La Buena Noticia del Dgo 5º-Cuaresma-B

El grano que muere para dar fruto

 

UNA LEY PARADÓJICA

Pocas frases encontramos en el evangelio tan desafiantes como estas palabras que recogen una convicción muy de Jesús: «Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto».

La idea de Jesús es clara. Con la vida sucede lo mismo que con el grano de trigo, que tiene que morir para liberar toda su energía y producir un día fruto. Si «no muere» se queda encima del terreno. Por el contrario, si «muere» vuelve a levantarse trayendo consigo nuevos granos y nueva vida.

Con este lenguaje tan gráfico y lleno de fuerza, Jesús deja entrever que su muerte, lejos de ser un fracaso, será precisamente lo que dará fecundidad a su vida. Pero, al mismo tiempo, invita a sus seguidores a vivir según esta misma ley paradójica: para dar vida es necesario «morir».

No se puede engendrar vida sin dar la propia. No es posible ayudar a vivir si uno no está dispuesto a «desvivirse» por los demás. Nadie contribuye a un mundo más justo y humano viviendo apegado a su propio bienestar. Nadie trabaja seriamente por el reino de Dios y su justicia si no está dispuesto a asumir los riesgos y rechazos, la conflictividad y persecución que sufrió Jesús.

Nos pasamos la vida tratando de evitar sufrimientos y problemas. La cultura del bienestar nos empuja a organizarnos de la manera más cómoda y placentera posible. Es el ideal supremo. Sin embargo, hay sufrimientos y renuncias que es necesario asumir si queremos que nuestra vida sea fecunda y creativa. El hedonismo no es una fuerza movilizadora; la obsesión por el propio bienestar empequeñece a las personas.

Nos estamos acostumbrando a vivir cerrando los ojos al sufrimiento de los demás. Parece lo más inteligente y sensato para ser felices. Es un error. Seguramente lograremos evitarnos algunos problemas y sinsabores, pero nuestro bienestar será cada vez más vacío y estéril, nuestra religión cada vez más triste y egoísta. Mientras tanto, los oprimidos y afligidos quieren saber si le importa a alguien su dolor.

José Antonio Pagola

Testigos de la Palabra

Cuadro pintado por los jóvenes de la Pquia Madre de los Pobres
  • San Romero de América

El día 24 de marzo celebramos la festividad de “San Romero de América, Pastor y Mártir” (Pedro Casaldáliga), canonizado el 14 de octubre de 2019. Pero ¡a qué vienen aquí cánones y canonizaciones, tan costosas y arbitrarias estas, tan arbitrarias como el reconocimiento de los dos “milagros” requeridos como condición! Su vida fue el milagro, su muerte se volvió pascua, y el pueblo salvadoreño lo canonizó como canon o modelo para su camino de cruz y de esperanza.

Óscar Romero, obispo profeta y mártir, se entrañó con su pueblo. Cuando digo “pueblo”, digo la multitud, la mayoría condenada a la miseria por el poder y el lucro de unos pocos. Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de su pueblo fueron sus gozos y esperanzas, sus tristezas y angustias. La cruz de su pueblo fue su cruz. La pascua de su pueblo, la suya. Es un modelo, afable y firme, de la mística del pueblo, de la espiritualidad de las Bienaventuranzas. Pero no siempre lo fue. Tuvo que convertirse al Espíritu de Jesús, el Espíritu de Medellín y de las comunidades eclesiales de base.

Era hijo del pueblo humilde, sometido a las fuerzas armadas y/o a la oligarquía terrateniente –14 familias dueñas de casi todas las tierras y riquezas– respaldadas siempre por el capital y las armas de los Estados Unidos del Norte. Hijo de un pueblo hambriento de pan y libertad, que se debatía entre la desesperación resignada y la violencia armada, igualmente desesperada, contra la violencia primera, la violencia institucionalizada del poder y del dinero, la más asesina. Era, también hay que decirlo, hijo sumiso de una institución eclesiástica alienada, alienante, dedicada a sus rezos y mandamientos, aliada de los grandes, olvidada de las Bienaventuranzas revolucionarias del profeta galileo.

Fue un sacerdote, un párroco, un obispo bueno: austero, caritativo y piadoso. Ayudaba a los pobres y los acompañaba cuanto podía. Pero aún ignoraba las causas del hambre y del conflicto armado que asolaban el país. “A los pobres les aliviaba sus problemas y a los ricos su conciencia” (José Manuel Mira). Dios había hecho pobres a los pobres para ganar el cielo con su pobreza, y ricos a los ricos para ganar el mismo cielo con sus limosnas. Cada uno en su sitio. Eso era la paz.

Es lo que le habían enseñado, y es lo que él enseñó y practicó durante años, a pesar de la “opción preferencial por los pobres” proclamada por los obispos latinoamericanos en Medellín en 1968, a pesar de las numerosas comunidades eclesiales de base y de los muchos sacerdotes, de los jesuitas Rutilio Grande, Ignacio Ellacuría, Jon Sobrino y de tantos otros religiosos en los que había prendido el fuego de Jesús, el Espíritu y la teología de la liberación.

