15 de marzo se celebró un diálogo entre Cristina Inogés Sanz y Jesús Sánchez Adalid en la parroquia de San José de Mérida. Bajo el título «Sinodalidad. La llamada de Francisco«.

Asistieron más de 300 personas, muy atentas y deseosas de conocer esta convocatoria real y efectiva del Papa al Pueblo de Dios para escuchar su voz, sus inquietudes, anhelos y esperanzas en estos tiempos concretos.

Sorprendió la calurosa y expectante acogida dispensada a la teóloga española. Una prueba más de que el Pueblo de Dios quiere y necesita este nuevo aire en la Iglesia. Era algo novedoso, inusual, y sin embargo fue un éxito. «Estamos en un momento histórico como laicos: por primera vez en la historia, un papa quiere saber qué pensamos y por qué no somos tan felices en la Iglesia como deberíamos», subrayó Inogés.

“El momento por el que atraviesa la Iglesia no es precisamente bueno, pero eso no nos tiene que hacer perder la esperanza», repasó la teóloga, quien fue una de las encargadas de abrir este Sínodo, delante del Papa Francisco. «Si la hay, es precisamente por esta convocatoria. Este es un Sínodo que suscita el Espíritu, que nadie crea que es una carta que tenía guardada en la manga y la ha sacado. Es un proceso al que había que llegar dada la situación de la propia Iglesia”.

«Qué Iglesia queremos, qué Iglesia queremos ser»

“Es la primera vez que tenemos la oportunidad de decir realmente qué queremos, pero no solo qué Iglesia queremos, sino qué Iglesia queremos ser. Porque todos somos Iglesia. Y solo sabiendo qué nos pasa, haciendo un diagnóstico, seremos capaces de aportar entre todos las soluciones, que es lo que pretende Francisco”, sostuvo Inogés.

La parroquia, llena para escuchar a Inogés y Sánchez Adalid
La parroquia, llena para escuchar a Inogés y Sánchez Adalid

“Este proceso no acabará en octubre de 2023. Ya es un auténtico éxito que estemos celebrando este Sínodo. Pero a partir de 2023 probablemente ninguno de los que estamos aquí veremos una Iglesia plenamente sinodal. Esto tampoco nos tiene que hacer perder la esperanza, porque ninguna generación verá una Iglesia plenamente sinodal. La sinodalidad es, en sí misma, un proceso, y cada generación irá participando en cada trecho del camino y aportando desde ahí”, culminó.

No admitir que «nos den un papel» a las mujeres

Sobre el papel de la mujer, por el que fue explícitamente preguntada por Sánchez Adalid, Inogés fue muy clara: “Si en la Iglesia las mujeres admitimos que se nos dé un papel –cosa que solo ocurre a las mujeres, porque en los varones no se emplea esa terminología–, ojo. Primero: no es ‘la mujer’, sino ‘las mujeres’. Segundo, cuando se nos dice ‘el papel’, lo está diciendo alguien, generalmente un varón ordenado, que cree tener poder sobre nosotras para asignarnos un espacio concreto y decirnos qué podemos y qué no podemos hacer. Así que cada vez que os digan ‘el papel’, hay que responder: ‘No, nosotras tenemos un lugar en la Iglesia, y ese lugar nos lo da el bautismo a todos

Los cambios en la Iglesia

El cuento de los tres cerditos y las estructuras de la Iglesia

Cristina Inogés

Por CRISTINA INOGÉS SANZ

Hay una estructura central, fuertemente eclesiástica, formada por muchas estructuras –ninguna secundaria– que la sostienen. En este momento, muchas de esas estructuras no secundarias están tan afectadas por la carcoma y las termitas de años de poder corrompido que, prácticamente, impiden recuperarlas. Otras se podrían restaurar con tiempo y la decisión de poner al frente a personas con visiones más eclesiales que eclesiásticas, que mantengan el cambio de rumbo propiciado por la restauración y limpieza de las mismas. Y otras ciertamente funcionan, aunque siempre hay que estar pendientes de no imitar las formas contaminadas por la carcoma y las termitas.


