Recuperar la cuaresma

abstinencias cuaresmales de tabaco, de alcohol, de fútbol, de TV…, según las adicciones de cada cual

ayunar para ayudar. No simplemente para fastidiarse, como si a Dios le agradaran nuestros dolores (doctrina herética que aún enseñan algunos católicos)

Por | José Ignacio González Faus

Cuaresma significa cuarentena, una palabra de origen médico. La cifra de 40 aparece en relatos bíblicos (marcha del pueblo por el desierto o estancia de Jesús en él) que quieren mostrar cómo, a través de un período de esfuerzo y dificultad, se llega a una situación mucho mejor, llámesela tierra prometida o cercanía del reinado de Dios.

La cuaresma es pues una advertencia o recuerdo de que los humanos necesitamos periodos de confinamiento, o cuarentenas. Pues estamos sometidos a una complicidad con el mal que, aunque no anula nuestra bondad (que es lo más profundo de nosotros), es mucho más primaria y espontánea y suele llevarnos a mil disparates. Propongo llamarla hoy “pandemia original” evitando el discutible nombre de “pecado” original que le dio la tradición católica por culpa de Agustín.

La covid19 nos ha enseñado que (aunque cuesten) necesitamos esos tiempos de cuarentena, por el bien propio y de los demás. Desde esta lección elemental propongo una recuperación seria de dos prácticas cuaresmales tan elementales como sabias: ayuno y abstinencia. Ambas casi perdidas hoy: los musulmanes con su fidelidad al Ramadán nos dan lecciones en este punto.

Veamos cómo podrían recuperarse.

1.- La abstinencia tuvo mucho sentido cuando la gente casi no comía más que carne y la gota era una enfermedad de lo más normal. La pereza pastoral que a veces aqueja a la santa madre Iglesia hizo que esa norma perdurase cuando ya no tenía sentido y muchas gentes se “abstenían” los viernes rezando: “gracias a que la Iglesia es madre podemos comer hoy mariscos y langosta”… ¡Qué distinto sería si en dos o tres días de las semanas de cuaresma practicáramos otras abstinencias que habrá de determinarse cada cuál!: porque si a los niños pequeños se les dice que han de hacer esto o aquello, a los hijos mayores se les debe inculcar solo que han de hacer el bien; y ellos verán cómo.

Caben pues abstinencias cuaresmales de tabaco, de alcohol, de fútbol, de TV…, según las adicciones de cada cual. O en aquellas parejas donde la relación sexual sea efectivamente hacer el amor y no meramente follar, una abstinencia respetuosa de ese contacto, para luego realizarlo con más ganas y más amor. Cada cuál decidirá. Pero que sean de veras “abstinencias”

2.- Respecto al ayuno debemos recuperar un juego de palabras de la iglesia primera que suena aún más claro en castellano: ayunar para ayudar. No simplemente para fastidiarse, como si a Dios le agradaran nuestros dolores (doctrina herética que aún enseñan algunos católicos). Tampoco simplemente para perder peso. Sino porque la gran necesidad y el inmenso dolor de muchos hermanos nuestros no nos permite vivir del todo tranquilos. Uno o dos días a la semana sin casi probar bocado para entregar lo así ahorrado a Caritas o a Amnistía Internacional, o a entidades que ayudan a los sufrientes de este mundo.

He conocido dos casos de anorexia en muchachas (uno bastante serio). Y lo que más me impresionó no fue la equivocada percepción de aquellas chavalas sobre su figura, sino que se sometieran a aquel tormento porque creían que no gustaban bastante a los machos (esa concepción de la mujer, que tanto fomenta nuestra sociedad y que las feministas, en mi opinión, no acaban de combatir bastante). Pues bien, si se quiere, hablemos de una “anorexia espiritual” en cuaresma, que no se hace para estar yo más guapo sino para que otros estén un poco más sanos.

Por supuesto, esas prácticas tan aptas no recobrarán del todo su sentido si no van acompañadas de una seria reflexión o meditación (u oración) sobre su motivo: nuestra empatía y solidaridad con todos los sufrientes de este mundo que son hermanos nuestros; y nuestro encuentro con Dios en ellos.

Y, por descontado: lo dicho no significa que solo en Cuaresma hayamos de ser solidarios, sino que la Cuaresma existe para recordarnos que hemos de serlo siempre.

La Buena Noticia del Dgo 2º-Cuaresma-C

Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió

Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.

Lectura de la Palabra

Lucas 9, 28b-36

En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos.

De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

No sabía lo que decía.

Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.»

Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto

Comentarios a la lectura

A QUIÉN ESCUCHAR?

Por José Antonio Pagola

Los cristianos hemos oído hablar desde niños de una escena evangélica llamada tradicionalmente la «transfiguración de Jesús». Ya no es posible saber con seguridad cómo se originó el relato. Quedó recogido en la tradición cristiana sobre todo por dos motivos: les ayudaba a recordar el misterio encerrado en Jesús y les invitaba a escucharle solo a él.

En la cumbre de una «montaña alta», los discípulos más cercanos ven a Jesús con el rostro «transfigurado». Le acompañan dos personajes legendarios de la historia de Israel: Moisés, el gran legislador del pueblo, y Elías, el profeta de fuego que defendió a Dios con celo abrasador.

Los dos personajes, representantes de la Ley y los Profetas, tienen el rostro apagado: solo Jesús irradia luz. Por otra parte, no proclaman mensaje alguno, vienen a «conversar» con Jesús: solo este tiene la última palabra. Solo él es la clave para leer cualquier otro mensaje.

Pedro no parece haberlo entendido. Propone hacer «tres chozas», una para cada uno. Pone a los tres en el mismo plano. No ha captado la novedad de Jesús. La voz surgida de la nube va a aclarar las cosas: «Este es mi Hijo, el escogido. Escuchadlo». No hay que escuchar a Moisés o a Elías, sino a Jesús, el «Hijo amado». Sus palabras y su vida nos descubren la verdad de Dios.

Vivir escuchando a Jesús es una experiencia única. Por fin estamos escuchando a alguien que dice la verdad. Alguien que sabe por qué y para qué vivir. Alguien que ofrece las claves para construir un mundo más justo y digno del ser humano.