Los hechos y la vida, sin embargo, le fueron enseñando otra cosa, y él se dejó enseñar. Se fue convirtiendo a la verdad de la realidad, a los dolores y sueños del pueblo. El 12 de marzo de 1977 los escuadrones de la muerte mataron a su amigo jesuita Rutilio Grande junto con dos laicos: Manuel, de 72 años, y Nelson Rutilio, de 16. En cuanto lo supo, Monseñor Romero, ya arzobispo de San Salvador, acudió al templo donde descansaban los tres cuerpos acribillados. Permaneció un largo rato contemplando, ésta es la palabra, en el cadáver de Rutilio a Dios o la Realidad en el pueblo crucificado. Se le cayeron las vendas, se le abrieron los ojos del todo y todo lo vio de otra forma, como Ignacio de Loyola junto al río Cardener en Manresa: Todas las cosas le parecieron nuevas. Como Jesús junto al lago Genesaret de Galilea: Al desembarcar, vio un gran gentío, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas (Marcos 6,34), cosas de vida o muerte. Dadles vosotros de comer, dijo Jesús a sus discípulos, que a gusto se hubieran quedado en la barca con Jesús. Pero Jesús no se quedó.

En el cuerpo de Rutilio veía Monseñor Romero la injusticia flagrante, del fondo de sus heridas le llegaba el grito de los pobres. Tocaba tierra en la otra orilla. Por fin, rompiendo su largo silencio, solo dijo: Si lo mataron por hacer lo que hacía, me toca a mí andar por su mismo camino. Todo se revelaba.

Desembarcó. Optó. Vio, juzgó y actuó. Denunció sin cesar los abusos del poder. Condenó la violencia de los pobres, la guerrilla de los desesperados, pero sobre todo la guerra de los poderosos y la causa principal de toda violencia: la injusticia, la desigualdad, el hambre. Por comprensible que fuera la opción armada frente a las armas del poder, ¿era la opción más humana? Nuestra especie lleva trescientos mil años, desde su origen, empeñada en vano en lograr la justicia y la paz a través del poder violento en sus infinitas formas: individuos contra individuos, tribus contra tribus, pueblos contra pueblos, imperios contra imperios. Empresas contra empresas, iglesias contra iglesias, religiones contra religiones, el hombre contra la mujer, todos contra todos. La ley del más fuerte. Pero ¿la fuerza violenta es acaso la más poderosa? ¿La violencia del corazón y de las armas puede ser camino de esperanza?

San Romero anunció una esperanza rebelde y no violenta. Lo dijo Jesús: Bienaventurados los pobres porque dejaréis de serlo. Bienaventurados los pacíficos, porque poseeréis la tierra. Una esperanza pacífica y activa, fundada en la confianza en Dios o en la Bondad Creadora, en el pueblo, en el ser humano, en sí mismo. Una confianza capaz de trasladar montañas. Una esperanza valiente y arriesgada. La esperanza de Jesús, la esperanza de los profetas, la esperanza más profunda del pueblo salvadoreño.

El profeta Romero tuvo que pagar, eso sí, el precio de la esperanza profética, como Gandhi y Luther King, como Rutilio Manuel y Nelson, como luego Ignacio Ellacuría junto con otros cinco jesuitas, y Elba y Celina con ellos. Al igual que Jesús, él también lo presentía, pero no lo temía, estaba dispuesto a todo. El 24 de marzo de 1980 fue asesinado por un francotirador a las órdenes de un alto militar, mientras celebraba la eucaristía en un hospital. Dos semanas antes había declarado: Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño. Se lo digo sin ninguna jactancia, con la más grande humildad. Y de antemano perdonó a su asesino. Con el último aliento resucitó del todo.

Nosotros todavía no. Nuestro pobre mundo y nuestra pobre Iglesia y todas las religiones viven una gran crisis espiritual: crisis de respiro, de comunión planetaria de todos los pueblos, de fraternidad-sororidad de todos los vivientes. Necesitamos testigos como San Romero. Testigos creyentes o laicos del Aliento Vital, del Espíritu subversivo y consolador. Romero de Jesús y de América, camina con nosotros.

Por José Arregi

La Buena Noticia del Dgo 4º-Cuaresma-B

Tanto amó Dios al mundo

DIOS AMA EL MUNDO

No es una frase más. Palabras que se podrían eliminar del evangelio sin que nada importante cambiara. Es la afirmación que recoge el núcleo esencial de la fe cristiana. «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único». Este amor de Dios es el origen y el fundamento de nuestra esperanza.

«Dios ama el mundo». Lo ama tal como es. Inacabado e incierto. Lleno de conflictos y contradicciones. Capaz de lo mejor y de lo peor. Este mundo no recorre su camino solo, perdido y desamparado. Dios lo envuelve con su amor por los cuatro costados. Esto tiene consecuencias de la máxima importancia.

Primero. Jesús es, antes que nada, el «regalo» que Dios ha hecho al mundo, no solo a los cristianos. Los investigadores pueden discutir sin fin sobre muchos aspectos de su figura histórica. Los teólogos pueden seguir desarrollando sus teorías más ingeniosas. Solo quien se acerca a Jesús como el gran regalo de Dios puede ir descubriendo en él, con emoción y gozo, la cercanía de Dios a todo ser humano.