La fuerte jerarquización, verticalísima, férrea, aquejada de una sordera persistente (para según qué temas), e inamovible por propia decisión, ha creado más problemas que soluciones. Sin embargo, no todo está perdido porque, “cuando todo está por hacer, todo es posible”, como dice el poeta Miquel Martí i Pol.

Cincuenta o sesenta años en la Iglesia es como un leve suspiro ya que, acostumbrada como está a contar el tiempo en siglos, tan pocos años son casi una anécdota cronológica. Sin embargo, en ese espacio de tiempo tan corto suceden cosas asombrosas.

Iglesia equivocada

Tirando de hemeroteca –que siempre resulta muy interesante–, me he encontrado que un periódico francés, de esos regionales a los que casi no se les da importancia, ‘L’Independent’, publicó a mitad de los años 50 una encuesta en la que una de las preguntas era en qué creían los católicos que se equivocaba la Iglesia. La encuesta se hacía entre personas de 20 a 60 años, y las respuestas se desglosaban por edades.

Me llamaron la atención varias de ellas, entre las cuales había una, en la franja de edad de 20 a 30 años, en la que alguien decía que la Iglesia se equivocaba al condenar el principio de libertad religiosa. Esto, en aquellos años, sonaba bastante atrevido. Sin embargo, vemos cómo el Concilio Vaticano II reconoció ese principio, y hoy –siempre con alguna excepción– se ve normal que cada uno actúe al respecto según su conciencia.

Pese a todo, creo que hay una segunda lectura que resulta también interesante. Esta respuesta y otras que aparecen en la encuesta (la nula relación con otras confesiones cristianas, tener a la mujer invisibilizada, un laicado ignorado, miedo al mundo intelectual y cultural…) demuestran hasta qué punto es importante para la Iglesia escuchar a aquellos que no comparten todos o ninguno de sus criterios, porque eso la obliga a revisarse a sí misma, a pensar en horizontes más amplios que los que ella misma se impone.

Hablar y escuchar

La Iglesia va cambiando, y más que tiene que cambiar. Escuchar se ha convertido en prioritario, sobre todo, a quienes tienen otra forma de ver ciertas realidades y hasta de disentir con ella, porque en algunos momentos puede ser incluso un deber de conciencia, tanto hablar como, por supuesto, escuchar.

Sin embargo, para que eso pase, necesitamos estar despiertos, más todavía, espabilados, y asumir que es asunto de todos que la Iglesia no tenga miedo al cambio, a la creatividad y a nuevas formas de estar en el mundo. Y, por supuesto, a revisar algunas de sus estructuras que nos han traído al desastre actual, y parecen casi inamovibles.

Espero que, entre los cuentos infantiles prohibidos o caídos en sospecha últimamente, no esté el de los tres cerditos. Este cuento del siglo XIX, de origen inglés, cuenta la historia de tres hermanos cerditos que, tras el consejo de su madre para independizarse, se adentran en el bosque para vivir su vida.

Tres casas muy distintas

Uno construye una casa de papel que, rápidamente, un lobo destruye soplando. Otro construye una casa de paja, que también el lobo destruye con un soplo. Y, finalmente otro, el hermano mayor, construye una casa de ladrillo, ante la cual el lobo no tuvo nada que hacer y desistió del intento de derribarla.

Los cerditos más jóvenes aprendieron la lección de que, en esta vida, lo sólido lleva un cierto tiempo edificarlo, pero que, a la larga, es una buena inversión.

¿Puede servirnos este cuento para reflexionar sobre algunas estructuras de nuestra Iglesia que, en su forma actual, ya no pueden dar más de sí? Solo siendo sinceros y, ante la fragilidad de ciertas realidades que tenemos delante, debemos preguntarnos sobre el sentido de algunas decisiones que se tomaron en un momento y, sobre todo, la posibilidad de cambiar y pedir perdón. (…

Entrevista a Cristina Inogés

Cristina Inogés: de la Iglesia sin consenso a la Iglesia sinodal 

La teóloga y miembro de la Comisión Metodológica de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos ha participado en una nueva edición de ‘Los jueves del ITVR’ 

Cristina Inogés

La teóloga Cristina Inogés Sanz, miembro de la Comisión Metodológica de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos –el cual lleva por tema ‘Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión’–, ha participado hoy en una nueva edición de los ‘Jueves del ITVR’, donde ha desgranado la raíz de este nuevo Sínodo y lo que supone para la Iglesia. 