Los seguidores de Jesús no vivimos de cualquier creencia, norma o rito. Una comunidad se va haciendo cristiana cuando va poniendo en su centro el Evangelio y solo el Evangelio. Ahí se juega nuestra identidad. No es fácil imaginar un hecho social más humanizador que un grupo de creyentes escuchando juntos el «relato de Jesús». Cada domingo podemos sentir su llamada a mirar la vida con ojos diferentes y a vivirla con más responsabilidad, construyendo un mundo más habitable.

Transfiguración y profecía

Pepa Torres


El Evangelio de hoy es conocido tradicionalmente como la Transfiguración de Jesús y nos resulta siempre difícil de comprender. No sabemos bien a qué experiencia concreta remite, pero sí que acontece en el contexto de un encuentro en la intimidad con su Abba, en el que se experimenta transido de Dios y enraizado en la tradición profética de Israel. De ahí la referencia a Moisés y Elías. Una experiencia de filiación profundamente arraigada en un misterio de Amor que le desborda y le confirma en su misión profética con todas sus consecuencias.

Los discípulos que le acompañan son testigos de la afección de esta experiencia contemplativa en el propio Jesús, de su transformación interna y externa: su transfiguración. Quizás desde una compresión psicológica contemporánea podríamos definirla hoy esta experiencia vivida por Jesús como una experiencia cumbre que marcó su vida.

Pero la reacción de los discípulos y Jesús ante esta experiencia es bien distinta. Mientras Pedro, Juan y Santiago tienen la tentación de autocomplacerse en ella, instalarse en el bienestar consolador que les produce y evadirse de la realidad histórica: “Hagamos tres tiendas”. La reacción de Jesús es permanecer en silencio asumiendo la dimensión conflictiva de su misión, que ya empieza a vislumbrar y que acontecerá en Jerusalén, pues el reino que el Abba le va desvelando no tiene nada que ver con el poder político y religioso que representa el Templo.

Quizás este es el mayor aprendizaje que nos propone la lectura de este este texto: la autenticidad de la experiencia contemplativa en nuestra vida no es una cuestión de piedad, sino de profetismo y compromiso. La calidad de nuestra oración o nuestras experiencias de Dios no se miden por cuantas horas estamos en silencio sino por nuestra projimidad vivida hasta las últimas consecuencias.

El texto también nos dice que los discípulos vieron la gloria de Dios. Desde la tradición patrística que representa San Ireneo sabemos que la gloria de Dios es que los hombres y las mujeres vivan y lo hagan en abundancia, en plenitud de sentido, justicia y comunión. Por eso la verificación de la dimensión orante de nuestra vida nunca será la autocomplacencia, sino la entrega generosa y gratuita a empujar y cuidar la vida allá donde se nos revela más vulnerada y herida. Allá también seremos llamados y llamadas a vivir la experiencia de filiación que nos hace hijos e hijas en el Hijo y a todo ser humano nuestro hermano y hermana.

El mensaje cuaresmal de la Iglesia de Paraguay

Los obispos paraguayos han titulado su escrito ‘Miércoles de ceniza, tiempo de conversión y renovación’

La Conferencia Episcopal del Paraguay, reunidos en la 233° Asamblea General, analizaron la situación que hoy vive la humanidad y la Iglesia, y enviaron un mensaje al Pueblo de Dios y a todas las personas de bien, titulado: “Miércoles de ceniza, tiempo de conversión y renovación”.

Consideraron oportuno compartir algunas de estas reflexiones en este tiempo especial.

En este tiempo de cuaresma señalaron que todos deben “abocarse a la conversión personal y comunitaria”. Creen que el país necesita cambios urgentes y radicales, una profunda conversión y un cambio de mentalidad para garantizar una sociedad más justa, equitativa y solidaria. Por ello, pidieron “Hagamos el bien a todos”.

Agregaron que todo paraguayo está llamado a practicar el bien, con gozo y alegría, tal como lo plantea el papa Francisco en su mensaje de Cuaresma 2022, no como un peso, sino como una gracia.

Siembra y cosecha

“La mala cosecha es producto de una mala siembra, la cosecha generosa es producto de una siembra generosa”, sostuvieron los obispos paraguayos. Consideran oportuno reflexionar sobre todo lo que está aconteciendo en el mundo: “Causa una gran tristeza y pena el conflicto bélico entre dos países hermanos, Rusia y Ucrania. Pedimos rezar por la paz y el cese de la violencia”.

En el orden interno, mencionaron el narcotráfico y su contaminación con la esfera política. Reconocieron que el vínculo con instituciones y servidores públicos “es evidencia de una mala siembra que como sociedad no supieron controlar. Estimaron grave y preocupante el avance de este mal endémico que enferma y lastima severamente, pero creen que aún están a tiempo. Reiteraron: “No nos cansemos de hacer el bien”.

Fe y esperanza en Cristo

“En esta Cuaresma depositemos nuestra fe y esperanza en Cristo resucitado y no nos cansemos de orar por nuestro pueblo y por el mundo entero”, pidió el episcopado paraguayo.

Ofrecieron dos caminos para este tiempo cuaresmal: la caridad y sensibilidad como bandera de la misión. En este año del laicado invitan a todos a participar haciendo el bien en caridad activa hacia el prójimo. Ponerse en camino y visitar a a los enfermos, ancianos y los hermanos en situación de calle; “hacer el bien también es escuchar, sanar y ayudar a los más pequeños e indefensos”.

La otra propuesta es “caminar juntos”, sobre todo en este particular año en el que se celebra el sínodo de la sinodalidad. Creen que es una tierra fértil para “caminar juntos” y asumir y encarar  los cambios necesarios que lleven a un camino de conversión pastoral y misionera al servicio de la vida plena del pueblo.

Finalmente, invocaron a María para que como Madre, a través de su intercesión, puedan erradicar los males de la sociedad y sembrar buenas semillas para cosechar buenos frutos.

Cuaresma en guerra

Por Alejandro Fernández Barrajón

¡Cuántas veces nos decimos una y otra vez que el tiempo pasa!  Recordamos con frecuencia acontecimientos del pasado que permanecen en nuestra memoria y nos parece que fue ayer. El tiempo es un camino que nadie puede detener y por él caminamos nosotros buscando un sentido a nuestra propia vida.