Segundo. La razón de ser de la Iglesia, lo único que justifica su presencia en el mundo, es recordar el amor de Dios. Lo ha subrayado muchas veces el Vaticano II: la Iglesia «es enviada por Cristo a manifestar y comunicar el amor de Dios a todos los hombres». Nada hay más importante. Lo primero es comunicar ese amor de Dios a todo ser humano.

Tercero. Según el evangelista, Dios hace al mundo ese gran regalo que es Jesús, «no para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él». Es peligroso hacer de la denuncia y la condena del mundo moderno todo un programa pastoral. Solo con el corazón lleno de amor a todos podemos llamarnos unos a otros a la conversión. Si las personas se sienten condenadas por Dios, no les estamos transmitiendo el mensaje de Jesús, sino otra cosa: tal vez nuestro resentimiento y enojo.

Cuarto. En estos momentos en que todo parece confuso, incierto y desalentador, nada nos impide a cada uno introducir un poco de amor en el mundo. Es lo que hizo Jesús. No hay que esperar a nada. ¿Por qué no va a haber en estos momentos hombres y mujeres buenos que introducen en el mundo amor, amistad, compasión, justicia, sensibilidad y ayuda a los que sufren…? Estos construyen la Iglesia de Jesús, la Iglesia del amor.

José Antonio Pagola

Testigos de la Palabra

Marianella García Villas
Marianella García Villas

El 14 de marzo de 1983 fue asesinada, a los 34 años, en El Salvador, Marianella García Villas presidenta de la Comisión de Derechos Humanos (CDHES). Sus denuncias y sus tomas de posición eran inaceptables para la junta militar en el poder.
Por eso, como sucedió tres años antes con Mons. Romero, con el cual había colaborado durante mucho tiempo por los derechos del pueblo, su voz fue callada para siempre.
Candidata varias veces por parlamentarios y asociaciones de diferentes países como Nobel de la Paz, Marianella se afirmaba, colaborando con Mons. Romero, en la elección de la no violencia, en la denuncia corajuda e intransigente pero desarmada y, como el arzobispo, pagó con la vida su propio servicio por la causa de los pobres y de los perseguidos

La Buena Noticia del Dgo 3º-Cuaresma-B

La indignación de Jesús

EL VERDADERO CULTO A DIOS

Lectura del santo evangelio según san Juan (2,13-25):

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?»
Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»
Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre

Comentario

EL AMOR NO SE COMPRA

Cuando Jesús entra en el Templo de Jerusalén no encuentra gentes que buscan a Dios, sino comercio religioso. Su actuación violenta frente a «vendedores y cambistas» no es sino la reacción del Profeta que se encuentra con la religión convertida en mercado.

Aquel Templo, llamado a ser el lugar en que se había de manifestar la gloria de Dios y su amor fiel, se ha convertido en lugar de engaños y abusos, donde reina el afán de dinero y el comercio interesado.

Quien conozca a Jesús no se extrañará de su indignación. Si algo aparece constantemente en el núcleo mismo de su mensaje es la gratuidad de Dios, que ama a sus hijos e hijas sin límites y solo quiere ver entre ellos amor fraterno y solidario.

Por eso, una vida convertida en mercado, donde todo se compra y se vende -incluso la relación con el misterio de Dios-, es la perversión más destructora de lo que Jesús quiere promover. Es cierto que nuestra vida solo es posible desde el intercambio y el mutuo servicio. Todos vivimos dando y recibiendo. El riesgo está en reducir nuestras relaciones a comercio interesado, pensando que en la vida todo consiste en vender y comprar, sacando el máximo provecho a los demás.

Casi sin darnos cuenta nos podemos convertir en «vendedores y cambistas» que no saben hacer otra cosa sino negociar. Hombres y mujeres incapacitados para amar, que han eliminado de su vida todo lo que sea dar.

Es fácil entonces la tentación de negociar incluso con Dios. Se le obsequia con algún culto para quedar bien con él, se pagan misas o se hacen promesas para obtener de él algún beneficio, se cumplen ritos para tenerlo a nuestro favor. Lo grave es olvidar que Dios es amor, y el amor no se compra. Por algo decía Jesús que Dios «quiere amor y no sacrificios».

Tal vez, lo primero que necesitamos escuchar hoy en la Iglesia es el anuncio de la gratuidad de Dios. En un mundo convertido en mercado, donde todo es exigido, comprado o ganado, solo lo gratuito puede seguir fascinando y sorprendiendo, pues es el signo más auténtico del amor.

Los creyentes hemos de estar más atentos a no desfigurar a un Dios que es amor gratuito, haciéndolo a nuestra medida: tan triste, egoísta y pequeño como nuestras vidas mercantilizadas.

Quien conoce «la sensación de la gracia» y ha experimentado alguna vez el amor sorprendente de Dios, se siente invitado a irradiar su gratuidad y, probablemente, es quien mejor puede introducir algo bueno y nuevo en esta sociedad donde tantas personas mueren de soledad, aburrimiento y falta de amor.