Para ello, ha puesto de ejemplo el Sínodo sobre la vida consagrada celebrado en 1994. “Juan Pablo II, en el rezo del ángelus que siguió a la celebración de la eucaristía de apertura del mismo, habló de la vida consagrada como ‘una porción elegida del pueblo de Dios’”, ha señalado Inogés. “Han pasado 27 años desde la celebración de aquel Sínodo y 25 desde la publicación de Vita Consecrata, que es la exhortación fruto de ese Sínodo”, ha continuado, afirmando, además, que “25 o 27 años parecen muchos, pero en la Iglesia, acostumbrada a medir su tiempo en siglos, es nada. Absolutamente nada. Y, por eso llama la tención, lo que ha cambiado la forma de celebrar y vivir un Sínodo en tan poquísimo tiempo“. 

La primera diferencia: que aquel Sínodo “fue vertical”. Es decir, “todo venía decidido y hablado desde arriba y sí, se celebró un Sínodo, pero sin sinodalidad”. “¿Qué ha pasado en este tiempo?”, se ha preguntado Inogés. “Pues que la Iglesia se ha hundido. Benedicto XVI en un discurso empleó dos imágenes abrumadoras que fueron las de la Iglesia como ‘viña devastada por jabalíes’ y como ‘barca hundida’, pero nadie le hizo caso”. 

Asumir la sinodalidad 

“El Sínodo del 1994 es para una parte de la Iglesia donde todo se da sin consenso. No hay un diálogo fecundo”, ha explicado la teóloga. “El actual Sínodo es de y para toda la Iglesia, busca consenso, y es tan importante el tema que propone que, lo mismo que decimos que la ‘Iglesia es una, santa, católica y apostólica’, podemos decir que la ‘Iglesia es una, santa, católica y apostólica y sinodal’”, ha afirmado, convencida de que “es importantísimo asumir que la sinodalidad es parte constitutiva de la Iglesia” y no “un añadido de moda”.                   Asimismo, Inogés ha apuntado que “ese cierto aire de superioridad que se daba a esa ‘porción elegida del Pueblo de Dios’, como si las demás vocaciones laicales no fueran tan importantes en la Iglesia, tiene además que ver como uno de los temas básicos de ese Sínodo de 1994, es el tema de los votos y más concretamente, el voto de castidad“. Sin embargo, en el actual Sínodo, “no hay porción elegida del pueblo de Dios porque todos, todos, todos… La totalidad del pueblo de Dios, y aún esa parte del pueblo de Dios en la que nunca pensamos y a laque no echamos de menos, estamos llamados a participar para construir consensos”. 

Del mismo modo, Inogés ha concluido que “la diferencia entre un Sínodo y otro viene porque se ha hecho evidente que la Iglesia está institucionalmente fracturada, debido principalmente, a la crisis del abuso de poder que se ramifica en: abuso espiritual, abuso de conciencia, abuso sicológico, abuso laboral, y abuso sexual (entre otros) y este último en sus variantes de abuso sexual a niños, adultos vulnerables, y religiosas y no solamente en África”. Y, precisamente por todo esto, “es necesario este Sínodo. No un Sínodo más, sino este precisamente”. 

Las claves 

De esta manera, la teóloga ha procedido a dictar las claves fundamentales para este Sínodo y lo que ello implica para el futuro de esa Iglesia “católica, apostólica y sinodal”: 