 Ahora estamos en esta estación, en esta fonda, a la que llamamos Cuaresma. Venimos cansados de tantos pasos inútiles, de tantas sensaciones amargas, como nos ha deparado el camino. El tiempo, además de las canas, va dejando en nosotros alguna que otra arruga en el corazón. Parece que hemos perdido la ingenuidad de la niñez, el ímpetu de la juventud y nos adentramos en el realismo cruel de la monotonía. Parecemos a las agotadas  madres que cruzan Ucrania hacia la frontera de Polonia o Rumanía, buscando un lugar más seguro para ella y para sus hijos con la angustia de haber dejado atrás a sus esposos y padres, sin la seguridad de poder volver a verlos. La humanidad, lejos de avanzar está retrocediendo con la amenaza de la guerra. Cuesta entender que estemos en manos de un solo hombre con rasgos psicopáticos. Hemos avanzado  menos de lo que pensábamos.  Necesitamos una Cuaresma con urgencia que nos ponga a tono y nos devuelva  la  esperanza pascual hacia donde nos dirigimos.

 Queremos, en esta fonda de la gracia, aprovisionarnos de nuevo, reponernos del cansancio, descubrir el gozo de sabernos vivos y en camino con el deseo manifiesto de encontrar algo nuevo que nos reanime, que nos cure, que no empuje a vivir la vida con más gozo.

 Pues Dios nos lo regala. Sólo es necesario que miremos con ojos de fe para que él pueda hacer en nosotros el milagro del perdón y de la curación:

 Estamos de oportunidad para disfrutar de una gracia abundante que nos haga ver la vida de una forma más esperanzada.

 La iglesia, que es madre de todos los creyentes, nos ofrece su ayuda amorosa para hacernos más feliz el camino.  Y nos dice todo esto:

 1.- Que la Palabra de Dios es como el agua fresca en el desierto de la sed.

  • – Acerquémonos a la Palabra. No es una palabra de tantas.
  • – Que a veces leemos de todo menos lo que nos conviene.
  • – Que sea nuestra compañera de camino, de mesita de noche.

 2.-Que la Eucaristía para un cristiano  es como el agua para el pez.

  • – Un cristiano que no se alimenta de Dios experimenta la anorexia de su amor.
  • – Celebrar cada domingo la eucaristía, con todos los creyentes, es mucho más que una ley, o una costumbre.
  • – No hagáis caso a los que dicen que por venir a la iglesia no se es mejor persona. Es la disculpa de los que no vienen y tampoco son mejores que nadie.
  • – Se puede vivir sin la eucaristía, pero eso no es vida; al menos no es vida cristiana.

 3.- Que el ayuno y la penitencia no son una bobada.

  • – Si dejamos los signos penitenciales que la iglesia nos recomienda acabamos por no practicar ninguno.
  • – Necesitamos de signos que nos hagan descubrir la humildad de los que somos, la limitación que arrastramos, la necesidad de ser solidarios con los que tienen menos suerte.
  • – Experimentar el sacrifico del ayuno y de la penitencia nos ayuda a entender mejor a los demás, sobre todo a los que sufren. Nos hace más humanos.
  • – Por supuesto que no es lo más importante de nuestra fe, pero nos ayuda si lo hacemos con respeto y cariño.
  • – ¿Y si además de ayunar estamos dispuestos a recibir  a algunos refugiados de Ucrania que muy pronto estarán entre nosotros? Sería la mejor Cuaresma de nuestra historia.

 4.- Que la oración no es cosa de curas, frailes, monjas y beatas.

  • – Las oración es un regalo de Dios a los creyentes.
  • – Fue Jesús quien nos recomendó la oración y nos enseñó a orar.
  • – En la oración abrimos las puertas del encuentro con Dios y renovamos nuestra amistad con él.

 5.- Que la limosna sigue siendo un gesto cristiano impresionante.

  • – No se trata de dar cuatro pesetas para sentirnos tranquilos. Eso no es caridad.
  • – Se trata de compartir lo nuestro, muchas veces de lo que nos sobra, para socorrer al necesitado.
  • – Una limosna a Cáritas, Manos Unidas, Obras Misionales Pontificias, o a organizaciones serias, supone apoyar un montón de proyectos humanitarios en todo el mundo.
  • – Solos podemos poco, pero unidos a otras personas, podemos llegar muy lejos.
  • – La pena es que seamos solidarios sólo cuando ocurre algo extraordinario.
  • – Hay situaciones dramáticas que duran todo el año y nos olvidamos de ellas. Los cristianos teníamos que dedicar cada mes una parte de nuestro sueldo a los necesitados. Nos cuesta convertir esto en costumbre, pero no olvidemos que Dios nos regala a nosotros muchas cosas todos los días.
  • – Ya hay cristianos que reservan un tanto por ciento de su salario para los pobres.
  • En fin, que la cuaresma que empezamos pueda ser el comienzo de algo nuevo.
  • Tenemos, como veis, muchos caminos para no descuidar nuestra fe y nuestra amistad con Dios.
  • Pero hace falta ponernos en camino y vivirlo.
  • Vivir al margen de Dios es muy fácil pero no deja satisfecho el corazón.
  • Nadie estamos libres de pecado. Por eso todos estamos llamados a la gracia.
  • Cuaresma es tiempo de gracia y de salvación.
  • Dispongamos el corazón para el encuentro con Dios y todo lo demás se nos dará por añadidura.
  • El gesto de la ceniza con el que hemos comenzado la Cuaresma no es estéril. Es un gesto para reaccionar, para renovarnos, para sentir el gozo de la presencia de Dios.

 Poema de Martín Descalzo:

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 ¿Y qué has hecho de mí, pues a desierto

me sabe todo amor cuando te has ido?

Tú lo sabes muy bien: yo siempre he sido

un mendigo de amor en cada puerto.

Tendí mi mano en el camino incierto

de la belleza humana: cualquier nido

podía ser mi casa; y he pedido

tantos besos que tengo el labio muerto.

Y ahora todo es sal. Me sabe a tierra

el pobre corazón. Estoy vacío.

El calor de un abrazo es calor frío,

pues tu amor me redime y me destierra.

Y sé que mientras tú no seas mío,

hasta la paz va a parecerme guerra.

La Buena Nueva del Dgo Cuarsma-1º-C

Vencer las tentaciones

«No solo de pan vive el hombre»

Lucas 4, 1-13

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.

Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.

Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.» Jesús le contestó: «Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre»».

Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.»

Jesús le contestó: «Está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto»». Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras»».

Jesús le contestó: «Está mandado: «No tentarás al Señor, tu Dios»».

Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

Comentario al Evangelio

CONVERTIR TODO EN PAN

Written by José Antonio Pagola

Es nuestra gran tentación. Reducir todo el horizonte de nuestra vida a la mera satisfacción de nuestros deseos: empeñarnos en convertirlo todo en pan con que alimentar nuestras apetencias.

Nuestra mayor satisfacción, y a veces casi la única, es digerir y consumir productos, artículos, objetos, espectáculos, libros, televisión. Hasta el amor ha quedado convertido con frecuencia en mera satisfacción sexual.

Corremos la tentación de buscar el placer más allá de los límites de la necesidad, incluso en detrimento de la vida y la convivencia. Terminamos luchando por satisfacer nuestros deseos, aun a costa de los demás, provocando la competitividad y la guerra entre nosotros.

Nos engañamos si pensamos que es ese el camino de la liberación y de la vida. Al contrario, ¿no hemos experimentado nunca que la búsqueda exacerbada de placer lleva al aburrimiento, el hastío y el vaciamiento de la vida? ¿No estamos viendo que una sociedad que cultiva el consumo y la satisfacción no hace sino generar insolidaridad, irresponsabilidad y violencia?

Esta civilización, que nos ha «educado» para la búsqueda del placer fuera de toda razón y medida, está necesitando un cambio de dirección que nos pueda infundir nuevo aliento de vida.

Hemos de volver al desierto. Aprender de Jesús, que se negó a hacer prodigios por pura utilidad, capricho o placer. Escuchar la verdad que se encierra en sus inolvidables palabras: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios».

¿No necesitamos liberarnos de nuestra avidez, egoísmo y superficialidad, para despertar en nosotros el amor y la generosidad? ¿No necesitamos escuchar a Dios, que nos invita a gozar creando solidaridad, amistad y fraternidad?

Catequesis para la Cuaresma:

                          ¿Qué es la cuaresma?

por Departamento Nacional de Animación y Pastoral Bíblica (CEA) 


                                         

Son los 40 días previos de preparación a la Pascua. La cuaresma consta de cinco domingos, comienza con el Miércoles de Ceniza y concluye en la mañana del Jueves Santo

¿Por qué cuarenta días? Es un número simbólico, cuyo significado se extrae de la Biblia:

Antiguo Testamento: evocan a los cuarenta días del diluvio, los cuarenta días y noches de Moisés en el Sinaí, de Elías que camina hacia el Horeb, los cuarenta años del pueblo elegido en el desierto, los cuarenta días después de los cuales Nínive sería destruida según la predicación de Jonás.

Nuevo Testamento: los cuarenta días en los que Jesús se retira al desierto para orar y ayunar, al final de los cuales combate y vence al diablo con la palabra de Dios (ver Mt 4,1-11; Mc 1,12-13; Lc 4,1-13).

Para los cristianos son como un sacramento del tiempo durante el cual toda la Iglesia, los que se preparan al bautismo y los penitentes que se han de reconciliar con motivo de la Pascua, tienen en la Cuaresma un tiempo de conversión y de gracia, un camino espiritual que recorren iluminados por el fulgor de la Pascua.

Por eso, en este tiempo se invita a todos los cristianos a realizar un constante camino catecumenal: un itinerario de escucha perseverante de la Palabra de Dios, que llama a una sincera conversión.

La oración, el ayuno y la misericordia

Son los resortes que hacen que la fe se mantenga firme, la devoción sea constante y la virtud permanente.

Estas tres dimensiones constituyen la vuelta a la completa reconciliación: la oración nos devuelve la comunión con Dios; la limosna y la caridad nos reconcilian con los hermanos; el ayuno, en cuanto dominio de sí, lucha contra las pasiones y, por la adquisición de una libertad espiritual, nos reconcilia con nosotros mismos.

 El Leccionario Dominical

Las lecturas del Antiguo Testamento se refieren a la Historia de la Salvación, que es uno de los temas propios de la catequesis cuaresmal. Cada año hay una serie de textos que presentan los principales momentos de esta historia, desde el principio hasta la promesa de la nueva alianza.

Las lecturas del Apóstol se han escogido de manera que tengan relación con las lecturas del Evangelio y del AT y que haya, en lo posible, una adecuada conexión entre las mismas.

Las lecturas del Evangelio están distribuidas de la siguiente manera:

Domingos primero y segundo: se ofrecen las narraciones de las tentaciones de Jesús en el desierto y de la Transfiguración del Señor, leídas según cada uno de los tres evangelios sinópticos (Año A: Mt, Año B: Lc y Año C; Mc).

Los tres domingos siguientes: para el Año A se han recuperado los evangelios de la samaritana, del ciego de nacimiento y de la resurrección de Lázaro (pertenecientes al evangelio según san Juan). Estos evangelios, por ser de gran importancia en relación con la iniciación cristiana, pueden leerse también en los Años B y C, sobre todo cuando hay catecúmenos.

El ciclo Dominical C (correspondiente a 2022)

Domingo 1º: La fe inicial de Israel (Dt 26,4-10); la fe en Cristo (Rm 10,8-13); Jesús tentado y vencedor (Lc 4,1-13).

Domingo 2º: La fe de Abraham y la Alianza (Gn 15,5-12.17-18); llamados a la transfiguración de nuestros cuerpos (Fl 3,17–4,1); Cristo transfigurado revelador del Padre, fundamento de nuestra fe (Lc 9,28b-36).

Domingo 3º: Un Dios que se revela como liberador (Ex 3,1-8a.13-15); también los cristianos aprenden del camino de los Padres de Israel por el desierto (1 Co 10,1-6.10-12); llamados a la conversión (Lc 13,1-9).

Domingo 4º: La Pascua en la tierra prometida, se renueva la Alianza (Jos 5,9a.10-12). llamados en Cristo a ser reconciliados (2 Co 5,17-21); Dios como un padre paciente espera la conversión del hijo (Lc 15,1-3.11-32).

Domingo 5º: Dios hace nuevas todas las cosas, en el futuro del hombre (Is 43,16-21); llamados a la resurrección (Flp 3,8-14); el perdón de la mujer acusada de adulterio (Jn 8,1-11).