José Antonio Pagola

Testigos de la Palabra

Berta Cáceres

Berta Cáceres fue durante toda su vida una destacada y radical defensora de los derechos de los pueblos originarios, activista feminista, pacifista y antimilitarista, protectora del medio ambiente. En 1993 co-fundó el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) para luchar por la defensa del medio ambiente, por el rescate de la cultura lenca y para elevar las condiciones de vida de la población de la región. Berta Cáceres recibió amenazas de muerte durante años y es encarcelada en numerosas ocasiones.
El 25 de febrero de 2016 Berta Cáceres y el Copinh apoyaron a el caserío Güise en Intibucá, sin embargo, fueron brutalmente desalojados y el caserío violentamente destruido. Berta ofreció una rueda de prensa en la que denunció que cuatro dirigentes de su comunidad fueron asesinados y otros tantos recibían amenazas. Una semana después, la mañana del 3 de marzo de 2016,fue asesinada cuando se encontraba en su vivienda.

La Buena Noticia del Dgo 2º-Cuaresma-B

Escuchar a Jesús

Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,2-10):

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.
Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Estaban asustados, y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo.»
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos»

COMENTARIO:

                                           Seguimiento de Jesús

Para ser cristiano, lo más decisivo no es qué cosas cree una persona, sino qué relación vive con Jesús. Las creencias, por lo general, no cambian nuestra vida. Uno puede creer que existe Dios, que Jesús ha resucitado y muchas cosas más, pero no ser un buen cristiano. Es la adhesión a Jesús y el contacto con él lo que nos puede transformar.
En los evangelios se puede leer una escena que, tradicionalmente, se ha venido en llamar la «transfiguración» de Jesús. Ya no es posible reconstruir la experiencia histórica que dio origen al relato. Solo sabemos que era un texto muy querido entre los primeros cristianos, pues, entre otras cosas, los animaba a creer solo en Jesús.
La escena se sitúa en una «montaña alta». Jesús está acompañado de dos personajes legendarios en la historia judía: Moisés, representante de la Ley, y Elías, el profeta más querido en Galilea. Solo Jesús aparece con el rostro transfigurado. Desde el interior de una nube se escucha una voz: «Este es mi hijo querido. Escuchadlo a él».
Lo importante no es creer en Moisés ni en Elías, sino escuchar a Jesús y oír su voz, la del Hijo amado. Lo más decisivo no es creer en la tradición ni en las instituciones, sino centrar nuestra vida en Jesús. Vivir una relación consciente y cada vez más comprometida con Jesucristo. Solo entonces se puede escuchar su voz en medio de la vida, en la tradición cristiana y en la Iglesia.
Solo esta comunión creciente con Jesús va transformando nuestra identidad y nuestros criterios, va curando nuestra manera de ver la vida, nos va liberando de esclavitudes, va haciendo crecer nuestra responsabilidad evangélica.
Desde Jesús podemos vivir de manera diferente. Ya las personas no son simplemente atractivas o desagradables, interesantes o sin interés. Los problemas no son asunto de cada cual. El mundo no es un campo de batalla donde cada uno se defiende como puede. Nos empieza a doler el sufrimiento de los más indefensos. Nos atrevemos a trabajar por un mundo un poco más humano. Nos podemos parecer más a Jesús.

José A. Pagola

Testigos de la Palabra

El P. Rutilio Grande, primer sacerdote asesinado en El Salvador.En estos días se ha abierto en Roma el proceso de beatificación.
El P. Rutilio Grande, primer sacerdote asesinado en El Salvador. En estos días se ha abierto en Roma el proceso de beatificación.

RESEÑA HISTÓRICA DEL PADRE RUTILIO GRANDE

* Viajó a Ecuador y Panamá, y regresó como profesor al Seminario de San José de la Montaña. En España, estudia filosofía y es ordenado sacerdote el 30 de julio de 1959. En Bélgica estudió pastoral, y asimiló el principio de la participación y la horizontalidad. En 1965 se incorpora al Seminario como profesor y prefecto de disciplina. Allí fue compañero de muchos sacerdotes, donde su palabra, su cariño y su influjo tuvieron una resonancia especial.

* Su intervención en la semana nacional de pastoral en julio de 1970 fue decisiva. Ese año, por su profética homilía del 6 de agosto tuvo que dejar el Seminario y pasa al Externado San José. En 1972 viaja al Instituto Pastoral de Ecuador (IPLA), donde conoce a Mons. Leonidas Proaño y reafirma su carisma pastoral basado en la participación de los laicos y en el diálogo comunitario como medios para una liberación integral de los más pobres. A su regreso de Ecuador se hizo cargo del equipo misionero en la parroquia de Aguilares, el 24 de septiembre de 1972, desempeñando un papel vital en la pastoral arquidiocesana y nacional, y donde entregó la vida un 12 de marzo de 1977, por ser fiel a la opción que marcó su vida y su ministerio, que se caracterizaron por la denuncia de las injusticias y la búsqueda de encarnar el reino de Dios.