  • Un cambio de actitud. “Para nosotros ese cambio de mentalidad va precedido de un deseo de conversión y de una conversión. Tanto a nivel personal como comunitario”, ha señalado. 
  • Escuchar de otra forma. O, en palabras de Rafael Luciani, “La Iglesia tiene que escuchar a todos, no solo a sí misma, a los de siempre”. “Con una escucha activa, con lo implica de ponerse en los zapatos de quién está hablando y entender su historia vital. Y escuchar a todos”, ha apuntado Inogés 
  • Romper inercias. “Tenemos que dejar de creernos el ombligo de la Iglesia, es decir, de nosotros mismos, del mundo”, ha afirmado, instando a “hablar con valentía porque nuestro silencio será un retroceder”. 
  • Preguntarse qué vida religiosa queremos.“Tenemos opciones. La cuestión es elegir el miedo que paraliza o la decisión de querer cambiar a mejor”. 
  • Ser o aparentar. Inogés ha animado a la vida religiosa a “volver a despertar y a recuperar su creatividad”. 
  • Generosidad. “Tenemos que recuperar la libertad de ser, porque desde esa libertad será posible hacer y actuar en libertad”, ha dicho. 
  • Equidad. “Hay un aspecto de la vivencia de la sinodalidad que se nos escapa algunas veces, y es la compasión. Y hay que vivirla sin explicarla mucho, sobre todo con aquellos que son más resistentes al cambio”, ha recordado Inogés. 
  • Alejados. La teóloga ha animado a “borrar distancias”. “Si me permitís en este punto, en el que soy particularmente sensible, en este Sínodo ya se ha dicho que no es un Sínodo para sacar documentos sino para hacerlo vida. Esto es muy importante. Y no significa que no se vaya a hace teología de y desde esta Sínodo. Significa que la teología que emane de este Sínodo, debe ser encarnada como toda buena teología, y en este caso, muy enraizada en los márgenes de la Iglesia e incluso fuera de esos márgenes”, ha explicado. 
  • Coherencia. “Hay que hablar sobre la realidad de las mujeres en la Iglesia, sí, por supuesto, pero, hay que actuar a favor de las mujeres”, ha dicho. “No como favor, o paternalismo, sino por coherencia evangélica”.                                               
  • Preguntarse ¿qué aportamos?. “Hay que tener mucho cuidado con los ‘desfondamientos’. Tener muy claro el presente no significa que lo vayamos a conseguir ya. El proceso de descubrir, de encajar, de aportar… lleva su tiempo. Aquí, el cuidado debe ser tomado como cuidado de atención y como cuidado con/para los otros”, ha apuntado Inogés.    

Cristina Inogés

Camino sinodal antídoto contra la exclusión de la mujer en la Iglesia 

Cristina Inogés Sanz (España)

 Por Ary Waldir Ramos Díaz –  

La meditación de una mujer laica teóloga española sorprende en el Aula del Sínodo, marco del discurso del Papa  

“Enseñadnos a ser mejores cristianos! ¡Enseñadnos a recuperar la esencia de la comunidad cristiana que es la comunión, no la exclusión!”. Cristina Inogés Sanz (España), anticipó el discurso del Papa Francisco en el Aula del Sínodo.  

El Sínodo sobre la Sinodalidad inició con detalles que no son del todo obvios. Cristina Inogés Sanz (España) fue la encargada de pronunciar una meditación antes de la alocución del papa Francisco. 

Se trata de una mujer católica, que se formó en la Facultad de Teología Protestante de Madrid, SEUT, porque no obtuvo la autorización pertinente para estudiar teología en el seminario de su diócesis.  

Precisamente, en su mensaje, anterior al de la teóloga autora del libro “No quiero ser sacerdote,  mujeres al borde de la Iglesia” (2021, ed. PPC), el papa Francisco indicó que la Iglesia ha avanzado  en la participación del laicado en la Iglesia, pero, señaló, que todavía nos cuesta, y en particular señaló la exclusión “de las mujeres, que a menudo siguen quedando al margen. ¡La participación de todos es un compromiso eclesial irrenunciable!”. 

“Estamos ante ti, Dios nuestro, como una Iglesia herida, profundamente herida. Hemos hecho mucho daño a muchas personas, y nos lo hemos hecho a nosotros mismos. Venimos desde hace siglos confiando más en nuestros egos que en tu Palabra”, meditó Cristina Inogés Sanz de frente al papa Francisco y ante 200 personas convocadas para participar en el momento de reflexión para el inicio del camino del Sínodo este sábado 9 de octubre de 2021.  