Pbro. Gabriel Hernán Rodríguez

Las tentaciones

Las tentaciones de Jesús y de la Iglesia según Benedicto XVI

Como he dicho en la postal anterior (2.3.22), la Iglesia  recuerda y actualiza este Domingo 6.3.22 las “tentaciones” de Jesús, recogidas por Mt 4 y Lc 4. Benedicto XVI ha pensado reiteradamente en ellas, como teólogo, Presidente de la Congregación para la Doctrina de la fe y Papa.

Retoma para ello motivos de la historia de la humanidad y de la Iglesia, con matices tomados de Dostoievski, en un momento crucial de su vida, entre su rechazo de “zarismo” y su pre-visión de un totalitarismo inhumano, representado por el Gran Inquisidor social de la nueva historia.

Benedicto XV ha situado el tema en el contexto de su “dramática” vida, entre el terror nazi y un tipo de “nuevo” terror que él ha vinculado al “marxismo real” y a un tipo de nuevo inhumanismo ateo. Su visión aparece en varios libros, en muchos discursos papales recogidos en Vatican-va y sobre todo en su primer tomo de Jesús de Nazaret. Sobre la visión de Dostoievski he tratado en mi Historia de Jesús

Por| X. Pikaza Ibarrondo

1ª TENTACIÓN: CONVIERTE ESTAS PIEDRAS EN PAN (MARXISMO)

Tema:«La prueba de la existencia de Dios que el tentador propone en la primera tentación consiste en convertir las piedras del desierto en pan. En principio se trata del hambre de Jesús mismo; así lo ve Lucas: «Dile a esta piedra que se convierta en pan» (Lc 4, 3). Pero Mateo interpreta la tentación de un modo más amplio, tal como se le presentó ya en la vida terrena de Jesús y, después, se le proponía y propone constantemente a lo largo de toda la historia. ¿Qué es más trágico, qué se opone más a la fe en un Dios bueno y a la fe en un redentor de los hombres que el hambre de la humanidad? El primer criterio para identificar al redentor ante el mundo y por el mundo, ¿no debe ser que le dé pan y acabe con el hambre de todos? Cuando el pueblo de Israel vagaba por el desierto, Dios lo alimentó con el pan del cielo, el maná. Se creía poder reconocer en eso una imagen del tiempo mesiánico: ¿no debería y debe el salvador del mundo demostrar su identidad dando de comer a todos? ¿No es el problema de la alimentación del mundo y, más general, los problemas sociales, el primero y más auténtico criterio con el cual debe confrontarse la redención? ¿Puede llamarse redentor alguien que no responde a este criterio? “ (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret I, 55).

Respuesta falsa. Marxismo.«El marxismo ha hecho precisamente de este ideal —muy comprensiblemente— el centro de su promesa de salvación: habría hecho que toda hambre fuera saciada y que «el desierto se convirtiera en pan». «Si eres Hijo de Dios…»: ¡qué desafío! ¿No se deberá decir lo mismo a la Iglesia? Si quieres ser la Iglesia de Dios, preocúpate ante todo del pan para el mundo, lo demás viene después» (Ibid. 56).

Más allá del pan (y del marxismo). Benedicto XVI cita unas palabras del teólogo Alfred Delp, ejecutado por los nazis: «El pan es importante, la libertad es más importante, pero lo más importante de todo es la fidelidad constante y la adoración jamás traicionada». «Cuando a Dios se le da una importancia secundaria, que se puede dejar de lado temporal o permanentemente en nombre de asuntos más importantes, entonces fracasan precisamente estas cosas presuntamente más importantes. No sólo lo demuestra el fracaso de la experiencia marxista» (Ibid 57‒58). 

Ciertamente, la respuesta de Benedicto XVI es honda y certera, en la línea de la aplicación histórica del tema de las tentaciones de Jesús. Haremos bien en recordarla, interpretarla y aplicarla. Pero no es la única. Algunas cosas han cambiado además desde los tiempos de su juventud, tras el nazismo, cuando el marxismo germano-soviético aparecía como amenaza central con la libertad y la pas de millones y millones de personas. 

2ª TENTACIÓN: ÉCHATE DEL TEMPLO (FALSA IDEOLOGÍA Y TEOLOGÍA)

            Benedicto XVI sabía mucho del tema, no sólo cómo teólogo  significativo, sino como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe y después como Papa. El diablo de las tentaciones de Jesús aparece ante todo como “teólogo”, es decir, como intérprete de la Biblia y como ideólogo. Es normal que XVI haya identificado a este Segundo Diablo (Diablo de la 2ª tentación) con un tipo de teólogos (escrituristas) que manipulan la Palabra de Dios y esclavizan a los fieles. El diablo “escriturista” (teólogo). Para fundar su interpretación, Benedicto XVI apela (quizá de un modo algo sesgado) a un pensador ruso llamado V. Soloviev (en la línea de Dostoievski): 

 «Vladimir Soloviev toma este motivo en su Breve relato del Anticristo: el Anticristo recibe el doctorado honoris causa en teología por la Universidad de Tubinga; es un gran experto en la Biblia. Soloviev expresa drásticamente con este relato su escepticismo frente a un cierto tipo de erudición exegética de su época. No se trata de un “no” a la interpretación científica de la Biblia como tal, sino de una advertencia sumamente útil y necesaria ante sus posibles extravíos. La interpretación de la Biblia puede convertirse, de hecho, en un instrumento del Anticristo. No lo dice solamente Soloviev, es lo que afirma implícitamente el relato mismo de la tentación. A partir de resultados aparentes de la exégesis científica se han escrito los peores y más destructivos libros de la figura de Jesús, que desmantelan la fe.

Hoy en día se somete la Biblia a la norma de la denominada visión moderna del mundo, cuyo dogma fundamental es que Dios no puede actuar en la historia y, que, por tanto, todo lo que hace referencia a Dios debe estar circunscrito al ámbito de lo subjetivo. Entonces la Biblia ya no habla de Dios, del Dios vivo, sino que hablamos sólo nosotros mismos y decidimos lo que Dios puede hacer y lo que nosotros queremos o debemos hacer. Y el Anticristo nos dice entonces, con gran erudición, que una exégesis que lee la Biblia en la perspectiva de la fe en el Dios vivo y, al hacerlo, le escucha, es fundamentalismo; sólo su exégesis,  la exégesis considerada auténticamente científica, en la que Dios mismo no dice nada ni tiene nada que decir, está a la altura de los tiempos.