* Le habían amenazado, y la prudencia dictaba que no acudiese a celebrar la novena en honor de San José, en El Paisnal. Pero optó por estar con su pueblo. Esa tarde salió a celebrar la Eucaristía, acompañado por Manuel Solórzano, de 72 años, Nelson Rutilio Lemus, de 16 y unos dos o tres niños. Mientras atravesaban los cañales fueron brutalmente ametrallados. El cuerpo de Rutilio recibió 12 disparos, todos ellos mortales, excepto el del pie. “El asesinato de Rutilio Grande quiso vanamente detener el proceso ya desencadenado y que estaba dando paso a una historia nueva.” Como la cruz de Jesús significó novedad de vida, la muerte del p. Grande hizo nacer a un gran profeta: Mons. Romero, que un año después, dijo: “Y porque tuvo el valor de desenmascarar tantas cosas, ya se le buscaba para matarlo y se le mató… Lo que no sabían es que ellos ponían en el surco una semilla que reventaría en grandes cosechas como decía Cristo: “El grano de trigo muere no para quedarse sepultado” (M. Romero 5/3/78

La coversión nos hace bien

José Antonio Pagola: “Convertirse es cambiar el corazón”

“El evangelio de Jesús nos viene a decir algo que nunca hemos de olvidar: Es bueno convertirse. Nos hace bien. Nos permite experimentar un modo nuevo de vivir, más sano y gozoso”
“Lo primero es detenerse. No tener miedo a quedarnos a solas con nosotros mismos para hacernos las preguntas importantes de la vida”
“Este encuentro consigo mismo exige sinceridad. Lo importante es no seguir engañándonos por más tiempo. Buscar la verdad de lo que estamos viviendo”
“Convertirse es cambiar el corazón, adoptar una postura nueva en la vida, tomar una dirección más sana. Colaborar en el proyecto de Dios”
15.02.2021
1 Cuaresma – B (Marcos 1,12-15)

La llamada a la conversión evoca casi siempre en nosotros el recuerdo del esfuerzo exigente, propio de todo trabajo de renovación y purificación. Sin embargo, las palabras de Jesús: «Convertíos y creed en la Buena Noticia», nos invitan a descubrir la conversión como paso a una vida más plena y gratificante.
El evangelio de Jesús nos viene a decir algo que nunca hemos de olvidar: «Es bueno convertirse. Nos hace bien. Nos permite experimentar un modo nuevo de vivir, más sano y gozoso. Nos dispone a entrar en el proyecto de Dios para construir un mundo más humano». Alguno se preguntará: pero ¿cómo vivir esa experiencia?, ¿qué pasos dar?
Lo primero es detenerse. No tener miedo a quedarnos a solas con nosotros mismos para hacernos las preguntas importantes de la vida: ¿quién soy yo?, ¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿es esto lo único que quiero vivir?
Este encuentro consigo mismo exige sinceridad. Lo importante es no seguir engañándonos por más tiempo. Buscar la verdad de lo que estamos viviendo. No empeñarnos en ocultar lo que somos y en parecer lo que no somos. Es fácil que experimentemos entonces el vacío y la mediocridad. Aparecen ante nosotros actuaciones y posturas que están arruinando nuestra vida. No es esto lo que hubiéramos querido. En el fondo deseamos vivir algo mejor y más gozoso.
Descubrir cómo estamos dañando nuestra vida no tiene por qué hundirnos en el pesimismo o la desesperanza. Esta conciencia de pecado es saludable. Nos dignifica y nos ayuda a recuperar la autoestima. No todo es malo y ruin en nosotros. Dentro de cada uno está actuando siempre una fuerza que nos atrae y empuja hacia el bien, el amor y la bondad. Es Dios, que quiere una vida más digna para todos.
La conversión nos exigirá sin duda introducir cambios concretos en nuestra manera de actuar. Pero la conversión no consiste en esos cambios. Ella misma es el cambio. Convertirse es cambiar el corazón, adoptar una postura nueva en la vida, tomar una dirección más sana. Colaborar en el proyecto de Dios.
Todos, creyentes y menos creyentes, pueden dar los pasos evocados hasta aquí. La suerte del creyente es poder vivir esta experiencia abriéndose confiadamente a Dios. Un Dios que se interesa por mí más que yo mismo, para resolver no mis problemas, sino «el problema», esa vida mía mediocre y fallida que parece no tener solución. Un Dios que me entiende, me espera, me perdona y quiere verme vivir de manera más plena, gozosa y gratificante.
Por eso el creyente vive su conversión invocando a Dios con las palabras del salmista: «Ten misericordia de mí, oh Dios, según tu bondad. Lávame a fondo de mi culpa, limpia mi pecado. Crea en mí un corazón limpio. Renuévame por dentro. Devuélveme la alegría de tu salvación» (Sal 51 [50]).

La Buena Noticia del Dgo 1º-Cuaresma-B

Entre conflictos y tentaciones

LAS TENTACIONES EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Marcos 1, 12-15

En aquellos tiempos, se extendió una peste por Israel. Jesús reunió al grupo de discípul@s y los envió de dos en dos, diciéndoles:

– He oído que en esta pandemia la gente experimenta grandes tentaciones. Id por los caminos, con los ojos y los oídos bien abiertos. Dentro de unos días, cuando nos reunamos de nuevo, compartiremos el sufrimiento de nuestro pueblo.

Se pusieron en camino. Observaron. Dialogaron. Tocaron de muchas formas el dolor ajeno. A la vuelta, compartieron lo que habían visto y oído.

– Maestro, unos sabios han preparado un ungüento que evita la peste, pero hay gente poderosa que lo está comprando en grandes cantidades y no llega a los pueblos más pobres. Incluso algunas familias del sanedrín se han saltado las normas para poder recibir el ungüento, antes que los ancianos y los enfermos.