Sin miedo a cometer errores 

“No tenemos que tener miedo a reconocer los errores cometidos. Pedro, sobre quién dijiste que edificarías la Iglesia, no comenzó bien su misión. Te negó tres veces; luego, fue al sepulcro, lo vio vacío, volvió con los demás, pero no anunció tu resurrección. Esto, que era fruto del miedo que sentía en esos momentos, se tornó decisión, fuerza y fe para cumplir el mandato que le habías dado cuando recibió la fuerza del Espíritu Santo”, ha añadido.  

La teóloga laica indicó que la fidelidad a la Iglesia exige cambiar. “La fidelidad al mandato misionero recibido del mismo Jesús, la fidelidad a nuestra Iglesia, exige que se viva un cambio y, ese cambio, puede suponer una revolución. A este respecto, conviene recordar las palabras del teólogo ortodoxo Olivier Clément, cuando decía que: “A lo largo de la historia las revoluciones que han resultado más creativas, son las que nacieron de la transformación del corazón”.  

Transformación del corazón 

“A esta transformación del corazón estamos llamados en este Sínodo. Todo el pueblo de Dios está convocado, por primera vez, a participar en un Sínodo de los obispos. También están invitados a hacernos llegar su voz, su reflexión, sus preocupaciones, y su dolor, todos aquellos a los que un día no supimos escuchar y se fueron y no los echamos de menos. ¡Enseñadnos a ser mejores cristianos! ¡Enseñadnos a recuperar la esencia de la comunidad cristiana que es la comunión, no la exclusión!”, ha añadido.  

“Ese mismo Jesús que no nos dejó normas ni estructuras sobre cómo ser Iglesia, sí nos dejo una forma de vida con la que construir esa Iglesia llamada a ser refugio seguro para todos”, explicó en su meditación.  

Ella considera la Iglesia un “lugar de encuentro y diálogo intercultural, espacio de creatividad teológica y pastoral con la que afrontar los desafíos a los que nos enfrentamos. En definitiva ser la Iglesia-Hogar que todos añoramos”.  

La Iglesia un lugar de encuentro 

Por último, meditó sobre una sinodalidad que significa “creer en el que es el primero y el último, en el que murió y, sobre todo, en el que resucitó, porque algunas veces se nos olvida que nosotros creemos en alguien que está vivo. ¡Vivo! Y camina a nuestro lado para aprender de Él y con Él a ser servidores unos de otros, porque servicio y sinodalidad van de la mano”.  

Caber recordar que la teologa española invitada al Sínodo, en su obra antes mencionaba, explicaba el miedo de los hombres –en este caso, de Iglesia– a las mujeres por tres cuestiones: miedo a lo desconocido, miedo a las propias reacciones y miedo a compartir espacios y lugares. «No todos los hombres de Iglesia tienen miedo, pero sí una gran mayoría”, sostiene Inogés. 

A tal propósito, el Papa había indicado en su discurso de hoy: “Si falta una participación real de todo el Pueblo de Dios, los discursos sobre la comunión corren el riesgo de permanecer como intenciones piadosas

¿De cuerpo entero?

 

POR CRISTINA INOGÉS 

¡Al fin! Ya estamos de Sínodo. ¿Cómo lleváis lo de “sinodear”? Supongo que andaréis atentos porque la experiencia es prometedora. ¡Ánimo! Aunque a estas alturas ya lo sabéis todos, no está de más recordar que estamos todos invitados a participar. 

Diversidad y unidad 

Hace unos días releía el texto de Pablo, el capítulo doce de la Carta a los Corintios sobre la diversidad y unidad, y el símil del cuerpo. Me paré a pensar en la diversidad de dones, de carismas, de ministerios, y pensé en la diversidad de personas que formamos la Iglesia, que somos el cuerpo de la Iglesia. Una vez más admiré la maravilla que es esa diversidad y pensé en lo afortunados que somos de tenerla, aunque no sea para algunos fácil de asimilar, ni de aceptar. 

La parte en la que Pablo habla de los diferentes miembros del cuerpo, de esos judíos y griegos, y esclavos y libres –hombres y mujeres dirá en otro texto– que a pesar de ser muchos son un solo cuerpo y que ningún miembro puede decir a otro miembro que no lo necesita, me llevó a pensar en esas personas a las que les amputan un miembro de su cuerpo y, durante mucho tiempo, sienten que lo siguen teniendo, y les sigue doliendo. 