El debate teológico entre Jesús y el diablo es una disputa válida en todos los tiempos y versa sobre la correcta interpretación bíblica, cuya cuestión hermenéutica fundamental es la pregunta por la imagen de Dios. El debate acerca de la interpretación es, al fin y al cabo, un debate  sobre quién es Dios. Esta discusión sobre la imagen de Dios en que consiste  la disputa sobre la interpretación correcta de la Escritura se decide de un modo concreto en la imagen de Cristo: Él, que se ha quedado sin poder mundano, ¿es realmente el Hijo del Dios vivo?

Así, el interrogante sobre la estructura del curioso diálogo escriturístico entre Cristo y el tentador lleva directamente al centro de la cuestión del contenido. ¿De qué se trata?  Se ha relacionado esta tentación con la máxima del panem et circenses: después del pan hay que ofrecer algo sensacional. Dado que, evidentemente, al hombre no le basta la mera satisfacción del hambre corporal, quien no quiere dejar entrar a Dios en el mundo y en los hombres tiene que ofrecer el placer de emociones excitantes cuya intensidad suplante y acalle la conmoción religiosa. Pero no se habla de esto en este pasaje, puesto que, al parecer, en la tentación no se presupone la existencia de espectadores» (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret I, 60-61).

Una condena quizá menos matizada Las palabras anteriores constituyen el alegato más fuerte de Benedicto XVI en contra los malos escrituristas (=exegetas, teólogos) que serían el Segundo Diablo (la segunda tentación) a la que alude el relato de Jesús. Esos “malos” teólogos con su interpretación torcida de la Biblia, aparecen de algún modo como agentes satánicos, una gran tentación para los fieles. Da la impresión de que Benedicto XVI echa la culpa de parte de la crisis de la Iglesia actual) a los malos teólogos (que serían como una especie de encarnación del Diablo). 

Ciertamente, Jesús no se sometió a ellos, sino que supo responderles bien y vencerles, con una famosa cita de la Biblia que dice “no tentarás a Dios” (Mt 4, 7), pero, a su juicio, cierta parte de la Iglesia moderna ha podido caer en manos de esta segunda tentación del Diablo. El tema es acuciante y nos convida a todos (especialmente a los que nos sentimos “teólogos” a no dejarnos arrastrar por una interpretación satánica de la Biblia y de la vida humana (especialmente de la Iglesia).

3ª TENTACIÓN: “TIBI DABO”: TODO ESTO TE DARÉ (UN TIPO DE TEOLOGÍA “POLÍTICA” DE LA LIBERACIÓN)

Tema, relato bíblico. El Diablo lleva a Jesús a una montaña altísima y le dice “todo esto te lo daré, si es que me adoras…”. El evangelio supone así que para alcanzar cierto poder hay que someterse al Diablo.

El evangelio está hablando de la “tentación mesiánica”, es decir, de Jesús y de su Iglesia. Sus problemas no son según eso los “políticos externos” (romanos antiguos, con rusos, americanos o chinos modernos).    

Según Benedicto XV el tema está centrado en la figura de Barrabás, a quien toma como dirigente de un grupo de revolucionarios  que planean la toma del poder social y militar (o tiempos de Roma o en la actualidad, a principio del siglo XXI). Ell Papa no cita directamente a la “teología de la liberación”, pero todo nos lleva a suponer que está pensando en ella. Éste es su tema clave”: 

“La fusión entre fe y poder político siempre tiene un precio: La fe se pone al servicio del poder y debe doblegarse a sus criterios.La alternativa que aquí se plantea adquiere una forma provocadora en el relato de la pasión del Señor. En el punto culminante del proceso, Pilato plantea la elección entre Jesús y Barrabás. Uno de los dos será liberado. Pero, ¿quién era Barrabás? Normalmente pensamos sólo en las palabras del Evangelio de Juan: «Barrabás era un bandido» (18, 40). Pero la palabra griega que corresponde a «bandido» podía tener un significado específico en la situación política de entonces en Palestina. Quería decir algo así como «combatiente de la resistencia».

Barrabás había participado en un levantamiento (cf. Mt 15, 7) y —en ese contexto— había sido acusado además de asesinato (cf. Lc 23, 19.25). Cuando Mateo dice que Barrabás era un «preso famoso», demuestra que fue uno de los más destacados combatientes de la resistencia, probablemente el verdadero líder de ese levantamiento (cf. 27, 16). En otras palabras, Barrabás era una figura mesiánica.

La elección entre Jesús y Barrabás no es casual: dos figuras mesiánicas, dos formas de mesianismo frente a frente. Ello resulta más evidente si consideramos que «Bar-Abbas» significa «hijo del padre»: una denominación típicamente mesiánica, el nombre religioso de un destacado líder del movimiento mesiánico. La última gran guerra mesiánica de los judíos en el año 132 fue acaudillada por Bar-Kokebá,  «hijo de la estrella». Es la misma composición nominal; representa la misma intención (Ibid 65‒66).

Benedicto XVI se opone según eso a un tipo de guerrilla social y/o religiosa, rechazando así a un tipo de “cristianos de la liberación”, que estarían dispuestos a tomar el poder con violencia y a ejercerla después (a su juicio) de un modo violento.

Benedicto XVI identifica a un tipo de teología de la liberación con Barrabás (quien a su juicio tendría que haber sido ejecutado por los romanos, no Jesús)… Dando un paso en esa línea, Benedicto XVI identifica al nuevo Barrabás con el Imperio de la Ilustración sin Dios, con un mundo donde el hombre es ya todo, todo en sí mismo, sin necesidad de Dios.

Frente a ese Barrabás (que sería la religión convertida en Imperio universal), Benedicto XVI sitúa a Jesús, que es el testigo del amor y de la gratuidad, aquel que es capaz de morir por los demás. En esa línea termina su interpretación de las tentaciones de Jesús en la actualidad:

“El tentador no es tan burdo como para proponernos directamente adorar al diablo. Sólo nos propone decidirnos por lo racional, preferir un mundo planificado y organizado, en el que Dios puede ocupar un lugar, pero como asunto privado, sin interferir en nuestros propósitos esenciales” (Ibid 66‒67). 