– Hay mercaderes que se están enriqueciendo de manera escandalosa. Traen productos de primera necesidad de otros países, sirviéndose de esclavos; la peste ha traído nuevas formas de esclavitud.

– Las meretrices están abandonadas a su suerte. Los clientes las han rechazado, como si fueran animales contagiosos. Ellos están confortablemente en sus casas y ellas están a las afueras de las ciudades, intentando sobrevivir.

– Los políticos de Roma y los de Jerusalén se enfrentan continuamente, porque quieren atribuirse los logros en el control de la peste. Les ahoga la vanagloria y olvidan el bien común.

– Hay jóvenes que siguen organizando bacanales. No hacen caso de las leyes, solo piensan en divertirse y honrar al dios Baco y están extendiendo la peste, incluso entre su propia familia.

– Muchos paganos, extranjeros y proscritos se han movilizado para atender a los apestados. Pero hay gente que no valora su trabajo porque dice que “no son de los nuestros”.

– Algunos que cantaban salmos en la sinagoga cada sábado, parece que han olvidado lo que cantaban y rezaban y se comportan como si no tuvieran esperanza, como si Yahvé se hubiera alejado de nosotros.

Y así, de dos en dos, fueron compartiendo estas y muchas otras tentaciones que habían descubierto en la pandemia.

Jesús les dijo…

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Han pasado 2.000 años y seguimos experimentando las mismas tentaciones, las mismas pruebas que tuvo Jesús en el desierto, antes de comenzar la vida púbica. Nuestro ego reclama: ser l@s primer@s (incluso para recibir la vacuna); que nuestra gloria se expanda (aunque sea vana-gloria y nos ahogue); que las piedras del camino desaparezcan por obra de los enchufes, el amiguismo o la traición…

Cada uno, cada una, y cada comunidad podemos nombrar las tentaciones, especialmente las que han cobrado fuerza en la pandemia.  Además:

a) El evangelio nos pone sobre aviso de que tenemos “fieras” y “ángeles”, en nuestro interior y alrededor, que forman parte de esta lucha.

b) El telediario nos muestra a quienes vencen y a quienes sucumben.

c) Nuestra conciencia nos recuerda las oportunidades de crecimiento que nos ha brindado cada prueba/tentación. Tenemos una valiosa experiencia acumulada.

El evangelista Marcos nos ofrece una vacuna, que no nos impide tener tentaciones, pero nos inocula anticuerpos para enfrentarnos a ellas y vencer: “¡Convertíos y creed en el Evangelio!”

¿Qué llamadas a la conversión estamos descubriendo en plena pandemia?

Marifé Ramos

TESTIGOS DE LA PALABRA

Antonio Machado
Antonio Machado

El 22 de febrero hace 80 años  que muere en Coillure, Francia, Antonio Machado, uno de los poetas más representativos de la España, una y diversa, que él siempre llevó en el corazón

Hasta allí había llegado, junto con su anciana madre, huyendo con otros 400.000 exiliados, después de la caída de Barcelona bajo el control fascista.

Sobre la tumba está escrito uno de los versos más famosos:

Y cuando llegue el día del último viaje

Y esté al partir la nave que nunca ha de tornar

Me encontrarás a bordo, ligero de equipaje,

Casi desnudo, como los hijos de la mar.

                                                                 LA SAETA

¿Quién me presta una escalera

para subir al madero,

para quitarle los clavos

a Jesús el Nazareno?

¡Oh, la saeta el cantar

al Cristo de los gitanos

siempre con sangre en las manos,

siempre por desenclavar!

¡Cantar del pueblo andaluz

que todas las primaveras

anda pidiendo escaleras

para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía

que echa flores

al Jesús de la agonía,

y es la fe de mis mayores

¡Oh, no eres tú mi cantar!

¡No puedo cantar ni quiero

a ese Jesús del madero,

sino al que anduvo en la mar!

 

Comienza la Cuaresma

No desaprovechemos el tiempo!
“Mirad: Ahora es el momento favorable.
Ahora es el día de la salvación”
2 Cor 6,3b

Con el Miércoles de Ceniza comienza el tiempo de Cuaresma.
La Cuaresma es un tiempo especial que se nos ofrece para escuchar la Palabra de Dios, para reflexionar, para orar y para descubrir la voluntad de Dios sobre nosotros.
Es el tiempo para prepararnos a celebrar la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.
No sólo recordarlo, sino vivirlo con él y vivirlo también con nuestros hermanos y hermanas.
La Parroquia quiere ser un espacio de encuentro con Dios, con uno mismo y con los demás para que aprovechemos bien este tiempo y ocuparlo en lo que más nos interesa:
               -el crecimiento en la vida cristiana
               -el conocimiento de Jesucristo y
               -la vivencia comunitaria de la fe



La comunión con la Palabra

Alejandro Bertolini: “La comunión con la Palabra también es un hecho: es exactamente lo que la gente espera de una misa virtual”

Misa virtual

“Cuando se ‘representan’ estos himnos de pena esperanzada, es difícil no sentirse inmerso en el mismo reclamo y en el mismo gesto genuino de confianza popular”

“Si aceptamos que el cura es parte del Pueblo de Dios, entonces se impone que no haya misa hasta que la asamblea vuelva a reunirse”

“Una Iglesia clericalista y autorreferenciada será todo esto, así celebre misas por streaming, se quede calladita y encerrada en la sacristía o salga al balcón”

| Alejandro Bertolini, UCA

“Mécete suavemente, dulce carruaje, que vienes para llevarme a casa”. Así comienza el negro spiritual más famoso, un potente y visceral clamor de liberación hecho canto coral. Surgido entre los africanos esclavizados en las plantaciones de algodón del sur de EEUU en el siglo XVIII mantiene intacta aún hoy su capacidad de estremecer, pues evoca esa necesidad universal de libertad que en el pueblo afro reverbera con una belleza polifónica, existencial y casi litúrgica.