Eso me llevó a plantearme si nos duelen, si seguimos sintiendo a todos esos miembros que por mil razones están amputados de nuestro cuerpo eclesial, o ya estamos en la fase de haber olvidado la ausencia y el dolor y, sencillamente, ya no recordamos que existen. 

Ir contracorriente 

Y, de nuevo, la diversidad se hizo presente. Mejor dicho, la falta de ella al menos oficialmente. Hay muchos miembros del cuerpo eclesial que no tienen problemas en aceptar la diversidad, variedad, pluralidad, diferencia… ¡Hay tantas formas de decirlo! Sin embargo, para otros, la uniformidad viene a ser como un valor inamovible, eterno, que les da seguridad. Sin darse cuenta que esa seguridad es tan poco segura como lo está el agua en una cesta. 

¿Cómo podemos pensar que en la Iglesia estamos todos cuando faltan tantos de sus miembros? ¿Cómo a estas alturas podemos seguir preguntándonos cómo llegar hasta ellos, qué tenemos que hacer para acercarnos? Estas simples preguntas nos retratan como cristianos. No digo que nos identifiquen, digo solamente que nos retratan como cristianos de salón y, si se quiere, hasta de sacristía. ¿Los hemos visto y hemos mirado para otro lado? ¿Los hemos visto y, sencillamente, los hemos ignorado? ¿Acaso no los hemos visto y no hemos sentido su presencia en forma de ausencia? 

Ir contracorriente fue, es y será lo propio de los cristianos y eso significa actuar conforme a la Palabra, conforme a lo que Dios quiso para nosotros desde el inicio. Somos, todos, fruto de la evolución querida por Dios en la creación, somos el resultado del deseo de Dios, ¿cómo olvidarnos, cómo no aceptar parte de ese deseo, de esa creación? 

Lo esencial de la fe 

Toda teología, para que lo sea de verdad, tiene que ser teología encarnada. En este Sínodo de la sinodalidad en el que estamos ya inmersos, además de hacer y proponer una teología encarnada, tendremos que hacer una teología enraizada en las realidades que nos rodean, pero, sobre todo, en el sufrimiento humano. Y hay mucho sufrimiento en ese margen imaginario de la Iglesia, en esa línea que nos permitimos dibujar aquellos que nos consideramos dentro como si el espacio eclesial fuera de nuestra propiedad. 

Yves Congar, en su libro Verdadera y falsa reforma de la Iglesia, publicado a mediados del pasado siglo, dijo algo que se puede afirmar hoy sin ninguna duda. Frente a la Iglesia, cualquier persona de nuestro entorno puede decir que “más que los pecados de sus miembros, [nuestros contemporáneos] se escandalizarán de su incomprensión, de sus mezquindades, de sus retrasos”

Urge el reconocimiento de esa realidad humana que habita en esos márgenes que huelen a ocultamiento por nuestra parte. Esconder la realidad que debería cuestionarnos permanentemente lo esencial de nuestra fe, sigue dándole la razón a la reflexión de Congar. 

El don de la diversidad 

Ese cambio nos obliga a escuchar con toda la humildad y respeto el dolor, el sufrimiento, y hasta la ira de esas personas a las que un día alejamos de nosotros. Cuando una víctima, una persona herida, una persona abandonada es capaz de verbalizar el sentimiento sufrido, se inicia el camino de la recuperación. Se pueden olvidar las palabras que alguna vez nos dijeron, pero nunca, nunca, el sentimiento que nos causaron. Acariciar con la escucha no va a ser fácil, sin embargo, es condición indispensable para sanarnos mutuamente. 

Por duro que sea el encuentro, por dura que sea la escucha, por incómoda que sea la vergüenza que pasemos, merece la pena hacerlo porque sí, somos todos miembros muy diferentes de un cuerpo eclesial donde la diversidad de todo tipo es un don maravilloso deseado por Dios. 

De muchos de nosotros va a depender que podamos decir, de ahora en adelante, que somos una Iglesia de cuerpo entero.