    Quien está al tanto de mi blog y de mi teología sabe que mi propuesta cristiana ha sido y sigue siendo siempre  respetuosa respecto de la de Benedicto XVI. Acepto algunas de sus propuestas. Incluso  he traducido algunas de sus obras en la edición oficial de Obras completas II (BAC, Madrid 2011, págs, 489-604). Pero pienso que su interpretación de las tentaciones de Jesús puede ser todavía matizada y repensada. Así lo he hecho alguna vez en este mismo blog. Así lo seguiré haciendo, Dios mediante, en las dos próximas postales, a la luz del Papa Francisco y de la nueva llamada a la misión cristianas, sin perder de vista las orientaciones de Benedicto XI, pero sin quedarnos sin más en ellas.  Buen domingo a todos

ERRORES Y MALAS PRÁCTICAS ECLESIÁSTICAS QUE HAY QUE “PODAR”

He sabido que Juan Masiá Clavel SJ, en una conferencia de unos cursos de la Universidad Menéndez Pelayo de Santander, dijo que la fe, como un árbol, como todo organismo viviente, se tiene que regar, alimentar, darle más vida (yo diría que con la defensa de la justicia, la práctica del bien, la plegaria, la eucaristía y el conocimiento y la recta comprensión de la Escritura), pero también, dice, se tiene que “podar”, irla liberando de cosas viejas que, con el tiempo, se han ido añadiendo, incrustando, y que la envejecen y la deforman, que le son, cada vez más, un peso muerto, que debilita su vida.

Tales como errores y malas prácticas.

¿Cuáles creemos que podrían ser, los errores que se han ido arrastrando, a lo largo de más de 2.000 años, en la expresión más tradicional de la fe cristiana, y en la Iglesia?

Yo diría que son, principalmente, estos:

*Concepción y enseñanza del infierno y de la posibilidad de un castigo tan horrible e imposible por parte del Creador.

*Enseñanza de una supervivencia del alma, después de la muerte del cuerpo.

*Enseñanza de la necesidad de la muerte de Jesús en cruz para obtener el perdón de los pecados de la humanidad.

*Enseñanza del supuesto pecado de las relaciones corporales y sexuales fuera del matrimonio (salvo que sean adulterio).

*Enseñanza de la concepción milagrosa de Jesús y de la virginidad de María.

*Enseñanza del nacimiento de Jesús en Belén, con ángeles, pastores y reyes…

*Enseñanza del supuesto “pecado original”, y de la supuesta naturaleza inmaculada (con carácter personal especial) de María.

*Enseñanza de la supuesta estancia de Israel en Egipto, y de la supuesta salida triunfal, con destacada intervención divina.

*Enseñanza del magisterio del supuesto Moisés, en lugar del del rey Josías y sus consejeros (630-620 aC, probablemente).

*Enseñanza de la existencia de ángeles y demonios.

*Enseñanza de la Santísima trinidad como tres “personas”, constituyendo un solo ser o Dios. En vez de decir tres “personalidades” de un solo ser.

*Enseñanza de una supuesta infalibilidad de la dirección de la Iglesia, en determinadas circunstancias.

Toda una bella docena, no necesariamente exhaustiva, de afirmaciones que distorsionan un mensaje que, así, ni puede ser creído, ni es ejemplar.

¿Y de malas prácticas?

No me referiré a las que, a pesar de ser horribles, fueron en un pasado ya lejano, tales como:

Feudalismo, antisemitismo, cruzadas, Inquisición…

Pero las hay todavía de graves:

*Rechazo injusto y mal explicado del sacerdocio de las mujeres.

*Exceso de bienes materiales, muy por encima de las necesidades. Y como muestra actual y de nuestro país, tenemos la apropiación de muchos edificios (más allá de los necesarios), cementerios, terrenos…. mediante las llamadas “inmatriculaciones”.

*Abusos sexuales, sobre todo con niños y jóvenes.

*Manipulación en la programación de los textos bíblicos a leer en las misas, excluyendo los sociales.

*Marcaje de una línea neta de separación entre dirigentes y “dirigidos”.

*Enseñanza de aspectos de la Escritura de manera todavía propia de tiempos llenos de ignorancia.

*Creerse con autoridad para decidir y prohibir actitudes de las personas en relación al propio cuerpo, la libertad de compartirlo (excepto que sea adulterio, incesto o forzar la voluntad de alguien) y la manera de tener relaciones sexuales por parte de un matrimonio. Todo cuanto han hecho y dicho las autoridades eclesiásticas en este aspecto, ha sido impostura.

Todo eso hay que podarlo.

Antoni Ferret

Fiesta de los cuarenta días

Este miércoles de ceniza se nos invita a que nuestro ayuno y nuestra oración se hagan en solidaridad con nuestros hermanos de Ucrania.

En latín cuaresma se dice “quadragesima”, o sea, los cuarenta días que preceden a la Pascua. Si fuera legítimo traducir “quadragesima” por cuarentena, bien podríamos decir que vamos a comenzar la fiesta de los cuarenta días, o la fiesta de la cuarentena.

El término cuarentena se ha hecho popular durante este tiempo de pandemia, para describir el aislamiento de las personas. En cuaresma no se trata de ningún asilamiento. Todo lo contrario, se trata de salir al encuentro del Señor glorioso, que resucita de entre los muertos. Por eso he calificado la cuaresma de fiesta de los cuarenta días. Esperar el acontecimiento decisivo de la salvación sólo puede hacerse en un clima de fiesta.

El miércoles de ceniza quiere llamar nuestra atención, despertarnos para que percibamos lo que, desgraciadamente, pasamos por alto con demasiada frecuencia, a saber, la presencia salvífica del Dios vivo en nuestras vivas. Abramos, pues, nuestros oídos y nuestro corazón, para que esa llamada de Dios llegue al centro de nuestro corazón y nos ayude a recorrer el camino que lleva a la Pascua.

El rito de la ceniza deberíamos interpretarlo en clave de vida. Cierto, una de las fórmulas de la imposición repite las palabras que, según el libro del Génesis, Dios dijo al ser humano después de pecar: “recuerda que eres polvo y al polvo volverás”. No hay que olvidar que este polvo se convirtió en ser humano cuando Dios insufló en sus narices (pues aquel polvo tenía una capacidad receptiva) el aliento de la vida y, al hacerlo, convirtió ese polvo en su propia imagen. Por tanto, el ser humano, más que del polvo procede de Dios, para volver a Dios y no al polvo. Es un polvo llamado a la eternidad, polvo lleno de espíritu y amado. Y cuando Dios ama, ama para siempre.