En efecto, el negro spiritual suele estructurarse  en forma de diálogo entre el solista y el “coro” o “pueblo”, que remite fácilmente a una “protoliturgia celebrada” entre grilletes de celdas separadas y surcos de cultivo. Cuando se “representan” estos himnos de pena esperanzada, es difícil no sentirse inmerso en el mismo reclamo y en el mismo gesto genuino de confianza popular en la liberación definitiva. De lo más hondo del aislamiento esclavizante surge una oración colectiva, sinfónica, litúrgica que es ya parte del acervo cultural universal.

Salvando las distancias, algo parecido hemos escuchado desde los balcones italianos: cantan para escapar del aislamiento doloroso y para recordar que son mucho más que lo que viven  y sufren en lo inmediato. Entre lo lúdico y la supervivencia, las partes claman por sentirse cuerpo.

En un artículo divulgativo de aparición reciente, el teólogo Rafael Luciani (laico, venezolano e investigador estable del Boston College, experto del CELAM y asesor de la CLAR) se pronunció de forma abierta y virulenta en contra de  las celebraciones eucarísticas transmitidas por medios virtuales, por considerarlas una expresión acabada de una pastoral tridentina, autorreferencial y clericalista, que prescinde del pueblo de Dios obligándolo a expectar a la distancia la gracia sacramental de la que no pueden participar por la ausencia física. El clero de todo el mundo, preso de la inmediatez sacramentalista en la que fue formado, se  estaría conformando con “dar” una misa ante una pantalla plana, agotando así su creatividad pastoral en tiempos de desafíos inéditos.

Luciani señala que lo que está en juego es la eclesiología de fondo: si aceptamos que el cura es parte del Pueblo de Dios, entonces se impone que no haya misa hasta que la asamblea vuelva a reunirse. Consecuentemente, el ayuno pandémico de eucaristía daría pie a una más madura relación de cada cristiano con la Palabra. Para este tiempo, más que misas no celebradas hay que pensar en vivir callados, pues  “el testimonio silente es lo que da credibilidad, no la predicación”. La afirmación cautiva, sin duda. Pero me pregunto si este criterio, con las -enormes- diferencias del caso, no equivaldría a callar el canto de los afroamericanos que se sentían pueblo justamente al entrelazar sus voces en el cuerpo de una melodía casi sacramental.

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Un virus nos hace sentirnos discriminados

Joan Planellas, arzobispo de Tarragona: “Un virus nos hace experimentar, en un abrir y cerrar de ojos, que ahora somos nosotros los discriminados”

Joan Planellas, arzobispo de Tarragona

“Te revuelve el corazón ver cada día la lista de nuevos infectados, de nuevos muertos, y la impotencia”

“Volvemos a la crisis del 2008, aún más fuerte. Cáritas va a tener mucho trabajo”

“El tema del planeta, es una queja ecológica. Hay una llamada a la austeridad, y por otra parte, una llamada a la solidaridad impresionante, y una paradoja, poder ver y escuchar cómo un mal puede provocar tanto bien”

31.03.2020 Jesús Bastante

“En un momento en que ciertas políticas discriminatorias han pretendido retornarnos a un pasado vergonzoso, un virus nos hace experimentar, en un abrir y cerrar de ojos, que somos nosotros los que estamos discriminados: no podemos salir, se nos hace responsables de transmitir enfermedades”. El arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, que se muestra especialmente preocupado por la situación de los sin techo, reflexiona en esta entrevista con RD sobre la paradoja de que, “en un momento en que pensar en uno mismo se ha convertido en norma, lo que se nos dice es que solo saldremos de esta trabajando y pensando juntos”.

“La piedad del Señor es nueva cada mañana cuando ves las noticias positivas, que están al lado de toda esta pandemia: al ver cómo personas cristianas, de otras religiones, agnósticas, indiferentes, comparten lo que tienen con los demás”, explica Planellas, que agradece especialmente la labor de “los profesionales sanitarios, los demás servicios sociales, que se entregan a la tarea de servir a la gente de una manera total. Han dado el 150% del trabajo diario”.

¿Cómo está afectando el coronavirus a la diócesis de Tarragona?

En la diócesis está afectando de manera importante. Hemos tenido que cerrar el culto desde el día 15, exonerando incluso de la misa dominical. Después, desde la diócesis estamos en contacto directo con los sacerdotes, y ellos con sus feligreses, con todos los laicos y laicas, gracias a los medios de comunicación, a internet, el teléfono y las redes sociales.