El polvo recuerda la condición frágil del ser humano. Pero esta fragilidad encuentra en Dios su fuerza. La cuaresma nos recuerda donde está nuestra fuerza. Si nos encerramos en nosotros mismos no somos nada. Si nos abrimos al Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos (Rm 8,11), y es capaz de entrar en lo más profundo de nuestra vida, lo somos todo. Y si nos abrimos a ese Espíritu, necesariamente nos abrimos a los hermanos. Ese es el sentido positivo del ayuno cuaresmal: ayuno solidario con aquellos que no tienen para comer. El ayuno que comparte comida con el necesitado es el único agradable a Dios. También la oración es un acto solidario cuando en ella presentamos a Dios las necesidades de nuestros hermanos. Este próximo miércoles estamos invitados a que nuestro ayuno y nuestra oración se hagan en solidaridad con nuestros hermanos de Ucrania

De la ceniza a las brasas de Emaús

Del miércoles ceniza (de los bombardeos) a las brasas de Emaús

cuaresma

Existe una cierta mentalidad entre los católicos según la cual, comenzamos la cuaresma (o el adviento) como quien se apunta a un gimnasio para iniciar un ejercicio físico, y en el caso de los tiempos litúrgicos, para comenzar un ejercicio espiritual que -supuestamente- nos va a llevar a la conversión y a ser super santos.

    Bien sabemos todos que la historia de nuestra conversión es la historia de nuestro fracaso, la prueba es nuestra propia persona. Siempre comenzando y siempre naufragando.

    La conversión no es un esfuerzo titánico, un enorme voluntarismo, sino que la conversión es abrirnos al amor de Dios. San Pablo nos ha recordado en la segunda lectura de la carta a los Romanos que Por la fe del corazón llegamos a la justificación.

    La cuaresma -la vida misma- es un largo camino por el que llegamos de la ceniza a las brasas de Emaús, a la vida, a las brasas del encuentro de Emaús. (Las brasas, por contraposición a la ceniza, son Emaús, son fuego, calor, encuentro, alimento, Eucaristía, Pascua, paz). Hay que llegar de las cenizas de la guerra a las brasas de Emaús

  1. recordar…

    Una buena actitud en la vida es guardar la memoria de nuestros mayores, nuestras tradiciones culturales, cristianas. Lo más importante que somos y tenemos lo hemos recibido: la vida, la acogida en la familia, en el pueblo, en esta Iglesia…

    El primer texto de hoy (Deuteronomio) es la memoria histórica del pueblo de Israel. ¿Recordamos nuestra propia historia de salvación? Recordar es introducirnos en nuestra propia historia y, como creyentes, en nuestra historia de salvación.

  1. Mi Padre era un arameo errante

    Abraham (hacia el 1950 a.C.) era un arameo que iba con su gente, sus rebaños de aquí para allá en busca de pastos, como nuestros pastores bajan en invierno del Pirineo a las tierras bajas de Navarra.

Abraham no era un hombre errático como Nietzsche (siglo XIX) que nos condenó a deambular erráticamente de la zeca a la meca sin norte ni horizonte.

    Abraham tenía la referencia del cielo, de las estrellas: mira las estrellas: allí está el cielo, Dios, el sentido, el horizonte… Como Abraham y su familia era nómada, caminante no tenían un templo fijo de piedra, ni tenían sacerdocio. Por eso le dijo Dios, mira las estrellas: esa es nuestra guía y nuestro horizonte.

    ¿Somos caminantes en la vida o, quizás, vivimos más bien instalados en nuestra ideología, en nuestro férreo esquema eclesiástico, en nuestra posición social?

  1. Egiptos y faraones.

    Egipto es el símbolo de la esclavitud, Dominaciones y faraones esclavizantes los tenemos también hoy fuera y dentro de nuestra propia persona. Basta con que nos analicemos un poco a nosotros mismos y la situación bélica mundial que estamos viviendo.

    Este año la ceniza es la que dejan los bombardeos que destruyen y queman Kiev, Ucrania…

  1. Desierto, Espíritu, cuarenta días / años.

La vida es un desierto (excepto en la postmodernidad en la que pretendemos vivir, que más bien en un oasis). Sin embargo la vida es caminar por el desierto. Eso es lo que significan los cuarenta días o cuarenta años: toda la vida. Cuarenta es un número simbólico lleno de significado:

  • ü Cuarenta fueron los años que las tribus hebreas caminaron por el desierto para llegar a la tierra de promisión.
  • ü Cuarenta fueron los días de lluvia “bautismal” del diluvio, que fueron necesarios para purificar la tierra.
  • ü Cuarenta fueron los días que estuvo Moisés en el Sinaí para intuir a Dios.
  • ü Cuarenta fueron los días que Jesús estuvo en el desierto.
  • ü Cuarenta es toda la vida, “toda una vida”.

Llegar a la tierra de promisión, a la libertad, a la paz nos va a costar toda la vida.

    El desierto de la vida lo podemos recorrer con buen espíritu, con buen tono: Jesús fue impulsado por el buen Espíritu. Pero también hay alimañas, dice una de las versiones de los sinópticos de las tentaciones de Jesús. Y una de tales alimañas es el “poder y la gloria”. Digamos que el diablo es una expresión de tales alimañas, que en el fondo se reducen al poder.

  1. Se trata de llegar, caminar a la tierra de promisión.

    Los israelitas tienen como horizonte la tierra de promisión. Hemos de llegar a esa tierra de promisión. Hemos de caminar.

    Abraham es un hombre nómada, Jesús no tiene dónde reclinar la cabeza.

  1. Machado escribía aquello de:

Caminante son tus huellas El camino nada más; caminante no hay camino se hace camino al andar…

Caminante, no hay camino sino estelas sobre el mar.

    El camino nos habla de horizonte, de esperanza, de llegar a la casa del Padre.

  1. Nuestro domicilio es la Plaza universal de la pascua.

    ¡Ay de aquel y de nosotros si creemos que nuestra patria y domicilio es donde hemos nacido!

    Nuestra meta es la Pascua: la vida, la solidaridad universal, una tierra ¿un cielo? donde todos podamos vivir en paz y libertad.

La vida, el desierto, es el camino hacia la meta, la Pascua.

    Iniciemos con buen ánimo, espíritu, la cuaresma, el camino desierto de la vida, hacia la libertad y la tierra de promisión. Hay que llegar de las cenizas de la guerra a las brasas de Emaús.