Me ha sorprendido la gran imaginación que tienen para dar unas determinadas catequesis, algo concreto con lo que incidir. Nosotros, además, estamos haciendo la visita espiritual, a través de la web, cada día a un santuario de la ermita de la Virgen. Cada día, un santuario diverso.

¿Qué es lo que más le preocupa?

Además de la muerte y del sufrimiento de la gente, una de las mayores preocupaciones es el tema de los sin techo. Con Cáritas, la comunidad de Sant’Egidio y la concejala de Asuntos Sociales, hemos convocado al voluntariado de la Iglesia, y se ha habilitado un pabellón en la zona del puerto de Tarragona, el barrio del Serrallo, para todos los indigentes. Además, tenemos una casa de acogida, que tenía 20 plazas, pero hemos tenido que bajar el cupo, hasta 12, por las medidas de seguridad.
En Tarragona, la situación es difícil, pero por el momento el capellán del hospital general San Joan XXIII nos dice que de momento no hay colapso.

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¿Saldremos mejores después de la crisis?

José I. González Faus: “Podríamos salir, y mucho mejores. Pero me temo que, una vez más, no aprendamos la lección”

José Ignacio González Faus

“Hay que aprovechar lo del confinamiento, para estudiar con calma relaciones entre nuevas tecnologías y sacramentos”

“Es lógico sentir miedo por lo que toca a las personas queridas”

“¿Dónde estaba Dios en el Calvario, cuando Jesús decía: “Dios mío por qué me has abandonado?”

“Esta pandemia pone a prueba nuestro nivel de conciencia. Otra cosa es si haremos caso a ese alerta”

30.03.2020 José Manuel Vidal

La sabiduría intelectual y vital acumulada permite a José Ignacio González Faus (Valencia, 1933) ir a lo esencial y responder con brevedad y precisión a preguntas complejas. Convencido de que “esta pandemia pone a prueba nuestro nivel de conciencia”, asegura que “es lógico sentir miedo” ante ella y cree que “podríamos salir mucho mejores”, aunque teme que “una vez más,  no aprendamos la lección”. A nivel eclesial, apuesta por revisar las relaciones entre nuevas tecnologías y sacramentos, asi como seguir proponiendo el Evangelio como “la mejor oferta de sentido que se ha hecho a la humanidad”.

¿Cómo está viviendo el paso de la pandemia por su vida y por la del país?

Como una molestia y una posibilidad

¿Es lógico, a pesar de la fe, sentir miedo ante este enemigo invisible y tan mortífero?

Es lógico por lo que toca a las personas queridas. Creo que algo de eso sentí cuando me enteré de que Javier Vitoria tenía el virus. Y creo que después de una oración muda (que ni siquiera sé si fue oración, pero a lo mejor lo fué más que otras) salí incomprensiblemente rehecho.

¿Dónde está Dios?

Como tú eres gallego puedo responder con otra pregunta: ¿Dónde estaba Dios en el Calvario, cuando Jesús decía: “Dios mío por qué me has abandonado?

¿Cómo es posible que algunos clérigos (incluidos algunos altos cardenales) sigan diciendo que el coronavirus es un ‘castigo de Dios’?

Nunca se ha dicho que los clérigos (y hasta los cardenales) no podamos proferir herejías y hasta blasfemias inconscientes

¿Esta pandemia pone a prueba nuestro nivel de conciencia?

Lo pone. Otra cosa es si haremos caso a ese alerta

¿No nos está haciendo descubrir la crisis que, quizás, tengamos que replantearnos la administración de los sacramentos? ¿No cabria la confesión por videoconferencia?

¿Cabe un abrazo por videoconferencia? (La absolución bien entendida no es más que un abrazo) Otra cosa es que se pueda aprovechar lo del confinamiento, para estudiar con calma relaciones entre nuevas tecnologías y sacramentos. Cuando el papa dio por tele la bendición con el Santísimo, alguno de mi comunidad se puso de rodillas. Yo seguí sentado.

¿Cómo asumir la muerte en una cultura que la había ocultado?

Reconociendo que la teníamos ocultada (a la muerte). Y preguntándonos si eso es debido a algún miedo o a qué otra razón.

¿No se han separado demasiado de la gente los sacerdotes, dejándola sola, sobre todo en hospitales y tanatorios?

Confinado como he estado, no he podido saber nada de eso. Por internet leí dos casos de dos curas italianos internados: uno pasó a un enfermo el respirador que su comunidad le había regalado, y murió él. Otro parece que hizo plantear de nuevo al equipo médico la pregunta por Dios. En cualquier caso, en este mundo hay de todo.

¿Saldremos mejores, más cívicos y solidarios o la lección se nos olvidará pronto?

Podríamos salir, y mucho mejores. Pero me temo que, una vez más, no aprendamos la lección. (No obstante, en un poema que dediqué a los sanitarios y que aparecerá en El Ciervo, me salió un verso que dice: “la humanidad será mejor mañana”).

¿La Iglesia católica seguirá ofreciendo sentido a la vida de la gente después del coronavirus?

La Iglesia no lo sé: espero y deseo que sí. Pero el Evangelio, sin duda. Y como dijo Francisco en EG: la mejor oferta de sentido que se ha hecho a la humanidad